Qué son las Guerras Posmodernas v1.0

El libro Guerras Posmodernas salió hace ya más de cinco años y últimamente, gracias a mi perfil de Twitter y mi página de Facebook he añadido nuevos lectores al blog, cuyo promedio de visitas ha aumentado considerablemente respecto a los tiempos en los que trabajaba en el libro. En este tiempo me he encontrado con personas que me hablan de Guerras Posmodernas sin que se parezca lo que cuentan a lo que yo identifico con el término. Hasta que un día caí en la cuenta que, con el libro descatalogado y sin ningún texto de referencia en el blog, dejaba en la imaginación de los lectores qué son las Guerras Posmodernas. Si a eso añadimos que han pasado suficientes novedades en el panorama internacional desde que establecí en la segunda mitad de la década pasada los cimientos del concepto, creo que ha llegado la hora de volver a los orígenes del blog.

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Antigua cabecera del blog elaborada por Juan José Torres.

El concepto Guerras Posmodernas lleva implícito en su nombre la idea de superación histórica de las guerras de la Era Moderna, entendida a la manera anglosajona como el período que abarca del Renacimiento a la Revolución Industrial. Hay dos procesos históricos fundamentales en el desarrollo de la Guerra Moderna como fenómeno social. El primero es la aparición del Estado en la transición de la Edad Media al Renacimiento en Europa, con su burocracia, hacienda y ejércitos permanentes. El principio de un orden internacional donde conviven Estados soberanos quedó establecido en la Paz de Westfalia (1648). Precisamente los Estados europeos tomaron la delantera tecnológica mundial a partir de la Revolución Científica del siglo XVII y se expandieron por América, África y Asia. El legado de aquellos imperios europeos en esos continentes es la figura del Estado como forma de organización política [1].

El segundo proceso histórico fundamental es la aparición con la Revolución Francesa y el Romanticismo del concepto de nación y soberanía popular. Los soldados de los diferentes Estados pasaron de ser mercenarios pagados por un monarca a ser ciudadanos reclutados en masa que luchaban por la Patria. La movilización de cantidades ingentes de ciudadanos fue posible gracias a las posibilidades de producción en masa (armas, uniformes, latas de conserva, etc.) de la sociedad industrial. Considero que el cénit de las Guerras Modernas en su modelo más genuino fue la Primera Guerra Mundial. Comenzó allí el declive de Europa, que dejó de ser el centro del mundo con la disolución de los imperios coloniales tras la Segunda Guerra Mundial y la rivalidad EE.UU.-U.R.S.S. durante la Guerra Fría. Precisamente la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría fueron una época de transición hacia la era de las Guerras Posmodernas, que arranca con el fin de la Guerra Fría [2].

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Fotomontaje de Hersson Piratoba.

El mundo posmoderno.
Las Guerras Posmodernas tienen lugar en una era donde los Estados-Nación no son el único actor relevante en la arena internacional. Los Estados-Nación comparten ahora protagonismo con diferentes tipos de actores. Así, tenemos a las organizaciones supracionales bajo cuya bandera se despliegan fuerzas militares. Bajo la bandera de la ONU sirven cascos azules uruguayos en la República Democrática del Congo, españoles en el Líbano o filipinos en Haití. Pero también tenemos organizaciones regionales, como la Unión Europea y la CEDAO que han organizado misiones internacionales. El resultado es que encontramos que los soldados sirven, y en ocasiones matan o mueren, en nombre de organizaciones que ya no son la Patria.

Las organizaciones regionales son el síntoma y en ocasiones la impulsora de mayores interdependencias entre países, además de las atenuadoras de conflictos. Pensemos en el caso de la Unión Europea, de cuya unión monetaria forman parte la mayor parte del puñado de países responsables de las guerras que asolaron Europa durante cien años, desde la mitad del siglo XIX a la mitad del siglo XX. O pensemos en el caso de UNASUR, de la que forman parte Argentina y Chile, que estuvieron a punto de entrar en guerra en 1978 y que hoy cuentan con una brigada binacional para misiones de paz. El resultado es que el número de conflictos interestatales ha ido disminuyendo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Los Estados-Nación no sólo comparten la arena internacional con organizaciones supraestatales, sino también con organizaciones subestatales, como son grandes empresas, organizaciones no gubernamentales y gobiernos locales. Todas ellas tienen hoy una proyección internacional, sea por su poder económico, su capacidad de introducir temas en el debate público, su poder para introducir cambios en la legislación internacional, etc. [3] No son extraños los casos en que megaurbes y megacorporaciones acumulan mayor población o riqueza que muchos países. Pero más allá de los gobiernos locales (ciudades o regiones) con una agenda internacional, la novedad es que encontramos organizaciones que no tienen nacionalidad, sino carácter transnacional. De especial relevancia para el concepto de Guerras Posmodernas es que dentro de eso actores no estatales transnacionales encontramos organizaciones armadas, terroristas, criminales, etc. Considero la mejor descripción del espíritu de los tiempos la que hizo Fernando A. Iglesias en su libro Twin Towers. El colapso de los estados nacionales a propósito del 11-S:

la espeluznante incapacidad del estado nacional más poderoso del planeta para cumplir con la más elemental de sus funciones- la protección de la vida de sus ciudadanos- y al inmenso poder destructivo que frente a éste posee una pequeña red que se organiza desanclada y desterritorializadamente en un mundo global determinado por la tecnología punta

El auge de los actores no estatales transnacionales es el resultado de la globalización y de la sociedad de la información, con la intensificación de la conectividad [4] y la democratización de la tecnología. Organizaciones, movimientos y empresas pueden coordinar la acción de gran cantidad de personas ubicadas en lugares lejanos y dispersos [5]. Y hoy en día un senderista o un cazador cuenta con tanta tecnología como un soldado de operaciones especiales de hace 25 años. Sin ir más lejos, es posible comprar en Amazon.es teléfonos por satélite Thuraya, visores nocturnos y navegadores GPS.

Como dijimos, la expansión colonial europea por América, África, Asia y Oceanía dejó un legado de Estados a imitación de la metrópoli. La disolución imperios europeos dejaron atrás Estados-Nación con sus banderas, himnos nacionales y fuerzas armadas. Pero el Estado-Nación nació en Europa como el resultado de un proceso histórico (económico, político y social) singular, que no siempre es reproducible con éxito. Tan pronto muchos Estados africanos dejaron de tener relevancia geopolítica con el fin de la Guerra Fría y cesó la transferencia de recursos de Washington o Moscú, sufrieron guerras civiles que provocaron su colapso [6]. La invasión de Iraq primero y las guerras civiles que sucedieron a la Primavera Árabe podrían concluir con la voladura de las fronteras trazadas en su momento por las potencias europeas en el mundo árabe.

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Índice de estados frágiles en 2015. Vía El Orden Internacional.

Economía política de las guerras posmodernas.
Mientras ha descendido el número de conflictos interestatales desde el fin de la Guerra Fría, la forma más común de conflicto armado ha sido el conflicto interno con guerrillas, milicias y toda clase de grupos insurgentes. Durante la Guerra Fría esos grupos buscaron apoyos en EE.UU., la U.R.S.S., Cuba, Libia o China. El hecho es que tan pronto acabó la Guerra Fría se produjo el agotamiento de las guerras civiles en Centroamérica y África austral. Desde entonces, los grupos armados han contado con pocos apoyos externos y han debido buscar la autosuficiencia económica. Así, las FARC en Colombia y Sendero Luminoso en Perú sobrevivieron al fin de la Guerra Fría como fósiles políticos que sostenían una guerra supuestamente revolucionaria obteniendo fondos con el narcotráfico, mientras que la guerra civil de Angola se reavivó en los años 90 alimentada por los fondos provenientes de la explotación del petróleo y las minas de diamantes.

