Vieja Paz Armada y Nueva Paz Armada (II)

Hoy traigo la segunda y última parte de la colaboración de Fernando Geryón. Arranca haciendo un paralelismo entre el Imperio Británico en el período 1873-1914 con Estados Unidos en la actualidad para establecer las similitudes entre aquel período y la situación actual, donde lo que yo llamo Nueva Guerra Fría sería uno de muchos escenarios.

Por todo lo anterior creo que en el caso de tener que denominar el presente paradigma geopolítico en paralelo a uno anterior, sería mucho más adecuado ponerlo en comparación con la Paz Armada de finales del XIX-principios del XX.

Hay toda una serie de paralelismos generales que refuerzan esta hipótesis:

La gran guerra conferidora de contexto es lejana. Pasaron 70 años entre las guerras napoleónicas y la conferencia de Berlín, pero grosso modo los grandes actores se mantuvieron constantes. El escenario de finales del siglo XIX se conforma lentamente, por la vía de procesos económicos y políticos, pero no bélicos.

La potencia hegemónica es democrática, anglosajona, de proyección marítima y promotora del comercio internacional. Del mismo modo que el Imperio Británico alcanzó su status dominante gracias a su posición de partida en la revolución industrial y su ventaja comparativa en los intercambios de manufacturas, los Estados Unidos han dominado el discurso global por ser el principal protagonista de los grandes avances tecnológicos de nuestra era, desde la aeronáutica a las ciencias de la información, pasando por la energía nuclear o la automoción. El rol de EE.UU. en la generación de empresas transnacionales es paralelo al que tuvo Gran Bretaña en su momento y ambas épocas se han caracterizado por una relativa paz en los conflictos interestatales y el aumento de interdependencia mutua.

Esa potencia hegemónica ha sufrido ya algunos reveses que discuten el alcance de su hegemonía. En el caso del Imperio Británico fue la Guerra de los Boers, que puso en discusión la fidelidad de muchos territorios a la corona y alentó a sus oponentes en la periferia. En el caso de Estados Unidos ha sido el paulatino debilitamiento de su posición en el que antaño era su patio trasero. El socialismo-indigenista iberoamericano ha encontrado aliados externos en países como Rusia, China o Irán.

La emergencia de nuevas potencias agrícolas (fundamentalmente EE.UU y Rusia) cuando el paradigma era ya dominado por la industria comprometió el desarrollo económico británico con importantes caídas de precios que ralentizaron la intensidad de su demanda interna y debilitó su área de influencia. En el caso presente, la emergencia de potencias industriales en plena era tecnológica (sobre todo China) ha quebrado el potencial de crecimiento económico de todo Occidente aunque paralelamente ha amortiguado las crisis sistémicas. En ambas épocas las contradicciones de la interdependencia se han ido manifestando alimentando la política de bloques.

La Paz Armada fue el corolario militar de la Revolución Industrial. La Guerra Civil Americana o la Guerra Franco Prusiana fueron en esencia guerras napoleónicas. En las décadas que pasaron hasta la Primera Guerra Mundial el desarrollo armamentístico creció exponencialmente (artillería pesada, super-acorazados tipo Dreadnought) y se consumó durante la contienda (nacimiento del carro de combate y la fuerza aérea) de modo que las guerras venideras cambiaron para siempre. En el presente se discute mucho sobre el verdadero valor de las armas “tradicionales” en escenarios asimétricos y se especula acerca de la posibilidad de una guerra estrictamente tecnológica. Ataques como el sufrido por Estonia en 2007 auguraron un escenario que podría ser tan imprevisible hoy como la Blitzkrieg en 1898…

Durante la Paz Armada el rol hegemónico del Imperio Británico fue discutido desde diferentes escenarios y puntos de vista. En Europa, el fortísimo desarrollo industrial de Alemania, en Asia el citado Gran Juego con Rusia, en África la penetración francesa, en Extremo Oriente el auge de Japón… Del mismo modo el poder omnímodo americano de posguerra ha ido siendo discutido. A nivel comercial por la integración europea, a nivel industrial por Japón primero y China después, a nivel político por la Rusia de Putin (la Nueva Guerra Fría es aquí un sub-escenario). La Conferencia de Berlín fue, en cierto modo, una concesión ante esa multipolaridad creciente, pero pocos años más tarde, Gran Bretaña estaba reconfigurando sus alianzas: Entente Cordial y Triple Entente. En el presente, la APEC ha ido cumpliendo una función similar, pero el TTIP apunta a una concentración de EE.UU. en torno a los aliados más fiables.

PARECIDOS RAZONABLES

Estos son, pues, algunos de los paralelismos globales que conectan la época de la Paz Armada con la presente. Pero no se acaban aquí. Cuando se habla de las causas y orígenes de la Primera Guerra Mundial se suele recurrir a una presentación de los contendientes de un modo ciertamente teatral, como corresponde a un escenario donde se mezclan imperios multiétnicos, monarquías absolutistas y democracias avanzadas.

En el presente se dan algunos parecidos y paralelismos inquietantes, a veces no plenamente correspondientes en su integridad, pero sí a nivel global entre todos los actores. Estos son algunos:

-La potencia hegemónica democrática y anglosajona promotora del comercio se correspondería en términos generales con Estados Unidos como ya hemos ido desarrollando previamente.

-El rol del Imperio Alemán, una creciente potencia continental, fuertemente industrializada pero de estructuras internas arcaizantes se corresponde bastante bien con China. Al igual que sucedía con la aristocracia y la monarquía prusiana, el Partido Comunista Chino se encuentra a caballo entre una época que ya no existe y otra en la que no puede existir en las circunstancias actuales. De manera más discreta que el kaiser Guillermo II, China también reclama su “lugar bajo el sol”, como demuestra su decidida y poco escrupulosa penetración en África o sus descaradas ambiciones en el Mar de China Meridional. El peso económico e industrial de Alemania respecto al Imperio Austro-Húngaro o el Otomano no difería mucho del que tiene China dentro del bloque de los BRICS. Hoy por hoy resulta poco verosímil una deriva militarista china como la que sufrió Alemania en la década de 1910, pero la discreción y la moderación con la que se mueve hoy día el gigante asiático no es mayor que la de los germanos en la época de la Conferencia de Berlín.

-Rusia podría considerarse una constante en ambos escenarios. Tanto entonces como ahora, su poder se basa en los recursos naturales, antaño mano de obra inagotable y grandes extensiones de cultivos de cereal, hoy hidrocarburos y minerales. Tanto entonces como ahora su estructura de poder tenía un fuerte componente étnico, segregacionista, con cierto aroma a naftalina. Y tanto entonces como ahora se veía afectada por la gran amenaza trasversal de cada época, Comunismo entonces, Islamismo hoy. La aparente robustez de su política exterior se cimenta en un territorio demasiado frágil. Hacia el oeste la OTAN, hacia el este la inexorable infiltración demográfica china, hacia el sur la banda islámica, hacia el norte un subsuelo oceánico que ambiciona pero que le enfrentará indefectiblemente con Estados Unidos.

-Al Imperio Otomano se le conocía por entonces como “el enfermo de Europa”. Era el reducto de una brillante y tolerante civilización multiétnica a la que la industrialización había dejado obsoleta. Las tensiones nacionalistas y religiosas minaban de tal manera su esencia que la refundación sobre el elemento turco acabó siendo la única solución posible una vez derrotados en la guerra. Sin duda alguna, la estructura de poder que más semejanzas plantea es la Unión Europea. Sin vigor demográfico, a décadas de su mayor esplendor cultural y político, estancada en lo económico, dependiente de Estados Unidos en política exterior, intimidada por Rusia, azotada por un islamismo creciente y asomándose a un futuro próximo en el que las tendencias centrífugas (como el Brexit) podrían llevar a su descomposición; el título de “enfermo de Occidente” no le desmerece. Como el antiguo Imperio Otomano, la grasa que ha mantenido unida la salsa de la Unión ha sido el eje franco-alemán, en peligro ante el ascenso de los populismos. Y del mismo modo su destino lejano quizás esté en la conformación de un nuevo “Zollverein” que incluya a Alemania y a las más pujantes economías del norte de Europa.

