Guerras Posmodernas: Una guía de lecturas de mi blog

Empecé en 2004 a escribir un blog personal titulado El Lobo Estepario que pronto dejó atrás los temas personales para tocar la política española y conflictos internacionales. Al año siguiente compré el dominio GuerrasPosmodernas.com y hasta la fecha. Son, por tanto, ya más de diez años escribiendo en Internet. Y es tal la cantidad de cosas escritas (más de 1.000 entradas) que hasta yo mismo me sorprendo con las cosas que encuentro cuando buceo en los archivos del blog. Recientemente escribí una explicación de “qué son las Guerras Posmodernas” porque ya han pasado bastantes años desde que salió mi libro y porque he ganado nuevos lectores gracias a Facebook y Twitter. Ahora ya tengo un texto de referencia que mostrar sobre qué quiere decir el título del blog.

Una idea fundamental del concepto de Guerras Posmodernas es que el Estado-Nación ya no es el actor fundamental de la arena internacional, ante la creciente relevancia de de actores supraestatales y subestatales. Además, los Estados-Nación se enfrentan a problemas de carácter transnacional y de tal magnitud que no pueden ser solucionados en solitario. Hablé de los límites del poder del Estado en La inevitable levedad del Estado (23 julio 2006) y La impotencia del Leviatán (6 julio 2010). El resultado es que el concepto de defensa nacional queda superado porque un Estado no es capaz de defenderse por sí mismo de fenómenos globales y difusos, como expliqué en De la defensa nacional a la seguridad global (3 febrero 2014).

Mientras tanto, uno de los factores para el auge de los actores no estatales es la accesibilidad de tecnologías y recursos en la era de la globalización. Creo que la primera vez que planteé esa idea fue en Guerra tecnológica al alcance de la mano (22 diciembre 2005). Y cuando hablamos de la globalización hay que pensar en cosas concretas como los tráficos ilícitos: Puertas a un mar de armas (12 noviembre 2006).

Las estadísticas reflejan que el número de guerras convencionales entre Estados-Nación han ido disminuyendo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y que el modelo de conflicto armado predominante es una guerra interna altamente internacionalizada. Planteé el arquetipo de estas últimas en En el corazón de las tinieblas (27 abril 2006).

Una de las características de las Guerras Posmodernas es la convergencia de fenónemos. Hablé antes de la evolución de la defensa nacional hacia la seguridad global. Se produce una difuminación de los límites y una convergencia de fenómenos. Por un lado tenemos La militarización de la policía en Estados Unidos (24 agosto 2014) y por otro tenemos Soldados en las calles (12 agosto 2012), donde hablé del despliegue militar para dar seguridad a los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres.

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Infantería de Marina en la primera línea de la lucha contra el Narco en México.

Ya he contado repetidas veces que si hay una región del planeta acoge las manifestaciones más puras de Guerras Posmodernas es el continente americano. Entiendo La violencia del narco como una nueva forma de conflicto armado (10 diciembre 2013), donde el objetivo no es tomar el poder sino hacer inefectivo el poder del Estado. A su vez, las organizaciones criminales se convierten en un poder paralelo que buscan legitimidad proporcionando servicios públicos, como es el caso de Jamaica y las Guerras Posmodernas (4 junio 2010) o Brasil y Guerra en las favelas (19 octubre 2008).

Repasando los archivos del blog en cambio he encontrado que no he hablado tanto como debiera de las nuevas formas de conflicto y organización que nos traen la sociedad red, como la ciberguerra y la guerra en red. Creo que si me dedicara a esos temas no tendría tiempo para nada más. Al menos escribí una Breve historia de la teoría de la guerra red (3 mayo 2013) y traté de recapacitar sobre el tema en Volver a la guerra red (22 enero 2015). Sobre la sociedad red hice un breve apunte en La crisis posmoderna (10 mayo 2010). Y recopilé una Bibliografía urgente sobre activismo en red (11 febrero 2013).

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Infantes de Marina españoles en el Cuerno de África.

También encontré revisando los archivos del blog que en su momento me detuve a escribir sobre uno de los fenómenos recientes que más cautiva la imaginación, la piratería marítima. Supongo que porque nos parece sacado de otra época. Aunque yo traté de señalar la actualización de la piratería con nuevas tecnologías en el Estrecho de Malaca y el Cuerno de África en Sandokán ahora tiene GPS y teléfono satélite (7 junio 2005), Piratas al abordaje (8 noviembre 2005), Desmitificando la piratería en Somalia (25 octubre 2009).

Hubo un momento en que me desvié de mi rumbo y me volqué en escribir sobre geopolítica, yihadismo, Oriente Medio, la Nueva Guerra Fría, etc. GuerrasPosmodernas.com se convirtió en otra cosa. Por eso he decidido recuperar parte de los orígenes. Así escribí  “Qué son las Guerras Posmodernas”. Pero lo más interesante viene ahora. Ver los límites del modelo de las Guerras Posmodernas y ver qué fenómenos nuevos han surgido en los últimos años, después de que en 2010 saliera el libro Guerras Posmodernas.

Guerras Africanas

Esta semana dediqué tiempo a revisar el archivo PDF en el que la revista Ejército, que publica el Ejército de Tierra español, recopiló los artículos finalistas al premio a los mejores artículos de 2015. Me llamó la atención en su momento el primer artículo que aparece seleccionado, “España y la seguridad del Sahel” del general de división Jesús Argumosa. Pero descargué l PDF hacía tiempo y no le había hecho caso de nuevo. Y cuando esta semana me puse a leer hice un repaso rápido del documento para encontrarme por sorpresa que allí aparecía mi artículo “Operación Serval: El estilo francés de hacer la guerra.

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En mi artículo quise contar con detalle el desarrollo de la Operación Serval, algo trabajoso que ni siquiera encontré en fuentes francesas, para hacer un breve repaso a lo que la intervención francesa nos enseñó sobre las fuerzas armadas francesas y las particularidades de una campaña caracterizada por la fluidez de los movimientos, las largas distancias y el exigente entorno natural donde tuvo lugar. La brillantez de la ejecución francesa de la campaña fue recogida por un informe de la RAND Corporation. La gran ironía es que la Operación Serval sucedió en un momento en que un almirante ocupaba el puesto de jefe del estado mayor de las fuerzas armadas francesas. Y cuando alguien le señaló la paradoja contestó con una idea que ya había apuntado Lawrence de Arabia: El desierto es un gran océano donde se mueven formaciones de combate buscándose las unas a las otras como una campaña naval.

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Paracaidistas franceses antes de un salto sobre Mali.

Mediante el empleo de operaciones paracaidistas y aerotransportadas los franceses fueron dando saltos por la superficie de Mali como los estadounidenses de isla en isla durante la campaña del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. Los franceses hablan de “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” para definir la doctrina empleada en Mali. Algo que nos recuerda a cómo las enormes distancias de Rusia propiciaron el empleo de grandes unidades de caballería durante la Guerra Civil Rusa y el nacimiento en el ejército soviético del concepto de Batalla Profunda.

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Miembros de la Infantería Ligera Rodesiana antes de un salto desde un ParaDak.

El pasado mes de marzo salió publicado “El legado africano de la insurgencia rodesiana”, mi segundo artículo para la revista Ejército. Trato en él las peculiares tácticas contra insurgencia que desarrolló el ejército del gobierno blanco de Rhodesia. Es un tema del que existe un boom editorial en el mundo angloparlante. Y del que me animé a escribir cuando leí la entrevista de Jack Murphy a Eeben Barlow, fundador de la ya mítica Executive Outcomes, sobre su papel en la lucha contra Boko Haram en Nigeria. Hablaba del empleo de tácticas contra insurgencia que fueron la evolución sudafricana de tácticas desarrolladas en Rodesia, que fue a su vez un crisol de las enseñanzas portuguesas en Angola y las experiencias británicas en la Emergencia Malaya y la Rebelión Mau Mau en Kenia. Es decir, hay un hilo histórico que recorre la guerra portuguesa en Angola, la Guerra de Rodesia y las campañas sudafricanas en Namibia y Angola. La cuestión es, por tanto, que podemos hablar de una “escuela africana de contra insurgencia” que tiene su origen en las guerras del África austral. Una idea que el propio Barlow sostiene y que volcó en un libro gafado porque iba a salir en 2015, su lanzamiento se retrasó varias veces, fue anunciado por otra editorial,  volvió a retrasarse y todavía no ha aparecido.

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Toyota Land Cruiser de la serie 40 en Chad en 1984.

