Las Revoluciones de Colores y la reconfiguración del orden mundial (y 3ª parte)

[Tercera entrada de Guillermo Pulido, firma invitada. Aquí la primera parte y aquí la segunda parte]

Tal y como analizaba en un viejo post de uno de mis blogs de marzo de 2009, en el que escribía y analizaba sobre las relaciones de seguridad internacional de Occidente y Rusia, veo claro el enorme fracaso de la política internacional que ha habido desde esos años hasta hoy. Afirmaba al final del post que

De las conclusiones de lo que ahora se discute, se conformará el marco estratégico (o la ausencia “anárquica” del mismo) por el que se encauzarán las competiciones por el poder futuras. Algunas ya inminentes

Al final, ha sido la anarquía y el desorden, y no solamente en Europa, sino que en Extremo Oriente estamos en una situación igual o peor. La administración Obama no pudo llegar a los acuerdos estratégicos con Rusia que buscaba y que yo resumía en los cuatro apartados siguientes.

Los objetivos ideales rusos son fáciles de identificar.
1- Nivel de arsenales nucleares en relativa paridad a USA, pero superiores a resto de potencia nucleares.
2- Restringir las Defensas Anti-Misiles, tanto para USA y Rusia, como para el resto del mundo. Ello está enfocado a garantizar la capacidad disuasiva de las armas nucleares en todos los peldaños de la Escalera Nuclear.
3- Reequilibrar (hoy desbalanceado en contra de Moscú) el régimen de fuerzas convencionales en Europa.
4- Impedir que la OTAN y USA se expandan a su extranjero cercano.

La realidad verbal de esas amenazas lo encontramos en

Ucrania se va a desintegrar si entra en la OTAN, advierte representante ruso Dmitri Rogozin, embajador ruso ante la Alianza (…) El embajador reiteró el rechazo de Moscú a la ampliación de la OTAN al calificar de señal sumamente alarmante” el acercamiento de “una alianza política hostil” a las fronteras de Rusia.

El planteamiento ruso para las negociaciones es una aproximación holística al problema. Es decir, que se ha de discutir el conjunto de los problemas presentados en la actual ronda (y que señalaba Makarov). Rusia amenaza con no llegar a acuerdos en ninguno, si el resultado estratégico lo encuentra muy desfavorecedor. Desfavorecedor sería que dejaran libertad de acción a USA para que desarrollara su muy superior potencial si quisiera. La ausencia de un Régimen de Seguridad (ver uno y dos) está asociado a tensiones, inseguridad, carreras de armamentos y guerras.

Apartados 1 y 2 Armas nucleares y defensa antimisiles.Obama no ha podido llegar a tales acuerdos porque no ha seguido una aproximación holística y general, ha tratado de, por un lado, de reducir su armamento estratégico y reducir de forma drástica su defensa antimisiles para llegar a un acuerdo con Rusia, pero por otro lado, se olvidó de los aspectos balísticos de alcance intermedio, y del enorme desafío de la disuasión convencional y los misiles hipersónicos. En consecuencia los acuerdos han quedado en agua de borrajas, y en el proceso EEUU renunció a la enorme superioridad estratégica que podría haber conseguido si hubiera seguido una política militar similar a la de Bush y no a la de Obama. Básicamente EEUU no buscó la superioridad total sino la paridad con Rusia para alcanzar un acuerdo… y al final el acuerdo no ha servido de nada o de muy poco. El 8 de marzo Rusia amenazaba con comenzar a limitar la aplicación del START III.

Apartado 3 Armamento Convencional. Aunque Obama ha reducido de forma considerable su gasto militar (mucho más de lo que reflejan los presupuestos) reduciendo la capacidad operativa de las FAS americanas, Rusia no volvió al tratado FACE-CFE de armas convencionales en Europa, precisamente por temer una expansión de la OTAN en Europa y asegurarse un poder militar convencional suficiente para intervenir, invadir y disuadir cualquier tentativa occidental de expansión. Un miedo ruso que estas semanas hemos visto que estaba más que justificado (al ver como la OTAN rescataba su política de 2008 de la Declaración de Bucarest de expansión de la Alianza).

