Sobre la überización de las fuerza armadas españolas

Este fin de semana El Confidencial ha publicado un artículo de opinión firmado por París Álvarez con el original título “La ‘uberización’ de las Fuerzas Armadas”. Resulta que me han pedido mi opinión sobre él y el propio autor me contactó por Twitter pidiéndome que ayudara a su difusión. Tengo opiniones encontradas sobre el artículo, así que las despacharé brevemente aquí en vez de un hilo de Twitter.

La idea principal del artículo es que las fuerzas armada españolas han sucumbido a modelos de gestión propios del mundo empresarial que no se adaptan a su particular naturaleza y que han sido puestas al servicio del capitalismo global. Sin embargo, mi impresión es que el autor abusa de la metáfora para tratar los problema de las fuerzas armadas españolas en general, que en mi opinión no se deben a la aplicación de la lógica del capitalismo de plataformas o su puesta al servicio de los intereses del capitalismo global sino a problemas de otra índole.

Transcribo el arranque del artículo.

En los últimos años, el Ejército, modelo de formalidad y consistencia, ha sido invadido por las más experimentales ocurrencias de mercadotecnia: instaurar jornadas partidas de trabajo diurno y nocturno -como los vigilantes de seguridad privada-, sustituir los pagos debidos por días de permiso -como en los call centers-, descontar complementos salariales por bajas médicas -como en los puestos de becario-, bloquear o hacer desaparecer los días de asuntos propios -como en las empresas de contratación temporal-, o dejar las horas extra en un limbo impagado -como le ocurre al 5% de los trabajadores por cuenta ajena-.

Y también la explicación del autor de lo que entiende por el fenómeno de uberización.

Llamamos ‘uberización‘ (por la empresa Uber) al proceso de subordinar sectores públicos nacionales bajo superestructuras privadas globales, cobrando rentas sobre puestos precarios y dañando a los trabajadores cualificados -desde el transporte público con permisos, hasta la hostelería con licencias-.

Creo que si el artículo se hubiera limitado a tratar la gestión del personal habría sido una aportación bastante original e interesante. Desde luego, creo que hay bastantes temas sobre la mesa a debatir: la caída del número de aspirantes a oficial y suboficial, el futuro de la tropa que se va a casa con 45 años, el modelo de reserva voluntaria, etc. Hay otras que requieren abrir un debate que no he visto tratado sino en el mundo anglosajón: la captación y retención de talento en las FF.AA. en materias como la inteligencia y la ciberguerra donde el arquetipo de militar no necesariamente encaja con el tradicional. Y todos lo que el autor detalla y a mí se me escapa.

Tras tratar el tema de la gestión de personal, el autor entra en el meollo de los problemas de las fuerzas armadas españolas: la falta de recursos después del hachazo a sus presupuestos durante la crisis. Y aquí es donde empiezan mis objeciones. Una de las tesis del autor es que el problema de las fuerzas armadas españolas es que han sido puestas al servicio de los intereses particulares de las grandes corporaciones del capitalismo global.

Mi opinión es que el problema del Ministerio de Defensa no está en el capitalismo salvaje sino en el europeísmo mal entendido. Las fuerzas armadas españolas se han convertido en un cliente cautivo de la industria europea porque en Europa se entendía que era incompatible recibir fondos de cohesión (y en París lo mismo sobre disfrutar de la colaboración en la lucha contra ETA) a la vez que tener una política de compras de sistemas de armas totalmente independiente. Véase el caso de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra. Tras la pertinente evaluación, se eligió el helicóptero de ataque AH-64 Apache y el helicóptero de transporte UH-60 Blackhawk de transporte táctico. Se compraron en cambio los Tigre y Super Puma en Europa. Las malas lenguas cuentan que a este último se le llamaba “Mortadelo” por el alias del terrorista etarra extraditado por Francia.

Claro está, sobre el papel, una política industrial de defensa europea era, a priori, una buena idea. Por ejemplo contar con un sistema de geoposicionamiento por satélite como el Galileo impide que llegado el caso desde Washington alguien apriete un botón o haga click y te deje sin GPS. Pero la lista de fiascos industriales de nuestras fuerzas armadas apuntan a Europa: el Eurofighter, el A-400M, el NH90, el Tigre… La última excepción confirma la regla. Defensa.com hablaba el otro día de “colapso” del programa de Vehículo de Combate de Ruedas 8×8 “Dragón” que fabricará Santa Bárbara Blindados (SBB), una subsidiaria española de la estadounidense General Dynamics. Todo el mundo sabía que SBB era el ganador de antemano porque era el único competidor con una fábrica en España.

Cuando no hay competencia ni alternativa no hay incentivo ninguno para hacer las cosas bien. Capítulo aparte es la ausencia de cláusulas de penalización por retrasos en los contratos de compra que firma España. Cláusulas como por ejemplo la que aplicó Australia por los retrasos en la entrega de helicópteros NH90 que le llevaron a recibir uno extra gratis. Y tenemos más problemas. Como la compra de más aviones de transporte A-400M de los necesarios para asegurar su fabricación en Sevilla y que España pintara algo dentro del consorcio Airbus. O la compra con sobreprecio de helicópteros de Eurocopter para garantizar su montaje y los puestos de trabajo en la comunidad autónoma del ministro de Defensa que tuvo la ocurrencia. Sin olvidar la compra con sobreprecio de dos patrulleros de altura para que el astillero público Navantia hiciera su conversión al Astillero 4.0.

Para colmo, tenemos en España unas fuerzas armadas que se encontraron con los hachazos presupuestarios de la crisis justo en el momento en que sucedía uno de esos saltos generacionales en los sistemas de armas, con la entrada de los cazas de 5ª Generación, la generalización de los drones y la madurez de las ciberarmas. Y mientras, unos presupuestos atados a la losa de los grandes programas europeos que se salían de madre presupuestaria. Ahí, no hay lógica neoliberal del capitalismo de plataforma que valga. Es el complejo militar-industrial de toda la vida avanzando hacia su máxima ineficacia.

