“The Edge: Is the Military Dominance of the West Coming to an End?” de Mark Urban

Mark Urban es un periodista británico, especialista en Oriente Medio y autor de libros de historia militar. Anteriormente leí y reseñé aquí el altamente recomendable Task Force Black. En este libro cambia de tercio y aborda una cuestión que concierne a la Nueva Guerra Fría, el declive militar de Occidente.

El libro parte de la enorme reducción de las fuerzas armadas europeas desde el fin de la Guerra Fría, con el ejemplo británico por delante, pero se pregunta si no se ha llegado a un punto en el que se han perdido ya demasiadas capacidades. Y que la premisa de que siempre estará ahí Estados Unidos para acudir al rescate de Europa puede que haya dejado de ser válida. La historia que cuenta de las fuerzas armadas europeas es tristemente familiar para el lector español. (Pronto trataré aquí el caso particular de España).

Urban cuestiona el lema de “más con menos” con el que se han justificado los sucesivos recortes. La idea es que unas fuerzas armadas más pequeñas alcanzarían unas mayores capacidades gracias a la tecnología avanzada. Pero los recortes han llegado también al presupuesto de municiones y al presupuesto para mantener los barcos, aviones y carros de combate. Así que la disponibilidad de estos últimos ha resultado ser reducida cuando llegó la hora de repartir tortas (Afganistán, Libia…) y el stock de bombas y misiles resultó escaso.

Por otro lado, la premisa de unas fuerzas armadas más pequeñas pero más tecnológicas se ha encontrado con el problema del desmadre presupuestario que han supuesto los sistemas de armas de última generación. Urban pone como ejemplo el caza de 5ª Generación F-22 Raptor y el bombardero invisible al radar B-2 Spirit. Destinados a sustituir a cientos de aviones construidos durante la Guerra Fría, del primero entraron en servicio 187 y del segundo 21. Urban plantea que tarde o temprano los arsenales heredados de la Guerra Fría se retiraran de servicio y Occidente se va a encontrar con pocas armas y escasos presupuestos para mantenerlas en un panorama internacional que ha cambiado, donde muchos países periféricos tienen ya sistemas avanzados, muchos de ellos vendidos por Occidente. Urban lanza la pregunta de qué pasaría si Egipto o Arabia Saudita cayeran en manos de enemigos de Occidente.

Más allá de las capacidades militares, Urban reflexiona sobre la disposición de las sociedades occidentales de apoyar el uso de la fuerza. Si el fenómeno ya había sido planteado por Edward Luttwak cuando habló de “sociedades postheroicas” allá por los 90, las intervenciones en Afganistán, Iraq y Libia han dejado a las opiniones públicas occidentales contrarias a las intervenciones armadas. Lo que tuvo consecuencias en el debate en 2013 sobre intervenir en Siria. Urban pone como contraste el caso de Rusia y su opinión pública, donde las intervenciones exteriores han supuesto un aumento de la popularidad de Vladimir Putin. Lo que lleva a la reflexión central del libro, sobre el fin del orden unipolar y la condición de híper-potencia que Estados Unidos mantuvo desde el fin de la Guerra Fría.

Sea China o Rusia, Occidente se encuentra en relación con potencias con un discurso nacionalista con toques revanchistas que tienen una concepción del uso de la fuerza diferente. Digamos, que no han llegado a la fase post-heroica (sería interesante, añado yo, el impacto de las bajas de guerra en un país con tanto hijo único como China). Sin entrar en el discurso del “choque de civilizaciones”, Urban plantea los valores distintos a Occidente con los que se maneja el resto del mundo. “El paradigma occidental parece cada vez menos relevante”, afirma Urban (pág. 120). La impotencia occidental dejará espacios vacíos que serán aprovechados por otras potencias. La reflexión que me deja el libro es pensar hasta que punto la falta de voluntad para pelear y la falta de recursos para hacerlo irá transformando la política exterior de los países occidentales.

Dejados atrás: De las milicias a Trump (Segunda parte)

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Foto: Reuters/Dominick Reuter. Vía Business Insider.

Donald Trump ha sido el gran femóneno de la primarias del Partido Republicano. Es como si las reglas clásicas de la política no se aplicaran con él. Ha dicho y hecho cosas que hubieran hundido la carrera de otros políticos en un ciclo electoral diferente. Queda ahora tan lejanas las primaras de 2004, cuando los gritos eufóricos de Howard Dean, aislados del sonido ambiente mientras el público gritaba, le hicieron parecer un demente y arruinaron su campaña. Hoy los votantes republicanos que apoyan a Donald Trump le perdonan o le justifican todo.

Aquí en Europa a los bien pensantes les encanta diseccionar el discurso simplón de Trump desde el supuesto refinamiento y sofisticación del viejo continente que nos distancia de Estados Unidos, explicando su auge como la típica fórmula de candidato populista que apela a los bajos instintos del electorado. Ya saben, ese estereotípico estadounidense con sobrepeso que no sabe situar países que son noticia en un mapa. La verdad, no creo que estemos en condiciones en Europa de dar lecciones al respecto, con un panorama político donde encontramos desde populismo de inspiración sudamericana a la ultraderecha xenófoba. Ni mucho menos de preguntarle al votante medio europeo que diga cuántos países forman la Unión Europea y los ubique en un mapa.

