“The Handbook of 5GW” de Daniel H. Abbott (editor)

Hubo un tiempo, ya lejano en que todo aquel que aspiraba a ser alguien en Internet tenía un blog. Los debates transcurrían entonces de forma pausada como un flujo de publicaciones y réplicas de blog a blog. El libro que reseño hoy aquí es fruto de uno de aquellos debates, mantenido entre 2003 y 2008.

Como pude comprobar cuando escribí mi libro y traté de reciclar entradas de blog, el cambio de formato requiere un buen trabajo de adaptación. Y en este libro pesa demasiado que los textos originales fueron escritos para ser publicados en Internet. Algunos otros detalles, como un título suelto al final de la página 205, demuestran que estamos ante una publicación algo amateur. Y siendo un libro colectivo, hubiera requerido un trabajo más intenso de edición para darle coherencia al resultado.

Detalles de forma aparte, lo relevante del libro es que sus especulaciones sobre el futuro de la guerra son relevantes en el momento presente, como veremos. Confieso que compré la versión en formato tan pronto el libro salió al mercado, leí algunos capítulos y no le volví a prestar atención hasta hace poco. El problema, por tanto, de las ideas planteadas es que fueron demasiado adelantadas a su tiempo.

El libro toma como punto de partida el modelo de generaciones de guerra planteado por William S. Lind en 1989 y que tuvo su momento de gloria durante los años duros de la ocupación estadounidense en Iraq (2003-2011). Cómo no, el concepto de Guerras de Cuarta Generación (4GW) fue abrazado en España con el furor del converso. Eso sí, nadie se molestó en leer y comprender a William S. Lind en España.

William S. Lind es un paleoconservador estadounidense y uno de los autores intelectuales del concepto de guerra de maniobra aplicada a las operaciones anfibias en Estados Unidos allá por los años 80. En octubre de 1989 publicó junto con varios militares como coautores un artículo en la Marine Corps Gazette especulando sobre el futuro de la guerra: “The Changing Face of War: Into the Fourth Generation”. El planteamiento de Lind era que, desde la firma de la Paz de Westphalia en 1648 y la consolidación del Estado-Nación como actor fundamental del panorama internacional, las guerras habían evolucionado en sucesivas generaciones.

La Primera Generación se había caracterizado por la concentración de fuerzas que chocaban en el campo de batalla, con su máxima expresión en las Guerras Napoleónicas. Factores fundamentales de esta generación eran el orden y la disciplina para mantener la cohesión de las formaciones, de ahí que a día de hoy la instrucción de orden cerrado se considera algo intrínseco en la vida militar.

La Segunda Generación fue, como las siguientes, una respuesta a la anterior. La característica de esta generación es la aplicación de la potencia de fuego mediante ametralladoras y artillería que hacía imposible ya las masas compactas de soldados. Esta generación de guerras fue posible por la Segunda Revolución Industrial. En los textos de Lind podemos encontrar repetidamente la crítica de que las fuerzas armadas estadounidenses quedaron mentalmente atascadas en esta generación, al entender que la solución a cualquier problema es la aplicación de potencia de fuego para pulverizar al enemigo bajo toneladas de explosivos.

La Tercera Generación se caracteriza por la guerra de maniobra y surgió como respuesta al estancamiento del campo de batalla en la Primera Guerra Mundial. El objetivo de la Tercera Generación es lograr la derrota del enemigo logrando avanzar hacia la retaguardia del dispositivo defensivo para romper su cohesión. Su manifestación más célebre es la “guerra relámpago” alemana (Blitzkrieg) en las primera fases de la Segunda Guerra Mundial. Pero no debemos olvidar que tuvo también su contrapartida en el bando soviético con el concepto de “operación profunda”.

La Cuarta Generación (4GW) aleja el centro de la acción de la primera línea de frente. El objetivo es socavar la legitimidad del Estado y lograr que una sociedad retire su apoyo a una guerra. El artículo original de Lind et. al. en 1989 presentaba dos enfoques, una perspectiva centrada en la tecnología y otra en las ideas. Además, ya entonces dedicó un epígrafe al terrorismo.

El 11-S y la ocupación estadounidense de Iraq (2003-2011) centraron todo el debate en los actores no estatales y los movimientos insurgentes, aunque el propio Lind se encargaría en uno de sus artículos de señalar que era un error equiparar las Guerras de Cuarta Generación con meras guerras de insurgencia.

El principal problema que siempre le vi al modelo de Lind era que no aportaba ninguna explicación histórica al cambio. Unas generaciones ponían el énfasis en el plano táctico, otra en el operacional y otra en el plano estratégico. Los críticos más acérrimos señalaban además que ejemplos de los modelos guerra descritos en cada generación habían tenido lugar en diferentes momentos históricos.

Los autores del libro proponen superar estos problemas del modelo cambiando el concepto de Generación por Grados o Gradientes para así llegar al concepto 5GW, teniendo en cuenta como cada paso supone una reducción de la intensidad de la violencia, donde la diferencia entre una operación militar y un asesinato político es muy fina.

