Testigos de fiar

Estoy leyendo Siria, el país de las almas rotas. Los primeros capítulos se leen con angustia, sabiendo que las personas que cuentan sus miedos y anhelos al comienzo de las revueltas contra el régimen de Bashar Al Assad se encaminan hacia una tragedia inevitable. Algunos cuentan que quieren que Occidente intervenga y establezca una zona de exclusión aérea. Otros dicen que no quieren que caiga el régimen, que sólo quieren reformas y un alivio ante la crisis económica. Casi ninguno parece anticipar el abismo que los engullirá.

Según pasan las páginas, los episodios de represión violenta aumentan. Y la autora de esos primeros capítulos, Mónica G. Prieto, recoge testimonios sobre personas que desaparecen tras ser detenidas en controles de carreteras, personas que aparecen muertas al amanecer con signos de tortura y disparos de las fuerzas del régimen contra manifestaciones o poblaciones.

Un testimonio me llamó la atención. Alguien contaba de un fallecido por un “clavo” disparado por un carro de combate. Supongo que se refería a submuniciones tipo “flechette”. Me puse inmediatamente a buscar por curiosidad. Sé que se ha fabricado ese tipo de munición para carros de combate occidentales. Por ejemplo, proyectiles de 105mm. ¿Pero existe ese tipo de munición para los cañones habituales de los carros de combate de diseño soviético? No encontré nada al respecto, sólo referencias a una poco habitual munición antipersonal de 125mm. También he he decir que no dediqué mucho tiempo a ello. A lo mejor el testigo contó el caso de alguien que murió por un simple trozo de metralla alargado.

Me quedó la duda. ¿Hasta qué punto confían demasiado los periodistas en los “testimonios desgarradores” de testigos que entran en detalle sobre el tipo de arma empleado en un ataque que presenciaron? No me refiero a que esos ataques no existieran, sino a que los periodistas adornan sus crónicas con información que no recibe la suficiente acotación de testimonio no verificado.

El otro día un grupo palestino lanzó cohetes contra la población israelí de Sderot. Las Fuerzas de Defensa de Israel respondieron, como es habitual, atacando objetivos dentro de la Franja de Gaza. Al día siguiente me encontré que Isabel Pérez, colaboradora del diario español El Mundo y corresponsal de la cadena pública iraní HispanTV, contaba en Twitter que en el ataque israelí habían participado cazas invisibles al radar F-35i Adir. Me extrañó. Se trata de un proyecto de caza de 5ª Generación muy polémico por lo lento y problemático de su desarrollo que ha disparado el coste por unidad. Sólo recientemente la fuerza aérea estadounidense declaró la Initial Operational Capability del primer escuadrón de F-35A Lighting II, quince años después de la firma de contrato de fabricación. Así que, ¿cómo era posible que hubieran intervenido los F-35i israelíes? Resulta que sólo uno ha sido entregado y no ha abandonado todavía los Estados Unidos. Los primeros ejemplares aterrizarán en Israel a finales de este año y entrarán en servicio a finales del próximo. Encontré a muchos activistas difundiendo la noticia del ataque los F-35 en Twitter. Así que alguien puso en circulación una noticia sin fundamento que terminó siendo recogida por una periodista. Otra vez encontramos el problema de periodistas que cubren conflictos y no entienden de temas militares.

Isabel Pérez escribió una crónica de los acontecimientos para el diario digital español La Marea. Contó que tras el lanzamiento de un cohete por parte de un grupo diferente a HAMAS, Israel respondió con “50 bombardeos que llevó a cabo el Ejército israelí”. La palabra “bombardeo” se refiere al lanzamiento de bombas por parte de un aeronave. Así que ¿hablamos de 50 bombas caídas o de 50 ataques de aeronaves? Pero si se trató del ejército, estaríamos hablando entonces de ataques de artillería, mortero o incluso misil anticarro. Una frase confusa, sin duda. Pero me llamó la atención algo.

