“The Handbook of 5GW” de Daniel H. Abbott (editor)

Hubo un tiempo, ya lejano en que todo aquel que aspiraba a ser alguien en Internet tenía un blog. Los debates transcurrían entonces de forma pausada como un flujo de publicaciones y réplicas de blog a blog. El libro que reseño hoy aquí es fruto de uno de aquellos debates, mantenido entre 2003 y 2008.

Como pude comprobar cuando escribí mi libro y traté de reciclar entradas de blog, el cambio de formato requiere un buen trabajo de adaptación. Y en este libro pesa demasiado que los textos originales fueron escritos para ser publicados en Internet. Algunos otros detalles, como un título suelto al final de la página 205, demuestran que estamos ante una publicación algo amateur. Y siendo un libro colectivo, hubiera requerido un trabajo más intenso de edición para darle coherencia al resultado.

Detalles de forma aparte, lo relevante del libro es que sus especulaciones sobre el futuro de la guerra son relevantes en el momento presente, como veremos. Confieso que compré la versión en formato tan pronto el libro salió al mercado, leí algunos capítulos y no le volví a prestar atención hasta hace poco. El problema, por tanto, de las ideas planteadas es que fueron demasiado adelantadas a su tiempo.

El libro toma como punto de partida el modelo de generaciones de guerra planteado por William S. Lind en 1989 y que tuvo su momento de gloria durante los años duros de la ocupación estadounidense en Iraq (2003-2011). Cómo no, el concepto de Guerras de Cuarta Generación (4GW) fue abrazado en España con el furor del converso. Eso sí, nadie se molestó en leer y comprender a William S. Lind en España.

William S. Lind es un paleoconservador estadounidense y uno de los autores intelectuales del concepto de guerra de maniobra aplicada a las operaciones anfibias en Estados Unidos allá por los años 80. En octubre de 1989 publicó junto con varios militares como coautores un artículo en la Marine Corps Gazette especulando sobre el futuro de la guerra: “The Changing Face of War: Into the Fourth Generation”. El planteamiento de Lind era que, desde la firma de la Paz de Westphalia en 1648 y la consolidación del Estado-Nación como actor fundamental del panorama internacional, las guerras habían evolucionado en sucesivas generaciones.

La Primera Generación se había caracterizado por la concentración de fuerzas que chocaban en el campo de batalla, con su máxima expresión en las Guerras Napoleónicas. Factores fundamentales de esta generación eran el orden y la disciplina para mantener la cohesión de las formaciones, de ahí que a día de hoy la instrucción de orden cerrado se considera algo intrínseco en la vida militar.

La Segunda Generación fue, como las siguientes, una respuesta a la anterior. La característica de esta generación es la aplicación de la potencia de fuego mediante ametralladoras y artillería que hacía imposible ya las masas compactas de soldados. Esta generación de guerras fue posible por la Segunda Revolución Industrial. En los textos de Lind podemos encontrar repetidamente la crítica de que las fuerzas armadas estadounidenses quedaron mentalmente atascadas en esta generación, al entender que la solución a cualquier problema es la aplicación de potencia de fuego para pulverizar al enemigo bajo toneladas de explosivos.

La Tercera Generación se caracteriza por la guerra de maniobra y surgió como respuesta al estancamiento del campo de batalla en la Primera Guerra Mundial. El objetivo de la Tercera Generación es lograr la derrota del enemigo logrando avanzar hacia la retaguardia del dispositivo defensivo para romper su cohesión. Su manifestación más célebre es la “guerra relámpago” alemana (Blitzkrieg) en las primera fases de la Segunda Guerra Mundial. Pero no debemos olvidar que tuvo también su contrapartida en el bando soviético con el concepto de “operación profunda”.

La Cuarta Generación (4GW) aleja el centro de la acción de la primera línea de frente. El objetivo es socavar la legitimidad del Estado y lograr que una sociedad retire su apoyo a una guerra. El artículo original de Lind et. al. en 1989 presentaba dos enfoques, una perspectiva centrada en la tecnología y otra en las ideas. Además, ya entonces dedicó un epígrafe al terrorismo.

El 11-S y la ocupación estadounidense de Iraq (2003-2011) centraron todo el debate en los actores no estatales y los movimientos insurgentes, aunque el propio Lind se encargaría en uno de sus artículos de señalar que era un error equiparar las Guerras de Cuarta Generación con meras guerras de insurgencia.

El principal problema que siempre le vi al modelo de Lind era que no aportaba ninguna explicación histórica al cambio. Unas generaciones ponían el énfasis en el plano táctico, otra en el operacional y otra en el plano estratégico. Los críticos más acérrimos señalaban además que ejemplos de los modelos guerra descritos en cada generación habían tenido lugar en diferentes momentos históricos.

Los autores del libro proponen superar estos problemas del modelo cambiando el concepto de Generación por Grados o Gradientes para así llegar al concepto 5GW, teniendo en cuenta como cada paso supone una reducción de la intensidad de la violencia, donde la diferencia entre una operación militar y un asesinato político es muy fina.

Con una multiplicidad de autores, tenemos también multiplicidad de enfoques. El primero parte de la premisa de que cada generación o grado es una superación del anterior, por lo que la reflexión sobre el concepto 5GW es cómo derrotar a actores no estatales que socavan la legitimidad del Estado, como son redes de insurgentes y organizaciones criminales. Las ideas planteadas en el libro van desde la aniquilación del tejido social a la alteración del entorno social a través de las acciones clásicas de contrainsurgencia como servicios sociales y comunicación. Recordemos que las publicaciones de blog originales que dieron lugar al libro tenían lugar en el contexto de los años duros de la ocupación estadounidense de Iraq. En aquel entonces, los frutos del “surge” y de la nueva doctrina de contrainsurgencia estabn por ver.

