La biblioteca de los libros que nunca escribí

De vez en cuando me pasa, al buscar en Internet sobre algún tema, que me llevo la sorpresa de encontrar que apenas hay referencias al asunto en español, más allá de mi blog. Por un lado, eso me genera la satisfacción de haber sido de los primeros en el mundo de habla hispana de haber descubierto el debate o el concepto. Pero por otro lado me genera frustración ver que en España no se ha estudiado o debatido temas de sobra conocidos en el mundo angloparlante.

La cuestión es que vivo con la constante sensación de que es mi deber introducir o explicar temas en español. Así que el resultado final es que me empeño en escribir no sobre los temas que domino, sino sobre aquellos que me gustaría se conocieran. Es decir, termino escribiendo los textos que me gustaría leer en español. Así, he terminado escribiendo de asuntos tan diferentes como “Irán y la guerra naval asimétrica” o la experiencia histórica de las tácticas rodesianas de Contrainsurgencia (COIN).

El empeño de divulgar temas en español ha sido una de las causas de una trayectoria de publicaciones bastante errática. Para colmo, a ese constante saltar de tema en tema se ha sumado el empeño de no sólo dedicar un artículo al asunto que en aquel momento captaba mi atención, sino todo un libro. El otro día se me ocurrió hacer un lista de todos aquellos proyectos libro que planifiqué, para los que reuní bibliografía y que empecé a escribir hasta agotar el entusiasmo inicial. Aquí está la lista, no necesariamente por orden cronológico.

Guerras Posmodernas 2.0 / 3.0 

Mi primer y único libro fue terminado en el verano de 2009 y publicado en 2010. El libro está descatalogado y muy pronto sentí que merecía una nueva versión mejorada y ampliada. Tiempo después pensé que no me motivaba volver a escribir el mismo libro. Que sería más interesante profundizar en varios temas que no aparecían en el primer libro (desde drones a guerra urbana). Y que en vez de ponerme una meta ambiciosa de escribir un nuevo libro de cero, debía trabajar primero en los temas e ir preparando el terreno con artículos.

Flanco Sur Profundo.

Siendo el autor del blog FlancoSur.com, que recientemente he puesto en modo hibernación, he echado de menos en España un libro de referencia sobre el yihadismo en el Sahel. Y cómo no, si nadie lo escribía se me ocurrió hacerlo yo mismo. La idea era arrancar con un capítulo inicial de antecedentes históricos contando los inicios de lo que luego fue Al Qaeda en la yihad Afganistán, del papel en ella de ciudadanos magrebíes y de cómo, tras la guerra civil argelina, los yihadistas se expandieron hacia el sur. Así que me puse a leer sobre geografía física del Sáhara, la guerra de Afganistán, la guerra civil argelina, etc. El resultado es que quedé atrapado aprendiendo sobre el contexto del problema hasta perder el foco. Un error de principiante. Ahora el problema se ha expandido y hecho más complejo. Y dudo que algún día escriba ese libro.

Guerra en red.

Cuando entregué el libro de Guerras Posmodernas a la editorial sentí que había dejado fuera un tema importante por no saber darle encaje: las teorías de guerra en red y los nuevos tipos de conflicto donde participan redes distribuidas. Antes de que el libro hubiera salido de imprenta pensé que el asunto merecía un libro entero. Pasó el tiempo y sucedió algo curioso. Cuanto más examinaba los casos, menos encontraba verdaderas redes distribuidas con jerarquías planas. Las organizaciones seguían siendo piramidales, por muy democratizador que hubiera sido Internet para el acceso a la información y las comunicaciones. El asunto resultó un espejismo.

Pasó el tiempo y recuperé el interés por el tema. Y decidí darle un enfoque diferente. En vez de contar cómo había una nueva generación de conflictos protagonizados por organizaciones en red, el interés estaba en contar cómo esa idea había evolucionado desde los tiempos en que Deleuze y Guattari hablaron de la guerra nómada. Es decir, la idea no era escribir una historia de la guerra en red, sino una historia del concepto de guerra en red.

Geopolítica (varios).