El artículo reproduce una idea que le escuché a un político español: que en España el problema de las fuerzas armadas es la compra de sistemas de armas innecesarias y por tanto absolutamente inútiles. Ahí ya entramos en el terreno del hablar por hablar dentro de la escuela “lo que no se usa en misiones de paz no sirve para nada”. La primera y fundamental tarea de las fuerzas armadas es proporcionar la paz mediante la disuasión. Y ahí entra el contar con un buen número de sistemas de armas para la guerra convencional y a militares entrenados para usarlos que posiblemente lleguen al final de su servicio sin haber entrado nunca en combate real. Los problemas están en la industria europea y sus sobreprecios, retrasos en la entrega y capacidades finales por debajo de las esperadas. No en unas fuerzas armadas comprando sistemas de armas inútiles por capricho.

Lo que me chirría del artículo es que interpreta la realidad a su manera para que encaje en ese modelo de fuerzas armadas al servicio del capitalismo global. Los problemas del Sahel tienen que ver con algo más que proteger a las empresas mineras francesas. Y el despliegue de las fuerzas armadas en las Repúblicas Bálticas no tiene nada que ver con proteger el gasoducto Nordstream 2, que es un proyecto germano-ruso y cuenta con la oposición estadounidense.

Hay pasajes del artículo que me dejan perplejo.

[L]o que a menudo equivale a la obligación de adquirir carísimo material cuyo uso es innecesario, cuya durabilidad es dudosa y cuyo mantenimiento es incosteable. Habitualmente, el resultado final es su reventa -además abaratadísima, por ser ya de segunda mano- a potenciales adversarios, como ha sido el caso de los helicópteros de ataque AH-64E Apache para Marruecos, o bombas y granadas para Turquía.

¿Se refiere al autor a que España  le ha revendido helicópteros Apache a un potencial enemigo como Marruecos? España nunca ha tenido helicópteros Apache.

[L]a falta de confianza de la clase política en la producción española ha llevado a la práctica desaparición de CETME (Centro de Estudios Técnicos de Materiales Especiales)

¿La “práctica desaparición de CETME? Ese centro dejó de existir hace mucho tiempo. Los fusiles CETME L fueron fabricados por la Empresa Nacional Santa Bárbara.

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[L]a presión alemana logra vendernos carros de combate Leopard de 63 toneladas -cuando el límite de carga de nuestros aviones es de 44.

Jamás se planteó en España contar con aviones de transporte estratégico capaces de llevar carros de combate. Y creo que todo el mundo estará de acuerdo que la compra de los Leopard 2E respondió a un análisis razonado de los modelos en el mercado.

Tengo la sensación de que hay pasajes del artículo donde la búsqueda de un efecto literario  o la contundencia de los argumentos se ha puesto por encima de la veracidad o la exactitud. Ya saben lo que pienso de hablar en 2019 de Blackwater: “Los mercenarios de la antigua Blackwater crecen al vertiginoso ritmo de los fondos de inversión Blackrock y Blackstone. Todo muy negro”. Y tener como fuente a “cierto teniente” , que habla mucho por hablar, es no haber buscado las mejores fuentes.

Concluyendo. Se puede hablar mucho y mal de la política de Defensa en España, de la gestión de personal de sus fuerzas armadas y de la desastrosa gestión de sus grandes programas. Pero creo que se puede hacer sin los fuegos de artificio del capitalismo post algo punto cero.

“Op Banner: An Analysis of military operations in Northern Ireland” del estado mayor del ejército británico.

Usé, como marco teórico, ideas y modelos sobre insurgencias en mis dos textos más importantes sobre la crisis catalana:  “El 1 de octubre en Cataluña y las Guerras de Cuarta Generación” (05/10/2017) sobre los acontecimientos del 1 de octubre de 2017 a la luz de las ideas de William S. Lind y “El independentismo catalán falló el 21-D” (25/12/2018) sobre el intento de colapsar las redes de comunicaciones viarias de la región el 21 de diciembre de 2018 a la luz del modelo teorizado por John Robb en su blog Global Guerrillas en 2004 y desarrollado luego en su libro Brave New War. Así que me llamó mucho la atención encontrarme en el portal informativo catalán Vilaweb un informe del estado mayor del ejército británico sobre el despliegue y operaciones militares en Irlanda del Norte (1969-2007), la llamada Operación BANNER.

 

La actual situación de Cataluña, e incluso la del País Vasco en sus años más duros, no puede compararse con el conflicto de Irlanda del Norte por una larga lista de razones. Pero la lucha contrainsurgencia es un asunto que me llamó la atención desde los comienzos de este blog. Y un informe así es relevante por el ejercicio de evaluación autocrítica y transparencia que supone. Me gustaría leer un informe equivalente sobre el papel de España en lugares como Afganistán, Iraq, Mali, etc.

El informe aparece fechado en julio de 2006 y fue hecho público al año siguiente. Lo más interesante en él, obviamente, son las conclusiones del capítulo 8. Pero arranca haciendo una descripción del territorio y los actores implicados, lo que sirve de introducción para aquellos no familiarizados con las claves del conflicto.

