Avalancha de libros sobre yihadismo, terrorismo y Oriente Medio

Voy anotando los libros que compro y leo en la página “Biblioteca” de este blog. Esa costumbre me sirvió para tomar conciencia de la montaña de libros que compraba cada año y frenar la compra compulsiva. Así, pasé de comprar más de 80 libros en 2015 a 43 en 2016. Además, llevar la cuenta de los libros que leía me permitió ver el escaso ratio de libros sobre los comprados, culpa de pasar ahora más tiempo leyendo delante de una pantalla. Así que llevo un tiempo intentando mantener un equilibrio entre compras y lecturas, frenando mi costumbre de comprar libros sobre temas que me interesan pero en los que no estoy trabajando en ese preciso momento.

Uno de los temas que sigo más allá de la coyuntura es el yihadismo. Tras la muerte de Osama Bin Laden y el estallido de la Primavera Árabe el yihadismo global perdió temporalmente protagonismo hasta que el Estado Islámico tomó Mosul en 2014. Desde entonces hemos sufrido en Europa una ola de atentados terroristas en los que los yihadistas proclaman su lealtad al califa Ibrahim mientras Al Qaeda ha quedado relegada a un segundo plano. Todos esos cambios en el panorama general del yihadismo han generado una catarata de libros de autores de referencia de los que ya tenía libros.

Lawrence Wright, autor de The Looming Tower, tiene nuevo libro: The Terror Years: From al-Qaeda to the Islamic State.

Jason Burke, autor de Al-Qaeda: The True Story of Radical IslamOn the Road to Kandahar, tiene nuevo libroThe New Threat from Islamic Militancy.

Ali Soufan, autor de The Black Banners (que reseñé aquí), tiene nuevo libro: Anatomy of Terror: From the Death of Bin Laden to the Rise of the Islamic State.

David Kilcullen, autor de The Accidental Guerrilla y Out of the Mountains, tiene nuevo libro: Blood Year: Islamic State and the Failures of the War on Terror.

Marc Sageman, autor de Understanding Terror Networks Leaderless Jihad, tiene nuevo libro: Turning to Political Violence: The Emergence of Terrorism,

Mientras tanto, en Francia, Gilles Kepel, autor de libros como Yihad y Fitna, tiene nuevo libro: La Fracture. Por su parte, Olivier Roy, con quien Kepel mantiene un debate intelectual tiene también nuevo libro: Le Djihad et la mort.

Si esto no fuera suficiente, también tenemos novedades editoriales en España, obra de periodistas.

Antonio Pampliega cuenta su cautiverio en Siria en En la oscuridad.

Javier Espinosa es otra periodista que también fue secuestrado en Siria. Es coautor con Mónica G. Prieto de Siria, el país de las almas rotas. Y ahora tienen nuevo libro: La semilla del odio: de la invasión de Irak al surgimiento del ISIS.

Mikel Ayestarán, otro corresponsal español en Oriente Medio, tiene nuevo libro: Oriente Medio, Oriente Roto.

Considerando que a veces escribo en este blog entradas largas y densas, como “La Conexión Iraní” y “La Conexión Siria”, que suponen tanto tiempo como los artículos que sí son remunerados, me planteé hace unos meses poner en el blog un botón para “propinas”.  Y viendo cómo no para de crecer la lista de los libros pendientes de comprar a lo mejor me animo hacerlo porque a este paso voy a tener que atracar un banco. Mi compromiso sería entonces hacer una reseña aquí para orientar al que venga detrás y quiera profundizar en estos temas.

 

El nombre de las cosas

Les juro que tengo cosas más interesantes e importantes de las que escribir, pero siempre encuentro algo que me hace sentir la obligación de dar una respuesta. Sé que es vaciar un océano de tonterías con la cuchara de mi blog pero alguien tiene que hacerlo. Aunque sea para que quede constancia en los buscadores de una réplica que lleve al internauta medio a cuestionarse las cosas.

La última tontería que me ha animado a escribir fue encontrarme entre las explicaciones de una publicación muy progresista que sólo enviaban pedidos al territorio peninsular del estado español. Eso les dejaba automáticamente sin mi dinero por vivir yo en Canarias pero no voy a molestarme en buscar vías alternativas para hacerme con sus publicaciones por jugar a un juego que me parece estúpido. El nombre del país que vivo es España. Y el “estado español” es sólo una institución. En el lenguaje cotidiano decimos “esto es competencia del Estado, esto otro de las comunidades autónomas y esto otro de los ayuntamientos”. Oímos las noticias que el “Estado es responsable subsidiario”. No hay que darle más vueltas, queda perfectamente claro.

