“Fauda”, de la segunda a la tercera temporada

Hacer una reseña de la segunda temporada de “Fauda”, la serie de televisión israelí, es una de esas cosas que se me quedó pendiente. Pero luego pasó tanto tiempo desde su estreno en Netflix España que dejó de ser un asunto novedoso y terminé por decidir no escribir al respecto. Sin embargo, este verano llegaron noticias de la tercera temporada. Así que tengo una buena excusa para hablar sobre ella.

Los protagonistas de “Fauda” son los miembros de una unidad militar israelí que trabaja de incógnito en poblaciones palestinas. En el mundo real existen unidades así, tanto en las fuerzas armadas como en la policía de Israel, donde se conocen como unidades “mista’arvim” (“arabizadas” o “que viven entre los árabes”). Y al menos se conoce la existencia de la unidad militar 212 (“Duvdevan”) que opera en Cisjordania.

La primera temporada (aquí mi reseña y aquí la reseña de Eli Cohen) arrancaba con Doran Kavilio, un antiguo miembro de la unidad viviendo con su familia y tratando de sacar adelante una explotación agrícola. Un día le visita un antiguo compañero para contarle que un famoso terrorista de HAMAS, al que se daba por muerto, no sólo está vivo sino que se tiene información de que pretende acudir a la boda de su hermano. Doran se reincorpora a su antigua unidad para una sola misión, que desencadena la espiral de acontecimientos que ocupa toda la primera temporada.

La serie resultó un éxito porque, al contrario de las típica ficción estadounidense, aquí los árabes no eran personajes bidimensionales. La trama mostraba los dos lados de la historia, con personajes palestinos interesantes dotados de motivaciones y trasfondo. De hecho, por lo visto, la serie, ha tenido bastante éxito en países árabes de Oriente Medio como Emiratos Árabes Unidos. Un detalle menor pero importante, por ejemplo, es que unos y otros personajes hablan en sus lenguas nativas. No tenemos, como es costumbre, a personajes árabes hablando con mucho acento de forma caricaturesca. Así que mi recomendación, cómo no, es que se hace imprescindible ver la serie en versión original.

El éxito internacional de la primera temporada de “Fauda” llevó, cómo no, a la producción de una segunda temporada (aquí la reseña de Eli Cohen). Y aquí volvimos a la misma trama argumental. El hijo de uno de los personajes palestinos muertos en la primera temporada vuelve de Siria con ganas de venganza y la intención de crear una célula del Estado Islámico en Cisjordania para organizar un atentado terrorista con muchas víctimas civiles. Nuevamente Doran Kavilio se verá atrapado en una espiral de muertes y violencia que hará que su vida no vuelva a ser la misma.

La segunda temporada tiene todo lo que hizo destacable a la primera. Los israelíes no aparecen retratados como ángeles, vemos torturas y el fin siempre justificando los medios. Los palestinos son personajes complejos. Vemos los equilibrios a los que juegan los miembros de la Autoridad Palestina, los chanchullos asociados a toda lucha armada y a personas que quieren llevar una vida normal ajenos al conflicto. Esa violencia genera una espiral sin fin en la que cada acción genera una reacción y vuelve a iniciar el ciclo.

Sin embargo, esa trama principal en torno a un “súper terrorista” palestino me pareció que cómodamente repetía la fórmula de la primera temporada y me dejaba con la pregunta de cuántas veces la serie iba a contar la misma historia. La respuesta la tenemos en la tercera temporada, que transcurrirá en Gaza y augura novedades.

“Brexit: The Uncivil War” (2019)

“Brexit: The Uncivil War” es una película británica producida para televisión, ofrecida en España por HBO, que cuenta los entresijos de la campaña a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea en su fase final antes del referéndum del BREXIT. Los personajes principales son todos reales y el protagonista es Dominic Cummins, un asesor político interpretado por Benedict Cumberbatch. La construcción del personaje la hemos visto antes: un genio prepotente, arrogante y deslenguado que se sale con la suya. La motivación de Cummins no queda del todo clara. Da la impresión que al personaje le estimula más poder aplicar nuevas ideas en una campaña política, la que sea, que la convicción ideológica.