Cuando creé este blog nunca pensé que me interesaría por la Geopolítica, una disciplina que yo percibía como rancia y anticuada. Llegué a escribir una crítica a la Geopolítica de Mackinder, tras escuchar a un general español hablar del Heartland en un evento sobre el ascenso de los países BRIC. Irónicamente, asuntos como la Guerra de Crimea o el ascenso de China recuperaron el valor del análisis geopolítico. Y yo caí en la cuenta que apenas existía literatura sobre el tema en español. Hablamos de una época en que no existían o no habían sido traducidos La venganza de la geopolítica de Robert D. Kaplan y Prisioneros de la Geografía de Tim Marshall. Así que se me ocurrió que hacía falta un libro introductorio para la materia. Hacía falta un libro que hablara de Kjellén, Ratzel, Mahan, Mackinder, Spykman, etc. Pero no tardé en cuestionarme si tenía sentido escribir un libro así, con el trabajo que suponía estudiar aquellos autores y escuelas que apenas conocía.

Tras aparcar la idea del libro introductorio a la disciplina, pensé en que tendría más salida comercial un libro que abordara las grandes cuestiones geopolíticas del siglo XXI: como el ascenso de China o la rivalidad Irán-Arabia Saudita. También pensé en centrarme en el Gran Oriente Medio, aprovechando los artículos que había publicado en la revista El Medio.

El verano pasado caí en la cuenta que la libreta donde había tomado notas y volcado ideas para los proyectos Geopolítica del siglo XXI y Geopolítica del Gran Oriente Medio era un material extenso del que no había sacado provecho alguno a pesar del tiempo invertido. Se me ocurrió empezar a pasar las anotaciones a limpio. Y descubrí que por lo menos tenía material para dos artículos. El otro día retomé el pasar al ordenador las notas y conté 190 páginas manuscritas. Quizás deba asumir de una vez por todas que antes de lanzar grandes proyectos de libro debería ir escribiendo artículos que me permitan madurar las ideas y sacar provecho tangible a corto plazo al esfuerzo de profundizar en los temas que me atraen.

 

 

“En el huracán catalán” de Sandrine Morel

Como los españoles han estado tradicionalmente tan acomplejados con su historia y su presente, siempre se le ha hado desmedida importancia a la opinión de los de fuera. Algún punto de vista historiográfico sostenido por un investigador local tras bucear en archivos parecía sólo tener consistencia cuando lo planteaba un hispanista anglosajón. Y todavía sucede que se usa como argumento sobre la gravedad de un asunto sucedido en España que haya aparecido en las páginas del New York Times o The Guardian, a pesar de que haya sido abordado con profundidad por los medios españoles.

La crisis catalana del último trimestre de 2017 sirvió para desmitificar el recurso a autores extranjeros para entendernos a nosotros mismos. Pienso en aquella feliz explicación de John Carlin de que un síntoma de la poca predisposición en España al diálogo y a ceder posiciones es que no existe en español un equivalente al término inglés “compromise“. Parece que Carlin nunca oyó hablar del Compromiso de Caspe (1412). Por no hablar de todos esos jóvenes universitarios haciendo referencia a Por quién doblan las campanas u Homenaje a Cataluña para explicar la España del siglo XXI mientras mostraban su entusiasmo por la perspectiva de que los españoles volviéramos a matarnos entre nosotros como escenario de fondo para intrépidas y románticas aventuras.

Quizás por todo esto y porque su perspectiva sobre la crisis catalana fuera crítica con los independentista, el trabajo de la francesa Sandrine Morel, corresponsal de Le Monde, ha tenido eco en España. De hecho, el libro En el huracán catalán no nació como una obra publicada en Francia y traducida en España, sino directamente como una propuesta de la editorial Planeta a la periodista francesa. Se trata de un libro ligero, se lee del tirón, que tras los primeros capítulos introductorios presenta un relato cronológico del choque de trenes entre el gobierno central español y el catalán desde la Diada de 2012 al 23 de abril de 2018. La autora combina las entrevistas que mantiene con personalidades, las conversaciones off the record en los pasillos del poder y también sus impresiones personales a pie de calle donde conversa con gente corriente.

El libro transmite la idea de que por un lado el gobierno central de Mariano Rajoy no supo calibrar la naturaleza del desafío soberanista mientras que los líderes catalanes se vieron arrollados por el Procés, que convirtió en la independencia en un significante vacío donde cada cual proyectó sus fantasías políticas. El tono crítico con el independentismo no quita que la autora señale la inacción del gobierno de Rajoy, enfocado en la crisis económica y totalmente ausente en la batalla del relato, que creía que la mejora de la economía y el miedo a la acción a la justicia iba a desinflar el Procés.

