Siria (3): Recapitulando sobre el ataque

Dediqué la primera parte al ataque con armas químicas en Duma y la segunda parte a la respuesta conjunta de Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Quedaba hacer una valoración personal sobre lo sucedido. Pero creo que ya está casi todo dicho a estas alturas. Es más, creo que de todo el asunto del ataque del régimen y la respuesta occidental lo relevante es ahora mismo la movilización de hordas de tontos útiles al servicio del Kremlin y Bashar Al Assad. Pero eso es ya un tema de fondo en la Nueva Guerra Fría.

La impresión general es que el ataque sobre las instalaciones vinculadas con el programa de armas químicas sirio ha sido bastante paripé. Andrea Rizzi afirma en El País que “el fin de los aliados occidentales parece principalmente estético”. Se trató según él de un ataque de cara a la galería para mostrar que la Casa Blanca está dispuesta a cumplir su palabra de castigar el empleo de armas de destrucción masiva. Y esa es la impresión que nos queda. Que fue un ataque descafeinado en un contexto demasiado complicado para que la Casa Blanca quisiera o pudiera implicarse a fondo. En este caso, el presidente Trump simplemente trató de demostrar su voluntad de castigar cualquier usuario de armas químicas. Lo cual, en un mundo crecientemente multipolar, coloca a Estados Unidos en una situación complicada. ¿Realmente cumplirá esa amenaza en todo lugar y circunstancia? ¿Aunque eso le haga chocar con Rusia hoy pero con China mañana? Pensemos en las noticias de que se usaron armas químicas en la provincia sudanesa de Darfur en 2016.

El carácter descafeinado del ataque tuvo que ver también con que fue algo bastante anticipado. El presidente Trump terminó haciendo precisamente algo de lo que acusó al presidente Obama: de telegrafiar sus golpes. En el momento en que cayeron los misiles sobre el centro de investigación en Barzeh, al norte de Damasco, el personal especializado y los discos duros seguro estaban a buen recaudo. Tobias Schneider apuntaba además en Twitter que el centro de investigación atacado no estaba relacionado con el desarrollo de armas químicas basadas en cloro, como las usadas en el reciente ataque en Duma. Así que su elección fue más bien simbólica.

Podemos especular también sobre el resultado limitado del ataque a los supuestos almacenes de armas de destrucción masiva del régimen sirio, que es fácil imaginar fueron retiradas de sus almacenes, dispersadas y escondidas. David E. Sanger y Ben Hubbard recogieron en el New York Times el escepticismo del propio Pentágono sobre la limitada efectividad del ataque. Si el propósito del ataque era disuadir al régimen sirio de usar armas químicas, sospecho que no ha quedado muy escarmentado.

La clave fundamental y evidente para entender por qué el gobierno de los Estados Unidos limitó sus objetivos y la contundencia de su ataque es la presencia de tropas rusas en Siria. Claramente se trató de evitar bajas entre el personal militar ruso presente en Siria. Vimos hace poco que el Kremlin prestó poca importancia, aparentemente, a la muerte del personal de la empresa militar privada rusa Wagner en Siria. Pero hubiera sido muy diferente su reacción de haber muerto personal militar ruso en servicio. La cuestión es saber si hubo comunicación vía el “teléfono rojo” entre Moscú y Washington. Reuters informó, citando una fuente anónima siria, que incluso había llegado un aviso ruso para que se evacuaran bases. Eso podría explicar, en parte, que las defensas antiaéreas rusas no intervinieran la noche del ataque y sólo se menciona a las defensas sirias. ¿Hubo acuerdo entre las partes?

Por último, he visto que alguno ha insistido en la ilegalidad del ataque por la ausencia de aprobación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde Rusia ejerce su derecho de veto para proteger al régimen sirio. Creo que este es un buen ejemplo del mundo multipolar que nos espera y que tantos anhelaban tras el 11-S por lo que consideraban entonces una peligrosa hegemonía de la “hiperpotencia solitaria”.  Un mundo multipolar no significa un mundo más democrático porque más potencias tienen voz. Significa un mundo donde los gobiernos amigos de Moscú y Pekín pueden cometer atrocidades que quedarán impunes.

