Una Declaración Unilateral de Independencia no es un juego

Pues se ha consumado. No tiene sentido debatir a estas alturas cómo hemos llegado hasta aquí. Ya hablé del desastre que supuso la acción de las fuerzas policiales el 1 de octubre y traté de analizar lo sucedido aquel día desde la perspectiva de William S. Lind y su concepto de Guerras de Cuarta Generación. Me quedaron en el tintero varios asuntos que no sé si merecerá tratar a estas alturas. Lo que sí puedo decir es que desde el lado independentista catalán percibo una terrible desconexión de la realidad. Y en un día como hoy me pregunto si en Cataluña son conscientes de lo que han llevado a cabo.

Una Declaración Unilateral de Independencia es una ruptura total con la legalidad vigente al grito de “¡Patria o Muerte!”. El que rompe la legalidad vigente lo hace porque cree con firmeza que la suya es una causa justa y noble por la que está dispuesto a morir o sufrir pena de cárcel bajo el consuelo “la historia me absolverá”. Al fin y al cabo, toda causa se alimenta con la sangre de sus mártires.

Bernardo de Gálvez y las tropas españolas en la Guerra de Independencia estadounidense. El soldado con tricornio y casaca azul en el extremo derecho es un voluntario catalán. Cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau.

Para el éxito de una Declaración Unilateral de Independencia se tienen que dar varias circunstancias. La primera y la fundamental es tener medios para defender el naciente Estado-Nación o al menos para luchar por él. El relato épico y heroico de la Guerra de Indepedencia de los Estados Unidos suele olvidar que las Trece Colonias contaron con la ayuda de la armada francesa y un contingente español al mando de Bernardo de Gálvez, el único general invicto de aquello guerra, que abrió un frente a los británicos en Florida y el Caribe. En fechas más cercanas, tenemos el caso de las tres repúblicas bálticas, Croacia y Eslovenia en 1991. Todos esos países recibieron el reconocimiento internacional, la causa independentista contaba con un mayoritario apoyo social y rompían con un estado multinacional en crisis y rumbo a la disolución.

T-55 esloveno en Ajdovščina durante la Guerra de Independencia (1991).

En el caso croata y esloveno, el modelo de defensa territorial de Yugoslavia supuso la existencia de abundantes arsenales completados con la llegada de material de guerra desde el exterior. Recordemos que para acudir al mercado internacional y legal de armamento se requiere un Certificado Final de Usuario emitido por el representante de un gobierno legítimo y reconocido. Así, lo que salvó a la comunidad judía del naciente estado de Israel de ser aplastada por las fuerzas de varios países árabes es que convertido en un país de iure pudo comprar abiertamente armamento, que por cierto se lo vendió la comunista Checoslovaquia y no las potencias occidentales. Cuando el gobierno de Cataluña acudió a Alemania a comprar montañas de armamento, se encontró el veto del gobierno español, que tenía la última palabra.

Una Declaración Unilateral de Independencia es una apuesta por el doble o nada. Y puede fallar, como los casos de Katanga, Biafra y Rodesia. Así el que se embarca en tal acto de fuerza tiene que asumir que si fracasa hará frente a la justicia del Estado al que se enfrenta. Me temo que veremos llanto y crujir de dientes. Nadie podrá excusarse en que no sabía lo que hacía.

¿Es España postnacionalista?

Llevamos años oyendo eso de que España no es una nación, al contrario que por ejemplo Cataluña. La idea de una débil nación española no es nueva. Recordemos La España Invertebrada. Pero es bien sabido que después de la Transición, la izquierda española renunció al concepto de España para abrazar los nacionalismos periféricos. Se me ocurren sobre la marcha como razones que la idea de un nacionalismo español genera fuertes recuerdos del Franquismo o  que dentro de la izquierda española las reivindicaciones identitarias han sustituido a las de clase.  Así que ante ese abandono, el concepto de España quedó en manos de una derecha que se resiste a renegar del todo del Franquismo (“no nos perdonan que nuestros abuelos ganaran la guerra”). La cuestión es que tenemos hoy argumentos para construir una nueva idea de país muy alejada de la España franquista. España fue el tercer país del mundo en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo (chúpate esa Suecia) y es hoy uno de esos países europeos sin un partido fuerte de ultraderecha eurófobo y xenófobo.

