Cómo un trabajo que me suspendieron en la carrera será la introducción a mi tercer libro

La última asignatura específica de Sociología que aprobé en la carrera fue Sociología de la Comunicación. Era el segundo cuatrimestre del curso 2002/2003 y había que hacer un trabajo para superar la asignatura. Yo elegí estudiar la relación entre Internet y el movimiento antiglobalización. Recordemos que el movimiento antiglobalización se había estrenado en Seattle el 30 de noviembre de 1999, justo a los tres meses de empezar yo la carrera y aquello me impactó. Yo había seguido los preparativos de las protestas a través de una lista de correo de la Z Magazine y el resultado me sorprendió. Me gustaba aquella transversalidad de gente unida sin sectarismos sobre unos principios mínimos, especialmente considerando el vacío ideológico tras la caída del Muro de Berlín. Y me gustó  lo que me contaron a la vuelta de las grandes protestas de Praga de 2000, donde habían establecido tres columnas donde se respetaba las tácticas y principios de cada cual: La rosa era festiva y pacífica, la blanca era de resistencia activa no violenta y la negra violenta y radical.

Yo había sido voluntario en una ONGD y había sido activo en movimientos como el 0,7% y la RCADE. Viviendo en Canarias pagábamos el coste de la insularidad. Era complicado coordinar las acciones en todo el archipiélago y el resto de España. Así que para mí Internet era un mundo de posibilidades. La pregunta por tanto, como sociólogo, era qué relación había entre los nuevos movimientos sociales y las nuevas tecnologías que permitían una comunicación horizontal que rompían jerarquías, lo que incluía los novedosos documentos editables a varias manos. Leí sobre los valores de la contracultura de los padres de Internet y la creación de los protocolos informáticos que hacían de Internet una red distribuida. No recuerdo qué conclusiones llegué en el trabajo. Sólo recuerdo que el profesor me suspendió. No había lugar para la tecnología en la Sociología de la Comunicación, me dijo.

Gráficos de Paul Baran, pionero de las redes distribuidas.

El sociólogo que más me había impactado durante la carrera había sido el español Manuel Castells, autor de la monumental trilogía La Era de la Información. Así que la decisión del profesor más que injusta, me pareció ridícula. Tomé el texto y le quité la introducción donde hablaba de la historia de Internet para sustituirla por otra donde mencionaba los conceptos que el profesor quería leer. Los puse en negrita, cómo no. Y por último, cambié el tipo de letra de Arial 10 a Arial 12. Pasé del suspenso al sobresaliente.

Desafortunademente, o no, perdí el texto original del trabajo. Sólo conservo borradores de varios epígrafes. Los estuve releyendo este fin de semana. Y encontré que eran perfectamente reciclables para un proyecto que tengo en la cabeza desde que terminé mi primer libro. Todo este tiempo he estado dándole vueltas cómo encajar el concepto de guerra en red en el esquema general de las Guerras Posmodernas. A veces he pensado que es un componente más. Y otras he pensado que es un tema que merece un libro propio. He optado por la segunda opción definitivamente y tengo ya perfectamente definidos cuatro de los cinco capítulos.  Sé que es un libro que interesará a cuatro gatos pero lo escribiré sólo por el placer de escribir del trayecto que va de las Mil Mesetas de Delleuze y Guatari hasta los conceptos de guerra en red que en Estados Unidos están desarrollando para enfrentarse a China, hablando por el camino de Virilio, Brossolet, Arquilla, Ronfeldt, Cebrowski, Gartska, etc. y conceptos como netwar y swarming.

Al periodismo activista se le empieza a ver las grietas

Llevaba tiempo con una sensación de que había algo intrínsecamente malo en esa convergencia del periodismo activista con las ONG. Mi impresión, tras años destripando artículos erróneos y tendenciosos sobre el conflicto palestino-israelí, es que en el fondo a la gente le importa un pito la calidad periodística cuando la causa le parece justa. Lo importante para muchos es la buena intención porque hay un público que quiere ver sus prejuicios confirmados por los medios. Es una batalla perdida en ese aspecto.

El otro día comenté aquí un artículo de un periodista que es activista en una organización propalestina y hablaba de esa misma organización en el artículo. ¿Dónde terminaba el periodismo y donde empezaba la publicidad de la organización? Estoy acostumbrado a ver en la prensa anglosajona aclaraciones en las reseñas de productos culturales, como libros y películas, en las que el autor advierte al lector que se trata de un lanzamiento de otra empresa del mismo grupo empresarial. He visto publicaciones on-line donde se analizan productos electrónicos que advierten cuando se trata de un préstamo temporal del fabricante para elaborar el artículo y se enlaza a un página donde el lector puede informarse sobre la política del medio respecto a las relaciones con las marcas. Mientras que en prensa y en televisión estamos acostumbrados desde hace años que se especifique cuando estamos ante un publirreportaje y no a una información convencional. Sin embargo, de un tiempo a esta parte estamos acostumbrados a que ONG con proyectos humanitarios en países lejanos paguen viajes a periodistas para que publiquen reportajes sobre su labor allí y no recuerdo haber leído nunca a nadie advertir al respecto. ¿Afecta a la calidad del periodismo esa relación?