Como dije el principio, casi lo más interesante de todo esto es ver cómo la maquinaria de propaganda se ha puesto en marcha y las redes sociales se han llenado de mensajes repitiendo los argumentarios creados en Moscú y Damasco que con tanto entusiasmo se repiten en España.

Siria (2): La respuesta occidental

La semana pasada la comunidad OSINT de Twitter estuvo pendiente de los movimientos de los medios aéreos estadounidenses. Pudimos ver el cruce del Atlántico de un KC-10 y del viaje de varios KC-135 de Reino Unido hacia Oriente Medio. El jueves día 11 cesó toda actividad sospechosa. Como alguien recordó, es justo cuando no pasa nada cuando suceden los ataques militares.

Las alarmas saltaron ese día con el mensaje del presidente Trump vía Twitter. Visto después de lo sucedido, queda claro que estaba entusiasmado con la perspectiva de probar por primera vez en combate los nuevos misiles AGM-158 JASSM. Trump hizo precisamente lo que le criticó al presidente Obama en 2013.

Finalmente los ataques tuvieron lugar en la madrugada del sábado 14 de abril. Participaron medios aéreos y navales de EE.UU., Reino Unido y Francia. Los objetivos alcanzaron fueron tres: un centro de investigación sobre armas químicas cerca de Damasco y dos almacenes en la provincia de Homs.

Imagen: defense.gov

Las siguientes unidades de la armada de los Estados Unidos participaron en el ataque, según declaró en una rueda de prensa Dana White, jefa de portavoces del Pentágono.

-El crucero CG-61 USS “Monterey”, clase “Ticonderoga”, disparó 30 misiles de crucero Tomahawk desde el Mar Rojo.

-El destructor DDG-58 USS “Laboon”, clase “Arleigh Burke”, disparó 7 misiles de crucero Tomahawk desde el Mar Rojo.

-El destructor DDG-76 USS “Higgins”, clase “Arleigh Burke”, disparó 23 misiles de crucero Tomahawk desde el norte del Golfo Pérsico.

-El submarino nuclear SSN-785 USS “John Warner”, clase “Virginia”, disparó 6 misiles de crucero Tomahawk desde el Mar Mediterráneo.

Además, participaron en el ataque dos bombarderos B-1 Lancer operando desde Qatar, que lanzaron 19 misiles JASSM.

En la rueda de prensa, la jefa de portavoces Dana White especificó también la participación británica y francesa.

-La fragata francesa D653 “Languedoc”, clase FREMM, disparó tres Missile de Croisière Naval (MdCN), versión naval del misil SCALP.

-Aviones de combate Tornado y Tyhpoon de la Royal Air force lanzaron un total de ocho misiles Storm Shadow, denominación británica del misil SCALP.

-Aviones de combate Mirage 2000 y Rafale franceses lanzaron un total de nueve misiles SCALP.

En la operación militar intervinieron muchos otros aviones realizado misiones de abastecimiento en vuelo, mando y control, inteligencia y escolta. En las siguientes horas hubo varios movimientos de aviones y drones, tal como el blog The Aviatonist recogió en “Everything We Know (And No One Has Said So Far) About The First Waves Of Air Strikes On Syria“. Su labor entonces fue posiblemente la evaluación del éxito de la operación. Es de destacar que dos KC-135 despegaron desde la base aérea de Zaragoza, en un despliegue temporal desde su base habitual en el Reino Unido.

Los tres objetivos fueron atacados con un total de 105 proyectiles, que entraron en el espacio aéreo sirio desde sur, este y oeste. No hace falta mirar un mapa para entender que los misiles disparados por los aviones y unidades navales estadounidenses sobrevolaron el espacio aéreo de naciones aliadas en la región. El empleo de misiles de crucero y largo alcance (stand off) implica que no hubo necesidad de entrar en el espacio aéreo sirio para dispararlos.

En la rueda de prensa del Pentágono se dijo que las defensas antiaéreas sirias habían disparado unos 40 misiles, muchos de ellos en trayectoria balística y cuando ya el objetivo había sido alcanzado. La versión rusa es que, al contrario, las defensas aéreas sirias derribaron 71 de 103 misiles lanzados.

Después de los ataques, hemos podido ver imágenes de las instalaciones sirias atacadas. Algunas obtenidas por medios de reconocimiento y otras hechas sobre el terreno. El centro de investigación de Barzeh fue alcanzado por 57 misiles estadounidenses. Antes del ataque, estaba formado por tres complejos de edificios.