Nadie dice “me voy de viaje al estado francés”, “la mejor pasta la comí en el estado italiano” o “la selección de fútbol del estado alemán ganó el último Mundial de fútbol”. Sin embargo, es posible leer que a un evento político internacional acudieron representantes de “Portugal, Grecia, Italia y el estado español”.  Así, tal cual. Yuxtaponiendo el nombre común de países junto al eufemismo “estado español”. No cuenten conmigo para jugar a esa tontería.

Mención aparte merecen los exónimos, aquellos topónimos que tienen un nombre en la lengua materna del hablante diferente a la lengua local. Por ejemplo, tratándose de mi lengua materna el español tenemos ejemplos como La Coruña, Londres, Lérida, Pekín, San Sebastián, La Haya… Y a la inversa. Viajando por Europa me encontré que yo era procedente de Spain, Spanien, Espanja… Nunca vi la necesidad de corregir a nadie y obligarle a usar el nombre “España” hablando con alguien en una lengua diferente al español. Sin embargo, parece imponerse en España comol criterio que al hablar en español hay que evitar emplear los topónimos españoles de aquellas comunidades autónomas donde hay otra lengua oficial. El criterio es evidentemente político, no lingüístico. Porque me gustaría ver a todos aquellos que se ofenden porque digo Lérida y La Coruña que me busquen en el mapa de Europa la Republika Hrvatska, Sakartvelo, Suomi, Hayastan, Lietuva, Shqipëria, etc.

El imán Hukfhas Al Hirahz y las tonterías que quieres creer

Tendremos en Europa un problema con la población musulmana y no es el terrorismo. Es un problema del que no veo mucho debate y cuando alguien lo presenta siempre hay alguien dispuesto a hacer piruetas mentales para decir que no pasa nada. Como aquella noticia sobre el acoso callejero a las mujeres en un barrio de París, fenómeno que alguien rápidamente atribuyó a la disposición arquitectónica de las avenidas y sus aceras estrechas. Supongo que, cómo siempre, tendremos un debate histérico cuando el problema nos estalle en la cara. Si alguien no sabe de lo que estoy hablando, le recomiendo la lectura de “El burkini es lo de menos” antes de opinar.

Mientras tanto, hemos dejado a la ultraderecha islamófoba a solas generando opinión y ganando votos en Europa. El mensaje cala porque como sociedad no queremos abordar el problema y por tanto resulta creíble cualquier mensaje que presentas supuestas verdades como puños que los medios ocultan. Si no tenemos estudios serios sobre la ausencia del Estado y el imperio de la ley en los barrios musulmanes de Reino Unido, Francia y Suecia, ¿cómo podemos decirle a alguien ese “meme es mentira”?

Mientras tanto, hay un público predispuesto a a creer aquello que encaja en sus prejuicios. Y este fin de semana me encontré con una pieza divertida. Hablo del “comunicado oficial” del imán Hukfhas Al Hirahz. Según contaba en 2010 “Luis Español” en “Mentiras por la red”, la referencia más antigua era un foro de 2008. A partir de ahí, efecto bola de nieve hasta aparecer en Alerta Digital en 2012 para seguir rodando por la red en 2017 hasta que yo me lo crucé este fin de semana en Twitter.

Dice el texto:

“España es el país más débil de la Unión Europea. Los españoles son muy dados a la holgazanería y se entregan a todo vicio con prontitud. La juventud española actual, ya sean hombres o mujeres, son débiles ante la droga y ante la fornicación. Sus mujeres se entregan con facilidad y ellos son adictos a toda clase de vicios. Ya ni siquiera sienten ánimos patriotas porque hasta sus militares han de ser reclutados en otros países. Ante este panorama tan propicio para nuestros fines es aconsejable insistir en su debilitamiento, bien con la droga que consumen con facilidad, bien con otros vicios denigrantes. Un vicioso en nuestras manos es el mejor aliado. La droga ha de entrar en España todavía con mayor facilidad y ha de rebajarse de precio para que su consumo sea mayor. A mayor consumo, más debilitamiento, y a mayor debilitamiento, mayor entrega, al carecer de la fuerza necesaria para defender sus posesiones. Hemos de penetrar en esa sociedad caduca, estéril y viciosa pero sin contaminarnos. Nuestros jóvenes no han de caer en la tentación de la hembra española fornicadora. Hemos de controlarlos para que su moral no se vea resentida por esas viciosas mujeres tan entregadas al pecado. Nuestros jóvenes que llegan a España han de fortalecerse todavía más ante la flaqueza moral y corporal de los españoles y sentir su orgullo de ser superiores, y nuestro control ha de ser preciso e insistente para que no caduquen. La enfermedad moral de todo tipo que tiene sumida a esa sociedad débil española es campo propicio para nuestros intereses. Una vez España en nuestras manos la penetración a Europa será más fácil. España no es ni más ni menos para nosotros que la puerta que se nos abrirá con facilidad. Insistamos en despersonalizar a esa juventud viciosa y consumista dándole lo que quiere y al menor precio, cuando no regalándolo. Esa es nuestra labor y a ella nos entregaremos con todas las fuerzas de nuestro espíritu. ¡Adelante, hermanos!”.

