El burkini es lo de menos

El  debate político en las redes sociales la semana pasada estuvo ocupado por la prohibición en Francia del “burkini”, un traje de baño femenino holgado y creado en Australia para integrar mujeres musulmanas como socorristas en las playas. Fue un debate vehemente y típico de los actuales tiempos posmodernos en el que el significado de cualquier cosa puede ser bueno o malo o lo contrario si les las das las suficientes vueltas.

Les contaría mi opinión y la argumentaría pero iría en contra de la tesis que quiero defender. El debate sobre el burkini es irrelevante y un síntoma de la debilidad de Europa porque huye de enfrentar los verdaderos problemas que plantean las comunidades musulmanas que no quieren asumir los valores occidentales y además quieren obligar al resto a vivir de acuerdo con los suyos. La renuncia a abordar ese problema y otros tantos por parte de los partidos políticos tradicionales ha dejado el campo abierto en Europa al auge de los partidos xenófobos. Y constituye una bomba de relojería social que podría estallar con consecuencias imprevisibles. Pero de eso hablaré en su momento.

Hoy simplemente quiero ofrecer un adelanto. Llevo desde principios de año recopilando noticias, después del asunto de los abusos sexuales masivos cometidos en las celebraciones de Fin de Año. Y hace poco encontré una noticia que no tuvo mucho eco, más allá de publicaciones islamófobas y xenófobas, pero que en mi cabeza resonaba a algo que ya había visto con anterioridad. Por tercera vez me encontraba una noticia de que en el Reino Unido las autoridades no habían investigado un asunto en el que estaban implicados musulmanes por miedo a ser tildadas de racistas.

Contó Peter Dominiczak el pasado 22 de agosto en el diario The Telegraph que habían florecido focos de radicalización en las cárceles británicas mientras los funcionarios de prisiones evitaban hacer frente al “comportamiento y perspectivas extremistas” de los reclusos para evitar acusaciones de racismo. Por ejemplo, controlar la circulación de literatura radical en las cárceles. Así, los reclusos musulmanes presionan para no ser cacheados con el argumento de que su ropa es un símbolo religioso.

Poco antes había leído otra crónica de Peter Dominiczak con fecha del 12 de agosto, también en el diario The Telegraph, donde contaba cómo un informe del gobierno había detectado fraude electoral en circunscripciones con población musulmana pero que no se había investigado a fondo por la “excesiva sensibilidad sobre etnicidad y religión”. El informe apunta a la existencia de fraude electoral en municipios con población pakistaní y bangladeshí. El informe hace propuestas que en España resultan sorprendentes, como que se requiera a partir de ahora un documento para identificarse en el momento de votar o que haya presencia policial en los colegios electorales. Esto último se recomienda ahora en el Reino Unido para evitar intimidaciones. En el artículo se menciona el caso de Lutfur Rahman, antiguo alcalde de Tower Hamlets y desposeído de su cargo tras destaparse que su re-elección en 2014 había estado plagada de irregularidades. Durante años, distintos medios británicos investigaron la corrupción y despilfarro en su ayuntamiento, donde dinero público se destinó a financiar organizaciones islamistas y una televisión local a cambio de apoyo político. Se reprocha ahora a la Policía Metropolitana de Londres que no investigó a fondo.

En ambos casos los titulares hablan de la “corrección política” como el causante de la dejadez e inacción de los políticos británicos. Pero hace tiempo leí algo parecido en un caso que resulta sorprendente que no haya llamado más la atención. 1.400 menores (como mínimo) sufrieron abusos sexuales entre 1997 y 2013 en la ciudad de Rotherham a manos de bandas de hombres de origen pakistaní sin que las autoridades investigaran a fondo para no “fomentar el racismo”. La actual primera ministra, Theresa May, culpó en 2014 a la “corrección política institucionalizada”. Los menores fueron víctimas de secuestros, violaciones en grupo y tráfico sexual, con casos de violaciones en grupo. Muchas de los que se atrevieron a denunciar no fueron creídas o recibieron la recomendación de que no incluyeran el origen étnico de los perpetradores en su descripción de los hechos. Las víctimas fueron además intimidadas y sus familias acosadas para evitar que testificaran. 300 sospechos habían sido identificados en 2015 y en febrero de 2016 cinco hombres fueron condenados por la “explotación sexual sistemática de 15 niñas”.

