La compleja viabilidad económica de la agenda Trump (3ª parte)

Concluye aquí esta nueva colaboración de Fernando Geyrón ocupándose de China, un país que yo considero forma parte de una dinámica aparte a la Nueva Guerra Fría pero que fuee central en el discurso de política exterior y comercial durante la campaña del actual presidente estadounidense Donald J. Trump.

Véase las anteriores partes de “La compleja viabilidad económica de la agenda Trump” aquí: Primera Parte y Segunda Parte.


CHINA: EL OBJETIVO FINAL

De 1995 a 2015, la producción industrial de China ha pasado de 0,219 B$ a 4,458 B$ mientras que la de Estados Unidos se movió desde 1,918 B$ a 3,428 B$. Esta casi duplicación del valor añadido indica en parte que la propia economía americana se ha beneficiado del desarrollo fabril de China, surtiendo de componentes más baratos a las grandes marcas industriales y tecnológicas americanas. Pero esa variación de la ratio entre ambas de 0.11 a 1.30, y el mayor incremento en términos absolutos, refleja que ha sido China la más beneficiada de esa relación recíproca y que la superación final implica el principio de una nueva era de primacía.

Como en tantas otras magnitudes económicas, esa relación adopta la forma gráfica de una curva de rendimiento marginal decreciente. Unos inicios muy beneficiosos, de crecimientos exponenciales, un período intermedio de moderación y ajuste hacia el equilibrio, y un último tramo en el que resulta costoso y difícil incrementar el beneficio mutuo. En el caso de China, sus empresas más desarrolladas, empiezan a competir de tú a tú con sus antiguas proveedoras de carga de trabajo procesual, por lo que tarde o temprano adoptan su propia hoja de ruta que les permita incrementar el valor añadido del producto final para compensar el encarecimiento de la mano de obra autóctona. En el caso de Estados Unidos, este encarecimiento, unido a la mayor especialización, entra en conflicto con fases más avanzadas de la producción, de modo que la fuga de carga de trabajo va alcanzando las tareas de mayor valor añadido, aquellas que aún justificaban el mantenimiento de mano de obra del país. Sólo una igualación de ambos costes (aún muy lejana) frenaría esa sangría, aunque ello daría paso a una competencia en los niveles más altos de la producción: Diseño, marketing, valor de marca, etc.

Es cierto que toda lucha contra la deslocalización de la producción en China supone un daño autoinfringido, por ello no basta con poner multas a productores y aranceles a productos. Es preciso hacer algo más que compense en parte esas pérdidas o, mejor dicho, ese coste de oportunidad por no seguir la estrategia más eficiente, máxime cuando gracias a ese déficit de balanza China se ha convertido en un poseedor de deuda americana al por mayor. Si Trump quiere recortar trozos sustanciales de esa factura deberá intentar inducir a China para que no le quede más remedio que perder algunas ventajas competitivas.

La primera de ellas sería generar pequeñas pérdidas en el mercado americano por el encarecimiento de sus productos a consecuencia de los aranceles; como ya dijimos antes eso genera un coste asociado, pero del mismo modo que el sobrebombeo saudí, puede generar una erosión apreciable en su contrincante. El efecto combinado de un aumento de stocks industriales y un incremento del precio del petróleo podría privar a China de desviar su producción a otros mercados sin sufrir ciertas pérdidas o al menos estrechamiento de márgenes, lo que conduciría indirectamente a menores ingresos fiscales y déficit. Si a esto le unimos el aumento de la renta per cápita y la más que previsible explosión de la burbuja inmobiliaria, Estados Unidos podría estar en primera fila en el momento en que se produzcan las fases más duras del reajuste del modelo productivo chino, que conllevaría entre otros efectos transitorios la devaluación del reminbi frente al dólar y el aumento de la inflación. Siempre estará en manos de China evitar la escalada revaluando su moneda, durante tantos años devaluada a propósito para eliminar la competencia en la industria ligera y de componentes. Ello haría más rentable para EE.UU el retorno de cadenas de fabricación e incrementaría el mercado chino para productos más caros.