Con una multiplicidad de autores, tenemos también multiplicidad de enfoques. El primero parte de la premisa de que cada generación o grado es una superación del anterior, por lo que la reflexión sobre el concepto 5GW es cómo derrotar a actores no estatales que socavan la legitimidad del Estado, como son redes de insurgentes y organizaciones criminales. Las ideas planteadas en el libro van desde la aniquilación del tejido social a la alteración del entorno social a través de las acciones clásicas de contrainsurgencia como servicios sociales y comunicación. Recordemos que las publicaciones de blog originales que dieron lugar al libro tenían lugar en el contexto de los años duros de la ocupación estadounidense de Iraq. En aquel entonces, los frutos del “surge” y de la nueva doctrina de contrainsurgencia estabn por ver.

Este primer enfoque me parece el más pobre. Algunos de los autores interpretan el concepto 5GW como una simple evolución de fenómenos que podemos identificar con las Guerras Posmodernas. Encontramos así un capítulo de David Axe, autor del blog War is Boring, que habla de piratería en Somalia. También encontramos un capítulo que habla del caso de un barrio pobre de Chicago azotado por la delincuencia y el narcotráfico que terminó demolido y su población reubicada. La sensación que queda es de una falta de conexión entre las ideas de los distintos autores. Y es que como ya dije antes hubiera hecho falta una labor más intensa de coordinación y edición.

El otro enfoque sobre el concepto 5GW es el que me parece más interesante. Y leído el libro en 2020 adquiere un significado completamente diferente a cuando lo empecé a leer la primera vez. Este segundo enfoque conecta las cinco generaciones o gradientes de William S. Lind con el bucle OODA de John Boyd (hablé de él aquí en este blog en 2006).

observación → orientación → decisión → actuar

El coronel John Boyd fue un piloto de caza y personaje singular cuyas ideas han sido referente para un buen número de pensadores destacados. Por ejemplo, encontramos referencias a él en el artículo original de William S. Lind sobre Guerras de Cuarta Generación de 1989 y también en el primer artículo donde John Arquilla y David Ronfeldt plantean el concepto “Netwar” en 1993.

Este segundo enfoque plantea que cada generación o gradiente profundiza en el bucle desde “actuar” a “observación”. Así, los dos primeros tratan de anular la capacidad de acción del contrario simplemente destruyendo sus fuerzas o la guerra de maniobra (3GW) trata de anular la capacidad de decisión del contrario al saturar al comandante enemigo rompiendo la cohesión de sus defensas. Y así, el concepto 5GW consistiría en alterar la capacidad del contrario de observar la realidad.

El concepto 5GW se trataría entonces de “una teoría emergente de guerra basada en la manipulación de múltiples fuerzas económicas, políticas, sociales y militares en múltiples dominios” (Adam Herring, pág. 206) y también de una “guerra moral y cultural” donde se combate “manipulando las percepciones y alterando el contexto por el que el mundo es percibido” (Shanne Deichman, pág. 12), de tal forma que “tu enemigo te combate con una forma de guerra que no sólo no ves, sino lo que es peor, en la que no crees” (L. C. Rees, pág. 28). Y así, una Guerra de 5ª Generación o del 5º Gradiente “ejecutada brillantemente podría implicar un lado ignorando que había una guerra” (Daniel Abbott, pág. 180).

Las operaciones militares dentro del concepto 5GW consisten en la “manipulación del contexto de las observaciones de los actores en un conflicto o confrontación con el propósito de lograr un cambio de posición específico o lograr un efecto específico” (Adam Herring, pág. 73). Esta manipulación podría tener como objetivo una población para que “desee la derrota del país o al menos pueda ser persuadida para actuar de una forma que lleve a la derrota de ese país” (Curtis Gale Weeks, pág. 227).

Esta ideas son las que parecen más interesantes del libro y las que hacen el concepto 5GW realmente potente. Supone entender la guerra de información como una forma de guerra en un continuo que comienza en el uso de la violencia, lo que anula la distinción de guerra y paz. Algo, que por cierto, aparece perfectamente asumido en la doctrina rusa de guerra de información.

Esa idea de operaciones de información para alterar la percepción de la realidad y lograr que la población enemiga realice acciones que logre la derrota de su país encaja perfectamente con lo que hemos vivido en Occidente desde 2013. Primero con las campañas de desinformación que anularon la voluntad de Occidente de intervenir en Siria (véase al respecto lo que escribí hace poco sobre la  construcción de narrativas en torno al Estado Islámico), y posiblemente luego en sucesivas citas electorales.  Algo de lo que todavía no tenemos toda la información, pero de lo que al menos sabemos fue ensayado para apoyar la elección de un presidente aislacionista en Estados Unidos.

Hay que señalar que no he encontrado trabajos posteriores significativos en torno al concepto 5GW. Y algunos de los blogs de los autores participantes han sido abandonados o han desaparecido. Me temo que las ideas que ellos plantearon en el ya lejano periodo 2003-2008 resultaron demasiado adelantadas a su tiempo. Como suele suceder, el péndulo se ha movido. Y ahora tenemos una explosión de libros y artículos sobre desinformación, propaganda y manipulación de redes sociales. Esa, espero, será una de mis líneas de trabajo en 2020.

“Op Banner: An Analysis of military operations in Northern Ireland” del estado mayor del ejército británico.

Usé, como marco teórico, ideas y modelos sobre insurgencias en mis dos textos más importantes sobre la crisis catalana:  “El 1 de octubre en Cataluña y las Guerras de Cuarta Generación” (05/10/2017) sobre los acontecimientos del 1 de octubre de 2017 a la luz de las ideas de William S. Lind y “El independentismo catalán falló el 21-D” (25/12/2018) sobre el intento de colapsar las redes de comunicaciones viarias de la región el 21 de diciembre de 2018 a la luz del modelo teorizado por John Robb en su blog Global Guerrillas en 2004 y desarrollado luego en su libro Brave New War. Así que me llamó mucho la atención encontrarme en el portal informativo catalán Vilaweb un informe del estado mayor del ejército británico sobre el despliegue y operaciones militares en Irlanda del Norte (1969-2007), la llamada Operación BANNER.