Este primer enfoque me parece el más pobre. Algunos de los autores interpretan el concepto 5GW como una simple evolución de fenómenos que podemos identificar con las Guerras Posmodernas. Encontramos así un capítulo de David Axe, autor del blog War is Boring, que habla de piratería en Somalia. También encontramos un capítulo que habla del caso de un barrio pobre de Chicago azotado por la delincuencia y el narcotráfico que terminó demolido y su población reubicada. La sensación que queda es de una falta de conexión entre las ideas de los distintos autores. Y es que como ya dije antes hubiera hecho falta una labor más intensa de coordinación y edición.

El otro enfoque sobre el concepto 5GW es el que me parece más interesante. Y leído el libro en 2020 adquiere un significado completamente diferente a cuando lo empecé a leer la primera vez. Este segundo enfoque conecta las cinco generaciones o gradientes de William S. Lind con el bucle OODA de John Boyd (hablé de él aquí en este blog en 2006).

observación → orientación → decisión → actuar

El coronel John Boyd fue un piloto de caza y personaje singular cuyas ideas han sido referente para un buen número de pensadores destacados. Por ejemplo, encontramos referencias a él en el artículo original de William S. Lind sobre Guerras de Cuarta Generación de 1989 y también en el primer artículo donde John Arquilla y David Ronfeldt plantean el concepto “Netwar” en 1993.

Este segundo enfoque plantea que cada generación o gradiente profundiza en el bucle desde “actuar” a “observación”. Así, los dos primeros tratan de anular la capacidad de acción del contrario simplemente destruyendo sus fuerzas o la guerra de maniobra (3GW) trata de anular la capacidad de decisión del contrario al saturar al comandante enemigo rompiendo la cohesión de sus defensas. Y así, el concepto 5GW consistiría en alterar la capacidad del contrario de observar la realidad.

El concepto 5GW se trataría entonces de “una teoría emergente de guerra basada en la manipulación de múltiples fuerzas económicas, políticas, sociales y militares en múltiples dominios” (Adam Herring, pág. 206) y también de una “guerra moral y cultural” donde se combate “manipulando las percepciones y alterando el contexto por el que el mundo es percibido” (Shanne Deichman, pág. 12), de tal forma que “tu enemigo te combate con una forma de guerra que no sólo no ves, sino lo que es peor, en la que no crees” (L. C. Rees, pág. 28). Y así, una Guerra de 5ª Generación o del 5º Gradiente “ejecutada brillantemente podría implicar un lado ignorando que había una guerra” (Daniel Abbott, pág. 180).

Las operaciones militares dentro del concepto 5GW consisten en la “manipulación del contexto de las observaciones de los actores en un conflicto o confrontación con el propósito de lograr un cambio de posición específico o lograr un efecto específico” (Adam Herring, pág. 73). Esta manipulación podría tener como objetivo una población para que “desee la derrota del país o al menos pueda ser persuadida para actuar de una forma que lleve a la derrota de ese país” (Curtis Gale Weeks, pág. 227).

Esta ideas son las que parecen más interesantes del libro y las que hacen el concepto 5GW realmente potente. Supone entender la guerra de información como una forma de guerra en un continuo que comienza en el uso de la violencia, lo que anula la distinción de guerra y paz. Algo, que por cierto, aparece perfectamente asumido en la doctrina rusa de guerra de información.

Esa idea de operaciones de información para alterar la percepción de la realidad y lograr que la población enemiga realice acciones que logre la derrota de su país encaja perfectamente con lo que hemos vivido en Occidente desde 2013. Primero con las campañas de desinformación que anularon la voluntad de Occidente de intervenir en Siria (véase al respecto lo que escribí hace poco sobre la  construcción de narrativas en torno al Estado Islámico), y posiblemente luego en sucesivas citas electorales.  Algo de lo que todavía no tenemos toda la información, pero de lo que al menos sabemos fue ensayado para apoyar la elección de un presidente aislacionista en Estados Unidos.

Hay que señalar que no he encontrado trabajos posteriores significativos en torno al concepto 5GW. Y algunos de los blogs de los autores participantes han sido abandonados o han desaparecido. Me temo que las ideas que ellos plantearon en el ya lejano periodo 2003-2008 resultaron demasiado adelantadas a su tiempo. Como suele suceder, el péndulo se ha movido. Y ahora tenemos una explosión de libros y artículos sobre desinformación, propaganda y manipulación de redes sociales. Esa, espero, será una de mis líneas de trabajo en 2020.

“Op Banner: An Analysis of military operations in Northern Ireland” del estado mayor del ejército británico.

Usé, como marco teórico, ideas y modelos sobre insurgencias en mis dos textos más importantes sobre la crisis catalana:  “El 1 de octubre en Cataluña y las Guerras de Cuarta Generación” (05/10/2017) sobre los acontecimientos del 1 de octubre de 2017 a la luz de las ideas de William S. Lind y “El independentismo catalán falló el 21-D” (25/12/2018) sobre el intento de colapsar las redes de comunicaciones viarias de la región el 21 de diciembre de 2018 a la luz del modelo teorizado por John Robb en su blog Global Guerrillas en 2004 y desarrollado luego en su libro Brave New War. Así que me llamó mucho la atención encontrarme en el portal informativo catalán Vilaweb un informe del estado mayor del ejército británico sobre el despliegue y operaciones militares en Irlanda del Norte (1969-2007), la llamada Operación BANNER.

 

La actual situación de Cataluña, e incluso la del País Vasco en sus años más duros, no puede compararse con el conflicto de Irlanda del Norte por una larga lista de razones. Pero la lucha contrainsurgencia es un asunto que me llamó la atención desde los comienzos de este blog. Y un informe así es relevante por el ejercicio de evaluación autocrítica y transparencia que supone. Me gustaría leer un informe equivalente sobre el papel de España en lugares como Afganistán, Iraq, Mali, etc.

El informe aparece fechado en julio de 2006 y fue hecho público al año siguiente. Lo más interesante en él, obviamente, son las conclusiones del capítulo 8. Pero arranca haciendo una descripción del territorio y los actores implicados, lo que sirve de introducción para aquellos no familiarizados con las claves del conflicto.

