McCain y el final de algo

El funeral de John McCain fue un espléndido espectáculo político. El presidente Trump fue el gran ausente y, aunque ningún discurso lo mencionó por su nombre, todo el mundo entendió que la exaltación de virtudes atribuidas al fallecido en realidad era una lista de reproches al actual presidente.

La rotonda del Capitolio con el féretro de John McCain el 31 de agosto. Al fondo, los cuadros que representan a Cristóbal Colón desembarcando en América y Hernando de Soto descubriendo el río Mississipi. Foto: Justin Sullivan/Getty Images/AFP

Dijo Obama en su discurso, causando risas en el público, que la forma de McCain de reír el último era teniendo a los dos anteriores presidentes juntos hablando bien de él. Así, pudimos ver nuevamente a George W. Bush en actitud amistosa con Michelle Obama. Es interesante pensar que para el trumpista medio el consenso mediático en torno a la figura de McCain y los repetidos gestos amistosos entre antiguos rivales políticos son prueba de la existencia de una casta política respaldada por unos medios elitistas que viven de espalda al pueblo estadounidense.

Cuenta Eduardo Suárez en Letras Libres cómo con John McCain muere un cierto tipo de hacer política en EE.UU., caracterizada por la independencia de los congresistas y la porosidad de las fronteras ideológicas. Yo me pregunto si la muerte de McCain, del que se dice que nunca hubo guerra en la que los Estados Unidos pudieran verse implicados que le pareciera mal, simboliza también el ocaso de Estados Unidos como hiperpotencia global intervencionista.

Mientras tanto, en el lado oscuro de Twitter he leído barbaridades sobre el fallecido. Según una teoría conspirativa que aporta como prueba una foto se reunió en Siria con el líder del Estado Islámico. La clave de la teoría es que en un viaje a Siria, donde McCain se reunió con figuras de la oposición al régimen, se ve un hombre con barba y bigote que se parece al califa Ibrahim como un árabe con barba y bigote se parece a otro árabe con barba y bigote. Pero hubo algo que me llamó la atención y me pareció sintomático de una forma de entender la política y el mundo.

Resulta que leí una y otra vez comentarios a la condición de veterano de la guerra de Vietnam de McCain, al que se le calificaba de asesino y criminal de guerra. Y entonces pasó una cosa curiosa. Leí una mención a Vietnam entre los países donde se había mostrado respeto y desde donde se habían transmitido las condolencias por su fallecimiento. Así que decidí buscar sobre el tema tras leer un tuit muy dolido y sentido.

¿Qué encontré al buscar en las noticias de Vietnam? Que en Vietnam se consideraba a McCain un símbolo del acercamiento entre los dos países. La prensa de allí mencionaba tanto los mensajes oficiales como la opinión de ciudadanos corrientes que se habían acercado a la embajada a dejar mensajes de condolencia en un libro habilitado para el efecto. McCain era percibido como alguien que había hecho la guerra contra ellos de joven y en cambio ya mayor había trabajado para mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Vietnam. Recordemos que en Vietnam las reformas del gobierno comunista han abierto la economía. Y también que la preocupación en Vietnam por las aspiraciones hegemónicas de China en la región, sin olvidar el conflicto armado fronterizo entre ambos países en 1979. Esa preocupación vietnamita es compartida por Estados Unidos y ha propiciado el acercamiento geopolítico entre ambos países, con gestos simbólicos como la escala de buques de guerra estadounidenses en puertos vietnamitas. Así que en medio del sentido dolor vietnamita por la desaparición de John McCain, su amigo en Washigton, teníamos a miembros de la TrueLeft española montándose un buen postureo en nombre del pueblo vietnamita. Qué alegórico.

Mitos sobre agresiones con cuchillo

El otro día un hombre de 29 años, casado, originario de Argel y residente legal en España entró en una comisaría de policía de Cornellá de Llobregat (provincia de Barcelona) y al parecer, armado con un cuchillo, se abalanzó hacia algunos de los policías que estaban dentro. Por lo visto gritó el takbir. Los policías hicieron uso de sus armas y murió tiroteado. Teniendo en cuenta su condición de musulmán todas las primeras hipótesis giraron en torno a que se trataba de otro ataque yihadista más, llevado a cabo por alguien en solitario. Véase al respecto mi entrada de blog “La yihad atomizada” (agosto 2015).

