“Waco: The Rules of Engagement” (1997) de William Gazecki.

Para los que tenemos una edad, el asedio del campamento de la secta tejana de los davidianos liderada por David Koresh en Waco (Texas) y su trágico final fue un episodio que se quedó grabado en el imaginario colectivo. Los davidianos se convirtieron en el arquetipo de fanáticos religiosos que llevan hasta las últimas consecuencias sus delirios apocalípticos.

El asalto final al rancho de los davidianos del 19 de abril de 1993 se saldó con 76 muertos, incluyendo 25 niños y dos mujeres. Desde el movimiento de las milicias de ultraderecha (véase anteriormente en mi blog «Dejados atrás: De las milicias a Trump) se consideró que fue otro caso más de abuso del brutal aparato represor del Estado contra una pequeña comunidad que pretendía vivir al margen de la sociedad con sus propias reglas. Precisamente, el aniversario del asalto final al rancho de los davidianos fue elegido por los autores del atentado con bomba contra un edificio federal en Oklahoma City en el año 1995.

Así que tras cruzarme repetidamente con referencias al caso leyendo sobre violencia política en Estados Unidos, decidí ver el documental “Waco: The Rules of Engagement” dirigido, cooescrito y coproducido por William Gazecki en 1997. Se trata de un documental muy crítico con la actuación del gobierno estadounidense y las agencias implicadas en el caso. El documental se nutre del testimonio de unos pocos davidianos supervivientes, la investigación del periodista Dick J. Reavis (autor de Ashes of Waco: An Investigation), la comparecencia de distintos protagonistas del caso en una comisión en el congreso estadounidense y el testimonio de varios expertos.

El origen de la Rama Davidiana de los Adventistas del Séptimo Día surge en los años 30, cuando Victor Houteff llevó su congregación de California a Texas. Se trataba de un grupo que estudiaba la Biblia de forma literal, con especial dedicación a los Siete Sellos del Apocalipsis. A la muerte de Houteff, el grupo estuvo a punto de disolverse. Pero el matrimonio formado por Benjamin Rodem y su mujer Lois reunirían a unos cuantos miembros. A la muerte de Ben, su viuda prepararía al joven Vernom Glowell para liderar la congregación. El conflicto quedaría servido a la muerte de Louis Rodem, ya que su hijo George se enfrentaría al sucesor elegido por su madre. George Roden terminaría en la cárcel por un asesinato no relacionado con el grupo y Vernom Glowell asumiría finalmente el liderazgo del grupo.

David Koresh. Foto vía BBC.

El nuevo líder tendría visiones proféticas en un viaje a Israel y a su vuelta se cambió su nombre legal por David Koresh, siendo Koresh el nombre judío del rey persa Ciro II El Grande que derrotó a los babilonios y liberó al pueblo judío. David Koresh se consideraba a sí mismo el séptimo mensajero mencionado en el libro del Apocalipsis. Como mesías, tenía la obligación de engendrar 24 hijos de múltiples esposas. Ese sería uno de los aspectos más controvertidos de las prácticas de los davidianos, con acusaciones de que David Koresh practicaba el abuso de menores.

El documental presenta a la comunidad davidiana como un grupo con creencias alternativas que vivían en paz con su entorno. Un sheriff local aparece describiéndolos como “buena gente” y destacando que eran “limpios y educados”. Los niños de la comunidad, criados sin televisión, se les describe como respetuosos y bien educados. Además se destaca el carácter multiétnico de la comunidad y que había miembros que habían llegado a Waco desde tan lejos como el Reino Unido. El documental presenta opiniones diversas, que van desde describir las prácticas de la comunidad como poco convencionales a confirmar que existían los abusos sexuales según el testimonio de Kiri Jewell ante la comisión del congreso. En ese aspecto se nota el paso del tiempo. En 2021 se consideraría inadmisible cuestionar el testimonio de una menor víctima de abusos sexuales de la manera en que se hace en el documental. Incluso se relativizan las acusaciones con argumentos como que había que poner los hechos en el contexto de que en Estados Unidos la edad de consentimiento era 14 años y que aquellas prácticas tenían lugar con el conocimiento de los padres. Pero la línea argumental del documental es que, culpables o no de crímenes de índole sexual, los davidianos sufrieron un atropello como ciudadanos estadounidenses.

Vista aérea del edificio del Mount Carmel Center. (Foto: Dan Weyenberg / McLennan County Sheriff’s Dept. vía The Dallas Morning News).

Como parte de sus creencias apocalípticas, los davidianos habían acumulado un arsenal de armas para la batalla final con Babilonia e incluso contaban con un campo de tiro en su propiedad al que acudían vecinos de los alrededores. La acumulación de armas encajaba con la mentalidad del “buen sureño”, así que a nadie le resultaba escandaloso.

Las compras abundantes de armas les hicieron ver que había un negocio en ese sector y se convirtieron en una presencia habitual en ferias en la región donde se dedicaban a la compra y venta de armas. Ahí surge el detonante de esta historia. A la agencia de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) llegó un chivatazo de que los davidianos presuntamente habían modificado armas semiautomáticas (tiro a tiro) para convertirlas en armas automáticas (ráfaga) y habían acumulado explosivos.