Recordemos el caso de las ONG que fletaron barcos para rescatar a las personas que llegaban desde Libia a las islas italianas en medios muy precarios. Recuerdo que empezaron diciendo que estaban allí para rescatar a los refugiados que se ahogaban en el Mediterráneo. Un día leí en la página web de GEFIRA que en realidad las ONG estaban trasladando migrantes desde las costas italianas. En mi cabeza GEFIRA sonaba a PEGIDA, la organización xenófoba alemana, por lo que no le presté atención. Tiempo después me encontré un tuit de la Guardia Civil anunciando que habían rescatado a “1065 personas en embarcaciones a la deriva junto a las costas de Libia”. Así que se me ocurrió mirar en páginas de navegación marítima que ofrecen la posición actualizada de los buques que transmiten su posición vía el sistema AIS. Y allí me los encontré, los buques de las ONG muy juntos y pegados a la costa libia. Empecé a tirar del hilo y encontré vídeos donde se veía el transbordo de migrantes desde las embarcaciones de las mafias a los “buques de rescate” de las ONG, que luego los desembarcaban en territorio italiano bajo la excusa de que eran náufragos rescatados en alta mar. Encontré que el efecto llamada generado por el puente marítimo creado entre Libia y Europa estaba atrayendo a migrantes desde sitios tan lejanos como Bangladesh. Conté mis hallazgos sobre el asunto el pasado verano en Una bomba de relojería en el Mediterráneo.

Hace poco, Jordi Évole tuiteó sobre la actividad de Pro Activa Arms, una empresa de socorristas reconvertida en ONG que recoge gente en el Mediterráneo, y afirmó “sigue Europa sin hacer nada”. Évole había mostrado su trabajo en un reportaje que le valió un premio. En realidad, como refleja que una patrullero de altura de la Guardia Civil estuviera en las costas de Libia, hay toda una operación europea en marcha. Hasta las propias cifras de las ONGs reflejan que mucho más de la mitad de las personas rescatadas en el Mediterráneo lo son por los medios desplegados por la Unión Europea. La oficina de prensa de de la Representación de la Comisión Europea en España contestó a Évole con un hilo en Twitter.

La cuestión es, ¿quién quiere escarbar la mierda de cooperantes internacionales y periodistas-activistas si son los nuevos misioneros de la era laica, admirados y glorificados? Pues ha estallado el escándalo. The Times de Londres ha desvelado que el director de Oxfam en Haití y otros responsables de la organización montaron orgías con prostitutas en un ambiente persistente de acoso sexual a las trabajadoras. Tras esa noticia, ha aparecido que el comportamiento de los directivos de la ONG en lugares como Bangladesh, Filipinas y Nepal no fue nada ejemplar: alojamientos en hoteles de lujo, acoso sexual, apropiación de los méritos de otras ONGs ante los medios, etc. Resulta, que el acoso y las agresiones sexuales entre los trabajadores humanitarios es un problema extendido.

Una de las mesas redondas sobre “Periodismo Comprometido” de Oxfam en España.

Como siempre que salen a la luz estas cosas, aparece en las redes sociales gente contando que todo esto ya se sabía. Pero claro, ¿quién estaba dispuesto a sacar los trapos sucios de las ONG en los medios? Las propias ONG presionaban a sus trabajadoras para que cerraran la boca porque el potencial escándalo podría arruinar su reputación ante el público y cortarse el flujo de donaciones. Los periodistas no querían contar nada porque su conciencia sensible y solidaria les llamaba a no perjudicar la reputación de las ONG, sabiendo que la gente metería a todas en el mismo saco. Me recuerda el caso de una activista europea propalestina a la que le pidieron que no contara algo malo que le había pasado en uno de esos viajes solidarios porque eso “le hace el juego a Israel”. ¿Cuántas cosas verán los periodistas comprometidos y callarán porque no encaja en su agenda política? El periodismo activismo termina siendo activismo pero no periodismo.

Contratistas rusos mueren en Siria en un contraataque estadounidense

Mapa: Bloomberg.

El pasado día 7 de febrero una fuerza progubernamental siria, formada por contratistas rusos de la empresa Wagner y una milicia conocida como los “ISIS Hunters”, avanzó en la provincia de Deir ez-Zor más allá de la línea que separa los dominios gubernamentales de los dominios de la coalición Fuerzas Democráticas Sirias, que lideran los comunistas kurdos sirios, para tratar de apoderarse de una planta de gas conocida por el nombre de la empresa estadounidense que antiguamente lo explotaba, Conoco. El gobierno sirio ha firmado acuerdos de explotación con empresas petroleras rusas, evidentemente como compensación a Moscú por el esfuerzo de guerra ruso para salvar al régimen de Bashar Al Assad. En la Siria oriental esa línea de demarcación fue establecida una vez las respectivas ofensivas de las fuerzas gubernamentales y las Fuerzas Democráticas Sirias lograron derrotaron al Estado Islámico, considerando especialmente la presencia de fuerzas rusas en un bando y estadounidenses en el otro.

Fadi Makhlouf, uno de los sirios fallecidos en el enfrentamiento, posando con camuflaje ruso Digital Flora, fusil Tipo 56-2 y el parche de los ISIS Hunters. Foto vía @tarek_oo7.

El ataque de la fuerza progubernamental, de entidad batallón, se centró en una posición establecida de las Fuerzas Democráticas Sirias, a 8 kilómetros al este del río Éufrates. Tras la preparación artillera y disparos de carro de combate, se produjo el avance de las fuerzas de a pie (entre 300 y 500 combatientes). Se daba la circunstancias de que en esa posición se encontraban militares estadounidenses.

Controladores aéreos avanzados estadounidenses, dotados con designadores láser y equipos de comunicación, en Afganistán en 2010. Foto: Spc. De’Yonte Mosley, U.S. Army.