 

La actual situación de Cataluña, e incluso la del País Vasco en sus años más duros, no puede compararse con el conflicto de Irlanda del Norte por una larga lista de razones. Pero la lucha contrainsurgencia es un asunto que me llamó la atención desde los comienzos de este blog. Y un informe así es relevante por el ejercicio de evaluación autocrítica y transparencia que supone. Me gustaría leer un informe equivalente sobre el papel de España en lugares como Afganistán, Iraq, Mali, etc.

El informe aparece fechado en julio de 2006 y fue hecho público al año siguiente. Lo más interesante en él, obviamente, son las conclusiones del capítulo 8. Pero arranca haciendo una descripción del territorio y los actores implicados, lo que sirve de introducción para aquellos no familiarizados con las claves del conflicto.

La idea principal del informe es que el ejército británico careció de una estrategia coherente durante su despliegue en Irlanda del Norte. Su principal actividad fue allí fue mantener puestos de observación, establecer controles de carreteras (permanentes y temporales) y patrullar las calles. Las particularidades de estas operaciones, que son las que el imaginario colectivo asocia a Irlanda del Norte, son descritas con detalle. Pero todas estas actividades nunca fueron encuadradas en un gran plan que respondiera a objetivos estratégicos y operacionales. Según el informe, “hubo una falta de sentido de propósito a largo plazo, planeado y sistemático durante la mayor parte de la campaña” (párrafo 536) ya que “un plan de campaña debería integrar actividades estratégicas, operaciones y tácticas”, trasladando las intenciones del escalón de mando superior a “misiones coherentes para los subordinados en cada nivel” (párrafo 816). Además, se echó en falta una mejor coordinación con las fuerzas policiales y la existencia de un mando único, que no necesariamente hubo de ser militar. Curiosamente el texto usa un término en español: se echó en falta un “supremo” (párrafos 817 y 852).

La falta de un plan coherente en sus distintos niveles táctico, operacional y estratégico no se achaca a la falta de capacidad del mando, sino al contexto histórico. No se veía entonces la conexión entre las acciones y un plan coherente al nivel operacional (Párrafo 414). El informe recuerda que el concepto Preparación de Inteligencia del Campo de Batalla (Intelligence Preparation of the Battlefield) no apareció hasta los años 90 y que el concepto de Enfoque Integral (Comprehensive Approach) había aparecido poco antes de la redacción del informe). Al final, el resultado de la campaña respondió más que otra cosa al buen juicio y quehacer de los profesionales al mando en Irlanda del Norte [Párrafo 410). El informe señala también que muchas innovaciones tácticas en Irlanda del Norte, como por ejemplo el procedimiento de búsqueda de artefactos explosivos, fueron siempre idea de unos pocos jóvenes oficiales (párrafo 846).

Una de las ideas más interesantes del informe es cómo explica la naturaleza de las insurgencias. Según el informe “una insurgencia se alimenta de la insastisfacción y la insatisfacción se basa en la percepción”. A su vez, la percepción se enmarca en una cultura (párrafo 821). De ahí que una importante necesidad en una campaña de insurgencia es entender la cultura local y cómo se articulan los agravios percibidos, reales o no. Según el informe, la etapa fundamental que define el conflicto es su comienzo: la “violencia en las primeras etapas crea amargura, odio y visiones extremistas que pueden durar generaciones” (párrafo 802).

Foto: Chris Steele-Perkins / Magnum (vía The New Yorker)

En el caso de Irlanda del Norte, se señala que una estrategia efectiva hubiera sido atender las necesidades de la población local en materia de vivienda. Por ejemplo, proporcionar mejores viviendas a la población hacinada en viviendas sociales de la era victoriana. El informe llega a afirmar que hubiera sido más efectivo demoler el complejo Divis Flats y asignar una nueva vivienda a sus habitantes que emplear todos los recursos que se gastaron en patrullar y pacificar ese complejo de viviendas.

Si las percepciones articulan el conflictos, las operaciones de información se convierten en un arma fundamental. Así que otra conclusión principal de mi lectura del informe es que en una insurgencia, información e inteligencia resultan los asuntos cruciales. De hecho, a finales de los años setenta, uno de cada ocho militares regulares británicos sirviendo en Irlanda del Norte “estaba directamente implicado en inteligencia” (párrafo 503). Además se destaca el papel de los asesores científicos (SCIAD) que ayudaron enfrentar amenazas como la de artefactos explosivos caseros accionados a distancia (párrafos 707 a 711).

Es interesante que el informe no entra a debatir con profundidad si Irlanda del Norte fue una campaña victoriosa o no. Se trata de un informe para entender cómo el ejército realizó su misión y qué aspectos de ello fueron mejorables. El informe señala que las fuerzas de seguridad no pueden ganar a una insurgencia por sí mismas mediante campañas militares. Sólo pueden reducir el nivel de violencia a un nivel en el que la vida cotidiana puede desarrollarse sin intimidación y en el que las fuerzas opositoras asumen que no pueden ganar con una estrategia violenta (párrafo 809). Así, “la violencia fue reducida a un grado que le dejó claro al PIRA que no podría vencer mediante la violencia” (párrafo 855).