Resumiendo: los españoles son vagos, las españolas fáciles y los islamistas deberían inundar España, el país “más débil” de la Unión Europea, de droga barata.

Lo primero que me llamó la atención fue el nombre del supuesto autor Hukfhas Al Hirahz. No parece un nombre árabe, sino un nombre inventado por alguien que no conoce la cultura árabe y junta letras para inventar un nombre exótico. El siguiente detalle es el término “comunicado oficial”. Podríamos dudar de la veracidad del texto pero ¡es oficial! Y por supuesto, para que no alberguemos dudas, fijémonos en la foto que circula con el texto. Ojo a la flecha y ese color rojo degradado de quien guarda un archivo JPEG con el Windows Paint sin tener en cuenta la comprensión.

Así que vayamos a Google un rato. Lo primero que encontramos es que si buscamos “Hukfhas Al Hirahz” sólo aparecen páginas en español: blogs, foros y muros de Facebook reproduciendo el texto. Y mucho comentario en medios donde, ante noticias sobre el mundo árabe o inmigración, alguien copia y pega el texto. Si buscamos páginas sólo en inglés “Al Hirahz” no aparecen referencias a nadie con diferente nombre pero igual apellido. Es como si comprobáramos la veracidad de un texto firmado por un tal capo Mafiosini y resulta que luego encontramos que en Italia nadie se apellida así.

Al menos hay unas cuantas páginas que señalan que se trata de un bulo. Pero parece mentira que algo así circuele años y años porque nadie se tome la molestia de buscar la fuente original. Manejar Google debería ser una habilidad básica de alguien que se mueva por Internet.

A las semanas de la toma de posesión del presidente Donald J. Trump vi a gente compartir en Facebook y Twitter fotos de la “marcha provida de la que los medios de comunicación no quieren que conozcas”. Mostraban Washington D.C. a reventar de gente y quien compartía las fotos se mostraba orgulloso que había acudido más gente que a la marcha convocada por organizaciones feministas. “Somos mayoría” querían decir. Por alguna razón, las imágenes me resultaban familiares. Y tanto. Busqué en Google y eran imágenes de la toma de posesión de Obama.

Seguimos instalados en la cultura de difundir cosas “que los medios no quieren que sepas” y que sólo existen en la mente del que las difunde. Como la alerta antiterrorista nivel 5 decretada secretamente por el gobierno pero los listos te avisan por Whatsapp. Tanto alertar del lobo en falso, que un día vendrá el lobo y nos comerá.

 

 

Israel y la enferma obsesión de la prensa española

Dije hace poco que iba a dejar de tratar el conflicto palestino-israelí por una temporada. Pero no hay manera por culpa de las cosas que leo en la prensa española. Y es que da igual el tema. Por muy alejado el asunto de Oriente Medio te encuentras un comentario idiota sobre Israel. Así, Agusto Zamora, autor de “Ocho razones para amar a Trump”, publicó en abril de este año en el diario madrileño El Mundo un artículo sobre la crisis de Corea. Título del artículo: “Un Israel en el Pacífico“. Sí señor, con dos cojones. Dirán ustedes “seguro se refería al papel del Corea del Sur, aliado militar de Washington”. No, no. Corea del Norte. Lean:

Corea del Norte es un símil –mutatis mutandis– del papel que desempeña Israel en Oriente Próximo. Como Israel, es un Estado militar-religioso (uno de la Torá, otro de la idea suche); es un pueblo armado (1,2 millones de soldados, con posibilidad de movilizar a 7 millones de habitantes); como en Israel, el poder militar lo es todo para su existencia. La diferencia la marca el nivel tecnológico.

Pero la capacidad de relacionar cualquier asunto con Israel llega a niveles tan absurdos como los de Carmen Rigalt hoy, nuevamente en el diario El Mundo. Rigalt escribió sobre el caso de Ignacio Echeverría, el ciudadano español que se enfrentó en Londres a un terrorista para defender a una mujer y fue apuñalado por otro por la espalda.

