Geopolítica de la crisis griega

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Álvaro Imbernón y un servidor hemos hecho un repaso a las cuestiones geopolíticas de fondo en la crisis griega para Passim.eu: “El contexto geopolítico de la crisis griega”. Hablamos del temor estadounidense a un acercamiento griego a Rusia, el papel que podría asumir Grecia en la pinza energética rusa sobre Europa, el interés de China en Grecia como parte de sus rutas comerciales y el impacto en las relaciones de la UE con los Balcanes que tendría una salida griega.

Recapitulando sobre la Nueva Guerra Fría

NuevaGuerraFríaV2.5El esquema gráfico de la Nueva Guerra Fría recibió bastante atención en Twitter y más de uno me hizo preguntas o comentarios que daban a entender que pensaba que se trataba de una mera especulación. Llevo tiempo escribiendo sobre el tema y creo que una relación ordenada de mis escritos puede servir de guía. No están ordenados cronológicamente sino de lo general a lo concreto:

La Nueva Guerra Fría (10 septiembre 2014)
Un esquema provisional de la Nueva Guerra Fría (29 enero 2015)
Confusión ideológica en la Nueva Guerra Fría (15 noviembre 2014)
La conexión euroasiática (17 septiembre 2014)
¿El comienzo del fin del “Imperio estadounidense”? (9 septiembre 2013)

Análisis por países:

Lo que está en juego en Siria (Sesión de Control, 27 mayo 2014)
¿Y si fuéramos hacia una nueva Guerra Fría con Irán? (6 abril 2006)
Voltairenet, la gran impostura (13 noviembre 2013)
¿Se posicionará Grecia en la Nueva Guerra Fría? (27 enero 2015)
La muerte del fiscal argentino Nisman en el contexto de la geopolítica de la Nueva Guerra Fría (19 enero 2015)
Mientras tanto, en Rusia… (2 febrero 2015)

Las Revoluciones de Colores y la reconfiguración del orden mundial (y 3ª parte)

[Tercera entrada de Guillermo Pulido, firma invitada. Aquí la primera parte y aquí la segunda parte]

Tal y como analizaba en un viejo post de uno de mis blogs de marzo de 2009, en el que escribía y analizaba sobre las relaciones de seguridad internacional de Occidente y Rusia, veo claro el enorme fracaso de la política internacional que ha habido desde esos años hasta hoy. Afirmaba al final del post que

De las conclusiones de lo que ahora se discute, se conformará el marco estratégico (o la ausencia “anárquica” del mismo) por el que se encauzarán las competiciones por el poder futuras. Algunas ya inminentes

Al final, ha sido la anarquía y el desorden, y no solamente en Europa, sino que en Extremo Oriente estamos en una situación igual o peor. La administración Obama no pudo llegar a los acuerdos estratégicos con Rusia que buscaba y que yo resumía en los cuatro apartados siguientes.

Los objetivos ideales rusos son fáciles de identificar.
1- Nivel de arsenales nucleares en relativa paridad a USA, pero superiores a resto de potencia nucleares.
2- Restringir las Defensas Anti-Misiles, tanto para USA y Rusia, como para el resto del mundo. Ello está enfocado a garantizar la capacidad disuasiva de las armas nucleares en todos los peldaños de la Escalera Nuclear.
3- Reequilibrar (hoy desbalanceado en contra de Moscú) el régimen de fuerzas convencionales en Europa.
4- Impedir que la OTAN y USA se expandan a su extranjero cercano.

La realidad verbal de esas amenazas lo encontramos en

Ucrania se va a desintegrar si entra en la OTAN, advierte representante ruso Dmitri Rogozin, embajador ruso ante la Alianza (…) El embajador reiteró el rechazo de Moscú a la ampliación de la OTAN al calificar de señal sumamente alarmante” el acercamiento de “una alianza política hostil” a las fronteras de Rusia.

El planteamiento ruso para las negociaciones es una aproximación holística al problema. Es decir, que se ha de discutir el conjunto de los problemas presentados en la actual ronda (y que señalaba Makarov). Rusia amenaza con no llegar a acuerdos en ninguno, si el resultado estratégico lo encuentra muy desfavorecedor. Desfavorecedor sería que dejaran libertad de acción a USA para que desarrollara su muy superior potencial si quisiera. La ausencia de un Régimen de Seguridad (ver uno y dos) está asociado a tensiones, inseguridad, carreras de armamentos y guerras.

Apartados 1 y 2 Armas nucleares y defensa antimisiles.Obama no ha podido llegar a tales acuerdos porque no ha seguido una aproximación holística y general, ha tratado de, por un lado, de reducir su armamento estratégico y reducir de forma drástica su defensa antimisiles para llegar a un acuerdo con Rusia, pero por otro lado, se olvidó de los aspectos balísticos de alcance intermedio, y del enorme desafío de la disuasión convencional y los misiles hipersónicos. En consecuencia los acuerdos han quedado en agua de borrajas, y en el proceso EEUU renunció a la enorme superioridad estratégica que podría haber conseguido si hubiera seguido una política militar similar a la de Bush y no a la de Obama. Básicamente EEUU no buscó la superioridad total sino la paridad con Rusia para alcanzar un acuerdo… y al final el acuerdo no ha servido de nada o de muy poco. El 8 de marzo Rusia amenazaba con comenzar a limitar la aplicación del START III.

Apartado 3 Armamento Convencional. Aunque Obama ha reducido de forma considerable su gasto militar (mucho más de lo que reflejan los presupuestos) reduciendo la capacidad operativa de las FAS americanas, Rusia no volvió al tratado FACE-CFE de armas convencionales en Europa, precisamente por temer una expansión de la OTAN en Europa y asegurarse un poder militar convencional suficiente para intervenir, invadir y disuadir cualquier tentativa occidental de expansión. Un miedo ruso que estas semanas hemos visto que estaba más que justificado (al ver como la OTAN rescataba su política de 2008 de la Declaración de Bucarest de expansión de la Alianza).

Apartado 4 Esferas de influencia. Por otro lado, no es posible llegar a acuerdos estratégicos y de equilibrio de poder con una gran potencia… cuando se hace una injerencia y agresión indirecta en la esfera de influencia de esa gran potencia. Eso es así porque sencillamente esa gran potencia buscará la forma de rearmarse y buscar su seguridad militar de forma unilateral para intentar salvaguardar su interés nacional. Tal es así, que el 8 de marzo Rusia amenazaba con comenzar a limitar la aplicación del START III.

