Volviendo a una teoría conspiranoica sobre el Estado Islámico

Mucho antes del debate sobre la post-verdad (post-truth) y las noticias falsas (fake news) dije repetidamente que el rebatir las metiras, falacias y bulos que se generan sobre conflictos como el de Siria e Iraq daría para llenar un blog aparte. Véase si no, todo el trabajo que generan otros conflictos para StopFake.org y Revista de Medio Oriente.

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20 Minutos copió y pegó una noticia de un medio italiano que citaba otro ruso sobre que decía que Bin Laden vivía en las Bahamas. Luego pidió disculpas.

Pero por muy nuevo que parezca el asunto, de lo que hablamos no es más que de las mentiras políticas de toda la vida. Es decir, no se trata meramente de un problema de los medios por la forma en que trabajan hoy en día, con plantillas precarias y con prisas por buscar visitas a toda costa (clickbait), sino que muchas de esas tonterías tienen un objetivo político. No es casual, por ejemplo, que medios estatales rusos e iraníes o con afinidades ideológicas con los gobiernos de esos países se inventaran y reprodujeran la noticia de que helicópteros Apache estadounidenses habían sido filmados escoltando un convoy de vehículos del Estado Islámico. El objetivo es cuestionar el papel de Estados Unidos y los países de occidentales en Oriente Medio para dejar la cancha libre a Rusia, Irán y sus aliados.

Luego, capítulo aparte, tenemos la legión de tontos útiles que reproducen la propaganda rusa e iraní por motivos variados. Desde el el cuñado de turno que, en la sobremesa o de cañas, te explica con condescendencia una teoría conspiranoica hasta el desesperado por epatar con un discurso radical en una era de utopías agotadas. Como si soltar argumentos leídos en Russia Today, HispanTV, TeleSur, Voltairenet, Global Research, etc. lo convirtieran a uno en un libre pensador con criterio crítico e independiente.

El caso más paradójico es el del Estado Islámico, que nació como una coalición de fuerzas insurgentes iraquíes, bajo el liderazgo de la franquicia local de Al Qaeda, para luchar contra la ocupación estadounidense de Iraq. Pero que años después, mágicamente, en la propaganda anti-occidental resulta ser un instrumento de Estados Unidos e Israel. Estos días, con la caída de Palmira en manos del Estados Islámico, me he acordado de un argumento que dio Julián Jiménez, profesor de secundaria en Valencia y conocido en Twitter como “Profe Rojo”. Se trata de la clase de persona que un día te cuenta que la Stasi tiene mala fama injustamente y se burla de sus víctimas para otro día contarte la historia de la invasión de Afganistán “a su manera”.

Dijo el “Profe Rojo” un día en Twitter que la debacle del ejército iraquí en Mosul ante la ofensiva del Estado Islámico fue una maniobra orquestada por Estados Unidos para entregarles arsenales de armas. Que EE.UU. provee de armas al Estado Islámico lo podemos leer en medios de propaganda como VeteransToday e InfoWars. Y en estas, resulta que el Estado Islámico entra en Palmira y se encuentra con bastante material militar.

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Foto vía Christo Grozev.

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Foto vía Christo Grozev.

En Palmira no sólo cayeron en manos del Estado Islámico las habituales montañas de armas y municiones, sino también vehículos blindados y artillería.

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Carro de combate T-72. Foto vía Jacm.
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Cañón D30 de 12mm. Foto vía Jacm.
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Lanzacohetes BM-21 Grad. Foto vía Jacm.

Entre los vehículos capturados hay una curiosidad, un KAMAZ-43269 “Dozor”. Se trata de un vehículo ruso de diseño relativamente reciente y por tanto no es un legado de los arsenales sirios de la Guerra Fría.

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KAMAZ-43269 Dozor capturado en Palmira. Foto vía Ilya A.

Pero no el único material ruso aparecido en Palmira. Tenemo cajas de munición identificadas con marcajes de JSC Rosoboronexport, la agencia estatal rusa de exportación de armamento.