El fenómeno Trump ha generado en Estados Unidos un caudal interminable de columnas de opinión y ha ocupado horas y horas de televisión, desde los programas más sesudos a los inevitables momentos de humor de los late night shows. La mayoría de los análisis se centran en lo zafio y simplista de su mensaje. Como los titulares de que Trump habla con un inglés propio de un niño de 4º de primaria o 5º de primaria. Hace poco, Andersoon Cooper le reprochó a Trump que atacara a Ted Cruz tuiteando una foto que comparaba la mujer de ambos, a lo que Trump respondió “¡yo no empecé!”. Cooper le reprochó que la respuesta era digna de un niño de 5 años. Los medios se han centrado en esta clase de asuntos para resaltar el supuesto bajo nivel intelectual de Donald Trump, con la idea de resaltar lo inadecuado que es para el puesto de presidente de los Estados Unidos.

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Otros análisis se han centrado en el fondo de su discurso, lo que tiene al aparato del Partido Republicano bajo un ataque de pánico. Trump es un republicano atípico. En el debate con los otros candidatos republicanos en Carolina del Sur defendió frente a Ted Cruz la financiación pública de Planned Parenthood y criticó la invasión de Iraq frente a Jeb Bush.

Pero lo que ha puesto realmente nervioso al establishment republicano y a los expertos internacionales es el programa de política exterior de Donald Trump, que presentó hace unas semanas ante periodistas del Washington Post. Trump es un aislacionista de la vieja escuela que cuestiona la necesidad de la OTAN, además de un repliegue sobre las fronteras para dejar de defender lugares como Europa y Corea del Sur. Según Trump, la crisis de Ucrania es un problema europeo y responsabilidad de Alemania. Pero todos los comentarios sobre lo malo que sería Trump para el país o para el Partido Republicano no dan una explicación de por qué es popular. Las explicaciones las he encontrado en lugares atípicos.

Scott Adams es el dibujante de las tiras cómicas de Dilbert y anticipó en su blog en el verano de 2015 el éxito de Trump. Según Adams, Donald Trump tiene unas dotes persuasivas extraordinarias y que lo que parece a priori acciones estrambóticas propias de un payaso suelen tener un objetivo definido. Por ejemplo, todo el debate sobre lo nefasto que sería Donald Trump como presidente de los Estados Unidos es la constatación de que somos ya capaces de imaginarle como candidato victorioso, algo que no consiguió ningún otro candidato republicano. Nadie habla del hipotético presidente Kasich o del hipotético presidente Cruz. Adams ha dedicado bastante atención a la campaña de Trump en su blog, lo que le ha llevado a ser entrevistado en Fox News y en la CNN.

John Robb es el autor de blog Global Guerrillas y el libro homónimo. Según Robb, Donald Trump ha roto las reglas establecidas y la suya no es una campaña electoral sino una insurgencia. Se trata de un movimiento centrado en unas pocas ideas sobre a qué se opone y que resulta vago a la hora de definir las posiciones propias para no generar divisiones entre su base electoral. Después del Súper Martes, Robb llamó la atención a cómo el aparato del Partido Republicano se había lanzado contra Trump y anunció que ese día había nacido un nuevo grupo social, los technorati. Robb la describe como esa clase social cosmopolita y cualificada que ha prosperado con la globalización. Los encontramos en muchos países y tienen entre ellos más en común que con el resto de los habitantes de sus propios países. Porque frente a los technorati ha aparecido otra clase social, los “dejados atrás” (left behind). Es ese sector de la clase obrera cuyo nivel de vida ha empeorado con el paso de los años, sufrió la crisis y cuyos hijos no vivirán mejor. Son los trabajadores poco cualificados a los que tener un empleo no les permite salir de la pobreza y cuyas fotos empujando un carrito en Wal Mart luciendo sobrepeso y ropa hortera son objeto de burla en Internet. Son los recién licenciados universitarios aplastados por la losa de las deudas contraídas para pagar los carísimos estudios universitarios en EE.UU. y que se han encontrado el mercado de trabajo post-crisis. Estos últimos apoyan a Bernie Sanders. Los otros, a Donald Trump. Ambos candidatos han pulsado una cuerda emocional en el electorado hablando de economía y comercio. Y ambos son percibidos como candidatos anti establishment. Trump es un multi millonario. Pero, precisamente por ello, se presenta como alguien que se autofinancia la campaña electoral y no está sometido al juego de compra de voluntades de los lobbies y grupos de presión.

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Vía Politikon.es

Trump ha prometido apretar las tuercas a las empresas estadounidenses para que traigan empleos de vuelta desde China y México. En los datos que recopilaba Roger Senserrich aparecía una encuesta en la que los votantes de Trump era el grupo de población considerado que en mayor medida creía (67%) que los tratados de comercio habían sido algo malo para Estados Unidos. Hay, por tanto, una masa de trabajadores estadounidenses preocupada por que su puesto de trabajo sea deslocalizado. El nivel de estudios, el nivel de paro en la zona y la pérdida de empleos en el sector manufacturero parecen ser buenos predictores estadísticos del apoyo electoral a Trump. Son factores parecidos a los que en la primera mitad de los años 90, la época en que se negoció el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, explicaron la aparición de milicias unidas por una perspectiva conspiranoica en zonas desindustrializadas de Estados Unidos. El descontento es el mismo pero esta vez ha sido canalizado por un político que promete devolver la gloria perdida por el país en el contexto de la Nueva Guerra Fría y el ascenso de China.

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com :

Dejados atrás: De las milicias a Trump, 1ª parte (14 marzo 2016)

Presidente Trump (2 marzo 2016)

Dejados atrás: De las milicias a Trump (Primera parte)

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En marzo de 1991, con la euforia tras la victoria militar en la Guerra del Golfo, el nivel de aprobación del presidente estadounidense George H. W. Bush alcanzó el 90%. Su reeleción al año siguiente parecía asegurada. Pero meses después de la guerra, en julio de 1991, la economía estadounidense entró en recesión. La economía se convirtió en un tema central de las elecciones de 1992. En el cuartel general de la campaña del aspirante demócrata Bill Clinton, el estratega político James Carville escribió en una pizarra tres frases que señalaban los tres temas en los que se tenía que incidir. El segundo era “The economy, stupid”. La frase se popularizó y transcendió al equipo de campaña como “It’s the economy, stupid”.