La idea principal del informe es que el ejército británico careció de una estrategia coherente durante su despliegue en Irlanda del Norte. Su principal actividad fue allí fue mantener puestos de observación, establecer controles de carreteras (permanentes y temporales) y patrullar las calles. Las particularidades de estas operaciones, que son las que el imaginario colectivo asocia a Irlanda del Norte, son descritas con detalle. Pero todas estas actividades nunca fueron encuadradas en un gran plan que respondiera a objetivos estratégicos y operacionales. Según el informe, “hubo una falta de sentido de propósito a largo plazo, planeado y sistemático durante la mayor parte de la campaña” (párrafo 536) ya que “un plan de campaña debería integrar actividades estratégicas, operaciones y tácticas”, trasladando las intenciones del escalón de mando superior a “misiones coherentes para los subordinados en cada nivel” (párrafo 816). Además, se echó en falta una mejor coordinación con las fuerzas policiales y la existencia de un mando único, que no necesariamente hubo de ser militar. Curiosamente el texto usa un término en español: se echó en falta un “supremo” (párrafos 817 y 852).

La falta de un plan coherente en sus distintos niveles táctico, operacional y estratégico no se achaca a la falta de capacidad del mando, sino al contexto histórico. No se veía entonces la conexión entre las acciones y un plan coherente al nivel operacional (Párrafo 414). El informe recuerda que el concepto Preparación de Inteligencia del Campo de Batalla (Intelligence Preparation of the Battlefield) no apareció hasta los años 90 y que el concepto de Enfoque Integral (Comprehensive Approach) había aparecido poco antes de la redacción del informe). Al final, el resultado de la campaña respondió más que otra cosa al buen juicio y quehacer de los profesionales al mando en Irlanda del Norte [Párrafo 410). El informe señala también que muchas innovaciones tácticas en Irlanda del Norte, como por ejemplo el procedimiento de búsqueda de artefactos explosivos, fueron siempre idea de unos pocos jóvenes oficiales (párrafo 846).

Una de las ideas más interesantes del informe es cómo explica la naturaleza de las insurgencias. Según el informe “una insurgencia se alimenta de la insastisfacción y la insatisfacción se basa en la percepción”. A su vez, la percepción se enmarca en una cultura (párrafo 821). De ahí que una importante necesidad en una campaña de insurgencia es entender la cultura local y cómo se articulan los agravios percibidos, reales o no. Según el informe, la etapa fundamental que define el conflicto es su comienzo: la “violencia en las primeras etapas crea amargura, odio y visiones extremistas que pueden durar generaciones” (párrafo 802).

Foto: Chris Steele-Perkins / Magnum (vía The New Yorker)

En el caso de Irlanda del Norte, se señala que una estrategia efectiva hubiera sido atender las necesidades de la población local en materia de vivienda. Por ejemplo, proporcionar mejores viviendas a la población hacinada en viviendas sociales de la era victoriana. El informe llega a afirmar que hubiera sido más efectivo demoler el complejo Divis Flats y asignar una nueva vivienda a sus habitantes que emplear todos los recursos que se gastaron en patrullar y pacificar ese complejo de viviendas.

Si las percepciones articulan el conflictos, las operaciones de información se convierten en un arma fundamental. Así que otra conclusión principal de mi lectura del informe es que en una insurgencia, información e inteligencia resultan los asuntos cruciales. De hecho, a finales de los años setenta, uno de cada ocho militares regulares británicos sirviendo en Irlanda del Norte “estaba directamente implicado en inteligencia” (párrafo 503). Además se destaca el papel de los asesores científicos (SCIAD) que ayudaron enfrentar amenazas como la de artefactos explosivos caseros accionados a distancia (párrafos 707 a 711).

Es interesante que el informe no entra a debatir con profundidad si Irlanda del Norte fue una campaña victoriosa o no. Se trata de un informe para entender cómo el ejército realizó su misión y qué aspectos de ello fueron mejorables. El informe señala que las fuerzas de seguridad no pueden ganar a una insurgencia por sí mismas mediante campañas militares. Sólo pueden reducir el nivel de violencia a un nivel en el que la vida cotidiana puede desarrollarse sin intimidación y en el que las fuerzas opositoras asumen que no pueden ganar con una estrategia violenta (párrafo 809). Así, “la violencia fue reducida a un grado que le dejó claro al PIRA que no podría vencer mediante la violencia” (párrafo 855).

El informe me ha parecido bastante interesante. Y durante su lectura uno no puede dejar de hacer comparaciones con las misiones presentes de las fuerzas armadas españolas, donde encontramos una enorme rotación de personal y una brecha cultural con las poblaciones locales. El propio informe señala lo difícil que es trasladar lecciones de un conflicto a otro. Y cómo siempre se han de desarrollar soluciones adaptadas a las circunstancias locales. Es irónico pensar que la experiencia británica en Irlanda del Norte le proporcionó al ejército británico un elevado prestigio en materia de guerra irregular, a lo que había que sumar la experiencia de las small wars británicas previas (Malasia, Chipre, Omán,  etc), para concluir en Iraq y Afganistán con lo que los varios autores denominan como derrotas. Véase por ejemplo: Ministry of Defeat: The British War in Iraq 2003-2009 y Unwinnable: Britain’s War in Afghanistan, 2001–2014. Y que conste, dudo que un escrutinio a la experiencia española en ambos países resista el mínimo análisis. De ahí que sólo cabe aplaudir esta clase de ejercicios de autoevaluación.

Las Guerras Toyotas según el teniente coronel Frías Sánchez

Una de las ventajas de escribir para el público español es que uno encuentra un tema relevante, se duerme en los laureles y no viene nadie a pisártelo porque somos cuatro gatos en el mundo de la seguridad y defensa. Pero hay excepciones.