En Londres los yihadistas emplearon dos tácticas que protagonizaron sendas olas de ataques terroristas en Israel: Los atropellos y los apuñalamientos. De hecho, se habló en la prensa internacional de la “Intifada de los Atropellos” y la “Intifada de los Cuchillos”. Cómo no, los asesinatos de viandantes israelíes fue celebrada en las redes sociales por los palestinos con viñetas, fotomontajes y memes de todo tipo. Véanse algunos ejemplos para los ataques con cuchillos.

Viñeta palestina a propósito del apuñalamiento de los pasajeros de un autobús en Tel Aviv. Vía Jerusalem Post.

La relación entre el modus operandi de los terroristas europeos que emplean el atropello y los apuñalamientos con las tácticas palestinas es evidente. Así que prepárense para el salto que dio Carmen Rigalt al tratar la muerte de Ignacio Echevarría, cuyo cuerpo fue recibida en España por los familiares y el presidente del gobierno. En la televisión se pudo ver la entereza de la madre mientras el presidente del gobierno hablaba con ella. Dice Carmen Rigalt:

Perder un hijo siempre es una tragedia, pero perder un hijo y ganar un mártir, un héroe o un santo, debe de ser una tragedia con consuelo incorporado. Los periodistas que hemos tenido ocasión de ver a las madres de los mártires palestinos sabemos de las lágrimas orgullosas que derramaban en silencio, sin dejar de mirar esa foto enmarcada con la que vivían abrazadas.

Sí, señor. Tenemos que pensar en Ignacio Echeverría como un terrorista palestino que se voló con un chaleco bomba en un centro comercial o murió abatido cuchillo en mano por las fuerzas de seguridad israelíes. No se puede ser más miserable que Carmen Rigalt haciendo ese tipo de comparaciones que insultan la memoria de Ignacio Echeverría. Resulta inquietante cómo funciona la mente de una periodista española que para mostrar simpatía con la madre de una víctima española del terrorismo yihadista la compare con la madre de los verdugos de israelíes.

Mariam Farhat, “madre de los mártires palestinos”.  Unos de sus hijos trabajó en el desarrollo de cohetes Qassam. Murió en el laboratorio probando un dron con cabeza de guerra explosiva. Otro hijo murió participando en un ataque contra una escuela donde murieron cinco estudiantes israelíes. Se hizo famosa tras decir en el funeral de un tercer hijo que le quedaban cuatro hijos y esperaba que todos fueran mártires.

Mientras tanto, esta semana un campamento de refugiados palestino en Daraa era machacado por las fuerzas gubernamentales sirias, nada nuevo en ese país, mientras que la organizaión de Naciones Unidas para los refuigados palestinos (UNRWA) “condenaba en los términos más fuertes” el hallazgo de un túnel como los empleado por HAMAS dentro del recinto que ocupan dos colegios de primaria en Gaza. Pero ya saben, Israel.

 

 

Repensando el proyecto de libro sobre el Gran Oriente Medio

He perdido la cuenta de los proyectos de libros que me he planteado en los últimos años y terminé abandonando poco después. Alguno no pasó más allá de un guión muy detallado con los capítulos y epígrafes. Otros me consumieron tardes de lecturas tomando notas que llenaron cuadernos para sólo producir un primer capítulo que quedó a medias. Mi lección de todas esas experiencias es que nunca hay que empezar un libro por el capítulo introductorio donde establecemos el contexto. Mi proyecto de libro sobre el yihadismo en el Sahel me llevó a lecturas sobre clima y geología de la región. Me perdí por el camino. Ya aprendí la lección.

Uno de esos proyectos de libros era sobre la “nueva” geopolítica del Gran Oriente Medio. Y en otro error típico mío, no me propuse escribir un libro sobre un tema que tuviera totalmente controlado, sino que quise escribir un libro para contar lo que quería aprender del tema. Quería escribir sobre el papel de Turquía como pivote de la geopolítica de los hidrocarburos y quería escribir sobre la rivalidad Irán-Arabia Saudita. Pero luego la región no paró de vivir giros inesperados y el proyecto quedó definitivamente aparcado, como conté aquí en octubre de 2013.

En marzo pasado, durante un rato muerto en un viaje en avión, tomé un cuaderno de notas y rehice la lista de temas que tendría que tener un libro sobre la “nueva” geopolítica del Gran Oriente Medio. Me olvidé de la geopolítica de los hidrocarburos para centrarme en los cambios en la región tras la Primavera Árabe. Y luego marqué aquellos temas que ya había tratado en mis colaboraciones con la revista El MEDIO. Resulta que ya había escrito de buena parte de los asuntos que pensé debía cubrir el libro. Y así, la lista de los temas ausentes se convirtió en la lista de temas de los que voy a escribir próximamente, siempre que la urgencia de la actualidad no se imponga. Cómo no, uno de esos temas era Qatar.