Bill Clinton ganó las elecciones y durante su presidencia apareció un nuevo femóneno, las milicias armadas. Al igual que las teorías conspiranoicas sobre Obama, el musulmán encubierto nacido en Kenia, en aquel momento surgió toda una literatura sobre el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial (NWO) en el que la soberanía estadounidense sería transferida a Naciones Unidas y al capital internacional. Se hablaba de bases secretas militares rusas en territorio estadounidense, helicópteros negros y hasta de campos de exterminio en las instalaciones de la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias (FEMA), encargada entre otras cosas  de asegurar la Continuidad de Operaciones y Continuidad del Gobierno. Sus poderes especiales al respecto la convirtió en objeto de teorías sobre un “gobierno paralelo” [*]. A modo de curiosidad, la serie de televisión “Expediente X” arrancó en septiembre de 1993, el año en que Bill Clinton asumió la presidencia de los Estados Unidos.

Manuel Castells le dedica un apartado en el segundo volumen de su monumental La Era de la Información a las milicias estadounidenses dentro de un capítulo dedicado a los “movimientos sociales contra el nuevo orden global”, que incluye también al Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Cuenta Castells, que si bien el sustrato en el que nacen las milicias son los grupos supremacistas blancos y su modern-militiaanticipación de una “guerra santa racial” (RAHOWA), no se puede acotar el movimiento como una simple manifestación de la ultraderecha racista. El repaso de las páginas webs de las milicias en aquel entonces mostraban que muchas estaban abiertas a miembros de ambos sexos y minorías étnicas. Castells no lo menciona, pero yo añadiría que una de las fuentes del fenómeno fue también el survivalismo, que ya Hollywood recogió en 1983 en The Survivors. En cuanto a política, la corriente que inspiró a las milicias es el libertarismo y su profunda desconfianza hacia el gobierno federal, junto con los valores “tradicionales” del conservadurismo cristiano evangelista y el rechazo al incipiente proceso de globalización económica. No en vano en el año 1993 se firmó el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) y el 1 de enero de 1994 entró en vigor, día en que se dio a conocer al mundo el EZLN.

El perfil típico del miembro de las milicias era el de un “varón blanco cabreado”. La proliferación del fenómeno, tanto en el interior rural del país como en las áreas metropolitanas, impedía calificarlo únicamente como una reacción conservadora de la América Profunda (véase “Los muchos Estados Unidos”, noviembre 2013). Castells atribuye la aparición del fenómeno, en parte,  a una masculinidad en crisis en la era del ascenso de los derechos de la mujer y los homosexuales. De ahí que las milicias encontraran miembros hasta en el sector tecnológico de California. Es fácil imaginar el atractivo de pertenecer a un grupo donde encontrar camaradería masculina en una sociedad profundamente individualista y vivir fantasías de poder manejando armas y vistiendo uniforme.

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El arquetipo de miembro de las milicias: Un varón blanco de aspecto poco marcial jugando a la guerra.

Otro de los elementos interesantes que menciona Castells es que estos grupos mantenían una estructura distribuida, con varias figuras carismáticas como referentes intelectuales pero sin una jerarquía establecida a nivel nacional. De hecho, el concepto de “Resistencia Sin Líderes” surgió en los años 80 en la ultraderecha racista estadounidense. A pesar de su origen como corriente minoritaria tuvieron una rápida expansión gracias al empleo de BBS e Internet, una característica que reflejaba la película “Betrayed” (“El sendero de la traición”, en España) dirigida por Costa Gavras en 1988.

El asedio policial en Ruby Ridge en 1992 y el asedio al rancho de los davidianos en Waco (Texas) en 1993 se consideran los catalizadores del fenómeno, al generar una fuerte reacción ante lo que se consideraban abusos del gobierno federal contra ciudadanos armados. La realidad es que los estudios sobre el tema señalan que el movimiento de milicias arraigó entre los blancos de clase trabajadora en un momento de crisis económica, cambio tecnológico y deslocalización de empresas. El discurso contra el Nuevo Orden Mundial tenía resonancia entre los efectos de una época de cierres de grandes dinosaurios tecnológicos y  traslado de factorías. Castells cita a William Pierce, que decía en marzo de 1994:

En pocas palabras, el Nuevo Orden Mundial es un sistema utópico en el que la economía estadounidense (junto con la de todas las naciones) será “globalizada”: los niveles salariales de todos los trabajadores estadounidenses y europeos se harán hasta los de los trabajadores del Tercer Mundo; las fronteras nacionales dejarán de existir para todos los supuestos prácticos; y un flujo creciente de inmigrantes del Tercer Mundo a los Estados Unidos y Europa habrá producido una mayoría no blanca en todas  las zonas del mundo que antes eran blancas; una élite formada por financieros internacionales, los dueños de los medios de comunicación de masas y los gestores de las compañías multinacionales, tendrá la última palabra; y las fuerzas de paz de la ONU se utilizarán para evitar que nadie opte por salirse del sistema.