Un balcón de Barcelona ya famoso. Foto de Juan Carlos L. R.

La crisis de Cataluña ha puesto de manifiesto que el nacionalismo español tiene un imaginario limitado. Tenemos poco más que un himno sin letra y un cántico surgido para celebrar victorias deportivas que emplea el estribillo de una canción popular rusa. Y estos días he estado pensando, ¿y si eso fuera síntoma de algo bueno y no un problema? ¿Y si España hubiera evolucionado hacia un nuevo tipo de Estado donde la gente mostraba un enorme desinterés por las exaltaciones patrióticas porque el nacionalismo etnicista había sido superado? Sé que eso ha cambiado por la crisis catalana, con las banderas en los balcones y los cánticos de “a por ellos, oé” a la salida de unidades de la Guardia Civil rumbo a Cataluña. Pero esa España postnacional necesita un discurso transversal propio. Necesita rescatar el concepto de “patriotismo constitucional” de Jürgen Habermas en una España de ciudadanos democráticos y no de miembros de la etnia. Creo que José María Lizundia avanza en esa línea en “Naciones cívicas y étnicas”.

 

Fabricando nacionalistas

Ayer leí el hilo que abrió en Twitter una chica de origen indio, que ahora no encuentro, explicando en inglés la cuestión catalana. Contó una anécdota sucedida hace tiempo. Caminando por Barcelona pasó a su lado una siniestra furgoneta de la policía española con cristales oscurecidos y policías con cara de odio. Sus amigos catalanes quedaron temblando de miedo y angustia, tal es el estado de terror que se vive en Cataluña. A partir de ahí explicó el origen franquista de la actual opresión española sobre Cataluña y explicó cómo España se convirtió en una democracia sólo de fachada tras la Transición. Su visión de las cosas que pasan en mi país me resultaron alucinógenas pero supongo que los españoles, como miembros del mundo desarrollado, estamos pagando la penitencia por haber ejercido de cuñados durante años explicando los asuntos de países lejanos. Es una sensación curiosa leer hilos de Twitter o artículos de opinión escritos por guiris ejerciendo de cuñados y contando de una forma torticera y maniquea la cuestión catalana en inglés a un público internacional Hasta ahora había visto a gente de los países más diversos quejarse del fenómeno, señalando la manía de los occidentales de explicar los problema de los países con brocha gruesa y malinterpretando la historia. Y efectivamente, deja de tener maldita gracia cuando se trata de tu país.

La anterior viñeta de Blower en el diario británico The Telegraph me parece el perfecto ejemplo de lo anterior y resulta de una ironía terrible. Blower representa a los independentistas catalanes con el miliciano republicano de la foto de Robert Capa. Un miliciano de la misma II República que aplastó militarmente en octubre de 1934 la proclamación del Estado Catalán. No vamos a esperar que los extranjeros que opinen sobre España estén familiarizado con la realidad y la historia española. Pero encontré en Twitter otro fenómeno. Aquellos extranjeros que trataban de explicar la cuestión catalana aportando contexto y perspectiva recibían la misma respuesta: da igual los matices, el contexto, la historia o el trasfondo. Ayer todo se reducía a una sola cosa. La policía española había golpeado a pacíficos ciudadanos y eso es lo único que alguien de Bélgica o Connecticut necesitaba saber.