-Aunque por dimensiones y situación podría resultar una comparación algo arriesgada, hay ciertos elementos que son compartidos por el Japón Meiji y el Irán actual, así como la China imperial y el universo árabe. En el primer caso nos encontramos con dos culturas nacionales orgullosas de su legado, modernizadas sin abandonar la tradición, y con un indisimulado afán expansivo. En el segundo nos encontramos con una extensa región con cientos de millones de habitantes y cuyo núcleo ha estado supeditado a intereses extranjeros Hoy China nos parece compacta pero por aquel entonces la tensión con Manchuria estaba más presente, el Tibet y otras áreas de Asia central escapaban a su control efectivo y las injerencias occidentales mermaban su proyección exterior. Al igual que por entonces la Rebelión de los Boxers, la Primavera Árabe ha supuesto un antes y un después a esa injerencia. Resulta improbable en el corto plazo la secularmente ansiada reunificación árabe, pero la palabra Califato ya forma parte de las crónicas de política exterior actuales.

-El papel de la India en todo este escenario es un auténtico misterio. Comparte con el Imperio Austrohúngaro su gran extensión, su multiplicidad étnica, sus arcaísmos culturales. En el pasado ha estado basculando entre Occidente y Rusia y la única constante es su oposición a China con quien sin embargo comparte agenda en el fortalecimiento de un poder alternativo al euroatlántico. India es la mayor democracia de la tierra, en poco tiempo será el país más poblado y en algunos campos de enorme futuro está adquiriendo un know-how que la pueden llevar a ser la gran antagonista a China en la segunda mitad de siglo. Sí, India podría ser el Imperio Austrohúngaro que colapsa por su diversidad interna, o podría ser los Estados Unidos que interviene para decidir el destino mundial.

Y es que, en definitiva, el contexto netamente europeo de la Paz Armada y la Primera Guerra Mundial, se torna asiático-pacífico en el momento presente. En ese gran contexto, la Nueva Guerra Fría sería un episodio regional y pasajero como los roces que tuvieron británicos y rusos en Asia durante el Torneo de las Sombras. Pero del mismo modo que décadas más tarde ambos se unieron en oposición al poder emergente alemán, cabe la posibilidad de que el populismo acabe por hacer confluir las agendas de Rusia y Estados Unidos contra la amenaza regional de China en Asia, o de Rusia y Europa contra la amenaza trasversal del Islamismo. Los guiños que recibe Putin por parte de dirigentes tan dispares como Tsipras o Trump, dan qué pensar.

Vieja Paz Armada y Nueva Paz Armada (I)

Por tercera vez tengo el gusto de presentar en GuerrasPosmodernas.com una firma invitada que amplía las voces y perspectivas a la mía. Empieza a ser ya generalmente asumido que vamos hacia un orden internacional multipolar. Las características y el nombre de ese orden es lo que está en discusión. Así que la firma invitada de hoy, Fernando Geryón, plantea que el orden multipolar que se avecina guarda un paralelismo histórico con el período anterior a la Primera Guerra Mundial (la “primera globalización” de 1873-1914) y plantea las limitaciones del concepto Nueva Guerra Fría.

PARADIGMAS GEOPOLÍTICOS ANTERIORES

Si tuviésemos que comenzar a plantear la descripción del presente paradigma geopolítico habría que empezar por el principio: Los últimos dos siglos han sido los del predominio de la cultura anglo-sajona. En mayor o menor medida, y con todos los avances y retrocesos que se quiera, el liberalismo económico, la globalización, el parlamentarismo y las libertades individuales se han ido extendiendo por la mayor parte del planeta, bien en un pack conjunto (en el caso de los países más avanzados), bien en los aspectos económicos.

Durante el primero de esos siglos, el liderazgo mundial lo portó el Imperio Británico, que heredó la hegemonía oceánica española, y anuló la competencia continental francesa como premio conjunto por ser el gran vencedor de las guerras napoleónicas. A lomos del capitalismo industrial un país pequeño y poco poblado acabó por generar un crecimiento exponencial demográfico y económico con el que pudo alimentar la extensión de sus redes de dominio e intercambio como hasta entonces no se había visto. Esa irradiación del poder y la cultura británica generó un doble movimiento de atracción-repulsión a esa hegemonía creciente. El primero de ellos propició la primera globalización, a la que la Gran Guerra puso término. El segundo de ellos alimentó el antecedente decimonónico de la Guerra Fría.

El Gran Juego de Asia: El emir afgano Sher Ali Khan entre el oso ruso y el león británico.

Los británicos lo denominaron “el Gran Juego” y los rusos “el torneo de las sombras”. Un Imperio Ruso que se iba modernizando y entrando en la órbita de los poderes europeos dejaba sentir su enorme peso demográfico desde el Danubio a Canadá y desde las frías aguas árticas hasta el corazón de Asia. Justo en esta zona, la única en la que podían entrar directamente en fricción con los intereses británicos, se desarrolló durante las décadas centrales del XIX una sucesión de guerras interpuestas, invasiones y conquistas que terminó por delimitar de manera clara las áreas de influencia de ambos contrincantes. Los rusos acabarían por ser la potencia hegemónica en Asia Central pero fracasaron en su misión de bañarse en las cálidas aguas del Índico: Persia y la India se mantuvieron en la órbita británica y Afganistán acabó siendo el aislante entre ambas ambiciones.

El fin del Gran Juego vino determinado por la emergencia de Prusia en Europa, y de Japón en Asia, pero esto ya correspondería al siguiente paradigma geopolítico: La Paz Armada.

En dos décadas se produjeron varios hechos que propiciaron el cambio de paradigma:

1865: Victoria unionista en la Guerra Civil Americana. Los Estados Unidos terminan de dilapidar su herencia colonial y se plantan en la arena mundial como la economía más pujante del planeta con crecimientos sostenidos de dos dígitos. Los grandes avances del capitalismo se están gestando en sus principales centros urbanos.

1868: Fin del shogunato Tokugawa en Japón e inicio de la era Meiji. En pocas décadas Japón pasó de ser una nación aislada y anquilosada a ser una potencia industrial de primer orden. Su victoria naval sobre Rusia en 1905 pone fin a las ambiciones del Zar en Asia y le catapulta al puesto de aspirante a primera potencia regional.

1871: Restauración del Imperio Alemán tras la victoria en la guerra franco-prusiana. La aristocracia terrateniente y militarista de Prusia ejerce de argamasa en el mosaico germánico, que consuma en pocas décadas la reforma agraria y uno de los mayores despegues industriales de la historia.

1885: Fin de la conferencia de Berlín en la que se procede al reparto de África entre los poderes europeos. Invocada a instancias de Francia y Gran Bretaña, se pretende defender el status adquirido por estas potencias en la exploración del continente. Evitará un nuevo Gran Juego, pero dejará insatisfechas las ambiciones globales de la nueva Alemania.

En términos generales la mayoría de historiadores colocan al II Reich como el elemento definidor de la Paz Armada, bien ubicándola en fechas que le competen directamente (1871-1914), bien por considerarlo el principal poder en oposición al Imperio Británico. Desde esa perspectiva la Primera Guerra Mundial, supone el fin de ambos conceptos y da paso al siguiente paradigma.

