“El sueño eurosiberiano” de Jorge Verstrynge

Después de la Segunda Guerra Mundial, una parte de la ultraderecha europea renegó del nazismo y asumió que su futuro no pasaba por los partidos políticos sino por la influencia ideológica, la “metapolítica”. Aquellos movimientos europeos, en plena Guerra Fría, quisieron mantener una postura alejada tanto del capitalismo occidental como del comunismo soviético: la Tercera Posición. Por el camino, fueron desarrollando interés por movimientos políticos del Tercer Mundo como el peronismo argentino o el socialismo árabe. Así, llegamos hoy en día a la conexión siria de la ultraderecha española, que ve en el régimen de Bashar Al Assad un baluarte contra Israel y el yihadismo.

Jean Thiriart (izq.) y Aleksandr Dugin (centro). Foto vía El Gran Juego.

Uno de los personajes de esa renovada ultraderecha europea fue el belga Jean Thiriart, impulsor del movimiento paneuropeo Jeune Europe. Thiriart defendía, para enfrentarse al imperialismo estadounidense, la unión de una Europa que fuera de Galway, en la costa occidental de Irlanda, a Vladivostok, en la costa rusa del Pacífico. Tras la disolución de la Unión Soviética, Thiriart viajó a Moscú en 1992. Desembarcó en un país que vivía un vacío ideológico tras la caída del comunismo. Allí conoció a Aleksandr Dugin, que colaboraría poco después con Eduard Limonov para impulsar el Partido Nacional Bolchevique, los célebres “comunistas nazis” (nazbol). Thiriart murió en Bruselas poco tiempo después de su viaje, pero la semilla había sido plantada. Dugin terminaría por desarrollar la Cuarta Teoría Política, además de refundar el movimiento euroasianista.

Curiosamente el año en que Thiriart llegó a Moscú, Jorge Verstrynge publicaba El sueño eurosiberiano. El libro fue editado por el Instituto de Europa Oriental, que había contado con Raisa Gorbachova para su inaguración en 1990 en la Universidad Complutense de Madrid. Jorge Verstyrnge es posiblemente el único personaje del panorama intelectual español en el que mi interés por sus ideas es equiparable al desprecio que recibe. Se trata de uno de los autores españoles más influidos por aquel eclecticismo intelectual de la renovada ultraderecha europea. Hizo un repaso a aquellas corrientes en 2002 en el libro Rebeldes, revolucionarios y refractarios, que cuenta hoy con una segunda edición revisada y ampliada.

El sueño eurosiberiano es un libro escrito al calor del momento y está lleno de predicciones equivocadas que hoy resultan divertidas. Pero la idea de fondo del libro tiene implicaciones importantes, como veremos al final. El libro se puede leer no sólo como un análisis del momento, sino como un programa de política internacional. Sostiene Jorge Verstrynge que la caída de la Unión Soviética proporcionaba una oportunidad para que Europa cortara amarras con Estados Unidos y asumiera un papel autónomo en el panorama internacional.  Para ello, Europa tenía que asumir que el concepto de Occidente (que engloba a Estados Unidos) es una falacia y que de la alianza de Europa con Rusia podía salir un superpotencia que ocupara el lugar de la Unión Soviética. Verstrynge propone el eje Madrid-París-Berlín-Moscú. Esa Gran Casa Común Europea, concepto de Gorbachov, aunaría la tecnología de Europa occidental y las materias primas siberianas para crear un gran mercado poco dependiente de recursos externos que podría además englobar a los países árabe-mediterráneos. Esa unión sería posible y viable porque, según Verstrynge, Rusia es un país plenamente europeo. Curiosamente es una idea cuyo rechazo es central en el euroasianismo de Dugin. Además, Verstrynge plantea que “sin riesgo real y fundado de desmembramiento, se diga lo que se diga” (pág. 69) veremos que “[l]a URSS, con éste u otro nombre, sobrevivirá” (pág. 70). Sus argumentos son que Bielorrusia y Ucrania buscarían refugio bajo el ala rusa para protegerse de Polonia, país preso del fanatismo católico. Así que bastaba entonces que a Rusia se sumaran esos dos países vecinos y Kazajistán para formar una unión que conservaría el 90% de la población y el 80% del territorio de la Unión Soviética. Además, se planteaba en aquel momentos la ampliación de la entonces llamada de Comunidad Económica Europea. Verstrynge anticipaba efectos beneficiosos. La incorporación de países como Austria, Suecia y Finlandia, junto a la de los antiguos países comunistas de Europa del Este, alejaría a Europa de la OTAN y la llevaría a una posición de neutralidad geopolítica.

