La postverdad era esto

“Post-verdad” fue elegida por el diccionario Oxford como la palabra de 2016 pero sufrió el destino de la expresión despectiva “cuñado”. Resultó que todos pensaron “todo el mundo es un cuñado menos yo, que sé de lo que hablo”. Así, los periodistas se dedicaron a contarnos que Donald Trump era un mentiroso y sus seguidores vivían aislados del mundo en una burbuja informativa de medios que confirmaban sus prejuicios, como si eso no fuera algo que ya estuviera pasando. Traté el asunto en “La nueva post-verdad y las viejas mentiras”. Mencionaba entonces cómo la muerte de Fidel Castro nos daba un buen ejemplo de la clase de burbujas mentales con las que la gente opera. Pero el ejemplo de la Cuba comunista bien podría ser cambiado por la España de Franco. La conclusión es que eso de la “post-verdad” no era muy diferente a vivir autoengañado con la propaganda política de toda la vida.

Pero “post-verdad” tiene una característica que ya adelantó Stephen Colbert en 2005 cuando acuñó el término  “truthiness”. Se trata de que las convicciones se sustentan en emociones y sentimientos, no datos y hechos. La gente cree lo que siente que es verdad. El mundo se ha llenado de bien pensantes reconfortados en su creencia de estar del lado de lo correcto. He visto casos de periodistas españoles que cuando se les señala los errores, inexactitudes y omisiones en sus crónica o su análisis sobre la cuestión palestina muestran absoluta indiferencia porque consideran que hay una verdad de fondo en su sesgo anti-israelí. Así que si una crónica está llena de errores o mentiras es irrelevante porque le transmite una verdad absoluta al lector: los israelíes son unos hijos de la gran puta. No importa la noticia, sino la buena intención con la que se escribe.

Hace poco publiqué Una bomba de relojería en el Mediterráneo. Conté cómo me dio por indagar qué estaba pasando con la llegada masiva de migrantes a Italia vía Libia. Uno de los asuntos claves era la labor de las ONGs que han fletado buques para rescatar refugiados en el Canal de Sicilia. Y terminé encontrando que se dedican al traslado a Italia de migrantes desde la costa libia, operando en una franja estrecha de costa y muy cerca de las aguas territoriales libias. Publiqué algunas novedades en mi perfil de Twitter y en la página de Facebook de Guerras Posmodernas.

Pueden jugar ustedes mismos a ver qué pasa en la costa libia con MarineTraffic.com y VesselFinder.com

Creo que no había tocado un tema que generara tantas “sensibilidades”. Da igual lo que hayan mostrado la BBC o Der Spiegel. Da igual los datos del GPS y los informes de FRONTEX. La gente siente que la narrativa de las ONGs es la verdad. Pero hay un problema en ese paradigma posmoderno de la construcción social de la realidad. Podemos elegir palabras no hirientes para designar a colectivos. Y así hacemos el mundo un poco mejor porque hay personas que dejen de sentirse heridas. Pero si decidimos esconder los problemas y construir una narrativa alternativa porque sentimos que es verdad, sólo estamos escondiendo los problemas. Por eso lo titulé Una bomba de relojería en el Mediterráneo“.

 

Copia-pega nacional y popular

Ya les he contado aquí que soy un desastre recordando cosas cotidianas como dónde solté las llaves al llegar a casa. Y sin embargo, guardo en algún rincón de la memoria un montón de cosas que sólo me vienen a la mente cuando conectan con algo que tengo en frente. Me pasó ayer, lunes. Vi comentarios sobre un tuit de Sofía Castañón, la poeta, escritora y realizadora audiovisual que es diputada y miembro del Consejo Estatal de Podemos. Se había grabado leyendo un texto que le había inspirado el Festival Aéreo de Gijón, celebrado el domingo 23 de julio.

Resulta que el sobrevuelo de “aviones bélicos” sobre la bahía de Gijón le evocaba el bombardeo llevado a cabo por la aviación del bando franquista durante la Guerra Civil. Me pareció una conexión de ideas bastante retorcida. Supongo que hay que estar hecho de una pasta especial para pensar en el Franquismo y la Guerra Civil española a la menor excusa. Pero la cuestión que saltó en mi cabeza es que ya había escuchado esto antes.