Como esto es España, el asunto generó polémicas desde todos los ángulos. Alguno se quejó de a cualquier musulmán que grite “Allāhu akbar” se le identifique como terrorista, siendo una frase que se exclama en las más distintas ocasiones. Parece que se olvidaron del matiz que no es lo mismo gritarlo con tu hijo primogénito recién nacido en brazos o el móvil en el que acabas de enterarte que te han concedido una prestigiosa beca en la mano que blandiendo un cuchillo dentro de una comisaría de policía o en la puerta de un centro cultural judío.

La segunda polémica, cómo no, tiene que ver con el uso de la fuerza. Resulta que a la gente que no ha leído nada del tema le parece extraño que alguien armado con una pistola se  tenga que defender a tiros de alguien que “simplemente” está armado con un cuchillo. La idea, muy peliculera, es que un policía debería ser capaz de meter una bala en el muslo al individuo armado y que esa bala debería ser suficiente para incapacitarlo. Demasiadas películas. El tiro con pistola en el mundo real no funciona así. Las balas en el mundo real no se comportan así. Y las agresiones con arma blanca en el mundo real no tienen lugar así.

Empecemos por el final. Yo no tengo información completa y veraz de qué pasó en esa comisaría. Por lo visto el fallecido se abalanzó hacia los policías porque se trató de un caso de “suicidio por policía“. Según la viuda, el fallecido le había contado que en realidad era homosexual y que eso le producía una profunda vergüenza siendo miembro de la comunidad musulmana. Por tanto, su acción tenía como objeto provocar el uso de la fuerza por parte de la policía y morir tiroteado. Es un fenómeno estudiado y documentado en Estados Unidos, donde los protocolos policiales son de “esa manera”. Podemos deducir, que el fallecido aspiraba alcanzar la muerte como varonil héroe yihadista a ojos de sus pares musulmanes, propósito posiblemente arruinado por la confesión de su mujer.

Asumiendo entonces que el fallecido se abalanzó cuchillo en mano hacia los policías tenemos que tener en cuenta que un recinto cerrado, como una oficina, una persona sólo necesita dar pocas zancadas para llegar a la altura de otra y clavarle un arma blanca. Una persona con un cuchillo de cierto tamaño y con cierta fuerza es sumamente peligrosa. Y los policías tuvieron muy poco tiempo para tomar una decisión ante una amenaza sin duda letal.

Otro idea equivocada con orígenes peliculeros es pensar que es posible con alta probabilidad de éxito emplear alguna técnica de artes marciales para desarmar a alguien que viene hacia ti con un cuchillo en la mano dispuesto a hacerte daño con él. La realidad es que muchas de esas técnicas que se emplean en exhibiciones, tutoriales y clases de artes marciales NO funcionan en condiciones reales. Es un clásico de las exhibiciones de artes marciales desarmar a alguien con una pistola o cuchillo pero en un cuerpo a cuerpo real el atacante no se va a mover de la manera lineal, lenta y guionizada que se emplean en las exhibiciones para que el maestro de turno se luzca.

Así que, entendiendo que ante un agresor con arma blanca estás corriendo un peligro mortal y debes usar tu arma para protegerte, lo siguiente es comprender que el tiro con pistola no tiene que ver con lo que se ve en la ficción. Para empezar es bastante complicado acertar un blanco móvil del ancho de un muslo en condiciones de alteración y con el entrenamiento de un policía medio. Y en el caso de impactar una bala en él, no hay garantía que eso provoque que el atacante caiga al suelo inmediatamente. Hay mil factores a tener en cuenta: el tipo de bala, el tipo de ropa de la persona a la que disparas, en qué tipo de tejido tropieza la bala (hueso, músculo, grasa, etc), la posterior trayectoria de la bala… Un tiro en el muslo puede impactar en la femoral y provocar la muerte en poco tiempo por una hemorragia masiva. Un agresor puede recibir varios impactos de bala en el cuerpo y tener fuerzas para acercarse a su víctima, clavarle un cuchillo y desplomarse poco tiempo después. Lo que sí es seguro es que cuando una persona recibe un solo disparo, no sale volando como en las películas. Tampoco es posible desenfundar un arma ante un agresor y con toda precisión dispararle en el dorso de la mano para que suelte el cuchillo. Lo sensato en el mundo real es apretar tantas veces el gatillo sea necesario hasta que el agresor cae desplomado. Y ese número de veces no es por lo general sólo dos (“double tap“).