El libro presenta una y otra vez que los partidarios de la independencia son incapaces de explicar el para qué de la independencia, limitándose todos siempre a vagas promesas de una Cataluña más business friendly y socialista donde el gobierno pueda aplicar con más libertad medidas de austeridad económica y se expanda el Estado del Bienestar. Las contradicciones entre la burguesía catalana y sus hijos anticapitalistas quedaron relegadas para el día en que se alcanzara la independencia. Quizás aquí esté la clave del desequilibrio entre los dos bandos. Mientras los partidarios de la independencia dejaron sus diferencias irreconciliables a un lado, los contrarios a la independencia en cambio tardaron en hacer causa común porque la izquierda catalana contraria a la independencia rechazaba salir a la calle junto con el PP catalán.

Lo que convierte a la autora en crítica del proceso soberanista es su rechazo al discurso victimista, que llega a comparar a Cataluña con la Armenia del genocidio y a los líderes independentistas con personajes como Martin Luther King, para hablar de una región próspera con unas cotas de autogobierno inimaginables en la mayoría de países. Por no hablar de unos líderes, que ahora sabemos iban de farol, que arrastran a las masas a un desafío contra un Estado que subestimaron y supeditando el éxito de la empresa a unos apoyos externos inexistentes. También transmite su sorpresa a la supeditación de los medios públicos al poder político y el posicionamiento de TV3 a favor de la independencia, porque según su director el deber de la cadena es estar con la “mayoría social”.

El resultado, como todo sabemos, es una sociedad fracturada sin solución a la vista. Como sociólogo me quedan ganas de leer un estudio serio que aporte luz a cómo se gestó la huida hacia adelante de los políticos soberanistas, que en el libro afirman siempre responder al “mandato del pueblo” mientras Sandrine Morel encuentra en la calle a gente en las manifestaciones que cuenta su disposición a llegar hasta donde los líderes digan. El fenómeno lo retrataba a la perfección una viñeta que representaba a una masa avanzando hacia el precipicio donde alguien en la cola afirmaba que iban siguiendo a los líderes mientras que en la cabecera alguien decía que avanzaban hacia donde la masa les empujaba.

El libro, como ya dije, es una lectura ligera y es recomendable para aquellos que, como yo, no le prestaron mucha atención a Cataluña hasta el 1 de octubre de 2017. También me parece una buena recomendación para aquellos recién aterrizados en España o que sólo siguieron la crisis catalana por los medios de comunicación de Madrid y nunca se enteraron de qué pasaba en las calles de Cataluña.

McCain y el final de algo

El funeral de John McCain fue un espléndido espectáculo político. El presidente Trump fue el gran ausente y, aunque ningún discurso lo mencionó por su nombre, todo el mundo entendió que la exaltación de virtudes atribuidas al fallecido en realidad era una lista de reproches al actual presidente.

La rotonda del Capitolio con el féretro de John McCain el 31 de agosto. Al fondo, los cuadros que representan a Cristóbal Colón desembarcando en América y Hernando de Soto descubriendo el río Mississipi. Foto: Justin Sullivan/Getty Images/AFP

Dijo Obama en su discurso, causando risas en el público, que la forma de McCain de reír el último era teniendo a los dos anteriores presidentes juntos hablando bien de él. Así, pudimos ver nuevamente a George W. Bush en actitud amistosa con Michelle Obama. Es interesante pensar que para el trumpista medio el consenso mediático en torno a la figura de McCain y los repetidos gestos amistosos entre antiguos rivales políticos son prueba de la existencia de una casta política respaldada por unos medios elitistas que viven de espalda al pueblo estadounidense.

Cuenta Eduardo Suárez en Letras Libres cómo con John McCain muere un cierto tipo de hacer política en EE.UU., caracterizada por la independencia de los congresistas y la porosidad de las fronteras ideológicas. Yo me pregunto si la muerte de McCain, del que se dice que nunca hubo guerra en la que los Estados Unidos pudieran verse implicados que le pareciera mal, simboliza también el ocaso de Estados Unidos como hiperpotencia global intervencionista.

Mientras tanto, en el lado oscuro de Twitter he leído barbaridades sobre el fallecido. Según una teoría conspirativa que aporta como prueba una foto se reunió en Siria con el líder del Estado Islámico. La clave de la teoría es que en un viaje a Siria, donde McCain se reunió con figuras de la oposición al régimen, se ve un hombre con barba y bigote que se parece al califa Ibrahim como un árabe con barba y bigote se parece a otro árabe con barba y bigote. Pero hubo algo que me llamó la atención y me pareció sintomático de una forma de entender la política y el mundo.