Ahora me encuentro trabajando en un artículo sobre las “Toyota Wars” en Chad en los años 80 para la revista Ejército, del que publicaré una versión preliminar más breve en passim.eu donde haré énfasis en la popularidad de los todoterrenos tipo pick up en las guerras recientes, de Libia a Afganistán pasando por el Estado Islámico. Las “Toyota Wars” evolucionaron este siglo en Chad y Sudán con la introducción de tecnologías como el GPS y los teléfonos satélite. Ya hablé de esto último en “Swarming en el desierto”. Las largas cabalgadas con todoterrenos dispersos por el desierto que convergen para golpear por soprpresa el corazón del enemigo fue una adaptación a la era industrial de las tácticas tradicionales de guerra tribal y nómada que en español conocemos como razzia. Y eso me lleva de nuevo a encontrar un hilo conductor entre las “Toyota Wars” en Chad y  la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” francesa en Mali, pasando por las “Columnas Volantes” sudafricanas en Namibia. Las enorme extensión de los campos de batalla africanos dieron lugar a un modo particular de hacer la guerra que esté pendiente de ser contado en español.

Qué son las Guerras Posmodernas v1.0

El libro Guerras Posmodernas salió hace ya más de cinco años y últimamente, gracias a mi perfil de Twitter y mi página de Facebook he añadido nuevos lectores al blog, cuyo promedio de visitas ha aumentado considerablemente respecto a los tiempos en los que trabajaba en el libro. En este tiempo me he encontrado con personas que me hablan de Guerras Posmodernas sin que se parezca lo que cuentan a lo que yo identifico con el término. Hasta que un día caí en la cuenta que, con el libro descatalogado y sin ningún texto de referencia en el blog, dejaba en la imaginación de los lectores qué son las Guerras Posmodernas. Si a eso añadimos que han pasado suficientes novedades en el panorama internacional desde que establecí en la segunda mitad de la década pasada los cimientos del concepto, creo que ha llegado la hora de volver a los orígenes del blog.

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Antigua cabecera del blog elaborada por Juan José Torres.

El concepto Guerras Posmodernas lleva implícito en su nombre la idea de superación histórica de las guerras de la Era Moderna, entendida a la manera anglosajona como el período que abarca del Renacimiento a la Revolución Industrial. Hay dos procesos históricos fundamentales en el desarrollo de la Guerra Moderna como fenómeno social. El primero es la aparición del Estado en la transición de la Edad Media al Renacimiento en Europa, con su burocracia, hacienda y ejércitos permanentes. El principio de un orden internacional donde conviven Estados soberanos quedó establecido en la Paz de Westfalia (1648). Precisamente los Estados europeos tomaron la delantera tecnológica mundial a partir de la Revolución Científica del siglo XVII y se expandieron por América, África y Asia. El legado de aquellos imperios europeos en esos continentes es la figura del Estado como forma de organización política [1].

El segundo proceso histórico fundamental es la aparición con la Revolución Francesa y el Romanticismo del concepto de nación y soberanía popular. Los soldados de los diferentes Estados pasaron de ser mercenarios pagados por un monarca a ser ciudadanos reclutados en masa que luchaban por la Patria. La movilización de cantidades ingentes de ciudadanos fue posible gracias a las posibilidades de producción en masa (armas, uniformes, latas de conserva, etc.) de la sociedad industrial. Considero que el cénit de las Guerras Modernas en su modelo más genuino fue la Primera Guerra Mundial. Comenzó allí el declive de Europa, que dejó de ser el centro del mundo con la disolución de los imperios coloniales tras la Segunda Guerra Mundial y la rivalidad EE.UU.-U.R.S.S. durante la Guerra Fría. Precisamente la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría fueron una época de transición hacia la era de las Guerras Posmodernas, que arranca con el fin de la Guerra Fría [2].

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Fotomontaje de Hersson Piratoba.

El mundo posmoderno.
Las Guerras Posmodernas tienen lugar en una era donde los Estados-Nación no son el único actor relevante en la arena internacional. Los Estados-Nación comparten ahora protagonismo con diferentes tipos de actores. Así, tenemos a las organizaciones supracionales bajo cuya bandera se despliegan fuerzas militares. Bajo la bandera de la ONU sirven cascos azules uruguayos en la República Democrática del Congo, españoles en el Líbano o filipinos en Haití. Pero también tenemos organizaciones regionales, como la Unión Europea y la CEDAO que han organizado misiones internacionales. El resultado es que encontramos que los soldados sirven, y en ocasiones matan o mueren, en nombre de organizaciones que ya no son la Patria.

Las organizaciones regionales son el síntoma y en ocasiones la impulsora de mayores interdependencias entre países, además de las atenuadoras de conflictos. Pensemos en el caso de la Unión Europea, de cuya unión monetaria forman parte la mayor parte del puñado de países responsables de las guerras que asolaron Europa durante cien años, desde la mitad del siglo XIX a la mitad del siglo XX. O pensemos en el caso de UNASUR, de la que forman parte Argentina y Chile, que estuvieron a punto de entrar en guerra en 1978 y que hoy cuentan con una brigada binacional para misiones de paz. El resultado es que el número de conflictos interestatales ha ido disminuyendo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Los Estados-Nación no sólo comparten la arena internacional con organizaciones supraestatales, sino también con organizaciones subestatales, como son grandes empresas, organizaciones no gubernamentales y gobiernos locales. Todas ellas tienen hoy una proyección internacional, sea por su poder económico, su capacidad de introducir temas en el debate público, su poder para introducir cambios en la legislación internacional, etc. [3] No son extraños los casos en que megaurbes y megacorporaciones acumulan mayor población o riqueza que muchos países. Pero más allá de los gobiernos locales (ciudades o regiones) con una agenda internacional, la novedad es que encontramos organizaciones que no tienen nacionalidad, sino carácter transnacional. De especial relevancia para el concepto de Guerras Posmodernas es que dentro de eso actores no estatales transnacionales encontramos organizaciones armadas, terroristas, criminales, etc. Considero la mejor descripción del espíritu de los tiempos la que hizo Fernando A. Iglesias en su libro Twin Towers. El colapso de los estados nacionales a propósito del 11-S:

la espeluznante incapacidad del estado nacional más poderoso del planeta para cumplir con la más elemental de sus funciones- la protección de la vida de sus ciudadanos- y al inmenso poder destructivo que frente a éste posee una pequeña red que se organiza desanclada y desterritorializadamente en un mundo global determinado por la tecnología punta

El auge de los actores no estatales transnacionales es el resultado de la globalización y de la sociedad de la información, con la intensificación de la conectividad [4] y la democratización de la tecnología. Organizaciones, movimientos y empresas pueden coordinar la acción de gran cantidad de personas ubicadas en lugares lejanos y dispersos [5]. Y hoy en día un senderista o un cazador cuenta con tanta tecnología como un soldado de operaciones especiales de hace 25 años. Sin ir más lejos, es posible comprar en Amazon.es teléfonos por satélite Thuraya, visores nocturnos y navegadores GPS.

Como dijimos, la expansión colonial europea por América, África, Asia y Oceanía dejó un legado de Estados a imitación de la metrópoli. La disolución imperios europeos dejaron atrás Estados-Nación con sus banderas, himnos nacionales y fuerzas armadas. Pero el Estado-Nación nació en Europa como el resultado de un proceso histórico (económico, político y social) singular, que no siempre es reproducible con éxito. Tan pronto muchos Estados africanos dejaron de tener relevancia geopolítica con el fin de la Guerra Fría y cesó la transferencia de recursos de Washington o Moscú, sufrieron guerras civiles que provocaron su colapso [6]. La invasión de Iraq primero y las guerras civiles que sucedieron a la Primavera Árabe podrían concluir con la voladura de las fronteras trazadas en su momento por las potencias europeas en el mundo árabe.

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Índice de estados frágiles en 2015. Vía El Orden Internacional.

Economía política de las guerras posmodernas.
Mientras ha descendido el número de conflictos interestatales desde el fin de la Guerra Fría, la forma más común de conflicto armado ha sido el conflicto interno con guerrillas, milicias y toda clase de grupos insurgentes. Durante la Guerra Fría esos grupos buscaron apoyos en EE.UU., la U.R.S.S., Cuba, Libia o China. El hecho es que tan pronto acabó la Guerra Fría se produjo el agotamiento de las guerras civiles en Centroamérica y África austral. Desde entonces, los grupos armados han contado con pocos apoyos externos y han debido buscar la autosuficiencia económica. Así, las FARC en Colombia y Sendero Luminoso en Perú sobrevivieron al fin de la Guerra Fría como fósiles políticos que sostenían una guerra supuestamente revolucionaria obteniendo fondos con el narcotráfico, mientras que la guerra civil de Angola se reavivó en los años 90 alimentada por los fondos provenientes de la explotación del petróleo y las minas de diamantes.

Vemos, por tanto, una convergencia entre los conflictos armado, los tráficos ilícitos y el crimen organizado, incluso cuando hay un elevado componente ideológico. Tal es el caso del contrabando en el Sahel, la producción de hachís en los bastiones libaneses de Hezbolá o el Estado Islámico y sus múltiples negocios, desde el contrabando de petróleo al de piezas arqueológicas.

