Arabia Saudita y la superioridad moral

El otro día el Real Madrid y el Atlético de Madrid disputaron un partido de fútbol en Arabia Saudita, ese país que dispara el activismo de doble click de los justos en España. La celebración del partido formaba parte, evidentemente, de una campaña para mostrar una nueva imagen al mundo, tras las reformas introducidas en el país y los esfuerzos por atraer turismo

Como era de esperar, la federación de fútbol, los equipos y los medios que participaron fueron objeto de crítica por participar en la “campaña de blanqueamiento” de Arabia Saudita. Queda la sensación que ante el revuelo creado, el diario deportivo Marca se subió a posteriori al carro del periodismo activista justificando su portada, tan criticada, como “un martillazo de realidad“.

En el partido estuvo presente Isabel Ayuso, presidente de la Comunidad de Madrid.  Apareció con el pelo descubierto y un vestido. Durante la entrega de trofeos, estuvo situada al lado de Ahmed Al Mohtaseb, vicepresidente de la empresa Sela Sports, al que en un momento dado le dio una palmada en la espalda.

El aspecto y la actitud de Ayuso sirvió para que muchos desde la derecha española en partidos, medios de comunicación y redes sociales la convirtieran en ejemplo de “feminismo real”, hablando incluso de su “vestido feminista”. La realidad es que desde hace poco no es obligatorio en Arabia Saudita llevar el pelo cubierto para las visitantes del país. Y en el pasado, fue habitual que mujeres con cargos públicos de visita oficial al país lucieran el pelo a la vista. Algo que señalé en Twitter, con fotos de las entonces ministras la española Ana Pastor y la alemana Ursula von der Leyen.

El acontecimiento y su posterior polémica me han llamado la atención porque Arabia Saudita es, junto con Israel, el país de la región que en España queda bien odiar desde el más inocuo postureo. No compromete a nada, ni requiere un mínimo de conocimiento o reflexión. Y además permite practicar el antisemitismo o el racismo de una forma socialmente aceptada. Así, desde la derecha española se ha celebrado estos días que Ayuso realizó un gesto valiente en la propia cara de los “putos moros”. Y es que no olvidemos, en España “moros” es una categoría étnica que describe a los habitantes de la franja que abarca desde Mauritania a Afganistán.

La postura de la izquierda española no es moralmente superior, considerando la larga lista de vergüenzas acumulada en todo Oriente Medio. Tenemos dos ministros del gobierno de coalición de la izquierda que han trabajado para un canal de televisión iraní. Tenemos al Partido Comunista de España compartiendo esfuerzos con la ultraderecha como defensor del régimen de Bashar Al Asad, el mismo que emplea armas químicas contra su población. Y es que no hay nada que dé más pánico a la izquierda española que apoyar a la gente que se juega su libertad y literalmente la vida en países lejanos si eso les coloca en el mismo bando que Washington. Criticar a Arabia Saudita es una forma de lavar las conciencias por el silencio cómplice sobre Siria o Irán.

Todo este activismo de salón y de doble click sobre Arabia Saudita ha de valorarse sólo considerando que la cuestión central aquí no son los derechos humanos o los derechos de las mujeres. Al fin y al cabo, es habitual que el periodismo comprometido español sea cómplice de HAMAS cuando informa sobre Gaza. Arabia Saudita es una excusa para otras cosas, como criticar a la monarquía española. Y es sobre todo una forma de no tener que ir al meollo de las cosas y responder a las preguntas difíciles.

Después del atentado yihadista en Barcelona, me llamó la atención la proliferación de artículos que trataban de relacionar lo ocurrido con las relaciones bilaterales de España y Arabia Saudita. El argumentario manejado decía que era incompatible querer combatir el terrorismo en Europa y mantener buenas relaciones con Arabia Saudita, país cuya ideología oficial inspiraba a los terroristas y que apoyaba con armas a los mismos yihadistas que luego atentaban en Europa. Era un bulo interesado que supongo surgió en una oficina de Teherán. Pero mezclar el conservadurismo reaccionario de Arabia Saudita con el mileranismo revolucionario del Estado Islámico era la excusa para no prestar atención al problema real: los valores de la población musulmana en Europa. La verdadera amenaza a largo plazo para Europa no son los cuatro chiflados que se radicalizan con una ideología que es enemiga de Occidente y de los Al Saud, sino ese sector silencioso e importante de la población musulmana que mantiene valores incompatibles con la democracia occidental. Ahí está el verdadero campo de batalla del siglo XXI. Y ahí sí podemos discutir el papel jugado por Arabia Saudita.

Y esto de lo que les hablo no es un asunto etéreo. Esta misma semana, una organización islamista presionó para vetar la presencia de una persona en un evento literario aquí en España. Zoubida Boughaba iba a dar una charla sobre cuentos populares del Rif, invitada por la Consejería de Educación y Cultura de Melilla. La Comisión Islámica de Melilla pidió que se le declarara “persona non grata” en Melilla por su postura pública en contra del uso del velo, lo que según esta organización constituía islamofobia. Ante las presiones y la polémica, declinó la invitación de acudir a Melilla, aunque finalmente las muestras de apoyo le llevaron a reconsiderar su decisión y aceptar la invitación a participar en el evento. Parafraseando a los jóvenes que se manifestaban en Irán: “Olvidaos de Arabia Saudita. Nuestra lucha está aquí”.

La construcción de narrativas sobre el Estado Islámico

El otro día caí en la cuenta que ya tenemos en las universidades a estudiantes que no habían nacido cuando ocurrió el 11-S. La vida pasa volando y un día te encuentras a ti mismo hablándole a unos veinteañeros sobre acontecimientos, personajes o referentes culturales que marcaron profundamente tu vida para sólo encontrar caras de extrañeza. Y entonces descubres que te has convertido como adulto en el equivalente de aquellos profesores que te hacían gracia porque se les veía totalmente perdidos con las tendencias del momento y hablaban en cambio de cosas trasnochadas.