El otro día escribí en “Leopards por la Diagonal” un párrafo que leído ahora resulta lamentablemente profético:

El independentismo necesita una confrontación que le permita vender al mundo el conflicto con el gobierno central encuadrado en una narrativa de la iniciativa democrática de todo un pueblo moderno y decidido enfrentado a la violencia represora del gobierno de un viejo país sin rumbo ni legitimidad. El independentismo necesita portadas de los diarios internacionales donde se vean caras ensangrentadas y desencajadas en lágrimas y dolor para que el ciudadano medio de cualquier país que no tenía opinión previa sobre el tema piense al ver las imágenes que la razón asiste al lado que es víctima de la violencia. Por eso las tácticas que debe emplear el gobierno son contraintuitivas: desescalar el conflicto para huir de situaciones que permita encuadrarlo en el marco narrativo de los independentistas

Como si fuera un mal chiste, el 1-O nos ha proporcionado precisamente eso que yo recomendaba el gobierno debía evitar. Ahora la pregunta es cómo se arregla esto, si es que tiene arreglo. En varias ocasiones traté aquí cómo la derecha nacionalista española ha ejercido tradicionalmente de bombero pirómano y ha fabricado independentistas:  “Lecciones yugoslavas para España” (4 mayo 2005), “Separatistas y separadores” (1 octubre 2012) y “Lecciones de la antigua Yugoslavia para España (y Cataluña)” (17 septiembre 2013).  Pero estos días hemos visto el fenómeno contrario. El pulso del gobierno catalán al gobierno español ha impulsado el sentimiento identitario español, con gente contando aquí y allá que le sorprendía ver por primera vez en su barrio la bandera española colgada de ventanas y balcones. Y aunque sean casos puntuales de conocidos, he visto por primera vez a gente reclamar un referéndum en toda España sobre la cuestión catalana para votar a favor de que Cataluña se marche de España. O directamente reclamar la independencia catalana. Pero no por solidaridad con la causa, sino por estar harto del nacionalismo catalán. Yo mismo me planteaba estos días si, olvidando por un rato el desastre que sería para Cataluña y el resto de España, la situación actual merece la pena ser sostenida por más tiempo.

El juego político en España ha seguido un ciclo perpetuo en el que los nacionalistas periféricos airean reclamaciones identitarias que el gobierno español termina por aplacar con medidas presupuestarias y algunas políticas de tipo simbólico. Y así hasta el infinito más allá. El modelo causó impresión aquí en Canarias y surgieron partidos decididos a imitar el modus operandi pero olvidando que la parte de las reclamaciones identitarias necesita ser creíble. Y ahí está el problema. Da la sensación de que el gobierno español ha creído que el nacionalismo periférico en España se mueve en el fondo por dinero y el truco para manejarlo será siempre negociar presupuestos, pasando por alto que los nacionalistas catalanes sí se han tomado en serio la cuestión identitaria.

Recuerdo el escándalo que causó aquellas palabras del ministro Wert sobre “españolizar” a los niños catalanes, como si una de las funciones de la escuela no fuera crear ciudadanos. Denunciaba recientemente el hispanista John Eliott en un carta al diario The Times la manipulación de la Historia en Cataluña con intereses partidarios. Y estos días me contó alguien que participó hace un par de años como voluntario en una competición infantil de robótica aquí en Tenerife que le asignaron asistir a un equipo catalán formado por niños de entre 10 y 15 años cuyos padres debían hacer de traductores porque tenían dificultades en expresarse correctamente en español.  Si Cataluña termina siendo un país independiente leeremos en el futuro que todo cambió este 1 de octubre. En realidad, todo empezó hace mucho tiempo.

 

 

Cómo Rajoy compró a Trump y salvó la industria de defensa estadounidense

Tras el encuentro de Rajoy y Trump en la Casa Blanca, aparecieron en Twitter comentarios ridiculizando la supuesta compra de cazabombarderos de quinta generación F-35 Lightning II acordada a cambio del apoyo del gobierno estadounidense a la unidad de España. Los datos que se aportaban era muy específicos: se trataba de un contrato de 3.500 millones de euros por 24 aparatos. Los comentarios se repartían entre el tono jocoso, señalando los sabidos problemas de desarrollo del avión, y la indignación por el despilfarro en un país donde los niños pasan hambre y no hay dinero para pagar las pensiones. Tenemos un ejemplo en este tuit de David Arrabalí, analista político y miembro de Izquierda Unida:

