El Tercio de Armada y las Guerras Posmodernas

El viernes 11 de junio tuve el privilegio de presentar mi libro “Guerras Posmodernas” en el Tercio de Armada (TEAR) cuya base está en San Fernando de Cádiz. El TEAR es la unidad expedicionaria de la Infantería de Marina española. Esto significa que su organización, sus materiales y su doctrina están orientados a proyectar fuerzas lejos de España. Por lo que para mí se trató de hablar no ante personas que tratamos de entender y desentrañar la realidad, sino ante oficiales de una unidad militar que la ha vivido de primera mano en Bosnia, Líbano, Iraq, Afganistán, Chad o Haití.

La especialidad del TEAR como unidad expedicionaria son las operaciones anfibias, que son los ataques lanzados desde el mar sobre una costa hostil o potencialmente hostil (véase aquí o aquí). Para el TEAR esto implica por ejemplo que todo su material ha de poder ser embarcado y trasladado a tierra por sus propios medios o en las embarcaciones de la Armada. Ese vínculo es tal que la Infantería de Marina española forma parte de la Armada.

El TEAR además tiene la necesidad de ser autosuficiente en cuanto capacidades operativas. Si uno repasa los batallones y grupos que lo forman se encontrará una lista extensa de capacidades y recursos que van desde los carros de combate, a Guerra Electrónica o Defensa Antiaérea, pero también excavadoras o potabilizadoras de agua.

Los que estuvieron en mi charla del día 11 saben todo esto que he explicado de sobra. Aquel día hablé de Guerras Posmodernas y del Flanco Sur Profundo. Lo que no hice fue dar hechas las conclusiones sobre cómo afectará la trasformación de los conflictos armados al TEAR. Lo hago aquí sintiéndome libro para hablar y errar.

“Posmodernidad” es una palabra polisémica dentro de las ciencias sociales. Puede hacer referencia al fin de un período histórico de cinco siglos según los términos empleados por la historografía inglesa o a la crisis de los valores e instituciones de la sociedad industrial. En cualquier caso se constata que la institución del Estado-Nación ha perdido su papel como acto fundamental del orden internacional, bien por la emergencia de nuevos actores o bien por la debilidad de los estados ex-coloniales creados artificialmente por las potencias europeas.

El número de guerras entre Estados-Nación cayó tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Lo hizo en picado tras el fin de la Guerra Fría. Los antiguos enemigos como Francia-Alemania o Chile-Argentina forman alianzas regionales y crean unidades militares multinacionales para la acción exterior bajo bandera de la UE o la ONU. Los actuales rivales como India y Pakistán mantienen o buscan una alianza con Estados Unidos. Mientras que en la crisis nuclear iraní tienen un papel EE.UU., Israel, Arabia Saudita, China, Rusia, Brasil y Turquía ofreciendo palo y/o zanahoria. Difícil imaginar que la sangre llegue al río.

Lo que veremos en el futuro no nos sorprenderá. Veremos colapsarse el aparato estatal de países como sucedió en Albania, Haití, el antiguo Zaire o Somalia. Veremos violencia y disturbios en el interior de los países con connotaciones étnicas como en Bolivia, Nigeria, Kirguistán o Indonesia cuando distintas comunidades entre en conflictos por la administración de los recursos del país.

Ya no estarán La Habana, Trípoli, Moscú o Pekín para financiar guerrillas revolucionarias, por lo que los contendientes de los conflictos armados tendrán que autofinanciarse con la explotación de recursos naturales o los tráficos ilícitos de todo tipo. Veremos hacerse borrosas las barreras entre insurgencia y delincuencia organizada cuando los delincuentes monten un estado paralelo y desafíen al estado como en Brasil o Jamaica.

Todos esas crisis y estallidos de violencia pasarán por delante de nuestros ojos no ya por la TV. El Efecto CNN es historia. Estamos en la era de Internet, en la que cualquiera puede subir un vídeo a Youtube y prender la mecha para que se difunda en blogs, foros y servicios como Twitter, Menéame o Facebook. Y por cualquiera se entiende desde un activista en contra de la presencia de las tropas de su país en un país extranjero al miembro de una organización insurgente.