Además de la OTAN y el atlantismo, Jorge Vestrynge sostenía entonces que el neoliberalismo de los años 70 y 80 tenía los días contados. “[L]a historia dará, sin duda, cuenta del mito según el cual la llegada del “post-comunismo” equivale al triunfo, o meramente a la victoria, del capitalismo” (pág. 122). El espacio económico eurosiberiano no tendría que ser necesariamente proteccionista, pero sí autosuficiente. Las exportaciones tendrían cada vez menos peso en las economías, según la idea de las exportaciones como motor del crecimiento pasase de moda. El proteccionismo sería una idea defendida por Jorge Verstrynge en un libro de 2009.

La idea de una gran potencia eurosiberiana que rivalizase con Estados Unidos en un renavado orden bipolar era factible en el mundo descrito por Jorge Verstrynge porque Estados Unidos aparece como un país decadente y aquejado de problemas estructurales. “Ya se reconoce que, en la actualidad, USA está en plena recesión y decadencia económica” (pág. 38). El desfile de estadísticas de pobreza y delincuencia en el libro es buena prueba de que si uno escoge los datos que quiere, puede demostrar que un país está a punto de irse al garete. “[S]e multiplican las peticiones norteamericanas de ayuda europea” (pág. 40). Igual sucede con la recopilación de datos sobre producción industrial. La comparación favorable de la tecnología europea, del Arianne al Airbus, da idea de que el autor no estaba familiarizado con la pujanza tecnológica estadounidense de entonces. Me llamó la atención que la revolución tecnológica de la Sociedad de la Información, que estaba a la vuelta de la esquina, no aparece en el libro. Se mencionan también las grandes compras japonesas en Estados Unidos. Precisamente la novela “Sol naciente” de Michael Crichton, que recogía el temor de la invasión económica japonesa, salió publicada en 1992.

La visión de Estados Unidos que demuestra tener Jorge Verstrynge en el libro parece un perfecto reflejo de aquella época, cuando en España hablábamos de ese país sin tener la más remota idea y repetíamos mitos de barra de bar. Por ejemplo: “El sistema educativo es una hecatombe y, de las universidades, no llegan una docena a las que tienen un nivel equivalente a nuestro… COU” (pág. 24).  Cuando habla de la cultura estadounidense, suena como un cascarrabias europeo que dice cosas como “la cultura norteamericana (la cultura es lo que vertebra un país) está en caída libre” (pág. 26). Según Verstrynge, un síntoma de la decadencia cultural estadounidense es la exaltación que hace el cine de Hollywood de los gangsters, cuando no presenta a héores de pacotilla “como Rambo, Schwartznegger (sic), Indiana Jones, Cocodrilo Dundee, Batman o Supermán” (pág. 25). Además, según él, Hollywood nos proporciona “basuras” como “E.T.” e “Indiana Jones” (pág. 118).

La lectura de El sueño eurosiberiano 25 años después es una mera curiosidad. Se trata de un libro, como todos los del autor, escrito con un estilo embrollado por la habitual falta de un buen trabajo de edición. Aparte de las puntuales erratas, se pueden leer cosas como “numero de ogivas”, a pesar de que mi ejemplar es de la segunda edición. Jorge Verstrynge no acertó en casi nada. Estados Unidos se convirtió en la potencia hegemónica en un mundo unipolar. La Unión Europa está en cambio llena de problemas y hay más signos de decadencia social en Europa que en Estados Unidos. Rusia siguió un camino aparte asumiendo una identidad ajena a Occidente. La Unión Soviética se fragmentó y los intentos rusos de mantener su primacía geopolítica con organizaciones multinacionales no ha dado ningún fruto (desde la Comunidad de Estados Independientes a la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva). Los países ex-comunistas de Europa del Este resultaron los más furibundamente atlantistas. La economía japonesa pinchó. El Mediterráneo ha sido más muro que puente entre Europa y el mundo árabe. Entonces, ¿por qué es relevante El sueño eurosiberiano? Porque las ideas que el autor tomó de la ultraderecha francobelga inspiraron a ese bloque de partidos de ultraderecha que en el Parlamento Europeo vota junto con la ultraizquierda a favor de los intereses de la Rusia de Putin.