El informe me ha parecido bastante interesante. Y durante su lectura uno no puede dejar de hacer comparaciones con las misiones presentes de las fuerzas armadas españolas, donde encontramos una enorme rotación de personal y una brecha cultural con las poblaciones locales. El propio informe señala lo difícil que es trasladar lecciones de un conflicto a otro. Y cómo siempre se han de desarrollar soluciones adaptadas a las circunstancias locales. Es irónico pensar que la experiencia británica en Irlanda del Norte le proporcionó al ejército británico un elevado prestigio en materia de guerra irregular, a lo que había que sumar la experiencia de las small wars británicas previas (Malasia, Chipre, Omán,  etc), para concluir en Iraq y Afganistán con lo que los varios autores denominan como derrotas. Véase por ejemplo: Ministry of Defeat: The British War in Iraq 2003-2009 y Unwinnable: Britain’s War in Afghanistan, 2001–2014. Y que conste, dudo que un escrutinio a la experiencia española en ambos países resista el mínimo análisis. De ahí que sólo cabe aplaudir esta clase de ejercicios de autoevaluación.

Las Guerras Toyotas según el teniente coronel Frías Sánchez

Una de las ventajas de escribir para el público español es que uno encuentra un tema relevante, se duerme en los laureles y no viene nadie a pisártelo porque somos cuatro gatos en el mundo de la seguridad y defensa. Pero hay excepciones.

El tema de las “Guerras Toyota” del Chad (1986-1987) me fascinó desde que leí sobre ellas, recién derrotadas las tropas libias, en el suplemento dominical Antena Semanal que acompañaba al Diario de Avisos, el periódico local que se leía en casa. Muchos años después, me encontré un montón de información en un artículo de Tom Cooper en acig.info, que luego terminaría volcada en el libro Libyan Air Wars. Part 3: 1986–1989. Y de ahí, nuevamente a un artículo de Tom Cooper en la revista del ejército austriaco en 2009 titulado “45 years of Wars and Insurgencias in Chad“. Esas y otras lecturas me sirvieron de inspiración para escribir “Swarming en el desierto” allá por 2011 o más recientemente “De la guerra nómada en los océanos de área del Sahel a la guerra en red” en 2018. Mientras tanto, tuve la idea de volcar todo eso en papel en artículo para la revista Ejército del Ejército de Tierra. Pero he ahí que mientras todos esos proyectos dormían en el disco duro, alguien se me adelantó: el tenientel coronel Carlos Javier Frías Sánchez [nota: en fecha posterior a la publicación de sus artículos he visto que ha ascendido a coronel]. Y nada menos que con dos artículos.

Soldados chadianos en la batalla de Fada (enero 1987). (Photo by Raphael GAILLARDE/Gamma-Rapho via Getty Images)

El artículo “La guerra de los Toyota” fue publicado en la revista Ejército nº906 de octubre de 2016.. Fue merecedor del premio al mejor artículo en los premios “Revista Ejército” de 2017. Arranca narrando el ataque chadiano sobre la base libia de Fada el 2 de enero de 1987 y comparándolo con el ataque contra la base de AMISOM en El Adde del 13 de enero de 2016.

A partir de ahí, el artículo explica las Guerras Toyota hablando de movilidad y potencia de fuego, el carácter nómada de las fuerzas y el empleo de tácticas de swarming: la dispersión durante la fase de acercamiento del objetivo para concentrase sólo antes del ataque. El teniente coronel Frías Sánchez menciona que “emplean el terreno como los navíos el mar”, una comparación hecha ya entonces por Lawrence de Arabia, y menciona también los “ataques de decapitación”, aunque sin nombrar el concepto de “rezzou” o “razzia”. Llegados a este punto el artículo no habla ya de “Guerras Toyota” sino de “fuerzas Toyota” para referirse a cualquier conflicto donde se usen vehículos todoterrenos con armas colectivas en la caja trasera. Esto es, los “technicals”.

Y es que estaríamos hablando de dos cosas. Una cosa son las tácticas de guerra nómada, con largos raids a través del desierto del Sáhara o la sabana del Sahel como Chad y Sudán. Y otra cosa es el empleo extendido de todoterrenos civiles con armas colectivas a modo de Fire Support Vehicle. En cualquier caso, el artículo habla de la extensión del uso de vehículos todoterreno 4×4 armados a Mali, Sudán, Somalia y República Centroafricana.

El artículo termina con una reflexión sobre la relevancia de este tipo de tácticas, poniendo como ejemplos la toma del poder en República Centroafricana por parte de la fuerzas rebeldes en 2013 y la rendición negociada de fuerzas sudafricanas el 23 de marzo de 2013 en Bangui. A partir de ahí se pregunta si las fuerzas ligeras que los países europeos están instruyendo en lugares como Mali, República Centroafricana y Somalia para establecer guarniciones y proteger el territorio son las más adecuadas para enfrentarse a las “fuerzas Toyota”.

El segundo artículo del teniente coronel se titula “El tiburón en el mar: los Toyota en el desierto” y fue publicado por la revista Ejército en su número 935 de marzo de 2019. El artículo arranca diferenciando el empleo de “fuerzas Toyota” en lugares como Chad y Mali con su uso en lugares como Kenia y República Centroafricana.

