“Yihadismo wahabista” de Manuel Galiana Ros

El año pasado me llamó la atención la proliferación de artículos que culpaban a Arabia Saudita de los atentados en Francia y Bélgica como responsable última del yihadismo global. Evidentemente Arabia Saudita no es un país muy recomendable para vivir y emular. Y ciertamente las autoridades saudíes dedican recursos a hacer proselitismo de su visión conservadora del Islam. Véase el canal en español Córdoba Internacional TV. Pero las raíces intelectuales del yihadismo son externas a Arabia Saudita. Al igual que el origen de las figuras más relevantes de la yihad global, excepción hecha de Bin Laden, que precisamente terminó enemistado con las autoridades saudíes.

Ese goteo fino de artículos me llamó la atención en su momento y lo que me resultó evidente es que tenía que tratarse de una narrativa diseñada ex profeso para crear rechazo en Occidente hacia Arabia Saudita, pasís cuyos intereses geopolíticos en Oriente Medio chocan con Irán (anoten este dato). Así que cuando me encontré un ejemplar de Yihadismo wahabita y sus raíces sionistas y talmúdicas de Manuel Galiana Ros en la Casa del Libro en Bilbao me llevé el libro a casa. Se trata de un panfleto conspiranocio y antisemita de una editorial de ultraderecha. Me extrañó encontrar un libro así en una librería convencional. Pero desde luego su lectura ha resultado muy interesante por la perspectiva que proporciona sobre la Nueva Guerra Fría y los vínculos del autor.

Para empezar, la portada del libro es engañosa. Manuel Galiana Ros aparece como autor, pero suyos son sólo la introduccion y el epílogo, que ocupan menos del 10% del libro. El libro se compone en realidad de un texto de un autor francés sobre el wahabismo junto a  una recopilación de artículos de temas y autores diversos copiados y pegados de Internet. La labor de edición es pobre o inexistente, con erratas y un abuso cansino de cursivas, entrecomillados y notas a pie de página tan típico de esta clase de libros. Voy a extenderme en destripar aquí el contenido del libro. Así que puedes saltar de aquí al final, donde hablo de las ideas que transmite Galiana Ros y lo que he encontrado detrás del libro.

El grueso de Yihadismo wahabita lo ocupa la traducción de Les Égarés (“Los extraviados”), obra del francés Jean-Michel Vernochet, que sí aparece mencionado en la portada. La tesis de Vernochet es que el wahabismo, la corriente del Islam dominante en Arabia Saudita, es una herejía que, con su rigidez y dogmatismo, está alejada de la verdadera naturaleza del Islam y es causante del Choque de Civilizaciones con Occidente.

El wahabismo, recordemos, debe su nombre a Muhammad ibn Abd-al-Wahhab (1702-1792), un clérigo rigorista que pretendía purificar el Islam y que firmó un pacto con la familia Al Saud. A cambio de legitimidad religiosa a sus aspiraciones de poder, los Al Saud le convirtieron en la autoridad religiosa en sus territorios. Y así sigue a día de hoy, el wahabismo es la corriente islámica oficial en Arabia Saudita. Una de sus características, por ejemplo, es el rechazo a la veneración de santos y la visita de sus tumbas. Prácticas del Islam popular que uno puede encontrar en África Occidental y Turquía. Según Vernochet, se trata de un rasgo del wahabismo tomado del judaísmo ultraortodoxo y su fijación por el cumplimiento a rajatabla de la ley. Como es, también según Vernochet, la aplicación de la pena de muerte por lapidación. Además, la demolición de tumbas de santos por los yihadistas es una prueba de la influencia wahabita en todo el mundo. Resulta que la pena de muerte mediante lapidación fue introducida en Irán después de la revolución islámica. Y ahí sí que está claro que no hay influencia wahabita alguna. Así que sería interesante revisar las afirmaciones del autor sobre la influencia del wahabismo en el yihadismo.

La cosa se pone interesante cuando Jean-Michel Vernochet nos cuenta que Al Wahhab recibió dinero de un agente británico para estudiar en distintas capitales árabes y así convertirse en un clérigo eminente. El objetivo de los británicos era entonces asegurarse el control de la península arábiga como lugar estratégico en la ruta a la India. Ese periplo más allá de los dominios de los Al Saud no aparece en su biografía de la Wikipedia. Curiosamente, encontramos referencia a la existencia de un panfleto titulado Memoirs of Mr. Hempher, The British Spy to the Middle East. Resulta ser un texto apócrifo de 1868 de carácter conspirativo y origen otomano que es la fuente que cita Vernochet pero omitiendo su naturaleza.

Además, nos cuenta que según algunos, “aquí surge una dificultad recurrente, la de la fiabilidad y la identificación de las fuentes” (pág. 25), tanto los Al Saud como Al Wahhab eran descendientes de criptojudíos pertenecientes a la corriente sabatea. El wahabismo sería entonces una creación de una secta mesiánica criptojudía infiltrada en el Islam. Sabateos y wahabíes compartirían entonces buscar “la inversión de la ley y la negación de todo código moral” (pág. 55).

Luego tenemos un repaso histórico de las peripecias de la casa Al Saud hasta que que en 1932 se proclamó el tercer reino saudía, habiendo arrebatado por el camino la Meca y Medina a la dinastía hachemí. Desde entonces, Arabia Saudita ha mantenido una estrecha alianza con Estados Unidos y Reino Unido. ¿Cómo la explica Jean-Michel Vernochet? Según nos cuenta, el asunto no tiene nada que ver con intereses geopolíticos. Resulta que el dogmatismo wahabí se “acomoda perfectamente” a los “preceptos ultra liberales de la Escuela de Chicago y a los libertarios de la escuela freudiana-marxista conocida como de Frankfurt” (pág. 35). Llevo tiempo leyendo a la derecha echándole la culpa de todos los males de Occidente al “marxismo cultural” y la Escuela de Frankfurt. (Quizás tenga que hablar de ello algún día). Pero la pirueta dialéctica de Vernochet me ha parecido mortal de necesidad.

Por último, Vernochet expone cómo el wahabismo es la corriente dominante de Qatar, emirato que muestra una fachada de modernidad al mundo, pensemos en el canal de noticias Al Yazira, pero que mantiene una política de apoyo a grupos yihadistas radicales como parte de una agenda exterior diferente a Arabia Saudita. Esas sutilezas no están presentes en el libro a la hora de tratar un tema bastante interesante. Porque siempre se habla de Arabia Saudita como fuente de todo mal en Oriente Medio y nunca se menciona a Qatar, ese simpático patrocinador del Fútbol Club Barcelona y la franquicia de Al Qaeda en Siria. Vernochet en cambio liquida el asunto aludiendo al “complot americano-israelí-wahabita” (pág. 85).

Jean-Michel Vernochet. Foto: Red Voltaire.

