Blackwater, mito periodístico de la Nueva Guerra Fría

Blackwater ya no existe. La empresa original primero cambió de nombre a Xe en 2009, ante los problemas de imagen que acumulaba. Finalmente, su dueño y fundador, Erik Prince, vendió la empresa, que fue desmembrada. Presidential Airways fue absorbida por AAR Corp. El centro de formación en Carolina del Norte, que había dado origen a la empresa, fue comprado por un grupo de inversores para crear en 2010 la empresa Academi. Más tarde, Academi se fusionó en 2014 con Triple Canopy para formar el Constellis Group, que luego fue absorbiendo más empresas en un signo de los tiempos. El sector se reorganizaba, lejos de los tiempos de crecimiento explosivo durante la ocupación de Iraq.

Mientra tanto, Eric Prince emprendió otros proyectos empresariales. Primero creó Reflex Response (R2) en Emiratos Árabes Unidos, al servicio de las autoridades de ese país. Al parecer se desvinculó cuando el asunto salió a la luz o ya estaba fuera por aquel entonces. Luego creó Frontier Services Group, al servicio de intereses chinos en África. Prince alcanzó notoriedad recientemente por su propuesta de privatizar la guerra de Afganistán y por su papel en la conexión entre la campaña de Donald Trump y los círculos del poder ruso.

Blackwater es historia. La empresa no existe. Fue desmembrada. Su fundador creó otras empresas al servicio de gobiernos distintos al de Estados Unidos.  Hablar en 2019 de Blackwater es como hacerlo de Galerías Preciados, la aerolínea TWA o el califato Omeya. Entonces, ¿por qué me sigo encontrando titulares que mencionan que Blackwater se prepara para intervenir en tal país o Blackwater ha desplegado fuerzas en tal otro? La respuesta es evidente. Pero primero veamos cómo surgió el mito de Blackwater.

Miembros de la empresa sudafricana “Executive Outcomes” en Angola.

Blackwater no fue la primera empresa militar privada compleja y con recursos avanzados, tal como las conocemos actualmente. Podemos decir que ese hito corresponde a la sudafricana Executive Outcomes. Blackwater tampoco fue la empresa con el mayor volumen de contratos en los años de auge del sector durante la ocupación de Iraq. Ese hito correspondió a la británica AEGIS. Blackwater se hizo célebre porque ganó el contrato más sensible y difícil de todos: proteger a Paul Bremer y al personal de la Autoridad Provisional de la Coalición en Iraq. Esto es, proteger al cabeza de la administración de ocupación estadounidense en el país y a sus funcionarios.

Blackwater en Bagdad.

Las tácticas de Blackwater seguían el principio de poner la seguridad del VIP a proteger por encima de todo. Sus vehículos blindados circulaban a gran velocidad por Bagdad, saltándose semáforos y abollando los vehículos que no se apartaban. Si un conductor iraquí no atendía los gestos de frenar que un contratista de Blackwater le hacía con la palma de la palmo, su coche se llevaba varios tiros en la parrilla. Estoy seguro que más de un conductor inocente se llevó un tiro.

El coronel T. X. Hammes, uno de los desarrolladores del concepto de Guerra de Cuarta Generación, visitó Bagdad y se movió por la ciudad de incógnito, manteniendo un perfil bajo. Cuenta que se cruzó con convoys de Blackwater y que su actitud amenazadora le pareció totalmente contraproducente para el esfuerzo de ganar “corazones y mentes” de la población local. Blackwater se convirtió así en el símbolo de todo lo que estaba mal en la ocupación estadounidense. La prensa occidental se llenó de artículos sobre los “pistoleros a sueldo” y los “perros de la guerra”, explicando que el fenómeno era la aplicación de la lógica neoliberal de privatización de servicios públicos hasta sus últimas consecuencias a la guerra, en el contexto de la hegemonía neocón en Washington.

El senador Obama y personal de Blackwater en Iraq.

En realidad el boom de los contratistas durante la ocupación en Iraq fue el resultado de una mala planificación de la reconstrucción postbélica. Donald Rumsfeld había insistido en que la fuerza invasora fuera lo más pequeña posible, aprovechando las ventajas de unas fuerzas armadas estadounidenses altamente tecnificadas como resultado de la Revolución de los Asuntos Militares de la sociedad de la información. El problema es que esa fuerza reducida resultó insuficiente para mantener la paz y el orden tras la caída del régimen de Saddam Hussein. Pronto, la protección de lugares, convoyes y personas fue puesta en manos de empresas privadas. La necesidad urgente disparó el precio de los contratos y los sueldos.

Durante unos pocos años, Iraq fue El Dorado de las empresas militares privadas occidentales. Fue una brutal competición empresarial darwiniana que fue dejando por el camino vidas y empresas. Luego vino la concentración y la reducción de costes con la contratación de contratistas de lugares como Fiyi, Uganda y Nepal. Y el asunto pasó a un segundo plano en los medios, mientras los países de la Unión Europea encargaban la seguridad de sus embajadas a empresas privadas mientras que China y Rusia desplegaban empresas militares privadas para proteger sus explotaciones de petróleo y minerales en lugares como Iraq, Sudán y República Centroafricana. Por aquel entonces, los periodistas occidentales ya no tenían interés en escribir sesudos artículos sobre el neoliberalismo y la guerra. En República Centroafricana, tres periodistas críticos con el Kremlin murieron en una emboscada mientras investigaban la conexión entre los negocios mineros rusos en la explotación de diamantes locales y la empresa militar privada Wagner.