Cuando debato en redes sociales me tengo que recordar a mí mismo que detrás de esos perfiles anónimos posiblemente hayan estudiantes universitarios que todavía estaban aprendiendo a caminar o leer cuando sucedieron los acontecimientos sobre los que discutimos. Y es que me pasa que, si bien tengo una memoria desastrosa para gran cantidad de cosas, recuerdo con intensidad experiencias y acontecimientos. Y recuerdo perfectamente muchos artículos o debates en Internet, que me hacen preguntar dónde estarán las personas implicadas ahora.

Recuerdo hace años que alguien, de forma muy vehemente, me insistía en que no había despliegue militar iraní en Siria cuando yo había visto las esquelas de iraníes, caídos “en defensa de la mezquita de Sayyida Ruqayya“. Supongo que aquel acto de fe tenía que ver con que, en su cabeza, Irán no podía ser de ninguna manera un país expansionista e intervencionista. Y por tanto era imposible que Irán tuviera fuerzas militares desplegadas en Siria. También recuerdo, por cierto, al experto que dijo que Rusia no era una país intervencionista, no tenía intereses vitales en juego en la guerra civil de Siria y era descartable que interviniera militarmente allí. Pero de eso, hablamos otro día.

La agencia de noticias iraní IRNA incluye entre los logros del general Soleimani “extender la profundidad estratégica de las fronteras de Irán”.

Hoy, podemos encontrar en la Wikipedia una lista de los generales iraníes muertos en acto de servicio en Siria, asunto del que ya se sabía allá por 2015. Y me hace gracia pensar por dónde andará aquel furibundo defensor de la idea del no intervencionismo iraní. Imagino que loando con el mismo entusiasmo al fallecido general Soleimani y sus hazañas de guerra en Siria.

Rescato todos esos recuerdos porque las teorías conspirativas sobre el Estado Islámico son un tema recurrente en Internet y yo sólo puedo recordar los lejanos tiempos del auge y transformación de Al Qaeda en Iraq en Estado Islámico, cuando estas cosas sólo nos interesaban a cuatro gatos en Internet. Eran los tiempos en que Siria se había convertido en una retaguardia del Estado Islámico, después de que su gobierno hubiera permitido que el país fuera la puerta de entrada a Iraq de todos los chiflados yihadistas de la región que querían ir a Iraq a matar estadounidenses. Eran los tiempos en que habían activistas españoles que apoyaban abiertamente a la insurgencia iraquí.

Banner del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe.

Recuerdo que la situación en Siria se había vuelto tan seria que había neocóns recomendando invadir Siria para destruir la retaguardia del Estado Islámico allí. El caso es que la Special Activities Division de la CIA y la Delta Force estadounidenses [*] lanzaron una incursión militar dentro de territorio sirio para asaltar una base del Estado Islámico en la localidad de Abu Kamal el 27 de octubre de 2008. No es casualidad que Abu Kamal terminó siendo el último bastión del Estado Islámico en Siria antes de la caída del Califato.

Todo esto era público y notorio en aquel entonces. Con la salvedad de que, a pesar de la proclamación del Estado Islámico de Iraq en 2006, la prensa y todos nosotros seguíamos hablando de Al Qaeda en Iraq. La pregunta es por tanto, ¿qué pasó para que un día empezaran a circular narrativas sobre el Estado Islámico que situaban su nacimiento durante la guerra civil siria y lo señalaban como una creación estadounidense? Pasó la Nueva Guerra Fría.

Mientras los yihadistas del Estado Islámico de Iraq mataba soldados estadounidenses en el período 2006-2011, el asunto era de interés sólo para los cuatro gatos a los que nos interesaba la “yihadología” en España. Pero tan pronto Rusia e Irán tuvieron intereses en juego en la guerra civil siria sus maquinarias de propaganda se pusieron en marcha para presentar su intervención en la región bajo una luz positiva y cuestionar el papel de Estados Unidos en ella. Tan simple como eso.

Recuerdo la perplejidad de las fuentes sirias ante el avance del Estado Islámico desde el este del país a costa de los grupos rebeldes. Circularon teorías conspirativas que presentaban al Estado Islámico como un instrumento del régimen para cometer atrocidades de todo tipo y desmoralizar a la población civil asumiendo la apariencia de otro grupo yihadista más. Llegaron a circular noticias de que miembros del Estado Islámico capturados en Alepo habían resultado ser miembros del ejército sirio. Esto último me pareció entonces una fantasía para tratar de encontrarle sentido a lo que estaba pasando.

El 30 de septiembre de 2015 comenzó la intervención militar rusa en Siria. Estados Unidos llevaba desde enero de aquel año apoyando con su aviación la ofensiva kurda que había comenzado tras levantar el asedio de Kobane. Era la misma estrategia aplicada en octubre de 2001 en Afganistán: apoyar a las fuerzas locales sobre el terreno enviando a soldados de operaciones especiales para que señalaran blancos a la aviación estadounidense.

La intervención militar rusa en Siria se produjo después de que los grupos opositores al gobierno de Damasco tomaran la práctica totalidad de la provincia de Idlib, amenazando la franja costera del país, la región de mayoría alawita y hogar de la familia Al Asad. Para el gobierno de Damasco perder la costa hubiera supuesto además perder el flujo de material de guerra ruso que llevaba por vía marítima. Así que cuando comenzaron los bombardeos rusos en Siria su objetivo fueron los grupos rebeldes en el norte del país, no el Estado Islámico. Sin embargo, el relato oficial ruso fue que estaban machacando al Estado Islámico.