Los detalles que se aportaban sobre el caso variaban entre que había sido una promesa hecha por Rajoy a Trump y que la ministra había firmado allí la compra. El usuario de  Twitter “Jaime” compartió varias capturas de tuits en los que la gente añadía detalles de cosecha propia como que eran los “más viejos de la flota”. Todo fue muy marciano, porque la verdad es que en España la toma de decisiones sobre la compra de sistemas de defensa suele ser bastante larga y por el camino se conocen los entresijos del proceso de selección, por muy amañados que estén los contratos: se crea una comisión técnica, aparecen artículos debatiendo las alternativas en las publicaciones del Ministerio de Defensa (Ejército, Revista General de Marina, Revista Española de Defensa, etc), se comparten en foros y redes sociales informaciones y diapositivas de conferencias sobre el tema, etc. Es decir, entre que se decide comprar un cacharro y se firma la compra pasa tiempo. Mientras tanto, los que estamos en este mundillo nos enteramos de lo que se cuece. Por ejemplo, sabemos que España está abocada a comprar F-35 sí o sí algún día. Además, las exportaciones de armamento de Estados Unidos se anuncian públicamente en la página web de la Defense Security Cooperation Agency mientras que las compras españolas de armamento aparecen en la página web del gobierno español, tras aprobarse en la reunión del Consejo de Ministros de los viernes. Para colmo, la noticia de la supuesta compra tampoco apareció en los portales defensa.com o infodefensa.com En definitiva, la noticia resultaba inexistente para los profesionales.

F-35. Foto: USAF vía Wikipedia.

Al día siguiente de encontrarme la noticia los 3.500 millones de euros que el gobierno español se comprometió a gastar para asegurar que el presidente Donald Trump hablara en contra del Procés habían subido a los 6.000 millones. Por ejemplo, apareció en un artículo en Menéame del usuario “anmarmor”: “Rajoy gastará más de 6.000 millones en F35 – el mayor fiasco de la aviación militar moderna”. El autor se centra en todos los problemas de desarrollo del F-35, pero comete errores que se hubiera ahorrado de haber leído un poco la Wikipedia. Curiosamente el artículo termina diciendo que los modelos equivalentes de Rusia y China están mucho más desarrollados, cuando la realidad es que el año pasado la fuerza aérea estadounidense incorporó su ejemplar nº100 del F-35 mientras que del J-31 chino sólo hay dos prototipos y el Su-57 ruso entrará en servicio el año próximo. Este último está en la categoría del F-22 Raptor, no del F-35, y su desarrollo ha sido también problemático. Supongo que son la clase de sesgos que incorporas cuando te pasas el día leyendo “información alternativa” en Russia Today.

Aviones de 5ª Generación en servicio y desarrollo. El T-50 ruso recibió el nombre definitivo Sujoi Su-57.

El siguiente paso fue la aparición de esta  no-noticia en El Salto Diario: “Rajoy ‘compra’ a Trump con un pedido de 6.000 millones en aviones”. El autor, Yago Álvarez (“Economista Cabreado” en Twitter), dice: “Desde el Gobierno se anunció que se comprarían entre 60 y 65 unidades”, con una partida de “unos 6.000 millones de euros” para sustituir a los F-18 del Ejército del Aire y los AV-8B Harrier II de la Armada. En realidad, son los datos de una noticia dada el 5 de junio de este año por el diario El País: “Ejército del Aire y Armada apuestan por comprar 60 cazas F-35 estadounidenses”.  En ella aparece la cifra de los 6.000 millones. Dos días más tarde el mismo diario titulaba: “Defensa se desmarca de la apuesta del ejército por el caza F-35 estadounidense”.  La primera hacía referencia a los deseos de los militares y la segunda la posición del Ministerio. Y es que como dije antes, desde que se plantea la necesidad hasta que se firma la compra van filtrándose informaciones.

