Guerras Posmodernas como una teoría de todo

Creo que ya he perdido la cuenta de las veces que por ahí he hablado de repensar, replantear y reelaborar el concepto de Guerras Posmodernas. Siempre hacía algún aporte prometiendo profundizar en un futuro. Por ejemplo, hace poco escribí: Retomando las Guerras Posmodernas”. Conté en esa ocasión que había escrito un artículo para la revista Ejército titulado “El futuro urbano de la guerra irregular” y que el tema daba para mucho más. De hecho, tengo pensado desarrollar dos epígrafes del artículo para elaborar un artículo aparte.

Pues resulta que el pasado domingo algo hizo “click” en mi cabeza y súbitamente todo encajó. Encontré la forma de incorporar varios temas que flotaban en el aire al esquema que he ido elaborando estos años para una versión mejorada y muy extendida del librito original de Guerras Posmodernas. Creo que la clave para sentir que el proyecto es abordable ha sido minimizar el repaso histórico a la Guerra Moderna. En el librito original ocupaba el primer capítulo pero era evidente que el tema requería más profundidad y desarrollo, considerando, por ejemplo, lo mucho publicado y discutido sobre la Revolución Militar de la Edad Moderna. Leer, entender y explicar el desarrollo histórico de la guerra desde el fin de la Edad Media a la Guerra Fría de forma que esa parte del libro recibiera el visto bueno de los entendidos era una tarea titánica que siempre me desanimó a emprender el proyecto.

Ahora ya tengo algo así como un esquema de la versión 2.0 del libro Guerras Posmodernas que se parece por fin al libro que siempre quise escribir y que el tema merecía. Por supuesto, no estoy prometiendo que lo escriba. (¿Algún editor interesado?) Pero al menos tengo un guión de trabajo para ir leyendo y reflexionando sobre varios temas. Y es que alguno habrá caído en la cuenta lo poco o nada que he escrito aquí o por ahí en revistas sobre drones o ciberguerra, temas que no pueden faltar en un estudio de la guerra contemporánea.

La postverdad era esto

“Post-verdad” fue elegida por el diccionario Oxford como la palabra de 2016 pero sufrió el destino de la expresión despectiva “cuñado”. Resultó que todos pensaron “todo el mundo es un cuñado menos yo, que sé de lo que hablo”. Así, los periodistas se dedicaron a contarnos que Donald Trump era un mentiroso y sus seguidores vivían aislados del mundo en una burbuja informativa de medios que confirmaban sus prejuicios, como si eso no fuera algo que ya estuviera pasando. Traté el asunto en “La nueva post-verdad y las viejas mentiras”. Mencionaba entonces cómo la muerte de Fidel Castro nos daba un buen ejemplo de la clase de burbujas mentales con las que la gente opera. Pero el ejemplo de la Cuba comunista bien podría ser cambiado por la España de Franco. La conclusión es que eso de la “post-verdad” no era muy diferente a vivir autoengañado con la propaganda política de toda la vida.

Pero “post-verdad” tiene una característica que ya adelantó Stephen Colbert en 2005 cuando acuñó el término  “truthiness”. Se trata de que las convicciones se sustentan en emociones y sentimientos, no datos y hechos. La gente cree lo que siente que es verdad. El mundo se ha llenado de bien pensantes reconfortados en su creencia de estar del lado de lo correcto. He visto casos de periodistas españoles que cuando se les señala los errores, inexactitudes y omisiones en sus crónica o su análisis sobre la cuestión palestina muestran absoluta indiferencia porque consideran que hay una verdad de fondo en su sesgo anti-israelí. Así que si una crónica está llena de errores o mentiras es irrelevante porque le transmite una verdad absoluta al lector: los israelíes son unos hijos de la gran puta. No importa la noticia, sino la buena intención con la que se escribe.