Vemos, por tanto, una convergencia entre los conflictos armado, los tráficos ilícitos y el crimen organizado, incluso cuando hay un elevado componente ideológico. Tal es el caso del contrabando en el Sahel, la producción de hachís en los bastiones libaneses de Hezbolá o el Estado Islámico y sus múltiples negocios, desde el contrabando de petróleo al de piezas arqueológicas.

Que los grupos armados  busquen la autosuficiencia económica ha generado en la práctica un mecanismo perverso de autoperpetuación de los conflictos con líderes insurgentes convertidos en señores de la guerra [7] que asientan su poder en el contexto de una economía de guerra de explotación de recursos naturales, tráficos ilícitos y control de la ayuda humanitaria que recibe la población. Mientras que la debilidad de los estados sumidos en un guerra crea precisamente oportunidades para el crimen, con el secuestros de periodistas y cooperantes, flujos de tráficos ilícitos por las fronteras porosas y tráfico de armas a países vecinos. Cuando la guerra genera oportunidades de negocio, existen menos incentivos para sentarse en una mesa de negociación.

Mientras los grupos armados se implican en tráficos ilícitos y el crimen organizado, las organizaciones criminales han alcanzado su forma más desarrollada en México y Centroamérica. La violencia relacionada con el crimen organizado en México y Centroamérica alcanza cotas propias de una guerra civil [8] pero el objetivo de los carteles de la droga mexicanos no es izar su bandera en la Plaza del Zócalo o en el Palacio Nacional. Los carteles de la droga mexicanos pretenden horadar el Estado sin sustituirlo, para tener mayor libertad de acción. En otros lugares las organizaciones criminales sí se convierten en una alternativa al Estado allí donde este es débil y no proporciona servicios a sus ciudadanos. En tal caso, los líderes criminales buscan legitimidad social gastando recursos en servicios a la comunidad y presentándose como “defensores del pueblo” o “campeones de los pobres” haciéndose eco de agravios reales o imaginarios contra el Estado [9].

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Lanzagranadas RPG y fusiles Barrett de calibre 12,7mm. incautados en México a miembros de un cartel del narcotráfico.

Campos de batalla inmateriales.
Las Guerras Posmodernas son la forma de conflicto propia de la sociedad de la información en un mundo globalizado, donde los medios de comunicación e Internet ocupan un lugar importante. Así que la construcción narrativa del conflicto puede llegar a ser el elemento fundamental del conflicto. Esto es, para uno o varios bandos enfrentados la clave de su victoria puede estar no en el uso de la fuerza en el campo de batalla sino cómo su causa es presentada ante la opinión pública internacional para provocar una respuesta que lleve a actuar a gobiernos, organizaciones e individuos. En tal caso no es relevante lo que pasa sobre el terreno o lo sólida de la causa, sino cómo se construye la narrativa en los medios [10].

Uno de los casos pioneros en los comienzos de la popularización de Internet fue el del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuya irrupción pública el 1 de enero de 1994 en el estado mexicano de Chiapas fue sucedida por una serie de derrotas militares que le provocaron grandes bajas mientras se generaba una corriente internacional de apoyo y simpatía a su causa [11]. El fenómeno se ha acelerado porque Internet provoca una desintermediación, saltándose el filtro de los medios de comunicación tradicionales. Para que el vídeo con la prueba de vida de un occidental secuestrado sea visto por millones de personas no hace ya falta enviarlo a la CNN o Al Yazira. Como efecto negativo, la vida de los reporteros de guerra ha perdido valor. Los grupos armados no necesitan de sus servicios para que su mensaje llegue al público. Es más, dedicados a negocios turbios y la proliferación de violaciones de derechos humanos, muchos grupos armados prefieren no tener testigos.

La capacidad de los medios de comunicación de generar simpatía hacia una causa en la opinión pública hasta que esta reaccione puede ser usada de forma negativa para generar el efecto inverso. Se puede construir una narrativa que desaliente la acción. Los medios rusos e iraníes han tenido bastante éxito en lograr que su discurso sobre la guerra en Ucrania y Siria sean reproducido en Occidente, obteniendo así mucho más margen de maniobra. El Servicio de Acción Exterior ha creado en respuesta una task force para lidiar con la desinformación rusa que publica un boletín bisemanal. Conceptos como Operaciones de Información (InfoOps) y Comunicación Estratégica (StratCom) no son muy distintos del viejo concepto de propaganda empleado en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Pero nuevamente Internet aporta novedad y complejidad al fenómeno.

Si la conectividad mediante Internet es una necesidad fundamental, desde las comunicaciones internas a la difusión externa de información,  interferir en ella se convierte en un objetivo. Así nace la ciberguerra como una dimensión inédita, por más que la propaganda y la guerra electrónica aparecieron como antecedentes de la “guerra de la información”. Hasta hace poco las acciones agresivas más habituales en Internet era la alteración de páginas webs y la saturación de servidores web mediante los ataques distribuidos de denegación de servicio (DDOS). Pero el caso de la ciberarma Stuxnet, diseñada específicamente para atacar las centrifugadoras del programa nuclear iraní, demuestra que la ciberguerra puede afectar al mundo material.

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Juegos de Guerra, película de 1983.

Conclusiones.
La idea de que las guerras están cambiando lleva en circulación décadas mientras que una persona cultivada podría encontrar antecedentes históricos de cualquier fenómeno actual, desde los piratas a los mercenarios, para sentenciar que no hay nada nuevo bajo el sol. Ante el debate si las guerras por venir serían convencionales o irregulares, Frank Hoffman trató de zanjar la discusión afirmando que no volveríamos a ver guerras que encajaran en un modelo puro. Dijo que las guerras futuras tendrían elementos convencionales e irregulares. Las llamó “Guerras Híbridas”. Y aún así se multiplicaron los escépticos diciendo que siempre habían sido así.

Se requiere una perspectiva histórica amplia para entender la transformación del panorama internacional, aunque las estadísticas sean claras. Han disminuido las guerras convencionales entre países y la mayoría de los conflictos armados se dan en Estados débiles con la presencia de actores como fuerzas de paz multinacionales y ONGs. Pero podríamos decir que el mundo avanza a velocidades distintas. África y América han entrado en la era de las Guerras Posmodernas mientras que Asia-Pacífico vive una carrera de armamento y de alianzas siguiendo una lógica no muy distinta de la vivida en Europa en las décadas previas a la Primera Guerra Mundial. A medio camino, la Nueva Guerra Fría no se parece a la vieja precisamente por la globalización e Internet.

El libro Guerras Posmodernas salió en 2010 y pronto tuve la sensación de que las ideas expuestas allí requerían una exposición más extensa, pulida y ampliada. Más que un modelo cerrado, quedó como un modelo en construcción. Mi idea es volver en un futuro a esta explicación para pulirla y quién sabe si algún día elaborar una nueva edición del libro completamente reelaborada.

Notas.

[1] La obra más famosa sobre el tema es La Revolución Militar: Innovación militar y apogeo en Occidente, 1500-1800 de Geoffrey Parker. Sin embargo el tema ha dado para perspectivas opuestas sobre si las nuevas formas de hacer la guerra dieron lugar al Estado Moderno o al revés. Francisco Andújar Castillo hace un repaso al debate en el primer capítulo de su libro Ejércitos y militares en la Europa Moderna.

[2] Recae en Martin Van Creveld el mérito de ser el autor que primero anunció una nueva era de conflictos armados en 1991 con su libro The Transformation of War.

[3] Moisés Naim dedicó su último libro El fin del poder a la transformación del poder, dedicando un capítulo a la guerra y otro a la geopolítica.

[4] Parag Khanna en su reciente libro Connectography: Mapping the Future of Global Civilization recoge, entre otros temas, el auge de las grandes ciudades y empresas como actores globales en un mundo conectado. Mientras que Mark Leonard ha coordinado el libro Connectivity Wars, que presenta 23 ensayos de diferentes autores sobre cómo la interdependencia económica y energética, junta otras medidas no bélicas, pueden ser usadas como armas.