Indistintamente que consideremos a Marruecos la principal amenaza sobre Ceuta, Melilla y Canarias o esperemos que en el futuro se sigan produciendo guerras posmodernas las crisis que requieran de las fuerzas armadas españolas no ocurrirán sobre suelo penisular. Será necesario el envío de una unidad expedicionaria.

La información fluirá libre y abundantemente sobre acontecimientos ocurridos en lugares lejanos. La presión de la opinión pública será fácilmente perceptible y la respuesta tendrá que ser rápida.

Las posibilidades son múltiples: Evacuación de civiles, misiones de pacificación (peacemaking), mantenimiento de paz (peacekeeping), misiones humanitarias… Hará falta una unidad militar que sea capaz de entrar en un país en guerra para enfrentarse a fuerzas convencionales y también que sea igualmente capaz a la finalización de las hostilidades de mantener el orden público y dotar de los servicios básicos a campamentos para refugiados.

Puestos a buscar una unidad que responda a estos requerimientos dentro de las Fuerzas Armadas españolas sólo encontramos una: El Tercio de Armada. Es la única que suma los requisitos de disponibilidad, modularidad y autonomía para formar una Fuerza de Infantería de Marina Expedicionaria que salga con rapidez hacia donde se le ordene con una combinación de medios adaptados para la misión y contando con el respaldo logístico del grupo aeronaval de la Armada que lo transporta hasta su destino.

El Ejército de Tierra, más grande y con más medios, está organizado de tal manera que cuando quiere crear una fuerza para una misión en el exterior tiene que recurrir a elementos de unidades que están en distintas esquinas de España, los tiene que reunir durante un tiempo en un lugar para pasar el necesario período de adaptación a trabajar juntos y sólo entonces los envía. Un sistema que funciona cuando se trata de dar el relevo a un contigente que está ya establecido sobre el terreno pero no para atender una crisis urgente.

Las FIMEX que sean enviadas a las crisis futuras habrán de convivir en el terreno con una multiplicidad de actores: Autoridades locales, organismos multinacionales, agencias de cooperación estatales, organizaciones no gubernamentales, empresas militares privadas, entidades religiosas, medios de comunicación, etc.

El mando de las futuras FIMEXs tendrán que navegar por una red de relaciones políticas complejas. Tendrá que considerar la percepción que de su trabajo tenga la opinión pública española y la población local, sabiendo que en su contra juegan desde los periodistas a la caza de un titular envenenado a los rumores disparatados que circulan de boca en boca en países con escasa tradición de prensa libre.

Estas tareas tienen una definición clara: Cooperación Cívico-Militar (CIMIC), Operaciones Psicológicas (PSYOP), Operaciones de Información (InfoOp), Asuntos Públicos llevados en una Oficina especializada (PAO)… Los elementos de la ensalada de siglas resultante tiene un denominador común: No implican disparar una sola bala. Son lo que se denominan Operaciones No Cinéticas. No desplazarán a las capacidades tradicionales. El TEAR seguirá necesitando de sus carros de combate, sus misiles y sus fusileros. Prepararse para las Operaciones No Cinéticas no requiere comprar ningún sistemas de armas adicional. Su elemento clave es la capacitación del personal. Y serán cada vez más importantes.

La Infantería de Marina española está o ha estado, como mencioné al principio, en Bosnia, Líbano, Iraq, Afganistán, Chad y Haití. Lugares como las arenas de Chad, las carreteras nevadas de Bosnia y las montañas de Afganistán están bien lejos del mar. Hace poco el Teniente General George J. Flynn de la infantería de marina estadounidense decía:

“In eight years of a land war, where the Corps has been acting as if we are a second land army, we need to get back to our amphibious, expeditionary roots.”