Internet está lleno de artículos de policías, forenses, especialistas en armas de fuego, etc sobre todos estos temas. Hay un montón de vídeos de instructores de tiro y artes marciales rebatiendo mitos. Y también hay un montón de vídeos ahí fuera de casos reales donde se ve la mucha sangre que corre en muy poco tiempo cuando se usa un cuchillo para agredir a otra persona o se le dispara a alguien en la pierna con intenciones de detenerla.

En España tenemos el blog de Tiro Táctico para quien quiera profundizar en este tema, gracias a que se esfuerza en traducir estudios y análisis para tratar de estar lo más posible al día.

“Technicals” de Leigh Neville

Tres libros de Leigh Neville en mi biblioteca.

Osprey Publishing, la editorial británica conocida por sus libritos de historia militar, ha ido diversificando la temática de sus publicaciones para tratar temas más  actuales e incluso ha dado el salto a lanzar libros de cierta entidad. Technicals mantiene el formato tradicional, 48 páginas con muchas ilustraciones, pero es de un tema actual. El libro trata de establecer la genealogía y repasar la extensión del fenómeno de los technicals, vehículos civiles tipo pick-up a los que grupos irregulares les colocan armas colectivas (ametralladoras, cañones antiaéreos, cañones sin retroceso, etc.) y también lanzacohetes.

La teoría más extendida es que el nombre surgió en Somalia en los 90, cuando las ONG internacionales tuvieron que contratar la protección de milicianos y camuflaron el gasto en sus presupuestos como “ayuda técnica”. Pero el fenómeno es anterior. Leigh Neville empieza con algunos antecedentes anecdóticos para hacer un repaso del uso generalizado de vehículos pick-up armados desde los años 70 hasta el presente, empezando con la guerra civil del Líbano, las cabalgadas del Frente Polisario en sus Land Rover Santana y las famosas “Toyota Wars” en Chad hasta llegar a Libia en 2011 y Siria hasta hace poco. Por último, hay una breve sección dedicada al uso de vehículos pick-up por parte de las fuerzas especiales occidentales en escenarios como Afganistán y Siria. Aunque ese entra en el terreno de otro libro del mismo autor: Special Operations Patrol Vehicles. Afghanistan and Iraq.

El libro es breve y te deja con ganas de profundizar en algunos de los casos tratados. A mí el tema me interesa desde hace ya bastante tiempo. Véase anteriores entradas de este blog como “Swarming en el desierto” (enero 2011) y “La larga historia de los todoterreno en operaciones móviles en el desierto” (febrero 2018). Hay una idea que aparece en el libro de Leigh Neville y que en su momento la recogí de Tom Cooper: los llamativos resultados del empleo de todoterrenos por parte del Frente Polisario y el ejército chadiano resultan de la adaptación de las tácticas tradicionales de los pueblos nómadas del desierto. Un tipo de incursión a larga distancia con un asalto final por sorpresa que en español conocemos como razzia y en algunos de los países donde se practicaba como rezzou. Las “Toyota Wars” son bastante conocidas, pero creo que hay muy poca información disponible sobre los aspectos militares del conflicto del Sáhara Occidental (1975-1991). Seguro que hay cosas interesantes que rescatar desde el punto de vista militar pero carecemos de bibliografía.

Hay una cosa que me llamó la atención del libro y me dejó una duda. En la página 24 aparece la foto de un technical pesado, un camión con un montaje antiaéreo ZPU-4 en Somalia. Esa misma foto la publiqué aquí en 2013.

