Apuntes perplejos

Ahora que ya va quedando atrás los ataques yihadistas en Cataluña y estamos dedicados en cuerpo y alma a la pasión española de despellejarnos vivos me permitiré dejar constancia de varias cosas que me llamaron la atención y que entroncan, de cierta forma, en las cosas a las que llevo dándole vueltas en la cabeza desde hace tiempo y flotan sobre muchas de las cosas que he escrito últimamente.

Me llama la atención la poca relevancia que han tenido las víctimas de estos atentados. En otras ocasiones sus fotos, sus biografías y sus familiares han llenado los medios. Esta vez no. Quizás por la mayoría de extranjeros entre los muertos, lo que generó una distancia emocional en el público español. Quizás por razones que se me escapan. Quien sí han aparecido en los medios son parientes y conocidos de los terroristas, que han aparecido siempre como pobres víctimas de un imán manipulador, de la sociedad y hasta, de los videojuegos.

Yo fui de los que nada más llegar noticias de Barcelona dije en Twitter que no tenía ningunas ganas de ver fotos de cadáveres y heridos porque no me aportaba nada informativamente hablando. Surgió un clamor al respecto. Pero se sumaron al llamamiento medios y periodistas a los que la hemeroteca delataba. En otras ocasiones habían enseñando cadáveres de víctimas no europeas con mensajes del tipo “estas imágenes son un aldabonazo en la conciencia de Europa”. Así que parece que está bien generar reacciones emocionales respecto con no europeos pero nuestros muertos deben ser escondidos.

Me llamó la atención cómo tras el atentado de Barcelona entró en acción la Brigada del Pensamiento con varios mensajes muy claros:

-Nada de llorar a los muertos. Todos los meses mueren muchas más personas en el mundo por actos de barbarie ante la indiferencia de la sociedad española. Hay que insistir en que en el cómputo global de víctimas de los yihadistas los musulmanes son la inmensa mayoría. Así que no tenemos derecho a mostrar nuestra congoja y dolor. Sólo si tienes al día tu carnet de persona sensible con los problemas del mundo estás autorizado a expresar tu opinión dolida sobre lo sucedido en Cataluña.

-Las primeras y principales víctimas de los atentados son los musulmanes europeos. Son los más afectados por estos atentados porque se pone el foco sobre ellos y se les cuestiona. Es entonces necesario el despliegue del “periodismo preventivo”, con reportajes, entrevistas y columnas de opinión en el que se hable en contra de la islamofobia para educar a la inculta y racista sociedad española.

-El libro de estilo del “periodismo preventivo” requiere que se entreviste siempre a una elocuente joven musulmana con estudios universitarios que lleve velo para mostrar un Islam moderno e integrado. La crónica o entrevista siempre usará la coletilla “rompiendo estereotipos”. Llegado el caso, a falta de una manifestación de musulmanes en Madrid contra el terrorismo se recicla una noticia de una manifestación de enero de 2015 y se presenta como sucedida estos días.

La sensación que me queda de estos días es que alguien piensa que los españoles somos demasiado tontos y ante el riesgo de que “pensemos mal” es conveniente mitigar nuestras reacciones emocionales y orientar nuestro pensamiento. Sinceramente, pienso que me toman por tonto.

Buenas noticias inventadas

Ayer pasó algo curioso. El periodista Rafael Núñez Huesca cayó en la cuenta que el Telediario de las 15:00 de La 1 (hora peninsular) incluyó la noticia de una concentración de musulmanes en repulsa por los atentados en Cataluña donde se veía a gente con “abrigos y bufandas”. Capturó ese momento y lo compartió en Twitter.

Como en las actuales circunstancias proliferan bulos de todo tipo me animé a verlo y comprobé que en los archivos de RTVE.es efectivamente aparecen esas imágenes. Entonces lo siguiente que hice fue acudir a la página de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) para ver qué temperatura hace estos días en Fuenlabrada, ya que uno de los carteles es de una organización musulmana de ese municipio madrileño. El termómetro ha estado marcando entre 15 y 30 grados, así que no parecía que fuera un tiempo propicio para ir bien abrigado. Mee fijé en los edificios y me puse a buscar concentraciones de repulsa contra atentados yihadistas llevadas a cabo por colectivos musulmanes en Madrid para comparar el entorno. Allí apareció una noticia en el diario madrileño El Mundo que daba cuenta de una realizada en enero de 2015. La noticia se ilustraba con la siguiente foto:

Foto de Javier Barbancho. 11 de enero 2015 en Madrid. Pie de foto original: “Concentración en Atocha. Cientos de musulmanes y árabes,piden por el Islam paz, no al terrorismo, respeto a las mezquitas, etc, Condena de atentado en Francia”. Foto vía El Mundo.

