La biblioteca de los libros que nunca escribí

De vez en cuando me pasa, al buscar en Internet sobre algún tema, que me llevo la sorpresa de encontrar que apenas hay referencias al asunto en español, más allá de mi blog. Por un lado, eso me genera la satisfacción de haber sido de los primeros en el mundo de habla hispana de haber descubierto el debate o el concepto. Pero por otro lado me genera frustración ver que en España no se ha estudiado o debatido temas de sobra conocidos en el mundo angloparlante.

La cuestión es que vivo con la constante sensación de que es mi deber introducir o explicar temas en español. Así que el resultado final es que me empeño en escribir no sobre los temas que domino, sino sobre aquellos que me gustaría se conocieran. Es decir, termino escribiendo los textos que me gustaría leer en español. Así, he terminado escribiendo de asuntos tan diferentes como “Irán y la guerra naval asimétrica” o la experiencia histórica de las tácticas rodesianas de Contrainsurgencia (COIN).

El empeño de divulgar temas en español ha sido una de las causas de una trayectoria de publicaciones bastante errática. Para colmo, a ese constante saltar de tema en tema se ha sumado el empeño de no sólo dedicar un artículo al asunto que en aquel momento captaba mi atención, sino todo un libro. El otro día se me ocurrió hacer un lista de todos aquellos proyectos libro que planifiqué, para los que reuní bibliografía y que empecé a escribir hasta agotar el entusiasmo inicial. Aquí está la lista, no necesariamente por orden cronológico.

Guerras Posmodernas 2.0 / 3.0 

Mi primer y único libro fue terminado en el verano de 2009 y publicado en 2010. El libro está descatalogado y muy pronto sentí que merecía una nueva versión mejorada y ampliada. Tiempo después pensé que no me motivaba volver a escribir el mismo libro. Que sería más interesante profundizar en varios temas que no aparecían en el primer libro (desde drones a guerra urbana). Y que en vez de ponerme una meta ambiciosa de escribir un nuevo libro de cero, debía trabajar primero en los temas e ir preparando el terreno con artículos.

Flanco Sur Profundo.

Siendo el autor del blog FlancoSur.com, que recientemente he puesto en modo hibernación, he echado de menos en España un libro de referencia sobre el yihadismo en el Sahel. Y cómo no, si nadie lo escribía se me ocurrió hacerlo yo mismo. La idea era arrancar con un capítulo inicial de antecedentes históricos contando los inicios de lo que luego fue Al Qaeda en la yihad Afganistán, del papel en ella de ciudadanos magrebíes y de cómo, tras la guerra civil argelina, los yihadistas se expandieron hacia el sur. Así que me puse a leer sobre geografía física del Sáhara, la guerra de Afganistán, la guerra civil argelina, etc. El resultado es que quedé atrapado aprendiendo sobre el contexto del problema hasta perder el foco. Un error de principiante. Ahora el problema se ha expandido y hecho más complejo. Y dudo que algún día escriba ese libro.

Guerra en red.

Cuando entregué el libro de Guerras Posmodernas a la editorial sentí que había dejado fuera un tema importante por no saber darle encaje: las teorías de guerra en red y los nuevos tipos de conflicto donde participan redes distribuidas. Antes de que el libro hubiera salido de imprenta pensé que el asunto merecía un libro entero. Pasó el tiempo y sucedió algo curioso. Cuanto más examinaba los casos, menos encontraba verdaderas redes distribuidas con jerarquías planas. Las organizaciones seguían siendo piramidales, por muy democratizador que hubiera sido Internet para el acceso a la información y las comunicaciones. El asunto resultó un espejismo.

Pasó el tiempo y recuperé el interés por el tema. Y decidí darle un enfoque diferente. En vez de contar cómo había una nueva generación de conflictos protagonizados por organizaciones en red, el interés estaba en contar cómo esa idea había evolucionado desde los tiempos en que Deleuze y Guattari hablaron de la guerra nómada. Es decir, la idea no era escribir una historia de la guerra en red, sino una historia del concepto de guerra en red.

Geopolítica (varios).

Cuando creé este blog nunca pensé que me interesaría por la Geopolítica, una disciplina que yo percibía como rancia y anticuada. Llegué a escribir una crítica a la Geopolítica de Mackinder, tras escuchar a un general español hablar del Heartland en un evento sobre el ascenso de los países BRIC. Irónicamente, asuntos como la Guerra de Crimea o el ascenso de China recuperaron el valor del análisis geopolítico. Y yo caí en la cuenta que apenas existía literatura sobre el tema en español. Hablamos de una época en que no existían o no habían sido traducidos La venganza de la geopolítica de Robert D. Kaplan y Prisioneros de la Geografía de Tim Marshall. Así que se me ocurrió que hacía falta un libro introductorio para la materia. Hacía falta un libro que hablara de Kjellén, Ratzel, Mahan, Mackinder, Spykman, etc. Pero no tardé en cuestionarme si tenía sentido escribir un libro así, con el trabajo que suponía estudiar aquellos autores y escuelas que apenas conocía.

Tras aparcar la idea del libro introductorio a la disciplina, pensé en que tendría más salida comercial un libro que abordara las grandes cuestiones geopolíticas del siglo XXI: como el ascenso de China o la rivalidad Irán-Arabia Saudita. También pensé en centrarme en el Gran Oriente Medio, aprovechando los artículos que había publicado en la revista El Medio.

