“Moshe Dayan” de Martin Van Creveld

Hace poco, documentándome sobre teoría militar israelí, me llamó la atención que en Israel se considerase a sus fuerzas armadas como un reducto de anti-intelectualismo donde se valoraba más la audacia y la astucia. Servía de ejemplo la figura de Moshé Dayán, que se convirtió en general al término de la Guerra de Independencia (1948-1949) y en aquel momento su única formación militar fue el curso de sargento que realizó en el Reino Unido y un curso de jefe líder de sección impartido por la Haganá. Así que rescaté una biografía, escrita nada menos que Martin Van Creveld, que cogía polvo en mi biblioteca. Sospecho que la idea de este libro le llegó al autor como un encargo de la editorial, que buscaba no un libro singular sino uno más para una serie de biografías de personajes militares relevantes. Así que Martin Van Creveld acometió la tarea sin pretender hacer una labor exhaustiva de historiador y decidido a ofrecer su particular visión del personaje en su contexto histórico para elaborar en una “biografía de autor”. Hay que destacar que he descubierto en el blog de Martin Van Creveld que es un “machirulo” de cuidado, así que en este libro no juzga a Moshe Dayan con ojos contemporáneos. Es más, diría que Martin Van Creveld se recrea en contar la faceta de mujeriego de Moshe Dayan, que dada su fama y carisma disfrutó de legiones de admiradores a las que trataba con el desdén de quien sabe que se le perdona todo.

Los orígenes de Moshé Dayán fueron muy humildes, siendo sus padres los típicos judíos de buena familia que pasaron calamidades dedicados al cultivo de aquellos secarrales. Llama la atención que a pesar de la hostilidad creciente entre la población judía y árabe en la década de los 20 y 30, Moshé Dayán creció sintiéndose identificado con la población árabe rural. Muchos años más tarde, cuenta Martin Van Creveld los árabes mostrarían respeto por su figura. Me da la impresión que si bien con nuestros ojos occidentales nos podemos escandalizar por los golpes de mano y acciones de represalia de los que fue reponsable Moshé Dayán, no hacía más que participar en el modo tradicional local de hacer la guerra. Y por tanto, eso mismo le ganó el respeto de sus enemigos.

Moshé Dayán parecía destinado a ser una persona sin rumbo en la vida cuando la Segunda Guerra Mundial se cruzó en la vida. Y pasaron dos cosas fundamentales. Terminó formando parte de las tropas judías que las fuerzas británicas alistaron ante el avance del Afrika Korps y que fueron empleadas en la invasión de Siria, en manos de la Francia de Vichy (véase mi reseña de ¿Aliados o enemigos? La SGM en el Próximo Oriente, 1941 de Javier Lion Bustillo). Moshé Dayán destacó entonces como militar, encontrando su vocación. Y sobre todo, sufrió la pérdida de un ojo, momento a partir del cual comenzó a llevar el parche que le convirtió en una figura tan icónica.

En la Guerra del Sinaí (1956). Foto vía FDI.

Dayán se encontró sin saber muy bien qué hacer con su vida y temeroso de quedar reducido a un pobre minusválido al término de la Segunda Guerra Mundial. Entonces estalló la Guerra de Indpendencia de Israel (1948-1949) donde ascendió y empezó a tener roces con personajes que ocuparían lugares claves en el futuro de Israel, como Isaac Rabin. Aquí encontramos un asunto llamativo a la hora de entender Israel. Siendo un país pequeño, el dramatis personae es reducido. Y en la historia de Dayán encontramos otro elemento que me llamó la atención en las memorias de un general israelí que vivió la guerra del Líbano en 2006: la labora de “pasillo” que realizan los militares en Israel para lograr puestos relevantes, con las inevitables puñadas y rencillas.

Dayán fue nombrado, como dije, general después de la Guerra de Independencia, donde destacó por hacer lo que le dio la gana. Lanzando ataques sorpresa por aquí o por allá, o reclutando soldados para su unidad “robándoselos” a otras unidades. Cuando en 1956 Israel tomó parte en la Guerra de Suez, era el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel. Y en vez de quedarse en un cuartel general en la retaguardia para dirigir la guerra, se dedicó a visitar el frente dando saltos de aquí para allá en un pequeño avión de enlace. La falta de comunicaciones hizo que alguna vez su avión aterrizara en tierra de nadie y los problemas con las comunicaciones hizo que alguna que otra vez quedara incomunicado.

Moshé Dayán visitó Vietnam en 1966 con el propósito de escribir una serie de reportajes para el diario Maariv. Su diagnóstico fue pesimista sobre la marcha de la guerra. Foto vía Wikimedia.

En la Guerra de los Seis Días de 1967, de la que pronto se cumplirá el 50 aniversario, Moshé Dayán era ministro de Defensa. Martin Van Creveld nos cuenta cómo el ejército israelí tenía planes de contingencia muy claro para dar un golpe anticipatorio en la Península del Sinaí contra el ejército egipcio. El objetivo era tomar una serie de pasos estratégicos sin ocupar la Península entera y por tanto mantenerse alejados del Canal de Suez. ¿Qué hicieron los generales sobre el terreno cuando estalló la guerra? Lo que les dio la puta gana. Así el ejército israelí terminó ocupando la península entera y plantándose en la orilla del Canal de Suez.

Dayán propuso que Israel ocupara sólo el Valle del Jordán para asegurar su frontera oriental, conectada con el resto del país por un pasillo y evitar así ocupar las áreas pobladas de Cisjordania. También propuso que para lograr la paz con Egipto permitir que se reabriera el Canal de Suez. Ninguna de esas dos medidas fueron consideradas. La guerra volvió en 1973. Y la situación fue desesperada para las fuerzas israelíes en los primeros días. Aquí, Martin Van Creveld aporta una información que nunca he visto mencionada. Que en la noche del 8 al 9 de octubre, Israel puso en alerta su fuerza nuclear y vía Henry Kissinger se hizo llegar la información a los sirios para que aliviaran la presión. Martin Van Creveld cita a la revista Time al respecto. En aquel entonces, Dayán seguía siendo ministro de Defensa pero su influencia en el gobierno había decaído. Le presentó incluso su dimisión a la primera ministra Golda Meir en plena guerra. Una comisión le absolvió de responsabilidades por los fallos de la guerra.

