Desglobalización

Como habrán notado, últimamente me queda poco tiempo para atender el blog y se me acumulan los temas mientras apenas me queda tiempo para clasificar los enlaces que voy encontrando por diversos medios. Pero no quería dejar pasar más tiempo sin abordar uno de esos temas de fondo que percibía iba emergiendo entre el ruido de las noticias. Con los acontecimientos de estos días parece que ya se hace evidente y quizás tenga poco mérito contarlo ahora.

Creo que ya conté aquí varias veces (son más de 14 años de blog) cómo entré a estudiar Sociología con la idea de dedicarme a estudiar la Sociedad de la Información. Aterrizaba en la universidad después de estudiar informática en Formación Profesional y con el bagaje de lecturas como La Tercera Ola del matrimonio Toffler. No habían pasado ni dos meses del comienzo del primer curso cuando sucedieron los disturbios en Seattle, que sirvieron de presentación del Movimiento Antiglobalización y cuya preparación había seguido por la lista de correo de Z Mag. La Globalización era el tema de moda. Y en aquel primer año de carrera me impactaron tanto las lecturas de El Lexus vs el Olivo de Thomas L. Friedman como La Era de la Información de Manuel Castells. Sentía estar en un momento crucial de cambio.

Todas aquellas lecturas planteaban como una buena nueva que Internet y las nuevas tecnologías iban a llevarse por delante el viejo orden industrial, con cambios profundos en el mundo de los negocios, el activismo social y la educación. Las factorías irían trasladándose del mundo desarrollado al subsdesarrollado en busca de mano de obra más barata y ciertos negocios terminarían sucumbiendo a la desintermediación o el cambio tecnológico, como fue el caso de los vídeo-clubs o las agencias de viaje. Pero el saldo final sería positivo. Por todos aquellos trabajos que se iban a perder en el mundo desarrollado en el sector industrial, aparecerían otros nuevos en sectores en nacimiento. “Nuestros hijos trabajarán en empleos que todavía no se han inventado”. Recuerdo leer la transcripción de una conferencia de Manuel Castells donde mostraba su desprecio por las ideas vertidas por Jeremy Rifkin en El fin del trabajo.

Algunos de los elementos de la globalización resultaban contraintuitivos. La deslocalización de factorías a países subdesarrollados parecía un juego de doble suma negativa. Los trabajadores de las viejas zonas industriales de Norteamérica y Europa perdían su trabajo, mientras los trabajadores de Europa del Este, México y el Sudeste Asiático se incorporaban a puestos de trabajo en condiciones que en el lugar de origen nadie aceptaría. Pero el resultado es que aquellos fábricas proporcionaban de forma regular mejores ingresos a campesinos pobres. Jordi Évole descubrió la paradoja cuando le preguntó a unas trabajadoras camboyanas qué le dirían a los compradores de la ropa que producían tras mostrarles el precio de venta al público en Europa. Las trabajadoras le respondieron que les dirían que compraran más ropa, así ellas tendrían más trabajo.

El elefante de la globalización. Vía Pew Research.

El fenómeno de la mejora de ingresos de grandes masas de población en los países subdesarrollados supuso el abandono de la pobreza de cientos de millones de personas en lugares como India y China. Pero también en lugares como Perú, lo que hace que las cifras de abandono de la pobreza en la Venezuela en la pasada década 2000-2010 no resulten singulares. Lo que observadores externos atribuyeron al chavismo posiblemente no fuera más que el resultado de la coyuntura internacional de los precios de las materias primas.

Ese fenómeno del aumento de ingresos de los habitantes de los países subdesarrollados se vio acompañado de otros fenómenos significativos: los ingresos de la población muy pobre apenas creció, los ingresos de los muy ricos crecieron y los ingresos de las clases medias de los países desarrollados cayeron. Esto es, la brecha entre los muy ricos y las clases medias de Occidente se amplió. Sólo estos tres datos darían para desarrollar otros muchos temas.

Uno de los fenómenos más importantes de la globalización es cómo China se convirtió en la fábrica del mundo. La teoría decía que a China se deslocalizaba el tramo de menor valor añadido en la producción de tecnología: el ensamblaje. En Occidente en cambio se mantendrían las etapas más valiosas: el I+D, el diseño, el márketing, etc. Tómese como ejemplo el valor desglosado de los componentes físicos de un teléfono iPhone. El valor de la marca y las patentes de software valen muchísimo más que las factorías.

Pero la deslocalización a China y el Sudeste Asiático en general se vio acompañado de dos fenómenos no previstos. El primero fue la concentración de fabricantes y proveedores en clusters industriales. La reducción de costes empujó a los proveedores de componentes a instalar sus fábricas cerca de las de sus clientes. El asunto escondía un secreto bien guardado de la industria de la electrónica de consumo. Muchas marcas señeras y acérrimas competidoras en realidad emplean componentes del mismo proveedor y hay componentes clave de la electrónica de consumo de los que existen poco proveedores (chips de memoria RAM, sensores de cámaras digitales, pantallas de televisión, etc.) La creación de clusters industriales supone que la supuesta flexibilidad de la industria de la era digital no es tal. Volviendo al ejemplo del iPhone, para Apple sería complicado llevar la producción a Estados Unidos porque no sólo se trata de instalar una fábrica de ensamblaje, sino de contar con todo el ecosistema de proveedores asociados.