Cummins sueña con hackear el sistema y dar un gran puñetazo en la mesa del viejo orden político británico. Para ello opta no apelar a la razón, sino a las emociones. Su reto es convertir en algo rompedor el mensaje de abandonar la Unión Europea, que era defendido por los elementos más rancios de la derecha conservadora británica, para hacer frente al mensaje cosmopolita y abierto de la campaña proeuropea.

La película presenta a Cummins captando las preocupaciones de la gente en encuentros informales en bares, en oposición a los tradicionales grupos de discusión de la campaña a favor de la permanencia. Y concluye que hay un malestar de fondo en la sociedad británica por las transformaciones provocadas por la globalización. Así que se marca como objetivo no tratar de llegar a los votantes tradicionales, que están muy polarizados en posiciones inamovibles, sino a la masa desencantada de la política y que nunca vota. Para ello cuenta con el servicio de la startup canadiense AggregateIQ, que le ofrece una base de datos detallada de usuarios de Facebook en la que se han identificado a tres millones de ciudadanos británicos que no votan. Como novedad, Cummins decide gastar un porcentaje elevado del dinero de la campaña en publicidad en Internet muy segmentada con medias verdades y exageraciones, como la llegada de decenas de millones de inmigrantes en una próxima incorporación de Turquía a la Unión Europea.

Da la impresión en la película de que Cummins no estaba muy convencido de que la campaña a favor del BREXIT fuera a tener éxito y que para él el referéndum iba a servir de toque de atención a la clase política, así que era lícito usar toda clase de artimañas. Como si en el fondo el referéndum del BREXIT fuera una enorme prueba de concepto que añadir a su C.V. para aspirar a un trabajo importante. Se le presenta como alguien deseoso sobre todo de demostrar su valía intelectual ante un establishment político que le despreciaba. Al final aparece superado por el resultado de sus acciones. La combinación de Big Data y desinformación resulta una combinación letal para la democracia. De hecho, en la realidad Domimic Cummins se mantuvo alejado de la política después del referéndum. Pero no por mucho tiempo. Es el jefe de gabinete del primer ministro Boris Jonhson.

La película es entretenida. La interpretación de Benedict Cumberbatch nos recuerda a su papel del moderno Sherlock Holmes de la BBC. Y el tema es bastante interesante. De hecho, tengo por ahí un borrador de 2017 con una recopilación de enlaces para una entrada de blog que nunca escribí sobre la otra empresa de Big Data con la que Cummins trabajó: Cambridge Analytica. Pero con esta película me pasa últimamente como con cualquier ficción basada en la realidad. No puedo dejar de pensar cuántas simplificaciones y exageraciones han realizado los guionistas para adaptar la historia al formato en cuestión y presentar una moraleja adaptada al pensamiento mayoritario del momento. La construcción de narrativas donde la versión de ficción se impone sobre la realidad también es un fenómeno contemporáneo a añadir a los temas que trata esta película. En cualquier caso, siempre nos quedará cotejar libros de memorias e investigaciones periodísticas.

“Showdown in Western Sahara” de Tom Cooper & Albert Grandolini

La editorial Helion Books abrió brecha en el terreno de la historia militar con su colección Africa@War, que ya suma más de 30 títulos y luego se extendió a colecciones con temas de Europa, Iberoamérica, Oriente Medio y Asia. Me resulta de agradecer que una editorial asumiera el riesgo de publicar libros de historia militar sobre las Guerras Africanas, más allá del boom bibliográfico de los últimos años sobre las contrainsurgencias sudafricana y rodesiana. Sobre esta última, por cierto publiqué en la revista Ejército el artículo El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana (descargable aquí).

A mí personalmente llegó un momento en la vida que la obsesión por la historia militar de la Segunda Guerra Mundial y un puñado de temas más, de la que muchos aficionados no han salido, me resultó aburrida. Considero la historia militar un repositorio de experiencias al que acudir en busca de referencias y lecciones para el presente. Y considerando la que creo debe ser una seria preocupación estratégica de España por África, que está ahí lado, me parece sumamente relevante entender las guerras africanas. Véase así, previamente, en este blog ““¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?” (01/06/2015), Guerras Africanas (20/05/2019) y “Siguiendo con las guerras africanas” (09/08/2019).

