Palestina y el lado incorrecto del periodismo

Los estudios de Economía Política sobre los medios de comunicación plantean cómo el accionariado en manos de grandes grupos empresariales, que tienden a la concentración, colocan la línea editorial y los contenidos en consonancia con los intereses de clase de los propietarios. Además, los medios establecen una relación de dependencia hacia esos pocas empresas o instituciones con grandes contratos de publicidad. Así, el periódico El Punt Avui anunció un ERE que afectó a 90 trabajadores y cerró su oficina de Barcelona tras el recorte de publicidad del gobierno autonómico catalán después de la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española. Pero también es famosa en España la renuncia de los medios impresos a publicar noticias negativas sobre El Corte Inglés, que eufemísticamente aparece siempre referido en términos parecidos a “una conocida cadena de grandes almacenes”. Y es que esos anuncios a página entera de “Ya es primavera en El Corte Inglés” deben suponer unos ingresos importantes.

Esta teoría de que estamos condenados a encontrar en los medios sólo la perspectiva del gran capital tiene un defecto. A veces los conglomerados mediáticos encuentran que las personas de izquierda son un nicho de mercado como otro cualquiera. En España tenemos el caso de la cadena La Sexta, que fue absorbida por el Grupo Planeta, y se convirtió en la plataforma de promoción de Pablo Iglesias como parte de una estrategia de división del voto de izquierda. La línea editorial de La Sexta, con programas como Salvados, es muy diferente al del diario conservador La Razón. Y, sin embargo, ambos comparten dueño.

La solución de quienes quieren sacar adelante medios minoritarios ha sido acudir a las suscripciones y los crowdfunding. El lema de todos ellos suele ser “ayúdanos con tu dinero a seguir siendo independientes”. Alguno, como ctxt, pedía hasta hace poco, con gran modestia, ayuda para seguir ofreciendo “periodismo de calidad”. El sector ha florecido con la crisis de los medios generalistas, que han enviado a bastantes periodistas al paro. Basta repasar los archivos del blog Papers papers para ver la larga lista de medios en papel que han cerrando en todo el mundo en la última década. Sin ir más lejos, se anunció el cierre en España de las veteranas revistas Tiempo e Interviú. La cuestión es si hay suficiente público para tanta publicación de izquierda, crítica y alternativa. ctxt muestra en su portada que tiene 5.502 suscriptores y aspira a 10.000. Así que la publicidad sigue siendo importante para esta clase de medios, que no son ajenos al clickbait. Y llegamos así a un asunto que quizás sea el problema de fondo. Los medios que nacen como medios de la izquierda alternativa, contestaria, solidaria, etc. no apelan a un potencial público lector a priori indefinido. Apelan a un público ya convencido que quiere que le confirmen sus mitos. Quiere que le cuenten que en Venezuela hay democracia o que la ley de montes de 2015 hizo aumentar los incendios forestales en España por la especulación urbanística. Aunque ambas sea mentira.

El Salto es un proyecto del periódico Diagonal que llamó mi atención hace meses por publicar un artículo del economista Yago Álvarez que reproducía el bulo de que el gobierno de España se había comprometido a gastar 6.000 millones en la compra de aviones F-35 para granjearse el favor de Donald Trump al asegurar la supervivencia de la empresa Lochkeed Martin. Sobra decir a estas alturas, que no existió ese acuerdo ni Lockheed Martin está necesitada de un contrato español que la rescate. Ayer me encontré en El Salto un artículo que es una antología de las malas prácticas periodísticas de las que tanto me quejo. Se titula “Palestina: el lado correcto de la historia. Arranca fuerte. Tras el título y la entradilla aparece una foto de Julia Caulfield, con el siguiente pie de foto:

Todos los hombres y mujeres israelíes están obligados a realizar el servicio militar durante dos años. Las prácticas militares las realizan con los propios habitantes de los territorios palestinos, poniendo a prueba la eficacia de sus armas.

El artículo en sí empieza hablando del colegio Córdoba de Hebrón:

“Los niños que acuden a este colegio tienen que enfrentarse cada día a la cara más dura de la ocupación, tratar con soldados extranjeros fuertemente armados y jugarse la vida para asistir a las clases”.

Entonces llegamos a la explicación del contexto histórico:

“Un año después de la Guerra de los Seis Días, en 1968, se instaló el primer asentamiento israelí en Hebrón”.

Y aquí paro. Los dos primeros párrafos que he citado mezclaban la tendenciosidad con la exageración. Al apunte histórico habría que añadirle un dato. Hubo judíos en Hebrón con anterioridad hasta que el progromo de Hebrón de 1929 acabó con la comunidad judía de la ciudad y que llevó a los pioneros judíos a crear la organización de defensa Haganá. Lo interesante del artículo está más adelante:

“La Asociación Al-Quds de Solidaridad con los Pueblos del Mundo Árabe lleva desde 1999 realizando labores de denuncia y apoyo internacional en toda Palestina. Desde Málaga, ofrecen apoyo al Centro de Información Alternativa, que se dedica al monitoreo y denuncia de la situación en Hebrón”.