Technical pesado somalí.

En 2013 yo identifiqué a simple vista el camión de la foto como un Pegaso de origen español. No era la primera vez que veía uno. Hay en Internet otras fotos de camiones Pegaso en Somalia usados como technicals pesados.

Camión Pegaso en Somalia con lo que parece un montaje antiaéreo doble M1939 de 37mm.

El camión de la foto anterior aparece identificado en el libro como un Unimog. A mí no me lo parece. Me parece que el vehículo de la foto tiene una batalla más larga que los Unimog, de los que no he encontrado ninguna foto siendo usado como technical en Somalia. Lo que no quiere decir que no existan esas fotos o que no fuera usado. A modo de curiosidad, encontré una referencia sobre la venta de camiones Pegaso en una revista académica de la Universidad Autónoma de Madrid. Alejandro Pozo Marín publicó el artículo “Los obstáculos en la construcción de un estado en Somalia” en el número 8 de la Revista Académica de Relaciones Internacionales, publicado en julio de 2008. En la página 13 aparece el siguiente texto en una nota al pie:

La empresa pública Enasa suministró en 1987 215 camiones militares Pegaso por valor de 1.235.000.000 ptas. para treinta años de amortización y diez de carencia y, en 1989, un número indeterminado pero significativo de otros vehículos (1.185.300.000 ptas., dieciséis años de amortización y cinco de carencia). SUBDIRECCIÓN GENERAL DE FOMENTO FINANCIERO DE LA EXPORTACIÓN, “Anexo. Los créditos FAD 1977-1994” en Boletín Económico del ICE, nº 2449, Ministerio de Comercio, Madrid, 27 de marzo – 2 de abril de 1995.

Pedí ayuda en Twitter para identificar el vehículo. Recibí tres respuestas. Pegaso 3045, 3046 y 3050. El primero es un modelo de 1969 con un perfil de cabina diferente. El tercero es de tres ejes y se había dejado de producir en los años 80, sustituido por el 3055. El segundo tiene un parecido más que notable si prestamos atención a detalles como el número de paneles del lateral de la caja.

Pegaso 3046.

Se trata de un modelo que se vendió a Egipto, pero cuando se habían entregado 10.500 unidades hubo problemas con el pago y la empresa se encontró con 2.500 camiones. El gobierno español los ofreció a bajo precio a las administraciones locales para ser transformados en camión para bomberos forestales. Se exportó además a Perú y Somalia.

Para comparar, dos modelos del Unimog producidos en los 70 y 80.

Unimog 416.

 

Unimog 435, conocido militarmente como U 1300 L.

No creo que haga falta poner las dos fotos lado a lado y señalar los elementos similares entre el camión somalí y el Pegaso 3046, a la vez que señalo las diferencias con los Unimog. Pero creo que hemos identificado por al fin al technical pesado somalí.

Órdenes de extradición que las firma el diablo

La famosa euroorden (“Orden europea de detención y entrega” o European Arrest Warrant) contra el ex-presidente Carles Puigdemont convirtió a cada español en experto en derecho por unos días, según se pudo ver en los intensos debates en las redes sociales. El asunto hizo descubrir a más de uno que las órdenes de extradición no se atienden automáticamente, sino que el país receptor las tiene que estudiar. Y si bien estoy seguro más de alguno estará lamentando que la justicia alemana no envió automáticamente al ex-presidente Puigdemont esposado y con un lazo de vuelta a España, si uno mira cómo operan países con sistemas judiciales de dudosa reputación no puede más que agradecer que las órdenes de extradición sean respondidas tras su estudio sosegado.

En España tenemos varios casos notables. Hamza Yalçin y Doğan Akhanlı, ambos intelectuales turcos exiliados desde hace años en Europa, fueron detenidos en España durante el verano de 2017 por ser reclamados desde la Turquía de Erdoğan. Cuando la justicia española revisó los casos se encontró que, por ejemplo, a uno de ellos se le atribuía pertenencia a grupo terrorista por un artículo publicado en una revista. Los delitos de los que se les acusaba se podían resumir en ser intelectuales incómodos para el poder en Turquía, lo que allí se viste de vinculación con grupos terroristas. Finalmente fueron liberados, no sin la controversia de que dos órdenes de búsqueda y captura sustentadas en acusaciones exageradas e incompatibles con el derecho europeo hubieran llegado tan lejos.

