Desglobalización

Como habrán notado, últimamente me queda poco tiempo para atender el blog y se me acumulan los temas mientras apenas me queda tiempo para clasificar los enlaces que voy encontrando por diversos medios. Pero no quería dejar pasar más tiempo sin abordar uno de esos temas de fondo que percibía iba emergiendo entre el ruido de las noticias. Con los acontecimientos de estos días parece que ya se hace evidente y quizás tenga poco mérito contarlo ahora.

Creo que ya conté aquí varias veces (son más de 14 años de blog) cómo entré a estudiar Sociología con la idea de dedicarme a estudiar la Sociedad de la Información. Aterrizaba en la universidad después de estudiar informática en Formación Profesional y con el bagaje de lecturas como La Tercera Ola del matrimonio Toffler. No habían pasado ni dos meses del comienzo del primer curso cuando sucedieron los disturbios en Seattle, que sirvieron de presentación del Movimiento Antiglobalización y cuya preparación había seguido por la lista de correo de Z Mag. La Globalización era el tema de moda. Y en aquel primer año de carrera me impactaron tanto las lecturas de El Lexus vs el Olivo de Thomas L. Friedman como La Era de la Información de Manuel Castells. Sentía estar en un momento crucial de cambio.

Todas aquellas lecturas planteaban como una buena nueva que Internet y las nuevas tecnologías iban a llevarse por delante el viejo orden industrial, con cambios profundos en el mundo de los negocios, el activismo social y la educación. Las factorías irían trasladándose del mundo desarrollado al subsdesarrollado en busca de mano de obra más barata y ciertos negocios terminarían sucumbiendo a la desintermediación o el cambio tecnológico, como fue el caso de los vídeo-clubs o las agencias de viaje. Pero el saldo final sería positivo. Por todos aquellos trabajos que se iban a perder en el mundo desarrollado en el sector industrial, aparecerían otros nuevos en sectores en nacimiento. “Nuestros hijos trabajarán en empleos que todavía no se han inventado”. Recuerdo leer la transcripción de una conferencia de Manuel Castells donde mostraba su desprecio por las ideas vertidas por Jeremy Rifkin en El fin del trabajo.

Algunos de los elementos de la globalización resultaban contraintuitivos. La deslocalización de factorías a países subdesarrollados parecía un juego de doble suma negativa. Los trabajadores de las viejas zonas industriales de Norteamérica y Europa perdían su trabajo, mientras los trabajadores de Europa del Este, México y el Sudeste Asiático se incorporaban a puestos de trabajo en condiciones que en el lugar de origen nadie aceptaría. Pero el resultado es que aquellos fábricas proporcionaban de forma regular mejores ingresos a campesinos pobres. Jordi Évole descubrió la paradoja cuando le preguntó a unas trabajadoras camboyanas qué le dirían a los compradores de la ropa que producían tras mostrarles el precio de venta al público en Europa. Las trabajadoras le respondieron que les dirían que compraran más ropa, así ellas tendrían más trabajo.

El elefante de la globalización. Vía Pew Research.

El fenómeno de la mejora de ingresos de grandes masas de población en los países subdesarrollados supuso el abandono de la pobreza de cientos de millones de personas en lugares como India y China. Pero también en lugares como Perú, lo que hace que las cifras de abandono de la pobreza en la Venezuela en la pasada década 2000-2010 no resulten singulares. Lo que observadores externos atribuyeron al chavismo posiblemente no fuera más que el resultado de la coyuntura internacional de los precios de las materias primas.

Ese fenómeno del aumento de ingresos de los habitantes de los países subdesarrollados se vio acompañado de otros fenómenos significativos: los ingresos de la población muy pobre apenas creció, los ingresos de los muy ricos crecieron y los ingresos de las clases medias de los países desarrollados cayeron. Esto es, la brecha entre los muy ricos y las clases medias de Occidente se amplió. Sólo estos tres datos darían para desarrollar otros muchos temas.

Uno de los fenómenos más importantes de la globalización es cómo China se convirtió en la fábrica del mundo. La teoría decía que a China se deslocalizaba el tramo de menor valor añadido en la producción de tecnología: el ensamblaje. En Occidente en cambio se mantendrían las etapas más valiosas: el I+D, el diseño, el márketing, etc. Tómese como ejemplo el valor desglosado de los componentes físicos de un teléfono iPhone. El valor de la marca y las patentes de software valen muchísimo más que las factorías.

Pero la deslocalización a China y el Sudeste Asiático en general se vio acompañado de dos fenómenos no previstos. El primero fue la concentración de fabricantes y proveedores en clusters industriales. La reducción de costes empujó a los proveedores de componentes a instalar sus fábricas cerca de las de sus clientes. El asunto escondía un secreto bien guardado de la industria de la electrónica de consumo. Muchas marcas señeras y acérrimas competidoras en realidad emplean componentes del mismo proveedor y hay componentes clave de la electrónica de consumo de los que existen poco proveedores (chips de memoria RAM, sensores de cámaras digitales, pantallas de televisión, etc.) La creación de clusters industriales supone que la supuesta flexibilidad de la industria de la era digital no es tal. Volviendo al ejemplo del iPhone, para Apple sería complicado llevar la producción a Estados Unidos porque no sólo se trata de instalar una fábrica de ensamblaje, sino de contar con todo el ecosistema de proveedores asociados.

El segundo y más fundamental fenómeno asociado a la deslocalización en China es que la industria local siguió un proceso escalonado de 1) copia de los diseños occidentales 2) producción de copias con mejoras locales 3) creación de nuevos productos más competitivos. La “transferencia” de propiedad intelectual no se realiza únicamente de forma delictiva. Compartía ayer Willy Pulido una noticia de The Wall Street Journal que recogía la existencia en China de “transferencias de tecnología” como peaje impuesto a empresas extranjeras para operar en el país. El resultado es que hay ciertos sectores tecnológicos donde China es hoy un duro competidor frente a sus rivales occidentales. Pensemos, por ejemplo, en la telefonía móvil. Un sector donde hubo un tiempo en que Europa fue pionera gracias a empresas como Nokia, Alcatel y Ericsson mientras que los productos chinos eran tratados con desprecio. Hay perspectivas de que habrá más sectores donde la industria china puede que se lleve por delante en el futuro a sus competidores occidentales, como el sector automovilístico europeo de gama media. Un sector por cierto, en el que se avecinan otros fenómenos disruptivos.