Jorge Verstytnge siguió un periplo por los partidos políticos españoles peculiar: arrancó en Alianza Popular, entró en el PSOE, asesoró a Izquierda Unida y su entrada en Podemos fue rechazada por las bases. Fue vetado por su postura sobre la inmigración. Tema, que dice Verstrynge, constituye la única gran diferencia entre Podemos y el nuevo Front National francés de Marine Le Pen, con el que se siente identificado. Y es que si acudimos al punto 327 del programa electoral de Podemos de 2016 leemos:

Buscaremos dotar de una mayor autonomía estratégica tanto a Europa como a España en el seno de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), para lo cual profundizaremos en la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) y en la Europa de la Defensa para afrontar las relaciones con nuestro entorno y las problemáticas globales desde una perspectiva exclusivamente europea. En este sentido, defenderemos neutralizar el papel desestabilizador de la OTAN en Europa del Este, congelar las fronteras actuales de la alianza y detener la instalación del escudo antimisiles en el este de Europa y el mar Báltico.

A medio plazo, apoyaremos la compatibilidad de la alianza con una arquitectura de seguridad paneuropea en la que participe Rusia, sobre la base de una reactivación de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).

El sueño eurosiberiano duerme ahí.

 

 

 

Lecciones de geopolítica para la fallida República de Cataluña

Los criterios que generalmente se emplean en derecho internacional público sobre qué constituye un Estado Nación se toman de la Convención de Montevideo, aunque yo como sociólogo prefiero emplear a  Max Weber. Vean por ejemplo esto que escribí en 2014: “Palestina como Estado fallido”. Cataluña cumplía los tres primeros requisitos: Población, territorio y gobierno claros y definidos. Después de la Declaración Unilateral de Independencia del viernes 27 de octubre sólo faltaba una cosa: reconocimiento internacional. Pasaron las horas y ningún país soberano reconoció la República de Catalunya. Nadie quería establecer relaciones bilaterales con el nuevo país. Pasaron los días y tampoco. Alguno sigue esperando.

Recuerdo cuando los tiempos que políticos de otros países europeos anunciaban que apoyarían la independencia de Cataluña. Juraría que más de uno de las repúblicas bálticas y otros países ex-comunistas cuya soberanía quedó limitada durante la Guerra Fría. Por evidentes razones de memoria histórica, esos países parecían dispuestos a acudir en ayuda de la futura naciente república catalana, ofreciendo el necesario reconocimiento diplomático que permitió el éxito de las declaraciones de independencia de países como Lituania o Eslovenia.

Pero lo que se sucedieron en las primeras horas tras la Declaración Unilateral de Independencia catalana fueron declaraciones oficiales de apoyo a la unidad de España. Sergio Maydeu Olivares se dedicó a recopilar esas declaraciones y compartirlas en su perfil de Twitter. Su criterio fue no hacer caso a declaraciones de políticos a la prensa, sino sólo compartir enlaces a las comunicados oficiales surgidos de los gobiernos. O en su defecto, enlaces a los tuits lanzados por los dirigentes de cada país. Repasé la lista desde el principio y entre los primeros gobiernos en manifestarse encontré algo curioso. Aparecían los países cercanos a España (Portugal, Francia, Italia y Marruecos), países hispanoamericanos y un tercer grupo. Se trataban de Noruega, Finlandia, Lituania, Letonia Estonia, Polonia, Ucrania, Rumanía, Moldavia y Kazajistán.