Otro caso notable es el del empresario español Pablo Botella Carretero, que era directivo de un banco venezolano allá por 2009 y al que le pilló una de esas campañas gubernamentales de “¡exprópiese!”. Así, fueron nacionalizados los bancos Central Banco Universal, Baninvest Banca Inversión, Banco Real, Confederado, Bolívar, ProVivienda y Canarias de Venezuela. El destino de estos bancos al ser nacionalizados fue desaparecer o integrarse en un grupo de banca pública. Y cómo no, la excusa para la nacionalización fue que en todos ellos se dio fraude y la corrupción. El gobierno venezolano lanzó entonces órdenes de captura internacional vía Interpol, las llamadas “notificaciones rojas”, para nueve directivos de bancos. Entre ellos estaba Pablo Botella Carretero. Cuando la orden llegó a España y se pidió el expediente del caso para estudiar la posible extradición la causa se desvaneció en el aire. Como dio cuenta el profesor de derecho Douglas McNabb, la “notificación roja” contra Pablo Botella Carretero fue retirada el 23 de junio de 2011.

Así que imaginen que las órdenes de extradición se ejecutaran automáticamente. Carles Puigdemont sí estaría en una cárcel española, pero España habría entregado intelectuales disidentes a la Turquía de Erdoğan y un empresario español estaría en una cárcel venezolana por un caso a todas luces fraudulento. Y, ¿a que no adivinan qué país usa y abusa de las “notificaciones rojas” de Interpol contra personajes molestos? La Rusia de Putin. Todo esto lo conté con detalle en un artículo para Letras Libres titulado “Cómo las dictaduras usan Interpol para perseguir disidentes”.

Su franquismo diario, gracias

Me crucé recientemente con dos artículos del diario Público que trataban algún aspecto del franquismo y la Historia de España que hablan más del estado del periodismo español que del franquismo.

El primero informa que, a día de hoy, el gobierno alemán sigue pagando a veteranos, viudas y huérfanos de la División Azul, la unidad de voluntarios españoles que combatió con el ejército alemán en el Frente del Este durante la Segunda Guerra Mundial. El asunto se hizo público tras una pregunta parlamentaria de un diputado alemán. La División Azul es un tema histórico controvertido, porque al fin y al cabo esa división de voluntarios participó en una campaña militar donde se cometieron crímenes abominables. Véase mi reseña del monumental Tierras de sangre de Timothy Snyder. Ese es un aspecto que los nostálgicos del franquismo y muchos interesados en la historia militar tienden a obviar. Es más, suelen enfatizar no quiénes eran los aliados de España, sino sus enemigos: la Unión Soviética de Stalin. Sobre sus atrocidades véase igualmente Tierras de Sangre. Dicho lo cual, el comportamiento de aquellos voluntarios españoles no tuvo nada que ver con el de las tropas alemanas.

La noticia de Público se titula “Alemania aún paga más de 100.000 euros anuales a exmiembros y familiares de la División Azul”. Y en ella encontramos esta joya:

Según los datos aportados ahora por el Gobierno de Alemania un total de 47.000 españoles lucharon en la División Azul junto a las tropas de Adolf Hitler. Después de disolverse este batallón, en marzo/abril de 1944, uno de sus batallones se quedó en Ucrania luchando contra partisanos de Yugoslavia incorporándose a finales de 1944 a las SS hitlerianas y participando en las batallas de Berlín.

