“Cartel Land” (2015)

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Cartel Land es un documental que retrata la vida en EE.UU. y México de dos personas que decidieron tomar la iniciativa ante lo que percibían como la inacción del Estado en el contexto de la “guerra” contra el narcotráfico. Por un lado tenemos a un estadounidense que patrulla la frontera con un grupo armado de civiles y por otro lado tenemos a un mexicano que lidera un grupo de “autodefensa” contra los cárteles de la droga. Al contrario de lo que estamos acostumbrados en España cuando se trata de reportajes periodísticos, aquí no hay moralina o la construcción de un relato de buenos y malos. Mucho menos tenemos la aparición intrusiva del reportero como un personaje más. Según avanza el documental, vemos que cada personaje tiene más matices que los que a priori podríamos pensar y el asunto evoluciona enormemente en el lado mexicano.

Cartel Land cuenta por un lado la historia de Tim Foley, miembro de Arizona Border Recon. Se trata de una organización civil que patrulla la frontera entre Estados Unidos y México en busca de inmigrantes ilegales y traficantes de droga. Foley cuenta cómo la crisis económica de los últimos años lo dejó en paro y que al buscar trabajo en la construcción no lo encontró por la abundancia de inmigrantes ilegales en el sector.  De ahí que decidiera tomar cartas en el asunto, patrullando la frontera. Arizona Border Recon rechaza el empleo del término milicia, relacionado con grupos armados de ciudadanos que desconfían del poder de Washington y que fue bastante relevante en la primera mitad de los años 90. Escribí al respecto en “Dejados atrás: De las milicias a Trump“.
'Fearless exposé': Matthew Heineman's Cartel Land.

Por otro lado tenemos al doctor José Manuel Mireles Valverde, un médico de Michoacán, estado de México azotado primero por la violencia del cártel de la Familia Michoacana y luego por la violencia del cártel de los Caballeros Templarios. El documental muestra en sus comienzos el entierro de los trabajadores de una plantación de limones y sus familias, incluye niños y bebés, cuyo dueño se negó a pagar la extorsión de una banda criminal. Mireles, un tipo carismático, formó en 2013 un grupo de ciudadanos armados para enfrentar esa violencia ante la falta de respuesta de las autoridades.

Según avanza la historia vemos que Foley es alguien que vivió un pasado de abusos familiares, drogas y alcoholismo. Y podemos sospechar que, más allá de las motivaciones políticas de sus compañeros racistas y survivalistas, su dedicación al grupo Arizona Border Recon es un camino de búsqueda de redención y propósito en la vida. Algo en el fondo no muy distinto de los musulmanes que acuden desde Europa a sumarse a las filas del Califato o los occidentales que se unen a los grupos kurdos o asirios que los combaten.

Cuando el doctor Mireles sufre un accidente de aviación, el liderazgo lo asume temporalmente “Papá Pitufo”, un personaje que vemos no transmite su carisma y liderazgo.  Las Autodefensas, que surgieron como una fuerza para combatir la violencia y los abusos de las organizaciones criminales, terminan convirtiendo en un poder en sí mismo.Sus miembros realizan registros a conductores, detenciones, interrogatorios con torturas y asaltos a casas de supuestos narcotraficantes, que terminan saqueadas. Finalmente, tanto el gobierno mexicano como los cárteles de la droga terminan respondiendo tratando de captar a las Autodefensas por un lado y tratar de infiltralas por otros. Mireles terminará solo después de que los acontecimientos evolucionen sin haber podido controlar su creación.

“Cartel Land” puede verse actualmente en Netflix España.

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El síndrome Moore

La derecha estadounidense, y los neoconoservadores españoles, se han lanzado a toque de degüello contra el último documental de Michael Moore, “Fahrenheit 9/11”. Hay páginas web dedicadas exclusivamente a señalar las inexactitudes de sus documentales y sus miserias personales.

En “Bowling for Truth” podemos enterarnos por ejemplo que según un think-tank pro saudí, que posiblemente haya hinchado el dato, las inversiones saudíes en Estados Unidos alcanzan los 420 mil millones. Sin embargo en “Fahrenheit 9/11” alguien afirma que alcanzan los 860 mil millones de dólares. Es decir, no son multimillonarias. Son multimillonarias.

La cuestión podría ser ¿a quién le importa?. Los documentales de Moore están llenos de pequeñas inexactitudes y afirmaciones quizás demasiado aventuradas. Pero lanzan ideas poderosas que transcienden la apariencia bufonesca de su director. Los últimos minutos de “Fahrenheit 9/11” son una larga cita de George Orwell que reflejan la verdadera carga de profundidad que es la película. (Aquí en España el profesor Tortosa de la Universidad de Alicante ha publicado un “enfoque orwelliano” de la guerra de Iraq).

Sin embargo, demasiadas veces encontramos en la izquierda que se hace valer el “espíritu crítico” como sustituto de la sustancia y el fondo. Como si un manifiesto, un artículo o una obra tuviera mérito y valor por el mero hecho de apuntar con el dedo un problema, aunque incurra en innumerables errores e incoherencias.

