Sahara Sunset

La historia arranca allá por 2018 cuando veo que la editorial británica Helion Books, especializada en historia militar, anuncia la publicación del libro Showdown in Western Sahara de Tom Cooper y Albert Grandolini. Contacté entonces con Tom Cooper para preguntarle por el contenido del libro, que llevaba el subtítulo Air Warfare Over The Last African Colony, 1945-1975. Imaginé que el libro iba a prestar especial atención a las operaciones del Ejército del Aire porque a ojos extranjeros la actividad a finales de los años cincuenta de las versiones españolas del Me-109, He-111 y Ju-52, diseños alemanes que participaron en la Segunda Guerra Mundial, resulta exótico.

Que el título del libro incluyera Vol.1 significaba que habría al menos una segunda parte. Y quise saber si ese segundo libro se centraría, esta vez sí, en los combates terrestres de la Guerra de Ifni-Sáhara y las escaramuzas del ejército español con el Frente Polisario y fuerzas marroquíes en los últimos años de la presencia española en el Sáhara Occidental. Pero lo que me contó Tom Cooper es que ese segundo libro trataría la Guerra del Sáhara (1975-1991). Pero que si tan interesante me parecían algunos temas y tan accesibles las fuentes españolas, escribiera de ello yo mismo porque veía factible publicar libros sobre la historia militar española del siglo XX en el antiguo Protectorado español de Marruecos y en la antigua África Occidental Española.

La tarea en principio parecía fácil. Sólo se trataba de contar al público angloparlante lo que la historiografía española ya había investigado antes. Véase por ejemplo Arde el desierto. La guerra de Ifni-Sahara de Juan Pastrana Piñero, que con sus casi 400 páginas es el resultado de una tesis doctoral. Pero la idea de hacer un refrito del trabajo de otros, por mucho que fuera la opción más cómoda, no me resultaba un reto estimulante. Desde luego, si iba a hacer el doble esfuerzo de escribir un libro y escribirlo en inglés, quería que fuera de un tema que me interesara de verdad. Y a mí, de lo que me apetecía hablar era de la guerra en el desierto: la experiencia española (1970-1976) y las largas incursiones del Frente Polisario en Marruecos y Mauritania después (1976-1981). Pero sobre todo, si iba a embarcarme en un proyecto así quería que aportara algo nuevo. Lo que suponía ir a las fuentes originales y hablar con los veteranos. El proyecto empezaba a suponer una carga de trabajo que me desbordaba y lo dejé congelado.

Hace poco, salió el segundo volumen de Showdown Over Sahara: Air Warfare Over The Last African Colony 1975-1991. Retomé el contacto de nuevo con Tom Cooper y nuevamente la conversación volvió a aquel proyecto mío de libro sobre la experiencia española en el Sáhara Occidental (1970-1976). Y me puse en marcha. Pedí a mis seguidores de Twitter y Facebok que me pusieran en contacto con veteranos del Sáhara Español. Empecé a acumular bibliografía e información de Internet. Busqué en las bases de datos de la Biblioteca Nacional y la red de bibliotecas públicas de Madrid. Y por el camino empezó a tentarme la idea de prolongar el periodo histórico cubierto por el libro para cubrir los primeros años del Frente Polisario y sus largos raids en Marruecos y Mauritania, en caso de disponer las fuentes adecuadas.

Ilustración de la revista Defensa.

Mientras tanto, Tom Cooper contó que había acumulado tanto material interesante sobre algunas batallas de aquella guerra que barajaba la posibilidad de escribir un libro adicional sobre ellas. Se me ocurrió que podríamos unir esfuerzos. Pero según él, sus proyectos de libros no eran excluyentes de los míos. Veía factible que libros diferentes trataran dentro de la colección Africa@War de Helion Books los mismos hechos, inclusos con perspectivas que se contradijeran. Y proponía que si yo acumulaba suficiente material durante la elaboración de mi libro, preparara un segundo sobre la experiencia de las “Land Rover Santana Wars”, la versión hispana de las “Toyota Wars” chadianas protagonizadas por la Agrupación de Tropas Nómadas y el Frente Polisario.

Land Rover Santana de la Agrupación de Tropas Nómadas del Sáhara Español.

El hecho es que la serie Africa@War de Helion Books ofrece libros generales de conflictos, como la guerra de Rodesia (Bush War Rhodesia 1966-1980), junto con otros específicos sobre unidades que participaron en aquella guerra (Selous Scouts), campañas (Zambezi Valley Insurgency), operaciones (Operation Dingo) y tácticas (Fire Force). Es decir, ni la publicación de Showdown Over Sahara: Air Warfare Over The Last African Colony 1975-1991 ni la publicación de mi proyecto de libro sobre la salida española del Sáhara Occidental (1970-1976) no agotaría la posibilidad de posteriores libros sobre temas específicos.

Así que, recapitulando, lo que tengo sobre la mesa es un proyecto de libro que, 1) tras introducir al lector sobre la geografía física y humana del Sáhara Español, además de establecer el contexto histórico, 2) describiría la presencia militar española en el Sáhara Occidental 3) explicaría la aparición del Frente Polisario (1973) y las acciones de la insurgencia saharaui 4) relataría la crisis con Marruecos que llevó a la Marcha Verde y 5) explicaría la salida española en su vertiente política y militar (operación GOLONDRINA).

La previsión es que el libro tenga un mínimo de 40.000 palabras. Dada la política editorial de la colección, tendrá que incluir muchas fotos. Me gustaría que estuviera escrito antes del final del verano, para dedicar el último trimestre del año a mi siguiente proyecto de libro: Guerras Conectadas.