Según afirmó en una rueda de prensa el teniente general Jeffrey L. Harrigian, comandante en jefe de las fuerzas de aviación del mando regional para Oriente Medio (CENTCOM), el personal estadounidense se puso en contacto con el oficial ruso de enlace para advertirle de la situación. Sólo entonces procedieron a solicitar apoyo. Entre ese personal estadounidense se encontraban militares capacitados como Joint Terminal Attack Controllers, la nueva denominación de controlador aéreo avanzado, que solicitaron apoyo aéreo. Allí se acercaron entonces cazabombarderos F-22A Raptor para lanzar munciones y drones MQ-9B Reaper para proporcionar vigilancia del campo de batalla. Más tarde se unieron aviones cañoneros AC-130, cazabombarderos F-15E, bombarderos B-52 y helicópteros de ataque AH-64 Apache. También intervino una unidad artillera del cuerpo de infantería de marina estadounidense. Tras tres horas de ataques aéreos y artilleros, la fuerza progubernamental siria se retiró en dirección oeste. El recuento oficial estadounidense es de unas cien bajas ocasionadas.

Un segundo enfrentamiento se produjo el sábado día 10 de febrero, en el que un carro de combate T-72 de las fuerzas gubernamentales fue destruido por un dron MQ-9B Reaper estadounidense. La CNN mostró un vídeo que muestra el ataque con bomba guiada contra un carro de combate y también otro ataque al lado de unas edificaciones. La URL muestra ahora otra información, pero el usuario de Twitter @warsmonitoring recogió el vídeo en un tuit del día 13 de febrero.

Aquí el fotograma que muestra el segundo lugar atacado.

Otro usuario de Twitter, “Gerards”, identificó el lugar en las fotos satélite de wikimapia.org El lugar es un cruce en la localidad de Khusham, al este del Éufrates y al sur del campo de gas de Tabiya, también identificado en wikimapia.org como Conoco.

El propio día 7 de febrero empezaron a circular rumores de que entre las bajas de la fuerza atacante había ciudadanos rusos. Curiosamente el silencio del Kremlin fue total. Según cuenta la agencia Bloomberg, el portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, declinó comentar el asunto diciendo que su gobierno sólo lleva registros de las bajas de las fuerzas armadas del país. Mientras tanto medios y personajes del panorama ultranacionalista empezaron a hacer circular cifras de hasta 200 rusos fallecidos, con el evidente propósito de generar una reacción en la opinión pública.

Conflict Intelligence Team (CIT) ha recogido varios nombres de las bajas de la empresa Wagner en Siria que circulan ya por los medios de comunicación y las redes sociales rusas:
-Vladimir Loginov, activista cosaco de Kaliningrado,.
-Alexey Ladygin, veterano de la guerra de Ucrania, de Riazán.
-Stanislav Matveev e Igor Kosoturov, otro veterano de la guerra de Ucrania, ambos de Asbest.
-Ciril Ananyev, miembro del Partido Nacional-Bolchevique y veterano de la guerra de Ucrania, de Moscú.
-Alexery Shikhov, veterano de la guerra de Ucrania y miembro del Partido Nacional-Bolchevique, de Nizhni Nóvgorod.
-Ruslan Gavrilov, del asentamiento de Kedrovskoye.

Según recoge CIT, el medio Novaya Gazeta (crítico con el Kremlin) afirmaba que la cifra de rusos fallecidos ascendía a 13. “Oryx”, un conocido analista de inteligencia de fuentes abiertas y autor de materiales muy interesantes sobre la guerra siria, dio la cifra de 12 muertos y 36 heridos.

Por último, el diario ruso Kommersant, informa que el ataque lanzado por las fuerzas rusas el día 7 fue iniciativa de un hombre de negocios local que pensaba que el pozo de gas en manos de los kurdos de las Fuerzas Democráticas Sirias sería una objetivo fácil de tomar y que sus defensores no opondrían mucha resistencia antes de salir corriendo. Se trató por tanto, un ataque no coordinado con el alto mando militar ruso y no contaba con apoyo aéreo. Las numerosas bajas en la fuerza atacante se produjeron porque no habían terminado de desplegarse y un buen número de vehículos fueron destruidos por la aviación estadounidense cuando todavía se encontraban formando una larga columna.

Recuerdo los artículos que denunciaban la lógica de la privatización de la guerra y la explotación de los recursos locales tras la invasión estadounidense de Iraq. ¡La lógica neoliberal aplicada a la guerra! En más de una conferencia he oído a expertos hablar de la amenaza que suponen para la paz y la democracia las empresas militares privadas. Pero se les olvidó el caso de Siria, donde la participación de empresas militares rusas empezó en 2013. Supongo que, para la tropa de periodistas y comentaristas españoles que escriben sobre Oriente Medio criticando a Estados Unidos e Israel como deporte favorito, retratar la verdadera naturaleza de la intervención rusa en Siria les pone ante su público del lado del imperialismo yanki y el sionismo. Muchos oirán hablar de la compañía Wagner por primera vez estos días. Ya me encargaré yo de profundizar un poco más en el tema de las PMC rusas en un futuro. ¿Os va gustando ya la Nueva Guerra Fría?

De la guerra nómada a las guerras Toyota

Fuerzas chadianas en el noreste de Nigeria para combatir a Boko Haram.

Como conté el otro día, tengo debilidad por la experiencia histórica de las Guerras Toyota en el Chad de finales de los años 80. La idea de actualizar las razzia tuareg empleando todoterrenos en largas cabalgadas por el desierto fue a su vez puesta al día en Chad y Sudán hace una década, con el empleo de teléfonos móviles y dispositivos GPS en incursiones de mil kilómetros.