Mi idea no es simplemente hacer una recopilación de textos. Sino usar mis artículos como base para el futuro libro. Habrá que explicar mejor algunos conceptos y algunos sobreentendidos, podré extenderme en algunos asuntos, añadiré un aparato bibliográfico, etc. La idea es que salga un librito de 150 páginas y fácil lectura. A continuación les presento el esquema general del libro con los artículos que he escrito para la revista EL MEDIO donde trato los temas a desarrollar en cada capítulo.

Introducción.

En la introducción quisiera explicar el concepto de Gran Oriente Medio y compararlo con el de “Balcanes Euroasiáticos” del recoentemente fallecido Zbigniew Brzezinski y la visión de Halford J. Mackinder sobre el corazón de Eurasia. Tendría que hablar de la retirada estadounidense de la región a propósito del “Pivot to Asia” proclamado en noviembre de 2011. Para luego hablar de la deriva islamista de la Primavera Árabe y de cómo los conflictos en Libia, Siria, Iraq y Yemen muestran la debilidad del Estado y la construcción nacional en los países árabes.

El Gran Oriente Medio y el corazón del mundo.

La retirada de Estados Unidos.

De la Primera Árabe al Invierno Islamista.

Crisis de los Estados árabes.

 

Fractura en la Casa del Islam.

En el capítulo más extenso quisiera hablar de las fracturas internas del mundo musulmán y de cómo la divisoria sunní-chií articula la rivalidad geopolítica de Irán y Arabia Saudita que se juega en tableros como la guerra de Siria y Yemen. Como dije antes, tengo mucho escrito sobre el Estado Islámico pero para este proyecto de libro lo más relevante es explicar cómo surgió, para disipar las teorías conspirativas, además de plantear los dilemas que se abren ante su derrota.

Fitna.

La rivalidad de Irán y Arabia Saudita.

Lo que está en juego en Siria (publicado en Sesión de Control).

Quién sostiene a Bashar al Asad.

Rusia en Siria y la alianza Moscú-Teherán.

La libanización de Siria (1).

La libanización de Siria (2).

El nada misterioso origen del Estado Islámico.

¿Qué será de Siria e Irak tras la derrota del Estado Islámico?

El Yemen y los límites del poder saudí.

 

Nuevos actores regionales.

Uno de los asuntos sobre los que más quise llamar la atención desde hace años era el creciente papel de países con una agenda regional propia a los que creo en España se les hacía poco caso. Por el camino Turquía vivió una deriva autoritaria que privó al mundo musulmán de un referente de democracia islámica. Mientras, que Emiratos Árabes Unidos y Qatar aprovecharon su riqueza para convertirse en actores que jugaban en una categoría mucho mayor a la que les correspondería por su tamaño geográfico y demográfico. Pero ya vemos cómo Arabia Saudita ha intervenido para cortarle las alas a Qatar.

Turquía ya no es el país del futuro.

Qatar y la crisis del Golfo.

La emergencia de Emiratos.

 

Israel.

Pasan tantas cosas en la región que ya podría prescindir de hablar de Israel en un libro que tratara los temas candentes en Oriente Medio. Pero Israel es un país al que presto bastante atención y sus dilemas estratégicos han cambiado. Su principal amenaza ya no es la potencia militar de sus países vecinos, sino los actores no estatales como HAMAS y Hezbolá. De fondo, tenemos que la amenaza común de Irán y el yihadismo está empujando a un acercamiento de los países árabes hacia Israel.

Ni paz ni territorios.

Palestina como Estado fallido.

La próxima guerra contra Hezbolá (1).

La próxima guerra contra Hezbolá (y 2).

Jordania y el ‘espléndido aislamiento’ de Israel.

 

“El rearme y el nuevo puzle del poder” de Olga Rodríguez

El diario barcelónes El Periódico publicó esta semana una columna de opinión de la periodista Olga Rodríguez titulado “El rearme y el nuevo puzle del poder” que disparó mi sentido arácnido al leer los dos primeros párrafos.

Hace unos días, el ministro de Exteriores ruso afirmaba que las relaciones entre la OTAN y Rusia atraviesan su crisis más profunda desde el final de la guerra fría y reprochaba a la Alianza Atlántica sus «preparaciones militares cerca de las fronteras rusas».

Se refería al despliegue de tropas en cuatro países de Europa del Este, decidido en la cumbre de la OTAN de Varsovia del 2016. Con ella se activó la operación Presencia Activa Reforzada, que se desarrolla en Lituania, Estonia, Letonia y Polonia y con la que se escenifica un cerco militar a Rusia en su flanco occidental.