Personal de Slavonic Corps en Siria.

Los sesgos de los periodistas occidentales biempensantes explican el interés por unos temas que son tratados hasta que se instalan en el imaginario colectivo, mientras otros pasan inadvertidos. Pero queda por explicar por qué Blackwater se sigue colando en los titulares en 2019.  Se trata de una razón muy sencilla. Blackwater es el monstruo terrible que agitan los enemigos geopolíticos de Estados Unidos allí donde hay un conflicto de intereses.

Blackwater aparece siempre oportunamente que hay un conflicto de intereses entre EE.UU. y sus rivales de la Nueva Guerra Fría. ¿Conflicto de intereses en Ucrania?

Aparece video que confirma la llegada de mercenarios de Blackwater a Ucrania” (RT, 9 de marzo de 2014)

Si Russia Today en español lanzaba una afirmación taxativa, meses más tarde dudaba.

¿Hay mercenarios de Blackwater en Ucrania?” (RT, 11 de mayo de 2014)

Y entonces, 24 horas después entró en tromba la prensa crítica, rebelde, alternativa y libreprensadora a repetir como loros.

¿Hay mercenarios de Blackwater en Ucrania?“(Geopolítico.es, 12 de mayo 2014).

Mercenarios yanquis de Blackwater ya combaten en Ucrania” (Canarias Semanal, 12 de mayo de 2014)

También encontramos, cómo no, a Voltairenet:

Despliegue de mercenarios estadounidenses en el sur de Ucrania” (4 de marzo de 2014).

Y por supuesto, a HispanTV:

Informe: Mercenarios de Blackwater operan en Ucrania” (19 de mayo de 2014).

Paradójicamente, mientras las filas ucranianas se llenaron de voluntarios, fueron las prorrusas de Ucrania oriental las que se llenaron de contratistas rusos y personal militar ruso. Eso no impidió a la prensa rusa hablar de la funesta presencia de mercenarios en el país o de injerencia externa en los asuntos ucranianos.

Seguimos. ¿Conflicto geopolítico entre EE.UU. y Rusia+Irán en Siria? ¿Adivinan quién se desplegó allí?

Diario turco: Blackwater entrena a terroristas en Siria” (Voltairenet, 6 de agosto de 2012).

Y a la fiesta no podía faltar Nazanin Amanian, recogiendo la misma noticia en su blog personal por aquellas fechas con el título “Los mercenarios de Blackwater en Siria“.

El vicepresidente del Partido del Trabajo de Turquía, Bulent Aslanoglu, confirmó que cerca de seis mil personas de diferentes nacionalidades árabes, afganos y turcos, han sido reclutados por los EE.UU. Agencia Central de Inteligencia (CIA) para cometer actos terroristas en Siria.

El blog “Cuestiónatelo todo”, parte de la “Red de Blogs Comunistas” se hacía eco de una noticia de Al Manar, medio de comunicación de Hezbolá, el 31 de mayo de 2012.

La empresa Blackwater tiene a 6000 mercenarios en Siria“.

Podemos seguir buscando. Por ejemplo, con Yemen.

Ejército yemení acaba con tres agentes de ‘Blackwater’ en Taiz” (HispanTV 9 de enero de 2016).

Mercenarios de Blackwater se van derrotados de Yemen” (TeleSur, 11 de febrero de 2016).

Si leemos las noticias vemos que Russia Today, HispanTV, TeleSur, Al Manar, etc. van triangulando enlaces y citas de tal forma que ninguno se pueda hacer verdaderamente responsable de la veracidad de lo publicado con la excusa de “nos limitamos a recoger lo que otros medios publican”.

Y si miramos noticias más antiguas, encontrarnos este refrito de la iraní PressTV.

Potencias occidentales abren las puertas a Blackwater en Libia” (Agencia Matriz del Sur, 13 de abril de 2011)

Sé que muchos se acogen a la excusa de que donde se lee “Blackwater” hay que leer “Academi” o “empresa que alguna vez tuvo algún tipo de vinculación con Eric Prince”. Es la respuesta más habitual que me encuentro en Twitter cuando señalo a alguien que está dando una noticia sobre las acciones de una empresa que no existe desde hace años. Pero incluso cuando en el cuerpo de una noticia se habla de que ya no existe una empresa con ese nombre, se insiste en mencionar a Blackwater en el titular. Por ejemplo, Leandro Albani publicaba en enero de 2018:

Blackwater: el ejército del terror del Pentágono” (Revista Sudestada, diciembre 2017).

Dice Albani:

Una multinacional militar se abre paso en el mundo desde hace dos décadas. Blackwater, la empresa de seguridad más poderosa del planeta, acumula denuncias por crímenes cometidos en Medio Oriente y por casos de corrupción en Estados Unidos.