Mercenarios en la Crisis del Congo (1967). Foto vía Reddit.

El artículo no lo menciona, pero el empleo de todoterrenos con armas colectivas no fue algo novedoso en África con la guerra del Chad. Antes de las Toyota Wars, tuvieron lugar los grandes raids del Frente Polisario a finales de los años 70. Y antes de eso, los mercenarios europeos emplearon vehículos Jeep Willys en el Congo en los años 60. Así que su presente uso en lugares tan diferentes como las arenas del norte de Mali, las zonas de sabana de Somalia o el bosque tropical de la República Centroafricana tuvieron antecedentes décadas atrás.

Este segundo artículo vuelve a presentar una caracterización de las “fuerzas Toyota” y de los ejércitos africanos. El planteamiento del teniente coronel Frías Sánchez es que la organización de los ejércitos africanos a imagen y semejanza de los europeos es un error ante la circunstancias locales, ahondando en lo presentado en el artículo anterior. Da bastante que pensar en el caso de Mali.

A continuación habla de la guerra en el desierto y toma las lecciones recogidas por el general alemán Alfred Toppe en una obra publicada por el ejército estadounidense en Desert Warfare: German Experiences in World War II. Llega a la conclusión de que las “fuerzas Toyota” cumplen las recomendaciones y lecciones presentadas por el general Toppe.

Por último, el segundo artículo del teniente coronel Frías Sánchez trata de recoger las flaquezas de las “fuerzas Toyota” con el propósito de poder combatirlas más efizcamente.  A saber:

  • vulnerabilidad ante el poder aéreo
  • vulnerabilidad en el desierto ante los sensores SAR
  • armas de menor alcance que las de los ejércitos regulares (cañones de carro, misiles anticarro, artillería, etc)
  • logística limitada
  • capacidades defensivas limitadas
Sistema SLAR instalado en el lateral de un C-130 marroquí. Foto: Keith C. Svendsen.

Curiosamente el caso del Frente Polisario es mencionado por primera vez en estos dos artículos para hablar del muro construido por Marruecos en el Sáhara Occidental, como ejemplo de estrategia para frenar a las “fuerzas Toyota”. La última recomendación del teniente coronel Frías Sánchez es “la adopción de tácticas ofensivas contra este tipo de fuerzas” y “desarrollar una doctrina específica de combate en el Sahel”.  Así, merece la pena ver a las fuerzas francesas en Níger montadas en Toyota Land Cruiser serie 70 en la frontera de Níger y Mali.

Los dos artículos, que enlacé más arriba, son altamente recomendables. Hay que alegrarse que haya militares españoles que se animen a escribir fuera de los temas habituales y autocomplacientes, animando a hacer una autocrítica de la labor europea en África. Yo por mi parte, veo que todavía merece la pena terminar aquel artículo específico sobre las Guerras Toyota (1987-1988) en Chad que tengo guardado en el disco duro. Y veo que merece la pena ahondar en el estudio de la experiencia histórica del Frente Polisario, que fue anterior a la chadiana y que vemos que en España está pendiente de abordar seriamente desde la historia militar.

“Fauda”, de la segunda a la tercera temporada

Hacer una reseña de la segunda temporada de “Fauda”, la serie de televisión israelí, es una de esas cosas que se me quedó pendiente. Pero luego pasó tanto tiempo desde su estreno en Netflix España que dejó de ser un asunto novedoso y terminé por decidir no escribir al respecto. Sin embargo, este verano llegaron noticias de la tercera temporada. Así que tengo una buena excusa para hablar sobre ella.

Los protagonistas de “Fauda” son los miembros de una unidad militar israelí que trabaja de incógnito en poblaciones palestinas. En el mundo real existen unidades así, tanto en las fuerzas armadas como en la policía de Israel, donde se conocen como unidades “mista’arvim” (“arabizadas” o “que viven entre los árabes”). Y al menos se conoce la existencia de la unidad militar 212 (“Duvdevan”) que opera en Cisjordania.

La primera temporada (aquí mi reseña y aquí la reseña de Eli Cohen) arrancaba con Doran Kavilio, un antiguo miembro de la unidad viviendo con su familia y tratando de sacar adelante una explotación agrícola. Un día le visita un antiguo compañero para contarle que un famoso terrorista de HAMAS, al que se daba por muerto, no sólo está vivo sino que se tiene información de que pretende acudir a la boda de su hermano. Doran se reincorpora a su antigua unidad para una sola misión, que desencadena la espiral de acontecimientos que ocupa toda la primera temporada.

La serie resultó un éxito porque, al contrario de las típica ficción estadounidense, aquí los árabes no eran personajes bidimensionales. La trama mostraba los dos lados de la historia, con personajes palestinos interesantes dotados de motivaciones y trasfondo. De hecho, por lo visto, la serie, ha tenido bastante éxito en países árabes de Oriente Medio como Emiratos Árabes Unidos. Un detalle menor pero importante, por ejemplo, es que unos y otros personajes hablan en sus lenguas nativas. No tenemos, como es costumbre, a personajes árabes hablando con mucho acento de forma caricaturesca. Así que mi recomendación, cómo no, es que se hace imprescindible ver la serie en versión original.