Apartado 4 Esferas de influencia. Por otro lado, no es posible llegar a acuerdos estratégicos y de equilibrio de poder con una gran potencia… cuando se hace una injerencia y agresión indirecta en la esfera de influencia de esa gran potencia. Eso es así porque sencillamente esa gran potencia buscará la forma de rearmarse y buscar su seguridad militar de forma unilateral para intentar salvaguardar su interés nacional. Tal es así, que el 8 de marzo Rusia amenazaba con comenzar a limitar la aplicación del START III.

La falta de una visión general a la vez que cabal por parte de las diferentes administraciones americanas ha llevado inevitablemente a Europa al borde de la guerra. No han tenido en cuenta los intereses de Rusia y ahora las relaciones que tanto buscó mejorar Obama, están cuanto menos rotas. Esto es ya la anarquía y cada una de las potencias va a lo suyo sin tener en cuenta a las otras, produciendo invasiones, crisis militares y presumiblemente una o varias futuras guerras limitadas por establecer el orden en Ucrania y el espacio exsoviético, así como (quizás) el despliegue de tropas aliadas en Polonia y las república bálticas.

Es un tipo de tragedia similar a la de Carter a fines de los 70. Aunque se quería llegar a acuerdos estratégicos y convencionales (tratados SALT-II y MBFR), la cuestión de los misiles intermedios (la misma que ahora vuelve a abrirse) y las agresiones indirectas promoviendo la democracia, Solidaridad en Polonia o la guerrilla en Afganistán, impidió tales acuerdos, desató una carrera de armamentos, provocó un golpe de Estado en Polonia, y un periodo de hostilidad internacional inédito que llevó la paranoia al Politburó y casi provoca la III Guerra Mundial. Y aunque tanto el imperio soviético como la esfera de influencia rusas me parezcan ilegítimas, hay que tener presente con realismo las consecuencias no deseadas de las políticas (dilema de la seguridad) que pueden llevar a guerras y crisis no deseadas o destinadas al fracaso.

Ante el empecinamiento ruso de sostener su esfera de influencia y la necesidad de instaurar regímenes autoritarios o semidemocráticos, tanto en Rusia como en los países de su esfera, se abren una serie de cuestiones sobre la sostenibilidad a largo plazo de la política rusa y sobre el orden mundial en su conjunto.

En Ciencias Sociales hay una ley que relaciona el desarrollo económico con la democracia. Es algo que está en el núcleo de la Teoría Sociológica Clásica y es, por ejemplo, el fundamento de las teorías de Karl Marx (al relacionar directamente el desarrollo económico moderno con el fin del feudalismo y sus restros del antiguo régimen con las revoluciones burguesas y democráticas) o de Max Weber (el espíritu del protestantismo y el capitalismo, etc). También es uno de los temas fundamentales de la Política Comparada, como en los estudios inaugurales de Seymour Lipset, Karl de Schweinitz Jr. o Barrington Moore Jr., o en los ya clásicos y de referencia como el de Samuel Huntington. Y aunque bien es cierto que  De Schweinitz y Barrington Moore analizan las vías alternativas de modernización económica y social con gobiernos no democráticos (fascismo y comunismo), no puedo pasarse por alto que Lipset y Huntington sí encuentran la existencia de un efecto umbral entre desarrollo económico y la propagación de los gobiernos democráticos, razón por la cual el mismo Huntington pudo explicar cómo desde los años de la década de 1970 hasta 1991 se había producido una ola democratizadora por el mundo, derribando al bloque soviético y haciendo desaparecer a la mismísima URSS. Uniendo todo esto a la Teoría de la Paz Democrática y a la inherente necesidad de recurrir a estructuras políticas antidemocráticas para sostener una esfera de influencia (por parte de RUsia), tenemos los puntos de apoyo intelectuales y teóricos para comprender lo que podría ser la reconfiguración de un nuevo orden mundial.