Hace poco publiqué Una bomba de relojería en el Mediterráneo. Conté cómo me dio por indagar qué estaba pasando con la llegada masiva de migrantes a Italia vía Libia. Uno de los asuntos claves era la labor de las ONGs que han fletado buques para rescatar refugiados en el Canal de Sicilia. Y terminé encontrando que se dedican al traslado a Italia de migrantes desde la costa libia, operando en una franja estrecha de costa y muy cerca de las aguas territoriales libias. Publiqué algunas novedades en mi perfil de Twitter y en la página de Facebook de Guerras Posmodernas.

Pueden jugar ustedes mismos a ver qué pasa en la costa libia con MarineTraffic.com y VesselFinder.com

Creo que no había tocado un tema que generara tantas “sensibilidades”. Da igual lo que hayan mostrado la BBC o Der Spiegel. Da igual los datos del GPS y los informes de FRONTEX. La gente siente que la narrativa de las ONGs es la verdad. Pero hay un problema en ese paradigma posmoderno de la construcción social de la realidad. Podemos elegir palabras no hirientes para designar a colectivos. Y así hacemos el mundo un poco mejor porque hay personas que dejen de sentirse heridas. Pero si decidimos esconder los problemas y construir una narrativa alternativa porque sentimos que es verdad, sólo estamos escondiendo los problemas. Por eso lo titulé Una bomba de relojería en el Mediterráneo“.

 

Copia-pega nacional y popular

Ya les he contado aquí que soy un desastre recordando cosas cotidianas como dónde solté las llaves al llegar a casa. Y sin embargo, guardo en algún rincón de la memoria un montón de cosas que sólo me vienen a la mente cuando conectan con algo que tengo en frente. Me pasó ayer, lunes. Vi comentarios sobre un tuit de Sofía Castañón, la poeta, escritora y realizadora audiovisual que es diputada y miembro del Consejo Estatal de Podemos. Se había grabado leyendo un texto que le había inspirado el Festival Aéreo de Gijón, celebrado el domingo 23 de julio.

Resulta que el sobrevuelo de “aviones bélicos” sobre la bahía de Gijón le evocaba el bombardeo llevado a cabo por la aviación del bando franquista durante la Guerra Civil. Me pareció una conexión de ideas bastante retorcida. Supongo que hay que estar hecho de una pasta especial para pensar en el Franquismo y la Guerra Civil española a la menor excusa. Pero la cuestión que saltó en mi cabeza es que ya había escuchado esto antes.

La asociación de ideas de Sofía Castañón no era ni nueva ni original. Resulta que el pasado mes de mayo a la abogada y periodista Julia Mengolini, argentina y kirchnerista, un desfile aéreo en Buenos Aires le evocó el bombardeo de la Plaza de Mayo de 1955, sucedido en un fallido golpe de estado contra el presidente Perón. Hacía más de veinte años que no se celebraba un desfile aéreo durante las celebraciones de la Revolución de Mayo y evidentemente la afirmación de Mengolini se convirtió en más munición de la guerra mediática que trata de equiparar al presidente Macri, el primero no peronista en décadas, con la dictadura.

No sé si estas coincidencias son casuales o, como tantas otras cosas, son un copia pega de los guiones del populismo sudamericano. Véase lo del tic-tac de Hugo Chávez copiado por Pablo Iglesias. En España se ha insistido mucho en señalar los vínculos del núcleo duro de Podemos con Venezuela, pero la Revolución Bolivariana nunca ha podido presumir de su producción intelectual. El referente intelectual lo proporcionó el kirchnerismo y su intelectual orgánico, el plúmbeo Ernesto Laclau.

Curiosamente, los simpatizantes de Podemos se irritan mucho cuando se señalan los vínculos del partido con los populismos sudamericanos, como si se tratara de una teoría conspirativa de la prensa conservadora española para desacreditar el partido. No podrán decir que se esconden mucho. El bloque de partidos europeos de izquierda en el Parlamento Europeo al que pertenecen Podemos e Izquierda Unida invitó a Cristina Fernández de Kirchner a dar una charla en el Parlamento Europeo el pasado mes de mayo.

La eurodiputada española Marina Albiol con el símbolo de la corrupción argentina en Bruselas, mayo de 2017.

