Un gobierno italiano que simpatiza con el Kremlin

Seguir los medios de comunicación es hoy en día una forma como otra cualquiera de no enterarse qué pasa en el mundo. No es que yo prestara mucha atención a las elecciones italianas pero me llamó mucho la atención los titulares de la prensa española que mostraban su preocupación porque el tema estrella era la inmigración, del que decían había sido introducido arbitraria y artificialmente por los partidos populistas. Y claro, yo que escribí el verano pasado Una bomba de relojería en el Mediterráneo“, tuve que dudar entre reírme o enfadarme. Y es que en Europa hay cierta clase de problemas que los periodistas han decidido esconder porque han asumido que su labor no es contarnos lo que pasa sino decirnos lo que tenemos que pensar para pensar bien. Luego, tras conocer el resultado de las elecciones y la creación de una coalición de gobierno entre la coalición de centro-derecha encabezada por la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas, llegaron de nuevo las sorpresas para los periodistas y opinadores profesionales. ¿Populistas de izquierda y derecha juntos en un gobierno? ¡No tiene sentido! Claro que no tiene sentido si uno se empeña en aplicar los esquemas ideológicos de la vieja Guerra Fría al panorama político europeo actual.

Russia Today tiene claro a quién apoya.

Los lectores que me siguen desde hace años recuerdan que allá por septiembre de 2014 llamé la atención de cómo partidos de ambos extremos del arco político habían constituido un bloque que en el Europarlamento votaban a favor de los intereses del Kremlin. Era un síntoma curioso de una convergencia ideológica de partidos que mantienen una agenda orientación económica estatista y una agenda internacional eurófoba y anti-OTAN. Luego, en enero de 2015, los partidos griegos SYRIZA y ANEL, formaron coalición de gobierno, para sorpresa de muchos por su naturaleza de partidos antagónicos en el eje izquierda-derecha. Sin embargo, nuevamente había que prestar atención a su posición sobre la Unión Europea, la OTAN y las relaciones con Moscú para entender los puntos en común.

El nacional-populismo argentino (nac& pop), referente del nacional populismo de izquierdas en el Parlamento Europeo.

Curiosamente en la emergencia del nacional-populismo europeo aparece siempre como denominador común a izquierda y derecha los intereses de la Rusia de Putin (véase el punto 327 de “La sonrisa de un país”). En el caso italiano encontramos que se repite la tendencia. Por un lado, tenemos la Liga Norte, un partido regionalista de derechas que nació defendiendo la independencia del norte de Italia, identificada con el neologismo “Padania” (valle del río Po). En marzo de 2017, Matteo Salvini, secretario de la Liga Norte y posible nuevo ministro del Interior del nuevo gobierno italiano, viajó a Moscú donde firmó un “acuerdo de cooperación y colaboración” con el partido Rusia Unida, el partido de Vladimir Putin. Entre los objetivos políticos del acuerdo, estaba buscar la cooperación con Rusia en materias como terrorismo e inmigración ilegal, pero también buscar el levantamiento de las sanciones europeas contra Rusia. Se unía así a otros partidos populistas de derecha europeos, como Alternativa para Alemania o el austríaco Partido de la Libertad, en firmar acuerdos con Rusia Unida.

Matteo Salvini en la Plaza Roja de Moscú.

La relación de la Liga Norte con Rusia venía de antes. Un miembro del partido, Claudio D’Amico, ejerció de “observador internacional” en el referéndum de anexión de Crimea a Rusia. Y antes del viaje de Matteo Salvini en 2017 hubo otros que alentaron los rumores sobre el “oro de Moscú“. Sin embargo, Salvini declaró por aquel entonces que los acuerdos con el partido de Putin no implicaban recibir financiación rusa, pero que “envidiaba” el dinero ruso recibido por el Frente Nacional de Marine Le Pen y estaba abierto a aportaciones “transparentes” al partido.