Yago Álvarez hace un repaso rápido en su artículo a los problemas del F-35 fabricado por Lockheed Martin, a la que llama LockHeed. Según él, esos problemas han hecho que “la sostenibilidad de la empresa de armas más grande del mundo sea una duda constante” pero “el apretón de manos de Rajoy y Trump ayudará mucho a la subsistencia de esta empresa y de la industria militar americana”. Aquí pueden ver la evolución en bolsa de la empresa:

Datos: Google.

Como ven, el valor en bolsa de la empresa lleva aumentando desde 2013. En esta noticia de Reuters sobre el balance del segundo trimestre del año se dice que las perspectivas de la empresa son buenas desde la llegada de Donald Trump al poder, que el año pasado las exportaciones sólo supusieron el 27% de los negocios de la empresa y que recientemente el Departamento de Defensa estadounidense decidió añadir su pedido de F-35 a 2.456 aparatos. Como ven, ni la empresa está en apuros ni el pedido español sería el negocio del siglo para el complejo militar-industrial estadounidense.

Todo este asunto no es más que una anécdota más del Procés y sus fake news desde ambos “bandos”. Pero adivinen quién se lo ha tomado en serio.

 

 

Apuntes perplejos

Ahora que ya va quedando atrás los ataques yihadistas en Cataluña y estamos dedicados en cuerpo y alma a la pasión española de despellejarnos vivos me permitiré dejar constancia de varias cosas que me llamaron la atención y que entroncan, de cierta forma, en las cosas a las que llevo dándole vueltas en la cabeza desde hace tiempo y flotan sobre muchas de las cosas que he escrito últimamente.

Me llama la atención la poca relevancia que han tenido las víctimas de estos atentados. En otras ocasiones sus fotos, sus biografías y sus familiares han llenado los medios. Esta vez no. Quizás por la mayoría de extranjeros entre los muertos, lo que generó una distancia emocional en el público español. Quizás por razones que se me escapan. Quien sí han aparecido en los medios son parientes y conocidos de los terroristas, que han aparecido siempre como pobres víctimas de un imán manipulador, de la sociedad y hasta, de los videojuegos.

Yo fui de los que nada más llegar noticias de Barcelona dije en Twitter que no tenía ningunas ganas de ver fotos de cadáveres y heridos porque no me aportaba nada informativamente hablando. Surgió un clamor al respecto. Pero se sumaron al llamamiento medios y periodistas a los que la hemeroteca delataba. En otras ocasiones habían enseñando cadáveres de víctimas no europeas con mensajes del tipo “estas imágenes son un aldabonazo en la conciencia de Europa”. Así que parece que está bien generar reacciones emocionales respecto con no europeos pero nuestros muertos deben ser escondidos.

Me llamó la atención cómo tras el atentado de Barcelona entró en acción la Brigada del Pensamiento con varios mensajes muy claros:

-Nada de llorar a los muertos. Todos los meses mueren muchas más personas en el mundo por actos de barbarie ante la indiferencia de la sociedad española. Hay que insistir en que en el cómputo global de víctimas de los yihadistas los musulmanes son la inmensa mayoría. Así que no tenemos derecho a mostrar nuestra congoja y dolor. Sólo si tienes al día tu carnet de persona sensible con los problemas del mundo estás autorizado a expresar tu opinión dolida sobre lo sucedido en Cataluña.

-Las primeras y principales víctimas de los atentados son los musulmanes europeos. Son los más afectados por estos atentados porque se pone el foco sobre ellos y se les cuestiona. Es entonces necesario el despliegue del “periodismo preventivo”, con reportajes, entrevistas y columnas de opinión en el que se hable en contra de la islamofobia para educar a la inculta y racista sociedad española.

-El libro de estilo del “periodismo preventivo” requiere que se entreviste siempre a una elocuente joven musulmana con estudios universitarios que lleve velo para mostrar un Islam moderno e integrado. La crónica o entrevista siempre usará la coletilla “rompiendo estereotipos”. Llegado el caso, a falta de una manifestación de musulmanes en Madrid contra el terrorismo se recicla una noticia de una manifestación de enero de 2015 y se presenta como sucedida estos días.