Trasvase de suministros de un camión nodriza Oskosh M1078 “WarPig” a los GMV de las fuerzas especiales estadounidenses en el norte de Iraq.

Las sucesivas campañas de Afganistán, Iraq y el Sahel reintrodujeron el concepto de todoterreno para fuerzas de operaciones especiales, del que los británicos fueron pioneros en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial y volvieron a emplear en Omán en los 70 y en Iraq en 1991. Su prueba de fuego vino en el frente norte de la invasión estadounidense de Iraq. Un grupo reducido de fuerzas especiales estadounidenses acompañaba en abril de 2003 en su avance a irregulares kurdos cuando se encontraron en el Paso de Debecka, entre Mosul y Kirkuk, con fuerzas mecanizadas del régimen iraquí. Los 26 boinas verdes estadounidenses iban a bordo de vehículos GMV, sólo con ametralladoras M2HB y lanzagranadas Mk.19 de 40mm. como armamento principal. Pero contaban con una buena reserva de misiles anticarro Javelin, que emplearon generosamente contra carros de combate T-55, blindados MT-LB, camiones y todoterrenos de las fuerzas iraquíes.

Disparo de misil Javelin en la Batalla del Paso de Debecka.

En 2010, William F. Owen, antiguo oficial del ejército británico, propuso en el Small Wars Journal el concepto de “Horda Toyota”, una fuerza numerosa dotada de vehículos todoterreno 4×4 armados con abundantes misiles anticarro y misiles antiaéreos portátiles (MANPADS), contando como único refuerzo lanzacohetes de artillería tipo BM-21 “Grad”. Owen sostenía que una fuerza así era capaz de enfrentarse con éxito a otra mayor de carácter convencional.

Todoterrenos iraníes Safir con misil Toosan-1 (versión local del 9M113 Konkurs de diseño soviético).

Curiosamente toda estas ideas sobre la evolución tecnológica de la guerra de los nómadas del desierto que lleva desarrollándose en el mundo anglosajón durante las dos últimas décadas fue anticipada en Francia en los años 70. Los filósofos Félix Guattari y Gilles Deleuze hablaron ya en 1980 en su libro Mil Mesetas de la guerra nómada y citaron como referencia a Guy Brossollet, que anticipó en Ensayo sobre la no batalla el concepto de campo de batalla vacía. Su objetivo fue estudiar el problema del empleo en Europa central de fuerzas convencionales en pleno uso de armas nucleares tácticas. Brossollet proponía como respuesta una forma de guerra distribuida y en profundidad. Según Alexander R. Galloway, Brossollet anticipó “The coming warfare will be network-centric”. En esos planteamientos de guerra distribuida, las fuerzas defensoras actuarían como guerrillas pero empleando armamento avanzado. En cierta forma anticipó así el concepto de Guerra Híbrida. De ahí que renaciera el interés por sus ideas tras la proliferación de análisis sobre la guerra de 2006 y el grupo libanés Hezbolá.

Tras el fallecimiento de Brossollet en 2015, Jean-Dominique Merchet contó en su obituario que el “iconoclasta ensayo” fue “muy mal recibido por la alta jerarquía durante sus estudios en la Escuela Superior de Guerra en 1972-74”. De hecho, la carrera militar de Brossollet se vio perjudicada y se le negó el mando de un regimiento. Fue enviado a la agregaduría militar francesa en Pekín, donde renunció a su carrera como militar. Merchet recogió en su obituario algunos comentarios de Alexis Brossollet sobre las ideas de su padre. Según Alexis Brossollet, lo que su padre había propuesto era el despliegue de “una malla de módulos ligeros”, formada por vehículos ligeros con misiles anticarro, desde el norte de Francia a los Alpes. Tal fuerza se desplegaría a lo largo de 500km. en una profundidad de 120km., combinada con numerosos helicópteros cazacarros y reforzada con carros de combate. Aporta también Alexis Brossollet, que entre la correspondencia de su padre encontró una carta de un ingeniero de Panhard que le contaba lo influyente que habían sido sus ideas en el desarrollo del Vehicule Blindé Legèr.

Panhard VBL con lanzador de misil anticarro MILAN.

Algún día escribiré una historia del concepto de guerra distribuida, arrancando con los filósofos posmodernos franceses y pasando por Arquilla, Ronfeldt, Cebrowski, Garstka, Setmarian y McChrystal, para finalmente llegar a los actuales desarrollos doctrinales de guerra en red estadounidenses para enfrentarse a China en el Océano Pacífico. Algún día.

La larga historia de los todoterreno en operaciones móviles en el desierto (un homenaje pendiente a Jorge Aspizua)

Maquetas de vehículos saharianos de Jorge Aspizua en escala 1:72. En primer término, un Land Rover Santana con ametralladora MG-3.

Hace años se me ocurrió que un buen homenaje a mi amigo y mentor Jorge Aspizua, el desaparecido autor del blog “La Harka de Aspizua”, sería escribir un libro de historia militar que recogiera el empleo de todoterrenos armados en campos de batalla desérticos. Se trata de un asunto aparentemente exótico pero lleno de episodios épicos que se proyectan en el presente.

Land Rover Santana de la Agrupación de Tropas Nómadas del Sáhara Occidental Español.