El verano pasado caí en la cuenta que la libreta donde había tomado notas y volcado ideas para los proyectos Geopolítica del siglo XXI y Geopolítica del Gran Oriente Medio era un material extenso del que no había sacado provecho alguno a pesar del tiempo invertido. Se me ocurrió empezar a pasar las anotaciones a limpio. Y descubrí que por lo menos tenía material para dos artículos. El otro día retomé el pasar al ordenador las notas y conté 190 páginas manuscritas. Quizás deba asumir de una vez por todas que antes de lanzar grandes proyectos de libro debería ir escribiendo artículos que me permitan madurar las ideas y sacar provecho tangible a corto plazo al esfuerzo de profundizar en los temas que me atraen.

 

 

Llegó la hora de poner FlancoSur.com en hibernación

Flanco Sur nació en 2002 como una página web hecha a mano picando código HTML en el bloc de notas y subida vía FTP a un espacio de servidor que mi proveedor de Internet me proporcionaba. Yo llevaba con la idea de algo así desde hacía tiempo pero el conflicto por el islote de Perejil aceleró que la pusiera en práctica. Por aquel entonces, yo había acumulado algo de información sobre las fuerzas armadas de Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y la República Árabe Saharaui Democrática sacada de los foros de Internet. No había mucha información disponible en Internet porque era la época previa a la proliferación de cámaras digitales y redes sociales. Mi intención inicial era redactar pequeños artículos. El primer cambio vino en 2005 cuando hice el salto a WordPress gracias al servicio gratuito Blogsome. Empecé entonces a publicar noticias. Recuerdo que la primera fue sobre la compra marroquí del sistema antiaéreo de origen ruso Tunguska.

En el primer año como blog pasó una cosa. Yo había llegado al tema del Magreb porque era el principal foco de tensión para España. Pero mi conclusión, evaluando la disparidad de fuerzas y las amenazas no estatales compartidas, fue que no existía tal riesgo de un conflicto armado y que en cambio la verdadera preocupación era lo que pasaba más al sur del Magreb: el Sahel constituía el Flanco Sur Profundo.

En 2008 acudí a Granada a un congreso académico a presentar una comunicación titulada “Un Flanco Sur Profundo: El Arco de Inestabilidad de África Occidental“, contando con el patrocinio de la empresa UC Global. Mi idea era que la debilidad de los estados de la fachada atlántica de África Occidental (lugar de paso hacia Europa de la cocaína de Sudamérica) y la proyección de Al Qaeda en el Magreb Islámico hacia los países limítrofes de Argelia (principalmente Mauritania) debían ser motivo de preocupación en España, que debía adoptar una estrategia preventiva asesorando a los países de la región y preparando a sus fuerzas para intervenir en la región.

Sobra decir que en aquel entonces mis ideas sólo me ganaron una condescendiente palmadita en la espalda. África Occidental no era una región relevante para España, que no tenía vocación de proyectar sus fuerzas armadas para algo que no fueran misiones de paz y ayuda humanitaria. Sin embargo, yo extendí el interés del blog del Magreb a África Occidental, dividiéndola en tres regiones: fachada atlántica (de Senegal a Costa de Marfil), Golfo de Guinea y Sahel. Más tarde Nigeria se convertiría en una categoría propia de noticias en el blog.

Un helicóptero de ataque Tigre escoltando un convoy francés en el norte de Mali durante la operación SERVAL.

La intervención de la OTAN en la guerra civil de Libia (2011) y la crisis en Mali que llevó a la Operación SERVAL (2012-2013) fueron dos grandes acontecimientos en el área de interés para FlancoSur.com. Hice un seguimiento casi diario y logré más lectores diarios que nunca. Incluso fui plagiado o citado por medios. Alcancé algunos hitos. Mi artículo “Operación Serval: el estilo francés de hacer la guerra” para la revista Ejército entró dentro de los finalistas que se otorgan a los tres mejores artículos cada año y fui invitado en 2016 por Casa África a unas jornadas sobre yihad en África. Pero, si tuviera que hacer autocrítica, diría que nunca saqué provecho a aquel conocimiento en artículos que me creara un perfil de “experto en el Sahel”. En cambio, como todos sabéis, fui saltando de tema en tema. Y en septiembre de 2014, cuando decidí que iba a enfocarme en unos pocos temas para tratar de tener un currículum de publicaciones coherente, me tropecé con la Nueva Guerra Fría.

El problema es que el Flanco Sur Profundo explotó. La guerra civil libia se convirtió en un conflicto eterno que salpicó Túnez, donde sufren una insurgencia yihadista que en Argelia nunca desapareció. Tras la intervención francesa en Mali, se desplegó en el país una misión de Naciones Unidas y otra de la Unión Europea. Pero la violencia yihadista ha ido a más en los últimos tiempos, extendiéndose a Níger y  Burkina Faso. Nigeria sufre la violencia no solo del terrorismo yihadista, con varias escisiones del grupo conocido en Occidente como Boko Haram, sino otros fenómenos, como el conflicto de los pastores fulani. La cuestión es que la insurgencia yihadista se ha expandido en la zona del lago Chad a los países vecinos, afectando seriamente a Camerún. Por su parte, la piratería en el Golfo de Guinea es un problema con periódicos repuntes que ha llegado a ser estadísticamente más significativo que en el Cuerno de África.