Me parece relevante que este párrafo podría, con pocos cambios, publicarse hoy con adaptaciones que incluyeran la crítica a las élites económicas tras la crisis de 2008 y el rechazo a la inmigración en Estados Unidos y Europa. El movimiento de las milicias entró en decadencia tras el atentado terrorista en Oklahoma City en 1995, con una intensa campaña de demonización desde los medios. Pero el movimiento está resurgiendo, como demostró el reciente asedio policial en Oregón. Hay de nuevo un malestar en la población blanca de clase obrera en Estados Unidos. Y esa es la explicación del éxito electoral de un candidato como Donald Trump. Pero de eso hablaremos en la segunda parte.

[Continuará]

[*] A modo de curiosidad, la creación de la Unidad Militar de Emergencias durante el gobierno de Rodríguez Zapatero y bajo mando directo de Presidencia de Gobierno generó comentarios en la prensa de derechas española sobre una “guardia pretoriana” al servicio de los oscuros planes golpistas que el PSOE había urdido con ETA y los servicios secretos marroquíes, cómplices del 11-M. En su primera aparición en el desfile del 12 de octubre de 2006 la UME fue abucheada por el público.

Occidente y el imperialismo del que puede

El asunto resurgió otro año más con la celebración del 12 de octubre. Y me lo volví a encontrar en un tuit en español, que ahora no localizo, de alguien que afirmaba ser armenio. Decía que no había civilización más genocida que Occidente. Me llamó la atención esa persona porque en otro momento defendía que el cristianismo ortodoxo y el socialismo debían ser aliados. Se trata, por tanto, de alguien que percibe el mundo en términos en la Nueva Guerra Fría. Pero a eso volveremos luego.

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Alexander Zaldostanov (alias “El Cirujano”) líder de los “Lobos de la Noche”, una banda de moteros pro Putin. Vía Principia Marsupia.

Decía Samuel P. Hungtinton en El Choque de Civilizaciones que Occidente había llegado a dominar el mundo mediante el uso implacable de la violencia y que eso era un detalle que mientras en Occidente se pasaba por alto en el resto del mundo no. Inmediatamente a la mente vienen esos exploradores que desembarcaron en América, África, Asia y Oceanía, para someter violentamente a las poblaciones locales. La lista de imperios, reinos, civilizaciones y culturas que fueron cayendo y desapareciendo ante el avance por varios continentes de las avanzadillas de los imperios europeos debe ser bastante larga. Pero puestos a buscar la singularidad de Occidente, un debate viejo, dudo que esté en una maldad intrínseca. Por qué Occidente se impuso al resto de civilizaciones es una pregunta que Jared Diamond trató de responder en su libro Armas, gérmenes y acero. Diamond es un determinista geográfico que pone énfasis en la orografía y el clima. Según él, en Europa se produce la confluencia de un clima que permite el cultivo de cereales y la cría de ciertos animales (el caballo, la vaca, el cerdo, la cabra y la oveja). Esto permitió el desarrollo de la agricultura y la ganadería, así como la acumulación de excedentes que derivan en la especialización del trabajo y en una mayor complejidad política. A partir de ahí, Diamond añade que la geografía de Europa permitió la aparición de numerosos reinos independientes cuya competencia generó el incentivo para una carrera tecnológica y militar. Sería interesante debatir por qué en Europa se produjo la revolución científica de la Modernidad (de la publicación de la teoría heliocéntrica de Copérnico en 1543 a la publicación de los Principia de Newtown en 1687).

Carga del 21º de Lanceros en Ombdurmán. Entre ellos el teniente Winston Churchill.
Carga del 21º de Lanceros en Ombdurmán, del que formaba parte el teniente Winston Churchill. Cuadro de Edward Matthew Hale.

El desarrollo científico-tecnológico colocó a Europa por delante del resto del mundo hasta alcanzar la disparidad vista en momentos como la Batalla de Omdurmán (1898), donde el ejército anglo-egipcio sufrió menos de cien baja mortales frente a la cerca de decena de miles de muertos entre las filas mahdistas. El impulso de expandir sus dominios estuvo presente en innumerables imperios de los cuatro continentes. Del imperio asirio al mexica, pasando por los mongoles. Y no se puede decir que fuera de Occidente las expansiones territoriales estuvieran exentas de masacres, genocidios y destrucción de culturas, por no hablar del trato a los prisioneros de guerra. Uno de los episodios traumáticos de la historia árabe es la caída de Bagdad a manos de los mongoles en 1258. La pérdida de vidas humanas fue tan colosal como la destrucción de bibliotecas. Bagdad jamás volvió a ser un centro político relevante en el mundo árabe-musulmán. La expansión rusa hacia Sibiera incluye episodios clasificables como genocidio. Y décadas antes de ser sometido por el imperio británico, el reino zulú de Shaka en el África meridional se expandió a mediados del siglo XIX violentamente, devastando otros pueblos. El gobierno brutal y despótico del militarista Shaka llevó al magnicidio por parte de miembros de su propia familia.

20 años sin la Unión Soviética borraron de la imaginación colectiva la idea de una súper potencia que no fuera Estados Unidos, convertida en “hiperpotencia” al vivir desde la desaparición de un par competidor su “momento unipolar”. Estados Unidos encarnó el mal absoluto para varias generaciones de adolescentes que llegaron a la política en el mundo posterior a la Guerra Fría. Ni siquiera el 11-S motivó algo de simpatía en ciertos sectores de la población occidental. Así, tras el 11-S, Jean-François Revel escribiera L’obsession anti-américaine (2002) y Fernando Iglesias le dedicara al tema un capítulo titulado “El antiamericanismo, etapa superior del antimodernismo” en Twin Towers: El colapso de los estados nacionalesDe ahí que llegáramos a las teorías conspiranoicas del “trabajo interno” para seguir odiando a EE.UU. La ironía es que uno de las tesis de los argumentos conspiranoicos es que el gobierno Bush organizó el 11-S para tener una excusa con la que intervenir en Asia Central y Oriente Medio, cuando precisamente Bush había llegado al poder con una agenda más aislacionista que pretendía ser un golpe de péndulo al “intervencionismo humanitario” de Clinton. Luego, llegó Obama y su simple declaración de intenciones de dejar atrás la doctrina Bush le valió el más ridículo de los Premios Nobel de la Paz jamás concedido. La intervención en Libia en 2011 a regañadientes, arrastrado por Reino Unido y Francia, junto con las dudas en 2013 sobre intervenir o no en Siria, marcan los vientos de cambio en Washington. Los problemas del Gran Oriente Medio ya no podían resolverse de forma unilateral y por la fuerza. Por eso coincido con Juan Cole en fechar el cénit del imperio estadounidense en 2011.