Busco en Internet al autor del texto artículo, Javier Díaz Muriana. Las fotos son de Julia Caulfield, por cierto. En Twitter encuentro que Javier Díaz Muriana se define como “activista y periodista” y aparece ubicado en Málaga-Palestina. Apostaría que tiene algo que ver con Asociación Al Quds de Málaga. Busco en Internet y encuentro referencias a su participación en la segunda jornada  del Seminario sobre Periodismo Ético “Procesos Migratorios y Minorías: El Periodismo ante los Nuevos Reto”. Se le presenta como “periodista e integrante de la Asociación AL-Quds”. Y así tenemos que un activista de una ONG va a Hebrón y firma una noticia donde habla del trabajo que hace su ONG allí. Eso en periodismo se llama publi-reportaje. Pero hay otro detalle interesante en el artículo:

“El doctor Azzeh se dedicaba en su tiempo libre a mostrar a periodistas y activistas la crudeza de la ocupación. Ahora su hogar ya no tiene la privacidad deseada. Los periodistas y activistas la visitan casi a diario para conocer su historia”.

El periodismo enlatado es uno de los pequeños secretos de la cobertura informativa del conflicto palestino-israelí. Los periodistas llegan a Israel y entran en Cisjordania a tiro hecho llevados por los fixers u organizaciones locales a unos personajes que cumplen los estereotipos que la prensa occidental demanda. Nacho Carretero lo desvelaba en su artículo “Guía para hacer un reportaje en Palestina”.

Lo que tenemos aquí un publirreportaje de una ONG firmada por uno de sus miembros que cuenta la mitad de la historia. Parte de la otra mitad al menos aparece en la Wikipedia. Estoy seguro que todo esto que cuento es irrelevante. Las personas que simpatizan con Israel aplaudirán esta entrada de blog y me llegarán, como suele suceder, nuevos seguidores en Twitter. Los que simpaticen con la causa palestina dirán como siempre que las exageraciones, omisiones y errores del artículo son irrelevantes porque cuenta una historia de fondo que es verdad: la miseria de los palestinos que viven en Hebrón. Y ahí está el meollo del periodismo activista y comprometido. La buena intención del periodista está siempre por encima de todo. Lo que importa no son los datos y los hechos de un artículo sino la historia que quiere contar.  Y eso, sin ir más lejos, es la post-verdad.

 

Fragmentos de una propaganda incesante

Me levanté hoy con un propósito. No volver a tratar el conflicto palestino-israelí en este blog por largo tiempo. Anoche tuve una larga conversación en Twitter que se convirtió en un diálogo de sordos porque partíamos de posturas muy diferentes sobre la construcción del Estado. Al que le interese, planteé mi postura sobre el caso palestino en “Palestina como Estado fallido”. La idea que más me llamó la atención del debate de anoche es considerar que es comprensible que el bando  palestino no quiera negociar ninguna paz porque se haría desde una posición de debilidad. Me quedé pensando qué sentido tiene entonces darle vueltas al conflicto ¿Sólo queda esperar sucesivas Intifadas y lanzamientos de cohetes desde Gaza mientras se suceden las campañas internacionales contra Israel hasta que haya un cambio en la correlación de fuerzas? ¿O esperan que haya un cambio de fuerzas en el panorama internacional e intervenga alguna nueva potencia? (¿Rusia?)

Esa perspectiva explicaría que la apuesta palestina es luchar en el ámbito de la opinión pública para que los gobiernos occidentales presionen a Israel. Juegan en el campo de los relatos y las narrativas. Y mientras, queda sin abordar los problemas del lado palestino para crear una sociedad democrática, instituciones funcionales y un gobierno con el monopolio de la violencia legítima. Lo que nos llevaría de nuevo al debate sobre la construcción del Estado. La razón que me han dado siempre a los problemas palestinos para abordar esos problemas es la Ocupación. Y siempre he usado un contraejemplo. ¿Es posible que surja un Estado democrático y funcional en una sociedad establecida en un secarral bajo ocupación militar de otra potencia?

Ben Gurión, jefe del poder ejecutivo de la Agencia Judía, proclama el Estado de Israel.

Creo que la estrategia palestina es equivocada. Y yo no estoy en posición de cambiar nada. Así que no tiene sentido que diga nada. Al menos puedo decir que sí hubo un líder palestino que compartía mi idea de que había que construir primero un país para tener un Estado: Salam  Fayyad. Su partido, Tercera Vía, obtuvo menos del 3% de los votos en las elecciones legistlativas palestinas de 2006. Fue primer ministro tras el “fujimorazo” del presidente Mahmud Abás. Fue cesado por presiones de HAMAS. Algún día indagaré qué pasó durante su mandato.

Y ya había decidido lo de no tratar el asunto cuando me encontré hoy con un artículo en El País: “Fragmentos de un éxodo invisible” firmado por Pablo Gentili y Karina Bidaseca.