La idea principal del informe es que el ejército británico careció de una estrategia coherente durante su despliegue en Irlanda del Norte. Su principal actividad fue allí fue mantener puestos de observación, establecer controles de carreteras (permanentes y temporales) y patrullar las calles. Las particularidades de estas operaciones, que son las que el imaginario colectivo asocia a Irlanda del Norte, son descritas con detalle. Pero todas estas actividades nunca fueron encuadradas en un gran plan que respondiera a objetivos estratégicos y operacionales. Según el informe, “hubo una falta de sentido de propósito a largo plazo, planeado y sistemático durante la mayor parte de la campaña” (párrafo 536) ya que “un plan de campaña debería integrar actividades estratégicas, operaciones y tácticas”, trasladando las intenciones del escalón de mando superior a “misiones coherentes para los subordinados en cada nivel” (párrafo 816). Además, se echó en falta una mejor coordinación con las fuerzas policiales y la existencia de un mando único, que no necesariamente hubo de ser militar. Curiosamente el texto usa un término en español: se echó en falta un “supremo” (párrafos 817 y 852).

La falta de un plan coherente en sus distintos niveles táctico, operacional y estratégico no se achaca a la falta de capacidad del mando, sino al contexto histórico. No se veía entonces la conexión entre las acciones y un plan coherente al nivel operacional (Párrafo 414). El informe recuerda que el concepto Preparación de Inteligencia del Campo de Batalla (Intelligence Preparation of the Battlefield) no apareció hasta los años 90 y que el concepto de Enfoque Integral (Comprehensive Approach) había aparecido poco antes de la redacción del informe). Al final, el resultado de la campaña respondió más que otra cosa al buen juicio y quehacer de los profesionales al mando en Irlanda del Norte [Párrafo 410). El informe señala también que muchas innovaciones tácticas en Irlanda del Norte, como por ejemplo el procedimiento de búsqueda de artefactos explosivos, fueron siempre idea de unos pocos jóvenes oficiales (párrafo 846).

Una de las ideas más interesantes del informe es cómo explica la naturaleza de las insurgencias. Según el informe “una insurgencia se alimenta de la insastisfacción y la insatisfacción se basa en la percepción”. A su vez, la percepción se enmarca en una cultura (párrafo 821). De ahí que una importante necesidad en una campaña de insurgencia es entender la cultura local y cómo se articulan los agravios percibidos, reales o no. Según el informe, la etapa fundamental que define el conflicto es su comienzo: la “violencia en las primeras etapas crea amargura, odio y visiones extremistas que pueden durar generaciones” (párrafo 802).

Foto: Chris Steele-Perkins / Magnum (vía The New Yorker)

En el caso de Irlanda del Norte, se señala que una estrategia efectiva hubiera sido atender las necesidades de la población local en materia de vivienda. Por ejemplo, proporcionar mejores viviendas a la población hacinada en viviendas sociales de la era victoriana. El informe llega a afirmar que hubiera sido más efectivo demoler el complejo Divis Flats y asignar una nueva vivienda a sus habitantes que emplear todos los recursos que se gastaron en patrullar y pacificar ese complejo de viviendas.

Si las percepciones articulan el conflictos, las operaciones de información se convierten en un arma fundamental. Así que otra conclusión principal de mi lectura del informe es que en una insurgencia, información e inteligencia resultan los asuntos cruciales. De hecho, a finales de los años setenta, uno de cada ocho militares regulares británicos sirviendo en Irlanda del Norte “estaba directamente implicado en inteligencia” (párrafo 503). Además se destaca el papel de los asesores científicos (SCIAD) que ayudaron enfrentar amenazas como la de artefactos explosivos caseros accionados a distancia (párrafos 707 a 711).

Es interesante que el informe no entra a debatir con profundidad si Irlanda del Norte fue una campaña victoriosa o no. Se trata de un informe para entender cómo el ejército realizó su misión y qué aspectos de ello fueron mejorables. El informe señala que las fuerzas de seguridad no pueden ganar a una insurgencia por sí mismas mediante campañas militares. Sólo pueden reducir el nivel de violencia a un nivel en el que la vida cotidiana puede desarrollarse sin intimidación y en el que las fuerzas opositoras asumen que no pueden ganar con una estrategia violenta (párrafo 809). Así, “la violencia fue reducida a un grado que le dejó claro al PIRA que no podría vencer mediante la violencia” (párrafo 855).

El informe me ha parecido bastante interesante. Y durante su lectura uno no puede dejar de hacer comparaciones con las misiones presentes de las fuerzas armadas españolas, donde encontramos una enorme rotación de personal y una brecha cultural con las poblaciones locales. El propio informe señala lo difícil que es trasladar lecciones de un conflicto a otro. Y cómo siempre se han de desarrollar soluciones adaptadas a las circunstancias locales. Es irónico pensar que la experiencia británica en Irlanda del Norte le proporcionó al ejército británico un elevado prestigio en materia de guerra irregular, a lo que había que sumar la experiencia de las small wars británicas previas (Malasia, Chipre, Omán,  etc), para concluir en Iraq y Afganistán con lo que los varios autores denominan como derrotas. Véase por ejemplo: Ministry of Defeat: The British War in Iraq 2003-2009 y Unwinnable: Britain’s War in Afghanistan, 2001–2014. Y que conste, dudo que un escrutinio a la experiencia española en ambos países resista el mínimo análisis. De ahí que sólo cabe aplaudir esta clase de ejercicios de autoevaluación.

Las Guerras Toyotas según el teniente coronel Frías Sánchez

Una de las ventajas de escribir para el público español es que uno encuentra un tema relevante, se duerme en los laureles y no viene nadie a pisártelo porque somos cuatro gatos en el mundo de la seguridad y defensa. Pero hay excepciones.

