La compleja viabilidad económica de la agenda Trump (2ª parte)

Segunda entrega de la nueva colaboración de Fernando Geryón, como firma invitada.

RUSIA: EL MAL NECESARIO

No nos engañemos. Putin y Trump no se harán amigos del alma y Rusia y Estados Unidos no podrán compartir en el largo plazo agendas comunes. Lo impide el talante y la naturaleza del régimen ruso, y las obligaciones y responsabilidades que conlleva la hegemonía americana. Veremos más episodios de ciberataques, de espionaje; Rusia seguirá alimentando a cada partido o régimen que tenga el antiamericanismo en su hoja de ruta y realizará continuos movimientos tácticos para poner a prueba la capacidad de reacción de su adversario y sus aliados. La Nueva Guerra Fría seguirá su curso.

Lo que sí es posible es que a nivel personal tanto Trump como Putin puedan llegar a ciertas complicidades y alguna joint venture que vaya en beneficio de ambos. Rusia necesita a una América que enfoque su atención en Asia y contenga y ponga cortapisas al gigante chino, con quien comparte una larga y tensa frontera, y ante el que es vulnerable por su debilidad demográfica y su dependencia económica: Las ambiciones chinas en el Asia Central suponen un reto del mismo calibre que la fallida extensión de la OTAN a ciertas ex repúblicas soviéticas. Putin ha podido favorecer por los medios que ha tenido a su disposición la llegada de Trump al poder, y quizás esté haciendo lo mismo con Le Pen y otros. El magnate no es el presidente perfecto para la agenda putiniana, pero sin duda es uno conveniente a sus intereses actuales. Luego ya se verá…

Para Trump, el presidente ruso es un Jano bifronte que le permitirá tener a la vez un contrincante y un colaborador. Podría ser lo segundo cuando en el renacer de sus ambiciones geopolíticas y su afán proyectivo se ocupe de regiones y fenómenos que puedan ser de utilidad común. Para Rusia el islamismo es un problema que debe afrontar lejos de sus fronteras, debido a la sustancial población musulmana que vive en el espacio post soviético. La opinión pública rusa no es un molesto obstáculo para llevar a cabo todo tipo de intervenciones en el exterior, como se ha visto repetidamente estos años, y ciertas acciones conjuntas en ese menester gozarían de gran aceptación entre buena parte de los votantes republicanos.

Al mismo tiempo tanto a Rusia como a EE.UU. les conviene un precio del petróleo alto. La primera por la extraordinaria dependencia fiscal que tiene del oro negro. La segunda porque es el único modo de que el fracking, que confiere a la vez autonomía energética y aportes fiscales, sea rentable. Arabia Saudí lleva años sobrebombeando para mantener artificialmente bajo su precio y borrar dicha competencia, pero el coste que para sus arcas públicas está suponiendo pone a dicha estrategia una fecha de caducidad, máxime cuando varios de los principales ejes de tensión geopolítica pasan por sus fronteras. Un precio más alto fortalecerá a Irán, pero obligará a sus vecinos a contrarrestarlos a cambio de mayor inversión armamentística. Por ello la amistad americano-saudí permanecerá, como ya se ha podido comprobar con los primeros bombardeos sobre los hutíes en Yemen.

Pero fortalecer a Rusia no saldrá gratis. Putin ha demostrado tener la libertad de movimientos suficientes como para plantear jugadas muy agresivas en el ajedrez europeo. Partió Georgia y Ucrania cuando el viraje pro-occidental de sus gobiernos amenazaba con ampliar sus fronteras directas con la OTAN, por ejemplo. La carpeta de asuntos pendientes del dirigente ruso es gruesa y la capacidad, y sobre todo la velocidad, de reacción de los gobiernos europeos es muy limitada. Extender su influencia de Transnistria al resto de Moldavia, reorientar a un futuro gobierno serbio pro-ruso para reavivar el conflicto de Kosovo, hacerse más presente en el lado grecochipriota Chipre o desafiar a Suecia o Finlandia son movimientos que puede realizar sin poner a prueba los mecanismos de respuesta euroatlánticos. Plantear reclamaciones sobre el corredor a Kaliningrado o enardecer las aspiraciones autonomistas de las poblaciones rusas en las repúblicas bálticas, son bonos que se puede reservar para cuando quiera crear una tensión extra en la frágil arquitectura geopolítica europea.

EUROPA: EL RIO REVUELTO DONDE PESCAR

Durante décadas varios presidentes han contrapesado el ascenso de la UE con la asunción de la mayor parte del esfuerzo militar de la OTAN; contando con el paraguas nuclear de Washington, todos los países europeos disminuyeron drásticamente su gasto militar. Las grandes potencias como Reino Unido o Francia, seguras de que la fuerza restante sobraba para mantener a raya a una Rusia por entonces más dócil y debilitada, y deseosa de integrarse más en el mundo occidental. Los países más pequeños, conformes con hacer seguidismo de la política exterior de EE.UU. a cambio de su protección. A la Casa Blanca le bastaba con mantener en forma sus fuerzas armadas y sembrar cierta disensión entre los socios europeos, como obstaculizar el desarrollo de un ejército común o evitar una diplomacia unificada, y a cambio esa hegemonía en Occidente sería incuestionable.

El conservadurismo republicano ha sentido tradicionalmente poco afecto por la construcción europea y los valores sobre los que se asienta. Su sistema de gran arquitectura funcionarial que a través de directivas conduce a sus países integrantes hasta un modelo social-liberal radicalmente opuesto al ideal individualista americano supone un contraejemplo peligroso de desarrollo económico alternativo que ha ido calando cada vez más en el electorado demócrata. Al mismo tiempo un poder occidental que le supera en población, PIB y comercio internacional supone un riesgo evidente para su hegemonía a este lado de los Urales, de ahí su estrategia de debilitamiento.