Todavía tengo que contactar con asociaciones de veteranos, presentar el proyecto y recopilar fuentes orales. Pero si algún lector de este blog conoce personalmente a alguien que sirviera en el Sáhara Occidental entre 1970 y 1976, o que participara en la Operación GOLONDRINA, le pediría que contactara conmigo en mi dirección personal jpereztriana (a) gmail.com-

La estética rusa militar en la Nueva Guerra Fría

La fascinación y las conexiones de los nacional-populistas con la Rusia de Putin es algo que ya he mencionado aquí, desde Cristina Fernández de Kirchner a Marine Le Pen, pasando por Matteo Salvini. Asunto aparte son las extrañas paradojas de la Nueva Guerra Fría. Vladimir Putin presume de buena relación con Benjamin Netanyahu y Donald Trump, mientras Russia Today publica contenido furibundamente antisemita y el ejército de Estados Unidos se refuerza en Europa para defenderse frente a Rusia.

Esas paradojas explican la aparición de teorías conspirativas como QAnon, que presentan a un Donald Trump enfrentado a oscuras fuerzas del establishment político estadounidense en una batalla que tiene lugar en las sombras y de la que el presidente va dando noticias mediante referencias veladas. Así, los seguidores más acérrimos lograr justificar las decepciones sufridas y los comportamientos más extraños de Trump. El presidente querría avanzar en su agenda nacional-populista, pero no puede. Y no es tonto. Sólo finge.

En las últimas semanas se han producido en Estados Unidos dos manifestaciones significativas a favor de la libre tenencia de armas, una en Richmond (Virginia) el 20 de enero y otra en Frankfort (Kentucky) el 31 de enero. En ambas ocasiones, los asistentes acudieron con sus armas y luciendo una estética paramilitar que inmediatamente me hizo recordar al fenómeno de las milicias surgidas en los años noventa en Estados Unidos.

Escribí durante la campaña electoral de 2016 sobre el fenómeno, que recuerdo me llamó mucho la atención en su momento por su asociación con las teorías conspirativas del Nuevo Orden Mundial. El término fue popularizado por el presidente George Bush padre en un discurso de enero de 1991, pero entre la ultraderecha estadounidense ganó popularidad por un libro del telepredicador Pat Robertson. Las teorías conspirativas hablaban de que el gobierno de Bill Clinton iba a ceder la soberanía estadounidense a un gobierno mundial, lo que se vería precedido de una confiscación masiva de armas y el confinamiento de los disidentes en campos de concentración. El gobierno de Clinton llevaría a cabo desplazamientos internos de población mediante el empleo de la agencia federal de emergencias FEMA y ejercería un poder dictatorial con la ayuda de tropas rusas, que estarían ya estacionadas en secreto en suelo estadounidense. Otro elemento típico del folklore de aquellas teorías eran los “helicópteros negros“.

El perfil sociodemográfico típico del asistente de ambos eventos (hombre blanco conservador con sobrepeso) encaja con el de los miembros de aquellas milicias de los años 90. Ya aquel entonces hubo quien enfocó el asunto desde el punto de vista de la crisis de la masculinidad tradicional. No se trataría solo de que hombres alejados de los cánones heteronormativos de belleza hagan un cosplay que les haga vivir sus fantasías de frustrada hombría, sino de participar en una actividad que genera vínculos y proporciona significado a sus vidas.

Foto vía 2A Organizer.

En el caso de la manifestación en Virginia me llamó la atención una pareja (ella es la única mujer armada que recuerdo) donde él llevaba una variante del uniforme ruso de montaña Gorka. En una era de copias chinas baratas del uniforme militar estadounidense ACU en diversidad de patrones de camuflaje, la elección de la ropa no me pareció casual. La segunda concentración de manifestantes armados nos brindó unas cuantas imágenes llamativas.

Que un montón de manifestantes armados se paseen por la sede del poder legislativo en Kentucky dice mucho del privilegio blanco. Pero lo relevante para lo que nos ocupa es la estética.

El camuflaje de la derecha es un diseño ruso llamado SS-leto. Las tres rayas blancas es, evidentemente, una copia del diseño de los chándal Adidas, tan populares en Rusia. Se trata de un chándal producido en Rusia por la empresa Mordor Tac. y denominado Gop Tac.

Chándal Gop Tac de Mordor Tac.

El nombre Gop Tac es un juego de palabras con gopnik, el término ruso que designa a la cultura juvenil de los barrios pobres de Rusia y otros países eslavos.

Fotomontaje que presenta a Putin con varios elementos estereotípicos de los gopnik: ropa negra, chándal Adidas y en posición de cuclillas con los talones apoyados.

La elección de la ropa no fue casual. Y la referencia a la cultura gopnik estuvo presente en el acto de prostesta en Kentucky.

Foto: Alton Strupp/Courier Journal.

Conociendo la predilección de la alt-right estadounidense de trolear a los medios de comunicación, el gesto podría tratarse de una broma para incitar a la prensa a titular de forma sensacionalista sobre hipotéticas conexiones con Rusia. Pero el uso de prendas militares de origen ruso es un fenómeno que he visto repetirse en Estados Unidos últimamente y tiene un significado político nada inocente.

Las milicias surgidas en los años 90 imitaban deliberadamente a las fuerzas armadas estadounidenses. Reservaban la hostilidad hacia el gobierno Clinton y las Naciones Unidas. Ahora en cambio la ultraderecha estadounidense imita la estética de las fuerzas especiales rusas, cuyos miembros de forma oficial o encubierta, mediante la apariencia de milicias o empresas militares privadas, han intervinieron primero en Crimea, Ucrania Oriental y luego en Siria y Libia. Esto ha supuesto que se les haya visto con una mezcla de prendas militares y de marcas comerciales, tanto por la libertad que tienen de elegir su material como porque pretendían esconder su afiliación. Así que los militares rusos han pasado de aparecer en las teorías conspirativas de los años 90 como los ejecutores de los malvados planes del presidente Clinton a ser una referencia estética para un sector de la derecha estadounidense.