Pero vayamos por partes. Normalmente suele citarse a Lipset como el primer politólogo en establecer la correlación estadística entre desarrollo económico y democracia. Lipset retrotrae su argumento hasta a Aristóteles (la democracia requiere de ciertos requisitos de bienestar y equidad económica), para luego usar varios indicadores para medir el nivel de cuatro variables de desarrollo económico (la riqueza, la industrialización, el nivel educativo y la urbanización), y relacionándolos estadísticamente con lo que denominó democracias estables, democracias inestables, dictaduras estables e inestables, pudo finalmente afirmar que “el desarrollo económico capitalista (facilitado y fomentado en las áreas protestantes) creó a la clase burguesa, y juntos ambos factores actúan como catalizador y condición necesaria para la democracia”. Aunque no hay un consenso absoluto en la comunidad académica sobre dichas conclusiones, la mayoría de los investigadores aceptan la existencia de dicha ley de probabilidad que vincula democracia y desarrollo económico una vez se alcanza un grado medio en dicho desarrollo (conocido como efecto umbral), y que a medida que la renta y el desarrollo se incrementa la democracia será cada vez más estable.

No obstante, si ello fuera siempre así, no habrían existido los casos de la Alemania nazi o las Rusia soviética (ya que es solamente una ley de mera probabilidad). Aunque dicha correlación estadística es un logro de la ciencia social moderna, las excepciones no son para nada un tema baladí, ya que la diversidad ideológica entre países con gobiernos democráticos, de extrema derecha y comunistas, fue el meollo de todo el siglo XX “corto” (Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría). Además, tampoco podría dar cuenta del actual caso chino o ruso. Es ahí donde hay que sacar a relucir el a Barrington Moore y su excelente libro Los orígenes sociales de la dictadura y la democracia en el que da una brillante explicación de las razones de por qué en Alemania (uno de los países más desarrollados del mundo) o en Rusia no pudieron establecerse la democracias. Es un análisis con bastante raigambre materialista-marxista, ya que se fundamenta en el poder relativo de las distintas clases sociales, dijo que en Alemania (al igual que ocurrió en Japón) al haber una clase comercial e industrial relativamente débil, se conformó una coalición con las clases altas terratenientes y la administración real para tener controlados y dominados a obreros y campesinos, siendo esa la base para construir un Estado fuerte (y autoritario).

Moore explica que pueden haber casos, como los de Alemania (o la industrializada Rusia después de iniciada la revolución) en los que un Estado fuerte proporcione la estabilidad y legitimidad política para mantener un orden que sea compatible y permita el desarrollo económico. Aunque por otra parte, no pueden olvidarse los hallazgos que hiciera Lipset, así como la casi totalidad de los (posteriores) estudios de política comparada que estudian la relación entre democracia y desarrollo económico ( y que sí encuentran una relación positiva). Aquí se produce una evidente tensión entre ambas realidades (tendencia general a la democracia con la posiblidad de desarrollo con autoritarismo), tensiones bien explicadas en estos dos artículos (“Development and Democracy” ; “China´s Stubborn Anti-Democracy”), donde se da buena cuenta de cómo las actuales regímenes autoritarios luchan contra la propagación de la democracia centrándose en controlar y reprimir los “coordination goods” (derecho de libre asociación, prensa, reunión, etc).

Llegados a este punto, es cuando hay que reseñar someramente el trabajo de Samuel Huntington, La Tercera Ola. Huntington trataba de explicar el progresivo y constante incremento del número de democracias en el mundo desde comienzos del siglo XIX hasta 1991, dividiendo su propagación temporal en tres olas. Para explicar la tercera de las olas democratizadoras se basa en cinco proposiciones . Como bien indica el catedrático en sociología Enrique Gil Calvo en este artículo:

(La) Primera ola de instauración de las democracias liberales primitivas, entre 1828 y 1926, interrumpida por la primera contraola del fascismo de entreguerras, de 1922 a 1942.Segunda ola de democratizaciones impulsadas por el triunfo de los aliados en la II Guerra Mundial, entre 1943 y 1962, a la que siguió la segunda contraola de revoluciones tercermundistas y contrarrevoluciones golpistas de 1958 a 1975. Y tercera ola democratizadora propagada por las transiciones que se produjeron sucesivamente en el sur de Europa, en América Latina y en el este de Europa entre 1974 y 1989, que se quebró por la tercera contraola iniciada en la plaza de Tiananmen y proseguida por las guerras balcánicas, momento en el que Huntington publica su libro.

