“Yihadismo” del general de brigada Miguel Ángel Ballesteros

El general de brigada  Miguel Ángel Ballesteros es el director del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). Durante su mandato el centro ha tomado un nuevo impulso con la publicación regular de documentos de análisis, una presencia activa en las redes sociales y la organiación en numerosas actividades por toda España.

El general Ballesteros recientemente en Mali. Foto: EMAD.

Hasta ahora he tenido dos ocasiones de escucharle al general Ballesteros hablar en público. La primera fue en un Curso Internacional de Defensa en Jaca, donde habló sobre los países BRIC. Abordó el tema desde la geopolítica clásica de Mackinder, lo que no me pareció la más adecuada. La segunda vez que escuché al general Ballesteros fue aquí mismo en Tenerife. Me sorprendió gratamente su conferencia “El Valor Geoestratégico de las Islas Canarias”. No sólo aportó un análisis geopolítico sino que ofreció una perspectiva geoeconómica que me pareció novedosa y que pocos académicos en Canarias hubieran podido ofrecer.

No es habitual en España tener libros de militares en activo abordando temas de actualidad, pero el general Ballesteros ha dado el paso más y ha publicado Yihadismo (La Huerta Grande Editorial, 2016). El libro comienza explicando el concepto de yihad en el contexto de la religión musulmana para luego repasar los orígenes afganos de la yihad global, la aparición de franquicias regionales de Al Qaeda y las guerras civiles en Libia y Siria a partir de la Primavera Árabe. Estos temas ocupan los primeros cuatro capítulos del libro. La segunda parte, por así decirlo, la forman cuatro capítulos que se ocupan del Estado Islámico, tratando su origen, financiación y propaganda para concluir con qué se ha hecho y cómo deberíamos enfrentar al yihadismo. El general Ballesteros aborda la necesidad de combatir al yihadismo en el plano ideológico, frenar los procesos de radicalización y lanzar un mensaje inequívoco desde las sociedades democráticas para “llevar al ánimo del adversario el mensaje de que jamás podrá alcanzar sus objetivos a través de la violencia”. El general Ballesteros habla en este caso de “disuasión por negación” y además se “moja”: “Hay que evitar la tentación de apoyar la caída de regímenes, pues el vacío de poder será inevitablemente aprovechado por el yihadismo”.

El libro se trata de una obra introductoria al fenómeno. La bibliografía es casi toda en español, por cierto. Desde luego que Yihadismo del general Ballesteros viene a ocupar un vacío editorial porque dudo que periodistas, militares, estudiantes universitarios e interesados en general tengan ahora mismo otros títulos a mano equivalentes con los que abordar el tema.

Por otra parte, he echado en falta un trabajo más visible del editor que hubiera ordenado el flujo de ideas del autor, aunque supongo que no es fácil decirle a todo un general que haga cambios en su manuscrito. Por ejemplo, me pareció raro que que el grupo nigeriano Boko Haram sea tratado en un epígrafe que no llena una página. Luego, tenemos esos pequeños errores que son simple notas de de color en el texto pero que llaman la atención a un tipo como yo. Hablo de detalles como que “Boko Haram” no significa “la educación occidental es pecado” o que la operación en la que murió Osama Bin Laden no se llamó “Gerónimo”. Se llamó Neptune Spear” mientras que “Gerónimo” fue la palabra clave para designar el objetivo. Pero ya me conocen ustedes.

Hace menos de un mes el nombre del general Ballesteros apareció en la prensa como posible futuro jefe del Centro Nacional de Inteligencia. Su paso por el Instituto Español de Estudios Estratégicos le debe haber puesto sin duda al día sobre los riesgos y amenazas actuales. Pero sobre es de esperar que aterrice allí, en el IEEE, un director que siga la estela del general Ballesteros de haberlo convertido en un centro muy activo. Y sobre todo, espero que más militares se animen a publicar libros y animar el debate.

Avalancha de libros sobre yihadismo, terrorismo y Oriente Medio

Voy anotando los libros que compro y leo en la página “Biblioteca” de este blog. Esa costumbre me sirvió para tomar conciencia de la montaña de libros que compraba cada año y frenar la compra compulsiva. Así, pasé de comprar más de 80 libros en 2015 a 43 en 2016. Además, llevar la cuenta de los libros que leía me permitió ver el escaso ratio de libros sobre los comprados, culpa de pasar ahora más tiempo leyendo delante de una pantalla. Así que llevo un tiempo intentando mantener un equilibrio entre compras y lecturas, frenando mi costumbre de comprar libros sobre temas que me interesan pero en los que no estoy trabajando en ese preciso momento.

Uno de los temas que sigo más allá de la coyuntura es el yihadismo. Tras la muerte de Osama Bin Laden y el estallido de la Primavera Árabe el yihadismo global perdió temporalmente protagonismo hasta que el Estado Islámico tomó Mosul en 2014. Desde entonces hemos sufrido en Europa una ola de atentados terroristas en los que los yihadistas proclaman su lealtad al califa Ibrahim mientras Al Qaeda ha quedado relegada a un segundo plano. Todos esos cambios en el panorama general del yihadismo han generado una catarata de libros de autores de referencia de los que ya tenía libros.

Lawrence Wright, autor de The Looming Tower, tiene nuevo libro: The Terror Years: From al-Qaeda to the Islamic State.

Jason Burke, autor de Al-Qaeda: The True Story of Radical IslamOn the Road to Kandahar, tiene nuevo libroThe New Threat from Islamic Militancy.

Ali Soufan, autor de The Black Banners (que reseñé aquí), tiene nuevo libro: Anatomy of Terror: From the Death of Bin Laden to the Rise of the Islamic State.

David Kilcullen, autor de The Accidental Guerrilla y Out of the Mountains, tiene nuevo libro: Blood Year: Islamic State and the Failures of the War on Terror.

Marc Sageman, autor de Understanding Terror Networks Leaderless Jihad, tiene nuevo libro: Turning to Political Violence: The Emergence of Terrorism,

Mientras tanto, en Francia, Gilles Kepel, autor de libros como Yihad y Fitna, tiene nuevo libro: La Fracture. Por su parte, Olivier Roy, con quien Kepel mantiene un debate intelectual tiene también nuevo libro: Le Djihad et la mort.

Si esto no fuera suficiente, también tenemos novedades editoriales en España, obra de periodistas.

Antonio Pampliega cuenta su cautiverio en Siria en En la oscuridad.

Javier Espinosa es otra periodista que también fue secuestrado en Siria. Es coautor con Mónica G. Prieto de Siria, el país de las almas rotas. Y ahora tienen nuevo libro: La semilla del odio: de la invasión de Irak al surgimiento del ISIS.

Mikel Ayestarán, otro corresponsal español en Oriente Medio, tiene nuevo libro: Oriente Medio, Oriente Roto.

Considerando que a veces escribo en este blog entradas largas y densas, como “La Conexión Iraní” y “La Conexión Siria”, que suponen tanto tiempo como los artículos que sí son remunerados, me planteé hace unos meses poner en el blog un botón para “propinas”.  Y viendo cómo no para de crecer la lista de los libros pendientes de comprar a lo mejor me animo hacerlo porque a este paso voy a tener que atracar un banco. Mi compromiso sería entonces hacer una reseña aquí para orientar al que venga detrás y quiera profundizar en estos temas.

 

“Tierras de sangre” de Timothy Snyder

Tierras de sangre de Timothy Snyder es un libro monumental (484 páginas de texto y 101 páginas de notas y bibliografía en su edición en rústica). Su propósito es contar los asesinatos en masa que llevaron a cabo la Unión Soviética, la Alemania nazi y sus aliados en un área de Europa Oriental que comprende Polonia, las Repúblicas Bálticas, Ucrania, Bielorrusia y Rusia occidental antes, durante y poco después de la Segunda Guerra Mundial. En el libro encontramos episodios históricos ya conocidos como el Gran Terror soviético, el Holodomor ucraniano y el Holocausto judío junto con otros menos conocidos pero no menos crueles, esta vez colocados en el contexto histórico de los dos grandes proyectos de transformación social, económica y demográfica impulsados por ambos regímenes totalitarios que chocaron en un mismo territorio. A esa región es la que él denomina “Tierras de Sangre” y convirtió en objeto de estudios por ser escenario de las matanzas más brutales e intensas de ese período histórico.