La asociación de ideas de Sofía Castañón no era ni nueva ni original. Resulta que el pasado mes de mayo a la abogada y periodista Julia Mengolini, argentina y kirchnerista, un desfile aéreo en Buenos Aires le evocó el bombardeo de la Plaza de Mayo de 1955, sucedido en un fallido golpe de estado contra el presidente Perón. Hacía más de veinte años que no se celebraba un desfile aéreo durante las celebraciones de la Revolución de Mayo y evidentemente la afirmación de Mengolini se convirtió en más munición de la guerra mediática que trata de equiparar al presidente Macri, el primero no peronista en décadas, con la dictadura.

No sé si estas coincidencias son casuales o, como tantas otras cosas, son un copia pega de los guiones del populismo sudamericano. Véase lo del tic-tac de Hugo Chávez copiado por Pablo Iglesias. En España se ha insistido mucho en señalar los vínculos del núcleo duro de Podemos con Venezuela, pero la Revolución Bolivariana nunca ha podido presumir de su producción intelectual. El referente intelectual lo proporcionó el kirchnerismo y su intelectual orgánico, el plúmbeo Ernesto Laclau.

Curiosamente, los simpatizantes de Podemos se irritan mucho cuando se señalan los vínculos del partido con los populismos sudamericanos, como si se tratara de una teoría conspirativa de la prensa conservadora española para desacreditar el partido. No podrán decir que se esconden mucho. El bloque de partidos europeos de izquierda en el Parlamento Europeo al que pertenecen Podemos e Izquierda Unida invitó a Cristina Fernández de Kirchner a dar una charla en el Parlamento Europeo el pasado mes de mayo.

La eurodiputada española Marina Albiol con el símbolo de la corrupción argentina en Bruselas, mayo de 2017.

Será curioso ver qué pasará el día que las causas judiciales que se acumulan en Argentina contra Cristina Fernández de Kirchner den luz a la ultracorrupción que sufrió el país. Supongo que sus fans españoles dirán que las causas judiciales fueron montadas por el gobierno de Macri, fingiendo desconocer la verdadera naturaleza del proyecto nacional y popular (nac & pop) de los Kirchner.

Hace muy poco, el Banco Mundial condenó a Argentina a pagar una compensación millonaria por la expropiación de Aerolíneas Argentinas, que se convirtió luego en un agujero negro de presupuesto público en manos de miembros de la agrupación La Cámpora. Así que resulta interesante rescatar hoy los piropos lanzados desde España a Cristina Fernández de Kirchner cuando expropiaba empresas españolas

Modernismos posmodernos

El sábado visité visité en el TEA, el museo de arte contemporáneo de Santa Cruz de Tenerife, la exposición colectiva “Crisis? What crisis? Cap. 1. Modernismos posmodernos”. Aunque la premisa según los comisarios de la exposición es presentar a artistas que no hayan sucumbido a la posmodernidad, sino que “hayan asumido las contradicciones del modernismo”, como viene siendo habitual en este tipo de exposiciones uno encuentra piezas que son una verdadera tomadura de pelo, como esa pantalla Chroma sobre dos mancuernas o aquella escultura formada con varias mesas.

Foto: Canal Tenerife TV.

Los artistas seleccionados nacieron en Canarias después de la llegada de la democracia a España y “alcanzaron su madurez en el archipiélago de la crisis”, así que son casi de mi generación. Les ha tocado vivir un mundo donde se resquebraja la posición hegemónica de Estados Unidos como hiperpotencia global y donde Internet abre ventanas al mundo fuera de Occiente al margen de los medios de comunicación de masas. Así que me llamó la atención un par de obras.

Alejandro Gopar: Sin Título (Bandera de países en guerra contra el terrorismo), 2016.

Ahí tenemos esa instalación que es la superposición de las barras y estrellas con la Unión Jack. Podría haberse quedado en un mero ejercicio estético como su serie “Fake Flags” (una traducción errónea de “Falsa Bandera”, título en español de la carpeta de su página web). Pero tenemos ese comentario alusivo a la Global War On Terror que llega más de 15 años tarde. Supongo que igual que para los que vivieron el asesinato de JFK y la llegada del hombre a la Luna, el 11-S es esa clase de evento icónico que marcó a todos los que estuvimos pendiente de la televisión aquel día. Las posteriores movilizaciones del “No a la guerra” también marcaron el momento político en países como España. Pero francamente, que alguien el año pasado estuviera todavía dándole vueltas a la agenda política del dúo Bush & Blair me parece de una pereza intelectual tremenda.