Moshé Dayán sirvió finalmente como ministro de Asuntos Exteriores y tomó parte en las negociaciones de paz con Egipto. Ya entonces la cuestión palestina resultaba un asunto al que urgía darle respuesta. El punto de vista egipcio era prolongar los contactos para abrir una nueva fase de negociaciones sobre la cuestión palestina que el gobierno de Menájem Beguín no quiso abrir. Moshé Dayán en cambio defendía la necesidad de hacer concesiones en un gabinete contrario a la idea. Según Martin Van Creveld la postura de Moshé Dayán fue siempre “dejar vivir” a los palestinos y las medidas que implantó en permitieron a Israel vivir en paz veinte años después de la Guerra de los Seis Días. Moshé Dayán dimitió de su cargo como ministro de Asuntos Exteriores en 1979, tras sólo dos años en el cargo. Falleció en 1981, sin llegar a ver el estallido de la primera Intifada en 1987.

Fragmentos de una propaganda incesante

Me levanté hoy con un propósito. No volver a tratar el conflicto palestino-israelí en este blog por largo tiempo. Anoche tuve una larga conversación en Twitter que se convirtió en un diálogo de sordos porque partíamos de posturas muy diferentes sobre la construcción del Estado. Al que le interese, planteé mi postura sobre el caso palestino en “Palestina como Estado fallido”. La idea que más me llamó la atención del debate de anoche es considerar que es comprensible que el bando  palestino no quiera negociar ninguna paz porque se haría desde una posición de debilidad. Me quedé pensando qué sentido tiene entonces darle vueltas al conflicto ¿Sólo queda esperar sucesivas Intifadas y lanzamientos de cohetes desde Gaza mientras se suceden las campañas internacionales contra Israel hasta que haya un cambio en la correlación de fuerzas? ¿O esperan que haya un cambio de fuerzas en el panorama internacional e intervenga alguna nueva potencia? (¿Rusia?)

Esa perspectiva explicaría que la apuesta palestina es luchar en el ámbito de la opinión pública para que los gobiernos occidentales presionen a Israel. Juegan en el campo de los relatos y las narrativas. Y mientras, queda sin abordar los problemas del lado palestino para crear una sociedad democrática, instituciones funcionales y un gobierno con el monopolio de la violencia legítima. Lo que nos llevaría de nuevo al debate sobre la construcción del Estado. La razón que me han dado siempre a los problemas palestinos para abordar esos problemas es la Ocupación. Y siempre he usado un contraejemplo. ¿Es posible que surja un Estado democrático y funcional en una sociedad establecida en un secarral bajo ocupación militar de otra potencia?

Ben Gurión, jefe del poder ejecutivo de la Agencia Judía, proclama el Estado de Israel.

Creo que la estrategia palestina es equivocada. Y yo no estoy en posición de cambiar nada. Así que no tiene sentido que diga nada. Al menos puedo decir que sí hubo un líder palestino que compartía mi idea de que había que construir primero un país para tener un Estado: Salam  Fayyad. Su partido, Tercera Vía, obtuvo menos del 3% de los votos en las elecciones legistlativas palestinas de 2006. Fue primer ministro tras el “fujimorazo” del presidente Mahmud Abás. Fue cesado por presiones de HAMAS. Algún día indagaré qué pasó durante su mandato.

Y ya había decidido lo de no tratar el asunto cuando me encontré hoy con un artículo en El País: “Fragmentos de un éxodo invisible” firmado por Pablo Gentili y Karina Bidaseca.

El texto trata sobre la Nakba palestina y arranca:

Lo que llama la atención no es que haya ocurrido. Lo que llama la atención es que casi nadie lo recuerde.

¿En serio? “Nakba palestina” da 22.900 resultados en Google. La búsqueda vía Google en elpais.com da 295 resultados. En ElMundo.es da 210. En ABC.es, 191. En la agenda cultural de El País Madrid encuentro que en 2012, tuvo lugar en Casa Árabe (organismo público que financia el Ministerio de Asuntos Exteriores español) una conferencia de Raji Sourani, director del Palestinian Center for Human Rights (PCHR), “[c]on motivo de la conmemoración de la Nakba palestina”. ¿Por qué se empeña la gente en usar expresiones como “la noticia de la que nadie está hablando” para referirse a cosas que son tratadas abiertamente en los medios y en las redes sociales?

El 15 de mayo de 1948 fue un día trágico. Pocas horas después que David Ben Gurión leyera la declaración de la independencia de Israel y el día en que concluía el mandato británico sobre Palestina, se iniciaba la primera guerra entre el nuevo Estado israelí y los países árabes.

Una guerra trágica comenzada por los países árabes que pretendieron destruir el nuevo Estado, mientras en la Declaración de Independencia de Israel se hacía un llamamiento a la coexistencia pacífica con los vecinos y con los conciudadanos árabes.

La guerra de 1948 fue para Israel la gran gesta de su independencia. Pero también fue la guerra que produjo uno de los más brutales éxodos que se hayan conocido en la historia de la humanidad: el del pueblo palestino.

Es difícil establecer un lista de los éxodos más “brutales” en toda “la historia de la humanidad”. Pero en el siglo XX tuvimos muchos ejemplos. El caso palestino palidece ante lo sucedido en Europa Oriental entre 1945 y 1950 o tras la partición de la India. Evidentemente, la hipérbole aquí es una herramienta retórica y en el fondo es irrelevante qué lugar ocupa la Nakba en el Top 100 de éxodos más “brutales” en toda “la historia de la humanidad”. Lo que le falta decir a los autores decir es que la Nakba tuvo lugar en paralelo a una campaña de masacres y expulsiones de judíos que encontraron refugio en el territorio de Israel mientras que los palestinos no tuvieron un Estado de Palestina al que acudir porque renunciaron a construirlo y proclamarlo.