El libro aborda la muerte de más de 3 millones de campesinos ucranianos entre 1932-1933. Las casi 700.000 víctimas del Gran Terror soviético. 200.000 polacos víctimas de soviéticos y nazis entre 1939 y 1941. Los 3,1 millones de prisioneros de guerra soviéticos muertos en manos alemanas entre 1941 y 1944. El millón de habitantes de Leningrado muertos en la hambruna que sufrió durante el asedio la ciudad. Los 5,4 millones de judíos muertos en la Unión Soviética, Polonia y las República Bálticas muertos en el Holocausto. Y el medio milllón de civiles muertos en Polonia y Bielorrusia en campañas “antiguerrilla” y ejecuciones colectivas llevadas a cabo por los nazis para reprimir la resistencia.

Imagen: Haaretz vía University of St. Andrews.

La Unión Soviética estalinista pretendió modernizar la producción agrícola del país, haciéndola más intensiva de maquinaria y concentrando las explotaciones en granjas colectivas. Un proyecto que afectó principalmente a Ucrania, el gran granero de Europa. Por otro lado, la Alemania nazi aspiraba a ser autárquica económicamente pero carecía de un imperio colonial de ultramar. Por ello decidió apoderarse de Polonia y Ucrania junto a los hidrocarburos del Cáucaso. Los dos proyectos implicaron el exterminio de grandes masas de población cuando los planes chocaron con la realidad. La maquinaria estalinista se lanzó a la represión de enemigos imaginarios, tras los fracasos económicos de las colectivizaciones agrarias, en busca de un chivo expiatorio y utilizó el terror para sostener el régimen en medio de las penurias alimentarias.

El plan de la Alemania nazi era despoblar las tierras fértiles de las grandes llanuras de la Unión Soviética, reduciendo la población local mediante el hambre. El plan incluía deshacerse de los judíos europeos  también, por lo que se barajó mandarlos más allá de los Urales o incluso a Madagascar.

“a finales de 1941 el mayor grupo de víctimas mortales causadas por el dominio alemán no eran los polacos nativos ni los judíos nativos, sino los prisioneros de guerra soviéticos que habían sido trasladados al oeste de la Polonia ocupada y abandonados a su suerte para que se congelaran o murieran de hambre” pág. 222

Pero la invasión de la Unión Soviética quedó frenada a las puertas de Moscú. Sólo unos pocos militares alemanes pudieron vislumbrar la ciudad a lo lejos y a partir de entonces se batieron en retirada hasta la derrota final. La imposibilidad de llevar a cabo los planes de deportación masiva llevó a ejecutar el plan de exterminio total de la población judía.

En el libro queda patente el grado de locura de los grandilocuentes planes nazis y cómo los alemanes fueron pronto conscientes que el fracaso en obtener una victoria militar rápida en el Frente Oriental iba a desembocar en una derrota total. Ante ese destino inevitable trabajaron con obstinación por arrasar el mundo que dejaban atrás. Lo que refuerza la idea del Holocausto como proyecto inútil y delirante que consumió recursos y hombres que hubieran sido más valiosos para el esfuerzo de guerra nazi.

El resultado de ambas empresa fue el exterminio de 14 millones de personas que, lejos del arquetipo del Holocausto como inhumano proceso industrial obra de la refinada burocracia alemana, resultó despiadado, violento y muchas veces primitivo. Nazis y soviéticos fueron responsables de la muerte de millones de víctimas inocentes, fallecidas de las más diversas maneras en las que estuvieron implicados además el hambre, el frío, la enfermedad y el agotamiento. El catálogo de horrores de Tierras de sangre es inagotable. El Holodomor dio lugar a episodios de canibalismo. Y las tropas alemanas quemaron a sus víctimas dentro de graneros incendiados con lanzallamas y lanzaron niños a zanjas llenas de cadáveres para que murieran enterrados vivos.

La lectura del libro se hace bastante dura. Snyder va repasando en el libro cifras de las distintas fases de las matanzas con precisión de notario. Sean los 21.892 prisioneros polacos ejecutados por los soviéticos en 1940. Sean las 780.863 víctimas de los nazis en Treblinka. Y va recogiendo por el camino ejemplos personales o testimonios que reflejan la depravación de los verdugos y el horror de las víctimas. Por un lado tenemos la arbitrariedad de las matanzas estalinistas, dirigidas a enemigos internos imaginarios y regidas por cuotas superadas muchas veces por el afán de cargos medios del NKVD en impresionar a sus superiores. El libro recoge un tema totalmente desconocido para mí: la persecución y exterminio de la comunidad polaca dentro de las fronteras de la Unión Soviética antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Dice Snyder:

“La minoría étnica europea más perseguida en la segunda mitad de la década de 1930 no fueron los aproximadamente cuatrocientos mil judíos alemanes (cifra que iba menguando por la emigración) sin los seiscientos mil polacos soviéticos (cifra que iba menguando por las ejecuciones)” pág. 121.

“Si tomamos en consideración el número de muertos, el porcentaje de sentencias de muerte en relación con las detenciones y el peligro de arresto, la etnia polaca sufrió más que cualquier otro grupo de la Unión Soviética durante el Gran Terror” pág. 137.

El dato de la población judía es interesante. Porque hemos siempre escuchado sobre el ascenso del nazismo en Alemania y su locura racista que desemboca en el Holocausto, pero cuenta Snyder que entre 1933 y 1939 todos los judíos que pudieron huyeron de Alemania. Por lo que el Holocausto tuvo como víctimas fundamentalmente a la población judía que habitaba en las tierras que la Alemania nazi invadió y ocupó. Es decir, la víctima arquetípica del Holocausto fue un judío polaco o bielorruso, no alemán.

El estudio comparado de las acciones estalinistas y nazis se demuestra en el libro que tiene sentido porque por un mismo territorio sufrió la acción de unos y otros en un intervalo de pocos años, además de cómo las acciones de la Unión Soviética y la Alemania nazi se interrelacionan. Por ejemplo, la Unión Soviética alentó el levantamiento de la resistencia polaca en Varsovia en 1944 sólo para dejar que fuera aplastada por los alemanes. El objetivo soviético era que los alemanes hicieran el trabajo sucio de acabar con las fuerzas nacionalistas polacas y así no encontrar luego una oposición a su dominio. Todo aquel que tomó la iniciativa para luchar contra los nazis se convirtió en un futuro potencial enemigo del régimen estalinista. El fin de la guerra, no sopuso la paz para los supervivientes. La población polaca de los territorios anexionados por la Unión Soviética en 1945 fue expulsada, como lo fue la población alemana de los territorios que pasaron a Polonia a partir de 1945 también. Los supervivientes del Holocausto se encontraron con sus casas ocupadas por nuevos inquilinos o simplemente decidieron no retornar a sus lugares de origen, donde habían sido delatados por vecinos. El libro se cierra con la gran purga de judíos en la Unión Soviética y países satélites que fue interrumpida por la muerte de Stalin.

La gran pregunta es por qué recordamos más a una víctimas que otras. El libro ofrece varias explicaciones. Fueron los nazis los que encontraron las fosas de Katyn, pero el anuncio fue considerado una acción de propaganda contra la Unión Soviética, un país aliado. Los crímenes de Stalin dejaron de interesar por su papel de aliado de Estados Unidos y Reino Unido. Además, después de la Segunda Guerra Mundial, el relato oficial soviético se centró en elevar a la “Gran Nación Rusa” (en palabras de Stalin) a la categoría de gran mártir de la guerra y gran salvadora, aunque un porcentaje mayor de otros grupos nacionales dentro de la Unión Soviética sufrieron más por culpa de la guerra. Por ejemplo, la mitad de los bielorrusos murió o fue desplazado. Sin olvidar el papel de la izquierda occidental en blanquear los crímenes de Stalin, aunque es un tema en el que el libro no entra.

Me cuesta imaginar que encontremos en el resto del siglo XX crímenes tan horribles a tal escala. Y a pesar de todo, si miramos el presente vemos que Europa ha pasado en algunos casos página. Como es el caso de Alemania, Polonia y Ucrania. Los dos primeros actuaron coordinadamente en la crisis de Ucrania de 2014. Los dos últimos han estrechado lazos precisamente a partir de ella. En otras, la memoria histórica explica las suspicacias de las Repúblicas Bálticas o Ucrania hacia Rusia. Precisamente la memoria histórica es un campo de batalla en la Nueva Guerra Fría y por eso me animé a leer este libro.