Y aquí un fotograma del Telediario de La 1 que que he capturado.

Imagen del Telediario de las 15:00 (hora Peninsular) del viernes 18 de agosto de 2017.

Como pueden ver se trata de la misma concentración celebrada cerca de la Estación de Atocha en Madrid en enero de 2015. Podríamos pensar que se “coló” esta noticia pero pocos segundos después de que se emitiera la imagen anterior aparecía un rótulo informando que se trataba de una manifestación de rechazo a los atentados en Cataluña.

Imagen del Telediario de las 15:00 (hora Peninsular) del viernes 18 de agosto de 2017.

Entonces me surgió la duda. ¿Cómo pudo equivocarse la primera cadena de la televisión pública española y emitir una noticia correspondiente a un acontecimiento ocurrido en enero de 2015?  Supongo que, como es verano, andan escasos de personal por las vacaciones y, a lo mejor, no tenían un equipo móvil que mandar a recoger el testimonio del portavoz de alguna asociación musulmana, cuyos miembros probablemente también estén de vacaciones. Así que, a falta de cámara y a falta de entrevistado, emitieron un acontecimiento ya pasado para mostrar al público la noticia real de que hay musulmanes españoles que rechazan el terrorismo yihadista.

Siempre podían habar optado por meter imágenes de archivo mientras una voz en off daba cuenta de los diferentes comunicados de asociaciones musulmanas españolas que han condenado los atentados de Cataluña. Así que estamos ante un error garrafal que espero alguien explicará o ante un intento de hacer pedagogía desde la cadena pública. Si se trata de lo segundo, la pregunta inevitable entonces es en cuántos asuntos más existe una directiva política para que las noticias eduquen al público incluso a costa de la realidad y quiénes toman esa decisión.

Después de compartir en Twitter el hallazgo, del que no fui el primer descubridor, el profesor Rafael Grasa apareció de la nada para insistirme en que era irrelevante que la noticia fuera falsa. Según él, lo importante es que existe una realidad objetiva de musulmanes en España que condenan el terrorismo, como los que él pudo ver en alguna concentración pública en Cataluña. El punto de vista es interesante porque cambia el criterio de lo que es correcto en los medios. No se trata de la veracidad en sí misma de la noticia sino de un “espíritu de veracidad”. Es decir, al transmitir una crónica de un encuentro deportivo da igual los entresijos, lo importante es dar correctamente el resultado o al menos acertar con quién ganó. Es decir, lo que cuenta al dar la noticia es la intención con la que se da .

Rescato lo que dije en “La postverdad era esto“:

He visto casos de periodistas españoles que cuando se les señala los errores, inexactitudes y omisiones en sus crónicas o su análisis sobre la cuestión palestina muestran absoluta indiferencia porque consideran que hay una verdad de fondo en su sesgo anti-israelí. Así que si una crónica está llena de errores o mentiras es irrelevante porque le transmite una verdad absoluta al lector: los israelíes son unos hijos de la gran puta. No importa la noticia, sino la buena intención con la que se escribe.

La sensación que tengo ahora es que alguien ha decidido convencernos de que los inmigrantes musulmanes son buena gente y han decidido hacer pedagogía al respecto. Vean el siguiente tuit:

Más de 50.000 personas lo compartieron y más de 84.000 le dieron al “me gusta” de Twitter. Tan emotiva historia del taxista marroquí fue recogida por la página web del canal de televisión La Sexta. Fue tal el impacto del tuit que en algún momento alguien cayó en la cuenta de que la historia se repetía. Había en Twitter una legión de hermanos cuya madre fue trasladada en Barcelona por un taxista marroquí y además lo contaban todos con las mismas palabras. ¿Un meme que alguien ordenó repetir? ¿Un red de bots? Quién sabe. Pero alguien decidió que debíamos enternecernos con la historia de un taxista marroquí.