En las redes sociales, la consigna que circuló fue “Rusia ha conseguido frente al Estado Islámico en tres semanas más que Estados Unidos en un año”. Incluso muchos celebraron que por fin alguien actuaba contra el Estado Islámico, como si no existiera en marcha una operación militar estadounidense en Siria contra el Estado Islámico que estaba dando sus frutos con el avance de la ofensiva kurda desde Kobane al corazón del Estado Islámico en Ar Raqqa.

Que intentos de intoxicación informativa tan burdos de la cadena de televisión iraní HispanTV como el titular “Helicóptero Apache de EEUU escolta caravana de Toyotas de Daesh” calaran en el público responde en principio a la ignorancia del internauta común, que no sabe distinguir un AH-64 Apache de un Mil Mi-24, pero sobre todo de la visceralidad antiestadounidense en el mundo hispanohablante, que lleva a tragarse cualquier bulo pobremente fabricado sobre el Estado Islámico, como ese que dice que Hillary Clinton reconoció que el Estados Unidos había creado el Estado Islámico.

Por supuesto, que la opinión pública española fuera objetivo de campañas de desinformación sobre los conflictos de Oriente Medio con el objetivo de desactivar cualquier corriente de opinión favorable a una intervención de la OTAN que afectara a los intereses de Rusia e Irán era un tema de preocupación para cuatro gatos. Tuvo que venir la crisis catalana de octubre 2017 y el rotundo fracaso del gobierno español en materia comunicativa para que los asuntos de comunicación estratégica empezaran a sonar de oídas en España. El gobierno español de la “derechita cobarde”, con conservadores que miraban con simpatía a Putin, sólo despertó cuando surgió la información de la presunta existencia de operaciones rusas de desinformación sobre Cataluña. Entonces sí. Cualquier cosa menos que les tocaran su Españita. En marzo de 2018 el gobierno nombró una embajadora en Misión Especial para las Amenazas Híbridas y la Ciberseguridad. Una vez más se actuaba en España con el típico furor del converso. A veces pienso qué diría de todo esto mi amigo Jorge Aspizua, la persona que introdujo el concepto de Guerra Híbrida en España y fue ninguneado en vida. Me gusta pensar que brindaríamos con música de fondo como hacíamos en su oficina y nos descojonaríamos de todos ellos.

[*] Ambas organizaciones tienen actualmente otro nombre. Desde 2016, la primera se llama Special Activities Center.

Mujeres en el Mando de Operaciones Especiales

El pasado jueves día 12 me encontré con el titular “Defensa crea un equipo para colar mujeres en Operaciones Especiales“. La polémica quedaba servida. Ya el verbo “colar” daba una idea del sentido de las quejas. Se trataría de compensar el bajo número de mujeres militares sirviendo en el Mando de Operaciones Especiales (MOE) del Ejército de Tierra eliminando el requerimiento de haber pasado el curso en la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales (EMMOE) de Jaca.

El asunto sería una réplica del debate en otros ámbitos, como el empresarial y el académico. ¿Por qué hay pocas mujeres en puestos de responsabilidad? ¿Por qué hay pocas mujeres en carreras técnicas? La respuesta que se maneja habitualmente es que es el resultado de una discriminación estructural que ha de ser combatida con medidas que favorezcan la incorporación de más mujeres. Así, en una convocatoria de empleo del Ayuntamiento de Cheste se le concedía a las mujeres un punto extra, al igual que a las personas con una discapacidad mayor al 65%.

En esta línea el Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos (USMC) encargó un estudio sobre el sexismo en sus filas cuyos resultados se publicaron recientemente. Según el panorama que describía, existe en el Cuerpo un ambiente de franca hostilidad hacia las mujeres en su seno, del que participan incluso las propias mujeres que sí cumplen las expectativas masculinas sobre lo que suponer ser un soldado.

Las noticias de España no mencionan ningún estudio sobre sexismo estructural o sobre las necesidades del servicio. Según el usuario @c_escipion de Twitter, la medida surgió de una visita de la ministra de Defensa, Margarita Robles, al Mando de Operaciones Especiales en Rabasa (Alicante), donde se interesó por el escaso número de mujeres en la unidad.  Según @c_escipion, la respuestas de los mandos fue que un número muy escaso de mujeres pasan las pruebas para convertirse en “boina verde” del Ejército de Tierra. En ese sentido, el periódico Público daba cuenta en octubre de 2017 que hasta aquel entonces un total de sólo once mujeres se habían presentado como candidatas a la EMMOE y  que sólo seis habían obtenido el diploma de operaciones especiales. De ahí surgió, por tanto, la iniciativa de la ministra de que no sea un requisito contar con la capacitación en operaciones especiales para formar parte del Mando de Operaciones Especiales. Así que a partir de ahora, el MOE contará  con un “Equipo de Capacidades Especiales”, formado por mujeres sin la capacitación de operaciones especiales para labores de inteligencia y traducción.

La ministra Margarita Robles en su visita a la sede del MOE en Rabasa (Alicante). Foto vía Zona Táctica.

La polémica del asunto está en considerar si las llamadas “guerrilleras de cuota” serán una carga para la unidad, al ser militares sin las capacidades del resto de miembros de las unidad. Para salir de dudas sobre si esto es algo normal y aceptable habría que mirar fuera de España. Y eso es algo que ya hice en 2016. Escribí un artículo para la revista Ejército titulado “Apoyo a Operaciones Especiales”, donde daba cuenta de cómo en Estados Unidos, Reino Unido y Francia se habían creado unidades o entrenado a personal auxiliar de sus fuerzas de operaciones especiales. Así, en Estados Unidos hay unidades de reservistas para tareas de cooperación cívico-militar (Civil Affairs) y guerra psicológica (PYSOPS o MISO) que dependen del Mando de Operaciones Especiales del Ejército (USASOC). Mientras que en Francia se han creado un número de plazas en determinadas unidades con capacidades especiales, como unidades cinológicas o de guerra electrónica, para personal que recibe un entrenamiento extra para proporcionar apoyo a las unidades de operaciones especiales en misiones o despliegues concretos.