La competencia industrial china no se queda sólamente en una mayor competitividad de sus empresas. El crecimiento de las empresas chinas las convierte en jugadores globales con recursos para invertir fuera de sus fronteras. En países como Alemania o Israel están ya preocupados por la entrada de capital chino en empresas de tecnología punta que desembocan en una transferencia tecnológica. El ministro de Economía alemán propuso la creación de un fondo de inversión estatal el pasado mes de febrero con la única intención de bloquear la entrada de capital extranjero en empresas clave de la economía del país. En España existe, por su parte, preocupación, por la entrada de capital chino en empresas clave del sector energético.

Todo esto es el escenario de fondo de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. El fundamento es que ahora es el momento de frenar a China, que disfruta no sólo la ventaja de la masa crítica de su mercado interno, sino que realiza extensivamente prácticas de competencia desleal como el robo masivo de propiedad industrial en todas sus variantes. Así que hay quien le reconoce el mérito a Donald Trump de haber planteado una batalla necesaria.

Nota final: El concepto “desglobalización” lleva tiempo siendo planteado por diversos autores. Por ejemplo, el coronel (ET) Mario Laborie lo hizo en la revista Ejército allá por el verano de 2017.

Geopolítica del Procés (II)

El otro día vimos un par de ejemplos de “sesudos” análisis geopolíticos y geoestratégicos en torno al proceso soberanista catalán. Se trataba de los disparates escritos en Twitter por un par de independentistas que había guardado como representativos de las tonterías dichas en las redes sociales por simpatizantes de aquel bando aquellos días. Pero las fantasías geopolíticas no fueron exclusivas del bando independentista. Aquellos días aparecieron análisis contrarios al independentismo que alertaban que los acontecimientos que estaban sucediendo en Cataluña eran el resultado de una operación encubierta contra España lanzada por la Unión Europea, la OTAN y George Soros. Sobra decir que este tipo de análisis provenían del bando prorruso de la Nueva Guerra Fría.

“Andréi Kononov” escribió en el blog “La Verdad Oculta” con fecha 23/09/2017 un artículo titulado “MAIDAN.CAT: Tras las huellas de la OTAN en el Procés” que es representativo de esa línea de pensamiento. El artículo fue reproducido poco después por Geopolitica.ru El poco esfuerzo empleado en tratar de sostener la teoría y los enormes agujeros argumentales hacen pensar que más que una teoría conspirativa nos encontramos ante una campaña de agitación en la que a río revuelto alguien trató de generar antipatía en España hacia las bestias negras del Kremlin.

Mucho ruido, pocas nueces.

El primer punto de los argumentos del artículo es que se trataron de unas “protestas muy bien planificadas”. La verdad es que todos sabemos cómo la maquinaria independentista estaba bien engrasada. Pero como veremos en mi reseña del libro Guerras Híbridas: La aproximación adaptativa indirecta al cambio de régimen de Andréi Krybko, los autores afines al Kremlin parece que tienen un problema para entender la voluntad de la gente a participar en protestas del signo que sean. Y en el caso catalán, nadie que haya estudiado el Procés se ha encontrado que fuera un fenómeno incomprensible que requiera para ser entendido introducir en el análisis una mano negra ajena a Cataluña y España. Las causas y actores son evidentemente endógenos.

Sin embargo, las “pruebas” de una acción externa para el autor del artículo es la proliferación de menciones a la Plaza de Tahrir de El Cairo y la Plaza de Maidán de Kiev, epicentro de las protestas en ambos países, en artículos y noticias relativas a Cataluña. Se mencionaba que, de impedirse la celebración del referéndum del 1-O, los líderes independentistas llamarían a una campaña de movilización y activismo. Tanto la prensa de Madrid como la de Barcelona establecieron comparaciones con las Primaveras Árabes y el Euromaidán ucraniano. Otra vez, desde la perspectiva del Kremlin todo lo que sea activismo callejero es el resultado de una operación de agitación llevada a cabo por poderes ocultos desde el extranjero. Y en este caso, las meras comparaciones hechas por periodistas de uno y otro lado significaba que estaban anunciando entre líneas la intervención de una poderosa conspiración ajena a España.

Decía el profesor Fernando Reinares que podíamos identificar una teoría de la conspiración porque sus autores siempre tienden a culpar, casualmente, a aquellos contra los que tienen prejuicios ideológicos. Yo la verdad es que nunca he encontrado a alguien que defienda una teoría conspirativa y afirme que, cotejando informaciones, llegó a la conclusión de que la mano negra culpable de todo era un personaje o grupo al que tenía en estima. Andréi Kononov” señala a George Soros, la bestia negra del Kremlin sobre el que habrá que hablar tarde o temprano. Pero de momento tenemos que fijarnos en la prueba de cargo contra él. Resulta que la Fundación Open Society Initiative for Europe de George Soros aportó 27.049 dólares para la celebración de un evento sobre xenofobia y euroescepticismo organizado por el Consell per la Diplomàcia Pública de Catalunya (Diplocat) y destinado a periodistas y medios de comunicación en 2014.

Noticia en 2016 de la subvención a Diplocat en La Vanguardia (véase noticia original).

Aquí tengo que hacer un inciso. Yo he sido invitado a varios eventos en los últimos años. La organización de cada evento se gastó una buena cantidad de dinero en pagarme billetes, alojamiento, comidas y desplazamientos. En algunos casos incluso cobré por mi participación. A esa cantidad que la organización se gasta por invitado, hay que sumar los gastos asociados al alquiler del auditorio, la traducción simultánea, los roll ups, etc., el material de papelería y un sinfín de gastos más. Así que volviendo a los 27.049 dólares que aportó la fundación de George Soros a Diplocat, ese dinero se gastó en organizar un taller sobre xenofobia y euroescepticismo. Sin embargo, de alguna forma mágica y misteriosa el asunto se transformó en un apoyo directo de George Soros al Procés, idea que ha circulado profusamente en titulares sensacionalistas de medios panfletarios de la ultraderecha española (valga la redundancia).

A continuación el artículo salta a Arthur Brooks, presidente del American Entreprise Institute (AEI). Por lo visto, Brooks tiene familia política catalana (trabajó y vivió en Barcelona), fue invitado a Cataluña por el gobierno catalán y en una gira por Estados Unidos, el entonces presidente Carles Puigdemont se entrevistó con Brooks. El AEI es tan importante para “Andréi Kononov” porque cuenta que “el investigador Thierry Meissan acusó a este think tank de haber preparado junto a Israel un “golpe suave” contra el gobierno de Irán en 2002”.  Sobre el siniestro Meyssan, por cierto, escribí hace ya tiempo.