La falta de una visión general a la vez que cabal por parte de las diferentes administraciones americanas ha llevado inevitablemente a Europa al borde de la guerra. No han tenido en cuenta los intereses de Rusia y ahora las relaciones que tanto buscó mejorar Obama, están cuanto menos rotas. Esto es ya la anarquía y cada una de las potencias va a lo suyo sin tener en cuenta a las otras, produciendo invasiones, crisis militares y presumiblemente una o varias futuras guerras limitadas por establecer el orden en Ucrania y el espacio exsoviético, así como (quizás) el despliegue de tropas aliadas en Polonia y las república bálticas.

Es un tipo de tragedia similar a la de Carter a fines de los 70. Aunque se quería llegar a acuerdos estratégicos y convencionales (tratados SALT-II y MBFR), la cuestión de los misiles intermedios (la misma que ahora vuelve a abrirse) y las agresiones indirectas promoviendo la democracia, Solidaridad en Polonia o la guerrilla en Afganistán, impidió tales acuerdos, desató una carrera de armamentos, provocó un golpe de Estado en Polonia, y un periodo de hostilidad internacional inédito que llevó la paranoia al Politburó y casi provoca la III Guerra Mundial. Y aunque tanto el imperio soviético como la esfera de influencia rusas me parezcan ilegítimas, hay que tener presente con realismo las consecuencias no deseadas de las políticas (dilema de la seguridad) que pueden llevar a guerras y crisis no deseadas o destinadas al fracaso.

Ante el empecinamiento ruso de sostener su esfera de influencia y la necesidad de instaurar regímenes autoritarios o semidemocráticos, tanto en Rusia como en los países de su esfera, se abren una serie de cuestiones sobre la sostenibilidad a largo plazo de la política rusa y sobre el orden mundial en su conjunto.

En Ciencias Sociales hay una ley que relaciona el desarrollo económico con la democracia. Es algo que está en el núcleo de la Teoría Sociológica Clásica y es, por ejemplo, el fundamento de las teorías de Karl Marx (al relacionar directamente el desarrollo económico moderno con el fin del feudalismo y sus restros del antiguo régimen con las revoluciones burguesas y democráticas) o de Max Weber (el espíritu del protestantismo y el capitalismo, etc). También es uno de los temas fundamentales de la Política Comparada, como en los estudios inaugurales de Seymour Lipset, Karl de Schweinitz Jr. o Barrington Moore Jr., o en los ya clásicos y de referencia como el de Samuel Huntington. Y aunque bien es cierto que  De Schweinitz y Barrington Moore analizan las vías alternativas de modernización económica y social con gobiernos no democráticos (fascismo y comunismo), no puedo pasarse por alto que Lipset y Huntington sí encuentran la existencia de un efecto umbral entre desarrollo económico y la propagación de los gobiernos democráticos, razón por la cual el mismo Huntington pudo explicar cómo desde los años de la década de 1970 hasta 1991 se había producido una ola democratizadora por el mundo, derribando al bloque soviético y haciendo desaparecer a la mismísima URSS. Uniendo todo esto a la Teoría de la Paz Democrática y a la inherente necesidad de recurrir a estructuras políticas antidemocráticas para sostener una esfera de influencia (por parte de RUsia), tenemos los puntos de apoyo intelectuales y teóricos para comprender lo que podría ser la reconfiguración de un nuevo orden mundial.

Pero vayamos por partes. Normalmente suele citarse a Lipset como el primer politólogo en establecer la correlación estadística entre desarrollo económico y democracia. Lipset retrotrae su argumento hasta a Aristóteles (la democracia requiere de ciertos requisitos de bienestar y equidad económica), para luego usar varios indicadores para medir el nivel de cuatro variables de desarrollo económico (la riqueza, la industrialización, el nivel educativo y la urbanización), y relacionándolos estadísticamente con lo que denominó democracias estables, democracias inestables, dictaduras estables e inestables, pudo finalmente afirmar que “el desarrollo económico capitalista (facilitado y fomentado en las áreas protestantes) creó a la clase burguesa, y juntos ambos factores actúan como catalizador y condición necesaria para la democracia”. Aunque no hay un consenso absoluto en la comunidad académica sobre dichas conclusiones, la mayoría de los investigadores aceptan la existencia de dicha ley de probabilidad que vincula democracia y desarrollo económico una vez se alcanza un grado medio en dicho desarrollo (conocido como efecto umbral), y que a medida que la renta y el desarrollo se incrementa la democracia será cada vez más estable.

No obstante, si ello fuera siempre así, no habrían existido los casos de la Alemania nazi o las Rusia soviética (ya que es solamente una ley de mera probabilidad). Aunque dicha correlación estadística es un logro de la ciencia social moderna, las excepciones no son para nada un tema baladí, ya que la diversidad ideológica entre países con gobiernos democráticos, de extrema derecha y comunistas, fue el meollo de todo el siglo XX “corto” (Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría). Además, tampoco podría dar cuenta del actual caso chino o ruso. Es ahí donde hay que sacar a relucir el a Barrington Moore y su excelente libro Los orígenes sociales de la dictadura y la democracia en el que da una brillante explicación de las razones de por qué en Alemania (uno de los países más desarrollados del mundo) o en Rusia no pudieron establecerse la democracias. Es un análisis con bastante raigambre materialista-marxista, ya que se fundamenta en el poder relativo de las distintas clases sociales, dijo que en Alemania (al igual que ocurrió en Japón) al haber una clase comercial e industrial relativamente débil, se conformó una coalición con las clases altas terratenientes y la administración real para tener controlados y dominados a obreros y campesinos, siendo esa la base para construir un Estado fuerte (y autoritario).

Moore explica que pueden haber casos, como los de Alemania (o la industrializada Rusia después de iniciada la revolución) en los que un Estado fuerte proporcione la estabilidad y legitimidad política para mantener un orden que sea compatible y permita el desarrollo económico. Aunque por otra parte, no pueden olvidarse los hallazgos que hiciera Lipset, así como la casi totalidad de los (posteriores) estudios de política comparada que estudian la relación entre democracia y desarrollo económico ( y que sí encuentran una relación positiva). Aquí se produce una evidente tensión entre ambas realidades (tendencia general a la democracia con la posiblidad de desarrollo con autoritarismo), tensiones bien explicadas en estos dos artículos (“Development and Democracy” ; “China´s Stubborn Anti-Democracy”), donde se da buena cuenta de cómo las actuales regímenes autoritarios luchan contra la propagación de la democracia centrándose en controlar y reprimir los “coordination goods” (derecho de libre asociación, prensa, reunión, etc).