Conducir a tu rival al lado del ring en el que se siente menos cómodo ayuda a la victoria, pero esta no se logrará sin dar algunos golpes. Y los golpes que Trump puede dar para completar esta estrategia a largo plazo con China implica intensificar la política de contención sobre el gigante asiático. El régimen chino está a más de una generación de poder rivalizar militarmente en amplio espectro con las fuerzas armadas USA, pero se acerca peligrosamente al umbral a partir del cual podría ponerle restricciones de acceso y negación de área (A2/AD), es decir, generar en una zona anexa a sus fronteras un espacio en el que las fuerzas norteamericanas no pudiesen lograr la supremacía. China está siendo muy beligerante en la disputa por los recursos del Mar de la China Meridional y tiene otros conflictos marítimos con sus países vecinos en la pugna por explotar los recursos de la zona económica exclusiva. Por ello está invirtiendo esfuerzos en lograr esta A2/AD como el desarrollo de nuevos misiles de corto y medio alcance cada vez más precisos, bombarderos portadores de misiles de crucero y antibuque, pavimentación de islotes para que alberguen pistas de aterrizaje para reactores, etc. Se trata de obstaculizarle a Estados Unidos el despliegue necesario para una posible campaña militar (como sí pudo hacer cuando la guerra de liberación de Kuwait), amenazar las posibles bases de uso conjunto con sus aliados y saturar las defensas antiaéreas de su flota.

Misil chino DF-21, pensado para atacar a los portaaviones estadounidenses. Foto: chillopedia.com

La llamada telefónica a la presidenta de Taiwan fue un gesto inequívoco, que se une a los compromisos con Corea del Sur y el aliento a Japón para que adopte una postura más ofensiva de lo que tradicionalmente permitía su constitución. Son pasos en el sentido de hacer visible esa mayor presencia que garantice la libre circulación por las aguas próximas a China y el reforzamiento, de modo bilateral, de los lazos de EE.UU. con esos aliados. Nuevamente esta estrategia de disensión genera algunos réditos crematísticos adicionales como son la ampliación nuevamente de la cartera de clientes para su industria militar y la reorientación de esos mercados de alto poder adquisitivo, los únicos accesibles para la cara industria americana. Y en lo geopolítico, en la medida que la línea de fricción entre ambas superpotencias esté entre China y los aliados americanos en vez de en el Pacífico, los Estados Unidos podrá ejercer su hegemonía desde la distancia.

ARMAS, PETRÓLEO Y DÓLARES.

No se puso fin a la historia, como anticipó Francis Fukuyama hace veinticinco años. La multipolaridad, el islamismo, la emergencia de regímenes neosocialistas, las crisis económicas, se han encargado de echar por tierra el deseo de una sociedad global donde el capitalismo y la democracia acabarían siendo la norma y no la excepción. Los que nos hemos terminado de hacer adultos en las pasadas dos décadas nos hemos acostumbrado quizás demasiado a la paz, la estabilidad, la globalización, el progreso imparable de la tecnología, y hemos quitado importancia al movimiento de esos engranajes de la historia que en el corto plazo sólo parecen política internacional.

Estamos inmersos en un cambio de ciclo global, en una crisis sistémica del nuevo orden erigido tras el final de la Guerra Fría y, desde ese punto de vista, Trump no es más que un fenómeno emanado de esa nueva dinámica, como lo son el BREXIT o el expansionismo ruso. La suma de medidas que Trump ha anunciado o desea hacer le llevaría a un estrepitoso fracaso en todo punto si estuviésemos en los años precedentes, pero en el momento actual el fracaso relativo puede ser todo un éxito.

Un clima global más arisco puede conducir a un incremento generalizado de los costes de transacción comercial, lo que permitiría en parte un reposicionamiento favorable de las grandes corporaciones norteamericanas, que tendrán que compensar con esto las presiones que sufrirán para generar empleo dentro de sus fronteras. Al mismo tiempo un rearme generalizado beneficiará de manera directa al principal país productor de armas del mundo, los propios EE.UU. o más propiamente sus grandes empresas armamentísticas como Boeing, Lockheed, General Dynamics. Esos inputs a su vez permitirán que estas empresas puedan gozar de ventaja para dar el salto a la siguiente generación de armas, lo cual no solo consagraría la hegemonía americana por un par de décadas más, sino que proporcionaría un reflujo positivo sobre el resto de los sectores de mayor valor añadido y productividad, y con ello se propulsaría un nuevo ciclo expansivo del consumo.