Un artículo que arranca así y ¿se pueden creer que en él no aparece ni una vez las palabra “Ucrania” o la palabra “Crimea”? Hay que haber permanecido escondido en un búnker subterráneo desconectado del mundo para no entender que el actual estado de las relaciones de Occidente y Rusia es producto de la crisis de Ucrania de 2014, en la que Rusia invadió la península de Crimea e intervino militarmente en Ucrania Oriental.

También hay que haber estado escondido en un búnker subterráneo desconectado del mundo para entender el despliegue de la OTAN en Polonia y las Repúblicas Bálticas. Eso o alimentarse informativamente de Russia Today, Sputnik y otros medios como Voltairenet, dicho sea de paso.

En el siguiente mapa he trazado una línea roja, con la maestría que me caracteriza manipulando fotos y gráficos en el ordenador, que marca la frontera occidental de Rusia en contacto con países en los que estará presente el nuevo despliegue multinacional de la OTAN, descontando Kaliningrado. Como diría Pedro Piqueras, un gráfico estremecedor. Queda claro el “cerco militar” a Rusia.

Si Moscú y sus aliados enviasen tropas a cuatro países fronterizos con Estados Unidos, las lecturas serían claras. Pero no lo son tanto cuando se trata de interpretar las maniobras de nuestros socios, a los que sí se les concede el derecho a extender su órbita de influencia en las naciones vecinas. Se informa poco de las cuestiones defensivas, los Gobiernos evitan dar explicaciones y de ese modo la atmósfera bélica se extiende de forma sigilosa y casi desapercibida por las poblaciones que se verían afectadas si a alguien se le escapara un disparo en una de esas fronteras.

Creo que no tengo que extenderme mucho sobre la validez de una comparación tomada directamente del argumentario ruso. Hablamos de tres países democráticos y soberanos donde está muy presente la memoria histórica de la invasión soviética de 1940 y la posterior campaña de terror rojo. Fueron esos países los que hicieron cola para entrar en la OTAN. Y fueron esos países los que insistieron en el despliegue de la OTAN para defender su soberanía. Como le dijo John Rambo al coronel Trautman “yo no los llamé a ustedes, ustedes me llamaron a mí”. En cambio, si hay un país que ha jugado a la vieja geopolítica es Rusia, que ya en 2008 vía su presidente reclamó una “órbita de influencia”. Y por supuesto, resulta irónica la mención de “atmósfera bélica”, si pensamos en lo que Olga Rodríguez pasa por alto de la reciente historia europea.

Según el dilema clásico de seguridad, cada acción defensiva de un actor es interpretada como una amenaza por el actor rival, generando una espiral de desconfianza y rearme. Pero en este caso, no hubo gestos equívocos. Rusia invadió Ucrania, la primera anexion de territorio por la fuerza en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, traicionando las garantías dadas a Ucrania en el Memorándum de Budapest de 1994. Así que, entendamos, en las tres República Bálticas andan algo inquietos con la idea de que en Moscú piensen que la disolución de la Unión Soviética fue “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” y se comporten ahora como si la soberanía de los país surgidos tras la disolución de su imperio fuera un concepto “discutido y discutible”.

A pesar de que el Ejecutivo español no ha pedido autorización al Parlamento, tropas españolas forman parte de esta estrategia atlántica en la frontera rusa. En los próximos días se completará el despliegue de 300 soldados españoles en Letonia, con 80 vehículos, entre ellos 6 carros de combate Leopard y 14 vehículos blindados de combate Pizarro. Es la primera vez que España opera en esta región desde la segunda guerra mundial, cuando participó con la División Azul al servicio de la Alemania nazi.

¡Bingo! No podía faltar el meme de la comparación con la División Azul. Ya le dediqué espacio a explicar el despliegue de la OTAN en Polonia y las Repúblicas Bálticas a la luz de la historia. No podemos comparar el envío por parte de la democracia española de fuerzas a un país democrático y aliado con la intervención de la España de Franco en el esfuerzo de guerra de la Alemania nazi.