Llegados a este punto, es cuando hay que reseñar someramente el trabajo de Samuel Huntington, La Tercera Ola. Huntington trataba de explicar el progresivo y constante incremento del número de democracias en el mundo desde comienzos del siglo XIX hasta 1991, dividiendo su propagación temporal en tres olas. Para explicar la tercera de las olas democratizadoras se basa en cinco proposiciones . Como bien indica el catedrático en sociología Enrique Gil Calvo en este artículo:

(La) Primera ola de instauración de las democracias liberales primitivas, entre 1828 y 1926, interrumpida por la primera contraola del fascismo de entreguerras, de 1922 a 1942.Segunda ola de democratizaciones impulsadas por el triunfo de los aliados en la II Guerra Mundial, entre 1943 y 1962, a la que siguió la segunda contraola de revoluciones tercermundistas y contrarrevoluciones golpistas de 1958 a 1975. Y tercera ola democratizadora propagada por las transiciones que se produjeron sucesivamente en el sur de Europa, en América Latina y en el este de Europa entre 1974 y 1989, que se quebró por la tercera contraola iniciada en la plaza de Tiananmen y proseguida por las guerras balcánicas, momento en el que Huntington publica su libro.

Las cinco variables para explicar la tercera ola son: 1) una crisis de legitimitdad galopante del régimen autoritario anterio, 2) niveles de crecimiento económico elevados en los años sesenta, 3) cambios en la doctrina y práctica dentro de la Iglesia Católica, 4) un cambio en las políticas de actores externos importantes y 5) un efecto demostración o bola de nieve en todo el planeta.

De estas cinco variables, Huntington destacó los puntos 3 (el factor religioso de los cambios progresistas introducidos por el Concilio Vaticano II), y 2 al indicar que si bien la vinculación entre desarrollo y democracia no es algo necesario, sí tiene una relación positiva, ya que el progreso económico genera una clase media con mentalidad abierta y proclive a simpatizar con las libertades que otorga la democracia burguesa. Como en los países católicos de América Latina y Europa se había alcanzado ya ese desarrollo de nivel medio y con sus fuerzas sociales prodemocratizadores consecuentes, era de esperar que el 75% de los países de esa ola fueran católicos.

Teniendo esto en cuenta, es normal que, como indicaban George DownsBruce Bueno de Mesquita en Development and Democracy, los dictadores vean el crecimiento económico tanto como algo útil como una trampa. Esto es aplicable tanto para las grandes potencias que tienen regímenes autoritarios (Rusia y China) como a los países que puedan caer dentro de su esfera, países que como explicaba al comienzo habrán de ser casi por necesidad también regímenes autoritarios (o como mucho democracias “neutralizadas” en política internacional como fueron Finlandia y Austria durante la Guerra Fría). Esa tensión entre desarrollo económico y democracia (que genera una clase social educada y urbana proclive a valores liberales y democráticos) con los regímenes autoritarios (o democracias no burguesas o limitadas), es la que aprovechan los movimientos inspirados por las teorías de Gene Sharp. Es la ventana de oportunidad de la política exterior americana para extender su influencia a medida que lo hace expandiendo la democracia burguesa. Como explica el geopolítico Nicholas Spykman, el interés natural de EEUU (World Island) es evitar que surja alguna potencia hegemónica en los bordes de Eurasia (Rimland), ya proceda desde el mismo borde (China, Alemania, Japón, etc) como desde la tierra corazón del centro de Eurasia (Heartland), es decir: Rusia

Como en el orden internacional de la posguerra fría 1) las esferas de influencia de las grandes potencias no están reconocidas mutuamente y pueden ser objeto de agresiones indirectas del estilo Gene Sharp, 2) los regímenes democráticos tenderán a aliarse con EEUU, UE, etc, y 3) los regímenes autoritarios de la esfera rusa son vulnerables y están a la defensiva por los fenómenos que explican Lipset y Huntington (y Sharp), se conforma el caldo de cultivo perfecto para las inestabilidades y la inseguridad internacional que describía en el epígrafe anterior. Esto es casi necesariamente así, porque mucho que se trata de llegar a acuerdos estratégicos con Rusia (o China) siempre va a haber un factor que vaya más allá del equilibrio del poder: la inestabilidad en las esferas de influencia.

Como es sabido, el orden mundial entre las grandes potencias (según el realismo político) se garantiza siempre que estas guarden cierto equilibrio militar entre ellas y respetando las esferas de influencia mutuas. El ejemplo ideal de todo ello fue la Guerra Fría en Europa, con sus sólidos bloques y un delicado equilibrio del terror y armas convencionales mediante una constante carrera de armamentos. Pero con el fin de ese orden (la no aceptación de EEUU de la esfera rusa) y del grillete ideológico del comunismo versus democracia burguesa, el esquema del realismo topa con las realidades y las ansias democráticas de los pueblos exsoviéticos, y si bien puede dar cuenta de por qué se produce estas inestabilidades y conflictos, no puede explicar por qué los actores se comportan de esa manera. Un comportamiento que a priori es difícilmente compatible con dicho esquema realista. En consecuencia, ya que tenemos que recurrir a la Teoría de la Paz Democrática para ello, entramos en el terreno intelectual propio Neocon (la causa de la inseguridad internacional no es el desequilibrio militar sino las diferencias ideológicas). Obama al haber intentado seguir una aproximación propia del realismo defensivo (algo que intentaba explicar en este post al comienzo de su primera presidencia) ha topado con realidades del existencialismo político. Hay un aspecto de valores que la política realista y “materialista” del que Obama no ha podido dar cuenta, y dando carta blanca a esas organizaciones de promoción de la democracia ha llevado a su política a un inevitable callejón sin salida. Su política exterior no ha estado en coherencia con las fuerzas sociales y políticas profundas que describen Lipset, Huntington o la Paz Democrática.