En la segunda parte del libro encontramos una serie de textos tomados de Internet. El primero de ellos, por ejemplo, menciona como fuente “wordpress.com”. Esto es, Manuel Galiana Ros tomó un texto de blog con motor WordPress y no se molestó en citar el autor y fuente. Una búsqueda no muy larga me remite al original, “Atatürk’s Jewish Family Background”, donde además encuentro las imágenes que acompañan al capítulo del libro. Se trata de un blog con una única entrada (!), el texto traducido por Galiana Ros. A continuación encontramos la traducción de “When Ataturk Recited Shema Yisrael”. Sobre el criptojudaísmo del fundador de la Turquía moderna volveremos más tarde.

El tercer texto traducido por Galiana Ros es “Made in Saudi Arabia: Salafist Radicalism in Africa” de Wayne Madsen, que no encontré que aportara nada relevante. Menciona una cadena de atentados en Egipto que atribuye a la mano de Arabia Saudita e Israel, “una alianza insidiosa con la que los investigadores legítimos del 11 de septiembre están bien familiarizados” (pág. 118). Los siguientes capítulos son “Los cristianos de Irak; entre lo malo y lo peor; los chiitas y los sunitas” de Raad Salam Naaman, texto del que no encontré rastro en Internet, y “The Haunting of Iraq and Palestine” de Renee Parsons. Puedo estar más o menos de acuerdo con sus autores, pero no encontré nada escandaloso o realmente disparatado en ellos.

La cosa se pone “interesante” en los dos siguientes capítulos, que Manuel Galiana Ros copió y pegó de El Espía Digital, incluyendo las imágenes y fotos. De hecho, la contraportada del libro es una ilustración tomada de uno de estos dos artículos. Ambos aparecieron, por cierto, en el boletín nº126 de 11 de agosto de 2014 de esa publicación. El primero es “Oriente Medio… ¿el caos?” de Jad el Khannoussi. Presenta la idea de que las políticas de Estados Unidos para Oriente Medio nunca han sido erráticas, sino que han mantenido durante décadas una misma línea de actuación inspirada en una línea estratégica trazada por diferentes personajes israelíes y aprobada en una sesión secreta del Senado estadounidense en diciembre de 1982: la demolición de los estados árabes en entidades más pequeñas (pág. 134). Por tanto, lo que desde fuera puede interpretarse como políticas contradictorias o diferentes de un gobierno estadounidense a otro forman parte de una misma estrategia de “caos controlado” (pág. 135) que Estados Unidos aplica en otras regiones vía terceros. Según menciona Jad el Khannoussi, la intervención francesa en el Sahel para frenar la conquista yihadista de Mali fue una acción desestabilizadora, como lo fue el apoyo de Polonia a Ucrania.

Ilustración de El Espía Digital reproducida en la contraportada del libro.

El segundo artículo copiado y pegado de El Espía Digital es “La alianza forjada en sangre entre Arabia Saudita e Israel” de David Hearst. Se trata de un artículo escrito al calor del conflicto de Gaza del verano de 2014. Según Hearst, la intervención israelí en Gaza fue una “orden real” saudí. La lógica de que Israel cumplió órdenes saudíes no queda explicada. Curiosamente toma unas declaraciones de israelíes y saudíes para darles la vuelta. Por un lado, personalidades israelíes manifestaron su aprobación a la idea de, que en caso de que se desmilitarizara la Franja de Gaza, tanto Arabia Saudita como Emiratos Árabes Unidos aportarían dinero para la reconstrucción (en una nueva era de coexistencia en paz, se entiende). En cambio Hearst lo considera algo siniestro, prueba de la complicidad de las petromonarquías con Israel. Igual que con las declaraciones de un príncipe saudí, que afirmó que una vez llegara la paz no tendría inconveniente de invitar a su casa familiar tanto a palestinos e israelíes.  Hearst considera esto una traición a la causa palestina. Da la sensación de que no conoce el espíritu de la Iniciativa de Paz Árabe.

Seguimos con “Las razones de la justa causa palestina”, texto atribuido a Ricardo Martínez. En realidad, se trata de una entrevista hecha por él a Simán Kury y Edgar Saade, integrantes de la Asociación Salvadoreña Palestina. La entrevista fue publicada por Russia Today. Aquí Manuel Galiana Ros copió y pegó el texto, eliminando el enunciado de las preguntas a excepción de la primera. La explicación del conflicto árabe-israelí es aquí panfletaria y ahistórica. Por ejemplo decir, que los británicos armaron a judíos y desarmaron a los árabes antes de la partición (recordemos la matanza de Hebrón de 1929). Que la llegada de judíos se produjo después de la proclamación del Estado de Israel y proveniente de Europa (olvidando persecuciones y progromos en todo el Oriente Medio) antes y después de 1948. Que la convivencia era pacífica antes de la proclamación del Estado de Israel, negar el carácter terrorista de HAMAS (que ataca con armas no guiadas núcleos de población civil), que el Estado de Israel ha sido reconocido ya por el lado palestino (HAMAS no lo ha hecho), etc.

“Who finances ISIS?” es un caso curioso. Se trata de un texto firmado por Andreas Becker para la cadena alemana Deutsche Welle que reprodujo Russia Today eliminando la firma de Becker y cambiando la foto que lo acompaña por una de Ali Al-Saadi para AFP. Nuevamente Manuel Galiana Ros se equivocó al copiar y pegar de Internet. Atribuye la autoría del texto al fotógrafo Ali Al-Saadi, cuyo trabajo reproduce en la página 144 para ilustrar el artículo sobre la “justa causa palestina”.

El siguiente copia-pega de Manuel Galiana Ros es nuevamente un artículo del canal Russia Today: “El Estado Islámico ya está en tierras asiáticas: desarticulan una red en Malasia”. Aparece sin firmar y supongo que como en el caso anterior debe tratarse de una traducción al español de un tercer medio. Sin embarga Galiana Ros vuelve a confundirse y lo atribuye sin nombre a AFP, que es la agencia que firma la foto que encabeza el artículo y que aprovechó para la portada del libro.

Imagen de AFP que Manuel Galiana Ros tomó de Russia Today para la portada de su libro.

Seguimos con artículos en la página web de Russia Today: “EIIL: ¿El monstruo de siempre con diferente máscara?” de Nagham Salman, colaboradora de la cadena. Es curioso que use las siglas EIIL (Estado Islámico de Iraq y el Levante) porque enumera grupos yihadistas y cita ISIS, ISIL, Daesh.. como si fueran grupos diferentes. La tesis de esta autora que los grupos yihadistas están controlados por Occidente. Afirma que la guerra civil libia comenzó en 2011 sólo después de que Francia introdujera mercenarios en el país y que luego envió a Mali para tener una excusa para intervenir allí. Luego dice que la gran ofensiva del Estado Islámico en Iraq de junio de 2014 fue lanzada por yihadistas al servicio de Occidente “tras el fracaso cosechado en Siria” (pág. 151). De paso, afirma que el Estado Islámico es una creación del Mossad israelí “según fuentes acreditadas como Red Voltaire e Infowars” (pág. 151). Esta última aseveración es para caerse de la silla de la risa. Encontramos nuevamente la tesis del “caos controlado” por Occidente.