El autor, Alejandro Torrús, se ha hecho un lío. Dice “después de disolverse este batallón” para hablar de la División Azul. Si el nombre lo dice, División Azul, ¿de dónde saca que era un batallón? La unidad que sucedió a la División Azul, fue la Legión Azul, de entidad regimiento y que luchó en el sector norte del frente oriental, no en Ucrania. Por supuesto lo de “partisanos de Yugoslavia” en Ucrania deja la duda de si se trata un error de Geografía o de Historia. Por último, hay que decir que tras la retirada de la Legión Azul hubo combatientes españoles que decidieron luchar en las filas alemanas, integrándose junto a otros no alemanes en las Waffen SS. Pero fue una decisión personal y ya no estaban bajo disciplina militar española.

La batalla de Krasny Bor, según Ferrer Dalmau, de la que se cumplió recientemente el 75º aniversario.

El segundo artículo de Público lo firma Jaime Noguera y se titula “Cuando Mussolini propuso a Franco unir a Italia, Francia, Portugal y España en un ‘Bloque Latino’”. Para variar, el tema es algo que desconocía. Pero está escrito en un tono informal pretendidamente gracioso. Hay dos párrafos que dan idea del tono y fondo del artículo:

Primero, tocaba hablar con el cortaba el bacalao (kabeljau en aleman) de las alianzas en la Europa continental. En octubre de 1940, Adolf Hitler viajó a Hendaya, en la frontera hispano-francesa, para reunirse con Franco y  proponerle la formación de una alianza junto a Italia y la Francia de Vichy para que los dos países latinos apoyasen a Italia contra los británicos en el Mar Mediterráneo. Franco estaba seguro de la pronta victoria de su admirado Führer y se le hacía el culo Pepsi-cola por entrar en la guerra de la mano del vencedor. A ver si así podía rascar algo.

Sin embargo, a Hitler le dio gatillazo la interminable lista de necesidades que el amigo Paco exigia para poder meter a una arrasada España en la guerra, en la que solo faltaba una Playstation. El dictador nazi prefirió dejarse de intentar amigar a sus mamporreros y pensó que era mejor que Franco se dedicase a mantener a España controladita, no le fuese a salir igual de chungo en las cosas de la guerra como Mussolini.

Si Franco realmente quería entrar en la Segunda Guerra Mundial o no es algo que he visto discutido bastante. Supongo que algún historiador conocerá la situación del debate actualmente. Pero la frase que me llamó la atención es esa de que a Franco “se le hacía el culo Pepsi-cola por entrar en la guerra de la mano del vencedor”. Es cosa mía, pero eso de hacerse el graciosillo a costa de Franco, más de 40 años después de muerto, tiene un aire de algo de “mirad las cosas que digo de un dictador, qué valiente soy”. Como si alguien pusiera a parir al matón de barrio en la barra de bar sabiendo que se está comiendo años en el talego y no allí para partirte la cara. La virtud de ser antifranquista cuando no tiene mérito ni coste serlo.

Supongo que el autor del primer artículo podrá excusarse que se armó un lío en lo que no es más que un breve aporte histórico, mientras que el autor del segundo artículo dirá que el tono ligero es comprensible en un artículo de divulgación histórica. La forma en él lo es todo. Así que otra vez nos encontramos con eso de “¿qué importa si el artículo tiene errores si la intención es buena?” Es un asunto al que tengo que volver una y otra vez. Supongo que tenemos los medios “alternativos” y “comprometidos” que nos merecemos.

Yo tengo la sensación de que últimamente tenemos a Franco hasta en la sopa, cuando resulta que hace poco alcanzamos el hito histórico de haber vivido bajo esta democracia constitucional (1978-2018) más tiempo que bajo el régimen de Franco (1936-1975). Yo creo que va siendo hora de desenterrar las fosas comunes de una vez para empezar a mirar más hacia el futuro.

Menudos aliados de la clase obrera

Leí hace poco en alguna parte que está bien fiarse del instinto para desconfiar de alguien o algo pero no de los buenos presentimientos. Por lo visto gracias a la evolución nuestro cerebro es capaz de captar cosas que no cuadran y dan mala espina, aunque no seamos capaces de explicar la desazón. Me pasa algo parecido con personajes, hechos o incluso ideas. Algo me dice que no me fíe. Que hay algo más. Y a veces pasa bastante tiempo hasta que se hace evidente que había trampa. Pero esa sensación siempre estuvo ahí.

