Testigos de fiar

Estoy leyendo Siria, el país de las almas rotas. Los primeros capítulos se leen con angustia, sabiendo que las personas que cuentan sus miedos y anhelos al comienzo de las revueltas contra el régimen de Bashar Al Assad se encaminan hacia una tragedia inevitable. Algunos cuentan que quieren que Occidente intervenga y establezca una zona de exclusión aérea. Otros dicen que no quieren que caiga el régimen, que sólo quieren reformas y un alivio ante la crisis económica. Casi ninguno parece anticipar el abismo que los engullirá.

Según pasan las páginas, los episodios de represión violenta aumentan. Y la autora de esos primeros capítulos, Mónica G. Prieto, recoge testimonios sobre personas que desaparecen tras ser detenidas en controles de carreteras, personas que aparecen muertas al amanecer con signos de tortura y disparos de las fuerzas del régimen contra manifestaciones o poblaciones.

Un testimonio me llamó la atención. Alguien contaba de un fallecido por un “clavo” disparado por un carro de combate. Supongo que se refería a submuniciones tipo “flechette”. Me puse inmediatamente a buscar por curiosidad. Sé que se ha fabricado ese tipo de munición para carros de combate occidentales. Por ejemplo, proyectiles de 105mm. ¿Pero existe ese tipo de munición para los cañones habituales de los carros de combate de diseño soviético? No encontré nada al respecto, sólo referencias a una poco habitual munición antipersonal de 125mm. También he he decir que no dediqué mucho tiempo a ello. A lo mejor el testigo contó el caso de alguien que murió por un simple trozo de metralla alargado.

Me quedó la duda. ¿Hasta qué punto confían demasiado los periodistas en los “testimonios desgarradores” de testigos que entran en detalle sobre el tipo de arma empleado en un ataque que presenciaron? No me refiero a que esos ataques no existieran, sino a que los periodistas adornan sus crónicas con información que no recibe la suficiente acotación de testimonio no verificado.

El otro día un grupo palestino lanzó cohetes contra la población israelí de Sderot. Las Fuerzas de Defensa de Israel respondieron, como es habitual, atacando objetivos dentro de la Franja de Gaza. Al día siguiente me encontré que Isabel Pérez, colaboradora del diario español El Mundo y corresponsal de la cadena pública iraní HispanTV, contaba en Twitter que en el ataque israelí habían participado cazas invisibles al radar F-35i Adir. Me extrañó. Se trata de un proyecto de caza de 5ª Generación muy polémico por lo lento y problemático de su desarrollo que ha disparado el coste por unidad. Sólo recientemente la fuerza aérea estadounidense declaró la Initial Operational Capability del primer escuadrón de F-35A Lighting II, quince años después de la firma de contrato de fabricación. Así que, ¿cómo era posible que hubieran intervenido los F-35i israelíes? Resulta que sólo uno ha sido entregado y no ha abandonado todavía los Estados Unidos. Los primeros ejemplares aterrizarán en Israel a finales de este año y entrarán en servicio a finales del próximo. Encontré a muchos activistas difundiendo la noticia del ataque los F-35 en Twitter. Así que alguien puso en circulación una noticia sin fundamento que terminó siendo recogida por una periodista. Otra vez encontramos el problema de periodistas que cubren conflictos y no entienden de temas militares.

Isabel Pérez escribió una crónica de los acontecimientos para el diario digital español La Marea. Contó que tras el lanzamiento de un cohete por parte de un grupo diferente a HAMAS, Israel respondió con “50 bombardeos que llevó a cabo el Ejército israelí”. La palabra “bombardeo” se refiere al lanzamiento de bombas por parte de un aeronave. Así que ¿hablamos de 50 bombas caídas o de 50 ataques de aeronaves? Pero si se trató del ejército, estaríamos hablando entonces de ataques de artillería, mortero o incluso misil anticarro. Una frase confusa, sin duda. Pero me llamó la atención algo.

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Foto Isabel Pérez vía LaMarea.com

Cuenta Isabel Pérez en su crónica que hubo “ataques con artillería” que “cayeron horas previas a la serie de bombardeos nocturnos”. Y que una torre de agua fue, según testigos, “bombardeada desde un dron israelí”. La torre de agua aparece en la crónica en una foto de la propia Isabel Pérez. Vemos varios impactos en la estructura troncocónica superior y un enorme boquete en la base. Que resulta que ya estaban ahí. Aquí una foto de Gettyimages con fecha 19 de septiembre de 2015:

No se aprecia ningún impacto nuevo entre las dos imágenes. Así que la pregunta nuevamente es, ¿son fiables los testimonios de los testigos que cuentan detalles de un combate o un ataque? Sé que los testigos son el recurso más valioso de los periodistas, con sus “testimonios desgarradores”. ¿Pero no deberían aplicar los periodistas ciertas precauciones con sus fuentes? Porque con el afán de dar voz a las víctimas se termina dando por bueno versiones de los hechos ricas en detalles erróneos, producto de la ignorancia sobre cuestiones millitares o el afán de embellecer la historia para ganar la atención del periodista. No es algo tan diferente a las versiones confusas y contradictorias que recogen los periodistas después de cualquier incidente, sea un atraco o un accidente de tráfico. Pero aquí no hay informe policial o judicial con el que que contrastar luego. Así que las precauciones deberían ser mayores.

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La fundación Soros y su lista de tuiteros: una tormenta en un vaso de agua

Va a resultar que la mejor forma de desconfiar de las teorías conspirativas es estar en el meollo de una conspiración y ver cómo se construye la teoría.

Resulta que hace poco apareció una “misteriosa” web llamada DC Leaks donde se han difundido archivos de ordenador filtrados de la Open Society Foundation, creada y financiada por el multimillonario George Soros. DC Leaks, como WikiLeaks, dice luchar por una mayor calidad democrática exponiendo los tejemanejes de los poderosos. Pero justo como hace WikiLeaks, ¡mira tú qué casualidad!, sólo ha sacado a la luz documentos de personajes que son enemigos de Donald Trump y Vladimir Putin.

George Soros es judío, nació en Hungría y sobrevivió al Holocausto. Se hizo mundialmente famoso en 1992 cuando su Quantum Fund ganó una barbaridad de dinero “apostando” contra la libra esterlina (véase “Cómo George Soros tumbó la libra esterlina y ganó mil millones de dólares”). Yo lo mencioné en mi libro Guerras Posmodernas como un ejemplo de cómo en el actual orden internacional conviven los Estados-nación con actores no estatales igual de poderosos.

Resulta que tras la Segunda Guerra Mundial, Soro estudió filosofía en la London School of Economics y fue alumno de Karl Popper, autor de La sociedad abierta y sus enemigos. De ahí tomó Soros el nombre para su fundación, dedicada a defender la democracia liberal. En los años 90 se volcó en apoyar partidos políticos, movimientos sociales y ONGs en los antiguos países comunistas para enfrentarse a líderes de la vieja nomenklatura reciclados en demócratas o líderes con resabios autoritarios. Primero cayeron discretamente líderes, como Mečiar en EslovaquiaTuđman en Croacia. Pero el trabajo de la fundación se hizo célebre tras la caída de Milošević en Serbia y la Revolución Naranja en Ucrania (véase The New Cold War del periodista canadiense Mark MacKinnon). El problema es que cayeron dos gobiernos aliados geopolíticos de Rusia. Soros y Putin se convirtieron en enémigos acérrimos. Y Soros se convirtió en la bestia negra de comunistas y neonazis como la quintaesencia del judío cosmopolita liberal multimillonario, dedicado a la especulación financiera y a impulsar una agenda progresista.

Fundación Soros

Llegamos entonces a la filtración de documentos de la fundación. Se trata de un volcado de documentos internos en el que encontramos cosas como la imagen anterior. Es una captura de pantalla de un balance de gastos en proyectos en África usada para formación en Moldavia. También encontramos cosas como un informe de 2014 sobre una reunión del Committee to Protect Journalists sobre el clima enrarecido en el que trabajan los periodistas actualmente en Hungría. En alguna parte se mencionan proyectos para ayudar a la integración de inmigrantes somalíes y en otra una campaña contra la xenofobia en Cataluña [ahora no encuentro la referencia]. Y documentos sobre proyectos para describir el panorama mediático a favor y en contra de la “Nueva Ucrania” surgida del Maidán. Por ejemplo, este documento versa sobre esa clase de proyecto en Grecia. Dice al final de la “información de contexto”:

To date, there is no publicly available study or report that would map the different voices in the Greek debate on Ukraine. OSIFE  [Open Society Initiative for Europe] would like to fill in the void by commissioning a short paper to inform its own programming.