Y no es un problema de tintes académicos, aunque demasiadas veces por ejemplo se tachara a José María Anzar y su gobierno de “fascistas” cuando el fascismo es algo muy concreto (véase El fascismo de Stanley G. Payne). O a Ariel Sharon de “nazi”. El resultado es que conceptos como “fascista”, de usarse tan repetidamente, se ha devaluado enormemente.

El problema es llegar a creer que es sólo la intención lo que cuenta, cuando estamos en un mundo donde funcionan poderosos aparatos de propaganda y los supuestos “libres mercados” de las ideas no son tales. Así que es preciso ser muy precisos y rigurosos en lo que se dice una vez que se ha captado la atención del público. Los políticos de derecha (ahí está el ex-ministro Acebes) y las corporaciones multinacionales pueden sobrevivir a sus mentiras. La izquierda no.

[Esta entrada fue publicada originalmente en el blog Zoon Politikon de pitas.com]

Fahrenheint 9/11

El viernes fui con Beatrix a ver “Farenheit 9/11”. Es una película que ya al conocer su título cuando estaba en fase de producción me llamó la atención.

He visitado regularmente la página web de Michael Moore, he leído sus libros y he seguido la polémica en torno a la película en varias páginas webs estadounidenses. Así que estaba impaciente por verla. Me sorprendió no ver a mi alrededor la misma expectación que yo tenía, hasta que caí en la cuenta de que había seguido por Internet una polémica que era ajena a quien no hubiera estado atento a los medios estadounidenses.

En “Farenheit 9/11” uno encuentra varias temas contra los que Moore ya había cargado en sus libros, como la problemática determinación del ganador de las elecciones presidenciales del 2000 en EE.UU. o la aprobación de la confusa y liberticida “Patriot Act” tras el 11-S. Trata de tantos temas que creo hubiera sido posible lanzar una miniserie de documentales para tratarlos todos: Las elecciones del 2000, el trato especial a ciudadanos saudíes tras el 11-S, las relaciones de negocios de la familia Bush con la familia real saudí y la familia Bin Laden, el enriquecimiento con la “Guerra contra el Terrorismo” disfrutado por empresas vinculadas a miembros de la administración Bush, el recorte de presupuesto de aquellos organismos encargados de luchar contra el terrorismo en EE.UU., las responsabilidades de la administración Bush en prevenir y detener el 11-S, los intereses petroleros de EE.UU. en Asia Central, los planes de los neoconservadores de invadir Iraq antes del 11-S, el gran negocio de la reconstrucción de Iraq, las víctimas civiles de la guerra, los olvidados soldados estadounidenses heridos en la guerra, el reclutamiento de jóvenes de zonas deprimidas económicamentes, los abusos cometidos por soldados estadounidenses durante la guerra y algún tema más que ahora no recuerdo.

Muchos de estos temas han sido tratados con total libertad en los medios europeos. Pero uno sobreentiende en la película que son una total novedad para el público estadounidenses al que se le ha escamoteado mucha información. Y se sobreentiende que es una película destinada al público estadounidense cuando Moore va de lleno al estómago, jugando con las emociones del público enfrentado con el dolor de una mujer iraquí que ha enterrado a cinco parientes víctimas de los ataques estadounidenses, o el de una madre que apoyaba la guerra hasta que su hijo murió en ella. Para nosotros no son escenas novedosas, pero quizás entendamos por qué en EE.UU. el público abandona la sala con lágrimas en los ojos y la sensación de que su clase política le ha tomado el pelo. Da la impresión de que Moore se recrea en esas escenas, rallando la sensiblería con el propósito de cumplir su objetivo de remover conciencias.

El problema de Moore es además su tendencia a hacer especulaciones que lanzadas al aire rayan en un tono un tanto demagógico, lo cual unido a algunas afirmaciones un tanto ligeras, han servido a la derecha conservadora para cebarse en su película. Desde luego Moore no pretende hacer un documental digno de “Documentos TV”, pero podría ahorrarse esos momentos que le restan credibilidad. Por ejemplo, Moore critica que la administración Bush presentara la guerra de Iraq como un esfuerzo conjunto de EE.UU. con varios países aliados, la “Coalición de los Dispuestos” (Coalition of the Willing), ridiculizando a esos países (Samoa, Marruecos, Rumanía… ¡Holanda!).

Perdonándole esos momentos, “Fahrenheit 9/11” es ante todo una sátira política demoledora. Más allá de los fragmentos de 10 segundos que nos sirven los noticiarios de la TV, vemos a George Bush en un campo de golf o en su rancho atendiendo distendidamente a los medios y comprobamos que es un perfecto idiota incapaz de enhebrar dos frases seguidas con cierta coherencia. (Lo mismo comprobamos de Britney Spears, pero eso ya lo sabíamos). Moore explota ese humor mordaz, a veces socarrón a veces descacharrante, que vimos en “Bowling for Columbine”, pero limitando su presencia en pantalla. Y en los cinco minutos finales, se ve que Michael Moore hila muchísimo más fino de lo que parece a primera vista. Por eso se le ha lanzado toda la derecha estadounidenses al cuello. Moore disimuladamente dispara lejos y alto.

[Esta entrada fue publicada originalmente en el blog Zoon Politikon de pitas.com]