[5] John Arquilla y David Ronfeldt acuñaron el concepto “netwar” para las formas de conflicto en que grupos de personas actúan como redes distribuidas. Ambos publicaron The Advent of Netwar en 1996. Más tarde, editaron el libro colectivo Networks and Netwars The Future of Terror, Crime, and Militancy, que alcanzó notoriedad por ir camino de la imprenta poco antes del 11-S.

[6] Véase Los Estados inviables de Oswaldo Rivero. Para el caso africano, véase África después de la Guerra Fría de Mark Huband. El artículo “The Coming Anarchy” de Robert D. Kaplan (publicado originalmente en febrero de 1994) fue el texto que encaminó mis pasos hacia los temas de las Guerras Posmodernas cuando lo leí en la primavera de 2001.

[7] Véase, por ejemplo, el libro colectivo Warlords Inc. Black Markets, Broken States and the Rise of the Warlord Entrepreneur editado por Noah Raford y Andrew Trabulsi.

[8] John Sullivan emplea el término “insurgencia criminal”.

[9] Tras su monumental El Narco, Ioan Grillo ha publicado  Gangster Warlords: Drug Dollars, Killing Fields, and the New Politics of Latin America.

[10] El término “narrativa” aparece en el manual FM 3-24 de contrainsurgencia desarrollado de forma conjunta por el ejército y la infantería de marina estadounidenses. José María Lizundia estudió la construcción del discurso pro saharaui en España en su libro El Sáhara como metarrelato.

[11] John Arquilla y David Ronfeldt con Graham Fuller y Melissa Fuller escribieron sobre el caso del EZLN en The Zapatista “Social Netwar” in Mexico. Bertrand De La Grange y Maite Rico aseguran en Marcos, la genial impostura que el subcomandante Marcos ordenó ataques condenados al fracaso con objetivos propagandísticos.

[12] Thomas Rid sostiene en Cyberwar will not take place que todas las actividades que asociamos con la ciberguerra si las trasladamos al mundo físico se corresponden con actividades no bélicas que identificaríamos como espionaje, gamberrismo, sabotaje, etc.

Análisis de Redes Sociales y la captura de Saddam Hussein

Poco después de escribir sobre un artículo académico que encontré donde se exponía un antecedente del Análisis de Redes Sociales en la Guerra del Rif, dio la casualidad que encontré otro artículo en el Small Wars Journal donde se hablaba de la captura de Saddam Hussein en 2003 y cómo se había empleado tanto el Análisis de Redes Sociales como conocimientos del contexto cultural para llegar hasta el escondrijo del antiguo jefe de estado iraquí.

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Baraja repartida a los soldados estadounidenses con la identidad de altos cargos del régimen iraquí pasados a la clandestinidad.

Sobre el asunto ya había leído el libro Mission: Black List #1 de Eric Maddox, escrito por el interrogador militar que llevó a la captura de Saddam Hussein. Reseñé el libro junto con How to brake a terrorist de “Matthew Alexander” (un pseudónimo), obra del interrogador que llevó a la captura de Abu Musab Al Zarqawi, porque me llamó la atención el énfasis que ambos ponen en el empleo de trucos psicológicos para obtener información de los interrogados frente al empleo de la tortura, la violencia, la coacción y la agresividad.

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Ubicación del escondrijo de Saddam Hussein al sur de Tikrit cuando fue capturado en la Operación “Red Dawn”.

Joel Lawton pone enfásis en su artículo Intelligence Planning and Methods Employed: Operation Red Dawn – The Capture of Saddam Hussein” en que Eric Maddox y un compañero abandonaron la perspectiva establecida en aquel de momento de buscar a los altos cargos del régimen de Saddam Hussein, recogidos en la famosa baraja repartida a los soldados, para llegar hasta las personalidades de la cúpula. Una vez desplomado el régimen, su estructura pasó a ser irrelevante. Saddam Hussein (cuyo nombre completo era Saddam Hussein Abd al-Mayid al-Tikriti) se refugió cerca de su ciudad natal de Tikrit. Allí contó con un red de apoyo formado por parientes y miembros de ciertas familias vinculadas a la suya por vínculos tribales. Maddox reconoce en su libro que desentrañó la red que
rodeaba a Saddam Hussein a partir de las ideas de un traductor iraquí. En cambio Lawton pone el énfasis entonces el Análisis de Redes Sociales y los conocimientos sobre la cultura local que mostraron Maddox y su compañero. Ese enfoque tan académico está ausente en el libro de Maddox pero aquí viene respaldado con una bibliografía más que interesante. Y como en el caso del artículo “La intuición del análisis de redes de los militares españoles durante la guerra del Rif como método de lucha contra el contrabando de armas”, sobre el que escribí aquí, tengo la sensación de que el autor toma unos pocos elementos y construye sobre ellos un relato desmesurado. Me queda la duda de si Maddox tenía todas esas cosas en mente cuando interrogaba a miembros de la insurgencia sunní en los alrededores de Tikrit en busca de Saddam Hussein. Pero sí tengo claro que las ciencias sociales, desde la Antropología al Análisis de Redes Sociales, tiene un papel enorme que jugar como herramientas de la inteligencia militar y las tácticas de contra insurgencia.

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Saddam Hussein fuera de su escondrijo tras la Operación “Red Dawn” en diciembre de 2003.

Una última nota. La policía belga detuvo a Salah Abdeslam, considerado el “cerebro” del grupo terrorista que atentó el 13 de noviembre de 2015 en París, en la casa de la madre de un amigo en la comuna belga de Molenbeek, su lugar de origen. No sabemos el trabajo previo de la policía belga, pero está claro que un buen mapa de la red social del sospechoso debió ser imprescindible en su captura. Y como en el caso de Saddam Hussein, cuando la estructura de una organización se desploma, los fugitivos terminan recurriendo a los contactos de su círculo de confianza para buscar refugio.

Dejados atrás: De las milicias a Trump (Segunda parte)

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Foto: Reuters/Dominick Reuter. Vía Business Insider.

Donald Trump ha sido el gran femóneno de la primarias del Partido Republicano. Es como si las reglas clásicas de la política no se aplicaran con él. Ha dicho y hecho cosas que hubieran hundido la carrera de otros políticos en un ciclo electoral diferente. Queda ahora tan lejanas las primaras de 2004, cuando los gritos eufóricos de Howard Dean, aislados del sonido ambiente mientras el público gritaba, le hicieron parecer un demente y arruinaron su campaña. Hoy los votantes republicanos que apoyan a Donald Trump le perdonan o le justifican todo.

Aquí en Europa a los bien pensantes les encanta diseccionar el discurso simplón de Trump desde el supuesto refinamiento y sofisticación del viejo continente que nos distancia de Estados Unidos, explicando su auge como la típica fórmula de candidato populista que apela a los bajos instintos del electorado. Ya saben, ese estereotípico estadounidense con sobrepeso que no sabe situar países que son noticia en un mapa. La verdad, no creo que estemos en condiciones en Europa de dar lecciones al respecto, con un panorama político donde encontramos desde populismo de inspiración sudamericana a la ultraderecha xenófoba. Ni mucho menos de preguntarle al votante medio europeo que diga cuántos países forman la Unión Europea y los ubique en un mapa.