Mientras tanto, los problemas de seguridad y defensa en África Occidental dejaron de ocupar un lugar testimonial en la acción exterior del Estado. España participó desde el primer momento en la misión EUTM Mali de la Unión Europea, ha contribuido a la formación de militares de países como Senegal y Cabo Verde, ha desplegado buques en el Golfo de Guinea, etc. Curiosamente el conflicto de Ucrania y las tensiones con Rusia popularizaron el concepto de “Flanco Este de la OTAN”, así que desde el gobierno español se trató de recordar a los aliados de la Alianza Atlántica la importancia del “Flanco Sur” y el término se hizo popular en la prensa en septiembre de 2014. Por aquellas fechas tuvo lugar en Granada un congreso académico donde se presentaron comunicaciones con títulos como “Por qué es importante Malí para la Seguridad Nacional”, “Desafíos para la seguridad española respecto a la inestabilidad en el Sahel” y “Desafíos y vulnerabilidades para la seguridad española derivados de la franja del Sahel”. En marzo de 2015 el Ejército de Tierra organizó las jornadas “El Ejército de Tierra y los retos futuros” que dedicó un día al Sahel con el título “Frontera Avanzada”. Es decir, diez años (y siete días) después de que yo lo había planteado, el Ejército de Tierra asumía plenamente el concepto de Flanco Sur Profundo.

Si durante años pude decir que fui una voz que clamaba en el desierto, la realidad es que África Occidental atrae hoy la atención de bastantes expertos. El Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo recopila datos sobre “Yihadismo en el Magreb y el Sahel”. El Real Instituto Elcano ha incorporado a Sergio Altuna como colaborador, habiendo publicado recientemente por ejemplo “La contribución española actual a la lucha contra el terrorismo en el Sahel”. En el mundo académico encontramos a Pilar Rangel y colaborando con los medios a Iñaki Méndez. No se puede decir que sin el blog FlancoSur.com el panorama informativo en español quedaría desatendido. Es más, tenemos en otros idiomas blogs como MENA Defense en francés y The African Military Blog, además del portal DefenceWeb y publicaciones como la African Defence Review.

La realidad es que seguir la actualidad de las fuerzas armadas y las insurgencias tanto en el Magreb como África Occidental requiere a día de hoy un trabajo a jornada completa. Y yo no tengo ya ni el tiempo libre ni la energía para atender dos blogs como Guerras Posmodernas y Flanco Sur, pretendiendo además que me sobre tiempo para escribir colaboraciones en medios y artículos para distintas publicaciones. Supongo que es el ciclo de vida natural de los que empezamos proyectos así. Cuando no tenemos un trabajo a jornada completa nos volcamos en crear algo que nos dé visibilidad. Cuando la logramos obtenemos una oportunidad laboral y dejamos el terreno abierto para otra generación dispuesta a volcar su tiempo y energía en un proyecto que le abra puertas.

El blog FlancoSur.com seguirá ahí y lo usaré próximamente como cuaderno de notas para un proyecto concreto porque tengo varias cosas pendientes que escribir. Así que no abandonaré el Flanco Sur y el Flanco Sur Profundo. Simplemente no seguiré haciendo una recopilación de noticias. Y no pretendo que sea un adiós para siempre porque nunca se sabe las vueltas que da la vida.

 

“En el huracán catalán” de Sandrine Morel

Como los españoles han estado tradicionalmente tan acomplejados con su historia y su presente, siempre se le ha hado desmedida importancia a la opinión de los de fuera. Algún punto de vista historiográfico sostenido por un investigador local tras bucear en archivos parecía sólo tener consistencia cuando lo planteaba un hispanista anglosajón. Y todavía sucede que se usa como argumento sobre la gravedad de un asunto sucedido en España que haya aparecido en las páginas del New York Times o The Guardian, a pesar de que haya sido abordado con profundidad por los medios españoles.

La crisis catalana del último trimestre de 2017 sirvió para desmitificar el recurso a autores extranjeros para entendernos a nosotros mismos. Pienso en aquella feliz explicación de John Carlin de que un síntoma de la poca predisposición en España al diálogo y a ceder posiciones es que no existe en español un equivalente al término inglés “compromise“. Parece que Carlin nunca oyó hablar del Compromiso de Caspe (1412). Por no hablar de todos esos jóvenes universitarios haciendo referencia a Por quién doblan las campanas u Homenaje a Cataluña para explicar la España del siglo XXI mientras mostraban su entusiasmo por la perspectiva de que los españoles volviéramos a matarnos entre nosotros como escenario de fondo para intrépidas y románticas aventuras.

Quizás por todo esto y porque su perspectiva sobre la crisis catalana fuera crítica con los independentista, el trabajo de la francesa Sandrine Morel, corresponsal de Le Monde, ha tenido eco en España. De hecho, el libro En el huracán catalán no nació como una obra publicada en Francia y traducida en España, sino directamente como una propuesta de la editorial Planeta a la periodista francesa. Se trata de un libro ligero, se lee del tirón, que tras los primeros capítulos introductorios presenta un relato cronológico del choque de trenes entre el gobierno central español y el catalán desde la Diada de 2012 al 23 de abril de 2018. La autora combina las entrevistas que mantiene con personalidades, las conversaciones off the record en los pasillos del poder y también sus impresiones personales a pie de calle donde conversa con gente corriente.

El libro transmite la idea de que por un lado el gobierno central de Mariano Rajoy no supo calibrar la naturaleza del desafío soberanista mientras que los líderes catalanes se vieron arrollados por el Procés, que convirtió en la independencia en un significante vacío donde cada cual proyectó sus fantasías políticas. El tono crítico con el independentismo no quita que la autora señale la inacción del gobierno de Rajoy, enfocado en la crisis económica y totalmente ausente en la batalla del relato, que creía que la mejora de la economía y el miedo a la acción a la justicia iba a desinflar el Procés.

El libro presenta una y otra vez que los partidarios de la independencia son incapaces de explicar el para qué de la independencia, limitándose todos siempre a vagas promesas de una Cataluña más business friendly y socialista donde el gobierno pueda aplicar con más libertad medidas de austeridad económica y se expanda el Estado del Bienestar. Las contradicciones entre la burguesía catalana y sus hijos anticapitalistas quedaron relegadas para el día en que se alcanzara la independencia. Quizás aquí esté la clave del desequilibrio entre los dos bandos. Mientras los partidarios de la independencia dejaron sus diferencias irreconciliables a un lado, los contrarios a la independencia en cambio tardaron en hacer causa común porque la izquierda catalana contraria a la independencia rechazaba salir a la calle junto con el PP catalán.