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Paracaidista de la 173ª Brigada Aerotransportada en el norte de Iraq durante la invasión del país (2003).

La reciente reaparición en la arena global de países como Rusia y China nos permite ya vislumbrar cómo será un mundo “post uni-polar”. Más potencias en la arena no llevará necesariamente a un mundo más en paz gracias a los equilibrios y contrapesos. Cada cual usará la fuerza según sus capacidades y la impunidad que disfrute. El compartimento de China en Tíbet o de Rusia en Chechenia nos dan una pista de cómo se comportan los gobiernos de otras culturas. No esperen un comportamiento benévolo de unas potencias, que vuelven a asumir una naturaleza imperial, simplemente porque se trata de países ajenos a la “malvada” cultura occidental. Y los movimientos de Putin en Europa y Oriente Medio no son el resultado de una ruptura en la política exterior rusa o un enloquecimiento súbito del líder ruso. Rusia actúa porque por fin puede.

Marines en Morón

Ciudadanos estadounidenses son evacuados de Monrovia en un helicóptero ruso de una empresa contratista durante la Operación
Ciudadanos estadounidenses son evacuados de Monrovia en un helicóptero ruso de una empresa contratada por el Departamento de Estado durante la Operación “Shining Express” (2003)

Recientemente el gobierno español envió a las Cortes la autorización para que la Special Purpose Marine Air-Ground Task Force Crisis Response-Africa del USMC en la base española de Morón pueda aumentar su tamaño.

Si han leído la prensa rusa en español y los medios simpatizantes de Putin en España en ambos extremos del espectro político, se trata de una grave cesión de la soberanía nacional que pone a España al servicio de la política imperialista estadounidense en África. ¡“El gobierno entrega Morón a los marines norteamericanos”! ¡“Ampliación de Morón convierte a España en una parte del Pentágono”! Para cualquiera que no haya estado escondido en una cueva en los últimos años tres años sabrá que todo esto gira en torno a un solo asunto: Bengazi.

El 11 de septiembre de 2012 se produjo un ataque yihadista contra el consulado estadounidense en Bengazi (Libia). El embajador estadounidense y un informático del servicio resultaron muertos. Personal armado de la CIA que operaba desde un edificio cercano acudió al rescate del personal diplomático para llevarlo hasta ese segundo edificio, convirtiéndose el lugar en objetivo de los yihadistas. Dos agentes de seguridad de la CIA resultaron muertos al impactar sendos proyectiles de mortero en la azotea mientras ocupaban posiciones defensivas.

El asunto se convirtió en el centro de una campaña contra el gobierno de Barack Obama, agitada incesante y machaconamente durante bastante tiempo por medios como Fox News. Se acusó al gobierno de no haber proporcionado la seguridad adecuada a la delegación diplomática, de haber ignorado las peticiones de auxilio desde Bengazi, de no contar con una fuerza de reacción rápida, etc.

El asunto fue diseccionado por Jack Murphy y Brandon Webb en Benghazi: The Definitive Report. Su tesis es que la CIA estaba llevando a cabo una campaña agresiva contra las fuerzas yihadistas en la región sin informar al Departamento de Estado, que ignorante del contexto no tomó las medidas de seguridad pertinentes.

Un MV-22 Osprey durante un ejericio en la base de Morón.
Un MV-22 Osprey durante un ejericio en la base de Morón.

En el pasado ya Estados Unidos realizó misiones de evacuación en África. En el caso de Liberia, sucedió dos veces: Operación “Sharp Edge” (1990-1991) y Operación “Shining Express” (2003). En este último caso, se desplazaron helicópteros desde Islandia porque en aquel entonces las misiones en África dependeían del mando europeo EUCOM.

La respuesta del gobierno estadounidense tras el ataque de Bengazi fue crear la Special Purpose Marine Air-Ground Task Force Crisis Response-Africa, dotada con convertiplanos MV-22 Osprey como fuerza de contingencia para el continente africano. Cuenta con cisternas KC-130 como apoyo y se ubica en la base aérea conjunta de Morón, lo que proporciona cercanía geográfica al Norte de África. Los MV-22 disponen además de una mayor velocidad de crucero que un helicóptero.

¿Qué saca España de todo esto? Lo que el gobierno ha estado dispuesto o ha sido capaz de negociar. Se habla de 36 millones de euros en obras que serán contratadas con empresas españolas. Hubiera sido una buena oportunidad, por ejemplo, para negociar la creación de un campo de adiestramiento en Rota con estándares estadounidenses del que se hubieran beneficiado marines y los infantes de marina españoles. Pero para eso, claro, habría primero que ser conscientes de las carencias que se tienen.