El caso de Rotherham es el más importante. Pero vía Wikipedia descubro que no es el único. En la ciudad de Rochdale operó entre 2008 y 2010 una banda de ocho pakistaníes y un afgano que abusaron de 47 menores, todas blancas y de origen británico. La policía no investigó por miedo a las acusaciones de racismo ni prestó especial atención al patrón de las víctimas. Los nueve fueron condenados a la cárcel en 2012. Resultaron ser padres de familia y “miembros respetados” en sus comunidades. No fue el único caso en Rochdale, donde actuó otra banda entre 2005 y 2013. Diez hombres fueron condenados este año por violación y abusos de menores a víctimas entre 13 y 23 años. El patrón se repite por todo el país. Grupos de hombres musulmanes, de origen pakistaní fundamentalmente, dedicados a abusar y violar a menores británicas en casos que no fueron investigados a fondo por la policía ante el temor de que se les acusara de racismo. Véase los casos de Bristol, Telford, Oxford, Banbury, Peterborough y Aylesbury.

Creo que queda claro la magnitud del asunto del burkini al lado de todos estos problemas. Y parece, como decía John Oliver, que nuestro mensaje a los yihadistas es “no hay nada que nos podáis hacer, que no estemos ya haciéndolo a nosotros mismos”.

Una guía de mis textos sobre el Estado Islámico y Siria

He escrito varias veces sobre el origen y expansión del Estado Islámico.

Tres de mis colaboraciones con Sesión de Control fueron sobre ese tema:

Escribí sobre cómo la invasión de Afganistán en 2001 podría servir de modelo para derrotar al Estado Islámico y también de los obstáculos actuales para llevarlo a cabo:

Tras la ola de refugiados, alguno quizó culpar a Europa de darle la espalda a personas que huían una guerra provocada y alimentada por ella misma, cuando el papel occidental ha sido secundario. Expliqué las complejidades de la guerra en Siria en:

Cierta periodista española escribió sobre el mismo tema. Traté el asunto, haciendo hincapié en quién vende las armas que se usan en Siria y en la mayoría de los conflictos armados.

Expliqué la internacionalización de la guerra civil en Siria en Sesión de Control:

He reseñado tres libros sobre el Estado Islámico que me han parecido relevantes y que dan una perspectiva bastante interesante con informaciones sobre el terreno y testimonios de testigos privilegiados.

En la revista El Medio he escrito tres artículos sobre los intereses rusos en Siria.

Un tema que me enfada bastante es la propagación de bulos de forma interesada. He tratado algunos.

El regreso de la yihad atomizada

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A finales de 2004 empezó a circular por las páginas webs yihadistas Llamada a la Resistencia Islámica Global, el opus magnum del  español de origen sirio Mustafá Setmarian, alias Abu Musab Al Suri. El centro de su reflexión había sido los sucesivos fracasos de los grupos combatientes yihadistas, desde la derrota frente a los regímenes árabes en los años 80 y 90 a la caída del bastión afgano de Al Qaeda después del 11-S. Según resumió Lawrence Wright, autor de The Looming Tower,  en su artículo “The Master Plan”, las ideas de Al Suri plantean:

que la próxima fase de la yihad se caracterizará por terrorismo creado por individuos o grupos autónomos pequeños (lo que él denomina “resistencia sin líderes”) que desgastarán al enemigo y prepararán el terreno para el más ambicioso objetivo de hacer la guerra en “frentes abiertos

Hice mi propio análisis de las ideas de Al Suri en un trabajo académico “Mustafá Setmarian y la yihad individual”. En ese trabajo hice un repaso a los atentados terroristas llevados a cabo en Europa por yihadistas aislados y el balance es afortunadamente malo para los terroristas. El paso de grupos terroristas numerosos a yihadistas descargando fórmulas para fabricar explosivos en casa se saldó con muchos fallidos terroristas quemados y heridos por su propio artefacto y un número reducido de víctimas. Después de los atentados terroristas del 11-M en Madrid y 7-J en Londres, la mayor vigilancia policial desbarató un montón de iniciativas terroristas organizadas por grupos numerosos. Mi conclusión es que la yihad global abanderada por Al Qaeda había entrado en crisis incluso antes de la muerte de Bin Laden en 2011. Escribí al respecto precisamente a propósito de la muerte de Bin Laden para la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad en “La muerte de Bin Laden y el declive de la yihad global”.

Occidente vive una nueva oleada de terrorismo individual que comenzó en diciembre de 2014 en Francia con tres casos de atropello, una técnica empleada por palestinos en Israel.