En pleno enero de 2018 decía de Blackwater que es la “empresa de seguridad más poderosa del planeta” y que “goza de muy buena salud”. Varios párrafos más abajo cuenta que ahora se llama Academi, que se preparó para invadir Qatar y que participó en la guerra de Yemen.  Es decir, aquí se está mezclando el nombre de la difunta Blackwater con Academi y la trayectoria personal de Eric Prince tras desvincularse de la empresa. Lo de resucitar a Blackwater para convertirla en líder del sector también es cosa de RT, que en enero de este año también resucitaba a Blackwater para llamarla “la empresa militar privada más grande del mundo”.

El asunto ha vuelto a saltar porque Eric Prince ha afirmado que él arregla lo de Venezuela en dos patadas con una fuerza de 5.000 contratistas. Desde su empresa, Frontier Services Group (FSG), han dicho que “tiene una solución para Venezuela igual que la tiene para otros muchos sitios”. Pero como recoge el diario madrileño El Mundo, resulta que  “[l]a Casa Blanca ha declarado que no apoyaría el plan”. Las declaraciones de Prince, como también apunta el diario,  proporcionan munición dialéctica al régimen chavista, que ahora dará la turra con la amenaza de los mercenarios yankis mientras se multiplicarán los análisis sobre el regreso de Blackwater.

Blackwater busca crear un ejército de 5000 mercenarios para Guaidó” (HispanTV, 30 abril de 2018).

Si HispanTV dice que se trata de un plan de cara al futuro, Galicia Press dice el 2 de mayo de 2019 que ya están preparándose.

Blackwater (EE.UU) entrena mercenarios para desalojar a Maduro de Venezuela“.

¿Dónde entrenan? ¿Alguien lo sabe? ¿Hay pruebas? ¿Quién paga el sueldo de 5.000 contratistas esperando la aprobación de un plan que no tiene la aprobación de la Casa Blanca? En realidad, alguien ha tomado una noticia con un titular erróneo para deformarla más y crear algo grotesco.

En definitiva, resulta evidente que Blackwater es un monstruo que la propaganda rusa, iraní y procedente de otros aliados geopolíticos del bando contrario a Occidente en la Nueva Guerra Fría agitan en cualquier conflicto como una forma de deslegitimar cualquier acción de Estados Unidos porque estaría protagonizada por sanguinarios mercenarios a sueldo del imperialismo.

La Ley de Murphy del periodismo español (2)

En 2015 escribí una entrada en este blog titulada “La Ley de Murphy del periodismo español“, en referencia a esa conocido enunciado que dice que la tostada cae siempre del lado de la mantequilla. En aquel entonces me refería al conflicto árabe-israelí y a cómo había terminado constatando que siempre que un periodista español mete la pata en sus crónicas sobre el asunto siempre será para dejar en mal lugar a los israelíes. Nunca he leído un titular del tipo “Estalla por accidente un polvorín iraní en Damasco” cuando en realidad fue un ataque aéreo israelí o “Muere un líder de HAMAS tiroteado por una facción disidente” cuando resulta que cayó en una emboscada de las fuerzas especiales israelíes. En el caso de Israel en la prensa española, la tostada siempre cae del mismo lado.

El asunto me vino a la cabeza estos días porque he estado dándole vueltas al asunto de la aparición de Empresas Militares Privadas (PMC en sus siglas en inglés) procedentes de Rusia y China. Y creo que estoy en la situación de enunciar una segunda Ley de Murphy sobre el dobe rasero de la prensa española. Resulta, que hoy mismo compartí en Twitter y Facebook una noticia de Al Manar, un medio del grupo libanés Hezbolá, que daba cuenta de que personal de una empresa rusa estaba entrenando a los miembros de la milicia palestina Liwa Al Quds (“Brigada Jerusalén”). Dice la noticia:

Las fuerzas especiales de la Liwaa al Quds (Brigada Al Quds), una unidad de élite palestina que lucha al lado del Ejército sirio, ha publicado un nuevo vídeo esta semana acerca de su entrenamiento en la provincia de Alepo.

Entrenados por contratistas rusos, los miembros de las fuerzas especiales palestinas fueron filmados realizando diversos ejercicios de entrenamiento en un lugar no determinado de la provincia de Alepo.

“Feral Jundi”, autor del blog homónimo, identificó en un comentario a mi publicación en Facebook a la empresa rusa como Vegacy Strategic Services.  En el siguiente vídeo promocional muestran imágenes de Siria.

Hace ya bastante tiempo que “Abraxas Spa” me llamó la atención sobre el asunto de las empresas militares privadas rusas. Y me extraña la poca atención que recibe el tema cuando la prensa nos bombardeó en su momento con el auge de las empresas estadounidenses en el contexto de la ocupación de Iraq.