 

“Moshe Dayan” de Martin Van Creveld

Hace poco, documentándome sobre teoría militar israelí, me llamó la atención que en Israel se considerase a sus fuerzas armadas como un reducto de anti-intelectualismo donde se valoraba más la audacia y la astucia. Servía de ejemplo la figura de Moshé Dayán, que se convirtió en general al término de la Guerra de Independencia (1948-1949) y en aquel momento su única formación militar fue el curso de sargento que realizó en el Reino Unido y un curso de jefe líder de sección impartido por la Haganá. Así que rescaté una biografía, escrita nada menos que Martin Van Creveld, que cogía polvo en mi biblioteca. Sospecho que la idea de este libro le llegó al autor como un encargo de la editorial, que buscaba no un libro singular sino uno más para una serie de biografías de personajes militares relevantes. Así que Martin Van Creveld acometió la tarea sin pretender hacer una labor exhaustiva de historiador y decidido a ofrecer su particular visión del personaje en su contexto histórico para elaborar en una “biografía de autor”. Hay que destacar que he descubierto en el blog de Martin Van Creveld que es un “machirulo” de cuidado, así que en este libro no juzga a Moshe Dayan con ojos contemporáneos. Es más, diría que Martin Van Creveld se recrea en contar la faceta de mujeriego de Moshe Dayan, que dada su fama y carisma disfrutó de legiones de admiradores a las que trataba con el desdén de quien sabe que se le perdona todo.

Los orígenes de Moshé Dayán fueron muy humildes, siendo sus padres los típicos judíos de buena familia que pasaron calamidades dedicados al cultivo de aquellos secarrales. Llama la atención que a pesar de la hostilidad creciente entre la población judía y árabe en la década de los 20 y 30, Moshé Dayán creció sintiéndose identificado con la población árabe rural. Muchos años más tarde, cuenta Martin Van Creveld los árabes mostrarían respeto por su figura. Me da la impresión que si bien con nuestros ojos occidentales nos podemos escandalizar por los golpes de mano y acciones de represalia de los que fue reponsable Moshé Dayán, no hacía más que participar en el modo tradicional local de hacer la guerra. Y por tanto, eso mismo le ganó el respeto de sus enemigos.

Moshé Dayán parecía destinado a ser una persona sin rumbo en la vida cuando la Segunda Guerra Mundial se cruzó en la vida. Y pasaron dos cosas fundamentales. Terminó formando parte de las tropas judías que las fuerzas británicas alistaron ante el avance del Afrika Korps y que fueron empleadas en la invasión de Siria, en manos de la Francia de Vichy (véase mi reseña de ¿Aliados o enemigos? La SGM en el Próximo Oriente, 1941 de Javier Lion Bustillo). Moshé Dayán destacó entonces como militar, encontrando su vocación. Y sobre todo, sufrió la pérdida de un ojo, momento a partir del cual comenzó a llevar el parche que le convirtió en una figura tan icónica.

En la Guerra del Sinaí (1956). Foto vía FDI.

Dayán se encontró sin saber muy bien qué hacer con su vida y temeroso de quedar reducido a un pobre minusválido al término de la Segunda Guerra Mundial. Entonces estalló la Guerra de Indpendencia de Israel (1948-1949) donde ascendió y empezó a tener roces con personajes que ocuparían lugares claves en el futuro de Israel, como Isaac Rabin. Aquí encontramos un asunto llamativo a la hora de entender Israel. Siendo un país pequeño, el dramatis personae es reducido. Y en la historia de Dayán encontramos otro elemento que me llamó la atención en las memorias de un general israelí que vivió la guerra del Líbano en 2006: la labora de “pasillo” que realizan los militares en Israel para lograr puestos relevantes, con las inevitables puñadas y rencillas.

Dayán fue nombrado, como dije, general después de la Guerra de Independencia, donde destacó por hacer lo que le dio la gana. Lanzando ataques sorpresa por aquí o por allá, o reclutando soldados para su unidad “robándoselos” a otras unidades. Cuando en 1956 Israel tomó parte en la Guerra de Suez, era el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel. Y en vez de quedarse en un cuartel general en la retaguardia para dirigir la guerra, se dedicó a visitar el frente dando saltos de aquí para allá en un pequeño avión de enlace. La falta de comunicaciones hizo que alguna vez su avión aterrizara en tierra de nadie y los problemas con las comunicaciones hizo que alguna que otra vez quedara incomunicado.

Moshé Dayán visitó Vietnam en 1966 con el propósito de escribir una serie de reportajes para el diario Maariv. Su diagnóstico fue pesimista sobre la marcha de la guerra. Foto vía Wikimedia.

En la Guerra de los Seis Días de 1967, de la que pronto se cumplirá el 50 aniversario, Moshé Dayán era ministro de Defensa. Martin Van Creveld nos cuenta cómo el ejército israelí tenía planes de contingencia muy claro para dar un golpe anticipatorio en la Península del Sinaí contra el ejército egipcio. El objetivo era tomar una serie de pasos estratégicos sin ocupar la Península entera y por tanto mantenerse alejados del Canal de Suez. ¿Qué hicieron los generales sobre el terreno cuando estalló la guerra? Lo que les dio la puta gana. Así el ejército israelí terminó ocupando la península entera y plantándose en la orilla del Canal de Suez.

Dayán propuso que Israel ocupara sólo el Valle del Jordán para asegurar su frontera oriental, conectada con el resto del país por un pasillo y evitar así ocupar las áreas pobladas de Cisjordania. También propuso que para lograr la paz con Egipto permitir que se reabriera el Canal de Suez. Ninguna de esas dos medidas fueron consideradas. La guerra volvió en 1973. Y la situación fue desesperada para las fuerzas israelíes en los primeros días. Aquí, Martin Van Creveld aporta una información que nunca he visto mencionada. Que en la noche del 8 al 9 de octubre, Israel puso en alerta su fuerza nuclear y vía Henry Kissinger se hizo llegar la información a los sirios para que aliviaran la presión. Martin Van Creveld cita a la revista Time al respecto. En aquel entonces, Dayán seguía siendo ministro de Defensa pero su influencia en el gobierno había decaído. Le presentó incluso su dimisión a la primera ministra Golda Meir en plena guerra. Una comisión le absolvió de responsabilidades por los fallos de la guerra.

Moshé Dayán sirvió finalmente como ministro de Asuntos Exteriores y tomó parte en las negociaciones de paz con Egipto. Ya entonces la cuestión palestina resultaba un asunto al que urgía darle respuesta. El punto de vista egipcio era prolongar los contactos para abrir una nueva fase de negociaciones sobre la cuestión palestina que el gobierno de Menájem Beguín no quiso abrir. Moshé Dayán en cambio defendía la necesidad de hacer concesiones en un gabinete contrario a la idea. Según Martin Van Creveld la postura de Moshé Dayán fue siempre “dejar vivir” a los palestinos y las medidas que implantó en permitieron a Israel vivir en paz veinte años después de la Guerra de los Seis Días. Moshé Dayán dimitió de su cargo como ministro de Asuntos Exteriores en 1979, tras sólo dos años en el cargo. Falleció en 1981, sin llegar a ver el estallido de la primera Intifada en 1987.

Libros para la batalla de ideas en la Nueva Guerra Fría

Los lectores más veteranos habrán notado que hablo poco últimamente de las Guerras Posmodernas. Y en cambio parece que estoy casi volcado con la Nueva Guerra Fría. Resulta que llevamos varios meses en el que se acumulan las piezas que van encajando en el esquema general de las cosas. De hecho, tengo pendiente hacer un repaso a los distintos autores que desde el New Yorker a El Confidencial han hablado ya abiertamente de Nueva Guerra Fría.

La verdad es que por el camino tuve mis momentos de duda, cuando pareció que las relaciones entre Rusia y Occidente se iban a calmar y la crisis ucraniana iba a quedar atrás como una nota al pie de la Historia. Pero sin duda, uno de los elementos que más inquietud me generó fue la dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría. Cuando en enero de 2015 hice un resumen de los elementos claves lo acompañé de un gráfico que generó bastante polémica. Planteé que la Nueva Guerra Fría giraba en torno a la alianza geopolítica de Rusia con los miembros del Eje de la Resistencia en Oriente Medio y con países de la Alianza Bolivariana más la Argentina kirchnerista en Hispanoamérica. Y esa alianza se entrecruzaba con partidos y personajes a izquierda y derecha en Occidente.