El texto trata sobre la Nakba palestina y arranca:

Lo que llama la atención no es que haya ocurrido. Lo que llama la atención es que casi nadie lo recuerde.

¿En serio? “Nakba palestina” da 22.900 resultados en Google. La búsqueda vía Google en elpais.com da 295 resultados. En ElMundo.es da 210. En ABC.es, 191. En la agenda cultural de El País Madrid encuentro que en 2012, tuvo lugar en Casa Árabe (organismo público que financia el Ministerio de Asuntos Exteriores español) una conferencia de Raji Sourani, director del Palestinian Center for Human Rights (PCHR), “[c]on motivo de la conmemoración de la Nakba palestina”. ¿Por qué se empeña la gente en usar expresiones como “la noticia de la que nadie está hablando” para referirse a cosas que son tratadas abiertamente en los medios y en las redes sociales?

El 15 de mayo de 1948 fue un día trágico. Pocas horas después que David Ben Gurión leyera la declaración de la independencia de Israel y el día en que concluía el mandato británico sobre Palestina, se iniciaba la primera guerra entre el nuevo Estado israelí y los países árabes.

Una guerra trágica comenzada por los países árabes que pretendieron destruir el nuevo Estado, mientras en la Declaración de Independencia de Israel se hacía un llamamiento a la coexistencia pacífica con los vecinos y con los conciudadanos árabes.

La guerra de 1948 fue para Israel la gran gesta de su independencia. Pero también fue la guerra que produjo uno de los más brutales éxodos que se hayan conocido en la historia de la humanidad: el del pueblo palestino.

Es difícil establecer un lista de los éxodos más “brutales” en toda “la historia de la humanidad”. Pero en el siglo XX tuvimos muchos ejemplos. El caso palestino palidece ante lo sucedido en Europa Oriental entre 1945 y 1950 o tras la partición de la India. Evidentemente, la hipérbole aquí es una herramienta retórica y en el fondo es irrelevante qué lugar ocupa la Nakba en el Top 100 de éxodos más “brutales” en toda “la historia de la humanidad”. Lo que le falta decir a los autores decir es que la Nakba tuvo lugar en paralelo a una campaña de masacres y expulsiones de judíos que encontraron refugio en el territorio de Israel mientras que los palestinos no tuvieron un Estado de Palestina al que acudir porque renunciaron a construirlo y proclamarlo.

Un pueblo al que, desde entonces, las naciones del más poderosas del planeta han tratado de aniquilar, volviéndolo invisible.

¿Qué poderosas naciones, así en plural han tratado de aniquilar al pueblo palestino? Creo que estamos ante un ejemplo de proyección psicológica. Israel sufrió sucesivas guerras en las que se enfrentó durante la Guerra Fría con los ejércitos de países árabes con una base demográfica muchísimo mayor y unos ejércitos enormes (Egipto, Siria, Iraq, etc) que eran aliados estratégicos de la Unión Soviética, nada menos.

La guerra de 1948 que condujo a la creación del Estado de Israel, tuvo como consecuencia la devastación de Palestina.

El orden de los acontecimientos fue al revés. Primero se proclamó el Estado de Israel e inmediatamente los países árabes vecinos le declararon la guerra. Lo que sí es cierto que ganando aquella guerra, Israel se ganó su derecho a existir.

Y esto señores, lo ha publicado el diario El País de Madrid. Así está el panorama de los medios españoles.

Testigos de fiar

Estoy leyendo Siria, el país de las almas rotas. Los primeros capítulos se leen con angustia, sabiendo que las personas que cuentan sus miedos y anhelos al comienzo de las revueltas contra el régimen de Bashar Al Assad se encaminan hacia una tragedia inevitable. Algunos cuentan que quieren que Occidente intervenga y establezca una zona de exclusión aérea. Otros dicen que no quieren que caiga el régimen, que sólo quieren reformas y un alivio ante la crisis económica. Casi ninguno parece anticipar el abismo que los engullirá.

Según pasan las páginas, los episodios de represión violenta aumentan. Y la autora de esos primeros capítulos, Mónica G. Prieto, recoge testimonios sobre personas que desaparecen tras ser detenidas en controles de carreteras, personas que aparecen muertas al amanecer con signos de tortura y disparos de las fuerzas del régimen contra manifestaciones o poblaciones.

Un testimonio me llamó la atención. Alguien contaba de un fallecido por un “clavo” disparado por un carro de combate. Supongo que se refería a submuniciones tipo “flechette”. Me puse inmediatamente a buscar por curiosidad. Sé que se ha fabricado ese tipo de munición para carros de combate occidentales. Por ejemplo, proyectiles de 105mm. ¿Pero existe ese tipo de munición para los cañones habituales de los carros de combate de diseño soviético? No encontré nada al respecto, sólo referencias a una poco habitual munición antipersonal de 125mm. También he he decir que no dediqué mucho tiempo a ello. A lo mejor el testigo contó el caso de alguien que murió por un simple trozo de metralla alargado.