Mientras tanto, arrancaron hace poco los ejercicios militares Combined Resolve XIII de la OTAN donde participan 17 países, incluyendo Georgia y Ucrania. El supuesto del ejercicio presenta la invasión de territorios de países de Europa Central y el Báltico por un país que emplea “los medios inherentes a los conflictos militares modernos, en particular movimientos separatistas, formaciones armadas ilegales, información e influencia psicológica, propaganda, etc.  Los militares que cumplen el papel del enemigo vestían de la siguiente guisa:

De Guerras en Red a Guerras Conectadas

Entregué el manuscrito de mi primer y único libro hasta la fecha en agosto de 2009. El libro salió a luz allá por junio de 2010. Y en el tiempo que transcurrió en medio decidí escribir sobre las guerras en red, un tema que no había tenido encaje en el hilo conductor de Guerras Posmodernas. El problema, como expliqué en su momento, era que yo pretendía escribir sobre cómo las tecnologías de comunicación en red estaban abriendo paso a un mundo de redes distribuidas. El problema fue que, cada vez que profundizaba en alguno de los temas del libro, me encontraba con el empleo de redes de comunicación pero no con la desaparición de las jerarquías. Así que el proyecto terminó abandonado en una carpeta del disco duro.

El libro de Guerras Posmodernas, todo sea dicho, fue maltratado por la editorial, que desapareció poco después. Así que no transcurrió mucho tiempo desde su publicación que pensé que necesitaba ser corregido y ampliado. Y así, tuve en mi ordenador los guiones de los dos libros que iba modificando continuamente sin que nunca arrancara a trabajar en serio en ninguno de los dos. Para colmo, en estos diez años se me fueron ocurriendo una sucesión de proyectos de libro que ocuparon mi cabeza y nunca se materializaron, en lo que es una incapacidad de concentrarme en un solo tema que raya lo patológico.

Y así, hasta el pasado viernes en el que se me ocurrió la enésima reorganización de los guiones de ambos proyectos de libro. Y entonces se me ocurrió simplificar el que manejaba de Guerra en Red y robar un capítulo de lo que tendría que ser la segunda versión de Guerras Posmodernas para crear un nuevo proyecto más corto y en un tono divulgativo. El título provisional es Guerras Conectadas. Mi idea es leer mucho y escribir relajadamente durante 2020 para que salga en 2021.

El nuevo proyecto de libro arrancará con la euforia tecnológica de la Operación DESERT STORM y las dos corrientes de pensamiento surgidas en Estados Unidos. Una, optimista sobre la superioridad estadounidense (Revolución en los Asuntos Militares, Transformación, matrimonio Toffler y Guerras de la Tercera Ola, etc) y que da lugar al concepto Network Centric Warfare, pensando siempre en potencias militares que quieran disputar la hegemonía a Estados Unidos (peer competitor). La otra surge en el seno de la RAND Corporation, de mano de John Arquilla y David Ronfeldt que valoran también las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías pero ponen énfasis en el potencial impacto en las organizaciones y en uso por nuevos actores. El 11-S pilló a su obra cumbre, Networks and Netwars, camino de la imprenta. Se puede decir que este capítulo del libro desarrollaría el contenido del epígrafe “La revolución ignorada” de mi artículo “La tentación de la guerra tecnológica o el camio hacia el Air-Sea Battle Concept“, publicado por la Revista General de Marina de la Armada Española en marzo de 2014.

El segundo capítulo arranca con el intento de Frank Hoffman, un teniente coronel reservista del USMC, de zanjar el debate entre quienes abogaban por prepararse para la próxima gran guerra tecnológica frente a un enemigo convencional y los que insistían en que Estados Unidos debe mejorar sus capacidades para vencer a enemigos irregulares. Hoffman planteó que el futuro no encaja en ninguna perspectiva, porque  en el mundo real no se encuentran modelos puros: los ejércitos de estados fallidos se comportan como milicias y usan estrategias asimétricas, mientras que las fuerzas irregulares tienen acceso a medios cada vez más avanzados. El futuro que describe Hoffman es un mundo de Guerras Híbridas.

El término de Guerras Híbridas, sobra decir, se puso en moda tras la invasión rusa de Ucrania en 2014 para significar cosas diferentes por su uso y abuso. De ahí, que algunos prefieren hablar de la “zona gris”, para designar esas acciones que tienen lugar por debajo del umbral de guerra. Se trata del empleo de operaciones de influencia, despliegue de contratistas privados, empleo de drones, etc. en una nueva era de competencia entre potencias.

El tercer capítulo trata del mundo por venir y es el que menos desarrollado tengo: el desarrollo de una doctrina estadounidense para enfrentarse a China (Air-Sea Battle Concept, Letalidad Distribuida, Operaciones Multidominio, etc), tácticas de redes con drones (swarming) y el debate ético sobre sistemas automatizados e inteligencia artificial aplicados a la guerra.

Hasta aquí, serían tres capítulos con introducción y conclusiones. Calculo unas 40.000 palabras. Lo que me queda para cerrar el esquema del proyecto de libro es decidir si añado un capítulo más que hable, cómo no, de la perspectiva de los actores no estatales. La duda que tengo es si dejarlo  pendiente para la nueva versión de lo que sería la segunda edición de Guerras Posmodernas. Sería extraño que, habiendo escrito durante quince años un blog titulado Guerras Posmodernas, en el libro sólo abordara la perspectiva de la guerra tecnológica convencional. De momento, le  seguiré dando vueltas. Mientras tanto, lo que espero que encuentren en 2020 en este blog es entradas más cortas pero más frecuentes en la que expongo conceptos y muchas reseñas de libros y artículos.

“The Handbook of 5GW” de Daniel H. Abbott (editor)

Hubo un tiempo, ya lejano en que todo aquel que aspiraba a ser alguien en Internet tenía un blog. Los debates transcurrían entonces de forma pausada como un flujo de publicaciones y réplicas de blog a blog. El libro que reseño hoy aquí es fruto de uno de aquellos debates, mantenido entre 2003 y 2008.