Las cinco variables para explicar la tercera ola son: 1) una crisis de legitimitdad galopante del régimen autoritario anterio, 2) niveles de crecimiento económico elevados en los años sesenta, 3) cambios en la doctrina y práctica dentro de la Iglesia Católica, 4) un cambio en las políticas de actores externos importantes y 5) un efecto demostración o bola de nieve en todo el planeta.

De estas cinco variables, Huntington destacó los puntos 3 (el factor religioso de los cambios progresistas introducidos por el Concilio Vaticano II), y 2 al indicar que si bien la vinculación entre desarrollo y democracia no es algo necesario, sí tiene una relación positiva, ya que el progreso económico genera una clase media con mentalidad abierta y proclive a simpatizar con las libertades que otorga la democracia burguesa. Como en los países católicos de América Latina y Europa se había alcanzado ya ese desarrollo de nivel medio y con sus fuerzas sociales prodemocratizadores consecuentes, era de esperar que el 75% de los países de esa ola fueran católicos.

Teniendo esto en cuenta, es normal que, como indicaban George DownsBruce Bueno de Mesquita en Development and Democracy, los dictadores vean el crecimiento económico tanto como algo útil como una trampa. Esto es aplicable tanto para las grandes potencias que tienen regímenes autoritarios (Rusia y China) como a los países que puedan caer dentro de su esfera, países que como explicaba al comienzo habrán de ser casi por necesidad también regímenes autoritarios (o como mucho democracias “neutralizadas” en política internacional como fueron Finlandia y Austria durante la Guerra Fría). Esa tensión entre desarrollo económico y democracia (que genera una clase social educada y urbana proclive a valores liberales y democráticos) con los regímenes autoritarios (o democracias no burguesas o limitadas), es la que aprovechan los movimientos inspirados por las teorías de Gene Sharp. Es la ventana de oportunidad de la política exterior americana para extender su influencia a medida que lo hace expandiendo la democracia burguesa. Como explica el geopolítico Nicholas Spykman, el interés natural de EEUU (World Island) es evitar que surja alguna potencia hegemónica en los bordes de Eurasia (Rimland), ya proceda desde el mismo borde (China, Alemania, Japón, etc) como desde la tierra corazón del centro de Eurasia (Heartland), es decir: Rusia

Como en el orden internacional de la posguerra fría 1) las esferas de influencia de las grandes potencias no están reconocidas mutuamente y pueden ser objeto de agresiones indirectas del estilo Gene Sharp, 2) los regímenes democráticos tenderán a aliarse con EEUU, UE, etc, y 3) los regímenes autoritarios de la esfera rusa son vulnerables y están a la defensiva por los fenómenos que explican Lipset y Huntington (y Sharp), se conforma el caldo de cultivo perfecto para las inestabilidades y la inseguridad internacional que describía en el epígrafe anterior. Esto es casi necesariamente así, porque mucho que se trata de llegar a acuerdos estratégicos con Rusia (o China) siempre va a haber un factor que vaya más allá del equilibrio del poder: la inestabilidad en las esferas de influencia.

Como es sabido, el orden mundial entre las grandes potencias (según el realismo político) se garantiza siempre que estas guarden cierto equilibrio militar entre ellas y respetando las esferas de influencia mutuas. El ejemplo ideal de todo ello fue la Guerra Fría en Europa, con sus sólidos bloques y un delicado equilibrio del terror y armas convencionales mediante una constante carrera de armamentos. Pero con el fin de ese orden (la no aceptación de EEUU de la esfera rusa) y del grillete ideológico del comunismo versus democracia burguesa, el esquema del realismo topa con las realidades y las ansias democráticas de los pueblos exsoviéticos, y si bien puede dar cuenta de por qué se produce estas inestabilidades y conflictos, no puede explicar por qué los actores se comportan de esa manera. Un comportamiento que a priori es difícilmente compatible con dicho esquema realista. En consecuencia, ya que tenemos que recurrir a la Teoría de la Paz Democrática para ello, entramos en el terreno intelectual propio Neocon (la causa de la inseguridad internacional no es el desequilibrio militar sino las diferencias ideológicas). Obama al haber intentado seguir una aproximación propia del realismo defensivo (algo que intentaba explicar en este post al comienzo de su primera presidencia) ha topado con realidades del existencialismo político. Hay un aspecto de valores que la política realista y “materialista” del que Obama no ha podido dar cuenta, y dando carta blanca a esas organizaciones de promoción de la democracia ha llevado a su política a un inevitable callejón sin salida. Su política exterior no ha estado en coherencia con las fuerzas sociales y políticas profundas que describen Lipset, Huntington o la Paz Democrática.