También tenemos un documento igual para España que dice lo mismo, que falta un informe que haga “un mapeo de  las diferentes voces en el debate español”. Y aparece también un documento de MS Word con dos listas de perfiles de Twitter de españoles que opinan y comentan sobre Ucrania: Una lista de tuiteros pro Kremlin y otra de tuiteros pro Kiev [disclaimer: mi perfil en Twitter sale el primero de los pro Kiev]. Y ahí estalló el follón.

Hubo a quien no le hizo gracia que le señalaran como partidario de un bando. Por ejemplo, Pablo González expresó su “decepción y preocupación” en su blog en el diario vasco Naiz.

 

Muchos otros de la lista son tuiteros anónimos. Forman parte de esa fauna de comunistas totalmente posicionados en la Nueva Guerra Fría que un día te explican la naturaleza defensiva del Muro de Berlín y otro día aplauden a Bashar Al Assad. Yo ya he hecho referencia a ellos, explicando su comportamiento por una especie de hipsterismo político que les lleva a ser más radicales que nadie en la búsqueda de ser la ultraminoría selecta. También hice un repaso a la versión distorsionada que uno de ellos daba sobre la invasión soviética de Afganistán. Ese lado de la tuiteresfera entró en ebullición. Llamaron a la lista de perfiles pro Kremlin como “lista negra” para referirse a ellos mismos como víctimas una persecución. El asunto ha pasado bastante desapercibido fuera de Twitter y ciertos círculos. Así contamos con la opinión del secretario general del PCPV-PCE. Los medios rusos, cómo no, con titulares como:

“Occidente lanza una caza de brujas contra las voces disidentes”

Un político en la lista de Soros denuncia la gravedad de ser señalado por sus opiniones.

Twitter responde a la “lista negra” de periodistas españoles de la Fundación Soros.

Estoy seguro de que esa clase de listas, con perfiles a favor y en contra, se hacen en todas partes, especialmente por cualquiera encargado de medios y comunicación de cualquier organización con una agenda. Yo me he hecho las mías propias sobre algunos temas porque considero importante no sólo leer a los que opinan como yo, sino leer a quienes opinan diametralmente opuesto. Aunque a veces sólo sea por las risas.

Hay un detalle relevante. En el documento con el listado de tuiteros españoles se puede identificar a los autores [disclaimer: son colegas míos]. Uno de ellos, Nicolás de Pedro, explicó su trabajo en VICE News.

“El trabajo consistió en un mapeo de los debates en España sobre el tema de Ucrania basado, exclusivamente, en lo que la gente pone en abierto en su cuenta de Twitter. Es decir: no sólo algo legal sino perfectamente legítimo y muy frecuente”, matiza el autor de la clasificación. “Cuando un usuario organiza una lista [en la misma red social] está haciendo lo mismo. Así que no tiene nada que ver ni con listas negras, sino con identificar qué ideas y narrativas dominaban y cuáles eran las cuentas más influyentes”.

Todo este asunto sólo ha servido para que alguno refuerce sus creencias de que vivimos en una falsa democracia controlada por fuerzas en la sombra y que al otro lado del Muro de Berlín en la RDA con la Stasi se vivía mucho mejor. Más risa produce que atribuyan a Podemos vínculos con Soros porque el documento propone contactar con los nuevos partidos europeos. Si hubo esos contactos, no tuvieron mucho éxito. La realidad es que las votaciones de Podemos en todo lo relacionado con Rusia y Ucrania en el Parlamento Europeo lo colocan en el mismo bloque pro Kremlin que partidos como el Front National, los comunistas griegos y AfD. Y en su programa electoral en las últimas elecciones proponían en el punto 327 “neutralizar” la OTAN en Europa del Este para además formar una alianza estratégica con Rusia. “El sueño eurosiberiano” del que habló el profesor Vestrynge en 1992. Pero seguro que para ser nostálgico de la RDA y pro Al Assad en pleno 2016 hay que estar hecho de una pasta especial: impermeable a la realidad.

[Nota final: Por mucho que encabezara la lista de los pro Kiev, nadie contactó conmigo para ofrecerme trabajo o alguna  remuneración por lanzar determinados mensajes. Ni siquiera sucedió que medios españoles contactaran conmigo para preguntarme mi opinión sobre Rusia o Ucrania. Paradójicamente, sí contactó conmigo Russia Today para salir en directo comentando la última cumbre de la OTAN].

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En torno a una entrevista al profesor José Luis Gordillo

El pasado fin de semana tuvo lugar en Varsovia la última cumbre de la OTAN. El lugar fue significativo. Allí se fundó en 1955 el tratado que constituyó la alianza militar de los países comunistas durante la Guerra Fría, más conocido como el Pacto de Varsovia. Rusia y el nuevo clima de relaciones con Occidente fueron evidentemente tema de fondo. Así que con motivo de la cumbre el diario La Marea entrevistó a Nicolás de Pedro (investigador del CIDOB) y también a José Luis Gordillo (profesor de Filosofía del Derecho  en la Universidad de Barcelona y miembro del Centre Delàs de Investigación por la Paz). Me llamó la atención la entrevista al segundo, por decirlo de alguna manera. Y tras expresarlo en Twitter,  Magda Bandera, directora de La Marea, me pidió que le señalara qué afirmaciones del profesor Gordillo son erróneas.

Aquí está la primera pregunta y la respuesta del profesor Gordillo. Las negritas son mías.

¿Es necesaria la OTAN hoy en día?
Preguntarse si la OTAN es necesaria es casi como preguntarse si el cambio climático es necesario. Es un problema que han provocado los propios seres humanos y que supone una grave amenaza para la humanidad. Se trata del único bloque militar que existe en el planeta y es el actor más agresivo y belicoso, la principal amenaza institucional a la paz y a la seguridad mundial. Sólo hace falta pensar en sus intervenciones en países como Iraq o Siria. Han provocado la mayor crisis migratoria desde la Segunda Guerra Mundial. Lo más importante es combatir esa amenaza, es decir, la OTAN debería disolverse.

La OTAN no es evidentemente la única alianza militar actualmente existen en el planeta. Este mismo año, se anunció la creación de la Alianza Militar Islámica para Luchar contra el Terrorismo con sede en Arabia Saudita. La alianza declaró su intención de luchar en “Iraq, Siria, Libia, Egipto y Afganistán”. Recordemos que las petromonarquías árabes se están mostrando cada vez más activas en la región del Gran Oriente Medio, tal como demuestras sus intervenciones militares en Yemen y Libia. (Para el caso de Emiratos Árabes Unidos, véase mi artículo “La emergencia de Emiratos”). Precisamente las petromonarquías árabes contaban no sólo con el Consejo de Cooperación del Golfo como organización regional, sino también la Fuerza Escudo de la Península como alianza militar. Esta último intervino en Qatar para sofocar la revuelta chií en 2011.

Podríamos seguir con otras organizaciones, hablé aquí una vez de los Five Power Defence Arrangements, pero basta saber que Rusia ha articulado las suyas, como la Organización de Cooperación de Shanghái, que se estrenó en 2007 con el ejercicio militar antiterrorista “Misión de Paz” donde los bombarderos estratégicos Tupolev Tu-22M realizaron un bombardeo en alfombra. El peculiar concepto de la organización sobre lo que es la lucha antiterrorista pudo verse en otros ejercicios, como el realizado en en 2014 donde la artillería rusa machacó objetivos con piezas de artillería autopropulsada 2S3 Akatsiya y lanzacohetes BM-21 Grad.

La OTAN ha realizado varias intervenciones militares con razones discutibles y resultados lamentables, pero ni Iraq ni Siria se encuentran entre ellos. La coalición militar que invadió Iraq en 2003 fue una coalición ad hoc en la que participaron con tropas sobre el terreno Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Polonia, mientras que países como Holanda y Dinamarca apoyaron la invasión pero no desplegaron tropas (Holanda aportó un submarino).