Será curioso ver qué pasará el día que las causas judiciales que se acumulan en Argentina contra Cristina Fernández de Kirchner den luz a la ultracorrupción que sufrió el país. Supongo que sus fans españoles dirán que las causas judiciales fueron montadas por el gobierno de Macri, fingiendo desconocer la verdadera naturaleza del proyecto nacional y popular (nac & pop) de los Kirchner.

Hace muy poco, el Banco Mundial condenó a Argentina a pagar una compensación millonaria por la expropiación de Aerolíneas Argentinas, que se convirtió luego en un agujero negro de presupuesto público en manos de miembros de la agrupación La Cámpora. Así que resulta interesante rescatar hoy los piropos lanzados desde España a Cristina Fernández de Kirchner cuando expropiaba empresas españolas

La guerra para salvar animales africanos de los cazadores furtivos

Anoche volví a ver el documental “Rinoceronte: el cuerno maldito” de la serie Clandestino que presenta David Beriain. Después de verlo por primera vez me fui encontrando noticias e informaciones sobre la lucha contra los furtivos en lugares de África como Bostwana y Mali. El asunto ha recibido suficiente atención mediática como para que los gobiernos locales se implique con más recursos mientras proliferan los programas de formación con militares y contratistas occidentales. En el reportaje de David Beriain aparece la compañía privada Protrack Anti-Poaching Unit. Vincent Barkas, su responsable, habla de una situación de guerra. Es en los términos en los que se presenta generalmente el problema. Así tenemos el título del episodio “Rhino Wars” de la serie Carter’s W.A.R. o la revista Soldier of Fortune tratando el factual Battleground: Rhino Wars.

Imagen promocional de Battleground: Rhino Wars.

En “Rinoceronte: el cuerno maldito”  vemos que la carne de cañón de esa guerra son los chicos pobres de países vecinos a los que tienen la riqueza natural y cruzan la frontera para jugársela y morir. Volví a pensar en el asunto cuando leí que el gobierno de Namibia se había quejado por la frecuencia con la que morían furtivos de su país en Bostwana, que aplica una política de disparar a matar contra los furtivos. Y pensé que ahí había un dilema moral que tratar. Los occidentales con nuestro desarrollo y nuestros valores postmateriales valoramos la protección de las especies en vías de extinción y estamos dispuestos a donar dinero para formación y material de los park rangers de países africanos sin que le demos demasiadas vueltas a la situación de los chicos de países vecinos a los que la ultrapobreza empuja a jugarse la vida para que millonarios asiáticos paguen fortunas por los cuernos de rinoceronte, formados por vulgar queratina.

Me gustaría abordar el tema más adelante para tratar con algo más de profundidad los ejemplos. Pero este asunto me ha hecho pensar en cómo el concepto de guerra va extendiéndose mientras se militarizan más ámbitos de la seguridad pública y el cumplimiento de la ley.

El día de la marmota en Afganistán

Helicóptero Apache británico en acción en Afganistán en 2008. Foto: Wikimedia.

Después de dedicar dos libros a las fuerzas especiales británicas, Damien Lewis fue contactado por pilotos británicos de helicópteros Apache porque querían una exposición mediática semejante. El libro resultante se titula Apache Dawn, un juego de palabras con el título de la película “Amanecer Zulú”. Trata del despliegue de helicópteros de ataque Westland WAH-64 Apache del ejército británico en Afganistán. Leyendo el libro me llamó la atención una cosa. Los pilotos contaban ufanos su perseverancia localizando y persiguiendo a los talibán desde el aire, como el episodio en que siguieron a una pareja de talibán en moto hasta asegurar que iban armados para a continuación disparar un misil Hellfire. A mí me asaltaba la pregunta de cómo una guerra así podía ser sostenible en el tiempo. ¿Alguien en aquella unidad llevaba cuenta del coste de combustible y munición gastadas frente al valor de los objetivos destruidos? El despliegue militar español en Afganistán costó 3.700 millones de euros y la vida de 99 de militares y dos traductores. Mejor no hagamos balance.