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Foto vía CIT.

Y sabemos que en Palmira no sólo había material militar de origen ruso, sino también soldados rusos, que dejaron atrás pertenencias personales.

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Un soldado ruso, por ejemplo, se marchó con tanta prisa que dejó atrás sus  tarjetas bancarias. Gracias a este tuit de un analista de CIT el Tinkoff Bank anuló la tarjeta.

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Estas cosas pasan en la guerra (shit happens). Pero podemos interpretar lo que pasó en Palmira de dos formas. Podemos pensar que una ofensiva inesperada del Estado Islámico pilló por sorpresa a los defensores sirios y rusos. O podemos aplicar el criterio del “Profe Rojo” y pensar que estamos ante un hecho inaudito y que por tanto forma parte de una operación secreta sirio-rusa para transferir armamento al Estado Islámico. La ironía es que supuestamente la intervención rusa en Siria se vendió como un esfuerzo para frenar al Estado Islámico a pesar de que sus intenciones eran otras y justo en el único frente en el que Rusia combatió al Estado Islámico ha tenido lugar esta debacle.

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Imagino que el “Profe Rojo” dirá que hay una tercera probabilidad. Que la caída de Mosul sí fue una operación estadounidense perfectamente calculada en la que de alguna manera se logró que el ejército iraquí se desplomara mientra que la caída de Palmira fue una desafortunada derrota sirio-rusa producto de la mala suerte o la incompentencia siria. Para mí, esa clase de teorías conspiranaoicas son pura charlatanería. Y si logran eco es porque todos sabemos que el esfuerzo para refutar un tuit idiota es infinitamente superior al necesario para escribirlo.

Mientras tanto, se revela el programa industrial de armamento del Estado Islámico. Pero supongo que siempre habrá profesores de universidad en España que hablen de los intereses de las multinacionales del armamento en venderle al Estado Islámico para alimtentar la guerra.

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com

“La nueva post-verdad y las viejas mentiras” (6 diciembre 2016)

“Cuñados, comunistas y conspiranoicos” (3 mayo 2016)

“La factoría de bulos” (21 noviembre 2015)

“Las teorías conspirativas como fenómeno cultural de la Nueva Guerra Fría”. (13 febrero 2015)

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Análisis de Redes Sociales y la captura de Saddam Hussein

Poco después de escribir sobre un artículo académico que encontré donde se exponía un antecedente del Análisis de Redes Sociales en la Guerra del Rif, dio la casualidad que encontré otro artículo en el Small Wars Journal donde se hablaba de la captura de Saddam Hussein en 2003 y cómo se había empleado tanto el Análisis de Redes Sociales como conocimientos del contexto cultural para llegar hasta el escondrijo del antiguo jefe de estado iraquí.

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Baraja repartida a los soldados estadounidenses con la identidad de altos cargos del régimen iraquí pasados a la clandestinidad.

Sobre el asunto ya había leído el libro Mission: Black List #1 de Eric Maddox, escrito por el interrogador militar que llevó a la captura de Saddam Hussein. Reseñé el libro junto con How to brake a terrorist de “Matthew Alexander” (un pseudónimo), obra del interrogador que llevó a la captura de Abu Musab Al Zarqawi, porque me llamó la atención el énfasis que ambos ponen en el empleo de trucos psicológicos para obtener información de los interrogados frente al empleo de la tortura, la violencia, la coacción y la agresividad.

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Ubicación del escondrijo de Saddam Hussein al sur de Tikrit cuando fue capturado en la Operación “Red Dawn”.