Para “Andréi Kononov” es muy importante la agenda de encuentros y reuniones del entonces presidente Carles Puigdemont en Estados Unidos porque eso lo interpreta como indicios del interés estadounidense en fomentar la independencia de Cataluña. La verdad es que no parece que haya comprendido cómo funcionan estas giras. Tener más o menos encuentros de alto nivel en Estados Unidos es el resultado de la habilidad de tu gabinete y del dinero que hayas gastado en agencias de relaciones públicas. Recordemos, por ejemplo, que el gobierno español firmó en su momento un contrato de 2,3 millones de euros con un bufete de abogados para ejercer labores de lobby en Washington D.C. Entre sus tareas estuvo, por lo visto, lograr que al presidente José María Aznar le fuera concedida la Medalla de Oro del Congreso.

Lo interesante es que “Andréi Kononov” publicó su artículo en septiembre de 2017, así que tenemos la perspectiva del tiempo para valorar el resultado de la gira estadounidense del entonces presidente Carles Puigdemont. Pero además, en el caso del AEI, basta acudir al buscador de su página web para ver cuántos documentos y artículos ha publicado el think-tank sobre la cuestión catalana. Yo no encuentro más referencia a la cuestión catalana en la página web de AEI que dos artículos de opinión publicados en 2014 (‘Catalonia is not Scotland’) y 2012 (‘A divided Catalonia may yet attempt to divide Spain‘). El resto de referencias a España tienen que ver con asuntos fiscales y con la Unión Europa.

Hay otro encuentro del entonces presidente Puigdemont que plantea conexiones interesantes. Cuenta “Andréi Kononov” que Puigdemont se reunió con el ex-presidente Jimmy Carter.

Puigdemont y compañía redondearon su gira por Estados Unidos reuniéndose con el ex-presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, uno de los impulsores (junto a su inseparable consejero Zbigniew Brzezinski) de la Operación Ciclón contra la URSS en Afganistán. El encuentro fue auspiciado y anunciado a bombo y platillo por el Diplocat.

Otra vez, “Andréi Kononov” muestra no enterarse mucho de lo que escribe. La reunión con Jimmy Carter tuvo lugar en el Carter Center, una ONG célebre por sus actividades de monitorización de procesos electorales e intermediación en conflictos. Podemos imaginar que Puigdemont buscaba que la organización se implicara en el referéndum y realizara tareas de mediación. La gracia aquí es que “Andréi Kononov” no se molestó ni en hacer una mínima búsqueda de información sobre el resultado de la reunión. Porque después de la reunión el Carter Center emitió un comunicado oficial anunciando que ni el ex-presidente ni su ONG se involucrarían en el referéndum impulsado por el presidente Puigdemont.

Comunicado del Carter Center (vía La Vanguardia).

La sucesión de encuentros y reuniones son para “Andréi Kononov” prueba de que distintas instituciones, poderes y personajes de Estados Unidos estaban trabajando para impulsar el Procés. La realidad es que a la vuelta de Puigdemont a España el viaje fue considerado un fracaso por el perfil bajo de los interlocutores. El único encuentro relevante fue el celebrado con Jimmy Carter. De ahí, que fuera “anunciado a bombo y platillo por el Diplocat”. Se especuló, por cierto, sobre la existencia de un pago, cabe suponer que en forma de donación al Carter Center. La foto oficial de la reunión muestra a los participantes sosteniendo unas pancartas de una campaña para luchar contra la ceguera de río. La Embajada de Estados Unidos, por cierto, intervino en el asunto con un comunicado oficial donde afirmaba que el gobierno de ese país ” está profundamente comprometido en mantener la relación con una España fuerte y unida”.

Refutar teorías conspiranoicas es agotador.

El artículo sigue y sigue. Pero creo que se hacen una idea de cómo se construye una teoría conspirativa. A lo mejor otro día me animo a seguir repasando otros epígrafes del artículo. Y si tienen conocimiento de otros por el estilo les animo a compartir el enlace conmigo en redes sociales o en los comentarios.

 

Geopolítica del Procés

Presté bastante atención a la crisis catalana del último trimestre de 2017. Se dio el fenómeno que en Twitter seguía a personas que cuando se abrió la grieta del Procés quedaron en bandos opuestos. Así que me llegaban mensajes, comentarios y noticias desde ambos puntos de vista. Y en ambos bandos presencié una dinámica recurrente. Alguien encontraba el tuit, un meme o las declaraciones de algún personaje del otro bando que causaban indignación en el propio y lo compartía en Internet. Así, personajes anónimos de Internet cuya opinión hasta entonces llegaba a cuatro gatos eran convertidos en ejemplo del pensamiento típico de su bando. La conclusión de unos y otros era luchar por una causa justa teniendo en frente a unos hipócritas, dementes y antidemócratas.

El fenómeno, cómo no, ha sido identificado y etiquetado en Estados Unidos. Se le denomina “nutpicking“, por derivación de “cherrypicking“, que es el falacia consistente en escoger a propósito los datos que sustentan tu hipótesis. En este caso, “nutpicking” consiste en presentar en un debate las ideas de los miembros más impresentables del bando contrario como representativas del todo para argumentar que tu postura es la justa y la razonable. En el “nutpicking” hay más que un decisión consciente de tomar una información y desechar otra. Sucede también de forma inconsciente cuando estás encerrado en una burbuja informativa y tu entorno te alimenta con noticias e información que te hacen pensar que los que no piensan como tú están como una cabra o son directamente malvados.

Siguiendo el Procés en Twitter, me di cuenta que todos los días yo mismo estaba compartiendo tuits que exponían toda clase de chaladuras dichas y hechas por los independentistas. Y decidí dejar de hablar del Procés porque estaba contribuyendo a construir esa burbuja informativa. Aunque pienso que hay temas que no estaría de más documentar, como los argumentos supremacistas raciales dentro del independentismo. Otra tema más divertido son las teorías geopolíticas que me encontré siguiendo la crisis catalana. Había independentistas convencidos que el futuro de Europa se jugaba aquellos días en Cataluña y que la región era de una importancia estratégica que iba a obligar a intervenir a las grandes potencias mundiales. Me temo que no guardé los enlaces de todas aquella teorías que encontré. Pero aquí hay unas pocas que merecen la pena ser leídas un año después.