El tema de las “Guerras Toyota” del Chad (1986-1987) me fascinó desde que leí sobre ellas, recién derrotadas las tropas libias, en el suplemento dominical Antena Semanal que acompañaba al Diario de Avisos, el periódico local que se leía en casa. Muchos años después, me encontré un montón de información en un artículo de Tom Cooper en acig.info, que luego terminaría volcada en el libro Libyan Air Wars. Part 3: 1986–1989. Y de ahí, nuevamente a un artículo de Tom Cooper en la revista del ejército austriaco en 2009 titulado “45 years of Wars and Insurgencias in Chad“. Esas y otras lecturas me sirvieron de inspiración para escribir “Swarming en el desierto” allá por 2011 o más recientemente “De la guerra nómada en los océanos de área del Sahel a la guerra en red” en 2018. Mientras tanto, tuve la idea de volcar todo eso en papel en artículo para la revista Ejército del Ejército de Tierra. Pero he ahí que mientras todos esos proyectos dormían en el disco duro, alguien se me adelantó: el tenientel coronel Carlos Javier Frías Sánchez [nota: en fecha posterior a la publicación de sus artículos he visto que ha ascendido a coronel]. Y nada menos que con dos artículos.

Soldados chadianos en la batalla de Fada (enero 1987). (Photo by Raphael GAILLARDE/Gamma-Rapho via Getty Images)

El artículo “La guerra de los Toyota” fue publicado en la revista Ejército nº906 de octubre de 2016.. Fue merecedor del premio al mejor artículo en los premios “Revista Ejército” de 2017. Arranca narrando el ataque chadiano sobre la base libia de Fada el 2 de enero de 1987 y comparándolo con el ataque contra la base de AMISOM en El Adde del 13 de enero de 2016.

A partir de ahí, el artículo explica las Guerras Toyota hablando de movilidad y potencia de fuego, el carácter nómada de las fuerzas y el empleo de tácticas de swarming: la dispersión durante la fase de acercamiento del objetivo para concentrase sólo antes del ataque. El teniente coronel Frías Sánchez menciona que “emplean el terreno como los navíos el mar”, una comparación hecha ya entonces por Lawrence de Arabia, y menciona también los “ataques de decapitación”, aunque sin nombrar el concepto de “rezzou” o “razzia”. Llegados a este punto el artículo no habla ya de “Guerras Toyota” sino de “fuerzas Toyota” para referirse a cualquier conflicto donde se usen vehículos todoterrenos con armas colectivas en la caja trasera. Esto es, los “technicals”.

Y es que estaríamos hablando de dos cosas. Una cosa son las tácticas de guerra nómada, con largos raids a través del desierto del Sáhara o la sabana del Sahel como Chad y Sudán. Y otra cosa es el empleo extendido de todoterrenos civiles con armas colectivas a modo de Fire Support Vehicle. En cualquier caso, el artículo habla de la extensión del uso de vehículos todoterreno 4×4 armados a Mali, Sudán, Somalia y República Centroafricana.

El artículo termina con una reflexión sobre la relevancia de este tipo de tácticas, poniendo como ejemplos la toma del poder en República Centroafricana por parte de la fuerzas rebeldes en 2013 y la rendición negociada de fuerzas sudafricanas el 23 de marzo de 2013 en Bangui. A partir de ahí se pregunta si las fuerzas ligeras que los países europeos están instruyendo en lugares como Mali, República Centroafricana y Somalia para establecer guarniciones y proteger el territorio son las más adecuadas para enfrentarse a las “fuerzas Toyota”.

El segundo artículo del teniente coronel se titula “El tiburón en el mar: los Toyota en el desierto” y fue publicado por la revista Ejército en su número 935 de marzo de 2019. El artículo arranca diferenciando el empleo de “fuerzas Toyota” en lugares como Chad y Mali con su uso en lugares como Kenia y República Centroafricana.

Mercenarios en la Crisis del Congo (1967). Foto vía Reddit.

El artículo no lo menciona, pero el empleo de todoterrenos con armas colectivas no fue algo novedoso en África con la guerra del Chad. Antes de las Toyota Wars, tuvieron lugar los grandes raids del Frente Polisario a finales de los años 70. Y antes de eso, los mercenarios europeos emplearon vehículos Jeep Willys en el Congo en los años 60. Así que su presente uso en lugares tan diferentes como las arenas del norte de Mali, las zonas de sabana de Somalia o el bosque tropical de la República Centroafricana tuvieron antecedentes décadas atrás.

Este segundo artículo vuelve a presentar una caracterización de las “fuerzas Toyota” y de los ejércitos africanos. El planteamiento del teniente coronel Frías Sánchez es que la organización de los ejércitos africanos a imagen y semejanza de los europeos es un error ante la circunstancias locales, ahondando en lo presentado en el artículo anterior. Da bastante que pensar en el caso de Mali.

A continuación habla de la guerra en el desierto y toma las lecciones recogidas por el general alemán Alfred Toppe en una obra publicada por el ejército estadounidense en Desert Warfare: German Experiences in World War II. Llega a la conclusión de que las “fuerzas Toyota” cumplen las recomendaciones y lecciones presentadas por el general Toppe.

Por último, el segundo artículo del teniente coronel Frías Sánchez trata de recoger las flaquezas de las “fuerzas Toyota” con el propósito de poder combatirlas más efizcamente.  A saber:

  • vulnerabilidad ante el poder aéreo
  • vulnerabilidad en el desierto ante los sensores SAR
  • armas de menor alcance que las de los ejércitos regulares (cañones de carro, misiles anticarro, artillería, etc)
  • logística limitada
  • capacidades defensivas limitadas
Sistema SLAR instalado en el lateral de un C-130 marroquí. Foto: Keith C. Svendsen.

Curiosamente el caso del Frente Polisario es mencionado por primera vez en estos dos artículos para hablar del muro construido por Marruecos en el Sáhara Occidental, como ejemplo de estrategia para frenar a las “fuerzas Toyota”. La última recomendación del teniente coronel Frías Sánchez es “la adopción de tácticas ofensivas contra este tipo de fuerzas” y “desarrollar una doctrina específica de combate en el Sahel”.  Así, merece la pena ver a las fuerzas francesas en Níger montadas en Toyota Land Cruiser serie 70 en la frontera de Níger y Mali.