El segundo y más fundamental fenómeno asociado a la deslocalización en China es que la industria local siguió un proceso escalonado de 1) copia de los diseños occidentales 2) producción de copias con mejoras locales 3) creación de nuevos productos más competitivos. La “transferencia” de propiedad intelectual no se realiza únicamente de forma delictiva. Compartía ayer Willy Pulido una noticia de The Wall Street Journal que recogía la existencia en China de “transferencias de tecnología” como peaje impuesto a empresas extranjeras para operar en el país. El resultado es que hay ciertos sectores tecnológicos donde China es hoy un duro competidor frente a sus rivales occidentales. Pensemos, por ejemplo, en la telefonía móvil. Un sector donde hubo un tiempo en que Europa fue pionera gracias a empresas como Nokia, Alcatel y Ericsson mientras que los productos chinos eran tratados con desprecio. Hay perspectivas de que habrá más sectores donde la industria china puede que se lleve por delante en el futuro a sus competidores occidentales, como el sector automovilístico europeo de gama media. Un sector por cierto, en el que se avecinan otros fenómenos disruptivos.

La competencia industrial china no se queda sólamente en una mayor competitividad de sus empresas. El crecimiento de las empresas chinas las convierte en jugadores globales con recursos para invertir fuera de sus fronteras. En países como Alemania o Israel están ya preocupados por la entrada de capital chino en empresas de tecnología punta que desembocan en una transferencia tecnológica. El ministro de Economía alemán propuso la creación de un fondo de inversión estatal el pasado mes de febrero con la única intención de bloquear la entrada de capital extranjero en empresas clave de la economía del país. En España existe, por su parte, preocupación, por la entrada de capital chino en empresas clave del sector energético.

Todo esto es el escenario de fondo de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. El fundamento es que ahora es el momento de frenar a China, que disfruta no sólo la ventaja de la masa crítica de su mercado interno, sino que realiza extensivamente prácticas de competencia desleal como el robo masivo de propiedad industrial en todas sus variantes. Así que hay quien le reconoce el mérito a Donald Trump de haber planteado una batalla necesaria.

Nota final: El concepto “desglobalización” lleva tiempo siendo planteado por diversos autores. Por ejemplo, el coronel (ET) Mario Laborie lo hizo en la revista Ejército allá por el verano de 2017.

Blackwater, mito periodístico de la Nueva Guerra Fría

Blackwater ya no existe. La empresa original primero cambió de nombre a Xe en 2009, ante los problemas de imagen que acumulaba. Finalmente, su dueño y fundador, Erik Prince, vendió la empresa, que fue desmembrada. Presidential Airways fue absorbida por AAR Corp. El centro de formación en Carolina del Norte, que había dado origen a la empresa, fue comprado por un grupo de inversores para crear en 2010 la empresa Academi. Más tarde, Academi se fusionó en 2014 con Triple Canopy para formar el Constellis Group, que luego fue absorbiendo más empresas en un signo de los tiempos. El sector se reorganizaba, lejos de los tiempos de crecimiento explosivo durante la ocupación de Iraq.

Mientra tanto, Eric Prince emprendió otros proyectos empresariales. Primero creó Reflex Response (R2) en Emiratos Árabes Unidos, al servicio de las autoridades de ese país. Al parecer se desvinculó cuando el asunto salió a la luz o ya estaba fuera por aquel entonces. Luego creó Frontier Services Group, al servicio de intereses chinos en África. Prince alcanzó notoriedad recientemente por su propuesta de privatizar la guerra de Afganistán y por su papel en la conexión entre la campaña de Donald Trump y los círculos del poder ruso.

Blackwater es historia. La empresa no existe. Fue desmembrada. Su fundador creó otras empresas al servicio de gobiernos distintos al de Estados Unidos.  Hablar en 2019 de Blackwater es como hacerlo de Galerías Preciados, la aerolínea TWA o el califato Omeya. Entonces, ¿por qué me sigo encontrando titulares que mencionan que Blackwater se prepara para intervenir en tal país o Blackwater ha desplegado fuerzas en tal otro? La respuesta es evidente. Pero primero veamos cómo surgió el mito de Blackwater.

Miembros de la empresa sudafricana “Executive Outcomes” en Angola.

Blackwater no fue la primera empresa militar privada compleja y con recursos avanzados, tal como las conocemos actualmente. Podemos decir que ese hito corresponde a la sudafricana Executive Outcomes. Blackwater tampoco fue la empresa con el mayor volumen de contratos en los años de auge del sector durante la ocupación de Iraq. Ese hito correspondió a la británica AEGIS. Blackwater se hizo célebre porque ganó el contrato más sensible y difícil de todos: proteger a Paul Bremer y al personal de la Autoridad Provisional de la Coalición en Iraq. Esto es, proteger al cabeza de la administración de ocupación estadounidense en el país y a sus funcionarios.

Blackwater en Bagdad.

Las tácticas de Blackwater seguían el principio de poner la seguridad del VIP a proteger por encima de todo. Sus vehículos blindados circulaban a gran velocidad por Bagdad, saltándose semáforos y abollando los vehículos que no se apartaban. Si un conductor iraquí no atendía los gestos de frenar que un contratista de Blackwater le hacía con la palma de la palmo, su coche se llevaba varios tiros en la parrilla. Estoy seguro que más de un conductor inocente se llevó un tiro.

El coronel T. X. Hammes, uno de los desarrolladores del concepto de Guerra de Cuarta Generación, visitó Bagdad y se movió por la ciudad de incógnito, manteniendo un perfil bajo. Cuenta que se cruzó con convoys de Blackwater y que su actitud amenazadora le pareció totalmente contraproducente para el esfuerzo de ganar “corazones y mentes” de la población local. Blackwater se convirtió así en el símbolo de todo lo que estaba mal en la ocupación estadounidense. La prensa occidental se llenó de artículos sobre los “pistoleros a sueldo” y los “perros de la guerra”, explicando que el fenómeno era la aplicación de la lógica neoliberal de privatización de servicios públicos hasta sus últimas consecuencias a la guerra, en el contexto de la hegemonía neocón en Washington.