Como esas fuerzas están ahí y son ineludibles, hay que plantearse un último punto en las consecuencias que las Revoluciones de Colores plantean al orden mundial: China. Durante los primeros días de la invasión rusa de Crimea la postura china fue una incógnita, ya que aunque tradicionalmente ha estado en contra de toda injerencia, que apoyara a Rusia en este asunto parecía algo natural. Al final China parece que ha cambiado su política de no criticar las injerencias imperialistas. Básicamente las explicaciones de ese cambio se reducen a dos. 1) El temor a que dichas revoluciones se extiendan a lugares como el Tíbet o Sinkiang, y 2) que la misma China tenga que recurrir a establecer esferas de influencia con regímenes autoritarios o de democracia limitada como sería por ejemplo el caso de Taiwán. China ya no es una potencia asediada por Japón, EEUU o la Unión Soviética, su enorme crecimiento económico hace que ya no tenga que estar a la defensiva sino que comience a intentar establecer su propia esfera en los mares adyacentes a su costa (China se prepara para una guerra rápida y contundente contra Japón según James Fannell).

La conclusión bien podría ser que la crisis ucraniana podría solidificase la entente entre Rusia y China, comenzando una nueva época de relaciones internacionales tensas y de inseguridad, en el que por un lado estarían EEUU, Europa, Japón y otros países democráticos (y los no democráticos como Arabia Saudí que están dentro de su esfera), y por el otro Rusia, China y sus regímenes afines. El nuevo orden mundial no estaría basado en las diferencias entre civilizaciones como decía Huntington en El Choque de Civilizaciones, sino que como siempre ha ocurrido desde que la democracia consiguió proliferar, este sería un orden de base ideológico político (democracia contra autoritarismo), y el interés de Rusia y China sería el de hacer sobrevivir sus propios regímenes autoritarios así como establecer y mantener unas esferas de influencias también autoritarias.

Como colofón, dado que las esferas ya no podrán respetarse como se hacían en la Guerra Fría (porque EEUU no lo acepta y son muy vulnerables a las Revoluciones de Colores, olas democratizadoras, etc) y al ser los regímenes autoritarios de Rusia y China económicamente mucho más competitivos que cuando imperaba en ellos el comunismo, una estrategia de contención como la que preconizaba George Kennan ya no será posible. Las esferas son demasiado porosas, no se respetan… y no es previsible que esos regímenes colapsen económicamente (aunque sí que tengan recesiones, crisis de deuda, estancamiento, etc) en algunas décadas, tal y como era el plan a largo plazo de Kennan para contener a la URSS.

En consecuencia, la estrategia que ha de seguir EEUU, Occidente y el resto del mundo libre no es fácil de identificar, porque sus rivales ideológicos están profundamente enlazados con las economías del mundo libre. En mi opinión, el mundo se parecería bastante al anterior a 1914 pero con armas nucleares. Una economía mundial en el que se jalonan democracias y regímenes no democráticos, muy interrelacionadas económicamente, en paz armada, pero con la contención propia que tiene el arma nuclear, aunque tendente a la posiblidad de guerras limitadas para mantener las inestables esferas de influencia autoritarias o cuando China decida ampliar la suya.

Las Revoluciones de Colores y la reconfiguración del orden mundial (1ª parte)

[Primera entrega de Guillermo Pulido, firma invitada]

Esta es una historia de política de poder y agresiones indirectas, de grandes potencias y esferas de influencia, de democracia versus autoritarismo. Las Relaciones Internacionales tiene sus asuntos cumbre y más importantes en la política internacional, y la política internacional está dominada por las grandes potencias. Las grandes potencias para poder ejercer su poder más allá de sus fronteras, crean (entre otras cosas) esferas de influencia, en las que controlan (hasta cierto punto) los temas clave en lo militar e internacional. Las élites políticas de los países dentro de esa esfera no pueden ir contra los intereses de esas grandes potencias, y si así lo hicieran, esta tomaría represalias para persuadir de que sigan con esa actitud, o sencillamente intentará de derrocar ese gobierno y/o invadirá ese país. Los casos de la URSS en 1968 en Checoslovaquia, Hungría en 1956 y Afganistán en 1979, así como los de EEUU en Guatemala en 1954, Granada  en 1983 y Panamá en 1989, son paradigmáticos (como quizás también le ocurriese a Aldo Moro). En esa misma línea está la interpretación de la abortada invasión de Egipto en 1956 por Francia y Reino Unido, acontecimiento que pasó a la historia como la puesta de manifiesto de que esos países ya no eran grandes potencias.

La URSS era una gran potencia que rivalizaba por el dominio en Europa con la otra gran potencia de la posguerra: EEUU. Esto generaba un entorno y ambiente de Realpolitik y Equilibrio del Terror, por lo que cuando la URSS desapareció, dejó la impresión de que en Europa la política realista de grandes potencias, con sus correlatos de equilibrio de poder y esferas de influencia, había llegado a su fin. Pero dicha impresión no se ajustaba a la realidad. La Guerra Fría y la URSS pudieron disolverse pacíficamente gracias a la Cumbre de Malta y los Acuerdos de Belavezha. En Malta, hubo una especie de acuerdo (entre Bush y Gorbachov) para que la Europa del Este pudiese dejar de ser comunista y se disolviese el bloque oriental de forma pacífica a cambio de que la OTAN y EEUU no se expandiesen en esa zona. En Belavezha, Rusia, Biolorrusia y Ucrania (a lo que luego el resto de repúblicas soviéticas menos las bálticas se adhirieron) acordaron disolver la URSS a cambio de reconocer a Rusia como gran potencia y subordinarse en lo militar y lo político internacional a Moscú. En Belavezha, Rusia reconocía las fronteras y respetaba los asuntos internos de las repúblicas exsoviéticas a cambio de que esos países no se integraran en algún bloque ajeno a los intereses rusos, de lo contrario Rusia iría a la guerra y desgajaría esos países. Belavezha fue la base para la Comunidad de Estados Independientes, y es la piedra fundacional de la política exterior rusa desde 1991 hasta la actualidad. Por lo tanto, cualquier ilusión o apariencia de que en Europa se había llegado al fin de política de poder, estaba destinada a chocar con esa realidad. Y si bien en los primeros años de la Posguerra Fría tal ilusión pareció ser cierta por la debacle del Estado ruso, una vez este se recobró con Putin  en un entorno económico propicio (a la vez que la OTAN y la EU se han ido expandiendo al Este hasta las mismas fronteras de la antigua URSS), el subyacente e inevitable conflicto político y militar vuelve a emerger a la superficie al tener Rusia otra vez cierta capacidad para reivindicar sus derechos de gran potencia.