Como pude comprobar cuando escribí mi libro y traté de reciclar entradas de blog, el cambio de formato requiere un buen trabajo de adaptación. Y en este libro pesa demasiado que los textos originales fueron escritos para ser publicados en Internet. Algunos otros detalles, como un título suelto al final de la página 205, demuestran que estamos ante una publicación algo amateur. Y siendo un libro colectivo, hubiera requerido un trabajo más intenso de edición para darle coherencia al resultado.

Detalles de forma aparte, lo relevante del libro es que sus especulaciones sobre el futuro de la guerra son relevantes en el momento presente, como veremos. Confieso que compré la versión en formato tan pronto el libro salió al mercado, leí algunos capítulos y no le volví a prestar atención hasta hace poco. El problema, por tanto, de las ideas planteadas es que fueron demasiado adelantadas a su tiempo.

El libro toma como punto de partida el modelo de generaciones de guerra planteado por William S. Lind en 1989 y que tuvo su momento de gloria durante los años duros de la ocupación estadounidense en Iraq (2003-2011). Cómo no, el concepto de Guerras de Cuarta Generación (4GW) fue abrazado en España con el furor del converso. Eso sí, nadie se molestó en leer y comprender a William S. Lind en España.

William S. Lind es un paleoconservador estadounidense y uno de los autores intelectuales del concepto de guerra de maniobra aplicada a las operaciones anfibias en Estados Unidos allá por los años 80. En octubre de 1989 publicó junto con varios militares como coautores un artículo en la Marine Corps Gazette especulando sobre el futuro de la guerra: “The Changing Face of War: Into the Fourth Generation”. El planteamiento de Lind era que, desde la firma de la Paz de Westphalia en 1648 y la consolidación del Estado-Nación como actor fundamental del panorama internacional, las guerras habían evolucionado en sucesivas generaciones.

La Primera Generación se había caracterizado por la concentración de fuerzas que chocaban en el campo de batalla, con su máxima expresión en las Guerras Napoleónicas. Factores fundamentales de esta generación eran el orden y la disciplina para mantener la cohesión de las formaciones, de ahí que a día de hoy la instrucción de orden cerrado se considera algo intrínseco en la vida militar.

La Segunda Generación fue, como las siguientes, una respuesta a la anterior. La característica de esta generación es la aplicación de la potencia de fuego mediante ametralladoras y artillería que hacía imposible ya las masas compactas de soldados. Esta generación de guerras fue posible por la Segunda Revolución Industrial. En los textos de Lind podemos encontrar repetidamente la crítica de que las fuerzas armadas estadounidenses quedaron mentalmente atascadas en esta generación, al entender que la solución a cualquier problema es la aplicación de potencia de fuego para pulverizar al enemigo bajo toneladas de explosivos.

La Tercera Generación se caracteriza por la guerra de maniobra y surgió como respuesta al estancamiento del campo de batalla en la Primera Guerra Mundial. El objetivo de la Tercera Generación es lograr la derrota del enemigo logrando avanzar hacia la retaguardia del dispositivo defensivo para romper su cohesión. Su manifestación más célebre es la “guerra relámpago” alemana (Blitzkrieg) en las primera fases de la Segunda Guerra Mundial. Pero no debemos olvidar que tuvo también su contrapartida en el bando soviético con el concepto de “operación profunda”.

La Cuarta Generación (4GW) aleja el centro de la acción de la primera línea de frente. El objetivo es socavar la legitimidad del Estado y lograr que una sociedad retire su apoyo a una guerra. El artículo original de Lind et. al. en 1989 presentaba dos enfoques, una perspectiva centrada en la tecnología y otra en las ideas. Además, ya entonces dedicó un epígrafe al terrorismo.

El 11-S y la ocupación estadounidense de Iraq (2003-2011) centraron todo el debate en los actores no estatales y los movimientos insurgentes, aunque el propio Lind se encargaría en uno de sus artículos de señalar que era un error equiparar las Guerras de Cuarta Generación con meras guerras de insurgencia.

El principal problema que siempre le vi al modelo de Lind era que no aportaba ninguna explicación histórica al cambio. Unas generaciones ponían el énfasis en el plano táctico, otra en el operacional y otra en el plano estratégico. Los críticos más acérrimos señalaban además que ejemplos de los modelos guerra descritos en cada generación habían tenido lugar en diferentes momentos históricos.

Los autores del libro proponen superar estos problemas del modelo cambiando el concepto de Generación por Grados o Gradientes para así llegar al concepto 5GW, teniendo en cuenta como cada paso supone una reducción de la intensidad de la violencia, donde la diferencia entre una operación militar y un asesinato político es muy fina.

Con una multiplicidad de autores, tenemos también multiplicidad de enfoques. El primero parte de la premisa de que cada generación o grado es una superación del anterior, por lo que la reflexión sobre el concepto 5GW es cómo derrotar a actores no estatales que socavan la legitimidad del Estado, como son redes de insurgentes y organizaciones criminales. Las ideas planteadas en el libro van desde la aniquilación del tejido social a la alteración del entorno social a través de las acciones clásicas de contrainsurgencia como servicios sociales y comunicación. Recordemos que las publicaciones de blog originales que dieron lugar al libro tenían lugar en el contexto de los años duros de la ocupación estadounidense de Iraq. En aquel entonces, los frutos del “surge” y de la nueva doctrina de contrainsurgencia estabn por ver.

Este primer enfoque me parece el más pobre. Algunos de los autores interpretan el concepto 5GW como una simple evolución de fenómenos que podemos identificar con las Guerras Posmodernas. Encontramos así un capítulo de David Axe, autor del blog War is Boring, que habla de piratería en Somalia. También encontramos un capítulo que habla del caso de un barrio pobre de Chicago azotado por la delincuencia y el narcotráfico que terminó demolido y su población reubicada. La sensación que queda es de una falta de conexión entre las ideas de los distintos autores. Y es que como ya dije antes hubiera hecho falta una labor más intensa de coordinación y edición.