Tengo muy presente el asunto porque soy un sociólogo que se dedicó al estudio de la transformación de los conflictos armados y se especializó en la aparición de actores no estatales. Me tocó atender a medios para hablar del tema. Y recuerdo aquellos titulares tremebundos sobre los “modernos perros de la guerra” y los “pistoleros a sueldo” que ponían énfasis en que el personal de estas empresas iba a zona de conflicto por dinero (no como los soldados profesionales de los ejércitos occidentales, como el español, que lo hacen gratis y sólo por la satisfacción de ver sonreír a las personas que entregan ayuda humanitaria). Asistí a mesas redondas y coloquios donde se habló de cómo estas empresas amenazaban la paz mundial y eran un foco desestabilización de países. Siempre me quedé con las ganas de pedir ejemplos de algún Estado que en los últimos 20 años hubiera colapsado por la acción de una Empresa Militar Privada. Y por supuesto, a propósito del caso de la empresa sudafricana Executive Outcomes en Angola y Sierra Leona, escuché y leí sobre la preocupante convergencia entre la explotación de recursos naturales y este tipo de empresas. Y siempre, sin perder de vista que el fenómeno era el resultado de la aplicación de la lógica neoliberal a la guerra.

Pues bien, tienen ustedes ahí fuera donde tirar el hilo sobre empresas militares privadas rusas (y chinas) en, por ejemplo, la carrera por los recursos naturales africanos. Pueden seguir la pista de la empresa militar privada rusa Wagner por Siria, Libia, República Centroafricana y posiblemente Venezuela. Podrían averiguar qué se sospecha que la emboscada contra tres periodistas rusos que investigaban las conexiones de la empresa Wagner y la explotación de diamantes en la República Centroafricana fue un asesinato para eliminar a testigos incómodos. Y pueden perder el tiempo en buscar reportajes, artículos y ensayos sobre el tema en la prensa española.

Relación de PMC rusas hecha por InformNapalm.

Podemos enunciar así una segunda Ley de Murphy de la prensa española: cuando un fenómeno tiene dos caras, verán que sólo tratan la que pueda dejar en mal lugar a Estados Unidos u Occidente en general. Hagan un ejercicio. Busquen qué ha contado la prensa española sobre los nuevos negocios de Erik Prince, fundador de Blackwater. Ahora trabaja para China en favor de sus intereses en lugares como África. Su empresa anunció recientemente la apertura de un campo de entrenamiento en la provincia de Xinjiang, donde están pasando cosas tremebundas.

Los dobles raseros de la prensa española me parecen muy divertidos. Un día me encontré en cierto medio español una noticia de cómo la empresa minera canadiense Barrick Gold estaba contaminando en Argentina bajo el gobierno de Mauricio Macri. Resulta que la primera vez que escuché hablar de esa empresa fue hace años, en el programa de Jorge Lanata en el Canal 13. Denunciaba entonces cómo la actividad de la empresa afectaba a los glaciares andinos. Posteriormente habló de la contaminación con cianuro. Como soy muy mal pensado, busqué en el medio español en cuestión y ¡sorpresa!. Durante los años del kirchnerismo, sólo se mencionaban a la Barrick Gold para hablar de cómo contaminaba en el Caribe o sus vínculos con José María Aznar. Sólo había una mención a la contaminación de la Barrick Gold en Argentina para hablar de cómo unos niños de una zona minera habían viajado a Buenos Aires para dar a conocer su situación. La empresa, mágicamente, se convirtió en noticia tan pronto subió al poder Mauricio Macri. Como la pobreza y la inflación en el país. Pero eso es otra historia y otro sesgo.

Volviendo a Rusia y China, sucede que asistimos al fin del “momento unipolar” de Estados Unidos como “hiperpotencia solitaria“. Y sin embargo, tenemos a una generación de periodistas que se criaron, formaron y trabajaron viendo cómo Estados Unidos y Occidente era la fuente de todo mal. Eran los tiempos en que la gente que se proclamaba “anti-imperialista” no tenía que especificar. Se sobreentendía que eran enemigos del “imperialismo yanki”. Hoy tenemos imperialismos de todos los sabores y para todos los públicos: imperialismo ruso, imperialismo chino, aspiraciones hegemónicas de Irán, etc. Supongo que habrá que “darles un poco de tiempo” a los periodistas españoles para que se enteren de que el mundo ha cambiado. Alguno, por cierto, ya se enteró y está haciendo caja hablando de los problemas de EE.UU.

La larga historia de los todoterreno en operaciones móviles en el desierto (un homenaje pendiente a Jorge Aspizua)

Maquetas de vehículos saharianos de Jorge Aspizua en escala 1:72. En primer término, un Land Rover Santana con ametralladora MG-3.

Hace años se me ocurrió que un buen homenaje a mi amigo y mentor Jorge Aspizua, el desaparecido autor del blog “La Harka de Aspizua”, sería escribir un libro de historia militar que recogiera el empleo de todoterrenos armados en campos de batalla desérticos. Se trata de un asunto aparentemente exótico pero lleno de episodios épicos que se proyectan en el presente.

Land Rover Santana de la Agrupación de Tropas Nómadas del Sáhara Occidental Español.

Con Jorge Aspizua aprendí a superar el adanismo al que nos empuja la obsesión con las soluciones tecnológicas y a buscar lecciones históricas en experiencias del pasado. Dejada atrás la pasión adolescente por carros de combate y cazas, a los dos nos gustaban todo lo relacionado con operaciones no convencionales e irregulares. Éramos la clase de tipos que en vez de portaaviones y fragatas, nos interesaban los LPD clase Endurance de la armada de Singapur y las lanchas rápidas suecas CB90H, que nos despertaban la imaginación pensando en la lucha contra la piratería. Nos interesaba desde los Chindits en la jungla de Birmania a la lucha contra el yihadismo el Sahel.