Un pueblo al que, desde entonces, las naciones del más poderosas del planeta han tratado de aniquilar, volviéndolo invisible.

¿Qué poderosas naciones, así en plural han tratado de aniquilar al pueblo palestino? Creo que estamos ante un ejemplo de proyección psicológica. Israel sufrió sucesivas guerras en las que se enfrentó durante la Guerra Fría con los ejércitos de países árabes con una base demográfica muchísimo mayor y unos ejércitos enormes (Egipto, Siria, Iraq, etc) que eran aliados estratégicos de la Unión Soviética, nada menos.

La guerra de 1948 que condujo a la creación del Estado de Israel, tuvo como consecuencia la devastación de Palestina.

El orden de los acontecimientos fue al revés. Primero se proclamó el Estado de Israel e inmediatamente los países árabes vecinos le declararon la guerra. Lo que sí es cierto que ganando aquella guerra, Israel se ganó su derecho a existir.

Y esto señores, lo ha publicado el diario El País de Madrid. Así está el panorama de los medios españoles.

“Recordando la Nakba”: la historia que falta

Hay una cosa que me gusta de la historiografía anglosajona. Cuando alguien escribe una historia de algo, sea de la literatura polaca o de la guerra civil mozambiqueña, lo titula “una historia de”. Se le transmite así al lector la idea de que lo que tiene entre las manos, con ese artículo indeterminado, es la versión particular del autor. Y no necesariamente porque se parta de una perspectiva posmoderna de que sólo existe relatos subjetivos, parciales y particulares. Sino de la idea de que las disciplinas académicas son una empresa colectiva que avanzan con sucesivas aportaciones. Lo sabe cualquiera que hace una aproximación a un tema. Rara vez hay un libro mágico que lo explica todo. Sino que se requiere de una bibliografía en el que cada texto arroja luz sobre ciertos temas y aporta ciertos matices.

Esa prudencia y esa modestia que reflejan el humilde artículo indeterminado desaparece habitualmente en la traducción al español. Los editores prefieren títulos rotundos, del tipo tan habitual en nuestro mercado de “Historia de España”. Y cuando un periodista se embarca en dar el contexto histórico de un tema lo hace anunciando “os voy a explicar…”. Como si dijera “sostén mi cerveza, que voy”. Entonces tiemblo. Como aquella vez que Olga Rodríguez nos contó “Israel, Palestina: Cómo empezó todo” y yo me vi obligado a aportar todos esos “pequeños detalles” que se le olvidaron.

Ayer, 15 de mayo, se celebró el aniversario de la proclamación del Estado de Israel. Es la fecha que los palestinos consideran su desastre nacional, la Nakba. Y como siempre, alguien amablemente se decidió a explicárnoslo.

Y otra vez, por mucho esfuerzo que alguien pone en explicarnos el conflicto palestino-israelí de una vez por todas, se le quedan cosas por contar. Qué mala pata. Siempre igual. Siempre esos “pequeños detalles”. Los mismos. Cualquiera diría que lo hacen a posta. Pero no quiero ser mal pensado. Así que voy a hacer mi pequeña aportación al artículo de Nasim Ahmed en MonitorDeOrienteMedio.com rematando la faena.

¿Que pasó? El 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurion, jefe ejecutivo de la Organización Sionista Mundial, declaró el nacimiento del Estado de Israel. Muchos israelíes celebrran el evento como su “Día de la Independencia”. Desde entonces, el 15 de mayo ha sido recordado internacionalmente como Día de la Nakba.

Empezamos bien. ¿Por qué declaró Ben-Gurión el Estado de Israel? ¿Con qué legitimidad?  Cuando hablamos de alguna república por ahí perdida que nadie o casi nadie reconoce decimos “la autoproclamada república de”. Y es una forma de hablar extraña. Porque muchos países surgieron en su idea de una proclamación hecha por cuatro gatos. Por ejemplo, los Estados Unidos de América fueron en su momento una república proclamada por unos señores allá en Norteamérica. Israel, no. Nadie habló del “autoproclamado Estado de Israel”. Israel nació después de una votación en la Asamblea de Naciones Unidas, que tuvo lugar el 29 de noviembre de 1947 y estableció la partición en dos Estados. La propuesta salió adelante gracias a los votos de los países hispanoamericanos y de los países comunistas de Europa. Precisamente, Checoslovaquia fue el único país que aceptó venderle armamento al recién nacido Estado.

¿Y quién era Ben-Gurión en 1948? Dice Nasim Ahmed que era “jefe ejecutivo de la Organización Sionista Mundial”. La verdad, no tenía ni idea y lo tuve que buscar en la Wikipedia. Pues resulta que sí, lo era. ¿Pero qué tiene eso que ver con su papel en la proclamación del Estado de Israel?. Todo el mundo sabe que Ben-Gurión es que el hace lectura de la proclamación del Estado de Israel porque era el jefe del poder ejecutivo de la Agencia Judía, el proto-estado paralelo al Mandato Británico. Los judíos a pesar de estar bajo el poder británico había creado instituciones para convertirse en un país normal y corriente desde la hora cero.

El Día de Nakba conmemora el desplazamiento forzoso de más de la mitad de la población palestina; 750.000 palestinos fueron expulsados ​​de sus hogares y desplazados a campos de refugiados. La catástrofe más tarde se convirtió en la crisis de refugiados más larga de la historia; durando hasta la actualidad. El día también está marcado en los calendarios de las comunidades palestinas de todo el mundo en recuerdo de la brutal finalización de tres décadas de lucha por la autodeterminación en la Palestina histórica. Su derecho al autogobierno fue negado primero por los británicos y luego rechazado por el nuevo Estado israelí. Al suscribirse a la ideología sionista, el Estado israelí, con sus reivindicaciones de tierra para el pueblo judío, se posicionó en contra de acomodar a la gran mayoría de los habitantes de Palestina, que eran árabes musulmanes y cristianos.