Carmen López publicó el 25 de diciembre de 2017 un hilo que arranca con la noticia de las protestas de los trabajadores civiles de la Base de Rota. Según ella, era un síntoma del próximo colapso económico de España. Y planteaba, que si Estados Unidos negoció la instalación de bases militares durante la Guerra Fría poco después de la Guerra de Corea, la reciente crisis norcoreana generaba la posibilidad de que se rompieran esos acuerdos y se abriera una ventana de oportunidad en la que Estados Unidos apoyara la independencia de Cataluña para instalar en ellas sus bases militares. Game over España.

Por el camino de su argumentación aparecen judíos, protestantes, petróleo, la monarquía saudí y como contexto de fondo la III Guerra Mundial, que se parece a lo que yo llamo la Nueva Guerra Fría pero aparecen en ella China e India. También aparece el bulo de que el gobierno de Mariano Rajoy se gastó miles de millones en aviones F-35 para salvar a la industria aeronáutica estadounidense y así ganarse el favor del presidente Trump en el tema de Cataluña. Al final me entra la duda si estamos ante una parodia, un troll o un buen ejemplo de los brillantes análisis surgidos en Cataluña por aquellas fechas. Por comodidad, tras el tuit que abre el hilo he puesto el texto con algunas acotaciones, enlaces y correcciones ortográficas.

– Pactos de Madrid 1951-52 [se firmaron en 1953]. España recibe su Plan Marshall a cambio de 4 bases americanas para guerras con Corea después de perderla USA.
– 2016 Rajoy pide perdón a Trump por apoyar a la de Obama comprándo aviones [bulo] y asumiendo total de gastos de las bases
– 2018 Precariedad laboral [noticia de las protestas de los trabajadores de Rota]

-2017 Trump aparece con Rajoy en una rueda de prensa donde manda y ocupa el 99% del foco, con la concesión a España de decir que a él personalmente le gusta pensar en España como unidad.
-2017 21-D Silencio del gobierno americano respecto a la cuestión catalana y apoyo total de los medios americanos a los independentistas.

Si el nuevo enfrentamiento con Corea del Norte se cierra (que ya se está cerrando porque están ganando la III Guerra Mundial Rusia/Irán/China estrepitosamente), USA y UE reconocerán la Catalunya independiente u obligarán a un pacto de sedición. Si España no prolonga anualmente los Pactos de Madrid, USA pactará con Catalunya. Pondrá una base y la reconocerá como república con el sí del bloque Reino Unido, Israel y sus países satélites. Si no pacta, pactará Rusia con todo el bloque a favor Irán, China, Corea del Norte, Catar e India. Catalunya le ha hecho un jaque mate a España.

Mientras, los corruptos no hacen movimiento que no sea coge el dinero y corre: privatizan los servicio para precarizarlos y las ganancias en B mandárselas a cuentas en paraísos fiscales. Véase como ejemplo las bases americanas (del gobierno de Estados Unidos a gobierno de España, a privado a precario). En todo ese tema siempre sale el expolio al pueblo español y el convertir a la ciudadanía en esclavos a modo de producción china. Es una traición al pueblo en toda regla, ya que los beneficios de esta felonía los trasladan al extranjero para perpetuar el voto cautivo.

Este empobrecimiento sucesivo es neguentrópico: termina con la desaparición de España como nación, se acabará el chiringuito, el Cortijo está a punto de desplomarse. La población que sobreviva será porque se ha levantado milagrosamente contra la tiranía de la corrupción, o vendió propiedades y se fue de España. Es un genocidio contra la masa aborregada, a la que el pastor cortesano usa y desprecia. La corrupción está jugando al medio/corto plazo. Sabe que si sigue Trump se acabaron los Pactos de Madrid y el apoyo americano conseguido poniendo el culete Franco y renovado igual por Aznar. Cuando los americanos se den cuenta se acabó y para siempre.

La relación de España con el ahora bloque perdedor de la III Guerra Mundial es debida a Arabia Saudí, que es pez gordo en la pandi de los monarcas mundiales y posiblemente se alió con Juan de Borbón, por lo que Franco consideró a esta línea y no a la legítima. Que tenía también controlada con el casamiento de su nieta con el Duque de Cádiz.

Fijaos la perversión que se está desmoronando delante de nuestras narices:

– Arabia Saudita, monarquía absoluta, controla monarquías. Controla España a base de apoyo económico y de usar al yankee.
– El yankee controla al judío con Israel, odia a España por ser un antiguo imperio y por ser amenaza. Por ello obliga a ir contra Venezuela por tener de aliado a Arabia Saudita, que le vende el total de monarquías.

Oriente Medio, con quimeras por culpa de la hipócrita Arabia Saudita. Occidente, con quimeras por decisión americana. Oriente, controlado por Rusia e Irán. Los dos bandos odian a España que está en el perdedor, por la tortura muerte y expulsión de judíos, moriscos y protestantes.

Están jugando al corto plazo. Si Catalunya juega al medio plazo, ganará el reconocimiento mundial y se la rifarán como aliada los dos bloques y por supuesto Europa. Si lo juega bien, será una zona muy rica. Las variables de unión de estados, Internet, las renovables, las impresoras 3D y la nanotecnología han cambiado radicalmente las reglas del juego.

Podemos apreciar que el hilo de Carmen López emplea el típico estilo de los teóricos de la conspiración que te cuentan que el motor de la Historia es la pugna subterránea entre dos bandos muy polarizados y de cuyo conocimiento sólo tiene acceso un grupo selecto al que ella te invita a participar, haciéndote cómplice. Se trata de una guerra secreta y ancestral que se puede intuir en acontecimientos recientes. En el fondo, este tipo de teorías de la conspiración lo que trata es infundir ánimos en las filas propias: “no os preocupéis, nuestra causa no es pequeña, está en el centro de los grandes problemas del mundo, los grandes poderes están pendientes de nosotros, no desesperéis, nuestros líderes saben lo que hacen porque tienen un plan secreto”.

Otro estilo de gran análisis geopolítico surgido del Procés es el que realizó el escritor Xavi Boada Vila. En su caso nos ofrece un análisis geoestratégico, un género enriquecido durante el Procés gracias a tanto experto en asuntos militares. Nuevamente he copiado el texto que sigue al primer tuit, corrigiendo algunas erratas.

Analizando la situación catalana, España se encuentra en una encrucijada, porque no tiene suficiente ejército para controlar la región. Para ello necesitaría 230.000 soldados y en este momento solo dispone de 170.000. Siempre cabría la posibilidad de desmilitarizar Ceuta, Melilla, las costas de Canarias y el sur de España para enviar todas las tropas a Cataluña, pero la UE jamás apoyaría una intervención en la región catalana.