Ford T Utility de la 1st Ligh Car Light Patrol en Oriente Medio durante la Primera Guerra Mundial.

Así que imaginen, ante el renacido interés por las operaciones en los horizontes sin límite del Sahel nosotros recordábamos a Lawrence de Arabia durante la Primera Guerra Mundial y la campaña en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial.

SPA-Viberti AS.42 usado por la Compagnie Auto-Avio Sahariane y el Raggruppamento Sahariano italianos en el Norte de África durante la Segunda Guerra Mundial.

Así que un día me puse a trazar la línea histórica que arrancaba en la Primera Guerra Mundial con los Rolls Royce Tender de Lawrence y los Ford T Utility australianos. Luego pasaba por las aventuras del famoso Special Air Service en el norte de África durante la Segunada Guerra Mundial, pero también el menos conocido pero no menos importante Long Range Desert Group. Por el camino, descubrí las unidades italianas equivalentes a las dos anteriores y el frente sur de la Guerra de Independencia de Israel.

Columna del PALMACH durante la Operación “Horev”.

Buscando más aventuras de operaciones móviles con vehículos ligeros por las grandes llanuras africanas me encontré su uso por mercenarios europeos en el Congo, que los empleaban en raids donde compensaban su inferioridad numérica con velocidad, potencia de fuego y audacia ante un enemigo poco preparado y asustadizo. Creo que ahí tenemos los antecedentes de los technicals, vocablo que apareció en Somalia en los años 90.

Pero si hay una experiencia histórica que desde niño avivó mi imaginación fueron las Toyota Wars del Chad a finales de los años 80. Tras años apoyando a las fuerzas insurgentes del norte del Chad que luchaban contra el gobierno, el régimen libio decidió tomar el control de la situación invadiendo directamente el Chad con el objetivo de anexionarse el norte del país, porque entonces se creía que la  Franja de Aouzou era rica en uranio. La maniobra fue precedida por la ruptura de la alianza con los insurgentes chadianos, que terminaron superando sus diferencias con el gobierno en nombre de la defensa del país frente al invasor norteño.

La aviación libia bombardea la base aérea de Wadi Doum en abril de 1987 tras caer en manos de las fuerzas chadianas.

Aquella guerra enfrentó a las columnas mecanizadas del ejército libio, con carros de combate T-55 y vehículos de combate de infantería BMP-1, a columnas chadianas de Toyota Land Cruiser de la serie 40 armadas principalmente con ametralladoras pesadas pero también con misiles anticarro Milán y misiles antiaéreos Stinger. Tengo desde hace mucho un borrador de artículo sobre el tema al que le falta no mucha para ser terminado. Y cómo no, tanto tiempo ha pasado desde que empecé a escribirlo que alguien se me adelantó y publicó un artículo sobre el tema en la revista Ejército, que encima se llevó el premio al mejor artículo de 2017. Al menos, yo pretendía darle un enfoque diferente, como cuando escribí en 2011 “Swarming en el desierto”.

VAMTAC de la experimental Sección de Operaciones en el Desierto del Regimiento de Infantería “Soria” Nº9 con base en Fuerteventura.

Todo este interés histórico no era un ejercicio de nostalgia. Mi interés, una lección aprendida de Jorge Aspizua, provenía de preguntarme cuántas cosas que ya se habían aprendido antes alguien iban a ser útiles y sólo era cuestión de acudir a quienes habían recopilado la experiencia y el conocimiento para aprovecharlas. Quizás alguien en alguna parte debería molestarse en escribir un buen libro sobre la experiencia militar española en el Sáhara Occidental para evitar inventar la rueda.

Soldado francés subido a su VBL mirando el horizonte con sus prismáticos en Mali. Una escena igual a las vistas en la Segunda Guerra Mundial en el desierto de Libia y Egipto, donde se usaban escaleras.

Llegados a este punto queda claro que escribir un libro así requería acumular bibliografía y tener mucho tiempo libre para leerla, algo que en el momento en que concebí el proyecto estaba fuera de mi alcance. Paré enseguida, tras leer  y escribir un poco sobre los Rolls Royce usados en la Primera Guerra Mundial. Pero nunca perdí el interés por el tema, mientras iba acumulando libros y seguía la proliferación de fuerzas especiales que incorporaban este tipo de vehículos mientras no hay fabricante de vehículo militar que no lance al mercado una versión erizada de ametralladoras de sus vehículos ligeros.

Fuerzas especiales noruegas en Cabo Verde durante el ejercicio STEADFAST JAGUAR de 2006.
Toyota Hi-Lux del ejército checo.
UAZ Patriot desarollado en Rusia a partir de la experiencia acumulada en Siria y pensado para un nuevo tipo de brigada ligera.

A lo mejor, más que un libro, debería pensar en una serie de artículos sueltos para ir publicando despreocupadamente. Más si tenemos en cuenta la publicación en español de libros como Los hombres del SAS: Héroes y canallas en el cuerpo de operaciones especiales británico u Operaciones Especiales De La Segunda Guerra MundialMientras tanto, me he alegrado mucho con la reciente noticia de la próxima publicación por parte de Osprey de un nuevo libro de Leigh Neville, autor de libros como Special Operations Patrol VehiclesFuerzas Especiales En La Guerra Contra El Terror, titulado Technicals: Non-Standar Tactical Vehicles From The Great Toyota War To Modern Special Forces. Bienvenido sea.