Con Jorge Aspizua aprendí a superar el adanismo al que nos empuja la obsesión con las soluciones tecnológicas y a buscar lecciones históricas en experiencias del pasado. Dejada atrás la pasión adolescente por carros de combate y cazas, a los dos nos gustaban todo lo relacionado con operaciones no convencionales e irregulares. Éramos la clase de tipos que en vez de portaaviones y fragatas, nos interesaban los LPD clase Endurance de la armada de Singapur y las lanchas rápidas suecas CB90H, que nos despertaban la imaginación pensando en la lucha contra la piratería. Nos interesaba desde los Chindits en la jungla de Birmania a la lucha contra el yihadismo el Sahel.

Ford T Utility de la 1st Ligh Car Light Patrol en Oriente Medio durante la Primera Guerra Mundial.

Así que imaginen, ante el renacido interés por las operaciones en los horizontes sin límite del Sahel nosotros recordábamos a Lawrence de Arabia durante la Primera Guerra Mundial y la campaña en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial.

SPA-Viberti AS.42 usado por la Compagnie Auto-Avio Sahariane y el Raggruppamento Sahariano italianos en el Norte de África durante la Segunda Guerra Mundial.

Así que un día me puse a trazar la línea histórica que arrancaba en la Primera Guerra Mundial con los Rolls Royce Tender de Lawrence y los Ford T Utility australianos. Luego pasaba por las aventuras del famoso Special Air Service en el norte de África durante la Segunada Guerra Mundial, pero también el menos conocido pero no menos importante Long Range Desert Group. Por el camino, descubrí las unidades italianas equivalentes a las dos anteriores y el frente sur de la Guerra de Independencia de Israel.

Columna del PALMACH durante la Operación “Horev”.

Buscando más aventuras de operaciones móviles con vehículos ligeros por las grandes llanuras africanas me encontré su uso por mercenarios europeos en el Congo, que los empleaban en raids donde compensaban su inferioridad numérica con velocidad, potencia de fuego y audacia ante un enemigo poco preparado y asustadizo. Creo que ahí tenemos los antecedentes de los technicals, vocablo que apareció en Somalia en los años 90.

Pero si hay una experiencia histórica que desde niño avivó mi imaginación fueron las Toyota Wars del Chad a finales de los años 80. Tras años apoyando a las fuerzas insurgentes del norte del Chad que luchaban contra el gobierno, el régimen libio decidió tomar el control de la situación invadiendo directamente el Chad con el objetivo de anexionarse el norte del país, porque entonces se creía que la  Franja de Aouzou era rica en uranio. La maniobra fue precedida por la ruptura de la alianza con los insurgentes chadianos, que terminaron superando sus diferencias con el gobierno en nombre de la defensa del país frente al invasor norteño.

La aviación libia bombardea la base aérea de Wadi Doum en abril de 1987 tras caer en manos de las fuerzas chadianas.

Aquella guerra enfrentó a las columnas mecanizadas del ejército libio, con carros de combate T-55 y vehículos de combate de infantería BMP-1, a columnas chadianas de Toyota Land Cruiser de la serie 40 armadas principalmente con ametralladoras pesadas pero también con misiles anticarro Milán y misiles antiaéreos Stinger. Tengo desde hace mucho un borrador de artículo sobre el tema al que le falta no mucha para ser terminado. Y cómo no, tanto tiempo ha pasado desde que empecé a escribirlo que alguien se me adelantó y publicó un artículo sobre el tema en la revista Ejército, que encima se llevó el premio al mejor artículo de 2017. Al menos, yo pretendía darle un enfoque diferente, como cuando escribí en 2011 “Swarming en el desierto”.

VAMTAC de la experimental Sección de Operaciones en el Desierto del Regimiento de Infantería “Soria” Nº9 con base en Fuerteventura.

Todo este interés histórico no era un ejercicio de nostalgia. Mi interés, una lección aprendida de Jorge Aspizua, provenía de preguntarme cuántas cosas que ya se habían aprendido antes alguien iban a ser útiles y sólo era cuestión de acudir a quienes habían recopilado la experiencia y el conocimiento para aprovecharlas. Quizás alguien en alguna parte debería molestarse en escribir un buen libro sobre la experiencia militar española en el Sáhara Occidental para evitar inventar la rueda.

Soldado francés subido a su VBL mirando el horizonte con sus prismáticos en Mali. Una escena igual a las vistas en la Segunda Guerra Mundial en el desierto de Libia y Egipto, donde se usaban escaleras.

Llegados a este punto queda claro que escribir un libro así requería acumular bibliografía y tener mucho tiempo libre para leerla, algo que en el momento en que concebí el proyecto estaba fuera de mi alcance. Paré enseguida, tras leer  y escribir un poco sobre los Rolls Royce usados en la Primera Guerra Mundial. Pero nunca perdí el interés por el tema, mientras iba acumulando libros y seguía la proliferación de fuerzas especiales que incorporaban este tipo de vehículos mientras no hay fabricante de vehículo militar que no lance al mercado una versión erizada de ametralladoras de sus vehículos ligeros.

Fuerzas especiales noruegas en Cabo Verde durante el ejercicio STEADFAST JAGUAR de 2006.
Toyota Hi-Lux del ejército checo.
UAZ Patriot desarollado en Rusia a partir de la experiencia acumulada en Siria y pensado para un nuevo tipo de brigada ligera.

A lo mejor, más que un libro, debería pensar en una serie de artículos sueltos para ir publicando despreocupadamente. Más si tenemos en cuenta la publicación en español de libros como Los hombres del SAS: Héroes y canallas en el cuerpo de operaciones especiales británico u Operaciones Especiales De La Segunda Guerra MundialMientras tanto, me he alegrado mucho con la reciente noticia de la próxima publicación por parte de Osprey de un nuevo libro de Leigh Neville, autor de libros como Special Operations Patrol VehiclesFuerzas Especiales En La Guerra Contra El Terror, titulado Technicals: Non-Standar Tactical Vehicles From The Great Toyota War To Modern Special Forces. Bienvenido sea.