Me llamó la atención ese tercer grupo porque no son países que uno tenga en mente cuando piensa en los lazos fraternales e históricos de España. No recuerdo mucha literatura sobre la “tradicional amistad hispano-kazaja”. Pero el patrón me pareció evidente. Eran todos países preocupados por la Nueva Guerra Fría y la actitud de Rusia tras los acontecimientos de Ucrania en 2014. No es difícil imaginar la poca gracia que hace en esos países los movimientos separatistas, con el recuerdo presente de los “hombrecillos verdes” rusos en Crimea y la posterior acción rusa en Ucrania oriental. En esa lista de países, cada cual tiene su historial de problemas con Rusia, minorías rusas o ambos. Y no sólo hablo de los casos evidentes de las repúblicas bálticas o Kazajistán. Hablo de las conexiones con Rusia del nacionalismo en Gagauzia, la región de Moldavia.

Capítulo aparte merece el rechazo generalizado en Europa a un continente fragmentado en paisitos, lo que haría imposible el funcionamiento de la Unión Europea. Pero añadamos algo más que señalé en su momento y que más de uno tomó a guasa. España había mostrado claramente su compromiso en la defensa colectiva de las repúblicas bálticas. Primero, participando con cazas en el programa Air Policing de la OTAN. Y este año, participando con un destacamento mecanizado en Letonia el despliegue multinacional Enhanced Force Presence. Escribí sobre él en “Rumbo a Letonia. Y España entró en la Nueva Guerra Fría“. Aposté entonces que no veríamos reconocimiento diplomático alguno desde las repúblicas bálticas a Cataluña.

Las cabezas pensantes del Procès pasaron por alto las transformaciones geopolíticas en Europa en el contexto de la Nueva Guerra Fría. Marta Pascal, coordinadora del PDeCAT, decía el otro día que, el ver que no llegaban los reconocimientos diplomáticos, “ha generat una sensació de ‘ostres, què ha passat aquí’?” Alguien en Cataluña no hizo los deberes y la Generalitat se lanzó a un salto al vacío.

La fragmentación de España y el sueño de la Großdeutschland

Hace años en Bilbao alguien me enseñó el mapa que publicó el Instituto Europa de los Pueblos. Le eché un vistazo y lo primero que me llamó la atención fue que Alemania aparecía expandida, tras absorber Austria y la Suiza germanoparlante. El semblante de quien me enseñó el mapa cambió cuando fruncí el ceño y dije “¿un poco nazi, no?”.

Desde entonces me he fijado que nunca falla. Siempre que me encuentro el sueño de una cercana y acogedora Europa de los Pueblos como alternativa a la fría e insolidaria Europa neoliberal de la austeridad y los burócratas, allí aparece en medio la Großdeutschland rodeada de paisitos.

Mapa vía deverdaddigital.com

 

Mapa vía argia.eu

 

Mapa vía Arabatik.

Vean la constancia del planteamiento. Alemania repetiría el Anschluss con Austria y desbordaría sus fronteras hacia las zonas germanoparlantes de Luxemburgo, Francia, Suiza e Italia.  Hablaríamos entonces de una Alemania de cerca de 100 millones de habitantes sin contrapeso en la Unión Europa, al quedar fracturadas Francia, Italia, España y Polonia. El caso de España es curioso, porque según algunos debería quedar reducida a Madrid, las dos Castillas, Cantabria, La Rioja, Extremadura y Murcia. Es decir, un país de menos de quince millones de habitantes si dejamos Canarias, que no aparece en los mapas. Esos quince millones son algo menos que los habitantes que tiene ahora Holanda.

Una Europa fragmentada alrededor de una Großdeutschland no sólo sería el sueño húmedo de un nostálgico de la Alemania imperial, sería un desastre que remataría la decadencia de Europa. En una Europa de paisitos, no habría ninguno capaz de poner en pie una división mecanizada o una flota de aviones de transporte estratégico. Tendríamos una colección de ejércitos de juguete condenados a mancomunar capacidades. Sin ningún país con recursos militares estratégicos, los medios comunes se verían infrautilizados ante cada episodio de falta de consensos políticos.