Y es que ambas guerras mundiales, más el lapso de entreguerras, supone hasta el presente el período de mayor disturbio de la historia de la humanidad y la cuna de la mayoría de las constantes geopolíticas de nuestra era: Consagró el relevo americano dentro de la primacía anglosajona, aupó a Rusia a superpotencia mundial y al Comunismo como alternativa global al Capitalismo, consumó la decadencia de las potencias europeas occidentales, puso fin al mundo colonial y abrió la puerta para que Japón y extremo oriente concentraran la mayor parte del crecimiento económico planetario.

VIEJA GUERRA FRÍA Y NUEVA GUERRA FRÍA

Indudablemente hay elementos de confluencia entre la atmósfera que se respiraba en la segunda mitad del siglo XX y la presente como para querer denominar como Nueva Guerra Fría al paradigma actual:

Rivalidad política Occidente-Rusia: Desde la guerra de Georgia a la presencia rusa en Siria, pasando por todo el culebrón ucraniano, hemos visto como la tendencia “natural” a extenderse hacia el este de las instituciones occidentales han sido quebradas por la voluntad regeneracionista de un Vladimir Putin que pretende resucitar el Lebensraum soviético aprovechando sus recursos petroleros y gasísticos demandados por las principales economías euroasiáticas. Acaso el primer episodio fuese la ocupación del aeropuerto de Pristina tras la victoria de la OTAN en Kosovo…

Rivalidad armamentística Rusia-EE.UU.: Rusia tiene menos de la mitad de población que Estados Unidos (en el tramo juvenil poco más de un tercio), su economía es nominalmente 8 veces más pequeña, 5 veces si se calcula en paridad de poder adquisitivo, y su gasto militar apenas llega al 10% de su contrincante, pero pese a ello realiza un sobreesfuerzo presupuestario para mantener cierta paridad en determinados sistemas armamentísticos. Ello le permite no sólo poder salvaguardar su agenda regional de las injerencias occidentales, sino que se convierte en el primer proveedor de la “disidencia” antiamericana.

Respaldo ruso a los países que conforman el “Eje del Mal”: El fallido paradigma del Nuevo Orden Mundial contemplaba el aislamiento de aquellos países menos receptivos al dominio norteamericano. Una vez que la Rusia de Putin abandonó la convalecencia se ha convertido en socio deseado por cada uno de estos países que han encontrado en el pragmatismo ruso un aliado político en el Consejo de Seguridad de la ONU y un proveedor militar de primer nivel.

Protagonismo ruso en la articulación de un orden político alternativo al eje nordatlántico: Dentro del bloque de los BRICS, Rusia guarda una posición central entre China e India. Con la primera mantiene una fría cordialidad lubricada por la dependencia mutua en el suministro de hidrocarburos. Con la segunda se ha embarcado en importantes programas armamentísticos y comparte una agenda disjunta y complementaria. Ya no hay una rivalidad acusada entre Capitalismo y Comunismo, pero sí entre las tesis liberales del FMI y las premisas estatalistas de este segundo bloque.

Se podría decir que del mismo modo que la Segunda Guerra Mundial fue una reedicion recontextualizada de la Primera, esta Nueva Guerra Fría sería la continuación de la vieja. Sin embargo, en mi opinión, hay ciertas premisas mayores que me impiden aceptar el paralelismo entre ambas, o al menos, considerarlo menos intenso que el que supondría denominar a este período como Nueva Paz Armada.

Para empezar, la Guerra Fría emana de una guerra terriblemente costosa, algo que no ha sucedido en décadas. Durante sus primeros años fue más templada que fría; una U.R.S.S. que no se había desmovilizado mantenía unos recursos militares suficientes como para imponerse con comodidad a la agotada Europa de posguerra. Episodios como el bloqueo de Berlín o el inicio de la Guerra de Corea ejemplificaban el reto que suponía para Estados Unidos consolidar su hegemonía mundial pese a gozar del 50% del PIB mundial y el monopolio nuclear.

Precisamente la ruptura de este monopolio supuso el enfriamiento de ese enfrentamiento. Aún hasta mediados de los 50 EE.UU. podría haber afrontado una guerra abierta con la URSS dada su superioridad aérea que le permitía anular la capacidad nuclear soviética casi sin daños. Esa inferioridad irremontable en décadas motivó que los soviéticos concentraran sus esfuerzos en la tecnología de misiles. Fruto de ello fue el desarrollo del SS-6, primer misil intercontinental, que acabó con la invulnerabilidad americana, y del SA-2, primer misil antiaéreo soviético capaz de derribar aeronaves a gran altura, lo que en la práctica supuso su blindaje.

Pese a la asimetría económica y tecnológica, el resultado de una hipotética guerra abierta sería de empate (o mejor dicho, doble derrota) lo que motivó que se consumaran los principales ejes del nuevo paradigma. Se establecerían una serie de líneas de fallas que aislasen un bloque de otro y el desarrollo de la guerra sería de manera interpuesta en países no desarrollados.

Ahora bien, mientras que la U.R.S.S. ganó peso demográfico, económico y militar a lo largo de la mayor parte de la Guerra Fría, hasta convertirse en el tercer país más poblado, la segunda economía y las fuerzas armadas más numerosas, la Rusia actual apenas sobrepasa el estatus de potencia mediana y por más que tenga ciertas potencialidades que le permitan resurgir (recursos naturales, capacidad de absorber población colonizadora, calentamiento global…), no pasará de ese estatus en la medida en que otros países en vías de desarrollo la superen. En caso de establecer un paralelismo con la vieja U.R.S.S. este debería corresponderle más bien a China, y es en Asia donde está pista central del circo futuro.

Sí hay una cierta Guerra Fría entre EE.UU. (pero no Europa) y el régimen chino, pero las implicaciones salpican a tantos actores (India, Filipinas, Japón, la propia Rusia) que resulta difícil focalizar ese enfrentamiento y mucho menos prever su intensidad en 20 años. EE.UU ya no es esa joven y pujante economía de la posguerra, y caso de haber un adversario a China en el largo plazo sería la Unión India, que le superará en población en breve, se le acercará bastante económicamente, y se prepara para rivalizar con ella militarmente. Pero también este paralelismo resulta algo frágil dado la compleja geometría interna del gigante indostánico.

[Continuará en la segunda parte]

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El mundo se ha vuelto loco: Trump y la Nueva Guerra Fría

En la última entrevista que me hicieron en Radio Sefarad, a cuenta de la decadencia militar de Occidente, terminé dibujando a grandes trazos un panorama internacional bastante complicado e impredecible. No es que Jorge Rozemblum me pidiera que edulcorara la realidad, pero es que la realidad no sigue un arco narrativo hacia un previsible final feliz. Es Juego de Tronos.

Trump

El jueves terminó la Convención Nacional Republicana que proclamó como candidato a las elecciones presidenciales de Estados Unidos al multimillonario Donald J. Trump. En un ciclo electoral normal, las barbaridades dichas por Trump hubieran hundido la campaña de cualquiera. Pero esta no ha sido una campaña cualquiera. Cuando me fui a la cama de madrugada mi timeline de Twitter se llenó con los comentarios sarcásticos y tajantes de los analistas y expertos que sigo, comentando el discurso de Trump. Todos estaban horrorizados y asombrados, incluso los conservadores. Los principios de Trump van en contra de los defendidos por el Partido Republicano anteriormente. Pero como ya dije, esta no es una campaña cualquiera.