El follonero Gianluca Buonanno, eurodiputado de la Liga Norte, con una camiseta en contra de las sanciones a Rusia en septiembre de 2014.

Por otro lado, tenemos el partido populista Movimiento 5 Estrellas, de difícil clasificación política. Luca Manucci enumera las posiciones del partido en materia como inmigración, condena del fascismo y aliados del EuroParlamento para afirmar que estamos ante un partido que “ni es de izquierdas ni es antifascista“. Pero de las limitaciones del eje izquierda-derecha para entender las ideologías en la Nueva Guerra Fría ya hemos hablado. En junio de 2016, Manlio Di Stefano, responsable de política exterior del Movimiento 5 Estrellas, declaró en una conferencia en Moscú durante el XVº Congreso del partido Rusia Unida su deseo de que se levantaran las sanciones a Rusia y una mayor cooperación entre Europa y Rusia, además de culpar a la Unión Europea y Estados Unidos de la crisis ucraniana y describió su papel en ella como una injerencia en asuntos rusos. Esta línea de pensamiento supuso un cambio respecto a las posiciones sobre la Rusia de Putin que mantuvo el partido en el pasado.

Déjá vu: “Gobierno del cambio”.

Así que tenemos dos partidos nacional-populistas, identificados originalmente como ubicados en extremos opuestos del eje izquierda-derecha, que han formado gobierno en Italia. Un primer borrador del acuerdo de gobierno fue filtrado a la prensa.  En él se hablaba de crear un mecanismo para la salida del euro, de una reducción de la contribución italiana al presupusto de la Unión Europea, una condonación de la deuda italiana con el Banco Central Europeo, etc. En política exterior aparece la “apertura a Rusia”, para convertirla en “socio económico y comercial”, y el “retiro inmediato de las sanciones impuestas a Rusia”, con lo que podría rehabilitarse a ese país como “un interlocutor estratégico a fin de solucionar las crisis regionales (Siria, Libia, Yemen)”. Al igual que el punto 327 del programa “La sonrisa de un país” no plantea una salida de la OTAN pero sí convertir a Rusia en un socio estratégico. Como ven, los viejos esquemas políticos no sirven para explicar lo que era, a priori, una alianza contra natura pero la Nueva Guerra Fría sí.

Lecturas recomendadas:

The 5 Star Movement is neither left-wing nor antifascist“.

El apartado “Italy: Is the turn to Russia reversible?” (págs. 11-19) del documento “The Kremlin’s Trojan Horses 2.0

Gracias a Millán Fernández y Nicolás de Pedro por compartir artículos y documentos en Twitter que me sirvieron de referencia a mi aproximación al tema.

La regla informativa sobre los amigos del Kremlin

Desde el estallido de la crisis financiera de 2008 no ha habido región del planeta sin protestas callejeras. La lista es larga y el occidente desarrollado no es ajeno, arrancando por el 15-M español o el Occuppy Wall Street estadounidense. La Primavera Árabe, que tuvo su prólogo en El Aaiún en noviembre de 2010, sacudió desde Mauritania a Baréin. Por razones diversas, la gente salió a la calle en Argentina en 2013 y en Hong Kong en 2014. Sin olvidar Ucrania y Venezuela o más recientemente Nicaragua y Armenia.

Protestas callejeras en Egipto durante la Primavera Árabe.

Desde hace tiempo observo un fenómeno curioso. Las protestas estudiantiles y en defensa de unas pensiones públicas en Chile fueron saludadas por los mismos que aplaudían la represión de los estudiantes venezolanos y los manifestantes nicaragüenses que protestaban por la reforma de las pensiones. Me refiero a esa ultraizquierda parlamentaria española que se dedica, como la ultraderecha, a hacer metapolítica desde las redes sociales. Entonces caí en la cuenta de un indicador curioso que permite anticipar si una protesta social recibirá apoyo como ejemplo del pueblo en lucha o por el contrario será denunciada como una conspiración golpista de la CIA o una “primavera sorosiana”: los intereses geopolíticos rusos y los contratos de venta de armamento.