El otro enfoque sobre el concepto 5GW es el que me parece más interesante. Y leído el libro en 2020 adquiere un significado completamente diferente a cuando lo empecé a leer la primera vez. Este segundo enfoque conecta las cinco generaciones o gradientes de William S. Lind con el bucle OODA de John Boyd (hablé de él aquí en este blog en 2006).

observación → orientación → decisión → actuar

El coronel John Boyd fue un piloto de caza y personaje singular cuyas ideas han sido referente para un buen número de pensadores destacados. Por ejemplo, encontramos referencias a él en el artículo original de William S. Lind sobre Guerras de Cuarta Generación de 1989 y también en el primer artículo donde John Arquilla y David Ronfeldt plantean el concepto “Netwar” en 1993.

Este segundo enfoque plantea que cada generación o gradiente profundiza en el bucle desde “actuar” a “observación”. Así, los dos primeros tratan de anular la capacidad de acción del contrario simplemente destruyendo sus fuerzas o la guerra de maniobra (3GW) trata de anular la capacidad de decisión del contrario al saturar al comandante enemigo rompiendo la cohesión de sus defensas. Y así, el concepto 5GW consistiría en alterar la capacidad del contrario de observar la realidad.

El concepto 5GW se trataría entonces de “una teoría emergente de guerra basada en la manipulación de múltiples fuerzas económicas, políticas, sociales y militares en múltiples dominios” (Adam Herring, pág. 206) y también de una “guerra moral y cultural” donde se combate “manipulando las percepciones y alterando el contexto por el que el mundo es percibido” (Shanne Deichman, pág. 12), de tal forma que “tu enemigo te combate con una forma de guerra que no sólo no ves, sino lo que es peor, en la que no crees” (L. C. Rees, pág. 28). Y así, una Guerra de 5ª Generación o del 5º Gradiente “ejecutada brillantemente podría implicar un lado ignorando que había una guerra” (Daniel Abbott, pág. 180).

Las operaciones militares dentro del concepto 5GW consisten en la “manipulación del contexto de las observaciones de los actores en un conflicto o confrontación con el propósito de lograr un cambio de posición específico o lograr un efecto específico” (Adam Herring, pág. 73). Esta manipulación podría tener como objetivo una población para que “desee la derrota del país o al menos pueda ser persuadida para actuar de una forma que lleve a la derrota de ese país” (Curtis Gale Weeks, pág. 227).

Esta ideas son las que parecen más interesantes del libro y las que hacen el concepto 5GW realmente potente. Supone entender la guerra de información como una forma de guerra en un continuo que comienza en el uso de la violencia, lo que anula la distinción de guerra y paz. Algo, que por cierto, aparece perfectamente asumido en la doctrina rusa de guerra de información.

Esa idea de operaciones de información para alterar la percepción de la realidad y lograr que la población enemiga realice acciones que logre la derrota de su país encaja perfectamente con lo que hemos vivido en Occidente desde 2013. Primero con las campañas de desinformación que anularon la voluntad de Occidente de intervenir en Siria (véase al respecto lo que escribí hace poco sobre la  construcción de narrativas en torno al Estado Islámico), y posiblemente luego en sucesivas citas electorales.  Algo de lo que todavía no tenemos toda la información, pero de lo que al menos sabemos fue ensayado para apoyar la elección de un presidente aislacionista en Estados Unidos.

Hay que señalar que no he encontrado trabajos posteriores significativos en torno al concepto 5GW. Y algunos de los blogs de los autores participantes han sido abandonados o han desaparecido. Me temo que las ideas que ellos plantearon en el ya lejano periodo 2003-2008 resultaron demasiado adelantadas a su tiempo. Como suele suceder, el péndulo se ha movido. Y ahora tenemos una explosión de libros y artículos sobre desinformación, propaganda y manipulación de redes sociales. Esa, espero, será una de mis líneas de trabajo en 2020.

Arabia Saudita y la superioridad moral

El otro día el Real Madrid y el Atlético de Madrid disputaron un partido de fútbol en Arabia Saudita, ese país que dispara el activismo de doble click de los justos en España. La celebración del partido formaba parte, evidentemente, de una campaña para mostrar una nueva imagen al mundo, tras las reformas introducidas en el país y los esfuerzos por atraer turismo

Como era de esperar, la federación de fútbol, los equipos y los medios que participaron fueron objeto de crítica por participar en la “campaña de blanqueamiento” de Arabia Saudita. Queda la sensación que ante el revuelo creado, el diario deportivo Marca se subió a posteriori al carro del periodismo activista justificando su portada, tan criticada, como “un martillazo de realidad“.

En el partido estuvo presente Isabel Ayuso, presidente de la Comunidad de Madrid.  Apareció con el pelo descubierto y un vestido. Durante la entrega de trofeos, estuvo situada al lado de Ahmed Al Mohtaseb, vicepresidente de la empresa Sela Sports, al que en un momento dado le dio una palmada en la espalda.

El aspecto y la actitud de Ayuso sirvió para que muchos desde la derecha española en partidos, medios de comunicación y redes sociales la convirtieran en ejemplo de “feminismo real”, hablando incluso de su “vestido feminista”. La realidad es que desde hace poco no es obligatorio en Arabia Saudita llevar el pelo cubierto para las visitantes del país. Y en el pasado, fue habitual que mujeres con cargos públicos de visita oficial al país lucieran el pelo a la vista. Algo que señalé en Twitter, con fotos de las entonces ministras la española Ana Pastor y la alemana Ursula von der Leyen.