Donald Trump ha soltado disparates, medias verdades y mentiras que los periodistas se han encargado enseguida de señalar. Pero el periodismo de fact checking está en horas bajas. Con Trump y el referéndum del BREXIT se habla ya del mundo postfáctico. La gente está cansada de los expertos y sus pizarras en la tele. Trump apela a las emociones. Quiere convertir a Estados Unidos en un país ganador y en un gran país de nuevo para volver a los buenos viejos tiempos. No se sabe cómo lo va a hacer. Su campaña se ha basado en frases que encajan en un tuit. Y los expertos políticos se rascan la cabeza ante alguien que ha llegado tan lejos en una campaña presidencial sin presentar un programa político.

Sí hay cosas que Trump ha dicho claramente. Y cada vez que las dice, todos esos expertos que sigo en Twitter se escandalizan. Ha dicho que la OTAN “podría” estar obsoleta y que le cuesta mucho dinero a Estados Unidos. Y que en caso de invasión rusa de las Repúblicas Bálticas, a pesar de lo que dice el Artículo 5 de la OTAN, no acudiría inmediatamente en defensa de esos países sin revisar primero si esos países “han cumplido sus obligaciones” hacia Estados Unidos.

estonianworld.com

Soldados estonios en Afgansistán. Foto vía estonianworld.com

La respuesta de Trump, han dicho muchos, suena como música en los oídos de Vladimir Putin, líder con el que ha intercambiado piropos. Y es que la “conexión rusa” de Trump es densa. Paul Manafort, director de su campaña electoral, fue asesor político del despuesto presidente ucraniano Viktor Yanukovych, aliado de Moscú. Mientras que Carter Page, su principal asesor de política exterior trabajó para la empresa pública rusa Gazprom y es abiertamente prorruso, como demuestran sus artículos publicados sobre la crisis de Ucrania. Llama la atención el apoyo a Trump expresado desde Rusia por Alexander Dugin, figura relevante del euroasianismo. O los comentarios favorables hacia Trump de Tierry Meyssan en Voltairenet.

Hasta ahora el Partido Republicano había mantenido una línea dura con la Rusia de Putin. Pero la influencia de Trump ya se notó en la Convención Nacional Republicana, donde el personal de la campaña de Trump hizo labor de pasillo para que el programa republicano no incluyera el envío de armas a Ucrania, yendo en contra de las postura sostenida por el partido hasta la fecha. Y Newt Gingrich quitó importancia a las declaraciones de Trump sobre no defender de forma automática a las repúblicas bálticas mencionando a Estonia como “un lugar que está en los suburbios de San Peterburgo”.

Las conexiones personales de Trump con Rusia incluye la promoción de negocios inmobiliarios allí y el flujo de inversiones rusas a sus proyectos. Considerando que Trump se ha negado a hacer pública su declaración de impuestos, un gesto que todos los candidatos a presidente en Estados Unidos han hecho voluntariamente desde 1976 sin que haya una ley que les obligue, no hay forma de saber el valor de su fortuna real y en qué empresas tienen participaciones por qué valor. Pero sí se sabe que tras la bancarrota de Trump Hotels and Casinos Resorts en 2009, los negocios de Trump han sido muy dependientes de las inversiones procedentes de Rusia.

Justo al día siguiente del discurso de Trump, aceptando la candidatura republicana, Wikileaks publicó 19.252 correos, con fechas entre enero de 2015 a mayo de 2016, robados de un servidor del Partido Demócrata. Los correos muestran que el aparato del partido prefería la candidatura de Hillary Clinton sobre la de Bernie Sanders y poco más. Wikileaks ha sido tan descuidada como para volcar a Internet los correos en bruto, que incluyen datos personales como dirección postal, número de la seguridad social y datos de la tarjeta bancaria de las personas que hicieron contribuciones al partido vía Internet.

Anteriormente, Wikileaks publicó correos electrónicos con fechas entre junio de 2010 y agosto de 2014 robados del servidor de la Fundación Clinton, período que coincide aproximadamente con el tiempo en que Hillary Clinton fue secretaria de Estado (21 de enero de 2009-1 de febrero de 2013). Pareciera que Wikileaks, organización con notorios vínculos con Rusia, la ha emprendido con Hillary Clinton. De hecho, los datos apuntan a que los robos de correos fueron realizados desde Rusia y Wikileaks ha sido instrumentalizada en la operación como intermediario con el público.

Julian Assange entrevistando al líder de Hezbolá en su primer programa en Russia Today.

Julian Assange entrevistando al líder de Hezbolá en su primer programa de televisión en Russia Today.

Jonathan Chait se pregunta directamente “¿Está trabajando Donald Trump para Putin?”. Robert Zubrin llama a Trump “el candidato del Kremlin”. Michael Crowley hace lo mismo para centrarse en la cobertura informativa de RT sobre Trump. Anne Applebaum escribe sobre las consecuencias para Europa y recuerda la película “El candidato de Manchuria” (1962), cuya trama gira sobre un plan comunista para colocar a un agente como presidente de los Estados Unidos. La misma referencia ha empleado Paul Krugman para el artículo “El candidato de Siberia”. Franklin Foer llama a Trump “la marioneta de Putin”. William Kristol, un eminente neoconservador, se pregunta al respecto del partido republicano “¿El partido de Putin?”. Garry Kasparov dice que Trump le recuerda a Putin. A lo mejor es exagerado pensar en Trump como un instrumento del Kremlin. A lo mejor es simplemente un tonto útil.

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La amenaza de lobos solitarios

Ayer viernes un adolescente de 18 años la emprendió a tiros en un McDonald’s y un centro comercial en Múnich. De las nueve víctimas mortales, hubo veinte heridos, ocho tenían entre 14 y 21 años. Un policía de paisano llegó a intercambiar disparos con el atacante. Posiblemente ese fuera el origen de los testimonios de la existencia de varios tiradores. Finalmente, el tirador terminó suicidándose después de huir de la zona. El perfil que se ha dado conocer de él es de un adolescente depresivo, que sufrió abuso escolar y de alguna forma fascinado por las matanzas en centros escolares. Ayer, por cierto, se cumplía el 5º aniversario de la matanza en la isla noruega de Utoya, donde Anders Breivik mató a 77 personas que participaban en un campamento de verano del Partido Laborista noruego.

La policía de Múnich ha descartado que el ataque de ayer tuviera intención política. Lo que no ha evitado las especulaciones en Internet por ser el atacante, nacido en Alemania, hijo de iraníes. Evidentemente, tras las matanzas de Orlando y Niza las opiniones públicas en Occidente están bastante susceptibles. Y hay quien quiere creer que las autoridades alemanas ocultan algo. Dejando a un lado las motivaciones, los asesinatos de ayer se asemejan al fenómeno de los “lobo solitarios”, terroristas que actúan de forma aislada, por su carácter impredecible y porque generan fascinación en potenciales imitadores. Precisamente, el miércoles pasado el diario La Razón publicó la entrevista que me realizó Marta Sotres  sobre los “lobos solitarios”.

Repaso de análisis del intento de golpe de estado en Turquía

Michael Rubin se preguntaba “Will there be a coup against Erdogan in Turkey?” en Newsweek el 24 marzo de 2016 y explicaba la deriva autoritaria en Turquía.

Yo hice un repaso de cómo la Turquía del AKP pasó de ser la esperanza de una vía musulmana a la democracia y la modernidad a una deriva autoritaria en “Turquía ya no es el país del futuro” en El Medio el 11 de abril de 2016.

FNSS ACV-15 del ejército turco la noche del golpe.

FNSS ACV-15 del ejército turco la noche del golpe.