La sensación que me queda de estos días es que alguien piensa que los españoles somos demasiado tontos y ante el riesgo de que “pensemos mal” es conveniente mitigar nuestras reacciones emocionales y orientar nuestro pensamiento. Sinceramente, pienso que me toman por tonto.

Buenas noticias inventadas

Ayer pasó algo curioso. El periodista Rafael Núñez Huesca cayó en la cuenta que el Telediario de las 15:00 de La 1 (hora peninsular) incluyó la noticia de una concentración de musulmanes en repulsa por los atentados en Cataluña donde se veía a gente con “abrigos y bufandas”. Capturó ese momento y lo compartió en Twitter.

Como en las actuales circunstancias proliferan bulos de todo tipo me animé a verlo y comprobé que en los archivos de RTVE.es efectivamente aparecen esas imágenes. Entonces lo siguiente que hice fue acudir a la página de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) para ver qué temperatura hace estos días en Fuenlabrada, ya que uno de los carteles es de una organización musulmana de ese municipio madrileño. El termómetro ha estado marcando entre 15 y 30 grados, así que no parecía que fuera un tiempo propicio para ir bien abrigado. Mee fijé en los edificios y me puse a buscar concentraciones de repulsa contra atentados yihadistas llevadas a cabo por colectivos musulmanes en Madrid para comparar el entorno. Allí apareció una noticia en el diario madrileño El Mundo que daba cuenta de una realizada en enero de 2015. La noticia se ilustraba con la siguiente foto:

Foto de Javier Barbancho. 11 de enero 2015 en Madrid. Pie de foto original: “Concentración en Atocha. Cientos de musulmanes y árabes,piden por el Islam paz, no al terrorismo, respeto a las mezquitas, etc, Condena de atentado en Francia”. Foto vía El Mundo.

Y aquí un fotograma del Telediario de La 1 que que he capturado.

Imagen del Telediario de las 15:00 (hora Peninsular) del viernes 18 de agosto de 2017.

Como pueden ver se trata de la misma concentración celebrada cerca de la Estación de Atocha en Madrid en enero de 2015. Podríamos pensar que se “coló” esta noticia pero pocos segundos después de que se emitiera la imagen anterior aparecía un rótulo informando que se trataba de una manifestación de rechazo a los atentados en Cataluña.

Imagen del Telediario de las 15:00 (hora Peninsular) del viernes 18 de agosto de 2017.

Entonces me surgió la duda. ¿Cómo pudo equivocarse la primera cadena de la televisión pública española y emitir una noticia correspondiente a un acontecimiento ocurrido en enero de 2015?  Supongo que, como es verano, andan escasos de personal por las vacaciones y, a lo mejor, no tenían un equipo móvil que mandar a recoger el testimonio del portavoz de alguna asociación musulmana, cuyos miembros probablemente también estén de vacaciones. Así que, a falta de cámara y a falta de entrevistado, emitieron un acontecimiento ya pasado para mostrar al público la noticia real de que hay musulmanes españoles que rechazan el terrorismo yihadista.

Siempre podían habar optado por meter imágenes de archivo mientras una voz en off daba cuenta de los diferentes comunicados de asociaciones musulmanas españolas que han condenado los atentados de Cataluña. Así que estamos ante un error garrafal que espero alguien explicará o ante un intento de hacer pedagogía desde la cadena pública. Si se trata de lo segundo, la pregunta inevitable entonces es en cuántos asuntos más existe una directiva política para que las noticias eduquen al público incluso a costa de la realidad y quiénes toman esa decisión.