El fenómeno Trump ha generado en Estados Unidos un caudal interminable de columnas de opinión y ha ocupado horas y horas de televisión, desde los programas más sesudos a los inevitables momentos de humor de los late night shows. La mayoría de los análisis se centran en lo zafio y simplista de su mensaje. Como los titulares de que Trump habla con un inglés propio de un niño de 4º de primaria o 5º de primaria. Hace poco, Andersoon Cooper le reprochó a Trump que atacara a Ted Cruz tuiteando una foto que comparaba la mujer de ambos, a lo que Trump respondió “¡yo no empecé!”. Cooper le reprochó que la respuesta era digna de un niño de 5 años. Los medios se han centrado en esta clase de asuntos para resaltar el supuesto bajo nivel intelectual de Donald Trump, con la idea de resaltar lo inadecuado que es para el puesto de presidente de los Estados Unidos.

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Otros análisis se han centrado en el fondo de su discurso, lo que tiene al aparato del Partido Republicano bajo un ataque de pánico. Trump es un republicano atípico. En el debate con los otros candidatos republicanos en Carolina del Sur defendió frente a Ted Cruz la financiación pública de Planned Parenthood y criticó la invasión de Iraq frente a Jeb Bush.

Pero lo que ha puesto realmente nervioso al establishment republicano y a los expertos internacionales es el programa de política exterior de Donald Trump, que presentó hace unas semanas ante periodistas del Washington Post. Trump es un aislacionista de la vieja escuela que cuestiona la necesidad de la OTAN, además de un repliegue sobre las fronteras para dejar de defender lugares como Europa y Corea del Sur. Según Trump, la crisis de Ucrania es un problema europeo y responsabilidad de Alemania. Pero todos los comentarios sobre lo malo que sería Trump para el país o para el Partido Republicano no dan una explicación de por qué es popular. Las explicaciones las he encontrado en lugares atípicos.

Scott Adams es el dibujante de las tiras cómicas de Dilbert y anticipó en su blog en el verano de 2015 el éxito de Trump. Según Adams, Donald Trump tiene unas dotes persuasivas extraordinarias y que lo que parece a priori acciones estrambóticas propias de un payaso suelen tener un objetivo definido. Por ejemplo, todo el debate sobre lo nefasto que sería Donald Trump como presidente de los Estados Unidos es la constatación de que somos ya capaces de imaginarle como candidato victorioso, algo que no consiguió ningún otro candidato republicano. Nadie habla del hipotético presidente Kasich o del hipotético presidente Cruz. Adams ha dedicado bastante atención a la campaña de Trump en su blog, lo que le ha llevado a ser entrevistado en Fox News y en la CNN.

John Robb es el autor de blog Global Guerrillas y el libro homónimo. Según Robb, Donald Trump ha roto las reglas establecidas y la suya no es una campaña electoral sino una insurgencia. Se trata de un movimiento centrado en unas pocas ideas sobre a qué se opone y que resulta vago a la hora de definir las posiciones propias para no generar divisiones entre su base electoral. Después del Súper Martes, Robb llamó la atención a cómo el aparato del Partido Republicano se había lanzado contra Trump y anunció que ese día había nacido un nuevo grupo social, los technorati. Robb la describe como esa clase social cosmopolita y cualificada que ha prosperado con la globalización. Los encontramos en muchos países y tienen entre ellos más en común que con el resto de los habitantes de sus propios países. Porque frente a los technorati ha aparecido otra clase social, los “dejados atrás” (left behind). Es ese sector de la clase obrera cuyo nivel de vida ha empeorado con el paso de los años, sufrió la crisis y cuyos hijos no vivirán mejor. Son los trabajadores poco cualificados a los que tener un empleo no les permite salir de la pobreza y cuyas fotos empujando un carrito en Wal Mart luciendo sobrepeso y ropa hortera son objeto de burla en Internet. Son los recién licenciados universitarios aplastados por la losa de las deudas contraídas para pagar los carísimos estudios universitarios en EE.UU. y que se han encontrado el mercado de trabajo post-crisis. Estos últimos apoyan a Bernie Sanders. Los otros, a Donald Trump. Ambos candidatos han pulsado una cuerda emocional en el electorado hablando de economía y comercio. Y ambos son percibidos como candidatos anti establishment. Trump es un multi millonario. Pero, precisamente por ello, se presenta como alguien que se autofinancia la campaña electoral y no está sometido al juego de compra de voluntades de los lobbies y grupos de presión.

Trump ha prometido apretar las tuercas a las empresas estadounidenses para que traigan empleos de vuelta desde China y México. En los datos que recopilaba Roger Senserrich aparecía una encuesta en la que los votantes de Trump era el grupo de población considerado que en mayor medida creía (67%) que los tratados de comercio habían sido algo malo para Estados Unidos. Hay, por tanto, una masa de trabajadores estadounidenses preocupada por que su puesto de trabajo sea deslocalizado. El nivel de estudios, el nivel de paro en la zona y la pérdida de empleos en el sector manufacturero parecen ser buenos predictores estadísticos del apoyo electoral a Trump. Son factores parecidos a los que en la primera mitad de los años 90, la época en que se negoció el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, explicaron la aparición de milicias unidas por una perspectiva conspiranoica en zonas desindustrializadas de Estados Unidos. El descontento es el mismo pero esta vez ha sido canalizado por un político que promete devolver la gloria perdida por el país en el contexto de la Nueva Guerra Fría y el ascenso de China.

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com :

Dejados atrás: De las milicias a Trump, 1ª parte (14 marzo 2016)

Presidente Trump (2 marzo 2016)

Escalada yihadista en Europa

La semana pasada recopilé unos “Atentados en Bruselas – apuntes en construcción” que me sirvieron para hacer un análisis más sosegado con la información disponible las primeras 48 horas en “Bruselas y el salto evolutivo del Estado Islamico en Europa”.  La intención original es que saliera en la página web de Passim.eu, pero justo esa semana están de cambio de hosting y tras pelearme con el servidor terminé publicándolo aquí (de ahí la redundancia de datos y comentarios).

Pasan los días y se va ampliando la información. Apuntaba el otro día que el comunicado del Estado Islámico hacía referencia a que los terroristas habían empleado fusiles de asalto, chalecos explosivos y bombas. Pero sabemos que en el aeropuerto sólo emplearon maletas-bomba mientras que la noticia de que había aparecido al menos un fusil AK, que yo recogí inicialmente, fue luego desmentida. Es decir, el Estado Islámico hablaba en su comunicado de que había llevado a cabo un atentado complejo del tipo definido por Sullivan y Elkus como “asedio urbano”, al estilo del de Mumbai en 2008, mientras que los atentados en realidad fueron mucho menos sofisticados, al estilo de los atentados del 11-M de Madrid y 7-J de Londres. Ahora sabemos que los terroristas sí tenían planeado un atentado complejo, pero la operación del día 15 de marzo en la comuna de Forest lo desbarató. Además, una operación policial francesa llevó al descubrimiento el jueves 25 de marzo de un piso en Argenteuil donde aparecieron cinco fusiles de asalto AK y los ingredientes para elaborar explosivo TATP, el mismo empleado en los atentados de Bruselas y del que apareció una pequeña cantidad.  Así que podemos pensar que las redes yihadistas franco-belgas preparaban nuevos atentados complejos. Que Francia y Bélgica sean el origen de la principal actividad yihadista en el continente ha aparecido ya en alguna investigación académica. Y ha vuelto a poner la atención en la comuna belga de Molenbeek. Michelle Hackman ha hecho en Vox una interesante recopilación de lecturas al respecto.