Precisamente hace poco tuvo lugar el ejercicio Dawn Blitz en la costa de California. Ha sido el primer ejercicio anfibio desde el 11-S de la infantería de marina estadounidense, los marines. Allí, como aquí, se viven tiempos de recortes presupuestarios. Y cada rama de las fuerzas armadas se ve obligada mientras da vueltas el hacha sobre su cabeza a justificar la existencia de unidades, la continuidad de programas y la necesidad de proyectos. Es una tarea intelectual a la que los marines, el Cuerpo de Marines y sus partidarios se han lanzado. Me gustaría pensar que en España “Guerras Posmodernas” podría aportar ideas a ese debate.

Brecha generacional

Alguien me decía que escribiendo cosas como la del otro día sobre la piratería en Somalia me cerraba yo solo las puertas a la prensa de izquierdas. Con mi instinto kamikaze estos días me entraban ganas de repartir hacia el otro lado viendo las tonterías escritas por cierto militar retirado a cuenta del mismo asunto. Me goteaba el colmillo pero razones tengo, y me las reservo, para no destripar los artículos de militares a pesar de estar retirados. Quién sabe si algún día de estos toco a degüello que bien sabe Dios la de veces que me he tenido que morder la lengua.

Decían en mayo de 1968 “no confíes en nadie mayor de 30 años”. Yo diría “no te fíes de nada escrito por alguien de coronel para arriba”. En alguna parte tengo guardado con notas a mano un artículo publicado por el GEES de cierto coronel retirado que hablaba de la necesaria transformación del Ejército de Tierra español y en seis u ocho páginas mencionaba el 11-M cuatro veces. ¿Qué tendrán que ver las fuerzas armadas con la amenaza terrorista en las grandes ciudades españolas?

Conservo también otro artículo firmado por un general retirado cuyo último destino había sido una de las brigadas “cañeras” del Ejército de Tierra. Hablaba de Marruecos y armaba un lío entre las reclamaciones territoriales del Estado con la amenaza terrorista islamista que es de carácter regional y subestatal. Es decir, para él Marruecos y Al Qaeda en el Maghreb Islámico formaban un súper enemigo único que amenaza a España. La releche si no fuera porque ambas entidades son enemigas. Por no olvidar su mención al “rearme marroquí” tomando aquellos datos inventados por el diario “La Razón”. El general, por cierto, ha escrito un libro sobre la transformación de la guerra reseñado con alabanzas por el GEES. Todo queda en casa, ya ven.

Fuera del Ejército de Tierra también ejemplos dignos de mencionar. Como aquel coronel de Infantería de Marina que firmaba un artículo sobre cierta teoría de la transformación de la guerra en el que en las notas a pie de página mencionaba a los teóricos de la “netwar”, Arquilla y Ronfeldt, escribiendo mal el nombre del segundo. Una errata, diría alguno, si no fuera porque para hacer mención del concepto no se citaba su obra principal que está disponible gratis en Internet y en papel traducida al español. Mencionaba un artículo menor encontrado, supongo, en una búsqueda rápida en Google. Cosas que pasan cuando te pones a escribir de oídas. Que es como hablar de Internet y escribir “Gogle” o “Fasebook”. Y el artículo, ah por cierto, era malo. El asunto todavía está por tratarse a fondo.

Quizás sea cuestión que los militares retirados que salen en los medios sean aquellos con una predisposición innata para alcanzar notoriedad. Y los más inteligente y sensatos se guardan mucho de expresar ideas u opiniones en público. Pero percibo un corte radical en nuestras fuerzas armadas. Lo más interesante lo he leído siempre de la pluma de capitanes y comandantes. Militares que por edad les ha tocado pasar por los Balcanes, verdadera escuela de nuestras Fuerzas Armadas, y otras misiones internacionales. Posiblemente lo será también Afganistán. Esperemos la hora de esa “Generación Afgana”.

Ya no quedan justos en Sodoma

¿Se acuerdan de aquella vez que mostré un vídeo de Youtube que habían grabado los miembros del Grupo 43 del Ejército del Aire español? Sí, aquella en que contaba qué bueno era encontrar un vídeo divertido que daba una imagen diferente de las Fuerzas Armadas. Y mencionaba de paso un blog colectivo escrito por varios pilotes de combate. ¿Se acuerdan? ¿No? Da igual. Porque el vídeo tuvo que ser retirado por órdenes llegadas de arriba. Y el blog ha desaparecido sin que sus autores dieran explicación alguna. Se pueden imaginar cómo y por qué. Justo lo que me metía en uno de los comentarios que hice en aquella entrada de este blog.