Los dos artículos, que enlacé más arriba, son altamente recomendables. Hay que alegrarse que haya militares españoles que se animen a escribir fuera de los temas habituales y autocomplacientes, animando a hacer una autocrítica de la labor europea en África. Yo por mi parte, veo que todavía merece la pena terminar aquel artículo específico sobre las Guerras Toyota (1987-1988) en Chad que tengo guardado en el disco duro. Y veo que merece la pena ahondar en el estudio de la experiencia histórica del Frente Polisario, que fue anterior a la chadiana y que vemos que en España está pendiente de abordar seriamente desde la historia militar.

“Fauda”, de la segunda a la tercera temporada

Hacer una reseña de la segunda temporada de “Fauda”, la serie de televisión israelí, es una de esas cosas que se me quedó pendiente. Pero luego pasó tanto tiempo desde su estreno en Netflix España que dejó de ser un asunto novedoso y terminé por decidir no escribir al respecto. Sin embargo, este verano llegaron noticias de la tercera temporada. Así que tengo una buena excusa para hablar sobre ella.

Los protagonistas de “Fauda” son los miembros de una unidad militar israelí que trabaja de incógnito en poblaciones palestinas. En el mundo real existen unidades así, tanto en las fuerzas armadas como en la policía de Israel, donde se conocen como unidades “mista’arvim” (“arabizadas” o “que viven entre los árabes”). Y al menos se conoce la existencia de la unidad militar 212 (“Duvdevan”) que opera en Cisjordania.

La primera temporada (aquí mi reseña y aquí la reseña de Eli Cohen) arrancaba con Doran Kavilio, un antiguo miembro de la unidad viviendo con su familia y tratando de sacar adelante una explotación agrícola. Un día le visita un antiguo compañero para contarle que un famoso terrorista de HAMAS, al que se daba por muerto, no sólo está vivo sino que se tiene información de que pretende acudir a la boda de su hermano. Doran se reincorpora a su antigua unidad para una sola misión, que desencadena la espiral de acontecimientos que ocupa toda la primera temporada.

La serie resultó un éxito porque, al contrario de las típica ficción estadounidense, aquí los árabes no eran personajes bidimensionales. La trama mostraba los dos lados de la historia, con personajes palestinos interesantes dotados de motivaciones y trasfondo. De hecho, por lo visto, la serie, ha tenido bastante éxito en países árabes de Oriente Medio como Emiratos Árabes Unidos. Un detalle menor pero importante, por ejemplo, es que unos y otros personajes hablan en sus lenguas nativas. No tenemos, como es costumbre, a personajes árabes hablando con mucho acento de forma caricaturesca. Así que mi recomendación, cómo no, es que se hace imprescindible ver la serie en versión original.

El éxito internacional de la primera temporada de “Fauda” llevó, cómo no, a la producción de una segunda temporada (aquí la reseña de Eli Cohen). Y aquí volvimos a la misma trama argumental. El hijo de uno de los personajes palestinos muertos en la primera temporada vuelve de Siria con ganas de venganza y la intención de crear una célula del Estado Islámico en Cisjordania para organizar un atentado terrorista con muchas víctimas civiles. Nuevamente Doran Kavilio se verá atrapado en una espiral de muertes y violencia que hará que su vida no vuelva a ser la misma.

La segunda temporada tiene todo lo que hizo destacable a la primera. Los israelíes no aparecen retratados como ángeles, vemos torturas y el fin siempre justificando los medios. Los palestinos son personajes complejos. Vemos los equilibrios a los que juegan los miembros de la Autoridad Palestina, los chanchullos asociados a toda lucha armada y a personas que quieren llevar una vida normal ajenos al conflicto. Esa violencia genera una espiral sin fin en la que cada acción genera una reacción y vuelve a iniciar el ciclo.

Sin embargo, esa trama principal en torno a un “súper terrorista” palestino me pareció que cómodamente repetía la fórmula de la primera temporada y me dejaba con la pregunta de cuántas veces la serie iba a contar la misma historia. La respuesta la tenemos en la tercera temporada, que transcurrirá en Gaza y augura novedades.

“Brexit: The Uncivil War” (2019)

“Brexit: The Uncivil War” es una película británica producida para televisión, ofrecida en España por HBO, que cuenta los entresijos de la campaña a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea en su fase final antes del referéndum del BREXIT. Los personajes principales son todos reales y el protagonista es Dominic Cummins, un asesor político interpretado por Benedict Cumberbatch. La construcción del personaje la hemos visto antes: un genio prepotente, arrogante y deslenguado que se sale con la suya. La motivación de Cummins no queda del todo clara. Da la impresión que al personaje le estimula más poder aplicar nuevas ideas en una campaña política, la que sea, que la convicción ideológica.

Cummins sueña con hackear el sistema y dar un gran puñetazo en la mesa del viejo orden político británico. Para ello opta no apelar a la razón, sino a las emociones. Su reto es convertir en algo rompedor el mensaje de abandonar la Unión Europea, que era defendido por los elementos más rancios de la derecha conservadora británica, para hacer frente al mensaje cosmopolita y abierto de la campaña proeuropea.