[Actualización]. Mientras se ha insistido que el tuit fue repetido como un meme por cuentas de Twitter de personas con perfil político podemita, algunas personas me han señalado que el texto del tuit fue repetido por personas de ultraderecha que imagino lo habrán hecho de manera irónica. Una auténtica meme war.

Y así llegamos al tema que abordé aquí hace semanas: el traslado a Europa de migrantes por parte de buques fletados por ONGs que los recogen de manos de las mafias y los desembarcan en Italia. Dije que el asunto era una bomba de relojería y en este tiempo ha estallado: Italia ha impuesto un “código de conducta” a las ONGs y ha desplegado un buque militar en la costa libia, algunas ONGs se han retirado de la zona, las autoridades libias han decidido implicarse más, las autoridades italianas han mostrado la complicidad de una ONG con los traficantes de personas, etc. La cuestión que descubrí que la narrativa de ONGs y medios eran engañosa. Estos últimos habían adoptado la narrativa de las ONGs de forma acrítica, cuando fuera de España medios británicos o alemanes habían mostrado ya el asunto, que era fácil de comprobar mediante el Sistema de Identificación Automático (AIS en sus siglas en inglés) que, vía páginas como VesselFinder.com y MarineTraffic.com, nos permite saber qué pasa en la costa libia. Nuevamente, alguien decidió que las noticias sobre ONGS salvando vidas en el Mediterráneo era muy vendible y muchos se han aferrado a ella. De nuevo, lo importante no es la realidad. Lo importante es ser buena persona, tener buenos sentimientos y contar una historia positiva. ¿En cuántas cosas más nos están vendiendo la moto? Es triste decirlo. Pero estamos en la era de las Fake News.

Cosas de las que mejor no hablar

Sólo hay un tema en el que me haya autocensurado en este blog: la batalla del 4 de abril de 2004 en Nayaf. “The powers to be” en España decidieron que de ese tema no debía hablarse y cuando consulté a la persona que en España más sabe del tema para confirmar unos datos comprendí que no era cuestión de buscarse líos. Tampoco le di muchas vueltas. Pretendía escribir una entrada de blog, no una investigación periodística. Pero últimamente no paro de pensar en qué contar y qué no de lo que me ronda la cabeza. El problema no son los poderes o las leyes, sino las turbas de bien pensantes. En la era de la post-verdad, da igual los datos y los hechos, sino los sentimientos.
El otro día vi que habían cesado fulminantemente al cónsul español en Washington por “burlarse del acento andaluz” en Facebook. Como canario que soy, el tema de los acentos periféricos me toca de cerca, así que estuve a punto de hacer un comentario en la página de Facebook de Guerras Posmodernas. A los días alguien contó en Twitter que el ex-cónsul participaba en un grupo de Facebook donde manejaban en clave interna imitar el estilo de escribir de un miembro del grupo. Parece que era así y que el asunto había sido sacado de contexto.
En Google han despedido a un trabajador por las ideas vertidas en un foro interno de la empresa. Copio y pego de Juan Soto Ivars:
Un trabajador de Google publicó en un foro interno donde los trabajadores discuten toda clase de asuntos su opinión sobre las políticas de género de la compañía. Según él, la brecha entre mujeres y hombres en ingeniería informática se debe a cuestiones biológicas. En general, las mujeres prefieren puestos más relacionados con las relaciones públicas y los hombres con la programación solitaria.
Su “manifiesto” era, por tanto, su opinión. Otros discutían con él en el foro, entre ellos la directora de diversidad de Google, Danielle Brown, que le respondió por qué piensa ella que está equivocado.
Pues bien: los textos se filtraron a la prensa. Gizmodo publicó el “manifiesto” y las redes sociales hicieron el resto del trabajo. Lo que era una discusión interna entre trabajadores de una empresa se salda con un escándalo, y con el despido del tipo que dijo lo que pensaba en un foro donde la compañía anima a los trabajadores a que hagan exactamente eso.
Son los pasos que siempre se repiten en Arden las redes. 1) Alguien dice algo confiando en que hay libertad de expresión, 2) el mensaje se filtra, se deforma y se magnifica en la prensa, 3) las redes arden, 4) quien se expresó paga, y 5) la empresa se limpia las manos. ¿Qué mensaje nos dan estas explosiones? Que hay cosas que, si piensas, es mejor no decir. Es decir: que ya no hay libertad de expresión.
Precisamente Juan Soto Ivars es el autor del libro Arden las redes. La poscensura y el nuevo mundo virtual, que tengo pendiente de leer. Voy a interrumpir mis lecturas sobre Guerras Posmodernas y la Nueva Guerra Fría con este libro porque me preocupa cómo hemos llegado a aquí. El otro día pedí disculpas en la página de Facebook de Guerras Posmodernas por publicar una nueva noticia sobre los buques de ONGs que se dedican a recoger migrantes de manos de las mafias y trasladarlos a Europa. No es un asunto que tenga que ver directamente con las Guerras Posmodernas pero me llamó la atención descubrir que no concordaba el discurso de la prensa española con la realidad. Algún lector me animó a seguir escribiendo del tema, pero la cuestión es que percibo que hay temas que a día de hoy son radiactivos porque hay un discurso en los medios de cuyos márgenes uno no puede salir aunque se tenga en la mano las estadísticas oficiales del Brottsförebyggande rådet sueco sobre violaciones a menores. El hecho es que el ministro de Interior pidió disculpas por decir algo que está recogido en informes de FRONTEX o ha repetido en la prensa italiana un magistrado en Sicilia. Me pregunto, ¿cómo se crean esas verdades públicas absolutas que nadie puede cuestionar?  Y si un ministro de Interior se tiene que disculpar por afirmar hechos ciertos ante la presión pública, ¿qué puedo esperar yo? Soy autónomo y trato de abrirme camino publicando en think-tanks y medios de comunicación, no quiero suicidarme laboralmente. Pero no dejo de pensar que estamos escondiendo bajo la alfombra problemas que van a terminar por estallar. Hemos creado un monstruo.