Imagen: defense.gov
Centro de investigación de armas química en Barzeh, cerca de Damasco. Foto vía Veli-Pekka Kivimäki.
Comparación del lugar con una imagen previa. Foto: Digital Globe vía Veli-Pekka Kivimäki.

Podemos ver también en las imágenes del “antes y después” que ningún edificio de los alrededores fue alcanzado a pesar del trabajo de demolición hecho por decenas de misiles. Si alguno de los misiles hubiera sufrido problemas o se hubiera desviado por un impacto de un proyectil de las defensas antiaéreas de tal forma que hubiera terminado impactado en otra parte está claro que los medios de información sirios y rusos lo habrían mostrado.

Imagen: defense.gov

Según el Pentágono, es el único de los tres objetivos que se considera dañado pero no destruido. En la imagen de arriba a la derecha puede verse el impacto de un misil alejado del resto de edificios. Quizás sea un misil SCALP francés el que falló y por eso se habla de 9 y no 10 de misiles.

Almacén a 20km. al oeste de Homs después del ataque. Foto DigitalGloba vía Christiaan Trebiert.
Mismo almacén tras el ataque. Foto DigitalGlobe vía Christiaan Trebiert.

Este almacén al oeste de Homs fue alcanzado por una combinación de misiles Tomahawk y misiles SCALP en sus variantes SCALP/Storm Shadow lanzada desde aviones y MdCN lanzada desde buque.

Por último, el tercer objetivo alcanzado fue identificado como un almacén de armas químicas y centro de mando ubicado a 15km. al oeste de Homs. Fue alcanzado por misiles SCALP.

Imagen: defense.gov
Objetivo alcanzado a 15m. al oeste de Homs. antes del ataque. Foto vía Christian Trebiert.
Objetivo alcanzado a 15m. al oeste de Homs. después del ataque. Foto vía Christian Trebiert.

Vista la información disponible sobre el ataque con armas químicas y la respuesta occidental, en la tercera y última parte abordaré las valoraciones hechas.

Siria (1): El ataque con armas químicas en Duma

El pasado día 6 de abril el grupo yihadista Jaish Al Islam (Ejército del Islam) anunció su disposición a negociar con Rusia la entrega de la localidad de Duma, localizada en una bolsa al este de Damasco en poder de los grupos armados enfrentados al régimen sirio. Al parecer, la cuestión que impedía llegar a un acuerdo era la aspiración de los yihadistas de abandonar Duma y ser trasladados a la provincia de Idlib sin entregar armas y bagajes. Esto último no debía de hacer ninguna gracia al régimen. Entonces, al día siguiente en Duma tuvo lugar un ataque con armas químicas.

Un equipo de Bellingcat, el colectivo de analistas OSINT, publicó un análisis de los vídeos disponibles que muestran el resultado del ataque. También vídeos de la visita posterior al lugar de personal ruso. Tras cotejarlos lograron geolocalizar el sitio: un área cercana a la Plaza de los Mártires de Duma. Uno de los vídeos muestra un cilindro amarillo, el posible vector del ataque y que coincide con casos anteriores.

Las armas químicas han sido usadas repetidamente en el conflicto sirio, siendo lanzadas principalmente  por las fuerzas de régimen desde aviones y helicópteros. Sobre el tema véase por ejemplo el informe “Death by Chemicals” publicado por Humans Right Watch el 1 de mayo de 2017. Sobre cómo la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas ha estudiado y documentado ataques con cloro en Siria véase la siguiente noticia en The Guardian de enero de 2015: Investigators confident that chlorine gas was used as weapon in Syria”.

El jueves 12 Vanessa Vallejo me entrevistó sobre el ataque con armas químicas en Siria y los intereses geopolíticos de fondo para la versión en español del Panam Post: “¿Cuál es el interés de EEUU y Rusia en Siria?”.

En la segunda parte hablaré de los ataques liderados por Estados Unidos.