Suponiendo tal locura anterior, con una deuda del 140% y que España paga cada mes desde el BCE, esto sería un doble suicidio. Primero porque para la UE son tan europeos los catalanes como el resto de los españoles. Por tanto jamás apoyaría una intervención militar o guerra civil apoyando una de las dos partes. Y segundo porque desmilitarizando Ceuta, Melillla, Canarias y el sur de Andalucía, facilitaría una posible invasión marroquí. El rey de Marruecos desde hace años quiere entrar en la UE, pero su territorio está en África, pero si invade parte de Andalucía, comiéndose Ceuta, Melilla y Canarias, dentro de 50 años seguro que acabaría entrando en la UE.

Si España entrara en una guerra civil contra Cataluña, la UE no apoyaría tal intervención y Marruecos aprovecharía la desventaja española para invadir parte de Andalucía con el apoyo indirecto de Francia. Además Marruecos tiene un potente ejército y poca deuda. Si Marruecos invadiera España, al ser una guerra civil, la UE jamás apoyaría a España contra Marruecos. Tampoco la OTAN, ya que los catalanes merecen tanto la protección como el resto de los españoles. Finalmente si eso pasara, rizando el rizo, la deuda del 140% en pocos años podría llegar al 3000% o 4000%, sin la ayuda de nadie. Es por ello que estoy convencido que Cataluña se independizará sin más.

Lo que me llama la atención es que este hilo fue escrito en marzo de este año, cuando las pasiones políticas del 1-O estaban muy atrás. Así que plantear las dificultades de una intervención militar para “pacificar Cataluña” suena muy a destiempo, porque por aquel entonces ya nadie hablaba de los carros de combate Leopard entrando por la Diagonal. Por no hablar del uso de la violencia por parte de los independentistas, cuando son frecuentes los casos en que la visión de un convoy militar del Ejército de Tierra español por las carreteras catalanas les genera taquicardia. Mención aparte la invasión marroquí de Canarias y Andalucía como fantasía bélica.

Nuevamente tenemos la teoría de que fuerzas externas a España van a intervenir para zanjar la crisis catalana, partiendo del punto de vista de que la Unión Europea estará encantada de recibir con los brazos abiertos a la emprendedora Cataluña y deshacerse de la tercermundista España.

La verdad es que lamento no haber guardado más ejemplos de este tipo de fino análisis geopolítico. Pero para compensar, resulta que guardé análisis de signo contrario. Si unos estaban convencidos de que organizaciones internacionales como la Unión Europa iban a intervenir a última hora para rescatar a Cataluña, reconocer su independencia y acogerla en su seno, otros estaban convencidos de que poderes ocultos estaban trabajando desde el primer momento para romper España empleando las estrategias ya empleadas en las Revoluciones de Colores y las Primaveras Árabes.

La fragmentación de España y el sueño de la Großdeutschland

Hace años en Bilbao alguien me enseñó el mapa que publicó el Instituto Europa de los Pueblos. Le eché un vistazo y lo primero que me llamó la atención fue que Alemania aparecía expandida, tras absorber Austria y la Suiza germanoparlante. El semblante de quien me enseñó el mapa cambió cuando fruncí el ceño y dije “¿un poco nazi, no?”.

Desde entonces me he fijado que nunca falla. Siempre que me encuentro el sueño de una cercana y acogedora Europa de los Pueblos como alternativa a la fría e insolidaria Europa neoliberal de la austeridad y los burócratas, allí aparece en medio la Großdeutschland rodeada de paisitos.

Mapa vía deverdaddigital.com

 

Mapa vía argia.eu

 

Mapa vía Arabatik.

Vean la constancia del planteamiento. Alemania repetiría el Anschluss con Austria y desbordaría sus fronteras hacia las zonas germanoparlantes de Luxemburgo, Francia, Suiza e Italia.  Hablaríamos entonces de una Alemania de cerca de 100 millones de habitantes sin contrapeso en la Unión Europa, al quedar fracturadas Francia, Italia, España y Polonia. El caso de España es curioso, porque según algunos debería quedar reducida a Madrid, las dos Castillas, Cantabria, La Rioja, Extremadura y Murcia. Es decir, un país de menos de quince millones de habitantes si dejamos Canarias, que no aparece en los mapas. Esos quince millones son algo menos que los habitantes que tiene ahora Holanda.

Una Europa fragmentada alrededor de una Großdeutschland no sólo sería el sueño húmedo de un nostálgico de la Alemania imperial, sería un desastre que remataría la decadencia de Europa. En una Europa de paisitos, no habría ninguno capaz de poner en pie una división mecanizada o una flota de aviones de transporte estratégico. Tendríamos una colección de ejércitos de juguete condenados a mancomunar capacidades. Sin ningún país con recursos militares estratégicos, los medios comunes se verían infrautilizados ante cada episodio de falta de consensos políticos.

Ahora pensemos en España. Según datos del INE que recoge Wikipedia, en el año 2014 el País Vasco y Cataluña sumaban exactamente el 25% del P.I.B. español (18,9% + 6,1%). Imaginemos entonces que España perdiera de pronto el 25% de su P.I.B. A iguales gastos de defensa, España no tendría presupuesto para pagar el sueldo a uno de cada cuatro soldados y no tendría presupuesto pagar el mantenimiento de uno cada cuatro fragatas, cazabombarderos, blindados y helicópteros.

Vieja Paz Armada y Nueva Paz Armada (I)

Por tercera vez tengo el gusto de presentar en GuerrasPosmodernas.com una firma invitada que amplía las voces y perspectivas a la mía. Empieza a ser ya generalmente asumido que vamos hacia un orden internacional multipolar. Las características y el nombre de ese orden es lo que está en discusión. Así que la firma invitada de hoy, Fernando Geryón, plantea que el orden multipolar que se avecina guarda un paralelismo histórico con el período anterior a la Primera Guerra Mundial (la “primera globalización” de 1873-1914) y plantea las limitaciones del concepto Nueva Guerra Fría.

PARADIGMAS GEOPOLÍTICOS ANTERIORES

Si tuviésemos que comenzar a plantear la descripción del presente paradigma geopolítico habría que empezar por el principio: Los últimos dos siglos han sido los del predominio de la cultura anglo-sajona. En mayor o menor medida, y con todos los avances y retrocesos que se quiera, el liberalismo económico, la globalización, el parlamentarismo y las libertades individuales se han ido extendiendo por la mayor parte del planeta, bien en un pack conjunto (en el caso de los países más avanzados), bien en los aspectos económicos.