En el escenario actual, Europa es sólo una pista secundaria del gran circo geopolítico mundial. Es en Asia, y es frente a China, donde se cuecen las habas, y el viraje a oriente de la política exterior norteamericana sumado a la década de sobrecarga fiscal de los países europeos, han dejado una Europa demasiado dependiente en lo militar del poderío americano, debilidad que ha alimentado las ambiciones de Rusia. El lema de hacer grande a América otra vez exige que la presencia en Asia sea incuestionable y que Washington apure sus últimos cartuchos históricos para evitar perder la hegemonía ante una nación 4 veces más poblada y de desarrollo industrial y tecnológico creciente. La capacidad de incrementar el potencial militar americano a cargo de los presupuestos es limitada dada la coyuntura económica actual por lo que el principal modo de contener a China será concentrando sus fuerzas allí y sacando ventaja de los ámbitos militares en los que Estados Unidos aún está por delante.

Con una Rusia refortalecida, unos ejércitos europeos esquilmados por años de recortes, y con el principal de ellos, el de Reino Unido, abandonando la casa común europea, Trump ha hallado el momento necesario para un replanteamiento profundo de la OTAN: O los países europeos incrementan su contribución de manera sensible o la gran potencia abandonará a los europeos a su suerte. Sea como fuere, el gasto militar de estos países tendrá que aumentar sensiblemente y ello no solo permitiría ese rebalanceo hacia oriente, sino que podría traer un beneficio extra.

Eurofighter español.

En la articulación de la industria europea de defensa han sido las premisas de recorte de gasto y aumento de sinergias las que han primado, por encima de consideraciones de aumento de fuerza. Ello ha supuesto que sólo algunos programas de armas han alcanzado la capacidad de cubrir las necesidades (ciertamente menguantes) de los países asociados. El Eurofighter Typhoon, por ejemplo, ha resultado un excelente caza de 4,5ª generación, superior en muchos aspectos a los modelos americanos y post-soviéticos anteriores y coetáneos, pero EADS ha sido incapaz de acometer el desarrollo de un caza de 5ª generación, algo que sí han hecho Rusia (asociada a India) y China, conformándose con participar en el desarrollo del F-35 americano, que acumula años de retraso, y retorna a la dependencia militar de la industria norteamericana. Otro ejemplo es el A-400M cuyo lento desarrollo está dejando desprovisto a sus participantes de una alternativa de trasporte aéreo pesado, hasta el punto de que Reino Unido tuvo que optar provisionalmente por comprar algunos C-17. Habría y habrá más ejemplos de esto con los helicópteros Tigre y Apache, con el Leopard y el M-1, etc.

La industria armamentística americana, a la que Trump está deseando favorecer, necesita fondos para sacar adelante proyectos de nueva generación, y en la medida que estos proyectos se implementen, el fondo de armario de las fuerzas armadas USA podrá servir para abastecer las necesidades de reforzamiento militar de Europa. Dado que en el Viejo Continente resulta cada vez más difícil incrementar la tropa por la falta de interés de la población, la mayor parte de ese gasto de reforzamiento iría a equipamiento y buena parte de este caería en manos de contratistas americanos, una de las pocas industrias del país que pueden generar inputs netos por su superioridad tecnológica.

Rusia dedica en torno al 4% de su PIB y el 0.5% de su población a armarse, es decir, en torno a 50-90.000 millones $ (dependiendo del precio del petróleo entre otros) y unos 600-700.000 soldados. Si los países europeos dedican el 2% de su PIB y apenas el 0.1% de su población, el gasto militar será de en torno al triple y el volumen de tropa será sólo ligeramente inferior. En el presente el gasto militar anual conjunto de la UE es de en torno a 220.000 millones y una subida al 2% exigiría un aumento de medio billón para el próximo lustro. Gran parte de ese dinero iría a consagrar la brecha tecnológica en lo armamentístico a favor de Estados Unidos, a generar externalidades positivas en otras industrias y servicios americanos, y en definitiva a recuperar puestos de trabajo en el sector industrial tanto en el corto como en el largo plazo. No sabemos si México pagará por el muro, pero es más que posible que Europa acabe de este modo financiando una parte de la reindustrialización prometida por Trump.

El aprovechamiento de Europa no acaba aquí. Con un precio de la energía más caro la competitividad de la industria europea declinará levemente aunque ese declinar podría ser sensiblemente mayor si Trump consigue por este y otros medios restar competitividad a la industria china, principal abastecedor de componentes a nivel mundial. Traer de vuelta la fabricación de esos componentes a Estados Unidos traerá empleo y encarecerá productos. Pero si el encarecimiento relativo es menor que el de los productos europeos, y Trump consigue suscribir acuerdos comerciales ventajosos bilaterales con Reino Unido y la UE, es posible que el mercado europeo pudiese compensar con sus compras una pérdida de competitividad en Asia y otros mercados. Es más que posible que la UE no dé concesiones de ningún tipo a EE.UU. en el contexto actual, pero lo que no sabemos es cuáles serán exactamente los miembros de la UE dado el vertiginoso avance del populismo antieuropeo en países como Francia o Países Bajos.

[Continuará]

Guerra de memes

Si las teorías conspirativas son el fenómeno cultura de la Nueva Guerra Fría, los memes van camino de convertirse en la unidad básica de propaganda. Posiblemente porque, lejos de los tiempos de la vieja Guerra Fría, la gente no está por la labor de elaborar un discurso político complejo sobre el imperialismo yanki, la teoría de la dependencia y los parias de la Tierra. Y además porque también vivimos en la era de los mensajes simples que puedan caber en un tuit.

Hoy me llamó la atención encontrarme la misma idea en Twitter. Y si bien siempre existe la casualidad, lo habitual en estos tiempos es que determinados memes (“Rusia ha logrado en una semana lo que Estados Unidos no ha logrado en un año”, “el Estado Islámico fue una creación de la CIA”, “la junta nazi golpista de Kiev”, etc. ) aparecen en muchos lugares a la vez porque alguien en una oficina ha creado un argumentario y luego toman vida propia como una bola de nieve.