Eurofighter español y Su-34 ruso sobre el Mar Báltico. Foto: EMAD vía ABC.es

Encontramos un frase importante para calibrar el conocimiento del tema: “Es la primera vez que España opera en esta región desde la segunda guerra mundial”. Pues no. Tenemos, por ejemplo, que el Ejército del Aire realizó allí su primer despliegue dentro de la misión Baltic Air Policing en 2006. Volvió después de la Crisis de Ucrania con despliegues en 2015, 2016 y este año. La Armada Española desplegó la fragata F-103 “Méndez Núñez” en 2016 como buque de mando de la Agrupación Naval Permanente de la OTAN número 1 (SNMG-1), que navegó por el Mar Báltico. Si alguno considera excesivamente agresiva la presencia de la OTAN en el Mar Báltico, le sugiero que repase los escenarios planteados por los ejercicios militares rusos Zapad 99 y Zapad 2013.

A la Administración de Washington esta misión le queda lejos geográficamente, pero a Europa le afecta de lleno, en un momento en el que el proyecto europeo vive sus horas más bajas, con el brexit, las consecuencias de la austeridad, el aumento de la xenofobia y las políticas represivas contra personas migrantes y refugiadas.

Esta párrafo es muy curioso. Es el típico párrafo de periodista español que quiere sonar profundo y comprometido hasta que caemos en la cuenta que está metiendo con calzador en el discurso temas que no tienen nada que ver. Pero si lo pensamos bien la ironía es brutal. ¿Quién simpatiza, promueve y financia partidos y movimientos xenófobos anti-inmigración en Europa? ¿Qué país tuvo a sus medios públicos lanzando el discurso del miedo durante la crisis de los refugiados en 2015? El mismo país al que Olga Rodríguez ha querido presentar como víctima del acoso de la OTAN.

Pero esa idea de que bastantes problemas tenemos ya para que la OTAN se despliegue en el Mar Báltico y busquemos líos confunde el orden de los acontecimientos. Estados Unidos no presionó a la OTAN para meterse en el Mar Báltico por capricho o casualidad. Resulta que fueron los países europeos los que solicitaron a Estados Unidos un mayor compromiso en su defensa tras la Crisis de Ucrania, mientras se reducía la presencia militar de Estados Unidos en Europa en aplicación del “Pivot to Asia” de Obama.

Me saltaré los siguientes párrafos sobre gasto militar y el papel de Alemania para llegar el apoteósico final:

La época de la multipolaridad que hace frente a los excesos e imposiciones estadounidenses ya está aquí. Pero lejos de buscar nuevas vías alejadas del belicismo y de las políticas de la desigualdad, las grandes potencias corren a tomar posiciones para mostrar que están dispuestas a disputarse entre ellas hegemonía económica, militar y geopolítica.

Maravilloso. Olga Rodríguez era de esas personas que se creía que a la era de hegemonía estadounidense tras el fin de la vieja Guerra Fría iba a ser sustituida por otra de un orden internacional más pacífico, armonioso y democrático. Advertí de lo que venía en 2015 tras haberlo anticipado en 2013. Ironizaba entonces “si no es gusta el imperialismo yanki, no os preocupéis que tendréis tiempo de disfrutar otros imperialismos”. Algún día alguien dirá que contra Estados Unidos se vivía mejor.

“Seis días, cincuenta años” de Orfeo Suárez

Algún día habrá que analizar por qué el conflicto palestino-israelí y Oriente Medio en general son temas a los que cualquier periodista o tertuliano español les gusta abordar en términos grandilocuentes. Cómo olvidar aquel vaticinio de Lluís Bassets en febrero de 2012 sobre el ataque israelí a Irán (“Será en verano, época guerrera por excelencia. […] Todo será muy rápido, con bombardeos de precisión realizados por aviones no tripulados”). O aquel comentario de Mario Vargas Llosa diciendo que el conflicto palestino-israelí era el más factible de arrastrarnos a una guerra mundial (“uno de los conflictos más graves y potencialmente más capaces de sepultar a buena parte del planeta en una guerra de proporciones cataclísmicas”).

Oriente Medio es al análisis internacional lo que el fútbol es al análisis deportivo. Todo el mundo se siente capaz de hacer la alineación campeona. Así que no es de extrañar que el diario El Mundo le haya ofrecido una tribuna al periodista deportivo Orfeo Suárez para que nos dé su opinión sobre la Guerra de los Seis Días, de la que se cumple esta semana el 50º aniversario.

La Guerra de los Seis Días, de cuyo desenlace se cumplen mañana 50 años, cambió el mapa territorial en Oriente Próximo, consolidó la fortaleza de Israel, provocó el apoyo definitivo de Estados Unidos al vencedor, más allá de las presiones y la financiación del lobby judío, acabó con el panarabismo de Nasser y puso la primera semilla de la Yihad.