Que los grupos armados  busquen la autosuficiencia económica ha generado en la práctica un mecanismo perverso de autoperpetuación de los conflictos con líderes insurgentes convertidos en señores de la guerra [7] que asientan su poder en el contexto de una economía de guerra de explotación de recursos naturales, tráficos ilícitos y control de la ayuda humanitaria que recibe la población. Mientras que la debilidad de los estados sumidos en un guerra crea precisamente oportunidades para el crimen, con el secuestros de periodistas y cooperantes, flujos de tráficos ilícitos por las fronteras porosas y tráfico de armas a países vecinos. Cuando la guerra genera oportunidades de negocio, existen menos incentivos para sentarse en una mesa de negociación.

Mientras los grupos armados se implican en tráficos ilícitos y el crimen organizado, las organizaciones criminales han alcanzado su forma más desarrollada en México y Centroamérica. La violencia relacionada con el crimen organizado en México y Centroamérica alcanza cotas propias de una guerra civil [8] pero el objetivo de los carteles de la droga mexicanos no es izar su bandera en la Plaza del Zócalo o en el Palacio Nacional. Los carteles de la droga mexicanos pretenden horadar el Estado sin sustituirlo, para tener mayor libertad de acción. En otros lugares las organizaciones criminales sí se convierten en una alternativa al Estado allí donde este es débil y no proporciona servicios a sus ciudadanos. En tal caso, los líderes criminales buscan legitimidad social gastando recursos en servicios a la comunidad y presentándose como “defensores del pueblo” o “campeones de los pobres” haciéndose eco de agravios reales o imaginarios contra el Estado [9].

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Lanzagranadas RPG y fusiles Barrett de calibre 12,7mm. incautados en México a miembros de un cartel del narcotráfico.

Campos de batalla inmateriales.
Las Guerras Posmodernas son la forma de conflicto propia de la sociedad de la información en un mundo globalizado, donde los medios de comunicación e Internet ocupan un lugar importante. Así que la construcción narrativa del conflicto puede llegar a ser el elemento fundamental del conflicto. Esto es, para uno o varios bandos enfrentados la clave de su victoria puede estar no en el uso de la fuerza en el campo de batalla sino cómo su causa es presentada ante la opinión pública internacional para provocar una respuesta que lleve a actuar a gobiernos, organizaciones e individuos. En tal caso no es relevante lo que pasa sobre el terreno o lo sólida de la causa, sino cómo se construye la narrativa en los medios [10].

Uno de los casos pioneros en los comienzos de la popularización de Internet fue el del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuya irrupción pública el 1 de enero de 1994 en el estado mexicano de Chiapas fue sucedida por una serie de derrotas militares que le provocaron grandes bajas mientras se generaba una corriente internacional de apoyo y simpatía a su causa [11]. El fenómeno se ha acelerado porque Internet provoca una desintermediación, saltándose el filtro de los medios de comunicación tradicionales. Para que el vídeo con la prueba de vida de un occidental secuestrado sea visto por millones de personas no hace ya falta enviarlo a la CNN o Al Yazira. Como efecto negativo, la vida de los reporteros de guerra ha perdido valor. Los grupos armados no necesitan de sus servicios para que su mensaje llegue al público. Es más, dedicados a negocios turbios y la proliferación de violaciones de derechos humanos, muchos grupos armados prefieren no tener testigos.

La capacidad de los medios de comunicación de generar simpatía hacia una causa en la opinión pública hasta que esta reaccione puede ser usada de forma negativa para generar el efecto inverso. Se puede construir una narrativa que desaliente la acción. Los medios rusos e iraníes han tenido bastante éxito en lograr que su discurso sobre la guerra en Ucrania y Siria sean reproducido en Occidente, obteniendo así mucho más margen de maniobra. El Servicio de Acción Exterior ha creado en respuesta una task force para lidiar con la desinformación rusa que publica un boletín bisemanal. Conceptos como Operaciones de Información (InfoOps) y Comunicación Estratégica (StratCom) no son muy distintos del viejo concepto de propaganda empleado en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Pero nuevamente Internet aporta novedad y complejidad al fenómeno.

Si la conectividad mediante Internet es una necesidad fundamental, desde las comunicaciones internas a la difusión externa de información,  interferir en ella se convierte en un objetivo. Así nace la ciberguerra como una dimensión inédita, por más que la propaganda y la guerra electrónica aparecieron como antecedentes de la “guerra de la información”. Hasta hace poco las acciones agresivas más habituales en Internet era la alteración de páginas webs y la saturación de servidores web mediante los ataques distribuidos de denegación de servicio (DDOS). Pero el caso de la ciberarma Stuxnet, diseñada específicamente para atacar las centrifugadoras del programa nuclear iraní, demuestra que la ciberguerra puede afectar al mundo material.

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Juegos de Guerra, película de 1983.

Conclusiones.
La idea de que las guerras están cambiando lleva en circulación décadas mientras que una persona cultivada podría encontrar antecedentes históricos de cualquier fenómeno actual, desde los piratas a los mercenarios, para sentenciar que no hay nada nuevo bajo el sol. Ante el debate si las guerras por venir serían convencionales o irregulares, Frank Hoffman trató de zanjar la discusión afirmando que no volveríamos a ver guerras que encajaran en un modelo puro. Dijo que las guerras futuras tendrían elementos convencionales e irregulares. Las llamó “Guerras Híbridas”. Y aún así se multiplicaron los escépticos diciendo que siempre habían sido así.

Se requiere una perspectiva histórica amplia para entender la transformación del panorama internacional, aunque las estadísticas sean claras. Han disminuido las guerras convencionales entre países y la mayoría de los conflictos armados se dan en Estados débiles con la presencia de actores como fuerzas de paz multinacionales y ONGs. Pero podríamos decir que el mundo avanza a velocidades distintas. África y América han entrado en la era de las Guerras Posmodernas mientras que Asia-Pacífico vive una carrera de armamento y de alianzas siguiendo una lógica no muy distinta de la vivida en Europa en las décadas previas a la Primera Guerra Mundial. A medio camino, la Nueva Guerra Fría no se parece a la vieja precisamente por la globalización e Internet.

El libro Guerras Posmodernas salió en 2010 y pronto tuve la sensación de que las ideas expuestas allí requerían una exposición más extensa, pulida y ampliada. Más que un modelo cerrado, quedó como un modelo en construcción. Mi idea es volver en un futuro a esta explicación para pulirla y quién sabe si algún día elaborar una nueva edición del libro completamente reelaborada.

Notas.

[1] La obra más famosa sobre el tema es La Revolución Militar: Innovación militar y apogeo en Occidente, 1500-1800 de Geoffrey Parker. Sin embargo el tema ha dado para perspectivas opuestas sobre si las nuevas formas de hacer la guerra dieron lugar al Estado Moderno o al revés. Francisco Andújar Castillo hace un repaso al debate en el primer capítulo de su libro Ejércitos y militares en la Europa Moderna.

[2] Recae en Martin Van Creveld el mérito de ser el autor que primero anunció una nueva era de conflictos armados en 1991 con su libro The Transformation of War.

[3] Moisés Naim dedicó su último libro El fin del poder a la transformación del poder, dedicando un capítulo a la guerra y otro a la geopolítica.

[4] Parag Khanna en su reciente libro Connectography: Mapping the Future of Global Civilization recoge, entre otros temas, el auge de las grandes ciudades y empresas como actores globales en un mundo conectado. Mientras que Mark Leonard ha coordinado el libro Connectivity Wars, que presenta 23 ensayos de diferentes autores sobre cómo la interdependencia económica y energética, junta otras medidas no bélicas, pueden ser usadas como armas.

[5] John Arquilla y David Ronfeldt acuñaron el concepto “netwar” para las formas de conflicto en que grupos de personas actúan como redes distribuidas. Ambos publicaron The Advent of Netwar en 1996. Más tarde, editaron el libro colectivo Networks and Netwars The Future of Terror, Crime, and Militancy, que alcanzó notoriedad por ir camino de la imprenta poco antes del 11-S.

[6] Véase Los Estados inviables de Oswaldo Rivero. Para el caso africano, véase África después de la Guerra Fría de Mark Huband. El artículo “The Coming Anarchy” de Robert D. Kaplan (publicado originalmente en febrero de 1994) fue el texto que encaminó mis pasos hacia los temas de las Guerras Posmodernas cuando lo leí en la primavera de 2001.

[7] Véase, por ejemplo, el libro colectivo Warlords Inc. Black Markets, Broken States and the Rise of the Warlord Entrepreneur editado por Noah Raford y Andrew Trabulsi.

[8] John Sullivan emplea el término “insurgencia criminal”.

[9] Tras su monumental El Narco, Ioan Grillo ha publicado  Gangster Warlords: Drug Dollars, Killing Fields, and the New Politics of Latin America.