Showdown in Western Sahara Volume 1. Air Warfare Over The Last African Colony, 1945-1975 es un título que ofrece más de lo que promete. No sé si porque los autores cuando idearon el título pensaban en que tendrían suficiente material sobre el papel histórico de la aviación militar en la historia del Sáhara Occidental entre 1945 y 1975 y luego encontraron que no. O bien porque una vez iniciaron el proyecto se encontraron con muchísimas cosas que les resultaron interesante y decidieron desbordar el título. La cuestión es que este libro trata en realidad de la aviación militar en Marruecos, Argelia, Mauritania y el Sáhara desde comienzos del siglo XX al año 1975. Esto significa que nos encontramos una historia de la aviación militar francesa y española en Marruecos desde sus inicios y su papel en la Guerra del Rif (1911-1927), para luego dar un salto a su papel en la Guerra de Ifni (1957-1958) y terminar con la aviación militar española en los últimos años de presencia española en el Sáhara Occidental. Pero también tenemos una historia del nacimiento de la aviación militar de Marruecos, Argelia y Mauritania, con su papel en hitos históricos como la Guerra de las Arenas (1963), el fallido golpe de estado en Marruecos de 1971 y el fallido magnicidio contra Hassan II en 1972, cuando viajaba a bordo de un Boeing 727. En medio, encontramos asuntos como la presencia del Strategic Air Command en Marruecos y las posteriores relaciones de ese país con la Unión Soviética, cuando jugó durante un tiempo a formar parte del bando antioccidental y se dotó de sistemas como el MiG-17 y el T-54.

Como todos los libros de las colecciones @War, este tiene 64 páginas y se presenta en tamaño DIN A4, formato que lo acerca en su apariencia a una revista. Pero a pesar de la profusión de fotos, mapas, tablas y las páginas centrales de perfiles de aviones se trata de un libro denso. Uno de los valores del libro es que los autores non son españoles y vemos aquí un relato desapasionado de la Guerra del Rif, con el uso de la aviación militar contra poblaciones civiles. O vemos las limitaciones de las fuerzas armadas españolas en la Guerra de Ifni, que no fueron meramente materiales sino también doctrinales en materias como el apoyo aéreo cercano. Pero lo verdaderamente interesante y novedoso para mí, obviamente, fue el relato del nacimiento de las fuerzas aéreas de Marruecos, Argelia y Mauritania. En el caso marroquí, los fallidos intentos de golpe de estado y magnicidio explicarían la desconfianza del trono hacia las fuerzas armadas del país, algo de lo que siempre leí pero nunca vi explicado.Y me pareció también bastante interesante el relato de ese período de tiempo en el que un Marruecos independiente fue cercano al bloque soviético y fue cliente de su industria de armamento.

Mención aparte merecen las tesis del libro que me resultaron novedosas: que desde España se apoyó el nacionalismo marroquí en el territorio del protectorado francés y que el Ejército de Liberación que provocó la Guerra de Ifni no tuvo el apoyo de recién nacido estado marroquí. En el primer caso no queda claro qué ganaba España con ello, más allá de malmeter contra Francia. Son la clase de hitos que se suman a la tolerancia a la actividad del OAS en España y que según algunos explicaría la posterior pasividad francesa contra ETA. Cierto o no, la cuestión es que este tipo de libros aportan tesis y puntos de vista que amplían la visión de las cosas.

Como conté hace poco, pregunté a uno de los coautores por la segunda parte. Abordará nuevamente sólo los aspectos de la aviación militar pero del período 1975-1991, centrándose en la Guerra del Sáhara. Esto es, el enfrentamiento de Marruecos y el Frente Polisario del que todavía está pendiente un buen relato desde la historia militar. Este par de libros además podría tener un spin-off con un libro específico sobre el Sáhara español en el período 1970-1976 y del que sería autor un servidor de ustedes. Pero desde luego ahora mismo no sé si tengo el tiempo y el ánimo para escribir esas 40.000 palabras en inglés.

“El paraguas balcánico” de Enrique Criado


Enrique Criado es un diplomático que regresó recientemente a España tras dar tumbos por medio mundo. Su último destino en el exterior fue la embajada de España en Sofía (Bulgaria). De esa experiencia surge el libro El paraguas balcánico: un paseo sin protocolos. El libro pudo conformarse con pertenecer al género de “expatriado le descubre a sus compatriotas un país exótico”, al que blogs y canales de Youtube ha dado nueva vida. Véase por ejemplo a Javiertzo y Lele en China. Pero El Paraguas Balcánico va mucho más allá del género por varios motivos.