El senador Obama y personal de Blackwater en Iraq.

En realidad el boom de los contratistas durante la ocupación en Iraq fue el resultado de una mala planificación de la reconstrucción postbélica. Donald Rumsfeld había insistido en que la fuerza invasora fuera lo más pequeña posible, aprovechando las ventajas de unas fuerzas armadas estadounidenses altamente tecnificadas como resultado de la Revolución de los Asuntos Militares de la sociedad de la información. El problema es que esa fuerza reducida resultó insuficiente para mantener la paz y el orden tras la caída del régimen de Saddam Hussein. Pronto, la protección de lugares, convoyes y personas fue puesta en manos de empresas privadas. La necesidad urgente disparó el precio de los contratos y los sueldos.

Durante unos pocos años, Iraq fue El Dorado de las empresas militares privadas occidentales. Fue una brutal competición empresarial darwiniana que fue dejando por el camino vidas y empresas. Luego vino la concentración y la reducción de costes con la contratación de contratistas de lugares como Fiyi, Uganda y Nepal. Y el asunto pasó a un segundo plano en los medios, mientras los países de la Unión Europea encargaban la seguridad de sus embajadas a empresas privadas mientras que China y Rusia desplegaban empresas militares privadas para proteger sus explotaciones de petróleo y minerales en lugares como Iraq, Sudán y República Centroafricana. Por aquel entonces, los periodistas occidentales ya no tenían interés en escribir sesudos artículos sobre el neoliberalismo y la guerra. En República Centroafricana, tres periodistas críticos con el Kremlin murieron en una emboscada mientras investigaban la conexión entre los negocios mineros rusos en la explotación de diamantes locales y la empresa militar privada Wagner.

Personal de Slavonic Corps en Siria.

Los sesgos de los periodistas occidentales biempensantes explican el interés por unos temas que son tratados hasta que se instalan en el imaginario colectivo, mientras otros pasan inadvertidos. Pero queda por explicar por qué Blackwater se sigue colando en los titulares en 2019.  Se trata de una razón muy sencilla. Blackwater es el monstruo terrible que agitan los enemigos geopolíticos de Estados Unidos allí donde hay un conflicto de intereses.

Blackwater aparece siempre oportunamente que hay un conflicto de intereses entre EE.UU. y sus rivales de la Nueva Guerra Fría. ¿Conflicto de intereses en Ucrania?

Aparece video que confirma la llegada de mercenarios de Blackwater a Ucrania” (RT, 9 de marzo de 2014)

Si Russia Today en español lanzaba una afirmación taxativa, meses más tarde dudaba.

¿Hay mercenarios de Blackwater en Ucrania?” (RT, 11 de mayo de 2014)

Y entonces, 24 horas después entró en tromba la prensa crítica, rebelde, alternativa y libreprensadora a repetir como loros.

¿Hay mercenarios de Blackwater en Ucrania?“(Geopolítico.es, 12 de mayo 2014).

Mercenarios yanquis de Blackwater ya combaten en Ucrania” (Canarias Semanal, 12 de mayo de 2014)

También encontramos, cómo no, a Voltairenet:

Despliegue de mercenarios estadounidenses en el sur de Ucrania” (4 de marzo de 2014).

Y por supuesto, a HispanTV:

Informe: Mercenarios de Blackwater operan en Ucrania” (19 de mayo de 2014).

Paradójicamente, mientras las filas ucranianas se llenaron de voluntarios, fueron las prorrusas de Ucrania oriental las que se llenaron de contratistas rusos y personal militar ruso. Eso no impidió a la prensa rusa hablar de la funesta presencia de mercenarios en el país o de injerencia externa en los asuntos ucranianos.

Seguimos. ¿Conflicto geopolítico entre EE.UU. y Rusia+Irán en Siria? ¿Adivinan quién se desplegó allí?

Diario turco: Blackwater entrena a terroristas en Siria” (Voltairenet, 6 de agosto de 2012).

Y a la fiesta no podía faltar Nazanin Amanian, recogiendo la misma noticia en su blog personal por aquellas fechas con el título “Los mercenarios de Blackwater en Siria“.

El vicepresidente del Partido del Trabajo de Turquía, Bulent Aslanoglu, confirmó que cerca de seis mil personas de diferentes nacionalidades árabes, afganos y turcos, han sido reclutados por los EE.UU. Agencia Central de Inteligencia (CIA) para cometer actos terroristas en Siria.

El blog “Cuestiónatelo todo”, parte de la “Red de Blogs Comunistas” se hacía eco de una noticia de Al Manar, medio de comunicación de Hezbolá, el 31 de mayo de 2012.

La empresa Blackwater tiene a 6000 mercenarios en Siria“.

Podemos seguir buscando. Por ejemplo, con Yemen.

Ejército yemení acaba con tres agentes de ‘Blackwater’ en Taiz” (HispanTV 9 de enero de 2016).

Mercenarios de Blackwater se van derrotados de Yemen” (TeleSur, 11 de febrero de 2016).

Si leemos las noticias vemos que Russia Today, HispanTV, TeleSur, Al Manar, etc. van triangulando enlaces y citas de tal forma que ninguno se pueda hacer verdaderamente responsable de la veracidad de lo publicado con la excusa de “nos limitamos a recoger lo que otros medios publican”.

Y si miramos noticias más antiguas, encontrarnos este refrito de la iraní PressTV.