Lo que convierte a la autora en crítica del proceso soberanista es su rechazo al discurso victimista, que llega a comparar a Cataluña con la Armenia del genocidio y a los líderes independentistas con personajes como Martin Luther King, para hablar de una región próspera con unas cotas de autogobierno inimaginables en la mayoría de países. Por no hablar de unos líderes, que ahora sabemos iban de farol, que arrastran a las masas a un desafío contra un Estado que subestimaron y supeditando el éxito de la empresa a unos apoyos externos inexistentes. También transmite su sorpresa a la supeditación de los medios públicos al poder político y el posicionamiento de TV3 a favor de la independencia, porque según su director el deber de la cadena es estar con la “mayoría social”.

El resultado, como todo sabemos, es una sociedad fracturada sin solución a la vista. Como sociólogo me quedan ganas de leer un estudio serio que aporte luz a cómo se gestó la huida hacia adelante de los políticos soberanistas, que en el libro afirman siempre responder al “mandato del pueblo” mientras Sandrine Morel encuentra en la calle a gente en las manifestaciones que cuenta su disposición a llegar hasta donde los líderes digan. El fenómeno lo retrataba a la perfección una viñeta que representaba a una masa avanzando hacia el precipicio donde alguien en la cola afirmaba que iban siguiendo a los líderes mientras que en la cabecera alguien decía que avanzaban hacia donde la masa les empujaba.

El libro, como ya dije, es una lectura ligera y es recomendable para aquellos que, como yo, no le prestaron mucha atención a Cataluña hasta el 1 de octubre de 2017. También me parece una buena recomendación para aquellos recién aterrizados en España o que sólo siguieron la crisis catalana por los medios de comunicación de Madrid y nunca se enteraron de qué pasaba en las calles de Cataluña.

Una extraña operación en Finlandia contra un entramado ruso

El 22 de septiembre saltó la noticia en las redes sociales de que las autoridades finlandesas habían prohibido el sobrevuelo de una zona del suroeste del país. Había una operación policial en curso desde primera hora de la mañana, que contaba con la participación de la guardia de fronteras. De hecho, un Dornier 228 de la guardia de fronteras sobrevolaba la zona.

Dornier Do-228 de la guardia de fronteras finlandesa. Foto: ST Airborne Systems.

La operación policial tuvo como objetivo Airiston Helmi, una compañía rusa empleada supuestamente desde Rusia como pantalla. El objetivo declarado de la investigación, que implicó a 100 policías, era el lavado de dinero y la evasión fiscal. La sede de la empresa en la localidad de Parainen había sido asaltada por un equipo de intervención policial que se había aproximado al lugar en una ambulancia. Además, estuvo presente un equipo de la unidad policial de desactivación de explosivos TEPO. Aparte de la zona restringida al tráfico aéreo, hubo buques y embarcaciones de la guardia de fronteras finlandesa que impidieron el acceso por mar a la zona. En la operación participó el patrullero de altura “Turva”. Un total de 17 propiedades fueron allanadas y hubo tres detenidos.

Patrullero Turva. Foto: Cha già José vía Wikimedia.

Según progresó la investigación se supo que la compañía Airiston Helmi había realizado compra-venta de propiedades inmobiliarias al borde del mar por valor de 9,2 millones de euros entre 2007 2014, además de ser propietaria de dos embarcaciones de segunda mano procedentes de la armada finlandesa: la “Hauki” (numeral 232) y el lanchón de desembarco “Kala 4”. El caso, evidentemente, pasaba a tener otras connotaciones más allá de los crímenes de cuello blanco. Uno de los implicados se trata de un ciudadano ruso con pasaporte maltés, algo popular entre los millonarios rusos después de que en la isla facilitaran la obtención de la nacionalidad a cambio de inversiones.

La compra venta de mansiones con gran número de habitaciones al lado de vías marítimas cercanas al principal puerto finlandés después de Helskini y de una de las dos refinería del país generó especulaciones sobre el objetivo último y real del entramado, con referencias a la Guerra Híbrida (¡cómo no!) ¿Una mera base de operaciones para el crimen organizado? ¿Pisos francos para comandos de sabotaje? No hay forma de saberlo porque la operación fue enterrada bajo montañas de secretismo. Un medio finlandés informó de que ni el Primer Ministro ni el Presidente del país habían sido informados. Hay que recordar que, como en el caso de las Repúblicas Bálticas, la memoria histórica pesa y Rusia genera desconfianza.

 

 

De la guerra nómada en los océanos de area del Sahel a la guerra en red

Edición española de septiembre de 1990.

En 1988 se publicó la novela ciberpunk Islas en la Red de Bruce Sterling. La protagonista trabaja en una corporación cooperativa llamada Rhizome y el transcurso de los acontecimientos termina llevándola a Mali. Allí cae en manos de un grupo insurgente de nómadas tuaregs que se mueven por el desierto con buggies eléctricos que recargan la baterías con paneles solares. El empleo de vehículos todoterreno por parte de tribus nómadas en el desierto del Chad era ya conocido por el gran público entonces. Encontramos referencias tan tempranas como el artículo “Chad. The Great Toyota War” en la revista Time del 23 de abril de 1984.

Dos Desert Patro Vehicle de los SEAL en Kuwait (2002). Foto: Photographer’s Mate 1st Class Arlo Abrahamson / U.S. Navy via Wikimedia.