Las primeras pistas sobre la dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría me llegaron al ver cómo los argumentos que empleaban neofascistas y comunistas para defender la postura rusa en Ucrania eran intercambiables. Según ellos, en Ucrania no estaban en juego los intereses geopolíticos de Rusia, sino valores universales como la soberanía de los pueblos frente al imperialismo otánico globalizador y neoliberal. Justo semanas después de escribir por primera vez sobre  la Nueva Guerra Fría, alguien me puso sobre aviso sobre la coalición rojo-parda que en el Parlamento Europeo ha votado en contra del tratado de asociación de Ucrania con la Unión Europea, condenar las violaciones de los Derechos Humanos en la Crimea ocupada, el tratado de libre comercio con Canadá, etc. Pero faltaba algo.

Para poder hablar de la Nueva Guerra Fría como un verdadero conflicto ideológico hacía falta, claro está, una ideología que rivalizara con el modelo occidental de democracia liberal y economía de mercado. Yo apunté al euroasianismo de Alexander Dugin en septiembre de 2014. Pero la relación de Dugin con el poder en la Rusia de Putin siempre ha sido complicada. Luego, leyendo a Michel Eltchaninoff encontré la primera aproximación al pensamiento “putinista”. Pero hacía falta algo más que europarlamentarios de izquierda y derecha votando a favor de los intereses de Putin. Hacía falta teóricos que defendieran el modelo ruso. Y ya los tenemos.

En las últimas semanas he terminado de leer dos libros que pronto reseñaré aquí. El primero, Rusia en la larga duración (2015) es el más singular. Se trata de una recopilación de textos del célebre economista neomarxista egipcio Samir Amin y publicado en España por la editorial marxista El Viejo Topo, cuyo posicionamiento en la Nueva Guerra Fría es claro. Su postura es que, para poder evolucionar más allá de la sociedad capitalista a la deseable sociedad comunista futura, el primer paso que ha de dar todo país es librarse del yugo del imperialismo capitalista de la triada EE.UU.-Europa-Japón. Así que hay que defender a la Rusia de Putin porque ha dado ese primer paso necesario. Además, Amin denuncia en el capítulo final que asistimos en la actual fase de crisis del capitalismo a la emergencia del fascismo. Evidentemente, dada su postura, no se refiere al ascenso en Europa de partidos de ultraderecha que simpatizan con la Rusia de Putin. Faltaría más. Habla del golpe de estado “euro-nazi” en Ucrania como cabeza de puente a la colonización alemana de Europa oriental. Cómo no, Amim nos cuenta además que los medios mienten y tergiversan sobre Rusia. El libro está lleno de perlas que trataré cuando haga la reseña. Basta decir, que el autor defiende la Revolución Cultural china.

El segundo libro que leí es El nuevo imperio ruso: Historia y Civilización (2014) del profesor Sergio Fernández Riquelme. El libro hace primero un repaso de la configuración histórica del imperio ruso, con su permanente conflicto entre quienes pretendían un país moderno y occidentalizado por un lado y quienes defendían la singularidad de Rusia como país a medio camino entre Europa y Asia. Luego explica la realidad política de la Rusia actual, por la que el autor siente evidentes simpatía. No en vano, dirige el Foro Rusia y encontramos artículos suyos en la edición en español de la publicación euroasianista Katehon. Además, su postura conservadora queda de manifiesto buceando por la revista La Razón Histórica, que también dirige. Allí encontramos el artículo “Rusia como Imperio. Análisis histórico y doctrinal”,. que comparte contenidos con el libro. Que un conservador occidental defienda a la Rusia de Putin no es ninguna sorpresa. Pero me parece relevante señalar la pinza a izquierda y derecha de apologistas de Putin.

Por último, no debemos olvidar que no sólo la Rusia de Putin tiene apologistas en España. También Irán tiene los suyos. Niko Roa es un personaje que apareció por aquí en “La conexión iraní”. Su libro El aliado persa ha sido reseñado por Christian D. Villanueva López en ejércitos.org.

“Yihadismo wahabista” de Manuel Galiana Ros

El año pasado me llamó la atención la proliferación de artículos que culpaban a Arabia Saudita de los atentados en Francia y Bélgica como responsable última del yihadismo global. Evidentemente Arabia Saudita no es un país muy recomendable para vivir y emular. Y ciertamente las autoridades saudíes dedican recursos a hacer proselitismo de su visión conservadora del Islam. Véase el canal en español Córdoba Internacional TV. Pero las raíces intelectuales del yihadismo son externas a Arabia Saudita. Al igual que el origen de las figuras más relevantes de la yihad global, excepción hecha de Bin Laden, que precisamente terminó enemistado con las autoridades saudíes.

Ese goteo fino de artículos me llamó la atención en su momento y lo que me resultó evidente es que tenía que tratarse de una narrativa diseñada ex profeso para crear rechazo en Occidente hacia Arabia Saudita, pasís cuyos intereses geopolíticos en Oriente Medio chocan con Irán (anoten este dato). Así que cuando me encontré un ejemplar de Yihadismo wahabita y sus raíces sionistas y talmúdicas de Manuel Galiana Ros en la Casa del Libro en Bilbao me llevé el libro a casa. Se trata de un panfleto conspiranocio y antisemita de una editorial de ultraderecha. Me extrañó encontrar un libro así en una librería convencional. Pero desde luego su lectura ha resultado muy interesante por la perspectiva que proporciona sobre la Nueva Guerra Fría y los vínculos del autor.

Para empezar, la portada del libro es engañosa. Manuel Galiana Ros aparece como autor, pero suyos son sólo la introduccion y el epílogo, que ocupan menos del 10% del libro. El libro se compone en realidad de un texto de un autor francés sobre el wahabismo junto a  una recopilación de artículos de temas y autores diversos copiados y pegados de Internet. La labor de edición es pobre o inexistente, con erratas y un abuso cansino de cursivas, entrecomillados y notas a pie de página tan típico de esta clase de libros. Voy a extenderme en destripar aquí el contenido del libro. Así que puedes saltar de aquí al final, donde hablo de las ideas que transmite Galiana Ros y lo que he encontrado detrás del libro.

El grueso de Yihadismo wahabita lo ocupa la traducción de Les Égarés (“Los extraviados”), obra del francés Jean-Michel Vernochet, que sí aparece mencionado en la portada. La tesis de Vernochet es que el wahabismo, la corriente del Islam dominante en Arabia Saudita, es una herejía que, con su rigidez y dogmatismo, está alejada de la verdadera naturaleza del Islam y es causante del Choque de Civilizaciones con Occidente.

El wahabismo, recordemos, debe su nombre a Muhammad ibn Abd-al-Wahhab (1702-1792), un clérigo rigorista que pretendía purificar el Islam y que firmó un pacto con la familia Al Saud. A cambio de legitimidad religiosa a sus aspiraciones de poder, los Al Saud le convirtieron en la autoridad religiosa en sus territorios. Y así sigue a día de hoy, el wahabismo es la corriente islámica oficial en Arabia Saudita. Una de sus características, por ejemplo, es el rechazo a la veneración de santos y la visita de sus tumbas. Prácticas del Islam popular que uno puede encontrar en África Occidental y Turquía. Según Vernochet, se trata de un rasgo del wahabismo tomado del judaísmo ultraortodoxo y su fijación por el cumplimiento a rajatabla de la ley. Como es, también según Vernochet, la aplicación de la pena de muerte por lapidación. Además, la demolición de tumbas de santos por los yihadistas es una prueba de la influencia wahabita en todo el mundo. Resulta que la pena de muerte mediante lapidación fue introducida en Irán después de la revolución islámica. Y ahí sí que está claro que no hay influencia wahabita alguna. Así que sería interesante revisar las afirmaciones del autor sobre la influencia del wahabismo en el yihadismo.

La cosa se pone interesante cuando Jean-Michel Vernochet nos cuenta que Al Wahhab recibió dinero de un agente británico para estudiar en distintas capitales árabes y así convertirse en un clérigo eminente. El objetivo de los británicos era entonces asegurarse el control de la península arábiga como lugar estratégico en la ruta a la India. Ese periplo más allá de los dominios de los Al Saud no aparece en su biografía de la Wikipedia. Curiosamente, encontramos referencia a la existencia de un panfleto titulado Memoirs of Mr. Hempher, The British Spy to the Middle East. Resulta ser un texto apócrifo de 1868 de carácter conspirativo y origen otomano que es la fuente que cita Vernochet pero omitiendo su naturaleza.