Ahora pensemos en España. Según datos del INE que recoge Wikipedia, en el año 2014 el País Vasco y Cataluña sumaban exactamente el 25% del P.I.B. español (18,9% + 6,1%). Imaginemos entonces que España perdiera de pronto el 25% de su P.I.B. A iguales gastos de defensa, España no tendría presupuesto para pagar el sueldo a uno de cada cuatro soldados y no tendría presupuesto pagar el mantenimiento de uno cada cuatro fragatas, cazabombarderos, blindados y helicópteros.

Repensando el proyecto de libro sobre el Gran Oriente Medio

He perdido la cuenta de los proyectos de libros que me he planteado en los últimos años y terminé abandonando poco después. Alguno no pasó más allá de un guión muy detallado con los capítulos y epígrafes. Otros me consumieron tardes de lecturas tomando notas que llenaron cuadernos para sólo producir un primer capítulo que quedó a medias. Mi lección de todas esas experiencias es que nunca hay que empezar un libro por el capítulo introductorio donde establecemos el contexto. Mi proyecto de libro sobre el yihadismo en el Sahel me llevó a lecturas sobre clima y geología de la región. Me perdí por el camino. Ya aprendí la lección.

Uno de esos proyectos de libros era sobre la “nueva” geopolítica del Gran Oriente Medio. Y en otro error típico mío, no me propuse escribir un libro sobre un tema que tuviera totalmente controlado, sino que quise escribir un libro para contar lo que quería aprender del tema. Quería escribir sobre el papel de Turquía como pivote de la geopolítica de los hidrocarburos y quería escribir sobre la rivalidad Irán-Arabia Saudita. Pero luego la región no paró de vivir giros inesperados y el proyecto quedó definitivamente aparcado, como conté aquí en octubre de 2013.

En marzo pasado, durante un rato muerto en un viaje en avión, tomé un cuaderno de notas y rehice la lista de temas que tendría que tener un libro sobre la “nueva” geopolítica del Gran Oriente Medio. Me olvidé de la geopolítica de los hidrocarburos para centrarme en los cambios en la región tras la Primavera Árabe. Y luego marqué aquellos temas que ya había tratado en mis colaboraciones con la revista El MEDIO. Resulta que ya había escrito de buena parte de los asuntos que pensé debía cubrir el libro. Y así, la lista de los temas ausentes se convirtió en la lista de temas de los que voy a escribir próximamente, siempre que la urgencia de la actualidad no se imponga. Cómo no, uno de esos temas era Qatar.

Mi idea no es simplemente hacer una recopilación de textos. Sino usar mis artículos como base para el futuro libro. Habrá que explicar mejor algunos conceptos y algunos sobreentendidos, podré extenderme en algunos asuntos, añadiré un aparato bibliográfico, etc. La idea es que salga un librito de 150 páginas y fácil lectura. A continuación les presento el esquema general del libro con los artículos que he escrito para la revista EL MEDIO donde trato los temas a desarrollar en cada capítulo.

Introducción.

En la introducción quisiera explicar el concepto de Gran Oriente Medio y compararlo con el de “Balcanes Euroasiáticos” del recoentemente fallecido Zbigniew Brzezinski y la visión de Halford J. Mackinder sobre el corazón de Eurasia. Tendría que hablar de la retirada estadounidense de la región a propósito del “Pivot to Asia” proclamado en noviembre de 2011. Para luego hablar de la deriva islamista de la Primavera Árabe y de cómo los conflictos en Libia, Siria, Iraq y Yemen muestran la debilidad del Estado y la construcción nacional en los países árabes.

El Gran Oriente Medio y el corazón del mundo.

La retirada de Estados Unidos.

De la Primera Árabe al Invierno Islamista.

Crisis de los Estados árabes.

 

Fractura en la Casa del Islam.

En el capítulo más extenso quisiera hablar de las fracturas internas del mundo musulmán y de cómo la divisoria sunní-chií articula la rivalidad geopolítica de Irán y Arabia Saudita que se juega en tableros como la guerra de Siria y Yemen. Como dije antes, tengo mucho escrito sobre el Estado Islámico pero para este proyecto de libro lo más relevante es explicar cómo surgió, para disipar las teorías conspirativas, además de plantear los dilemas que se abren ante su derrota.