El tema de las “Guerras Toyota” del Chad (1986-1987) me fascinó desde que leí sobre ellas, recién derrotadas las tropas libias, en el suplemento dominical Antena Semanal que acompañaba al Diario de Avisos, el periódico local que se leía en casa. Muchos años después, me encontré un montón de información en un artículo de Tom Cooper en acig.info, que luego terminaría volcada en el libro Libyan Air Wars. Part 3: 1986–1989. Y de ahí, nuevamente a un artículo de Tom Cooper en la revista del ejército austriaco en 2009 titulado “45 years of Wars and Insurgencias in Chad“. Esas y otras lecturas me sirvieron de inspiración para escribir “Swarming en el desierto” allá por 2011 o más recientemente “De la guerra nómada en los océanos de área del Sahel a la guerra en red” en 2018. Mientras tanto, tuve la idea de volcar todo eso en papel en artículo para la revista Ejército del Ejército de Tierra. Pero he ahí que mientras todos esos proyectos dormían en el disco duro, alguien se me adelantó: el tenientel coronel Carlos Javier Frías Sánchez [nota: en fecha posterior a la publicación de sus artículos he visto que ha ascendido a coronel]. Y nada menos que con dos artículos.

Soldados chadianos en la batalla de Fada (enero 1987). (Photo by Raphael GAILLARDE/Gamma-Rapho via Getty Images)

El artículo “La guerra de los Toyota” fue publicado en la revista Ejército nº906 de octubre de 2016.. Fue merecedor del premio al mejor artículo en los premios “Revista Ejército” de 2017. Arranca narrando el ataque chadiano sobre la base libia de Fada el 2 de enero de 1987 y comparándolo con el ataque contra la base de AMISOM en El Adde del 13 de enero de 2016.

A partir de ahí, el artículo explica las Guerras Toyota hablando de movilidad y potencia de fuego, el carácter nómada de las fuerzas y el empleo de tácticas de swarming: la dispersión durante la fase de acercamiento del objetivo para concentrase sólo antes del ataque. El teniente coronel Frías Sánchez menciona que “emplean el terreno como los navíos el mar”, una comparación hecha ya entonces por Lawrence de Arabia, y menciona también los “ataques de decapitación”, aunque sin nombrar el concepto de “rezzou” o “razzia”. Llegados a este punto el artículo no habla ya de “Guerras Toyota” sino de “fuerzas Toyota” para referirse a cualquier conflicto donde se usen vehículos todoterrenos con armas colectivas en la caja trasera. Esto es, los “technicals”.

Y es que estaríamos hablando de dos cosas. Una cosa son las tácticas de guerra nómada, con largos raids a través del desierto del Sáhara o la sabana del Sahel como Chad y Sudán. Y otra cosa es el empleo extendido de todoterrenos civiles con armas colectivas a modo de Fire Support Vehicle. En cualquier caso, el artículo habla de la extensión del uso de vehículos todoterreno 4×4 armados a Mali, Sudán, Somalia y República Centroafricana.

El artículo termina con una reflexión sobre la relevancia de este tipo de tácticas, poniendo como ejemplos la toma del poder en República Centroafricana por parte de la fuerzas rebeldes en 2013 y la rendición negociada de fuerzas sudafricanas el 23 de marzo de 2013 en Bangui. A partir de ahí se pregunta si las fuerzas ligeras que los países europeos están instruyendo en lugares como Mali, República Centroafricana y Somalia para establecer guarniciones y proteger el territorio son las más adecuadas para enfrentarse a las “fuerzas Toyota”.

El segundo artículo del teniente coronel se titula “El tiburón en el mar: los Toyota en el desierto” y fue publicado por la revista Ejército en su número 935 de marzo de 2019. El artículo arranca diferenciando el empleo de “fuerzas Toyota” en lugares como Chad y Mali con su uso en lugares como Kenia y República Centroafricana.

Mercenarios en la Crisis del Congo (1967). Foto vía Reddit.

El artículo no lo menciona, pero el empleo de todoterrenos con armas colectivas no fue algo novedoso en África con la guerra del Chad. Antes de las Toyota Wars, tuvieron lugar los grandes raids del Frente Polisario a finales de los años 70. Y antes de eso, los mercenarios europeos emplearon vehículos Jeep Willys en el Congo en los años 60. Así que su presente uso en lugares tan diferentes como las arenas del norte de Mali, las zonas de sabana de Somalia o el bosque tropical de la República Centroafricana tuvieron antecedentes décadas atrás.

Este segundo artículo vuelve a presentar una caracterización de las “fuerzas Toyota” y de los ejércitos africanos. El planteamiento del teniente coronel Frías Sánchez es que la organización de los ejércitos africanos a imagen y semejanza de los europeos es un error ante la circunstancias locales, ahondando en lo presentado en el artículo anterior. Da bastante que pensar en el caso de Mali.

A continuación habla de la guerra en el desierto y toma las lecciones recogidas por el general alemán Alfred Toppe en una obra publicada por el ejército estadounidense en Desert Warfare: German Experiences in World War II. Llega a la conclusión de que las “fuerzas Toyota” cumplen las recomendaciones y lecciones presentadas por el general Toppe.

Por último, el segundo artículo del teniente coronel Frías Sánchez trata de recoger las flaquezas de las “fuerzas Toyota” con el propósito de poder combatirlas más efizcamente.  A saber:

  • vulnerabilidad ante el poder aéreo
  • vulnerabilidad en el desierto ante los sensores SAR
  • armas de menor alcance que las de los ejércitos regulares (cañones de carro, misiles anticarro, artillería, etc)
  • logística limitada
  • capacidades defensivas limitadas
Sistema SLAR instalado en el lateral de un C-130 marroquí. Foto: Keith C. Svendsen.