Llegado a este punto, Manuel Galiana Ros parece que no se molestó en buscar nuevas fuentes y el siguiente artículo es un nuevo copia y pega de Russia Today: “Mercenarios yihadistas del Estado Islámico ¿amigos en Siria y enemigos en Iraq?”, también de Nagham Salman. Pero ¡otra vez! se confunde o equivoca con la atribución de la autoría, aunque salga bien claro en la parte de arriba del texto en la página wegb. En el libro sólo aparece la fecha y no hay mención a Nagham Salman como autora. En el mismo tono descuidado que el anterior, habla como si el Estado Islámico fuera un fenómeno surgido en Siria y reprocha la repentina preocupación occidental por su aparición en Iraq. Es justo al revés. Apareció en Iraq y entonces no importó a nadie porque luchaba contra Estados Unidos y sus aliados. El asunto generó tanta apatía y desinterés que hay muchos textos, como este, que tratan de explicar la súbita aparición del Estado Islámico en el panorama internacional Su explicación es conspiranoica: algo así sólo es posible por ser una creación de Occidente. Pero esa necesidad de explicaciones mágicas son sólo producto de la ignorancia.  El Estado Islámico tiene un largo recorrido desde 2003. Claro que la autora parece no haber oído nunca hablar de Al Zarqawi y el grupo Monoteísmo y Yihad.

A continuación encontramos otro artículo de Nagham Salman en Russia Today cuya autora sí identifica correctamente Manuel Galiana Ros, para variar: “¿Quién recluta, quién paga, quién adiestra y quién arma a los yihadistas del EIIL?”. Nuevamente encontramos una explicación mágica de asuntos complejos. Por ejemplo, “Al Qaeda fue una gran obra de ingeniería de los servicios secretos estadounidenses y saudíes” (pág. 156). Nagham Salman nos cuenta que John McCain presidió el 4 de febrero de 2011 una reunión en El Cairo donde se organizó la Primavera Árabe. A continuación yihadistas egipcios y tunecinos fueron enviados a Libia coincidiendo con los bombardeos franceses. La guerra civil siria estalló tras entrar en el país radicales islamistas procedentes de Europa y tras pasar por campamentos de entrenamiento de la CIA, el Mossad y el MI6 en Turquía y Jodrania, en un programa financiado por Arabia Saudita y Qatar.

Nótese que ni libios ni sirios tienen papel alguno en los acontecimientos de sus países, según Nagham Salman. Y tantos países diferentes con agendas diferentes trabjaron aquí al unísono como un reloj. Tampoco se mencionan las protestas populares contra los regímenes por el efecto contagio en la región. Nuevamente repite el chiste de llamar a Infowar y Voltairenet “fuentes acreditadas” cuando menciona que el Abu Bakr Al Bagdadi, líder del Estado Islámico, es un “agente sionista” llamado Elliot Shimon, que primero fue general del Ejército Sirio Libre y luego se pasó al Estado Islámico. Para rematar dice que se le puede ver al lado de John McCain en una foto hecha en Siria donde no hay nadie parecido al líder del Estado Islámico.

John McCain al lado de gente que no se parece a Abu Bakr Al Bagdadi. Foto: Russia Today.

Seguimos en Russia Today con un artículo breve sin firma: “China revela la ‘verdadera’ razon de la campaña de EE.UU. contra el Estado Islámico”. El artículo recoge la versión china de que Estados Unidos “está aprovechando el caos del Estado Islámico para alinear sus intereses en Oriente Medio” (pág. 161) Que es como si los chinos dijeran “Todos los países sólo se preocupan por sus propios intereses, menos nosotros que nos preocupamos por los nuestros”.

Y sin abandonar Russia Today, el siguiente artículo es “Un informático saca a la luz los métodos brutales de Boko Haram en Nigeria”, que es otra pieza breve y sin firma donde simplemente se habla de la detención del responsable de la difusión de comunicados e imagen en Internet de Boko Haram.

Llegamos finalmente a un auténtico “bocato di cardinale”, un artículo de la sin par Nazanín Armanian sacado de su blog en el diario Público: “Guerra contra Siria: El ‘plan B’ de la agenda oculta de Obama”. Nazanín Armanian es un personaje del que algún día tendré que hablar aquí porque no hay nadie en España cuyos desvaríos mentales alcancen un nivel tan psicotrónico y sin embargo se le tome tan en serio. Por ejemplo, sin ir más lejos recientemente pasó por el Parlamento de Canarias. 

Nazanín Armanian tiene un estilo peculiar en el que va soltando frases que se saca del sombrero sin mirar nunca atrás. Lo mismo te dice que Estados Unidos pretende destruir “el ejército sirio por sus vínculos con Rusia” y que luego hará lo mismo con las fuerzas armadas de Ucrania, que las acciones de Estados Unidos en Oriente Medio tienen el objetivo de “empujar el precio del petróleo al alza perjudicando a China” (pág. 166). Que Estados Unidos sea aliado del gobierno de Kiev o que le interese un precio del petróleo contenido no es aquí relevante, porque la realidad nunca es relevante para Nazanín Armanian. Así nos cuenta que Estados Unidos montó “bandas criminales para provocar el terror entre la población” y es también responsable de “crear y armas a los grupos terroristas” en Siria como “viva imagen de los escuadrones de la muerte de Latinoamérica en los ochenta” (pág. 166). Este párrafo es pura proyección. Está hablando del comportamiento de las milicias shabiha del régimen sirio. Pero la referencia a la Latinoamérica de los años 80 es un buen efecto de humo y espejo para desviar la atención del lector.

Habla del Estado Islámico como el “califato americano” porque según ella la ofensiva de 2014 era parte de un plan estadounidense. Menciona el ataque químico realizado por el régimen sirio en agosto de 2013 como un ataque de “falsa bandera”, cuando hay una investigación de técnicos de la ONU por medio. Menciona los planes de Obama de bombardear Siria (el artículo es de octubre de 2014) y de mandar “árabes y pakistaníes” a luchar en Iraq contra el Estados Islámico. Como vemos, la gracia es leer sus artículos años después de escrito y ver cómo habla y habla de cosas que inventó sobre la marcha. Pero supongo que el lector despistado medio encuentra argumentos que refuerzan sus prejuicios de que Estados Unidos es el Mal absoluto y no recuerda esos detalles pintorescos que sólo a ella se le ocurren. (¿Pakistaníes combatiendo al Estado Islámico en Iraq al servicio de Estados Unidos? WTF?).

Otra rasgo característico de Nazanín Armanian es que, como muchas veces no tiene ni idea de lo que habla, cuando se encuentra algo que no entiende inventa una explicación sobre la marcha. Menciona el grupo Jorasán, vinculado al núcleo duro de Al Qaeda y al que Estados Unidos atacó en Siria en septiembre de 2014. Según ella es un invento de Estados Unidos y especula las razones de haber elegido un nombre que coincide con el de una provincia de Irán hasta 2004. El Gran Jorasán es una región histórica que engloba Afganistán y que aparece en un hadiz popular entre los yihadistas:

“Si ves venir los estandartes negros desde Jorasán, únete a ese ejército. Incluso si tienes que arrastrate sobre hielo. No habrá poder que lo pueda detener. Y llegarán finalmente a Jerusalén, donde eregirán sus banderas”

Como la yihad global arrancó en Afganistán, los miembros de Al Qaeda consideraban que ese hadiz tenía un significado profético. No es un plan secreto de la CIA de crear un grupo yihadista que opere en Irán y Asia Central.