Fitna.

La rivalidad de Irán y Arabia Saudita.

Lo que está en juego en Siria (publicado en Sesión de Control).

Quién sostiene a Bashar al Asad.

Rusia en Siria y la alianza Moscú-Teherán.

La libanización de Siria (1).

La libanización de Siria (2).

El nada misterioso origen del Estado Islámico.

¿Qué será de Siria e Irak tras la derrota del Estado Islámico?

El Yemen y los límites del poder saudí.

 

Nuevos actores regionales.

Uno de los asuntos sobre los que más quise llamar la atención desde hace años era el creciente papel de países con una agenda regional propia a los que creo en España se les hacía poco caso. Por el camino Turquía vivió una deriva autoritaria que privó al mundo musulmán de un referente de democracia islámica. Mientras, que Emiratos Árabes Unidos y Qatar aprovecharon su riqueza para convertirse en actores que jugaban en una categoría mucho mayor a la que les correspondería por su tamaño geográfico y demográfico. Pero ya vemos cómo Arabia Saudita ha intervenido para cortarle las alas a Qatar.

Turquía ya no es el país del futuro.

Qatar y la crisis del Golfo.

La emergencia de Emiratos.

 

Israel.

Pasan tantas cosas en la región que ya podría prescindir de hablar de Israel en un libro que tratara los temas candentes en Oriente Medio. Pero Israel es un país al que presto bastante atención y sus dilemas estratégicos han cambiado. Su principal amenaza ya no es la potencia militar de sus países vecinos, sino los actores no estatales como HAMAS y Hezbolá. De fondo, tenemos que la amenaza común de Irán y el yihadismo está empujando a un acercamiento de los países árabes hacia Israel.

Ni paz ni territorios.

Palestina como Estado fallido.

La próxima guerra contra Hezbolá (1).

La próxima guerra contra Hezbolá (y 2).

Jordania y el ‘espléndido aislamiento’ de Israel.

 

La Gran Estrategia de los bombardeos de Rusia en Siria

Hoy traigo de nuevo a Willy Pulido, autor del blog Apocalipsis MAD, como firma invitada a Guerras Posmodernas.

Están circulando una desmesurada cantidad de informaciones en Internet que afirman que Rusia ha bombardeado más al ISIS en unos días que EEUU y aliados en un año. Sin quitar valor a la intervención rusa contra salafistas yihadistas, rebeldes e ISIS, lo cierto es que es falso que Rusia ha hecho más contra el ISIS que la coalición liderada por EEUU en el año precedente.

11059995_182786528722501_5471085710417938594_n

La inmensa mayoría de los ataques rusos, como se ve en la imagen, se dirigen contra opositores a Assad, mientras que contra el ISIS (área en rojo) son testimoniales. La coalición ha realizado miles de bombardeos durante el último año y poco, tal y como hemos visto en innumerables vídeos en las batallas en las zonas kurdas o durante la batalla de Tikrit o Baiji. Los bombardeos americanos fueron los que salvaron al ejército iraquí y las milicias chiíes de un fracaso estrepitoso en Tikrit y allanaron el camino a la conquista al ISIS de amplias franjas de terreno al norte de Irak y Siria.

Lo que sí se puede achacar a la coalición es haber tenido una estrategia de contención del ISIS y no de destrucción del mismo. Sólo hemos bombardeado en apoyo de limitados objetivos terrestres de kurdos e iraquíes, renunciando a una implicación terrestre que hubiese sido decisiva en arrebatar los núcleos de población al Estado Islámico. Confiábamos en que podríamos erigir unas fuerzas estatales en Irak que retomaran el terreno, pero tal pretensión se dio de bruces con la realidad de una guerra civil que impide tal cosa y hace que el gobierno se apoye en milicias. La estrategia de Obama, el liderar desde atrás, ha sido un fracaso absoluto certificado y reconocido por los propios analistas de inteligencia americanos.