El otro día salió a la luz que uno de esos revolucionarios de salón que pululan con cierto éxito por Twitter coleccionaba relaciones con adolescentes que habían quedado deslumbradas por su verbo florido, su compromiso político y su aura de estrella de las redes sociales. Después de que la primera venció la vergüenza de ser tomada como una adolescente crédula que había hecho el idiota con un hombre mayor que ella, la cosa pudo haber quedado como un asunto privado con diferentes interpretaciones. Pero entonces apareció una segunda chica y resultó que era una práctica habitual del personaje y no un episodio puntual eso de tratar a menores como elementos desechables y practicar sexo no seguro en serie.

Y ahí me encajó todo. Porque en su momento le había dado vueltas a la aparición de este tipo de personajes que te sueltan un chascarrillo sobre la corrupción del PP, luego te hacen un comentario sarcástico defendiendo tesis conspirativas sobre el 11-S y por último te ponen un comentario pretendidamente emocionado en el aniversario de la muerte de algún dictador. La única explicación que encontré es que se trataba de pura pose. En una Europa aburrida donde han muerto las utopías, ser de izquierda radical ha quedado como un patrón de consumo cultural y por tanto de identidad. Pero me faltaba un elemento. No se trataba de épater le bourgeois, que ahora recicla y hace turismo solidario, sino de deslumbrar a adolescentes. “Me alegro que te gusten mis tuits riéndome de la monarquía. Send nudes“.

No me fío un pelo de todos estos personajes cuyo tema favorito es que en España vivimos bajo un régimen autoritario pero su ideal de democracia es una dictadura lejana en el tiempo o el espacio. No me fío nada de toda esa gente que te dice que “todo patriota es un idiota” o el “patriotismo es el último refugio de los canallas” pero se retrata exultante al lado de una bandera que no es la de su D.N.I. Y no me fío de todos esos que quieren romper el tablero y luego descubres en su biografía “hijo de”. Por eso nunca entenderán por qué para mí fue un hito poder vender mis análisis al IBEX 35. Ellos supongo lo verían como algo deleznable. Pero esa es la diferencia. Yo soy un chico canario de clase obrera que estudió en la universidad pública, hizo horas extras como un idiota en un back-office y cobró una mierda durante años por un artículo. Cobrar del IBEX 35 significó darle un respiro a mis padres y poder ser optimista de cara al futuro, cuando me toque a mí cuidar de ellos. Esa es mi revolución. Darle un respiro a mis padres llegando a fin de mes. Los otros son “aliados”. Send nudes.

 

Al periodismo activista se le empieza a ver las grietas

Llevaba tiempo con una sensación de que había algo intrínsecamente malo en esa convergencia del periodismo activista con las ONG. Mi impresión, tras años destripando artículos erróneos y tendenciosos sobre el conflicto palestino-israelí, es que en el fondo a la gente le importa un pito la calidad periodística cuando la causa le parece justa. Lo importante para muchos es la buena intención porque hay un público que quiere ver sus prejuicios confirmados por los medios. Es una batalla perdida en ese aspecto.

El otro día comenté aquí un artículo de un periodista que es activista en una organización propalestina y hablaba de esa misma organización en el artículo. ¿Dónde terminaba el periodismo y donde empezaba la publicidad de la organización? Estoy acostumbrado a ver en la prensa anglosajona aclaraciones en las reseñas de productos culturales, como libros y películas, en las que el autor advierte al lector que se trata de un lanzamiento de otra empresa del mismo grupo empresarial. He visto publicaciones on-line donde se analizan productos electrónicos que advierten cuando se trata de un préstamo temporal del fabricante para elaborar el artículo y se enlaza a un página donde el lector puede informarse sobre la política del medio respecto a las relaciones con las marcas. Mientras que en prensa y en televisión estamos acostumbrados desde hace años que se especifique cuando estamos ante un publirreportaje y no a una información convencional. Sin embargo, de un tiempo a esta parte estamos acostumbrados a que ONG con proyectos humanitarios en países lejanos paguen viajes a periodistas para que publiquen reportajes sobre su labor allí y no recuerdo haber leído nunca a nadie advertir al respecto. ¿Afecta a la calidad del periodismo esa relación?