Me quedó la duda. ¿Hasta qué punto confían demasiado los periodistas en los “testimonios desgarradores” de testigos que entran en detalle sobre el tipo de arma empleado en un ataque que presenciaron? No me refiero a que esos ataques no existieran, sino a que los periodistas adornan sus crónicas con información que no recibe la suficiente acotación de testimonio no verificado.

El otro día un grupo palestino lanzó cohetes contra la población israelí de Sderot. Las Fuerzas de Defensa de Israel respondieron, como es habitual, atacando objetivos dentro de la Franja de Gaza. Al día siguiente me encontré que Isabel Pérez, colaboradora del diario español El Mundo y corresponsal de la cadena pública iraní HispanTV, contaba en Twitter que en el ataque israelí habían participado cazas invisibles al radar F-35i Adir. Me extrañó. Se trata de un proyecto de caza de 5ª Generación muy polémico por lo lento y problemático de su desarrollo que ha disparado el coste por unidad. Sólo recientemente la fuerza aérea estadounidense declaró la Initial Operational Capability del primer escuadrón de F-35A Lighting II, quince años después de la firma de contrato de fabricación. Así que, ¿cómo era posible que hubieran intervenido los F-35i israelíes? Resulta que sólo uno ha sido entregado y no ha abandonado todavía los Estados Unidos. Los primeros ejemplares aterrizarán en Israel a finales de este año y entrarán en servicio a finales del próximo. Encontré a muchos activistas difundiendo la noticia del ataque los F-35 en Twitter. Así que alguien puso en circulación una noticia sin fundamento que terminó siendo recogida por una periodista. Otra vez encontramos el problema de periodistas que cubren conflictos y no entienden de temas militares.

Isabel Pérez escribió una crónica de los acontecimientos para el diario digital español La Marea. Contó que tras el lanzamiento de un cohete por parte de un grupo diferente a HAMAS, Israel respondió con “50 bombardeos que llevó a cabo el Ejército israelí”. La palabra “bombardeo” se refiere al lanzamiento de bombas por parte de un aeronave. Así que ¿hablamos de 50 bombas caídas o de 50 ataques de aeronaves? Pero si se trató del ejército, estaríamos hablando entonces de ataques de artillería, mortero o incluso misil anticarro. Una frase confusa, sin duda. Pero me llamó la atención algo.

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Foto Isabel Pérez vía LaMarea.com

Cuenta Isabel Pérez en su crónica que hubo “ataques con artillería” que “cayeron horas previas a la serie de bombardeos nocturnos”. Y que una torre de agua fue, según testigos, “bombardeada desde un dron israelí”. La torre de agua aparece en la crónica en una foto de la propia Isabel Pérez. Vemos varios impactos en la estructura troncocónica superior y un enorme boquete en la base. Que resulta que ya estaban ahí. Aquí una foto de Gettyimages con fecha 19 de septiembre de 2015:

No se aprecia ningún impacto nuevo entre las dos imágenes. Así que la pregunta nuevamente es, ¿son fiables los testimonios de los testigos que cuentan detalles de un combate o un ataque? Sé que los testigos son el recurso más valioso de los periodistas, con sus “testimonios desgarradores”. ¿Pero no deberían aplicar los periodistas ciertas precauciones con sus fuentes? Porque con el afán de dar voz a las víctimas se termina dando por bueno versiones de los hechos ricas en detalles erróneos, producto de la ignorancia sobre cuestiones millitares o el afán de embellecer la historia para ganar la atención del periodista. No es algo tan diferente a las versiones confusas y contradictorias que recogen los periodistas después de cualquier incidente, sea un atraco o un accidente de tráfico. Pero aquí no hay informe policial o judicial con el que que contrastar luego. Así que las precauciones deberían ser mayores.

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Cuando falla el periodismo

Anoche pusieron en el canal Discovery Max el primer capítulo de la serie documental “Amazonas Clandestino”, dirigido por el periodista español David Beriain. En su documental recoge toda la cadena de la producción y distribución de la cocaína. Desde la recogida de la hoja de coca en Perú hasta su venta en una favela de Brasil. Así que habló con la señora que recoge las hojas de coca y con los cocineros que preparan la pasta base y la cocaína. Entrevistó a un miembro de las milicias surgidas en la región del VRAE para defenderse de Sendero Luminoso y que se financiaron con la venta de coca. Acompañó a los muleros que llevan los paquetes de cocaína a pie por las montañas hasta Bolivia y con un piloto que pasa cocaína en vuelos clandestinos. Entrevistó a un sicario peruano. Se introdujo en la selva para ver cómo se cocina la cocaína en un laboratorio clandestino. Acompañó al ejército peruano en una misión para volar una pista clandestina de narcovuelos y a los Garras, la policía antidroga de Bolivia, en una misión. Finalmente, en Brasil entrevistó a un líder de una banda. La visión general es que se trata de un problema complejo. Cada individuo, a pequeña escala, encuentra así una forma de subsistencia y de salir de la pobreza pero termina atrapado en un negocio violento y brutal, donde se puede terminar perdiendo la vida y por el camino se ve morir a parientes y amigos. Y todo es movido por la enorme demanda de la ascendente clase media brasileña. Los militares y policías que luchan contra el narcotráfico se ven impotentes. Cuando terminas de ver el reportaje has conocido las razones de cada uno para jugar su papel. No has visto una historia de buenos y malos. Y no tienes la sensación de que David Beriain y su equipo, a destacar la fotografía de Sergio Caro, han trabajado mucho y no te han vendido la moto. Es un trabajo honesto del que te queda con ganas de más.