Además, nos cuenta que según algunos, “aquí surge una dificultad recurrente, la de la fiabilidad y la identificación de las fuentes” (pág. 25), tanto los Al Saud como Al Wahhab eran descendientes de criptojudíos pertenecientes a la corriente sabatea. El wahabismo sería entonces una creación de una secta mesiánica criptojudía infiltrada en el Islam. Sabateos y wahabíes compartirían entonces buscar “la inversión de la ley y la negación de todo código moral” (pág. 55).

Luego tenemos un repaso histórico de las peripecias de la casa Al Saud hasta que que en 1932 se proclamó el tercer reino saudía, habiendo arrebatado por el camino la Meca y Medina a la dinastía hachemí. Desde entonces, Arabia Saudita ha mantenido una estrecha alianza con Estados Unidos y Reino Unido. ¿Cómo la explica Jean-Michel Vernochet? Según nos cuenta, el asunto no tiene nada que ver con intereses geopolíticos. Resulta que el dogmatismo wahabí se “acomoda perfectamente” a los “preceptos ultra liberales de la Escuela de Chicago y a los libertarios de la escuela freudiana-marxista conocida como de Frankfurt” (pág. 35). Llevo tiempo leyendo a la derecha echándole la culpa de todos los males de Occidente al “marxismo cultural” y la Escuela de Frankfurt. (Quizás tenga que hablar de ello algún día). Pero la pirueta dialéctica de Vernochet me ha parecido mortal de necesidad.

Por último, Vernochet expone cómo el wahabismo es la corriente dominante de Qatar, emirato que muestra una fachada de modernidad al mundo, pensemos en el canal de noticias Al Yazira, pero que mantiene una política de apoyo a grupos yihadistas radicales como parte de una agenda exterior diferente a Arabia Saudita. Esas sutilezas no están presentes en el libro a la hora de tratar un tema bastante interesante. Porque siempre se habla de Arabia Saudita como fuente de todo mal en Oriente Medio y nunca se menciona a Qatar, ese simpático patrocinador del Fútbol Club Barcelona y la franquicia de Al Qaeda en Siria. Vernochet en cambio liquida el asunto aludiendo al “complot americano-israelí-wahabita” (pág. 85).

Jean-Michel Vernochet. Foto: Red Voltaire.

En la segunda parte del libro encontramos una serie de textos tomados de Internet. El primero de ellos, por ejemplo, menciona como fuente “wordpress.com”. Esto es, Manuel Galiana Ros tomó un texto de blog con motor WordPress y no se molestó en citar el autor y fuente. Una búsqueda no muy larga me remite al original, “Atatürk’s Jewish Family Background”, donde además encuentro las imágenes que acompañan al capítulo del libro. Se trata de un blog con una única entrada (!), el texto traducido por Galiana Ros. A continuación encontramos la traducción de “When Ataturk Recited Shema Yisrael”. Sobre el criptojudaísmo del fundador de la Turquía moderna volveremos más tarde.

El tercer texto traducido por Galiana Ros es “Made in Saudi Arabia: Salafist Radicalism in Africa” de Wayne Madsen, que no encontré que aportara nada relevante. Menciona una cadena de atentados en Egipto que atribuye a la mano de Arabia Saudita e Israel, “una alianza insidiosa con la que los investigadores legítimos del 11 de septiembre están bien familiarizados” (pág. 118). Los siguientes capítulos son “Los cristianos de Irak; entre lo malo y lo peor; los chiitas y los sunitas” de Raad Salam Naaman, texto del que no encontré rastro en Internet, y “The Haunting of Iraq and Palestine” de Renee Parsons. Puedo estar más o menos de acuerdo con sus autores, pero no encontré nada escandaloso o realmente disparatado en ellos.

La cosa se pone “interesante” en los dos siguientes capítulos, que Manuel Galiana Ros copió y pegó de El Espía Digital, incluyendo las imágenes y fotos. De hecho, la contraportada del libro es una ilustración tomada de uno de estos dos artículos. Ambos aparecieron, por cierto, en el boletín nº126 de 11 de agosto de 2014 de esa publicación. El primero es “Oriente Medio… ¿el caos?” de Jad el Khannoussi. Presenta la idea de que las políticas de Estados Unidos para Oriente Medio nunca han sido erráticas, sino que han mantenido durante décadas una misma línea de actuación inspirada en una línea estratégica trazada por diferentes personajes israelíes y aprobada en una sesión secreta del Senado estadounidense en diciembre de 1982: la demolición de los estados árabes en entidades más pequeñas (pág. 134). Por tanto, lo que desde fuera puede interpretarse como políticas contradictorias o diferentes de un gobierno estadounidense a otro forman parte de una misma estrategia de “caos controlado” (pág. 135) que Estados Unidos aplica en otras regiones vía terceros. Según menciona Jad el Khannoussi, la intervención francesa en el Sahel para frenar la conquista yihadista de Mali fue una acción desestabilizadora, como lo fue el apoyo de Polonia a Ucrania.

Ilustración de El Espía Digital reproducida en la contraportada del libro.

El segundo artículo copiado y pegado de El Espía Digital es “La alianza forjada en sangre entre Arabia Saudita e Israel” de David Hearst. Se trata de un artículo escrito al calor del conflicto de Gaza del verano de 2014. Según Hearst, la intervención israelí en Gaza fue una “orden real” saudí. La lógica de que Israel cumplió órdenes saudíes no queda explicada. Curiosamente toma unas declaraciones de israelíes y saudíes para darles la vuelta. Por un lado, personalidades israelíes manifestaron su aprobación a la idea de, que en caso de que se desmilitarizara la Franja de Gaza, tanto Arabia Saudita como Emiratos Árabes Unidos aportarían dinero para la reconstrucción (en una nueva era de coexistencia en paz, se entiende). En cambio Hearst lo considera algo siniestro, prueba de la complicidad de las petromonarquías con Israel. Igual que con las declaraciones de un príncipe saudí, que afirmó que una vez llegara la paz no tendría inconveniente de invitar a su casa familiar tanto a palestinos e israelíes.  Hearst considera esto una traición a la causa palestina. Da la sensación de que no conoce el espíritu de la Iniciativa de Paz Árabe.

Seguimos con “Las razones de la justa causa palestina”, texto atribuido a Ricardo Martínez. En realidad, se trata de una entrevista hecha por él a Simán Kury y Edgar Saade, integrantes de la Asociación Salvadoreña Palestina. La entrevista fue publicada por Russia Today. Aquí Manuel Galiana Ros copió y pegó el texto, eliminando el enunciado de las preguntas a excepción de la primera. La explicación del conflicto árabe-israelí es aquí panfletaria y ahistórica. Por ejemplo decir, que los británicos armaron a judíos y desarmaron a los árabes antes de la partición (recordemos la matanza de Hebrón de 1929). Que la llegada de judíos se produjo después de la proclamación del Estado de Israel y proveniente de Europa (olvidando persecuciones y progromos en todo el Oriente Medio) antes y después de 1948. Que la convivencia era pacífica antes de la proclamación del Estado de Israel, negar el carácter terrorista de HAMAS (que ataca con armas no guiadas núcleos de población civil), que el Estado de Israel ha sido reconocido ya por el lado palestino (HAMAS no lo ha hecho), etc.

“Who finances ISIS?” es un caso curioso. Se trata de un texto firmado por Andreas Becker para la cadena alemana Deutsche Welle que reprodujo Russia Today eliminando la firma de Becker y cambiando la foto que lo acompaña por una de Ali Al-Saadi para AFP. Nuevamente Manuel Galiana Ros se equivocó al copiar y pegar de Internet. Atribuye la autoría del texto al fotógrafo Ali Al-Saadi, cuyo trabajo reproduce en la página 144 para ilustrar el artículo sobre la “justa causa palestina”.

El siguiente copia-pega de Manuel Galiana Ros es nuevamente un artículo del canal Russia Today: “El Estado Islámico ya está en tierras asiáticas: desarticulan una red en Malasia”. Aparece sin firmar y supongo que como en el caso anterior debe tratarse de una traducción al español de un tercer medio. Sin embarga Galiana Ros vuelve a confundirse y lo atribuye sin nombre a AFP, que es la agencia que firma la foto que encabeza el artículo y que aprovechó para la portada del libro.