Resulta que leí una y otra vez comentarios a la condición de veterano de la guerra de Vietnam de McCain, al que se le calificaba de asesino y criminal de guerra. Y entonces pasó una cosa curiosa. Leí una mención a Vietnam entre los países donde se había mostrado respeto y desde donde se habían transmitido las condolencias por su fallecimiento. Así que decidí buscar sobre el tema tras leer un tuit muy dolido y sentido.

¿Qué encontré al buscar en las noticias de Vietnam? Que en Vietnam se consideraba a McCain un símbolo del acercamiento entre los dos países. La prensa de allí mencionaba tanto los mensajes oficiales como la opinión de ciudadanos corrientes que se habían acercado a la embajada a dejar mensajes de condolencia en un libro habilitado para el efecto. McCain era percibido como alguien que había hecho la guerra contra ellos de joven y en cambio ya mayor había trabajado para mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Vietnam. Recordemos que en Vietnam las reformas del gobierno comunista han abierto la economía. Y también que la preocupación en Vietnam por las aspiraciones hegemónicas de China en la región, sin olvidar el conflicto armado fronterizo entre ambos países en 1979. Esa preocupación vietnamita es compartida por Estados Unidos y ha propiciado el acercamiento geopolítico entre ambos países, con gestos simbólicos como la escala de buques de guerra estadounidenses en puertos vietnamitas. Así que en medio del sentido dolor vietnamita por la desaparición de John McCain, su amigo en Washigton, teníamos a miembros de la TrueLeft española montándose un buen postureo en nombre del pueblo vietnamita. Qué alegórico.

Mitos sobre agresiones con cuchillo

El otro día un hombre de 29 años, casado, originario de Argel y residente legal en España entró en una comisaría de policía de Cornellá de Llobregat (provincia de Barcelona) y al parecer, armado con un cuchillo, se abalanzó hacia algunos de los policías que estaban dentro. Por lo visto gritó el takbir. Los policías hicieron uso de sus armas y murió tiroteado. Teniendo en cuenta su condición de musulmán todas las primeras hipótesis giraron en torno a que se trataba de otro ataque yihadista más, llevado a cabo por alguien en solitario. Véase al respecto mi entrada de blog “La yihad atomizada” (agosto 2015).

Como esto es España, el asunto generó polémicas desde todos los ángulos. Alguno se quejó de a cualquier musulmán que grite “Allāhu akbar” se le identifique como terrorista, siendo una frase que se exclama en las más distintas ocasiones. Parece que se olvidaron del matiz que no es lo mismo gritarlo con tu hijo primogénito recién nacido en brazos o el móvil en el que acabas de enterarte que te han concedido una prestigiosa beca en la mano que blandiendo un cuchillo dentro de una comisaría de policía o en la puerta de un centro cultural judío.

La segunda polémica, cómo no, tiene que ver con el uso de la fuerza. Resulta que a la gente que no ha leído nada del tema le parece extraño que alguien armado con una pistola se  tenga que defender a tiros de alguien que “simplemente” está armado con un cuchillo. La idea, muy peliculera, es que un policía debería ser capaz de meter una bala en el muslo al individuo armado y que esa bala debería ser suficiente para incapacitarlo. Demasiadas películas. El tiro con pistola en el mundo real no funciona así. Las balas en el mundo real no se comportan así. Y las agresiones con arma blanca en el mundo real no tienen lugar así.

Empecemos por el final. Yo no tengo información completa y veraz de qué pasó en esa comisaría. Por lo visto el fallecido se abalanzó hacia los policías porque se trató de un caso de “suicidio por policía“. Según la viuda, el fallecido le había contado que en realidad era homosexual y que eso le producía una profunda vergüenza siendo miembro de la comunidad musulmana. Por tanto, su acción tenía como objeto provocar el uso de la fuerza por parte de la policía y morir tiroteado. Es un fenómeno estudiado y documentado en Estados Unidos, donde los protocolos policiales son de “esa manera”. Podemos deducir, que el fallecido aspiraba alcanzar la muerte como varonil héroe yihadista a ojos de sus pares musulmanes, propósito posiblemente arruinado por la confesión de su mujer.