Los datos de la crisis

El corazón industrial de Estados Unidos ahora convertido en el Cinturón del Óxido.

En “El ruido y la señal” escribí sobre dos artículos que anticipan futuras victorias del Partido Republicano porque consideran que el Partido Demócrata no ha aprendido las lecciones de 2016. Ambos venían a decir que la clase obrera estadounidense se siente ajena al discurso identitario de la izquierda posmoderna. Y así, los perdedores de la globalización, los obreros cuyas fábricas se trasladaron a México y los trabajadores poco cualificados que se vieron desplazados por la mano de obra de inmigrantes irregulares, decidieron votar a Trump cuando prometió apretar las tuercas a las empresas para que mantengan sus factorías en suelo estadounidense y prometió construir el muro con México. Añadí también a la reflexión el artículo de un historiador británico que sostenía que el proceso de desinduntrialización explicaba el voto del BREXIT.

Nada de lo anterior es nuevo. En los años 90 aparecieron las milicias en Estados Unidos con sus teorías conspirativas sobre el New World Order. Escribí sobre ellas en “Dejados atrás: de las milicias a Trump”  más de medio año antes de las elecciones presidenciales estadounidenses para luego tratar de explicar el apoyo a Trump dentro de la clase obrera estadounidense. Manuel Castells en el segundo volumen de La Sociedad de la Información las presentaba como un fenómeno de reacción a la globalización. No cuesta nada entender un subtexto de reacción a una crisis de masculinidad de hombres maduros que perdieron su condición de macho proveedor al cerrar la factoría en la que trabajaban por lo que dedicaron los fines de semana a vestirse de camuflaje con un fusil en la mano rodeados de sus iguales.

Cómo Donald Trump obtuvo más votos en el Cinturón del Óxido en 2016 que Mitt Rommey en 2012.

Más de veinte años después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte  (NAFTA en inglés) encontramos que el voto en las regiones desindustrializadas en el corredor que va de los Grandes Lagos a la costa atlántica resultó determinante para la victoria de Donald Trump.