Joel Lawton pone enfásis en su artículo Intelligence Planning and Methods Employed: Operation Red Dawn – The Capture of Saddam Hussein” en que Eric Maddox y un compañero abandonaron la perspectiva establecida en aquel de momento de buscar a los altos cargos del régimen de Saddam Hussein, recogidos en la famosa baraja repartida a los soldados, para llegar hasta las personalidades de la cúpula. Una vez desplomado el régimen, su estructura pasó a ser irrelevante. Saddam Hussein (cuyo nombre completo era Saddam Hussein Abd al-Mayid al-Tikriti) se refugió cerca de su ciudad natal de Tikrit. Allí contó con un red de apoyo formado por parientes y miembros de ciertas familias vinculadas a la suya por vínculos tribales. Maddox reconoce en su libro que desentrañó la red que
rodeaba a Saddam Hussein a partir de las ideas de un traductor iraquí. En cambio Lawton pone el énfasis entonces el Análisis de Redes Sociales y los conocimientos sobre la cultura local que mostraron Maddox y su compañero. Ese enfoque tan académico está ausente en el libro de Maddox pero aquí viene respaldado con una bibliografía más que interesante. Y como en el caso del artículo “La intuición del análisis de redes de los militares españoles durante la guerra del Rif como método de lucha contra el contrabando de armas”, sobre el que escribí aquí, tengo la sensación de que el autor toma unos pocos elementos y construye sobre ellos un relato desmesurado. Me queda la duda de si Maddox tenía todas esas cosas en mente cuando interrogaba a miembros de la insurgencia sunní en los alrededores de Tikrit en busca de Saddam Hussein. Pero sí tengo claro que las ciencias sociales, desde la Antropología al Análisis de Redes Sociales, tiene un papel enorme que jugar como herramientas de la inteligencia militar y las tácticas de contra insurgencia.

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Saddam Hussein fuera de su escondrijo tras la Operación “Red Dawn” en diciembre de 2003.

Una última nota. La policía belga detuvo a Salah Abdeslam, considerado el “cerebro” del grupo terrorista que atentó el 13 de noviembre de 2015 en París, en la casa de la madre de un amigo en la comuna belga de Molenbeek, su lugar de origen. No sabemos el trabajo previo de la policía belga, pero está claro que un buen mapa de la red social del sospechoso debió ser imprescindible en su captura. Y como en el caso de Saddam Hussein, cuando la estructura de una organización se desploma, los fugitivos terminan recurriendo a los contactos de su círculo de confianza para buscar refugio.

Del régimen de Saddam Hussein al Estado Islámico

Kyle Orton ha dedicado especial atención en su blog Syrian Intifada a cómo el régimen de Saddam Hussein lanzó un programa de reislamización del país para apuntalar su legitimidad ante el agotamiento ideológico del socialismo árabe y los nuevos vientos en el mundo árabe. Aquel proceso sentó las bases para que figuras del régimen, militares y miembros del aparato de seguridad, terminaran en la insurgencia yihadista y hoy formen parte de la cúpula del Estado Islámico. Cuento el proceso en mi último artículo para la revista El Medio.

“ISIS: Inside The Army of Terror” de Michael Weiss y Hassan Hassan

Este es el tercer libro el Estado Islámico que reseño aquí, después de los libros de Patrick Cockburn y Loretta Napoleoni. Empecé a leerlo con la sensación de que me iba a encontrar más de lo mismo. Al fin y la cabo, no hay muchas formas diferentes de contar la misma historia. Pero cada libro aporta una perspectiva diferente. El de Cockburn es un libro con observaciones sobre el terreno en Iraq que cuenta cómo se desplomó el ejército iraquí y cómo el Estado Islámico es respaldado por la población sunní de Iraq. El libro de Napoleoni se nutre de las investigaciones y reflexiones de la autora sobre la financiación de los actores no estatales y aporta una perspectiva interesante sobre el funcionamiento del Estado Islámico como cuasi estado. El libro de Michael Weiss y Hassan Hassan por su parte me ha resultado bastante interesante porque profundiza bastante en el origen y crecimiento del grupo en el contexto de los conflicto iraquí y sirio además de aportar informaciones novedosas sobre el papel de algunos actores de la región.