El acontecimiento y su posterior polémica me han llamado la atención porque Arabia Saudita es, junto con Israel, el país de la región que en España queda bien odiar desde el más inocuo postureo. No compromete a nada, ni requiere un mínimo de conocimiento o reflexión. Y además permite practicar el antisemitismo o el racismo de una forma socialmente aceptada. Así, desde la derecha española se ha celebrado estos días que Ayuso realizó un gesto valiente en la propia cara de los “putos moros”. Y es que no olvidemos, en España “moros” es una categoría étnica que describe a los habitantes de la franja que abarca desde Mauritania a Afganistán.

La postura de la izquierda española no es moralmente superior, considerando la larga lista de vergüenzas acumulada en todo Oriente Medio. Tenemos dos ministros del gobierno de coalición de la izquierda que han trabajado para un canal de televisión iraní. Tenemos al Partido Comunista de España compartiendo esfuerzos con la ultraderecha como defensor del régimen de Bashar Al Asad, el mismo que emplea armas químicas contra su población. Y es que no hay nada que dé más pánico a la izquierda española que apoyar a la gente que se juega su libertad y literalmente la vida en países lejanos si eso les coloca en el mismo bando que Washington. Criticar a Arabia Saudita es una forma de lavar las conciencias por el silencio cómplice sobre Siria o Irán.

Todo este activismo de salón y de doble click sobre Arabia Saudita ha de valorarse sólo considerando que la cuestión central aquí no son los derechos humanos o los derechos de las mujeres. Al fin y al cabo, es habitual que el periodismo comprometido español sea cómplice de HAMAS cuando informa sobre Gaza. Arabia Saudita es una excusa para otras cosas, como criticar a la monarquía española. Y es sobre todo una forma de no tener que ir al meollo de las cosas y responder a las preguntas difíciles.

Después del atentado yihadista en Barcelona, me llamó la atención la proliferación de artículos que trataban de relacionar lo ocurrido con las relaciones bilaterales de España y Arabia Saudita. El argumentario manejado decía que era incompatible querer combatir el terrorismo en Europa y mantener buenas relaciones con Arabia Saudita, país cuya ideología oficial inspiraba a los terroristas y que apoyaba con armas a los mismos yihadistas que luego atentaban en Europa. Era un bulo interesado que supongo surgió en una oficina de Teherán. Pero mezclar el conservadurismo reaccionario de Arabia Saudita con el mileranismo revolucionario del Estado Islámico era la excusa para no prestar atención al problema real: los valores de la población musulmana en Europa. La verdadera amenaza a largo plazo para Europa no son los cuatro chiflados que se radicalizan con una ideología que es enemiga de Occidente y de los Al Saud, sino ese sector silencioso e importante de la población musulmana que mantiene valores incompatibles con la democracia occidental. Ahí está el verdadero campo de batalla del siglo XXI. Y ahí sí podemos discutir el papel jugado por Arabia Saudita.

Y esto de lo que les hablo no es un asunto etéreo. Esta misma semana, una organización islamista presionó para vetar la presencia de una persona en un evento literario aquí en España. Zoubida Boughaba iba a dar una charla sobre cuentos populares del Rif, invitada por la Consejería de Educación y Cultura de Melilla. La Comisión Islámica de Melilla pidió que se le declarara “persona non grata” en Melilla por su postura pública en contra del uso del velo, lo que según esta organización constituía islamofobia. Ante las presiones y la polémica, declinó la invitación de acudir a Melilla, aunque finalmente las muestras de apoyo le llevaron a reconsiderar su decisión y aceptar la invitación a participar en el evento. Parafraseando a los jóvenes que se manifestaban en Irán: “Olvidaos de Arabia Saudita. Nuestra lucha está aquí”.

La construcción de narrativas sobre el Estado Islámico

El otro día caí en la cuenta que ya tenemos en las universidades a estudiantes que no habían nacido cuando ocurrió el 11-S. La vida pasa volando y un día te encuentras a ti mismo hablándole a unos veinteañeros sobre acontecimientos, personajes o referentes culturales que marcaron profundamente tu vida para sólo encontrar caras de extrañeza. Y entonces descubres que te has convertido como adulto en el equivalente de aquellos profesores que te hacían gracia porque se les veía totalmente perdidos con las tendencias del momento y hablaban en cambio de cosas trasnochadas.

Cuando debato en redes sociales me tengo que recordar a mí mismo que detrás de esos perfiles anónimos posiblemente hayan estudiantes universitarios que todavía estaban aprendiendo a caminar o leer cuando sucedieron los acontecimientos sobre los que discutimos. Y es que me pasa que, si bien tengo una memoria desastrosa para gran cantidad de cosas, recuerdo con intensidad experiencias y acontecimientos. Y recuerdo perfectamente muchos artículos o debates en Internet, que me hacen preguntar dónde estarán las personas implicadas ahora.

Recuerdo hace años que alguien, de forma muy vehemente, me insistía en que no había despliegue militar iraní en Siria cuando yo había visto las esquelas de iraníes, caídos “en defensa de la mezquita de Sayyida Ruqayya“. Supongo que aquel acto de fe tenía que ver con que, en su cabeza, Irán no podía ser de ninguna manera un país expansionista e intervencionista. Y por tanto era imposible que Irán tuviera fuerzas militares desplegadas en Siria. También recuerdo, por cierto, al experto que dijo que Rusia no era una país intervencionista, no tenía intereses vitales en juego en la guerra civil de Siria y era descartable que interviniera militarmente allí. Pero de eso, hablamos otro día.

La agencia de noticias iraní IRNA incluye entre los logros del general Soleimani “extender la profundidad estratégica de las fronteras de Irán”.

Hoy, podemos encontrar en la Wikipedia una lista de los generales iraníes muertos en acto de servicio en Siria, asunto del que ya se sabía allá por 2015. Y me hace gracia pensar por dónde andará aquel furibundo defensor de la idea del no intervencionismo iraní. Imagino que loando con el mismo entusiasmo al fallecido general Soleimani y sus hazañas de guerra en Siria.