Después de compartir en Twitter el hallazgo, del que no fui el primer descubridor, el profesor Rafael Grasa apareció de la nada para insistirme en que era irrelevante que la noticia fuera falsa. Según él, lo importante es que existe una realidad objetiva de musulmanes en España que condenan el terrorismo, como los que él pudo ver en alguna concentración pública en Cataluña. El punto de vista es interesante porque cambia el criterio de lo que es correcto en los medios. No se trata de la veracidad en sí misma de la noticia sino de un “espíritu de veracidad”. Es decir, al transmitir una crónica de un encuentro deportivo da igual los entresijos, lo importante es dar correctamente el resultado o al menos acertar con quién ganó. Es decir, lo que cuenta al dar la noticia es la intención con la que se da .

Rescato lo que dije en “La postverdad era esto“:

He visto casos de periodistas españoles que cuando se les señala los errores, inexactitudes y omisiones en sus crónicas o su análisis sobre la cuestión palestina muestran absoluta indiferencia porque consideran que hay una verdad de fondo en su sesgo anti-israelí. Así que si una crónica está llena de errores o mentiras es irrelevante porque le transmite una verdad absoluta al lector: los israelíes son unos hijos de la gran puta. No importa la noticia, sino la buena intención con la que se escribe.

La sensación que tengo ahora es que alguien ha decidido convencernos de que los inmigrantes musulmanes son buena gente y han decidido hacer pedagogía al respecto. Vean el siguiente tuit:

Más de 50.000 personas lo compartieron y más de 84.000 le dieron al “me gusta” de Twitter. Tan emotiva historia del taxista marroquí fue recogida por la página web del canal de televisión La Sexta. Fue tal el impacto del tuit que en algún momento alguien cayó en la cuenta de que la historia se repetía. Había en Twitter una legión de hermanos cuya madre fue trasladada en Barcelona por un taxista marroquí y además lo contaban todos con las mismas palabras. ¿Un meme que alguien ordenó repetir? ¿Un red de bots? Quién sabe. Pero alguien decidió que debíamos enternecernos con la historia de un taxista marroquí.

[Actualización]. Mientras se ha insistido que el tuit fue repetido como un meme por cuentas de Twitter de personas con perfil político podemita, algunas personas me han señalado que el texto del tuit fue repetido por personas de ultraderecha que imagino lo habrán hecho de manera irónica. Una auténtica meme war.

Y así llegamos al tema que abordé aquí hace semanas: el traslado a Europa de migrantes por parte de buques fletados por ONGs que los recogen de manos de las mafias y los desembarcan en Italia. Dije que el asunto era una bomba de relojería y en este tiempo ha estallado: Italia ha impuesto un “código de conducta” a las ONGs y ha desplegado un buque militar en la costa libia, algunas ONGs se han retirado de la zona, las autoridades libias han decidido implicarse más, las autoridades italianas han mostrado la complicidad de una ONG con los traficantes de personas, etc. La cuestión que descubrí que la narrativa de ONGs y medios eran engañosa. Estos últimos habían adoptado la narrativa de las ONGs de forma acrítica, cuando fuera de España medios británicos o alemanes habían mostrado ya el asunto, que era fácil de comprobar mediante el Sistema de Identificación Automático (AIS en sus siglas en inglés) que, vía páginas como VesselFinder.com y MarineTraffic.com, nos permite saber qué pasa en la costa libia. Nuevamente, alguien decidió que las noticias sobre ONGS salvando vidas en el Mediterráneo era muy vendible y muchos se han aferrado a ella. De nuevo, lo importante no es la realidad. Lo importante es ser buena persona, tener buenos sentimientos y contar una historia positiva. ¿En cuántas cosas más nos están vendiendo la moto? Es triste decirlo. Pero estamos en la era de las Fake News.