Recordemos el caso de las ONG que fletaron barcos para rescatar a las personas que llegaban desde Libia a las islas italianas en medios muy precarios. Recuerdo que empezaron diciendo que estaban allí para rescatar a los refugiados que se ahogaban en el Mediterráneo. Un día leí en la página web de GEFIRA que en realidad las ONG estaban trasladando migrantes desde las costas italianas. En mi cabeza GEFIRA sonaba a PEGIDA, la organización xenófoba alemana, por lo que no le presté atención. Tiempo después me encontré un tuit de la Guardia Civil anunciando que habían rescatado a “1065 personas en embarcaciones a la deriva junto a las costas de Libia”. Así que se me ocurrió mirar en páginas de navegación marítima que ofrecen la posición actualizada de los buques que transmiten su posición vía el sistema AIS. Y allí me los encontré, los buques de las ONG muy juntos y pegados a la costa libia. Empecé a tirar del hilo y encontré vídeos donde se veía el transbordo de migrantes desde las embarcaciones de las mafias a los “buques de rescate” de las ONG, que luego los desembarcaban en territorio italiano bajo la excusa de que eran náufragos rescatados en alta mar. Encontré que el efecto llamada generado por el puente marítimo creado entre Libia y Europa estaba atrayendo a migrantes desde sitios tan lejanos como Bangladesh. Conté mis hallazgos sobre el asunto el pasado verano en Una bomba de relojería en el Mediterráneo.

Hace poco, Jordi Évole tuiteó sobre la actividad de Pro Activa Arms, una empresa de socorristas reconvertida en ONG que recoge gente en el Mediterráneo, y afirmó “sigue Europa sin hacer nada”. Évole había mostrado su trabajo en un reportaje que le valió un premio. En realidad, como refleja que una patrullero de altura de la Guardia Civil estuviera en las costas de Libia, hay toda una operación europea en marcha. Hasta las propias cifras de las ONGs reflejan que mucho más de la mitad de las personas rescatadas en el Mediterráneo lo son por los medios desplegados por la Unión Europea. La oficina de prensa de de la Representación de la Comisión Europea en España contestó a Évole con un hilo en Twitter.

La cuestión es, ¿quién quiere escarbar la mierda de cooperantes internacionales y periodistas-activistas si son los nuevos misioneros de la era laica, admirados y glorificados? Pues ha estallado el escándalo. The Times de Londres ha desvelado que el director de Oxfam en Haití y otros responsables de la organización montaron orgías con prostitutas en un ambiente persistente de acoso sexual a las trabajadoras. Tras esa noticia, ha aparecido que el comportamiento de los directivos de la ONG en lugares como Bangladesh, Filipinas y Nepal no fue nada ejemplar: alojamientos en hoteles de lujo, acoso sexual, apropiación de los méritos de otras ONGs ante los medios, etc. Resulta, que el acoso y las agresiones sexuales entre los trabajadores humanitarios es un problema extendido.

Una de las mesas redondas sobre “Periodismo Comprometido” de Oxfam en España.

Como siempre que salen a la luz estas cosas, aparece en las redes sociales gente contando que todo esto ya se sabía. Pero claro, ¿quién estaba dispuesto a sacar los trapos sucios de las ONG en los medios? Las propias ONG presionaban a sus trabajadoras para que cerraran la boca porque el potencial escándalo podría arruinar su reputación ante el público y cortarse el flujo de donaciones. Los periodistas no querían contar nada porque su conciencia sensible y solidaria les llamaba a no perjudicar la reputación de las ONG, sabiendo que la gente metería a todas en el mismo saco. Me recuerda el caso de una activista europea propalestina a la que le pidieron que no contara algo malo que le había pasado en uno de esos viajes solidarios porque eso “le hace el juego a Israel”. ¿Cuántas cosas verán los periodistas comprometidos y callarán porque no encaja en su agenda política? El periodismo activismo termina siendo activismo pero no periodismo.