Como esas fuerzas están ahí y son ineludibles, hay que plantearse un último punto en las consecuencias que las Revoluciones de Colores plantean al orden mundial: China. Durante los primeros días de la invasión rusa de Crimea la postura china fue una incógnita, ya que aunque tradicionalmente ha estado en contra de toda injerencia, que apoyara a Rusia en este asunto parecía algo natural. Al final China parece que ha cambiado su política de no criticar las injerencias imperialistas. Básicamente las explicaciones de ese cambio se reducen a dos. 1) El temor a que dichas revoluciones se extiendan a lugares como el Tíbet o Sinkiang, y 2) que la misma China tenga que recurrir a establecer esferas de influencia con regímenes autoritarios o de democracia limitada como sería por ejemplo el caso de Taiwán. China ya no es una potencia asediada por Japón, EEUU o la Unión Soviética, su enorme crecimiento económico hace que ya no tenga que estar a la defensiva sino que comience a intentar establecer su propia esfera en los mares adyacentes a su costa (China se prepara para una guerra rápida y contundente contra Japón según James Fannell).

La conclusión bien podría ser que la crisis ucraniana podría solidificase la entente entre Rusia y China, comenzando una nueva época de relaciones internacionales tensas y de inseguridad, en el que por un lado estarían EEUU, Europa, Japón y otros países democráticos (y los no democráticos como Arabia Saudí que están dentro de su esfera), y por el otro Rusia, China y sus regímenes afines. El nuevo orden mundial no estaría basado en las diferencias entre civilizaciones como decía Huntington en El Choque de Civilizaciones, sino que como siempre ha ocurrido desde que la democracia consiguió proliferar, este sería un orden de base ideológico político (democracia contra autoritarismo), y el interés de Rusia y China sería el de hacer sobrevivir sus propios regímenes autoritarios así como establecer y mantener unas esferas de influencias también autoritarias.

Como colofón, dado que las esferas ya no podrán respetarse como se hacían en la Guerra Fría (porque EEUU no lo acepta y son muy vulnerables a las Revoluciones de Colores, olas democratizadoras, etc) y al ser los regímenes autoritarios de Rusia y China económicamente mucho más competitivos que cuando imperaba en ellos el comunismo, una estrategia de contención como la que preconizaba George Kennan ya no será posible. Las esferas son demasiado porosas, no se respetan… y no es previsible que esos regímenes colapsen económicamente (aunque sí que tengan recesiones, crisis de deuda, estancamiento, etc) en algunas décadas, tal y como era el plan a largo plazo de Kennan para contener a la URSS.

En consecuencia, la estrategia que ha de seguir EEUU, Occidente y el resto del mundo libre no es fácil de identificar, porque sus rivales ideológicos están profundamente enlazados con las economías del mundo libre. En mi opinión, el mundo se parecería bastante al anterior a 1914 pero con armas nucleares. Una economía mundial en el que se jalonan democracias y regímenes no democráticos, muy interrelacionadas económicamente, en paz armada, pero con la contención propia que tiene el arma nuclear, aunque tendente a la posiblidad de guerras limitadas para mantener las inestables esferas de influencia autoritarias o cuando China decida ampliar la suya.