La ATF preparó una fuerza de 100 agentes y los entrenó durante 3 días en Fort Hood (Texas). La operación se justificó con la sospecha de la existencia de drogas y la práctica de abusos a menores en el rancho de los davidianos, llamado Mount Carmel Center. La operación se consideró un golpe de efecto mediático que ayudaría a mejorar la reputación de la agencia. La ATF había preparado una oficina de comunicación pública con ordenadores y faxes, pero no habían preparado la coordinación con las agencias locales. 

El 28 de febrero, media hora antes de la operación, aparecieron periodistas en el lugar y aunque se perdió el efecto sorpresa se decidió lanzar la operación. Al llegar a la puerta del edificio central se desató un tiroteo. Según los davidianos, los disparos comenzaron tan pronto los agentes de la ATF mataron a un perro. El armamento principal de los agentes eran subfusiles H&K MP5 (calibre 9mm) y fusiles de asalto AR-15 (5,56mm) mientras los davidianos contaban con fusiles de asalto AK (7,62mm) y fusiles de calibre 12,7mm.

Tras un tiroteo de dos horas, los agentes del ATF se quedaron sin munición y negociaron un alto el fuego que les permitió retirarse, llevándose cuatro agentes muertos y veinte heridos. La falta de coordinación con las agencias locales llevó a que la evacuación de los heridos fuera gestionada por los periodistas desde sus unidades móviles. Quedó establecido entonces un perímetro y comenzó un asedio que se prolongaría semanas. El informe oficial de la agencia ATF sobre el asalto, una de tantas casualidades en este caso, se perdió. Así que no se pudo determinar responsabilidades por la mala planificación y ejecución.

El 1 de marzo tomaría el control el FBI, con sus negociadores, tiradores y equipos de asalto. Durante las siguientes semanas a los davidianos les quedaría claro que los negociadores no tenían margen de maniobra alguna. A pesar de los consejos de los expertos sobre tratar de desescalar la situación, el rancho de los davidianos fue rodeado con proyectores de luz de alta potencia y música estridente, sonidos industriales y ruidos de animales para socavar su moral privándoles de dormir. Vehículos blindados del ejército se dedicaron a destruir los vehículos de los davidianos y, según estos, a destruir las tumbas de los muertos el día 28.  Las grabaciones de los propios miembros del FBI muestran una actitud muy poco profesional, mientras los testimonios de los davidianos hablan de agentes en el perímetro que les enseñaban el culo y el dedo índice.

El documental presenta un panorama en el que aquellos que estaban al mando del dispositivo del FBI querían resolver la situación con un asalto que terminara con los davidianos saliendo con los pies por delante para vengar a los muertos del fallido registro del día 28 de febrero.  Mientras pasaban los días y semanas, con las negociaciones estancadas, David Koresh se dedicó a escribir sobre el secreto de los Siete Sellos del Apocalipsis. Cuando llevaban casi dos meses de asedio comunicó a los negociadores que había tenido una revelación divina en el que se le comunicaba que podía deponer su actitud y entregarse. El mensaje se perdió en la cadena de mando y desde Washington se decidió asaltar el complejo.

El día 19 de abril de 1993, tras 51 días de asedio, varios vehículos blindados de ingenieros M728 Combat Engineer Vehicle se acercaron al complejo. Uno se dedicó a inyectar polvo del compuesto lacrimógeno CS usando como aerosol el gas cloruro de metilo, un producto altamente inflamable. Otro vehículo se dedicó a destrozar la parte trasera de la edificación, fuera de la vista de los medios y en donde posteriormente aparecerían cuerpos mutilados y hornillos Coleman aplastados. Mientras desde allí, miembros de las fuerzas de seguridad se dedicaron a disparar contra el complejo, tal como reveló un vídeo captado desde una aeronave dotada de sistema FLIR, lo que negó una salida obvia a los davidianos.

M728 CEV. Foto: MilitaryImages.net

La versión oficial, con altos cargos del FBI jurando y perjurando en su comparecencia oficial, sostiene que nunca se disparó al interior del edificio. Sino que, tras inyectarse el gas, se esperó pacientemente a que los davidianos salieron por su propio pie. El testimonio de los altos cargos del FBI fue respaldado por un “experto” que identificó unas manchas blancas en las imágenes grabadas por el sistema FLIR como “reflejos solares”. En realidad, en un sistema termográfico no se recoge la luz, sino el calor. Y lo que el vídeo mostraba era el fogonazo de la bocacha de los fusiles.

La inyección de gas lacrimógeno duró seis horas y según los expertos habría provocado un ambiente totalmente irrespirable, con los davidianos sufriendo horribles convulsiones musculares. Al parecer, el plan era que el sufrimiento de los niños empujara a los padres a abandonar el rancho.

Foto: Greg Smith/CORBIS/Corbis via Getty Images.