Edward Luttwak escribió hace muchos años un “manual de golpe de estado” y analizó Why Turkey’s Coup d’État Failed” en Foreign Policy el 16 de julio. Entre los fallos del golpe, Luttwak señala que los golpistas no detuvieron al presidente del país. Además, ahonda en que la deriva autoritaria del presidente Recep Tayyip Erdoğan lo hacía inevitable.

Una editorial de Nobbot del día 16 de julio se centró en el papel de las redes sociales: “El golpe de estado en Turquía muestra de nuevo el poder de las redes sociales”.

El profesor Jesús de Andrés hizo un repaso de los anteriores golpes de estado en Turquía y lo fuera de tiempo en que sucedió este en “Un golpe de Estado del siglo pasado” en El País el 17 de julio de 2016.

Nasser Weddady hizo el día 18 un análisis de por qué falló el golpe:

David Cenciotti recogió en The Aviatonist el 18 de julio toda la información disponible sobre las operaciones aéreas durante el intento de golpe de Estado: “Exclusive: all the details about the air ops and aerial battle over Turkey during the military coup to depose Erdogan”.

Kareem Shaheen cuenta en The Guardian el día 18 de julio que “Military coup was well planned and very nearly succeeded”.

Andrew Korybko escribió en Katehon el día 18 de julio “La Turquía posgolpe será claramente euroasiática”. Esto significaría que en el contexto de la Nueva Guerra Fría, Turquía se realinearía como aliado de Rusia.

Shabtai Gold hace recuento de la purga llevada a cabo en Turquía.

Ayer día 19 de julio, Andrés Mourenza desde Estambul contó en El País que Turquía suspende a 15.000 empleados del Ministerio de Educación”.

Hoy día 20 de julio, Beatriz Yubero desde Ankara cuenta en La Razón cómo “Turquía amplía la purga por traición a profesores y periodistas”.

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Narrativas interesadas (II)

Ando estos días leyendo y escribiendo sobre las relaciones ruso-argentinas durante los dos mandatos de Cristina Fernández de Kirchner. Resulta que, en 2010, Rusia se convirtió en el país con el que Argentina tenía firmados más acuerdos. Argentina estableció con Rusia una Alianza Estratégica Integral, una categoría de acuerdo que sólo tenía Brasil en la región. Más adelante, me ocuparé de las relaciones de Argentina con Irán. Todo ello tiene que ver, obviamente, con la Nueva Guerra Fría y cómo Argentina, privilegió las relaciones con Rusia e Irán. Relaciones que no aparecen mencionadas en el epígrafe “política internacional” de la biografía de la ex-presidente en Wikipedia.

La llegada del gobierno de Mauricio Macri ha supuesto la recuperación de las buenas relaciones de Argentina con Estados Unidos. Y en las últimas semanas me he encontrado varias noticias sobre la genuflexión del presidente argentino ante el imperialismo yanki , incluyendo la creación de bases estadounidenses en el país. El asunto me llamó la atención porque sólo ha aparecido en los medios con cierto sesgo ideológico. Y me quedé pensando si no será que alguien ha decidido lanzar la maquinaria propagandística contra un gobierno que seguro no tendrá tan buenas relaciones con Rusia e Irán como las tuvo Cristina Fernández de Kirchner.

El diario español Público publicaba el artículo “EEUU desembarca en la tierra del fin del mundo” el pasado 2 de julio. Lo firmaba Walter Goobar desde Buenos Aires. Arrancaba diciendo:

Las excusas que han permitido a Washington desplegar más de un centenar de bases militares en Latinoamérica, que se extienden desde Guatemala y el Caribe hasta la Patagonia, son siempre altruistas: ayuda humanitaria, apoyo ante catástrofes, combate al narcotráfico o apoyo al desarrollo y la investigación científica, pero la realidad indica que tanto la base que EEUU pretende emplazar en Tierra del Fuego, la zona más austral de la Argentina; como otra ubicada en la zona limítrofe entre Argentina, Brasil y Paraguay —conocida como la Triple Frontera—, están destinadas a asegurar a Estados Unidos un recurso estratégico cada vez más escaso: el agua potable.

La afirmación de que EE.UU. tiene “más de un centenar de bases militares en Latinoamérica” se lo saca Goobar de la manga.  No hay nada parecido allá a las bases estadounidenses en Morón de la Frontera, Sigonella (Sicilia, Italia) y Futenma (Okinawa, Japón). Las únicas grandes bases militares se encuentran en Puerto Rico (Estado libre asociado a EE.UU.) y Guantánamo (Cuba). Sí hay unas cuantas instalaciones de radar y personal de apoyo para permitir el despliegue en bases aéreas aliadas. Las instalaciones de radar usadas en la lucha antidroga se conocen como Cooperative Security Locations. Hace diez años eran unas 17 y en cada una estaban destacados unos 35 militares. Las instalaciones de apoyo en bases aéreas aliadas se conocen como Forward Operating Locations. Algo muy parecido a la “Base Aérea de Málaga” o el “Aeródromo Militar de Lanzarote” , que no son más que instalaciones de apoyo del Ejército del Aire español en aeropuertos civiles. Así, en la Base Aérea “Coronel Soto Cano” en Honduras se encuentra una fuerza conjunta de unidades aéreas, unidades de transmisión y unidad médica que actúa de cuartel general de una fuerza de tarea dedicada a la lucha antidroga y la ayuda humanitaria. Hay allí entre 400 y 500 militares estadounidenses. La mayoría de estas bases se ubican en Centroamérica, el Caribe, Colombia y Perú. No hay nada parecido en el Cono Sur.

¿Cómo le salen las cuentas de más de un centenar de bases imperialistas yankis en América a autores como Goobar? Contando cualquier presencia o proyecto estadounidense. Por ejemplo, EE.UU. financió con 465.806 dólares la construcción de un polígono de entrenamiento para combate urbano en la región de Valparaíso (Chile). Se trata de un conjunto de ocho edificaciones rudimentarias, con techo de chapa y sin encalar. Siete son de una sola planta y la octava tiene dos plantas.

Fuerte Aguayo, de la Armada de Chile, en la Región de Valparaíso.

Campo de entrenamiento en Fuerte Aguayo (Chile). Foto vía El Centinela.

Las instalaciones fueron construidas en Fuerte Aguayo, una base de la Armada Chilena. Y si uno busca en Internet, se encuentra titulares sobre la “base estadounidense en Concón“, nombre de la localidad donde se ubica Fuerte Aguayo. Sobra decir que ocho edificios rudimentarios para hacer ejercicios de combate urbano no constituyen una “base estadounidense”. Y que ese dinero gastado por EE.UU. forma parte de sus planes de creación de lazos con las fuerzas armadas de Iberoamérica, tal como se ensayó primero en África. Pero cómo no, en Voltairenet encontramos un artículo donde se muestra la preocupación de organizaciones de Derechos Humanos chilenas, se menciona la antigua Escuela de las Américas y el golpe de estado contra Allende. Y todo por ocho edificios de techo de chapa y paredes sin encalar.

Siguiendo con Goobar, cita a Moniz Bandeira, que en el diario argentino Página 12 afirmó:

Estados Unidos mantienen la 4ª Flota navegando en el Atlántico Sur, cerca de las reservas de petróleo que están debajo del “pré-sal”, el conjunto de formaciones rocosas ubicadas en la zona marítima de buena parte del litoral de Suramérica, con un gran potencial de generación y acumulación de petróleo.