El caso sirio ha sido más embarazoso todavía, ya que son múltiples los indicios de que han tenido que apoyarse mayoritariamente (EE.UU. y sus socios saudíes, turcos, etc) en una pléyade de yihadistas salafistas e incluso a Al-Nusra (con los sospechosos casos de milicianos que una vez en Siria se pasan a ese grupo de Al Qaeda).

Por contra, la intervención rusa, aunque mucho más modesta, sí está enmarcada en una estrategia y plan coherente para imponer un orden en la región y establecer unos parámetros de cuándo se ha ganado la guerra. El arco chií que va de Damasco a Teherán, pasando por Bagdad, tiene la suficiente coherencia y comunión de intereses para luchar en una alianza de índole confesional. Así como el interés ruso de mantener sus bases en el Mediterráneo y tener en Irán un socio geopolítico en el golfo que balancee a EE.UU. y suníes.

Por contra, la falta de liderazgo y mentalidad estratégica de Obama, ha hecho del bando sunní y occidental una auténtica jaula de grillos en el que cada uno va por su cuenta y sin tener comunión de intereses por perseguir objetivos distintos y conflictivos entre sí. El reciente apoyo de Egipto a la intervención rusa es la perfecta demostración de ello.

La falta de impulso y la persecución de objetivos decisivos por parte de Obama y occidente, ha dejado un vacío de poder que el dividido bando árabe/suní no es capaz de rellenar. Los intereses comunes y el liderazgo iraní y ruso sí tiene ahora la capacidad de llenar el vacío y construir un orden político. La única oportunidad razonable que tuvo occidente de prevenir lo que puede ser un desastre estratégico y geopolítico era: 1) haber impuesto una Zona de Exclusión Aérea y un bloqueo marítimo en Siria para impedir la llegada de refuerzos iraníes y rusos, opción que una vez Rusia termine de erigir su “burbuja A2/AD” en Siria será difícilmente inaceptable políticamente para cualquier gobierno occidental (opción que sí la escogió Arabia Saudí de manera preventiva y acertada en el caso de Yemen); 2) haber enviado unos cuantos batallones al norte de Irak (Mosul) para arrebatar el control de la ciudad al ISIS. De esa manera se habría desarticulado la posibilidad del actual eje de alauíes, chíies, iraníes y rusos, a la vez que se reducía hasta casi la insignificancia al ISIS.

Sólo la historia podrá responder el por qué Obama ha seguido una no-estrategia en Oriente Medio. Pero sea como fuere, lo cierto es que hemos servido en bandeja a Rusia e Irán (lo del acuerdo nuclear ya es de traca) un festín geopolítico, cuando hubiera sido relativamente sencillo negárselo.

Es por eso que Rusia apenas bombardea posiciones del ISIS, porque piensa estratégicamente y porque si todo es propicio (ya veremos cómo se suceden los acontecimientos), el Estado Islámico caerá como fruta madura al final de este largo y complejo proceso político-militar. Como dice Yuri Barmin del Russian Council: Rusia no podía permitir que se derrumbara el régimen de Assad y (además de perder sus bases) se construyera un mito respecto al poderío yihadista, generando un efecto llamada enorme a la yihad confluyendo miles de voluntarios a Oriente Medio que luego significaría una amenaza a Rusia en el Cáucaso y Asia Central.

Reconsiderando la Nueva Guerra Fría

Escribí “La Nueva Guerra Fría” el 10 de septiembre de 2014 casi partiendo de una intuición. Luego el 29 de enero de 2015 hice mi primera recapitulación en “Un esquema provisional de la Nueva Guerra Fría”. Establecido el marco conceptual, me dediqué a aplicarlo a asuntos como la muerte del fiscal Nisman en Argentina o el acuerdo de gobierno en Grecia. De paso, fui realizando recopilaciones de noticias quincenales en el Observatorio de la Nueva Guerra Fría, que ha alcanzado siete entregas.  Pero creo que ha llegado el momento de ir un paso más allá y empezar a darle mucha más solidez a todo este trabajo. Mi intención es que el resultado final sea un libro, librillo, ebook o lo que se tercie. Tengo ya un esquema de trabajo y 15.000 palabras. Pero, más allá de el resultado final sea algo parecido a un libro, creo que hay varios temas en los que incidir.