Señala Matthew Levitt en Foreign Policy que se ha producido un cambio importante en el yihadismo europeo. Atentados como el de París en enero de 2015 contra Charlie Hebdo y el supermercado Hyper Cacher, fueron la acción de una célula formada por dos hermanos y una persona aislada respectivamente. Tuvimos luego la tentativa de atentado en agosto de 2015 en el tren Thalys que cubría la ruta Amsterdam-París, junto con otros atentados fallidos. Como el que un terrorista solitario, detenido se mismo mes tras volver de Siria, pretendía cometer en un concierto en Francia. Los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París fueron un salto por su complejidad, número de terroristas implicados y recursos empleados. Por eso Levitt habla del fin de la era de los lobos solitarios. Ya he comentado alguna vez la tendencia de expertos y analistas de hablarnos de “una nueva era de” ante cada acontecimiento de impacto. De hecho, algún avispado comentaristas hablaba, tras los atentados del 13 de noviembre de París y las declaraciones del primer ministro francés de que el país estaba en guerra, de que estábamos ante un nuevo tipo de guerra (como curiosidad, este blog tiene más de diez años). Yo no considero descartable la acción aislada de algún terrorista solitario, una estrategia terrorista que dio muy malos resultados en la década anterior. Pero sin duda 2015 fue un año de cambio de estrategia terrorista en Europa.

Según Martin Chulov cuenta en el diario británico The Guardian, hubo una cumbre de líderes del Estado Islámico en la localidad siria de Taqbah el 4 de noviembre de 2015 donde se decidió lanzar ataques en Europa. Se mencionó específicamente a Francia, Bélgica, Reino Unido, Alemania, Italia y España. Precisamente aquel verano el Estado Islámico había alcanzado su máxima expansión geográfica y comenzaba entonces el retroceso. El 27 de septiembre el gobierno francés decidió que su intervención militar con ataques aéreos contra el Estado Islámico, la Operación Chammal, se extendiera de territorio iraquí al sirio. El 9 de noviembre se anunció el despliegue del portaaviones Charles de Gaulle. El 13 de noviembre tuvieron lugar los ataques de París.

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Miembros de la célula terrorista que perpetró los ataques del 13 de noviembre de 2015 en París en un vídeo de propaganda del Estado Islámico. Imagen vía NY Daily News.

Clint Watts hacía en el blog War On The Rocks en enero de 2015 una clasificación los ataques terroristas en función de la conexión de la célula terrorista con el núcleo duro de los grupos terroristas. Así, hablaba de “ataques dirigidos”, cuando una célula terrorista era enviada a cometer el atentado; hablaba de “ataques conectados en red” (networked) cuando un individuo tenía conexiones con el núcleo central pero creaba localmente una célula; y “ataques inspirados” cuando se trataba de atentados cometidos por individuos o grupos sin conexión personal. La novedad de los últimos atentados es que los terroristas han pasado por campamentos en los territorios del Estado Islámico, donde han recibido formación. Esa es la gran diferencia con las tramas terroristas fallidas o desmanteladas en el período que va de la caída del santuario afgano a la aparición del Estado Islámico y que abordé en un artículo a la muerte de Bin Laden. La novedad es que los ataques de París en noviembre de 2015 y los últimos de Bruselas han sido llevado a cabo por terroristas enviados desde el territorio del Estado Islámico, donde recibieron formación. De ahí que en sus planes entre el manejo de armas y la elaboración de explosivo TATP. La cuestión que me queda aboradar aquí en un futuro es la naturaleza de las células terroristas, sus conexiones logísticas con el mundo del crimen y el proceso de radicalización en los suburbios deprimidos de Europa.

Jason Burke afirma en el diario británico The Guardian con cierta resignación que hay que asumir que estamos ante una nueva ola de violencia yihadista, como otras tantas del pasado. Es posible encontrar titulares sobre Bruselas como la “nueva normalidad” europea en medios como The Economist, The Boston Globe y The Huffington Post. Todo apunta a que veremos más atentados terroristas yihadistas en Europa.

Bruselas y el salto evolutivo del Estado Islámico en Europa

El pasado martes 22 de marzo tuvo lugar un doble atentado en Bruselas, la capital de Bélgica. A las 7:58 de la mañana se produjo una explosión en el Aeropuerto Internacional de Bruselas (Zaventem). 37 segundos más tarde se produjo otra. Según Peter Allen en MiddleEastEye, la segunda explosión tuvo lugar entre el flujo de gente que huía de la primera. Las cámaras de seguridad captaron a tres terroristas, dos de los cuales murieron en las explosiones, mientras que el tercero huyó. Una hora más tarde una explosión tuvo lugar en la estación de metro de Maelbeek, cerca de la sede de varias instituciones europeas. El balance provisional de víctimas es de más de 30 muertos y más de 200 heridos.

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Bruxelles est (re)belle. Foto: Wikimedia.

El Estado Islámico emitió aquel mismo día por la tarde un comunicado en varios idiomas reivindicando los atentados, donde amenaza con “días negros para todas las naciones cruzadas aliadas en su guerra contra el Estado Islámico”. El comunicado hace mención a que los terroristas emplearon fusiles de asalto, cinturones explosivos y bombas. Así que estaríamos ante un intento de replicar un tipo de atentado yihadista que se ha repetido en varios continentes desde los ataques del 26 de noviembre de 2008 en Mumbai y que Adam Elkus y John Sullivan llaman “asedio urbano”. Se trata de ataques simultáneos contra lugares públicos para saturar a la policía y los servicios de emergencia por parte de terroristas con fusiles de asalto, que una vez enfrentados a la policía o acorralados hacen detonar los explosivos. Sin embargo esta vez los terroristas simplemente hicieron detonar los explosivos.

Estos atentados han ocurrido menos de una semana después de dos grandes operaciones policiales en Bélgica los días 15 y 18 de marzo que se saldaron con la detención de Salah Abdeslam, considerado el “cerebro” del grupo terrorista que atentó el 13 de noviembre de 2015 en París. Abdeslam es originario de la comuna de Molenbeek y es significativo que no fue detenido a la fuga lejos del país, sino que fue en su lugar de origen donde la policía belga le detuvo. Como apunté el pasado mes de noviembre, tras los atentados en París, la comuna de Molenbeek es conocida por ser un foco de radicalización islamista. Se acumulan allí una serie de problemas sociales que han servido de caldo de cultivo para el yihadismo. Si Abdeslam ha logrado permanecer cuatro meses huido de la policía es porque contaba en la zona con una red de amigos y simpatizantes que le han proporcionado refugio. Tras su detención, el ministro belga de Asuntos Exteriores afirmó que preparaba un nuevo atentado y que contaba con una nueva red a su alrededor en Bruselas”. Por tanto, es factible especular que los autores de los atentados son miembros de esa red que escaparon a las operaciones policiales y adelantaron sus planes de atentar en Bélgica, ya que se requiere tiempo para obtener los ingredientes y preparar los explosivos.

Imágenes de los tres terroristas captada por una cámara de seguridad del aeropuerto de Bruselas. Foto: Wikimedia.

El miércoles 23 las autoridades belgas identificaron a dos de los terroristas autores de los atentados como los hermanos Ibrahim y Jalid El Bakraoui. Ambos murieron al hacer detonar artefactos explosivos, el primero en el aeropuerto y el segundo en el metro. El segundo terrorista que murió en el aeropuerto y el tercero que huyó de allí no han sido identificados. Una de las piezas claves en la investigación fue el testimonio del taxista que trasladó los tres terroristas con tres pesadas maletas al aeropuerto. Gracias a él la policía llegó a una vivienda en el nº 4 de la calle Max Roos de la comuna de Schaerbeek, donde fueron encontrados 15 kilos de explosivo triperóxido de triacetona (TATP en sus siglas en inglés), 150 litros de acetona, 30 litros de agua oxigenada y detonadores junto con una maleta llena de clavos y tornillos para ser usados como metralla. El hallazgo es significativo porque en los atentados del 13 de noviembre de 2013 en París se empleó también TATP. Se trata de un explosivo fabricado con ingredientes al alcance de cualquiera pero que requiere maestría en su elaboración por la peligrosidad de su manejo.