Se trata de un delirio produccto de la ignorancia o la mala fe. La 4ª Flota estadounidense fue reactivada en 2008 como un cuartel general sin buques asignados y creada para coordinar las acciones de la armada estadounidense en la región. Cuando un buque de la armada estadounidense hace un periplo por la zona, como los que participan en los ejercicios UNITAS, quedan bajo mando de la 4ª Flota. Así que no hay barcos estadounidenses dando vueltas en torno a las plataformas petrolíferas brasileñas. Creo que habríamos tenido bastante noticias al respecto porque Brasil fue uno de los países cuyo gobierno pidió formalmente más información a Washington tras la creación de la 4ª Flota. Y de hecho, la armada brasileña tiene planes ambiciosos al respecto del cuidado de sus yacimientos petroleros en alta mar, como el desarrollo de un submarnino nuclear con tecnología francesa.

Según avanza el artículo, Goobar reconoce que el petróleo dejará de tener la importancia estratégica que tiene ahora. Y afirma que Estados Unidos quiere posicionarse estratégicamente en Sudamérica para controlar sus recursos hídricos. Es como si reconociera  que se ha quedado sin argumentos para odiar a Estados Unidos (¡quieren el petróleo de Venezuela!) y ha decidido buscarse otro. Que el objetivo de EE.UU. es apoderarse del agua potable de Sudamérica es algo que vengo leyendo desde años. Ya desde los tiempos en que los bulos circulaban en cadenas de correo electrónico. Al parecer, fue en el año 2000 cuando comenzó a circular el bulo de que había un libro de texto para niños en Estados Unidos que decía que el país debía apoderarse de la Amazonía para protegerla. Ese bulo me lo volví a encontrar hace tiempo en Facebook y si sobrevivió tanto tiempo es porque encaja en los prejuicios del internauta medio sobre el “imperialismo yanki”. Lo curioso es que con tanto documento estratégico estadounidense que lanzan cada mes centros de estudios militares y think-tanks privados, de todos los que me he cruzado estos años hablando de Asia-Pacífico, el futuro de Internet y la militarización del espacio, entre otros temas, jamás encontré ninguno que hablara de apoderarse de las cuencas hidrográficas del Cono Sur.

Justo al día siguiente que el diario Público sacara su artículo, El Espía Digital publicó un artículo sobre Argentina titulado “Más sumisión al imperialismo: el Gobierno argentino se suma al Comando Sur de los Estados Unidos”. Aparece sin firma. Y buscando en Internet qué otros medios lo han publicado, por si veo el nombre del autor, me encuentro que apareció en La Izquierda Diario, otra de esas publicaciones en español que aparece sin ningún banner de publicidad y que dice formar parte de una “Red Internacional en 5 idiomas”. Llamo la atención sobre este segundo medio porque mientras publicaciones españolas de izquierda como El Diario o La Marea andan siempre batallando por conseguir publicidad y suscriptores, proliferan en Internet sitios de noticias con una marcada agenda ideológica en el contexto de la Nueva Guerra Fría y que parecen hechas por amor al arte sin publicidad que las sostenga. ¿Raro, no?

Pero sigamos con el segundo artículo. Se nos cuenta que hubo una reunión entre el ministro de Defensa argentino y el comandante en jefe de SOUTHCOM, el mando regional estadounidense para Centroamérica, el Caribe y Sudamérica. La 4ª Flota es su componente naval, por cierto. En esa reunión se acordó que Argentina participaría en ejercicios militares con Estados Unidos y se enviaría un oficial de enlace al cuartel general del SOUTHCOM. Además, el ministro le trasladó las necesidades materiales de las paupérrimas fuerzas armadas argentinas. Nada extraño, en suma. El autor del artículo publicado en El Espía Digital y La Izquierda Diario subraya “el grado de servilismo hacia el comandante por parte de las autoridades argentinas” que se vivió en la sede del Ministerio de Defensa. Al final del artículo se menciona que el SOUTHCOM jugó un papel en la Guerra de las Malvinas y se menciona también a la Escuela de las Américas. Es decir, a falta de hechos que criticar sobre la reunión, se apela a agravios lejanos de Estados Unidos. Como si el papel de Estados Unidos durante los gobiernos de Reagan se pudieran comparar con el papel jugado en la región por los gobiernos de Obama.

Me llama la atención que llame a escándalo la realización de ejercicios conjuntos, cuando durante la era Kirchner militares estadounidenses se trasladaron a Argentina sin que entonces se le acusara de servilismo con el “imperialismo yanki”. Por no hablar de la singularidad de la base de seguimiento espacial china instalada en Neuquén, a la que se le aplica el principio de extraterroritorialidad e instalada mediante una acuerdo poco transparente que el nuevo gobierno argentino ha decidido revisar.

Base de seguimiento espacial china en Argentina. Foto vía DiarioHuarpe.com

Base de seguimiento espacial china en Argentina. Foto vía DiarioHuarpe.com

Por comparar, el gobierno del Frente Amplio urugayo que presidía José Mujica firmó en 2012 con Estados Unidos un acuerdo “para facilitar el apoyo logístico entre los países durante ejercicios conjuntos, visitas mutuas, escalas y cualquier operación conjunta entre las naciones donde una o ambas partes puedan requerir apoyo logístico, suministro y servicios de la otra”. Que el gobierno del simpático y entrañable Pepe Mujica firmara un convenio militar con Estados Unidos no ocupó titulares y pareció razonable.

Y termino con una noticia aparecida en Misiones Para Todos, titulada “Confirmado: hay militares norteamericanos en Misiones para instalar una base”. Se cuenta en ella la presencia no de militares, como dice el titular, sino de “funcionarios” primero” y “observadores” luego, que estarían visitando la provincia de Misiones para instalar un radar para la lucha contra el narcotráfico. Precisamente la falta de presupuesto de las fuerzas armadas obligó en su momento a retirar los radares de vigilancia en la provincia de Misiones. En abril de este año el fiscal federal Carlos Soto Dávila se quejaba de la falta de medios para la lucha contra el narcotráfico y  afirmaba “necesitamos radares que funcionen las 24 horas para tener la frontera controlada”. No encontré información sobre nuevas bases estadounidenses en la prensa argentina, pero sí los siguientes titulares:

“Macri mete las bases militares de EEUU en Argentina” según HispanTV (canal iraní).
“Macri abre las puertas a EE.UU. para instalar bases militares” según teleSUR (consorcio de los países bolivarianos)

Después de contar cómo me llamó la reciente proliferación de análisis que culpan al wahabismo de todos los males del Islam moderno y hoy contar cómo se acumulan los titulares alarmistas sobre las relaciones de Argentina con EE.UU., creo que ha quedado claro que vivimos tiempos de campañas informativas orquestadas también por el otro bando de la Nueva Guerra Fría.

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com:

“Narrativas interesadas” (18 julio 2016)

“El antisemitismo y la dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría” (10 julio 2016)

“La factoría de bulos” (21 noviembre 2015)

“Voltairenet, la gran impostura” (13 noviembre 2013)

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Narrativas interesadas

Soy procrastinador nato pero mis horas delante del ordenador saltando de página web en página web tienen su lado positivo, como ser bueno jugando al Trivial Pursuit o terminar encontrando conexiones en información dispersa. Así, terminé escribiendo cosas como “El futuro eléctrico”. Mi interés por la Nueva Guerra Fría, que está en las antípodas del concepto Guerras Posmodernas, nació así. Navegando por Internet me fue surgiendo una sensación extraña con la acumulación de comentarios de Menéame.net o publicaciones en  muros de Facebook que reproducían noticias de medios y entradas de blogs con la perspectiva rusa e iraní de conflictos como el de Siria y Ucrania.  Es interesante preguntarse en qué momento y por qué la clase de medios en español que se definen “libres”, “independientes”, “alternativos”, “de contra información”, etc. consideraron a los medios de comunicación públicos de Rusia e Irán como fuentes de información fiables. Podemos además especular sobre quién financia a medios como Voltairenet y LibreRed que no tiene ni un solo banner de publicidad en su portada.