De cómo los comunistas españoles le compraron el discurso a la ultraderecha

Conversaba el otro día en Madrid con Yago Rodríguez, entre otra cosas colaborador de la revista Ejércitos, sobre la dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría. Él no lo veía claro y apuntaba a lo que yo me encontré allá por 2014. Que era más fácil definir al otro bando por negación a Occidente. Han pasado varios años desde entonces y poco a poco va resultando más fácil de entender los rasgos comunes del nacional-populismo que uno encuentra en la Rusia de Putin pero también en la Argentina de Cristina Fernández de Kirchner. Mientras tanto, en Europa, sucede un fenómeno peculiar del que hace poco hablaba aquí: la convergencia ideológica de ultraizquierda y ultraderecha en torno a temas centrales de la Nueva Guerra Fría, como son Ucrania y Siria pero también las relaciones Euro-Atlánticas o la construcción europea.

Mi reciente aproximación al tema surgía de casos puntuales de comunistas y radicales de izquierda con puntos de vista sobre la inmigración o el feminismo que los hacía indistinguibles de la alt-right. Me parecían un síntoma de algo más profundo. Y “Millán Fernández” me hizo anoche una aportación valiosísima. Resulta que alguien se había molestado en redactar un documento que mostraba cómo la Plataforma Global Contra las Guerras, a fuerza de coincidir con la ultraderecha española en críticas a Estados Unidos y la OTAN a cuenta de la guerra de Siria, había terminado asumiendo su discurso. Vean el siguiente evento coorganizado por el Partido Comunista de Madrid en Carabanchel y la Plataforma Global Contra las Guerras en febrero de 2017.

La vieja idea de que ultraizquierda y ultraderecha compartían discurso sobre la economía global, el eje-euroatlántico, Putin e Israel en el contexto de la Nueva Guerra Fría pero en cambio les separaba una brecha entorno a la inmigración empieza a dejar de ser verdad. Ahora sólo falta que la ultraderecha española se presente con alguna etitqueta del tipo “nacional-revolucionarios” para que los comunistas dejen de avergonzarse de su nueva amistad.

Profundizando en la convergencia ideológica de la Nueva Guerra Fría

Cuando en 2014 la Nueva Guerra Fría encajó en mi cabeza yo mismo me sorprendí de lo que anticipaba el esquema de la realidad que iba tomando forma ante mí. En el plano geopolítico, aparecía un bloque formado por Rusia y sus aliados en Oriente Medio. Pero me surgían dudas, ¿si Rusia es aliada de Irán lo terminaría siendo de Hezbolá? Años después, la realidad respondió a mis dudas. Rusia intervino en Siria del lado de Irán y Hebzolá. Simbólicamente, SpetNaz rusos aparecieron en Alepo con el parche de Hezbolá en el hombro.

Otra cuestión sobre Oriente Medio era que Arabia Saudita e Israel eran dos grandes aliados de Estados Unidos en la región pero, en teoría, enemigos. Mi intuición es que ante el enemigo común iraní, superarían diferencias. El mes pasado Air India anunció que había recibido el permiso de las autoridades saudíes para que su vuelo Nueva Delhi-Tel Aviv sobrevolara su espacio aéreo, reduciendo el viaje en dos horas. No es difícil imaginar que otras muchas medidas de deshielo entre los dos países se han tomado a puerta cerrada.

Pero sin duda, el aspecto más controvertido del concepto de Nueva Guerra Fría es la dimensión ideológica. Autores como Mila Milošević afirman, precisamente, que no existe una Nueva Guerra Fría porque falta una ideología antagónica a la democracia liberal occidental y la economía de mercado. Volveré sobre esto pronto. Yo creo que es fácil entender que ese papel lo cumple el nacional-populismo. Pero hay un obstáculo para la aparición de una ideología coherente y fácilmente identificable: la transversalidad del nacional-populismo. Pero es fácil resolver el escollo prescindiendo del eje izquierda-derecha para tomar otros. Precisamente, en España nos hemos hartado de escuchar que PP y PSOE “son lo mismo”. Así que si lo damos por bueno, no es tan difícil entender que Podemos y el Front National francés “son lo mismo”. Son partidos anti-establishment que quieren un Estado más intervencionista y una economía más estatalizada. Recelan de la UE y el libre comercio. Y comparten el deseo de realinear Europa lejos de Washington y más cerca de Moscú. Como decía el profesor Jorge Verstrynge, la principal diferencia entre Podemos y el Front National era la postura sobre sobre inmigración.