Chami An: “Hit.story. As redundant as it sounds, another dystopia”, 2016.

Esta segunda instalación muestra en un televisor pares de fotos e imágenes de la historia de Estados Unidos de la mitad del siglo XX en adelante. No deja de ser paradójico que nuevas generaciones, que reniegan de la hegemonía estadounidense, sigan recreándose en los iconos estadounidenses de los años 60 y 70. Si repasan esas publicaciones españolas que se definen así mismas como “contemporary magazine” (así, en inglés) o si repasan imágenes de cabeceras en blogs o perfiles de redes sociales de culturetas y progres españoles se encontrarán con Gregory Peck, Audrey Hepburn, el Rat Pack, Mohammed Ali etc. Toda una iconografía prestada de una generación y un país ajeno al suyo. Algo así como una nostalgia de segunda mano por personajes de unos tiempos que nosotros nunca vivimos y que ni siquiera forma parte de un ejercicio de homenaje o recuperación porque siempre han estado omnipresentes en la cultura popular.

Me llamó la atención la inclusión de la famosa foto del general Nguyễn disparando a un prisionero maniatado del Việt Cộng en una calle de Saigón durante la Ofensiva del Tet. También me llamó la atención sucesivas fotos del maltrato de prisioneros en la cárcel iraquí de Abu Graib. Una obra que que es el equivalente técnico de un simple carrusel de diapositivas con fotos icónicas del Estados Unidos de la segunda mitad del siglo XX es de una pobreza tremenda. Pero mostrar imágenes de la guerra de Vietnam y de la ocupación de Iraq en pleno 2017 es tratar de entablar un discurso crítico sobre la maldad del imperio yanki que aburre por lo desfasado en el tiempo. ¿Qué tal hablar en 2017 de la prisión siria de Sednaya? ¿Qué tal hablar de las 28.707 fotos estudiadas por Human Right Watch de 6.786 víctimas torturadas y/o ejecutadas en Siria y que alguien logró sacar de Siria en 2014? ¿Y qué tal tratar el Yemen hoy mismo? ¿Lago Chad? ¿Sudán del Sur?

Porque no sé si se capta la paradoja. La foto del general Nguyễn ejecutando un prisionero (asesino de mujeres y niños, pero esa parte de la historia nunca se cuenta) se convirtió en un icono de la guerra de Vietnam porque en Estados Unidos había una prensa libre y los periodistas haciendo su trabajo sobre el terreno. ¿Por qué no disponemos de imágenes icónicas de alguna atrocidad rusa cometida en la primera guerra de Chechenia? Sólo hay que ver cómo lucía Grozni en marzo de 1995 para imaginar que aquello fue lo más parecido al infierno en la tierra. Sin periodistas testigos ni prensa libre para difundir su trabajo no hay imágenes icónicas que remuevan conciencias.

Mientras, las imágenes de los abusos en la prisión de Abu Ghraib son bien conocidas porque fueron publicadas por los medios estadounidenses una vez se enteraron que había una investigación oficial en marcha. Sin embargo, no tenemos imágenes de lo que ocurre dentro de la prisión de Evin ni de otras cuyos nombres ni conocemos.

Celda de la prisión de Mile 2 en Gambia. Foto vía sbngambia.com

Conté aquí mis impresiones sobre unas jornadas sobre periodismo en la Universidad de La Laguna allá por 2013. Me encontré a una afamada periodista hablando sobre la desinformación y propaganda poniendo como ejemplo unas imágenes de televisión de la caída de Bagdad diez años antes. Como si no hubiera sucedido nada más informativamente hablando en la década transcurrida, más allá del “No a la guerra”. Y es que hay algo más. No sólo se trata de la abundancia de imágenes de los medios estadounidenses y una preferencia por consumir la producción mediática y cultural procedente de allí. Hay un discurso hegemónico en España que sostiene que ser crítico, audaz y librepensador consiste en cargar contra Occidente en general y Estados Unidos en particular. Y eso es una idea muy vieja. Que el arte de vanguardia que se hace en Canarias siga atascado en ella es el mejor indicador de dónde se encuentra.