Mientras lamento la desaparición de ambas iniciativas, hechas de forma amateur por gente tan bien intencionada como amante de su profesión, se me ocurrió hoy leer algo hecho por verdaderos profesionales de la comunicación. Gente que estudió carreras y posgrados sobre la materia. Que hizo prácticas, intercambios y trabajó hasta llegar a tomar responsabilidades de tan alto nivel como la comunicación pública del Ministerio de Defensa. Y leo:

HERIDO LEVE UN SARGENTO ESPAÑOL EN AFGANISTÁN POR EL REBOTE DE UN PROYECTIL

Sólo queda “el cachondeo”. O llorar.

Aún quedan justos en Sodoma

Hace tiempo tuve la oportunidad de hablar con alguien del Ministerio de Defensa sobre el asunto de la publicidad con la que se promociona la figura del soldado profesional. La persona en cuestión, un militar, se expresaba en los mismos términos que he leído estos días en cierto libro escrito por otro militar, y del que pronto tendré que hablar. Ambos consideraban que al contrario que en el resto del mundo no procede apelar a la sed de aventura, resaltar el lado sacrificado de la profesión e incidir en la propia naturaleza marcial del asunto. En España es preciso, en cambio, resaltar el buen rollito de las misiones humanitarias y de paz, ocultar en los carteles y anuncios televisivos cualquier clase de arma y obviar la dureza de la vida del soldado. “Si alguien se siente engañado porque al llegar al cuartel nada se parece a lo anuciado en la tele es que es tonto. Es como comprarse el coche y preguntar dónde está la chica del anuncio” me dijeron.

No tengo ni idea quién se encarga de estas cosas en el Ministerio pero gobierno tras gobierno quien quiera que sean los responsables demuestran no tener ni idea de cuál es su target publicitario. Si es que saben lo que es un target publicitario. Alguien tendría que explicarles que los anuncios promocionando el trabajo de soldado militar no deberían estar hechos partiendo de la premisa de no enojar a toda costa los perroflautas y que la vida del militar es dura pero a la vez llena de alicientes no materiales que en el resto del mundo precisamente tratan de resaltar. Ahí están los Royal Marines británicos que se anuncian dejando claro de entrada “99.99% need not apply” o enumerando las penalidades que esperan al soldado.

Y podríamos seguir contando los exabruptos que se le escapan a los que nos movemos en torno a este mundillo cuando leemos comunicados de prensa oficiales que camuflan la realidad o los metidos en la materia nos cuentan las presiones “desde arriba” para quítame esa coma en el dossier de prensa de turno. Rece, el que crea en algo, para que los talibán no nos pongan los pies en la tierra un día de estos sobre la diferencia de una misión de paz y una guerra.

Y mientras tanto, encuentra uno motivos para la esperanza gracias a la oportunidad que ofrece Internet de saltarse jerarquías y democratizar la publicación de contenido. Un grupo de chiflados escriben por acá un blog profesional sobre aviación militar y otro grupo de chiflados, en la estela de algunos antecedentes estadounidenses o británicos, montan este vídeo:

Cualquiera diría que unos y otros disfrutan de su trabajo. Y la esperanza es que mientras tengamos Internet, tendremos fotos, vídeos y blogs que nos presenten otra cara de las fuerzas armadas sin esperar ni importar lo que venga de arriba.

¿Un ejército en crisis?

Si tuviéramos que hablar de los problemas de las fuerzas armadas españolas empezaríamos por dos cuestiones cruciales: La insuficencia de los presupuestos y la falta de tropa (soldados y marineros).

España es uno de los países desarrollados que menos gasta en defensa. Dentro de la OTAN es el país que tras Luxemburgo menor porcentaje de su P.I.B. dedica a defensa. El salto de un ejército de soldados de reemplazo a uno profesional se hizo durante la primera legislatura en la que gobernó el Partido Popular con apoyo de CiU. Fue en aquellos tiempos en que los cachorros del PP pasaron de corear “Pujol, enano Habla castellano” al “Pujol, guaperas. Habla como quieras”.