Petroleo y armas son bienes que en el mercado internacional cambian de manos dólares mediante, como también lo hará aquella parte del comercio con China que vaya a parar a otros países de la zona, y dependiendo de la evolución de la política europea, también podría producirse un pivotaje desde el euro al dólar si alguna economía logra dar el paso hacia fuera. Una mayor dolarización de la economía mundial conduciría, a igualdad de condiciones, a un efecto renta positivo en la economía americana y a una pérdida de competitividad de sus exportaciones. Para evitar este segundo efecto no deseado será vital para Estados Unidos que la masa monetaria del billete verde se vea incrementada en al menos la misma proporción que los intercambios.

Y he aquí la herramienta que permitirá a Trump, no implementar con total éxito su batería de medidas contradictorias, pero si con éxito relativo. Las medidas expansivas combinadas con los recortes fiscales sin que se dispare el déficit sólo tiene una vía a corto plazo: Aumentar la masa monetaria. O lo que es lo mismo, imprimir dólares para sufragar la parte del gasto estatal no cubierto con los ingresos fiscales. Como es bien sabido, esta medida sólo es efectiva en el corto plazo, pues a la larga ese aumento de liquidez se acaba trasladando al resto de la demanda agregada generando un incremento de la inflación al menos similar, corriéndose el riesgo de entrar en una espiral inflacionista. Pero Estados Unidos en este sentido no es un país como los demás; al ser su moneda la principal divisa de intercambio comercial, la mayor parte de esos efectos nocivos acaban siendo compartidos por el resto de países, de modo que en cierto sentido el déficit es exportado. Cuánto más no se podrá utilizar este recurso si además se consigue que la proporción de los intercambios viren hacia transacciones dolarizadas…

¿Posee por tanto Trump un plan maestro para que América recupere el mismo grado de hegemonía de la época dorada del siglo XX? No, no lo tiene. Pero tiene una estrategia que en el contexto actual podría funcionar en un grado relativo y la percepción que se tenga de este éxito relativo le consagrará o no como presidente para la historia. China podrá plegarse para evitar una confrontación o podrá echarse al monte e iniciar una guerra comercial que podría ser sangrante para la economía mundial, EE.UU. incluido. Europa podría resistir mejor de lo que se espera o desplomarse y arrastrar en su caída, Rusia podría dar más quebraderos que ventajas, y la multiplicación de la agenda en el exterior podría llegar a ser insostenible. Pero incluso en un juego donde la suma total es negativa, siempre cabe la posibilidad de que algún jugador gane.

Hay cien maneras distintas de que los planes de Trump se trunquen y supongan el canto de cisne de Estados Unidos como hegemón mundial. Pero son infrecuentes en la historia los ascensos a primera potencia de un país sin que medie una confrontación previa que fortalezca al aspirante y debilite a su contrincante. Gane o pierda, Trump hará que China afronte el pago de esa factura que lleva décadas eludiendo.

Carrera de armamento en el Mar de la China

Esta semana encontré dos noticias que publiqué en la página de Facebook de Guerras Posmodernas: Japón podría incorporarse a un consorcio de la OTAN para desarrollar un nuevo misil anti-buque y el avión anti-submarino japonés P-1 estará en un festival aéreo del Reino Unido para promocionar su compra por parte de la RAF.

Kawasaki P-1

Ya en enero conté cómo Japón rompía el tabú de la exportación de armas. Ofreció submarinos a Australia, vendió hidroaviones a la India, ofreció hidroaviones a Tailandia, vendió patrulleras a Filipinas y ahora ofrece el Kawasaki P-1 al Reino Unido, que carece de aviones antisubmarinos desde que dio de baja sus Nimrod MRA4 . Lo previsible es que el Reino Unido compre el Boeing P-8 Poseidón por sus lazos con Estados Unidos, pero es interesante ver que Japón pelee por mercados fuera de Asia y Oceanía.

Hay más noticias interesantes sobre Japón. El año pasado anunció que compraría convertiplanos MV-22 Osprey y potenciaría su infantería de marina, el Regimiento de Infantería del Oeste, encargado de proteger la soberanía de las islas japonesas desde su nueva base de Sasebo. Los MV-22 Osprey permitirían despliegues rápidos en las islas ante posibles escaladas de tensión con China. Y el mes pasado, la armada japonesa realizó unos ejercicios bilaterales con la armada Filipinas. A principio de año Japón vendió 10 patrulleras a Filipinas mediante un préstamo de bajo interés. Mientras tanto, Japón desarrolla su propio caza de quinta generación, el Mitsubishi ATD-X Shinshin. Y su armada ha incorporado el primero de sus dos buques más grandes desde el fin de la Segunda Guerra Mundial: los porta-aeronaves clase Izumo.