El sábado 20 de diciembre de 2014 un ciudadano francés convertido al Islam fue abatido en una comisaría de Joue-les-Tours, cerca de Torus, tras herir a tres policías con un cuchillo mientras gritaba Allāhu akbar. Al día siguiente, el domingo 21 de diciembre de 2014, un hombre atropelló con su coche a trece personas en Dijon mientras gritaba Allāhu akbar. El atacante fue identificado como un “conocido paciente psiquiátrico” y también como converso al Islam. Al día siguiente, un hombre lanzó una furgoneta contra el público asistente a un mercadillo navideño en Nantes, con el resultado de cinco personas heridas graves. El atacante también gritó Allāhu akbar. Según la BBC, las autoridades franceses se mostraron cautas en trazar un patrón en los tres ataques. Otro caso de atropellos tuvo lugar el 20 de enero de 2015 en la ciudad austríaca de Graz, con el resultado de tres muertos y 36 heridos. El atacante había sido denunciado días antes por su mujer por agresión, tras negarse ella a llevar el hiyab.

En la noche del 14 al 15 de febrero se produjeron dos ataques con arma de fuego en Copenhague. El primero contra un café donde se celebraba un evento titulado “Arte, blasfemia y libertad de expresión”. El segundo, pasado la medianoche, fue contra la Gran Sinagoga de Copenhague. El balance fue de dos muertos y cinco heridos. El terrorista, que fue abatido por la policía, empleó un fusil de asalto del tipo empleado por las fuerzas armadas danesas. Al parecer, días antes del ataque había jurado fidelidad al Estado Islámico y su líder en su página de Facebook.

El ataque en Copenague hay, además, que clasificarlo en una subcategoría aparte: los ataques contra la comunidad judía europea. Recordemos que el 19 de marzo 2012 fue atacada una escuela judía en Toulousse. Fue asesinado un rabino, dos de sus hijos (de 6 y 3 años) junto con la hija (de 8 años) del director de la escuela. Y también habría que recordar que el 24 de mayo de 2014 fue atacado el Museo Judío de Bruselas, donde fueron asesinadas cuatro personas. No me olvido tampoco de las jornadas sangrientas en Francia el pasado mes de enero. Siendo menos del 1% de la población francesa, los judíos supusieron un tercio de las víctimas. Aparte de varios dibujantes judíos, la única mujer asesinada en la redacción del Charlie Hebdo fue la judía Elsa Cayat. Y mientras la atención mundial se centró en el ataque a la revista y la libertad de expresión, se dejó en segundo plano las cuatro víctimas judías del supermercado kosher “Hyper Cacher”.

El 3 de mayo de 2015 se produjo en Garland (Texas) un tiroteo a las afueras de un centro de convenciones donde se celebraba un certamen de caricaturas del profeta Mahoma. Los dos atacantes, murieron y un policía resultó herido. Previamente, uno de ellos, había publicado un Twitter su juramento de fidelidad al líder del Estado Islámico.

Dos oficinas militares, un centro de reclutamiento y un centro de la reserva naval, en Chattanooga (Tennessee) fueron tiroteadas el 16 de julio con el resultado de cinco muertos. Según la familia del atacante, que resultó muerto en el tiroteo, tenía problemas mentales y abusaba de las drogas. Se produjo así una controversia sobre sus motivaciones, algo que como vemos se repite en muchos casos.

El pasado 10 de agosto un ciudadano eritreo a punto de ser deportado del país atacó atacó con un cuchillo a varios clientes en la sección de utensilios de cocina de una tienda de Ikea en la localidad de Vasteras (Suecia). El ataque se saldó con dos muertos, madre e hijo, un herido grave y el atacante herido tras apuñalarse a sí mismo. La reacción de Ikea después del ataque fue retirar los cuchillos de sus tiendas. Mientras que existe cierta polémica sobre si una de las víctimas fue decapitada, lo que le daría un significado diferente al ataque.

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Por último, tres ciudadanos estadounidenses (dos militares fuera de servicio) y un profesor de rugby británico redujeron ayer a un terrorista armado con un AK en un tren francés que hacía la ruta Amsterdam-París. Uno de los militares resultó herido. El atacante vivió en España, estaba fichadísimo por los servicios de inteligencia y posiblemente pasó por el territorio sirio controlado por el Estado Islámico. Sin embargo, él argumenta que encontró el AK abandonado en unos matorrales.