Cosas de las que mejor no hablar

Sólo hay un tema en el que me haya autocensurado en este blog: la batalla del 4 de abril de 2004 en Nayaf. “The powers to be” en España decidieron que de ese tema no debía hablarse y cuando consulté a la persona que en España más sabe del tema para confirmar unos datos comprendí que no era cuestión de buscarse líos. Tampoco le di muchas vueltas. Pretendía escribir una entrada de blog, no una investigación periodística. Pero últimamente no paro de pensar en qué contar y qué no de lo que me ronda la cabeza. El problema no son los poderes o las leyes, sino las turbas de bien pensantes. En la era de la post-verdad, da igual los datos y los hechos, sino los sentimientos.
El otro día vi que habían cesado fulminantemente al cónsul español en Washington por “burlarse del acento andaluz” en Facebook. Como canario que soy, el tema de los acentos periféricos me toca de cerca, así que estuve a punto de hacer un comentario en la página de Facebook de Guerras Posmodernas. A los días alguien contó en Twitter que el ex-cónsul participaba en un grupo de Facebook donde manejaban en clave interna imitar el estilo de escribir de un miembro del grupo. Parece que era así y que el asunto había sido sacado de contexto.
En Google han despedido a un trabajador por las ideas vertidas en un foro interno de la empresa. Copio y pego de Juan Soto Ivars:
Un trabajador de Google publicó en un foro interno donde los trabajadores discuten toda clase de asuntos su opinión sobre las políticas de género de la compañía. Según él, la brecha entre mujeres y hombres en ingeniería informática se debe a cuestiones biológicas. En general, las mujeres prefieren puestos más relacionados con las relaciones públicas y los hombres con la programación solitaria.
Su “manifiesto” era, por tanto, su opinión. Otros discutían con él en el foro, entre ellos la directora de diversidad de Google, Danielle Brown, que le respondió por qué piensa ella que está equivocado.
Pues bien: los textos se filtraron a la prensa. Gizmodo publicó el “manifiesto” y las redes sociales hicieron el resto del trabajo. Lo que era una discusión interna entre trabajadores de una empresa se salda con un escándalo, y con el despido del tipo que dijo lo que pensaba en un foro donde la compañía anima a los trabajadores a que hagan exactamente eso.
Son los pasos que siempre se repiten en Arden las redes. 1) Alguien dice algo confiando en que hay libertad de expresión, 2) el mensaje se filtra, se deforma y se magnifica en la prensa, 3) las redes arden, 4) quien se expresó paga, y 5) la empresa se limpia las manos. ¿Qué mensaje nos dan estas explosiones? Que hay cosas que, si piensas, es mejor no decir. Es decir: que ya no hay libertad de expresión.
Precisamente Juan Soto Ivars es el autor del libro Arden las redes. La poscensura y el nuevo mundo virtual, que tengo pendiente de leer. Voy a interrumpir mis lecturas sobre Guerras Posmodernas y la Nueva Guerra Fría con este libro porque me preocupa cómo hemos llegado a aquí. El otro día pedí disculpas en la página de Facebook de Guerras Posmodernas por publicar una nueva noticia sobre los buques de ONGs que se dedican a recoger migrantes de manos de las mafias y trasladarlos a Europa. No es un asunto que tenga que ver directamente con las Guerras Posmodernas pero me llamó la atención descubrir que no concordaba el discurso de la prensa española con la realidad. Algún lector me animó a seguir escribiendo del tema, pero la cuestión es que percibo que hay temas que a día de hoy son radiactivos porque hay un discurso en los medios de cuyos márgenes uno no puede salir aunque se tenga en la mano las estadísticas oficiales del Brottsförebyggande rådet sueco sobre violaciones a menores. El hecho es que el ministro de Interior pidió disculpas por decir algo que está recogido en informes de FRONTEX o ha repetido en la prensa italiana un magistrado en Sicilia. Me pregunto, ¿cómo se crean esas verdades públicas absolutas que nadie puede cuestionar?  Y si un ministro de Interior se tiene que disculpar por afirmar hechos ciertos ante la presión pública, ¿qué puedo esperar yo? Soy autónomo y trato de abrirme camino publicando en think-tanks y medios de comunicación, no quiero suicidarme laboralmente. Pero no dejo de pensar que estamos escondiendo bajo la alfombra problemas que van a terminar por estallar. Hemos creado un monstruo.