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DDH-183 Izumo

Ya que hablamos de Filipinas, habría que mencionar que su fuerza aérea volverá a tener aviones de combate: Los coreanos KAI FA-50 Golden Eagle. El contrato por una docena se firmó el año pasado y deberán estar entregados a mediados de 2017. El gobierno filipino aprobó el año pasado un paquete de modernización de sus fuerzas armadas por 671 millones de dólares. Su armada es la principal beneficiaria del aumento de gasto de defensa. Entre otras incorporaciones, ha encargado dos buques de asalto anfibio de Indonesia basados en la clase Makassar. Y a todas estas, es importante señalar el retorno a relaciones estrechas con Estados Unidos en materia de defensa, después de que el fin de la Guerra Fría supusiera el cierre de las bases estadounidenses en Filipinas.

Podemos seguir por Corea del Sur, que también está desarrollando su propio programa de caza de quinta generación, el KAI KF-X, con la ayuda de Lockheed Martin. Sus armada ha incorporado destructores AEGIS y los mayores buques de asalto anfibios de su historia. Y otro país que ha salido de compras es Vietnam, que acaba de recibir su cuarto submarino de la clase Kilo y ha ordenado y posiblemente ordene más corbetas a Rusia. A pesar de continuar con la tradición de compras en Moscú, el país ha ido diversificando sus proveedores militares. Sus fuerzas armadas han incorporado fusiles de asalto israelíes, aviones de patrulla marítima canadienses y fragatas holandesas. Paradójicamente para algunos, el gobierno de Vietnam busca un acercamiento estratégico a Estados Unidos. Pero las razones son las mismas que del resto de países: Preocupación ante el auge de China.

Militares vietnamitas con fusil de asalto GALIL y ametralladora ligera NEGEV de origen israelí
Militares vietnamitas con fusil de francotirador GALIL, ametralladoras ligeras NEGEV y fusiles de asalto TAVOR de origen israelí

China tuvo conflictos en sus fronteras terrestres durante el siglo XX: Invadió Tibet, ocupó territorio tibetano bajo administración bhutanesa, vivió tensiones fronterizas con la Unión Soviética en el río Ussuri, tuvo una guerra fronteriza con India, tuvo una guerra con Vietnam… Así que con sus fronteras establecidas y su desarrollo económico basado en la exportación de productos industriales, era natural que creciera y expandiera su poder naval. Así que ahora vivimos una carrera de armamento en la región de Asia-Pacífico, con todos los países pendientes de China y estrechando lazos con Estados Unidos. Es la región del planeta donde el panorama no tiene nada que ver con las Guerras Posmodernas. Es una carrera de armamentos digna de las rivalidades europeas del período 1871-1913 y propicia para los excesos del nacionalismo adolescente de las naciones emergentes.  El tema daría para un blog del estilo de Flanco Sur pero yo asumí hace tiempo que no puedo abarcarlo todo. Eso sí, me encantaría que algún día alguien asumiera en España la tarea de seguir la región.

El mundo es un circo de tres pistas

Recientemente actualicé la apariencia de FlancoSur.com con una plantilla mucho más moderna y que le da un aspecto más “profesional”. Lo que empezó en 2002 como una página programada en HTML a mano dedicada a las fuerzas armadas del Magreb, se convirtió en 2005 en un blog sobre el Magreb y África Occidental en el ya desaparecido servicio Blogsome. Creo que he repetido muchas veces que me gustaría leer en español más blogs como FlancoSur.com pero dedicados a otras regiones. Hace tiempo que decidí que no daba abasto a todo lo que pasaba en el mundo y que había regiones en las que, a pesar de que pasaban cosas muy interesantes, no iba a tratar en GuerrasPosmodernas. Me gustaría por ejemplo, leer un blog en español sobre el ascenso de China y la carrera armamentística en Asia Pacífico. Y otro que tratara los países del Consejo de Cooperación del Golfo y su rivalidad geopolítica con Irán. Hice mi particular lista de regiones y sus asuntos relevantes en “Mi mapa del mundo para el siglo XXI”.