 

 

 

Palestina y el lado incorrecto del periodismo

Los estudios de Economía Política sobre los medios de comunicación plantean cómo el accionariado en manos de grandes grupos empresariales, que tienden a la concentración, colocan la línea editorial y los contenidos en consonancia con los intereses de clase de los propietarios. Además, los medios establecen una relación de dependencia hacia esos pocas empresas o instituciones con grandes contratos de publicidad. Así, el periódico El Punt Avui anunció un ERE que afectó a 90 trabajadores y cerró su oficina de Barcelona tras el recorte de publicidad del gobierno autonómico catalán después de la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española. Pero también es famosa en España la renuncia de los medios impresos a publicar noticias negativas sobre El Corte Inglés, que eufemísticamente aparece siempre referido en términos parecidos a “una conocida cadena de grandes almacenes”. Y es que esos anuncios a página entera de “Ya es primavera en El Corte Inglés” deben suponer unos ingresos importantes.

Esta teoría de que estamos condenados a encontrar en los medios sólo la perspectiva del gran capital tiene un defecto. A veces los conglomerados mediáticos encuentran que las personas de izquierda son un nicho de mercado como otro cualquiera. En España tenemos el caso de la cadena La Sexta, que fue absorbida por el Grupo Planeta, y se convirtió en la plataforma de promoción de Pablo Iglesias como parte de una estrategia de división del voto de izquierda. La línea editorial de La Sexta, con programas como Salvados, es muy diferente al del diario conservador La Razón. Y, sin embargo, ambos comparten dueño.

La solución de quienes quieren sacar adelante medios minoritarios ha sido acudir a las suscripciones y los crowdfunding. El lema de todos ellos suele ser “ayúdanos con tu dinero a seguir siendo independientes”. Alguno, como ctxt, pedía hasta hace poco, con gran modestia, ayuda para seguir ofreciendo “periodismo de calidad”. El sector ha florecido con la crisis de los medios generalistas, que han enviado a bastantes periodistas al paro. Basta repasar los archivos del blog Papers papers para ver la larga lista de medios en papel que han cerrando en todo el mundo en la última década. Sin ir más lejos, se anunció el cierre en España de las veteranas revistas Tiempo e Interviú. La cuestión es si hay suficiente público para tanta publicación de izquierda, crítica y alternativa. ctxt muestra en su portada que tiene 5.502 suscriptores y aspira a 10.000. Así que la publicidad sigue siendo importante para esta clase de medios, que no son ajenos al clickbait. Y llegamos así a un asunto que quizás sea el problema de fondo. Los medios que nacen como medios de la izquierda alternativa, contestaria, solidaria, etc. no apelan a un potencial público lector a priori indefinido. Apelan a un público ya convencido que quiere que le confirmen sus mitos. Quiere que le cuenten que en Venezuela hay democracia o que la ley de montes de 2015 hizo aumentar los incendios forestales en España por la especulación urbanística. Aunque ambas sea mentira.

El Salto es un proyecto del periódico Diagonal que llamó mi atención hace meses por publicar un artículo del economista Yago Álvarez que reproducía el bulo de que el gobierno de España se había comprometido a gastar 6.000 millones en la compra de aviones F-35 para granjearse el favor de Donald Trump al asegurar la supervivencia de la empresa Lochkeed Martin. Sobra decir a estas alturas, que no existió ese acuerdo ni Lockheed Martin está necesitada de un contrato español que la rescate. Ayer me encontré en El Salto un artículo que es una antología de las malas prácticas periodísticas de las que tanto me quejo. Se titula “Palestina: el lado correcto de la historia. Arranca fuerte. Tras el título y la entradilla aparece una foto de Julia Caulfield, con el siguiente pie de foto:

Todos los hombres y mujeres israelíes están obligados a realizar el servicio militar durante dos años. Las prácticas militares las realizan con los propios habitantes de los territorios palestinos, poniendo a prueba la eficacia de sus armas.

El artículo en sí empieza hablando del colegio Córdoba de Hebrón:

“Los niños que acuden a este colegio tienen que enfrentarse cada día a la cara más dura de la ocupación, tratar con soldados extranjeros fuertemente armados y jugarse la vida para asistir a las clases”.

Entonces llegamos a la explicación del contexto histórico:

“Un año después de la Guerra de los Seis Días, en 1968, se instaló el primer asentamiento israelí en Hebrón”.

Y aquí paro. Los dos primeros párrafos que he citado mezclaban la tendenciosidad con la exageración. Al apunte histórico habría que añadirle un dato. Hubo judíos en Hebrón con anterioridad hasta que el progromo de Hebrón de 1929 acabó con la comunidad judía de la ciudad y que llevó a los pioneros judíos a crear la organización de defensa Haganá. Lo interesante del artículo está más adelante:

“La Asociación Al-Quds de Solidaridad con los Pueblos del Mundo Árabe lleva desde 1999 realizando labores de denuncia y apoyo internacional en toda Palestina. Desde Málaga, ofrecen apoyo al Centro de Información Alternativa, que se dedica al monitoreo y denuncia de la situación en Hebrón”.