La militarización de la policía en Estados Unidos

Robert D. Kaplan es un periodista estadounidense especializado en un tipo de reportaje en particular. Se empapa de bibliografía sobre la historia y la realidad política, social y económica de un lugar antes de visitarlo. Allí combina las observaciones a ras de suelo con entrevistas a personalidades y expertos. Véase por ejemplo, Monzón. El resultado es una visión de conjunto que mezcla lo macro y lo micro que algún día me gustaría imitar.

A finales de los años 90 realizó un viaje por el interior de Estados Unidos dispuesto a aplicar el mismo método empleado en sus viajes por el Cáucaso, Oriente Medio y Asia Central. Constató en aquel entonces la atomización de la sociedad estadounidense, algo de lo que hablé en noviembre de 2013. Véase al respecto mi apunte sobre los muchos “países” que hay dentro de Estados Unidos. Una de las grandes divisiones de las que habló en su libro An empire wilderness es la que existe entre la población de clase media que vive ya en una economía globalizada y la población urbana que vive en una economía de subsistencia en áreas con mucha delincuencia y pobres servicios públicos. Una de las ciudades que visitó y donde constató el fenómeno es Saint Louis, Missouri.

El pasado sábado día 9 de agosto un chico negro de 18 años llamado Michael Brown murió tiroteado por un policía en la localidad de Ferguson, dentro del condado de Saint Louis. Brown estaba desarmado. Según la versión de la policía, trató de arrebatarle el arma a un policía. Según algunos testigos, Brown fue tiroteado mientras se alejaba corriendo.

Durante los siguientes días hubo hubo disturbios en Ferguson. Algunas tiendas fueron saqueadas. El miércoles día 13 hubo una manifestación. La policía desplegó gran cantidad de medios y unidades especiales tipo SWAT con vehículos blindados, francotiradores, un cañón de sonido LRAD, etc. Hubo lanzamiento de gas lacrimógeno y hasta detenciones de periodistas. Se difundieron bastante fotos que mostraban el despliegue policial. En las redes sociales se comentó muy negativamente el aspecto “militar” de la policía, especialmente por parte de veteranos de guerra. Se reabrió una vez más el debate sobre la militarización de la policía en Estados Unidos. Algunos medios jugaron con la yuxtaposición de fotos de la policía avanzando por Ferguson con imágenes de tropas en Afganistán e Iraq, como fue el caso de Buzzfeed y Mashable.

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Francotirador de la policía apuntando con un fusil Mega MaTen a los manifestantes el 13/08/2014 en Ferguson.
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Policías con camuflaje A-TACS AU y chalecos MOLLE subidos a un blindado LENCO Bearcat con un cañón sónico LRAD el 13/08/14 en Ferguson.
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Policía disparando un lanzagranadas semiautomático en Ferguson el 18/08/2014 (Foto de David Carson)

La idea de crear una unidad policial especial nació en el Departamento de Policía de Los Angeles en los años 60 en el contexto de la creciente tensión racial, tal fue el caso de los Disturbios de Watts. Se contó para ello con policías con experiencia militar. A principios de los años 70 se creó de forma permanente la unidad SWAT (Special Weapons and Tactics) como unidad de intervención policial. Su popularidad sirvió de inspiración a una serie de televisión que en España se conoció como “Los hombres de Harrelson”.

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En teoría, la función de las unidades tipo SWAT en la actualidad es intervenir en casos de toma de rehenes, detenciones de sospechosos peligrosos que estén armados, respuesta ante francontiradores, etc. Con los años se multiplicaron los departamentos de policía local y estatal estadounidenses que cuentan con su propia unidad especial de intervención tipo SWAT. El acrónimo SWAT fue considerado en algunos lugares demasiado agresivo, por lo que es normal encontrar unidades que cumplen exactamente las mismas funciones pero con otros nombres como Special Response Team (SRT) y Emergency Response Team (ERT), o incluso nombres más originales como High Enforcement Action Team (HEAT).

La verdadera “carrera armamentística” empezó cuando una ley de principios de los años 90 estableció un programa de transferencia a bajo coste de material militar excedente a los departamentos de policía de todo el país. Ese material incluía vehículos blindados, armamento, sistema de visión nocturna, uniformes de camuflaje, etc. Alguno de los vehículos ofrecidos eran todoterrenos blindados, como el Cadillac Gage Ranger. Pero otros se trataban de los transporte de tropas M113. Por ejemplo, uno de los departamentos de policía que ha recibido un M113 es el de la localidad de Doraville (Georgia) cuya población no llega a los 9.000 habitantes.

M113 del Departamento de Policía de Doraville (Georgia).
Un blindado militar en manos de la policía: M113 del Departamento de Policía de Doraville (Georgia).

En el año 1997 dos atracadores asaltaron un banco en North Hollywood (Los Angeles) armados con varios fusiles de asalto modificados para disparar en automático y con cargadores de alta capacidad mientras llevaban chalecos antibala. Su potencia de fuego mantuvo a raya a las patrullas de policía que acudieron inmediatamente. Los dos atracadores dispararon más de 1.000 balas e hirieron a 18 personas en un tiroteo que duró casi tres cuartos de hora. Después de aquel suceso el Departamento de Policía de Los Angeles y otros por todo el país establecieron fusiles de asalto AR-15, un arma hasta entonces potestativa de los grupos de intervención, como dotación en los coches patrulla. El origen de los fusiles de asalto fue el programa de transferencia de material militar excedente.

Una nueva ola de transferencia de material militar excedente ha tenido lugar tras la retirada estadounidense de Iraq y la progresiva retirada de Afganistán. Entre el material entregado a los departamentos de policía se encuentran vehículos blindados a prueba de minas MRAP (Mine-Resistant, Ambush Protected). Fueron comprados masivamente por las fuerzas armadas estadounidenses para patrullar carreteras en Afganistán e Iraq manteniendo los soldados a salvo de minas y artefactos explosivos (IED). Con un valor en el mercado de varios cientos de miles de dólares, los departamentos de policía los compran de segunda mano por un par de miles. Es el caso del enorme BAe Caiman adquirido por el Departamento de Policía de Fort Pierce (Florida).