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Maniobras conjuntas chino-rusas

Llevo semanas tratando de forma repetida la Nueva Guerra Fría y todavía me quedan muchas cosas por desarrollar. Por ejemplo, las diferencias con la vieja Guerra Fría. Un tema recurrente en las conversaciones y comentarios es el papel de China. Rusia y China forman parte de la Organización de Cooperación de Shanghái, una de tantas organizaciones internacionales que ha impulsado Rusia. Recordemos la Unión Económica Euroasiática, la Unión Euroasiática, la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva y la Comunidad de Estados Independientes. A pesar de sus interés común en ejercer un contrapeso a la hegemonía estadounidense, Rusia y China mantienen geoestrategias diferentes. La perspectiva china es tremendamente pragmática y cauta. China no se dedica a crear canales como Russia Today o Hispán TV. Además, las regiones rusas del Lejano Oriente son un área ricas en recursos y escasa demografía que tarde o temprano se convertirán en un área de influencia china por los flujos migratorios, algo que Robert D. Kaplan anticipaba en The Ends Of The Earth (titulado en España Los confines de la Tierra). De hecho, uno de los argumentos de algunos generales rusos para resistirse al fin del servicio militar era la necesidad de un ejército numeroso para enfrentarse a China en un futuro.

China está al margen de la Nueva Guerra Fría pero eso no quiere decir que no sea relevante. La cuestión es que hay otros grandes relatos ahora mismo al margen de la Nueva Guerra Fría. Esa es una de las grandes diferencias con la vieja Guerra Fría. No es el eje explicativo de todo lo que pasa en el mundo. Hay en mi opinión otros dos grandes escenarios de un mundo que yo he definido como un circo de varias pistas. Por un lado, tenemos el “ascenso pacífico de China” y la carrera armamentística generada en Asia Pacífico como respuesta. Hace dos años me planteé “¿Abandonó Asia el mundo de las guerras posmodernas?”. Es interesante señalar que tanto Corea del Sur como Japón han lanzado sus propios proyectos de portahelicópteros y de caza de 5ª Generación, mientras el consorcio Eurofighter aún no ha terminado de desarrollar el avión o Francia sólo encontró recientemente un cliente de exportación en firme recientemente. El auge de China lleva a situaciones curiosas, como el acercamiento de Vietnam a Estados Unidos o que Japón haya decidido exportar armamento.

Bienvenida a la U.S. Navy en Da Nang (Vietnam)
Bienvenida a la U.S. Navy en Da Nang (Vietnam)

El otro tema relevante es Oriente Medio concretamente y las fracturas internas dentro del mundo musulmán en general (fitna en Dar al Islam). Hablo de fracturas en plural porque tenemos el conflicto fundamental del mundo musulmán con la Modernidad, que se manifiesta en la política y en las calles de la mayoría de los países con población musulmana, desde Europa al desierto de Siria. Pero también la fractura sunní-chií en Oriente Medio. Ya en su momento vimos que hay una larga lista de conflictos sociales y escenarios de violencia sectaria que van desde las reivindicaciones de la minoría aleví en Turquía a la lucha contra los talibán del pueblo hazara en Afganistán, pasando por el conflicto en Yemen. Pero el conflicto central es el que enfrenta las monarquías sunníes del Consejo de Cooperación del Golfo con la Irán chiita y sus aliados del Eje de la Resistencia por la hegemonía en Oriente Medio. Su punto caliente es la guerra en Siria. En este último caso, tenemos un conflicto que se solapa con la dinámica de la Nueva Guerra Fría.

Hay otros puntos calientes en el planeta, desde México a República Democrática del Congo. Pero los tres grandes escenarios que he planteado (la Nueva Guerra Fría, la fitna en Dar al Islam y el nuevo Gran Juego de Asia) tienen implicaciones que desbordan regiones para tener una importancia global. Que el mundo se haya convertido en un circo de tres pistas es el reflejo de un creciente orden internacional multipolar.