Busco en Internet al autor del texto artículo, Javier Díaz Muriana. Las fotos son de Julia Caulfield, por cierto. En Twitter encuentro que Javier Díaz Muriana se define como “activista y periodista” y aparece ubicado en Málaga-Palestina. Apostaría que tiene algo que ver con Asociación Al Quds de Málaga. Busco en Internet y encuentro referencias a su participación en la segunda jornada  del Seminario sobre Periodismo Ético “Procesos Migratorios y Minorías: El Periodismo ante los Nuevos Reto”. Se le presenta como “periodista e integrante de la Asociación AL-Quds”. Y así tenemos que un activista de una ONG va a Hebrón y firma una noticia donde habla del trabajo que hace su ONG allí. Eso en periodismo se llama publi-reportaje. Pero hay otro detalle interesante en el artículo:

“El doctor Azzeh se dedicaba en su tiempo libre a mostrar a periodistas y activistas la crudeza de la ocupación. Ahora su hogar ya no tiene la privacidad deseada. Los periodistas y activistas la visitan casi a diario para conocer su historia”.

El periodismo enlatado es uno de los pequeños secretos de la cobertura informativa del conflicto palestino-israelí. Los periodistas llegan a Israel y entran en Cisjordania a tiro hecho llevados por los fixers u organizaciones locales a unos personajes que cumplen los estereotipos que la prensa occidental demanda. Nacho Carretero lo desvelaba en su artículo “Guía para hacer un reportaje en Palestina”.

Lo que tenemos aquí un publirreportaje de una ONG firmada por uno de sus miembros que cuenta la mitad de la historia. Parte de la otra mitad al menos aparece en la Wikipedia. Estoy seguro que todo esto que cuento es irrelevante. Las personas que simpatizan con Israel aplaudirán esta entrada de blog y me llegarán, como suele suceder, nuevos seguidores en Twitter. Los que simpaticen con la causa palestina dirán como siempre que las exageraciones, omisiones y errores del artículo son irrelevantes porque cuenta una historia de fondo que es verdad: la miseria de los palestinos que viven en Hebrón. Y ahí está el meollo del periodismo activista y comprometido. La buena intención del periodista está siempre por encima de todo. Lo que importa no son los datos y los hechos de un artículo sino la historia que quiere contar.  Y eso, sin ir más lejos, es la post-verdad.

 

Las posibilidades de explotar información en el caso Strava

Strava es una aplicación para móvil de la que no había oído hablar en mi vida. Por lo visto es una red social para compartir los datos tomados por dispositivos inteligentes de diversos fabricantes mientras se practica deportes como correr o andar en bicicleta. La gracia de compartir datos con Strava es que sirve para lanzar desafíos a otros usuarios o felicitarles por sus logros. Es decir, apela por un lado a la vanidad de los runners que quieren presumir de sus marcas y por otro lado sirve para conocer gente, compartiendo rutas o motivándose los unos a los otros. Hasta aquí todo bien.

Resulta que desde hace dos meses la página web de Strava ofrece un “mapa global de calor” que muestra la actividad de los deportistas en todo el mundo. Adicionalmente ofrece un servicio llamado Strava Metro de tal manera que “[t]ransportation, planning and safety organizations can analyze trends, counts and more”. Si acercamos la vista a Madrid, el Parque del Retiro luce así:

“Mapa de calor” de usuarios de Strava.com en el Parque del Retiro de Madrid.

En 2016 Steve Loughran advirtió de las vulnerabilidades de los dispositivos GPS para practicar deporte. En el caso de los mapas de Strava apuntaba que el problema no sólo afecta a militares y bases secretas, como ha destacado la prensa, sino a personas corrientes. Él señala que alguien podía usar los datos de Strava para identificar a los usuarios con bicicletas caras y localizar su casa o sus lugares habituales de entrenamiento. Bien sea identificando a los usuarios con tiempos extraordinariamente buenos, de lo que se deduce que son ciclistas mucho más que simples aficionados y que por tanto deben contar con muy buen equipo. Bien sea porque simplemente la aplicación te permite identificar cada bicicleta diferente con la que entrenas. Y es de suponer que si alguien se compra una Cannondale SUPERSIX EVO Carbon Ultegra Di2 último modelo de 2018, no se privará de hacerle saber al resto del mundo que se ha comprado una bicicleta de más de 3.500 euros. La preocupación de Steve Loughran era que alguien pudiera usar los datos de Strava para empezar a identificar a aficionados avanzados o profesionales con bicicletas muy caras para robarles en sus casas o en sus rutas de entrenamiento.

Los datos de Strava estaban ahí para uso de todo el mundo durante semanas hasta que hace poco Nathan Ruser, un estudiante universitario australiano, se le ocurrió mirar no en las grandes ciudades del mundo desarrollado llenos de runners sino en lugares recónditos del planeta. Y entonces se encontró con “zonas de calor” en los lugares más insospechados. Miremos por ejemplo el mapa de Mauritania y Mali. Hay una pequeña mancha roja en el cuadrante superior derecho.

Si ampliamos la imagen encontramos esto:

Buscando la ubicación de ese lugar en Google Earth descubrimos que es el aeropuerto de Tombuctú.

La zona iluminada se trata de la zona adyacente al aeropuerto de Tombuctú, que imagino es el campamento militar de las fuerzas europeas y/o de la MINUSMA. En el lado sur se aprecia una pequeña plataforma de vuelo, que debe servir para helicópteros. Y efectivamente, en Tombuctú han estado desplegado los helicópteros Tigre alemanes.