Afganistán vuelve a estar otra vez encima de la mesa, con escándalo incluido. El gobierno de Donald J. Trump ha tenido la ocurrencia de consultar a dos empresarios, uno de ellos el fundador de Blackwater, así que he leído ya varios artículos de opinión alertando del peligro de la privatización de la guerra de Afganistán además de repasar el historial de los dos personajes escogidos por el gobierno Trump. Véase, por ejemplo, a “Private military contractors aren’t going to do a better job in Afghanistan. Here’s why” de Debora Avant en el Washington Post. Y también tenemos la  crítica de David Isenberg en su blog. Conté todo el asunto esta semana en la revista El MedioBuscando soluciones al viejo problema de Afganistán. Resulta que los talibán ya no son los “desgarramantas” de los años 90. Ahora lucen uniformados en ceremonias y ejercicios que difunden en sus vídeos de propaganda mientras se nutren de montañas de armamento que capturan a las fuerzas de seguridad afganas.

La polémica ha surgido además porque Prince ha expuesto sus ideas sobre la necesidad de centrar la cadena de mando en un “virrey” estadounidense en Afganistán e implicar a empresas privadas al estilo de la Compañía Británica de las Indias Orientales. El que quiera, puede escuchar al propio Prince en una conferencia que me dio a conocer un lector. Entre otras muchas cosas, es curioso que menciona la teoría de las cuatro generaciones de guerras, aunque no desde la ortodoxia de William S. Lind. Las ideas de Erik Prince sobre Afganistán sin duda producen escándalo. Pero desde que saltó la polémica no he parado de pensar qué alternativas hay. Porque no he visto todavía a nadie proponer una solución que suene viable.

Retomando las Guerras Posmodernas

El pasado lunes envié un artículo titulado “El futuro urbano de la guerra irregular” a la revista Ejército. Si el artículo sigue el trámite habitual podrá leerse gratis on-line y descargarse en PDF en unos seis meses. Mi intención fue reciclar varias entradas del blog y una colaboración en Magnet sobre el tema. Y es que por muchos lectores que se consigan en Internet, quiero que ciertas ideas lleguen en papel al ámbito militar. Por el camino caí nuevamente en la cuenta que un copia-pega no basta por la diferencia de estilos y que el artículo para la revista requirió mucha reescritura.

También caí en la cuenta que las tendencias demográficas son un asunto que da para mucho más y que de ahí podría salir un artículo para el Instituto Español de Estudios Estratégicos donde hablar de la creciente urbanización del planeta, la proliferación de megaciudades, la concentración de los fenómenos anteriores en el mundo en desarrollo, de los asentamientos informales (por ejemplo, favelas y bidonvilles) y de las ciudades ferales. Este último es un concepto que veo en Google ha tenido casi nula repercusión en español.

Mi intención es reelaborar textos del blog sobre temas de las Guerras Posmodernas, como las “Guerra Toyota” y las teorías israelíes de Guerra en Red. Para escribir además otros artículos sobre temas nuevos, como la Guerra Naval Irregular o la Revolución de los Asuntos Militares llevada a cabo por los malos. Así que aunque lleve mucho tiempo centrado en temas ajenos a las Guerras Posmodernas pueden saber que mi intención es seguir reelaborando y ampliando el concepto.

La cuestión urbana (11 diciembre 2011).
La violencia del narco como una nueva forma de conflicto armado (10 diciembre 2013).
Arderán las calles (15 enero 2014).

Cómo las ciudades se están convirtiendo en los campos de batalla del futuro (Magnet, agosto 2016).

“Villa Wanda” de Eduardo Bravo

Una vez, en otro blog que tuve y borré, conté cómo me fascinaba la Italia de los 70 y 80. Imaginen. Una logia masónica secreta, Propaganda Due,  a la que pertenecieron desde generales de la Junta argentina hasta un tal Silvio Berlusconi. El escándalo de la quiebra del Banco Ambrosiano, del que su máximo accionista era un banco vaticano y vinculado con negocios bastantes sucios, cuyo presidente, Roberto Calvi, apareció colgado de un puente de Londres. Grupos de ultraderecha que cometen atentados terroristas como el de la estación de Bolonia (85 muertos) para criminalizar a la izquierda y que resultan fueron organizados por las cloacas del Estado. Un banquero vinculado con el banco vaticano, Michele Sindona, que murió envenenado en la cárcel. Una organización vinculada a la OTAN, la red Gladio, creada para organizar la resistencia en caso de invasión del Pacto de Varsovia que termina participando en  las operaciones de falsa bandera de los servicio secretos italianos para impedir el avance del comunismo en el país. Imaginen. Una amiga me dejó entonces un comentario a aquella entrada de blog. Me preguntó si había decidido pasarme al mundo de las teorías conspirativas. La realidad supera la ficción.