Otro ejemplo. Menciona el término Af-Pak, que se popularizó en Estados Unidos para dar a entender que no se podía tratar la guerra en Afganistán como un fenómeno aislado sin tratar también la complicada relación de Washington con Pakistán y el ambivalente papel de “estado profundo” pakistaní frente a los talibán y el yihadismo. Se escribieron cataratas de artículos sobre el tema. Pero, según le escuché decir en una conferencia en 2010, el término Af-Pak reflejaba los planes de Estados Unidos de unir los dos países en uno solo para frenar a China en Asia Central. ¡Ole! Y aquí, dice que la aparición del Estado Islámico es parte de un plan de Estados Unidos de unir Siria e Iraq en el aérea Ir-Sir “para que rime con Af-Pak” (pág. 168). ¿Qué significa esa frase absurda? Y así, toda la vida. Genia y figura.

Lo bueno de estos artículos conspiranoicos es que cuando pasa el tiempo, la perspectiva permite echarse unas risas. El siguiente capítulo es “El Plan Erdogan, tapadera de la OTAN” de Manlio Dinucci. El artículo, tomado de la Red Voltaire, explica los planes urdidos conjuntamente por los gobiernos de Estados Unidos y Turquía para intervenir en Siria bajo el paraguas de la OTAN. El artículo es de 2014. Y claro, pasa como en el artículo de Nazanín Armanian, que afirmaba en 2014 que Obama estaba loco por encontrar una excusa para entrar en la guerra civil siria y atacar al régimen de Damasco. El artículo de Dinucci suena muy serio a ojos del profano porque explica la existencia del Allied Land Command con base en Izmir y su encaje en el organigrama de la OTAN, donde se coordinaría la invasión de Siria. El tiempo ha puesto el asunto en su sitio.

Volvemos a otro artículo corto y anónimo de Russia Today en “Turquía pide a EE.UU. que ataque a Assad a cambio de su apoyo contra el Estado Islámico”, que Manuel Galiana Ros atribuye erróneamente a la agencia Reuters. Se trata de la agencia origen de la foto que ilustra el artículo en la página web de Russia Today, no el origen del texto.

Y por fin llegamos a los “Comentarios y epílogo” de Manuel Galiana Ros, que cierran el libro. En la recapitulación sobre la primera mitad del libro, el autor toma la historia apócrifa de que el wahabismo fue una doctrina promovida por el Reino Unido para dividir a los pueblos musulmanes. Y juega a apuntar que los protagonistas de la historia, los Al Saud y Al Wahhab, eran criptojudíos sabateos (“se nos podrá acusar de ver aquí una conspiración judía“, pág. 180). Ese secreto llegaría hasta la actualidad y explicaría que supuestamente los “mandatarios islámicos” de la península arábiga afirmaran que para ellos era muy importante la creación de “un Hogar Nacional judío” (pág. 181). Son las primeras noticias que tengo de que líderes de las petromonarquía árabes eran sionistas.

Ilustración publicada por Russia Today y reproducida en el libro (pág. 160).

La largo mano judía se extendería también por Turquía, según Manuel Galiana Ros, de ahí la inclusión de dos textos sobre el carácter criptojudío de Mustafá Kemal, padre de la Turquía moderna y “candidato ideal por parte del sionismo internacional para liderar un proceso revolucionario para la toma del poder” (pág. 181). De paso nos cuenta que “sería más apropiado” llamar a la Revolución Rusa la “revolución judía” (pág. 181). Curiosamente Jean-Michel Vernochet también ve judíos por todas partes. Y nos cuenta que el golpe de Estado en Egipto contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes fue obra de “la  mano escondida del sionismo” (pág. 86).

A continuación Manuel Galiana Ros habla de una supuesta conversación entre Vladimir Putin y el rey de Arabia Saudita. Putin se habría negado a la construcción de una mezquita con dinero saudí en Moscú porque en Arabia Saudita no hubiera sido posible construir una catedral ortodoxa. Y a continuación Galiana Ros hace un copia y pega de un discurso de Putin ante el parlamento de su país donde llama a los inmigrantes musulmanes a “en Rusia vivid como rusos”. Tras el texto del discurso se nos cuenta que Putin recibió una ovación de cinco minutos. El texto suena raro, porque da a entender que los musulmanes son una comunidad extraña en Rusia y en realidad allí hay una importante minoría musulmana. Sólo lleva 5 segundos de búsqueda encontrar que el supuesto discurso es un bulo.

Cerca del final, Galiana Ros habla de su esperanza en los Movimientos Nacionales Europeos, eufemismo para partidos políticos de ultraderecha. Y termina contándonos que, tras la caída del comunismo, “Rusia como nación fue saqueada por los oligopolios sionistas” pero gracias a Putin en los últimos quince años “el espíritu nacional y tradicional ruso […] ha podido renacer” (pág. 186). Así que nos encontramos en una nueva política de bloques. Por un lado tenemos a las fuerzas del “sionismo, globalismo, predominancia de los mercados y de la usura” representadas por la “estructura militar de la OTAN” y unos Estados Unidos “que sigue la consigna de los lobbies israelitas”. Por otro lado, tenemos a “los países que pretenden un reparto mundial de la riqueza y una mayor justicia para las poblaciones del mundo” (pág. 186). Nos habla, sin duda, de la Nueva Guerra Fría.

Así que recapitulemos. Tenemos a un ultraderechista español, conspiranoico y antisemita, que traduce un texto del francés y lo junta con otros muchos sacados de Russia Today y de sitios como la Red Voltaire, de la que ya he hablado aquí. La mayor parte de los textos sacados de Internet nos cuentan que todos los males de Oriente Medio son obra de un plan secreto estadounidense e israelí, en el que colaboran las petromonarquías árabes, para someter a la región a un permamente estado de caos mediante el apoyo a fuerzas yihadistas. Sobra decir a estas alturas, sabiendo quiénes nos quieren vender como los malos en este película, a quiénes nos quieren vender como los buenos en Oriente Medio.

El propio Manuel Galiana Ros cuenta que tuvo conocimiento de la existencia del libro Les Egares de Jean-Michel Vernochet en un viaje a Irán en 2014 para presentar la edición en farsi de su libro Los lobbies sionistas en España. Fue la francesa Marie Pomier, que identifica como una “conocida antisionista” (pág. 9), quien le pasó un ejemplar. En Conspiracy Watch encontramos la referencia a un evento en Irán donde coincidieron en 2014 Vernochet y Pomier con el inefable Thierry Meyssan de la Red Voltaire y otros personajes calificados como “negacionistas [del Holocausto]”.

