La compleja viabilidad económica de la agenda Trump (1ª parte)

Durante meses fue uno más de los candidatos extravagantes que suele presentar el partido republicano en sus primarias, en respuesta a lo fragmentadas e inquietas que son las bases y el electorado del Viejo Gran Partido. Pero conforme se vio que sus malos modales, su dialéctica incendiaria, su indisimulada intención de ser políticamente incorrecto le permitían ir desbancando a buena parte de los candidatos más presidenciables, los medios y analistas se centraron menos en el personaje y más en sus deslavazadas medidas populistas.

El grueso del voto que ha alzado a Trump a la presidencia se corresponde con buena parte de la antigua clase media blanca devenida en baja por mor de la crisis, a la que se le suma la clase media-baja de ciudades industriales que poco a poco han ido perdiendo su empleo como consecuencia del nuevo rol de EE.UU. en el reparto internacional del trabajo. Pero al mismo tiempo, esa victoria es suya y no de Bernie Sanders porque ha recibido el apoyo o la aquiescencia de los propietarios de esas grandes corporaciones industriales venidas a menos. Por eso y por el discurso xenófobo, inasumible en público para el ala progresista del partido demócrata, pero que en la intimidad del voto es posible que se hay manifestado en cierta medida.

Es por ello que sus grandes líneas en política interna han consistido en repetir toda una serie de mantras populistas que parecen dar gusto a todos los sectores de su electorado y del de enfrente, por más que, si se analizan en profundidad, acaban siendo incluso incompatibles. Se ha hablado de barreras físicas y legales a la inmigración, de multas y aranceles a las empresas que deslocalicen producción, de grandes ventajas fiscales a las clases medias y altas, de eliminación de regulaciones y apoyos fiscales a los grandes productores de empleo…

INVIABILIDAD ECONÓMICA VS. CONVENIENCIA POLÍTICA DEL POPULISMO.

La segunda mitad del siglo XX fue la de la hegemonía intelectual y material del keynesianismo. En los países más avanzados, todavía demográficamente dinámicos, las implementaciones industriales de los avances técnicos de la II Guerra Mundial permitieron lo que se vino en llamar “la dinámica de acumulación de capital de posguerra”, una era de enormes avances en la productividad industrial que permitió alcanzar los estándares del Gran Sueño Americano en EE.UU. y que sirvió para financiar el Estado del Bienestar en una Europa donde el ficticio ejemplo del modelo socialista soviético suponía una posible fuente de disturbio social.

El gran peso de las economías occidentales permitió una irradiación de estas ventajas adquiridas hacia otros países de su mismo circuito comercial, principalmente Extremo Oriente e Iberoamérica. En aquellos donde prevaleció la buena gobernanza, el institucionalismo de las élites y una tradicional ética del trabajo, el progreso fue asombroso, incluso superando a la fuente original. Japón, Corea del Sur o Taiwan se convirtieron en potencias industriales de primer orden.

Pero en el centro y sur del continente americano, donde la revolución es un elemento habitual del paisaje político, las élites a veces civiles y a veces militares, optaron por el Populismo. Por un lado se mantenía una economía de mercado, afecta a los intereses del gran capital extranjero. Por otra se aplicaban en el interior las grandes recetas de gasto público y expansión monetaria del keynesianismo que daba su sitio y desactivaba a las fuerzas vivas del socialismo revolucionario. En el corto plazo solía funcionar, con grandes avances económicos y una sensible mejora del bienestar social. Pero en el medio y largo plazo el diferencial de productividad con los países más avanzados generaba una pérdida de equilibrio que se traducía en altos déficits para sostener el gasto público, imprimación de moneda para afrontar los pagos internos, y suscripción de deuda para asumir los pagos externos. Invariablemente, y ello lo hemos visto repetido docenas de veces e incluso más de una vez en algunos países, ello conllevaba a una situación de quiebra general, con unas clases empobrecidas por una hiperinflación galopante y una salida de capitales hacia destinos más estables. ¿Es ese el destino que espera a EE.UU. si se cumplen las promesas de Trump?

Las limitaciones a la inmigración ilegal, precisamente la más rentable por cuanto asume tareas de producción marginales sin provocar grandes contraprestaciones sociales, debería conducir a una pérdida de competitividad relativa, bien por la pérdida de esa producción marginal barata, bien por la asunción de esta por parte de trabajadores legales, cuya mano de obra es siempre más cara. Los aranceles a las empresas que producen en China o México, conllevarán un aumento del coste medio de sus productos que le supondrán igualmente una pérdida de competitividad exterior sensible. Ambas medidas podrían precisamente acelerar la desindustrialización norteamericana, justo el mal que se pretende atajar.