Los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París reflejaron un salto en la complejidad de la ejecución y el nivel de recursos empleados, sino también en la sofisticación de los procedimientos empleados por los terroristas. Según un informe de la policía francesa al que el New York Times habría tenido acceso, la complejidad de las bombas empleadas y la estandarización de su fabricación refleja que las células terroristas vinculada al Estado Islámico en Europa cuentan ahora con miembros entrenados, posiblemente en Siria, que siguen los mismos protocolos. Además, el empleo de teléfonos para usar y tirar, el empleo de teléfonos móviles activados poco antes de los ataques y el uso de los teléfonos móviles de las víctimas en la sala de conciertos Bataclan suponen que los terroristas son ahora mucho más precavidos en sus comunicaciones.

Ese salto en los ataques terroristas en Europa supone que se ha producido un cambio de estrategia en el Estado Islámico, que ahora sí busca lanzar ataques en Occidente. Ese cambio posiblemente tenga que ver con que, tras alcanzar su cenit, los dominios territoriales del Estado Islámico en Siria e Iraq comenzaron a retroceder en el verano de 2015. Precisamente el gobierno francés, que ya había ordenado el despliegue de su aviación militar en Jordania para atacar al Estado Islámico dentro de las fronteras de Iraq, decidió redoblar los esfuerzos y desde el 27 de septiembre de 2015 la aviación francesa comenzó a lanzar ataques también dentro de las fronteras de Siria. Menos de dos meses después tuvieron lugar los ataques terroristas de París.

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Un Rafale francés sobrevolando Bagdad en una misión contra el Estado Islámico. Foto: Armée de l’Air.

Clint Watts traza un paralelismo con el grupo somalí Al Shabaab. Después de que sus dominios territoriales comenzaran a disminuir, se iniciaron los atentados en países de la región, como los atentados en dos establecimientos de ocio en Kampala (Uganda) en 2010 y contra un centro comercial en Nairobi (Kenia) en 2013. Ahora que se ha convertido en el grupo yihadista de referencia global, el Estado Islámico no tiene victorias militares que mostrar al mundo, apunta Watts. Así que lanzar atentados terroristas en Occidente contra objetivos “blandos” le coloca nuevamente en el centro de la atención mediática de todo el planeta y le permite seguir captando apoyos entre los radicalizados como el grupo de vanguardia de la yihad global.

Vincular las operaciones, sean militares o policiales, contra el Estado Islámico y los atentados no implica establecer una relación causal directa. Sin ir más lejos, el año pasado se detuvo en España a dos grupos que tenían la aparente intención de cometer atentados. Así, en abril de 2015 se detuvo a once personas en varios municipios de Cataluña y en noviembre de 2015 se detuvo a los tres miembros de una célula yihadista en la provincia de Madrid. Bien es cierto que existen ciertas diferencias entre el contexto belga y el contexto español. Sin ir más lejos, Bélgica es el país del que más han marchado voluntarios para unirse a las filas yihadistas en la guerra civil siria en proporción a su población. Lo que refleja, en cualquier caso, que no es un problema externo, se trata de una amenaza surgida dentro de la propia Europa con ciudadanos europeos radicalizados. Por lo que las estrategias contra el terrorismo no deben ser sólo a corto plazo y en el ámbito de la seguridad.

El 12 de octubre de 1984 el grupo terrorista norirlandés IRA hizo detonar una bomba en el hotel de Brighton donde se alojaban miembros del Partido Conservador británico, incluyendo los miembros del gobierno y la primera ministra, Margaret Thatcher. La habitación de Thatcher se vio afectada pero sobrevivió al atentado. Al día siguiente el IRA emitió un comunicado, responsabilizándose del ataque y dirigiéndose a la primera ministra: “Hoy no tuvimos suerte, pero recuerde que sólo tenemos que tener suerte una vez”. Con una amenaza terrorista que ha dado un paso evolutivo, las fuerzas de seguridad e inteligencia europeas tendrán que tener suerte todos los días.

Atentados en Bruselas – apuntes en construcción

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Esta mañana se ha producido un doble atentado terrorista en Bruselas. A las ocho de la mañana se han producido dos explosiones en el Aeropuerto Internacional de Bruselas (Zaventem). Según Peter Allen en MiddleEastEye, una primera explosión sirvió para causar pánico y empujar a la gente hacia el lugar de la segunda explosión, mucho mayor y que causó la caída de piezas del falso techo. Murieron 11 personas y 81 resultaron heridas (datos provisionales). La Radio Télévision Belge Francophone ha informado de que se encontró un AK en el lugar.

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A las 9:15 de la mañana se ha producido una explosión en la estación de metro de Maelbeek, en el centro de la ciudad. Murieron al menos 15 personas y 70 resultaron heridas (datos provisionales).
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Estos son los datos que se disponen en el momento. El balance de víctimas seguro cambiará. Según recogía Reuters, avanzada la mañana se hablaba ya de 34 muertos (14 en el aeropuerto y 20 en el metro).

Insisto que estos son los pocos datos que tenemos porque llevo toda la mañana siguiendo reacciones en Twitter y parece que todo el mundo ha descubierto que los atentados vienen a demostrar justo las ideas que sostenía precisamente el día de ayer.
-Las personas que simpatizan con los refugiados sirios dicen que ahora deberíamos entender el horror del que huyen.
-Las personas que no simpatizan con los inmigrantes musulmanes dicen que deberíamos entender al fin la amenaza del Islam en Europa.
-Los progresistas dicen que nuestra reacción debería ser abrir un diálogo con la comunidad musulmana y atender sus necesidades sociales.
-Los conservadores dicen que deberíamos volver a las raíces cristianas de Europa
-Los simpatizantes de Putin dicen que deberíamos establecer una alianza con Rusia para luchar contra el yihadismo.
-Los favorables a una política occidental intervencionista dicen que deberíamos intervenir a fondo en Oriente Medio en la lucha contra el Estado Islámico.
-Los contrarios a una política occidental intervencionista dicen que estos atentados son una consecuencia de esa política.
Y así una innumerable lista de “lecciones aprendidas” en los atentados de hoy.


A nadie se le escapa que el pasado día viernes 18 de marzo tuvo lugar una operación antiterrorista en Bélgica que dio como resultado la detención de Salah Abdeslam, considerado el cerebro de los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París. Abdeslam fue detenido en la comuna de Molenbeek, su lugar de residencia original y foco de radicalización islámica. Los atentados podrían ser una respuesta a esas operaciones policiales, pero considerando la complejidad de obtener y preparar los artefactos explosivos podría tratarse de un grupo que alterara sus planes para realizar un plan improvisado.

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Rescato dos párrafos del epígrafe “Bélgica como nido del radicalismo islámico europeo” del artículo  “Cinco claves de los ataques terroristas de París” que escribí para Passim.eu

La capital de Bélgica ha relevado a Londres, conocida irónicamente en su momento como Londonistán, como la capital del radicalismo islámico europeo. Bélgica es el país europeo del que más voluntarios para la yihad siria han partido si consideramos su población. Abundan las explicaciones de cómo el noveno país de la Unión Europea por población se ha convertido en el principal nodo del yihadismo europeo con el que se pueden conectar una lista larga de tramas terroristas europeas, incluyendo los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Se argumenta sobre cómo la población musulmana ha encontrado difícil encaje en un país polarizado identitariamente entre flamencos y valones. Lugares con mayoría de población inmigrante en torno a la capital, como Molenbeek, habrían quedado en tierra de nadie en ese pugna política y, por tanto, recibe menos recursos del gobierno. Se señala además como la fragmentación administrativa municipal en la región de la capital impide una acción eficaz del Estado. En palabras del viceprimer ministro belga y ministro del Interior, Jan Jambon, “no tenemos la situación bajo control en Molenbeek”.