Para empezar, su trabajo en la Embajada de España le dio al autor acceso a toda clase de personalidades relevantes, desde Simeón de Bulgaria a los deportistas y artistas españoles de paso por Sofía. Algunas de sus tareas allí, como el infructuoso intento de invitar a Sofía a Tzvetan Todorov, resultan de lo más interesantes. Así que no tenemos simplemente un libro al uso de cómo es la vida en Bulgaria, con la previsible sucesión de anécdotas sobre las diferencias gastronómicas o las formas de ocio. El libro va mucho más allá de todo eso, sin dejar de tener sus anécdotas y peripecias personales. Enrique Criado aprovechó su estancia en Bulgaria para conocer el país en numerosos desplazamientos. Pero sobre todo demuestra un interés en desentrañar el país a través de su literatura y de la mirada de los autores que pasaron por él.

El libro por tanto tiene un entramado similar a los de Robert D. Kaplan. Nos encontramos las observaciones sobre el terreno del autor, el punto de vista de los numerosos interlocutores locales y extranjeros, referencias históricas y referencias literarias. Eso sí. Se nota la profesión de diplomático del autor en la manera en que aborda los asuntos menos brillantes del país. Y también, diría yo, se nota la perspectiva de un español. Estoy seguro que un autor anglosajón se hubiera dejado llevado llevar por prejuicios orientalistas sobre atavismos balcánicos y esencialismos culturales para contarnos cómo nada ha cambiado en la región en 500, 150 ó 50 años por culpa de la huella otomana o el legado comunista. Pero los españoles que hemos vivido la transformación de nuestro país creo que andamos un tanto curados de espanto. Véase esos periodistas que explicaron los acontecimientos del 1 de octubre de 2017 en Cataluña con una España de pasiones profundas, flamenco, toros y olé.

Un asunto relevante en el libro es el empeño del autor por explorar la huella de los judíos sefardíes en Bulgaria, entre los que encontramos al publicista Luis Bassat o Isaac Carasso, fundador de Danone. El empeño lo tendrá presente en viajes a Israel y Georgia. Eso le lleva a abordar el tema del Holocausto en Bulgaria, país que salvó a sus judíos pero permitió que se convirtieran en víctimas de la maquinaria nazi los judíos de territorios entonces bajo su administración, como la actual Macedonia del Norte. Aquí se nota que el autor es diplomático, ofreciendo varios puntos de vista sobre la responsabilidad de las autoridades búlgaras en el contexto de las fuertes presiones sufridas desde Alemania. El interés de Enrique Criado por la suerte de los judíos sefardíes en Bulgaria no es casual. Una de sus tareas en Sofía fue las actividades que sacaron del olvido el papel del diplomático español Julio Palencia Tubau, que intercedió por los judíos búlgaros.

Mural en Sofía dedicado a Julio Palencia Tubau. Foto: Ministerio de Asuntos Exteriores.

Pero si hay algo que me ha gustado y que da sentido al título es que el libro no se limita a hablarnos de Bulgaria, porque resulta que Enrique Criado aprovechó el tiempo pasado en Bulgaria para moverse de aquí para allá, de Croacia a Georgia y de Ucrania a Israel. Cuenta al principio que alguien le había vendido las ventajas de trabajar en Sofía como un lugar que está cerca de sitios interesantes. Eso, nos explica, es un eufemismo que usan los diplomáticos españoles para hablar de destinos que son un auténtico muermo. En su caso no se trata de que Sofía y Bulgaria fueran un sitio aburrido. Sino que la ubicación del país como cruce de caminos hacía imposible resistir la tentación de viajar por los Balcanes.

Península Balcánica: mucho más que la antigua Yugoslavia. Imagen: Wikimedia.

En esto hay que recordar una cosa. En España se tienden a pensar sólo en los Balcanes occidentales cuando se habla de los Balcanes en general. Pero propiamente dicha, la Península Balcánica comprende los países de la antigua Yugoslavia, Albania, Grecia y Macedonia. Así que el libro nos ofrece las aventuras del autor por toda una serie de lugares que tenía en mente desde hace mucho para ser visitados: Kotor, Butrint, Ohrid, Mostar… Lo cual me ha generado tanta envidia como me ha hecho disfrutar del libro.

