Violencia política en Estados Unidos

El 2 de noviembre publiqué en mi canal de YouTube un vídeo donde planteaba los peores escenarios posibles a los que nos podía llevar las elecciones estadounidenses. No se trataba de hacer una predicción de qué iba a suceder, sino ponernos siempre en el peor de los casos.

El primer escenario que planteé fue el de una elección cuyo resultado resultara confuso debido a largos recuentos entre acusaciones de fraude. Algo que finalmente ha sucedido. Pero yo planteaba un escenario de pesadilla donde el candidato Donald Trump se proclamaba ganador, cosa que también sucedió, pero llamara a sus seguidores a defender el resultado, con movilizaciones de activistas armados, gobernadores del Partido Republicano reconociendo a Donald Trump como presidente electo y una enorme polarización en las calles que derivara en choques violentos.

La alternativa al escenario anterior era una victoria clara de alguno de los dos candidatos que zanjara cualquier conato de caos y confusión en Estados Unidos. Como planteaba también en el vídeo, una victoria contundente de cada uno de los dos candidatos, llevando a cabo una agenda política abiertamente conservadora o progresista en un ambiente político muy polarizado podía llevar a la violencia política.

Una victoria contundente de Donald Trump podía haber llevado a la izquierda woke nuevamente a una reacción irracional como en 2016, cuando se produjeron concentraciones para exteriorizar el malestar personal llorando y chillando. Esta vez, una victoria de Trump percibida fraudulenta o ilegítima podría haber reactivado la ola activista que generó la muerte de George Floyd mezclada con la violencia de los grupos “antifa” en una ambiente de irracionalidad y profunda carga emocional. Recordemos que el nombramiento de la magistrada conservadora Amy C. Barret para el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, sustituyendo a una magistrada progresista, abría la posibilidad de la repenelización del aborto en Estados Unidos.

La otra posibilidad, una victoria de Joe Biden, plantea un escenario de violencia política de sentido contrario. En el vídeo, contaba que la situación que imagino es una repetición del escenario de los años 90: un presidente demócrata tratando de avanzar una agenda progresista en Estados Unidos con una ultraderecha echada al monte abrazada a las teorías de la conspiración y la proliferación de milicias. Recordemos que fue en aquel entonces cuando reapareció en Estados Unidos el concepto de Nuevo Orden Mundial (NWO en inglés) como teoría de la conspiración, mientras se hablaba de helicópteros negros, futuros campos de concentración gestionados por la agencia federal de emergencias FEMA y tropas rusas en bases secretas en suelo estadounidense. En aquellos tuvo lugar en Estados Unidos el atentado contra un edificio federal en Oklahoma City que resultó en 168 muertos en 1995 y hubo incluso un atentado con bomba durante los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, cometido por alguien que había atentado también contra clínicas abortistas.

El edificio federal Alfred P. Murrah tras el atentado en Oklahoma City el 19 de abril de 1995. Foto de Preston Chasteen vía Wikipedia.

En los años noventa en Estados Unidos tuvo lugar también la proliferación de milicias, un fenómeno que traté aquí en Dejados atrás: De las milicias a Trump (Primera parte) (publicado el 14/03/2016). Escribí sobre el tema en el año de las elecciones que ganó Donald Trump porque las explicaciones de sociólogos como Manuel Castells (véase el segundo tomo de la edición española de La era de la información) relacionaban el movimiento de las milicias con la desindustrialización de regiones de Estados Unidos. Algunas de esas regiones, por cierto, resultaron al final clave en la victoria de Donald Trump. Algo que Michael Moore anticipó en medio de la incredulidad de la intelligentsia estadounidense.

La perspectiva de Manuel Castells es que la pérdida del trabajo para toda la vida, elemento central en la identidad masculina del padre proveedor, empujaba a la búsqueda de un sentido y resignificación de la vida. Los hombres encontraban en estos grupos armados camaradería y autoestima. Sin embargo, no debemos perder la perspectiva de que no estamos ante unos simples Boy Scouts adultos que comparten su tiempo libre. La idea de milicias populares en Estados Unidos tiene un marcado significado político que se orienta hacia la derecha, con la defensa de la libertad de tenencia de armas y desconfianza hacia la autoridad, como mínimos políticos.