Más allá de la lista de culpables de la actual situación de los suburbios musulmanes belgas, los vínculos entre los terroristas identificados nos lleva a recordar el minusvalorado papel de las redes de reclutamiento y radicalización islamistas que se nutren de los contactos cara a cara y de las relaciones cercanas. Vimos cómo en los ataques del viernes 13 de noviembre en París participaron dos hermanos, como fue el caso de los hermanos Kouachi en los ataques en enero de 2015 en París y como fue el caso de los hermanos Tsarnaev en el atentado con bomba en Boston en abril de 2013. Internet y las redes sociales se han mostrado como un medio de captación de voluntarios para unirse a grupos yihadistas en Siria, pero la perpetración de atentados terroristas en Occidente sigue siendo obra de grupos cohesionados y cercanos, cuyos planes pasan desapercibidos a las fuerzas de seguridad. Tampoco Internet ha logrado sustituir la experiencia y conocimiento de manejar armas y explosivos que los terroristas obtienen sobre el terreno en campamentos de entrenamiento o luchando en conflictos como el de Siria.


Comunicado del Estado Islámico en francés. Menciona que los terroristas emplearon fusiles de asalto, cinturones explosivos y bombas, así que estamos ante un intento del tipo de atentado que Adam Elkus y John Sullivan llaman “asedio urbano”. Por razones desconocidas no se produjo un tiroteo prolongado en el aeropuerto.

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Los hermanos Jalid e Ibrahim El Bakraoui han sido identificados como dos de los terroristas suicidas. El primero hizo detonar una bomba en el metro de Bruselas y el segundo lo hizo en el aeropuerto. El otro terrorista suicida que actuó en el aeropuerto no ha sido identificado, como tampoco lo ha sido el tercer terrorista allí presente y que está huido. Se repite así un patrón de células terroristas en la que encontramos parejas de hermanos, lo que implica un grupo cohesionado con pocas comunicaciones exteriores que puedan ser interceptadas.

Boston 15 abril 2013: Hermanos  Dzhojar y Tamerlán Tsarnáev
París 7 enero 2015: Hermanos Saïd y Chérif Kouachi
París 13 noviembre 2015: Hermanos Salah y Brahim Abdeslam.


Dejados atrás: De las milicias a Trump (Primera parte)

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En marzo de 1991, con la euforia tras la victoria militar en la Guerra del Golfo, el nivel de aprobación del presidente estadounidense George H. W. Bush alcanzó el 90%. Su reeleción al año siguiente parecía asegurada. Pero meses después de la guerra, en julio de 1991, la economía estadounidense entró en recesión. La economía se convirtió en un tema central de las elecciones de 1992. En el cuartel general de la campaña del aspirante demócrata Bill Clinton, el estratega político James Carville escribió en una pizarra tres frases que señalaban los tres temas en los que se tenía que incidir. El segundo era “The economy, stupid”. La frase se popularizó y transcendió al equipo de campaña como “It’s the economy, stupid”.

Bill Clinton ganó las elecciones y durante su presidencia apareció un nuevo femóneno, las milicias armadas. Al igual que las teorías conspiranoicas sobre Obama, el musulmán encubierto nacido en Kenia, en aquel momento surgió toda una literatura sobre el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial (NWO) en el que la soberanía estadounidense sería transferida a Naciones Unidas y al capital internacional. Se hablaba de bases secretas militares rusas en territorio estadounidense, helicópteros negros y hasta de campos de exterminio en las instalaciones de la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias (FEMA), encargada entre otras cosas  de asegurar la Continuidad de Operaciones y Continuidad del Gobierno. Sus poderes especiales al respecto la convirtió en objeto de teorías sobre un “gobierno paralelo” [*]. A modo de curiosidad, la serie de televisión “Expediente X” arrancó en septiembre de 1993, el año en que Bill Clinton asumió la presidencia de los Estados Unidos.

Manuel Castells le dedica un apartado en el segundo volumen de su monumental La Era de la Información a las milicias estadounidenses dentro de un capítulo dedicado a los “movimientos sociales contra el nuevo orden global”, que incluye también al Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Cuenta Castells, que si bien el sustrato en el que nacen las milicias son los grupos supremacistas blancos y su modern-militiaanticipación de una “guerra santa racial” (RAHOWA), no se puede acotar el movimiento como una simple manifestación de la ultraderecha racista. El repaso de las páginas webs de las milicias en aquel entonces mostraban que muchas estaban abiertas a miembros de ambos sexos y minorías étnicas. Castells no lo menciona, pero yo añadiría que una de las fuentes del fenómeno fue también el survivalismo, que ya Hollywood recogió en 1983 en The Survivors. En cuanto a política, la corriente que inspiró a las milicias es el libertarismo y su profunda desconfianza hacia el gobierno federal, junto con los valores “tradicionales” del conservadurismo cristiano evangelista y el rechazo al incipiente proceso de globalización económica. No en vano en el año 1993 se firmó el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) y el 1 de enero de 1994 entró en vigor, día en que se dio a conocer al mundo el EZLN.

El perfil típico del miembro de las milicias era el de un “varón blanco cabreado”. La proliferación del fenómeno, tanto en el interior rural del país como en las áreas metropolitanas, impedía calificarlo únicamente como una reacción conservadora de la América Profunda (véase “Los muchos Estados Unidos”, noviembre 2013). Castells atribuye la aparición del fenómeno, en parte,  a una masculinidad en crisis en la era del ascenso de los derechos de la mujer y los homosexuales. De ahí que las milicias encontraran miembros hasta en el sector tecnológico de California. Es fácil imaginar el atractivo de pertenecer a un grupo donde encontrar camaradería masculina en una sociedad profundamente individualista y vivir fantasías de poder manejando armas y vistiendo uniforme.

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El arquetipo de miembro de las milicias: Un varón blanco de aspecto poco marcial jugando a la guerra.

Otro de los elementos interesantes que menciona Castells es que estos grupos mantenían una estructura distribuida, con varias figuras carismáticas como referentes intelectuales pero sin una jerarquía establecida a nivel nacional. De hecho, el concepto de “Resistencia Sin Líderes” surgió en los años 80 en la ultraderecha racista estadounidense. A pesar de su origen como corriente minoritaria tuvieron una rápida expansión gracias al empleo de BBS e Internet, una característica que reflejaba la película “Betrayed” (“El sendero de la traición”, en España) dirigida por Costa Gavras en 1988.

El asedio policial en Ruby Ridge en 1992 y el asedio al rancho de los davidianos en Waco (Texas) en 1993 se consideran los catalizadores del fenómeno, al generar una fuerte reacción ante lo que se consideraban abusos del gobierno federal contra ciudadanos armados. La realidad es que los estudios sobre el tema señalan que el movimiento de milicias arraigó entre los blancos de clase trabajadora en un momento de crisis económica, cambio tecnológico y deslocalización de empresas. El discurso contra el Nuevo Orden Mundial tenía resonancia entre los efectos de una época de cierres de grandes dinosaurios tecnológicos y  traslado de factorías. Castells cita a William Pierce, que decía en marzo de 1994:

En pocas palabras, el Nuevo Orden Mundial es un sistema utópico en el que la economía estadounidense (junto con la de todas las naciones) será “globalizada”: los niveles salariales de todos los trabajadores estadounidenses y europeos se harán hasta los de los trabajadores del Tercer Mundo; las fronteras nacionales dejarán de existir para todos los supuestos prácticos; y un flujo creciente de inmigrantes del Tercer Mundo a los Estados Unidos y Europa habrá producido una mayoría no blanca en todas  las zonas del mundo que antes eran blancas; una élite formada por financieros internacionales, los dueños de los medios de comunicación de masas y los gestores de las compañías multinacionales, tendrá la última palabra; y las fuerzas de paz de la ONU se utilizarán para evitar que nadie opte por salirse del sistema.