[10] El término “narrativa” aparece en el manual FM 3-24 de contrainsurgencia desarrollado de forma conjunta por el ejército y la infantería de marina estadounidenses. José María Lizundia estudió la construcción del discurso pro saharaui en España en su libro El Sáhara como metarrelato.

[11] John Arquilla y David Ronfeldt con Graham Fuller y Melissa Fuller escribieron sobre el caso del EZLN en The Zapatista “Social Netwar” in Mexico. Bertrand De La Grange y Maite Rico aseguran en Marcos, la genial impostura que el subcomandante Marcos ordenó ataques condenados al fracaso con objetivos propagandísticos.

[12] Thomas Rid sostiene en Cyberwar will not take place que todas las actividades que asociamos con la ciberguerra si las trasladamos al mundo físico se corresponden con actividades no bélicas que identificaríamos como espionaje, gamberrismo, sabotaje, etc.

La crisis de los estados post-coloniales

Nuevas Guerras (1999) de Mary Kaldor  y La anarquía que viene (2000) de Robert D. Kaplan fueron muy influyentes en la visión de este blog, que terminó plasmada en mi primer libro. Kaldor escribió sobre la transformación de la guerra a partir de sus experiencias en el Cáucaso y los Balcanes, mientras que Kaplan argumentó su visión de un futuro de estados fallidos tras recorrer África Occidental.

El fin de la Guerra Fría generó dos dinámicas diferentes en el África subsahariana y en los países ex-comunistas. Por un lado, el fin de la pugna geopolítica de las súper potencias privó de valor estratégico para Estados Unidos a ciertos regímenes aliados una vez desaparecido el temor de que países cayeran en la órbita comunista. Así, tras el fin de la Guerra Fría estallaron guerras civiles en países como Somalia (atalaya privilegiada en el acceso al Mar Rojo) o Liberia (escala en la vía de aprovisionamiento de UNITA). Al respecto me influyó mucho la lectura de África después de la Guerra Fría  (2001) de Mark Huband.

Por otro lado, en los países ex-comunistas hubo una rápida reconversión de líderes del comunismo al nacionalismo, la corriente ideológica emergente que más rápidamente pudo articular un discurso a partir de políticas de identidad y agravios históricos que la construcción del “nuevo hombre soviético” y el yugoslavismo no pudieron enterrar. En el caso soviético, a pesar de que alguno le pese, podemos hablar de un proceso de descolonización porque hablamos del desmantelamiento de un imperio. La Unión Soviética fue el heredero histórico del imperio ruso zarista, tal como hoy reivindican en la Rusia de Putin.

Sykes-picot

Hasta ahora, había creído que ese proceso de crisis de los estados periféricos quedaba contenido a la experiencia histórica de los países ex-comunistas y seguía presente en África. Mientras, parecía que en la región de Asia-Pacífico la carrera de armamento que algunos equiparan a la previa a la Primera Guerra Mundial. Hablé de ello en “¿Abandonó Asia el mundo de las Guerras Posmodernas?”. Pero estos días hablando del Estado Islámico y las fronteras surgidas del acuerdo Sykes-Picot me ha hecho pensar que las guerras en curso en Libia, Siria e Iraq representan una crisis profunda de los estados árabes que podrían conducir incluso a un cambio de fronteras. La crisis de los estados periféricos de la que hablé en mi libro sigue su curso.

Repensar las Guerras Posmodernas

Hubo una época en que este blog me servía de cuaderno de apuntes para ir construyendo el modelo de las Guerras Posmodernas. En el verano de 2009 entregué mi libro y en 2010 fue publicado. Hoy ya no está disponible en librerías y he perdido la cuenta de la gente que me ha preguntado dónde conseguirlo. Durante un tiempo pensé en que debería trabajar en una segunda versión bastante corregida y bastante ampliada. Hoy las partes en la que hablo de ciberguerra y empresas militares privadas me dan bastante vergüenza, por ejemplo. Necesita más que un lavado de cara.

Por el camino se cruzaron dos proyectos. Uno fue el de guerra en red, que en un principio iba a ser mi segundo libro y que vendría a complementar al primero. Pero según me acerqué a la realidad, fui encontrando pocas redes realmente distribuidas. Por ejemplo, el discurso de Jason Burke sobre Al Qaeda resultó ser minoritario. La verdad es que la auténtica naturaleza del grupo no se sabrá a ciencia cierta hasta que los archivos relevantes incautados en Abottabad estén desclasificados. Pero todo apunto en que Al Qaeda había mucha más jerarquía y burocracia de la que creemos. El asunto de la guerra en red requirió volver a darle un par de vueltas y a eso me dediqué una temporada.

Además, en “Swarming en la selva” (8 marzo 2015) hice una reseña de un libro sobre la campaña birmana durante la Segunda Guerra Mundial. De paso habría que recordar “Swarming en el desierto” (3 enero 2011).

Sobre la guerra en red me queda escribir lo que he sacado en claro de Jean Baudrillard y Félix Guattari en Mil Mesetas por un lado y por otro lado de Antonio Negri y Michael Hardt en Multitud. Hay mucho de farfolla en la obra de los primeros, algo que ya sabíamos desde Imposturas Intelectuales. Mientras que los segundos sorprendentemente tienen unas cuantas cosas que aportar a la perspectiva de las Guerras Posmodernas. Por último tendré que hacer un comentario sobre el artículo “Los ejércitos como redes. El dilema entre jerarquía y descentralización” que un lector me ha señalado apareció en el número de mayo de 2015 de la revista Ejército. Como ven, el asunto está ahí fuera.

El segundo proyecto que me planteé fue sobre la Nueva Guerra Fría y me atasqué con el conflicto de Ucrania, que esta semana parece que eleva su temperatura. La cuestión es que hay ahora mismo está surgiendo tal avalancha de información sobre el aparato de propaganda y la implicación rusas que el esquema de trabajo pide a gritos una reorganización. Creo que ahora mismo la parte geopolítica del asunto es menos relevante que la ideológica y propagandística.

La guerra en Ucrania es una cuestión después de la cual no es posible seguir hablando de Guerras Posmodernas de la misma manera. En el libro quise insistir en la idea principal del fin del Estado como actor fundamental en los conflictos actuales aunque tuviera en cuenta la perspectiva de crecientes rivalidades en Asia Pacífico dentro de la lógica de las “guerras modernas”. Incluso me impuse la condición no mencionar ni una sola vez el 11-S para no tentar al lector de simplificar las Guerras Posmodernas y quedarse con la retórica de la Global War On Terror.

La invasión rusa de Ucrania nos lleva a plantear las formas no tradicionales en la que los Estados participan en conflictos armados. El empleo de tropas sin identificar, milicias, contratistas etc. ha puesto de moda el término Guerras Híbridas, que en la década pasada planteó Frank G. Hoffman e introdujo en España el desaparecido Jorge Aspizua. No es el único término empleado para describir las acciones encubiertas rusas. John R. Schindler propone el término “guerra especial” y sus ideas nos llevan a repasar lo planteado por Robert D. Kaplan en 1998 en “Special Intelligence”. Oportunamente el año pasado el general Valery Gerasimov puso en circulación el término “guerra no lineal”. Y el abuso hecho en Venezuela con términos y conceptos referidos a nuevas formas de conflicto no debería hacernos olvidar que sí hubo un intento serio de reconsiderar el concepto de Guerras de Cuarta Generación (4GW) para plantear dónde podría llevarnos el siguiente paso. Me refiero al libro The Handbook of Fifth-Generation Warfare (5GW) editado por Daniel H. Abbott (tdxap) y en el que entre otros participaron Mark Safranski (Zenpundit) y David Axe (War is Boring)

Es decir, tenemos debate y reflexión para rato. Porque aunque la atención se haya puesto en Rusia, tenemos que pensar que Estados Unidos lleva tiempo empleando la triada drones/ciberguerra/fuerzas especiales en guerras no declaradas contra Irán y en las zonas tribales de Pakistán. En estos caso la tentación es despreciar cualquier intento de implantar un neologismo por considerarlo una forma de esnobismo intelectual o bien caer en el adanismo de creer que cada uno de estos fenómenos por separado es absolutamente novedosos. En cualquier caso habrá que acotar términos, ver qué aportan y estudiar qué nuevas formas tienen los Estados de recurrir a la violencia o implicarse en conflictos.

El delirante pensamiento militar contemporáneo venezolano

El 1 de julio de 2004 el entonces comandante en jefe del Ejército venezolano, el general Raúl Baduel, en un discurso con motivo del 183º aniversario de la Batalla de Carabobo, llamó a “interpretar las nuevas estrategias y tecnologías de la posguerra fría y las amenazas que se ciernen sobre nuestro país”, señalando esas amenazas en cuatro tipos:

a) una Guerra de Cuarta Generación, para desestabilizar al país, como paso previo a operaciones destinadas a destruir el Estado Nación

b) un golpe de Estado con acciones promovidas por organizaciones transnacionales

c) un conflicto regional, como extensión del conflicto de países vecinos bajo pretexto de contrarrestar a factores generadores de violencia”

d) una intervención militar “al estilo de las coaliciones que han intervenido en otras partes del mundo bajo el mandato de la OEA o de la ONU.