Además de los muchos cientos de miles de palestinos que fueron forzados al exilio, más de 600 aldeas y pueblos palestinos fueron arrasados, en un esfuerzo por asegurar que los palestinos nunca regresaran a sus casas.

Se proclama el Estado de Israel. Sí. Y la población palestina es expulsada. ¿No falta algo? ¿Qué pasó con el Estado palestino? ¿Y por qué usaron la violencia los israelíes? Aquí falta hablar de la guerra. De cómo el Estado de Palestina nunca fue proclamado porque el plan de los países árabes fue invadir al Estado de Israel para destruirlo y expulsar definitivamente a su población judía. No fueron ni británicos ni israelíes quienes impidieron esa proclamación. Y quizás haya que hablar de cómo los israelíes ofrecieron la coexistencia pacífica a sus vecinos y a la población no judía que quedó dentro de sus fronteras en la propia declaración de Independencia, pero sólo comunidades minoritarias como los drusos y circasianos aceptaron vivir en paz.

El texto de la Declaración de Independencia de Israel dice:

EXHORTAMOS – aun en medio de la agresión sangrienta que es lanzada en contra nuestra desde hace meses – a los habitantes árabes del Estado de Israel a mantener la paz y participar en la construcción del Estado sobre la base de plenos derechos civiles y de una representación adecuada en todas sus instituciones provisionales y permanentes.

EXTENDEMOS nuestra mano a todos los estados vecinos y a sus pueblos en una oferta de paz y buena vecindad, y los exhortamos a establecer vínculos de cooperación y ayuda mutua con el pueblo judío soberano asentado en su tierra. El Estado de Israel está dispuesto a realizar su parte en el esfuerzo común por el progreso de todo el Medio Oriente.

El Estado de Israel se encontró con una guerra impuesta y con el mar como única retaguardia en un territorio que se dividió en dos países con unos contornos que creaban corredores fácilmente estrangulables por el otro. Así, la guerra de Independencia de Israel se convirtió en una guerra desesperada por controlar vías de comunicación y promontorios estratégicos en el que cada bando expulsó la población civil del enemigo de su retaguardia. Los judíos sufrieron masacres y expulsiones del territorio que quedaba en manos árabes. Por ejemplo, recordemos el caso de la masacre de Kfar Etzion. O recordemos como Hebrón perdió toda su población judía al ser tomada por las fuerzas de Transjordania.

La diferencia fundamental es que los judíos expulsados por las fuerzas árabes de sus hogares fueron acogidos en el Estado de Israel. Al igual que lo fueron los judíos expulsados de los países árabes de la región en la “Nakba judía” que siempre se olvida.

¿Qué pasó después? Casi un millón de palestinos han sido desplazados. Algunos han sido forzados a vivir en la miseria en el nuevo Estado de Israel. Se les impidió regresar a sus hogares, incluso a pesar de que ley marcial finalizó 20 años después, los palestinos siguieron enfrentándose a una discriminación extrema.

Hoy en día un 21% de la población del Estado de Israel es árabe. Tienen representación en el parlamento. Los hay médicos, jueces, embajadores y recientemente están alistándose más a la vez que llegando a empleos más altos en las fuerzas armadas. He mirado y los indicadores sociales no son buenos comparados con la población judía. Eso indica que aunque no haya ningún ley que les impida tener ocupaciones o puestos relevantes en la sociedad, sufren problemas estructurales que están en el fondo relacionados, como más pobreza y menor nivel de estudios que la población judía.

Si hacemos comparaciones con la población de los países árabes vecinos, salen ganando. Y hay algunos indicadores que indican que las nuevas generaciones están más integradas. Por ejemplo, un quinto de los graduados de la universidad politécnica de Technion son árabes. Eso encaja casi exactamente con su peso demográfico en el país. Se ha llegado a esas cifras porque la universidad hizo un esfuerzo consciente en atraer a estudiantes de las minorías del país. El porcentaje de  estudiantes árabes israelíes se ha triplicado en Technion en los últimos 25 años.

Curiosamente cuando a varios municipios israelíes de población árabe se les ofreció incorporarse a Cisjordania en un trueque de terrenos dentro de un plan de paz se negaron rotundamente. Lo mismo sucede con los habitantes de Jerusalén-Este, hipotética futura capital palestina, que no parecen muy entusiasmados de ser ciudadanos palestinos. Las encuestas reflejan que sus principales razones son mundanas: quieren seguir viviendo en un país democrático y tener acceso a servicios de salud de calidad.

La gran mayoría fueron obligados a entrar en Gaza, Cisjordania y los países árabes vecinos. Los palestinos vivieron en tiendas de campaña  durante años a merced de la comunidad internacional. La ONU movilizó ayuda humanitaria en ayuda a los refugiados palestinos, creando el Organismo de  Socorro de las Naciones Unidas para Refugiados Palestinos en Oriente Próximo (UNRWA) en el proceso. Adoptó la Resolución 194 que instaba a Israel a permitir a los palestinos regresar a sus hogares y compensar a los cientos de miles de refugiados por sus pérdidas, algo que Israel tampoco ha hecho hasta la fecha.

Setenta años después de la Nakba, los palestinos parecen pasar de un ciclo de opresión a otro. Siguen siendo apátridas y la inmensa mayoría continúa sufriendo bajo la ocupación militar israelí.

Los palestinos se convirtieron en refugiados principalmente porque no existió un Estado de Palestina que los acogiera. Los territorios de Gaza y Cisjordania fueron ocupados por las potencias árabes enemigas de Israel que no tuvieron ningún interés en crear el Estado de Palestina. Los palestinos que terminaron en lugares como Líbano y Siria se pudrieron durante décadas en campamentos de refugiados porque no recibieron la ciudadanía, convirtiéndose en una anomalía mundial.