Primero me encontré a “avelino julian” (sic) llamando “nueva División Azul” a la contribución española al despliegue de la OTAN en las repúblicas bálticas y dando crédito al bulo de que España iba a mandar el año pasado 4.000 militares. El bulo lo había tomado de un viejo conocido: Agenda Roja Valenciana, ejemplo de esta nueva generación de comunistas fans de Putin que publicó en su blog los siguientes carteles:

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Un vistazo al segundo cartel nos permite ver que los enemigos de su autor son la CIA, el FMI, la OTAN y los Rothschild (familia judía que aparece en las conspiranoias del Nuevo Orden Mundial). Si buscamos el primer cartel en Google encontramos que no ha tenido mucha difusión, pero resulta que la imagen fue compartida en Twitter por “Novorossiya” y retuiteada por “Patriota del 36”. Y también compartida en el blog Castilla Resiste, un blog dirigido a un público “social patriota, nacional revolucionario, falangista, carlista o nacional socialista” donde se habla del “genocidio blanco”. Desde luego, a estas alturas no nos debería sorprender que, a la hora de lanzar mensajes contra la OTAN y el “capital judío internacional”, comunistas y ultraderechistas son ya indistinguibles porque comparten causas. Véase el caso del PCE y el MSR apoyando a Bashar Al Assad. Pero me desvío.

El siguiente mensaje que me llamó la atención fue un artículo del canadiense Christopher Black donde dice que el despliegue  de la OTAN en Europa del Este “presagia operaciones de guerra híbrida contra Rusia dirigiendo a una guerra general”. A destacar cómo el término “guerra híbrida” se ha convertido en un cliché vacío. Pero lo llamativo es el título “Operación Barbarroja II”, una referencia al plan nazi de invasión de la Unión Soviética. Desde luego hay que ser muy cínico para comparar con una invasión un despliegue solicitado por Polonia y las repúblicas bálticas, países que la Unión Soviética se repartió con la Alemania nazi en el infame pacto Ribbentrop-Mólotov y luego invadió. Detalle este último que olvidan siempre los apologetas del Kremlin y su narrativa victimista. 

Así que se avecina una lluvia fina de artículos, reportajes, tuits, diatribas en muros de Facebook y memes en general comparando el despliegue de la OTAN en Polonia y las Repúblicas Bálticas con la invasión nazi de la Unión Soviética. Dará igual que la comparación histórica no se sostenga. Pero en Occidente siempre habrá un tonto útil para bailar al son de la música del Kremlin.

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“Winter is coming” de Garry Kaspárov

Winter is ComingAcabo de terminar de leer el libro Winter is Coming de Kaspárov, el que fuera campeón mundial de ajedrez. El título toma, evidentemente, el lema de la casa Stark de Canción de Hielo y Fuego. Pero, más que una advertencia de lo que nos espera en la Nueva Guerra Fría, se trata de un repaso de cómo hemos llegado hasta aquí desde el punto de vista personal del autor. El libro no es una obra académica ni lo pretende, poniendo su fortaleza en el hecho de que Kaspárov es ruso y ha sido un activista destacado en favor de la democracia en Rusia. Es un libro que se basa en buena parte en las experiencias del autor como ciudadano y activista, empeñándose en señalar que en Occidente se ha interpretado mal la realidad del país.

El libro arranca con un recorrido de cómo la democracia en Rusia se fue a la mierda. Y después de ver su visión me he quedado con ganas de más. Porque los relatos al uso se centran en el auge de Putin como la figura providencial que recogió los temores y frustraciones de la población rusa para instalarse en la cúspide del poder. Kaspárov no tiene palabras amables para Gorbachov, al que caracteriza como un personaje oscuro que hizo todo lo posible para aferrarse al poder, incluyendo liberar fuerzas que luego no controló. Kaspárov no le perdona la inacción de los servicios de seguridad soviéticos durante el progromo contra los armenios en Bakú en 1990.

Sin duda, el relato más interesante es el de los años de Yeltsin. Kaspárov reconoce que él mismo apoyó a Yeltsin como la opción menos mala frente al involucionismo de los comunistas. Pero critica especialmente a Occidente porque en la segunda mitad de los noventa miró para otro lado ante las violaciones de los derechos humanos en Chechenia y ante la contribución rusa al programa nuclear iraní. Kaspárov afirma que deberíamos revisar esos años para desmontar la actual narrativa victimista rusa porque Occidente apoyó económicamente a Rusia vía las instituciones internacionales y, por ejemplo, dejó en manos rusas el envío de fuerzas de paz a Asia Central. Supongo que se refiere a la intervención rusa en la guerra civil de Tayikistán. Kaspárov nunca lo menciona, pero creo que el comportamiento occidental se explica en la existencia de un cierto consenso sobre que Rusia era “too big to fail”. Considerando especialmente que se trataba de un país con armas nucleares, Occidente procuró contribuir a sostener los pilares del Estado ruso mientras en los primeros tiempos de la post Guerra Fría los Estado-Nación ex-comunistas saltaban por los aires en el Cáucaso, Asia Central y los Balcanes.

dt-common-streams-streamserverEl libro tiene una marcada segunda parte donde se recogen los años de Putin. El repaso a las carencias del régimen ruso en materia de libertades públicas y derechos políticos no nos toma por sorpresa a estas alturas. Véase los tres libros que reseñé en “Tríptico Ruso”. Tampoco nos pilla por sorpresa el relato de cómo el gobierno de Putin encarceló a los empresarios que osaron no seguir la línea oficial para además desmantelar sus empresas. Lo novedoso para mí del libro es que repasa las relaciones de Occidente con el Kremlin. Kaspárov presenta cómo algunos líderes occidentales pecaron de ingenuos, pensando que evitando confrontar las acciones del Kremlin estaban permitiendo que el sistema ruso se reformara. Por ejemplo, contrasta lo que personajes como George W. Bush y Condoleezza Rice dijeron mientras ocuparon cargos públicos y lo que contaron luego en sus memorias haciendo balance. Caso aparte es el de líderes como Silvio Berlusconi y Nicolas Sarkozy que nunca dudaron en hacer negocios con el Kremlin. Quien especialmente no queda nada bien retratados son Barack Obama y la Unión Europea, cuyas palabras vacías y gestos débiles quedan mal parados ante las sucesivas acciones del Kremlin.