Para enfrentar a esas amenazas consieró necesario “romper el paradigma de lo estrictamente convencional de la guerra, porque el nuestro obedece a doctrinas foráneas adaptadas a lo que derivó de la Segunda Guerra Mundial”.

Posteriormente, Hugo Chávez en su alocución a las fuerzas armadas venezolanas con motivo de la Navidad de 2005 aludió a la necesidad de un “nuevo pensamiento militar venezolano que debe partir de nuestras raíces”.

La discreta elegancia de la era chavista en el ejército venezolano

La discreta elegancia de la era chavista en el ejército venezolano

El contexto de fondo era la idea de que Venezuela, con la invasión de Iraq reciente, se iba a enfrentar tarde o temprano a una invasión por su desafío al status quo en la región. Recordemos que en aquel entonces hasta el presidente Lula dijo que la ruptura de las reglas internacionales por parte de Estados Unidos le llevaba a considerar el desarrollo de armas nucleares.

El profesor Jorge Verstrynge, tras la publicación de su libro La guerra periférica y el Islam revolucionario. Orígenes, reglas y ética de la guerra asimétrica (El Viejo Topo, 2005) fue invitado a Venezuela a impartir seminarios. El libro tuvo una edición venezolana. Pero pronto quedó claro que Estados Unidos estaba demasiado ocupado con el Gran Oriente Medio y que el discurso venezolano de la amenaza exterior no dejaba de ser la agitación de un fantasma de cara a la política interna.

El 26 de septiembre de 2005 fue publicada en la Gaceta Oficial la “Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional” (LOFAN). En el artículo noveno, “Composición de la Fuerza”, se nombran los elementos que forman la Fuerza Armada Nacional y aparecen mencionadas como novedad la Reserva Nacional y la Guardia Territorial. Ambas no aparecían en el artículo 328 de la Constitución de 1999, donde sólo se mencionaban como integrantes de la Fuerza Armada Nacional a “la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional”. La novedad tenía un sentido claro. Entre las funciones de la “Reserva Nacional” se mencionaba la cooperación para el mantenimiento del orden interno” y entre las funciones de la Guardia Territorial y “la preparación y mantenimiento del pueblo organizado para operaciones de resistencia local, ante cualquier agresión interna y/o externa”. Evidentemente, la amenaza externa había sido usada para crear una fuerza militar paralela a las fuerzas armadas regulares, con un marcado carácter ideológico que sirviera para tareas de orden interno.

Milicianos venezolanos con fusiles Mosin Nagant de la Segunda Guerra Mundial

Milicianos venezolanos con fusiles Mosin Nagant de la Segunda Guerra Mundial.

Curiosamente, a pesar de la llamada al desarrollo de un pensamiento militar propio, el discurso en Venezuela hacía referencia siempre a ideas estadounidenses. Fuera por un lado las Guerras de Cuarta Generación de William S. Lind o el swarming de John Arquilla y David Ronfeldt. Pero mi impresión, leyendo y escuchando a autores o personalidades venezolanas, es que allí nunca nadie se molestó en leer a estos autores. Parecería todo el momento en que hablaban de oídas.

El desarrollo de un pensamiento militar venezolano me pareció un asunto interesante del que acumulé notas y bibliografía pero dejé aparcado. Estos días volvió a llamar mi atención escuchando el “Reporte Semanal con el profesor Briceño”. Reproducía imágenes de televisión donde Ángel Riera Navarro (que se define en Twitter como “Médico Psiquiatra Chavista, Patriota, y Bolivariano. Humanista y Existencialista”) llamaba la atención sobre los memes que circulan en Internet. Según él constituyen parte de una “guerra memética de Sexta Generación”. Los memes sobre Maduro son un arma contra la Revolución Bolivariana, nada menos. Y mientras Lind tenía dudas sobre los autores que hablaban de Guerras de 5ª Generación, sin haber entendido pasan directamente a la 6ª Generación. Es tan ridículo que merece la pena retomar la idea de escribir sobre ello.

La militarización de la policía en Estados Unidos

Robert D. Kaplan es un periodista estadounidense especializado en un tipo de reportaje en particular. Se empapa de bibliografía sobre la historia y la realidad política, social y económica de un lugar antes de visitarlo. Allí combina las observaciones a ras de suelo con entrevistas a personalidades y expertos. Véase por ejemplo, Monzón. El resultado es una visión de conjunto que mezcla lo macro y lo micro que algún día me gustaría imitar.

A finales de los años 90 realizó un viaje por el interior de Estados Unidos dispuesto a aplicar el mismo método empleado en sus viajes por el Cáucaso, Oriente Medio y Asia Central. Constató en aquel entonces la atomización de la sociedad estadounidense, algo de lo que hablé en noviembre de 2013. Véase al respecto mi apunte sobre los muchos “países” que hay dentro de Estados Unidos. Una de las grandes divisiones de las que habló en su libro An empire wilderness es la que existe entre la población de clase media que vive ya en una economía globalizada y la población urbana que vive en una economía de subsistencia en áreas con mucha delincuencia y pobres servicios públicos. Una de las ciudades que visitó y donde constató el fenómeno es Saint Louis, Missouri.

El pasado sábado día 9 de agosto un chico negro de 18 años llamado Michael Brown murió tiroteado por un policía en la localidad de Ferguson, dentro del condado de Saint Louis. Brown estaba desarmado. Según la versión de la policía, trató de arrebatarle el arma a un policía. Según algunos testigos, Brown fue tiroteado mientras se alejaba corriendo.

Durante los siguientes días hubo hubo disturbios en Ferguson. Algunas tiendas fueron saqueadas. El miércoles día 13 hubo una manifestación. La policía desplegó gran cantidad de medios y unidades especiales tipo SWAT con vehículos blindados, francotiradores, un cañón de sonido LRAD, etc. Hubo lanzamiento de gas lacrimógeno y hasta detenciones de periodistas. Se difundieron bastante fotos que mostraban el despliegue policial. En las redes sociales se comentó muy negativamente el aspecto “militar” de la policía, especialmente por parte de veteranos de guerra. Se reabrió una vez más el debate sobre la militarización de la policía en Estados Unidos. Algunos medios jugaron con la yuxtaposición de fotos de la policía avanzando por Ferguson con imágenes de tropas en Afganistán e Iraq, como fue el caso de Buzzfeed y Mashable.

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Francotirador de la policía apuntando con un fusil Mega MaTen a los manifestantes el 13/08/2014 en Ferguson.

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Policías con camuflaje A-TACS AU y chalecos MOLLE subidos a un blindado LENCO Bearcat con un cañón sónico LRAD el 13/08/14 en Ferguson.

Policía disparando un lanzgranadas semiautomático (Foto de David Carson)

Policía disparando un lanzagranadas semiautomático en Ferguson el 18/08/2014 (Foto de David Carson)

La idea de crear una unidad policial especial nació en el Departamento de Policía de Los Angeles en los años 60 en el contexto de la creciente tensión racial, tal fue el caso de los Disturbios de Watts. Se contó para ello con policías con experiencia militar. A principios de los años 70 se creó de forma permanente la unidad SWAT (Special Weapons and Tactics) como unidad de intervención policial. Su popularidad sirvió de inspiración a una serie de televisión que en España se conoció como “Los hombres de Harrelson”.

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En teoría, la función de las unidades tipo SWAT en la actualidad es intervenir en casos de toma de rehenes, detenciones de sospechosos peligrosos que estén armados, respuesta ante francontiradores, etc. Con los años se multiplicaron los departamentos de policía local y estatal estadounidenses que cuentan con su propia unidad especial de intervención tipo SWAT. El acrónimo SWAT fue considerado en algunos lugares demasiado agresivo, por lo que es normal encontrar unidades que cumplen exactamente las mismas funciones pero con otros nombres como Special Response Team (SRT) y Emergency Response Team (ERT), o incluso nombres más originales como High Enforcement Action Team (HEAT).

La verdadera “carrera armamentística” empezó cuando una ley de principios de los años 90 estableció un programa de transferencia a bajo coste de material militar excedente a los departamentos de policía de todo el país. Ese material incluía vehículos blindados, armamento, sistema de visión nocturna, uniformes de camuflaje, etc. Alguno de los vehículos ofrecidos eran todoterrenos blindados, como el Cadillac Gage Ranger. Pero otros se trataban de los transporte de tropas M113. Por ejemplo, uno de los departamentos de policía que ha recibido un M113 es el de la localidad de Doraville (Georgia) cuya población no llega a los 9.000 habitantes.