El concepto también llegó a España. Y justo el mes que salió mi artículo (escrito varios meses antes), el MOE anunciaba la prueba del concepto Fuerzas de Apoyo a Operaciones Especiales en un ejercicio. Por tanto, la presencia de personal militar sin la capacitación de operaciones especiales en unidades de operaciones especiales no debería ser a priori tema de escándalo, si se entiende que es para el cometido de determinadas tareas. Diferentes fuerzas armadas han creado pequeñas unidades sólo de mujeres para la realización de cacheos, registros y obtención de inteligencia (HUMINT) en su despliegues internacionales. En el caso de Afganistán, fueron denominados Female Engagement Teams.

Un Female Engagement Team en Afganistán.

Una noticia de El Español sobre el tema apuntaba en esa misma línea, al hablar de “una mayor presencia de mujeres militares para potenciar las relaciones con la población femenina del escenario de operaciones”. La noticia también hablaba de personal, hombres y mujeres, con “una preparación muy definida en diferentes culturas, costumbres e idiomas locales, comunicación o negociación”.

En conclusión, la noticia de la incorporación de personal especializado a unidades de operaciones especiales pero sin la capacitación de operaciones especiales no debería ser polémico si tenemos en cuenta que es una práctica ya prevista en España bajo el concepto de Fuerzas de Apoyo de Operaciones Especiales y habitual en el contexto OTAN. Sin embargo, el criterio a considerar siempre es un mejor cumplimiento de las misiones encomendadas. Y en el caso español planea la duda de si eso ha sido el principal criterio empleado, ya que tenemos un largo historial de medidas tomadas en el Ministerio de Defensa para cumplir toda clase de objetivos políticos ajenos a las necesidades de la Defensa Nacional.

Sobre la überización de las fuerza armadas españolas

Este fin de semana El Confidencial ha publicado un artículo de opinión firmado por París Álvarez con el original título “La ‘uberización’ de las Fuerzas Armadas”. Resulta que me han pedido mi opinión sobre él y el propio autor me contactó por Twitter pidiéndome que ayudara a su difusión. Tengo opiniones encontradas sobre el artículo, así que las despacharé brevemente aquí en vez de un hilo de Twitter.

La idea principal del artículo es que las fuerzas armada españolas han sucumbido a modelos de gestión propios del mundo empresarial que no se adaptan a su particular naturaleza y que han sido puestas al servicio del capitalismo global. Sin embargo, mi impresión es que el autor abusa de la metáfora para tratar los problema de las fuerzas armadas españolas en general, que en mi opinión no se deben a la aplicación de la lógica del capitalismo de plataformas o su puesta al servicio de los intereses del capitalismo global sino a problemas de otra índole.

Transcribo el arranque del artículo.

En los últimos años, el Ejército, modelo de formalidad y consistencia, ha sido invadido por las más experimentales ocurrencias de mercadotecnia: instaurar jornadas partidas de trabajo diurno y nocturno -como los vigilantes de seguridad privada-, sustituir los pagos debidos por días de permiso -como en los call centers-, descontar complementos salariales por bajas médicas -como en los puestos de becario-, bloquear o hacer desaparecer los días de asuntos propios -como en las empresas de contratación temporal-, o dejar las horas extra en un limbo impagado -como le ocurre al 5% de los trabajadores por cuenta ajena-.

Y también la explicación del autor de lo que entiende por el fenómeno de uberización.

Llamamos ‘uberización‘ (por la empresa Uber) al proceso de subordinar sectores públicos nacionales bajo superestructuras privadas globales, cobrando rentas sobre puestos precarios y dañando a los trabajadores cualificados -desde el transporte público con permisos, hasta la hostelería con licencias-.

Creo que si el artículo se hubiera limitado a tratar la gestión del personal habría sido una aportación bastante original e interesante. Desde luego, creo que hay bastantes temas sobre la mesa a debatir: la caída del número de aspirantes a oficial y suboficial, el futuro de la tropa que se va a casa con 45 años, el modelo de reserva voluntaria, etc. Hay otras que requieren abrir un debate que no he visto tratado sino en el mundo anglosajón: la captación y retención de talento en las FF.AA. en materias como la inteligencia y la ciberguerra donde el arquetipo de militar no necesariamente encaja con el tradicional. Y todos lo que el autor detalla y a mí se me escapa.

Tras tratar el tema de la gestión de personal, el autor entra en el meollo de los problemas de las fuerzas armadas españolas: la falta de recursos después del hachazo a sus presupuestos durante la crisis. Y aquí es donde empiezan mis objeciones. Una de las tesis del autor es que el problema de las fuerzas armadas españolas es que han sido puestas al servicio de los intereses particulares de las grandes corporaciones del capitalismo global.

Mi opinión es que el problema del Ministerio de Defensa no está en el capitalismo salvaje sino en el europeísmo mal entendido. Las fuerzas armadas españolas se han convertido en un cliente cautivo de la industria europea porque en Europa se entendía que era incompatible recibir fondos de cohesión (y en París lo mismo sobre disfrutar de la colaboración en la lucha contra ETA) a la vez que tener una política de compras de sistemas de armas totalmente independiente. Véase el caso de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra. Tras la pertinente evaluación, se eligió el helicóptero de ataque AH-64 Apache y el helicóptero de transporte UH-60 Blackhawk de transporte táctico. Se compraron en cambio los Tigre y Super Puma en Europa. Las malas lenguas cuentan que a este último se le llamaba “Mortadelo” por el alias del terrorista etarra extraditado por Francia.