isis-9781941393574_lgISIS: Inside The Army of Terror arranca con la historia de Abu Musab al-Zarqawi, sus idas y venidas por la región hasta liderar un grupo brutal que terminó subordinado a Al Qaeda. En esta fase de la historia son importantes varias cosas. Una es el efecto insospechado que trajo el intento de islamización del régimen de Saddam Hussein en su búsqueda de legitimidad y de infiltrar a la disidencia islamista. El resultado fue que muchos de los agentes infiltrados terminaron convertidos en sinceros activistas islamistas, con el resultado de un importante trasvase de altos cargos del régimen del partido Baaz a la insurgencia yihadista tras la caída del régimen. La cuestión me había parecido anecdótica al leer sobre cómo Izzat Ibrahim al-Duri, el “pelirrojo”, era miembro del grupo insurgente Ejército de los Hombres de la Orden de Naqshbandiyya , que toma su nombre de una cofradía sufí. Pero el asunto bastante hondura, como demuestra Kyle Orton en su blog. En el libro se ofrece una recopilación de nombres importantes  del regímen iraquí que terminaron en las filas yihadistas. La insurgencia iraquí aprovechó además los arsenales, pisos francos y medios preparados para que las milicias organizadas por el régimen, los Fedayines de Saddam, pudieran hacer frente a posibles revueltas dentro del país.

Otra cuestión que me pareció interesante es cómo Al Qaeda en Iraq terminó abandonando su nombre  al integrarse en la coalición del Estado Islámico de Iraq para darle una apariencia local a una insurgencia yihadista llena de extranjeros. La cesión frente a otros fue sólo aparente, porque el grupo creado por Al Zarqawi terminó liderando el Estado Islámico de Iraq. El asunto del nombre me parece relevante porque el Estado Islámico se lo ha cambiado un montón de veces. Y ahora circulan por ahí artículos que hablan de él como un grupo surgido en la guerra de Siria, cuando la realidad es que el grupo apareció a finales de los 90 en Jordania y hay una continuidad histórica entre Monoteísmo y Yihad fundado por Abu Musab Al Zarqawi y el Califato proclamado por Abu Bakr al-Bagdadi.

La novedad de este libro, en mi opinión, es el repaso que hace del papel poco conocido de Siria e Irán en la postguerra iraquí. Por un lado, los autores nos cuentan la omnipresente mano de Irán en el país para consolidar la hegemonía de la población chií, que recordemos constituyen la mayoría demográfica del país. También hay referencias a cierta complicidad de Irán con Al Qaeda, al permitir el tránsito por su territorio de militantes de Afganistán a Iraq, tras la invasión estadounidense. Por no hablar del I+D iraní detrás de los IEDs empleados por la insurgencia iraquí (y afgana, añado yo).

Hay una referencia a la batalla del 4 de abril de 2004 en Nayaf, donde se encontraba la base Al Andalus española. Según Weiss y Hassan:

The Battle of Najaf in August 2004 was essentially a proxy war between the United States and Iran’s elite foreign intelligence and military apparatus, the Revolutionary Guards Corps-Quds Force (IRGC-QF), coordinated on the Iraqi side by an Iranian operative named Sheikh Ansari, who US intelligence concluded was embedded with the Mahdy Army in Najaf and was helping it conduct its combat operations.

Nada de esto aparece, por su puesto, en las versiones españolas de los sucesos de aquel día, un clamoroso fallo de la inteligencia militar española. Que los relatos españoles de la Batalla de Nayaf no hagan nunca referencia al contexto político de Iraq refleja la total desconexión con la realidad de políticos y mandos militares. Pero ese es otro tema del que ya he hablado aquí en otras ocasiones.

La supremacía política de los chiíes y la proliferación de escuadrones de la muerte a la sombra de las fuerzas de seguridad acentuó la polarización sectaria del país con resultados que llegan hasta la fecha. Recordemos que Patrick Cockburn en su libro cuenta que el Estado Islámico disfruta en Iraq con respaldo social entre la población sunní por la percepción generalizada de que era un baluarte frente a los sucesivos gobierno chiíes.