La lectura del libro refuerza una idea que mantuve desde que empecé a escribir sobre la Nueva Guerra Fría. Que un país con el PIB de Italia desafíe a Occidente sólo es el resultado de la ineptitud y la inacción de Occidente. Kaspárov añadiría “cobardía” a esa lista. Del libro surge como un reaganita, añorando los tiempos en que el presidente de los Estados Unidos hablaba de promover la democracia y la libertad (algo que en los años no se aplicaba a los ciudadanos de dictaduras aliadas de Washington). Y añora que promover y defender valores haya desaparecido de la agenda política de los líderes occidentales. En cambio, todos estos años de diálogo y negocios con Rusia no ha contribuido a transformar Rusia un ápice. En esto habría que extender, añado yo, la reflexión a las relaciones de Occidente con las petromonarquías.

Me parece interesante la idea de Kaspárov de cómo Occidente ha interpretado al Kremlin a través de un reflejo de sí mismo, creyendo que el régimen de Putin responde a los mismos valores y estímulos. Kaspárov corrige diciendo que el Kremlin sólo habla el lenguaje del poder y que habría que presionarle donde más le duele: yendo a por la riqueza que el círculo del poder ruso tiene en Occidente y apoyando al gobierno de Kiev a derrotar a las fuerzas rusas en Ucrania. Siempre he pensado que si oficialmente no hay tropas rusas en Ucrania, ¿qué habría argumentando Putin en contra de la cesión de cientos de misiles Javelin al ejército ucraniano? Los libros del futuro no juzgarán benévolamente al presidente Obama, me temo.

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La Nueva Guerra Fría después de Donald Trump

Me han preguntado varias veces qué va a pasar con las relaciones de Estados Unidos y Rusia cuando Donald J. Trump asuma la presidencia. El guión dice que debería llegar a un gran acuerdo con su amigo Vladimir Putin y finiquitar lo que yo he venido en llamar la Nueva Guerra Fría. Esa es la teoría.

Calendario ruso celebrando la amistad ruso-estadounidense.
Calendario ruso celebrando la amistad ruso-estadounidense.

El 6 de enero la oficina del Director de Inteligencia Nacional de los Estados Unidos publicó un documento sobre las acciones rusas para influir en las pasadas elecciones estadounidenses. El informe recoge información de la CIA, el FBI y la NSA. En su página ii leemos:

We assess Russian President Vladimir Putin ordered an influence campaign in 2016 aimed at the US presidential election. Russia’s goals were to undermine public faith in the US democratic process, denigrate Secretary Clinton, and harm her electability and potential presidency. We further assess Putin and the Russian Government developed a clear preference for President elect Trump. We have high confidence in these judgments.
[…]
Moscow’s influence campaign followed a Russian messaging strategy that blends covert intelligence operations—such as cyber activity—with overt efforts by Russian Government agencies, state-funded media, third-party intermediaries, and paid social
media users or “trolls.”
 We assess with high confidence that Russian military intelligence (General Staff Main Intelligence Directorate or GRU) used the Guccifer 2.0 persona and DCLeaks.com to release US victim data obtained in cyber operations publicly and in exclusives to media outlets and relayed material to WikiLeaks.

Traté el asunto de Guccifer 2.0 y DCLeaks.com en mi primera colaboración con el blog Magnet en agosto de 2016. Ahora tenemos una confirmación oficial de que el hacker Guccifer 2.0 y DCLeaks eran tapaderas rusa y que la fuente última de información de WikiLeaks, cuya agenda política está cada vez más alineada con el Kremlin, es la inteligencia militar rusa.

Como en todo lo concerniente a la relación Occidente-Rusia aquí también ha funcionado el principio de acción y reacción. El informe establece en su página 1 que Vladimir Putin tomó la decisión de lanzar una campaña de descrédito de Estados Unidos tras la aparición de los Panama Papers y el escándalo del dopaje deportivo ruso. La combinación de ciberguerra y desinformación es coherente con la doctrina rusa de guerra de la información, que establece un continuo entre guerra y paz además de englobar métodos como la guerra electrónica, la ciberguerra y la desinformación como un todo.

Donald J. Trump ha reaccionado llamando al informe una “caza de brujas” y lo ha relacionado con la búsqueda de una excusa por parte del Partido Demócrata ante la derrota electoral. Caben dos opciones. Por un lado, que el informe haya sido elaborado con informaciones falsas o se sustente en conclusiones erróneas. En tal caso tendríamos una maniobra política de baja estofa que va a quebrar la confianza del gobierno entrante en la comunidad de inteligencia de Estados Unidos. John Robb dijo el pasado 15 de diciemre que Estados Unidos se había convertido en una república bananera por tener un servicio de inteligencia trabajando en contra del presidente electo.

Por otro lado, cabe la posibilidad que el informe sea cierto y que el presidente electo esté actuando con frivolidad en un asunto tan serio en el que demuestra indiferencia, complacencia o complicidad con las acciones de una potencia extranjera contra su propio país. En tal caso estaríamos ante una prueba palpable de la falta de idoneidad de Donald J. Trump para el puesto de presidente de los Estados Unidos. Hace poco, el ex-director de la CIA James Wolsey dimitió de su cargo de asesor de presidente electo. Episodios parecidos podrían crispar a la comunidad de inteligencia de Estados Unidos contra el gobierno y generar una cascada de filtraciones que expongan las maquinaciones del gobierno Trump.