Imagen de AFP que Manuel Galiana Ros tomó de Russia Today para la portada de su libro.

Seguimos con artículos en la página web de Russia Today: “EIIL: ¿El monstruo de siempre con diferente máscara?” de Nagham Salman, colaboradora de la cadena. Es curioso que use las siglas EIIL (Estado Islámico de Iraq y el Levante) porque enumera grupos yihadistas y cita ISIS, ISIL, Daesh.. como si fueran grupos diferentes. La tesis de esta autora que los grupos yihadistas están controlados por Occidente. Afirma que la guerra civil libia comenzó en 2011 sólo después de que Francia introdujera mercenarios en el país y que luego envió a Mali para tener una excusa para intervenir allí. Luego dice que la gran ofensiva del Estado Islámico en Iraq de junio de 2014 fue lanzada por yihadistas al servicio de Occidente “tras el fracaso cosechado en Siria” (pág. 151). De paso, afirma que el Estado Islámico es una creación del Mossad israelí “según fuentes acreditadas como Red Voltaire e Infowars” (pág. 151). Esta última aseveración es para caerse de la silla de la risa. Encontramos nuevamente la tesis del “caos controlado” por Occidente.

Llegado a este punto, Manuel Galiana Ros parece que no se molestó en buscar nuevas fuentes y el siguiente artículo es un nuevo copia y pega de Russia Today: “Mercenarios yihadistas del Estado Islámico ¿amigos en Siria y enemigos en Iraq?”, también de Nagham Salman. Pero ¡otra vez! se confunde o equivoca con la atribución de la autoría, aunque salga bien claro en la parte de arriba del texto en la página wegb. En el libro sólo aparece la fecha y no hay mención a Nagham Salman como autora. En el mismo tono descuidado que el anterior, habla como si el Estado Islámico fuera un fenómeno surgido en Siria y reprocha la repentina preocupación occidental por su aparición en Iraq. Es justo al revés. Apareció en Iraq y entonces no importó a nadie porque luchaba contra Estados Unidos y sus aliados. El asunto generó tanta apatía y desinterés que hay muchos textos, como este, que tratan de explicar la súbita aparición del Estado Islámico en el panorama internacional Su explicación es conspiranoica: algo así sólo es posible por ser una creación de Occidente. Pero esa necesidad de explicaciones mágicas son sólo producto de la ignorancia.  El Estado Islámico tiene un largo recorrido desde 2003. Claro que la autora parece no haber oído nunca hablar de Al Zarqawi y el grupo Monoteísmo y Yihad.

A continuación encontramos otro artículo de Nagham Salman en Russia Today cuya autora sí identifica correctamente Manuel Galiana Ros, para variar: “¿Quién recluta, quién paga, quién adiestra y quién arma a los yihadistas del EIIL?”. Nuevamente encontramos una explicación mágica de asuntos complejos. Por ejemplo, “Al Qaeda fue una gran obra de ingeniería de los servicios secretos estadounidenses y saudíes” (pág. 156). Nagham Salman nos cuenta que John McCain presidió el 4 de febrero de 2011 una reunión en El Cairo donde se organizó la Primavera Árabe. A continuación yihadistas egipcios y tunecinos fueron enviados a Libia coincidiendo con los bombardeos franceses. La guerra civil siria estalló tras entrar en el país radicales islamistas procedentes de Europa y tras pasar por campamentos de entrenamiento de la CIA, el Mossad y el MI6 en Turquía y Jodrania, en un programa financiado por Arabia Saudita y Qatar.

Nótese que ni libios ni sirios tienen papel alguno en los acontecimientos de sus países, según Nagham Salman. Y tantos países diferentes con agendas diferentes trabjaron aquí al unísono como un reloj. Tampoco se mencionan las protestas populares contra los regímenes por el efecto contagio en la región. Nuevamente repite el chiste de llamar a Infowar y Voltairenet “fuentes acreditadas” cuando menciona que el Abu Bakr Al Bagdadi, líder del Estado Islámico, es un “agente sionista” llamado Elliot Shimon, que primero fue general del Ejército Sirio Libre y luego se pasó al Estado Islámico. Para rematar dice que se le puede ver al lado de John McCain en una foto hecha en Siria donde no hay nadie parecido al líder del Estado Islámico.

John McCain al lado de gente que no se parece a Abu Bakr Al Bagdadi. Foto: Russia Today.

Seguimos en Russia Today con un artículo breve sin firma: “China revela la ‘verdadera’ razon de la campaña de EE.UU. contra el Estado Islámico”. El artículo recoge la versión china de que Estados Unidos “está aprovechando el caos del Estado Islámico para alinear sus intereses en Oriente Medio” (pág. 161) Que es como si los chinos dijeran “Todos los países sólo se preocupan por sus propios intereses, menos nosotros que nos preocupamos por los nuestros”.

Y sin abandonar Russia Today, el siguiente artículo es “Un informático saca a la luz los métodos brutales de Boko Haram en Nigeria”, que es otra pieza breve y sin firma donde simplemente se habla de la detención del responsable de la difusión de comunicados e imagen en Internet de Boko Haram.

Llegamos finalmente a un auténtico “bocato di cardinale”, un artículo de la sin par Nazanín Armanian sacado de su blog en el diario Público: “Guerra contra Siria: El ‘plan B’ de la agenda oculta de Obama”. Nazanín Armanian es un personaje del que algún día tendré que hablar aquí porque no hay nadie en España cuyos desvaríos mentales alcancen un nivel tan psicotrónico y sin embargo se le tome tan en serio. Por ejemplo, sin ir más lejos recientemente pasó por el Parlamento de Canarias. 

Nazanín Armanian tiene un estilo peculiar en el que va soltando frases que se saca del sombrero sin mirar nunca atrás. Lo mismo te dice que Estados Unidos pretende destruir “el ejército sirio por sus vínculos con Rusia” y que luego hará lo mismo con las fuerzas armadas de Ucrania, que las acciones de Estados Unidos en Oriente Medio tienen el objetivo de “empujar el precio del petróleo al alza perjudicando a China” (pág. 166). Que Estados Unidos sea aliado del gobierno de Kiev o que le interese un precio del petróleo contenido no es aquí relevante, porque la realidad nunca es relevante para Nazanín Armanian. Así nos cuenta que Estados Unidos montó “bandas criminales para provocar el terror entre la población” y es también responsable de “crear y armas a los grupos terroristas” en Siria como “viva imagen de los escuadrones de la muerte de Latinoamérica en los ochenta” (pág. 166). Este párrafo es pura proyección. Está hablando del comportamiento de las milicias shabiha del régimen sirio. Pero la referencia a la Latinoamérica de los años 80 es un buen efecto de humo y espejo para desviar la atención del lector.

Habla del Estado Islámico como el “califato americano” porque según ella la ofensiva de 2014 era parte de un plan estadounidense. Menciona el ataque químico realizado por el régimen sirio en agosto de 2013 como un ataque de “falsa bandera”, cuando hay una investigación de técnicos de la ONU por medio. Menciona los planes de Obama de bombardear Siria (el artículo es de octubre de 2014) y de mandar “árabes y pakistaníes” a luchar en Iraq contra el Estados Islámico. Como vemos, la gracia es leer sus artículos años después de escrito y ver cómo habla y habla de cosas que inventó sobre la marcha. Pero supongo que el lector despistado medio encuentra argumentos que refuerzan sus prejuicios de que Estados Unidos es el Mal absoluto y no recuerda esos detalles pintorescos que sólo a ella se le ocurren. (¿Pakistaníes combatiendo al Estado Islámico en Iraq al servicio de Estados Unidos? WTF?).

Otra rasgo característico de Nazanín Armanian es que, como muchas veces no tiene ni idea de lo que habla, cuando se encuentra algo que no entiende inventa una explicación sobre la marcha. Menciona el grupo Jorasán, vinculado al núcleo duro de Al Qaeda y al que Estados Unidos atacó en Siria en septiembre de 2014. Según ella es un invento de Estados Unidos y especula las razones de haber elegido un nombre que coincide con el de una provincia de Irán hasta 2004. El Gran Jorasán es una región histórica que engloba Afganistán y que aparece en un hadiz popular entre los yihadistas:

“Si ves venir los estandartes negros desde Jorasán, únete a ese ejército. Incluso si tienes que arrastrate sobre hielo. No habrá poder que lo pueda detener. Y llegarán finalmente a Jerusalén, donde eregirán sus banderas”

Como la yihad global arrancó en Afganistán, los miembros de Al Qaeda consideraban que ese hadiz tenía un significado profético. No es un plan secreto de la CIA de crear un grupo yihadista que opere en Irán y Asia Central.