Como conté en “El ruido y la señal”, Edward Luttwak usó el dato de ingresos y precio de los coches para mostrar la caída del poder adquisitivo de la clase obrera en su artículo sobre cómo el Partido Demócrata no había entendido el origen del descontento de un sector crucial en la victoria de Donald Trump. Creo que en España podemos buscar datos e indicadores que nos muestren problemas de fondo.

El dato que siempre me ha venido a la mente como síntoma de problemas profundos es la tasa de fecundidad. Cuando estudié la asignatura de Teoría de la Población y Análisis Demográfico en la carrera de Sociología aprendí que cada mujer en edad fértil debería tener 2,1 hijos para lograr la reposición de la población de un territorio. Al que le cueste pensar en fracciones de personas, piense en 210 hijos por cada 100 mujeres. Esas diez personas extras vendrían a compensar la mortalidad antes de llegar a la edad fértil. Y antes de que alguien diga que cada 100 mujeres fértiles teniendo 210 hijos no necesariamente garantiza la reproducción de una población porque el número de niños y niñas es aleatorio, que sepa que nacen 105 niños por cada 100 niñas. De alguna manera la naturaleza compensa la mayor mortalidad de los chicos, cuyo número va reduciéndose hasta que alrededor de los 18 años se equipara al de las chicas.

Dicho lo cual, miremos la tasa de fecundidad de España.

Tomado del Blog de Geografía del profesor Juan Martín Martín.

Como vemos la fecundidad en España cayó por debajo de la tasa de reposición a principios de los años 80. Vamos camino de un invierno demográfico. Los mayores de 64 años ya duplican o casi duplican a los menores de 16 años en varias comunidades autónomas.

El problema será mucho peor cuando llegue mi generación, la generación del baby boom español, a la edad de jubilación. ¿Qué pensáis que pasará con el sistema público de pensiones en 2040? ¿Cuál será la edad de jubilación para ese entonces? Véase la pirámide de población española en 2015.

Imagen vía cursos.com

El invierno demográfico al que vamos encaminados de no cambiar la tendencia no es un fenómeno español. Pero de eso hablaré en una futura entrada del blog, porque el asunto da para bastante. Volviendo a la idea de hacer como Edward Luttwak, tomemos los datos del salario real, que refleja la evolución de los salarios considerando la evolución del coste de la vida.

Imagen vía idealista.com

Desde el comienzo de la crisis, el salario real en España ha caído un 25%. Con la economía por los suelos por la crisis, la caída de los salarios era una fenómeno esperable si no se optaba por salir del euro para adoptar una neopeseta devaluada respecto al euro e impulsar las exportaciones. Opción esta última que defendía Pablo Iglesias en 2013, por cierto. Basta recordar que el término “mileurismo”, se popularizó a partir de una carta al director publicada en El País en 2005. En aquel entonces los licenciados universitarios con varios posgrados e idiomas se sentían frustrados por un nivel salarial que hoy alcanzan muchos menos para dar paso al seiscientoseurismo.

Bankinter publicó recientemente un informe sobre el mercado de la vivienda, que recogía El Confidencial:

“la combinación de unos mayores precios inmobiliarios con un incremento muy leve de los salarios ha provocado que el porcentaje de renta bruta por hogar destinado al pago de la vivienda no haya bajado del 33% y el número de años de renta familiar destinados al pago de la vivienda haya aumentado desde 6,3 a principios de 2014 hasta 6,9 en el primer trimestre de 2017”.

Los expertos recomiendan que la cuota de la hipoteca no supere el 30% de los ingresos mensuales y aconsejan la franja óptima como la que va de 20 al 25% de los ingresos. La alternativa a la compra de vivienda es el alquiler, pero resulta que ese mercado ha sufrido la mayor subida en diez años, según recoge El Mundo.

El precio medio de la vivienda en alquiler en España se incrementó un 9,5% en tasa interanual y un 5,9% intertrimestral durante el primer trimestre de 2017, según el Índice Inmobiliario del portal Fotocasa.

Así que tenemos un panorama de caída del salario real, subida del precio de la vivienda y subida del precio del alquiler. No parece un panorama muy alentador para formar una familia. Creo que tenemos aquí una buena explicación de la situación de fondo que dio lugar a la crisis del bipartidismo. La pregunta es, ¿es este panorama la “nueva normalidad” española?