Hubo un momento en el que el fanatismo demostrado por Al Qaeda en Iraq en aquellos territorios donde ejercía su control o su influencia que empujó a líderes tribales sunníes a hacer las paces con las fuerzas de ocupación estadounidenses y aliarse con ellas para derrotar a los yihadistas. Peor aún, los yihadistas trataron de subvertir el orden tradicional tribal y apropiarse del negocio de contrabando que el régimen de Saddam Hussein había permitido que las tribus sunníes controlaran. Fue esa alianza uno de los pilares del “surge” liderado por el general Petraeus y que puso a Al Qaeda en Iraq contra las cuerdas.

La gran cuestión es qué pasó tras la retirada estadounidense de Iraq. En su momento me pregunté qué sería de los Son of Iraq, las fuerzas tribales que se enfrentaron a Al Qaeda en Iraq, tras la retirada militar de Estados Unidos de 2011. Weiss y Hassan lo cuentan. Fueron perseguidas y debilitadas por el gobierno iraquí, permitiendo que el el Estado Islámico de Iraq resurgiera de sus cenizas en el triángulo sunní. La persecución de los líderes de las milicias sunníes por parte del gobierno iraquí y el asesinato de sus miembros por parte de los yihadistas lograron desarticular para siempre a las fuerzas tribales enemigas del Estado Islámico de Iraq.

El otro factor permitió que en 2011 el Estado Islámico de Iraq campara por sus anchas en Iraq fue el comienzo de la guerra civil en Siria. A pesar de que los apologetas del régimen de Bashar al-Assad lo quieran presentar como un bastión contra el yihadismo, Siria se convirtió en la retaguardia de la insurgencia yihadista iraquí mientras las autoridades del régimen miraban para otra parte.

Nadie parece recordarlo, pero las fuerzas especiales de Estados Unidos lanzaron un raid en el interior de Siria en 2008. Según Weiss y Hassan, el régimen sirio usó la insurgencia como un factor de desestabilización de Iraq que le permitiera tener un as en la manga en sus contactos con Estados Unidos y así convertirse en un interlocutor necesario ante Estados Unidos. En plena ola de protestas contra el régimen, al-Assad decretó en mayo de 2011 una amnistía. Se abrieron las puertas de la cárcel para yihadistas pero no para disidentes. Los liberados engrosaron las filas de la sucursal siria de Al Qaeda, Jahbat al-Nusra. Al-Assad pudo presentar así la guerra civil como un episodio más de la lucha contra la yihad global.

Más adelante, las fuerzas del régimen procurarían no atacar al Estado Islámico, más preocupado en adeñuarse del territorio liberado por los grupos rebeldes e islamizar la retaguardia. Allí donde el Estado Islámica lanzaba una ofensiva contra los grupos rebeldes, caían las bombas de la aviación siria. La supervivencia del régimen pasa por el debilitamiento de los grupos rebeldes para que la guerra civil siria se reduzca a una lucha final entre al-Assad y el Estado Islámico. En tal caso, Occidente sería el interesado en la victoria del régimen de al-Assad.

Tan pronto comenzó en 2011 la guerra contra el régimen de al-Assad, el Estado Islámico de Iraq comenzó la toma del poder en la región oriental de Siria. El libro aporta detalles de la infiltración del Estado Islámico entre las filas rebeldes sirias. Allí donde se hizo con el poder procuró proporcionar los servicios de un Estado, asunto sobre lo que Loretta Napoleoni centró su libro sobre el Estados Islámico.  La novedad del libro de Weiss y Hassan es su explicación de cómo el Estado Islámico mantiene su control mediante una combinación de violencia y mano izquierda con las tribus iraquíes y sirias. Esto es, el Estado Islámico mantiene ahora políticas de control social más sofisticadas que las aplicadas en los tiempos de al-Zarqawi y Al Qaeda en Iraq. El libro también profundiza en la ruptura con Al Qaeda y su franquicia local, Jahbat al-Nusra. Lo que es conveniente recordarlo para aquellos que se empeñan en presentar a los grupos enfrentados al régimen sirio como un bloque monolítico. La fractura no tiene visos de ser cerrada y habré que estar atentos a su evolución.