Arrancamos con un auténtico hit combo. La Guerra de los Seis Días cambió el mapa de Oriente Medio, dice. Vean el impacto en el mapa de Oriente Medio. Sí, la vida cambió para los habitantes de Gaza, Cisjordania y los Altos del Golán. Pero el impacto sobre el territorio de Oriente Medio fue mínimo. Y desde luego nada comparable a otros posibles movimientos de fronteras que podríamos vislumbrar en un futuro cercano, como sería la fractura de países como Siria o Iraq.

Imagen vía Wikimedia.

La mención del lobby judío es un clásico aunque como el propio Orfeo Suárez dice, es irrelevante para el caso. Para rematar, resulta que la Guerra de los Seis Días “puso la primera semilla de la yihad”. Basta recordar que Sayyid Qutb había sido ejecutado un año antes y que su obra principal data de 1964. La historia del salafismo-yihadista ya estaba en marcha. Pero de alguna manera, había que culpa a Israel de algo malo.

La victoria invasiva sobre Egipto, Jordania y Siria mostró la inoperancia de las alianzas en el mundo árabe, un puzzle complejo por su origen tribal, la división entre instancias seculares y religiosas, más la existente entre chiíes y suníes.

“Victoria invasiva” es una forma peculiar de hablar de las ofensivas que lanzó Israel, un país con apenas profundidad estratégica, contra los ejércitos que se acumulaban en su fronteras. La inoperancia de los ejércitos árabes es un tema bastante estudiado desde el punto de visto académico. Véase el clásico Arabs at War: Military Effectiveness, 1948-1991 de Kenneth M. Pollack. Las derrotas de la alianza árabe no tiene que ver con el “puzzle complejo” del “origen tribal” del mundo árabe. Tiene que ver, principalmente, con que los regímenes árabes nunca permitieron que sus ejércitos se volvieran realmente profesionales y operativos por temor a un golpe de estado militar. Y así, por ejemplo, era generalizado que no hicieran maniobras de gran envergadura para compartimentalizar lo más posible a las grandes unidades. El resultado luego en la guerra era que los ejércitos árabes se coordinaban fatal.

A quienes quisieran luchar, sólo les quedaba una salida: el terrorismo. La efeméride es, pues, una buena ocasión para entender los puntos de inflexión de un conflicto exiguo en lo territorial, pero global por los intereses en juego, las mayores reservas energéticas del planeta, y por las consecuencias, como es la internacionalización del islamismo por la vía del terror, que ya suma más de seis días: 11-S, 11-M, 7-J, 13-N, 14-J, 19-N… Es la guerra que todos perdimos.

Los ataques terroristas comenzaron antes de la Guerra de los Seis Días. En la Nochevieja de 1964 la organización Al Assifa, brazo armado del partido de Arafat, trató de lanzar su primer ataque contra israelí desde suelo libanés. El ataque falló por la acción del ejército libanés que vigilaba la frontera. Al día siguiente, los miembros de la organización lograron cruzar la frontera para efectuar su primer ataque en suelo israelí. Pusieron una bomba que no funcionó. No es que los comienzos fueran muy épicos. Pero queda claro que los ataques palestinos contra la población y la infraestructura civil israelí comenzaron antes de la Guerra de los Seis Días. Hablar de guerrillas o terrorismo lo dejo a elección del lector.

Hablar de las “mayores reservas energéticas del planeta” cuando hablamos del conflicto palestino-israelí y la Guerra de los Seis Días es mezclar churras con merinas. Pero da la sensación que aquella referencia al tribalismo árabe o esta otra a la geopolítica de la energía son intentos de parecer sesudo y profundo sin decir nada.

Introducir la referencia a “la internacionalización del islamismo por la vía del terror” es andar bastante perdido cuando estamos hablando de un conflicto en plena Guerra Fría que dio lugar en los años 70 a eso que entonces se llamó el “terrorismo internacional”, con personajes como el venezolano “Carlos” y la colaboración de la ultraizquierda europea con el terrorismo palestino. El yihadismo internacional vino después. Curiosamente el conflicto palestino-israelí fue ajeno a ese fenómeno. Los aspirantes a crear una franquicia palestina de Al Qaeda han sido por lo general minoritarios. Y mientras los pasaportes de ciudadanos musulmanes europeos han aparecido en campamentos yihadistas remotos en Mali o Pakistán, no hemos visto un flujo significativo de voluntarios a unirse a las filas de HAMAS. Orfeo Suárez pretende hacer responsable a Israel de fenómenos que le son ajenos. Y lo que es peor. Resulta que la guerra en la que Israel se anticipó a sus enemigos, que pretendían destruirlo, es “la guerra que todos perdimos”. A ver si va a ser que Orfeo Suárez lamenta que los ejércitos árabes no acabaran con Israel.

Foto: David Rubinger vía IDF Blog.