Como los intereses de las grandes potencias han de ser respetados por los gobiernos que conforman sus esferas, siempre habrá algún contenido antidemocrático y de imposición externa, ya que las poblaciones de dichas esferas no pueden votar hacer cosas en contra de los intereses de la gran potencia, o elegir a gobernantes que hagan cosas contra dichos intereses. Por lo tanto, y hasta cierto punto, dichas poblaciones han de aceptar cierto sometimiento (por lo menos en cuestiones militares e internacionales), y habrá una permanente dependencia hacia la gran potencia por parte de la élite de gobierno de esos países para estar en el poder, ya que dicha élite está hasta cierto punto alienada de sus propias poblaciones. El ejemplo por escrito perfecto de esto fue la Carta de Varsovia de 1968, lo que pasó a la historia como la Doctrina de la Soberanía Limitada de Breznev. Se quitó a la nueva élite encabezada por Dubček y se ponía una dependiente en última instancia de Moscú. Toda esfera de influencia tiene el aspecto dictatorial de ir imponer en última instancia el criterio de la gran potencia si sus intereses vitales se ven comprometidos. Esto explica, por ejemplo, la dependencia  mutua entre Lukashenko (o Yanukovich) y Moscú.

El único caso en la historia que va contra esa dinámica sempiterna es el de la OTAN, que si bien llegó a tener en su seno a democracias tuteladas o dictaduras y usaba la Red Gladio para la Estrategia de la Tensión, la gran mayoría de los países que integraban dicha esfera eran democracias, con poblaciones y/o élites que querían estar voluntariamente dentro de la OTAN, y que no harían nada que fuera radicalmente en contra de los intereses vitales de EEUU. Como explica la Teoría de la Paz Democrática, las democracias prácticamente nunca se hacen la guerra entre sí pero sí con las dictaduras, por lo que tras la Segunda Guerra Mundial la confrontación estaba servida de forma casi predestinada al dividirse ideológicamente el continente europeo. Mientras los países que quedaron en las zonas británicas y americanas fueran democracias, sus élites democráticas no tendrían que temer de EEUU o Reino Unido y sin embargo sí temerían un régimen político interno dictatorial comunista promovido por Moscú. Además la “paz democrática” induce a que no  problemas internacionales con EEUU (al ser democracia y con la que nunca entrarían en guerra) pero sí con la URSS (al ser una dictadura con la que tenían la posibilidad probable entrar en guerra). De ese modo y de forma natural, voluntaria, pacífica y democrática, se conformó la esfera de influencia americana en Europa (aunque EEUU tuvo que recurrir a métodos dictatoriales y violentos fuera de Europa para garantizar su esfera de influencia). Una vez acabada la Guerra Fría, los países del antiguo bloque del Este y la URSS al convertirse inicialmente en democracias, tenían por opción lógica y necesaria de política exterior unirse al bloque occidental, tanto por lo político que indica la paz democrática, como por mero interés económico (con la que Rusia jamás podía competir), hechos que Rusia no puede permitir si quiere seguir siendo una gran potencia con su propia esfera de influencia

En resumen, si Rusia quiere enfrentarse a una gran potencia democrática (Estados Unidos) así como también a potencias medias democráticas (Francia, Alemania, Polonia, etc) no puede ser ella una democracia (plena), de la misma manera que para imponer a ciertos países (quieran o no) una esfera de influencia, ha de recurrir a sostener gobiernos que no sean democráticos, ya que si lo fueran querrían formar parte del superior bloque económico occidental (UE) así como gozar de su protección militar (OTAN).

[Continuará]

Ucrania y el transfondo geopolítico (2ª Parte): Ambiciones imperiales

Después de El Choque de Civilizaciones de Samuel P. Huntington, al que me referí en la primera parte, la otra gran obra estadounidense de los años noventa sobre geostrategia también aborda la cuestión ucraniana. Zbigniew Brzezinski, al igual que Huntington, planteaba en 1998 en El Gran Tablero Mundial  cómo la exclusión de Ucrania del área de influencia rusa haría de Rusia “una entidad más asiática y más distante de Europa” . Y al igual que en el libro de Huntington encontramos citas de personalidades rusas que tras la disolución de la Unión Soviética consideraba a la Ucrania independiente como un asunto pendiente y que Crimea algún día volvería a ser rusa.

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El imperialismo ruso de los noventa era un imperialismo impotente y frustrado. Brzezinski afirma que “Rusia no era lo suficientemente fuerte desde el punto de vista político como para imponer su voluntad y no era lo suficientemente atractiva desde el punto de vsita económico como para seducir a los nuevos Estados”. Precisamente en el año de publicación original de El Gran Tablero Mundial, Rusia sufrió un colapso financiero. Si cuando fue introducido el 1 de septiembre de 1995 el índice bursátil de valores rusos RTS arrancó con nivel 100, el 6 de octubre de 1997 había alcanzado la cota 571. Pero la crisis económica obligó al gobierno ruso en agosto de 1998 a devaluar la moneda, declarar un impago de las deudas nacionales y declarar una moratoria de pagos a los acreedores internacionales. En la primavera de 1999, mientras caían las bombas de la OTAN sobre Serbia, Rusia negociaba un préstamo con el Fondo Monetario Internacional. Rusia no pudo evitar la guerra de Kosovo por razones obvias.

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En ese contexto, Brzezinski plantea cómo Estados Unidos debía ocupar el vacío dejado por Rusia en el espacio ex-soviético basándose en las ideas de Mackinder sobre el corazón de Eurasia como bastión para la hegemonía mundial. Hay que recordar que Brzezinski nació en una localidad polaca, que hoy pertenece a Ucrania, en el seno de una familia aristocrática que se encontraba en Canadá en el momento del reparto de Polonia entre la Alemania nazi y la Unión Soviética. Su fijación por el espacio ex-soviético podemos decir que es altamente biográfica. Pero aunque su visión es descarnadamente imperialista, hay que entender la otra parte de la ecuación: Por qué los países de Europa Oriental huyeron de estar dentro del área de influencia rusa y buscaron activamente el paraguas de la OTAN.