En el texto posiblemente tengamos una traducción errónea. Los refugiados palestinos vivieron “gracias a” y no “a merced de” la comunidad internacional. Quedaron a merced de los gobiernos árabes de turno, que en el caso de Líbano y Jordania es presumible que temieran un cambio enorme de la composición demográfica del país concediendo la nacionalidad masivamente a la población palestina. De hecho, el asunto generó tensiones que formaron parte de las causas de la guerra civil del Líbano y causan tensiones hoy en día en Jordania.

Fijémonos que ni la guerra que comenzaron los países árabes vecinos de Israel ni los gobiernos árabes aparecen en esta historia de la Nakba. Cuando la primera es el hecho fundamental y los segundos son los responsables de buena parte de esta historia. Los gobiernos árabes ejercieron el papel de ese amigo bocazas que te dice que te va ayudar, te crea un problema mayor y luego te deja tirado.

Todo el mundo sabe que los descendientes de los palestinos que un día abandonaron sus hogares en lo que hoy es territorio internacionalmente reconocido del Estado de Israel nunca van a volver. Nadie va a dar marcha atrás más de 70 años a las manecillas del reloj. Las comunidades judías en el Norte de África y Oriente Medio tampoco volverán. Y los palestinos tendrán un día que asumir la existencia de Israel como realidad irreversible junto a su derecho a existir en paz. El día que eso ocurra, el día que organizaciones palestinas en Gaza dejen de lanzar cohetes contra núcleos de población civil israelíes, se acabará el conflicto entre palestinos e israelíes y empezaremos a hablar de las fronteras del Estado de Palestina. Ese, que en 1948 los árabes rechazaron.

“Fauda” (Israel, 2015)

La televisión israelí es una cuna de talento que ha dado origen a adaptaciones en muchos países, como las series estadounidenses “In treatment” y “Homeland”. Ahora, gracias a Netflix España, podemos empezar a ver películas y series originales israelíes y saltarnos la intermediación anglosajona. Una de esas series es Fauda, creada por Lior Raz y Avi Issacharoff. A este último lo descubrí cuando trabajaba para el diario israelí Haaretz y era el coautor con Amos Arel del MESS Report. Ambos fueron autores del libro 34 days: Israel, Hezbollah, and the War in Lebanon. Pero, periodísticamente hablando, Avi Issacharoff es célebre por su trabajo sobre el terreno en los territorios palestinos. Lior Raz,  por su parte, sirvió como oficial en una unidad especial del ejército israelí. Así que podemos encontrar en el currículum de ambos pistas de dónde surge las altas dosis de verosimilitud de la serie.

Fauda

La trama de Fauda arranca con Doron Kavillio, el personaje interpretado por Lior Raz, viviendo una vida familiar dedicado a la producción de vino. Un día aparece en su casa el comandante de sus antigua unidad militar para contarle que el “Pantera”, un famoso territorista de HAMAS al que supuestamente Doron había matado en sus tiempos de servicio, no sólo está vivo sino que se sabe que va a aparecer en la boda de su hermano pequeño. A pesar de la oposición de su mujer, Doron acepta participar en la misión para acabar de una vez por todas con su antigua némesis. Su antigua unidad resulta ser una unidad “mista’arvim”, soldados que se infiltran vestidos de civil en los territorios palestinos haciéndose pasar por árabes. Para ello disimulan su apariencia con pelucas, lentes de contacto, maquillaje, etc Manejan el árabe dialectal y aprenden todo lo necesario para hacerse pasar por palestinos. Véase por ejemplo desde el punto de vista palestino: “How the IDF goes undercover among Palestinians”. En el trabajo diario de estos soldados cuando son descubiertos y tienen que ser rápidamente evacuados usan como código la palabra árabe “fauda”, que significa “caos” (¿en español diríamos “follón”?) y que da nombre a la serie.

La operación que realiza Doron y sus antiguos compañeros para capturar al “Pantera” sale mal. El hermano pequeño del “Pantera”, el novio de la boda, muere y el terrorista escapa. A partir de ahí se ponen en marcha la trama de la serie, donde el empeño de Doron en cazar al “Pantera” y el empeño del “Pantera” de cometer un atentado apocalíptico que prenda la región en llamas los consumirá y les hará pagar un alto precio. Fauda destaca porque muestra con matices y claroscuros a cada bando constryuendo personajes complejos lejos de la ficción estadounidense, donde los buenos son los únicos humanos y los terroristas siempre son personajes bidimensionales. Y es un placer verla en versión original, escuchando las inflecciones del hebrreo y el árabe. Rodada en Israel, evidentemente la ambientación es buena. Aunque quien espere encontrar aquí una muestra de Tácticas, Técnicas y Procedimientos de las fuerzas especiales israelíes se llevará una decepción. Me parece una serie altamente recomendable. Fauda tendrá una segunda temporada. Y sus creadores anunciaron que la trama seguiría más de cerca la actualidad de la región.

Antecedes y unos rápidos apuntes sobre la ola global de ciberataques

Esta historia arranca cuando una organización llamada The Shadow Brokers se hace con un arsenal de herramientas informáticas de la National Security Agency (NSA), la agencia de inteligencia estadounidense dedicada a la interceptación de redes de comunicación. Se trata de la misma agencia a la que proveía servicios la empresa para que la trabajaba Edward Snowden. The Shadow Brokers comenzaron en 2016 ofreciendo las herramientas de la NSA que disponían en una subasta al mejor postor. Pero nadie acudió a la puja y terminaron por ofrecer gratis en Internet la información robada a la NSA.

El 14 de abril de 2017 fue publicado un conjunto de herramientas e información de la NSA por parte de The Shadow Brokers con diferentes nombre en clave. Días antes habían explicado en un comunicado público que se sentían decepcionados con el presidente Donald Trump y mencionaban el ataque a una base militar siria.