Durante el primero de esos siglos, el liderazgo mundial lo portó el Imperio Británico, que heredó la hegemonía oceánica española, y anuló la competencia continental francesa como premio conjunto por ser el gran vencedor de las guerras napoleónicas. A lomos del capitalismo industrial un país pequeño y poco poblado acabó por generar un crecimiento exponencial demográfico y económico con el que pudo alimentar la extensión de sus redes de dominio e intercambio como hasta entonces no se había visto. Esa irradiación del poder y la cultura británica generó un doble movimiento de atracción-repulsión a esa hegemonía creciente. El primero de ellos propició la primera globalización, a la que la Gran Guerra puso término. El segundo de ellos alimentó el antecedente decimonónico de la Guerra Fría.

El Gran Juego de Asia: El emir afgano Sher Ali Khan entre el oso ruso y el león británico.

Los británicos lo denominaron “el Gran Juego” y los rusos “el torneo de las sombras”. Un Imperio Ruso que se iba modernizando y entrando en la órbita de los poderes europeos dejaba sentir su enorme peso demográfico desde el Danubio a Canadá y desde las frías aguas árticas hasta el corazón de Asia. Justo en esta zona, la única en la que podían entrar directamente en fricción con los intereses británicos, se desarrolló durante las décadas centrales del XIX una sucesión de guerras interpuestas, invasiones y conquistas que terminó por delimitar de manera clara las áreas de influencia de ambos contrincantes. Los rusos acabarían por ser la potencia hegemónica en Asia Central pero fracasaron en su misión de bañarse en las cálidas aguas del Índico: Persia y la India se mantuvieron en la órbita británica y Afganistán acabó siendo el aislante entre ambas ambiciones.

El fin del Gran Juego vino determinado por la emergencia de Prusia en Europa, y de Japón en Asia, pero esto ya correspondería al siguiente paradigma geopolítico: La Paz Armada.

En dos décadas se produjeron varios hechos que propiciaron el cambio de paradigma:

1865: Victoria unionista en la Guerra Civil Americana. Los Estados Unidos terminan de dilapidar su herencia colonial y se plantan en la arena mundial como la economía más pujante del planeta con crecimientos sostenidos de dos dígitos. Los grandes avances del capitalismo se están gestando en sus principales centros urbanos.

1868: Fin del shogunato Tokugawa en Japón e inicio de la era Meiji. En pocas décadas Japón pasó de ser una nación aislada y anquilosada a ser una potencia industrial de primer orden. Su victoria naval sobre Rusia en 1905 pone fin a las ambiciones del Zar en Asia y le catapulta al puesto de aspirante a primera potencia regional.

1871: Restauración del Imperio Alemán tras la victoria en la guerra franco-prusiana. La aristocracia terrateniente y militarista de Prusia ejerce de argamasa en el mosaico germánico, que consuma en pocas décadas la reforma agraria y uno de los mayores despegues industriales de la historia.

1885: Fin de la conferencia de Berlín en la que se procede al reparto de África entre los poderes europeos. Invocada a instancias de Francia y Gran Bretaña, se pretende defender el status adquirido por estas potencias en la exploración del continente. Evitará un nuevo Gran Juego, pero dejará insatisfechas las ambiciones globales de la nueva Alemania.

En términos generales la mayoría de historiadores colocan al II Reich como el elemento definidor de la Paz Armada, bien ubicándola en fechas que le competen directamente (1871-1914), bien por considerarlo el principal poder en oposición al Imperio Británico. Desde esa perspectiva la Primera Guerra Mundial, supone el fin de ambos conceptos y da paso al siguiente paradigma.

Y es que ambas guerras mundiales, más el lapso de entreguerras, supone hasta el presente el período de mayor disturbio de la historia de la humanidad y la cuna de la mayoría de las constantes geopolíticas de nuestra era: Consagró el relevo americano dentro de la primacía anglosajona, aupó a Rusia a superpotencia mundial y al Comunismo como alternativa global al Capitalismo, consumó la decadencia de las potencias europeas occidentales, puso fin al mundo colonial y abrió la puerta para que Japón y extremo oriente concentraran la mayor parte del crecimiento económico planetario.

VIEJA GUERRA FRÍA Y NUEVA GUERRA FRÍA

Indudablemente hay elementos de confluencia entre la atmósfera que se respiraba en la segunda mitad del siglo XX y la presente como para querer denominar como Nueva Guerra Fría al paradigma actual:

Rivalidad política Occidente-Rusia: Desde la guerra de Georgia a la presencia rusa en Siria, pasando por todo el culebrón ucraniano, hemos visto como la tendencia “natural” a extenderse hacia el este de las instituciones occidentales han sido quebradas por la voluntad regeneracionista de un Vladimir Putin que pretende resucitar el Lebensraum soviético aprovechando sus recursos petroleros y gasísticos demandados por las principales economías euroasiáticas. Acaso el primer episodio fuese la ocupación del aeropuerto de Pristina tras la victoria de la OTAN en Kosovo…

Rivalidad armamentística Rusia-EE.UU.: Rusia tiene menos de la mitad de población que Estados Unidos (en el tramo juvenil poco más de un tercio), su economía es nominalmente 8 veces más pequeña, 5 veces si se calcula en paridad de poder adquisitivo, y su gasto militar apenas llega al 10% de su contrincante, pero pese a ello realiza un sobreesfuerzo presupuestario para mantener cierta paridad en determinados sistemas armamentísticos. Ello le permite no sólo poder salvaguardar su agenda regional de las injerencias occidentales, sino que se convierte en el primer proveedor de la “disidencia” antiamericana.

Respaldo ruso a los países que conforman el “Eje del Mal”: El fallido paradigma del Nuevo Orden Mundial contemplaba el aislamiento de aquellos países menos receptivos al dominio norteamericano. Una vez que la Rusia de Putin abandonó la convalecencia se ha convertido en socio deseado por cada uno de estos países que han encontrado en el pragmatismo ruso un aliado político en el Consejo de Seguridad de la ONU y un proveedor militar de primer nivel.