La protagonista de Islas en la Red se encuentra con Jonathan Gresham, un periodista estadounidense que se ha unido a los tuaregs y es el autor de un manual militar llamado La Doctrina Lawrence y la insurgencia postindustrial. Se trata de una referencia evidente a las ideas de T. E. Lawrence, “Lawrence de Arabia”, enviado en plena Primera Guerra Mundial por el alto mando británico en Oriente Medio a contactar con el jerife de la Meca y evaluar la revuelta de las tribus del Hiyaz contra el Imperio Otomano en medio de la Primera Guerra Mundial.

Lawrence concluyó que la mejor opción no era apoyar al jerife de la Meca a formar un ejército convencional que presentara batalla por la ciudad de Medina, sino que emprendiera una campaña de insurgencia nómada sin centro de gravedad. En diciembre de 2012 escribí aquí una reseña de la monumental Los Siete Pilares de la Sabiduría (919 páginas de texto) y entonces destaqué:

“Los ejércitos son como las plantas, inmóviles, firmemente arraigadas, nutridas por largos troncos conectados con la cabeza” (pág. 268). Los irregulares árabes fracasarían tratando de enfrentarse directamente con las tropas turcas. Su mejor opción es vagar por el terreno lanzando ataques esporádicos convertidos en “una influencia, una idea, algo intangible, invulnerable, sin frente ni retaguardia, que se extiende por todas partes como un gas” (pág 268.); “como un vapor, que se difundiera allí donde deseáramos” (pág. 269) . Lawrence utiliza en su provecho lo temporal del compromiso de los árabes que van y vienen, ausentándose en tiempo de cosechas y apareciendo cuando una batalla promete obtener botín. Ataca aquí y allá, obligando a los turcos a fijar más y más tropas en el terreno.

Acabada la guerra, por cierto, la Enciclopedia Britannica le pidió a Lawrence que escribiera un artículo para la entrada “Guerrilla”. El texto está disponible gratuitamente en español gracias a la editorial Acuarela.

Pocos dúos tan icónicos en el mundo de la Filosofía como Deleuze y Guattari.

La guerra nómada como metáfora de la guerra en red en la era de la sociedad de la información fue sugerida por los filósofos Félix Guattari y Gilles Deleuze ya en 1980 en su obra Mil Mesetas. Su obra se caracteriza por la típica logorrea inane de los posmodernos franceses, pero les cabe el mérito plantear que lo que hoy llamamos sociedad de la información pero entonces sociedad postindustrial se caracterizaría por la aparición de organizaciones con forma de red distribuida. La conexión con Islas en la Red es evidente. Rhizome, la corporación cooperativa en la que trabaja la protagonista y cuyo nombre corresponde a un tipo de tallo subterráneo fue el término empleado por Guattari y Deleuze

Las ideas de Deleuze y Guattari inspiraron a posteriores generaciones de estudiosos de la guerra, aunque estuvieran un tanto al margen del establishment. En la RAND Corporation, John Arquilla y David Ronfeldt concluyeron tras la Operación DESERT STORM que habíamos asistido a un anticipo de las guerras tecnológicas del futuro. Una revisión crítica de los acontecimientos revela cómo las fuerzas terrestres aliadas avanzaron casi a ciegas contra las líneas iraquíes pero Arquilla y Ronfeldt imaginaron un futuro donde una fuerza móvil dotada de sensores, armamento inteligente y altamente conectada podría enfrentarse a otra menos tecnificada y menos numerosa. A ese tipo de guerra lo llamaron inicialmente “ciberguerra”, pero pronto concluyeron que serían los actores no estatales los que más ventaja obtendrían en la era de la información. Así, terminaron acuñando el término netwar y centrándose en las tácticas de enjambre (swarming), donde unidades dispersas e individualmente débiles intercambian información para localizar un objetivo y atacarle en masa simultáneamente.

Mientras, en la segunda mitad de la década de los 90, el establishment estadounidense se volcaba en el concepto de Revolución de los Asuntos Militares y la consiguiente Transformación para adaptar sus fuerzas militares a ella, siempre pensando en un rival estatal (“peer competitor“),  Arquilla y Ronfeldt se volcaron en estudiar el uso de Internet por parte de grupos insurgentes y organizaciones criminales. Su libro Networks and Netwars estaba listo para imprenta cuando al mundo le sorprendió el 11 de septiembre de 2001.

Tras la invasión de Afganistán, parte del núcleo duro de Al Qaeda fue aniquilado en su huida de Kandahar a Pakistán. Uno de los instructores de los campamentos de yihadista culpó a Bin Laden de haberse dejado cegar por las cámaras de televisión y que su ambición de lanzar un gran atentado en suelo estadounidense había terminado inevitablemente con la superpotencia arrasando el bastión yihadista de Afganistán. Además, el grueso de las fuerzas de Al Qaeda en Afganistán habían perecido en batallas contra los invasores en lo que llamó “el síndrome de Tora Bora”. Decidió entonces publicar un repaso de la evolución del yihadismo y plantear un nuevo tipo de estrategia basada no en organizaciones clandestinas, sino en células aisladas: “un sistema, no una organización”. El yihadista en cuestión era el ciudadano español Mustafá Setmarian, alias Abu Musab Al Suri. Su libro Llamada a la Resistencia Islámica Global apareció en Internet a finales de 2004. En 2015 hice un repaso a sus ideas, en el contexto de los ataques en Europa de yihadistas actuando en solitario: “El regreso de la yihad individual”.

Mustafá Setmarian (“Abu Musab Al Sur”) con Osama Bin Laden en Afganistán.