Claro está, sobre el papel, una política industrial de defensa europea era, a priori, una buena idea. Por ejemplo contar con un sistema de geoposicionamiento por satélite como el Galileo impide que llegado el caso desde Washington alguien apriete un botón o haga click y te deje sin GPS. Pero la lista de fiascos industriales de nuestras fuerzas armadas apuntan a Europa: el Eurofighter, el A-400M, el NH90, el Tigre… La última excepción confirma la regla. Defensa.com hablaba el otro día de “colapso” del programa de Vehículo de Combate de Ruedas 8×8 “Dragón” que fabricará Santa Bárbara Blindados (SBB), una subsidiaria española de la estadounidense General Dynamics. Todo el mundo sabía que SBB era el ganador de antemano porque era el único competidor con una fábrica en España.

Cuando no hay competencia ni alternativa no hay incentivo ninguno para hacer las cosas bien. Capítulo aparte es la ausencia de cláusulas de penalización por retrasos en los contratos de compra que firma España. Cláusulas como por ejemplo la que aplicó Australia por los retrasos en la entrega de helicópteros NH90 que le llevaron a recibir uno extra gratis. Y tenemos más problemas. Como la compra de más aviones de transporte A-400M de los necesarios para asegurar su fabricación en Sevilla y que España pintara algo dentro del consorcio Airbus. O la compra con sobreprecio de helicópteros de Eurocopter para garantizar su montaje y los puestos de trabajo en la comunidad autónoma del ministro de Defensa que tuvo la ocurrencia. Sin olvidar la compra con sobreprecio de dos patrulleros de altura para que el astillero público Navantia hiciera su conversión al Astillero 4.0.

Para colmo, tenemos en España unas fuerzas armadas que se encontraron con los hachazos presupuestarios de la crisis justo en el momento en que sucedía uno de esos saltos generacionales en los sistemas de armas, con la entrada de los cazas de 5ª Generación, la generalización de los drones y la madurez de las ciberarmas. Y mientras, unos presupuestos atados a la losa de los grandes programas europeos que se salían de madre presupuestaria. Ahí, no hay lógica neoliberal del capitalismo de plataforma que valga. Es el complejo militar-industrial de toda la vida avanzando hacia su máxima ineficacia.

El artículo reproduce una idea que le escuché a un político español: que en España el problema de las fuerzas armadas es la compra de sistemas de armas innecesarias y por tanto absolutamente inútiles. Ahí ya entramos en el terreno del hablar por hablar dentro de la escuela “lo que no se usa en misiones de paz no sirve para nada”. La primera y fundamental tarea de las fuerzas armadas es proporcionar la paz mediante la disuasión. Y ahí entra el contar con un buen número de sistemas de armas para la guerra convencional y a militares entrenados para usarlos que posiblemente lleguen al final de su servicio sin haber entrado nunca en combate real. Los problemas están en la industria europea y sus sobreprecios, retrasos en la entrega y capacidades finales por debajo de las esperadas. No en unas fuerzas armadas comprando sistemas de armas inútiles por capricho.

Lo que me chirría del artículo es que interpreta la realidad a su manera para que encaje en ese modelo de fuerzas armadas al servicio del capitalismo global. Los problemas del Sahel tienen que ver con algo más que proteger a las empresas mineras francesas. Y el despliegue de las fuerzas armadas en las Repúblicas Bálticas no tiene nada que ver con proteger el gasoducto Nordstream 2, que es un proyecto germano-ruso y cuenta con la oposición estadounidense.

Hay pasajes del artículo que me dejan perplejo.

[L]o que a menudo equivale a la obligación de adquirir carísimo material cuyo uso es innecesario, cuya durabilidad es dudosa y cuyo mantenimiento es incosteable. Habitualmente, el resultado final es su reventa -además abaratadísima, por ser ya de segunda mano- a potenciales adversarios, como ha sido el caso de los helicópteros de ataque AH-64E Apache para Marruecos, o bombas y granadas para Turquía.

¿Se refiere al autor a que España  le ha revendido helicópteros Apache a un potencial enemigo como Marruecos? España nunca ha tenido helicópteros Apache.

[L]a falta de confianza de la clase política en la producción española ha llevado a la práctica desaparición de CETME (Centro de Estudios Técnicos de Materiales Especiales)

¿La “práctica desaparición de CETME? Ese centro dejó de existir hace mucho tiempo. Los fusiles CETME L fueron fabricados por la Empresa Nacional Santa Bárbara.

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[L]a presión alemana logra vendernos carros de combate Leopard de 63 toneladas -cuando el límite de carga de nuestros aviones es de 44.

Jamás se planteó en España contar con aviones de transporte estratégico capaces de llevar carros de combate. Y creo que todo el mundo estará de acuerdo que la compra de los Leopard 2E respondió a un análisis razonado de los modelos en el mercado.

Tengo la sensación de que hay pasajes del artículo donde la búsqueda de un efecto literario  o la contundencia de los argumentos se ha puesto por encima de la veracidad o la exactitud. Ya saben lo que pienso de hablar en 2019 de Blackwater: “Los mercenarios de la antigua Blackwater crecen al vertiginoso ritmo de los fondos de inversión Blackrock y Blackstone. Todo muy negro”. Y tener como fuente a “cierto teniente” , que habla mucho por hablar, es no haber buscado las mejores fuentes.

Concluyendo. Se puede hablar mucho y mal de la política de Defensa en España, de la gestión de personal de sus fuerzas armadas y de la desastrosa gestión de sus grandes programas. Pero creo que se puede hacer sin los fuegos de artificio del capitalismo post algo punto cero.

“Op Banner: An Analysis of military operations in Northern Ireland” del estado mayor del ejército británico.