Tras horas de inyección del gas lacrimógeno, empezó un incendio en un extremo del complejo. El fuego rápidamente consumió el edificio, sentenciando a todos los habitantes del complejo. Mi recuerdo es que la versión oficial diría que el fuego fue iniciado por los propios davidianos que prefirieron morir antes que entregarse. El documental plantea que la acumulación de gases creó las condiciones para que una chispa hiciera arder todo el edificio rápidamente.

Al igual que el informe oficial de la agencia ATF sobre el asalto del 28 de febrero se perdió misteriosamente, las fotos tomadas por la oficina del forense local y que fueron requeridas por una agencia federal también se “perdieron”. La percepción de los Texas Rangers fue que el rancho de los davidianos considerando como una escena de un crimen fue destruido y manipulado impidiendo una investigación. Casi al final del reportaje vemos a Joe Biden diciendo que se trató de un suicidio colectivo y tratando de alejar las responsabilidades de las agencias federales.

Más allá del sesgo antigubernamental y los detalles que acusan el paso del tiempo, creo que los autores del documental presentan argumentos sólidos para concluir que la gestión del asedio al rancho de los davidianos estuvo plagada de errores y hubo encubrimiento de ellos. Lo que más me llama la atención personalmente es que en su momento di por buena la «versión oficial» y nunca presté atención a los detalles del caso. Los davidianos me parecieron entonces una pandilla de fanáticos religiosos que no merecían mi empatía por haber dejado morir a sus hijos. El resultado pudo haber sido bien distinto y haberse salvado vidas.

El documental «Waco: The Rules of Engagement” de William Gazecki se puede ver en España en la plataforma Primevideo.

5 comentarios sobre ““Waco: The Rules of Engagement” (1997) de William Gazecki.

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  1. Desde el principio se cometieron despropósitos, uno tras otro. Llegan los periodistas media hora antes que los agentes ATF, órdenes que se pierden en la cadena de mando, informes que se «pierden», etc. Qué vergüenza todo.

  2. Yo también tengo edad para acordarme. Mi sensación en esos momentos fue considerar la tremenda falta de profesionalidad tanto del primer asalto como del asalto final. Sobre que David había optado por rendirse, oí un podcast que decía que lo dijo en algún momento pero que al final se desdijo.
    También recuerdo que me sorprendió lo poco resistentes que eran las paredes con disparos a través de ellas.

  3. No tengo muy claro la objetividad de este documental. Al igual que hoy en día hoy se comentan ciertas noticias y ciertos documentales sobre una banda terrorista nacionalista española que parece que ha hecho cosas que la historia dice que no, algunas veces documentales como este tratan de aportar datos y puntos de vista que se demuestran falsos, erróneos o sujetos a doble interpretación.
    Ya hubo en su momento libros y una película que creo que se llamaba en el cumplimiento del deber waco, y salió a los pocos meses.
    El autor ya lo menciona al mencionar como se ve hoy en día el tema del abuso de menores. De mis recuerdos en aquella época, recuerdo a unos Estados Unidos orgullosos de su ejército y vencedores en una primera guerra del golfo que fue sobre todo convencional, donde sus unidades de operaciones especiales no tuvieron un gran papel, ya sea por decisión de un general de 4 estrellas con muy poca opinión sobre sus fuerzas especiales, o por ser una tema convencional, y después en 1993, el año anterior, tuvo lugar la lucha en somalia, donde solamente vieron una victoria los que estuvieron allí.
    De que se trataba de un lugar donde no se tragaba ni al gobierno federal ni a un presidente americano, Clinton, que se estaba generando el odio de los grupos pro armas por intentar limitar la compra de fusiles automáticos y aprobó una moratoria de 10 años de ventas de cargadores de gran capacidad.
    De los asaltos poco puedo decir salvo matizaciones. Dicen que a los periodistas, y fue un error, les vieron una hora y no media antes, con lo cual no hubo sorpresa táctica pero lo que se tiene que tener en cuenta que el periódico local publico el día anterior y ese los principios de unas crónicas sobre Koresh donde ya avisaban de cómo era, y eso era alterar a un loco. Del asalto inicial de intentar entrar a un sitio que te están a un sitio que te están esperando, pueden pasar muchas cosas, pero menciono 2 que pasaron en España. En Leganés los terroristas del 11 m mataron a un Geo, y hace unos años una persona que estaba atrincherado recibió a tiros al equipo de la UEI que intentaba detenerle y murió.
    Del segundo, nunca entendí porque la base del plan era hacerlos salir mediante la combinación gases lacrimógenos (en un grupo apocalíptico que llevaban almacenando armas y comida para años se me hacía raro creer que no tuvieran mascarás antigás) más la creencia de que los padres intentarían sacar a sus hijos, cuando la experiencia dice que hay padres que siempre sacrificaran a sus hijos por su causa.
    Dicen que el éxito de un rescate de rehenes es que no muera ninguno…. 76 personas murieron.
    Para mí, fue un fracaso.
    ¿Hay ninguna repercusión desde entonces? Para mí, ninguna. Los chalados siguen intentando acaparar armas y seguidores para conseguir sus objetivos y los policías siguen muriendo para intentar detenerlos.
    Un saludo a todos y mis disculpas por anticipado si a alguien le ha molestado este comentario.

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