Una constante se repite en todos estos casos. A las autoridades pertinentes les cuesta hablar de ataques terroristas y se habla repetidamente de los atacantes como desequilibrados mentales. Se hace todo lo posible por no hablar del origen étnico y afiliación religiosa de los terrorista.  Me queda por tanto la duda si se trata del miedo a reconocer la existencia de una nueva ola terrorista o una estrategia deliberada de negarle a los yihadistas el impacto mediático que buscaban. Es decir, no sé si estoy ante una cadena de irresponsabilidades o una jugada brillante perfectamente coordinada por las autoridades de los países occidentales.

Si el objetivo del terrorismo es generar un impacto emocional masivo que lleve a la opinión pública a pedir un cambio de política a los gobiernos, no parece que estos atentados vayan a tener un impacto en la implicación de los países de la OTAN en la lucha contra el Estado Islámico, por ejemplo. Y es que, pensemos, que declarar una alerta terrorista prolongada no tendría sentido. Se puede extremar la precaución en lugares públicos y medios de transporte (¿veremos medidas de seguridad más estrictas en trenes?), pero la experiencia revela que no se pueden proteger todos los lugares todo el tiempo. Además, los terroristas han ido cambiando su modus operandi y siempre irán un paso por delante. Desde el punto de vista frío e implacable del Estado, el goteo de muertos es asumible en la lucha global contra el terrorismo islamista.

Por qué Occidente no derrota al Estado Islámico de una vez

Hace poco alguien me preguntó por qué los países occidentales no derrotaban al Estados Islámico. Escribí en enero “La fórmula para derrotar al Estado Islámico ya se inventó”, tomando como ejemplo la campaña contra los talibán emprendida por un puñado de agentes de la CIA y equipos A del 5th Special Forces Group en el norte de Afganistán en octubre de 2001. Se trataría de desplegar a fuerzas especiales con equipos de comunicación y designadores láser acompañando a las fuerzas locales para concentrar los ataques de la aviación aliada en los “centros de gravedad” del Estado Islámico. Sin embargo, se acumulan las misiones de bombardeo y el gasto de dinero en una campaña que no parece muy resolutiva, a excepción del avance kurdo en el norte de Siria. Creo que hay unas cuantas razones de por qué no se derrota al Estado Islámico.

1. Estados Unidos no se quieren implicar a fondo.

Después de Afganistán e Iraq, la opinión pública estadounidense no aceptaría otra invasión de “un país musulmán al que vamos a llevar la democracia y el desarrollo”.  Tras el ataque perpetrado por las fuerzas del régimen sirio con armas químicas en el barrio de Goutha en 2013, me llamó la atención las voces en la derecha estadounidense que se posicionaron en contra de una posible intervención. Con un presidente republicano quizás hubiera sido diferente, pero entre las voces críticas se incluían muchos veteranos de guerra. Se ha convertido en el nuevo sentido común. Nada de invasiones sin un plan claro de salida.

ByO7SDIIYAAmmKFHoy hay en Iraq tropas españolas formando otra vez al ejército iraquí, fuerzas especiales canadienses y aviones estadounidenses. Pero que Washington vuelva a enviar un número elevado de tropas allí sería reconocer que la retirada en 2011 fue precipitada, un error o inútil. El coste político sería enorme en Washington.

2. Falta un aliado local vendible a la opinión pública.

En el caso de Afganistán, Estados Unidos contó con la Alianza del Norte, una coalición de señores de la guerra que había liderado el carismático Shah Massud. En el caso de Iraq, tenemos por un lado a un ejército en descomposición  y por otro lado un montón de milicias chiíes financiadas y armadas por Irán.

Kata'ib_Hezbollah_in_IraqEl caso de Siria es aún más complicado. En el norte del país tenemos las milicias kurdas del YPG, aliadas del PKK. Recordemos que en las milicias del YPG se alistaron dos españoles del partido Reconstrucción Comunista. Y que el PKK forma parte de la lista de grupos terroristas que elabora el Departamento de Estado estadounidense y es considerado también un grupo terrorista por parte del Consejo de Europa.

En el resto del país tenemos a los rebeldes del Ejército Sirio Libre, una coalición de grupos militarmente cada vez menos importantes en el desarrollo de la guerra. Hartos de esperar un apoyo que nunca se materializó, la mayoría de grupos se pasó a las filas islamistas que sí reciben dinero y armamento de las petromonarquías árabes.

CKcwaKRUwAA6ilwSólo recientemente Estados Unidos decidió instruir directamente a fuerzas sirias. Lanzó un programa con un presupuesto de 500 millones de dólares. El propósito era encontrar sirios sin simpatías y vínculos con grupos yihadistas. El primer año, tras gastar 36 millones de dólares y entrevistar a 7.000 sirios, formaron a 60.