Antes de irme a la cama, no sé cómo, terminé viendo el tráiler de “Nacido en Gaza”, dirigido por Hernán Zin y producido, entre otros por, Jon Sistiaga y la cantante Bebe. Lo mejor de cada casa. Me bastó el tráiler para descubrir la antología de todo lo que le reprocho el periodismo español. Los que me leen desde hace tiempo me habrán oído quejarme de lo mismo muchas veces. La cuestión es que el periodismo español renunció hace mucho a explicar las cosas porque son complejas y hay que trabajar mucho. Hay que leer, conocer y hacer contactos. El periodismo español decidió dedicarse al “periodismo humano”, que consiste en contar la tragedia desde el punto de las víctimas para recoger testimonios que apelen al sentimiento con el objetivo de despertar la conciencia del consumidor de medios. La idea es que no hay nada más puro, sincero e incontestable que el dolor de las víctimas. Escuchamos el relato desgarrador… Es un tipo de reportaje que renuncia al contexto histórico, a las razones estructurales, al trasfondo geopolítico, etc. porque consideran que son frías razones que nos alejan de las personas.

El periodismo humano tiene la ventaja que es un periodismo muy barato y sencillo de hacer. Basta visitar un campamento de refugiados y ponerle la grabadora a alguien para que nos cuente su historia personal. Lo puede hacer hasta un recién licenciado en periodismo. Lo puedo hacer hasta yo sin salir de casa. Es una broma que repito. Yo podría redactar la mayoría de los reportajes que se publican en España sentado aquí delante de mi ordenador sin moverme de casa porque todos los reportajes son iguales. A ver si les suena:

Amanece un día más en el campamento de refugiados de Manguele. Amina aún lleva impreso en su cara el horror que vivió días atrás tras el ataque de las milicias wunga a su pequeña aldea. Con su hijo en brazos, se vio obligada a enfrentar durante días los peligros que acechan en la selva hasta caer desfallecida a las puertas del campamento que gestiona una ONG italiana. Cerca de ella, juega inocentemente su hijo, ajeno a la tragedia de los adultos. En la puerta de la tienda de campaña de al lado, un anciano murmura frases inteligibles mirando al infinito como si hablara con fantasmas que sólo él ve. Amina nos cuenta que, desde que abandonaron la aldea, el anciano perdió la cordura.

Luego tenemos el típico reportaje sobre Cisjordania.

El pequeño Ahmed mira desde la ventana de su habitación con ojos tristes la fría pared muro que se levanta donde una vez estuvo el prado en el que jugaba al fútbol con sus amigos. Ahmed, como cualquier niño de su edad, sueña con ser una estrella de fútbol como las que ve por la televisión pero sus sueños han quedado rotos desde que las autoridades israelíes levantaron un enorme muro de hormigón que cruza cerca de su casa.

¿Les suena? ¿Recuerdan la crónica dónde leyeron algo así hace poco? Me acabo de inventar los dos párrafos sobre la marcha. Es un tipo de reportaje que me desagrada porque no aporta absolutamente nada periodísticamente hablando. No cuenta nada nuevo para el que siga de cerca las noticias sobre el lugar. No aporta ningún dato o información que dé una perspectiva nueva o ayude a comprender mejor lo que pasa. Lo único destacable son las ínfulas literarias del autor y el aura de persona solidaria que este tipo de trabajo aporta. Lo habitual es ver a los periodistas españoles orgullosísimos por este tipo de trabajo y recibir muchas alabanzas de compañeros que consideran este tipo de reportajes grandes lecciones de periodismo.

Así que volvamos a “Nacido en Gaza”. El reportaje es, según nos cuenta la voz en off de RTVE, “un testimonio rotundo que da voz a diez niños palestinos como lúcidas víctimas inocentes de la guerra”. Unos niños que no se preguntan, como dice Jon Sistiaga, “quién ha empezado la guerra, quién ha tenido la culpa, por qué está ocurriendo esto”. Prescindir de todo contexto y toda explicación del conflicto para simplemente ofrecer la visión de unos niños es la forma en que “evitas ponerte de un bando u otro” según la cantante Bebe. Y justo a continuación en el tráiler aparece un fotograma empleado como imagen en el cartel del documental. Es este:

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¿Lo captan? Hay un trabajo de dirección, producción y edición en el que un adulto le ha pedido a un niño que sostenga un trozo de proyectil de mortero de 120mm. mirando a la cámara con una intención concreta. Ese momento concreto rompió el hechizo y me recordó que hay un guión en el que el documental ofrece una realidad donde un niño posa mirando la cámara buscando un efecto dramático que es más interesante que la realidad a secas. Es la “hiperrealidad” de la que hablaba Jean Baudrillard y yo mencionaba en mi último artículo sobre “Margen Protector”. Y entonces recordé algo que me estuvo rondando por la cabeza estos días. ¿Han visto las imágenes de un soldado israelí agarrando a un niño que trataba de llevarse detenido y siendo zarandeado por un grupo de niños?