En los llamados “Pactos del Majestic” quedó enterrado el sistema de conscripción y se abrieron las puertas a un ejército profesional. En un país donde el servicio militar obligatorio había llegado a ser tan impopular cabe imaginar que se podía haber abierto el debate partiendo de la idea evidente que un ejército profesional tenía un mayor coste económico. Al fin y al cabo, de aquellas decenas de miles de soldados de reemplazo que cobraban poco más de mil pesetas al mes se iba a pasar a unas fuerzas armadas cuya tropa debían cobrar un sueldo digno. Se decía además que aquellas fuerzas armadas profesionales siendo más pequeñas serían capaces de lo mismo o más al modernizarse sus medios.

Pero no hubo debate. No hubo aumento de los presupuestos de defensa. Eran los tiempos de apretarse el cintura para ajustarse a los Criterios de Convergencia europeos. Y lo que es peor: El sistema de profesionalización de las fuerzas armadas adoptado por el gobierno del PP concebía a los soldados profesionales como trabajadores temporales. En un país donde la aspiración del currito medio es un contrato permanente que le permita hipotecarse y pagar las letras del coche, las fuerzas armadas ofrecían contratos de tres años renovables a un máximo de seis.

Que no se cubrieran las plazas de tropa y marinería llevó a la disolución de unidades, al amarre de fragatas, a la incorporación de extranjeros y a la bajada del listón en los requisitos físicos e intelectuales aplicados a la tropa. El necesario cambio de la legislación sobre tropa y marinería lo llevó a cabo el gobierno socialista en la anterior legislatura. Pero estaríamos equivocados si creyéramos que todos los problemas de las fuerzas armadas españolas se acabarían mañana derramando sobre ellas millones de euros y alistando las decenas de miles de soldados y marineros que faltan. Porque cabe preguntarse primero qué criterios habría que seguir en el gasto de ese hipotético dinero caído del cielo y en la distribución de los soldados. Y lanzada la pregunta el siguiente paso es preguntarse sobre lo acertado de los criterios que se siguen al respecto actualmente.

Es un debate que he mantenido ya en su momento y resulta que somos unos cuantos los que observando nuestras fuerza armadas desde fuera apreciamos una notable diferencia entre las fuerzas de tierra, mar y aire. Pareciera que con los magros presupuestos actuales y el déficit de tropa la Armada y el Ejército del Aire han sabido dotarse de los medios necesarios y adaptar tanto los esquemas organizativos como las doctrinas operativas.

Mientras, el Ejército de Tierra vive en una permanente crisis existencial desde el fin de la Guerra Fría. Ya hemos perdido la cuenta de los planes de reestructuración (META, NORTE, RETO…) y del batiburrillo de entidades (Fuerza de Maniobra, Fuerza Terrestre, Fuerza de Acción Rápida) que han ido generando. Cada plan de modernización ha sido siempre un plan de reducción y tras el plan NORTE (Nueva Organización del Ejército de Tierra) corrió el chiste que el siguiente en aplicar sólo podría ser ya el plan SUR (Supresión de las Unidades Restantes).

En cuanto a los materiales el Ejército de Tierra sufre un retraso histórico. Entrado el siglo XXI está incorporando los elementos fundamentales de la guerra mecanizada aeroterrestre adoptada por los países de la OTAN en los años 80: El carro de combate pesadamente blindado y ágil, el vehículo de combate de infantería y el helicóptero de ataque cazacarros. Los tres programas (carro Leopard 2E, el VCI Pizarro y el helicóptero Tigre) no sólo llegan tarde, sino que han sufrido enormes retrasos y problemas.

Para colmo el Ejército de Tierra ha vivido la paradoja de que sus principales programas tecnológicos hayan sido irrelevantes, desde el punto de vista práctico, en el quehacer diario de las misiones internacionales donde nuestros soldados se la están jugando. En Bosnia, Kosovo, Líbano, Iraq y Afganistán las patrullas diarias se han hecho y se hacen en los ya superados BMR. Aún peor: Los programas de adquisición de vehículos especialmente protegidos a pruebas de minas que fueron lanzados con carácter de urgencia también han tenido problemas y retrasos.