Tras la caída del régimen de Saddam Hussein se formó otra coalición ad hoc de países, la Multi-National Force – Iraq, formada por países tan diversos que fue bautizada como “la coalición de los que quieren” (“The coalition of the willing”). Países de Hispanoamérica como El Salvador y Honduras o países de Asia como Mongolia, Japón y Filipinas participaron en aquella coalición. Recordemos la anécdota del ministro Trillo gritando “¡Viva Honduras!” ante una formación de tropas de El Salvador.

Según la página web de la OTAN, hubo varias tareas asumidas por la organización. Una fue el despliegue de aviones de vigilancia aérea AWACS y sistemas de defensa antiaérea en Turquía (país OTAN cuyo parlamento no autorizó que la 4ª División de Infantería estadounidenses atravesara su territorio para invadir Iraq desde el norte) y la otra fue asistir al ejército polaco en la organización del cuartel general de una división multinacional. En mención aparte se cuenta la existencia de la NATO Training Mission-Iraq, que entrenó entre 2004 y 2011 a 5.000 soldados y 10.000 policías iraquíes, en un programa llevado a cabo por petición del gobierno de Iraq y cerrado en 2011 por la falta de un Acuerdo sobre el Status de la Fuerza (SOFA) con el país anfitrión. Curiosamente, en otro pregunta el profesor Gordillo afirma:

En Iraq la OTAN actuó después de la invasión para encargarse del entrenamiento de las fuerzas del nuevo régimen. Quien hizo la invasión fueron las potencias grandes de la OTAN, EEUU y Gran Bretaña.

Así que para el profesor Gordillo, la OTAN es intercambiable por Estados Unidos. Con lo cual, resulta que su crítica a la OTAN es en realidad una crítica al intervencionismo de Washington. Pero sigamos…

Igual que el en caso de la invasión de Iraq, la intervención estadounidense para luchar contra el Estado Islámico en Siria e Iraq, la Operación “Inherent Resolve”, se ha organizado como una alianza ad hoc creada en diciembre de 2014 y denominada en inglés como Global Coalition to Counter the Islamic State of Iraq and the Levant. Las misiones de bombardeo contra objetivos del Estado Islámico la han realizado aviones de países de la OTAN como Estados Unidos, Francia, y Canadá, pero también de países no OTAN como Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Australia. Otros países contribuyen a la coalición de diferente manera. Por ejemplo, España aporta una misión de entrenamiento para el ejército iraquí.

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Banderas de los países miembros de la coalición contra el Estado Islámico.

Por último el profesor Gordillo atribuye a las intervenciones de la OTAN en Siria e Iraq haber provocado la denominada “crisis migratoria en Europa”. Ya ha quedado claro que la OTAN no ha sido la organización que realizó la invasión de Iraq y llevó a cabo la ocupación posterior para luego volver a intervenir en la región contra el Estado Islámico. Y dejemos a un lado que las estadísticas de solicitantes de asilo registrados en la Unión Europa de 2015 muestran un peso considerable de las personas procedentes de países distintos a Siria e Iraq. Al fin y al cabo, son sólo datos de solicitudes de asilo, lo que nos haría pasar por alto aquellas personas con otro status. Así que tratemos de buscar, si es posible, datos de las razones declaradas por esas personas para abandonar el país.

Tenemos los resultados de una encuesta realizada en Turquía en un campamento de refugiados y publicada por The Washington Post en septiembre de 2015. A la pregunta multirespuesta de por qué abandonaron el país, un 43% respondió que la razón era que las fuerzas del régimen había ocupado su ciudad y un 32% respondió que debido a que las fuerzas del regimen había destruido sus hogares. Un 13% menciona a que los rebeldes habían ocupado su ciudad. Curiosamente no aparece el Estado Islámico y dudo que la encuesta lo incluya en la categoría rebelde. Una sola encuesta en un solo campamento no es estadísticamente relevante porque podría haber sesgos. Podría ser, por ejemplo, que todos los refugiados de ese campamento provengan de un lugar concreto de Siria y sus razones para huir del país sean las mismas. Podría buscar otras encuestas pero las que recuerdo leer sobre el tema apuntaban en la misma dirección. La principal razón para huir de los refugiados eran los ataques del régimen contra zonas pobladas en una estrategia de tierra quemada practicada desde el comienzo de la guerra civil (y que aún perdura con los ataques de la aviación rusa con bombas de racimo incendiarias).

Hay otra cuestión. ¿Por qué esos refugiados abandonaron Turquía y otro países para tratar de llegar a Europa? Melissa Fleming apunta en The Guardian a la restricción de derechos y el deterioro de las condiciones en las que vivían los refugiados. En el caso turco cabe preguntarse el papel del gobierno en ese éxodo cuando ha sido usado como herramienta de presión en sus negociaciones con la Unión Europea. Recordemos el fondo de ayuda de 3.000 millones de euros destinado a Turquía para hacerse cargo de los refugiados. Elizabeth Dickinson menciona en The Huffington Post que las razones para abandonar los campamentos de refugiados tiene que ver con la “fatiga de la ayuda”, tras años de conflicto en los que los refugiados han agotado sus recursos y han ido perdiendo sus redes de ayuda familiar. Stewart M. Patrick apuntaba ya en esa dirección en Newsweek cuando señalaba en 2014 los problemas que tenía el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas para financiar su programa de atención a los refugiados sirios. Podemos entender que a lo que se refería el profesor Gordillo era que la razón de origen de la existencia de refugiados sirios era la intervención de la OTAN allí. Así que no hace falta ahondar más en las causas de su desplazamiento hacia Europa una vez abandonado su país de origen.

Y llegados aquí resulta que sólo he dado réplica a la primera pregunta. Así que comentaré varias frases que me llamaron la atención.

“Rusia está defendiendo su espacio vital”
“Espacio vital” (Lebesnraum en alemán) es un concepto geopolítico acuñado por Karl Haushofer y asumido por el régimen nazi para justificar su expasión hacia el este. Aceptar que Rusia tiene un “espacio vital” es legitimar la naturaleza imperial de Rusia y pisotear los derechos de las naciones soberanas que la rodean.

“Cuando acabó la Guerra Fría, Bush padre prometió que la OTAN no avanzaría hacia el Este, que nunca se integraría en la organización a los países de la zona para que Rusia se sintiera segura”.
Es un cliché muy reptido.  El expresidente Mijail Gorbachov lo desmintió en una entrevista de un medio ruso.

“Hungría, Polonia… tienen gobiernos con mentalidad de extrema derecha, que viven en un mundo mental anclado en la Guerra Fría. Ven rojos e invasiones comunistas por todas partes. Polonia… tienen gobiernos con mentalidad de extrema derecha, que viven en un mundo mental anclado en la Guerra Fría. Ven rojos e invasiones comunistas por todas partes”.
Hungría es un mal ejemplo. Tiene un gobierno amigo del Kremlin. Más allá de la orientación política de algunos gobiernos, partimos de la base de que la anexión de Crimea fue la primera expansión por la fuerza de un país en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Así que es comprensible la paranoia de algunos países de Europa del Este, como las repúblicas bálticas, con una pequeña base demográfica y una minoría rusa (la defensa de las minorías ha sido mencionada como razón en Rusia para una intervención militar). Como dice el refrán “Que seas un paranoico no quiere decir que no te persigan”. A modo de  ejemplo, el ejercicio militar Zapad 99 realizado por Rusia y Bielorrusia escenficaba la supresión de una revuelta de la minoría étnica polaca en Bielorrusia e incluía un ataque nuclear contra Varsovia. En los ejercicios Zapad 2013 la aviación rusa simuló un ataque contra Estocolmo.

Pero la guerra de Ucrania sin el interés norteamericano nunca habría ocurrido.
Aquí me perdí. Repasemos los acontecimientos: Rusia invade Crimea. Rusia envía fuerzas especiales, contratistas y milicianos a Ucrania oriental para avivar un revuelta contra el gobierno central, lo que deriva en una guerra civil en la que Rusia termina enviando de forma encubierta a soldados y material militar de su ejército. Pero, la culpa es de Estados Unidos?.