Desfile de elementos del sistema antiaéreo S-300VM en Venezuela.

Casi podemos anticipar mecánicamente que allí donde la agencia ROSOBORONEXPORT haya firmado contratos relevantes para Rusia desde el punto de vista económico, geopolítico o ambos cuando surjan protestas contra el gobierno en las calles la legión de fans de Putin denunciará su falta de legitimidad y su falta de espontaneidad. Repasen la prensa y las redes sociales de los últimos meses y verán que la fórmula funciona como un reloj para los casos de Venezuela, Irán, Nicaragua y Armenia, sin olvidar los casos anteriores de Siria y Ucrania. Los bulos y las noticias falsas del aparato mediático del Kremlin nunca apareceren de forma inocente y son parte de una estrategia informativa.

 

 

Ignota Rusia

Este fin de semana tuvieron lugar las elecciones presidenciales en Rusia. No hubo sorpresas. “Está todo bajo control” me dijo alguien con quien comenté el asunto hoy lunes. Pero no siempre es así. La mayoría de veces la gente anda bastante perdida de cómo funcionan las cosas en Rusia. Me refiero a los pucherazos electorales, los candidatos alternativos de cartón piedra, el partidismo de los medios de comunicación públicos y el acoso a la oposición. Y cuando hablo de acoso me refiero desde asesinatos a sangre fría, como el caso del político Boris Nemtsov, hasta triquiñuelas como las presiones a los dueños de los locales alquilados por la oposición en ciudades de provincia que obligan a suspender el acto de campaña a última hora.

En abril de 2014 publiqué una reseña conjunta de tres libros que me descubrieron la Rusia de Putin. Ninguno ha sido traducido al español. Como ha sucedido con la inmensa mayoría de los libros que he leído en estos últimos años sobre el tema, con la excepción de Nothing Is True and Everything Is Possible de Peter Pomerantsev, retitulado en España como La Nueva Rusia. La verdad es que se publica muy poco sobre la Rusia actual en España. Y entre lo poco que se publica uno encuentra libros directamente filoputinistas como El nuevo imperio ruso de Sergio Fernández Riquelme o Rusia en la larga duración de Samir Amin.

El domingo por la noche visité la librería La Central en Madrid. Encontré libros sobre Boko Haram o las Primaveras Árabes. Pero sobre la Rusia actual, nada. Eso sí, allí había una mesa llena de libros sobre la Revolución Rusa y el papel de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. Es algo habitual. Pero me sigue pareciendo curioso que se publique tanto sobre la Unión Soviética y tan poco sobre Rusia. No sé si es síntoma del desinterés por la Rusia actual o causa de poco conocimiento sobre ella.

Publiqué el domingo la foto anterior en Twitter y se le atragantó a algún tuitero con problemas de comprensión lectora. Nótese en el siguiente tuit, que me atribuyen el pecado nefando de rusofobia, el nuevo término con el que se designa el crimenpensar de los que no simpatizamos con Putin.

 

 

“El sueño eurosiberiano” de Jorge Verstrynge

Después de la Segunda Guerra Mundial, una parte de la ultraderecha europea renegó del nazismo y asumió que su futuro no pasaba por los partidos políticos sino por la influencia ideológica, la “metapolítica”. Aquellos movimientos europeos, en plena Guerra Fría, quisieron mantener una postura alejada tanto del capitalismo occidental como del comunismo soviético: la Tercera Posición. Por el camino, fueron desarrollando interés por movimientos políticos del Tercer Mundo como el peronismo argentino o el socialismo árabe. Así, llegamos hoy en día a la conexión siria de la ultraderecha española, que ve en el régimen de Bashar Al Assad un baluarte contra Israel y el yihadismo.

Jean Thiriart (izq.) y Aleksandr Dugin (centro). Foto vía El Gran Juego.