Llevamos años viendo a ultraderecha y ultraizquierda intercambiando narrativas sobre asuntos como la crisis ucraniana o la intervención rusa en Siria. De hecho, como he señalado varias veces, medios y activistas de izquierdan no han tenido reparos de compartir convocatorias o artículos de organizaciones y personajes de la ultraderecha. Mientras que cierta  ultraderecha reivindica a Chávez, “ese fascista de izquierda”. Los comunistas españoles que fueron de voluntarios a Ucrania Oriental para sumarse a las filas prorrusas compartieron unidad con los ultraderechistas franceses de Unión Continental. Y el asunto generó entre zarpullidos y discursos justificativos. Pero es curioso cómo se va abriendo paso esa convergencia ideológica.

El “proyecto de desobediencia informativa” La Haine publicó recientemente “Desmontando la industria de las ONGs feministas”. El artículo afirma que las ONG humanitarias trabajan en coordinación con la OTAN y sus políticas de intervencionistas. Causas como los Derechos Humanos y el feminismo son las excusas empleadas por personajes como George Soros para apoyar a movimientos y medios, como es el caso del español El Diario, que dividen a la izquierda y contribuyen al mantenimiento del statu quo. El artículos se extiende criticando la perspectiva de género y las políticas públicas sobre el tema con un discurso familiar. Me llamó la atención a este párrafo:

La ONG Red Acoge, no tiene ningún programa específico para mujeres pero goza del “extraño” favor del Instituto de la Mujer quien le subvenciona con 21.560,12 euros por su política favorable a la inmigración descontrolada, instigada por EEUU y sus mariachis europeos, que está convirtiendo el continente europeo en un desastre sin igual, lo que está garantizando que el crecimiento de la ultraderecha y el neonazismo sean cada vez mayores en Europa.

Juraría que es la primera vez que leo la teoría de que la inmigración en Europa es instigada por Estados Unidos. Pero esa visión apocalíptica de una Europa que es “un desastre sin igual” me resulta bastante conocida. Viene de la ultraderecha Y no es la primera vez que lo veo en boca de alguien pretendidamente de izquierdas. Aquí un nostálgico de la RDA:

Así que ya ven. El feminismo o la inmigración han caído como obstáculos ideológicos que diferenciaban la ultraizquierda y ultraderecha. Su convergencia no es un fenómeno exclusivamente español o europeo. Vean la siguiente aproximación densa a la cuestión en “The multipolar spin: how fascists operationalize left-wing resentment”. Tanto compartir posturas en torno a Ucrania y Siria, que sus autores y medios empiezan a ser intercambiables.

Ignota Rusia

Este fin de semana tuvieron lugar las elecciones presidenciales en Rusia. No hubo sorpresas. “Está todo bajo control” me dijo alguien con quien comenté el asunto hoy lunes. Pero no siempre es así. La mayoría de veces la gente anda bastante perdida de cómo funcionan las cosas en Rusia. Me refiero a los pucherazos electorales, los candidatos alternativos de cartón piedra, el partidismo de los medios de comunicación públicos y el acoso a la oposición. Y cuando hablo de acoso me refiero desde asesinatos a sangre fría, como el caso del político Boris Nemtsov, hasta triquiñuelas como las presiones a los dueños de los locales alquilados por la oposición en ciudades de provincia que obligan a suspender el acto de campaña a última hora.

En abril de 2014 publiqué una reseña conjunta de tres libros que me descubrieron la Rusia de Putin. Ninguno ha sido traducido al español. Como ha sucedido con la inmensa mayoría de los libros que he leído en estos últimos años sobre el tema, con la excepción de Nothing Is True and Everything Is Possible de Peter Pomerantsev, retitulado en España como La Nueva Rusia. La verdad es que se publica muy poco sobre la Rusia actual en España. Y entre lo poco que se publica uno encuentra libros directamente filoputinistas como El nuevo imperio ruso de Sergio Fernández Riquelme o Rusia en la larga duración de Samir Amin.

El domingo por la noche visité la librería La Central en Madrid. Encontré libros sobre Boko Haram o las Primaveras Árabes. Pero sobre la Rusia actual, nada. Eso sí, allí había una mesa llena de libros sobre la Revolución Rusa y el papel de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. Es algo habitual. Pero me sigue pareciendo curioso que se publique tanto sobre la Unión Soviética y tan poco sobre Rusia. No sé si es síntoma del desinterés por la Rusia actual o causa de poco conocimiento sobre ella.