Foto: AFP PHOTO / Sebastien RIEUSSEC. Vía bamada.net

Descubrir la actividad deportiva del personal militar en Tombuctú no aportan ninguna novedad. Ya sabíamos que allí había militares europeos. De hecho, en Google Maps fui directamente al aeropuerto de Tombuctú porque di por hecho que se trataba de ese lugar. Lo realmente interesante de usar el mapa de Strava es cuando aparece actividad en sitios en medio de la nada en países “complicados”. Así se han identificado puestos militares avanzados de Estados Unidos y Francia. También se han identificado lugares de interés en lugares como Libia y Somalia, lo que nos permite especular sobre la presencia en ellos de militares, contratistas o espías. Cuando encontramos un lugar así podemos  cotejar con las imágenes de servicios como Google Maps. El siguiente mapa muestra la parte oriental de Jordania.

Arriba a la derecha, donde confluyen las fronteras de Siria, Iraq y Jordania hay un punto de actividad. Ampliamos la zona en Google Maps y no vemos mucho. Una construcción identificada en inglés como “Hospital”.

Si miramos la foto satélite que proporciona la propia Strava vemos mejor varias.

La actividad de los usuarios de Strava no sólo permite localizar lugares de interés en áreas remotas, también permite ver cuáles son las rutas habituales usadas por las personas que hacen deporte y trayectos comunes dentro de instalaciones. La siguiente imagen muestra el segundo campamento del “Tercio de Armada”en San Fernando de Cádiz.

Podemos ver las líneas que salen del segundo campamento y se internan en el caño. Son las embarcaciones Duarry Supercat del Grupo de Movilidad Anfibia. Algunas de esas líneas salen del agua y suben a tierra justo en frente. Podría tratarse de los los vehículos de asalto anfibio AAV7, capaces de moverse por tierra y mar. También vemos un flujo que sale del campamento en dirección justo enfrente al campo de tiro y cruza el puente Marqués de Ureña en dirección a la Clica. Así vemos que la actividad sobre el mapa revela patrones de la vida diaria. Y además, vemos que los usuarios de Strava, conscientemente o no, han dejado constancia de sus movimientos en vehículos, como el mapa de actividad muestra en las aguas de Canarias y el Estrecho de Gibraltar. En una base occidental en Afganistán podríamos identificar las edificaciones que sirven de dormitorio porque de ellas arrancan las rutas de deporte o podríamos identificar los edificios sensibles porque son un agujero negro de actividad. Hay bases militares en países sensibles donde aparecen rutas de deporte fuera del perímetro de seguridad. En otros lugares se ve la ruta de patrullas en vehículos. En definitiva, los datos podrían ser usados para planificar un ataque con morteros o una emboscada. Pero hay más.

Strava permite crear rutas y comparar tus marcas con otros usuarios que hayan pasado por allí. Según ha demostrado Steve Loughran, es posible engañar a Strava con datos tomados de otros sitios como si fuéramos nosotros los que han corrido ahí. Se abre entonces un mundo de posibilidades al poder identificar individualmente identificar a los usuarios de Strava que trabajan en lugares sensibles. Aquí la imagen del Acuartelamiento “Alférez Rojas Navarrete”, sede del Mando de Operaciones Especiales del Ejército de Tierra en Rabasa (Alicante).

Una imagen parecida podemos tomar de la sede del CNI en la carretera de La Coruña, a la salida de Madrid. Pero también de otra instalación sensible en Castilla La Mancha. A modo de ejemplo, veamos una lista de usuarios de Strava en un lugar de Iraq que me ha proporcionado @AbraxasSpa.

En la primera imagen vemos un mapa con una ruta en el campo petrolero de Badra, en la gobernación de Wasit, que explota la empresa rusa Gazprom. Véase la página web gazpromneft-badra.com. En el centro del mapa aparece la “cantina GCC”. Según la página web de GCC Services, proporciona a Gazprom “catering and full camp services in Badra”. La segunda imagen muestra la lista de los usuarios de Strava con mejores marcas en ese trayecto concreto. Se ha comprobado que, una vez se identifica a un usuario de Strava, se puede comprobar otros lugares donde ha practicado deporte. Si tenemos una lista de nombres que suenan estadounidenses en Mali y luego encontramos a esos usuarios haciendo deporte en Fort Bragg (Carolina del Norte) podríamos deducir que son miembros del 3rd Special Forces Group, cuya área de responsabilidad es África.

Como hemos visto, las posibilidades de explotación de datos de Strava son muchas. Podemos dejar volar la imaginación y pensar cuánta información podría obtenerse de los servidores de Strava en caso de disponer de toda la base de datos convenientemente hackeada. Ya pasó con las tropas rusas que delataron con sus selfies su presencia en Ucrania oriental, nos encontramos que los usos de la tecnología en manos del usuario medio rompen toda seguridad operativa. Pronto veremos nuevas directivas de seguridad y prohibiciones de todo tipo.

Arriba decía que la actividad deportiva en determinados recintos de países como Libia o Somalia nos podía hacer sospechar de que se trata de instalaciones secretas donde residen militares, contratistas o espías de países occidentales o Rusia. Pero se trata de una especulación que puede llegar a ser peligrosa si se generaliza. Podríamos estar ante las instalaciones de una ONG, por ejemplo. Jake Godin encontró en el mapa de Strava una isla con actividad en el sur de Níger, un país donde hay tropas francesas y donde han estado desplegados drones estadounidenses. Investigando sobre el lugar por otras fuentes encontró que se trata de un “hotel ecológico”. El problema es que ya hay gente etiquetando en Wikimaps focos de actividad vistos en Strava como “campamento militar estadounidense”. Ese tipo de elucubraciones podría poner en peligro a periodistas y cooperantes.

El otro día me entrevistó Russia Today sobre este mismo tema.