Este es sin duda el libro más denso de los cuatro que he leído sobre el Estado Islámico. Me parece novedosa la perspectiva que aportan sobre la transformación de Al Qaeda en Iraq en el Estado Islámico de Iraq, así como el papel de Siria e Irán en la violencia durante la ocupación estadounidense de Iraq. El relato de cómo el Estado Islámico de Iraq se hizo fuerte en Siria, infiltrándose en los dominios de los rebeldes sirios y logrando la lealtad de ciertas tribus, también me parece una novedad. Los autores cuentan que lograron realizar entrevistas a miembros y simpatizantes del Estado Islámico, lo que se nota en la profundidad de su descripción del funcionamiento interno. El único vacío del libro es que no trata el papel de Turquía en el conflicto sirio y las aportaciones de Qatar al Estado Islámico, algo que bien señala Ninos Youkhana. Es un libro muy bien documentado y bastante interesante que recomiendo a quien quiera aterrizar en el tema.

“¿Aliados o enemigos? La SGM en el Próximo Oriente, 1941” de Javier Lion Bustillo

A la primera persona que le escuché hablar del concepto Guerras Híbridas fue a Jorge Aspizua. Reviso su blog y encuentro que la primera mención es de julio de 2006 (echen cuentas) a propósito de Hezbolá y la guerra aquel verano en el Líbano. Ahora el tema está de moda y en el establishment español de defensa no paran de sacar artículos. Hasta un sarao vi organizado con expertos traídos de fuera, cómo no. Pero en aquel entonces Jorge predicaba en el desierto. Y aunque ahora todos se han apuntado a rescatar lecciones sobre guerra híbrida de aquella guerra en el Líbano en 2006 y a hablar de Rusia, Jorge ya hablaba de otros casos históricos. Es el caso de la campaña británica en Iraq en 1941.

Me encontré de casualidad con ¿Aliados o enemigos? La SGM en el Próximo Oriente, 1941 de Javier Lion Bustillo, un libro que trata de las campaña británicas en Iraq y Siria durante la Segunda Guerra Mundial. Son dos episodios bastantes desconocidos de aquella guerra, pero que me interesaban por cuestiones que resulta que al final no aparecen en el libro. Ya es mala pata. En primer lugar tenemos la Campaña de Iraq de mayo de 1941. Iraq era un país soberano entonces, surgido del desmantelamiento del Imperio Otomano a manos de los británicos y franceses tras el fin de la Primera Guerra Mundial. Como herencia colonial, albergaba una fuerza militar británica. En marzo de 1941 un golpe de estado llevó al poder a un nuevo gobierno que trató de realinear el país hacia una alianza con las potencias del Eje. El gobierno británico decidió entonces actuar y controlar el país antes de que un nuevo frente hiciera más comprometida su posición en Oriente Medio. Recordemos que en 1941 se había constituido el Afrika Korps. Las fuerzas británicas usaron como cabeza de puente la base aérea de Habbaniya, que las fuerzas iraquíes no supieron o pudieron capturar al comienzo de la campaña. Y por otro lado, tropas indias desembarcaron en Basora, desde donde avanzaron hasta Bagdad para coincidir con las fuerzas británicas que habían partido de la actual Jordania. El apoyo de las potencias del Eje fue tibio y tardío, cuando ya no pudo ser decisivo.

Hay un par de detalles relevantes que contar de aquella campaña. Lo primero es la curiosidad que suscita encontrarse en un relato de guerra topónimos del Triángulo Sunní iraquí, donde más 60 años después los estadounidenses libraron sus combates más cruentos con la insurgencia iraquí. Por ejemplo, Habbaniya se encuentra entre Faluya y Ramadi. Otro detalle relevante es que en Bagdad estalló un progromo contra la población judía local. Recuérdese que hablamos del año 1941, antes de la proclamación de Israel. Y que la población judía local llevaba generación tras generación viviendo allí. Valga añadir un detalle. Haj Amin al-Husseini, mufti de Jerusalén y famoso posteriormente por su apoyo a las potencias del Eje, se encontraba en Iraq.