En vez de plantear teorías conspirativas, lo pertinente es tirar del hilo y llegar al origen de los bulos interesados. Recordemos por ejemplo, el caso del bulo sobre los ataques con armas químicas en Siria en agosto de 2013 que decía que habían sido el resultado de un accidente sufrido por los rebeldes al manipular ese tipo de armas entregadas por Arabia Saudita. El bulo lo puso en marcha un medio concreto, Mint Press, dirigido por una joven periodista salida de la nada, hija de un converso al chiísmo que estudió en Irán, sin apenas experiencia y que había montado una publicación on-line con un montón de dinero salido no se sabe de dónde. Tres años después el bulo sigue circulando y hace poco alguien me reprochó, aquí en un comentario, que yo no me hubiera enterado de que aquellos ataques químicos fueron obra de los rebeldes sirios. Expliqué el asunto en: “El ataque con armas químicas de Goutha: Un caso de desinformación”.

La otra parte relevante del fenómeno es cómo se difunden y se popularizan los bulos. Cómo se viralizan y se convierten en memes políticos, diríamos en pleno 2016. Tampoco defiendo tratar el fenómeno desde la perspectiva de las teorías conspirativas, sino que creo que hay que entender que mucha gente difunde los bulos creados en Moscú y Teherán de buena fe por un sesgo de confirmación. Están dispuestos a creer cualquier noticia que les permite seguir criticando a EE.UU., la OTAN e Israel. Así, el respetable profesor Vinceç Navarro, coautor del primer programa económico de Podemos, terminó diciendo bastantes tonterías al reproducir varios bulos sobre el vuelo MH17 de Malaysia Airlines derribado sobre Ucrania en un artículo en el que salía en defensa de Rusia. Otro caso es el de Óscar López Corral, autor del blog Marat, asaltar los cielos, y militante del Espacio de Encuentro Comunista que reproducía un artículo de Alfredo Jalife-Rahme con el bulo sobre que el avión malayo había sido derribado en un intento de asesinar a Putin. Una idea, por cierto, que había circulado pocos días después del derribo del avión al señalar alguien que la librea del Il-96 presidencial ruso y la del Boeing 777 malayo eran parecidas. Pero que no tiene sentido porque cuando un avión viaja a más de 30.000 pies de altura no hay forma de identificar desde tierra las rayas de colores que lleva en el lateral y porque el avión presidencial ruso hacía tiempo que había dejado de sobrevolar Ucrania en sus rutas.

Y con estos precedentes, me ha llamado la atención tras cada atentado terrorista de carácter salafista-yihadista en Europa la proliferación de análisis y comentarios que apuntan al wahabismo, la corriente islámica oficial en Arabia Saudita. No vamos a negar a estas alturas que las autoridades saudíes han difundido su versión conservadora y rigorista del Islam por el mundo. Es relevante que el llamamiento a la yihad lanzado por Osama Bin Laden en 1996 tenía como motivo central la expulsión de las tropas estadounidenses de Arabia Saudita, un asunto muy delicado para la sensibilidad wahabí. Pero si tenemos que hacer un estudio histórico de los grupos, corrientes y autores que influyeron y conformaron el nacimiento de la yihad global en el contexto de la Guerra de Afganistán tenemos que hacer mención del movimiento deobandi, de origen indo pakistaní, o remitirnos a las ideas del egipcio Sayyid Qutb que miembros de la Yihad Islámica Egipcia, como Ayman Al Zawahiri, llevaron consigo. La genealogía intelectual del yihadismo global es compleja y no deriva precisamemente de la corriente principal y oficial del wahabismo, que se ha mantenido desde el siglo XVIII como una doctrina defensora del status quo y la legitimidad de la familia Al Saud. Por tanto, no hay que confundir ultaconservadurismo con las ideas yihadistas. Por más que ambas compartan una naturaleza extremista. Y por supuesto, entender la peculiar naturaleza aparte de las ideas apocalípticas del Estado Islámico, tal como Manel Gozalbo explicaba en “El califato del fin del mundo”.

La pregunta es, entonces, cómo es que de pronto proliferan análisis sobre la culpabilidad del wahabismo, y por tanto de Arabia Saudita, en la actual ola terrorista. Basta acudir a Google. Empecé por Voltairenet, origen de numerosos bulos y teorías conspirativas sobre EE.UU., la OTAN, Israel, etc. Encontré una entrevista dada por su director, Thierry Meyssan, a una revista serbia donde menciona repetidas veces el término wahabismo: “El plan imperialista de trece años para Siria” (16 febrero 2014). También encontré artículos como “¿Es musulmán el wahabismo?” (19 de enero de 2015). Podría seguir, pero busqué entonces en páginas web españolas y encontré en Rebelión.org el artículo “El wahabismo: la ideología de los terroristas degolladores del Daesh-ISIL y cáncer inoculado en la comunidad musulmana” (30 mayo 2015), en cuyas referencias bibliográficas aparece, cómo no, un artículo de Thierry Meyssan en Voltairenet. En Rebelión.org encontré dos cosas interesantes. El artículo “Breve descripción de la ideología del Estado Islámico” (17 diciembre 2014) es obra del argentino Kamel Gomez El Cheij, cuyo blog Islam en Mar del Plata tiene por subtítulo “Hacia la conformación de un Islam Nacional y Popular”. ¿Qué significa “nacional y popular” (nac & pop) en el contexto argentino? Kirchnerista. Podemos encontrar al menos un artículo de Kamel Gómez en el sitio web euroasianista Katehon. El otro artículo es “¿Quién es el culpable del terrorismo musulmán?” (23 enero 2015) de Andre Vltchek. El artículo fue originalmente publicado en Counterpounch, donde Vltchek aparece como “filósofo, novelista, cineasta y periodista de investigación” que realiza documentales para TeleSur y Press TV, canales de televisión internacionales. El primero lo financia un consorcio de los países “bolivarianos” y el segundo forma parte de la corporación pública iraní. En esos tres artículos de Rebelión.org se habla de wahabismo y se le atribuye la responsabilidad de las corrientes yihadistas contemporáneas. Por ejemplo, Vltchek afirma: “Casi todos los movimientos radicales en el Islam de hoy, en cualquier parte del mundo, están vinculados con el wahabismo”.

Lo que he hecho no es más que una búsqueda rápida impulsada por el instinto. Pero creo que queda clara la idea que intuía. Arabia Saudita no es la clase de país donde me gustaría vivir. Pero estando últimamente inmerso en lecturas sobre el origen de la yihad global, me saltaron varias alarmas ante la sensación de que alguien llevaba tiempo poniendo en circulación un argumentario sobre Arabia Saudita como origen de los males del Islam contemporáneo y cuna del yihadismo global. Esas críticas no son el resultado de un posicionamiento moral sobre el país, sino pura ideología en el contexto de la Nueva Guerra Fría. Así no es casual que las ideas lanzadas por medios posicionados del lado iraní terminando en un efecto de bola de nieve apareciendo en medios y blog españoles de izquierda. Otras veces es pura coherencia militante. Los nacional-populistas están con los gobernantes de Rusia, Irán, Siria y Venezuela en contra de Occidente y sus aliados.