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Foto Isabel Pérez vía LaMarea.com

Cuenta Isabel Pérez en su crónica que hubo “ataques con artillería” que “cayeron horas previas a la serie de bombardeos nocturnos”. Y que una torre de agua fue, según testigos, “bombardeada desde un dron israelí”. La torre de agua aparece en la crónica en una foto de la propia Isabel Pérez. Vemos varios impactos en la estructura troncocónica superior y un enorme boquete en la base. Que resulta que ya estaban ahí. Aquí una foto de Gettyimages con fecha 19 de septiembre de 2015:

No se aprecia ningún impacto nuevo entre las dos imágenes. Así que la pregunta nuevamente es, ¿son fiables los testimonios de los testigos que cuentan detalles de un combate o un ataque? Sé que los testigos son el recurso más valioso de los periodistas, con sus “testimonios desgarradores”. ¿Pero no deberían aplicar los periodistas ciertas precauciones con sus fuentes? Porque con el afán de dar voz a las víctimas se termina dando por bueno versiones de los hechos ricas en detalles erróneos, producto de la ignorancia sobre cuestiones millitares o el afán de embellecer la historia para ganar la atención del periodista. No es algo tan diferente a las versiones confusas y contradictorias que recogen los periodistas después de cualquier incidente, sea un atraco o un accidente de tráfico. Pero aquí no hay informe policial o judicial con el que que contrastar luego. Así que las precauciones deberían ser mayores.

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11 thoughts on “Testigos de fiar

  1. Con la cantidad de herramientas que ofrece ahora mismo internet para contrastar imágenes, fotos, etc, los periodistas tendrían que asegurarse antes de publicar una foto a la que atribuir una historia o un suceso.

  2. Me parece que se habla de peras y naranjas, que no son lo mismo y es injusto. Someto lo siguiente a discusión… no se vayan a jalar los pelos.

    El periodismo no es científico, pero sí que tiene formas de chequeo y eso es a través de sus editores. Creo que es injusto que se tome de pretexto el libro de G. Prieto para desacreditar el reportaje de Pérez y luego tratar de hacer un juicio sobre el trabajo de todos los periodistas y como trabajan en el campo.

    G Prieto deja claro en su texto que lo que escribe es lo que le ha dicho alguien en entrevista. Como periodista, ese es su trabajo, enfocar lo que la gente dice y posteriormente dar un contexto. No creo que de ninguna manera tenga que ver eso con lo que se señala de Pérez en Gaza.

    Sobre Pérez: Creo que es perfectamente válido que se haga una precisión sobre una imágen y los datos en una nota periodística. Creo, sin embargo, que se deben de hacer a través del medio quien es responsable de lo que se publica y por tanto deben investigar que paso con esa foto y el dato. De lo contrario queda en habladuría.

    Lo que hace esta pieza es cuestionar si los periodistas (en general) son confiables y debemos creer lo que dicen con base en los fallos particulares que el autor encuentra en dos piezas distintas de reportaje, donde argumenta que los reporteros embellecen sus notas con descripciones coloridas que después no estan sustentadas.

    Hay estándares en el periodismo y esos deben ser cumplidos “como se pueda, con lo que se pueda y hasta donde se pueda” pero bajo esa misma lógica uno podría argumentar que usar una tautología -bastante burda- para criticar el trabajo de los corresponsales de guerra (en este caso, que bien podría incluir a todo periodista porque no se especifica) no es lo más profesional.

    1. Yo me conformaría que los periodistas usaran mucho las comillas. En el periodismo anglosajón se suele poner entre paréntesis o en una nota que una afirmación de alguien entrevistado no ha podido ser confirmada. Santiago Segura cuenta la anécdota que en una entrevista para el NYT sobre el “nuevo humor europeo” en el que hablaba de personas como Borat y Torrente contó que Oliver Stone había comprado los derechos de Torrente. Y los periodistas contactaron con Stone para confirmarlo.

  3. ¿Se sabe qué grupo lanzó el cohete sobre Israel? En DEBKAfile se da a entender que fue el ISIS y que no es la primera vez que ataca a Israel aunque no se haya reconocido oficialmente. Pero no sé si es fiable DEBKAfile.

    1. Yo dejé de seguir a los de Debka después de que su enésimo análisis de que se avecinaba un nuevo 11-S fallara. Les he pillado fallos muy tontos. Y no les hago caso.

      Isabel Pérez dice en su crónica que el ataque fue obra de “las brigadas Abu Ali Mustafa, brazo militar del Frente Popular para la Liberación de Palestina”.

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