El asunto da para un amplio debate en el que no voy a entrar aquí. Aunque sin duda es un debate necesario. Por eso es destacable que el Grupo de Estudios Estratégicos publicara el 8 de julio de este año uno de los primeros intentos de plantear la cuestión en público. El artículo “Rompiendo moldes. ¿Qué Ejército necesita España?” es obra de Antonio J. Candil Muñoz, coronel del Ejército de Tierra en la reserva. Lo cual le confiere más valor a las opniones de su autor.

El coronel Candil Muñoz no se anda con rodeos:

Si el Ejército fuese auditado hoy, como se hace en la mayoría de las empresas serias de España, las conclusiones serían tremendas y la mayor parte de la estructura de dirección sería reemplazada. (pág. 2, 1ª columna)

Si decíamos que el Ejército de Tierra no pasaba la comparación con las otras dos ramas de las fuerzas armadas españolas en la manera de superar el reto de la modernización es porque hay problemas de fondo. El coronel Candil Muñoz apunta también:

Posiblemente la raíz de los principales males que aquejan al Ejército español esté, después de todo, en el propio Ejército. (pág. 2, 2ª columna 2)

A pesar de que el GEES sea un think tank en la órbita del Partido Popular en el anális no se pasa por alto las responsabilidades del gobierno de Aznar:

[L]a profesionalización, llevada a cabo muy demagógicamente por el Sr. Eduardo Serra y el gobierno anterior del PP. (pág. 8, 2ª columna)

El análisis tiene su enjundia y merece ser la pena leído. Pero resulta que va al meollo del asunto a partir de la mitad de la segunda columna de la página 8 (tomo como referencia la versión en PDF). Todo lo anterior es una puesta de antecedentes donde el señor Candil Muñoz, coronel en la reserva, nos cuenta que el mundo y los conflictos armados han cambiado. Que es precisamente el asunto principal de este blog. Y esa parte del artículo me parece más que discutible. Pero de eso hablamos otro día.

Un ejemplo desde Chile

Hoy comparece la Ministra de Defensa española ante la comisión de Defensa del Congreso. Ayer El País Semanal publicaba una entrevista a Michelle Bachelet, presidenta de Chile.

[H]ay una parte de su biografía que se ha destacado poco y me ha llamado la atención: su curso de estrategia militar aquí en Chile y el de posgrado en defensa continental en Fort Leslie McNair (Washington) a mediados de los noventa.

Lo hice porque consideré que uno de los problemas que tuvimos en Chile era una falta de diálogo entre el mundo de la política y el mundo militar. Mi gran preocupación era cómo lograr no repetir una tragedia como la que habíamos pasado [el golpe de Estado y la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990]. Yo creía que en el mundo de la política y de la izquierda había que entender que las Fuerzas Armadas eran parte constitutiva del Estado y que teníamos que generar confianza entre ambos mundos, dejando atrás los prejuicios, para asentar las bases de la democracia. Porque la democracia es algo mucho más que la mera elección de los representantes. Lo importante y lo difícil es aprender a convivir con un espíritu de amistad cívica. Ése es el sentido de mi acercamiento a lo militar en plena transición política.

Pensaba que era un mecanismo de defensa; salvando todas las distancias, como el indígena americano que aprende el español, la lengua de los conquistadores, para combatirlos mejor.

No, porque ya estábamos en democracia. Era una manera de explorar cómo construir una sociedad sana y democrática y no reproducir los errores del pasado. Me parecía, además, que desde la izquierda no le habíamos dado el valor suficiente al mundo militar, como tampoco a la seguridad ciudadana.

Yo preferiría no tener que sacar conclusiones.

Las armas del hombre blanco

Noticia de ayer:

El Congreso de Estados Unidos ha dado su aprobación a la venta de 20 misiles tácticos ‘Tomahawk’ a España en una transacción valorada en 156 millones de dólares (104 millones de euros), indicó hoy la Agencia de Cooperación para Seguridad y Defensa.