Galiana Ros cuenta que tras pasar “un par de días” en el sudoeste del país tuvo la idea de escribir otro libro, La guerra sionista contra Jomeini. A partir de ahí, tirar el hilo es fácil y nos encontramos a otros autores españoles que escriben sobre Irán o vinculados al canal iraní HispanTV, grupos de ultraderecha que simpatizan con el Kremlin y el régimen sirio, etc. ¿Podemos hablar entonces de el “lobby iraní español”?.

“The Battle of Cuito Cuanavale” de Leopold Schultz

Descubrí los foros de temas militares en el verano de 2000. Y recuerdo de aquellos tiempos que un tema que generaba enormes debates fue la batalla de Cuito Cuanavale, una de las últimas batallas de la guerra de Angola. La versión cubana es que allí se había logrado una gran victoria frente a las fuerzas sudafricanas, lo que había precipitado el fin del “apartheid”. Una rápida búsqueda en Internet nos lleva a artículos como “Cuito Cuanavale: batalla que terminó con el Apartheid”, del procastrista profesor  estadounidense Piero Gleijeses. O a encontrar en la entrada sobre aquella batalla en la enciclopedia cubana EcuRed cosas como:

En Cuito Cuanavale la Revolución Cubana se jugó todo, se jugó su propia existencia, se arriesgó a una batalla en gran escala contra una de las potencias más fuertes de las ubicadas en la zona del Tercer Mundo, contra una de las potencias más ricas, con un importante desarrollo industrial y tecnológico, armada hasta los dientes, a esa distancia de nuestro pequeño país y con nuestros recursos, con nuestras armas.

La versión sudafricana, sobra decir, era diametralmente opuesta. Y lo que me llamó la atención fue cómo de unos hechos que tuvieron lugar a finales de los años 80 y cuyos protagonistas todavía están vivos se tengan versiones tan dispares. Así que la batalla de Cuito Cuanavale es una especie de mito histórico del que no había forma de saber qué pasó.

The Battle of Cuito CuanavaleLa editorial británica Helion Books, de la que aquí ya he reseñado unos cuantos libros, ha sacado dentro de la colección Africa@War el libro The Battle of Cuito Cuanavale: Cold War Angolan Finale 1987-1988 de Leopold Scholtz. Para el que no conoce la colección, se trata de libros en formato DIN A4 con letra pequeña y muchas fotos que cubren temas por lo general desconocidos. En este caso, el autor es un historiador sudafricano reconocido que trata de ofrecer una mirada desapasionada al tema. Ofrece aquí un resumen de su libro The South African Defence Forces in the Border War 1966-1989, que tengo desde ya en la lista de pendientes. Mi interés por el tema surge porque los sudafricanos condensaron las lecciones de la contra insurgencia portuguesa en Angola y rodesiana (del que escribí un artículo: “El legado de la contra insurgencia rodesiana“) en su lucha contra la guerrilla del SWAPO en Namibia. Los sudafricanos desarrollaron sistemas de armas autóctonos y originales para aquella guerra junto con una doctrina de guerra altamente móvil sobre blindados de rueda en “columnas volantes” a la que quiero dedicarle un futuro artículo que forme parte de mi serie sobre guerras africanas.

La participación sudafricana en la guerra de Angola surge, según el autor, de la necesidad de negarle al SWAPO namibio un santuario en el país vecino. Como parte de esa estrategia, el gobierno sudafricano apoyó a la guerrilla UNITA angoleña contra el gobierno comunista de Angola. El autor argumenta que nunca se tuvo la intención de implicarse en una guerra total en Angola para derrocar al gobierno comunista porque el gobierno sudafricano nunca tuvo intención de dejarse arrastrar a una guerra que dañara aún más la situación delicada del país, sometido a un embargo internacional en contra del apartheid. Esa tesis está sustentada en documentos oficiales pero me queda la duda si no fue resultado de la resignación sudafricana ante las limitadas capacidades de los combatientes de UNITA y los propios recursos limitados del país. Es decir, una vez asumida su incapacidad para lograr sus grandes objetivos estratégicos, los sudafricanos se fijaron otros menos ambiciosos y por tanto pueden afirmar que nunca perdieron la guerra de Angola porque nunca se plantearon ganarla. Como nota curiosa, añado, una vez acabada la Guerra Fría el antiguo gobierno comunista de Angola requirió el servicio de una empresa militar privada sudafricana para derrotar a UNITA. Podría ser esa una prueba de la relación instrumental sudafricana con UNITA.

La implicación sudafricana en Angola, por tanto, se entiende aquí como una necesidad impuesta por la lucha contra las guerrillas namibias, que tenían allí sus bases. Las sucesivas incursiones sirvieron para empujar esas bases lo más al norte posible. De paso, ayudar a UNITA servía para negarle territorio fronterizo al SWAPO e impedir la consolidación del poder del gobierno comunista de Luanda  sobre todo el territorio, lo que se temía generaría un efecto dominó sobre Namibia, territorio en manos de Sudáfrica desde el fin de la Primera Guerra Mundial.

Ratel 90 en primer plano con varios Ratel 20 detrás
Ratel 90 en primer plano con varios Ratel 20 detrás.

Así, en el año 1987 los sudafricanos se lanzaron más allá de la frontera entre Namibia y Angola con objetivos y medios limitados para frenar una gran ofensiva gubernamental contra UNITA. Me llamó la atención el recuento de fuerzas hecho por el autor, unos pocos batallones, lo que contrasta con las dimensiones épicas dadas a aquella campaña. En la primera fase de la ofensiva sudafricana se emplearon las habituales tácticas de guerra de maniobra, aprovechando la movilidad de los vehículos Ratel y la primacía de la artillería sudafricana en el campo de batalla.

Una brigada creada ad hoc fue capaz de derrotar a cuatro brigadas angoleñas en torno al río Lomba. En ese momento a los sudafricanos se les planteó el dilema de cómo explotar el éxito. Los defensores de la guerra de maniobra defendía una cabalgada para atacar las fuerzas angoleñas en profundidad, pero fue desestimada por temor a terminar enredados en un frente amplio y por el imperativo político de mantener el conflicto lo más limitado posible. No en vano, las incursiones sudafricanas en Angola solían ser rápidas y contundentes, tratando de negar su presencia allí. El plan elegido fue un ataque frontal con fuerzas mecanizadas que tardaron en llegar al frente de batalla.

Asesor soviético en Angola
Asesor soviético en Angola

Cuando los sudafricanos avanzaron se encontraron con los angoleños en posiciones defensivas bien preparadas con abundantes campos de minas y sus comandantes dirigiendo la batalla de forma competente gracias a los asesores cubanos y soviéticos. Tres ataques sudafricanos fueron incapaces de romper las defensas enemigas, reforzadas además con la llegada de tropas cubanas. Con el objetivo cumplido de haber frenado la ofensiva gubernamental contra UNITA, los sudafricanos se retiraron a Namibia  y se prepararon para un posible avance cubano hacia la frontera que nunca tuvo lugar. El régimen cubano declaró haber logrado una gran victoria impidiendo a los sudafricanos haber alcanzado la localidad de Cuito Cuanavale, lo que dio nombre a la batalla, e inmediatamente accedió a negociaciones de paz, que condujeron a la retirada de Angola de las fuerza combatientes de terceros países. Con el fin de la Guerra Fría y el apartheid nació la leyenda de haber sido la batalla decisiva que cambió la historia de Sudáfrica.