 

 

El ruido y la señal

La elección presidencial estadounidense de noviembre de 2016 tuvo que servir de señal de alarma. Los medios de comunicación de masas dejaron de cumplir su función principal. Se habían convertido en inútiles para entender Estados Unidos. El mundo marchaba por un camino diferente al que nos contaban. Por eso presté atención a dos artículos que leí hace poco y que van a contracorriente de lo que nos cuentan los medios. Los dos plantean que el presidente Donald Trump podría ser reelegido. Suena a disparate. ¿No era un disparate pensar que iba a salir elegido en 2016?

En primer lugar leí “How the Dems can lose 2018” del conservador Ben Shapiro, que plantea que la creciente importancia del discurso identitario (género, LGTB y minorías étnicas) del Partido Demócrata lo aleja del centro y es incapaz de generar un mensaje cohesionado e ilusionante de unión. Shapiro señala un ejemplo de esa nueva realidad del Partido Demócrata en la figura de Linda Sarsour, una islamista que fue una de las organizadoras de la Marcha de las Mujeres. Hace poco llamó a una yihad contra el presidente Trump. Evidentemente luego matizó que se refería a la acepción de “esfuerzo” o “lucha personal” del término, pero sus intenciones de provocar jugando con la ambigüedad resultan claras. El discurso antisemita de Sarsour no pareció encender ninguna alarma en el entorno de la izquierda estadounidense que la ha aupado en el contexto de la “resistencia” a Trump.

Diseño de Shepard Fairey para la Marcha de las Mujeres. El conservadurismo religioso musulmán como el nuevo radical chic de la izquierda posmoderna.

Aparte del caso de Sarsour, que descubrí en los días de la Marcha de las Mujeres, me llamó la atención el caso de Tulsi Gabbard, congresista demócrata por Hawái, que hizo un viaje a Damasco para conocer la realidad del país (“fact-finding”) acompañada por dos miembros del partido fascista sirio y siendo recibida por el presidente Al Assad. Leí bastante diatribas sobre el asunto pero no me quedó claro si el viaje de Gabbard, jugando el juego del régimen, fue un acto de ingenuidad política o el síntoma de algo más serio dentro del Partido Demócrata.

El segundo artículo que me llamó la atención era del célebre Edward Luttwak.. El título ya lo deja claro: “Why the Trump dynasty will last sixteen years”. Su idea es que Donald Trump está preparando a su hija para ser candidata a la presidencia de los Estados Unidos en 2024 y que el Partido Democráta no ha entendido las causas de su derrota en las pasadas elecciones. Luttwak plantea sus ideas aprovechando una reseña conjunta de varios libros sobre las pasadas elecciones presidenciales y que considera dejan sin explicar la victoria de Trump. Sostiene Luttwak que hay un fenómeno al que no se le ha prestado atención: la pérdida de capacidad de consumo de la clase trabajadora estadounidense. Usa como termómetro el cruce de datos de ingresos y precios de coches, el tótem del consumo y la identidad estadounidense por antonomasia. Según Luttwak, comprar un coche nuevo está cada vez más fuera del alcance de las familias cuyos ingresos se sitúan no en la media sino en la mediana. Y ello se debe, dice, a la caída de los sueldos de la clase trabajadora que ha sufrido las consecuencias de la desindustrialización para verse abocada a trabajos precarios y mal pagados en el sector servicios.

La masa de dejados atrás fue incapaz de sentirse identificada con el mensaje de una Hillary Clinton progresista rodeada, según Luttwak, de “mujeres negras, activistas ecologistas, musulmanes patriotas, veganos, defensores del libre comercio e ingenieros sociales”. El único mensaje que les apelaba era el de Donald Trump y Bernie Sanders hablando de la pérdida de trabajos industriales por la globalización. Pero el aparato del Partido Demócrata prefirió a Clinton frente a Sanders, mientras que Trump, el nada sofisticado multimillonario que come hamburguesas de McDonald’s, pudo y supo enfrentarse a los elitistas candidatos del Partido Republicano.