H. R. McMaster, otro valor sólido para Trump

El candidato Donald J. Trump anunció que formaría su gobierno con la “mejor gente”. El desfile de nombres procedentes del mundo empresarial sospecho que dará bastante titulares en el futuro en temas como la educación o el medioambiente. Pero en medio de ese panorama, sobresalió el nombramiento del teniente general James Mattis (USMC, ret.) como Secretario de Defensa. Hablé de él en Demos gracias por el secretario de defensa Mattis“. En este tiempo ha confirmado ser un tipo sensato y alguien ya dijo que hubiera encajado perfectamente en un gobierno demócrata. En el reverso de la confirmación de las buenas sensaciones generadas por Mattis, un tipo culto y un líder inspirador, ha estado la corta trayectoria del también teniente general Michael Flynn (U.S. Army, ret.) como Consejero de Seguridad Nacional, un puesto ocupado en el pasado por personajes como Henry Kissinger, Zbigniew Brzezinski, Colin Powell y Condoleezza Rice.

En sus tiempos de militar, Flynn se hizo célebre por saltarse el conducto reglamentario y aparecer como coautor de un documento sobre los fallos de inteligencia en Afganistán en 2010 y que fue publicado por el Center for a New American Security, el laboratorio de ideas en materia de defensa cercano al gobierno de Obama. La osadía no sólo no le costó su carrera, sino que probablemente sirvió para catapultarla hasta el puesto de director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, institución poco valorada y que abandonó por la puerta de atrás.

Flynn en una cena de gala en Rusia al lado de Putin. Foto vía Daily Kos.
Flynn en una cena de gala en Rusia al lado de Putin. Foto vía Daily Kos.

Yo mismo me interesé por aquel documento firmado por Flynn y celebré su valentía, además de valorar las ideas allí expuestas. De ahí mi chasco al verle durante la campaña electoral convertido en un fan de Trump y dando la impresión de ser un tipo algo chalado. Resultó algo peor. Flynn tenía conexiones con Rusia y eso al final le ha costado el cargo. No duró ni un mes.

H. R. McMaster
H. R. McMaster

Así llegamos al recambio de Flynn, el teniente general en activo Herbert Raymond McMaster, más conocido por H. R. McMaster. Al igual que Mattis y Flynn se trata de un viejo conocido para cualquiera que haya estado atento a los asuntos de defensa estadounidense. McMaster se hizo célebre durante la Guerra del Golfo de 1991. En aquel entonces mandaba como capitán la Tropa “E” del 2º Escuadrón del 2º Regimiento de Caballería Acorazada. Esto es, mandaba la primera compañía del segundo batallón de lo que en realidad era una brigada acorazada reforzada.

Al comenzar las operaciones terrestres de la Operación “Tormenta del Desierto” al 2º de Caballería le tocó cumplir la misión de elemento de reconocimiento avanzado del VIIº Cuerpo Acorazado, el encargado de avanzar hacia el norte desde Arabia Saudita  y pasando de largo de Kuwait para luego girar noventa grados y avanzar en dirección este para chocar con la reserva estratégica del ejército iraquí, formado por las unidades de la Guardia Republicana desplegadas al norte de Kuwait.  La Tropa “E” del entonces capitán McMaster y otras dos del 2º Escuadrón, con el refuerzo de elementos de una cuarta, constituyeron la punta de lanza del VIIª Cuerpo, formado por cinco divisiones acorazadas.

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Su misión era avanzar rumbo hacia lo desconocido y localizar al enemigo para transmitir la información a la fuerza que venía detrás suyo. Pero McMaster y el resto chocaron el 26 de febrero de 1991 con dos brigadas de la División Tawalkana de la Guardia Republicana iraquí al cruzar la línea de referencia geográfica “73 Easting”, que dio nombre a la batalla. Los M-1 Abrams y M-3 Bradley no pararon de localizar y destruir blindados iraquíes a pesar de la  sorpresa y estar totalmente superados en número. Las direcciones de tiro computerizadas y los sistemas de visión termográfico dieron una ventaja colosal frente a los T-55, T-62 y T-72 soviéticos en manos iraquíes. La Tropa “E” de McMaster destruyó decenas de blindados iraquíes y McMaster recibió la Estrella de Plata, la tercera má alta condecoración estadounidense, por sus acciones en la Batalla de 73 Easting.