Potencias occidentales abren las puertas a Blackwater en Libia” (Agencia Matriz del Sur, 13 de abril de 2011)

Sé que muchos se acogen a la excusa de que donde se lee “Blackwater” hay que leer “Academi” o “empresa que alguna vez tuvo algún tipo de vinculación con Eric Prince”. Es la respuesta más habitual que me encuentro en Twitter cuando señalo a alguien que está dando una noticia sobre las acciones de una empresa que no existe desde hace años. Pero incluso cuando en el cuerpo de una noticia se habla de que ya no existe una empresa con ese nombre, se insiste en mencionar a Blackwater en el titular. Por ejemplo, Leandro Albani publicaba en enero de 2018:

Blackwater: el ejército del terror del Pentágono” (Revista Sudestada, diciembre 2017).

Dice Albani:

Una multinacional militar se abre paso en el mundo desde hace dos décadas. Blackwater, la empresa de seguridad más poderosa del planeta, acumula denuncias por crímenes cometidos en Medio Oriente y por casos de corrupción en Estados Unidos.

En pleno enero de 2018 decía de Blackwater que es la “empresa de seguridad más poderosa del planeta” y que “goza de muy buena salud”. Varios párrafos más abajo cuenta que ahora se llama Academi, que se preparó para invadir Qatar y que participó en la guerra de Yemen.  Es decir, aquí se está mezclando el nombre de la difunta Blackwater con Academi y la trayectoria personal de Eric Prince tras desvincularse de la empresa. Lo de resucitar a Blackwater para convertirla en líder del sector también es cosa de RT, que en enero de este año también resucitaba a Blackwater para llamarla “la empresa militar privada más grande del mundo”.

El asunto ha vuelto a saltar porque Eric Prince ha afirmado que él arregla lo de Venezuela en dos patadas con una fuerza de 5.000 contratistas. Desde su empresa, Frontier Services Group (FSG), han dicho que “tiene una solución para Venezuela igual que la tiene para otros muchos sitios”. Pero como recoge el diario madrileño El Mundo, resulta que  “[l]a Casa Blanca ha declarado que no apoyaría el plan”. Las declaraciones de Prince, como también apunta el diario,  proporcionan munición dialéctica al régimen chavista, que ahora dará la turra con la amenaza de los mercenarios yankis mientras se multiplicarán los análisis sobre el regreso de Blackwater.

Blackwater busca crear un ejército de 5000 mercenarios para Guaidó” (HispanTV, 30 abril de 2018).

Si HispanTV dice que se trata de un plan de cara al futuro, Galicia Press dice el 2 de mayo de 2019 que ya están preparándose.

Blackwater (EE.UU) entrena mercenarios para desalojar a Maduro de Venezuela“.

¿Dónde entrenan? ¿Alguien lo sabe? ¿Hay pruebas? ¿Quién paga el sueldo de 5.000 contratistas esperando la aprobación de un plan que no tiene la aprobación de la Casa Blanca? En realidad, alguien ha tomado una noticia con un titular erróneo para deformarla más y crear algo grotesco.

En definitiva, resulta evidente que Blackwater es un monstruo que la propaganda rusa, iraní y procedente de otros aliados geopolíticos del bando contrario a Occidente en la Nueva Guerra Fría agitan en cualquier conflicto como una forma de deslegitimar cualquier acción de Estados Unidos porque estaría protagonizada por sanguinarios mercenarios a sueldo del imperialismo.

Breves apuntes sobre Venezuela

A finales de 2018 y tras hacer un más que recomendable curso de técnicas de análisis de inteligencia en Inteligencia y Liderazgo hablé con dos amigos con los que coincidí allí en aplicar lo aprendido en un artículo de elaboración de escenarios. Yo propuse Argelia o Venezuela. Desde entonces, los dos países han sido noticia. Uno por la caída del presidente Bouteflika, cuya sucesión auguraba desde hacía años un “juego de tronos” en Argelia. El otro por la aparición del “presidente encargado” Juan Guaidó, en un choque de legalidades en un país que abandonó hace tiempo el marco democrático.

Mi interés por Venezuela no era sólo el resultado de la intuición de que “algo podía pasar”, sino ganas de abordar el tema tras constatar que los análisis manejados en España fallaban. Lo que nos contaban los medios es que el país está muy mal, el pueblo venezolano muy harto y la legitimidad del régimen chavista por los suelos. Los medios se volcaron en mostrarnos las protestas populares y la represión. Pero el régimen no ha caído. Algo falla.

Vehículos NORINCO VN-4 de la Guardia Nacional Bolivariana. Foto vía revueltaenvenezuela.org

Esa idea de que el hartazgo de la gente va a provocar la caída del régimen es errónea. Las revoluciones no funcionan así, pero a nadie le gusta contarlo. El factor fundamental de toda revolución es que un sector importante de las fuerzas armadas y del aparato de seguridad del Estado asuma que todo ha de cambiar para que todo siga igual. Esto es, que cambie el presidente y su camarilla pero que los generales conserven sus estrellas y los defensores del Estado profundo conserven su trabajo. Es entonces cuando se producen los contactos con la oposición, se obtienen garantías y salta la sorpresa. El presidente de turno descuelga el teléfono y el jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas le dice que no va a sacar los carros de combate a la calle o el jefe de la policía le dice al ministro de turno que no piensa dar la orden de abrir fuego contra los manifestantes.

Nicolae Ceaușescu cayó en 1989 después de que el ministro de Defensa, el general Victor Stănculescu, se negara a reprimir a las multitudes en Bucarest y fuera engañado por él para huir de la ciudad por carretera y no en helicóptero. Y así podríamos ir de caso histórico en caso histórico, hasta recientemente, cuando Abdelaziz Buteflika presentó la dimisión después de que la cabeza del Ejército Nacional Popular argelino pidiera su dimisión.