Otro ejemplo. Menciona el término Af-Pak, que se popularizó en Estados Unidos para dar a entender que no se podía tratar la guerra en Afganistán como un fenómeno aislado sin tratar también la complicada relación de Washington con Pakistán y el ambivalente papel de “estado profundo” pakistaní frente a los talibán y el yihadismo. Se escribieron cataratas de artículos sobre el tema. Pero, según le escuché decir en una conferencia en 2010, el término Af-Pak reflejaba los planes de Estados Unidos de unir los dos países en uno solo para frenar a China en Asia Central. ¡Ole! Y aquí, dice que la aparición del Estado Islámico es parte de un plan de Estados Unidos de unir Siria e Iraq en el aérea Ir-Sir “para que rime con Af-Pak” (pág. 168). ¿Qué significa esa frase absurda? Y así, toda la vida. Genia y figura.

Lo bueno de estos artículos conspiranoicos es que cuando pasa el tiempo, la perspectiva permite echarse unas risas. El siguiente capítulo es “El Plan Erdogan, tapadera de la OTAN” de Manlio Dinucci. El artículo, tomado de la Red Voltaire, explica los planes urdidos conjuntamente por los gobiernos de Estados Unidos y Turquía para intervenir en Siria bajo el paraguas de la OTAN. El artículo es de 2014. Y claro, pasa como en el artículo de Nazanín Armanian, que afirmaba en 2014 que Obama estaba loco por encontrar una excusa para entrar en la guerra civil siria y atacar al régimen de Damasco. El artículo de Dinucci suena muy serio a ojos del profano porque explica la existencia del Allied Land Command con base en Izmir y su encaje en el organigrama de la OTAN, donde se coordinaría la invasión de Siria. El tiempo ha puesto el asunto en su sitio.

Volvemos a otro artículo corto y anónimo de Russia Today en “Turquía pide a EE.UU. que ataque a Assad a cambio de su apoyo contra el Estado Islámico”, que Manuel Galiana Ros atribuye erróneamente a la agencia Reuters. Se trata de la agencia origen de la foto que ilustra el artículo en la página web de Russia Today, no el origen del texto.

Y por fin llegamos a los “Comentarios y epílogo” de Manuel Galiana Ros, que cierran el libro. En la recapitulación sobre la primera mitad del libro, el autor toma la historia apócrifa de que el wahabismo fue una doctrina promovida por el Reino Unido para dividir a los pueblos musulmanes. Y juega a apuntar que los protagonistas de la historia, los Al Saud y Al Wahhab, eran criptojudíos sabateos (“se nos podrá acusar de ver aquí una conspiración judía“, pág. 180). Ese secreto llegaría hasta la actualidad y explicaría que supuestamente los “mandatarios islámicos” de la península arábiga afirmaran que para ellos era muy importante la creación de “un Hogar Nacional judío” (pág. 181). Son las primeras noticias que tengo de que líderes de las petromonarquía árabes eran sionistas.

Ilustración publicada por Russia Today y reproducida en el libro (pág. 160).

La largo mano judía se extendería también por Turquía, según Manuel Galiana Ros, de ahí la inclusión de dos textos sobre el carácter criptojudío de Mustafá Kemal, padre de la Turquía moderna y “candidato ideal por parte del sionismo internacional para liderar un proceso revolucionario para la toma del poder” (pág. 181). De paso nos cuenta que “sería más apropiado” llamar a la Revolución Rusa la “revolución judía” (pág. 181). Curiosamente Jean-Michel Vernochet también ve judíos por todas partes. Y nos cuenta que el golpe de Estado en Egipto contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes fue obra de “la  mano escondida del sionismo” (pág. 86).

A continuación Manuel Galiana Ros habla de una supuesta conversación entre Vladimir Putin y el rey de Arabia Saudita. Putin se habría negado a la construcción de una mezquita con dinero saudí en Moscú porque en Arabia Saudita no hubiera sido posible construir una catedral ortodoxa. Y a continuación Galiana Ros hace un copia y pega de un discurso de Putin ante el parlamento de su país donde llama a los inmigrantes musulmanes a “en Rusia vivid como rusos”. Tras el texto del discurso se nos cuenta que Putin recibió una ovación de cinco minutos. El texto suena raro, porque da a entender que los musulmanes son una comunidad extraña en Rusia y en realidad allí hay una importante minoría musulmana. Sólo lleva 5 segundos de búsqueda encontrar que el supuesto discurso es un bulo.

Cerca del final, Galiana Ros habla de su esperanza en los Movimientos Nacionales Europeos, eufemismo para partidos políticos de ultraderecha. Y termina contándonos que, tras la caída del comunismo, “Rusia como nación fue saqueada por los oligopolios sionistas” pero gracias a Putin en los últimos quince años “el espíritu nacional y tradicional ruso […] ha podido renacer” (pág. 186). Así que nos encontramos en una nueva política de bloques. Por un lado tenemos a las fuerzas del “sionismo, globalismo, predominancia de los mercados y de la usura” representadas por la “estructura militar de la OTAN” y unos Estados Unidos “que sigue la consigna de los lobbies israelitas”. Por otro lado, tenemos a “los países que pretenden un reparto mundial de la riqueza y una mayor justicia para las poblaciones del mundo” (pág. 186). Nos habla, sin duda, de la Nueva Guerra Fría.

Así que recapitulemos. Tenemos a un ultraderechista español, conspiranoico y antisemita, que traduce un texto del francés y lo junta con otros muchos sacados de Russia Today y de sitios como la Red Voltaire, de la que ya he hablado aquí. La mayor parte de los textos sacados de Internet nos cuentan que todos los males de Oriente Medio son obra de un plan secreto estadounidense e israelí, en el que colaboran las petromonarquías árabes, para someter a la región a un permamente estado de caos mediante el apoyo a fuerzas yihadistas. Sobra decir a estas alturas, sabiendo quiénes nos quieren vender como los malos en este película, a quiénes nos quieren vender como los buenos en Oriente Medio.

El propio Manuel Galiana Ros cuenta que tuvo conocimiento de la existencia del libro Les Egares de Jean-Michel Vernochet en un viaje a Irán en 2014 para presentar la edición en farsi de su libro Los lobbies sionistas en España. Fue la francesa Marie Pomier, que identifica como una “conocida antisionista” (pág. 9), quien le pasó un ejemplar. En Conspiracy Watch encontramos la referencia a un evento en Irán donde coincidieron en 2014 Vernochet y Pomier con el inefable Thierry Meyssan de la Red Voltaire y otros personajes calificados como “negacionistas [del Holocausto]”.

Galiana Ros cuenta que tras pasar “un par de días” en el sudoeste del país tuvo la idea de escribir otro libro, La guerra sionista contra Jomeini. A partir de ahí, tirar el hilo es fácil y nos encontramos a otros autores españoles que escriben sobre Irán o vinculados al canal iraní HispanTV, grupos de ultraderecha que simpatizan con el Kremlin y el régimen sirio, etc. ¿Podemos hablar entonces de el “lobby iraní español”?.

“The Battle of Cuito Cuanavale” de Leopold Schultz

Descubrí los foros de temas militares en el verano de 2000. Y recuerdo de aquellos tiempos que un tema que generaba enormes debates fue la batalla de Cuito Cuanavale, una de las últimas batallas de la guerra de Angola. La versión cubana es que allí se había logrado una gran victoria frente a las fuerzas sudafricanas, lo que había precipitado el fin del “apartheid”. Una rápida búsqueda en Internet nos lleva a artículos como “Cuito Cuanavale: batalla que terminó con el Apartheid”, del procastrista profesor  estadounidense Piero Gleijeses. O a encontrar en la entrada sobre aquella batalla en la enciclopedia cubana EcuRed cosas como:

En Cuito Cuanavale la Revolución Cubana se jugó todo, se jugó su propia existencia, se arriesgó a una batalla en gran escala contra una de las potencias más fuertes de las ubicadas en la zona del Tercer Mundo, contra una de las potencias más ricas, con un importante desarrollo industrial y tecnológico, armada hasta los dientes, a esa distancia de nuestro pequeño país y con nuestros recursos, con nuestras armas.