 

 

 

Guerras de la Información: Narrativas

La supuesta injerencia rusa en Cataluña ha desatado una tormenta de artículos en España como sólo sucede cuando se abraza una nueva ortodoxia con el furor del converso. Hablamos de un país donde los expertos llevaban tres años negando que hubiéramos entrado en una Nueva Guerra Fría. Al parecer, Putin no tenía ningún interés en enredar en Occidente y era más los que nos unía que lo que nos separaba del Kremlin. Pero ahora que “Rusia es culpable”, lo mismo el diario madrileño publica una editorial que lleva el término “Guerras Híbridas” en el título, que el Real Instituto Elcano publica un análisis sobre la “deziformatsiya” y otros términos que en ruso parece que suenan mejor. En estos días que no doy abasto ordenando todo lo que se escribe sobre bots, trolls y operaciones de influencia, voy a tratar de poner orden en el asunto e ir poco a poco aclarando conceptos y explorando temas de las Guerras de la Información.

Decíamos en el epígrafe “Campos de batalla inmateriales” de Qué son las Guerras Posmodernas:

Las Guerras Posmodernas son la forma de conflicto propia de la sociedad de la información en un mundo globalizado, donde los medios de comunicación e Internet ocupan un lugar importante. Así que la construcción narrativa del conflicto puede llegar a ser el elemento fundamental del conflicto. Esto es, para uno o varios bandos enfrentados la clave de su victoria puede estar no en el uso de la fuerza en el campo de batalla sino cómo su causa es presentada ante la opinión pública internacional para provocar una respuesta que lleve a actuar a gobiernos, organizaciones e individuos. En tal caso no es relevante lo que pasa sobre el terreno o lo sólida de la causa, sino cómo se construye la narrativa en los medios.

El concepto “narrativa” hace referencia aquí a cómo es entendido en Ciencias Sociales, esto es el relato coherente que construyen las personas para explicar las causas de los acontecimientos. El célebre manual de contrainsurgencia FM 3-24, que impulsaron los generales Mattis y Petreaus, define “narrativa” en su epígrafe 1-76 como el “esquema organizacional expresado en forma de historia”. Y es que al final, se trata de la historia que cuenta cada bando para explicar el origen del conflicto, sus motivaciones y lo que está pasando. Así, el gobierno español encaró el desafío del referéndum de independencia catalán como un simple problema legal, insistiendo en su carácter de “referéndum ilegal”. La prensa de fuera de Cataluña hablaba de golpe de estado, una referencia que apelaba a la memoria histórica del 23-F. Fuera de España, los medios y los ciudadanos corrientes mostraron su indignación por las escenas de violencia del 1 de octubre, sin entrar en el contexto político y legal. Se trataba de un pueblo pacífico que luchaba por su libertad y que había sido atacado por el Estado español al acudir a las urnas para decidir su futuro Por ello hablé aquí del “desastre del 1 de octubre” y acudí a las ideas de William S. Lind, padre del concepto de Guerras de Cuarta Generación, para señalar en el artículo “El 1 de octubre en Cataluña y las Guerras de Cuarta Generación” que lo que puede considerarse una victoria táctica, por ejemplo incautar la urna y cerrar un colegio electoral, puede ser un completo fracaso estratégico.

Portadas de la prensa extranjera tras el 1 de octubre. Montaje de El Periódico.

La colección de tópicos desplegados fuera de España llevó al escritor Antonio Muñoz Molina a escribir “En Francoland”, donde se quejaba de la visión simplista y anticuada que muchos extranjeros, incluso cultos e intelectuales, tienen de España. José I. Torreblanca, también en el diario madrileño El País, hablaba de “[o]rientalismo barato aplicado al sur de Europa”. Se referían los dos a esos autores extranjeros que acudieron al cajón de tópicos para representar a una España primitiva, pasional y fanática. Recuerdo que aquellos días muchos tuiteros extranjeros que comentaban lo sucedido hacían referencia a Homenaje a Cataluña de George Orwell, una obra con casi 80 años. Más de un analista, que había estado siguiendo mediante fuentes abiertas los conflictos de Ucrania y Siria, parecía entusiasmado por la idea de una nueva guerra civil en Europa. Más de un corresponsal extranjero transmitió su decepción al no llegar la sangre al río. Se perdieron la oportunidad de emular a Hemingway en España.

Masha Gabriel, directora de Revista de Medio Oriente, señala en un artículo en El Medio, que la prensa extranjera fue presa del extendido vicio de presentar las noticias con un enfoque que conmueva, más allá de datos y hechos. La ironía, apunta, es que las mismas prácticas en la cobertura informativa extranjera sobre Cataluña, de las que se quejaban los periodistas españoles, son las que uno puede encontrar en la prensa española al tratar el conflicto palestino israelí: “la fuente fácil pero no necesariamente la más fiable, la tendencia a convertirse en juez y parte, la voluntad de imponerse la misión de emocionar por sobre la de indagar y comunicar, dar a conocer, etc”. He leído ya a varias personas hablar de que el conflicto catalán ha ayudado a muchos en España a perder los complejos y entender que la crónica periodística de un periodista que aterriza como paracaidista en un lugar no tiene que ser necesariamente buena por mucho prestigio que tenga el periodista o por mucha solera que tenga el medio internacional.