El fenómeno de las milicias armadas en Estados Unidos fue sometido a un amplio escrutinio público después del atentado de Oklahoma City, debido a la relación de los implicados con el movimiento. Precisamente de ahí que abundaran las teorías de la conspiración sobre su naturaleza de atentado de falsa bandera organizado por el gobierno para generar rechazo hacia el movimiento. Pero hoy en día tenemos una reaparición del fenómeno en Estados Unidos en forma de movimientos muchos más difusos como los Three Percenters, Proud Boys, Oath Keepers y Boogaloo Boys, donde la antigua estructura y estética militar ha dado paso a las camisas hawaianas y los polos de la marca Fred Perry.

 Foto: The Photo Access / MediaPunch /IPX

Una diferencia notable con los movimientos del presente es que las milicias de los años 90 se preparaban para defender sus comunidades de una inminente deriva tiránica del gobierno de los Estados Unidos, el Zionist Occupation Government al servicio del NWO, pero también del colapso de la civilización, tomando de la tradición del movimiento survivalista de los años 80 y su preocupación por escenarios madmaxistas en el contexto de la Guerra Fría: The End of the World as We Know It (TEOTWAWKI).

La novedad es que ahora aparecen nuevos grupos que ya no se justifican con objetivos nobles de proteger a sus comunidades y reaccionar ante la tiranía. Sino que encontramos grupos con un discurso abiertamente guerracivilista en el contexto de la polarización política que se nutre de las redes sociales, las fake news y las burbujas informativas. Así, Christina Cauterucci hablaba del cambio en “Own the Libs” Is Gradually Morphing Into “Kill the Libs”. Precisamente, la preocupación porque la polarización política del país alimentada por las redes sociales derive en una guerra civil aparece en el documental “El dilema de las redes” de Jeff Orlowski, que reseñé aquí en mi blog esta semana. Mientras que autores como John Robb y Amy Chua hablan directamente de “tribalismo político”, un concepto que se menciona de pasada en el documental y que tengo intención de explorar en el futuro.

Así tenemos el contexto de la aparición del movimiento guerracivilista Boogalo Boys, impregnando del “distanciamiento irónico” y el humor negro de Internet que impregna a la nueva ultraderecha que describía Angela Nagle en Kill All Normies: Online Culture Wars From 4Chan And Tumblr To Trump And The Alt-Right. Escribí sobre los Boogalo Boys, repasando los antecedentes de las milicias armadas y el conspiracionismo de la ultraderecha estadounidense aquí en mi blog el pasado mes de junio en Guerracivilismo en EE.UU.: The Boogaloo (publicado el 04/06/2020).

Un giro de tuerca más al discurso guerracivilista lo encontramos en el movimiento aceleracionista de extrema derecha (existe una corriente filosófica de izquierda anticapitalista del mismo nombre). Mientras que los Boogaloo Boys dicen prepararse para una próxima guerra civil, los aceleracionistas directamente consideran deseable su llegada y por tanto están dispuestos a cometer actos de violencia que conmocionen la sociedad e incentiven aún más la polarización política. Según Enrique Arias Gil, coordinador de un libro colectivo sobre el tema de reciente aparición en España, los aceleracionistas “aplauden los atentados de los yihadistas y cualquier suceso político, económico, social o catástrofe que pueda llevar a la sociedad a peores condiciones”. El movimiento, señala Enrique Arias Gil, va mucho más allá de Estados Unidos y habría llegado a Europa. Algo que lo diferenciaría de las corrientes que mencioné anteriormente y que son típicamente estadounidenses. Lo que nos debería llevar a estudiar aparte la violencia política en Europa.

Portada del libro de reciente lanzamiento en España sobre el fenómeno del Aceleracionismo de extrema derecha.