Así que el libro son en realidad dos. Por un lado, el libro de las peripecias de un diplomático español que trabaja en Bulgaria y por otro lado tenemos un libro de viajes sobre los Balcanes a los que se añade recorridos por Chipre, Moldavia, Ucrania, Israel y Georgia. Es de agradecer que las numerosas referencias a libros que aparecen en El Paraguas Balcánico vengan acompañadas de su pertinente referencia a la edición española que manejó el autor. Además, encontramos una sección de fotos y mapas. Eché en falta, o fue que no lo vi, uno o varios mapas que situaran los destinos del autor. Algunos lugares, como hice mención arriba, me resultaban familiares por mi deseo de conocerlos. Pero estoy seguro que el lector menos familiarizado con la región lo echará en falta también.

El libro me enganchó por lo ameno (no es el primero del autor). Es de destacar el bagaje de lecturas con el que el autor emprendió la tarea de hablarnos de Bulgaria y la región. También es de destacar su afán por recorrer lugares menos transitados. Por ejemplo, cuando visita Split y Dubrovnik se aloja en localidades menos masificadas. Y sobre todo mantiene todo el rato curiosidad por conocer lugares que ha descubierto primero en los libros o por escuchar la historia personal de sus interlocutores. Así que es de agradecer la aparición de libros así que aporte al público español una mirada diferente a los que la literatura anglosajona nos tiene acostumbrados.

 

 

La Ley de Murphy del periodismo español (2)

En 2015 escribí una entrada en este blog titulada “La Ley de Murphy del periodismo español“, en referencia a esa conocido enunciado que dice que la tostada cae siempre del lado de la mantequilla. En aquel entonces me refería al conflicto árabe-israelí y a cómo había terminado constatando que siempre que un periodista español mete la pata en sus crónicas sobre el asunto siempre será para dejar en mal lugar a los israelíes. Nunca he leído un titular del tipo “Estalla por accidente un polvorín iraní en Damasco” cuando en realidad fue un ataque aéreo israelí o “Muere un líder de HAMAS tiroteado por una facción disidente” cuando resulta que cayó en una emboscada de las fuerzas especiales israelíes. En el caso de Israel en la prensa española, la tostada siempre cae del mismo lado.

El asunto me vino a la cabeza estos días porque he estado dándole vueltas al asunto de la aparición de Empresas Militares Privadas (PMC en sus siglas en inglés) procedentes de Rusia y China. Y creo que estoy en la situación de enunciar una segunda Ley de Murphy sobre el dobe rasero de la prensa española. Resulta, que hoy mismo compartí en Twitter y Facebook una noticia de Al Manar, un medio del grupo libanés Hezbolá, que daba cuenta de que personal de una empresa rusa estaba entrenando a los miembros de la milicia palestina Liwa Al Quds (“Brigada Jerusalén”). Dice la noticia:

Las fuerzas especiales de la Liwaa al Quds (Brigada Al Quds), una unidad de élite palestina que lucha al lado del Ejército sirio, ha publicado un nuevo vídeo esta semana acerca de su entrenamiento en la provincia de Alepo.

Entrenados por contratistas rusos, los miembros de las fuerzas especiales palestinas fueron filmados realizando diversos ejercicios de entrenamiento en un lugar no determinado de la provincia de Alepo.

“Feral Jundi”, autor del blog homónimo, identificó en un comentario a mi publicación en Facebook a la empresa rusa como Vegacy Strategic Services.  En el siguiente vídeo promocional muestran imágenes de Siria.

Hace ya bastante tiempo que “Abraxas Spa” me llamó la atención sobre el asunto de las empresas militares privadas rusas. Y me extraña la poca atención que recibe el tema cuando la prensa nos bombardeó en su momento con el auge de las empresas estadounidenses en el contexto de la ocupación de Iraq.

Tengo muy presente el asunto porque soy un sociólogo que se dedicó al estudio de la transformación de los conflictos armados y se especializó en la aparición de actores no estatales. Me tocó atender a medios para hablar del tema. Y recuerdo aquellos titulares tremebundos sobre los “modernos perros de la guerra” y los “pistoleros a sueldo” que ponían énfasis en que el personal de estas empresas iba a zona de conflicto por dinero (no como los soldados profesionales de los ejércitos occidentales, como el español, que lo hacen gratis y sólo por la satisfacción de ver sonreír a las personas que entregan ayuda humanitaria). Asistí a mesas redondas y coloquios donde se habló de cómo estas empresas amenazaban la paz mundial y eran un foco desestabilización de países. Siempre me quedé con las ganas de pedir ejemplos de algún Estado que en los últimos 20 años hubiera colapsado por la acción de una Empresa Militar Privada. Y por supuesto, a propósito del caso de la empresa sudafricana Executive Outcomes en Angola y Sierra Leona, escuché y leí sobre la preocupante convergencia entre la explotación de recursos naturales y este tipo de empresas. Y siempre, sin perder de vista que el fenómeno era el resultado de la aplicación de la lógica neoliberal a la guerra.