Yo qué soy una persona cortita de entenderas me gustaría saber a quién le dispararíamos nuestros Tomahawk en caso de que una red terrorista, como la recientemente detenida en varias provincias españolas, cometiera un nuevo 11-M o un 7-J. Y si nunca van a ser usados, porque actuarán toda su vida como arma disuasiva, me gustaría saber en qué contribuirán a combatir las redes que trafican con personas y drogas en la fachada atlántica de África Occidental o a afrontar una hipotética “Marcha Verde” sobre Ceuta o Melilla.

Yo tengo mis sospechas. Pero quisiera saber.

[Nota (y ya van varias):] He abierto los comentarios. Ya no hace falta mi aprobación para que salgan publicados excepto en aquellos casos en que el filtro considera sospechoso el comentario. El filtro, hasta que vaya aprendiendo, deja pasar bastante basura. Así que tengo que ir borrando spam a mano y rescatando comentarios válidos. Como soy batante manazas me he cargado un buen puñado de comentarios interesantes. Disculpas a los agraviados, que espero vuelvan a comentar.

Tecnologías para salvar vidas de soldados españoles #2: MRAP

Los daneses y canadienses han enviado carros de combate a Afganistán. Los británicos y noruegos, Vehículos de Combate de Infantería. Los estonios y australianos, vehículos a prueba de minas. Los holandeses piezas de artillería autopropulsada. ¿Y España? Una copia Made in Spain de los Hummer, de la que empieza a llegar la versión blindada, y el ubicuo Blindado Medio de Ruedas. Un vehículo diseñado en los años setenta y que ha sido el caballo de batalla de los soldados del ejército español tropas en misiones internacionales.

El lunes fallecían en Afganistán dos soldados españoles y un traductor por la explosión de un artefacto bajo el BMR en el que viajaban. Son ya cuatro los soldados españoles muertos por el efecto de una mina anticarro o una carga explosiva detonada baja un vehículo en Afganistán. Los Rebecos o VAMTAC, según la denominación del fabricante o el Ejército de Tierra respectivamente, y los BMR no son la mejor opción para misiones que consisten en patrullar por carretera cuando el principal peligro son las minas anticarro o cargas explosivas enterradas.

A su vez existen en el mercado buen número de vehículos blindados a prueba de minas cuya oferta y demanda se ha disparado desde que los artefatos explosivos accionados al paso de vehículos (Improvised Explosive Device como los llaman en inglés) se han con

Crónica de dos muertes anunciadas

Algunos lectores tienen la idea que los temas que trato aquí son tan esotéricos que un servidor tiene que ser alguien “mu’ listo”. Error. En realidad la comunidad de aficionados a los temas de seguridad y defensa en España que se reúne en Internet es tan diversa y amplia que forman una masa crítica suficiente para convertirse en una especie de think tank difuso. Yo tomo buena nota de lo que dicen, lo complemento con unos cuantas fuentes propias y saco mis propias conclusiones.

Así que al leer las noticias y descubrir que dos soldados españoles habían muerto en Afganistán hoy por la mañana al detonar una mina o un artefacto explosivo bajo el vehículo tuve esa desazón de ver confirmada al fin lo que unos cuantos sabíamos desde hace tiempo: Que las cosas en el área de operaciones del contigente español están empeorando y que los medios a disposición de nuestros soldados no son los mejores. (Vean si no El Alijar, qué premonición).

Hacía bien poco que nos habíamos enterado por la prensa italiana de un combate entre tropas españolas e italianas con fuerzas talibán cerca de la ciudad de Shewan (noticia aquí y aquí). Era sólo el enésimo incidente de los muchos que la prensa española recogía con letra pequeña y que servían de creciente señal de alarma para los que seguíamos lo que allí sucede. La situación en Afganistán en general ha empeorado en los últimos meses. Y los contigentes de la fuerza multinacional allí desplegada se han ido reforzando o desde el principio han desplegado medios adecuados. Como es el caso de los vehículos a pruebas de minas con los que cuentan desde Australia hasta Estonia.