Evidentemente los mensajes de acercamiento de Donald J. Trump hacia Rusia parecen anunciar una era de distensión que acabe con la Nueva Guerra Fría antes de empezar. Personalmente creo que son incompatibles una política aislacionista y el objetivo de Make America Great Again. La  promesa de convertir a Estados Unidos en un país ganador no parece que encaje con la idea de abandonar a los aliados de Europa y Asia-Pacífico para dejar vacíos geopolíticos que ocupen China y Rusia. El propio Trump anunciaba su intención de “fortalecer y expandir” las capacidades nucleares del país.

Trump podrá escenificar su amistad presidencial con Putin, pero si quiere mostrar la firmeza que muchos echan en falta en Obama tendrá que frenar a su amigo ruso. Habrá que ver si se produce un reparto de áreas de influencia que cree unas reglas de juego para el mundo “post-post Guerra Fría”, como diría el profesor Javier Morales o se produce una ruptura cuando Trump mande al rincón a Putin. Sin descartar, claro que Trump sea complaciente con Putin con consecuencias imprevistas en Washington D.C. Tanta incertidumbre viene de la tendencia de Trump a desdecirse y de la extraña mezcla de outsiders y viejos halcones neocón que encontramos en su gabinete.

Cartel en Siria
Carteles en Siria.

Mi intención para Año Nuevo era hacer balance de la Nueva Guerra Fría, tomando como referencia aquel texto inicial de septiembre de 2014. Pero los acontecimientos se han adelantado nuevamente. Lo que puedo decir es que nunca imaginé que lo arrancó como una intuición en el verano de 2014 terminaría encajando de esta manera, con el Kremlin interviniendo militarmente en Oriente Medio a favor de lo que yo entendía como una alianza difusa y los órganos de inteligencia de Estados Unidos denunciando maniobras rusas de desestabilización.

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Debatiendo en Bulgaria la influencia rusa en Europa

The Kremlin Playbook

El pasado lunes estuve en Sofía (Bulgaria) tras una invitación de última hora para tomar parte en una mesa redonda organizada por el Center for the Study of Democracy (CSD) a propósito de la influencia rusa en Europa Central y Oriental. El pasado mes de octubre el Center for Strategic & International Studies (CSIS) presentó en Washington el informe The Kremlin Playbook: Understanding Russian Influence in Central and Eastern Europe, del que el CSD es coeditor. Así que este evento sirvió de presentación del informe y como toma de contacto sobre el tema. La intención de los autores es realizar futuros informes que vayan ampliando el foco geográfico. Así, hubo unos cuantos participantes provenientes de los países balcánicos y yo participé como solitario representante de los países del arco mediterráneo.

Robert Pszczel
Robert Pszczel, director de la Oficina de Información de la OTAN en Moscú.

Sobra decir que, tras dos años sintiéndome como profeta que clama en el desierto (escribí sobre la Nueva Guerra Fría por primera vez en septiembre de 2014), fue reconfortante encontrarme en un entorno donde se debaten abiertamente las intenciones y estrategias rusas. De hecho, la OTAN apoyó la organización del acto y contamos con la presencia de Robert Pszczel, director de la Oficina de Información de la OTAN en Moscú.

El evento, por cierto, tuvo como título “The Russian Economic Footprint in Central and Eastern Europe: Addressing Strategic Vulnerabilities in Hybrid Warfare”. El uso y abuso del concepto “Guerra Híbrida” daría para una larga discusión. Y de hecho en el turno de preguntas y debates, Martin Sokolov del Sofia Security Forum apuntó que el término no es empleado en Rusia, donde se usa en cambio Guerras de Nueva Generación (véase al respecto Russian Military Strategy del incombustible Timothy L. Thomas). Pero creo que es un guiño del destino que mi primera participación en un evento internacional fuera de España sea en uno donde se hable de un término que introdujo en España mi amigo y mentor Jorge Aspizua.

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Oksana Nezhyvenko (Ucrania) y el profesor Martin Jirušek de la República Checa.

El tema central tratado el lunes es cómo los lazos económicos con Rusia de muchos países de Europa Central y Oriental son una vía para la influencia rusa en el ámbito político, aprovechando la corrupción política y la dependencia económica. Es más, la región ha sufrido un deterioro en la calidad de sus democracias, apareciendo líderes que promueven “democracias iliberales” y que en muchos casos son prorrusos. Siempre que hablamos en España de la penetración económica rusa y la dependencia de los países europeos hacia Rusia pensamos en el caso del gas natural. Ese es el campo de estudio de Martin Jirušek, de la universidad Masaryk de Brno (República Checa), que disertó sobre el tema. La cuestión es que la penetración rusa es en muchas ocasiones vía paraísos fiscales, empresas intermediarias y testaferros. Por ejemplo, hay países que tienen a Chipre como origen de un volumen importantísimo de inversiones pero que son en realidad de capitales provenientes de Rusia. Así que investigar la presencia rusa supone desentrañar una maraña de empresas con cruces de acciones. España es de los países que menos depende de Rusia pero hay que estar atentos a la pinza energética que puedo crearse con la alianza estratégica rusa con Argelia y más ahora que el gasoducto MedGaz está en venta. Habrá que prestar atención a los negocios rusos en España.