Uno de los personajes de esa renovada ultraderecha europea fue el belga Jean Thiriart, impulsor del movimiento paneuropeo Jeune Europe. Thiriart defendía, para enfrentarse al imperialismo estadounidense, la unión de una Europa que fuera de Galway, en la costa occidental de Irlanda, a Vladivostok, en la costa rusa del Pacífico. Tras la disolución de la Unión Soviética, Thiriart viajó a Moscú en 1992. Desembarcó en un país que vivía un vacío ideológico tras la caída del comunismo. Allí conoció a Aleksandr Dugin, que colaboraría poco después con Eduard Limonov para impulsar el Partido Nacional Bolchevique, los célebres “comunistas nazis” (nazbol). Thiriart murió en Bruselas poco tiempo después de su viaje, pero la semilla había sido plantada. Dugin terminaría por desarrollar la Cuarta Teoría Política, además de refundar el movimiento euroasianista.

Curiosamente el año en que Thiriart llegó a Moscú, Jorge Verstrynge publicaba El sueño eurosiberiano. El libro fue editado por el Instituto de Europa Oriental, que había contado con Raisa Gorbachova para su inaguración en 1990 en la Universidad Complutense de Madrid. Jorge Verstyrnge es posiblemente el único personaje del panorama intelectual español en el que mi interés por sus ideas es equiparable al desprecio que recibe. Se trata de uno de los autores españoles más influidos por aquel eclecticismo intelectual de la renovada ultraderecha europea. Hizo un repaso a aquellas corrientes en 2002 en el libro Rebeldes, revolucionarios y refractarios, que cuenta hoy con una segunda edición revisada y ampliada.

El sueño eurosiberiano es un libro escrito al calor del momento y está lleno de predicciones equivocadas que hoy resultan divertidas. Pero la idea de fondo del libro tiene implicaciones importantes, como veremos al final. El libro se puede leer no sólo como un análisis del momento, sino como un programa de política internacional. Sostiene Jorge Verstrynge que la caída de la Unión Soviética proporcionaba una oportunidad para que Europa cortara amarras con Estados Unidos y asumiera un papel autónomo en el panorama internacional.  Para ello, Europa tenía que asumir que el concepto de Occidente (que engloba a Estados Unidos) es una falacia y que de la alianza de Europa con Rusia podía salir un superpotencia que ocupara el lugar de la Unión Soviética. Verstrynge propone el eje Madrid-París-Berlín-Moscú. Esa Gran Casa Común Europea, concepto de Gorbachov, aunaría la tecnología de Europa occidental y las materias primas siberianas para crear un gran mercado poco dependiente de recursos externos que podría además englobar a los países árabe-mediterráneos. Esa unión sería posible y viable porque, según Verstrynge, Rusia es un país plenamente europeo. Curiosamente es una idea cuyo rechazo es central en el euroasianismo de Dugin. Además, Verstrynge plantea que “sin riesgo real y fundado de desmembramiento, se diga lo que se diga” (pág. 69) veremos que “[l]a URSS, con éste u otro nombre, sobrevivirá” (pág. 70). Sus argumentos son que Bielorrusia y Ucrania buscarían refugio bajo el ala rusa para protegerse de Polonia, país preso del fanatismo católico. Así que bastaba entonces que a Rusia se sumaran esos dos países vecinos y Kazajistán para formar una unión que conservaría el 90% de la población y el 80% del territorio de la Unión Soviética. Además, se planteaba en aquel momentos la ampliación de la entonces llamada de Comunidad Económica Europea. Verstrynge anticipaba efectos beneficiosos. La incorporación de países como Austria, Suecia y Finlandia, junto a la de los antiguos países comunistas de Europa del Este, alejaría a Europa de la OTAN y la llevaría a una posición de neutralidad geopolítica.