Dice el profesor Gordillo que los gobiernos de Estados Unidos trataron de incluir a Ucrania en la OTAN, cuando la OTAN no incluyó al país en su Membership Action Plan a pesar de la solicitud hecha en 2008 por el gobierno ucraniano de entonces. Según el profesor Gordillo, la ampliación de la OTAN hacia Europa del Este fue impulsada por los sucesivos gobiernos estadounidenses, pasando por alto que fue resultado de la decisión voluntaria de países que habían sufrido invasiones soviéticas de entrar en la OTAN como garantía de su soberanía. Y que son hoy varios de esos países los que piden la presencia militar de la OTAN, presencia reducida en Europa por decisión de Obama en el contexto de su “Pivot to Asia”. Al profesor Gordillo le falta considerar eso que en ciencias sociales se llama “agencia”, la capacidad de tomar sus propias decisiones.

[…] El tema de la financiación del Estado Islámico, ¿quién le da las armas? Habría que dirigirse a Arabia Saudí y Turquía, dos estrechos aliados de los EEUU.
El profesor Gordillo confunde al Estado Islámico con los rebeldes sirios que reciben apoyo de Arabia Saudita. Esas armas que Arabia Saudita han sido repetidamente identificadas (desde los lanzagranadas croatas M79 OSA a los misiles portátiles tierra-aire FN-6 de fabricación china y probablemente comprados a Sudán). Es más el programa de entrega de misiles anticarro TOW pasa por un proceso de filtrado (vetting) llevado a cabo por la CIA.

La financiación externa del Estado Islámico ha sido siempre sobre estimada. Las armas que muestra el Estado Islámico en su propaganda y las que han sido capturadas a sus miembros nunca han provocado sorpresa por sus origen inusual. Son armas en dotación en el ejército sirio e iraquí, o entregadas a los rebeldes sirios y las fuerzas kurdas del norte de Iraq por terceros países. Es decir, el Estado Islámico se ha armado siempre con capturas a las fuerzas que combaten o tomada de almacenes y polvorines capturados, cosa de la que hay sobradas evidencias gracia a los vídeos que sus órganos de propaganda  producen. Esas capturas no han sido necesariamente por la fuerza, como fue el caso de desplome y huída de las divisones iraquíes que defendían Mosul.

Como ven, estas últimas frases que he comentado se tratan de una mezcla de datos que considero erróneos con opiniones que me parecen discutibles. Estas últimas en cuanto personales son respetables. Pero me queda la duda que el profesor Gordillo conozca la OTAN y su funcionamiento, con cada país yendo por libre e imponiendo limitaciones políticas al empleo de sus fuerzas (las famosas “caveats”). Por ejemplo, la intervención en Libia fue una iniciativa franco-británica a la que Obama se unió a regañadientes (Véase “Obama’s Way” y “The Obama’s Doctrine”). En Estados Unidos siempre se han quejado de que la OTAN es una jaula de grillos. La realidad es siempre más complicada.

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“The Edge: Is the Military Dominance of the West Coming to an End?” de Mark Urban

Mark Urban es un periodista británico, especialista en Oriente Medio y autor de libros de historia militar. Anteriormente leí y reseñé aquí el altamente recomendable Task Force Black. En este libro cambia de tercio y aborda una cuestión que concierne a la Nueva Guerra Fría, el declive militar de Occidente.

El libro parte de la enorme reducción de las fuerzas armadas europeas desde el fin de la Guerra Fría, con el ejemplo británico por delante, pero se pregunta si no se ha llegado a un punto en el que se han perdido ya demasiadas capacidades. Y que la premisa de que siempre estará ahí Estados Unidos para acudir al rescate de Europa puede que haya dejado de ser válida. La historia que cuenta de las fuerzas armadas europeas es tristemente familiar para el lector español. (Pronto trataré aquí el caso particular de España).

Urban cuestiona el lema de “más con menos” con el que se han justificado los sucesivos recortes. La idea es que unas fuerzas armadas más pequeñas alcanzarían unas mayores capacidades gracias a la tecnología avanzada. Pero los recortes han llegado también al presupuesto de municiones y al presupuesto para mantener los barcos, aviones y carros de combate. Así que la disponibilidad de estos últimos ha resultado ser reducida cuando llegó la hora de repartir tortas (Afganistán, Libia…) y el stock de bombas y misiles resultó escaso.

Por otro lado, la premisa de unas fuerzas armadas más pequeñas pero más tecnológicas se ha encontrado con el problema del desmadre presupuestario que han supuesto los sistemas de armas de última generación. Urban pone como ejemplo el caza de 5ª Generación F-22 Raptor y el bombardero invisible al radar B-2 Spirit. Destinados a sustituir a cientos de aviones construidos durante la Guerra Fría, del primero entraron en servicio 187 y del segundo 21. Urban plantea que tarde o temprano los arsenales heredados de la Guerra Fría se retiraran de servicio y Occidente se va a encontrar con pocas armas y escasos presupuestos para mantenerlas en un panorama internacional que ha cambiado, donde muchos países periféricos tienen ya sistemas avanzados, muchos de ellos vendidos por Occidente. Urban lanza la pregunta de qué pasaría si Egipto o Arabia Saudita cayeran en manos de enemigos de Occidente.

Más allá de las capacidades militares, Urban reflexiona sobre la disposición de las sociedades occidentales de apoyar el uso de la fuerza. Si el fenómeno ya había sido planteado por Edward Luttwak cuando habló de “sociedades postheroicas” allá por los 90, las intervenciones en Afganistán, Iraq y Libia han dejado a las opiniones públicas occidentales contrarias a las intervenciones armadas. Lo que tuvo consecuencias en el debate en 2013 sobre intervenir en Siria. Urban pone como contraste el caso de Rusia y su opinión pública, donde las intervenciones exteriores han supuesto un aumento de la popularidad de Vladimir Putin. Lo que lleva a la reflexión central del libro, sobre el fin del orden unipolar y la condición de híper-potencia que Estados Unidos mantuvo desde el fin de la Guerra Fría.

Sea China o Rusia, Occidente se encuentra en relación con potencias con un discurso nacionalista con toques revanchistas que tienen una concepción del uso de la fuerza diferente. Digamos, que no han llegado a la fase post-heroica (sería interesante, añado yo, el impacto de las bajas de guerra en un país con tanto hijo único como China). Sin entrar en el discurso del “choque de civilizaciones”, Urban plantea los valores distintos a Occidente con los que se maneja el resto del mundo. “El paradigma occidental parece cada vez menos relevante”, afirma Urban (pág. 120). La impotencia occidental dejará espacios vacíos que serán aprovechados por otras potencias. La reflexión que me deja el libro es pensar hasta que punto la falta de voluntad para pelear y la falta de recursos para hacerlo irá transformando la política exterior de los países occidentales.

Cuñados, comunistas y conspiranoicos

IndiesHipstersyGafapastas_150ppp-450x701Uno de los libros españoles más interesantes de los últimos años es Indies, hipsters y gafapastas: Crónica de una dominación cultural de Víctor Lenore, publicado en 2014. El punto de partida del libro es que hay una generación en España que ha visto sus expectativas vitales frustradas y ha experimentado un proceso de precarización laboral que les ha colocado en un nivel de ingresos cercano a las  clases bajas. Así que, careciendo de un nivel de vida que marque la diferencia, el consumo cultural se ha convertido en una fuente de distinción, en los términos de Pierre Bordieau. Presumir de ver series estadounidenses que no han llegado a España y acudir a festivales alternativos para escuchar a grupos minoritarios es un forma de mostrar que a pesar de que vives con cuatro duros estás a un mundo de distancia de los canis y las chonis que ven reality-shows y escuchan flamenquito.

Los licenciados universitarios de mi generación sobreviven con trabajos precarios o como freelances sin muchos ingresos, viven en casa de sus padres o pisos compartidos, viajan en low-cost, piratean películas y música en Internet… Los especialistas en marketing andan preocupados porque la generación que viene detrás, los milennials, no muestra interés por comprar casa y coche, dos antiguos rituales de paso a la vida adulta. Aunque no hay que darle muchas vueltas para plantearse, como hizo Daniel Seijo, si en realidad es que se trata de una generación que se ha resignado a que no se puede permitir ni casa en propiedad ni estrenar coche. Los hijos de la clase obrera y la clase media que fueron a la universidad en España asumen que ya no vivirán mejor que sus padres. Viven un proceso de reproletizarización. En España pasamos del mileurismo (término acuñado en 2005) al seiscientoseurismo en un mercado laboral que ya no volverá a ser el mismo tras la crisis.