Me pareció interesante que Edward Luttwak pensara ya en las elecciones de 2024 y en una victoria de Ivanka Trump tras dos períodos presidenciales de Donald Trump cuando andamos sobresaltados día a día con las noticias de la conexión rusa y el caos interno del gobierno estadounidense. Pero me hizo pensar más en mi propia perspectiva a largo plazo. Allá por los 90 yo era un lector de la revista Ajoblanco. Recuerdo el Informe Petras, que aún conservo, junto aquella certeza que se cernía sobre nosotros de que no íbamos a vivir mejor que nuestros padre. Por eso mi desdén ante el 15-M, que llegó diez años tarde. Recuerdo también en los 90 que me suscribí a la revista Time para mejorar mi inglés y en ella devoré cuanto pude sobre el fenómeno de las milicias estadounidenses que luego Manuel Castells explicó como un epifenómeno de la globalización y la desindustralización el segundo volumen de la edición española de La Sociedad de la Información. Rescaté el tema en marzo de 2016: “Dejados atrás: De las milicias a Trump”. Para luego plantear en la segunda parte que el apoyo a Trump era un fenómeno equiparable.

Hablamos entonces de que Trump podría ser el resultado de un fenómeno que ha estado incubándose veinte años. Y podría ser igual para el Reino Unido. El historiador Jim Tomlinson resumía las ideas que había prsentado en un congreso académico en un artículo breve en la página web de la London School of Economics titulado “De-industrialisation rather than globalisation is the key part of the Brexit story”. Me parece que hablamos poco del largo plazo. Y todo esto que les he contado de Estados Unidos no era más que una vuelta para hablar en la segunda parte de Europa en el largo plazo.

La postverdad era esto

“Post-verdad” fue elegida por el diccionario Oxford como la palabra de 2016 pero sufrió el destino de la expresión despectiva “cuñado”. Resultó que todos pensaron “todo el mundo es un cuñado menos yo, que sé de lo que hablo”. Así, los periodistas se dedicaron a contarnos que Donald Trump era un mentiroso y sus seguidores vivían aislados del mundo en una burbuja informativa de medios que confirmaban sus prejuicios, como si eso no fuera algo que ya estuviera pasando. Traté el asunto en “La nueva post-verdad y las viejas mentiras”. Mencionaba entonces cómo la muerte de Fidel Castro nos daba un buen ejemplo de la clase de burbujas mentales con las que la gente opera. Pero el ejemplo de la Cuba comunista bien podría ser cambiado por la España de Franco. La conclusión es que eso de la “post-verdad” no era muy diferente a vivir autoengañado con la propaganda política de toda la vida.

Pero “post-verdad” tiene una característica que ya adelantó Stephen Colbert en 2005 cuando acuñó el término  “truthiness”. Se trata de que las convicciones se sustentan en emociones y sentimientos, no datos y hechos. La gente cree lo que siente que es verdad. El mundo se ha llenado de bien pensantes reconfortados en su creencia de estar del lado de lo correcto. He visto casos de periodistas españoles que cuando se les señala los errores, inexactitudes y omisiones en sus crónica o su análisis sobre la cuestión palestina muestran absoluta indiferencia porque consideran que hay una verdad de fondo en su sesgo anti-israelí. Así que si una crónica está llena de errores o mentiras es irrelevante porque le transmite una verdad absoluta al lector: los israelíes son unos hijos de la gran puta. No importa la noticia, sino la buena intención con la que se escribe.

Hace poco publiqué Una bomba de relojería en el Mediterráneo. Conté cómo me dio por indagar qué estaba pasando con la llegada masiva de migrantes a Italia vía Libia. Uno de los asuntos claves era la labor de las ONGs que han fletado buques para rescatar refugiados en el Canal de Sicilia. Y terminé encontrando que se dedican al traslado a Italia de migrantes desde la costa libia, operando en una franja estrecha de costa y muy cerca de las aguas territoriales libias. Publiqué algunas novedades en mi perfil de Twitter y en la página de Facebook de Guerras Posmodernas.