Curiosamente el caso del Frente Polisario es mencionado por primera vez en estos dos artículos para hablar del muro construido por Marruecos en el Sáhara Occidental, como ejemplo de estrategia para frenar a las “fuerzas Toyota”. La última recomendación del teniente coronel Frías Sánchez es “la adopción de tácticas ofensivas contra este tipo de fuerzas” y “desarrollar una doctrina específica de combate en el Sahel”.  Así, merece la pena ver a las fuerzas francesas en Níger montadas en Toyota Land Cruiser serie 70 en la frontera de Níger y Mali.

Los dos artículos, que enlacé más arriba, son altamente recomendables. Hay que alegrarse que haya militares españoles que se animen a escribir fuera de los temas habituales y autocomplacientes, animando a hacer una autocrítica de la labor europea en África. Yo por mi parte, veo que todavía merece la pena terminar aquel artículo específico sobre las Guerras Toyota (1987-1988) en Chad que tengo guardado en el disco duro. Y veo que merece la pena ahondar en el estudio de la experiencia histórica del Frente Polisario, que fue anterior a la chadiana y que vemos que en España está pendiente de abordar seriamente desde la historia militar.

“Showdown in Western Sahara” de Tom Cooper & Albert Grandolini

La editorial Helion Books abrió brecha en el terreno de la historia militar con su colección Africa@War, que ya suma más de 30 títulos y luego se extendió a colecciones con temas de Europa, Iberoamérica, Oriente Medio y Asia. Me resulta de agradecer que una editorial asumiera el riesgo de publicar libros de historia militar sobre las Guerras Africanas, más allá del boom bibliográfico de los últimos años sobre las contrainsurgencias sudafricana y rodesiana. Sobre esta última, por cierto publiqué en la revista Ejército el artículo El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana (descargable aquí).

A mí personalmente llegó un momento en la vida que la obsesión por la historia militar de la Segunda Guerra Mundial y un puñado de temas más, de la que muchos aficionados no han salido, me resultó aburrida. Considero la historia militar un repositorio de experiencias al que acudir en busca de referencias y lecciones para el presente. Y considerando la que creo debe ser una seria preocupación estratégica de España por África, que está ahí lado, me parece sumamente relevante entender las guerras africanas. Véase así, previamente, en este blog ““¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?” (01/06/2015), Guerras Africanas (20/05/2019) y “Siguiendo con las guerras africanas” (09/08/2019).

Showdown in Western Sahara Volume 1. Air Warfare Over The Last African Colony, 1945-1975 es un título que ofrece más de lo que promete. No sé si porque los autores cuando idearon el título pensaban en que tendrían suficiente material sobre el papel histórico de la aviación militar en la historia del Sáhara Occidental entre 1945 y 1975 y luego encontraron que no. O bien porque una vez iniciaron el proyecto se encontraron con muchísimas cosas que les resultaron interesante y decidieron desbordar el título. La cuestión es que este libro trata en realidad de la aviación militar en Marruecos, Argelia, Mauritania y el Sáhara desde comienzos del siglo XX al año 1975. Esto significa que nos encontramos una historia de la aviación militar francesa y española en Marruecos desde sus inicios y su papel en la Guerra del Rif (1911-1927), para luego dar un salto a su papel en la Guerra de Ifni (1957-1958) y terminar con la aviación militar española en los últimos años de presencia española en el Sáhara Occidental. Pero también tenemos una historia del nacimiento de la aviación militar de Marruecos, Argelia y Mauritania, con su papel en hitos históricos como la Guerra de las Arenas (1963), el fallido golpe de estado en Marruecos de 1971 y el fallido magnicidio contra Hassan II en 1972, cuando viajaba a bordo de un Boeing 727. En medio, encontramos asuntos como la presencia del Strategic Air Command en Marruecos y las posteriores relaciones de ese país con la Unión Soviética, cuando jugó durante un tiempo a formar parte del bando antioccidental y se dotó de sistemas como el MiG-17 y el T-54.

Como todos los libros de las colecciones @War, este tiene 64 páginas y se presenta en tamaño DIN A4, formato que lo acerca en su apariencia a una revista. Pero a pesar de la profusión de fotos, mapas, tablas y las páginas centrales de perfiles de aviones se trata de un libro denso. Uno de los valores del libro es que los autores non son españoles y vemos aquí un relato desapasionado de la Guerra del Rif, con el uso de la aviación militar contra poblaciones civiles. O vemos las limitaciones de las fuerzas armadas españolas en la Guerra de Ifni, que no fueron meramente materiales sino también doctrinales en materias como el apoyo aéreo cercano. Pero lo verdaderamente interesante y novedoso para mí, obviamente, fue el relato del nacimiento de las fuerzas aéreas de Marruecos, Argelia y Mauritania. En el caso marroquí, los fallidos intentos de golpe de estado y magnicidio explicarían la desconfianza del trono hacia las fuerzas armadas del país, algo de lo que siempre leí pero nunca vi explicado.Y me pareció también bastante interesante el relato de ese período de tiempo en el que un Marruecos independiente fue cercano al bloque soviético y fue cliente de su industria de armamento.

Mención aparte merecen las tesis del libro que me resultaron novedosas: que desde España se apoyó el nacionalismo marroquí en el territorio del protectorado francés y que el Ejército de Liberación que provocó la Guerra de Ifni no tuvo el apoyo de recién nacido estado marroquí. En el primer caso no queda claro qué ganaba España con ello, más allá de malmeter contra Francia. Son la clase de hitos que se suman a la tolerancia a la actividad del OAS en España y que según algunos explicaría la posterior pasividad francesa contra ETA. Cierto o no, la cuestión es que este tipo de libros aportan tesis y puntos de vista que amplían la visión de las cosas.

Como conté hace poco, pregunté a uno de los coautores por la segunda parte. Abordará nuevamente sólo los aspectos de la aviación militar pero del período 1975-1991, centrándose en la Guerra del Sáhara. Esto es, el enfrentamiento de Marruecos y el Frente Polisario del que todavía está pendiente un buen relato desde la historia militar. Este par de libros además podría tener un spin-off con un libro específico sobre el Sáhara español en el período 1970-1976 y del que sería autor un servidor de ustedes. Pero desde luego ahora mismo no sé si tengo el tiempo y el ánimo para escribir esas 40.000 palabras en inglés.