3. Derrotar al Estado Islámico es sólo poner fin a una de las muchas guerras en curso en Siria.

En Siria hay ahora mismo varias guerras civiles en curso. El régimen de Assad lucha por su supervivencia contra todos, pero ha establecido en ocasiones pactos de no agresión con el Estado Islámico y en ocasiones ha sido informado por Estados Unidos de operaciones de bombardeo contra el Estado Islámico. Los kurdos del norte del país se mantuvieron al margen de la guerra civil hasta que el Estado Islámico llegó a sus dominios. Existen tres grandes coaliciones de grupos rebeldes: Jahbat Al Nusra (afiliada a Al Qaeda), Frente Islámico (financiado por Arabia Saudita) y Ejército Sirio Libre. En ocasiones han luchado entre sí, en ocasiones se han unido para luchar coordinadamente contra las fuerzas de Assad o el Estado Islámico. Y por el último el Estado Islámico, que lucha contra todos, aspira a consolidar el Califato. Su poder creció en torno a Aleppo apuñalando por la espalda a otros grupos que luchaban contra Assad.

Mañana mismo podría colapsar el Califato en Siria o el régimen de Assad, pero el vacío dejado sería ocupado por radicales islamistas aliados de Al Qaeda o de inspiración wahabí que lucharían por el poder. Por tanto, intervenir militarmente en Siria sería sólo la fase I de una campaña que nos obligaría a decidir sobre el futuro del país. ¿Aceptamos la supervivencia del régimen con tal de derrotar al Estado Islámico? ¿Fracturamos el país según las líneas de frente para asegurar a kurdos, alawitas, drusos y sunníes la hegemonía en los cuatro países nacientes?

Conflicto de culturas

Parece un ritual de paso friki adolescente, pero yo también tuve una etapa de fascinación por la cultura japonesa. Eran los tiempos en que Japón era el “país del futuro” e imaginábamos un mundo de megalópolis iluminadas por anuncios de neón y robots de combate. Recuerdo leer artículos sobre las diferencias culturales en las relaciones empresariales y cómo las empresas occidentales debían aprender la etiqueta y la cultura de negociación japonesa. Todavía hoy guardo en la sección de Antropología de mi biblioteca When cultures collide, un manual para ejecutivos globalizados cuyo autor aparece en una foto delante de un cuadro con unos ninjas con maletín de ejecutivo. Hace poco fue noticia una metida de pata británica en Taiwán. La baronesa Kramer, ministra de Transporte, entregó al alcalde de Taipei como regalo protocolario un reloj de bolsillo. El reloj, como recordatorio del ineludible paso del tiempo, sirve de metáfora de la muerte en la cultura china.

Varias veces he escuchado a israelíes decir “los europeos no entendéis Oriente Medio”. Y su comentario se refería a las diferentes culturas del conflicto. La generosidad hacia el débil y la búsqueda del concenso no son virtudes, sino muestras de miedo y debilidad. En la misma línea he escuchado más de una vez comentar que los gestos hacia la minoría musulmana en Europa eran interpretados de forma muy diferente aquí y allá. Aquí, los presentamos como muestra de nuestra talante integrador y nuestro respeto al diferente. Allá, donde matan, violan y destruyen los templos de los cristianos, se interpretaban como síntomas de la debilidad de una cultura en retroceso. Creen que aceptamos al diferente no porque forma parte de unos ideales, sino porque empezamos a aceptar que algún día el Islam prevalecerá.

Vi los vídeos grabados por las madres y esposas de algunos rehenes en manos del Estado Islámico. Me pregunté siempre qué pensarían unos yihadistas al ver a una mujer occidental contar el respeto de su pariente por el Islam y su amor por los musulmanes. Hoy ha transcendido el vídeo donde al parecer se ve cómo el piloto jordano en manos del Estado Islámico, Moaz al-Kasasbeh, fue quemado vivo. Su muerte ha sido fechada el 3 de enero de 2015. En Jordania claman venganza y anuncian una respuesta contundente. En Twitter ya leí a alguien decir que así no se solucionan las cosas, que hace falta más paz, amor, tolerancia y respeto por el otro para acabar con el Estado Islámico. A lo mejor lo que pasa es que los jordanos saben algo que nosotros no sabemos. Y que Occidente está lleno de gilipollas que no se enteran de nada.