Pues bien, tienen ustedes ahí fuera donde tirar el hilo sobre empresas militares privadas rusas (y chinas) en, por ejemplo, la carrera por los recursos naturales africanos. Pueden seguir la pista de la empresa militar privada rusa Wagner por Siria, Libia, República Centroafricana y posiblemente Venezuela. Podrían averiguar qué se sospecha que la emboscada contra tres periodistas rusos que investigaban las conexiones de la empresa Wagner y la explotación de diamantes en la República Centroafricana fue un asesinato para eliminar a testigos incómodos. Y pueden perder el tiempo en buscar reportajes, artículos y ensayos sobre el tema en la prensa española.

Relación de PMC rusas hecha por InformNapalm.

Podemos enunciar así una segunda Ley de Murphy de la prensa española: cuando un fenómeno tiene dos caras, verán que sólo tratan la que pueda dejar en mal lugar a Estados Unidos u Occidente en general. Hagan un ejercicio. Busquen qué ha contado la prensa española sobre los nuevos negocios de Erik Prince, fundador de Blackwater. Ahora trabaja para China en favor de sus intereses en lugares como África. Su empresa anunció recientemente la apertura de un campo de entrenamiento en la provincia de Xinjiang, donde están pasando cosas tremebundas.

Los dobles raseros de la prensa española me parecen muy divertidos. Un día me encontré en cierto medio español una noticia de cómo la empresa minera canadiense Barrick Gold estaba contaminando en Argentina bajo el gobierno de Mauricio Macri. Resulta que la primera vez que escuché hablar de esa empresa fue hace años, en el programa de Jorge Lanata en el Canal 13. Denunciaba entonces cómo la actividad de la empresa afectaba a los glaciares andinos. Posteriormente habló de la contaminación con cianuro. Como soy muy mal pensado, busqué en el medio español en cuestión y ¡sorpresa!. Durante los años del kirchnerismo, sólo se mencionaban a la Barrick Gold para hablar de cómo contaminaba en el Caribe o sus vínculos con José María Aznar. Sólo había una mención a la contaminación de la Barrick Gold en Argentina para hablar de cómo unos niños de una zona minera habían viajado a Buenos Aires para dar a conocer su situación. La empresa, mágicamente, se convirtió en noticia tan pronto subió al poder Mauricio Macri. Como la pobreza y la inflación en el país. Pero eso es otra historia y otro sesgo.

Volviendo a Rusia y China, sucede que asistimos al fin del “momento unipolar” de Estados Unidos como “hiperpotencia solitaria“. Y sin embargo, tenemos a una generación de periodistas que se criaron, formaron y trabajaron viendo cómo Estados Unidos y Occidente era la fuente de todo mal. Eran los tiempos en que la gente que se proclamaba “anti-imperialista” no tenía que especificar. Se sobreentendía que eran enemigos del “imperialismo yanki”. Hoy tenemos imperialismos de todos los sabores y para todos los públicos: imperialismo ruso, imperialismo chino, aspiraciones hegemónicas de Irán, etc. Supongo que habrá que “darles un poco de tiempo” a los periodistas españoles para que se enteren de que el mundo ha cambiado. Alguno, por cierto, ya se enteró y está haciendo caja hablando de los problemas de EE.UU.

Cuando los medios tragan caña y sedal

El otro día les conté cómo me llamaron la atención los titulares que anunciaban que el gobierno de Pedro Sánchez había autorizado al gobierno autonómico catalán la compra de una montaña de material de guerra que había sido frenada en su momento por el gobierno de Mariano Rajoy. La idea, de ser verdad, era preocupante. Pero, como a estas alturas no me fío de nadie y en el cuerpo de la noticia se hablaba de una cincuentena de pistolas, decidí tirar del hilo y buscar yo mismo los documentos oficiales. Lo que me encontré desmentía los titulares y el alarmismo.  Lo conté en “Armas para Cataluña” (23/01/2019).