Protagonismo ruso en la articulación de un orden político alternativo al eje nordatlántico: Dentro del bloque de los BRICS, Rusia guarda una posición central entre China e India. Con la primera mantiene una fría cordialidad lubricada por la dependencia mutua en el suministro de hidrocarburos. Con la segunda se ha embarcado en importantes programas armamentísticos y comparte una agenda disjunta y complementaria. Ya no hay una rivalidad acusada entre Capitalismo y Comunismo, pero sí entre las tesis liberales del FMI y las premisas estatalistas de este segundo bloque.

Se podría decir que del mismo modo que la Segunda Guerra Mundial fue una reedicion recontextualizada de la Primera, esta Nueva Guerra Fría sería la continuación de la vieja. Sin embargo, en mi opinión, hay ciertas premisas mayores que me impiden aceptar el paralelismo entre ambas, o al menos, considerarlo menos intenso que el que supondría denominar a este período como Nueva Paz Armada.

Para empezar, la Guerra Fría emana de una guerra terriblemente costosa, algo que no ha sucedido en décadas. Durante sus primeros años fue más templada que fría; una U.R.S.S. que no se había desmovilizado mantenía unos recursos militares suficientes como para imponerse con comodidad a la agotada Europa de posguerra. Episodios como el bloqueo de Berlín o el inicio de la Guerra de Corea ejemplificaban el reto que suponía para Estados Unidos consolidar su hegemonía mundial pese a gozar del 50% del PIB mundial y el monopolio nuclear.

Precisamente la ruptura de este monopolio supuso el enfriamiento de ese enfrentamiento. Aún hasta mediados de los 50 EE.UU. podría haber afrontado una guerra abierta con la URSS dada su superioridad aérea que le permitía anular la capacidad nuclear soviética casi sin daños. Esa inferioridad irremontable en décadas motivó que los soviéticos concentraran sus esfuerzos en la tecnología de misiles. Fruto de ello fue el desarrollo del SS-6, primer misil intercontinental, que acabó con la invulnerabilidad americana, y del SA-2, primer misil antiaéreo soviético capaz de derribar aeronaves a gran altura, lo que en la práctica supuso su blindaje.

Pese a la asimetría económica y tecnológica, el resultado de una hipotética guerra abierta sería de empate (o mejor dicho, doble derrota) lo que motivó que se consumaran los principales ejes del nuevo paradigma. Se establecerían una serie de líneas de fallas que aislasen un bloque de otro y el desarrollo de la guerra sería de manera interpuesta en países no desarrollados.

Ahora bien, mientras que la U.R.S.S. ganó peso demográfico, económico y militar a lo largo de la mayor parte de la Guerra Fría, hasta convertirse en el tercer país más poblado, la segunda economía y las fuerzas armadas más numerosas, la Rusia actual apenas sobrepasa el estatus de potencia mediana y por más que tenga ciertas potencialidades que le permitan resurgir (recursos naturales, capacidad de absorber población colonizadora, calentamiento global…), no pasará de ese estatus en la medida en que otros países en vías de desarrollo la superen. En caso de establecer un paralelismo con la vieja U.R.S.S. este debería corresponderle más bien a China, y es en Asia donde está pista central del circo futuro.

Sí hay una cierta Guerra Fría entre EE.UU. (pero no Europa) y el régimen chino, pero las implicaciones salpican a tantos actores (India, Filipinas, Japón, la propia Rusia) que resulta difícil focalizar ese enfrentamiento y mucho menos prever su intensidad en 20 años. EE.UU ya no es esa joven y pujante economía de la posguerra, y caso de haber un adversario a China en el largo plazo sería la Unión India, que le superará en población en breve, se le acercará bastante económicamente, y se prepara para rivalizar con ella militarmente. Pero también este paralelismo resulta algo frágil dado la compleja geometría interna del gigante indostánico.

[Continuará en la segunda parte]

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Occidente y el imperialismo del que puede

El asunto resurgió otro año más con la celebración del 12 de octubre. Y me lo volví a encontrar en un tuit en español, que ahora no localizo, de alguien que afirmaba ser armenio. Decía que no había civilización más genocida que Occidente. Me llamó la atención esa persona porque en otro momento defendía que el cristianismo ortodoxo y el socialismo debían ser aliados. Se trata, por tanto, de alguien que percibe el mundo en términos en la Nueva Guerra Fría. Pero a eso volveremos luego.

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Alexander Zaldostanov (alias “El Cirujano”) líder de los “Lobos de la Noche”, una banda de moteros pro Putin. Vía Principia Marsupia.

Decía Samuel P. Hungtinton en El Choque de Civilizaciones que Occidente había llegado a dominar el mundo mediante el uso implacable de la violencia y que eso era un detalle que mientras en Occidente se pasaba por alto en el resto del mundo no. Inmediatamente a la mente vienen esos exploradores que desembarcaron en América, África, Asia y Oceanía, para someter violentamente a las poblaciones locales. La lista de imperios, reinos, civilizaciones y culturas que fueron cayendo y desapareciendo ante el avance por varios continentes de las avanzadillas de los imperios europeos debe ser bastante larga. Pero puestos a buscar la singularidad de Occidente, un debate viejo, dudo que esté en una maldad intrínseca. Por qué Occidente se impuso al resto de civilizaciones es una pregunta que Jared Diamond trató de responder en su libro Armas, gérmenes y acero. Diamond es un determinista geográfico que pone énfasis en la orografía y el clima. Según él, en Europa se produce la confluencia de un clima que permite el cultivo de cereales y la cría de ciertos animales (el caballo, la vaca, el cerdo, la cabra y la oveja). Esto permitió el desarrollo de la agricultura y la ganadería, así como la acumulación de excedentes que derivan en la especialización del trabajo y en una mayor complejidad política. A partir de ahí, Diamond añade que la geografía de Europa permitió la aparición de numerosos reinos independientes cuya competencia generó el incentivo para una carrera tecnológica y militar. Sería interesante debatir por qué en Europa se produjo la revolución científica de la Modernidad (de la publicación de la teoría heliocéntrica de Copérnico en 1543 a la publicación de los Principia de Newtown en 1687).

Carga del 21º de Lanceros en Ombdurmán. Entre ellos el teniente Winston Churchill.
Carga del 21º de Lanceros en Ombdurmán, del que formaba parte el teniente Winston Churchill. Cuadro de Edward Matthew Hale.