La película presenta a Cummins captando las preocupaciones de la gente en encuentros informales en bares, en oposición a los tradicionales grupos de discusión de la campaña a favor de la permanencia. Y concluye que hay un malestar de fondo en la sociedad británica por las transformaciones provocadas por la globalización. Así que se marca como objetivo no tratar de llegar a los votantes tradicionales, que están muy polarizados en posiciones inamovibles, sino a la masa desencantada de la política y que nunca vota. Para ello cuenta con el servicio de la startup canadiense AggregateIQ, que le ofrece una base de datos detallada de usuarios de Facebook en la que se han identificado a tres millones de ciudadanos británicos que no votan. Como novedad, Cummins decide gastar un porcentaje elevado del dinero de la campaña en publicidad en Internet muy segmentada con medias verdades y exageraciones, como la llegada de decenas de millones de inmigrantes en una próxima incorporación de Turquía a la Unión Europea.

Da la impresión en la película de que Cummins no estaba muy convencido de que la campaña a favor del BREXIT fuera a tener éxito y que para él el referéndum iba a servir de toque de atención a la clase política, así que era lícito usar toda clase de artimañas. Como si en el fondo el referéndum del BREXIT fuera una enorme prueba de concepto que añadir a su C.V. para aspirar a un trabajo importante. Se le presenta como alguien deseoso sobre todo de demostrar su valía intelectual ante un establishment político que le despreciaba. Al final aparece superado por el resultado de sus acciones. La combinación de Big Data y desinformación resulta una combinación letal para la democracia. De hecho, en la realidad Domimic Cummins se mantuvo alejado de la política después del referéndum. Pero no por mucho tiempo. Es el jefe de gabinete del primer ministro Boris Jonhson.

La película es entretenida. La interpretación de Benedict Cumberbatch nos recuerda a su papel del moderno Sherlock Holmes de la BBC. Y el tema es bastante interesante. De hecho, tengo por ahí un borrador de 2017 con una recopilación de enlaces para una entrada de blog que nunca escribí sobre la otra empresa de Big Data con la que Cummins trabajó: Cambridge Analytica. Pero con esta película me pasa últimamente como con cualquier ficción basada en la realidad. No puedo dejar de pensar cuántas simplificaciones y exageraciones han realizado los guionistas para adaptar la historia al formato en cuestión y presentar una moraleja adaptada al pensamiento mayoritario del momento. La construcción de narrativas donde la versión de ficción se impone sobre la realidad también es un fenómeno contemporáneo a añadir a los temas que trata esta película. En cualquier caso, siempre nos quedará cotejar libros de memorias e investigaciones periodísticas.

“Showdown in Western Sahara” de Tom Cooper & Albert Grandolini

La editorial Helion Books abrió brecha en el terreno de la historia militar con su colección Africa@War, que ya suma más de 30 títulos y luego se extendió a colecciones con temas de Europa, Iberoamérica, Oriente Medio y Asia. Me resulta de agradecer que una editorial asumiera el riesgo de publicar libros de historia militar sobre las Guerras Africanas, más allá del boom bibliográfico de los últimos años sobre las contrainsurgencias sudafricana y rodesiana. Sobre esta última, por cierto publiqué en la revista Ejército el artículo El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana (descargable aquí).

A mí personalmente llegó un momento en la vida que la obsesión por la historia militar de la Segunda Guerra Mundial y un puñado de temas más, de la que muchos aficionados no han salido, me resultó aburrida. Considero la historia militar un repositorio de experiencias al que acudir en busca de referencias y lecciones para el presente. Y considerando la que creo debe ser una seria preocupación estratégica de España por África, que está ahí lado, me parece sumamente relevante entender las guerras africanas. Véase así, previamente, en este blog ““¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?” (01/06/2015), Guerras Africanas (20/05/2019) y “Siguiendo con las guerras africanas” (09/08/2019).

Showdown in Western Sahara Volume 1. Air Warfare Over The Last African Colony, 1945-1975 es un título que ofrece más de lo que promete. No sé si porque los autores cuando idearon el título pensaban en que tendrían suficiente material sobre el papel histórico de la aviación militar en la historia del Sáhara Occidental entre 1945 y 1975 y luego encontraron que no. O bien porque una vez iniciaron el proyecto se encontraron con muchísimas cosas que les resultaron interesante y decidieron desbordar el título. La cuestión es que este libro trata en realidad de la aviación militar en Marruecos, Argelia, Mauritania y el Sáhara desde comienzos del siglo XX al año 1975. Esto significa que nos encontramos una historia de la aviación militar francesa y española en Marruecos desde sus inicios y su papel en la Guerra del Rif (1911-1927), para luego dar un salto a su papel en la Guerra de Ifni (1957-1958) y terminar con la aviación militar española en los últimos años de presencia española en el Sáhara Occidental. Pero también tenemos una historia del nacimiento de la aviación militar de Marruecos, Argelia y Mauritania, con su papel en hitos históricos como la Guerra de las Arenas (1963), el fallido golpe de estado en Marruecos de 1971 y el fallido magnicidio contra Hassan II en 1972, cuando viajaba a bordo de un Boeing 727. En medio, encontramos asuntos como la presencia del Strategic Air Command en Marruecos y las posteriores relaciones de ese país con la Unión Soviética, cuando jugó durante un tiempo a formar parte del bando antioccidental y se dotó de sistemas como el MiG-17 y el T-54.

Como todos los libros de las colecciones @War, este tiene 64 páginas y se presenta en tamaño DIN A4, formato que lo acerca en su apariencia a una revista. Pero a pesar de la profusión de fotos, mapas, tablas y las páginas centrales de perfiles de aviones se trata de un libro denso. Uno de los valores del libro es que los autores non son españoles y vemos aquí un relato desapasionado de la Guerra del Rif, con el uso de la aviación militar contra poblaciones civiles. O vemos las limitaciones de las fuerzas armadas españolas en la Guerra de Ifni, que no fueron meramente materiales sino también doctrinales en materias como el apoyo aéreo cercano. Pero lo verdaderamente interesante y novedoso para mí, obviamente, fue el relato del nacimiento de las fuerzas aéreas de Marruecos, Argelia y Mauritania. En el caso marroquí, los fallidos intentos de golpe de estado y magnicidio explicarían la desconfianza del trono hacia las fuerzas armadas del país, algo de lo que siempre leí pero nunca vi explicado.Y me pareció también bastante interesante el relato de ese período de tiempo en el que un Marruecos independiente fue cercano al bloque soviético y fue cliente de su industria de armamento.