El éxito internacional de la primera temporada de “Fauda” llevó, cómo no, a la producción de una segunda temporada (aquí la reseña de Eli Cohen). Y aquí volvimos a la misma trama argumental. El hijo de uno de los personajes palestinos muertos en la primera temporada vuelve de Siria con ganas de venganza y la intención de crear una célula del Estado Islámico en Cisjordania para organizar un atentado terrorista con muchas víctimas civiles. Nuevamente Doran Kavilio se verá atrapado en una espiral de muertes y violencia que hará que su vida no vuelva a ser la misma.

La segunda temporada tiene todo lo que hizo destacable a la primera. Los israelíes no aparecen retratados como ángeles, vemos torturas y el fin siempre justificando los medios. Los palestinos son personajes complejos. Vemos los equilibrios a los que juegan los miembros de la Autoridad Palestina, los chanchullos asociados a toda lucha armada y a personas que quieren llevar una vida normal ajenos al conflicto. Esa violencia genera una espiral sin fin en la que cada acción genera una reacción y vuelve a iniciar el ciclo.

Sin embargo, esa trama principal en torno a un “súper terrorista” palestino me pareció que cómodamente repetía la fórmula de la primera temporada y me dejaba con la pregunta de cuántas veces la serie iba a contar la misma historia. La respuesta la tenemos en la tercera temporada, que transcurrirá en Gaza y augura novedades.

“Brexit: The Uncivil War” (2019)

“Brexit: The Uncivil War” es una película británica producida para televisión, ofrecida en España por HBO, que cuenta los entresijos de la campaña a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea en su fase final antes del referéndum del BREXIT. Los personajes principales son todos reales y el protagonista es Dominic Cummins, un asesor político interpretado por Benedict Cumberbatch. La construcción del personaje la hemos visto antes: un genio prepotente, arrogante y deslenguado que se sale con la suya. La motivación de Cummins no queda del todo clara. Da la impresión que al personaje le estimula más poder aplicar nuevas ideas en una campaña política, la que sea, que la convicción ideológica.

Cummins sueña con hackear el sistema y dar un gran puñetazo en la mesa del viejo orden político británico. Para ello opta no apelar a la razón, sino a las emociones. Su reto es convertir en algo rompedor el mensaje de abandonar la Unión Europea, que era defendido por los elementos más rancios de la derecha conservadora británica, para hacer frente al mensaje cosmopolita y abierto de la campaña proeuropea.

La película presenta a Cummins captando las preocupaciones de la gente en encuentros informales en bares, en oposición a los tradicionales grupos de discusión de la campaña a favor de la permanencia. Y concluye que hay un malestar de fondo en la sociedad británica por las transformaciones provocadas por la globalización. Así que se marca como objetivo no tratar de llegar a los votantes tradicionales, que están muy polarizados en posiciones inamovibles, sino a la masa desencantada de la política y que nunca vota. Para ello cuenta con el servicio de la startup canadiense AggregateIQ, que le ofrece una base de datos detallada de usuarios de Facebook en la que se han identificado a tres millones de ciudadanos británicos que no votan. Como novedad, Cummins decide gastar un porcentaje elevado del dinero de la campaña en publicidad en Internet muy segmentada con medias verdades y exageraciones, como la llegada de decenas de millones de inmigrantes en una próxima incorporación de Turquía a la Unión Europea.

Da la impresión en la película de que Cummins no estaba muy convencido de que la campaña a favor del BREXIT fuera a tener éxito y que para él el referéndum iba a servir de toque de atención a la clase política, así que era lícito usar toda clase de artimañas. Como si en el fondo el referéndum del BREXIT fuera una enorme prueba de concepto que añadir a su C.V. para aspirar a un trabajo importante. Se le presenta como alguien deseoso sobre todo de demostrar su valía intelectual ante un establishment político que le despreciaba. Al final aparece superado por el resultado de sus acciones. La combinación de Big Data y desinformación resulta una combinación letal para la democracia. De hecho, en la realidad Domimic Cummins se mantuvo alejado de la política después del referéndum. Pero no por mucho tiempo. Es el jefe de gabinete del primer ministro Boris Jonhson.

La película es entretenida. La interpretación de Benedict Cumberbatch nos recuerda a su papel del moderno Sherlock Holmes de la BBC. Y el tema es bastante interesante. De hecho, tengo por ahí un borrador de 2017 con una recopilación de enlaces para una entrada de blog que nunca escribí sobre la otra empresa de Big Data con la que Cummins trabajó: Cambridge Analytica. Pero con esta película me pasa últimamente como con cualquier ficción basada en la realidad. No puedo dejar de pensar cuántas simplificaciones y exageraciones han realizado los guionistas para adaptar la historia al formato en cuestión y presentar una moraleja adaptada al pensamiento mayoritario del momento. La construcción de narrativas donde la versión de ficción se impone sobre la realidad también es un fenómeno contemporáneo a añadir a los temas que trata esta película. En cualquier caso, siempre nos quedará cotejar libros de memorias e investigaciones periodísticas.

“Showdown in Western Sahara” de Tom Cooper & Albert Grandolini

La editorial Helion Books abrió brecha en el terreno de la historia militar con su colección Africa@War, que ya suma más de 30 títulos y luego se extendió a colecciones con temas de Europa, Iberoamérica, Oriente Medio y Asia. Me resulta de agradecer que una editorial asumiera el riesgo de publicar libros de historia militar sobre las Guerras Africanas, más allá del boom bibliográfico de los últimos años sobre las contrainsurgencias sudafricana y rodesiana. Sobre esta última, por cierto publiqué en la revista Ejército el artículo El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana (descargable aquí).