Por aquellas mismas fechas, Israel sufría los embates de la Segunda Intifada. Un grupo de oficiales israelíes, reunidos en torno a la figura del general Shimon Naveh en el Operation Theory Research Institute (OTRI), decidió poner patas arriba, “deconstruir” en jerga posmoderna, su perspectiva sobre la guerra contra las fuerzas irregulares palestinas en las poblaciones de Cisjordania. Leyeron obras de arquitectos, urbanistas, sociólogos y filósofos, especialmente a Félix Guattari y Gilles Deleuze. Cuando se enfrentaron a la tarea de asaltar la ciudad vieja de Nablús, con sus callejuelas llenas de trampas y lugares propicios para emboscadas, decidieron hacer lo inesperado: dividir a la fuerza asaltante en grupos pequeños para atacar desde todas las direcciones simultáneamente y avanzar atravesando paredes y techos, como si la ciudad y sus muros fuera un simple constructo mental. La arrogancia intelectual de Naveh y su carácter abrasivo no le ganó amigos entre las Fuerzas de Defensa de Israel. Su uso de jerga posmoderna convirtió a los miembros del OTRI en un grupo de frikis incomprensibles a ojos del establishment militar, cuando no eran percibidos como un grupo de embaucadores de ideas vacías y poco prácticas. En 2015 hice un repaso en “La perspectiva israelí de la guerra en red”.

Las Guerra Toyota volvieron al Sahel, escenario de la novela Islas en la Red. Grupos insurgentes de Chad y Sudán lanzaron raids de larga distancia hasta alcanzar la capital del país para lanzar un ataque al centro de gravedad del Estado. Se trataba de la aplicación de una táctica ancestral de la guerra nómada en el desierto, el rezzou o razzia, pero mediante el empleo de vehículos a motor. Los chadianos habían logrado a finales de los 80 éxitos espectaculares contra las fuerzas libias en Chad y especialmente con su ataque a la base aérea de Maaten Al Sarra dentro de territorio libio. Si en los 80, los chadianos cabalgaban 500 kilómetros con sus Toyota, a mediados de la década pasada los ataques tenían lugar a 1.000 kilómetros de distancia gracias a las capacidades de mando y control que permitían los teléfonos satélite  tipo Thuraya. En 2011 abordé el tema en “Swarming en el desierto”.

En 2013 la atención mundial se volcó en Mali, uno de los escenarios visitados por la protagonista de Islas en la Red. Una revuelta tuareg en el norte del país generó un vacío de poder aprovechado por los yihadistas. Tras meses de fallidos intentos de crear una fuerza de paz africana, los yihadistas pasaron a la ofensiva y obligaron a los franceses a intervenir. Dos años más tarde apareció en la revista Ejército del Ejército de Tierra española el artículo “Operación Serval: El estilo francés de hacer la guerra”.  Una de las cosas que más me interesó es que los franceses aplicaron allí lo que llamaron “Batalla Aeroterrestre en Profundidad”. El jefe del Estado Mayor de los Ejércitos franceses durante la guerra resultó ser un almirante. Y cuando le preguntaron si no era chocante que un marino dirigiera una guerra terrestre lejos del mar respondió que la guerra en el desierto no se diferenciaba de la guerra naval: dos bandos moviéndose por océanos de arena tratando de localizarse para descargar toda su fuerza contra el otro. Traté el asunto en aquellos días en Un almirante detrás de la fulgurante ofensiva francesa en Mali”.

La experiencia francesa en Mali me hizo reflexionar cómo los grandes espacios en África imponía un tipo de guerra móvil con unidades pequeñas actuando con gran autonomía. Aquel artículo de la intervención francesa terminaría convirtiéndose en el primero de lo que espero sea una serie sobre guerras africanas a publicar en la revista Ejército del que han salido dos y tengo planeados otros dos. Así que en 2015 me preguntaba “¿Hay un estilo africano de hacer la guerra?”

Al final, los años de guerra contrainsurgencia en lugares como Afganistán e Iraq dejaron en segundo plano todos los desarrollos teóricos de la guerra en red. Internet se convirtió en el contexto adecuado para la aparición de acciones coordinadas de redes distribuidas. Mientras, empezaron las teorizaciones sobre el empleo de enjambres de drones baratos de usar y tirar. En 2015 reseñé conjuntamente dos trabajos sobre el swarming: uno sobre los Ataques Distribuidos de Denegación de Servicio (DDOS en sus siglas en inglés) y otro sobre el uso de drones en una hipotética la guerra en red contra China. El tema de los enjambres de drones empezó a recibir atención y presupuesto, tal como recogí el año pasado en mi repaso a uno de los proyectores pioneros en EE.UU. en “Drones en red”.

Desde que leí por primera vez Islas en la Red en 2011 y descubrí la imaginaria “Doctrina Lawrence y la insurgencia postindustrial” me quedó ganas de darle vueltas al concepto, porque aunaba dos temas que me interesan mucho: la guerra en red y el empleo de vehículos ligeros en operaciones móviles. Ya en febrero de 2018 le daba una vuelta a todo ello en “De la guerra nómada a las guerras Toyota” y “La larga historia de los todoterreno en operaciones móviles en el desierto”. De momento, tengo pendiente escribir para la revista Ejército un repaso a la fase final de la guerra del Chad en la segunda mitad de la década de los 80. Y seguiré recopilando materiales y bibliografía sobre guerra en red para lo que quiero que sea mi tercer libro.

 

McCain y el final de algo

El funeral de John McCain fue un espléndido espectáculo político. El presidente Trump fue el gran ausente y, aunque ningún discurso lo mencionó por su nombre, todo el mundo entendió que la exaltación de virtudes atribuidas al fallecido en realidad era una lista de reproches al actual presidente.