El desarrollo científico-tecnológico colocó a Europa por delante del resto del mundo hasta alcanzar la disparidad vista en momentos como la Batalla de Omdurmán (1898), donde el ejército anglo-egipcio sufrió menos de cien baja mortales frente a la cerca de decena de miles de muertos entre las filas mahdistas. El impulso de expandir sus dominios estuvo presente en innumerables imperios de los cuatro continentes. Del imperio asirio al mexica, pasando por los mongoles. Y no se puede decir que fuera de Occidente las expansiones territoriales estuvieran exentas de masacres, genocidios y destrucción de culturas, por no hablar del trato a los prisioneros de guerra. Uno de los episodios traumáticos de la historia árabe es la caída de Bagdad a manos de los mongoles en 1258. La pérdida de vidas humanas fue tan colosal como la destrucción de bibliotecas. Bagdad jamás volvió a ser un centro político relevante en el mundo árabe-musulmán. La expansión rusa hacia Sibiera incluye episodios clasificables como genocidio. Y décadas antes de ser sometido por el imperio británico, el reino zulú de Shaka en el África meridional se expandió a mediados del siglo XIX violentamente, devastando otros pueblos. El gobierno brutal y despótico del militarista Shaka llevó al magnicidio por parte de miembros de su propia familia.

20 años sin la Unión Soviética borraron de la imaginación colectiva la idea de una súper potencia que no fuera Estados Unidos, convertida en “hiperpotencia” al vivir desde la desaparición de un par competidor su “momento unipolar”. Estados Unidos encarnó el mal absoluto para varias generaciones de adolescentes que llegaron a la política en el mundo posterior a la Guerra Fría. Ni siquiera el 11-S motivó algo de simpatía en ciertos sectores de la población occidental. Así, tras el 11-S, Jean-François Revel escribiera L’obsession anti-américaine (2002) y Fernando Iglesias le dedicara al tema un capítulo titulado “El antiamericanismo, etapa superior del antimodernismo” en Twin Towers: El colapso de los estados nacionalesDe ahí que llegáramos a las teorías conspiranoicas del “trabajo interno” para seguir odiando a EE.UU. La ironía es que uno de las tesis de los argumentos conspiranoicos es que el gobierno Bush organizó el 11-S para tener una excusa con la que intervenir en Asia Central y Oriente Medio, cuando precisamente Bush había llegado al poder con una agenda más aislacionista que pretendía ser un golpe de péndulo al “intervencionismo humanitario” de Clinton. Luego, llegó Obama y su simple declaración de intenciones de dejar atrás la doctrina Bush le valió el más ridículo de los Premios Nobel de la Paz jamás concedido. La intervención en Libia en 2011 a regañadientes, arrastrado por Reino Unido y Francia, junto con las dudas en 2013 sobre intervenir o no en Siria, marcan los vientos de cambio en Washington. Los problemas del Gran Oriente Medio ya no podían resolverse de forma unilateral y por la fuerza. Por eso coincido con Juan Cole en fechar el cénit del imperio estadounidense en 2011.

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Paracaidista de la 173ª Brigada Aerotransportada en el norte de Iraq durante la invasión del país (2003).

La reciente reaparición en la arena global de países como Rusia y China nos permite ya vislumbrar cómo será un mundo “post uni-polar”. Más potencias en la arena no llevará necesariamente a un mundo más en paz gracias a los equilibrios y contrapesos. Cada cual usará la fuerza según sus capacidades y la impunidad que disfrute. El compartimento de China en Tíbet o de Rusia en Chechenia nos dan una pista de cómo se comportan los gobiernos de otras culturas. No esperen un comportamiento benévolo de unas potencias, que vuelven a asumir una naturaleza imperial, simplemente porque se trata de países ajenos a la “malvada” cultura occidental. Y los movimientos de Putin en Europa y Oriente Medio no son el resultado de una ruptura en la política exterior rusa o un enloquecimiento súbito del líder ruso. Rusia actúa porque por fin puede.

¿Tendrá Estados Unidos expertos internacionales en un futuro?

Después del 11-S recuerdo leer cómo en las universidades estadounidenses las facultades de estudios islámicos y lengua árabe habían estado en franca decadencia durante años. No eran estudios que atrajeran a muchos estudiantes y proporcionaran grandes ingresos a las universidades. Sin embargo, después de los atentados se dispararon las ventas de libros sobre Islam y yihadismo. Se disparó la demanda de expertos.

En 2009 David C. Engerman planteó en Foreign Affairs la falta que existía de un estudio institucionalizado del yihadismo, de la misma forma que durante la Guerra Fría se había financiado públicamente la existencia de cátedras y centros de estudios soviéticos. Hablé aquí sobre la proliferación en España de expertos de andar por casa cuando el terrorismo yihadista se convirtió en un asunto de gran interés público y la falta de una verdadera yihadología.

Este verano Charles King contó en Foreign Affairs como en 2013 el Departamento de Estado había cortado la financiación de su programa avanzado de lengua y formación cultural sobre Rusia y otros países ex-soviéticos. Después de reclamaciones y protestas fue recuperado este año pero con la mitad de presupuesto. Y ello en plena confrontación con Rusia en Europa Oriental. Significativamente el artículo se subtitula “por qué volando a ciegas es peligroso”. King presenta un panorama para los programas de humanidades y ciencias sociales en las universidades estadounidenses, lo que no cuesta imaginar tiene un impacto en la visión y comprensión del mundo en un país con una proyección imperial.

Más allá de ese problema de fondos, me dio por pensar el relevo generacional. Zbigniew Brzezinski nació en Polonia. Nunca hizo concesiones a pesar de lo impronunciable del nombre. Se casó con Emilie Beneš, sobrina-nieta de un presidente de Checoslovaquia pero nacida en Suiza. En cambio, Marie Jana Korbelová, nacida en la República Checa, se cambió el nombre a Madeleine y cuando se casó adoptó el apellido de su marido para ser conocida como Madeleine Albright. Tanto Zbigniew Brzezinski como Madeleine Albright eran hijos de diplomáticos que se vieron afectados por el ascenso del nazismo y la Segunda Guerra Mundial. George Friedman, por su parte, nació en Hungría. Su familia sobrevivió al Holocausto y logró llegar a Estados Unidos.

La de Brzezinski y Albright fue una peripecia personal donde la historia familia de sufrimiento a manos de potencias totalitarias, en una era en que Europa era un tablero geopolítico donde se jugaba abiertamente al poder duro, marcaron profundamente su visión de la politica exterior. Pero en los tiempos de la Nueva Guerra Fría será interesante ver si Estados Unidos sigue siendo ese país cuyos académicos e intelectuales son la referencia mundial y sus políticas unos implacabables estadistas.