En las conclusiones Leopold Scholtz describe a Fidel Castro como un gran estratega y un genio de la propaganda, que supo aprovechar una situación ambigua para construir una narrativa de victoria militar. También reflexiona cómo el alto mando sudafricano eligió a los comandantes y las tácticas equivocadas para la batalla. Y es que, una vez, encontramos una historia en la que militares que llevan demasiado tiempo volcados en operaciones de contra insurgencia fallan en operaciones convencionales.  El autor especula que el resultado hubiera sido diferente si se hubiera puesto al frente a los expertos en guerra de maniobra sudafricanos, que por cuestiones de burocracia militar fueron enviados a otros destinos tras haber logrado éxitos iniciales en el río Lomba. Eso sí, niega la narrativa cubana de una gran victoria y cómo en el fondo cada bando logró los objetivos que buscaba. Los cubanos lograron desentenderse de la guerra de Angola con una salida honrosa y los sudafricanos lograron frenar una ofensiva contundente contra UNITA, pero el viento de la historia barrió la región. Namibia se convirtió en un país independiente y el fin de la Guerra Fría acabó con el apartheid y las ideas comunistas de sus enemigos en Sudáfrica, Namibia y Angola.

Foto:
Gral De Vries. Foto: sadf.info

Un nombre propio destaca en el relato de Leopold Scholtz, el del entones coronel De Vries. Volcó sus ideas sobre guerra de maniobra en el libro Mobiele Oorlogvoering. ‘n Perspektief vir Suider-Afrika, publicado en 1987, lo que da idea de la cantidad de joyas que hay publicadas en idiomas “exóticos” como el afrikaner o el hebreo. Y es autor de unas memorias, Eye of the Storm. Strength Lies in Mobility, sobre las guerras en las que participó. Otro libro que he añadido a mi lista de pendientes. De Vries participó en el diseño del vehículo blindado Ratel. Mi intención es escribir en el futuro sobre las tácticas sudafricanas en Namibia, como parte de mi serie de artículos sobre guerras africanas. Hasta ahora he cubierto las tácticas contra insurgencia de Rodesia y el empleo francés del concepto “batalla aeroterrestre en profundidad” la Operación Serval. Me quedan por cubrir las “Toyota Wars” en Chad en los años 80 y  las “columnas volantes” sudafricanas en Namibia.

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“Winter is coming” de Garry Kaspárov

Winter is ComingAcabo de terminar de leer el libro Winter is Coming de Kaspárov, el que fuera campeón mundial de ajedrez. El título toma, evidentemente, el lema de la casa Stark de Canción de Hielo y Fuego. Pero, más que una advertencia de lo que nos espera en la Nueva Guerra Fría, se trata de un repaso de cómo hemos llegado hasta aquí desde el punto de vista personal del autor. El libro no es una obra académica ni lo pretende, poniendo su fortaleza en el hecho de que Kaspárov es ruso y ha sido un activista destacado en favor de la democracia en Rusia. Es un libro que se basa en buena parte en las experiencias del autor como ciudadano y activista, empeñándose en señalar que en Occidente se ha interpretado mal la realidad del país.

El libro arranca con un recorrido de cómo la democracia en Rusia se fue a la mierda. Y después de ver su visión me he quedado con ganas de más. Porque los relatos al uso se centran en el auge de Putin como la figura providencial que recogió los temores y frustraciones de la población rusa para instalarse en la cúspide del poder. Kaspárov no tiene palabras amables para Gorbachov, al que caracteriza como un personaje oscuro que hizo todo lo posible para aferrarse al poder, incluyendo liberar fuerzas que luego no controló. Kaspárov no le perdona la inacción de los servicios de seguridad soviéticos durante el progromo contra los armenios en Bakú en 1990.

Sin duda, el relato más interesante es el de los años de Yeltsin. Kaspárov reconoce que él mismo apoyó a Yeltsin como la opción menos mala frente al involucionismo de los comunistas. Pero critica especialmente a Occidente porque en la segunda mitad de los noventa miró para otro lado ante las violaciones de los derechos humanos en Chechenia y ante la contribución rusa al programa nuclear iraní. Kaspárov afirma que deberíamos revisar esos años para desmontar la actual narrativa victimista rusa porque Occidente apoyó económicamente a Rusia vía las instituciones internacionales y, por ejemplo, dejó en manos rusas el envío de fuerzas de paz a Asia Central. Supongo que se refiere a la intervención rusa en la guerra civil de Tayikistán. Kaspárov nunca lo menciona, pero creo que el comportamiento occidental se explica en la existencia de un cierto consenso sobre que Rusia era “too big to fail”. Considerando especialmente que se trataba de un país con armas nucleares, Occidente procuró contribuir a sostener los pilares del Estado ruso mientras en los primeros tiempos de la post Guerra Fría los Estado-Nación ex-comunistas saltaban por los aires en el Cáucaso, Asia Central y los Balcanes.

dt-common-streams-streamserverEl libro tiene una marcada segunda parte donde se recogen los años de Putin. El repaso a las carencias del régimen ruso en materia de libertades públicas y derechos políticos no nos toma por sorpresa a estas alturas. Véase los tres libros que reseñé en “Tríptico Ruso”. Tampoco nos pilla por sorpresa el relato de cómo el gobierno de Putin encarceló a los empresarios que osaron no seguir la línea oficial para además desmantelar sus empresas. Lo novedoso para mí del libro es que repasa las relaciones de Occidente con el Kremlin. Kaspárov presenta cómo algunos líderes occidentales pecaron de ingenuos, pensando que evitando confrontar las acciones del Kremlin estaban permitiendo que el sistema ruso se reformara. Por ejemplo, contrasta lo que personajes como George W. Bush y Condoleezza Rice dijeron mientras ocuparon cargos públicos y lo que contaron luego en sus memorias haciendo balance. Caso aparte es el de líderes como Silvio Berlusconi y Nicolas Sarkozy que nunca dudaron en hacer negocios con el Kremlin. Quien especialmente no queda nada bien retratados son Barack Obama y la Unión Europea, cuyas palabras vacías y gestos débiles quedan mal parados ante las sucesivas acciones del Kremlin.

La lectura del libro refuerza una idea que mantuve desde que empecé a escribir sobre la Nueva Guerra Fría. Que un país con el PIB de Italia desafíe a Occidente sólo es el resultado de la ineptitud y la inacción de Occidente. Kaspárov añadiría “cobardía” a esa lista. Del libro surge como un reaganita, añorando los tiempos en que el presidente de los Estados Unidos hablaba de promover la democracia y la libertad (algo que en los años no se aplicaba a los ciudadanos de dictaduras aliadas de Washington). Y añora que promover y defender valores haya desaparecido de la agenda política de los líderes occidentales. En cambio, todos estos años de diálogo y negocios con Rusia no ha contribuido a transformar Rusia un ápice. En esto habría que extender, añado yo, la reflexión a las relaciones de Occidente con las petromonarquías.