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Un MRAP en manos de la policía: BAe Caiman del Departamento de Policía de Fort Pierce (Florida).

La compra de estos vehículos no está exenta de polémica. La policía de la universidad pública de Ohio adquirió un vehículo MRAP de 14 toneladas, un MaxxPro que aún conservaba la pintura color arena. La razón dada por la policía para su compra fue que el vehículo serviría para afrontar casos de “tirador activo” (una persona armada que empieza a disparar a la gente en un espacio público).

La “militarización” de la policía en Estados Unidos no es un tema polémico por la compra del material militar en sí, sino por el empleo de las unidades especiales de intervención. La realidad es que las unidades tipo SWAT tienen en realidad poco trabajo. El número de policías fallecidos en acto de servicio ha bajado y la delincuencia en general en Estados Unidos se ha reducido. Teniendo en cuenta los recursos gastados en dotarlas y entrenarlas, lo que hacen habitualmente los departamentos de policía es enviar a las unidades tipo SWAT a misiones de poca peligrosidad. Quien tiene un martillo, sólo ve clavos.

La realidad del día a día de las unidades tipo SWAT en Estados Unidos es que encargan de ir a la casa de personas con órdenes de búsqueda y captura o de personas sospechosas de dedicarse al menudeo de drogas blandas. El resultado es que los SWAT arrancan vallas, revientan puertas y lanzan granadas aturdidoras para entrar en la casa de personas que hubieran abierto la puerta de haber oído a la policía anunciarse tras tocar el timbre. En ocasiones, los delincuentes agarran un arma tan pronto oyen el estruendo y acaban abatidos a tiros. En ocasiones se trata de ciudadanos inocentes en cuyas casas la policía entra por error y terminan acribillados por haber agarrado un arma creyendo que entraban en la casa a robar.

En 2006 el CATO Institute publicó el informe Overkill: The Rise of Paramilitary Police Raids in America (disponible gratuitamente en formato PDF) de Radley Balko. En él se detallan numerosos casos de entradas violentas en casas de personas inocentes y uso excesivo de la fuerza.. LA American Civil Liberties Union por su parte recopiló estadísticas sobre la actuación de las unidades tipo SWAT entre 2011 y 2012. Encontró que sólo un 7% de sus intervenciones tuvo que ver con un atraco con rehenes, una persona atrincherada con un arma o un tirador activo. Sólo en algo más de la mitad de sus intervenciones se encontraron armas, la justificación para emplear a este tipo de unidad policial para realizar detenciones o registros. Y de hecho, en un 36% de las ocasiones la policía terminó la operación con las manos vacías. Aún así, en un 65% de las actuaciones se causaron daños en la casa en la que la policía entró, como por ejemplo romper una puerta con un ariete.

Policías encarando a manifestantes desarmados en Ferguson el 13/08/2014
Policías encarando a manifestantes desarmados en Ferguson el 13/08/2014. Llevan pantalones con el patrón de camuflaje boscoso de la infantería de marina estadounidense.

En el caso de Ferguson, aquel miércoles se enviaron unidades tipo SWAT a una manifestación que en todo caso era un problema de orden público que requería antidisturbios. Se trataba de la unidad policial equivocada para la tarea equivocada. Los veteranos de guerra que comentaron el despliegue policial en Ferguson el 13 de agosto señalaban que la mayoría de la parafernalia militar que lucían los policías era innecesaria. Como, por ejemplo, el despliegue de francotiradores con miras telescópicas de largo alcance frente a manifestantes a unos cien metros o los chalecos modulares MOLLE llenos de cartucheras, bolsas y toda clase de accesorios que llegado el caso restringen el movimiento. Es decir, toda la parafernalia militar de la policía no responde muchas veces a cuestiones funcionales sino estéticas.

Se apunta a la “Guerra contra las Drogas” primero y luego a la “Guerra contra el Terrorismo” el impulso al fenómeno de la militarización de la policía en Estados Unidos. Los ayuntamientos que dotan a la policía local de medios militares a la policía local estarían mandando un mensaje al electorado. El problema que se apunta es el cambio de mentalidad que se produce en la policía, que se siente entonces parte de una guerra (contra las drogas, el terrorismo, el crimen…) y donde se favorece el uso desproporcionado de la fuerzas. Pero quizás habría que apuntar a un último factor que ha influido en la proliferación de estética y medios militares entre la policía estadounidense: La glorificación de lo militar.

La estética militar estuvo asociada en parte a la contracultura. Recordemos la participación de John Lenon en el show de David Cavett, que fue usada en un montaje de la película Forrest Gump, donde apareció con una guerrera donde lucía los galones de sargento y el parche de la 2ª División de Infantería del ejército de los Estados Unidos. O la famosa escena en la cola del cine de Annie Hall, donde Woody Allen vestía una chaqueta M65. Eran tiempos cercanos a la Guerra de Vietnam y la vestimenta militar tenía connotaciones irónicas y contestarias. En la actualidad, los militares son los nuevos héroes en la imaginación colectiva estadounidense. Hollywood lanza películas como “Act of Valor”, “Taking Chance” y “Lone Survivor”. Youtube se llenó de vídeos de perros excitados y niños llorando dando la bienvenida a militares que volvían de la guerra. Y está toda una línea de videojuegos que ponen al jugador en la piel de un soldado estadounidense mientras que la simulación militar alcanza nuevas cotas de realismo con jugadores vestidos de militar de pies a cabeza disparándose con réplicas de “airsoft”James Der Derian habla del “Complejo Militar-Industrial-Medios-Entretenimiento”.