Me interesaba esta campaña por el uso combinado de lado iraquí de fuerzas regulares e irregulares contra los británicos, concepto que cabría interpretarse como un precedente de “guerra híbrida” Pero como ya comenté, no se menciono el asunto con demasiado interés en el libro.

La segunda campaña que trata el libro es la campaña de Siria-Líbano en junio-julio de 1941. Se trata de una acción “preventiva” llevaba a cabo por el gobierno británico. Siria y Líbano eran dos territorios cuya administración había obtenido Francia tras la Primera Guerra Mundial y que estaban en manos de la Francia de Vichy, supuestamente neutral. Durante la campaña iraquí los aviones de guerra enviados por Alemania e Italia al gobierno surgido en Iraq tras el golpe de estado hicieron escala en Siria. Así que en Londres cundió la preocupación de que Siria y Líbano sirvieran para abrir un segundo frente mientras transcurría la guerra en el norte de África. Las expectativas es que se produjeran deserciones masivas de las fuerzas francesas de Vichy cuando se encontraran en el frente con fuerzas de la Francia Libre. No fue el caso.

Curiosamente la mayoría de las fuerzas aliadas en esta campaña la formaron tropas indias, australianas y de la Francia Libre. Estas últimas incluían a unidades de la Legión Extranjera francesa y tropas coloniales del Magreb y África Occidental. Combatieron contra fuerzas francesas de Vichy que incluían a legionarios extranjeros y tropas coloniales. Así se dio la paradoja, tratada en el libro en un apéndice, que republicanos españoles llegaron a encontrarse frente a frente en ambos bandos. Pero lo que más me llevó a reflexionar es la imagen de senegaleses y tunecinos matándose entre ellos en una guerra que no era la suya, posiblemente por lealtad a sus comandantes y sus unidades.

La verdad es que el relato del avance aliado se me hizo tedioso. En esta otra campaña encontramos de nuevo una topografía familiar para el interesado en la historia militar. Por ejemplo, nos encontramos combates en los Altos del Golán, célebre campo de batalla en 1967 y 1973. O la localidad de Marjayún, ubicación de la base “Miguel de Cervantes” que ocupan cascos azules españoles desde 2006.

En esta parte del libro también se omite un asunto que generó mi interés por el libro. La campaña de Síria-Líbano arrancó con una serie de lo que hoy llamaríamos “operaciones especiales” en las que participó un tal Moshe Dayan. Allí perdió un ojo y desde entonces llevaría un parche. Otro personaje que sí aparece en el libro y apenas se menciona es al comandante de la 10ª División India, el general William Slim, que llegaría a ser famoso posteriormente por la campaña de Birmania. Con sus tropas alcanzaría Deir ez-Zor en Siria, otro topónimo de actualidad.

“ISIS: El retorno de la yihad” de Patrick Cockburn

ImprimirISIS: El retorno de la yihad es uno de esos libros urgentes que trata un tema de actualidad. Su autor, Patrick Cockburn, ha cubierto Iraq y por eso el tema central del libro es la expansión del Emirato Islámico en ese país. La tesis principal del autor es que los yihadistas capturaron importantes ciudades sunníes de Iraq por la existencia de un descontento de fondo de esa minoría frente al gobierno de la mayoría chií y por la enorme inoperancia del ejército iraquí, plagado por la corrupción. Entre las prácticas habitual que cuenta el libro está el de soldados que entregan parte de su sueldo a un superior para cobrarlo sin ir a trabajar o el típico desvío de las partidas para la alimentación de los soldados pero a gran escala. Así, llegado el momento de combatir contra los yihadistas, los soldados iraquíes se encontraron sin balas ni raciones en unidades mermadas de efectivos mientras sus oficiales se ponían a salvo lejos del frente. Las tácticas de bombardeos indiscriminados contra núcleos de población sunníes también ayudaron al socavamiento de la legitimidad del gobierno iraquí.