El capitalismo chino en Latinoamérica

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El presidente Hugo Chávez con un teléfono “Vergatario”

La llegada al poder en Latinoamérica de gobiernos que desafíaron la hegemonía estadounidense ha significado la entrada de China y sus multinacionales en el continente. Un repaso a los costes medioambientales en juego y las prácticas laborales que se avecinan nos permite ver que todo ha cambiado en esos países de Latinoamérica para que en el fondo todo siga igual. “Capitalismo chino en Latinoamérica” es el título de mi última colaboración en Sesión de Control. Hablo en ella de la explotación petrolera del Parque Nacional Yasuní en Ecuador, declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO. De la construcción del nuevo Gran Canal de Nicaragua y de la creación en Venezuela de una empresa mixta venezolano-china para producir teléfonos móviles con estándares laborales chinos.

“Teoría del dominó en América Latina” de Antonio Navalón

Llama mi atención un amigo sobre una columna de opinión publicada en el diario El País, “Teoría del dominó en América Latina” de Antonio Navalón (7 de diciembre 2014). Resulta curioso haber estado escribiendo aquí sobre la Nueva Guerra Fría y el impacto de la caída del petróleo para encontrar a alguien que parece hablar como si el mundo marchara en el sentido contrario. Me parece que “Teoría del dominó en América Latina” es más un síntoma de la marcha del diario El País y la calidad de sus analistas que un artículo a tener en cuenta. Veamos qué dice.

Afirma Antonio Navalón que mientras en Europa se vive una Guerra Fría “en América comienza a ser caliente”. Me parece un uso rocambolesco de la metáfora. En Ucrania muere gente. En Iberoamérica tenemos movimientos geoeconómicos interesantes. Pero nadie muere por ello. Nadie interviene en guerras o financia insurgencias que socavan a rivales como peón geopolítico en una “proxy war”. El hecho relevante que destaca Navalón es el desembarco de Rusia y China en el continente. Rusia tiene como aliado regional a Venezuela y Cuba, mientras ha realizado un acercamiento a Argentina. Los tres no parecen que puedan ofrecer mucho como aliados de Moscú. Se trata de países con economías bastante débiles. Cuba es una plataforma de espionaje contra los Estados Unidos y poco más. Venezuela un buen cliente de su industria de defensa pero su economía va camino de un shock. Argentina, como mal pagador que es, se ha limitado a emitir Russia Today en español. Incluso Perú y Brasil son mejores clientes de la industria de defensa rusa pero están fuera del grupo de países con gobiernos “nacional-populares”.

El biólogo Andrés Rodríguez explicaba en su blog Ciencias y Cosas el enorme impacto medioambiental que dos grandes proyectos chinos podrían tener: El nuevo canal de Nicaragua y la explotación de los hidrocarburos en el Yasuní (Ecuador). Será curioso ver cuánto tarda en haber una reacción iberoamericana ante el “nuevo imperialismo chino”. Pero que esos proyectos se lleven a cabo en la Nicaragua de Daniel Ortega y en el Ecuador de Rafael Correa explica que aquí a España no haya llegado mucho eco del tema. Cuando se trata de gobiernos “progresistas” y no interviene el “imperialismo yanki” el asunto no interesa.Así contrasta el discurso oficial sobre las “comunidades indígenas de Venezuela han sido reivindicadas durante la gestión de Chávez” con la realidad de “el avance sin ningún contrapeso o denuncia la realización de planes de explotación y desplazamientos en zonas ricas en materias primas”. Recomiendo sobre ese y otros temas la lectura de La Revolución como espectáculo de Rafael Uzcátegui. Pero ese es otro tema.

Antonio Navalón habla de “efecto dominó”. Pero la capacidad de “contagio” de la influencia de Moscú y Pekín es escasa. El término nació durante la Guerra Fría ante el temor de que el triunfo de los comunistas en Vietnam supusiera su expansión por Indochina. Ahora mismo los chinos no andan preocupados con la expansión ideológica. Son pragmáticos en su búsqueda de proveedores de materias primas. Y los acuerdos económicos con Venezuela, Ecuador y Argentina responden a la baja credibilidad crediticia de esos países. Recordemos cómo Ecuador repudió su deuda externa, un ejemplo para algunos en España con consecuencias que no se nombran. Por su parte,  la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América  (ALBA) sólo han respondido los gobiernos ya convencidos (Cuba, Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia) junto con países como Antigua y Barbuda o Surinam. Aquellos años en que se hablaba de una expansión de la revolución bolivariana por Sudamérica han pasado. Mientras, los países de la Alianza del Pacífico siguen su camino, otros como Brasil o Uruguay siguen  el suyo siguiendo dinámicas propias e internas.