Después de la guerra, McMaster obtuvo un doctorado en Historia. Su tesis hizo una revisión crítica del papel de los militares que asesoraron a Lyndon B. Johnson sobre Vietnam y que llevaron a una mayor implicación del país en la guerra. McMaster revisó todos las actas de reuniones e informes de la junta de jefes de Estado Mayor para seguir el proceso deliberativo y concluir que no sólo los políticos ignoraron los consejos de los militares, como establecía el canon historiográfico, sino que los propios militares se esforzaron en contarle a los políticos lo que querían oir y no lucharon por imponer su criterio profesional. La tesis fue publicada en 1997 como libro bajo el título Dereliction of Duty: Lyndon Johnson, Robert McNamara, The Joint Chiefs of Staff, and the Lies that Led to Vietnam.

La siguiente ocasión en que McMaster alcanzó notoriedad fue nuevamente en Iraq. Esta vez como comandante en jefe del 3er. Regimiento de Caballería Acorazado, desplegado en la ciudad de Tal Afar, entre Mosul y la frontera con Siria, a finales de 2005. Dos años después de la invasión del país, la insurgencia se había consolidado en el país. Precisamente a principios de 2005 escribí unas cuantas entradas de blog diciendo que Estados Unidos estaba perdiendo la guerra, para cabreo de los neocón españoles. Hasta aquel momento, las tropas estadounidenses permanecían atrincheradas en grandes bases que abandonaban para patrullar, dejando caminos y barrios en manos de la insurgencia por la noche. La población local que colaboraba con las autoridades iraquíes sufrían represalias. El entonces coronel McMaster cambió la ecuación y desplegó permanentemente a sus soldados en el centro de Tal Afar para garantizar seguridad y ganarse la confianza de la población. La insurgencia fue derrotada en Tal Afar. En una época en que escaseaban buenas noticias desde Iraq, McMaster apareció en documentales y en 2006 en un artículo de The New Yorker.

Después de Iraq, McMaster pasó por el International Institute for Strategic Studies de Londres. Luego, formó parte del equipo que preparó el famoso manual de contrainsurgencia bajo el liderazgo del general Petraeus (véase mi reseña del libro The Insurgents de Fred Kaplan). Había ganado ya fama de pensador brillante y muchos de sus destinos habían implicado estar en el meollo de elaborar planes y estrategias. Así que cuando su nombre no estuvo entre los elegidos para ser general hubo cierto revuelo mediático con muchos preguntándose si su trayectoria de militar con ideas propias y capaz de decir lo que pensaba le había pasado factura. Hizo falta llevar a Petraeus desde Iraq a Estados Unidos para presidir el comité que elige los generales para que se valorara a los militares con experiencia de guerra, lo que nos da una idea de cómo se valoraba más los diplomas que la experiencia de guerra. Y cómo, con unas fuerzas armadas empantanadas en Afganistán e Iraq, el éxito o el fracaso en la misón encomendada tampoco era un criterio a tener en cuenta.

Ya como general, McMaster pasó por varios destinos en el mando de Adiestramiento y Doctrina (TRADOC), pasando por la sección de planes del Estado Mayor de la fuerza multinacional ISAF en Afganistán. Sus destinos en el TRADOC le han dado un papel protagonista en moldear el futuro del ejército de tierra de Estados Unidos. Sin alcanzar el culto a la personalidad de Mattis en los marines, McMaster es muy bien valorado como intelectual y pensador visionario. Esperemos que haga un buen equipo con el secretario Mattis.

Demos gracias por el secretario de defensa Mattis

El general Mattis alcanzó el status de figura legendaria dentro del cuerpo de infantería de marina de los Estados Unidos. Soltero y erudito, encarnó la figura del monje guerrero con su inmensa biblioteca y su espíritu agresivo. Internet está llena de frases legendarias y anécdotas de personas que sirvieron bajo su mando que rozan la leyenda urbana. Como esa que dice que una noche de Navidad alguien se encontró que el general Mattis cumplía la labor de oficial de guardia en un cuartel porque, siendo él soltero, se había ofrecido voluntario para que un oficial de mucha menor graduación pasara el día de fiesta con su familia.