Me parece interesante la idea de Kaspárov de cómo Occidente ha interpretado al Kremlin a través de un reflejo de sí mismo, creyendo que el régimen de Putin responde a los mismos valores y estímulos. Kaspárov corrige diciendo que el Kremlin sólo habla el lenguaje del poder y que habría que presionarle donde más le duele: yendo a por la riqueza que el círculo del poder ruso tiene en Occidente y apoyando al gobierno de Kiev a derrotar a las fuerzas rusas en Ucrania. Siempre he pensado que si oficialmente no hay tropas rusas en Ucrania, ¿qué habría argumentando Putin en contra de la cesión de cientos de misiles Javelin al ejército ucraniano? Los libros del futuro no juzgarán benévolamente al presidente Obama, me temo.

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“Campo de guerra” de Sergio González Rodríguez

Campo de Guerra

Ayer me leí Campo de Guerra, Premio Anagrama de Ensayo 2014, en un solo día. Y me quedé perplejo. El libro es como un artículo de Le Monde Diplomatique estirado como un chicle y combinado con farfolla posmoderna en el que se van mencionando temas de modas como si el autor, el periodista mexicano Sergio González Rodríguez, hubiera seguido una checklist. El libro trata sobre la situación actual de México. Su tesis principal es que la violencia en el país es el resultado de un plan orquestado por Estados Unidos para desestabilizar al vecino del sur y tener así una excusa con la que extender los tentáculos de sus fuerzas armadas, su aparato de seguridad y sus empresas militares privadas con el propósito de someter a México a un situación colonial como proveedor de mano de obra barata, energía y recursos naturales. De heho, el autor llama al Tratado de Libre Comercio que firmó México con EE.UU. y Canadá “megaplan de absorción de México a EE.UU” (pág. 48). En el libro se van despachando frases lapidarias como “la CIA de EE.UU. mantiene nexos con organizaciones criminales para incrementar la desestabilización en México bajo una lógica paramilitar” (pág. 23) en la que una nota nos informa que la fuente de tal información es “un asesor de inteligencia oficial” desde el anonimato. Más adelante (pág. 24) nos dice que el propósito de EE.UU. es desestabilizar México para tener un campo de entrenamiento real para sus fuerzas armadas en la lucha contrainsurgente.

El libro me deja la sensación de que el autor buscaba impactar el lector con ideas provocadoras hilvanando temas y conceptos de actualidad con un discurso posmoderno. Acompañando una ilustración del libro (pág. 84) encontramos, por ejemplo, el siguiente párrafo:

El aplanamiento del espacio y los territorios alcanza una gran sofisticación: los grupos criminales irrumpen, trazan una nueva lisuraen el terreno, incluso en orografías agrestes, al unir puntos estratégicos con sus propios medios de comunicación, desdeñan los límites entre lo legal y lo ilegal y arrasan con las divisiones reales y simbólicas de lo público y privado.

Pero bajo esa apariencia de análisis posmoderno de las narrativas, discursos y significados no hay más que el viejo discurso tercermundista que uno encuentra en Hispanoamérica. Creo que el tema hubiera requerido otro enfoque. Porque los trapos sucios de Estados Unidos que seguro hay en la lucha contra el narcotráfico y su relación con México hubieran requerido un trabajo de periodismo de investigación con nombres, datos y testimonios.

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“Análisis de las relaciones de defensa entre España y países de la península arábiga” de Yago Rodríguez

Yago RodríguezYago Rodríguez, Míster X, ha publicado este libro sobre las exportaciones de defensa españolas a las monarquías árabes de la Península Arábiga, los países del Consejo de Cooperación del Golfo. Un tema aparentemente inocente pero que tiene conexiones con el actual conflicto de Yemen, en el que participan varios de esos países. Precisamente, a propósito del papel saudí, escribí hace poco en la Revista El Medio. El libro tiene tres partes. La dos primeras son un análisis general de las exportaciones españolas en el ámbito de la defensa con las monarquías árabes de la región. El autor reflexiona sobre la industria de defensa española, las relaciones con esos países y hace un análisis de los datos de las exportaciones de la industria de defensa española. Así que, ya de partida, el libro se convierte en una buena referencia para periodistas y curiosos que quieran hablar del tema sin meter mucho la pata. La tercera, la más jugosa para mí, tiene que ver con la aparición de material militar de origen en el frente de batalla de Yemen y hace un análisis desglosado de los productos de defensa españoles vendidos a cada país. Se recogen fotos de los rebeldes huzíes alrededor de vehículos BMR saudíes capturados y con armamento de origen español capturado a las fuerzas saudíes. El tema lleva inevitablemente a reflexionar sobre los criterios éticos a considerar en este tipo de exportaciones, ahora que sabemos que Arabia Saudita muestra poco respeto por la vida de los civiles en Yemen. La reflexión que hace Yago Rodríguez me parece bastante pertinente. Y está en la misma línea a la que yo hice al final de mi artículo.

El libro (98 páginas) ha sido  autoeditado por el autor vía Lulu.com y tiene los típicos pequeños fallos de este tipo de producto que una revisión entre varios pares de ojos podría solucionar. Luego tenemos lo que yo creo que es alguna confusión en el tratamiento de los datos. Mi experiencia dice que la información pública de estos temas suele ser confusa y provocar el error porque ha sido previamente tratada por un funcionario que a la hora de elaborar los informes públicos ha asignado los items a categorías preestablecidas que luego hay que descifrar. Véase el caso de “disparos de aeronaves”, que supongo quiere decir munición empleada por alguna aeronave. Probablemente, munición para el cañón de un avión. Pero que podría ser cualquier otra cosa porque el libro recoge otro lado que el informe de exportaciones habla de “munición, disparos y granadas”. En cualquier caso, no es un error del autor sino de la ambigüedad de los datos publicados por la Secretaría de Estado de Comercio, donde imagino tienen poco conocimiento de asuntos de defensa.

Creo que se trata de un trabajo muy interesante y que abre la puerta para que más miembros de la comunidad española interesada en estos temas se anime a publicar libros que no encontrarían cabida en las editoriales habituales. Espero que Yago Rodríguez se lance a escribir más libros y que esta tenga buena acogida.

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“The Edge: Is the Military Dominance of the West Coming to an End?” de Mark Urban

Mark Urban es un periodista británico, especialista en Oriente Medio y autor de libros de historia militar. Anteriormente leí y reseñé aquí el altamente recomendable Task Force Black. En este libro cambia de tercio y aborda una cuestión que concierne a la Nueva Guerra Fría, el declive militar de Occidente.