M113 del Departamento de Policía de Doraville (Georgia).

Un blindado militar en manos de la policía: M113 del Departamento de Policía de Doraville (Georgia).

En el año 1997 dos atracadores asaltaron un banco en North Hollywood (Los Angeles) armados con varios fusiles de asalto modificados para disparar en automático y con cargadores de alta capacidad mientras llevaban chalecos antibala. Su potencia de fuego mantuvo a raya a las patrullas de policía que acudieron inmediatamente. Los dos atracadores dispararon más de 1.000 balas e hirieron a 18 personas en un tiroteo que duró casi tres cuartos de hora. Después de aquel suceso el Departamento de Policía de Los Angeles y otros por todo el país establecieron fusiles de asalto AR-15, un arma hasta entonces potestativa de los grupos de intervención, como dotación en los coches patrulla. El origen de los fusiles de asalto fue el programa de transferencia de material militar excedente.

Una nueva ola de transferencia de material militar excedente ha tenido lugar tras la retirada estadounidense de Iraq y la progresiva retirada de Afganistán. Entre el material entregado a los departamentos de policía se encuentran vehículos blindados a prueba de minas MRAP (Mine-Resistant, Ambush Protected). Fueron comprados masivamente por las fuerzas armadas estadounidenses para patrullar carreteras en Afganistán e Iraq manteniendo los soldados a salvo de minas y artefactos explosivos (IED). Con un valor en el mercado de varios cientos de miles de dólares, los departamentos de policía los compran de segunda mano por un par de miles. Es el caso del enorme BAe Caiman adquirido por el Departamento de Policía de Fort Pierce (Florida).

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Un MRAP en manos de la policía: BAe Caiman del Departamento de Policía de Fort Pierce (Florida).

La compra de estos vehículos no está exenta de polémica. La policía de la universidad pública de Ohio adquirió un vehículo MRAP de 14 toneladas, un MaxxPro que aún conservaba la pintura color arena. La razón dada por la policía para su compra fue que el vehículo serviría para afrontar casos de “tirador activo” (una persona armada que empieza a disparar a la gente en un espacio público).

La “militarización” de la policía en Estados Unidos no es un tema polémico por la compra del material militar en sí, sino por el empleo de las unidades especiales de intervención. La realidad es que las unidades tipo SWAT tienen en realidad poco trabajo. El número de policías fallecidos en acto de servicio ha bajado y la delincuencia en general en Estados Unidos se ha reducido. Teniendo en cuenta los recursos gastados en dotarlas y entrenarlas, lo que hacen habitualmente los departamentos de policía es enviar a las unidades tipo SWAT a misiones de poca peligrosidad. Quien tiene un martillo, sólo ve clavos.

La realidad del día a día de las unidades tipo SWAT en Estados Unidos es que encargan de ir a la casa de personas con órdenes de búsqueda y captura o de personas sospechosas de dedicarse al menudeo de drogas blandas. El resultado es que los SWAT arrancan vallas, revientan puertas y lanzan granadas aturdidoras para entrar en la casa de personas que hubieran abierto la puerta de haber oído a la policía anunciarse tras tocar el timbre. En ocasiones, los delincuentes agarran un arma tan pronto oyen el estruendo y acaban abatidos a tiros. En ocasiones se trata de ciudadanos inocentes en cuyas casas la policía entra por error y terminan acribillados por haber agarrado un arma creyendo que entraban en la casa a robar.

En 2006 el CATO Institute publicó el informe Overkill: The Rise of Paramilitary Police Raids in America (disponible gratuitamente en formato PDF) de Radley Balko. En él se detallan numerosos casos de entradas violentas en casas de personas inocentes y uso excesivo de la fuerza.. LA American Civil Liberties Union por su parte recopiló estadísticas sobre la actuación de las unidades tipo SWAT entre 2011 y 2012. Encontró que sólo un 7% de sus intervenciones tuvo que ver con un atraco con rehenes, una persona atrincherada con un arma o un tirador activo. Sólo en algo más de la mitad de sus intervenciones se encontraron armas, la justificación para emplear a este tipo de unidad policial para realizar detenciones o registros. Y de hecho, en un 36% de las ocasiones la policía terminó la operación con las manos vacías. Aún así, en un 65% de las actuaciones se causaron daños en la casa en la que la policía entró, como por ejemplo romper una puerta con un ariete.

Policías encarando a manifestantes desarmados en Ferguson el 13/08/2014

Policías encarando a manifestantes desarmados en Ferguson el 13/08/2014. Llevan pantalones con el patrón de camuflaje boscoso de la infantería de marina estadounidense.

En el caso de Ferguson, aquel miércoles se enviaron unidades tipo SWAT a una manifestación que en todo caso era un problema de orden público que requería antidisturbios. Se trataba de la unidad policial equivocada para la tarea equivocada. Los veteranos de guerra que comentaron el despliegue policial en Ferguson el 13 de agosto señalaban que la mayoría de la parafernalia militar que lucían los policías era innecesaria. Como, por ejemplo, el despliegue de francotiradores con miras telescópicas de largo alcance frente a manifestantes a unos cien metros o los chalecos modulares MOLLE llenos de cartucheras, bolsas y toda clase de accesorios que llegado el caso restringen el movimiento. Es decir, toda la parafernalia militar de la policía no responde muchas veces a cuestiones funcionales sino estéticas.

Se apunta a la “Guerra contra las Drogas” primero y luego a la “Guerra contra el Terrorismo” el impulso al fenómeno de la militarización de la policía en Estados Unidos. Los ayuntamientos que dotan a la policía local de medios militares a la policía local estarían mandando un mensaje al electorado. El problema que se apunta es el cambio de mentalidad que se produce en la policía, que se siente entonces parte de una guerra (contra las drogas, el terrorismo, el crimen…) y donde se favorece el uso desproporcionado de la fuerzas. Pero quizás habría que apuntar a un último factor que ha influido en la proliferación de estética y medios militares entre la policía estadounidense: La glorificación de lo militar.

La estética militar estuvo asociada en parte a la contracultura. Recordemos la participación de John Lenon en el show de David Cavett, que fue usada en un montaje de la película Forrest Gump, donde apareció con una guerrera donde lucía los galones de sargento y el parche de la 2ª División de Infantería del ejército de los Estados Unidos. O la famosa escena en la cola del cine de Annie Hall, donde Woody Allen vestía una chaqueta M65. Eran tiempos cercanos a la Guerra de Vietnam y la vestimenta militar tenía connotaciones irónicas y contestarias. En la actualidad, los militares son los nuevos héroes en la imaginación colectiva estadounidense. Hollywood lanza películas como “Act of Valor”, “Taking Chance” y “Lone Survivor”. Youtube se llenó de vídeos de perros excitados y niños llorando dando la bienvenida a militares que volvían de la guerra. Y está toda una línea de videojuegos que ponen al jugador en la piel de un soldado estadounidense mientras que la simulación militar alcanza nuevas cotas de realismo con jugadores vestidos de militar de pies a cabeza disparándose con réplicas de “airsoft”James Der Derian habla del “Complejo Militar-Industrial-Medios-Entretenimiento”.

La glorificación de lo militar ha convertido la estética militar en algo atractivo, con toda una industria dedicada a la comercialización de ropa, accesorios, herramientas, utensilios y accesorios para armas que entran en la nueva categoría de lo “tacti-cool”. Véase por ejemplo las páginas web Soldier Systems, Predator Intelligence, Military Morons y Mil-Spec Monkey. Es raro el producto del que alguien no haya hecho una versión “táctica” adaptada para la vida militar, desde libretas de notas a mochilas. Cuando bromeé con un amigo que sólo me faltaba ver “papel higiéntico táctico” me pasó un enlace. Ya estaba inventado y comercializado.

The_f7d449_415250Es fácil comprender que la parafernalia militar con la que se pasea en Estados Unidos la policía forma parte de esa cultura de la devoción por lo militar que recorre desde adolescentes que juegan a ser Navy SEALs a estrellas de Hollywood que ceden su asiento en primera clase a un militar que viaja de uniforme. El problema está, como se apunta en el que cambio de mentalidad que experimentan los policías que se sienten parte de una “guerra contra el crimen” y salen a las calles armados hasta los dientes parapetados en un vehículo blindado que no hubiera desentonado en las calles de Falluya o Kandahar.

¿Y en España? Al contrario que en Estados Unidos, las misiones que realizan las unidades tipo SWAT de las policías locales están asumidas por los Grupos Operativos Especiales de Seguridad (GOES) del Cuerpo Nacional de Policía y por los Grupos Rurales de Seguridad de la Guardia Civil. De los primeros hay nueve  y de lo segundos, que también cumplen funciones de orden público, ocho repartidos por toda España. Donde se ha vivido una proliferación de grupos “especiales” con estética militar es en las policías locales.