Extrañamente Antonio Navalón habla de Cuba como “el punto de encuentro entre dos mundos”. Recuerda que durante la Crisis de los Misiles en 1962 “fue el centro del tablero mundial” pero me parece a mí que el país juega ahora mismo un papel marginal en la esfera internacional. Curiosamente a Antonio Navalón le parece importantísimo el papel geopolítico de la Cuba actual por albergar las conversaciones de paz entre el gobierno colombiano y las FARC. ¿No es paradójico que el proceso llevaría al fin de un conflicto que tiene como una de las partes un vestigio de la Guerra Fría y de lo que Cuba significó en el pasado en Iberoamérica? También le parece a Antonio Navalón una importantísima clave geopolítica que Raúl Castro se negara a recibir al ministro español de Asuntos Exteriores. Hecho que el mismo diario El País explicaba hace semanas que “el discurso del ministro en La Habana elogiando el pluralismo político pudo molestar al régimen”. Es decir, el ministro Margallo no tuvo mejor idea que ir a Cuba en pleno proceso de reformas para hacer un gesto que fuera aplaudido por algunos disidentes en Miami y Madrid autoeliminándose como interlocutor con el régimen. Por cierto, es el mismo gobierno que tramitó la salida de disidentes del país para traerlos a España y luego dejarlos “abandonados” y “desamparados”.

Luego el artículo entra en el asunto del petróleo, su caída de precio y las consecuencias geopolíticas. Habla Antonio Navalón de la subida del precio del gas natural y cómo eso beneficiará a Rusia. No sé de dónde saca el dato. El precio en los mercados internacionales ha caído desde enero. Ciertamente el nivel de precios en 2014 es mayor que en 2012 pero por ejemplo menor que en 2010. Y es que los contratos de gas natural son a largo plazo en un mercado con mucho menor volatilidad que el mercado del barril del petróleo. Ya conté aquí hace un mes las consecuencias que se avecinaban para Rusia, Irán y Venezuela por la caída del petróleo. El precio siguió bajando e hice un segundo apunte hace poco más de una semana. No creo que lo que estamos viviendo haga “más fuerte a Rusia”.

Por último termina hablando del hartazgo de la sociedad mexicana ante el conflicto armado que vive el país, donde convergen la impotencia del Estado, los intereses cómplices de algunos políticos y los negocios del Narco. Cuestiona Antonio Navalón que la protesta “Todos somos Ayotzinapa” sea sólo un fenómeno mexicano. Ya hemos visto desde los países árabes del Norte de África a Hong Kong protestas protagonizadas en los medios por una generación joven que se desenvuelve en Internet. Pero no parece que el hartazgo de los ciudadanos mexicanos arrastre a protestar a las víctimas de la violencia del Narco en lugares como Rosario (Argentina) o los cerros de Caracas.

En definitiva. Me parece un artículo con conclusiones raras y extrañas que emplea la técnica familair de lanzar datos e informaciones una detrás de otra como si hubiera a la fuerza un hilo conductor para transmitir la idea de que el autor maneja claves que a todo el mundo escapa. Aunque estoy seguro que el papel de China y Rusia en Iberoamérica o las consecuencias para Venezuela de la caída del petróleo son temas interesantes que merecene más atención.

La industra china pronto quemará la última etapa

La industria de defensa china ha seguido una hoja de ruta evidente. Primero compra la licencia de producción, como en el caso del Sujoi Su-27SK, o simplemente se hace con un ejemplar de referencia, como fue el caso del Sujoi Su-33. Tras producir copias del original, proceden a mejorarlo. En el caso del Su-27SK, China había firmado un acuerdo con Rusia para comprar 200 aviones desmontados en piezas y ensamblarlos localmente donde fueron bautizados como J-11. Cuando llevaban cien cazas construidos, suspendieron el acuerdo con Rusia. Y al tiempo, oh sorpresa, apareció la copia producida sin licencia ni ayuda rusa. En el caso del caza naval Su-33 se trataba de un prototipo que había quedado almacenado en Ucrania en el momento de la caída de la Unión Soviética. Ucrania no tenía portaaviones y los chinos en cambio sí tenían interés en desarrollar una aviación embarcada. Al tiempo, los chinos produjeron versiones mejoradas de ambos aviones. Así el caza Su-27SK dio lugar a la variante china J-11B y el caza embarcado Su-33 dio lugar al J-15 “Tiburón Volador”. El último paso en este proceso de “gatear, caminar y correr” es desarrollar tecnología propia desde cero. Y a esa fase la industria aeronáutica militar chino llegó hace tiempo con el desarrollo de los aviones de combate invisibles al radar de 5ª Generación J-20 y J-31.