“El paraguas balcánico” de Enrique Criado


Enrique Criado es un diplomático que regresó recientemente a España tras dar tumbos por medio mundo. Su último destino en el exterior fue la embajada de España en Sofía (Bulgaria). De esa experiencia surge el libro El paraguas balcánico: un paseo sin protocolos. El libro pudo conformarse con pertenecer al género de “expatriado le descubre a sus compatriotas un país exótico”, al que blogs y canales de Youtube ha dado nueva vida. Véase por ejemplo a Javiertzo y Lele en China. Pero El Paraguas Balcánico va mucho más allá del género por varios motivos.

Para empezar, su trabajo en la Embajada de España le dio al autor acceso a toda clase de personalidades relevantes, desde Simeón de Bulgaria a los deportistas y artistas españoles de paso por Sofía. Algunas de sus tareas allí, como el infructuoso intento de invitar a Sofía a Tzvetan Todorov, resultan de lo más interesantes. Así que no tenemos simplemente un libro al uso de cómo es la vida en Bulgaria, con la previsible sucesión de anécdotas sobre las diferencias gastronómicas o las formas de ocio. El libro va mucho más allá de todo eso, sin dejar de tener sus anécdotas y peripecias personales. Enrique Criado aprovechó su estancia en Bulgaria para conocer el país en numerosos desplazamientos. Pero sobre todo demuestra un interés en desentrañar el país a través de su literatura y de la mirada de los autores que pasaron por él.

El libro por tanto tiene un entramado similar a los de Robert D. Kaplan. Nos encontramos las observaciones sobre el terreno del autor, el punto de vista de los numerosos interlocutores locales y extranjeros, referencias históricas y referencias literarias. Eso sí. Se nota la profesión de diplomático del autor en la manera en que aborda los asuntos menos brillantes del país. Y también, diría yo, se nota la perspectiva de un español. Estoy seguro que un autor anglosajón se hubiera dejado llevado llevar por prejuicios orientalistas sobre atavismos balcánicos y esencialismos culturales para contarnos cómo nada ha cambiado en la región en 500, 150 ó 50 años por culpa de la huella otomana o el legado comunista. Pero los españoles que hemos vivido la transformación de nuestro país creo que andamos un tanto curados de espanto. Véase esos periodistas que explicaron los acontecimientos del 1 de octubre de 2017 en Cataluña con una España de pasiones profundas, flamenco, toros y olé.

Un asunto relevante en el libro es el empeño del autor por explorar la huella de los judíos sefardíes en Bulgaria, entre los que encontramos al publicista Luis Bassat o Isaac Carasso, fundador de Danone. El empeño lo tendrá presente en viajes a Israel y Georgia. Eso le lleva a abordar el tema del Holocausto en Bulgaria, país que salvó a sus judíos pero permitió que se convirtieran en víctimas de la maquinaria nazi los judíos de territorios entonces bajo su administración, como la actual Macedonia del Norte. Aquí se nota que el autor es diplomático, ofreciendo varios puntos de vista sobre la responsabilidad de las autoridades búlgaras en el contexto de las fuertes presiones sufridas desde Alemania. El interés de Enrique Criado por la suerte de los judíos sefardíes en Bulgaria no es casual. Una de sus tareas en Sofía fue las actividades que sacaron del olvido el papel del diplomático español Julio Palencia Tubau, que intercedió por los judíos búlgaros.

Mural en Sofía dedicado a Julio Palencia Tubau. Foto: Ministerio de Asuntos Exteriores.

Pero si hay algo que me ha gustado y que da sentido al título es que el libro no se limita a hablarnos de Bulgaria, porque resulta que Enrique Criado aprovechó el tiempo pasado en Bulgaria para moverse de aquí para allá, de Croacia a Georgia y de Ucrania a Israel. Cuenta al principio que alguien le había vendido las ventajas de trabajar en Sofía como un lugar que está cerca de sitios interesantes. Eso, nos explica, es un eufemismo que usan los diplomáticos españoles para hablar de destinos que son un auténtico muermo. En su caso no se trata de que Sofía y Bulgaria fueran un sitio aburrido. Sino que la ubicación del país como cruce de caminos hacía imposible resistir la tentación de viajar por los Balcanes.

Península Balcánica: mucho más que la antigua Yugoslavia. Imagen: Wikimedia.

En esto hay que recordar una cosa. En España se tienden a pensar sólo en los Balcanes occidentales cuando se habla de los Balcanes en general. Pero propiamente dicha, la Península Balcánica comprende los países de la antigua Yugoslavia, Albania, Grecia y Macedonia. Así que el libro nos ofrece las aventuras del autor por toda una serie de lugares que tenía en mente desde hace mucho para ser visitados: Kotor, Butrint, Ohrid, Mostar… Lo cual me ha generado tanta envidia como me ha hecho disfrutar del libro.

Así que el libro son en realidad dos. Por un lado, el libro de las peripecias de un diplomático español que trabaja en Bulgaria y por otro lado tenemos un libro de viajes sobre los Balcanes a los que se añade recorridos por Chipre, Moldavia, Ucrania, Israel y Georgia. Es de agradecer que las numerosas referencias a libros que aparecen en El Paraguas Balcánico vengan acompañadas de su pertinente referencia a la edición española que manejó el autor. Además, encontramos una sección de fotos y mapas. Eché en falta, o fue que no lo vi, uno o varios mapas que situaran los destinos del autor. Algunos lugares, como hice mención arriba, me resultaban familiares por mi deseo de conocerlos. Pero estoy seguro que el lector menos familiarizado con la región lo echará en falta también.