El lunes 6 de noviembre la empresa de estudios de opinión Sigma Dos reunió a ocho corresponsales extranjeros en España para tratar la primera encuesta sobre intención de voto en Cataluña de cara al 21-D que se había publicado en España. Cuenta Roberto Benito en El Mundo que la reunión derivó en una conversación sobre la cobertura informativa en el resto de Europa sobre la crisis catalana. Por ejemplo, Sarah Morris habló de que se percibía el asunto con “cierto romanticismo” y mencionó la creencia de que Cataluña fue la única región de España que luchó contra el franquismo. Es decir, la narrativa independentista había calado. De hecho, el periodista británico Guy Hedgecoe y la alemana Helene Zuber contaban que el trabajo de las “embajadas” catalana y la propaganda independentista había sido eficaz en sus países. En la reunión los corresponsales contaron que fue la gran manifestación del 8 de octubre contra la independencia y la huida de varios consejeros tras la Declaración Unilateral de Independencia lo que había contribuido a un cambio de la percepción pública. Hasta las manifestación contra el independentismo desde fuera parecía que era una fuerza mayoritaria y dominante en Cataluña

La postura del gobierno español fue que no había sido necesario contrarrestar la narrativa independentista porque los editoriales de la prensa extranjera en los días siguientes a los acontecimientos del 1 de octubre eran favorables a la unidad de España. Despreciaron así la opinión expresada por los ciudadanos corrientes en las redes sociales. La labor de pelear en el terreno de la narrativa la terminó asumiendo un grupo de voluntarios que crearon Voices from Spain. Cuentan la arquitecta Elena Alfaro y la traductora Verónica Puertollano cómo se dedicaron a traducir, del español a varios idiomas europeos, noticias y artículos de opinión relevantes. En 50 días de trabajo fueron más de 240 artículos los publicados en cinco idiomas (inglés, francés, italiano, alemán y español) gracias al esfuerzo de más de 20 voluntarios en cinco países diferentes. Al final, la batalla en el campo de los significados la dieron ciudadanos anónimos. Quizás la próxima vez no nos podamos dar el lujo de no estar preparados.

Leopards por la Diagonal

En varias de mis estancias en Madrid el año pasado me llamó la atención que cuando surgía el tema de una potencial crisis en Cataluña, con civiles y militares presentes, los civiles mostraban su preocupación por la deriva de la previsible intervención de las fuerzas armadas mientras los militares descartaban por completo que les tocara jugar un papel en Cataluña. Llegué a la conclusión que los únicos que tenían claro el tema eran los propios militares mientras que los civiles andaban bastante perdidos sobre qué iba a hacer el gobierno ante el desafío independentista.

La idea de los carros de combate Leopard 2E del Ejército de Tierra rodando por la Diagonal es el sueño húmedo de los independentistas porque la imagen del uso de la fuerza militar en Cataluña sería una victoria mediática regalada a los independentistas.Ya lo dijo Jordi Turull: “Si su solución al 1-O es el tanque, ya hemos ganado”.

Hay quien ha aprovechado para hacer humor de la obsesión con los carros de combate. Tenemos en Twitter la cuenta Tancs A Diagonal? y su En El Mundo Today, que Julian Assange confundió con un medio serio, han estirado el tema: “Así son los tanques que evitarán el referéndum catalán“, “Mariano Rajoy descarta enviar los tanques a Cataluña debido al precio de los peajes” y “Cospedal visita el hangar de los tanques para acariciarlos y decirles “Pronto, mis niños, pronto”“.

Una búsqueda desesperada de épica para salir en la foto.

El independentismo necesita una confrontación que le permita vender al mundo el conflicto con el gobierno central encuadrado en una narrativa de la iniciativa democrática de todo un pueblo moderno y decidido enfrentado a la violencia represora del gobierno de un viejo país sin rumbo ni legitimidad. El independentismo necesita portadas de los diarios internacionales donde se vean caras ensangrentadas y desencajadas en lágrimas y dolor para que el ciudadano medio de cualquier país que no tenía opinión previa sobre el tema piense al ver las imágenes que la razón asiste al lado que es víctima de la violencia. Por eso las tácticas que debe emplear el gobierno son contraintuitivas: desescalar el conflicto para huir de situaciones que permita encuadrarlo en el marco narrativo de los independentistas. Por una vez, recomiendo leer las ideas de William S. Lind al respecto en su desarrollo del concepto de Guerras de 4ª Generación.

El alojamiento en el puerto de Barcelona de los miembros de las distintas Unidades de Intervención Policial (UIP) en un buque de la naviera italiana Moby Lines decorado con personajes de la Warner Bros. ha sido motivo de cachondeo en las redes sociales. Desde el lado independentista han tratado de presentarlo como una “humillación” para los policías alojados en él pero los chistes lo que han hecho ha sido convertir el despliegue masivo de antidisturbios llegados del resto de España en un asunto divertido.