Además de la OTAN y el atlantismo, Jorge Vestrynge sostenía entonces que el neoliberalismo de los años 70 y 80 tenía los días contados. “[L]a historia dará, sin duda, cuenta del mito según el cual la llegada del “post-comunismo” equivale al triunfo, o meramente a la victoria, del capitalismo” (pág. 122). El espacio económico eurosiberiano no tendría que ser necesariamente proteccionista, pero sí autosuficiente. Las exportaciones tendrían cada vez menos peso en las economías, según la idea de las exportaciones como motor del crecimiento pasase de moda. El proteccionismo sería una idea defendida por Jorge Verstrynge en un libro de 2009.

La idea de una gran potencia eurosiberiana que rivalizase con Estados Unidos en un renavado orden bipolar era factible en el mundo descrito por Jorge Verstrynge porque Estados Unidos aparece como un país decadente y aquejado de problemas estructurales. “Ya se reconoce que, en la actualidad, USA está en plena recesión y decadencia económica” (pág. 38). El desfile de estadísticas de pobreza y delincuencia en el libro es buena prueba de que si uno escoge los datos que quiere, puede demostrar que un país está a punto de irse al garete. “[S]e multiplican las peticiones norteamericanas de ayuda europea” (pág. 40). Igual sucede con la recopilación de datos sobre producción industrial. La comparación favorable de la tecnología europea, del Arianne al Airbus, da idea de que el autor no estaba familiarizado con la pujanza tecnológica estadounidense de entonces. Me llamó la atención que la revolución tecnológica de la Sociedad de la Información, que estaba a la vuelta de la esquina, no aparece en el libro. Se mencionan también las grandes compras japonesas en Estados Unidos. Precisamente la novela “Sol naciente” de Michael Crichton, que recogía el temor de la invasión económica japonesa, salió publicada en 1992.

La visión de Estados Unidos que demuestra tener Jorge Verstrynge en el libro parece un perfecto reflejo de aquella época, cuando en España hablábamos de ese país sin tener la más remota idea y repetíamos mitos de barra de bar. Por ejemplo: “El sistema educativo es una hecatombe y, de las universidades, no llegan una docena a las que tienen un nivel equivalente a nuestro… COU” (pág. 24).  Cuando habla de la cultura estadounidense, suena como un cascarrabias europeo que dice cosas como “la cultura norteamericana (la cultura es lo que vertebra un país) está en caída libre” (pág. 26). Según Verstrynge, un síntoma de la decadencia cultural estadounidense es la exaltación que hace el cine de Hollywood de los gangsters, cuando no presenta a héores de pacotilla “como Rambo, Schwartznegger (sic), Indiana Jones, Cocodrilo Dundee, Batman o Supermán” (pág. 25). Además, según él, Hollywood nos proporciona “basuras” como “E.T.” e “Indiana Jones” (pág. 118).

La lectura de El sueño eurosiberiano 25 años después es una mera curiosidad. Se trata de un libro, como todos los del autor, escrito con un estilo embrollado por la habitual falta de un buen trabajo de edición. Aparte de las puntuales erratas, se pueden leer cosas como “numero de ogivas”, a pesar de que mi ejemplar es de la segunda edición. Jorge Verstrynge no acertó en casi nada. Estados Unidos se convirtió en la potencia hegemónica en un mundo unipolar. La Unión Europa está en cambio llena de problemas y hay más signos de decadencia social en Europa que en Estados Unidos. Rusia siguió un camino aparte asumiendo una identidad ajena a Occidente. La Unión Soviética se fragmentó y los intentos rusos de mantener su primacía geopolítica con organizaciones multinacionales no ha dado ningún fruto (desde la Comunidad de Estados Independientes a la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva). Los países ex-comunistas de Europa del Este resultaron los más furibundamente atlantistas. La economía japonesa pinchó. El Mediterráneo ha sido más muro que puente entre Europa y el mundo árabe. Entonces, ¿por qué es relevante El sueño eurosiberiano? Porque las ideas que el autor tomó de la ultraderecha francobelga inspiraron a ese bloque de partidos de ultraderecha que en el Parlamento Europeo vota junto con la ultraizquierda a favor de los intereses de la Rusia de Putin.