Los árboles de la islamofobia no dejan ver el bosque del antisemitismo

Me llamó la atención que en los primeras horas posteriores a la matanza en la redacción del Charlie Hebdo encontrara comentarios en Twitter lamentando cómo el suceso iba a dar alas a la islamofobia y al Front National de Marine Le Pen. Me parecen preocupaciones legítimas, pero creo que quienes las expresaron mostraban una preocupante inversión de prioridades tras el asesinato de 12 personas.

El énfasis puesto estos último días por los medios de comunicación en el ataque a la libertad de expresión que supuso el atentado contra el  Charlie Hebdo, la prensa reacciona así cuando toca a uno de los suyos, ha dejado totalmente en un segundo plano al ataque contra el supermercado kosher Hyper Cacher, donde cuatro judíos fueron asesinados por su condición de tal.

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Las cuatro víctimas judías asesinadas en el supermercado Hyper Cacher el 9 de enero de 2015.

Habría que recordar que no es el primer atentado terrorista contra la comunidad judía en Francia. El 19 de marzo 2012 fue atacada una escuela judía en Toulousse. Fue asesinado un rabino, dos de sus hijos (de 6 y 3 años) junto con la hija (de 8 años) del director de la escuela. Y también habría que recordar que el 24 de mayo de 2014 fue atacado el Museo Judío de Bruselas, donde fueron asesinadas cuatro personas.

Pero además, el atentado contra Charlie Hebdo tiene detalles que han sido ignorados o no se les ha dado importancia. El País recogía el testimonio de Sigolène Vinson, una superviviente de la matanza en la redacción del Charlie Hebdo. La crónica cuenta que “Said [Kouachi] repitió tres veces en voz alta que no mataría a las mujeres” pero “allí yacía el cuerpo sin vida de Elsa Cayat, especialista en psicología”. Elsa Cayat no sólo era psicoanalista, era judía. Por eso la mataron. Una razón que cambia el sentido de la noticia. No se trató de un acto irracional de los terroristas que no cumplieron su palabra de no matar mujeres, sino que sabían perfectamente lo que hacían. Los judíos son en Francia menos del 1% de la población y supusieron un tercio de las víctimas del terrorismo yihadista en París (dos colaboradores del Charlie Hebdo y cuatro rehenes en el supermercado).

Militares y policías en el barrio judío de París

La prensa habla de la libertad de expresión y la islamofobia, pero son las instituciones judías en Francia las que requieren protección policial y los niños sortean militares para entrar en sus colegios. Cuenta en un extenso artículo sobre sobre la comunidad judía en Francia que en 2014 emigraron a Israel más judíos de Francia que de ningún otro país. Si este atentado y los que vengan empujan a más judíos a abandonar Francia podremos decir que asistimos a una soterrada limpieza étnica.

La bandera negra de la yihad

sudney-hostages-black-flag-e1418655052281En la reciente crisis con rehenes de Sidney, se pudo ver una bandera negra sostenida por uno de los rehenes. Era de madrugada en España cuando saltó la noticia y yo estaba trabajando en el ordenador. Me encontré una sucesión de tuits que anunciaban la primera acción del Estado Islámico fuera de Oriente Medio. Al rato empezó a hablarse de Jabhat al-Nusra (el “Frente de Apoyo”). Cuando finalmente pude ver la imagen superior encontré que se trataba simplemente de una bandera negra con la profesión de fe musulmana: “No hay más dios que Dios y Muhammad es el mensajero de Dios”. Se trata del Estandarte Negro, la bandera de guerra (ar-rāya), usado de forma genérica por los yihadistas desde finales de los años 90.

938px-Flag_of_JihadHay varias versiones de hadices que hacen referencia al estandarte negro. “Si ves las banderas negras venir desde Jorasán únete a ese ejército, incluso aunque tengas que arrastrate sobre hielo, porque es el ejército del Califa, el Mahdi, y nadie podrá parar ese ejército hasta que llegue a Jerusalén, donde alzarán sus banderas”. La referencia al Mahdi, el sucesor del Profeta que antecederá el fin de los tiempos, vinculan a la bandera negra con la escatología musulmana.

El Gran Jorasán es una región histórica que comprende parte de Irán, Turkmenistán, Afganistán y Pakistán. Así, cuando Bin Laden se refugió en Afganistán tras ser obligado a abandonar Sudán creyó estar viviendo tiempos proféticos. Recientemente, el gobierno de los Estados Unidos anunció haber ordenado ataques aéreos en Siria contra miembros de un grupo yihadista conocido por Jorasán. Explica Javier Jordán que se trata de miembros del núcleo central de Al Qaeda desplazados hasta Siria.