Una de los conjuntos de herramientas de la NSA publicada por The Shadow Brokers se llamaba ETERNALBLUE y contenía información sobre un agujero de seguridad de Windows existente en sucesivas versiones del sistema operativo Microsoft Windows. Podemos especular si ese agujero de seguridad existía en Windows a propósito, creado en ese caso por Microsoft siguiendo instrucciones de la NSA, o fue encontrando por la propia NSA o los informáticos de una empresa contratista.

Soy lo bastante viejo para recodar el caso del descubrimiento de una variable llamada NSAKEY en software de Microsoft allá por 1999. Y si uno busca en Internet, encuentra enseguida artículos de la época donde se habla de la introducción de agujeros de seguridad en el software de Microsoft. Decía Duncan Campbell en 1999:

Within the Microsoft organisation, access to Windows source code is said to be highly compartmentalized, making it easy for modifications to be inserted without the knowledge of even the respective product managers.

Uno de los agujeros de seguridad de Microsoft Windows incluido en el paquete ETERNALBLUE afecta a un protocolo de comunicación cliente-servidor presente desde la versión XP (lanzada el 15 de octubre de 2001) a la actual versión 10 llamado Server Message Block (SMB). Significativamente, Microsoft publicó el 14 de marzo de 2017 un parche de seguridad para las diferentes variantes del sistema operativo Windows que subsana el agujero de seguridad. Eso fue semanas antes de que The Shadow Brokers publicaran la información proveniente de la NSA que incluía el paquete ETERNALBLUE.

Llegamos entonces a los acontecimientos del viernes 12 de mayo de 2017. Alguien en las oficinas centrales en Madrid de la compañía Telefónica recibió un correo electrónico con aparencia inocente pero que en realidad era sólo la imitación de un correo habitual de una fuente fiable. En el partido político “En Marche!” del ahora presidente Emmanuel Macron recibieron correos así desde dominios parecido al oficial en-marche.fr y que imitaban “hasta el último píxel” el aspecto de un correo salido del servidor oficial.

Alguien que recibió uno de esos correo trampa en Telefónica hizo click en el falso adjunto y procedió a ejecutar un programa que procedió a encriptar los archivos del ordenador con una determinada extensión y a expandirse por la red local de la empresa aprovechando. El software que encriptó los archivos fue bautizado con varios nombres como WannaCry, WannaCrypt, WNCry, etc.. Pide un rescate a pagar en la moneda virtual Bitcoins por la liberación de los datos, de ahí que este tipo de software se conozca como ransomware.

Al tiempo, empresas clientes de los servicios de Telefónica y que usan su infraestructura  empezaron a verse afectadas. Este es el momento de la presente historia que saltó a los medios de comunicación. Como esto es España, empezaron los chistes autoflagelantes sobre la tradicional chapuza y cutrez española. Uno de los blancos fue el mediático Chema Alonso, el “hacker” del gorro, que ahora es jefe de datos (CDO) de Telefónica y al que equivocadamente le atribuían responsabilidad en materia de seguridad. A las pocas horas, saltó la noticia de que el Servicio Nacional de Salud (NHS) británico había sufrido el mismo ataque y decenas de miles de ordenadores habían sido afectados en decenas de países, incluyendo ordenadores de organismos oficiales rusos. Se trataba de un problema global.

Imagen vía EMSISOFTblog.

La tarde del viernes, un experto en seguridad informática anónimo había conseguido aislar el software y hacerlo ejecutar en un entorno controlado para estudiarlo. Reparó en un cosa. El programa trataba de contactar con un servidor de Internet que tenía un nombre formado por una enorme ristra de letras aleatorias. El dominio estaba sin registrar. Con toda probabilidad se tratara de un sistema de protección ante ejecuciones en entornos controlados, que responden a cualquier intento de comunicación externa con respuestas simuladas. Si el programa recibía respuesta del dominio de nombre absurdo se detenía. El analista de seguridad registró el dominio incluso antes de entender qué función tenía y mientras lo estudiaba recibió el aviso de que el ransomware se estaba desactivando en todo el mundo. El asunto fue tratado en las noticias como “informático frena el ciberataque global de pura chiripa”. En realidad, el resultado hubiera sido el mismo de haberse desconectado del mundo trasteando en su ordenador hasta terminar de entender cómo funcionaba.

Este ejemplo de ransomware llevaba circulando desde marzo de este año y esta nueva ola de ataques se volvió más potente por el uso de las vulnerabilidades procedentes de las herramientas de la NSA. Si no buscamos más allás de los meros hechos estamos ante un ataque masivo movido por el afán de lucro que posiblemente se expandiera mucho más y más rápido de lo que sus autores preveían. Su impacto hubiera sido menor de haber aplicado las grandes empresas y organismos el parche publicado por Microsoft en marzo de 2017. Pero como siempre, lo urgente es enemigo de lo importante y en muchas empresas se retrasó la instalación del dichoso parche por razones particulares que cada empresa sabrá.

Si especulamos que detrás de esta historia hay algo más, tenemos que tener en cuenta que una vez se descubre el uso de una brecha de seguridad desconocida (Zero Day) el efecto sorpresa se anula y todo el mundo adopta medidas contra ese agujero de seguridad concreto. Es un arma de usar y tirar. Podríamos pensar entonces que fue un ensayo de algo y que algunas víctimas fueron una simple cortina de humo. Es decir, para no llamar la atención sobre el ataque a un objetivo en concreto se ataquen varias más para que parezca una ola de ciberataques global. ¿Porque podemos creer que los autores de este ransomware realmente esperaban que Telefónica y NHS pagaran un rescate? ¿O lo realmente interesante no era obtener dinero sino datos e información?