2010051512535031533Posiblemente una de las pioneras en España fue la Unidad de Intervención Policial (UNIPOL) de Santa Cruz de Tenerife, que en su momento ganó bastante mala fama. Dentro del amplio panorama de “grupos especiales”, “unidades de “intervención policial” y “unidades de intervención rápida”, etc. encontramos que la Policía Local de Valencia tiene su “Grupo de Operaciones Especiales”, que a pesar de emplear un nombre tan marcadamente militar se dedica al control de mercadillos y la mendicidad. Y es que la ley en España marca bastante las funciones de cada cuerpo policial. Así, aunque algún alcalde se quiera apuntar a la mano dura contra la delincuencia ordenando crear dentro de la policía local una unidad especial con estética militar se encontrará que la ley limita el tipo de armamento y las funciones que pueden desempeñar.

Galería de fotos de Ferguson en The Big Picture en Boston.com
Galería de foto de Ferguson en ABC News
Un libro del mismo autor del informe del Cato Institute: Rise of the Warrior Cop: The Militarization of America’s Police Forces de Radley Balko (2013)
“Cops or soldiers?” en The Economist (22/03/2014)
Íñigo Sáenz de Ugarte y Jordi Pérez Colomé también han hablado del asunto.

La guerra secreta rusa en Ucrania

wXwMQXaLa invasión rusa de Crimea contó con unas circunstancias irrepetibles en Ucrania oriental. Rusia contaba con tropas de infantería de marina en Sebastopol y bases aéreas en las que hacer aterrizar aviones de transportes con fuerzas venidas de Rusia. El acuerdo entre los gobiernos de Ucrania y Rusia sobre la presencia de fuerzas rusas en Crimea permitía un techo de fuerzas que dio cobertura al aumento de tropas y permitía en circunstancias excepcionales a las fuerzas rusas cruzar los límites de la ciudad autónoma de Sebastopol. Aún siendo discutible si se daban esas circunstancias excepcionales, el Kremlin pudo al menos fingir que estaba actuando dentro de los márgenes de los acuerdos con Ucrania. El siguiente paso fue tomar, Simferopol, la capital de Crimea, y bloquear las instalaciones militares ucranianas con fuerzas militares sin identificación nacional que pretendían ser “fuerzas de autodefensa locales”. El engaño fue evidente para todo el mundo menos para el diario El País y algún otro despistado.

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Miembros de una unidad especial rusa en Crimea.

Las operaciones militares en Crimea fueron acompañados de una intensa campaña de propaganda. Fue en los años 90, durante la primera Guerra de Chechenia, cuando el Kremlin se dio cuenta que la perspectiva chechena de la guerra tuvo mucho mayor repercusión en los medios occidentales que la versión rusa y cómo los chechenos emplearon Internet profusamente como medio de comunicación. En aquellos años se realizó una extensa reflexión en Rusia sobre el uso de la propaganda y la ciberguerra, llevando al desarrollo de una doctrina estratégica al respecto.

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El “Soldado de Bronce” antes de su retirada en 2007.

La primera oportunidad para poner en práctica la estrategia rusa sobre propaganda y ciberrguerra tuvo lugar durante un conflicto diplomático con Estonia a cuenta de la retirada de un monumento a los combatientes soviéticos de la Segunda Guerra Mundial en la primavera de 2007. Tras una campaña en contra de Estonia en los medios de comunicación rusos, los servidores de Internet del gobierno estonio, medios de comunicación y bancos fueron sometidos a intensos ataques distruibuidos de denegación de servicio de forma anónima. Nadie pudo demostrar la mano del Kremlin detrás de los ataques y posiblemente nunca existiera. Simplemente el activo submundo ruso de hackers y estafadores acudió a la llamada patriótica.

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Chechenos del Batallón “Vostok” en Osetia del Sur.

La segunda ocasión de ver las nuevas estrategias rusas fue en el conflicto armado de Rusia con Georgia por Osetia del Sur. Se trató de un conflicto convencional entre los ejércitos de dos países, pero los rusos emplearon una combinación de fuerzas convencionales, milicianos chechenos e irregulares sudosetios en el campo de batalla con ciberguerra y propaganda. David Betz recogió entonces las reflexiones de Adam Elkus sobre que la estrategia rusa se ajustaba al concepto de “guerra híbrida” que acuñó Frank Hoffman y que en España introdujo Jorge Aspizua.

Dos miembros de las fuerzas especiales rusas antes del asalto final a una instalación militar ucraniana.

Miembros de las fuerzas especiales rusas antes del asalto final a una instalación militar ucraniana.

Tras la anexión de Crimea, vía referéndum, el Kremlin trató de preparar la anexión de Ucrania Oriental. El gobierno provisional ucraniano gozaba de un grave problema de legitimidad. Aunque el presidente Viktor Yanukovych fue destituido con los votos de su propio partido, la propaganda rusa presentó su caída como un “golpe de estado”. La presencia de grupos de ultraderecha en la Plaza de la Independencia de Kiev fue explotado hasta la saciedad en la versión rusa de la crisis para presentar al nuevo gobierno provisional como el “gobierno golpista neonazi de Kiev”. Cabría recordar que en las elecciones presidenciales del 25 de mayo, los votos de los candidatos de Svoboda  y Sector de la Derecha sumados no alcanzaron el 2% (1,16 y 0,70). respectivamente). Pero en aquel momento quedó preparado el terreno para un levantamiento de la población prorrusa en la Ucrania oriental en la que los rebeldes retiraban su reconocimiento al gobierno de Kiev y tomaban las armas para defenderse de los “nazis”.

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La insignica ucraniana sobre una estrella soviética apenas borrada en la cola de un avión de la fuerza aérea ucraniana.

La reacción ucraniana a la invasión rusa de Ucrania reveló el estado de colapso de las fuerza armadas y el aparato de inteligencia del país. Por ejemplo, el contraalmirante Denys Berezovsky desertó al bando ruso a los pocos días de ser nombrado comandante en jefe de la armada ucraniana mientras que el asalto ruso a bases aéreas ucranianas en Ucrania reveló el estado calamitoso de sus aviones. Las primeras acciones armadas ordenadas por el gobierno de Kiev en Ucrania oriental se saldaron con un fiasco cuando seis vehículos blindados BMD pertenecientes a unidades aerotransportadas, parte de la élite de las fuerzas armadas ucranianas, se pasaron al lado rebelde.

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Blindados BMD pasados al bando prorruso en Kramatorsk.

Pero como dijimos al principio, las circunstancias de la invasión rusa de Crimea fueron excepcionales dada la existencia de fuerzas militares rusas en la península y un acuerdo que permitía su despliegue más allá de los límites de Sebastopol en casos excepcionales. Hubiera sido cuestionable que el falso engaño de usar tropas rusas sin insignias nacionales hubiera podido ser usado una segunda vez en Ucrania oriental. Así que esta vez, aparte de grupos de ciudadanos ucranianos que aparecieron súbitamente armados y con uniformes de camuflaje ruso SUPAT, en Ucrania oriental aparecieron contratistas de empresas militares privadas rusas, milicianos chechenos y milicianos cosacos.

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Milicianos chechenos en Ucrania oriental.

Mientras hay abundante literatura en Occidente sobre las actividades de empresas militares privadas estadounidenses y británicas, permanece bastante desconocido la existencia de empresas militares privadas rusas y su papel en los conflictos de Siria y Ucrania. El año pasado salió a la luz la participación de la empresa Slavonic Corps en el conflicto sirio. Al parecer, personal ruso estaba encargado de la protección de instalaciones estratégicas del régimen de Assad, como por ejemplo la base desde la que operan los aviones de ataque Sujoi Su-24.

Personal de Slavonic Corps en Siria con un avión de ataque Su-24 a sus espaldas.

Personal de Slavonic Corps en Siria con un avión de ataque Su-24 a sus espaldas.

Una de las principales pruebas de la participación rusa en el conflicto fue el destino de los cadáveres de los primeros combatientes caídos en Ucrania oriental. Periodistas rusos que siguieron la repatriación de los 200 cadáveres hasta Rostov lograron identificar a algunos de los muertos y desvelaron cómo el reclutamiento se realizó a través de redes sociales de Internet, como la muy popular en Rusia V Kontakte. Los grupos más o menos formales de veteranos de guerra de conflictos como Afganistán o Chechenia ayudaron a canalizar el flujo de voluntarios que acudieron a luchar a Ucrania por dinero. La motivación de los fallecidos explicada por los familiares de dos de ellos coinciden: Aceptaron ir a luchar a Ucrania para pagar deudas.

Cosacos rusos en Slavyansk, abril 2014.

Cosas rusos en Slavyansk, abril 2014.