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com:

“El antisemitismo y la dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría” (10 julio 2016)

“La factoría de bulos” (21 noviembre 2015)

“Voltairenet, la gran impostura” (13 noviembre 2013)

Intento de golpe de estado en Turquía [actualizado]

Soldados en la plaza Taksim de Estambul

Soldados en la plaza Taksim de Estambul

Turquía ha vivido varios golpes de estado militar. El primer golpe de estado tuvo lugar el 27 de mayo de 1960. El año siguiente se promulgó una nueva constitución del país, que sustituyó a la que estaba en vigor desde 1924. El 12 de marzo de 1971 tuvo lugar el segundo y ni siquiera salieron los carros de combate a la calle. Los militares simplemente entregaron un memorando a modo de ultimátum al primer ministro.

El 12 de septiembre de 1980 tuvo lugar el tercer golpe de estado. Se instaló una junta militar, el llamado Consejo de Seguridad Nacional, que gobernó por tres años. Dos años después del golpe, se promulgó una nueva constitución, que es la que sigue vigente en Turquía. El 28 de febrero de 1997 los militares volvieron a forzar la caída de un gobierno en Turquía sin necesidad de ningún acto de fuerza. Se habla del “golpe de estado posmoderno”.  El golpe trató de frenar el creciente papel del Islam político en el país. De las disoluciones del Partido de la Virtud y del Partido del Bienestar, nacería el Partido de la Justicia y del Desarrollo (AKP) de Recep Tayyip Erdoğan.

El ejército fue siempre el guardián de los principios laicos de la república fundada por Mustafá Kemal Atatürk en 1923. Y fue objeto de una purga en estos últimos años orquestada a través del desmantelamiento de supuestas tramas golpistas, la organización Ergenekon y la operación “Mazo”. Tras un enorme macrojuicio, en 2015 los 236 condenados por la segunda fueron absueltos por considerarse que las pruebas empleadas contra ellos eran falsas. Pareciera que todo fue un montaje judicial para debilitar al ejército, las fuerzas de seguridad y a las fuerzas kemalistas de las sociedad turca.

Mientras tanto, el país vivía una deriva autoritaria que se hizo evidente por primera vez durante la represión de las protestas populares por los planes urbanísticos del parque Gezi en Estambul en 2013, un movimiento social con ecos del 15-M y Occupy Wall Street. Esa deriva autoritaria se ha hecho claramente visible en la reciente presión a los medios de comunicación y los periodistas, junto con condenas por delitos como difundir chistes sobre el presidente Erdoğan en las redes sociales. Sobre la deriva del país, escribí el pasado mes de abril  “Turquía ya no es el país del futuro” en la revista El Medio.

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Erdogan dirigiéndose al país vía su móvil.

Esta noche hemos vivido un intento de golpe de estado en Turquía. Al parecer, el presidente Erdoğan estaba de vacaciones y el golpe le ha pillado viajando en avión. Tuvo ocasión de dirigirse al país apareciendo por televisión mediante Facetime desde su móvil y llamó a la población a salir a la calle a rechazar el golpe. Mientras, el golpe no tenía cara. Ningún militar apareció públicamente dirigiéndose al país, por lo que se especula el significado político del golpe. Es relevante que ningún partido político relevante en Turquía apoyó el golpe ni hubo imágenes de gente vitoreando a los golpistas. De hecho, el principal partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), junto con el pro-kurdo Partido Democrático de los Pueblos condenaron el golpe. El primer ministro, Binali Yıldırım, ha agradecido a los partidos de la oposición su oposición al golpe. También es relevante el rechazo al golpe de los partidos expresado por el movimiento Gülen, enemistado con el gobierno.

Un M60T, modelo modernizado con tecnología israelí, rodeado de manifestantes contrario al golpe.

Un M60T, modelo modernizado con tecnología israelí, rodeado de manifestantes contrarios al golpe.

En las primeras horas la situación parecía tranquila y casi se daba por hecho el triunfo del golpe, con un significativo silencio de los gobiernos occidentales. Pero finalmente la gente salió a la calle, desafiando el toque de queda, mientras los muecines llamaban a la movilización popular. El golpe se desinfló y tras varias horas, el gobierno de Estados Unidos y el secretario general de la OTAN se manifestaron en favor del orden democrático vigente en Turquía. Precisamente, en medio de la percepción generalizada de que el golpe había fracasado se intensificaron los episodios de violencia y el intento de cierre de medios. Entre los edificios atacados por los golpistas, que han contado con aviones y helicópteros, está el palacio presidencial, el parlamento y la sede del servicio secreto turco. Por contra, los golpistas se habían hecho con el cuartel general del ejército y de la gendarmería. La única autoridad del estado retenida por los golpistas fue el jefe del estado mayor de las fuerzas armadas. El balance provisional de víctimas habla de 90 muertos y más de mil heridos. Además se ha informado de más de 1.500 detenidos.

Andrés Mourenza y María Antonia Sánchez-Vallejo han publicado en El País el perfil de cinco personalidades clave en el panorama político de Turquía.

El profesor Francisco Veiga escribió para el CIDOB un perfil del movimiento Gülen.

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Otra vez Francia: La nueva normalidad

Hace semanas Jorge Tierno me animó de nuevo a escribir en su blog. Le conté que en su momento había pensado en hacerlo sobre terrorismo pero “no era una tema de actualidad”.  Poco después tuvo lugar el atentado en el aeropuerto de Estambul. Y  ayer hubo atentado terrorista en Francia. Otra vez.

Precisamente anoche hablé con Jaume Segalés en Radio Internacional sobre el Estado Islámico y el terrorismo yihadista a propósito de la noticia de que el Estado Islámico se prepara para la pérdida de sus dominios territoriales para convertirse en una organización terrorista al uso. Y me paré a hacer la reflexión de que el terrorismo es una estrategia de los débiles y fanáticos. Es una forma de violencia política para echarle un pulso al Estado. Recordé la ola de violencia terrorista de los sesenta y setenta, con numerosos secuestros de aviones como el que terminó en Uganda y cuyos pasajeros fueron rescatados por comandos israelíes. Recordé acciones como el secuestro de los mandatarios en una cumbre de la OPEP en Viena y el Otoño Alemán de 1977.

CnZSR4RXYAANAdP ¿Qué quedó de todo aquello? El terrorismo fue derrotado. Y nadie concibe que los países occidentales claudiquen ante la amenaza del terrorismo yihadista. Me refiero a que no cesarán los esfuerzos para derrotar al Estado Islámico. Supongo que no es fácil asumir que el atentado de ayer en Niza es la “nueva normalidad”. Y qué vendrán más atentados y vendrán más muertos. El factor de éxito de la estrategia terrorista vendrá dado por lo que hagamos nosotros. No por el número de muertos.

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40 años de la misión imposible de Entebbe

El 4 de julio de 1976 las Fuerzas de Defensa de Israel realizaron la operación militar de rescate de rehenes más audaz llevada a cabo. Cuatro aviones C-130 Hercules recorrieron 4.000 kilómetros desde Israel hasta Uganda, para aterrizar de noche en el aeropuerto de Entebbe. Una vez en tierra los comandos israelíes asaltaron la terminal donde terroristas palestinos y alemanes junto con soldados del régimen de Idi Amín custodiaban más de una centenar de rehenes.

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Foto: IDF Blog.

Cuento aquella operación en la revista El Medio: ” Entebbe: 40 años de la misión imposible”. En el artículo cuento no sólo el desarrollo de la operación, sino el contexto histórico de la ola terrorista de los años 60 y 70 en la que confluyeron el nacionalismo palestino y la ultraizquierda europea. El secuestro de aquel Airbus A300 de Air France fue uno de muchos ataques terroristas contra la aviación civil. La revista El Medio ha publicado otro artículo de Max Boot sobre aquel rescate pero enfocado a las lecciones históricas: “Entebbe: no hay que ceder”.