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Encontré el vídeo y las fotos por todas partes en Twitter y Facebook. Los comentarios giraban sobre la ocupación israelí y el ejemplo de valentía de unos niños enfrentándose a un soldado armado. Reconozco que tardé en caer en la cuenta. ¿Por qué nadie debate qué coño hacen unos niños palestinos enfrentándose a unos soldados? ¿Dónde están los adultos en todos esas refriegas? Es una imagen que no vemos en ningún otro país. No recuerdo ningún país donde en los disturbios donde vuelan piedras contra la policía sean protagonizados por niños. Si mañana viéramos a los hijos de los taxistas que protestan contra Uber o a los hijos de los mineros españoles de la cuenca del carbón tirando piedras contra la UIP con la tolerancia de sus padres, a salvo lejos de allí, la condena sería unánime. El escándalo de los niños-soldados sólo se aplica a África.

Luego, después del revuelo mediático, encontré que los que vemos en la imagen son la familia Tamimi, famosa por enviar sus hijos a acosar a militares israelíes para captar en vídeo alguna respuesta desproporcionada. La de la izquierda en la foto es Ahed Tamimi, famosa por vídeos tan ridículos como este.

Así que volvamos a “Amazonas Clandestino”, un reportaje que te muestra una realidad compleja, poliédrica y contradictoria porque el mundo es así. Aunque quisieras salvar el mundo, cuando terminas de verlo no sabrías por dónde empezar.  Eso es periodismo.

Algo de contexto: ¿Pero qué quiere Israel en Gaza? (1 de diciembre de 2012)

“Margen Protector” un año después

El otro día, después de terminar y enviar a ElMed.io mi último artículo en el que me ocupaba de la Operación “Margen Protector” y su tratamiento en la prensa, Manel Gozalbo me pasó el enlace a un programa de RNE donde el corresponsal de la emisora en Oriente Medio explica lo sucedido así:

Israel quería venga el asesinato de tres colonos que el gobierno de Israel atribuía a los radicales de Hamás en Cisjordania aún a pesar de que la policía israelí negó tal posibilidad.

Aquí el contexto y a continuación una pista visual para los desorientados:

Tamaño despropósito me puso balístico y me despaché a gusto en mi cuenta de Twitter. Estoy acostumbrado a leer y destripar aquí las chorradas que eximios periodistas y académicos españoles escriben sobre el conflicto árabe-israelí. Basta recordar las boberías escritas por el profesor Francisco Veiga sobre la guerra del Líbano en 2006, el delirante relato de los últimos pensamientos de los terroristas suicidas de Hezbolá contada por el actual delegado de la Agencia EFE en el Norte de África o la basura antisemita de Ilya Topper sobre el Holocausto. Pero en este caso me entró el cabreo de pensar que Paco Forjas está en Israel cobrando un sueldo como corresponsal de una radio pública que pagamos todos. Hay que hacer un esfuerzo considerable para no enterarse de lo que pasó en 2014. Quizás Paco Forjas llegó a Israel después de aquella fase del conflicto. O quizás estamos ante un caso como el de aquel corresponsal de RNE en Berlín que no hablaba alemán y le pagaba a una amiga, que no estaba en nómina de RNE, para que le revisara la prensa alemana. Conté la anécdota en Twitter y al rato alguien, que se identificó como trabajadora de RNE, pidió respeto para los compañeros. Ya sabéis, los periodistas como la Legión. Al auxilio de los suyos con razón o sin ella. Así que mi artículo, “‘Margen Protector’ y la ‘hiperrealidad’ en el conflicto palestino-israelí”, parece ahora una respuesta al análisis de Paco Forjas sobre que se trató una venganza por la muerte de tres adolescentes israelíes.

La verdad es que es un trabajo aburrido el tener que ir refutando las tonterías que se dicen sobre el conflicto árabe-israelí. “The amount of energy necessary to refute bullshit is an order of magnitude bigger than to produce it”. En mi artículo empleo el término “hiperrealidad” de Jean Baudrillard para hablar de la fantasía construida por los medios. La acción de los actores externos sería mucho más útil y estaríamos más cerca de la solución a los problemas si los análisis en el centro del debate público fueran serios. Piensen en todos las matices, grises y contradicciones que reflejan trabajos como Un estado y medio de Jordi Pérez Colomé o Historia de Palestina. Desde la conquista otomana hasta la fundación del Estado de Israel de Gudrun Krämer.