Asumiendo entonces que el fallecido se abalanzó cuchillo en mano hacia los policías tenemos que tener en cuenta que un recinto cerrado, como una oficina, una persona sólo necesita dar pocas zancadas para llegar a la altura de otra y clavarle un arma blanca. Una persona con un cuchillo de cierto tamaño y con cierta fuerza es sumamente peligrosa. Y los policías tuvieron muy poco tiempo para tomar una decisión ante una amenaza sin duda letal.

Otro idea equivocada con orígenes peliculeros es pensar que es posible con alta probabilidad de éxito emplear alguna técnica de artes marciales para desarmar a alguien que viene hacia ti con un cuchillo en la mano dispuesto a hacerte daño con él. La realidad es que muchas de esas técnicas que se emplean en exhibiciones, tutoriales y clases de artes marciales NO funcionan en condiciones reales. Es un clásico de las exhibiciones de artes marciales desarmar a alguien con una pistola o cuchillo pero en un cuerpo a cuerpo real el atacante no se va a mover de la manera lineal, lenta y guionizada que se emplean en las exhibiciones para que el maestro de turno se luzca.

Así que, entendiendo que ante un agresor con arma blanca estás corriendo un peligro mortal y debes usar tu arma para protegerte, lo siguiente es comprender que el tiro con pistola no tiene que ver con lo que se ve en la ficción. Para empezar es bastante complicado acertar un blanco móvil del ancho de un muslo en condiciones de alteración y con el entrenamiento de un policía medio. Y en el caso de impactar una bala en él, no hay garantía que eso provoque que el atacante caiga al suelo inmediatamente. Hay mil factores a tener en cuenta: el tipo de bala, el tipo de ropa de la persona a la que disparas, en qué tipo de tejido tropieza la bala (hueso, músculo, grasa, etc), la posterior trayectoria de la bala… Un tiro en el muslo puede impactar en la femoral y provocar la muerte en poco tiempo por una hemorragia masiva. Un agresor puede recibir varios impactos de bala en el cuerpo y tener fuerzas para acercarse a su víctima, clavarle un cuchillo y desplomarse poco tiempo después. Lo que sí es seguro es que cuando una persona recibe un solo disparo, no sale volando como en las películas. Tampoco es posible desenfundar un arma ante un agresor y con toda precisión dispararle en el dorso de la mano para que suelte el cuchillo. Lo sensato en el mundo real es apretar tantas veces el gatillo sea necesario hasta que el agresor cae desplomado. Y ese número de veces no es por lo general sólo dos (“double tap“).

Internet está lleno de artículos de policías, forenses, especialistas en armas de fuego, etc sobre todos estos temas. Hay un montón de vídeos de instructores de tiro y artes marciales rebatiendo mitos. Y también hay un montón de vídeos ahí fuera de casos reales donde se ve la mucha sangre que corre en muy poco tiempo cuando se usa un cuchillo para agredir a otra persona o se le dispara a alguien en la pierna con intenciones de detenerla.

En España tenemos el blog de Tiro Táctico para quien quiera profundizar en este tema, gracias a que se esfuerza en traducir estudios y análisis para tratar de estar lo más posible al día.

“Technicals” de Leigh Neville

Tres libros de Leigh Neville en mi biblioteca.

Osprey Publishing, la editorial británica conocida por sus libritos de historia militar, ha ido diversificando la temática de sus publicaciones para tratar temas más  actuales e incluso ha dado el salto a lanzar libros de cierta entidad. Technicals mantiene el formato tradicional, 48 páginas con muchas ilustraciones, pero es de un tema actual. El libro trata de establecer la genealogía y repasar la extensión del fenómeno de los technicals, vehículos civiles tipo pick-up a los que grupos irregulares les colocan armas colectivas (ametralladoras, cañones antiaéreos, cañones sin retroceso, etc.) y también lanzacohetes.

La teoría más extendida es que el nombre surgió en Somalia en los 90, cuando las ONG internacionales tuvieron que contratar la protección de milicianos y camuflaron el gasto en sus presupuestos como “ayuda técnica”. Pero el fenómeno es anterior. Leigh Neville empieza con algunos antecedentes anecdóticos para hacer un repaso del uso generalizado de vehículos pick-up armados desde los años 70 hasta el presente, empezando con la guerra civil del Líbano, las cabalgadas del Frente Polisario en sus Land Rover Santana y las famosas “Toyota Wars” en Chad hasta llegar a Libia en 2011 y Siria hasta hace poco. Por último, hay una breve sección dedicada al uso de vehículos pick-up por parte de las fuerzas especiales occidentales en escenarios como Afganistán y Siria. Aunque ese entra en el terreno de otro libro del mismo autor: Special Operations Patrol Vehicles. Afghanistan and Iraq.