A mí personalmente llegó un momento en la vida que la obsesión por la historia militar de la Segunda Guerra Mundial y un puñado de temas más, de la que muchos aficionados no han salido, me resultó aburrida. Considero la historia militar un repositorio de experiencias al que acudir en busca de referencias y lecciones para el presente. Y considerando la que creo debe ser una seria preocupación estratégica de España por África, que está ahí lado, me parece sumamente relevante entender las guerras africanas. Véase así, previamente, en este blog ““¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?” (01/06/2015), Guerras Africanas (20/05/2019) y “Siguiendo con las guerras africanas” (09/08/2019).

Showdown in Western Sahara Volume 1. Air Warfare Over The Last African Colony, 1945-1975 es un título que ofrece más de lo que promete. No sé si porque los autores cuando idearon el título pensaban en que tendrían suficiente material sobre el papel histórico de la aviación militar en la historia del Sáhara Occidental entre 1945 y 1975 y luego encontraron que no. O bien porque una vez iniciaron el proyecto se encontraron con muchísimas cosas que les resultaron interesante y decidieron desbordar el título. La cuestión es que este libro trata en realidad de la aviación militar en Marruecos, Argelia, Mauritania y el Sáhara desde comienzos del siglo XX al año 1975. Esto significa que nos encontramos una historia de la aviación militar francesa y española en Marruecos desde sus inicios y su papel en la Guerra del Rif (1911-1927), para luego dar un salto a su papel en la Guerra de Ifni (1957-1958) y terminar con la aviación militar española en los últimos años de presencia española en el Sáhara Occidental. Pero también tenemos una historia del nacimiento de la aviación militar de Marruecos, Argelia y Mauritania, con su papel en hitos históricos como la Guerra de las Arenas (1963), el fallido golpe de estado en Marruecos de 1971 y el fallido magnicidio contra Hassan II en 1972, cuando viajaba a bordo de un Boeing 727. En medio, encontramos asuntos como la presencia del Strategic Air Command en Marruecos y las posteriores relaciones de ese país con la Unión Soviética, cuando jugó durante un tiempo a formar parte del bando antioccidental y se dotó de sistemas como el MiG-17 y el T-54.

Como todos los libros de las colecciones @War, este tiene 64 páginas y se presenta en tamaño DIN A4, formato que lo acerca en su apariencia a una revista. Pero a pesar de la profusión de fotos, mapas, tablas y las páginas centrales de perfiles de aviones se trata de un libro denso. Uno de los valores del libro es que los autores non son españoles y vemos aquí un relato desapasionado de la Guerra del Rif, con el uso de la aviación militar contra poblaciones civiles. O vemos las limitaciones de las fuerzas armadas españolas en la Guerra de Ifni, que no fueron meramente materiales sino también doctrinales en materias como el apoyo aéreo cercano. Pero lo verdaderamente interesante y novedoso para mí, obviamente, fue el relato del nacimiento de las fuerzas aéreas de Marruecos, Argelia y Mauritania. En el caso marroquí, los fallidos intentos de golpe de estado y magnicidio explicarían la desconfianza del trono hacia las fuerzas armadas del país, algo de lo que siempre leí pero nunca vi explicado.Y me pareció también bastante interesante el relato de ese período de tiempo en el que un Marruecos independiente fue cercano al bloque soviético y fue cliente de su industria de armamento.

Mención aparte merecen las tesis del libro que me resultaron novedosas: que desde España se apoyó el nacionalismo marroquí en el territorio del protectorado francés y que el Ejército de Liberación que provocó la Guerra de Ifni no tuvo el apoyo de recién nacido estado marroquí. En el primer caso no queda claro qué ganaba España con ello, más allá de malmeter contra Francia. Son la clase de hitos que se suman a la tolerancia a la actividad del OAS en España y que según algunos explicaría la posterior pasividad francesa contra ETA. Cierto o no, la cuestión es que este tipo de libros aportan tesis y puntos de vista que amplían la visión de las cosas.

Como conté hace poco, pregunté a uno de los coautores por la segunda parte. Abordará nuevamente sólo los aspectos de la aviación militar pero del período 1975-1991, centrándose en la Guerra del Sáhara. Esto es, el enfrentamiento de Marruecos y el Frente Polisario del que todavía está pendiente un buen relato desde la historia militar. Este par de libros además podría tener un spin-off con un libro específico sobre el Sáhara español en el período 1970-1976 y del que sería autor un servidor de ustedes. Pero desde luego ahora mismo no sé si tengo el tiempo y el ánimo para escribir esas 40.000 palabras en inglés.

“El paraguas balcánico” de Enrique Criado


Enrique Criado es un diplomático que regresó recientemente a España tras dar tumbos por medio mundo. Su último destino en el exterior fue la embajada de España en Sofía (Bulgaria). De esa experiencia surge el libro El paraguas balcánico: un paseo sin protocolos. El libro pudo conformarse con pertenecer al género de “expatriado le descubre a sus compatriotas un país exótico”, al que blogs y canales de Youtube ha dado nueva vida. Véase por ejemplo a Javiertzo y Lele en China. Pero El Paraguas Balcánico va mucho más allá del género por varios motivos.