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No está de más que recuerde que en todo este proceso siempre encontré voces que decían eso de “los chinos sólo saben copiar”. Y en todo caso, como último argumento escuchaba eso de “bueno sí, han llegado a esa etapa pero les queda mucho para llegar a la siguiente”. Por eso cuando en octubre de 2013 leí sobre el primer coche chino en alcanzar las cinco estrellas en el test EuroNCAP actualizado a 2013 titulé “La industria china sigue quemando etapas” a mi comentario en este blog sobre el progreso de la industria china. El mismo proceso se repite una y otra vez. Pensemos por ejemplo en los teléfonos móviles. China pasó a ser un país donde la mayoría de fabricantes ensamblaba sus teléfonos a tener marcas que producen modelos de gama alta.

Pero a la industria china le faltaba algo. Le faltaba ese algo que añade valor al producto de forma inmaterial: El diseño, la innovación, el prestigio, lo cool. Por un lado, salirse de lo establecido para crear algo nuevo es algo que resulta difícil en la cultura china. Conté aquí que lo descubrí en una reseña de un restaurante de Hong Kong que tiene el mérito de ser el más barato del mundo entre los premiados con una estrella Michelín:

“una civilización que desde hace siglos está convencida de haber logrado la perfección en sus realizaciones materiales está condenada a seguir repitiendo las mismas pautas una y otra vez”

China necesita gente creativa, que innove e invente. Las autoridades decidieron ponerle remedio de una forma peculiar. Hablé el año pasado en este blog de cómo el escritor Neil Gaiman descubrió en una convención de ciencia ficción en China que ese género ahora era permitido porque las autoridades chinas habían descubierto que era algo por lo que sentían interés de forma recurrente los innovadores de Silicon Valley. Las personas que según las autoridades chinas “estaban allí inventando el futuro”.

Por otro lado, a la industria china le faltaba ese aura de prestigio y de lo cool. Allá por 2012, conté aquí cómo la marca deportiva Li Ning trataba de abrirse camino en el mercado estadounidense sabiendo que era un proceso a largo plazo. En el caso de España dotaba a la selección de baloncesto de ropa deportiva. Cité entonces a un representante de la empresa que había dicho “el señor Li Ning, siempre dijo que su visión no era construir la Nike china, sino construir una Li-Ning mundial”.

Finalmente este lunes, encontré en un suplemento de El País el primer indicio de que China había alcanzado la última etapa. Arrancando con la noticia de que “el Metropolitan Museum de Nueva York centrará su exposición más importante de 2015 en China”, descubrimos que China es “el nuevo punto de referencia estético”. Estoy seguro que veremos muchos más artículos como ese en el futuro. El cine, la moda y el arte chino serán la punta de lanza de la transformación de la etiqueta “Made in China”.

China y el futuro

En Fogonazos han escogido un fragmento de una charla de Neil Gaiman que recogió recientemente en The Guardian.

“En 2007, asistí a la primera convención de ciencia ficción y fantasía aprobada por el Partido en la historia de China. En un momento, conseguí apartar a un alto oficial y preguntarle por la razón de esa desaprobación por ciencia ficción durante tanto tiempo. ¿Y qué había cambiado ahora?

Es sencillo, me dijo. Los chinos eran brillantes fabricando cosas si otras personas les traían los planos. Pero no innovaban y no inventaban. No imaginaban. Así que enviaron una delegación a Estados Unidos, a Apple, a Microsoft, a Google, e hicieron muchas preguntas a las personas que estaban allí inventando el futuro. Eran preguntas sobre ellos mismos y sus vidas. Y descubrieron que todos habían leído mucha ciencia ficción en su infancia y adolescencia”.