El libro es breve y te deja con ganas de profundizar en algunos de los casos tratados. A mí el tema me interesa desde hace ya bastante tiempo. Véase anteriores entradas de este blog como “Swarming en el desierto” (enero 2011) y “La larga historia de los todoterreno en operaciones móviles en el desierto” (febrero 2018). Hay una idea que aparece en el libro de Leigh Neville y que en su momento la recogí de Tom Cooper: los llamativos resultados del empleo de todoterrenos por parte del Frente Polisario y el ejército chadiano resultan de la adaptación de las tácticas tradicionales de los pueblos nómadas del desierto. Un tipo de incursión a larga distancia con un asalto final por sorpresa que en español conocemos como razzia y en algunos de los países donde se practicaba como rezzou. Las “Toyota Wars” son bastante conocidas, pero creo que hay muy poca información disponible sobre los aspectos militares del conflicto del Sáhara Occidental (1975-1991). Seguro que hay cosas interesantes que rescatar desde el punto de vista militar pero carecemos de bibliografía.

Hay una cosa que me llamó la atención del libro y me dejó una duda. En la página 24 aparece la foto de un technical pesado, un camión con un montaje antiaéreo ZPU-4 en Somalia. Esa misma foto la publiqué aquí en 2013.

Technical pesado somalí.

En 2013 yo identifiqué a simple vista el camión de la foto como un Pegaso de origen español. No era la primera vez que veía uno. Hay en Internet otras fotos de camiones Pegaso en Somalia usados como technicals pesados.

Camión Pegaso en Somalia con lo que parece un montaje antiaéreo doble M1939 de 37mm.

El camión de la foto anterior aparece identificado en el libro como un Unimog. A mí no me lo parece. Me parece que el vehículo de la foto tiene una batalla más larga que los Unimog, de los que no he encontrado ninguna foto siendo usado como technical en Somalia. Lo que no quiere decir que no existan esas fotos o que no fuera usado. A modo de curiosidad, encontré una referencia sobre la venta de camiones Pegaso en una revista académica de la Universidad Autónoma de Madrid. Alejandro Pozo Marín publicó el artículo “Los obstáculos en la construcción de un estado en Somalia” en el número 8 de la Revista Académica de Relaciones Internacionales, publicado en julio de 2008. En la página 13 aparece el siguiente texto en una nota al pie:

La empresa pública Enasa suministró en 1987 215 camiones militares Pegaso por valor de 1.235.000.000 ptas. para treinta años de amortización y diez de carencia y, en 1989, un número indeterminado pero significativo de otros vehículos (1.185.300.000 ptas., dieciséis años de amortización y cinco de carencia). SUBDIRECCIÓN GENERAL DE FOMENTO FINANCIERO DE LA EXPORTACIÓN, “Anexo. Los créditos FAD 1977-1994” en Boletín Económico del ICE, nº 2449, Ministerio de Comercio, Madrid, 27 de marzo – 2 de abril de 1995.

Pedí ayuda en Twitter para identificar el vehículo. Recibí tres respuestas. Pegaso 3045, 3046 y 3050. El primero es un modelo de 1969 con un perfil de cabina diferente. El tercero es de tres ejes y se había dejado de producir en los años 80, sustituido por el 3055. El segundo tiene un parecido más que notable si prestamos atención a detalles como el número de paneles del lateral de la caja.

Pegaso 3046.

Se trata de un modelo que se vendió a Egipto, pero cuando se habían entregado 10.500 unidades hubo problemas con el pago y la empresa se encontró con 2.500 camiones. El gobierno español los ofreció a bajo precio a las administraciones locales para ser transformados en camión para bomberos forestales. Se exportó además a Perú y Somalia.

Para comparar, dos modelos del Unimog producidos en los 70 y 80.

Unimog 416.

 

Unimog 435, conocido militarmente como U 1300 L.

No creo que haga falta poner las dos fotos lado a lado y señalar los elementos similares entre el camión somalí y el Pegaso 3046, a la vez que señalo las diferencias con los Unimog. Pero creo que hemos identificado por al fin al technical pesado somalí.