Usé, como marco teórico, ideas y modelos sobre insurgencias en mis dos textos más importantes sobre la crisis catalana:  “El 1 de octubre en Cataluña y las Guerras de Cuarta Generación” (05/10/2017) sobre los acontecimientos del 1 de octubre de 2017 a la luz de las ideas de William S. Lind y “El independentismo catalán falló el 21-D” (25/12/2018) sobre el intento de colapsar las redes de comunicaciones viarias de la región el 21 de diciembre de 2018 a la luz del modelo teorizado por John Robb en su blog Global Guerrillas en 2004 y desarrollado luego en su libro Brave New War. Así que me llamó mucho la atención encontrarme en el portal informativo catalán Vilaweb un informe del estado mayor del ejército británico sobre el despliegue y operaciones militares en Irlanda del Norte (1969-2007), la llamada Operación BANNER.

 

La actual situación de Cataluña, e incluso la del País Vasco en sus años más duros, no puede compararse con el conflicto de Irlanda del Norte por una larga lista de razones. Pero la lucha contrainsurgencia es un asunto que me llamó la atención desde los comienzos de este blog. Y un informe así es relevante por el ejercicio de evaluación autocrítica y transparencia que supone. Me gustaría leer un informe equivalente sobre el papel de España en lugares como Afganistán, Iraq, Mali, etc.

El informe aparece fechado en julio de 2006 y fue hecho público al año siguiente. Lo más interesante en él, obviamente, son las conclusiones del capítulo 8. Pero arranca haciendo una descripción del territorio y los actores implicados, lo que sirve de introducción para aquellos no familiarizados con las claves del conflicto.

La idea principal del informe es que el ejército británico careció de una estrategia coherente durante su despliegue en Irlanda del Norte. Su principal actividad fue allí fue mantener puestos de observación, establecer controles de carreteras (permanentes y temporales) y patrullar las calles. Las particularidades de estas operaciones, que son las que el imaginario colectivo asocia a Irlanda del Norte, son descritas con detalle. Pero todas estas actividades nunca fueron encuadradas en un gran plan que respondiera a objetivos estratégicos y operacionales. Según el informe, “hubo una falta de sentido de propósito a largo plazo, planeado y sistemático durante la mayor parte de la campaña” (párrafo 536) ya que “un plan de campaña debería integrar actividades estratégicas, operaciones y tácticas”, trasladando las intenciones del escalón de mando superior a “misiones coherentes para los subordinados en cada nivel” (párrafo 816). Además, se echó en falta una mejor coordinación con las fuerzas policiales y la existencia de un mando único, que no necesariamente hubo de ser militar. Curiosamente el texto usa un término en español: se echó en falta un “supremo” (párrafos 817 y 852).

La falta de un plan coherente en sus distintos niveles táctico, operacional y estratégico no se achaca a la falta de capacidad del mando, sino al contexto histórico. No se veía entonces la conexión entre las acciones y un plan coherente al nivel operacional (Párrafo 414). El informe recuerda que el concepto Preparación de Inteligencia del Campo de Batalla (Intelligence Preparation of the Battlefield) no apareció hasta los años 90 y que el concepto de Enfoque Integral (Comprehensive Approach) había aparecido poco antes de la redacción del informe). Al final, el resultado de la campaña respondió más que otra cosa al buen juicio y quehacer de los profesionales al mando en Irlanda del Norte [Párrafo 410). El informe señala también que muchas innovaciones tácticas en Irlanda del Norte, como por ejemplo el procedimiento de búsqueda de artefactos explosivos, fueron siempre idea de unos pocos jóvenes oficiales (párrafo 846).

Una de las ideas más interesantes del informe es cómo explica la naturaleza de las insurgencias. Según el informe “una insurgencia se alimenta de la insastisfacción y la insatisfacción se basa en la percepción”. A su vez, la percepción se enmarca en una cultura (párrafo 821). De ahí que una importante necesidad en una campaña de insurgencia es entender la cultura local y cómo se articulan los agravios percibidos, reales o no. Según el informe, la etapa fundamental que define el conflicto es su comienzo: la “violencia en las primeras etapas crea amargura, odio y visiones extremistas que pueden durar generaciones” (párrafo 802).

Foto: Chris Steele-Perkins / Magnum (vía The New Yorker)

En el caso de Irlanda del Norte, se señala que una estrategia efectiva hubiera sido atender las necesidades de la población local en materia de vivienda. Por ejemplo, proporcionar mejores viviendas a la población hacinada en viviendas sociales de la era victoriana. El informe llega a afirmar que hubiera sido más efectivo demoler el complejo Divis Flats y asignar una nueva vivienda a sus habitantes que emplear todos los recursos que se gastaron en patrullar y pacificar ese complejo de viviendas.

Si las percepciones articulan el conflictos, las operaciones de información se convierten en un arma fundamental. Así que otra conclusión principal de mi lectura del informe es que en una insurgencia, información e inteligencia resultan los asuntos cruciales. De hecho, a finales de los años setenta, uno de cada ocho militares regulares británicos sirviendo en Irlanda del Norte “estaba directamente implicado en inteligencia” (párrafo 503). Además se destaca el papel de los asesores científicos (SCIAD) que ayudaron enfrentar amenazas como la de artefactos explosivos caseros accionados a distancia (párrafos 707 a 711).

Es interesante que el informe no entra a debatir con profundidad si Irlanda del Norte fue una campaña victoriosa o no. Se trata de un informe para entender cómo el ejército realizó su misión y qué aspectos de ello fueron mejorables. El informe señala que las fuerzas de seguridad no pueden ganar a una insurgencia por sí mismas mediante campañas militares. Sólo pueden reducir el nivel de violencia a un nivel en el que la vida cotidiana puede desarrollarse sin intimidación y en el que las fuerzas opositoras asumen que no pueden ganar con una estrategia violenta (párrafo 809). Así, “la violencia fue reducida a un grado que le dejó claro al PIRA que no podría vencer mediante la violencia” (párrafo 855).