Mención aparte merecen las tesis del libro que me resultaron novedosas: que desde España se apoyó el nacionalismo marroquí en el territorio del protectorado francés y que el Ejército de Liberación que provocó la Guerra de Ifni no tuvo el apoyo de recién nacido estado marroquí. En el primer caso no queda claro qué ganaba España con ello, más allá de malmeter contra Francia. Son la clase de hitos que se suman a la tolerancia a la actividad del OAS en España y que según algunos explicaría la posterior pasividad francesa contra ETA. Cierto o no, la cuestión es que este tipo de libros aportan tesis y puntos de vista que amplían la visión de las cosas.

Como conté hace poco, pregunté a uno de los coautores por la segunda parte. Abordará nuevamente sólo los aspectos de la aviación militar pero del período 1975-1991, centrándose en la Guerra del Sáhara. Esto es, el enfrentamiento de Marruecos y el Frente Polisario del que todavía está pendiente un buen relato desde la historia militar. Este par de libros además podría tener un spin-off con un libro específico sobre el Sáhara español en el período 1970-1976 y del que sería autor un servidor de ustedes. Pero desde luego ahora mismo no sé si tengo el tiempo y el ánimo para escribir esas 40.000 palabras en inglés.

Siguiendo con las guerras africanas

Hace tiempo vi que la editorial británica Helion Books iba a publicar un libro sobre el Sáhara Occidental en su colección Africa@War, de la que ya he hablado en este blog antes. Véase mi reseña de Biafra. The Nigerian Civil War, 1967-1970 de Peter Baxter, por ejemplo. En este caso me llamó la atención el título: Showdown in Western Sahara Volume 1. Air Warfare Over The Last African Colony, 1945-1975Contacté con uno de los coautores, Tom Cooper, para preguntarle por el Volumen 2. Si el primero trataba la guerra aérea, quería saber si el segundo trataría el componente terrestre de la Guerra de Ifni (1957-1958) y la salida española del Sáhara. Me contestó que no, que le segundo trataría nuevamente del componente aéreo pero de la Guerra del Sáhara Occidental (1975-1991). Intercambiamos varios mensajes. Me mostró su interés por encontrar autores que publicaran en inglés sobre historia militar española. Por ejemplo, la Guerra del Rif. Yo en cambio le conté que me parecía más interesante estudiar la acumulación de fuerzas, la modernización y el despliegue de las fuerzas armadas españolas en el Sáhara Occidental en el período 1970-1976, durante el cual apareció el Frente Polisario en 1973, tuvieron lugar fallidas infiltraciones militares marroquíes como la de Mahbes y finalmente los acontecimientos posteriores a la Marcha Verde marroquí llevaron a la definitiva salida española del Sáhara Occidental en 1976.  Su conclusión fue que dado mi nivel de inglés y mi interés por el tema, ¿por qué no escribía yo ese libro? Me dejé liar y terminé haciendo un organigrama del libro, que iba a tener unas 40.000 palabras. Pasó el tiempo y me vi abrumado por la tarea, porque suponía convertirme en experto de un tema en muy poco tiempo.

Dejé olvidado el proyecto y me volví a cruzar con el asunto leyendo y reflexionando sobre las “guerras africanas”, tema al que llevo dándole vuelta hace años. Véase “¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?” (01/06/2015) y “Guerras Africanas” (20/05/2016). No sé dónde ni en qué momento me encontré un artículo donde el autor planteaba el despliegue de los futuros vehículos 8×8 del Ejército de Tierra español en el Sahel. Y me imaginé que el siguiente paso a tal idea en España sería proponer, ante la novedad, una doctrina de empleo ex novo. Mucho me temía que alguien trataría de inventar algo que reflexionó, experimentó y puso en práctica hace mucho tiempo en otra parte.

Resulta que los ecosistemas se presentan en ambos hemisferios como un espejo. Así encontramos zonas gélidas en ambos polos y zonas áridas en torno a ambos trópicos. Y de la misma manera que en el Sahel es una sabana de transición entre la franja de selva tropical y el desierto del Sáhara, encontramos en el África meridional otra sabana entre la selva tropical y el desierto que se extiende por Namibia, Bostwana y el sur de Zimbabue.

Biomas terrestres clasificados según vegetación. Fuente: Wikipedia.

Namibia era una antigua colonia africana de Alemania que, en el momento de la disolución del Imperio Alemán, al término de la Primera Guerra Mundial, fue entregada a Sudáfrica en una figura jurídica peculiar de fideicomiso. Sudáfrica debía administrar la llamada entonces África del Sudoeste hasta que se dieran las condiciones para alcanzar la plena soberanía. A la Sudáfrica del apartheid le pareció que aquellas circunstancias no se iban a dar nunca y terminó por anexionarse el territorio de facto. En el contexto de la ola descolonizadora en África que dio lugar a un buen número de conflictos, apareció en la actual Namibia la South West Africa People’s Organization (SWAPO), formada principalmente por miembros del grupo étnico ovambo.

Sudáfrica y sus aliados locales, formados por miembros de otros grupos étnicos como los bosquimanos, se enfrentaron a la insurgencia del SWAPO en un terreno extenso, semiárido, cálido, de baja densidad de población y cubierto de matorral. Las fuerzas sudafricanas perseguían a los insurgentes en largas cabalgadas por el matorral namibio en “columnas volantes” de vehículos de ruedas. La respuesta de la insurgencia namibia fue emplear minas anticarro de origen soviético en incursiones lanzadas desde sus bases angoleñas, lo que llevó a Sudáfrica a implicarse más y más en la guerra civil de ese país. Véase, por ejemplo, mi reseña de The Battle of Cuito Cuanavale de Leopold Schultz.