Órdenes de extradición que las firma el diablo

La famosa euroorden (“Orden europea de detención y entrega” o European Arrest Warrant) contra el ex-presidente Carles Puigdemont convirtió a cada español en experto en derecho por unos días, según se pudo ver en los intensos debates en las redes sociales. El asunto hizo descubrir a más de uno que las órdenes de extradición no se atienden automáticamente, sino que el país receptor las tiene que estudiar. Y si bien estoy seguro más de alguno estará lamentando que la justicia alemana no envió automáticamente al ex-presidente Puigdemont esposado y con un lazo de vuelta a España, si uno mira cómo operan países con sistemas judiciales de dudosa reputación no puede más que agradecer que las órdenes de extradición sean respondidas tras su estudio sosegado.

En España tenemos varios casos notables. Hamza Yalçin y Doğan Akhanlı, ambos intelectuales turcos exiliados desde hace años en Europa, fueron detenidos en España durante el verano de 2017 por ser reclamados desde la Turquía de Erdoğan. Cuando la justicia española revisó los casos se encontró que, por ejemplo, a uno de ellos se le atribuía pertenencia a grupo terrorista por un artículo publicado en una revista. Los delitos de los que se les acusaba se podían resumir en ser intelectuales incómodos para el poder en Turquía, lo que allí se viste de vinculación con grupos terroristas. Finalmente fueron liberados, no sin la controversia de que dos órdenes de búsqueda y captura sustentadas en acusaciones exageradas e incompatibles con el derecho europeo hubieran llegado tan lejos.

Otro caso notable es el del empresario español Pablo Botella Carretero, que era directivo de un banco venezolano allá por 2009 y al que le pilló una de esas campañas gubernamentales de “¡exprópiese!”. Así, fueron nacionalizados los bancos Central Banco Universal, Baninvest Banca Inversión, Banco Real, Confederado, Bolívar, ProVivienda y Canarias de Venezuela. El destino de estos bancos al ser nacionalizados fue desaparecer o integrarse en un grupo de banca pública. Y cómo no, la excusa para la nacionalización fue que en todos ellos se dio fraude y la corrupción. El gobierno venezolano lanzó entonces órdenes de captura internacional vía Interpol, las llamadas “notificaciones rojas”, para nueve directivos de bancos. Entre ellos estaba Pablo Botella Carretero. Cuando la orden llegó a España y se pidió el expediente del caso para estudiar la posible extradición la causa se desvaneció en el aire. Como dio cuenta el profesor de derecho Douglas McNabb, la “notificación roja” contra Pablo Botella Carretero fue retirada el 23 de junio de 2011.

Así que imaginen que las órdenes de extradición se ejecutaran automáticamente. Carles Puigdemont sí estaría en una cárcel española, pero España habría entregado intelectuales disidentes a la Turquía de Erdoğan y un empresario español estaría en una cárcel venezolana por un caso a todas luces fraudulento. Y, ¿a que no adivinan qué país usa y abusa de las “notificaciones rojas” de Interpol contra personajes molestos? La Rusia de Putin. Todo esto lo conté con detalle en un artículo para Letras Libres titulado “Cómo las dictaduras usan Interpol para perseguir disidentes”.

Su franquismo diario, gracias

Me crucé recientemente con dos artículos del diario Público que trataban algún aspecto del franquismo y la Historia de España que hablan más del estado del periodismo español que del franquismo.

El primero informa que, a día de hoy, el gobierno alemán sigue pagando a veteranos, viudas y huérfanos de la División Azul, la unidad de voluntarios españoles que combatió con el ejército alemán en el Frente del Este durante la Segunda Guerra Mundial. El asunto se hizo público tras una pregunta parlamentaria de un diputado alemán. La División Azul es un tema histórico controvertido, porque al fin y al cabo esa división de voluntarios participó en una campaña militar donde se cometieron crímenes abominables. Véase mi reseña del monumental Tierras de sangre de Timothy Snyder. Ese es un aspecto que los nostálgicos del franquismo y muchos interesados en la historia militar tienden a obviar. Es más, suelen enfatizar no quiénes eran los aliados de España, sino sus enemigos: la Unión Soviética de Stalin. Sobre sus atrocidades véase igualmente Tierras de Sangre. Dicho lo cual, el comportamiento de aquellos voluntarios españoles no tuvo nada que ver con el de las tropas alemanas.