El libro me enganchó por lo ameno (no es el primero del autor). Es de destacar el bagaje de lecturas con el que el autor emprendió la tarea de hablarnos de Bulgaria y la región. También es de destacar su afán por recorrer lugares menos transitados. Por ejemplo, cuando visita Split y Dubrovnik se aloja en localidades menos masificadas. Y sobre todo mantiene todo el rato curiosidad por conocer lugares que ha descubierto primero en los libros o por escuchar la historia personal de sus interlocutores. Así que es de agradecer la aparición de libros así que aporte al público español una mirada diferente a los que la literatura anglosajona nos tiene acostumbrados.

 

 

La biblioteca de los libros que nunca escribí

De vez en cuando me pasa, al buscar en Internet sobre algún tema, que me llevo la sorpresa de encontrar que apenas hay referencias al asunto en español, más allá de mi blog. Por un lado, eso me genera la satisfacción de haber sido de los primeros en el mundo de habla hispana de haber descubierto el debate o el concepto. Pero por otro lado me genera frustración ver que en España no se ha estudiado o debatido temas de sobra conocidos en el mundo angloparlante.

La cuestión es que vivo con la constante sensación de que es mi deber introducir o explicar temas en español. Así que el resultado final es que me empeño en escribir no sobre los temas que domino, sino sobre aquellos que me gustaría se conocieran. Es decir, termino escribiendo los textos que me gustaría leer en español. Así, he terminado escribiendo de asuntos tan diferentes como “Irán y la guerra naval asimétrica” o la experiencia histórica de las tácticas rodesianas de Contrainsurgencia (COIN).

El empeño de divulgar temas en español ha sido una de las causas de una trayectoria de publicaciones bastante errática. Para colmo, a ese constante saltar de tema en tema se ha sumado el empeño de no sólo dedicar un artículo al asunto que en aquel momento captaba mi atención, sino todo un libro. El otro día se me ocurrió hacer un lista de todos aquellos proyectos libro que planifiqué, para los que reuní bibliografía y que empecé a escribir hasta agotar el entusiasmo inicial. Aquí está la lista, no necesariamente por orden cronológico.

Guerras Posmodernas 2.0 / 3.0 

Mi primer y único libro fue terminado en el verano de 2009 y publicado en 2010. El libro está descatalogado y muy pronto sentí que merecía una nueva versión mejorada y ampliada. Tiempo después pensé que no me motivaba volver a escribir el mismo libro. Que sería más interesante profundizar en varios temas que no aparecían en el primer libro (desde drones a guerra urbana). Y que en vez de ponerme una meta ambiciosa de escribir un nuevo libro de cero, debía trabajar primero en los temas e ir preparando el terreno con artículos.

Flanco Sur Profundo.

Siendo el autor del blog FlancoSur.com, que recientemente he puesto en modo hibernación, he echado de menos en España un libro de referencia sobre el yihadismo en el Sahel. Y cómo no, si nadie lo escribía se me ocurrió hacerlo yo mismo. La idea era arrancar con un capítulo inicial de antecedentes históricos contando los inicios de lo que luego fue Al Qaeda en la yihad Afganistán, del papel en ella de ciudadanos magrebíes y de cómo, tras la guerra civil argelina, los yihadistas se expandieron hacia el sur. Así que me puse a leer sobre geografía física del Sáhara, la guerra de Afganistán, la guerra civil argelina, etc. El resultado es que quedé atrapado aprendiendo sobre el contexto del problema hasta perder el foco. Un error de principiante. Ahora el problema se ha expandido y hecho más complejo. Y dudo que algún día escriba ese libro.

Guerra en red.

Cuando entregué el libro de Guerras Posmodernas a la editorial sentí que había dejado fuera un tema importante por no saber darle encaje: las teorías de guerra en red y los nuevos tipos de conflicto donde participan redes distribuidas. Antes de que el libro hubiera salido de imprenta pensé que el asunto merecía un libro entero. Pasó el tiempo y sucedió algo curioso. Cuanto más examinaba los casos, menos encontraba verdaderas redes distribuidas con jerarquías planas. Las organizaciones seguían siendo piramidales, por muy democratizador que hubiera sido Internet para el acceso a la información y las comunicaciones. El asunto resultó un espejismo.

Pasó el tiempo y recuperé el interés por el tema. Y decidí darle un enfoque diferente. En vez de contar cómo había una nueva generación de conflictos protagonizados por organizaciones en red, el interés estaba en contar cómo esa idea había evolucionado desde los tiempos en que Deleuze y Guattari hablaron de la guerra nómada. Es decir, la idea no era escribir una historia de la guerra en red, sino una historia del concepto de guerra en red.

Geopolítica (varios).

Cuando creé este blog nunca pensé que me interesaría por la Geopolítica, una disciplina que yo percibía como rancia y anticuada. Llegué a escribir una crítica a la Geopolítica de Mackinder, tras escuchar a un general español hablar del Heartland en un evento sobre el ascenso de los países BRIC. Irónicamente, asuntos como la Guerra de Crimea o el ascenso de China recuperaron el valor del análisis geopolítico. Y yo caí en la cuenta que apenas existía literatura sobre el tema en español. Hablamos de una época en que no existían o no habían sido traducidos La venganza de la geopolítica de Robert D. Kaplan y Prisioneros de la Geografía de Tim Marshall. Así que se me ocurrió que hacía falta un libro introductorio para la materia. Hacía falta un libro que hablara de Kjellén, Ratzel, Mahan, Mackinder, Spykman, etc. Pero no tardé en cuestionarme si tenía sentido escribir un libro así, con el trabajo que suponía estudiar aquellos autores y escuelas que apenas conocía.

Tras aparcar la idea del libro introductorio a la disciplina, pensé en que tendría más salida comercial un libro que abordara las grandes cuestiones geopolíticas del siglo XXI: como el ascenso de China o la rivalidad Irán-Arabia Saudita. También pensé en centrarme en el Gran Oriente Medio, aprovechando los artículos que había publicado en la revista El Medio.