Manuel Quevedo, ministro de Petróleo y presidente de PDVSA. Foto: Gobierno de Venezuela.

Así que volviendo a Venezuela, el asunto clave a desentrañar es el vínculo entre régimen y fuerzas armadas. Sabemos la alta politización de la fuerzas armadas venezolanas, con una fuerte identificación con el régimen. Y sabemos del empleo de criterios de lealtad política sobre otras consideraciones para premiar con ascensos y prebendas. Pero hay algo más. No es que las fuerzas armadas se hayan politizado, es que la política se ha militarizado. El cargo de ministro de Petróleo y presidente de PDVSA lo ejerce el general Manuel Quevedo y el ministerio de Producción Agrícola y Tierras está a cargo del coronel Wilmar Castro. Esto significa que tenemos a un militar controlando la mayor fuente de divisas del país y a otro militar controlando la producción alimentaria en un país donde hay escasez de comida. Sobra imaginar las oportunidades de corrupción que disfrutan ambos.

Por tanto, cuando examinamos el caso de Venezuela no tenemos que tener en cuenta simplemente el grado de lealtad política de las fuerzas armadas y del aparato de seguridad del Estado al régimen. Tenemos que valorar el grado de interconexión de ambos con los mecanismos económicos del país, lícitos e ilícitos. El miedo de los generales ante la posibilidad de la caída del régimen sería no sólo a la pérdida de prebendas y beneficios económicos, sería también miedo enfrentarse a órdenes de extradición a EE.UU. por delitos de narcotráfico.

El mismo criterio podemos aplicar a los “colectivos” y “monitorizados”, fuerzas irregulares de choque del régimen. A todo esto, puestos a hacer un análisis profundo y serio de Venezuela, habría que añadir el análisis de otras variables, como el papel de China y Rusia en la superviviencia del régimen. Y estoy seguro que los prochavistas españoles correrían a añadir otro: el apoyo popular al régimen en determinados sectores de la sociedad venezolana. En cualquier caso, el trabajo de hacer un buen análisis queda pendiente.

El atentado de Christchurch en el contexto del auge de la violencia de ultraderecha

El pasado día 15 de marzo tuvo lugar en Christchurch, la tercera ciudad más grande de Nueva Zelanda, un ataque terrorista contra un centro musulmán y una mezquita en el que un único tirador asesinó a 50 personas. Los hechos son de sobra conocidos así que no entraré en los detalles de lo sucedido aquel día.

Aquel mismo día me contactaron desde Russia Today en español para una breve entrevista. No conozco Nueva Zelanda, pero acepté porque el ataque terrorista de Chirstchurh me parecía que encajaba con el fenómeno del auge de la ultraderecha blanca estadounidense, del que tenía pendiente escribir aquí en el blog. Así que imaginé que estábamos ante un caso de radicalización en el que Internet había tenido un papel importante. Después de la entrevista, según fue avanzando el día, fueron conociéndose detalles que apuntaban a mi primera impresión.

El tipo de ataque, un individuo que actua solo y no forma parte de organización alguna, encaja en el concepto de “lobo solitario“, un término popularizado en Europa al ser usado de forma laxa para referirse a los simpatizantes del Estado Islámico que mantenían contacto con miembros de la organización por Internet (“terrorismo teledirigido”). También es cierto que hubo casos que encajaban con el modelo de terrorista aislado. Escribí sobre ello en 2015 en “El regreso de la yihad atomizada” y “Una yihad atomizada y nihilista“.

El ataque terrorista de Christchurch no es una anomalía. La idea de activistas actuando de forma aislada fue planteada por primera vez por la ultraderecha estadounidense. Se atribuye a Louis Beam la popularización del término “resistencia sin líderes” a principio de los años 90. Beam afirma que la idea original es del coronel Ulius Louis Amoss, que había empleado el término “células fantasmas” pensando en un escenario de invasión comunista de Estados Unidos al estilo de la trama de la película “Amanecer Rojo” de 1984.

Las estrategias que prescinden de la formación de grupos organizados y confían en cambio en individuos actuando por su cuenta son el síntoma de una enorme debilidad del movimiento que las promueve.. Estos grupos eran marginales en Estados Unidos en los años 90 y la disparidad de medios contra el Estado que se enfrentaban era enorme. Pero no hay que perder de vista que el fenómeno existía en un contexto, al igual que en el caso del yihadismo, de teóricos y agitadores que señalan a los enemigos y llaman a la acción, pero no mantienen contacto con los ejecutores. Essa Younes bautizó recientemente al fenómeno como “terrorismo de lobos blancos“.

Bruce Hoffman llamaba la atención el otro día que las dos características que me llamaron la atención del ataque terrorista de Nueva Zelanda, la internacionalización del fenómeno y el papel de Internet, no son nuevas.

El comentario de Hoffman me hizo recordar una cosa: en la película “El sendero de la traición”, dirigida por Costa-Gavras en 1988, los grupos de ultraderecha supremacistas blancos se conectaban mediante redes telemáticas. Siendo una película de ficción rodada en los 80, imagino que sería una red de BBS. Sería interesante encontrar algún texto sobre el fenómeno en aquel entonces.

Anti-Fascism & Far Right” hizo un repaso en un hilo de Twitter sobre cómo en el pasado, las distintas olas de movimientos neofascistas y neonazis, pasando por negacionistas del Holocausto, tuvieron extensas conexiones internacionales.

Si la internacionalización del fenómeno y el papel de las redes en él no es nuevo, sí es relevante por el auge de los ataques violentos perpetrados por la ultraderecha. En 2018, todas las muertes en casos de violencia política en Estados Unidos fueron el resultado de ataques de la ultraderecha. Por eso, el auge del fenómeno me había llamado la atención tiempo atrás.