Rescato todos esos recuerdos porque las teorías conspirativas sobre el Estado Islámico son un tema recurrente en Internet y yo sólo puedo recordar los lejanos tiempos del auge y transformación de Al Qaeda en Iraq en Estado Islámico, cuando estas cosas sólo nos interesaban a cuatro gatos en Internet. Eran los tiempos en que Siria se había convertido en una retaguardia del Estado Islámico, después de que su gobierno hubiera permitido que el país fuera la puerta de entrada a Iraq de todos los chiflados yihadistas de la región que querían ir a Iraq a matar estadounidenses. Eran los tiempos en que habían activistas españoles que apoyaban abiertamente a la insurgencia iraquí.

Banner del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe.

Recuerdo que la situación en Siria se había vuelto tan seria que había neocóns recomendando invadir Siria para destruir la retaguardia del Estado Islámico allí. El caso es que la Special Activities Division de la CIA y la Delta Force estadounidenses [*] lanzaron una incursión militar dentro de territorio sirio para asaltar una base del Estado Islámico en la localidad de Abu Kamal el 27 de octubre de 2008. No es casualidad que Abu Kamal terminó siendo el último bastión del Estado Islámico en Siria antes de la caída del Califato.

Todo esto era público y notorio en aquel entonces. Con la salvedad de que, a pesar de la proclamación del Estado Islámico de Iraq en 2006, la prensa y todos nosotros seguíamos hablando de Al Qaeda en Iraq. La pregunta es por tanto, ¿qué pasó para que un día empezaran a circular narrativas sobre el Estado Islámico que situaban su nacimiento durante la guerra civil siria y lo señalaban como una creación estadounidense? Pasó la Nueva Guerra Fría.

Mientras los yihadistas del Estado Islámico de Iraq mataba soldados estadounidenses en el período 2006-2011, el asunto era de interés sólo para los cuatro gatos a los que nos interesaba la “yihadología” en España. Pero tan pronto Rusia e Irán tuvieron intereses en juego en la guerra civil siria sus maquinarias de propaganda se pusieron en marcha para presentar su intervención en la región bajo una luz positiva y cuestionar el papel de Estados Unidos en ella. Tan simple como eso.

Recuerdo la perplejidad de las fuentes sirias ante el avance del Estado Islámico desde el este del país a costa de los grupos rebeldes. Circularon teorías conspirativas que presentaban al Estado Islámico como un instrumento del régimen para cometer atrocidades de todo tipo y desmoralizar a la población civil asumiendo la apariencia de otro grupo yihadista más. Llegaron a circular noticias de que miembros del Estado Islámico capturados en Alepo habían resultado ser miembros del ejército sirio. Esto último me pareció entonces una fantasía para tratar de encontrarle sentido a lo que estaba pasando.

El 30 de septiembre de 2015 comenzó la intervención militar rusa en Siria. Estados Unidos llevaba desde enero de aquel año apoyando con su aviación la ofensiva kurda que había comenzado tras levantar el asedio de Kobane. Era la misma estrategia aplicada en octubre de 2001 en Afganistán: apoyar a las fuerzas locales sobre el terreno enviando a soldados de operaciones especiales para que señalaran blancos a la aviación estadounidense.

La intervención militar rusa en Siria se produjo después de que los grupos opositores al gobierno de Damasco tomaran la práctica totalidad de la provincia de Idlib, amenazando la franja costera del país, la región de mayoría alawita y hogar de la familia Al Asad. Para el gobierno de Damasco perder la costa hubiera supuesto además perder el flujo de material de guerra ruso que llevaba por vía marítima. Así que cuando comenzaron los bombardeos rusos en Siria su objetivo fueron los grupos rebeldes en el norte del país, no el Estado Islámico. Sin embargo, el relato oficial ruso fue que estaban machacando al Estado Islámico.

En las redes sociales, la consigna que circuló fue “Rusia ha conseguido frente al Estado Islámico en tres semanas más que Estados Unidos en un año”. Incluso muchos celebraron que por fin alguien actuaba contra el Estado Islámico, como si no existiera en marcha una operación militar estadounidense en Siria contra el Estado Islámico que estaba dando sus frutos con el avance de la ofensiva kurda desde Kobane al corazón del Estado Islámico en Ar Raqqa.

Que intentos de intoxicación informativa tan burdos de la cadena de televisión iraní HispanTV como el titular “Helicóptero Apache de EEUU escolta caravana de Toyotas de Daesh” calaran en el público responde en principio a la ignorancia del internauta común, que no sabe distinguir un AH-64 Apache de un Mil Mi-24, pero sobre todo de la visceralidad antiestadounidense en el mundo hispanohablante, que lleva a tragarse cualquier bulo pobremente fabricado sobre el Estado Islámico, como ese que dice que Hillary Clinton reconoció que el Estados Unidos había creado el Estado Islámico.

Por supuesto, que la opinión pública española fuera objetivo de campañas de desinformación sobre los conflictos de Oriente Medio con el objetivo de desactivar cualquier corriente de opinión favorable a una intervención de la OTAN que afectara a los intereses de Rusia e Irán era un tema de preocupación para cuatro gatos. Tuvo que venir la crisis catalana de octubre 2017 y el rotundo fracaso del gobierno español en materia comunicativa para que los asuntos de comunicación estratégica empezaran a sonar de oídas en España. El gobierno español de la “derechita cobarde”, con conservadores que miraban con simpatía a Putin, sólo despertó cuando surgió la información de la presunta existencia de operaciones rusas de desinformación sobre Cataluña. Entonces sí. Cualquier cosa menos que les tocaran su Españita. En marzo de 2018 el gobierno nombró una embajadora en Misión Especial para las Amenazas Híbridas y la Ciberseguridad. Una vez más se actuaba en España con el típico furor del converso. A veces pienso qué diría de todo esto mi amigo Jorge Aspizua, la persona que introdujo el concepto de Guerra Híbrida en España y fue ninguneado en vida. Me gusta pensar que brindaríamos con música de fondo como hacíamos en su oficina y nos descojonaríamos de todos ellos.