A la hora de hablar de España, me centré en la desinformación y propaganda. Y empecé con un caso del que no había tenido noticias hasta la semana pasado. En el año 2014 tuvo lugar en Barcelona un acto de apoyo a las repúblicas separatitas de la cuenca del Donbás. Miembros de la comunidad ucraniana pidieron la palabra para defender la causa de la unida de Ucrania. La respuesta del público fue muy negativa y la situación se volvió tensa. Así que abandonaron el lugar. En el camino a casa, uno de los ciudadanos ucranianos fue atacado brutalmente por un grupo de  autoproclamados “antifascistas”, quedando al borde de la muerte. La sentencia del juicio contra los agresores se conoció la semana pasada, siendo de cuatro y tres años de cárcel. Cabe preguntarse cómo es que en el imaginario de jóvenes radicales de ultraizquierda la causa ucraniana quedó asociada al fascismo y cómo les generó tanto odio. Evidentemente se trata de la narrativa rusa sobre la crisis ucraniana, así que el primer punto que destaqué fue que las ideas (propaganda y narrativas interesadas) tienen consecuencias.

imgsrc-phpMientras que en España hablar sobre una nueva era de relaciones entre Occidente y Rusia es predicar en el desierto, no tuve que entrar en detalles ni argumentarlo dado el contexto del evento. No mencioné el concepto de Nueva Guerra Fría, pero sí señalé que esa nueva era de relaciones se destaca por una rivalidad geopolítica (como hemos visto en Europa Oriental y Oriente Medio) y una rivalidad ideológica. En este último contexto tiene lugar la “Guerra de Información”. Señalé que no hace falta especular sobre las estrategias rusas, sino que podemos acudir a los propios documentos rusos, como es el caso de la Doctrina de Seguridad de Información de la República Rusa. Desde el punto de vista de la doctrina rusa, no existe una diferencia entre guerra y paz en el campo de la”Guerra de Información”. Ni tampoco una distinción entre operaciones ofensivas y defensivas. Es más, el concepto ruso de “Guerra de Información” engloba áreas que en Occidente se consideran aparte, como es el caso de la ciberguerra y las operaciones psicológicas (PSYOPS). Bajo esa perspectiva, se entiende mejor el caso de los robos de datos de los servidores del Comité Nacional Demócrata en las últimas elecciones estadounidenses (asunto del que escribí en el blog Magnet).

capturaEs difícil cuantificar el impacto de los medios rusos en España. Lo relevante no es tanto sus audiencias como el eco que tienen sus puntos de vista en páginas web que copia y pegan noticias, blogs y muros de Facebook. Y a veces ni siquiera se trata de una cuestión de afinidad ideológica, sino de malas prácticas periodísticas. Como es el caso reciente del diario 20 Minutos que publicó una noticia sobre Bin Laden viviendo en las Bahamas. El diario 20 Minutos se limitó a copiar de un medio italiano que a su vez citaba uno ruso. Días después el diario rectificó, pero como es fácil de imaginar la noticia circuló. En otras ocasiones se trata de engaños dirigidos específicamente al público hispanohablante, como fue el caso de “spainbuca”, un español que supuestamente trabajaba de controlador aéreo en Kiev y que fue una fuente sobre los acontecimientos en Ucrania para el canal RT además de muchas personas en Internet. La realidad es que no existen controladores aéreos extranjeros en Ucrania y “spainbuca” resultó ser un español residente en Bucarest.

Lo interesante de los medios rusos es que no promueven abiertamente la agenda ideológica del Kremlin, sino que encontramos una mezcla de noticias disparatadas con bulos sobre las acciones de los gobiernos occidentales. El objetivo, por lo tanto, no sería tanto promover las bondades de la Rusia de Putin como generar desconfianza hacia los gobiernos occidentales con un punto de vista cínico sobre la información en estos tiempos de las post-verdad donde para cada información, dato o estadística hay una versión alternativa.

Podemos según RT

Un aérea donde encontramos una debilidad estratégica es el ascenso de gobiernos prorrusos en Europa. Curiosamente allí donde encontramos un partido populista en ascenso encontramos simpatías o vínculos directos con Rusia. En España tenemos un partido político que abiertamente ha propuesto una alianza estratégica europea en detrimento de la OTAN (véase el punto 327 de su programa electoral). Hablo, cómo no, de Podemos, que forma parte de ese peculiar bloque que en el Parlamento Europeo vota a favor de los intereses del Kremlin en todo aquello concerniente a Ucrania, Crimea y la crisis ucraniana. Ese bloque lo componen partidos de izquierda y derecha. Y se da la paradoja que en países como Alemania y Grecia encontramos partidos en extremos opuestos del arco ideológico pero que coinciden en sus simpatías hacia la Rusia de Putin. Tal es el caso de Alternativa Por Alemania (AfD) y La Izquierda (Die Linke) o la extraña pareja formada por los comunistas griegos (KKE) y los neonazis de Aurora Dorada. El auge de todos estos partidos es el resultado de la falta de respuesta de los partidos tradicionales a los problemas de las democracias avanzadas. En el caso de España, el desempleo y la corrupción. La respuesta por tanto, no pasa por contrarrestar la propaganda rusa o las narrativas de los partidos en ascenso sino por afrontar de lleno la solución de esos problemas.

El resto de la agenda del viaje a Bulgaria estuvo bien llena, así que me quedó poco tiempo para pasear por el centro de Sofía. Sólo pude ver desde la ventana de un taxi la catedral de Alexander Nevskty y la iglesia ruso ortodoxa de San Nicolás el Milagroso. Pero pude sentirme como en un cuento de hadas paseando tras la puesta de sol y bajo la nieve frente a una mezcla de edificios otomanos y edificios góticos estalinistas. Una sensación de ensueño que remató los dos guardias en la puerta del palacio presidencial que, con sus uniformes y gorros de piel con una pluma, me llevaron al Cetro de Otokkar. Desde luego que me quedé con ganas de poder conocer mejor la ciudad. Quién sabe si habrá nuevas oportunidades de volver. Pero desde luego vuelvo con nuevas perspectivas y con ganas de profundizar en algunas líneas de trabajo.

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Un caso de incumplimento del acuerdo Minsk II

El otro día resumí aquí un informe publicado en Bellingcat.com en el que tomaba información publicada por soldados rusos presumiendo de sus medallas en las redes sociales para constatar que a pesar de no estar en guerra las fuerzas armadas rusas habían concedido un número inusual de ellas entre 2014 y 2015. Algunas incluso, eran medallas que sólo se concedían en tiempos de guerra y habían sido concedidas en gran número antes de la intervención en Siria del 30 de septiembre de 2015.