Itxaso Domínguez comentaba en la página de Facebook de GuerrasPosmodernas.com que el dedicarme a dar leña a los periodistas por las tonterías que escriben sobre el conflicto (ella no usó esas palabras, pero ustedes me entienden) era adoptar una postura partidaria y era unir mi voz a la propaganda de uno de los lados. Que lo correcto sería al hablar del conflicto mostrar sus dos caras. Sería lo correcto, sin duda, si fuera a explicar el conflicto palestino-israelí. Pero yo lo que trato aquí son las tergiversaciones sobre un conflicto del que se cuenta machaconamente una parte. Hagan la prueba. Verán que en la prensa española se habla de la corrupción, el machismo y el racismo así que de cualquier otro problema de la sociedad israelí. Por ejemplo, alguien en Twitter me justificaba el boicot a Maitsyahu poniendo un enlace a una noticia o una foto sobre violencia policial en Israel contra inmigrantes irregulares. No hice la prueba, fallo mío, pero si hubiera buscado con Topsy en su perfil de Twitter hubiera apostado algo a no encontrar ni un solo comentario sobre la situación en los CIEs españoles. Es algo habitual, ver cómo se airean problemas de la sociedad israelí para mostrarlos como síntomas de una sociedad moralmente enferma cuando esos mismos problemas los tenemos en España y no parecen estar en el centro del debate público, como es el tratamiento a los inmigrantes en situación irregular. La sociedad israelí y su gobierno están bajo una lupa que no se aplica al lado palestino y que es presentado como un objeto pasivo en este conflicto por la perspectiva racista y paternalista de la izquierda occidental que niega la agencia al pueblo palestino, los “niños especiales” de Oriente Medio. Así que, mientras sesudos académicos e intrépidos reporteros sigan publicando análisis de mierda sobre el conflicto palestino-israelí, seguiré destripando el discurso anti-israelí hasta que algún día podamos tener un debate adulto y responsable sobre el conflicto.

Errando el blanco

Podrán creer ustedes lo que quieran sobre el Mossad y sus capacidades legendarias. Pero el verano pasó se armó mucho ruido por un mal movimiento de la Embajada de Israel en España. El día 31 de agosto la periodista Yolanda Álvarez anunció en Twitter que abandonaba la Franja de Gaza, donde estaba en calidad de reportera de RTVE, por “motivos personales”. Me resulta imposible encontrar el tuit pero sirva de prueba este artículo de opinión que recoge sus palabras. Pudo ser una excusa ante la existencia de otras causas. A saber.

El día 1 de agosto la Embajada de Israel publicó un comunicado criticando su trabajo, donde decían que se había convertido “desde el primer momento en correa de transmisión de los mensajes, cifras, imágenes y datos de Hamás”.  ¡Ardió Twitter! Todo el mundo atribuyó una relación causa-efecto a los dos comunicados y nació una nueva mártir del periodismo español. Personalmente sus crónicas nunca me parecieron a la altura de ninguno de los dos extremos que se le atribuían. Ni terribles ni brillantes. Revista de Medio Oriente realizó un análisis de la cobertura informativa realizada por los corresponsales españoles en Gaza. Pueden juzgar ustedes mismos.

Ayer se supo que RTVE no le renueva el contrato a Yolanda Álvarez junto con otros corresponsales. Volvió a arder Twitter. Me resultaron divertidos los piropos que le lanzaron muchos como periodista. Sospecho que muchos de aquellos entusiastas de su trabajo encajarían en el perfil español típico de inglés “nivel medio”, por lo que dudo de su capacidad de juzgar el trabajo de una periodista cubriendo un conflicto si no se informan y contrastan con la prensa internacional. En el caso de Gaza, pienso que “periodismo es todo aquello que Hamás no quería que se mostrara, el resto es propaganda”. Y nunca vi a ningún periodista español contar que su trabajo sufría las presiones y cortapisas de Hamás.

Casualidades de la vida, esta madrugada el diario israelí Haaretz publicaba las conclusiones de un informe de Amnistía Internacional sobre las acciones palestinas durante el conflicto del pasado verano, como por ejemplo el uso de hospitales, templos e instalaciones de Naciones Unidas como almacén de armas. El informe menciona que murieron más palestinos que israelíes por culpa de los cohetes palestinos. Además, cuenta que las organizaciones de derechos humanos vieron su trabajo impedido en la zona. Un detalle curioso. El informe confirma mis conclusiones sobre la explosión en Al Shati del 28 de julio de 2014 en la que murieron varios niños. Fue un proyectil palestino. Hablé de aquel caso aquí en mi blog. Sin embargo, Yolanda Álvarez informó aquel día que las víctimas habían muerto por culpa del ataque de un dron israelí. Pero a estas alturas ya lo deben saber. La cobertura del periodismo español sobre Israel es como la tostada de la ley de Murphy. Siempre cae del mismo lado.