Para empezar, su trabajo en la Embajada de España le dio al autor acceso a toda clase de personalidades relevantes, desde Simeón de Bulgaria a los deportistas y artistas españoles de paso por Sofía. Algunas de sus tareas allí, como el infructuoso intento de invitar a Sofía a Tzvetan Todorov, resultan de lo más interesantes. Así que no tenemos simplemente un libro al uso de cómo es la vida en Bulgaria, con la previsible sucesión de anécdotas sobre las diferencias gastronómicas o las formas de ocio. El libro va mucho más allá de todo eso, sin dejar de tener sus anécdotas y peripecias personales. Enrique Criado aprovechó su estancia en Bulgaria para conocer el país en numerosos desplazamientos. Pero sobre todo demuestra un interés en desentrañar el país a través de su literatura y de la mirada de los autores que pasaron por él.

El libro por tanto tiene un entramado similar a los de Robert D. Kaplan. Nos encontramos las observaciones sobre el terreno del autor, el punto de vista de los numerosos interlocutores locales y extranjeros, referencias históricas y referencias literarias. Eso sí. Se nota la profesión de diplomático del autor en la manera en que aborda los asuntos menos brillantes del país. Y también, diría yo, se nota la perspectiva de un español. Estoy seguro que un autor anglosajón se hubiera dejado llevado llevar por prejuicios orientalistas sobre atavismos balcánicos y esencialismos culturales para contarnos cómo nada ha cambiado en la región en 500, 150 ó 50 años por culpa de la huella otomana o el legado comunista. Pero los españoles que hemos vivido la transformación de nuestro país creo que andamos un tanto curados de espanto. Véase esos periodistas que explicaron los acontecimientos del 1 de octubre de 2017 en Cataluña con una España de pasiones profundas, flamenco, toros y olé.

Un asunto relevante en el libro es el empeño del autor por explorar la huella de los judíos sefardíes en Bulgaria, entre los que encontramos al publicista Luis Bassat o Isaac Carasso, fundador de Danone. El empeño lo tendrá presente en viajes a Israel y Georgia. Eso le lleva a abordar el tema del Holocausto en Bulgaria, país que salvó a sus judíos pero permitió que se convirtieran en víctimas de la maquinaria nazi los judíos de territorios entonces bajo su administración, como la actual Macedonia del Norte. Aquí se nota que el autor es diplomático, ofreciendo varios puntos de vista sobre la responsabilidad de las autoridades búlgaras en el contexto de las fuertes presiones sufridas desde Alemania. El interés de Enrique Criado por la suerte de los judíos sefardíes en Bulgaria no es casual. Una de sus tareas en Sofía fue las actividades que sacaron del olvido el papel del diplomático español Julio Palencia Tubau, que intercedió por los judíos búlgaros.

Mural en Sofía dedicado a Julio Palencia Tubau. Foto: Ministerio de Asuntos Exteriores.

Pero si hay algo que me ha gustado y que da sentido al título es que el libro no se limita a hablarnos de Bulgaria, porque resulta que Enrique Criado aprovechó el tiempo pasado en Bulgaria para moverse de aquí para allá, de Croacia a Georgia y de Ucrania a Israel. Cuenta al principio que alguien le había vendido las ventajas de trabajar en Sofía como un lugar que está cerca de sitios interesantes. Eso, nos explica, es un eufemismo que usan los diplomáticos españoles para hablar de destinos que son un auténtico muermo. En su caso no se trata de que Sofía y Bulgaria fueran un sitio aburrido. Sino que la ubicación del país como cruce de caminos hacía imposible resistir la tentación de viajar por los Balcanes.

Península Balcánica: mucho más que la antigua Yugoslavia. Imagen: Wikimedia.

En esto hay que recordar una cosa. En España se tienden a pensar sólo en los Balcanes occidentales cuando se habla de los Balcanes en general. Pero propiamente dicha, la Península Balcánica comprende los países de la antigua Yugoslavia, Albania, Grecia y Macedonia. Así que el libro nos ofrece las aventuras del autor por toda una serie de lugares que tenía en mente desde hace mucho para ser visitados: Kotor, Butrint, Ohrid, Mostar… Lo cual me ha generado tanta envidia como me ha hecho disfrutar del libro.

Así que el libro son en realidad dos. Por un lado, el libro de las peripecias de un diplomático español que trabaja en Bulgaria y por otro lado tenemos un libro de viajes sobre los Balcanes a los que se añade recorridos por Chipre, Moldavia, Ucrania, Israel y Georgia. Es de agradecer que las numerosas referencias a libros que aparecen en El Paraguas Balcánico vengan acompañadas de su pertinente referencia a la edición española que manejó el autor. Además, encontramos una sección de fotos y mapas. Eché en falta, o fue que no lo vi, uno o varios mapas que situaran los destinos del autor. Algunos lugares, como hice mención arriba, me resultaban familiares por mi deseo de conocerlos. Pero estoy seguro que el lector menos familiarizado con la región lo echará en falta también.

El libro me enganchó por lo ameno (no es el primero del autor). Es de destacar el bagaje de lecturas con el que el autor emprendió la tarea de hablarnos de Bulgaria y la región. También es de destacar su afán por recorrer lugares menos transitados. Por ejemplo, cuando visita Split y Dubrovnik se aloja en localidades menos masificadas. Y sobre todo mantiene todo el rato curiosidad por conocer lugares que ha descubierto primero en los libros o por escuchar la historia personal de sus interlocutores. Así que es de agradecer la aparición de libros así que aporte al público español una mirada diferente a los que la literatura anglosajona nos tiene acostumbrados.