Jorge Verstytnge siguió un periplo por los partidos políticos españoles peculiar: arrancó en Alianza Popular, entró en el PSOE, asesoró a Izquierda Unida y su entrada en Podemos fue rechazada por las bases. Fue vetado por su postura sobre la inmigración. Tema, que dice Verstrynge, constituye la única gran diferencia entre Podemos y el nuevo Front National francés de Marine Le Pen, con el que se siente identificado. Y es que si acudimos al punto 327 del programa electoral de Podemos de 2016 leemos:

Buscaremos dotar de una mayor autonomía estratégica tanto a Europa como a España en el seno de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), para lo cual profundizaremos en la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) y en la Europa de la Defensa para afrontar las relaciones con nuestro entorno y las problemáticas globales desde una perspectiva exclusivamente europea. En este sentido, defenderemos neutralizar el papel desestabilizador de la OTAN en Europa del Este, congelar las fronteras actuales de la alianza y detener la instalación del escudo antimisiles en el este de Europa y el mar Báltico.

A medio plazo, apoyaremos la compatibilidad de la alianza con una arquitectura de seguridad paneuropea en la que participe Rusia, sobre la base de una reactivación de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).

El sueño eurosiberiano duerme ahí.

 

 

 

El nuevo papel de Rusia en el Mediterráneo Oriental

Hace tiempo asumí que la mejor estrategia para hablar de la Nueva Guerra Fría era no emplear el término y dedicarme a escribir sobre los elementos que la componen por separado. De lo contrario el debate se centraba en si era correcto usar la expresión “Guerra Fría” para definir la nueva era de relaciones entre Occidente y Rusia en vez de la naturaleza de esas relaciones. Me pareció de pronto más importante ir construyendo la argumentación que debatir para que otros me dieran la razón.

El crucero “Pedro El Grande” en Siria. Foto Sputnik vía USNI.

Un asunto que llamó mi atención hace tiempo fue el nuevo papel de Rusia en el Mediterráneo Oriental. Sucesivamente los gobiernos de Chipre, Grecia y Egipto jugaron la carta de Rusia en sus relaciones con Occidente. Sin olvidar, obviamente, su papel en Siria. Repaso todo ello en mi primera colaboración con el CIDOB de Barcelona. Mi texto se titula “Rusia en el Mediterráneo Oriental, ¿un contrapeso a Occidente?”. Además de leerlo en la página web del CIDOB en el anterior enlace, lo pueden descargar en formato PDF. Adelanto que no es esta una colaboración aislada, sino que habrá una próxima en el que trataré cómo Libia se ha convertido en un tablero geopolítico para terceros países.

Hablando del lío ruso de Trump

Hace poco, María Ramírez y Eduardo Súarez me entrevistaron para Politbot:  Episodio 12: el lío ruso de Trump. Les di una chapa que fue cosa buena. Hay gente que me ha pedido que monte un podcast porque no tiene tiempo para leer, así que aquí tienen una buena píldora. Hay ideas y conceptos sobre la Nueva Guerra Fría que son todavía un work in progress en mi cabeza. Así que algunos flecos los iré resolviendo aquí en un futuro.

Politibot, por cierto., cuenta con un canal en Telegram, aplicación de comunicación que les recomiendo.

 

“El rearme y el nuevo puzle del poder” de Olga Rodríguez

El diario barcelónes El Periódico publicó esta semana una columna de opinión de la periodista Olga Rodríguez titulado “El rearme y el nuevo puzle del poder” que disparó mi sentido arácnido al leer los dos primeros párrafos.