El informe me ha parecido bastante interesante. Y durante su lectura uno no puede dejar de hacer comparaciones con las misiones presentes de las fuerzas armadas españolas, donde encontramos una enorme rotación de personal y una brecha cultural con las poblaciones locales. El propio informe señala lo difícil que es trasladar lecciones de un conflicto a otro. Y cómo siempre se han de desarrollar soluciones adaptadas a las circunstancias locales. Es irónico pensar que la experiencia británica en Irlanda del Norte le proporcionó al ejército británico un elevado prestigio en materia de guerra irregular, a lo que había que sumar la experiencia de las small wars británicas previas (Malasia, Chipre, Omán,  etc), para concluir en Iraq y Afganistán con lo que los varios autores denominan como derrotas. Véase por ejemplo: Ministry of Defeat: The British War in Iraq 2003-2009 y Unwinnable: Britain’s War in Afghanistan, 2001–2014. Y que conste, dudo que un escrutinio a la experiencia española en ambos países resista el mínimo análisis. De ahí que sólo cabe aplaudir esta clase de ejercicios de autoevaluación.

Las Guerras Toyotas según el teniente coronel Frías Sánchez

Una de las ventajas de escribir para el público español es que uno encuentra un tema relevante, se duerme en los laureles y no viene nadie a pisártelo porque somos cuatro gatos en el mundo de la seguridad y defensa. Pero hay excepciones.

El tema de las “Guerras Toyota” del Chad (1986-1987) me fascinó desde que leí sobre ellas, recién derrotadas las tropas libias, en el suplemento dominical Antena Semanal que acompañaba al Diario de Avisos, el periódico local que se leía en casa. Muchos años después, me encontré un montón de información en un artículo de Tom Cooper en acig.info, que luego terminaría volcada en el libro Libyan Air Wars. Part 3: 1986–1989. Y de ahí, nuevamente a un artículo de Tom Cooper en la revista del ejército austriaco en 2009 titulado “45 years of Wars and Insurgencias in Chad“. Esas y otras lecturas me sirvieron de inspiración para escribir “Swarming en el desierto” allá por 2011 o más recientemente “De la guerra nómada en los océanos de área del Sahel a la guerra en red” en 2018. Mientras tanto, tuve la idea de volcar todo eso en papel en artículo para la revista Ejército del Ejército de Tierra. Pero he ahí que mientras todos esos proyectos dormían en el disco duro, alguien se me adelantó: el tenientel coronel Carlos Javier Frías Sánchez [nota: en fecha posterior a la publicación de sus artículos he visto que ha ascendido a coronel]. Y nada menos que con dos artículos.

Soldados chadianos en la batalla de Fada (enero 1987). (Photo by Raphael GAILLARDE/Gamma-Rapho via Getty Images)

El artículo “La guerra de los Toyota” fue publicado en la revista Ejército nº906 de octubre de 2016.. Fue merecedor del premio al mejor artículo en los premios “Revista Ejército” de 2017. Arranca narrando el ataque chadiano sobre la base libia de Fada el 2 de enero de 1987 y comparándolo con el ataque contra la base de AMISOM en El Adde del 13 de enero de 2016.

A partir de ahí, el artículo explica las Guerras Toyota hablando de movilidad y potencia de fuego, el carácter nómada de las fuerzas y el empleo de tácticas de swarming: la dispersión durante la fase de acercamiento del objetivo para concentrase sólo antes del ataque. El teniente coronel Frías Sánchez menciona que “emplean el terreno como los navíos el mar”, una comparación hecha ya entonces por Lawrence de Arabia, y menciona también los “ataques de decapitación”, aunque sin nombrar el concepto de “rezzou” o “razzia”. Llegados a este punto el artículo no habla ya de “Guerras Toyota” sino de “fuerzas Toyota” para referirse a cualquier conflicto donde se usen vehículos todoterrenos con armas colectivas en la caja trasera. Esto es, los “technicals”.

Y es que estaríamos hablando de dos cosas. Una cosa son las tácticas de guerra nómada, con largos raids a través del desierto del Sáhara o la sabana del Sahel como Chad y Sudán. Y otra cosa es el empleo extendido de todoterrenos civiles con armas colectivas a modo de Fire Support Vehicle. En cualquier caso, el artículo habla de la extensión del uso de vehículos todoterreno 4×4 armados a Mali, Sudán, Somalia y República Centroafricana.

El artículo termina con una reflexión sobre la relevancia de este tipo de tácticas, poniendo como ejemplos la toma del poder en República Centroafricana por parte de la fuerzas rebeldes en 2013 y la rendición negociada de fuerzas sudafricanas el 23 de marzo de 2013 en Bangui. A partir de ahí se pregunta si las fuerzas ligeras que los países europeos están instruyendo en lugares como Mali, República Centroafricana y Somalia para establecer guarniciones y proteger el territorio son las más adecuadas para enfrentarse a las “fuerzas Toyota”.

El segundo artículo del teniente coronel se titula “El tiburón en el mar: los Toyota en el desierto” y fue publicado por la revista Ejército en su número 935 de marzo de 2019. El artículo arranca diferenciando el empleo de “fuerzas Toyota” en lugares como Chad y Mali con su uso en lugares como Kenia y República Centroafricana.

Mercenarios en la Crisis del Congo (1967). Foto vía Reddit.

El artículo no lo menciona, pero el empleo de todoterrenos con armas colectivas no fue algo novedoso en África con la guerra del Chad. Antes de las Toyota Wars, tuvieron lugar los grandes raids del Frente Polisario a finales de los años 70. Y antes de eso, los mercenarios europeos emplearon vehículos Jeep Willys en el Congo en los años 60. Así que su presente uso en lugares tan diferentes como las arenas del norte de Mali, las zonas de sabana de Somalia o el bosque tropical de la República Centroafricana tuvieron antecedentes décadas atrás.