La versión sudafricana, sobra decir, era diametralmente opuesta. Y lo que me llamó la atención fue cómo de unos hechos que tuvieron lugar a finales de los años 80 y cuyos protagonistas todavía están vivos se tengan versiones tan dispares. Así que la batalla de Cuito Cuanavale es una especie de mito histórico del que no había forma de saber qué pasó.

The Battle of Cuito CuanavaleLa editorial británica Helion Books, de la que aquí ya he reseñado unos cuantos libros, ha sacado dentro de la colección Africa@War el libro The Battle of Cuito Cuanavale: Cold War Angolan Finale 1987-1988 de Leopold Scholtz. Para el que no conoce la colección, se trata de libros en formato DIN A4 con letra pequeña y muchas fotos que cubren temas por lo general desconocidos. En este caso, el autor es un historiador sudafricano reconocido que trata de ofrecer una mirada desapasionada al tema. Ofrece aquí un resumen de su libro The South African Defence Forces in the Border War 1966-1989, que tengo desde ya en la lista de pendientes. Mi interés por el tema surge porque los sudafricanos condensaron las lecciones de la contra insurgencia portuguesa en Angola y rodesiana (del que escribí un artículo: “El legado de la contra insurgencia rodesiana“) en su lucha contra la guerrilla del SWAPO en Namibia. Los sudafricanos desarrollaron sistemas de armas autóctonos y originales para aquella guerra junto con una doctrina de guerra altamente móvil sobre blindados de rueda en “columnas volantes” a la que quiero dedicarle un futuro artículo que forme parte de mi serie sobre guerras africanas.

La participación sudafricana en la guerra de Angola surge, según el autor, de la necesidad de negarle al SWAPO namibio un santuario en el país vecino. Como parte de esa estrategia, el gobierno sudafricano apoyó a la guerrilla UNITA angoleña contra el gobierno comunista de Angola. El autor argumenta que nunca se tuvo la intención de implicarse en una guerra total en Angola para derrocar al gobierno comunista porque el gobierno sudafricano nunca tuvo intención de dejarse arrastrar a una guerra que dañara aún más la situación delicada del país, sometido a un embargo internacional en contra del apartheid. Esa tesis está sustentada en documentos oficiales pero me queda la duda si no fue resultado de la resignación sudafricana ante las limitadas capacidades de los combatientes de UNITA y los propios recursos limitados del país. Es decir, una vez asumida su incapacidad para lograr sus grandes objetivos estratégicos, los sudafricanos se fijaron otros menos ambiciosos y por tanto pueden afirmar que nunca perdieron la guerra de Angola porque nunca se plantearon ganarla. Como nota curiosa, añado, una vez acabada la Guerra Fría el antiguo gobierno comunista de Angola requirió el servicio de una empresa militar privada sudafricana para derrotar a UNITA. Podría ser esa una prueba de la relación instrumental sudafricana con UNITA.

La implicación sudafricana en Angola, por tanto, se entiende aquí como una necesidad impuesta por la lucha contra las guerrillas namibias, que tenían allí sus bases. Las sucesivas incursiones sirvieron para empujar esas bases lo más al norte posible. De paso, ayudar a UNITA servía para negarle territorio fronterizo al SWAPO e impedir la consolidación del poder del gobierno comunista de Luanda  sobre todo el territorio, lo que se temía generaría un efecto dominó sobre Namibia, territorio en manos de Sudáfrica desde el fin de la Primera Guerra Mundial.

Ratel 90 en primer plano con varios Ratel 20 detrás
Ratel 90 en primer plano con varios Ratel 20 detrás.

Así, en el año 1987 los sudafricanos se lanzaron más allá de la frontera entre Namibia y Angola con objetivos y medios limitados para frenar una gran ofensiva gubernamental contra UNITA. Me llamó la atención el recuento de fuerzas hecho por el autor, unos pocos batallones, lo que contrasta con las dimensiones épicas dadas a aquella campaña. En la primera fase de la ofensiva sudafricana se emplearon las habituales tácticas de guerra de maniobra, aprovechando la movilidad de los vehículos Ratel y la primacía de la artillería sudafricana en el campo de batalla.

Una brigada creada ad hoc fue capaz de derrotar a cuatro brigadas angoleñas en torno al río Lomba. En ese momento a los sudafricanos se les planteó el dilema de cómo explotar el éxito. Los defensores de la guerra de maniobra defendía una cabalgada para atacar las fuerzas angoleñas en profundidad, pero fue desestimada por temor a terminar enredados en un frente amplio y por el imperativo político de mantener el conflicto lo más limitado posible. No en vano, las incursiones sudafricanas en Angola solían ser rápidas y contundentes, tratando de negar su presencia allí. El plan elegido fue un ataque frontal con fuerzas mecanizadas que tardaron en llegar al frente de batalla.

Asesor soviético en Angola
Asesor soviético en Angola

Cuando los sudafricanos avanzaron se encontraron con los angoleños en posiciones defensivas bien preparadas con abundantes campos de minas y sus comandantes dirigiendo la batalla de forma competente gracias a los asesores cubanos y soviéticos. Tres ataques sudafricanos fueron incapaces de romper las defensas enemigas, reforzadas además con la llegada de tropas cubanas. Con el objetivo cumplido de haber frenado la ofensiva gubernamental contra UNITA, los sudafricanos se retiraron a Namibia  y se prepararon para un posible avance cubano hacia la frontera que nunca tuvo lugar. El régimen cubano declaró haber logrado una gran victoria impidiendo a los sudafricanos haber alcanzado la localidad de Cuito Cuanavale, lo que dio nombre a la batalla, e inmediatamente accedió a negociaciones de paz, que condujeron a la retirada de Angola de las fuerza combatientes de terceros países. Con el fin de la Guerra Fría y el apartheid nació la leyenda de haber sido la batalla decisiva que cambió la historia de Sudáfrica.

En las conclusiones Leopold Scholtz describe a Fidel Castro como un gran estratega y un genio de la propaganda, que supo aprovechar una situación ambigua para construir una narrativa de victoria militar. También reflexiona cómo el alto mando sudafricano eligió a los comandantes y las tácticas equivocadas para la batalla. Y es que, una vez, encontramos una historia en la que militares que llevan demasiado tiempo volcados en operaciones de contra insurgencia fallan en operaciones convencionales.  El autor especula que el resultado hubiera sido diferente si se hubiera puesto al frente a los expertos en guerra de maniobra sudafricanos, que por cuestiones de burocracia militar fueron enviados a otros destinos tras haber logrado éxitos iniciales en el río Lomba. Eso sí, niega la narrativa cubana de una gran victoria y cómo en el fondo cada bando logró los objetivos que buscaba. Los cubanos lograron desentenderse de la guerra de Angola con una salida honrosa y los sudafricanos lograron frenar una ofensiva contundente contra UNITA, pero el viento de la historia barrió la región. Namibia se convirtió en un país independiente y el fin de la Guerra Fría acabó con el apartheid y las ideas comunistas de sus enemigos en Sudáfrica, Namibia y Angola.

Foto:
Gral De Vries. Foto: sadf.info

Un nombre propio destaca en el relato de Leopold Scholtz, el del entones coronel De Vries. Volcó sus ideas sobre guerra de maniobra en el libro Mobiele Oorlogvoering. ‘n Perspektief vir Suider-Afrika, publicado en 1987, lo que da idea de la cantidad de joyas que hay publicadas en idiomas “exóticos” como el afrikaner o el hebreo. Y es autor de unas memorias, Eye of the Storm. Strength Lies in Mobility, sobre las guerras en las que participó. Otro libro que he añadido a mi lista de pendientes. De Vries participó en el diseño del vehículo blindado Ratel. Mi intención es escribir en el futuro sobre las tácticas sudafricanas en Namibia, como parte de mi serie de artículos sobre guerras africanas. Hasta ahora he cubierto las tácticas contra insurgencia de Rodesia y el empleo francés del concepto “batalla aeroterrestre en profundidad” la Operación Serval. Me quedan por cubrir las “Toyota Wars” en Chad en los años 80 y  las “columnas volantes” sudafricanas en Namibia.

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