Hace unos días, el ministro de Exteriores ruso afirmaba que las relaciones entre la OTAN y Rusia atraviesan su crisis más profunda desde el final de la guerra fría y reprochaba a la Alianza Atlántica sus «preparaciones militares cerca de las fronteras rusas».

Se refería al despliegue de tropas en cuatro países de Europa del Este, decidido en la cumbre de la OTAN de Varsovia del 2016. Con ella se activó la operación Presencia Activa Reforzada, que se desarrolla en Lituania, Estonia, Letonia y Polonia y con la que se escenifica un cerco militar a Rusia en su flanco occidental.

Un artículo que arranca así y ¿se pueden creer que en él no aparece ni una vez las palabra “Ucrania” o la palabra “Crimea”? Hay que haber permanecido escondido en un búnker subterráneo desconectado del mundo para no entender que el actual estado de las relaciones de Occidente y Rusia es producto de la crisis de Ucrania de 2014, en la que Rusia invadió la península de Crimea e intervino militarmente en Ucrania Oriental.

También hay que haber estado escondido en un búnker subterráneo desconectado del mundo para no entender el despliegue de la OTAN en Polonia y las Repúblicas Bálticas. Eso o alimentarse informativamente de Russia Today, Sputnik y otros medios como Voltairenet, dicho sea de paso.

En el siguiente mapa he trazado una línea roja, con la maestría que me caracteriza manipulando fotos y gráficos en el ordenador, que marca la frontera occidental de Rusia en contacto con países en los que estará presente el nuevo despliegue multinacional de la OTAN, descontando Kaliningrado. Como diría Pedro Piqueras, un gráfico estremecedor. Queda claro el “cerco militar” a Rusia.

Si Moscú y sus aliados enviasen tropas a cuatro países fronterizos con Estados Unidos, las lecturas serían claras. Pero no lo son tanto cuando se trata de interpretar las maniobras de nuestros socios, a los que sí se les concede el derecho a extender su órbita de influencia en las naciones vecinas. Se informa poco de las cuestiones defensivas, los Gobiernos evitan dar explicaciones y de ese modo la atmósfera bélica se extiende de forma sigilosa y casi desapercibida por las poblaciones que se verían afectadas si a alguien se le escapara un disparo en una de esas fronteras.

Creo que no tengo que extenderme mucho sobre la validez de una comparación tomada directamente del argumentario ruso. Hablamos de tres países democráticos y soberanos donde está muy presente la memoria histórica de la invasión soviética de 1940 y la posterior campaña de terror rojo. Fueron esos países los que hicieron cola para entrar en la OTAN. Y fueron esos países los que insistieron en el despliegue de la OTAN para defender su soberanía. Como le dijo John Rambo al coronel Trautman “yo no los llamé a ustedes, ustedes me llamaron a mí”. En cambio, si hay un país que ha jugado a la vieja geopolítica es Rusia, que ya en 2008 vía su presidente reclamó una “órbita de influencia”. Y por supuesto, resulta irónica la mención de “atmósfera bélica”, si pensamos en lo que Olga Rodríguez pasa por alto de la reciente historia europea.

Según el dilema clásico de seguridad, cada acción defensiva de un actor es interpretada como una amenaza por el actor rival, generando una espiral de desconfianza y rearme. Pero en este caso, no hubo gestos equívocos. Rusia invadió Ucrania, la primera anexion de territorio por la fuerza en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, traicionando las garantías dadas a Ucrania en el Memorándum de Budapest de 1994. Así que, entendamos, en las tres República Bálticas andan algo inquietos con la idea de que en Moscú piensen que la disolución de la Unión Soviética fue “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” y se comporten ahora como si la soberanía de los país surgidos tras la disolución de su imperio fuera un concepto “discutido y discutible”.

A pesar de que el Ejecutivo español no ha pedido autorización al Parlamento, tropas españolas forman parte de esta estrategia atlántica en la frontera rusa. En los próximos días se completará el despliegue de 300 soldados españoles en Letonia, con 80 vehículos, entre ellos 6 carros de combate Leopard y 14 vehículos blindados de combate Pizarro. Es la primera vez que España opera en esta región desde la segunda guerra mundial, cuando participó con la División Azul al servicio de la Alemania nazi.