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Hay un faceta de la Segunda Guerra Mundial poco conocida. A la invasión alemana de Polonia el 1 de septiembre de 1939 siguió otra soviética por el este. La invasión de Polonia, que dio comienzo a la Segunda Guerra Mundial, fue en realidad una invasión combinada nazi-soviética que respondía a las cláusulas secretas del Pacto Ribbentrop-Mólotov. El 30 de noviembre de 1939 la Unión Soviética atacó Finlandia y al año siguiente la Unión Soviética invadió Lituania, Letonia y Estonia, independientes desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Resulta evidente entender que la Unión Soviética aspiraba a recuperar las fronteras occidentales del imperio zarista bajo la excusa de la extensión de la revolución proletaria. Es habitual hacer referencias jocosas a quienes equiparan las políticas rusas actuales y las soviéticas, pero la realidad es que más que una continuidad entre el imperialismo soviético y el actual ruso podemos hablar sin matices de que la Unión Soviética asumió el imperialismo de la rusa zarista y por tanto de lo que hablamos es de una continuidad histórica del nacionalismo ruso.

Durante la Segunda Guerra Mundial la reacción de algunos pueblos ocupados por la Unión Soviética fue recibir a los invasores nazis como libertadores antes de sufrir en sus carnes el yugo alemán. Así, la Organización de Nacionalistas Ucraniana tuvo una relación con los ocupantes nazis que pasó por fases de colaboración y otras de enfrentamiento. Su líder, Stepan Bandera, es celebrado como héroe nacional en la Ucrania occidental y denostado por colaborador de los nazis por los ucranianos filorrusos. Ucrania había sido incorporada a la Unión Soviética en el contexto de la guerra civil rusa. Sea por los errores cometidos en la colectivización de las explotaciones agrarias, las sequías y las hambrunas provocadas como arma de represión, millones de ucranianos murieron bajo el régimen soviético a principios de los años 30. En Ucrania hay quienes consideran aquel episodio histórico, el Holodomor, como un genocidio. Así que, otra vez más, encontramos a Ucrania dividida en dos. Una nacionalista que recuerda a la Unión Soviética como un régimen genocida y otra filorrusa que reprocha a la primera los vínculos del régimen nazi de sus héroes históricos.

Marcha en Kiev el 1 de enero de 2014, día del 105º aniversario del nacimiento de Stepan Bandera.
Marcha en Kiev el 1 de enero de 2014, día del 105º aniversario del nacimiento de Stepan Bandera. La mujer del centro lleva su retrato.

En muchos países ocupados por la Alemania nazi hubo un flujo de voluntarios que engrosaron unidades de la Waffen-SS. Los estonios aportaron un batallón de voluntarios a la 5ª División Acorazada de las SS “Wiking” y tras un reclutamiento forzoso se creó la 20ª Dvisión de Granaderos de las SS (1ª Estonia). Uno de sus miembros murió el pasado mes de enero y fue enterrado con honores militares, participando el capellán general de las fuerzas armadas estonias. Se trataba de Harald Nugiseks, uno de los cuatro soldados estonios condecorado en la Segunda Guerra Mundial con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. Quienes exaltan a aquellos combatientes pasan por alto que combatieron en el bando de la Alemania nazi y señalan que se prestaron a combatir a la Unión Soviética en nombre de su país. Considerando que la guerra contra la Alemania nazi es un hecho crucial en la mitología nacionalista rusa del siglo XX, los homenajes a esos combatientes  se consideran una afrenta en Moscú. La acusación de neo-nazi es un elemento recurrente de la propaganda rusa, como vimos en la crisis con Estonia de mayo de 2007 o la guerra con Georgia en agosto de 2008.

El presidente georgiano Mijeíl Saakashvili comparado con Hitler en la propaganda rusa durante la Guerra de Osetia del Sur en agosto de 2008.
El presidente georgiano Mijeíl Saakashvili comparado con Hitler en la propaganda rusa durante la Guerra de Osetia del Sur en agosto de 2008.

En el caso de la crisis ucraniana encontramos que efectivamente existen grupos de ultraderecha de simpatías abiertamente filo-nazis entre la oposición que tomó recientemente el poder, como Sector Derecha y SvobodaAlberto Sicilia sobre el terreno contaba que tras convertirse el centro de Kiev en un campo de batalla mucha gente razonable ha preferido no jugársela y ha vuelto a su casa” y que los grupos de ultraderecha eran bienvenidos por ser lo más dispuestos a enfrentarse a la policía.

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La Unión Soviética entró en la Segunda Guerra Mundial en el mismo año y de la misma forma que los Estados Unidos: Por un ataque por sorpresa. Dado lo traumático que supuso la Segunda Guerra Mundial para la Unión Soviética, tras la guerra Moscú creó un colchón de países satélites que actuaran de escudo geográfico que le confiriera profundidad estratégica. Para ello estableció gobiernos afines en los países liberados por las tropas soviéticas y trasladó las fronteras de Bielorrusia, Ucrania y Polonia hacia el oeste. Como vimos en la primera parte, las fronteras occidentales de Ucrania terminaron incorporando territorios de Polonia, Checoslovaquia y Rumanía. Precisamente los territorios donde la población menos simpatías siente por Rusia.

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Tras la caída del comunismo, los países incorporados por la fuerza al imperio soviético se alejaron de Moscú en desbandada. Sólo Bielorrusia ha mantenido una relación privilegiada con Moscú, aunque no haya apoyado la invasión de Crimea. Armenia, por su parte, se ha mantenido como aliada por su necesidad de un valedor en el conflicto con Azerbaiyán. Con la incorporación a la OTAN de Lituania, Letonia, Estonia, Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Rumanía y Bulgaria, además de las alianzas de Washington con Georgia, Azerbaiyán y algunos gobiernos ucranianos, el antiguo escudo soviético que protegía Rusia se convirtió en lo opuesto, un “cordón sanitario” que aislaba a Rusia. En esa pugna, Ucrania está en disputa y es un premio mayor. Como Hungtinton y Brzezinski señalan, Rusia sin Ucrania queda más lejos de Europa y sus aspiraciones imperiales sólo pueden orientarse a Asia. Por dos veces movilizaciones populares apoyadas por Occidente han tomado el poder en Ucrania para establecer un gobierno hostil a Moscú. La ocupación de Crimea es un acto de fuerza que permite a Rusia salvar los muebles si se consolida el cambio de alineamiento de Ucrania. Le permite además conservar su principal base en el Mar Negro y desde la que proyecta poder naval hacia el Mediterráneo, justo cuando la guerra en Siria hace menos disponible la base rusa en el puerto de Tartus.

[Continuará]

Ucrania y el transfondo geopolítico (1ª Parte): La Fractura

En 1996 Samuel P. Huntington ponía a Ucrania en El Choque de Civilizaciones como ejemplo de país donde existía una división lingüística y religiosa que tenía reflejo en los resultados electorales. En las elecciones presidenciales de 1994 el país quedó fracturado en dos, con cada candidato obteniendo más de dos tercios de los votos en la mitad geográfica del país que representaba. Una división que se ha dado en todas las elecciones desde entonces.