Los niveles de deuda de EE.UU. son así mismo demasiado elevados como para que sea asumible una rebaja fiscal a grandes empresas, la medida con la que Trump pretende que se repatríe producción sin que se incrementen costes. Está bien estudiado que cuando disminuye la presión fiscal aumentan la demanda interna privada y la inversión en capital y ambos fenómenos conducen al crecimiento económico y la creación de empleo, que a su vez puede permitir en el largo plazo recuperar o incluso superar los ingresos fiscales perdidos. Pero ello sólo es posible si el estado a su vez disminuye de manera drástica sus gastos, de modo que el gap de deuda que se va a generar en el corto plazo no sea visto por los inversores más que como un efecto transitorio. Si ello no es así, se alcanzará crecimiento y generación de empleo, pero nunca se recuperaran los ingresos fiscales perdidos y el peso de la deuda obligará a subidas de impuestos que pueden engullir lo ganado e incluso producir pérdidas netas.

Y es que se da la circunstancia de que paralelamente a estos anuncios de sustanciosas rebajas fiscales Trump ha anunciado grandes proyectos de gasto público como su famoso muro en la frontera de México o el reforzamiento del gasto militar. Tal es la confianza de que ello suceda que las grandes empresas del Dow Jones, expectantes por la aplicación de esa política expansiva de gasto público, han subido su cotización hasta niveles record.

Si Estados Unidos fuese un país como otro cualquiera podríamos asumir desde el principio que lo que pretende Trump es provocar ese efecto positivo en el corto plazo que le garantice la reelección y ya luego Dios dirá. Pero ni a nivel interno, por el juego de contrapesos de la democracia más veterana, ni a nivel externo, por la capacidad que como primera potencia geopolítica tiene de alterar el entorno, Estados Unidos es un país como otro cualquiera.

Precisamente la política exterior ha sido uno de los campos donde la dialéctica trumpiana ha sido más activa y sugerente, tan contradictoria en ocasiones como su agenda nacional, pero donde es posible que residan las soluciones parciales o totales a las contradicciones de su discurso interno.

[Continuará]

5 thoughts on “La compleja viabilidad económica de la agenda Trump (1ª parte)

  1. Pero al mismo tiempo está viendo como reducir el gasto social, por ejemplo el gasto sanitario. De ahí podría venir el ahorro.

  2. Algo que me pregunto es qué hará Trump en política energética. ¿Hará algún cambio? ¿Continuará lo hecho hasta ahora? ¿Qué hará con las renovables?

  3. Según datosmacro.com en 2015 el 21% de gasto publico EEUU era en sanidad y el 14% en defensa.
    Por poder puede recortar en muchas cosas,como todos. El gasto en defensa por ejemplo es una autentica barbaridad, inexplicable si no enmascara subvenciones industriales encubiertas.
    Lo que es del todo imposible es aumentar gastos y disminuir impuestos y a la vez disminuir deuda. A no ser que traslades tus costes a otro

    1. Esas cifras de gasto son referidas al presupuesto estatal que proporcionalmente es menor que el de otros países de la OCDE con mayor presencia estatal. En términos de PIB vienen a rondar en torno al 6% y el 4% respectivamente.
      El gasto en defensa americano es muy alto, es cierto, pero hablamos de una tropa de en torno a 600.000 soldados y cuya dotación material está muy por encima de casi cualquier comparación. Por ejemplo, cualquiera de sus task forces ( de manera sucesiva pueden dotar hasta 10), que incluyen un portaviones, varios cruceros y destructores con sistemas AEGIS , submarinos, buques antisubmarinos y un complejo aparato logístico superaría por sí misma a cualquier otra armada en mar abierto. No hablemos del potencial proyectivo del SAC, se su infantería de marina, etc.
      Como en la mayoría de estados, hay una triangulación retroalimentativa entre FF.AA, complejo militar-industrial y gobierno. Los países europeos, sin ir más lejos, gastamos más en equipamiento que Rusia, pese a que nuestros sistemas de armas son menos capaces en muchos casos…
      De todos modos, esta es la 1ª de varias partes de un artículo bastante largo. Más adelante doy algunas ideas de cómo es relativamente posible implementar una parte sustancial de la agenda Trump sin llegar a un colapso.

    2. Esas cifras de gasto son referidas al presupuesto estatal que proporcionalmente es menor que el de otros países de la OCDE con mayor presencia estatal. En términos de PIB vienen a rondar en torno al 6% y el 4% respectivamente.
      El gasto en defensa americano es muy alto, es cierto, pero hablamos de una tropa de en torno a 600.000 soldados y cuya dotación material está muy por encima de casi cualquier comparación. Por ejemplo, cualquiera de sus task forces ( de manera sucesiva pueden dotar hasta 10), que incluyen un portaviones, varios cruceros y destructores con sistemas AEGIS , submarinos, buques antisubmarinos y un complejo aparato logístico superaría por sí misma a cualquier otra armada en mar abierto. No hablemos del potencial proyectivo del SAC, se su infantería de marina, etc.
      Como en la mayoría de estados, hay una triangulación retroalimentativa entre FF.AA, complejo militar-industrial y gobierno. Los países europeos, sin ir más lejos, gastamos más en equipamiento que Rusia, pese a que nuestros sistemas de armas son menos capaces en muchos casos…
      De todos modos, esta es la 1ª de varias partes de un artículo bastante largo. Más adelante doy algunas ideas de cómo es relativamente posible implementar una parte sustancial de la agenda Trump sin llegar a un colapso.

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