La glorificación de lo militar ha convertido la estética militar en algo atractivo, con toda una industria dedicada a la comercialización de ropa, accesorios, herramientas, utensilios y accesorios para armas que entran en la nueva categoría de lo “tacti-cool”. Véase por ejemplo las páginas web Soldier Systems, Predator Intelligence, Military Morons y Mil-Spec Monkey. Es raro el producto del que alguien no haya hecho una versión “táctica” adaptada para la vida militar, desde libretas de notas a mochilas. Cuando bromeé con un amigo que sólo me faltaba ver “papel higiéntico táctico” me pasó un enlace. Ya estaba inventado y comercializado.

The_f7d449_415250Es fácil comprender que la parafernalia militar con la que se pasea en Estados Unidos la policía forma parte de esa cultura de la devoción por lo militar que recorre desde adolescentes que juegan a ser Navy SEALs a estrellas de Hollywood que ceden su asiento en primera clase a un militar que viaja de uniforme. El problema está, como se apunta en el que cambio de mentalidad que experimentan los policías que se sienten parte de una “guerra contra el crimen” y salen a las calles armados hasta los dientes parapetados en un vehículo blindado que no hubiera desentonado en las calles de Falluya o Kandahar.

¿Y en España? Al contrario que en Estados Unidos, las misiones que realizan las unidades tipo SWAT de las policías locales están asumidas por los Grupos Operativos Especiales de Seguridad (GOES) del Cuerpo Nacional de Policía y por los Grupos Rurales de Seguridad de la Guardia Civil. De los primeros hay nueve  y de lo segundos, que también cumplen funciones de orden público, ocho repartidos por toda España. Donde se ha vivido una proliferación de grupos “especiales” con estética militar es en las policías locales.

2010051512535031533Posiblemente una de las pioneras en España fue la Unidad de Intervención Policial (UNIPOL) de Santa Cruz de Tenerife, que en su momento ganó bastante mala fama. Dentro del amplio panorama de “grupos especiales”, “unidades de “intervención policial” y “unidades de intervención rápida”, etc. encontramos que la Policía Local de Valencia tiene su “Grupo de Operaciones Especiales”, que a pesar de emplear un nombre tan marcadamente militar se dedica al control de mercadillos y la mendicidad. Y es que la ley en España marca bastante las funciones de cada cuerpo policial. Así, aunque algún alcalde se quiera apuntar a la mano dura contra la delincuencia ordenando crear dentro de la policía local una unidad especial con estética militar se encontrará que la ley limita el tipo de armamento y las funciones que pueden desempeñar.

Galería de fotos de Ferguson en The Big Picture en Boston.com
Galería de foto de Ferguson en ABC News
Un libro del mismo autor del informe del Cato Institute: Rise of the Warrior Cop: The Militarization of America’s Police Forces de Radley Balko (2013)
“Cops or soldiers?” en The Economist (22/03/2014)
Íñigo Sáenz de Ugarte y Jordi Pérez Colomé también han hablado del asunto.

Los muchos Estados Unidos

En enero publiqué aquí una reseña de An Empire Wilderness de Robert D. Kaplan. El autor viajaba por Estados Unidos con la misma mirada con la que normalmente viaja por lugares remotos del planeta, compaginando los apuntes del natural con datos estadísticos y perspectiva histórica. Entonces destaqué:

Lo que preocupa a Kaplan es si Estados Unidos como nación tiene futuro. Y lo que se encuentra es que la política “nacional” interesa cada vez menos y las preocupaciones fundamentales de la gente son de tipo local. Washington D.C. se ve como un poder lejano e intrusivo. Pero el debate no es sólo “Washington D.C. se lleva nuestro dinero con impuestos”, sino que incluso los gobiernos estatales se ven como un poder ajeno. Las verdaderas preocupaciones son las cuestiones del municipio, el condado o la región.

ha recopilado en Buzzfeed una lista de territorios que en Estados Unidos quieren formar su propio estado y algunas citas de personas que defienden esas iniciativas. Encontramos recurrentemente el rechazo a las políticas dictadas por la capital del estado, sea Phoenix (Arizona), Annapolis (Maryland) o Trenton (New Jersey). En las razones para la secesión hay una recurrente brecha entre megaurbes y el resto del estado (Chicago y Miami) o condados rurales y el resto más urbanizado del estado. En algunos casos las inciativas suponen la secesión de un estado para unirse en uno nuevo a otros territorios que también se separan del suyo. Si todos las iniciativas tuvieran éxito el mapa de Estados Unidos se redibujaría de la siguiente manera: buzz-wide-gif

Sobra a estas alturas explicar que hay muchos y diferentes Estados Unidos. Colin Woodard ha identificado nada menos que “once culturas regionales” que se caracterizan por sus valores colectivos que encuentran expresión en dicotomías como individualismo vs colectivismo , el papel de la religión en la vida pública o su tolerancia hacia las minorías religiosas, étnicas y sexuales. Así en Nueva Inglaterra, la costa de California, Nueva York, el sur de Louisiana y Canadá occidental encontramos élites intelectuales, valores socialdemócratas e inclusión de las minorías mientras que en los antiguos territorios confederados del Sur y las grandes llanuras del oeste encontramos desconfianza hacia el gobierno de Washington y sus políticas fiscales o medioambientales. Estas diferencias se reflejan de forma práctica en el voto y el apoyo a leyes relativas a la tenencia de arma o pena de muerte.

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