El verano pasado caí en la cuenta que la libreta donde había tomado notas y volcado ideas para los proyectos Geopolítica del siglo XXI y Geopolítica del Gran Oriente Medio era un material extenso del que no había sacado provecho alguno a pesar del tiempo invertido. Se me ocurrió empezar a pasar las anotaciones a limpio. Y descubrí que por lo menos tenía material para dos artículos. El otro día retomé el pasar al ordenador las notas y conté 190 páginas manuscritas. Quizás deba asumir de una vez por todas que antes de lanzar grandes proyectos de libro debería ir escribiendo artículos que me permitan madurar las ideas y sacar provecho tangible a corto plazo al esfuerzo de profundizar en los temas que me atraen.

 

 

“En el huracán catalán” de Sandrine Morel

Como los españoles han estado tradicionalmente tan acomplejados con su historia y su presente, siempre se le ha hado desmedida importancia a la opinión de los de fuera. Algún punto de vista historiográfico sostenido por un investigador local tras bucear en archivos parecía sólo tener consistencia cuando lo planteaba un hispanista anglosajón. Y todavía sucede que se usa como argumento sobre la gravedad de un asunto sucedido en España que haya aparecido en las páginas del New York Times o The Guardian, a pesar de que haya sido abordado con profundidad por los medios españoles.

La crisis catalana del último trimestre de 2017 sirvió para desmitificar el recurso a autores extranjeros para entendernos a nosotros mismos. Pienso en aquella feliz explicación de John Carlin de que un síntoma de la poca predisposición en España al diálogo y a ceder posiciones es que no existe en español un equivalente al término inglés “compromise“. Parece que Carlin nunca oyó hablar del Compromiso de Caspe (1412). Por no hablar de todos esos jóvenes universitarios haciendo referencia a Por quién doblan las campanas u Homenaje a Cataluña para explicar la España del siglo XXI mientras mostraban su entusiasmo por la perspectiva de que los españoles volviéramos a matarnos entre nosotros como escenario de fondo para intrépidas y románticas aventuras.

Quizás por todo esto y porque su perspectiva sobre la crisis catalana fuera crítica con los independentista, el trabajo de la francesa Sandrine Morel, corresponsal de Le Monde, ha tenido eco en España. De hecho, el libro En el huracán catalán no nació como una obra publicada en Francia y traducida en España, sino directamente como una propuesta de la editorial Planeta a la periodista francesa. Se trata de un libro ligero, se lee del tirón, que tras los primeros capítulos introductorios presenta un relato cronológico del choque de trenes entre el gobierno central español y el catalán desde la Diada de 2012 al 23 de abril de 2018. La autora combina las entrevistas que mantiene con personalidades, las conversaciones off the record en los pasillos del poder y también sus impresiones personales a pie de calle donde conversa con gente corriente.

El libro transmite la idea de que por un lado el gobierno central de Mariano Rajoy no supo calibrar la naturaleza del desafío soberanista mientras que los líderes catalanes se vieron arrollados por el Procés, que convirtió en la independencia en un significante vacío donde cada cual proyectó sus fantasías políticas. El tono crítico con el independentismo no quita que la autora señale la inacción del gobierno de Rajoy, enfocado en la crisis económica y totalmente ausente en la batalla del relato, que creía que la mejora de la economía y el miedo a la acción a la justicia iba a desinflar el Procés.

El libro presenta una y otra vez que los partidarios de la independencia son incapaces de explicar el para qué de la independencia, limitándose todos siempre a vagas promesas de una Cataluña más business friendly y socialista donde el gobierno pueda aplicar con más libertad medidas de austeridad económica y se expanda el Estado del Bienestar. Las contradicciones entre la burguesía catalana y sus hijos anticapitalistas quedaron relegadas para el día en que se alcanzara la independencia. Quizás aquí esté la clave del desequilibrio entre los dos bandos. Mientras los partidarios de la independencia dejaron sus diferencias irreconciliables a un lado, los contrarios a la independencia en cambio tardaron en hacer causa común porque la izquierda catalana contraria a la independencia rechazaba salir a la calle junto con el PP catalán.

Lo que convierte a la autora en crítica del proceso soberanista es su rechazo al discurso victimista, que llega a comparar a Cataluña con la Armenia del genocidio y a los líderes independentistas con personajes como Martin Luther King, para hablar de una región próspera con unas cotas de autogobierno inimaginables en la mayoría de países. Por no hablar de unos líderes, que ahora sabemos iban de farol, que arrastran a las masas a un desafío contra un Estado que subestimaron y supeditando el éxito de la empresa a unos apoyos externos inexistentes. También transmite su sorpresa a la supeditación de los medios públicos al poder político y el posicionamiento de TV3 a favor de la independencia, porque según su director el deber de la cadena es estar con la “mayoría social”.

El resultado, como todo sabemos, es una sociedad fracturada sin solución a la vista. Como sociólogo me quedan ganas de leer un estudio serio que aporte luz a cómo se gestó la huida hacia adelante de los políticos soberanistas, que en el libro afirman siempre responder al “mandato del pueblo” mientras Sandrine Morel encuentra en la calle a gente en las manifestaciones que cuenta su disposición a llegar hasta donde los líderes digan. El fenómeno lo retrataba a la perfección una viñeta que representaba a una masa avanzando hacia el precipicio donde alguien en la cola afirmaba que iban siguiendo a los líderes mientras que en la cabecera alguien decía que avanzaban hacia donde la masa les empujaba.

El libro, como ya dije, es una lectura ligera y es recomendable para aquellos que, como yo, no le prestaron mucha atención a Cataluña hasta el 1 de octubre de 2017. También me parece una buena recomendación para aquellos recién aterrizados en España o que sólo siguieron la crisis catalana por los medios de comunicación de Madrid y nunca se enteraron de qué pasaba en las calles de Cataluña.