General Mattis

Cuando en el Partido Republicano se pensaban que el candidato Trump iba a provocar una catástrofe electoral su nombre sonó como candidato de emergencia. Posibilidad que él desestimó. La tira cómica Terminal Lance trató el asunto dibujándolo como un ser celestial que bajaba de los cielos. Donald J. Trump lo eligió para el cargo de secretario de Defensa. Y una semana ha servido para calibrar su figura.

En su primer día en el cargo mandó al personal, militar y civil a su cargo, el siguiente mensaje:

It’s good to be back and I’m grateful to serve alongside you as Secretary of Defense.

Together with the Intelligence Community we are the sentinels and guardians of our nation. We need only look to you, the uniformed and civilian members of the Department and your families, to see the fundamental unity of our country. You represent an America committed to the common good; an America that is never complacent about defending its freedoms; and an America that remains a steady beacon of hope for all mankind.

Every action we take will be designed to ensure our military is ready to fight today and in the future. Recognizing that no nation is secure without friends, we will work with the State Department to strengthen our alliances. Further, we are devoted to gaining full value from every taxpayer dollar spent on defense, thereby earning the trust of Congress and the American people.

I am confident you will do your part. I pledge to you I’ll do my best as your Secretary.

Las referencias a la comunidad de inteligencia y los aliados internacionales no han pasado desapercibidos, considerando que el presidente Trump ha tenido sus roces con la primera y ha despreciado a los segundos. Que el secretario de Defensa haga alusión a la buena gestión del presupuesto, siendo famoso el Pentágono por el despilfarro y los proyectos que se salen del presupuesto en varias magnitudes, es otra señal a tener en cuenta.

El primer día en su nueva oficina, el secretario Mattis llamó al secretario general de la OTAN, organización a la que Trump llamó “obsoleta”. Desde su nombramiento, Mattis ha recalcado la necesidad que tiene Estados Unidos de aliados y llegó a decir que si la OTAN no existiera habría que inventarla y alertó de los intentos de Rusia de romper la alianza. Además, ya está fijado su primer viaje al exterior. Mattis visitará Corea del Sur y Japón en febrero. Se trata de dos países con acuerdos de defensa con Estados Unidos que durante la campaña presidencial Trump criticó, aunque luego se filtrara que era palabrería electoral.

La primera intervención pública de el nuevo secretario Mattis tuvo lugar en el acto celebrado en el Pentágono con motivo del día de Martin Luther King. Mattis hizo referencia a que las fuerzas armadas estadounidenses han sido siempre pioneras y ejemplo de la integración, siendo una comunidad donde gente diversa trabaja como iguales por una misma misión. E hizo referencia al viaje de los célebres exploradores Lewis y Clark, oficiales del ejército, que atravesaron Estados Unidos desde St. Louis a la costa del Pacífico acompañados de un esclavo negro y una mujer nativa. Mattis contó que cuando los exploradores tuvieron que tomar una decisión sobre dónde pasar el invierno, hicieron una votación en la que tomaron parte los cuatro “como iguales”. Se trata de una simple anécdota histórica, pero refuerza el mensaje de unidad en la diversidad que hubiera encajado perfectamente en un gobierno demócrata. La cuestión es cuánto tardarán Trump y Mattis en chocar si es que el presidente Trump decide no dejarse llevar por la voz de la sensatez que encarna Mattis.

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España y el dilema de vender corbetas a Arabia Saudita

Los reyes de España y Arabia Saudita. Foto: CasaReal.es
Los reyes de España y Arabia Saudita. Foto: CasaReal.es

El rey Felipe VI realizó un viaje a Arabia Saudita entre los días 14 y 16 de enero de este año. En la agenda del viaje estuvo la negociación del contrato por cinco corbetas, acondicionamiento de una base naval en la costa del Golfo Pérsico y servicios asociados de formación. Resulta que la armada de Arabia Saudita está inmersa en un programa ambicioso de modernización y quiere potenciar su flota del Golfo Pérsico, sustituyendo las corbetas clase Badr. La empresa pública Navantia tiene buenas posibilidades de ganar el contrato. Pero considerando la naturaleza del régimen político de Arabia Saudita y que el país está inmerso en la guerra de Yemen. Así que se presenta un dilema moral que trato en mi reciente colaboración con la revista EL MEDIO: Arabia Saudita y un dilema para España.