[*] Ambas organizaciones tienen actualmente otro nombre. Desde 2016, la primera se llama Special Activities Center.

Mujeres en el Mando de Operaciones Especiales

El pasado jueves día 12 me encontré con el titular “Defensa crea un equipo para colar mujeres en Operaciones Especiales“. La polémica quedaba servida. Ya el verbo “colar” daba una idea del sentido de las quejas. Se trataría de compensar el bajo número de mujeres militares sirviendo en el Mando de Operaciones Especiales (MOE) del Ejército de Tierra eliminando el requerimiento de haber pasado el curso en la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales (EMMOE) de Jaca.

El asunto sería una réplica del debate en otros ámbitos, como el empresarial y el académico. ¿Por qué hay pocas mujeres en puestos de responsabilidad? ¿Por qué hay pocas mujeres en carreras técnicas? La respuesta que se maneja habitualmente es que es el resultado de una discriminación estructural que ha de ser combatida con medidas que favorezcan la incorporación de más mujeres. Así, en una convocatoria de empleo del Ayuntamiento de Cheste se le concedía a las mujeres un punto extra, al igual que a las personas con una discapacidad mayor al 65%.

En esta línea el Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos (USMC) encargó un estudio sobre el sexismo en sus filas cuyos resultados se publicaron recientemente. Según el panorama que describía, existe en el Cuerpo un ambiente de franca hostilidad hacia las mujeres en su seno, del que participan incluso las propias mujeres que sí cumplen las expectativas masculinas sobre lo que suponer ser un soldado.

Las noticias de España no mencionan ningún estudio sobre sexismo estructural o sobre las necesidades del servicio. Según el usuario @c_escipion de Twitter, la medida surgió de una visita de la ministra de Defensa, Margarita Robles, al Mando de Operaciones Especiales en Rabasa (Alicante), donde se interesó por el escaso número de mujeres en la unidad.  Según @c_escipion, la respuestas de los mandos fue que un número muy escaso de mujeres pasan las pruebas para convertirse en “boina verde” del Ejército de Tierra. En ese sentido, el periódico Público daba cuenta en octubre de 2017 que hasta aquel entonces un total de sólo once mujeres se habían presentado como candidatas a la EMMOE y  que sólo seis habían obtenido el diploma de operaciones especiales. De ahí surgió, por tanto, la iniciativa de la ministra de que no sea un requisito contar con la capacitación en operaciones especiales para formar parte del Mando de Operaciones Especiales. Así que a partir de ahora, el MOE contará  con un “Equipo de Capacidades Especiales”, formado por mujeres sin la capacitación de operaciones especiales para labores de inteligencia y traducción.

La ministra Margarita Robles en su visita a la sede del MOE en Rabasa (Alicante). Foto vía Zona Táctica.

La polémica del asunto está en considerar si las llamadas “guerrilleras de cuota” serán una carga para la unidad, al ser militares sin las capacidades del resto de miembros de las unidad. Para salir de dudas sobre si esto es algo normal y aceptable habría que mirar fuera de España. Y eso es algo que ya hice en 2016. Escribí un artículo para la revista Ejército titulado “Apoyo a Operaciones Especiales”, donde daba cuenta de cómo en Estados Unidos, Reino Unido y Francia se habían creado unidades o entrenado a personal auxiliar de sus fuerzas de operaciones especiales. Así, en Estados Unidos hay unidades de reservistas para tareas de cooperación cívico-militar (Civil Affairs) y guerra psicológica (PYSOPS o MISO) que dependen del Mando de Operaciones Especiales del Ejército (USASOC). Mientras que en Francia se han creado un número de plazas en determinadas unidades con capacidades especiales, como unidades cinológicas o de guerra electrónica, para personal que recibe un entrenamiento extra para proporcionar apoyo a las unidades de operaciones especiales en misiones o despliegues concretos.

El concepto también llegó a España. Y justo el mes que salió mi artículo (escrito varios meses antes), el MOE anunciaba la prueba del concepto Fuerzas de Apoyo a Operaciones Especiales en un ejercicio. Por tanto, la presencia de personal militar sin la capacitación de operaciones especiales en unidades de operaciones especiales no debería ser a priori tema de escándalo, si se entiende que es para el cometido de determinadas tareas. Diferentes fuerzas armadas han creado pequeñas unidades sólo de mujeres para la realización de cacheos, registros y obtención de inteligencia (HUMINT) en su despliegues internacionales. En el caso de Afganistán, fueron denominados Female Engagement Teams.

Un Female Engagement Team en Afganistán.

Una noticia de El Español sobre el tema apuntaba en esa misma línea, al hablar de “una mayor presencia de mujeres militares para potenciar las relaciones con la población femenina del escenario de operaciones”. La noticia también hablaba de personal, hombres y mujeres, con “una preparación muy definida en diferentes culturas, costumbres e idiomas locales, comunicación o negociación”.

En conclusión, la noticia de la incorporación de personal especializado a unidades de operaciones especiales pero sin la capacitación de operaciones especiales no debería ser polémico si tenemos en cuenta que es una práctica ya prevista en España bajo el concepto de Fuerzas de Apoyo de Operaciones Especiales y habitual en el contexto OTAN. Sin embargo, el criterio a considerar siempre es un mejor cumplimiento de las misiones encomendadas. Y en el caso español planea la duda de si eso ha sido el principal criterio empleado, ya que tenemos un largo historial de medidas tomadas en el Ministerio de Defensa para cumplir toda clase de objetivos políticos ajenos a las necesidades de la Defensa Nacional.