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Tropas de montaña rusas como parte del dispositivo de seguridad en torno a Sochi. Foto Reuters vía Bussines Insider.

Curiosamente el gobierno ruso salió a contestar el informe explicando que se trataba de medallas concedidas a militares que sirvieron en el dispositivo de seguridad de los Juegos Olímpicos de invierno celebrados en Sochi en febrero de 2014. Es interesante que el gobierno ruso se haya visto obligado a dar explicaciones por un informe elaborado por un puñado de frikis usando fuentes abiertas. Pero incluso si la respuesta oficial rusa fuera cierta sólo explicaría una parte del asunto porque una de las medallas concedida a miles premia méritos de guerra. Es más, leyendo sobre el tema descubrí que no sólo se concedieron medallas a soldados, sino que las fuerzas armadas concedieron condecoraciones colectivas a unidades del ejército en aquel periodo. Como la distinción de añadir al nombre la denominación honorífica “de la Guardia”.

Hay otra reacción a la publicación del resumen que hice aquí en el blog que tiene que ver conmigo. Hubo quien comentó en Twitter que era un intento mío por “difamar” a Rusia y despreció la información por venir de Bellingcat.com Tiene gracia eso que te acusen de “escribir cosas negativas en contra del buen nombre, la fama y el honor” de un país cuando centras tu crítica en su gobierno.  Es algo parecido a la acusación de “rusófobo”. Pero el asunto de despreciar los análisis de Bellingcat.com, cuando están hechos con información abierta disponible en Internet, me hizo pensar que quizás habría que pensar en otro enfoque en mi propósito de analizar la participación rusa en la guerra en Ucrania oriental. Y entonces me encontré en SouthFront.org con esto:  Orlan-10 UAVs in action against Ukrainian artillery.

SouthFront.org es una página web de análisis e inteligencia que pretende dar un punto de vista alternativo a los medios de comunicación occidentales. Esto es, es una página prorrusa donde no falta en su presentación referencias a la píldora roja de Matrix. El 7 de septiembre publicaron una traducción de una entrada de blog publicada originalmente por Diana Mihailova días atrás. En ella se da cuenta de “materiales”, entiendo un informe o presentación, hechos públicos por el Centro de Tecnologías Especiales de la Academia de Artillería Mijaíl Pávlovich donde se da cuenta del uso combinado del avión sin piloto Orlan-10 y el sistema de artillería propulsado 2S1 Gvozdika de 122mm. para atacar posiciones ucranianas el pasado mes de mayo. Se destaca que en un ataque se habrían disparado 38 proyectiles en vez de los 300 necesarios habitualmente para batir un objetivo. Y que el ataque fue importante porque se destruyó una casa donde se encontraba un radar de localización de artillería AN-TPQ-48 de origen estadounidense y el personal especializado asociado a él. Se habla de una sucesión de ataques en el mes de mayo que provocaron 90 muertos y 220 heridos entre las tropas ucranianas.

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Orlan-10.

Podríamos considerar con prudencia todo lo que cuenta Diana Mihailova y especular que SouthFront.org tiene un criterio laxo para publicar información sin verificar cuando encaja en su narrativa de la guerra en Ucrania. Pero de ser cierto esa información estamos ante algo realmente interesante:

-El bando prorruso en la guerra de Ucrania usa un avión sin piloto, el Orlan-10, que sólo usa las fuerzas armadas rusas. Por tanto, una fuente rusa nos confirma que la industria de defensa rusa o las fuerzas armadas rusas están suministrando material al bando prorruso en Ucrania. Ese material, además, requiere formación para su manejo. Así que podemos suponer que en Rusia se ha proporcionado formación al personal que maneja los Orlan-10 en Ucrania o directamente ha destacado personal cualificado allí.

-El bando prorruso en la guerra de Ucrania, según fuentes rusas, no sólo ha lanzado ataques a pesar de la existencia de un alto el fuego sino que emplea artillería a pesar de que los acuerdos de Minsk II ordenaban la retirada de las piezas de artillería de más de 100mm. del frente. La justificación es que se han lanzado los ataques para destruir material ucraniano cuya presencia en el frente contravenía los acuerdos de Minsk II.

Hay muchas pruebas que indican que Rusia y sus fuerzas armadas se implicaron en la guerra en Ucrania oriental: la información sobre las bajas en combate, la información sobre las medallas concedidas, el material de guerra exclusivamente ruso que ha aparecido allí, las fotos de miembros de unidades militares rusas en Ucrania, etc. Pero como en tantos temas de la Nueva Guerra Fría resulta divertido ver que, mientras los apologistas del Kremlin defienden el “honor rusos criticando a quienes señalan que existe una intervención militar rusa en Ucrania oriental, en Rusia no tienen complejo alguno en confesarlo. Y hablan con desparpajo de ello.

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El ejército ruso no estaba en guerra en 2014 pero sus soldados no pararon de ganar medallas

La intervención militar rusa en Ucrania es ese tema que todo el mundo conoce pero del que se habla poco fuera del círculo de interesados o preocupados por la guerra en ese país.  La atención internacional se alejó de Ucrania tras el alto el fuego firmado en el acuerdo de Minsk II a pesar de que la guerra siguió. Yo mismo me dediqué a otros temas. Pero en este tiempo no han parado de salir informaciones relevantes sobre el conflicto.

Esta semana Bellingcat, uno de los referentes mundiales en inteligencia de fuentes abiertas, publicó un informe peculiar. Resulta que en Rusia algunas medallas militares se conceden registrando su número. El número aparece grabado en el reverso de la medalla y en el diploma que se entrega con ella. Puestos a pensar es una buena forma de detectar a usurpadores si se tiene acceso al registro de las personas que la han recibido y saber identificar al dueño original de una medalla. Pero he aquí que alguien pensó que si tenemos el número de medallas concedidas y la fecha podemos sacar conclusiones interesantes sobre la actividad del ejército ruso. Y esa la información la tenemos, cómo no, gracias a la inestimable información que proporcionan los soldados rusos presumiendo en redes sociales.