Guerra de Ucrania.
Hay mucho de lo que escribir sobre la Guerra de Ucrania. En el plano estrictamente militar hay mucho por escribir de lecciones aprendidas y guerra híbrida rusa. Además, se hace necesario un análisis en español de la implicación militar rusa en la guerra, que me parece es bastante desconocida por el público en general y pretendidamente ignorada por los simpatizantes españoles de Putin.

Geopolítica.
He sostenido que Rusia es el elemento aglutinador de un bloque de gobiernos nacional-populistas hostiles a Occidente e Israel. Creo que ya son sobradamente conocidos los vínculos de Rusia con los países del Eje de la Resistencia (Irán y Siria) y algunos de Hispanoamérica (Venezuela, Argentina, Cuba y Nicaragua). Por no hablar de los vínculos de Irán con Venezuela y Argentina. Pero habrá que estar atentos a partir de ahora, al mayor acercamiento entre Rusia e Irán tras el acuerdo nuclear. Sin ir más lejos, Fox News dice que Qassem Soleimani visitó Moscú hace poco. Podríamos ponerlo en duda o no. Pero ya tenemos otras noticias como la venta de sistemas rusos S-300 a Irán.

Últimamente me he interesado por cómo el Mediterráneo Oriental se ha convertido en uno de los tableros donde Rusia entra en disputa con Occidente. Álvaro Imbernón y yo escribimos “El contexto geopolítico de la crisis griega” para Passim.eu. Después de ese artículo ya en solitario escribí “La Nueva Geopolítica del Mediterráneo Oriental” para la Revista General de Marina, donde trato las relaciones de Rusia con Grecia, Chipre y Rusia. Del envío a la publicación en la revista transcurren normalmente meses, así que avisaré aquí si es aceptado y publicado. También he escrito para la Revista El Medio “Armas rusas para al-Assad”, que no debería tardar mucho en ser publicado. Creo que ya sólo me queda escribir sobre las relaciones entre Rusia y Turquía para terminar de cubrir el Mediterráneo Oriental.

Ideología.
Lo que diferencia la Nueva Guerra Fría de otras disputas geopolíticas en otras regiones del planeta es el papel de la ideología. Evidentemente no existe algo así como el “putinismo”, pero sí existen autores que son una referencia para Vladimir Putin y autores que aportan un marco ideológico a los intereses del bloque anti-occidental. De momento, los simpatizantes de esos marcos ideológicos están en la periferia política. Pero no por ello es menos interesante estudiarlos. Además, me parece importante ver la conexiones y simpatías de partidos políticos de la Unión Europea con Rusia.

Propaganda.
Dije en su momento que el bloque anti-occidental en la Nueva Guerra Fría se definía principalmente por negación. Y la realidad es que Rusia e Irán dedican más esfuerzos a deslegitimar a Occidente e Israel en sus órganos de comunicación que a adoctrinar ideológicamente. Hay, por ejemplo, publicados en inglés una enorme cantidad de análisis, estudios y reportajes sobre asuntos como las intoxicaciones informativas y  las factorías de trolls rusas. Creo que habría que explicar cosas como el caso “Spainbuca”,  la desinformación rusa sobre el derribo del vuelo MH17, las relaciones de Wikileaks con Rusia, etc.

Julian Assange entrevistando al líder de Hezbolá en su primer programa en el canal Russia Today
Julian Assange entrevistando al líder de Hezbolá en su primer programa en el canal Russia Today

Geopolítica de la crisis griega

Vladimir_Putin_and_Alexis_Tsipras_03
Álvaro Imbernón y un servidor hemos hecho un repaso a las cuestiones geopolíticas de fondo en la crisis griega para Passim.eu: “El contexto geopolítico de la crisis griega”. Hablamos del temor estadounidense a un acercamiento griego a Rusia, el papel que podría asumir Grecia en la pinza energética rusa sobre Europa, el interés de China en Grecia como parte de sus rutas comerciales y el impacto en las relaciones de la UE con los Balcanes que tendría una salida griega.