El libro de Víctor Lenore trata de diseccionar ese elitismo cultural pedante de andar por casa (“Ay, por favor no me digas que ves las películas dobladas”, “bah, yo escuchaba ese grupo antes de que se volvieran comerciales, ahora son una mierda”, “¿las películas?, qué horror, las novelas son mucho mejor, yo las leí antes incluso que las publicaran en España”, etc) para ahondar en la construcción arbitraria de una alta y baja cultura popular, donde ciertas manifestaciones son despreciadas por barriobajeras, populacheras o propias de inmigrantes pero que hipsters y gafapastas consumen con gusto cuando han sido convenientemente recicladas por el artista blanco de turno, como en la parodia que hacían de Manu Chao en Muchachada Nui (“Veo lo que han hecho y lo que me gusta me lo quedo para mis discos. Eso se llama mestizaje”).

En este panorama, el primer síntoma del descontento que recuerdo fue la manifestación en Madrid “Por una vivienda digna” en mayo de 2005, a la que sólo acudieron entre 1.500 y 3.000 personas. Me pareció significativo entonces que lo que movió a la gente a salir de su casa no fue la falta de perspectivas vitales y la precariedad laboral, por no hablar de otras cuestiones que tienen un impacto enorme en la empleabilidad y las cualificaciones profesionales como la calidad de la educación en la universidad pública española. Pero ese tema ni siquiera ha sido relevante para el partido de izquierda de la Nueva Política™ que surge de ese mundo. Lo que movilizó entonces a la gente fue no poder cumplir su sueño de clase media, llamados a la acción bajo el lema “No vas a tener una casa en la puta vida”. Más tarde, de la convergencia del “No les votes” con los movimientos por la vivienda nacería el 15-M en 2011. La indefinición ideológica del 15-M reflejaba un mundo sin referentes ni utopías en una país con una baja afiliación a partidos políticos y sindicatos.

En su momento me causó mucha gracia que el 15-M pilló con el paso cambiado a muchos acomodados en su discurso de solitario resistente en una sociedad de borregos. Que la gente saliera en la calle les estropeaba su fantasía de que estamos viviendo en Matrix. Así que más de uno optó por buscar en el 15-M la oscura mano de una conspiración de las fuerzas globalistas y capitalistas. Aún peor fue la aparición de Podemos, que apareció en 2014 con propuestas que hacían un copia-pega del programa electoral de Izquierda Unida en las elecciones generales de 2011. La inquina de los viejos comunistas contra Podemos no era ideológica o programática. Era una mezcla de envidia, sorpresa e indignación porque un partido con ideas parecidas pero diferente presentación obtenía muchas más horas de televisión y más apoyo en las encuestas.

Hoy la militancia política ha dado paso al activismo en las redes sociales. Pero cuando todo el mundo tuitea y comparte en su muro eslóganes, memes políticos y llamadas a la acción, el valor de significarse políticamente cae. Se habla de política como se habla de películas, series de televisión y grupos de música. Y siempre habrá alguien necesitado de diferenciarse de la masa, por lo que el único modo de sentirse parte de un elitista vanguardia política es lanzar un discurso aún más radical. El Comité Invisible ya había constatado el fenómeno, del que dejó constancia en A nuestros amigos:

Poco se tarda en comprender que no están ocupados en construir una fuerza revolucionaria real, sino en mantener una carrera hacia la radicalidad que se basta a sí misma — y que se libra indiferentemente sobre el terreno de la acción directa, del feminismo o de la ecología. El pequeño terror que reina en ellos y que también en ellos vuelve todo el mundo tan rígido, no es el del partido bolchevique. Es más bien el de la moda, ese terror que nadie ejerce en nadie, pero que se aplica a todos. En estos  medios, se teme ya no ser radical, como se teme en otras partes ya no ser tendencia, guay o de moda.

Con el nicho de mercado del desafío al bipartidismo por la izquierda en manos de Podemos, para llamar la atención en la España de 2016 hay que decir algo realmente llamativo. Ya no basta defender la Revolución Bolivariana chavista o el Proyecto Nacional-Popular kirchnerista, cuando un partido inspirado en ambas tiene decenas de diputados y su líder pide la excarcelación de los presos de ETA o un referéndum en Cataluña. La búsqueda de la radicalidad epatante ha hecho aparecer en las redes sociales a apologistas de la RDA, Corea del Norte y la Siria de Bashar Al Assad.

Podría parecer que a estas alturas defender el “socialismo real” requiere de estómago. Pero el método no es complicado. Por ejemplo, cuando al español medio se le pregunta por sus fuentes sobre Corea del Norte apenas podrá mencionar algún documental de televisión o alguna información aparecida en los periódicos. Sobre Corea del Norte se publican un montón de noticias estrambóticas, así que no es tan difícil presentar al país como víctima de la desinformacción occidental. Luego está el socorrido truco de lanzar cifras y estadísticas para demostrar lo bien se vivía en los países comunistas. Un tipo de argumento equivalente al que emplean los defensores del Franquismo cuando enumeran las Viviendas de Protección Oficial construidas en España. La mirada nostálgica de comunistas y franquistas sobre cómo cualquier tiempo pasado fue mejor tiene trampa, porque también es fácil encontrar en Europa Occidental a personajes que miran con nostalgia el pasado. Lo que mucha gente mayor echa de menos es una época donde la vida era más “sencilla”, donde en cualquier barrio los vecinos se conocían por el nombre y la autoridad de los adultos se respetaba.

Otro argumento infalible y simple es retorcer la historia y los hechos. En septiembre de 2015 hice un breve repaso histórico a la invasión soviética de Afganistán, que alguien la relataba en Twitter como un acción de Moscú en auxilio de un aliado y para salvar la Revolución de Saur.  En realidad la invasión soviética sirvió para deponer al gobierno afgano, cuya ortodoxia revolucionaria alarmaba en Moscú y cuyas reformas habían provocado una revuelta armada en el país. Si añadimos como argumento las teorías conspirativas, tenemos la combinación perfecta de comunistas defendiendo a Bashar Al Assad, conspiranoicos hablando de cómo la CIA creó el Estado Islámico y cuñados explicando que todo lo que pasa en Siria tiene como principal explicación el petróleo. Son la clase de argumentos facilones que se expanden por las redes sociales bajo el principio de “si el río suena agua lleva”. Los bulos circulan y perviven por la enorme cantidad de tiempo y energía que hay que dedicar a desmontarlos. Alguna vez he pensando que el volumen de tonterías que circulan ahí fuera sobre Ucrania, Siria y el Estado Islámico darían para llenar un blog. Yo mantengo una lista de asuntos que quiero tratar aquí. Haré lo que pueda.

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Otros textos míos para seguir leyendo sobre el tema:

“La guerra de Siria y la conspiranoia antiamericana”,sobre todo lo que sabemos de los chapuceros planes para armar rebeldes en Siria.

“La hipsterización del dolor”, sobre las reacciones ante los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París.

“Las teorías conspirativas como fenómeno cultural de la Nueva Guerra Fría”.

Dejados atrás: De las milicias a Trump (Segunda parte)

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Foto: Reuters/Dominick Reuter. Vía Business Insider.

Donald Trump ha sido el gran femóneno de la primarias del Partido Republicano. Es como si las reglas clásicas de la política no se aplicaran con él. Ha dicho y hecho cosas que hubieran hundido la carrera de otros políticos en un ciclo electoral diferente. Queda ahora tan lejanas las primaras de 2004, cuando los gritos eufóricos de Howard Dean, aislados del sonido ambiente mientras el público gritaba, le hicieron parecer un demente y arruinaron su campaña. Hoy los votantes republicanos que apoyan a Donald Trump le perdonan o le justifican todo.

Aquí en Europa a los bien pensantes les encanta diseccionar el discurso simplón de Trump desde el supuesto refinamiento y sofisticación del viejo continente que nos distancia de Estados Unidos, explicando su auge como la típica fórmula de candidato populista que apela a los bajos instintos del electorado. Ya saben, ese estereotípico estadounidense con sobrepeso que no sabe situar países que son noticia en un mapa. La verdad, no creo que estemos en condiciones en Europa de dar lecciones al respecto, con un panorama político donde encontramos desde populismo de inspiración sudamericana a la ultraderecha xenófoba. Ni mucho menos de preguntarle al votante medio europeo que diga cuántos países forman la Unión Europea y los ubique en un mapa.