Me parece relevante que este párrafo podría, con pocos cambios, publicarse hoy con adaptaciones que incluyeran la crítica a las élites económicas tras la crisis de 2008 y el rechazo a la inmigración en Estados Unidos y Europa. El movimiento de las milicias entró en decadencia tras el atentado terrorista en Oklahoma City en 1995, con una intensa campaña de demonización desde los medios. Pero el movimiento está resurgiendo, como demostró el reciente asedio policial en Oregón. Hay de nuevo un malestar en la población blanca de clase obrera en Estados Unidos. Y esa es la explicación del éxito electoral de un candidato como Donald Trump. Pero de eso hablaremos en la segunda parte.

[Continuará]

[*] A modo de curiosidad, la creación de la Unidad Militar de Emergencias durante el gobierno de Rodríguez Zapatero y bajo mando directo de Presidencia de Gobierno generó comentarios en la prensa de derechas española sobre una “guardia pretoriana” al servicio de los oscuros planes golpistas que el PSOE había urdido con ETA y los servicios secretos marroquíes, cómplices del 11-M. En su primera aparición en el desfile del 12 de octubre de 2006 la UME fue abucheada por el público.

La Nueva Guerra Fría segun Mary Kaldor

En la primavera de 2001 estaba estudiando el segundo año de Sociología y ya estaba aburrido de la carrera, así que me dio por empezar a sacar de la biblioteca libros que tenían poco que ver con las asignaturas que cursaba. El primer libro que leí en aquella etapa de hastío universitario fue La anarquía que viene del periodista estadounidense Robert D. Kaplan. El capítulo homónimo con el que arranca el libro, un artículo publicado en The Atlantic en  1994, decidió mi vocación. Como sociólogo me dedicaría a estudiar la transformación de los conflictos armados. Meses después, en octubre de 2001, me encontré con Las nuevas guerras: la violencia organizada en la era global, edición española de New and Old Wars: Organised Violence in a Global Era de la académica británica Mary Kaldor. Tuve una sensación de shock. El libro se adelantaba a todo mi trabajo. De hecho, se convirtió en el canon de los estudios sobre transformación de los conflictos armados. Así que imaginen la ironía de encontrar ayer domingo “La segunda guerra fría” de Kaldor en el diario madrileño El País. Esta vez la que llega tarde es ella.

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La cuestión es que el artículo me ha parecido francamente decepcionante. Como suele suceder con los popes académicos, a lo que ha venido Mary Kaldor es a hablar de su libro. Pero a eso llegaremos más tarde. Para empezar, su análisis se enmarca en la corriente posmoderna de la Geopolítica Crítica, que se centra en los discursos y no en la realidad. Así, Mary Kaldor afirma que la Guerra Fría (1945-1989) fue un discurso artificial de ambas superpotencias para consolidar su hegemonía dentro de su esfera de influencia en Europa. Estaría bien preguntarle a las víctimas de la guerra y la represión argentinas, congoleñas o vietnamitas si percibieron el enfrentamiento de bloques como una entelequia discursiva. Estoy con Noam Chosmky (véase El miedo a la democracia, versión española de Deterring Democracy) en que el elemento definitorio de la Guerra Fría fue la pugna entre las súper potencias por el Tercer Mundo. Y como he insistido en más de una vez, hablar de Nueva Guerra Fría no supone predecir una guerra abierta y directa entre ambos bandos, sino una infinidad de guerras por delegación (proxy wars) en un contexto de propaganda y agitación.

Con estas premisas, Mary Kaldor establece que “la segunda guerra fría es una repetición imaginaria de la primera”, es decir, un nuevo artificio discursivo que sirve tanto al Kremlin para obtener cohesión interna y a la OTAN para justificar su existencia, la subida de los presupuestos de defensa y financiar proyectos de armamento faraónicos.  El reproche de Kaldor es que un esfuerzo de la OTAN por dejar atrás las guerras irregulares de década pasada para volver a centrarse en la amenaza convencional de Rusia no ayudaría a enfrentarse al desafío de las nuevas guerras, o lo que es lo mismo, las Guerras Posmodermas.  Pero creo que Mary Kaldor pasa por alto que precisamente el hartazgo de las opiniones públicas occidentales a las intervenciones militares en la era posterior al 11-S las ha predispuesto al uso de la fuerza, mientras que los recursos consumidos en aquellas guerras junto con la crisis económica ha disminuido la capacidad disuasiva convencional. Es decir, los vacíos dejados por Estados Unidos en Ucrania y Siria que aprovechó Rusia fueron provocados por las experiencia de Afganistán, Iraq y Libia. Pero de eso habrá que hablar, repasando el artículo “The Obama Doctrine” de Jeffrey Goldberg en The Atlantic.

Análisis de Redes Sociales en la Guerra del Rif

El último volumen de la revista REDES se abre con un artículo de Julián Antonio Paniagua titulado “La intuición del análisis de redes de los militares españoles durante la guerra del Rif como método de lucha contra el contrabando de armas”.

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Legionarios en Melilla en 1921. Foto: José Zegri vía ABC

Resulta que años antes de que se desarrollara dentro de las Ciencias Sociales la teoría de Análisis de Redes Sociales, un informe militar español fechado en Tetuán en 1925 incluía un mapa de redes que representaba el comercio entre las ciudades, zocos y poblados amigos y enemigos. El propósito era establecer controles en el comercio de mercancías para cortar el abastecimiento de las cabilas rebeldes.

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Según recoge el autor del artículo:

[E]l coronel Orgaz no presentó al Alto Comisario un mapa del territorio, con puntos concretos y sus correspondientes caminos que los conectaban entre sí, sino un modelo teórico de nodos identificados por sus atributos (hay cuatro tipos de nodos representados con diferentes formas geométricas en el dibujo), unidos por vínculos, cuyas propiedades son el transporte de mercancías o personas.

Por lo visto, el sistema de controles y permisos para ejercer el comercio no resultó efectivo por la falta de personal en un terreno demasiado grande y la falta de colaboración de la población local. Pero lo aquí relevante es encontrar ejemplos de iniciativa e inventiva en las fuerzas armadas españolas durante una campaña de guerra irregular. Y es que si uno le dedica la suficiente atención a la historia militar encontrará lecciones aprendidas de sobra que aplicar a los desafíos del presente, como le gustaba recordar con ejemplos a Jorge Aspizua.

El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana

recorteEl número de este mes de la revista Ejército que publica el Ejército de Tierra español incluye un artículo mío titulado “El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana” (págs. 30-38). Las tácticas desarrolladas por el ejército de la antigua Rhodesia sintetizaron las lecciones aprendidas por los británicos durante la revuelta Mau Mau en Kenia y los portugueses en Angola, además de incorporar innovaciones propias. Nacieron allí los vehículos a prueba de mina, por ejemplo. Pero en lo que destacaron los rodesianos fue en las operaciones aerotransportadas (“Fire Force”) y en las infiltraciones de patrullas disfrazadas de insurgentes detrás de las líneas enemigas (“Pseudoperaciones”).

Recuerdo leer al respecto en la mítica enciclopedia por fascículos Comando. Y de un tiempo a esta parte, la experiencia rodesiana ha sido objeto de un renovado interés en el ámbito anglosajón, aunque sus lecciones sean más tácticas que estratégicas en el ámbito de la lucha contra-insurgencia. Mi artículo presenta el contexto de la guerra, repasa las fuerzas desplegadas por el bando gubernamental rhodesiano y explica los conceptos de “Fire Force” y “Pseudoperaciones”. Este es mi segundo artículo en la revista. El primero fue también de un tema africano: “Operación Serval: El estilo francés de hacer la guerra”. Espero ir poco a poco elaborando más artículos sobre las guerras africanas.

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Tropa rhodesiana en operaciones con su característico aspecto desaliñado.

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Miembros de la Rhodesian Light Infantry antes de embarcar en un C-47, llamados localmente “Paradak”

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Tropa nativa del Rhodesian African Rifles antes de embarcar en Alouette III artillados con ametralladoras, llamados localmente G-Car.

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Vehículo “Rhino” a prueba de minas de diseño local.