Ratel 90 en primer plano con varios Ratel 20 detrás

Para las fuerzas sudafricanas la guerra móvil sobre vehículos de rueda no era más que una actualización de las tácticas boer de guerra de maniobra a caballo que habían empleado en el teatro del África meridional durante la Primera Guerra Mundial y luego con vehículos a motor en la Campaña de África Oriental (1939-1940) durante la Segunda Guerra Mundial. Para ello, desarrollaron un vehículo 6×6 duro y austero, adaptado a la sabana namibia: el Ratel. Además, la industria sudafricana desarrolló vehículos a pruebas de minas anticarro, con un centro de gravedad alto y un casco con forma de “V”. El directo antecesor de lo que hoy conocemos como MRAP.

A la doctrina autóctona de guerra móvil, actualizada con el uso del vehículo a motor, se suma el desarrollo de una doctrina de contrainsurgencia en el que confluyeron varias experiencias: la experiencia británica durante la Emergencia Malaya y la Revuelta Mau-Mau, la experiencia portuguesa en Angola y la experiencia rodesiana. Sobre esta última escribí: “El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana”.

Biblioteca mínima en la que falta el libro de Barlow sobre “Composite Warfare”, que lo tengo en Tenerife, y un libro sobre la Campaña de África Oriental (1940-1991), pendiente de comprar.

La cuestión es que ha habido una auténtica explosión bibliográfica de autores sudafricanos sobre todo estos temas. Un día calculé que los libros básicos que había identificado sumaban 2.500 páginas. Desde entonces la lista ha crecido. Sólo el libro sobre la unidad pionera en emplear el vehículo Ratel tiene 1.072 páginas aproximadamente. Así que se desmadró por completo mi propósito inicial de hacer un artículo para que nadie en España tuviera la ocurrencia de querer inventar una doctrina de guerra móvil motorizada en un terreno cálido y semiárido poco poblado para enfrentar a una fuerza de insurgencia que emplea minas anticarro (o en su defecto IED). Aprendamos de la experiencia sudafricana en Namibia antes de lanzarnos a Mali, era mi idea.

Llegó el día de darme cuenta que no tenía sentido leer tanto para un artículo de 3.000 palabras. Y más considerando el ritmo al que estoy leyendo con mi actual disponibilidad de tiempo libre. Así que pasé al otro extremo. Decidí hacer un artículo resumen hablando del concepto de “Guerras Africanas”: guerra móvil y guerra nómada. Iba a ser un tótum revolútum de sudafricanos en Namibia, polisarios cabalgando sus Land Rover Santana cientos de kilómetros hasta la capital mauritana, chadianos lanzando sus Toyota Wars contra Libia y Francia aplicando la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” en Mali en 2013. Calculé cuánto espacio iba a tener para explicar cada cosa y resultaba ridículo. Así que llegué a un compromiso conmigo mismo. Escribiría un artículo sobre la experiencia sudafricana, sí. Pero sin esperar a leerlo todo. Dividir las 3.000 palabras en explicar la historia, el entorno físico, los medios y la doctrina, a lo que se sumaría introducción y conclusiones, suponía un nivel de profundidad acorde con mis conocimientos generales actuales. Se trataría de dejar reflejado en papel todo esto, en vez de acumular ideas dispersas en el blog.

Ilustración en la revista Defensa (nº39 mayo 1981) para un artículo de Arturo Pérez-Reverte.

Para colmo, tras tantos años de trazar planes en el aire alguien se me adelantó en la revista Ejército con sendos artículos sobre el concepto “Toyota Wars”. En realidad, ninguno explicaba detalladamente el contexto y la fase final de la guerra del Chad a finales de los años 80. Así que quedaba margen para que yo abordara el tema. Pero había algo que me daba vueltas la cabeza. ¿Cómo es que hablamos de las “Toyota Wars”, la adaptación chadiana de las tácticas de guerra nómada sahariana a la guerra motorizada, como fenómeno novedoso cuando los saharauis del Frente Polisario habían sido los pioneros diez años antes? Quizás la respuesta es que tengamos una montaña de libros escritos sobre el Sáhara Occidental desde la más amplias de las perspectivas: histórica, periodística, activista, sentimental, literaria, etc. Pero no contamos con referencias que aborden con detalle la parte estrictamente militar del conflicto. Poco a poco la idea de un artículo sobre la guerra nómada y las “Toyota Wars” empezó a convertirse en mi cabeza en una aproximación al tema de la Guerra del Sáhara Occidental. La conexión me la había proporcionado Tom Cooper hace muchos años, poniéndome en la pistas del concepto “rezzou” (razzia). Quizás no encontrara obras de referencia sobre las formas saharauis tradicionales de hacer la guerra, pero sí referencias en el mundo francófono al respecto de Chad y otras colonias africanas. Así que la preparación de ese artículo sobre las “Toyota Wars” en el Chad de la segunda mitad de los año 80 se convirtió en una trabajo preliminar que me ayudaría a entender el conflicto del Sáhara. ¿Escribiré ese libro? No lo sé. Pero ahora mismo lo que me importa es ir haciendo el camino sin preocuparme del destino.

Anteriormente:

“De la guerra nómada en los océanos de arena del Sahel a la guerra en red” (23/09/2018)

“De las guerras nómadas a las Guerras Toyota” (13/02/2018)

¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?” (01/06/2015)

Guerras Africanas” (20/05/2016).

“Swarming en el desierto” (03/01/2011)