El fenómeno Trump ha generado en Estados Unidos un caudal interminable de columnas de opinión y ha ocupado horas y horas de televisión, desde los programas más sesudos a los inevitables momentos de humor de los late night shows. La mayoría de los análisis se centran en lo zafio y simplista de su mensaje. Como los titulares de que Trump habla con un inglés propio de un niño de 4º de primaria o 5º de primaria. Hace poco, Andersoon Cooper le reprochó a Trump que atacara a Ted Cruz tuiteando una foto que comparaba la mujer de ambos, a lo que Trump respondió “¡yo no empecé!”. Cooper le reprochó que la respuesta era digna de un niño de 5 años. Los medios se han centrado en esta clase de asuntos para resaltar el supuesto bajo nivel intelectual de Donald Trump, con la idea de resaltar lo inadecuado que es para el puesto de presidente de los Estados Unidos.

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Otros análisis se han centrado en el fondo de su discurso, lo que tiene al aparato del Partido Republicano bajo un ataque de pánico. Trump es un republicano atípico. En el debate con los otros candidatos republicanos en Carolina del Sur defendió frente a Ted Cruz la financiación pública de Planned Parenthood y criticó la invasión de Iraq frente a Jeb Bush.

Pero lo que ha puesto realmente nervioso al establishment republicano y a los expertos internacionales es el programa de política exterior de Donald Trump, que presentó hace unas semanas ante periodistas del Washington Post. Trump es un aislacionista de la vieja escuela que cuestiona la necesidad de la OTAN, además de un repliegue sobre las fronteras para dejar de defender lugares como Europa y Corea del Sur. Según Trump, la crisis de Ucrania es un problema europeo y responsabilidad de Alemania. Pero todos los comentarios sobre lo malo que sería Trump para el país o para el Partido Republicano no dan una explicación de por qué es popular. Las explicaciones las he encontrado en lugares atípicos.

Scott Adams es el dibujante de las tiras cómicas de Dilbert y anticipó en su blog en el verano de 2015 el éxito de Trump. Según Adams, Donald Trump tiene unas dotes persuasivas extraordinarias y que lo que parece a priori acciones estrambóticas propias de un payaso suelen tener un objetivo definido. Por ejemplo, todo el debate sobre lo nefasto que sería Donald Trump como presidente de los Estados Unidos es la constatación de que somos ya capaces de imaginarle como candidato victorioso, algo que no consiguió ningún otro candidato republicano. Nadie habla del hipotético presidente Kasich o del hipotético presidente Cruz. Adams ha dedicado bastante atención a la campaña de Trump en su blog, lo que le ha llevado a ser entrevistado en Fox News y en la CNN.

John Robb es el autor de blog Global Guerrillas y el libro homónimo. Según Robb, Donald Trump ha roto las reglas establecidas y la suya no es una campaña electoral sino una insurgencia. Se trata de un movimiento centrado en unas pocas ideas sobre a qué se opone y que resulta vago a la hora de definir las posiciones propias para no generar divisiones entre su base electoral. Después del Súper Martes, Robb llamó la atención a cómo el aparato del Partido Republicano se había lanzado contra Trump y anunció que ese día había nacido un nuevo grupo social, los technorati. Robb la describe como esa clase social cosmopolita y cualificada que ha prosperado con la globalización. Los encontramos en muchos países y tienen entre ellos más en común que con el resto de los habitantes de sus propios países. Porque frente a los technorati ha aparecido otra clase social, los “dejados atrás” (left behind). Es ese sector de la clase obrera cuyo nivel de vida ha empeorado con el paso de los años, sufrió la crisis y cuyos hijos no vivirán mejor. Son los trabajadores poco cualificados a los que tener un empleo no les permite salir de la pobreza y cuyas fotos empujando un carrito en Wal Mart luciendo sobrepeso y ropa hortera son objeto de burla en Internet. Son los recién licenciados universitarios aplastados por la losa de las deudas contraídas para pagar los carísimos estudios universitarios en EE.UU. y que se han encontrado el mercado de trabajo post-crisis. Estos últimos apoyan a Bernie Sanders. Los otros, a Donald Trump. Ambos candidatos han pulsado una cuerda emocional en el electorado hablando de economía y comercio. Y ambos son percibidos como candidatos anti establishment. Trump es un multi millonario. Pero, precisamente por ello, se presenta como alguien que se autofinancia la campaña electoral y no está sometido al juego de compra de voluntades de los lobbies y grupos de presión.

Trump ha prometido apretar las tuercas a las empresas estadounidenses para que traigan empleos de vuelta desde China y México. En los datos que recopilaba Roger Senserrich aparecía una encuesta en la que los votantes de Trump era el grupo de población considerado que en mayor medida creía (67%) que los tratados de comercio habían sido algo malo para Estados Unidos. Hay, por tanto, una masa de trabajadores estadounidenses preocupada por que su puesto de trabajo sea deslocalizado. El nivel de estudios, el nivel de paro en la zona y la pérdida de empleos en el sector manufacturero parecen ser buenos predictores estadísticos del apoyo electoral a Trump. Son factores parecidos a los que en la primera mitad de los años 90, la época en que se negoció el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, explicaron la aparición de milicias unidas por una perspectiva conspiranoica en zonas desindustrializadas de Estados Unidos. El descontento es el mismo pero esta vez ha sido canalizado por un político que promete devolver la gloria perdida por el país en el contexto de la Nueva Guerra Fría y el ascenso de China.

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com :

Dejados atrás: De las milicias a Trump, 1ª parte (14 marzo 2016)

Presidente Trump (2 marzo 2016)

Dejados atrás: De las milicias a Trump (Primera parte)

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En marzo de 1991, con la euforia tras la victoria militar en la Guerra del Golfo, el nivel de aprobación del presidente estadounidense George H. W. Bush alcanzó el 90%. Su reeleción al año siguiente parecía asegurada. Pero meses después de la guerra, en julio de 1991, la economía estadounidense entró en recesión. La economía se convirtió en un tema central de las elecciones de 1992. En el cuartel general de la campaña del aspirante demócrata Bill Clinton, el estratega político James Carville escribió en una pizarra tres frases que señalaban los tres temas en los que se tenía que incidir. El segundo era “The economy, stupid”. La frase se popularizó y transcendió al equipo de campaña como “It’s the economy, stupid”.

Bill Clinton ganó las elecciones y durante su presidencia apareció un nuevo femóneno, las milicias armadas. Al igual que las teorías conspiranoicas sobre Obama, el musulmán encubierto nacido en Kenia, en aquel momento surgió toda una literatura sobre el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial (NWO) en el que la soberanía estadounidense sería transferida a Naciones Unidas y al capital internacional. Se hablaba de bases secretas militares rusas en territorio estadounidense, helicópteros negros y hasta de campos de exterminio en las instalaciones de la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias (FEMA), encargada entre otras cosas  de asegurar la Continuidad de Operaciones y Continuidad del Gobierno. Sus poderes especiales al respecto la convirtió en objeto de teorías sobre un “gobierno paralelo” [*]. A modo de curiosidad, la serie de televisión “Expediente X” arrancó en septiembre de 1993, el año en que Bill Clinton asumió la presidencia de los Estados Unidos.

Manuel Castells le dedica un apartado en el segundo volumen de su monumental La Era de la Información a las milicias estadounidenses dentro de un capítulo dedicado a los “movimientos sociales contra el nuevo orden global”, que incluye también al Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Cuenta Castells, que si bien el sustrato en el que nacen las milicias son los grupos supremacistas blancos y su modern-militiaanticipación de una “guerra santa racial” (RAHOWA), no se puede acotar el movimiento como una simple manifestación de la ultraderecha racista. El repaso de las páginas webs de las milicias en aquel entonces mostraban que muchas estaban abiertas a miembros de ambos sexos y minorías étnicas. Castells no lo menciona, pero yo añadiría que una de las fuentes del fenómeno fue también el survivalismo, que ya Hollywood recogió en 1983 en The Survivors. En cuanto a política, la corriente que inspiró a las milicias es el libertarismo y su profunda desconfianza hacia el gobierno federal, junto con los valores “tradicionales” del conservadurismo cristiano evangelista y el rechazo al incipiente proceso de globalización económica. No en vano en el año 1993 se firmó el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) y el 1 de enero de 1994 entró en vigor, día en que se dio a conocer al mundo el EZLN.