Fuente: The Economist.

Otro dato relevante, es el aumento en Estados Unidos del número de grupos identificados como “grupos de odio”, lo que incluye racismo, antisemitismo y, como reciente novedad, la misoginia de los Incel.

En futuras entregas abordaré el papel de Internet en la proliferación de estas ideas, el desafío que supone parar este tipo de atentados y la respuesta ante el atentado terrorista como síntoma de un problema de fondo occidental.

[Continuará].

 

Para seguir profundizando en el tema:

“Supremacismo Blanco” (Documento de Investigación 5/2017 del IEEE) de Jessica Cohen y José María Blanco.

“Anti-government Extremism in America. Violent Acts and Plots in the United States, 2000-2018”  de JJ MacNab.

“Leaderless Resistance Today” (First Monday, marzo 2003) de Simson L. Garfinkel.

“El paraguas balcánico” de Enrique Criado


Enrique Criado es un diplomático que regresó recientemente a España tras dar tumbos por medio mundo. Su último destino en el exterior fue la embajada de España en Sofía (Bulgaria). De esa experiencia surge el libro El paraguas balcánico: un paseo sin protocolos. El libro pudo conformarse con pertenecer al género de “expatriado le descubre a sus compatriotas un país exótico”, al que blogs y canales de Youtube ha dado nueva vida. Véase por ejemplo a Javiertzo y Lele en China. Pero El Paraguas Balcánico va mucho más allá del género por varios motivos.

Para empezar, su trabajo en la Embajada de España le dio al autor acceso a toda clase de personalidades relevantes, desde Simeón de Bulgaria a los deportistas y artistas españoles de paso por Sofía. Algunas de sus tareas allí, como el infructuoso intento de invitar a Sofía a Tzvetan Todorov, resultan de lo más interesantes. Así que no tenemos simplemente un libro al uso de cómo es la vida en Bulgaria, con la previsible sucesión de anécdotas sobre las diferencias gastronómicas o las formas de ocio. El libro va mucho más allá de todo eso, sin dejar de tener sus anécdotas y peripecias personales. Enrique Criado aprovechó su estancia en Bulgaria para conocer el país en numerosos desplazamientos. Pero sobre todo demuestra un interés en desentrañar el país a través de su literatura y de la mirada de los autores que pasaron por él.

El libro por tanto tiene un entramado similar a los de Robert D. Kaplan. Nos encontramos las observaciones sobre el terreno del autor, el punto de vista de los numerosos interlocutores locales y extranjeros, referencias históricas y referencias literarias. Eso sí. Se nota la profesión de diplomático del autor en la manera en que aborda los asuntos menos brillantes del país. Y también, diría yo, se nota la perspectiva de un español. Estoy seguro que un autor anglosajón se hubiera dejado llevado llevar por prejuicios orientalistas sobre atavismos balcánicos y esencialismos culturales para contarnos cómo nada ha cambiado en la región en 500, 150 ó 50 años por culpa de la huella otomana o el legado comunista. Pero los españoles que hemos vivido la transformación de nuestro país creo que andamos un tanto curados de espanto. Véase esos periodistas que explicaron los acontecimientos del 1 de octubre de 2017 en Cataluña con una España de pasiones profundas, flamenco, toros y olé.

Un asunto relevante en el libro es el empeño del autor por explorar la huella de los judíos sefardíes en Bulgaria, entre los que encontramos al publicista Luis Bassat o Isaac Carasso, fundador de Danone. El empeño lo tendrá presente en viajes a Israel y Georgia. Eso le lleva a abordar el tema del Holocausto en Bulgaria, país que salvó a sus judíos pero permitió que se convirtieran en víctimas de la maquinaria nazi los judíos de territorios entonces bajo su administración, como la actual Macedonia del Norte. Aquí se nota que el autor es diplomático, ofreciendo varios puntos de vista sobre la responsabilidad de las autoridades búlgaras en el contexto de las fuertes presiones sufridas desde Alemania. El interés de Enrique Criado por la suerte de los judíos sefardíes en Bulgaria no es casual. Una de sus tareas en Sofía fue las actividades que sacaron del olvido el papel del diplomático español Julio Palencia Tubau, que intercedió por los judíos búlgaros.

Mural en Sofía dedicado a Julio Palencia Tubau. Foto: Ministerio de Asuntos Exteriores.

Pero si hay algo que me ha gustado y que da sentido al título es que el libro no se limita a hablarnos de Bulgaria, porque resulta que Enrique Criado aprovechó el tiempo pasado en Bulgaria para moverse de aquí para allá, de Croacia a Georgia y de Ucrania a Israel. Cuenta al principio que alguien le había vendido las ventajas de trabajar en Sofía como un lugar que está cerca de sitios interesantes. Eso, nos explica, es un eufemismo que usan los diplomáticos españoles para hablar de destinos que son un auténtico muermo. En su caso no se trata de que Sofía y Bulgaria fueran un sitio aburrido. Sino que la ubicación del país como cruce de caminos hacía imposible resistir la tentación de viajar por los Balcanes.

Península Balcánica: mucho más que la antigua Yugoslavia. Imagen: Wikimedia.

En esto hay que recordar una cosa. En España se tienden a pensar sólo en los Balcanes occidentales cuando se habla de los Balcanes en general. Pero propiamente dicha, la Península Balcánica comprende los países de la antigua Yugoslavia, Albania, Grecia y Macedonia. Así que el libro nos ofrece las aventuras del autor por toda una serie de lugares que tenía en mente desde hace mucho para ser visitados: Kotor, Butrint, Ohrid, Mostar… Lo cual me ha generado tanta envidia como me ha hecho disfrutar del libro.