En el caso de los cosacos, es interesante señalar su ascenso en Rusia como una fuerza al servicio al Kremlin. El gobierno ruso les ha concecido privilegios, al convertirlos en ejemplo de las “virtudes rusas” (profundamente patriotas, conservadores y religiosos) mientras que los cosacos mantienen un fuerte apoyo a Putin, que creó una oficina para asuntos cosacos que dependen directamente de presidencia. Empresas de seguridad cosacas fueron empleadas en los Juegos Olímplicos de Invierno en Sochi como auxiliares de las fuerzas de seguridad. Un corresponsal de la revista Time tuvo oportunidad de hablar en Ucrania oriental con varios miembros de una milicia cosaca. Uno de ellos declaró que estaba allí para reincorporar aquel territorio a Rusia, corrigiendo el “error” de la independencia del país tras la disolución de la Unión Soviética.

El presidente de la República Popular de Lugansk en su despacho.

El presidente de la rebelde República Popular de Lugansk en su despacho.

El choque de objetivos entre todos los actores implicados en el bando prorruso en Ucrania oriental se hizo evidente tan pronto los referendums en Lugansk y Donetsk. Las peticiones de anexión a Rusia de las autoridades locales no levantaron mucho entusiasmo en una población que había votado para alejarse de Kiev pero no para caer en manos de Moscú. El depuesto presidente Viktor Yanukovych declaró mostrarse arrepentido de haber solicitado a Rusia una intervención militar en Crimea y su deseo de que Crimea vuelva a ser parte de Ucrania. La falta de una cadena de mando unificada en las milicias locales, rusas y chechenas ha generado muchos problemas en las filas rebeldes con una creciente brecha entre locales y rusos. Ucrania oriental se ha convertido en un territorio sin ley por culpa de los tiroteos entre grupos rebeldes, con saqueos y asesinatos de fondo. En este último caso se trata de la lucha por el poder entre rebeldes.

A estas alturas debe haber quedado clara la situación en Moscú y Kiev. Para el Kremlin debe ser evidente que el intento de una rápida anexión de Ucrania oriental al estilo de Crimea ha resultado un fracaso. Los contratistas rusos, las milicias cosacas y las milicias chechenas han desempeñando un papel lejos del realizado por las unidades de fuerzas especiales rusas que participaron en invasión rusa de Crimea. Para el nuevo gobierno de Kiev está claro que una operación militar de gran escala en Ucrania oriental provocaría un número elevado de víctimas civiles y terminaría por socavar cualquier legitimidad de las aspiraciones de soberanía ucraniana sobre la región. Además, las fuerzas armadas ucranianas han mostrado serios problemas logísticos. Para ambos bandos una clara victoria militar está fuera de sus posibilidades, de ahí que una solución negociada resulte la opción menos mala. La misteriosa aparición de tres carros de combate T-64 en manos rebeldes podría ser una escalada para negociar con más fuerza o el síntoma de que Rusia sube su apuesta. Ayer lunes se firmó el alto el fuego.

Un carro de combate T-64 en manos de los rebeldes prorrusos el pasado viernes 20 de junio.

Un carro de combate T-64 en manos de los rebeldes prorrusos el pasado viernes 20 de junio.

Recientemente, el director del Servicio de Seguridad de Ucrania, Valentyn Nalyvaichenko, afirmó que Rusia estaba desarrollando contra Ucrania un “nuevo tipo de guerra, guerra híbrida” cuyo “principal componente es la información”. El año pasado el general  Valery Gerasimov, jefe del estado mayor de las fuerzas armadas rusas, dio una conferencia en la Academia de Ciencias Militares donde habló de la transformación de la naturaleza de la guerra, con conflictos donde se combinan “el uso activo de los medios militares y no militares”, que en el caso de las acciones no miltares pueden ser “medidas políticas, diplomáticas, económicas y de otro tipo, incluida las de naturaleza encubierta” mientras que “la acción militar se desplazó a la información y el espacio”. Defendió “la creación de una teoría integrada de las acciones indirectas y asimétricas”. Casi diez años hablando en este blog de guerras posmodernas con actores no estatales como protagonistas y ahora podemos añadir la variante protagonizada por los estados.

Cómo el fundador de Blackwater y un puñado de contratistas redujeron la piratería en Somalia

oil_resources_1085549ePuntland es una región autónoma de Somalia de la que partían la mayoría de los piratas somalíes. En el año 2010 las autoridades locales crearon la Puntland Maritime Police Force (PMPF) con la intención de combatir a la piratería en tierra, una de las medidas que gobiernos y expertos apuntaban como imprescindible para solucionar el problema. Pero las autoridades de Puntland no tenían recursos suficientes para convertir a la PMPF en una fuerza eficaz y con medios suficientes. En esto, en Emiratos Árabes Unidos llegaron a la conclusión de que era necesario combatir a la piratería en tierra y se recaudaron varios millones de dólares para llevarlo a cabo. El dinero fue destinado a la PMPF. El entrenamiento de sus miembros fue llevado a cabo primero por una empresa sudafricana que había formado parte del conglomerado empresarial en torno a la ya mítica Executive Outcomes y luego por una empresa con sede en E.A.U. a la que estaba vinculado el mismísmo Erik Prince, fundador de Blackwater.

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La PMPF demostró ser eficaz y realizó operaciones arriesgadas, como el rescate a cañonazos de los tripulantes de un carguero que llevaba tres años en manos de los piratas. Pero la presencia de contratistas privados en el país resultó ser inaceptable para Naciones Unidas y ejerció presiones. Como en otras ocasiones, Naciones Unidas prefirió la inacción ante un problema que la solución que proporcionan las empresas militares privadas.

Las historia de la Puntland Maritime Police Force y la reducción de la piratería en Somalia es mi historia de esta semana para Sesión deControl: “El ocaso de la piratería somalí”.

De la defensa nacional a la seguridad global

La defensa nacional es un concepto tradicionalmente asociado a las amenazas militares que enfrenta el Estado. No en vano, en la mayoría de países el Ministerio de Defensa desempeña las tareas que antiguamente desde finales del siglo XVIII ocupaban al Ministerio de la Guerra. Sin embargo, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial la proporción de conflictos convencionales entre estados-nación sobre el total ha ido disminuyendo mientras el total de conflictos armados de todos los tipos ha disminuido también. Ambas tendencias se han intensificado desde el fin de la Guerra Fría. Las guerras que enfrentan fuerzas armadas en campos de batalla abiertos se han ido convirtiendo en una raza. Basta hacer recuento del número de buques de guerra hundidos en combate y aviones derribados por otros enemigos en las guerras de los últimos cuarenta años para entender que los grandes enfrentamientos prolongados de ejércitos convencionales son cada vez más cosa del pasado.

Teniendo bastantes antecedentes históricos, sin ir más lejos la ocupación de España por la Francia napoleónica, la Segunda Guerra Mundial popularizó la figura del combatiente irregular, desde las montañas de Francia, Italia y Yugoslavia a las selvas de Birmania y Vietnam. Posteriormente, el éxito de la guerra revolucionaria en China en 1949 abrió una era de conflictos internos donde fuerzas irregulares desafiaban un poder estatal, fuera el de una potencia colonial o el de un gobierno de ideología opuesta. Que unas fuerzas irregulares implantados en la zonas rurales fueran capaces de alcanzar el poder era una poderosa metáfora del orden mundial, dividido en unos países desarrollados que constituían un centro rodeado de una periferia de países en desarrollo. En aquel contexto surgió la Doctrina de la Seguridad Nacional como una respuesta a las insurgencias revolucionarias en Hispanoamérica. Los regímenes militares del Cono Sur sudamericano colaboraron entre ellos en su lucha contra los movimientos revolucionarios, la llamada “Operación Cóndor”, pero fue siempre un fenómeno estrictamente nacional. En el caso sudamericano la razón de Estado sirvió para justificar toda clase de atrocidades que asociarían por siempre el concepto de la Doctrina de la Seguridad Nacional con la ignominia.

Terrorismo, tráficos ilícitos, ciberdelitos, las crecientes catástrofes medioambientales… La lista de amenazas contemporáneas desbordan por completo el concepto tradicional de defensa nacional, incluso si consideramos el fenómeno de las insurgencias revolucionarias de la Guerra Fría. Se hace preciso, por tanto, hablar de seguridad como un concepto amplio que van más allá ahora de las competencias tradicionales de cualquier ministerio u organismo público. Es más, la mayoría de riesgos y amenazas contemporáneas tienen causas complejas que ya no pueden ser enfrentadas por un solo país. En un mundo donde los flujos de personas, mercancías, capitales e ideas son intensos y continuos, los estados se han convertido en actores con un poder ciertamente limitado para enfrentarse a nuevos actores y nuevas amenazas. La cooperación internacional se hace imprescindible ante la mayoría de los fenómenos que desbordan el concepto tradicional de seguridad. La complejidad e interdependencia de los problemas nos lleva a plantear que la seguridad en el siglo XXI ha de entenderse como seguridad global.