El perfil típico del miembro de las milicias era el de un “varón blanco cabreado”. La proliferación del fenómeno, tanto en el interior rural del país como en las áreas metropolitanas, impedía calificarlo únicamente como una reacción conservadora de la América Profunda (véase “Los muchos Estados Unidos”, noviembre 2013). Castells atribuye la aparición del fenómeno, en parte,  a una masculinidad en crisis en la era del ascenso de los derechos de la mujer y los homosexuales. De ahí que las milicias encontraran miembros hasta en el sector tecnológico de California. Es fácil imaginar el atractivo de pertenecer a un grupo donde encontrar camaradería masculina en una sociedad profundamente individualista y vivir fantasías de poder manejando armas y vistiendo uniforme.

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El arquetipo de miembro de las milicias: Un varón blanco de aspecto poco marcial jugando a la guerra.

Otro de los elementos interesantes que menciona Castells es que estos grupos mantenían una estructura distribuida, con varias figuras carismáticas como referentes intelectuales pero sin una jerarquía establecida a nivel nacional. De hecho, el concepto de “Resistencia Sin Líderes” surgió en los años 80 en la ultraderecha racista estadounidense. A pesar de su origen como corriente minoritaria tuvieron una rápida expansión gracias al empleo de BBS e Internet, una característica que reflejaba la película “Betrayed” (“El sendero de la traición”, en España) dirigida por Costa Gavras en 1988.

El asedio policial en Ruby Ridge en 1992 y el asedio al rancho de los davidianos en Waco (Texas) en 1993 se consideran los catalizadores del fenómeno, al generar una fuerte reacción ante lo que se consideraban abusos del gobierno federal contra ciudadanos armados. La realidad es que los estudios sobre el tema señalan que el movimiento de milicias arraigó entre los blancos de clase trabajadora en un momento de crisis económica, cambio tecnológico y deslocalización de empresas. El discurso contra el Nuevo Orden Mundial tenía resonancia entre los efectos de una época de cierres de grandes dinosaurios tecnológicos y  traslado de factorías. Castells cita a William Pierce, que decía en marzo de 1994:

En pocas palabras, el Nuevo Orden Mundial es un sistema utópico en el que la economía estadounidense (junto con la de todas las naciones) será “globalizada”: los niveles salariales de todos los trabajadores estadounidenses y europeos se harán hasta los de los trabajadores del Tercer Mundo; las fronteras nacionales dejarán de existir para todos los supuestos prácticos; y un flujo creciente de inmigrantes del Tercer Mundo a los Estados Unidos y Europa habrá producido una mayoría no blanca en todas  las zonas del mundo que antes eran blancas; una élite formada por financieros internacionales, los dueños de los medios de comunicación de masas y los gestores de las compañías multinacionales, tendrá la última palabra; y las fuerzas de paz de la ONU se utilizarán para evitar que nadie opte por salirse del sistema.

Me parece relevante que este párrafo podría, con pocos cambios, publicarse hoy con adaptaciones que incluyeran la crítica a las élites económicas tras la crisis de 2008 y el rechazo a la inmigración en Estados Unidos y Europa. El movimiento de las milicias entró en decadencia tras el atentado terrorista en Oklahoma City en 1995, con una intensa campaña de demonización desde los medios. Pero el movimiento está resurgiendo, como demostró el reciente asedio policial en Oregón. Hay de nuevo un malestar en la población blanca de clase obrera en Estados Unidos. Y esa es la explicación del éxito electoral de un candidato como Donald Trump. Pero de eso hablaremos en la segunda parte.

[Continuará]

[*] A modo de curiosidad, la creación de la Unidad Militar de Emergencias durante el gobierno de Rodríguez Zapatero y bajo mando directo de Presidencia de Gobierno generó comentarios en la prensa de derechas española sobre una “guardia pretoriana” al servicio de los oscuros planes golpistas que el PSOE había urdido con ETA y los servicios secretos marroquíes, cómplices del 11-M. En su primera aparición en el desfile del 12 de octubre de 2006 la UME fue abucheada por el público.

Presidente Trump

De un tiempo a esta parte mantengo una rutina con una amiga que vive en Estados Unidos. Ella me pregunta mi opinión sobre cierto artículo de análisis internacional de algún autor español publicado en El País y yo le contesto por enésima vez que no leo los artículos de opinión de la prensa española. Entonces busco el artículo al que ella se refiere y pasamos a destriparlo. La situación habitual es que al autor de turno se le escapa las claves del asunto que toda la prensa en Estados Unidos maneja. A estas alturas no sé si es un síntoma de la decadencia periodística de El País o un síntoma de que en el siglo XXI  para un ciudadano español con Internet la prensa nacional resulta superflua para seguir la actualidad del mundo.

El último artículo al que mi amiga hizo referencias se refería al éxito de Donald Trump en las primarias republicanas. Salió justo en un momento en que los medios estadounidenses están volcados en analizar la campaña de Trump, burlarse de Trump o advertir del peligro que supone Trump. Y me parece insuficiente y torpe quedarse en el análisis de que Trump triunfa porque apela a los más bajos instintos del electorado con un discurso xenófobo. Sería igual de irrelevante que un análisis de un periodista extranjero que contara en su medio que un sector del electorado español se ha vuelto loco votando a un partido liderado por un comunista a sueldo de Caracas y Teherán que ha defendido, entre otras muchas cosas, acabar con la división de poderes, prohibir los medios de comunicación privados y salirse del euro para imprimir dinero a lo loco e imponer controles cambiarios.

Trump es un fenómeno singular porque ha subido en las encuestras diciendo cosas que hubieran hundido la carrera de otros candidatos en otros ciclos electorales, como decir que John McCain no es un verdadero héroe de guerra porque fue derribado sobre Vietnam o que la actitud de Megan Kelly hacia él durante el debate en FOX News se debió a que la periodista estaba con la regla. Las encuestas y estudios reflejan que el público valora que Trump “habla claro” y “dice lo que piensa”, aunque sea tan difícil su posición en torno a tantos temas en los que se ha contradecido. Bill Maher señaló que una característica importante de Trump es que no pide perdón. Y en un país con el discurso público atenazado por lo políticamente correcto (que a pesar de la degeneración del término en España, es un concepto de la izquierdas posmoderna) el discurso de Trump genera apoyo en la masa que no se siente identificada con las élites educadas y sofisticadas de ambas costas que copan Hollywood y los medios (veáse lo que escribí en “Los muchos Estados Unidos”). Por contrastar, es interesante ver cómo Dana Carvey imitó a Barack Obama y comparó su manera elaborada y algo pomposa de hablar con las de Ronald Reagan, Bill Clinton y George W. Bush. El resultado es que paradójicamente Trump ha encontrado el apoyo electoral en la clase obrera estadounidense.

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La clave que he echado en falta en los análisis españoles y que se ha convertido en la palabra fetiche en Estados Unidos es que Donald Trump es percibido como un candidato anti-establishment, exactamente como Bernie Sanders. William S. Lind, autor del concepto de “Guerras de Cuarta Generación”, escribía hace poco que “la línea de fractura en la política estadounidense no es republicano vs. demócrata sino establishment vs. antiestablishment”. Trump no es un “político profesional” y con su fortuna personal no necesita para su campaña el apoyo económico de grupos de interés y lobbies. Así, Bill O’Reilly decía que Trump y Sanders son lo mismo. Trump entró en las primarias como una figura rompedora que logró que su figura y su discurso se convirtiera en el centro del debate. Scott Adams, autor de las tiras de Dilbert, ha escrito una larga lista de artículos analizando la estrategia de comunicación exitosa detrás del personaje delirante y bufonesco que es Trump.

La avalancha de análisis de estas últimas semanas son resultado del Partido Republicano entrando en pánico y la desesperada necesidad de comprender la fórmula del éxito de Trump. La lista de candidatos republicanos se ha reducido pero quedan en liza dos candidatos con entidad como Ted Cruz y Marco Rubio que están logrando que el voto del elector republicano “tradicional” se divida, facilitando las victorias de Trump. Una posible victoria de Donald Trump y Hillary Clinton en las primarias obligaría a muchos republicanos a aceptar a la segunda como el mal menor, tal como ya ha asumido Max Boot. Es difícil imaginar que gane las elecciones presidenciales frente a Hillary Clinton, pero sería entre divertido y terrorífico imaginar el mundo con el presidente Trump.