La noticia de Público se titula “Alemania aún paga más de 100.000 euros anuales a exmiembros y familiares de la División Azul”. Y en ella encontramos esta joya:

Según los datos aportados ahora por el Gobierno de Alemania un total de 47.000 españoles lucharon en la División Azul junto a las tropas de Adolf Hitler. Después de disolverse este batallón, en marzo/abril de 1944, uno de sus batallones se quedó en Ucrania luchando contra partisanos de Yugoslavia incorporándose a finales de 1944 a las SS hitlerianas y participando en las batallas de Berlín.

El autor, Alejandro Torrús, se ha hecho un lío. Dice “después de disolverse este batallón” para hablar de la División Azul. Si el nombre lo dice, División Azul, ¿de dónde saca que era un batallón? La unidad que sucedió a la División Azul, fue la Legión Azul, de entidad regimiento y que luchó en el sector norte del frente oriental, no en Ucrania. Por supuesto lo de “partisanos de Yugoslavia” en Ucrania deja la duda de si se trata un error de Geografía o de Historia. Por último, hay que decir que tras la retirada de la Legión Azul hubo combatientes españoles que decidieron luchar en las filas alemanas, integrándose junto a otros no alemanes en las Waffen SS. Pero fue una decisión personal y ya no estaban bajo disciplina militar española.

La batalla de Krasny Bor, según Ferrer Dalmau, de la que se cumplió recientemente el 75º aniversario.

El segundo artículo de Público lo firma Jaime Noguera y se titula “Cuando Mussolini propuso a Franco unir a Italia, Francia, Portugal y España en un ‘Bloque Latino’”. Para variar, el tema es algo que desconocía. Pero está escrito en un tono informal pretendidamente gracioso. Hay dos párrafos que dan idea del tono y fondo del artículo:

Primero, tocaba hablar con el cortaba el bacalao (kabeljau en aleman) de las alianzas en la Europa continental. En octubre de 1940, Adolf Hitler viajó a Hendaya, en la frontera hispano-francesa, para reunirse con Franco y  proponerle la formación de una alianza junto a Italia y la Francia de Vichy para que los dos países latinos apoyasen a Italia contra los británicos en el Mar Mediterráneo. Franco estaba seguro de la pronta victoria de su admirado Führer y se le hacía el culo Pepsi-cola por entrar en la guerra de la mano del vencedor. A ver si así podía rascar algo.

Sin embargo, a Hitler le dio gatillazo la interminable lista de necesidades que el amigo Paco exigia para poder meter a una arrasada España en la guerra, en la que solo faltaba una Playstation. El dictador nazi prefirió dejarse de intentar amigar a sus mamporreros y pensó que era mejor que Franco se dedicase a mantener a España controladita, no le fuese a salir igual de chungo en las cosas de la guerra como Mussolini.

Si Franco realmente quería entrar en la Segunda Guerra Mundial o no es algo que he visto discutido bastante. Supongo que algún historiador conocerá la situación del debate actualmente. Pero la frase que me llamó la atención es esa de que a Franco “se le hacía el culo Pepsi-cola por entrar en la guerra de la mano del vencedor”. Es cosa mía, pero eso de hacerse el graciosillo a costa de Franco, más de 40 años después de muerto, tiene un aire de algo de “mirad las cosas que digo de un dictador, qué valiente soy”. Como si alguien pusiera a parir al matón de barrio en la barra de bar sabiendo que se está comiendo años en el talego y no allí para partirte la cara. La virtud de ser antifranquista cuando no tiene mérito ni coste serlo.

Supongo que el autor del primer artículo podrá excusarse que se armó un lío en lo que no es más que un breve aporte histórico, mientras que el autor del segundo artículo dirá que el tono ligero es comprensible en un artículo de divulgación histórica. La forma en él lo es todo. Así que otra vez nos encontramos con eso de “¿qué importa si el artículo tiene errores si la intención es buena?” Es un asunto al que tengo que volver una y otra vez. Supongo que tenemos los medios “alternativos” y “comprometidos” que nos merecemos.

Yo tengo la sensación de que últimamente tenemos a Franco hasta en la sopa, cuando resulta que hace poco alcanzamos el hito histórico de haber vivido bajo esta democracia constitucional (1978-2018) más tiempo que bajo el régimen de Franco (1936-1975). Yo creo que va siendo hora de desenterrar las fosas comunes de una vez para empezar a mirar más hacia el futuro.