Eduardo Bravo ha decidido contarnos sobre la Italia de aquellos tiempos. Y lo ha hecho con Villa Wanda, libro que toma su título del nombre de la vivienda de Licio Gelli, maestro venerable de la logia P2.  Al principio, el tono desenfadado del libro me resultó un poco frívolo, considerando el desfile de asesinatos y desapariciones. Pero al terminar de leer el libro estaba convencido de que era necesario librarse del tono de sesuda investigación periodística para abordar el tema. Si Eduardo Bravo hubiera adoptado un tono serio, el trabajo resultante habría ido de cabeza a la sección de novedades al lado de los libros de Daniel Estulín en manos de libreros despistados. El tono ligero hace que el libro se lea rápido, así que me quedé con ganas de más. Pero como el propio autor reconoce, las ramificaciones son infinitas y cada lector encontrará un hilo del que querer tirar. A mí, por ejemplo, me hubiera gustado leer más sobre el caso del Banco Ambrosiano y los negocios turbios de la banca vaticana en manos de Paul Marcinkus. Por eso he echado en falta que el libro se acompañe de una bibliografía. Con un tema tan poliédrico, casi se diría que los capítulos se pueden abordar aleatoriamente.

Villa Wanda trata de la estrategia de la tensión, de la red Gladio y sus ramificaciones. Trata de asesinatos y desapariciones, como el de policías y periodistas que sabían demasiado, además de la muerte o desaparición de chicas jóvenes cuyos casos sin resolver apuntaron sin embargo a figuras del entorno del poder. El libro trata de la aparición de las Brigadas Rojas, del caso Aldo Moro y de personajes como Giangiacomo Feltrinelli, el “millonario comunista” que murió al estallar una bomba que manipulaba en las filas del Grupo de Acción Partisana (GAP). Pero siempre, a lo largo del libro vamos viendo cómo todo forma parte de una trama compleja con múltiples conexiones y la existencia de eso que en Italia llamaban il potere oculto. Precisamente por eso creo que una obra de ficción desmerecería a la realidad italiana de aquellos tiempos. Cabe destacar además, que el autor combina el relato de los hechos con entrevistas y que en los capítulos finales aborda el reflejo en la literatura y la música del Zeitgeist de aquella Italia entrevistando a Fausto Amodei sobre la música de su grupo Cantacronache y entrevistando a Alvaro Bertani sobre la novela La vida agria de Luciano Bianciardi.

De todos los temas abordados en en libro sólo me generó suspicacia la entrevista a Daniele Ganser, autor de un libro sobre la red Gladio: Los ejércitos secretos de la OTAN. La operación Gladio y el terrorismo en Europa occidental. Creo que las dinámicas de la que habla fueron propias de la Guerra Fría y funcionaron por vías ajenas a la OTAN, al estilo del Safari Club. Pero Genser se apuntó a las teorías conspirativas del 11-S y plantea una continuidad en la existencia de ataques de falsa bandera. Cuesta ver en la jaula de grillos que es la OTAN hoy la organización implacable y resolutiva que plantea Ganser.

El libro, por cierto, me llegó a casa el lunes pasado coincidiendo justo con mi cumpleaños como regalo de mi amiga Sonia, que se las apañó para que el autor me mandara un ejemplar firmado que iba acompañado de un póster con el quién es quién del libro, dos marcapáginas, una postal y una peculiar postal-disco de 45rpm. que aporta banda sonora al libro. Me pregunto ahora qué otros temas merecerían el tratamiento recibido por Villa Wanda.