Sé que lo cómodo es quedarse en ese punto: sentir el reconfortante y autocomplaciente placer de estar en el lado correcto, despreciando la labor de medios y periodistas de derecha que viven del sensacionalismo y la tergiversación. Pero el fenómeno tiene su reflejo en el otro lado de una forma retorcida. Por cada Eduardo Inda y Francisco Marhuenda que asume cínicamente su vergonzante papel al servicio de una causa o unos intereses, hay un periodista divulgando información falsa o tergiversada sobre temas como la inmigración absolutamente convencido de que está salvando al periodismo y a la democracia mientras nos sermonea sobre burbujas informativas, bulos y posverdad.

Podríamos extendernos en discutir qué hirió el periodismo. Si la desesperada necesidad de atraer clicks que rebajó la calidad del contenido o la velocidad de los ciclos informativos que redujeron el tiempo para contrastar la información. Pero esa degradación del periodismo ha contado con el entusiasta esfuerzo de periodistas convencidos de que hacían el bien ayudando al consumidor de medios a pensar bien. Porque como dijo hace poco la congresista estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez, los datos no importan cuando estás del lado moralmente correcto.

Precisamente, Alexandria Ocasio-Cortez ha sido protagonista de un caso reciente que me llamó mucho la atención. Un día vi una sucesión de titulares y tuits que hablaban de la fallida campaña de los conservadores estadounidenses por dañar su imagen mediante la filtración de un vídeo que la mostraba bailando. Ocasio-Cortez es socialdemócrata, hispana, joven y atractiva. Su carrera política, con menos de 30 años, ha sido fulgurante. Y los conservadores estadounidenses odian a Ocasio-Cortez. Basta una búsqueda de imágenes suyas en Internet para ver la proliferación de fotos que congelan sus expresiones faciales en una mueca demente.

Fotograma del vídeo destacado por El País

Según leí, esta vez, alguien había rescatado aquel vídeo grabado por un grupo de amigos para tratar de ridiculizarla. Pero la reacción de la opinión pública había sido positiva y se sucedían las muestras de apoyo ante la fallida campaña de desprestigio. Nadie veía nada de malo que una congresista en sus años universitarios hubiera grabado un vídeo donde bailaba de forma sensual.

A los pocos días, leí en Twitter a alguien preguntar si alguno había leído o escuchado a algún líder conservador estadounidenses criticar el vídeo o mencionarlo antes de que los medios hubieran lanzado el titular “campaña conservadora para desprestigiar a Ocasio-Cortez fracasa y se vuelve en su contra”. Durante los siguientes días un coro de voces conservadoras hizo la misma pregunta. Nadie había oído hablar del vídeo hasta leer los titulares del fracaso de la campaña conservadora.

Poco tiempo después, me encontré la noticia en El País: “El fallido intento de dañar a Ocasio-Cortez con un vídeo de un baile en una azotea de Boston”. Por aquel entonces, Ocasio-Cortez había hecho un bailecito en la puerta de su oficina y algunas figuras del Partido Demócrata habían lanzado vídeos de apoyo con su propio baile, mientras personalidades de la política y el mundo del espectáculo salían en su apoyo ridiculizando a los conservadores. Pero en la noticia de El País encontré un detalle interesante. Identificaban a una cuenta anónima de Twitter como el origen primero de la filtración del vídeo. La cuenta había sido creada en enero de 2019. Y el contenido de las publicaciones llamaba la atención porque, más que un genuino activista conservador, aquello parecía una parodia o un fallido intento de sonar como un radical de derechas.

¿Fue filtrado el vídeo desde el equipo de Ocasio-Cortez ? Quién sabe. A lo mejor fue efectivamente un tuitero anónimo quien puso el vídeo en circulación, pero fue el equipo de la congresista quien magnificó el asunto para construir la narrativa de “fracasa la campaña conservadora de desprestigio”. Antonio García Martínez arrancaba un artículo sobre Ocasio-Cortez para la revista Wired diciendo “I’ll just say it: Alexandria Ocasio-Cortez is a social media marketing genius”. La contracampaña tuvo muy entretenida a los medios y a la gente en las redes sociales.