Ukraine_historical_vs_electoral_19941Huntington planteaba varias hipótesis sobre la evolución de la fractura del país, siendo una de ellas la partición del país. Además señalaba Crimea como un foco de conflicto entre Rusia y Ucrania. Según Hungtingon la inclusión de Ucrania en el área de influencia rusa es vital para Moscú porque le permite crear un núcleo de países eslavos que le anclan a Europa.

Las raíces de la fractura son históricas. Como en el caso de otros países de Europa del Este, por ejemplo Polonia y Rumanía, las fronteras de Ucrania fueron trazadas absorbiendo de forma arbitraria territorios de otros países y desplazando todo el país más hacia el oeste al término de la Segunda Guerra Mundial. Así, Ucrania terminó incorporando territorios que habían pertenecido en algún momento de la primera mitad del siglo XX a Polonia, el Imperio-Austrohúngaro y Rumanía. Incluso en el extremo occidental del país existió al término de la Primera Guerra Mundial una efímera República Popular de Ucrania Occidental con capital en Lviv, donde la población era mayoritariamente polaco parlante y de fe católica, católica de rito oriental o judía.

Ukraine-growthLa mitad oriental del país también tenía un recorrido histórico significativo. La Rus de Kiev fue una federación de tribus eslavas que en su momento álgido se extendió del Báltico al Mar Negro y que llegó a tener a Kiev por capital, mucho antes de que Moscú fuera una ciudad importante. Su rey Vladímir I se convirtió al cristianismo ortodoxo a finales del siglo X, a partir de lo cual las tribus eslavas abandonaron el paganismo. Actualmente Rusia, Ucrania y Bielorrusia considera en el Rus de Kiev como cuna cultural y política de sus actuales estados. Así que podríamos decir que hay un elevado valor simbólico en la conexión entre la Ucrania oriental y Rusia.

Vemos por tanto la fractura este-oeste del país no sólo es lingüística, entre hablantes de ruso y ucraniano, sino que es también religiosa. Por un lado tenemos a los católicos, a los católicos de rito oriental y a los cristianos ortodoxos ucranianos mientras que por otro tenemos a los cristianos ortodoxos que profesan obediencia al Patriarca de Moscú. Así que la dos mitades del país son el resultado de dos tradiciones culturales bien diferentes: Una europea y otra ruso-eslava. Esa condición de frontera es lo que le dio nombre al país: “Ukraina” significa “frontera” en la lengua eslávica oriental antigua, igual que la región croata de Krajina, que marcó el límite de los imperios austro-húngaro y otomana.

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Pero hay una división de Ucrania aún más importante. La brecha entre la mitad occidental rural y la mitad oriental industrial. Las principales industrias del país se encuentran en Kiev y en las ciudades orientales de Donetsk, Mariupol, Zaporizhia y Járkov. Así, las oficina de diseño de Antonov se ubican en Kiev pero el fabricante de motores Motor Sich está en Zaporizhia, el fabricante aerospacial Yuzhmash está en Dnipropetrovsk y el fabricante aeronáutico KSAMC está en Járkov. La parte occidental, en cambio, es eminetemente rural. Esa diferencia en las actividades económicas tiene también reflejo en los ingresos de la población. La parte oriental es más rica con salarios más altos.

800px-Ukrainian_salary_mapEsa división también ha tenido reflejo en la política ucraniana. Recordemos cómo Yulia Timoshenko pasó de ser una exitosa mujer de negocios (y morena) a una candidata política rubia con estética de campesina gracias a una corona trenzada estilo “gretchen” que combinaba con vestidos decididamente folklóricos o evocadores de algo que podríamos llamar “gótico ucraniano”.

6a00d8341c630a53ef0168eb52e2fa970c-600wiTodo esto que hemos visto ha tenido su reflejos estos días, tras la creación de un gobierno provisional en Kiev que la parte más afín a Rusia del país no reconoce. En diversas localidades se han convocado manifestaciones de repulsa a lo que en la prensa rusa llaman un “pustch” y se han dado muestras de apoyo a Rusia en esta crisis. En algunas de esas localidades ha sido arriada la bandera ucraniana de edificios oficiales para izar la bandera rusa. El siguiente mapa refleja las ciudades donde eso ha sucedido. El ejercicio de contrastarlo con los mapas anteriores se los dejo a ustedes.

BhuS5OjCAAIaVAn.jpg large[Continuará]

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La nueva geopolítica del Gran Oriente Medio (un proyecto)

El pasado mes de diciembre de 2012 conté aquí un proyecto de libro sobre la transformación de Turquía que, en el estilo de Robert D. Kaplan, aunara un buen bagaje de lecturas con las observaciones sobre el terreno en un viaje por el país de punta a punta haciendo entrevistas a observadores relevantes de la realidad local. Es un libro que de haber tenido tiempo para prepararlo lo hubiera hecho gustoso yo mismo, pero no me importaría ceder la idea a otro porque es un libro que francamente me gustaría leer.

Luego, vinieron las protestas en el parque Gezi, síntoma de las contradicciones del desarrrollismo del país y el gobierno del AKP sacó su lado más feo. Ahora ese libro sería muy diferente. Trataría más de lo que Turquía pudo ser que de lo que es. Turquía era el modelo a seguir en Oriente Medio en los albores de la Primavera Árabe. Ahora perdura la violencia en Libia y Túnez, mientras que Egipto ha cambiado todo para volver al punto de partida. Mientras, en Siria, el gobierno del AKP apostó tímidamente por los moderados mientras Assad y los rebeldes más radicales recibieron ayuda decidida y abundante de poderes externos. La esperanza de Turquía de una victoria de los moderados quedó aplastada en una  guerra donde todos apostaron por los extremos. Tendrá que pasar tiempo antes de que el tablero de juego se aclare y el proyecto de libro sobre Turquía vuelva a poder hablar de perspectivas futuras. No es el único libro que tengo en la estantería mental de proyectos.

Llevo demasiado tiempo escribiendo aquí sobre Geopolítica, Asia-Pacífico y el Gran Oriente Medio, lo cual me ha alejado de hablar de las Guerras Posmodernas. Creo que es hora de pasar página y volver al camino que dio origen a este blog. Pero en esta incursión por la Geopolítica he ido acumulando unas cuantas ideas que igualmente podrían dar forma a un libro sobre “la nueva Geopolítica del Gran Oriente Medio”.