La rotonda del Capitolio con el féretro de John McCain el 31 de agosto. Al fondo, los cuadros que representan a Cristóbal Colón desembarcando en América y Hernando de Soto descubriendo el río Mississipi. Foto: Justin Sullivan/Getty Images/AFP

Dijo Obama en su discurso, causando risas en el público, que la forma de McCain de reír el último era teniendo a los dos anteriores presidentes juntos hablando bien de él. Así, pudimos ver nuevamente a George W. Bush en actitud amistosa con Michelle Obama. Es interesante pensar que para el trumpista medio el consenso mediático en torno a la figura de McCain y los repetidos gestos amistosos entre antiguos rivales políticos son prueba de la existencia de una casta política respaldada por unos medios elitistas que viven de espalda al pueblo estadounidense.

Cuenta Eduardo Suárez en Letras Libres cómo con John McCain muere un cierto tipo de hacer política en EE.UU., caracterizada por la independencia de los congresistas y la porosidad de las fronteras ideológicas. Yo me pregunto si la muerte de McCain, del que se dice que nunca hubo guerra en la que los Estados Unidos pudieran verse implicados que le pareciera mal, simboliza también el ocaso de Estados Unidos como hiperpotencia global intervencionista.

Mientras tanto, en el lado oscuro de Twitter he leído barbaridades sobre el fallecido. Según una teoría conspirativa que aporta como prueba una foto se reunió en Siria con el líder del Estado Islámico. La clave de la teoría es que en un viaje a Siria, donde McCain se reunió con figuras de la oposición al régimen, se ve un hombre con barba y bigote que se parece al califa Ibrahim como un árabe con barba y bigote se parece a otro árabe con barba y bigote. Pero hubo algo que me llamó la atención y me pareció sintomático de una forma de entender la política y el mundo.

Resulta que leí una y otra vez comentarios a la condición de veterano de la guerra de Vietnam de McCain, al que se le calificaba de asesino y criminal de guerra. Y entonces pasó una cosa curiosa. Leí una mención a Vietnam entre los países donde se había mostrado respeto y desde donde se habían transmitido las condolencias por su fallecimiento. Así que decidí buscar sobre el tema tras leer un tuit muy dolido y sentido.

¿Qué encontré al buscar en las noticias de Vietnam? Que en Vietnam se consideraba a McCain un símbolo del acercamiento entre los dos países. La prensa de allí mencionaba tanto los mensajes oficiales como la opinión de ciudadanos corrientes que se habían acercado a la embajada a dejar mensajes de condolencia en un libro habilitado para el efecto. McCain era percibido como alguien que había hecho la guerra contra ellos de joven y en cambio ya mayor había trabajado para mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Vietnam. Recordemos que en Vietnam las reformas del gobierno comunista han abierto la economía. Y también que la preocupación en Vietnam por las aspiraciones hegemónicas de China en la región, sin olvidar el conflicto armado fronterizo entre ambos países en 1979. Esa preocupación vietnamita es compartida por Estados Unidos y ha propiciado el acercamiento geopolítico entre ambos países, con gestos simbólicos como la escala de buques de guerra estadounidenses en puertos vietnamitas. Así que en medio del sentido dolor vietnamita por la desaparición de John McCain, su amigo en Washigton, teníamos a miembros de la TrueLeft española montándose un buen postureo en nombre del pueblo vietnamita. Qué alegórico.

El camino intelectual para anticipar el 11-S

La anécdota la he contado aquí unas cuantas veces. Pero estos días que ando poniendo orden en mis papeles he encontrado los recortes de periódico que me permiten reconstruirla. Así que la voy a contar una vez más.

Todo arranca en mayo de 1996. Por aquel entonces yo estudiaba el último curso de Formación Profesional II. Así que imaginen qué poco me imaginaba yo las vueltas que daría la vida. En aquel entonces yo estaba suscrito a la revista Time, gracias a una de esas suscripciones tiradas de precio que se ofrecían a estudiantes. Hoy una revista semanal en papel para seguir la actualidad del mundo nos parece una cosa ridícula. Pero pensemos que en aquel entonces lo normal era leer libros, revistas, periódicos y documentales de La 2 para entender el mundo. La popularización de Internet en España vendría un poco después. Así que cada vez que encontraba un artículo interesante sobre conflictos, geopolítica o economía en una revista o periódico yo lo recortaba y lo guardaba en una carpeta. Llegué a tener unas cuantas de diversos temas, algunas de las cuales todavía conservo.

Recorte de El País de mi archivo. 5 mayo 1996.

En mayo de 1996 me llamó la atención un artículo de la revista Time sobre un multimillonario saudí exiliado en Sudán. Como sucedía con cierta frecuencia con artículos de la revista, apareció a la semana traducido al español en el diario El País. Se me traspapeló la revista con el artículo pero el recorte de El País lo conservé. Algo me dijo que ese tipo ere relevante y había que seguirle la pista. Dos meses después, El País volvió a publicar un artículo sobre él, contando que estaba en Afganistán y que consideraba que estaba en guerra con Occidente.

Recorte de El País de mi archivo. 10 julio 1996.