Alexandria Ocasio-Cortez es una fenómeno colateral a lo que quería contar. Ella es alguien que simplemente sabe apretar los botones correctos en un ecosistema informativo donde no hay tiempo para la verificación y donde la opinión pública está sobreestimulada con informaciones que confirman sus prejuicios. Pero lo que no están considerando las almas buenas que se consideran en el lado correcto de la historia es que todos esos sesgos y errores de los medios progresistas que ellos no son capaces de ver por sus prejuicios ideológicos son diseccionados cruelmente en otros medios y las redes sociales. Véase el caso de los chicos blancos del instituto católico Covington y el falso veterano de la guerra de Vietnam. Por eso las burlas de Donald J. Trump sobre la CNN, “you are fake news”, resonaban en su público. Y por eso el discurso neo-machista y anti-inmigración puede revestirse con los ropajes de la audacia, el librepensamiento y la rebeldía frente al consenso progresista de los desprestigiados medios del establishment.

Véase anteriormente: “Seguimos tocando el fondo” (16 enero 2019).

 

“Vice” (2018)

El sábado por la noche fui a ver Vice (titulada “El vicio del poder” en España), la última película de Adam McKay. Se trata del mismo director que The Big Short (titulada “La gran apuesta” en España), así que mis expectativas eran altas. En su momento me gustó mucho la manera de desmenuzar y hacer humor de un asunto a priori tan poco cinematográfico como los entresijos de la crisis hipotecaria que dio origen a la crisis financiera mundial de 2008. Lo que podía haber supuesto un lastre a la película, la necesidad de explicarle al espectador para que siguiera la trama, se convirtió en una oportunidad de darle un toque personal y original a la película con secuencias didácticas a cargo de cameos que rompían las cuarta pared. Además, me gustó mucho el sentido del humor de McKay en general,  sin olvidar las interpretaciones de Christian Bale y Steve Carell.

McKay repite aquí la fórmula. Trata con un humor parecido recurriendo a las interpretaciones de Christian Bale y Steve Carell una historia de cómo los poderosos mintieron a la gente corriente de Estados Unidos. Sin embargo siento que la historia no tiene la misma fuerza. The Big Short se basaba en un libro cuyo autor había investigado el asunto a fondo previamente y ofrecía una historia clara: cómo un grupo de outsiders descubrió los pies de barro del mercado hipotecario estadounidense y cómo en su intento de sacar provecho económico descubrieron que el juego estaba amañado. Aquí, la historia que nos cuentan es el ascenso de Dick Cheney, un tipo que se nos presenta en un principio como carente de talento e ideología pero que sabe aprovechar su oportunidad a la sombra de un tiburón de los pasillos de Washington D.C. como Donald Rumsfeld, al que termina superando en poder y capacidad de intriga.

Dick Cheney y Christian Bale caracterizado como él. Foto: People.com

Vice recupera la fuerza y el tono de The Big Short cuando cuenta cómo Dick Cheney acumuló poder tras el 11-S y su camarilla en la Casa Blanca retorció las leyes estadounidenses para permitir horrores inimaginables en una democracia, vendiendo además la invasión de Iraq con mentiras porque necesitaban una victoria convencional en el contexto de la Global War On Terror. Esto último es una idea que yo albergaba casi como intuición. Que la absurda invasión de Iraq en 2003 respondió a la incapacidad de comprender la naturaleza no estatal y transnacional de la amenaza que suponía el yihadismo global. En la película se presenta que no fue un problema de incapacidad del Pentágono para entender la naturaleza de las Guerras Posmodernas, sino que la Casa Blanca se encontró con que le resultaba difícil vender al electorado la guerra contra el terrorismo yihadista. Así que se decidió invadir un país para conquistar una capital y clavar una bandera.

Creo que si la película se hubiera centrado en contar la historia que abarca desde que Dick Cheney se sumó a la campaña electoral de George W. Bush a la salida de Donald Rumsfeld del Pentágono, hablamos del período 2000-2006, habría tenido una coherencia y consistencia de la que carece. Sin embargo, tenemos que entender que el director no partió de un libro de investigación como en la anterior película, sino que tuvo que elaborar su propia reconstrucción de la carrera de Dick Cheney. En cualquier caso, la película tiene bastantes momentos brillantes, las interpretaciones son excelentes y el sentido del humor que vimos en The Big Short está aquí presente.