Así que el libro son en realidad dos. Por un lado, el libro de las peripecias de un diplomático español que trabaja en Bulgaria y por otro lado tenemos un libro de viajes sobre los Balcanes a los que se añade recorridos por Chipre, Moldavia, Ucrania, Israel y Georgia. Es de agradecer que las numerosas referencias a libros que aparecen en El Paraguas Balcánico vengan acompañadas de su pertinente referencia a la edición española que manejó el autor. Además, encontramos una sección de fotos y mapas. Eché en falta, o fue que no lo vi, uno o varios mapas que situaran los destinos del autor. Algunos lugares, como hice mención arriba, me resultaban familiares por mi deseo de conocerlos. Pero estoy seguro que el lector menos familiarizado con la región lo echará en falta también.

El libro me enganchó por lo ameno (no es el primero del autor). Es de destacar el bagaje de lecturas con el que el autor emprendió la tarea de hablarnos de Bulgaria y la región. También es de destacar su afán por recorrer lugares menos transitados. Por ejemplo, cuando visita Split y Dubrovnik se aloja en localidades menos masificadas. Y sobre todo mantiene todo el rato curiosidad por conocer lugares que ha descubierto primero en los libros o por escuchar la historia personal de sus interlocutores. Así que es de agradecer la aparición de libros así que aporte al público español una mirada diferente a los que la literatura anglosajona nos tiene acostumbrados.

 

 

Cambio de guardia en Israel

Alejo Schapire llamó la atención sobre una noticia procedente de Israel el 28 de noviembre.

En aquel entonces se anunció que el siguiente general en jefe (RAMATKAL) de las Fuerzas de Defensa de Israel iba a ser el general Aviv Kochavi. Lo nombré allá en enero de 2015 en mi repaso a La perspectiva israelí de la guerra en red. Kochavi comandó la brigada paracaidista israelí durante la Segunda Intifada, siendo encargado de asaltar el núcleo urbano de Nablus en 2002. Allí planteó un enfoque poco ortodoxo en lo que se supone fue una aplicación de lo aprendido en el Instituto de Investigación sobre Teoría Operacional (conocido por OTRI por sus siglas en inglés). La particularidad es que Kochavi es graduado en Filosofía y el OTRI se dedicó al estudio de autores franceses posmodernos, de ahí que la noticia de que Kochavi había llegado a la cumbre de las Fuerzas de Defensa de Israel fuera noticia en Francia.

El papel de Kochavi en el asalto a Nablus fue destacado por el arquitecto Eyal Weizman en su libro Hollow Land (2007). El texto del capítulo “Caminar atravesando muros” apareció independientemente en varias publicaciones y en España fue publicado en 2012 como un librito titulado A través de los muros. Cómo el ejército israelí se apropió de la teoría crítica postmoderna y reinventó la guerra urbana. 

Cuenta Weyzman a propósito de Kochavi:

“La maniobra llevada a cabo por unidades del ejército israelí durante el ataque a la ciudad de Nablus en abril de 2002 fue descrita por su comandante, el brigadier general Aviv Kochavi, como una “geometría inversa” que, explicó, consistía en una reorganización de la sintaxis urbana por medio de una serie de acciones microtácticas. Los soldados se desplazaban por la ciudad durante el ataque atravesando “túneles sobre la superficie” de un centenar de metros escarbados a través del contiguo y denso tejido urbano”.

La realidad es que la producción intelectual del OTRI resultó incomprensible para el establishment militar israelí. El estudio de filósofos franceses posmodernos desde luego no ayudó a ser accesibles sus ideas, sobre las que pesa una seria acusación de impostura intelectual, algo que tendremos ocasión de ver en mi próxima reseña de una obra de Paul Virilio. El centro fue cerrado después de la Guerra del Líbano d de 2006 por razones que parecen excusas tras las que se escondieron una acumulación de enemigos.

El ahora teniente general Kochavi asumió su nuevo destino el 15 de enero de 2019. La ocasión fue aprovechada por la prensa israelí para repasar los desafíos estratégicos del país: como la reorientación de Hezbolá hacia la frontera sur del Líbano y el despliegue iraní en Siria. Será interesante ver en qué forma Kochavi deja su impronta en las Fuerza de Defensa de Israel. De alguna manera, su llegada a la cúspide militar israelí es una reivindicación del OTRI.

Véase además:

“Naplouse (2002) et Sud Liban (2006), le combat en zone urbaine. Succès et échecs israéliens” de M. Quentin Lenormand (Lettre de RETEX-Recherche nº29).

La Ley de Murphy del periodismo español (2)

En 2015 escribí una entrada en este blog titulada “La Ley de Murphy del periodismo español“, en referencia a esa conocido enunciado que dice que la tostada cae siempre del lado de la mantequilla. En aquel entonces me refería al conflicto árabe-israelí y a cómo había terminado constatando que siempre que un periodista español mete la pata en sus crónicas sobre el asunto siempre será para dejar en mal lugar a los israelíes. Nunca he leído un titular del tipo “Estalla por accidente un polvorín iraní en Damasco” cuando en realidad fue un ataque aéreo israelí o “Muere un líder de HAMAS tiroteado por una facción disidente” cuando resulta que cayó en una emboscada de las fuerzas especiales israelíes. En el caso de Israel en la prensa española, la tostada siempre cae del mismo lado.