“The Attacks of 26/11”

TheAttacksof_2611El 26 de noviembre de 2008 un comando terrorista perteneciente al grupo yihadista Lashkar-e-Taiba (con conexiones en España)y procedente de Pakistán desembarcó en la bahía de Mumbai. Sus miembros se repartieron en parejas por la ciudad. Algunos dejaron artefactos explosivos con temporizador en al menos dos taxis para que explotaran mientras lanzaban sus ataques y así aumentar la confusión. Los terroristas abrieron fuego en un bar, una estación  de tren, un hospital, dos hoteles y la sede local de la organización judía hasídica Chabad Lubavitch. 166 personas murieron y cientos resultaron heridas. Aquellos acontecimientos los vivieron varios políticos españoles, entre ellos Esperanza Aguirre. También estuvo allí Gonzalo Martín, que ha sido firma invitada en  este blog y que contó la experiencia en gonzalomartin.tv.

Los ataques de Mumbai causaron un impacto tremendo en la India por prolongarse durante horas, con la policía superada por ataques simultáneos en varios puntos de la ciudad mientras los medios y las redes sociales daban una cobertura masiva. Los policías, con viejos fusiles de cerrojo Lee-Enfield, se vieron totalmente superados por la potencia de fuego de los terroristas, que mantuvieron contacto con alguien en Pakistán que les iba proporcionando información que recogía en los medios e Internet. Aquel ataque sirvió a John Sullivan y Adam Elkus para teorizar sobre un nuevo tipo de ataque terrorista que bautizaron “urban siege” (asedio urbano) y que me parece personalmente el marco más interesante para interpretar la última ola de ataques terroristas, desde el centro comercial Westgate de  Nairobi en 2013 a los ataques de París el 13 de noviembre de 2015. Será un tema al que volveré.

En mis lecturas sobre aquellos ataques llegué a la película india “The Attacks of 26/11” de 2013. La película trata de mostrar los hechos reales y usa como hilo conductor la comparecencia ante una comisión no identificada de Rakesh Maria, el comisario de policía al mando de la sala de control durante los ataques. Sin embargo, la película no cuenta cada uno de los ataques, sino que se centra principalmente en aquellos en los que participó Ajmal Kasab, el único terrorista que fue capturado con vida y cuya imagen se convirtió en una de las más asociadas a los ataques, al difundirse un fotograma de unas grabaciones de una cámara de seguridad de la histórica estación de tren Chhatrapati Shivaji Terminus. Los dos personajes terminarán por cruzarse. El clímax final de la película se produce cuando durante los interrogatorios a Ajmal Kasab, Rakesh Maria tiene la idea de llevarlo a la morgue para que vea los cadáveres de sus compañeros de comando terrorista. Esa escena final está basada en un hecho real. Ajmal Kasab se derrumbó después de ver las caras desfiguradas de los muertos, cuando él creía que los encontraría con una mueca congelada de felicidad al vislumbrar el paraíso antes de morir.

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Al contrario de lo que uno pueda esperar del cine indio, se trata de una película que intenta mantenerse en el género del docudrama. Aunque los intentos de realismo se convierten en un lastre en las escenas rodadas con steadicam en el barco pesquero que lleva a los terroristas a Mumbai. Entre los vaivenes del barco y un uso poco depurado de la técnica, nos encontramos un resultado algo chapucero. Por su parte, las escenas de los ametrallamientos a sangre fría de las víctimas están cargadas de un dramatismo subido de tono, pero dada la carga emocional de los acontecimientos es comprensible. Para el que quiera conocer aquellos ataques recomiendo encarecidamente el visionado del documental “Terror in Mumbai”, producido por la cadena estadounidense HBO y narrado por Fareed Zakaria. Descubrirán que la realidad bien contada supera cualquier ficción.

De la película merece la pena rescatar un fragmento que he subido a Youtube tras ponerle subtítulos en español. Muestra el caos y confusión en la sala de control de la policía de Mumbai mientras se suceden ataques en varios puntos de la ciudad. La saturación no la producen solo la avalancha de informaciones sobre los ataques, sino los rumores. informaciones contradictorias y múltiples versiones sobre cada uno de ellos. Contiene una de las escenas más visualmente logradas de la película, con Rakesh Maria aturdido por la infoxicación en medio del caos e incapaz de responder a los requerimientos de sus subordinados. A continuación, el personaje de Rakesh Maria reflexiona lo que supone para la policía enfrentarse a un comando terrorista dispuesto a morir en una situación totalmente novedosa. Unas reflexiones que resultarán familiares a los policías francesas que intervinieron el 13 de noviembre de 2015 en París.

“The Russian Civil War 1918-1922” de David Bullock

The Russian Civil War 1918-1922The Russian Civil War 1918-1922 de David Bullock es un libro de la colección Essential Histories de Osprey Publishing, editorial de sobra conocida por los aficionados a la historia militar. Con sus 134 páginas de texto y numerosas ilustraciones es una obra introductoria. Llegué a este libro por mi interés en remontarme a los orígenes de la doctrina militar soviética. Pero me he encontrado que es un libro que cuenta principalmente la perspectiva de los rusos blancos. El autor no esconde, en mi opinión, sus simpatías por ellos y se detiene a contar anécdotas espeluznantes del Terror Rojo que no sé si forman parte del folklore soviético o resulta que la realidad supera cualquier ficción. Además, en un par de ocasiones se refiere a hechos de armas protagonizadas por los rusos blancos como “una de las mayores hazañas militares de todos los tiempos”.  Considerando la disparidad de las fuerzas enfrentadas y el tamaño de los escenarios de la guerra, posiblemente no sea una hipérbole del autor. Al fin y al cabo, hablamos de una guerra poco conocida.

Leyendo el libro uno no puede dejar de pensar en los “¿y si…?”. Al hurtar al lector hasta el capítulo final ciertas claves de la guerra desde la perspectiva del bando rojo uno llega a vislumbrar varias veces una victoria de los blancos, a pesar de saber el resultado histórico de la guerra. La cuestión es que los rusos blancos operaron en frentes alejados los unos de los otros sin poder enviarse suministros o refuerzos a conveniencia. Nunca tuvieron una cadena de mando única e incuestionado. Defendían además diferentes modelos para el futuro de Rusia sin sentir simpatía por los movimientos independentistas de Finlandia y las Repúblicas Bálticas, que podrían haber sido aliados. Por último, recibieron apoyo de EE.UU., Reino Francia, Japón, etc. Pero tras la Primera Guerra Mundial ninguno de aquellos países estaba dispuesto a mantener por más tiempo un esfuerzo de guerra y sostener fuerzas movilizadas. En el bando opuesto, encontramos una cadena de mando única, clara y brutal, con la retaguardia asegurada por la Cheka. El territorio controlado por el bando rojo era continuo, con lo que pudieron desplazar dentro de él tropas y suministros a conveniencia. Además formaba el núcleo industrial y habitado del país. De tal forma, contaron con una base demográfica importante en la que reclutar tropa y peones para obras, junto con la capacidad de dotar a esas mesas con armas y suministros. Por último, no hay que olvidar el componente ideológico de entusiasmo revolucionario entre trabajadores y campesinos. Luego vendrían las hambrunas y las purgas. Pero eso es otra historia.

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Estatua en Kajovka (Ucrania) representando una “tachanka“, carro de caballos con ametralladora Maxim, de la Guerra Civil Rusa.

La guerra civil rusa fue una guerra de transición histórica. En ella encontramos uniformes decimonónicos, cargas de caballería, trenes blindados, carros de combate de primera generación, aviación etc. Uno de los elementos fundamentales fue las largas distancias recorridas en las campañas y el uso preferente dado a la caballería. El autor no lo menciona, pero de esas experiencias personales personajes como Mijaíl Tujachevski desarrollarían la teoría de las operaciones en profundidad. Otro elemento que me parece importante, que el autor destaca, es la existencia del “bando verde”, bandoleros armados que actuaron de forma oportunista en la retaguardia de los rusos blancos junto a partisanos rojos. Encontramos aquí otro antecedente ruso, junto al de los partisanos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, de la tan de moda “guerra híbrida”. Así que seguiré indagando. Mi próximo lectura al respecto será sobre los enfrentamientos soviético-japoneses.