Publiqué el domingo la foto anterior en Twitter y se le atragantó a algún tuitero con problemas de comprensión lectora. Nótese en el siguiente tuit, que me atribuyen el pecado nefando de rusofobia, el nuevo término con el que se designa el crimenpensar de los que no simpatizamos con Putin.

 

 

Crónica provisional de los meses locos de Cataluña.

No me acuerdo en qué momento fue, pero recuerdo comentar con alguien que a una persona catalana que ambos conocíamos se le había ido por completo la pinza. Le veíamos compartir indignada en redes sociales cualquier tontería que dijera sobre Cataluña algún personaje público. La verdad es que uno, en el fondo, ya está acostumbrado a que periodistas de la caverna y figuras locales del Partido Popular digan tonterías. Forma parte del paisaje político de España. Y si uno conoce otro países, sabe que hay gente así en todas partes. Pero por lo visto era España entera la que odiaba Cataluña y aquellas tonterías sólo un síntoma. Se repetía la consigna de “no nos vamos, nos echan”. España quedaba reducida para los independentistas a todo lo cutre, casposo, carca y facha. Era como si España se redujera a Torrente, las corridas de toros y Bárcenas mientras que Cataluña era Antoni Gaudí, Pau Casals y el World Mobile Congress.

Veíamos a esta persona anticipar con regocijo que España iba a tener un amargo despertar cuando el gran plan se pusiera en marcha. Mientras tanto, compartía fotos de actos multitudinarios y gente festiva con banderas con ese mismo fino sentido del humor de la gente que comparte un vídeo de la Legión desfilando con la cabra y comenta “que se jodan los podemitas”. Por lo visto, en el resto de España sufríamos mucho viéndoles festejar y celebrar.

Así que llegamos al otoño de 2017. Creo que la sensación que teníamos todos en el resto de España era que en el fondo el Procés era un paripé y que, al final, Rajoy y Puigdemont lo iban a solucionar como siempre: con cambios en la financiación autonómica que pusiera más dinero en la Generalitat. No sé cuánta gente del gobierno central pensaba igual. Ya conté aquí que alguien me dijo que todo estaba bajo control y no iba a tener lugar el referéndum del 1 de octubre. Ya sabemos cómo terminó la cosa. Hice mi análisis en “El desastre del 1 de octubre”“El 1 de octubre en Cataluña y las Guerras de Cuarta Generación”.

La imagen internacional de España quedó por los suelos aquel día. Alguien me comentó “no pasa nada, las editoriales de los principales diarios apoyan al gobierno español”. Poco después oí el mismo argumento a una ministra del gobierno. Supongo que la frase salió de algún argumentario o lo dijo alguien en la COPE. Parece que nadie hubiera sacado ninguna lección del uso de redes sociales en los conflictos recientes. Habían perdido la batalla de la narrativa.

Por aquellos días varios lectores catalanes me dijeron en Twitter que no entendía lo que pasaba porque yo no estaba allí. Querían decir, claro está, que pensaban que si yo hubiera estado viviendo en Cataluña hubiera simpatizado con el Procés. Alguno comentó incluso que yo escribía habitualmente cosas interesantes, pero que en el tema catalán se notaba que estaba sometido a servidumbres. Supongo que si no critico al independentismo catalán, Soraya no me manda el cheque a fin de mes. La verdad, como ya todos sabemos, es que te puedes sumergir en la realidad política de un lugar vía Internet. Leía la prensa catalana y seguía de cerca un montón de perfiles en las redes sociales para captar el estado de ánimo. Cuando miraba los medios y leía lo que decía gente del resto de España me quedó claro que no se habían enterado lo que estaba pasando allí.

El lunes 2 de octubre fue el primer día que estuve realmente preocupado. Una parte de la sociedad catalana había desconectado mentalmente de España tras las conmoción mediática del domingo día 1. Se había hablado de movilización de tractores el día del referéndum. Y ahora había manifestaciones a la puerta de cuarteles de la Guardia Civil. Sólo faltaba que alguien perdiera los nervios para que ocurriera una desgracia que encendiera la chispa. Me fui a la cama mandando mensajes a personas conocidas diciendo que todo me recordaba a Eslovenia 1991: bloqueo de vías de comunicación y cuarteles militares rodeados.