El asunto me vino a la cabeza estos días porque he estado dándole vueltas al asunto de la aparición de Empresas Militares Privadas (PMC en sus siglas en inglés) procedentes de Rusia y China. Y creo que estoy en la situación de enunciar una segunda Ley de Murphy sobre el dobe rasero de la prensa española. Resulta, que hoy mismo compartí en Twitter y Facebook una noticia de Al Manar, un medio del grupo libanés Hezbolá, que daba cuenta de que personal de una empresa rusa estaba entrenando a los miembros de la milicia palestina Liwa Al Quds (“Brigada Jerusalén”). Dice la noticia:

Las fuerzas especiales de la Liwaa al Quds (Brigada Al Quds), una unidad de élite palestina que lucha al lado del Ejército sirio, ha publicado un nuevo vídeo esta semana acerca de su entrenamiento en la provincia de Alepo.

Entrenados por contratistas rusos, los miembros de las fuerzas especiales palestinas fueron filmados realizando diversos ejercicios de entrenamiento en un lugar no determinado de la provincia de Alepo.

“Feral Jundi”, autor del blog homónimo, identificó en un comentario a mi publicación en Facebook a la empresa rusa como Vegacy Strategic Services.  En el siguiente vídeo promocional muestran imágenes de Siria.

Hace ya bastante tiempo que “Abraxas Spa” me llamó la atención sobre el asunto de las empresas militares privadas rusas. Y me extraña la poca atención que recibe el tema cuando la prensa nos bombardeó en su momento con el auge de las empresas estadounidenses en el contexto de la ocupación de Iraq.

Tengo muy presente el asunto porque soy un sociólogo que se dedicó al estudio de la transformación de los conflictos armados y se especializó en la aparición de actores no estatales. Me tocó atender a medios para hablar del tema. Y recuerdo aquellos titulares tremebundos sobre los “modernos perros de la guerra” y los “pistoleros a sueldo” que ponían énfasis en que el personal de estas empresas iba a zona de conflicto por dinero (no como los soldados profesionales de los ejércitos occidentales, como el español, que lo hacen gratis y sólo por la satisfacción de ver sonreír a las personas que entregan ayuda humanitaria). Asistí a mesas redondas y coloquios donde se habló de cómo estas empresas amenazaban la paz mundial y eran un foco desestabilización de países. Siempre me quedé con las ganas de pedir ejemplos de algún Estado que en los últimos 20 años hubiera colapsado por la acción de una Empresa Militar Privada. Y por supuesto, a propósito del caso de la empresa sudafricana Executive Outcomes en Angola y Sierra Leona, escuché y leí sobre la preocupante convergencia entre la explotación de recursos naturales y este tipo de empresas. Y siempre, sin perder de vista que el fenómeno era el resultado de la aplicación de la lógica neoliberal a la guerra.

Pues bien, tienen ustedes ahí fuera donde tirar el hilo sobre empresas militares privadas rusas (y chinas) en, por ejemplo, la carrera por los recursos naturales africanos. Pueden seguir la pista de la empresa militar privada rusa Wagner por Siria, Libia, República Centroafricana y posiblemente Venezuela. Podrían averiguar qué se sospecha que la emboscada contra tres periodistas rusos que investigaban las conexiones de la empresa Wagner y la explotación de diamantes en la República Centroafricana fue un asesinato para eliminar a testigos incómodos. Y pueden perder el tiempo en buscar reportajes, artículos y ensayos sobre el tema en la prensa española.

Relación de PMC rusas hecha por InformNapalm.

Podemos enunciar así una segunda Ley de Murphy de la prensa española: cuando un fenómeno tiene dos caras, verán que sólo tratan la que pueda dejar en mal lugar a Estados Unidos u Occidente en general. Hagan un ejercicio. Busquen qué ha contado la prensa española sobre los nuevos negocios de Erik Prince, fundador de Blackwater. Ahora trabaja para China en favor de sus intereses en lugares como África. Su empresa anunció recientemente la apertura de un campo de entrenamiento en la provincia de Xinjiang, donde están pasando cosas tremebundas.

Los dobles raseros de la prensa española me parecen muy divertidos. Un día me encontré en cierto medio español una noticia de cómo la empresa minera canadiense Barrick Gold estaba contaminando en Argentina bajo el gobierno de Mauricio Macri. Resulta que la primera vez que escuché hablar de esa empresa fue hace años, en el programa de Jorge Lanata en el Canal 13. Denunciaba entonces cómo la actividad de la empresa afectaba a los glaciares andinos. Posteriormente habló de la contaminación con cianuro. Como soy muy mal pensado, busqué en el medio español en cuestión y ¡sorpresa!. Durante los años del kirchnerismo, sólo se mencionaban a la Barrick Gold para hablar de cómo contaminaba en el Caribe o sus vínculos con José María Aznar. Sólo había una mención a la contaminación de la Barrick Gold en Argentina para hablar de cómo unos niños de una zona minera habían viajado a Buenos Aires para dar a conocer su situación. La empresa, mágicamente, se convirtió en noticia tan pronto subió al poder Mauricio Macri. Como la pobreza y la inflación en el país. Pero eso es otra historia y otro sesgo.

Volviendo a Rusia y China, sucede que asistimos al fin del “momento unipolar” de Estados Unidos como “hiperpotencia solitaria“. Y sin embargo, tenemos a una generación de periodistas que se criaron, formaron y trabajaron viendo cómo Estados Unidos y Occidente era la fuente de todo mal. Eran los tiempos en que la gente que se proclamaba “anti-imperialista” no tenía que especificar. Se sobreentendía que eran enemigos del “imperialismo yanki”. Hoy tenemos imperialismos de todos los sabores y para todos los públicos: imperialismo ruso, imperialismo chino, aspiraciones hegemónicas de Irán, etc. Supongo que habrá que “darles un poco de tiempo” a los periodistas españoles para que se enteren de que el mundo ha cambiado. Alguno, por cierto, ya se enteró y está haciendo caja hablando de los problemas de EE.UU.