El viernes leí comentarios sobre qué país era el responsable de esta ola de ciberataques. Y en pleno 2017 la pregunta estaba mal formulada. La experiencia nos enseña que ahí fuera operan redes transnacionales de ciberdelincuentes muy sofisticados cuya acciones apenas se conocen porque ninguna gran empresa suele reconocer en público que ha sido desvalijada vía Internet. Sólo la caída de alguna de esas redes nos permite conocer su existencia. Los gobiernos aparecen en esta historia cuando se trata de delincuentes de ciertos países cuyas acciones se toleran mientras los objetivos sean extranjeros. Véase “Inside the Hunt for Russia’s Most Notorious Hacker” (Wired, marzo 2017).

La primera lección de urgencia es asumir de una maldita vez que cualquier hardware, software y servicio de Internet de una empresa estadounidense, desde routers Cisco a Facebook, tienen agujeros de seguridad a disposición de las autoridades del país. Y que cualquier organismo español (o europeo) que considere que sus datos no deberían estar al alcance de Estados Unidos debería emplear software libre. Mientras, Europa está enganchada a Microsoft. Y en España mejor no comentar dónde se usa Microsoft Windows.

Para detalles técnicos sobre el ransomware véase:

“Global WannaCry ransomware outbreak uses known NSA exploits”.

“How to Accidentally Stop a Global Cyber Attacks”.

Guía urgente sobre las votaciones de Eurovisión

Todos los años lanzo un hilo en Twitter anticipando los cruces de votos de Eurovisión en función de afinidades culturales y lazos históricos. Este año, para dejarlo escrito de una vez por todas, lo recopilo aquí.

La cuestión es que en Eurovisión siempre hay un puñado de países favoritos que recogen los votos de más valor (12 y 10 puntos) de la mayoría de países pero siempre se cuelan otros que muestran generalmente los sesgos peculiares de cada país. Por ejemplo: Noruega, Suecia y Dinamarca, suelen repartirse puntos entre ellos por sus evidentes lazos culturales. Mientras que Suecia mantiene vínculos históricos con Finlandia, que alberga una minoría sueca. El finlandés, por cierto, no es una lengua germánica. El único país que comparte lazos lingüísticos con Finlandia es Estonia. Así Finlandia, intercambia votos con Suecia y Estonia.

Las tres repúblicas bálticas (Lituania, Letonia y Estonia), son otro caso de países con lazos históricos que se intercambian votos. Cada uno tiene peculiaridades. Como dije antes, el idioma de Estonia comparte raíces con el finés. Letonia mantiene lazos con Suecia. Y la católica Lituania, estuvo unida durante siglos a Polonia.

Otra región europea donde se intercambian votos la forman los países balcánicos, formando parejas según afinidades y cercanía. Así intercambian votos Eslovenia y Croacia. Luego Bosnia, que alberga población de etnia croata y serbia, intercambia votos con Croacia y Serbia. Este último los intercambia con Montenegro. Y luego Macedonia tiene una afinidad lingüística con Bulgaria, con quien intercambia votos.

Grecia y Chipre son dos países que da igual que el otro mande una cabra hasta arriba de anfetas a Eurovisión, que se suelen intercambiar muchos puntos. Y podríamos hacer algunas parejas lingüísticas más, como República Checa-Eslovaquia y Rumanía-Moldavia, que en algún momento de la historia llegaron a estar unidas. Por último, habría que recordar que hasta la crisis de Ucrania de 2014 ese país intercambiaba votos con Rusia y Bielorrusia. La invasión rusa de Ucrania marcó un antes y después, politizándose el concurso en el contexto de la Nueva Guerra Fría.

Una novedad en Eurovisión lo supuso el «voto popular». Ahora vota el público. Y la presencia de ciudadanos de un país en otro se nota en las votaciones. Por ejemplo, la comunidad turca en Alemania que envía votos desde allí o la comunidad rumana en España.

Evidentemente estos apuntes no son científicos sino una aproximación. Pero si uno acude a las estadísticas históricas de voto encuentra que hay un patrón en los países que dieron las puntuaciones más altas a España. Constituye un eje euromediterráneo que va de Portugal a Israel y pasa por Italia, Grecia y Turquía.

La guerra sucia contra Macron

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales enfrenta a dos candidatos que representan la divisoria ideológica de la Nueva Guerra Fría, como bien tienen claro en Rusia. Por un lado, Emmanuelle Macron es un social-liberal (“de centro”) que trabajó para el gobierno del socialista  Hollande y al banco de inversión Rothschild & Cie. Macron se presenta con una plataforma electoral personalista creada recientemente (En Marche!).  En frente tiene a la nacional-populista Marine Le Pen, autora del giro ideológico del partido de ultraderecha que heredó de su padre. Su programa en materias económica y de política exterior le acercan más al partido de Jean-Luc Mélenchon, cuyas bases han optado por el voto en blanco o nulo en la segunda vuelta. Y es que dejando a un lado el tema de la inmigración y la cuestión identitaria, el nacional-populismo de Marine Le Pen comparte postulados en materia de nacionalismo económico o política exterior con el programa de Syriza antes de llegar al poder y a los que defendía Pablo Iglesias antes de ser líder de Podemos.

Ilustración del canal ruso Russia Today.

El Front National de Le Pen ha formado parte del bloque pardo-rojo que en el Parlamento Europeo ha votado siempre junto en todo aquello que afecta a los intereses de la Rusia de Putin, como el tratado de asociación de Ucrania con la Unión Europea o la condena de las violaciones de los derechos de la minoría tártara en la Crimea ocupada. Las coincidencias programáticas entre la ultraderecha de Le Pen y la ultraizquierda europea darían sin duda para un análisis detallado. Y es algo que precede con mucho este ciclo electoral francés. Basta recordar que el diario madrileño ABC titulaba en noviembre de 2014: “Luna de miel entre el Frente Nacional y la extrema izquierda en Francia”. Y contaba entonces que “Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon, líder del Frente de Izquierdas, multiplican los guiños desde los medios. Mientras, crece el desencanto del electorado con la política tradicional”.

Foto: Mijail Klimentyev / AFP vía El Mundo.