El informe se ocupa de tres medallas. La primera es la medalla “a la distinción en el combate”. Sólo la pueden recibir miembros de las Fuerzas Armadas rusas y por acciones en combate, sea participando en él directamente, participando en acciones que contribuyeron al éxito de una misión o mandando tropas en combate. Es por tanto una medalla que no se otorga en tiempo de paz.  Oficialmente hasta la intervención en Siria el 30 de septiembre de 2015, los únicos escenarios de guerra vividos por las tropas rusas fueron el Cáucaso contra la insurgencia yihadista y en las regiones separatistas de Abjazia y Osetia del Sur en la guerra con Georgia en agosto de 2008. La medalla más antigua de la que los autores del informe tienen datos es una concedida el 7 de noviembre de 2014 y con el numeral 2.464. Es decir, hasta aquel día las Fuerzas Armadas rusas habían entregado 2.464 medallas a militares rusos recompensando su “distinción en el combate”. Hay datos para 18 medallas más. Las fecha y numerales son correlativos. La más reciente de las registradas en el informe tiene fecha 18 de febrero de 2016. Y su numeral es el 6.802. Esto quiere decir, que entre el 7 de noviembre de 2014 y el 18 de febrero de 2016 las Fuerzas Armadas rusas estaban implicadas en acciones de combate donde sus tropas se distinguieron repetidamente al punto de que 4.338 militares fueron distinguidos por sus hechos de armas. Así que podemos empezar a preguntarnos, ¿dónde estaban las tropas rusas en combate para repartir medallas a miles?

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Ejemplos de medallas “a la distinción en el combate” recogidos en el informe.

La segunda medalla de la que el informe tiene datos es la medalla “al valor”. Puede ser entregada a personal militar o civil que se haya distinguido defendiendo Rusia, sus intereses, protegiendo sus fronteras y otras circunstancias que impliquen un riesgo para la vida. En el informe sólo hay información de siete medallas otorgadas entre 2014 y 2016. La primera fue entregada el 1 de septiembre de 2014 con el numeral 64.145. La última el 23 de noviembre de 2015 con el numeral 66.613. En este caso las 2.468 medallas concedidas lo pueden haber sido por hechos de armas o no, dentro de Rusia o no. Así que no podemos atribuir su concesión a actividades no reconocidas por las Fuerzas Armadas. Pero el informe aporta un dato interesante. Teniendo información de medallas concedidas en 2000 y 2008 podemos calcular el ratio en se que premiaban a soldados rusos en tiempos de paz. Y el cálculo aporta que entre 2014 y 2016 se entregaron a un ritmo mucho más alto.

La tercera medalla que aparece en el informe es la medalla “de Suvorov”. Se trata de otra medalla que sólo puede ser entregada a miembros de las Fuerzas Armadas rusas. Los méritos son haber mostrado valentía defendiendo el país o un comportamiento sobresaliente en tiempos de paz. El informe cuenta con información de 13 medallas entregadas entre 2014 y 2015. La primera de ellas fue entregada el 24 de noviembre de 2014 con el numeral 41.099. Y la última el 8 de diciembre de 2015 con el numeral 43.672. Considerando que es una medalla que se otorga también en tiempos de paz por acciones ajenas a la guerra no se puede contabilizar las 2.573 medallas entregadas en ese período como resultado únicamente de acciones de guerra no publicitadas por el gobierno ruso. Pero nuevamente, teniendo las fecha y el numeral de medallas entregadas anteriormente se puede observar cosas curiosas. Por ejemplo, entre el 24 de noviembre de 2014 y el 25 de diciembre de 2014 se concedieron más medallas “de Suvorov” que en todo el año anterior. Y que haciendo un cálculo, se obtiene  una media aritmética de 1,5 medallas “de Suvorov” concedidas entre el 10 de septiembre 2013 y el 24 de noviembre 2014. Y que esa media aumenta a 6,8 entre el 24 noviembre 2014 y el 8 de diciembre de 2015.

La última medalla que trata el informe es la medalla “de Zhúkov”. Es una medalla que sólo se entrega a personal militar que se haya distinguido por su valentía y dedicación a la defensa de Rusia pero también por acciones en tiempos de paz. El sistema de medallas militares rusas se reorganizó en 2010. Y el sistema de numeración para esta medalla empezó de cero. La más antigua de la que el informe tiene datos es la nº277 entregada el 12 de diciembre de 2014 y la más reciente es la nº 1.349 entregada el 8 de diciembre de 2015. Esto es, sólo se habían entregado 277 entre 2010 y finales de 2014. Pero entre el 12 de diciembre de 2014 y el 8 de diciembre de 2015 se entregaron 1.072 medallas.

La pregunta que hay que hacerse es, ¿en qué conflicto armado estuvieron implicadas las Fuerza Armadas rusas durante los años 2014 y 2015 hasta su intervención en Siria para conceder tantas medallas que sólo se conceden en tiempos de guerra?  ¿En qué acontecimientos se vieron implicadas las Fuerzas Armadas rusas para aumentar el ritmo al que se concedían medallas a sus militares respecto a los tiempos de paz?

Y un reflexión que aparece en las conclusiones del informe de Bellingcat. Los datos de medallas al valor o a los servicios distinguidos nos permiten saber que miles de soldados rusos estuvieron implicados en una guerra no reconocida por Moscú. Pero si consideramos poco probable que todos los soldados rusos que participaron en esa guerra recibieran una medalla por sus acciones distinguidas en combate, podemos especular sobre el número de soldados desplegados y suponer que fueron muchos miles. Pueden leer el informe en: Russia’s War in Ukraine: The Medals and Treacherous Numbers.

Mi propósito a partir de ahora es ir recogiendo en este blog informes, artículos e informaciones que documenten la intervención militar rusa en Ucrania. Cualquiera que quiera colaborar puede contactar conmigo en jpereztriana (a) gmail.com

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