Un apunte rápido sobre el alto fuego en Gaza

Ayer por fin hubo un acuerdo de alto el fuego indefinido para Gaza. Como en 2012, los palestinos escenificaron en sus calles la celebración de la victoria. Asistimos otra vez a la construcción social de la realidad en directo para las cámaras de televisión. Da igual lo que haya sucedido. Da igual que todavía sea pronto para evaluar el resultado. Pero los medios entran gustosos en el juego de hablar de vencedores y vencidos.

No deja de ser paradójico que se mantenga profundos debates historiográficos sobre lo sucedido en España hace casi 80 años mientras profesores universitarios son capaces de construir un relato fantasioso sobre lo que pasó en la guerra del Líbano de 2006. Busquen en Internet sobre aquella guerra con los términos “Israel” y “fracaso”. Encontrarán bastantes análisis. Muchas menos fuentes hablan del arrepentimiento mostrado por Hassan Nasrallah de haber comenzado aquel conflicto. La situación de la frontera entre Israel y Líbano en estos ocho años es el mejor indicador de los logros estratégicos de Israel en aquell guerra. Los balances precipitados están condenados al error.

La agencia EFE presentaba ayer una cronología del conflicto que arrancaba con el secuestro de los tres adolescentes israelíes. Se desentendía de la escalada de ataques palestinos desde Gaza que arrancó en abril. Carmen Rengel habla en El País de “50 días de la ofensiva en Gaza”. A este paso, en unos meses leeremos artículos que hablen de los cohetes palestinos como respuesta a los bombardeos israelíes.

En definitiva, ¿qué ha pasado? Tenemos un alto el fuego y el compromiso de las partes de negociar más adelante. Cuando la cifra de palestinos muertos no había llegado a 200, Fawzi Barhum, portavoz de Hamás declaró:

“Un alto al fuego sin alcanzar un acuerdo está excluido. En tiempos de guerra no se cesa el fuego para enseguida negociar”

Con una cifra de muertos más de diez veces mayor y enormes montañas de escombros después, ¿por qué Hamás aceptó ahora lo que rechazó en julio? ¿En qué ha avanzado la posición palestina desde aquel entonces?

El acuerdo se ha sellado en el Egipto de Al Sisi, del que sabemos su hostilidad a los grupos islamistas y que comparte intereses estratégicos con Israel, como mantener la paz en el Sinaí. Podemos ver lo que se ha dicho en la televisión egipcia durante el conflicto para hacernos una idea de la postura oficial.



Se habla de varias concesiones israelíes. Una es que se reabran los pasos fronterizos desde Israel para la entrada de medicinas y material de construcción. Habría que decir que el paso entre Israel y Gaza nunca estuvo totalmente cerrado, incluso durante el conflicto. Las personas y las mercancías estuvieron entrando y saliendo. Recordemos una crónica de Mikel Ayestarán desde Gaza donde contaba:

La economía de guerra afecta a frutas y vegetales que se importan de Israel y prácticamente han duplicado el precio desde el inicio de la ofensiva. […] Sin túneles para el contrabando y con la frontera de Rafah cerrada por Egipto, el paso de mercancías de Kerem Shalom, al sur, es la única puerta para la entrada de alimentos a la Franja que Israel abre una media de dos horas diarias. «El problema con la frontera es que ahora es zona de operaciones militares y resulta muy peligroso acercarse», señala Abu Ahmed, transportista desde hace veinte años que, pese al riesgo, cada mañana intenta llegar en esa ventana abierta por Israel para cargar su camión de productos lácteos.

Aquí un vídeo del paso de mercancías de Israel a Gaza (coches, electrodomésticos y material de construcción) en 2011:

La novedad es el paso de materiales de construcción, que Israel ha bloqueado circunstancialmente después del conflicto que se conoció en Israel como Operación “Pilar Defensivo” para volver a permitir, como en diciembre de 2012 y en diciembre de 2013.

La siguiente novedad es la reapertura del del paso de Rafah en la frontera de Gaza-Egipto que las autoridades egipcias cerraron de forma indefinida hace un año. En este caso, se trataría de una concesión egipcia como gesto de buena voluntad que avale su condición de mediador de las negociaciones. Pero la medida tiene un detalle importante. El control del paso por el lado palestino no quedará en manos de las autoridades de Hamás, que gobiernan Gaza tras un golpe de estado en 2007 , sino en el de la Autoridad Palestina. Es decir, de Fatah.

Por último, se alarga el límite de 3 a 6 millas náuticas en el que los pescadores palestinos de Gaza podrán fanear. Es volver de nuevo a la situación posterior a la Operación “Plomo Fundido”.

Decía Carmen Rengel en El País:

Luego, pasado un mes, se retomarán los contactos indirectos entre los equipos negociadores, con Egipto de nuevo como intermediario, y se abordarán los asuntos de mayor calado,

Así que si el alto el fuego se mantiene un mes, empezarán las negociaciones de verdad. Y eso es todo. Hasta entonces no sabremos para qué sirvió de verdad todo esto.

[Y esto es lo que yo llamo un apunte rápido. Menos mal que no lo quise hacer lento y largo]