4 thoughts on “Las Revoluciones de Colores y la reconfiguración del orden mundial (y 3ª parte)

  1. Muy buen análisis. Pero te has olvidado de mencionar las democracias populistas que rechazan occidente y se alían con Rusia y China

  2. Me entra la risa floja con lo de las democracias y el mundo libre.
    Las democracias no son tales, son un truco de ilusionismo. EEUU es un estado profundamente autoritario, con la mayor población penitenciaria mundial, en su mayoria pobres y minorías raciales. Además de sus Guantámanos, ya sean en Cuba o Europa, y sus cárceles flotantes, donde no existen los juicios ni respeto a la dignidad humana. Los crímenes más horribles en el mundo actual, se comenten en las guerras de la OTAN, las directas o las delegadas, como Siria.

    Por no hablar del espionaje mundial que copta cualquier tipo de libertad por parte de los gobiernos supuestamente democráticos o la corrupción corroe hasta los cimientos a EEUU y sus aliados. Aliados que están secuestrados por la “libertad” que les ofrece EEUU. La misma Europa no tiene política exterior porque EEUU no la permite, está colonizada, son simples vasallos. Todas las bases de la OTAN en suelo europeo están bajo el mando de EEUU.

    La OTAN es la mayor organización criminal de la historia, con millones de cadáveres a sus espaldas a lo largo y ancho del mundo.
    EEUU es un estado canalla, es el auténtico enemigo de la paz mundial, ni China, Rusia e Irán juntos, suman tantos cadáveres como EEUU exportando “democracia” y “libertad”.
    Su brazo armado, la OTAN, es el auténtico enemigo de los pueblos.

  3. Creo que el principal problema teórico que presenta tu análisis es tu fe, injustificada, en la paz entre democracias. La pseudo-teoría defendida por la administración Clinton , y por los think thanks norteamericanos, de que las democracias no se hacen la guerra entre sí fue desmentida durante su propio mandato, cuando Yugoslavia (una democracia plena) fue bombardeada por la OTAN (un grupo de democracias) y luego desmembrada. Muchos de los estudios que defienden la falta de guerras entre las democracias se basan en muestras estadísticas amañadas que descartan conflictos bélicos cuando no hay bajas civiles o bajas militares mínimas, y no toman en cuenta casos particulares, excluyendolos por razones desconocidas: un ejemplo rampante es que Finlandia se alineo con los países del eje durante la Segunda Guerra Mundial contra las democracias occidentales, tales como Gran Bretaña y Estados Unidos. Otro ejemplo es el cambio de actitud frente a gobiernos que eran considerados democráticos antes y luego son tildados de autoritarios, como le sucedió a Alemania antes de la Primera Guerra Mundial y a Yugoslavia entre 1989 y 1999. Y como tu mismo señalas, las democracias pueden aliarse también con dictaduras, mira como los Estados Unidos defiende a monarquías como Bahrein, Arabia Saudí y Qatar.

    La verdad es que las democracias pueden cometer crímenes de guerra atroces, defender el colonialismo y exterminar poblaciones nativas en masa, convivir con la tortura y lanzarse en expediciones militares masivas para defender sus intereses. Los intereses políticos y económicos no deben subestimarse, al igual que la memoria histórica de los pueblos, que estalla en los momentos más conflictivos. El hecho de que las democracias populistas latinoamericanas prefieran aliarse con Rusia o China se debe a que estos países han experimentado de primera mano la bota militar de los Estados Unidos y los países europeos, causando que el resentimiento colectivo se convierta en uno de los eslabones principales que choca con la oposición a la alianza con las democracias industrializadas. Es el resentimiento al colonialismo y al neocolonialismo impuesto por las naciones democráticas avanzadas el que hace que democracias como la India prefieran aplaudir a Rusia que volver a experimentar las salvajes purgas y explotación de los anglosajones, o que Sudáfrica pida a gritos una reforma al consejo de seguridad de la ONU. Esta variable, que no has tomado en cuenta, puede convertirse en un faro que atraiga hacia sí los odios sectarios y el revanchismo histórico de los oprimidos contra Europa y los Estados Unidos, y que hace que los discursos anti-occidentales de Putin tengan un cierto eco en los países del tercermundo.

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