Este segundo artículo vuelve a presentar una caracterización de las “fuerzas Toyota” y de los ejércitos africanos. El planteamiento del teniente coronel Frías Sánchez es que la organización de los ejércitos africanos a imagen y semejanza de los europeos es un error ante la circunstancias locales, ahondando en lo presentado en el artículo anterior. Da bastante que pensar en el caso de Mali.

A continuación habla de la guerra en el desierto y toma las lecciones recogidas por el general alemán Alfred Toppe en una obra publicada por el ejército estadounidense en Desert Warfare: German Experiences in World War II. Llega a la conclusión de que las “fuerzas Toyota” cumplen las recomendaciones y lecciones presentadas por el general Toppe.

Por último, el segundo artículo del teniente coronel Frías Sánchez trata de recoger las flaquezas de las “fuerzas Toyota” con el propósito de poder combatirlas más efizcamente.  A saber:

  • vulnerabilidad ante el poder aéreo
  • vulnerabilidad en el desierto ante los sensores SAR
  • armas de menor alcance que las de los ejércitos regulares (cañones de carro, misiles anticarro, artillería, etc)
  • logística limitada
  • capacidades defensivas limitadas
Sistema SLAR instalado en el lateral de un C-130 marroquí. Foto: Keith C. Svendsen.

Curiosamente el caso del Frente Polisario es mencionado por primera vez en estos dos artículos para hablar del muro construido por Marruecos en el Sáhara Occidental, como ejemplo de estrategia para frenar a las “fuerzas Toyota”. La última recomendación del teniente coronel Frías Sánchez es “la adopción de tácticas ofensivas contra este tipo de fuerzas” y “desarrollar una doctrina específica de combate en el Sahel”.  Así, merece la pena ver a las fuerzas francesas en Níger montadas en Toyota Land Cruiser serie 70 en la frontera de Níger y Mali.

Los dos artículos, que enlacé más arriba, son altamente recomendables. Hay que alegrarse que haya militares españoles que se animen a escribir fuera de los temas habituales y autocomplacientes, animando a hacer una autocrítica de la labor europea en África. Yo por mi parte, veo que todavía merece la pena terminar aquel artículo específico sobre las Guerras Toyota (1987-1988) en Chad que tengo guardado en el disco duro. Y veo que merece la pena ahondar en el estudio de la experiencia histórica del Frente Polisario, que fue anterior a la chadiana y que vemos que en España está pendiente de abordar seriamente desde la historia militar.

“Fauda”, de la segunda a la tercera temporada

Hacer una reseña de la segunda temporada de “Fauda”, la serie de televisión israelí, es una de esas cosas que se me quedó pendiente. Pero luego pasó tanto tiempo desde su estreno en Netflix España que dejó de ser un asunto novedoso y terminé por decidir no escribir al respecto. Sin embargo, este verano llegaron noticias de la tercera temporada. Así que tengo una buena excusa para hablar sobre ella.

Los protagonistas de “Fauda” son los miembros de una unidad militar israelí que trabaja de incógnito en poblaciones palestinas. En el mundo real existen unidades así, tanto en las fuerzas armadas como en la policía de Israel, donde se conocen como unidades “mista’arvim” (“arabizadas” o “que viven entre los árabes”). Y al menos se conoce la existencia de la unidad militar 212 (“Duvdevan”) que opera en Cisjordania.

La primera temporada (aquí mi reseña y aquí la reseña de Eli Cohen) arrancaba con Doran Kavilio, un antiguo miembro de la unidad viviendo con su familia y tratando de sacar adelante una explotación agrícola. Un día le visita un antiguo compañero para contarle que un famoso terrorista de HAMAS, al que se daba por muerto, no sólo está vivo sino que se tiene información de que pretende acudir a la boda de su hermano. Doran se reincorpora a su antigua unidad para una sola misión, que desencadena la espiral de acontecimientos que ocupa toda la primera temporada.

La serie resultó un éxito porque, al contrario de las típica ficción estadounidense, aquí los árabes no eran personajes bidimensionales. La trama mostraba los dos lados de la historia, con personajes palestinos interesantes dotados de motivaciones y trasfondo. De hecho, por lo visto, la serie, ha tenido bastante éxito en países árabes de Oriente Medio como Emiratos Árabes Unidos. Un detalle menor pero importante, por ejemplo, es que unos y otros personajes hablan en sus lenguas nativas. No tenemos, como es costumbre, a personajes árabes hablando con mucho acento de forma caricaturesca. Así que mi recomendación, cómo no, es que se hace imprescindible ver la serie en versión original.

El éxito internacional de la primera temporada de “Fauda” llevó, cómo no, a la producción de una segunda temporada (aquí la reseña de Eli Cohen). Y aquí volvimos a la misma trama argumental. El hijo de uno de los personajes palestinos muertos en la primera temporada vuelve de Siria con ganas de venganza y la intención de crear una célula del Estado Islámico en Cisjordania para organizar un atentado terrorista con muchas víctimas civiles. Nuevamente Doran Kavilio se verá atrapado en una espiral de muertes y violencia que hará que su vida no vuelva a ser la misma.

La segunda temporada tiene todo lo que hizo destacable a la primera. Los israelíes no aparecen retratados como ángeles, vemos torturas y el fin siempre justificando los medios. Los palestinos son personajes complejos. Vemos los equilibrios a los que juegan los miembros de la Autoridad Palestina, los chanchullos asociados a toda lucha armada y a personas que quieren llevar una vida normal ajenos al conflicto. Esa violencia genera una espiral sin fin en la que cada acción genera una reacción y vuelve a iniciar el ciclo.

Sin embargo, esa trama principal en torno a un “súper terrorista” palestino me pareció que cómodamente repetía la fórmula de la primera temporada y me dejaba con la pregunta de cuántas veces la serie iba a contar la misma historia. La respuesta la tenemos en la tercera temporada, que transcurrirá en Gaza y augura novedades.