¡Bingo! No podía faltar el meme de la comparación con la División Azul. Ya le dediqué espacio a explicar el despliegue de la OTAN en Polonia y las Repúblicas Bálticas a la luz de la historia. No podemos comparar el envío por parte de la democracia española de fuerzas a un país democrático y aliado con la intervención de la España de Franco en el esfuerzo de guerra de la Alemania nazi.

Eurofighter español y Su-34 ruso sobre el Mar Báltico. Foto: EMAD vía ABC.es

Encontramos un frase importante para calibrar el conocimiento del tema: “Es la primera vez que España opera en esta región desde la segunda guerra mundial”. Pues no. Tenemos, por ejemplo, que el Ejército del Aire realizó allí su primer despliegue dentro de la misión Baltic Air Policing en 2006. Volvió después de la Crisis de Ucrania con despliegues en 2015, 2016 y este año. La Armada Española desplegó la fragata F-103 “Méndez Núñez” en 2016 como buque de mando de la Agrupación Naval Permanente de la OTAN número 1 (SNMG-1), que navegó por el Mar Báltico. Si alguno considera excesivamente agresiva la presencia de la OTAN en el Mar Báltico, le sugiero que repase los escenarios planteados por los ejercicios militares rusos Zapad 99 y Zapad 2013.

A la Administración de Washington esta misión le queda lejos geográficamente, pero a Europa le afecta de lleno, en un momento en el que el proyecto europeo vive sus horas más bajas, con el brexit, las consecuencias de la austeridad, el aumento de la xenofobia y las políticas represivas contra personas migrantes y refugiadas.

Esta párrafo es muy curioso. Es el típico párrafo de periodista español que quiere sonar profundo y comprometido hasta que caemos en la cuenta que está metiendo con calzador en el discurso temas que no tienen nada que ver. Pero si lo pensamos bien la ironía es brutal. ¿Quién simpatiza, promueve y financia partidos y movimientos xenófobos anti-inmigración en Europa? ¿Qué país tuvo a sus medios públicos lanzando el discurso del miedo durante la crisis de los refugiados en 2015? El mismo país al que Olga Rodríguez ha querido presentar como víctima del acoso de la OTAN.

Pero esa idea de que bastantes problemas tenemos ya para que la OTAN se despliegue en el Mar Báltico y busquemos líos confunde el orden de los acontecimientos. Estados Unidos no presionó a la OTAN para meterse en el Mar Báltico por capricho o casualidad. Resulta que fueron los países europeos los que solicitaron a Estados Unidos un mayor compromiso en su defensa tras la Crisis de Ucrania, mientras se reducía la presencia militar de Estados Unidos en Europa en aplicación del “Pivot to Asia” de Obama.

Me saltaré los siguientes párrafos sobre gasto militar y el papel de Alemania para llegar al apoteósico final:

La época de la multipolaridad que hace frente a los excesos e imposiciones estadounidenses ya está aquí. Pero lejos de buscar nuevas vías alejadas del belicismo y de las políticas de la desigualdad, las grandes potencias corren a tomar posiciones para mostrar que están dispuestas a disputarse entre ellas hegemonía económica, militar y geopolítica.

Maravilloso. Olga Rodríguez era de esas personas que se creía que la era de hegemonía estadounidense tras el fin de la vieja Guerra Fría iba a ser sustituida por otra de un orden internacional más pacífico, armonioso y democrático. Advertí de lo que venía en 2015 tras haberlo anticipado en 2013. Ironizaba entonces “si no es gusta el imperialismo yanki, no os preocupéis que tendréis tiempo de disfrutar otros imperialismos”. Algún día alguien dirá que contra Estados Unidos se vivía mejor.