Afganistán es la guerra olvidada y todo ello ha pasado desapercibido en España. Entre el afán de unos de ocultar la naturaleza del conflicto y el desinterés si no hay réditos electorales de los otros.

Releyendo lo que escribí a propósito de la muerte de seis soldados españoles en Líbano da la sensación que es dar vueltas al mismo tema así poco queda por decir. Quizás es la hora de que los que algo entedemos de estos temas hagamos de voz de quienes por imperativo de las Reales Ordenanzas no pueden tener voz.

Tecnologías para salvar vidas de soldados españoles

La falsa polémica sobre los inhibidores de frecuencia que hipotéticamente habrían salvado la vida de seis soldados españoles ha quedado olvidada. Es sólo una prueba más de que aquella pretendida preocupación de algunos políticos por la seguridad de las tropas españolas en el Líbano era una mera excusa dentro de la estrategia de la crispación. Y no es que la respuesta del gobierno fuera rápida y certera. Ir pregonando a los cuatro vientos que los vehículos militares españoles en el Líbano carecían de los dichosos inhibidores y defenderse afirmando que las fuerzas de paz de otros países también carecían de ellos resulta cuanto menos temerario.

Casco azul español en LibanoLos inhibidores de frecuencia no son más que uno de tantos elementos de seguridad de los que eran, y son, recomendables dotar a nuestros soldados españoles en misiones internacionales de riesgo. Y que la polémica haya quedado olvidada no quiere decir que ciertas necesidades hayan desaparecido. Nadie habla estos días de si los vehículos que las fuerzas armadas españolas tienen patrullando por tierras afganas son los más adecuados para la misión o de la calidad y comodidad de los chalecos antibalas. Pero en este país las medidas preventivas se toman siempre, parece, a golpe de tragedia. Así que yo les propongo iniciar un recorrido por distintas tecnologías que ayudarían a salvar vidas de soldados españoles.

Empezaré con una bien simple y aparentemente trivial: #1 Uniformes de camuflaje modernos.

Los uniformes de camuflaje no sólo tienen la función de confundir al soldado con el entorno. Permiten muchas veces reconocer la nacionalidad de un soldado de un solo vistazo: El camulfaje alemán (“flecktarn”) no tiene nada que ver con el DPM británico.

El Ejército de Tierra español uso hoy en día un modelo particular, de tipo boscoso no muy diferente del “woodland” estadounidense. Pero cuando hubo necesidad de mandar tropas a zonas desérticas el ejército español carecía de un modelo propio y se recurrió al viejo modelo estadounidense empleando en la Operación “Tormenta del Desierto”, conocido por su apariencia como “chocolate chip”. Se trata de un camuflaje creado basándose en los colores y apariencia de las áreas desérticas del suroeste de EE.UU.

La cuestión no es que los soldados españoles en Afganistán o en Iraq pasen poco desapercibidos llevándolo. Que no pasan desapercibidos con tal engendro de camuflaje. El verdadero problema es que copias de él se encuentran en cualquier parte. Sin ir más lejos la Guardia Nacional Iraquí lo empleaba en el tiempo en que hubo tropas españolas desplegadas en Iraq . Circulaban por el mercado negro entonces armas de todo tipo y también uniformes militares. No pasó nada, afortunadamente, pero existió el riesgo de que algún grupo de la insurgencia iraquí intentara montar un falso check-point, que cometiera una tropelía para luego acusar a los españoles o que se plantara algún tipo de trampa a los soldados españoles.

En este tiempo se han desarrollado camuflajes bastante avanzados, como los modelos pixelados que emplean EE.UU. (Ejército y Marines), Canadá o Colombia. Alemanes e italianos emplean modelos de manchas irregulares. Y hay hasta incluso empresas privadas que se dedican al I+D de los camuflajes a la par que diseños que merecían la pena considerar no sólo para los camuflajes desérticos. Si a un diseño de camuflaje moderno le añadimos una tela que no destiña al par de lavados, que el modelo desértico sea resistente pero no haga morirse a los soldados de calor y se acompaña al uniforme de combate con botas que no sean aparatos de tortura para los pies habremos dado un gran paso adelante.