Pueden jugar ustedes mismos a ver qué pasa en la costa libia con MarineTraffic.com y VesselFinder.com

Creo que no había tocado un tema que generara tantas “sensibilidades”. Da igual lo que hayan mostrado la BBC o Der Spiegel. Da igual los datos del GPS y los informes de FRONTEX. La gente siente que la narrativa de las ONGs es la verdad. Pero hay un problema en ese paradigma posmoderno de la construcción social de la realidad. Podemos elegir palabras no hirientes para designar a colectivos. Y así hacemos el mundo un poco mejor porque hay personas que dejen de sentirse heridas. Pero si decidimos esconder los problemas y construir una narrativa alternativa porque sentimos que es verdad, sólo estamos escondiendo los problemas. Por eso lo titulé Una bomba de relojería en el Mediterráneo“.

 

Copia-pega nacional y popular

Ya les he contado aquí que soy un desastre recordando cosas cotidianas como dónde solté las llaves al llegar a casa. Y sin embargo, guardo en algún rincón de la memoria un montón de cosas que sólo me vienen a la mente cuando conectan con algo que tengo en frente. Me pasó ayer, lunes. Vi comentarios sobre un tuit de Sofía Castañón, la poeta, escritora y realizadora audiovisual que es diputada y miembro del Consejo Estatal de Podemos. Se había grabado leyendo un texto que le había inspirado el Festival Aéreo de Gijón, celebrado el domingo 23 de julio.

Resulta que el sobrevuelo de “aviones bélicos” sobre la bahía de Gijón le evocaba el bombardeo llevado a cabo por la aviación del bando franquista durante la Guerra Civil. Me pareció una conexión de ideas bastante retorcida. Supongo que hay que estar hecho de una pasta especial para pensar en el Franquismo y la Guerra Civil española a la menor excusa. Pero la cuestión que saltó en mi cabeza es que ya había escuchado esto antes.

La asociación de ideas de Sofía Castañón no era ni nueva ni original. Resulta que el pasado mes de mayo a la abogada y periodista Julia Mengolini, argentina y kirchnerista, un desfile aéreo en Buenos Aires le evocó el bombardeo de la Plaza de Mayo de 1955, sucedido en un fallido golpe de estado contra el presidente Perón. Hacía más de veinte años que no se celebraba un desfile aéreo durante las celebraciones de la Revolución de Mayo y evidentemente la afirmación de Mengolini se convirtió en más munición de la guerra mediática que trata de equiparar al presidente Macri, el primero no peronista en décadas, con la dictadura.

No sé si estas coincidencias son casuales o, como tantas otras cosas, son un copia pega de los guiones del populismo sudamericano. Véase lo del tic-tac de Hugo Chávez copiado por Pablo Iglesias. En España se ha insistido mucho en señalar los vínculos del núcleo duro de Podemos con Venezuela, pero la Revolución Bolivariana nunca ha podido presumir de su producción intelectual. El referente intelectual lo proporcionó el kirchnerismo y su intelectual orgánico, el plúmbeo Ernesto Laclau.

Curiosamente, los simpatizantes de Podemos se irritan mucho cuando se señalan los vínculos del partido con los populismos sudamericanos, como si se tratara de una teoría conspirativa de la prensa conservadora española para desacreditar el partido. No podrán decir que se esconden mucho. El bloque de partidos europeos de izquierda en el Parlamento Europeo al que pertenecen Podemos e Izquierda Unida invitó a Cristina Fernández de Kirchner a dar una charla en el Parlamento Europeo el pasado mes de mayo.

La eurodiputada española Marina Albiol con el símbolo de la corrupción argentina en Bruselas, mayo de 2017.

Será curioso ver qué pasará el día que las causas judiciales que se acumulan en Argentina contra Cristina Fernández de Kirchner den luz a la ultracorrupción que sufrió el país. Supongo que sus fans españoles dirán que las causas judiciales fueron montadas por el gobierno de Macri, fingiendo desconocer la verdadera naturaleza del proyecto nacional y popular (nac & pop) de los Kirchner.

Hace muy poco, el Banco Mundial condenó a Argentina a pagar una compensación millonaria por la expropiación de Aerolíneas Argentinas, que se convirtió luego en un agujero negro de presupuesto público en manos de miembros de la agrupación La Cámpora. Así que resulta interesante rescatar hoy los piropos lanzados desde España a Cristina Fernández de Kirchner cuando expropiaba empresas españolas