 

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La nueva post-verdad y las viejas mentiras

Las elecciones estadounidenses pusieron de moda un término: la post-verdad. Donald J. Trump pareció inmune a cualquier comprobación de la veracidad de las afirmaciones (fact checking) que lanzaba como candidato a la presidencia de los Estados Unidos. El asunto generó consternación porque Trump se equivocaba de cabo a rabo o mentía como un bellaco, pero eso no parecía afectar su popularidad ni su apoyo electoral. En el Reino Unido sucedió que tras el referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea los defensores del BREXIT reconocieron que uno de los argumentos de su campaña no era verdad.

Facts don't matter
Joe Dator en The New Yorker.

El asunto ha generado una avalancha de reflexiones y análisis. Porque si la realidad queda al margen del debate político, el debate político queda en mano de demagogos y fanáticos. Y el asunto tiene lugar precisamente ahora que las redes sociales permiten la difusión instantánea de información. Frente a las imágenes románticas de Internet convirtiéndose en una fuente de información accesible para las masas, resulta que ahora asistimos a que la gente vive en burbujas informativas. Se acude a Internet no para formarse una opinión, sino reforzar la ya existente. La gente visita sitios de noticias, blogs y muros de Facebook para confirmar su punto de vista y reafirmarse en él comentando con afines (echo chamber).

En Buzzfeed descubrieron que los sitios de noticias partidarios habían obtenido más repercusión en las redes sociales durante las pasadas elecciones que los medios tradicionales. Y que esos medios habían difundido informaciones y noticias que resultaron ser falsas, equivocadas o bulos en una proporción apreciable. De hecho la creación de contenido partidiario falso y sensacionalista ha resultado ser un peculiar nicho de mercado explotado por un grupo de adolescentes macedonios, cuyos sitios de noticias falsas resultaron tener un éxito considerable. Esto es, aplicaron el “clickbait” al terreno político. El sesgo de confirmación y las redes sociales hicieron el resto.

Posiblemente la sorpresa provocada por el triunfo de Trump y el BREXIT ha generado todo este debate sobre la post-verdad y las noticias falsas difundidas en las redes sociales. Y los analistas políticos se han lanzado a escribir sobre el nuevo filón mediático. Pero hay algo de déjá vu en este debate. Cuando leí que el diccionario Oxford había elegido “post-verdad” como la palabra de 2016 recordé inmediatamente como la expresión “truthiness”, acuñada por Stephen Colbert, había sido elegida como la palabra del año en 2006 por el diccionario Merriam-Webster. Colbert la había lanzado en 2005 en su programa The Colbert Report, en el contexto de la presidencia de George W. Bush para dar a entender aquellas creencias que surgían de la convicción personal más que de los hechos y la racionalidad. El propio Colbert señaló hace un par de semanas como el debate sobre la post-verdad era un remedo del concepto que había lanzado en su momento.

Y en esto llegó la muerte de Fidel Castro y las redes sociales se llenaron de furibundos defensores del legado político del dictador. Defensores ubicados a miles de kilómetros de Cuba y con un supermercado bien surtido cerca, por supuesto. El repaso a las tonterías y lugares comunes dichos daría para una entrada de blog bien larga. Que si la dignidad del pueblo cubano, que si la educación, que si la sanidad… Conociendo cómo es la vida allí para el cubano corriente se puede calibrar las tonterías que se cuentan desde la distancia.

La gran ironía es que los argumentos usados para defender el castrismo resonaban a los que uno puede encontrar en la página de la Fundación Francisco Franco. (Personalmente no soy nada fan de dictadores de origen gallego que llegan al poder por las armas, gobiernan durante décadas, condenan el país al atraso y mueren en la cama sin pagar por su crímenes). Así que las mentiras como argumento político no es nada nuevo. Cuba es el perfecto ejemplo de cómo una causa política es defendida con una montaña de mentiras por personas que viven en su personal burbuja ideológica.

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