Terminé F.P. II, terminé un Ciclo Formativo de Grado Superior trabajé de técnico informático sin contrato y por horas… Y me vi con 23 años estancado. Un día me levanté tarde, como era habitual. Y mi padre me dijo que por qué no madrugaba y aprovechaba el día. Le dije que estaba desanimado y así no daban ganas de salir la cama. Me dijo que no me veía futuro laboral con los estudios que tenía y me preguntó si me había planteado ir al a universidad a estudiar algo como Ingenería de Telecomunicaciones. Le contesté que no me veía viviendo cuatro años a su costa y que a esas alturas de la vida si me planteara lo de la universidad optaría por Ciencias Sociales. Yo era un informático rarito. Uno de mis autores favoritos era Marvin Harris y recuerdo leer La Tercera Ola del matrimonio Toffler en la edición de tapa dura roja de Muy Interesante sentado durante un descanso en las escaleras del centro donde estudié el Ciclo Formativo de Grado Superior.

Casualmente había leído la noticia de que la Universidad de La Laguna iba a crear la Licenciatura en Sociología. Entonces mi padre me propuso que si yo quería a él no le importaba mantenerme mantenerme mientras estudiaba. El 6 de octubre de 1999 fui al primer día de clase. Poco después mi padre me dio 30.000 pesetas para libros. Uno de los primeros que me compré fue una edición argentina de The Lexus vs The Olive de Thomas L. Friedman, que allí bautizaron Innovación vs Tradición. Sé que Friedman es un autor que se ha convertido en un chiste, pero aquel libro me abrió los ojos sobre la globalización, el tema de moda, para distanciarme enormemente de los paleomarxistas de la facultad y su discurso anclado en la sociedad industrial.

Veía mi vocación en dedicarme a estudiar la globalización y la sociedad de la información. Dado el sesgo neo/post/marxista de mis profesores, teníamos Sociología del Trabajo como asignatura obligatoria en el segundo cuatrimestres de la carrera. Aparte del examen teníamos que hacer un trabajo sobre un libro. Mientras mis compañeros solían optar por el libro más flaco, yo con mi vocación kamikaze, aprovechaba la ocasión para leer los libros que me interesaban. Le propuse al profesor comentar los cinco primero capítulos del primer volumen de La Era de la Información de Manuel Castells, porque me parecieron los más relevantes para la asignatura. No sé si al profesor le gustó mi análisis o quiso premiar que no aplicara la ley del mínimo esfuerzo. Fue mi primera Matrícula de Honor en la carrera. Al menos, algunas cosas que me cuestioné al leer el libro me siguen siendo relevantes hoy.

El segundo año conocí al profesor José Abú Tarbush Cabrera, que me dio Sociología Política y Sociología del Desarrollo. Él había sido presidente de las juventudes de la Organización de Liberación de Palestina en España y en ambas asginaturas tocó el tema del terrorismo y los conflictos armados. Recuerdo que un día en clase me acerqué a comentarle que los argumentos que había empleado me recordaban a las ideas de Robert D. Kaplan en “La anarquía que viene”, el artículo que dio título a un libro recopilatorios de artículos del autor. Le sorprendió que había leído el libro, que él había encargado para la biblioteca del centro. Era rarísimo ver a un estudiante sacar libros que no fueran los necesarios para aprobar la asignatura. Aquel artículo me marcó mucho y fue una de las referencias que marcaría años más tarde mi dedicación a las Guerras Posmodernas.

Recorte de El País de mi archivo. 6 mayo 2001.

En algún momento de finales de mayo o principio de junio 2001, posiblemente cuando las clases ya habían terminado y empezaba el período de exámenes fui al despacho de Abú Tarbush, como lo llamábamos. Y comentamos la reciente iniciativa de defensa de misiles estratégica estadounidense. Le dije que era un error. Que la amenaza de un puñado de misiles balísticos intercontinentales de Irán o Corea del Norte era irrisoria considerando la capacidad de respuesta estadounidense. Y que la verdadera amenaza para los Estados Unidos era que los grupos terroristas montaran una gorda en Nueva York. No recuerdo qué palabras exactamente. Puede que yo mencionara “maletines nucleares”, con la novela El Quinto Jinete de Dominique Lapierre y Larry Collins en mente. Pero estoy seguro que cuando hablaba de grupos terroristas tenía en mente a los grupos yihadistas. Sé que tenía presente a Bin Laden porque, la primera semana de clase después de Semana Santa, Gema Martín Muñoz dio una conferencia sobre islamismo en nuestra facultad a la que acudimos los alumnos de Abú-Tarbush y un puñado de profesores. Ella hizo un comentario jocoso de que Bin Laden era “un invento de la CNN” y él le río la gracia. La cuestión es cómo el recorrido intelectual que arranca con Alvin Toffler y pasa por Manuel Castells y Robert D. Kaplan me llevó a entender la emergencia de los actores no estatales. Siempre he pensado si por aquel entonces hubiera tenido algo parecido a un blog o hubiera colaborado en medios como ahora.

El 11 de septiembre tenía examen de Teoría Sociológica, una asignatura anual de 12 créditos. Aparte del examen había que entregar unos comentarios de texto. Y a eso de las dos de la mañana cuando me vi todavía escribiendo uno de los comentarios me dije a mí mismo que era imposible terminarlos antes del amanecer, descansar y levantarme para estudiar la parte teórica, que apenas había repasado. Decidí que era mejor dar por perdida la asignatura y presentarse en la convocatoria extraordinaria de diciembre. Me fui a dormir y no puse despertador. Me despertó pasada las dos de la tarde (hora canaria) la televisión del vecino. Mi familia estaba de vacaciones y no había nadie en casa. No sé qué había pasado pero me dio la sensación de que algo grande e histórico había sucedido. “¿Ha empezado la Tercera Guerra Mundial?”, me dije extrañado. Fui al cuarto de la tele y puse Antena 3. Matías Prats hablaba con cierta alteración de que había impactado un segundo avión. Cuando entendí lo que estaba suceciendo y pensé “¡Ya pasó!”. No lo esperaba tan pronto. Pero lo creía posible.