La huelga del día 3 sirvió para desinflar la tensión y como jornada de exaltación independentista. Tuvimos un mensaje del Rey que no sirvió para nada y luego la proclamación de independencia con inmediata suspensión. Una catalana con la que había coincidido alguna vez en Madrid, y a la que no hace mucho había redescubierto vía las redes sociales, contaba en su blog que en el resto de España no entendíamos que los independentistas eran la mayoría social. Otro conocido catalán no paraba de mostrar su hilaridad ante cualquiera que hablara de la fractura en la sociedad catalana.

Yo vivía todo aquello con una mezcla de sentimientos. Por un lado, la impotencia del “¿Y esto cómo se arregla?”. A los medios de Madrid les gustaba hablar de “golpe de Estado”, como si el Procés fuera una trama golpista que pudiera simplemente desarticularse como un comando terrorista. Parecía que no tenían en cuenta la opinión de la gente. O que simplemente pensaban que los independentistas, decepcionados, se desmovilizarían y se irían a casa. Mientras tanto, cada día nos echábamos unas risas en Twitter con las tonterías que soltaban los independentistas, que parecía habían abandonado todo contacto con la realidad. Vivían la fantasía de que la Unión Europea suplicaría que un país tan desarrollado, moderno, avanzado y pujante se uniera a ella mientras España, un lastre para Bruselas, sería expulsada por lo sucedido el 1 de octubre. España despertaría con llanto y crujir de dientes al día siguiente de la independencia catalana. Los españoles, que hemos estado toda nuestra historia viviendo de lo que robamos a otros, desde el oro de los incas al saqueo de Cataluña, íbamos a tener que ganar por primera vez el pan con el sudor de nuestra frente. El tener que trabajar para vivir iba a ser especialmente doloroso en el caso de los andaluces, que junto con los canarios, sufrimos la tara de nuestros genes africanos.

Sutil mensaje de un mural en Sabadell que muestra a una danesa del sur, rubia y de ojos azules, enfrentado a un policía español de tez morena.
Imagen promocional de un documental independentista que muestra a la típica niña danesa del sur.

El viernes 27 se votó en el parlamento de Cataluña la Declaración Unilateral de Independencia. Recuerdo levantarme del escritorio y mirarme las manos, que me temblaban. Si el gobierno catalán ordenaba a los Mossos tomar el control de edificios oficiales y fronteras, estallaría un conflicto armado. Como expliqué aquí, una Declaración Unilateral de Independencia no es un juego. Los independentistas decían desafiantes “¿a cuántos catalanes estáis dispuestos a matar para conservar vuestra sagrada unidad de España?”. Pero la cuestión fundamental era justo la contraria: cuántos catalanes estaban dispuestos a luchar y morir por la independencia al grito de “¡Patria o Muerte!”. El gobierno central aplicó el artículo 155 de la Constitución y pasaron dos cosas que sorprendieron a los líderes catalanes: ningún país reconoció a la República de Cataluña y los Mossos d’Esquadra acataron la aplicación del artículo 155. Que les sorprendiera lo primero es bastante llamativo. El gobierno de Cataluña tenía una legión de cargos públicos muy bien pagados y sin embargo no hubo nadie que supiera leer el contexto geopolítico europeo. Que los Mossos aceptaran el cese de su jefe y respetaran la normalidad constitucional en Cataluña respondió la pregunta de la disposición de los catalanes a luchar y morir. El  siguiente lunes, el presidente del gobierno catalán  y algunos de sus consejeros huyeron a Bruselas.

No sé cómo vamos a salir de aquí. Pero el otro día, leyendo las tonterías de independentistas que recopilan gente que sigo en Twitter, me quedé pensando si parte del problema es que hay tantos descerebrados en cada lado que es fácil construirse a medida un discurso de que las diferencias son insalvables y el otro bando está lleno de “nazis”. Leer las tonterías de los independentistas sirve para echarse unas risas pero no cambia nada. Me propuse, por tanto, que a partir de ahora voy a dejar de retuitear esas tonterías y dejar de hablar del Procés en las redes sociales. No solucionará nada. Pero lo menos no ahondará la brecha.