El libro parte de la enorme reducción de las fuerzas armadas europeas desde el fin de la Guerra Fría, con el ejemplo británico por delante, pero se pregunta si no se ha llegado a un punto en el que se han perdido ya demasiadas capacidades. Y que la premisa de que siempre estará ahí Estados Unidos para acudir al rescate de Europa puede que haya dejado de ser válida. La historia que cuenta de las fuerzas armadas europeas es tristemente familiar para el lector español. (Pronto trataré aquí el caso particular de España).

Urban cuestiona el lema de “más con menos” con el que se han justificado los sucesivos recortes. La idea es que unas fuerzas armadas más pequeñas alcanzarían unas mayores capacidades gracias a la tecnología avanzada. Pero los recortes han llegado también al presupuesto de municiones y al presupuesto para mantener los barcos, aviones y carros de combate. Así que la disponibilidad de estos últimos ha resultado ser reducida cuando llegó la hora de repartir tortas (Afganistán, Libia…) y el stock de bombas y misiles resultó escaso.

Por otro lado, la premisa de unas fuerzas armadas más pequeñas pero más tecnológicas se ha encontrado con el problema del desmadre presupuestario que han supuesto los sistemas de armas de última generación. Urban pone como ejemplo el caza de 5ª Generación F-22 Raptor y el bombardero invisible al radar B-2 Spirit. Destinados a sustituir a cientos de aviones construidos durante la Guerra Fría, del primero entraron en servicio 187 y del segundo 21. Urban plantea que tarde o temprano los arsenales heredados de la Guerra Fría se retiraran de servicio y Occidente se va a encontrar con pocas armas y escasos presupuestos para mantenerlas en un panorama internacional que ha cambiado, donde muchos países periféricos tienen ya sistemas avanzados, muchos de ellos vendidos por Occidente. Urban lanza la pregunta de qué pasaría si Egipto o Arabia Saudita cayeran en manos de enemigos de Occidente.

Más allá de las capacidades militares, Urban reflexiona sobre la disposición de las sociedades occidentales de apoyar el uso de la fuerza. Si el fenómeno ya había sido planteado por Edward Luttwak cuando habló de “sociedades postheroicas” allá por los 90, las intervenciones en Afganistán, Iraq y Libia han dejado a las opiniones públicas occidentales contrarias a las intervenciones armadas. Lo que tuvo consecuencias en el debate en 2013 sobre intervenir en Siria. Urban pone como contraste el caso de Rusia y su opinión pública, donde las intervenciones exteriores han supuesto un aumento de la popularidad de Vladimir Putin. Lo que lleva a la reflexión central del libro, sobre el fin del orden unipolar y la condición de híper-potencia que Estados Unidos mantuvo desde el fin de la Guerra Fría.

Sea China o Rusia, Occidente se encuentra en relación con potencias con un discurso nacionalista con toques revanchistas que tienen una concepción del uso de la fuerza diferente. Digamos, que no han llegado a la fase post-heroica (sería interesante, añado yo, el impacto de las bajas de guerra en un país con tanto hijo único como China). Sin entrar en el discurso del “choque de civilizaciones”, Urban plantea los valores distintos a Occidente con los que se maneja el resto del mundo. “El paradigma occidental parece cada vez menos relevante”, afirma Urban (pág. 120). La impotencia occidental dejará espacios vacíos que serán aprovechados por otras potencias. La reflexión que me deja el libro es pensar hasta que punto la falta de voluntad para pelear y la falta de recursos para hacerlo irá transformando la política exterior de los países occidentales.

“The Russian Civil War 1918-1922” de David Bullock

The Russian Civil War 1918-1922The Russian Civil War 1918-1922 de David Bullock es un libro de la colección Essential Histories de Osprey Publishing, editorial de sobra conocida por los aficionados a la historia militar. Con sus 134 páginas de texto y numerosas ilustraciones es una obra introductoria. Llegué a este libro por mi interés en remontarme a los orígenes de la doctrina militar soviética. Pero me he encontrado que es un libro que cuenta principalmente la perspectiva de los rusos blancos. El autor no esconde, en mi opinión, sus simpatías por ellos y se detiene a contar anécdotas espeluznantes del Terror Rojo que no sé si forman parte del folklore soviético o resulta que la realidad supera cualquier ficción. Además, en un par de ocasiones se refiere a hechos de armas protagonizadas por los rusos blancos como “una de las mayores hazañas militares de todos los tiempos”.  Considerando la disparidad de las fuerzas enfrentadas y el tamaño de los escenarios de la guerra, posiblemente no sea una hipérbole del autor. Al fin y al cabo, hablamos de una guerra poco conocida.

Leyendo el libro uno no puede dejar de pensar en los “¿y si…?”. Al hurtar al lector hasta el capítulo final ciertas claves de la guerra desde la perspectiva del bando rojo uno llega a vislumbrar varias veces una victoria de los blancos, a pesar de saber el resultado histórico de la guerra. La cuestión es que los rusos blancos operaron en frentes alejados los unos de los otros sin poder enviarse suministros o refuerzos a conveniencia. Nunca tuvieron una cadena de mando única e incuestionado. Defendían además diferentes modelos para el futuro de Rusia sin sentir simpatía por los movimientos independentistas de Finlandia y las Repúblicas Bálticas, que podrían haber sido aliados. Por último, recibieron apoyo de EE.UU., Reino Francia, Japón, etc. Pero tras la Primera Guerra Mundial ninguno de aquellos países estaba dispuesto a mantener por más tiempo un esfuerzo de guerra y sostener fuerzas movilizadas. En el bando opuesto, encontramos una cadena de mando única, clara y brutal, con la retaguardia asegurada por la Cheka. El territorio controlado por el bando rojo era continuo, con lo que pudieron desplazar dentro de él tropas y suministros a conveniencia. Además formaba el núcleo industrial y habitado del país. De tal forma, contaron con una base demográfica importante en la que reclutar tropa y peones para obras, junto con la capacidad de dotar a esas mesas con armas y suministros. Por último, no hay que olvidar el componente ideológico de entusiasmo revolucionario entre trabajadores y campesinos. Luego vendrían las hambrunas y las purgas. Pero eso es otra historia.

Tachanka
Estatua en Kajovka (Ucrania) representando una “tachanka“, carro de caballos con ametralladora Maxim, de la Guerra Civil Rusa.

La guerra civil rusa fue una guerra de transición histórica. En ella encontramos uniformes decimonónicos, cargas de caballería, trenes blindados, carros de combate de primera generación, aviación etc. Uno de los elementos fundamentales fue las largas distancias recorridas en las campañas y el uso preferente dado a la caballería. El autor no lo menciona, pero de esas experiencias personales personajes como Mijaíl Tujachevski desarrollarían la teoría de las operaciones en profundidad. Otro elemento que me parece importante, que el autor destaca, es la existencia del “bando verde”, bandoleros armados que actuaron de forma oportunista en la retaguardia de los rusos blancos junto a partisanos rojos. Encontramos aquí otro antecedente ruso, junto al de los partisanos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, de la tan de moda “guerra híbrida”. Así que seguiré indagando. Mi próximo lectura al respecto será sobre los enfrentamientos soviético-japoneses.