El Front National de Marine Le Pen no sólo ha formado parte del bloque rojo-pardo en el Parlamento Europeo que vota a favor de los intereses de Putin, sino que su partido ha tenido una relación cercana con el Kremlin. Cuando el partido de Le Pen no encontró un bancos francés dispuesto a concederle un préstamo, apareció un pequeño banco ruso dispuesto a ofrecerle 9 millones de euros. Le Pen fue recibida por Putin poco antes de las elecciones y el ministro Lavrov dio de ella una definición elocuente de ella: la llamó “antiglobalista”. Precisamente, Marine Le Pen prometió en un discurso durante la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 “devolver a Francia la soberanía perdida hace 30 años y protegerla de la globalización neoliberal”. Lo contaba el diario madrileño El País en una noticia titulada “Le Pen, más cerca de Putin que de la UE”. Ese acercamiento entre el Front National y el Kremlin no es gratuito. A Rusia le interesa promover los partidos antieuropeístas y en el caso del Front National ha contado con su labor de zapa para promover el levantamiento de las sanciones europeas a Rusia.

En marzo de este año, Richard Burr, presidente del Comité de Inteligencia del Senado, afirmó durante una sesión de la comisión que investiga la influencia rusa en las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses que “los rusos están activamente implicados en las elecciones francesas”. Lo que hemos visto hasta la fecha ha sido el posicionamiento claro de los medios rusos contra Macron respaldada por bots para dar mayor difusión a esas noticias y una operación de robo de datos que los expertos atribuyen a autores rusos.

Jermey Cliffe escribió para The Economist en abril sobre las campañas dirigidas por los medios rusos al público francés y alemán, contando con el apoyo de redes de bots en Twitter. Mencionaba entonces los rumores sobre Macron que la agencia rusa Sputnik había difundido. Se refería probablemente al artículo “Ex-French Economy Minister Macron Could Be ‘US Agent’ Lobbying Banks’ Interests”, publicado en febrero y en donde se recogen toda clase de rumores sobre Macron: desde que es secretamente homosexual a que empleó dinero público para lanzar En Marche!.

Significativamente a la campaña contra Macron se sumaron simpatizantes de Trump, miembros de la alt-right y trolls (lo que viene a ser lo mismo) organizados en el foro 4chan. Su principal dedicación ha sido lanzar memes y bulos en redes sociales además de proporcionar relevancia a los comentarios a favor de Le Pen en las páginas de Facebook de medios franceses. Para ello han contado con la colaboración de simpatizantes franceses de Le Pen que les han traducido frases y ayudado a elegir nombres de usuario creíbles. Fermín Grodira ha recogido una buena lista de bulos puestos en circulación para atacar a Macron.

Max de Haldevang ha recogido en Quartz algunos de los comentarios despectivos sobre Macron en la prensa rusa y dio cuenta en el mismo artículo de uno de los materiales que ha circulado en la campaña en las redes sociales contra Macron: documentación de una presunta cuenta secreta de Macron en paraísos fiscales.  La falsificación tiene algunos fallos. Como el nombre “Caribbean” mal escrito en un membrete o que aparezca el nombre de Macron, cuando las cuentas secretas se abren en paraísos fiscales con testaferros. En la página web búlgara Bivol analizaron los metadatos de los archivos y se encontraron que fueron generados con dos impresoras Canon de la gama profesional bastante caras. Evidentemente los metadatos se pueden falsificar, pero en caso de ser ciertos probaría que no son obra de un troll en su casa.

El bulo sobre la cuenta en el paraíso fiscal fue recogida en España por La Gaceta: “Filtran un documento que implicaría a Macron en un entramado societario en el Caribe”. Es una estrategia vieja y eficaz. Alguien lanza el bulo y luego los medios sólo tienen que comentar “por ahí se dice”, “se comenta”, “se rumorea”, etc. Nadie tiene que dar explicaciones si la noticia se demuestra falsa pero el meme se instala en la mente del votante. En La Gaceta, por cierto, leemos también defensas de Marine Le Pen, como el artículo “La lucha de civilizaciones o el ‘efecto Marine” de Fernando Paz. A Paz le conocemos de ser uno de los entrevistados para su libro por el presidente del ultraderechista Frente Europeo de Solidaridad con Sira. Libro del que hablé en “La conexión iraní”. Con lo que vemos, que en La Nueva Guerra Fría todo siempre queda en casa.

Pero sin duda el golpe de efecto más importante fue la difusión el viernes 5 de mayo en Internet de 9Gb. de correos robados de los servidores del partido En Marche!. El propio partido reconoció el viernes el robo de datos. Curiosamente, el día 25 de abril Trend Micro anunció haber detectado la actividad de hackers rusos contra los servidores del partido de Macron. Justo hasta ese día llegan los correos robados y difundidos en Internet. Las informaciones sobre actividades de hackers rusos en servidores franceses apareció en reportajes aquí y allá. Alguien decidió entonces poner en marcha la maquinaria de propaganda.

La primera persona que lanzó el hashtag #MacronLeaks ha sido identificado como Jack Posobiec, que encabeza la oficina de Washington de un medio de la alt-right. El Digital Forensic Research Lab del Atlantic Council analizó la difusión del hashtag. Nació en Estados Unidos, fue redifundido por bots y se expandió por Francia gracias a dos simpatizantes de Marine Le Pen que en anteriores ocasiones ayudaron a lanzar campañas en Twitter. El principal impulso lo ofreció su mención por parte de la cuenta de Wikileaks. Posobiec, por cierto, se identifica como un “orgulloso miembro de la #SlavRight”. Su novia rusa contó en redes sociales haber visto a Melania Trump en una fiesta del día de la jura presidencial.

Está por ver el impacto que tendrán todas estas campañas en la segunda vuelta presidencial. En The Intercept quitaban importancia a la información que se encontraba en los emails. Se trata de trivialidades. No ha estallado ningún escándalo, ciertamente. Pero vemos a estas alturas la existencia de un patrón que afecta a quienes se enfrentan al candidato político preferido por el Kremlin.