Patrick Cockburn llama la atención sobre lo desapercibido que resultó la caída de Faluya, una ciudad cercana a Bagdad, en mano del Estado Islámico en enero de 2014, junto con otras zonas relevantes de Iraq. Lo que le lleva al final del libro a reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación y los reporteros de guerra en construir un relato sobre lo que pasa en el campo de batalla o en países que viven períodos de agitación. También dedica un capítulo a reflexionar sobre el papel de Arabia Saudita en el auge del radicalismo sunní, que ha incorporado elementos de la doctrina wahhabí que hasta hace poco le eran ajenos. Se menciona de paso el ambiguo papel del régimen de Assad frente a los yihadistas (recordemos cómo el país se convirtió en retaguardia de Al Qaeda en Iraq y la liberación de personajes como Mustafá  Setmarian al principio de la guerra civil). Este no es un libro sobre el conflicto de Siria, pero sería interesante leer uno igual de ágil y pegado a ras de suelo.

La fórmula para derrotar al Estado Islámico ya se inventó

Más allá de su absoluta brutalidad, que buenos resultados le da como arma psicológica, dudo que haya alguna característica del Estado Islámico que lo convierta en una fuerza invencible. La supervivencia del Estado Islámico tiene más que ver con la debilidad de las fuerzas armadas iraquíes (con una cúpula formada en tiempos de Al Maliki por una red clientelar de leales políticos) y los problemas de Occidente para encontrar una salida a la guerra siria. ¿Derrotar el Estado Islámico para dejar un vacío ocupable por el Frente Islámico y Jabhat al-Nusra? ¿Pactar con el régimen de Assad? ¿Esperar a que los pocos sirios “moderados” que aún sobrevivan estén dispuestos a confiar en Occidente?

Mientras el tiempo corre, será bueno recordar que la fórmula para derrotar al Estado Islámico ya está inventada. Se creó sobre la marcha para derrotar a los talibán. Un grupo de agentes de la CIA aterrizó en el norte de Afganistán a principios de octubre de 2001 cargados con cajas de billetes de 100 dólares y un equipo de comunicación satélite. Estableció los acuerdos necesarios con los comandantes de la Alianza del Norte y a continuación llegaron equipos A del 5º Grupo de Fuerzas Especiales del ejército estadounidense. Vistiendo ropas civiles, se repartieron entre las unidades de los comandantes afganos de confianza y llegaron a emplear caballos para desplazarse por las montañas de Afganistán. Una vez llegados a primera línea, utilizaron designadores láser y sistemas de comunicación para señalar los blancos a los aviones. Fue cuestión de semanas hasta que el frente colapsó. La entrada en Kabul se produjo en noviembre.

Conocemos de sobra la historia porque está perfectamente documentada. Gary C. Schroen, el jefe del primer equipo en pisar Afganistán contó su historia en First In. Fue sustituido en diciembre de 2001 por Gary Berntsen, que también contó su experiencia en Jawbreaker. La campaña militar de las fuerzas especiales fue relatada exhaustivamente por el periodista Doug Stanton en su libro Horse Soldiers (tiene edición en español) La invasión estadounidense de Afganistán tuvo un episodio peculiar. El entonces relativamente poco conocido Hamid Karzai cruzó la frontera desde Pakistán a bordo de una moto para recabar el apoyo de clanes pashtún contra el gobierno talibán. La historia de él y los soldados estadounidenses que le acompañaron la contó Eric Blehm en The only thing worth dying.

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La presencia de soldados occidentales para dirigir los objetivos de los bombardeos es importante porque sólo a ras de suelo se puede saber qué bastión y que colina son relevantes. Desde 10.000 metros de altura sólo se puede aspirar a destruir almacenes y vehículos blindados sin romper del todo la capacidad combativa del Estado Islámico.