Halford Mackinder, padre de la Geopolítica Clásica habló del corazón de Eurasia como la región más importante del planeta. Consideraba que su condición de punto de partida de las repetidas invasiones de pueblos nómadas, de los hunos a los mongoles pasando por turcos y húngaros, que habían destruido civilizaciones en Europa, Oriente Medio e India lo convertían en una amenaza sobre Occidente que era inexpugnable por su lejanía del mar. Vimos que a la Unión Soviética le sirvió de poco, pero personalmente creo que el aérea estratégica de Eurasia se ha desplazado al sur, a lo que el gobierno Bush llamó “Gran Oriente Medio” en una iniciativa de 2004. Mi proyecto de libro arrancaría con una introducción a la Geopolítica Clásica explicando lo que es y no es, considerando que Henry Kissinger vulgarizó el término y ahora todo el mundo confunde Geopolítica con política internacional. Explicaría las ideas de Mackinder sobre la tierra corazón (“heartland”) y por qué Oriente Medio ocupa su lugar como área de interés estratégico primordial.

El concepto Gran Oriente Medio (Greater Middle East) lo acuñó el gobierno Bush, así que habría que explicar la importancia que ha ocupado Oriente Medio en la imaginación geopolítica estadounidense. Pero primero arrancaríamos en 1979, el año que puso todo patas arriba: Revolución Iraní, invasión soviética de Afgnanistán, Acuerdos de Camp David y el asalto a la Gran Mezquita de la Meca. Fueron esas turbulencias lo que llevó a Zbigniew Brzezinski a hablar del “arco de crisis”, un área que se extendía desde el Cuerno de África a Afganistán. Y también fue el origen de la Doctrina Carter, la abierta declaración de intenciones de que EE.UU intervendría militarmente en la región si alguien amenazaba el status quo en ella. Una clara alusión del infundado miedo de una expansión de la Unión Soviética en la región tras la invasión de Afganistán. A Zbigniew Brzezinski le debemos también el término “Balcanes Euroasiáticos” o “región de infiltración global de la violencia” para referirnos al área de inestabilidad surgido tras el fin de la Guerra Fría desde el Cuerno de África a Asia Central. Una región que coincide curiosamente con el área de responsabilidades del Central Command (CENTCOM) estadounidense antes de las última reformas.

El segundo capítulo dedicado a la imaginación geopolítica estadounidense terminaría, evidentemente, explicando el concepto del Gran Oriente Medio en los términos del gobierno Bush. Su idea era lanzar un paquete de medidas económicas y diplomáticas que impulsaran el desarrollo de los países árabes y su periferia en el contexto de la Global War On Terror. Era un evidente ejercicio para ganar “corazones y mentes” en el mundo musulmán. Pero lo interesante desde el punto de vista de la Geopolítica es como proponía redibujar los límites del concepto “Oriente Medio”. A los países árabes más Turquía e Irán venía a sumar los países del Magreb, Sudán, Somalia, Afganistán y Pakistán. Las repúblicas ex-soviéticas del Cáucaso y Asia Central quedaban añadidas como regiones vecinas de especial relevancia. Esa alteración del concepto tradicional de “Oriente Medio” llevó a que tras la intervención francesa en Mali se empezara a hablar si se trataba de otra crisis en el (Gran) Oriente Medio.

A partir de aquí entraríamos en los capítulos que abordarían las cuestiones geopolíticas, en sentido estricto. Esto es, analizar cómo la geografía incide en la política internacional.

Una primera cuestión geopolítica es el trazado de los ductos que unen las regiones productoras de hidrocarburos en torno al Mar Caspio con Europa. Hablamos de la política tras los trazados de los oleoductos BTC, South Stream y Nabucco. De cómo el objetivo de Occidente es evitar Rusia e Irán con trazados como el gasoducto a través del Mar Caspio que conectaría Azerbaiyán con Turkmenistán y posiblemente enlazaría con otras repúblicas centroasiáticas. Aquí destacaría el papel de Turquía y cobraría pleno sentido hablar de Eurasia, un término que parece reservado para hablar de Rusia y las repúblicas ex-soviéticas en el Cáucaso y Asia Central.

Caspio

Una segunda cuestión es la rivalidad por la hegemonía en Oriente Medio que un vistazo a un mapa del Golfo Pérsico permite intuir: Araba Saudita e Irán, los dos países más extensos, pugnan por ella. Es una lucha que ahora mismo se ha trasladado vía intermediarios a Siria. Sería necesario también destacar el papel activo que han asumido Qatar y Emiratos Árabes Unidos, así que sería más propio hablar de la rivalidad entre las petromonarquías del Consejo de Cooperación del Golfo e Irán. En términos geopolíticos estrictos sería cuestión hablar de la importancia del Estrecho de Ormuz como punto de estrangulamiento del comercio marítimo. Por su parte habría que hablar de las ambiciones nucleares de Irán, como parte de sus ambiciones hegemónicas y como reacción del régimen a su percepción de haber sido rodeado por Estados Unidos tras el 11-S (invasiones de Afganistán e Iraq, bases en Asia Central y el Golfo Pérsico).

Golfo

Tras estos dos capítulos quedaría hablar de Israel y su nuevo entorno estratégico, donde los enemigos estatales han dado lugar a amenazas no estatales provenientes de un estado débil como Líbano y un protoestado fallido como Gaza. Otro capítulo debería abordar el papel del yihadismo en la región como un actor no estatal fundamental. Esos dos temas son objeto de trabajos que esto elaborando y quedan en un terreno fronterizo a la Geopolítica, pero creo que es algo que traté de explicar en mi crítica a la Geopolítica Clásica. Cuando termine esos dos trabajos será el momento de plantearse si merece la pena lanzarse a escribir el resto. Creo que mientras los resultados de la “Post Primavera Árabe” (o “Invierno Islamista” si prefieren) sean inciertos y no concluya la guerra civil en Siria será prematuro emprender una aventura así. Y creo que es un trabajo excesivo para una sola persona. Así que ya saben, si hay algún experto en Turquía, el Cáucaso y Asia Central ahí fuera, algún apasionado de la geoplítica petrolera o algún estudioso de Irán que considere el proyecto interesante, estaría encantado de montar un equipo. Dicho lo cual, guardaré el proyecto en un cajón mental y pasaré página.