Otro ejemplo, esta vez intencionado, de cómo enfrentar magistralmente una acción de protesta lo protagonizó un guardia civil de un Grupo Rural de Seguridad desplazado desde Sevilla hasta Cataluña. Montaron una cacerolada frente al hotel y salió al balcón donde arrancó por fandangos.

Quienes hacían ruido y estaban listos con el móvil grabando esperaban una respuesta airada que subir a las redes sociales. Pero la escena se convierte en cómica con el público gritando “ole” y hasta el que golpea la cacerola se para para escuchar.

Más allá de la política y el derecho constitucional, si el gobierno español quieren enfrentar con éxito el actual desafío independentista tiene que asumir que esta es una batalla por las opiniones públicas: de Cataluña, del resto de España y de fuera del país. Hace falta un portavoz que hable inglés con fluidez, un gabinete de prensa multilingüe y un equipo dedicado a dar respuesta a los bulos que circulan por las redes sociales. Pero sobre todo, una narrativa. Pero quizás para esto último haya que tener un proyecto de país.

Guerras Posmodernas como una teoría de todo

Creo que ya he perdido la cuenta de las veces que por ahí he hablado de repensar, replantear y reelaborar el concepto de Guerras Posmodernas. Siempre hacía algún aporte prometiendo profundizar en un futuro. Por ejemplo, hace poco escribí: Retomando las Guerras Posmodernas”. Conté en esa ocasión que había escrito un artículo para la revista Ejército titulado “El futuro urbano de la guerra irregular” y que el tema daba para mucho más. De hecho, tengo pensado desarrollar dos epígrafes del artículo para elaborar un artículo aparte.

Pues resulta que el pasado domingo algo hizo “click” en mi cabeza y súbitamente todo encajó. Encontré la forma de incorporar varios temas que flotaban en el aire al esquema que he ido elaborando estos años para una versión mejorada y muy extendida del librito original de Guerras Posmodernas. Creo que la clave para sentir que el proyecto es abordable ha sido minimizar el repaso histórico a la Guerra Moderna. En el librito original ocupaba el primer capítulo pero era evidente que el tema requería más profundidad y desarrollo, considerando, por ejemplo, lo mucho publicado y discutido sobre la Revolución Militar de la Edad Moderna. Leer, entender y explicar el desarrollo histórico de la guerra desde el fin de la Edad Media a la Guerra Fría de forma que esa parte del libro recibiera el visto bueno de los entendidos era una tarea titánica que siempre me desanimó a emprender el proyecto.

Ahora ya tengo algo así como un esquema de la versión 2.0 del libro Guerras Posmodernas que se parece por fin al libro que siempre quise escribir y que el tema merecía. Por supuesto, no estoy prometiendo que lo escriba. (¿Algún editor interesado?) Pero al menos tengo un guión de trabajo para ir leyendo y reflexionando sobre varios temas. Y es que alguno habrá caído en la cuenta lo poco o nada que he escrito aquí o por ahí en revistas sobre drones o ciberguerra, temas que no pueden faltar en un estudio de la guerra contemporánea.

La guerra para salvar animales africanos de los cazadores furtivos

Anoche volví a ver el documental “Rinoceronte: el cuerno maldito” de la serie Clandestino que presenta David Beriain. Después de verlo por primera vez me fui encontrando noticias e informaciones sobre la lucha contra los furtivos en lugares de África como Bostwana y Mali. El asunto ha recibido suficiente atención mediática como para que los gobiernos locales se implique con más recursos mientras proliferan los programas de formación con militares y contratistas occidentales. En el reportaje de David Beriain aparece la compañía privada Protrack Anti-Poaching Unit. Vincent Barkas, su responsable, habla de una situación de guerra. Es en los términos en los que se presenta generalmente el problema. Así tenemos el título del episodio “Rhino Wars” de la serie Carter’s W.A.R. o la revista Soldier of Fortune tratando el factual Battleground: Rhino Wars.

Imagen promocional de Battleground: Rhino Wars.

En “Rinoceronte: el cuerno maldito”  vemos que la carne de cañón de esa guerra son los chicos pobres de países vecinos a los que tienen la riqueza natural y cruzan la frontera para jugársela y morir. Volví a pensar en el asunto cuando leí que el gobierno de Namibia se había quejado por la frecuencia con la que morían furtivos de su país en Bostwana, que aplica una política de disparar a matar contra los furtivos. Y pensé que ahí había un dilema moral que tratar. Los occidentales con nuestro desarrollo y nuestros valores postmateriales valoramos la protección de las especies en vías de extinción y estamos dispuestos a donar dinero para formación y material de los park rangers de países africanos sin que le demos demasiadas vueltas a la situación de los chicos de países vecinos a los que la ultrapobreza empuja a jugarse la vida para que millonarios asiáticos paguen fortunas por los cuernos de rinoceronte, formados por vulgar queratina.

Me gustaría abordar el tema más adelante para tratar con algo más de profundidad los ejemplos. Pero este asunto me ha hecho pensar en cómo el concepto de guerra va extendiéndose mientras se militarizan más ámbitos de la seguridad pública y el cumplimiento de la ley.