El discurso guerracivilista y la preocupación por la polarización política no nos tiene que hacer ver la realidad como un dilema guerra-paz, en dos categorías extremas donde el escenario de guerra civil abierta en Estados Unidos es altamente improbable y por tanto despreciable. La realidad es más parecida a un espectro continuo donde entre el blanco y el negro absolutos hay una amplísima gama de grises. Ya en 2018 Jack Murphy encontraba en la Italia de los “Años del Plomo” un referente histórico a la situación que enfrentaba Estados Unidos: “Italy’s ‘Years of Lead’ Offer a Glimplse of America’s Future” (publicado el 05/07/2018). Según Murphy, era engañoso pensar que el ambiente guerracivilista en Estados Unidos derivara en una guerra civil abierta, sino que era previsible un aumento de la violencia política cometida por elementos de ambos extremos del espectro político en un contexto de crisis que sometiera a estrés la fibra de la sociedad estadounidense. Una situación que encaja con la recesión económica asociada a la pandemia del coronavirus. La idea de la Italia de los “Años del Plomo” como referente histórico para el Estados Unidos del presente fue recogida después de Jack Murphy por Alex Yablom en “America Is About to Enter Its Years of Lead“, publicada en Foreign Policy el 30/09/2020.

Podemos, como siempre, mirar con distanciamiento y condescendencia la violencia política estadounidense, sabiendo que en Europa tenemos un contexto social y político diferente, con muchísimas más restricciones al acceso a las armas. Aunque de esto último tendremos que hablar próximamente. Pero sabemos que vamos reproduciendo los fenómenos propios del capitalismo tardío que aparecen primero allí. Y es que aquí en España, también vivimos la polarización política incentivada por las burbujas informativas, los bulos y el descrédito de los medios tradicionales. Y siendo una percepción totalmente personal y subjetiva, yo mismo me he visto sorprendido al captar un cierto discurso guerracivilista.

La conexión se me hizo evidente al aproximarme a Chile, donde he encontrado una derecha ultramontana que también es antiglobalista y conspiranoica preocupada por una próxima guerra civil. Es decir, vemos que hay una derecha que ante los fenómenos y cambios sociales que no entiende los achaca a un plan oculto de unas élites globales que quieren destruir la Patria y la familia para imponer el Nuevo Orden Mundial, para lo cual han creado la pandemia del coronavirus y, en el caso concreto del multimillonario judío George Soros, incentiva disturbios callejeros en Estados Unidos y Chile o el secesionismo en Cataluña. Mi conclusión personal es que estamos ante un epifenómeno de la crisis de la clase media y un síntoma del “malestar de la globalización” en el que se está produciendo un trasvase desde el centro-derecha a la alt-right y la derecha populista. Y se trata de un fenómeno global que comenzó con Estados Unidos pero tiene su réplica en países como España y Chile.

5 comentarios sobre “Violencia política en Estados Unidos

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  1. La polarización es muy preocupante. Y las personas que sacan algún beneficio de la polarización (políticos, periodistas, etc) tienen el incentivo de seguir alimentándola.

  2. ¿Por qué tanto enfoque a la derecha Jesús? Creo que englobar todos esos grupos en la derecha es estúpido teniendo en cuenta que los “aceleracioncitas” tienen una influencia tremenda de neo-luditas como el “Unabomber”. Ya cansa leer tanto sobre estos temas, habla de lo que esta pasando ahora en el norte de África, llama la atención la compra de Euronews de parte de un egipcio.

    1. Hace algo más de 3 años hice un comentario parecido, pero en sentido opuesto (https://guerrasposmodernas.com/2017/08/28/echandole-el-muerto-a-arabia-saudita/#comment-14724), quejándome de que había cierto sesgo a los bulos de izquierdas.

      La respuesta de Jesús se ha demostrado inapelable: “Va por rachas”.

      Con el tiempo he entendido que es imposible mantener un equilibro permanente y tampoco creo que sea algo exigible a un medio de una sola persona.

  3. William Gibson hablaba de una guerra civil fría para definir la situación norteamericana. Desestabilización, propaganda y golpes bajos sin llegar al enfrentamiento abierto.
    Respecto a la derecha chilena siempre me sorprende que nadie parece darse cuenta de que los populismos españoles tienen como referencia Hispanoamérica y no Europa

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