Un propósito para 2017: Hacer una revisión del concepto “Guerras de Cuarta Generación”

Por fin, después de una enorme espera, tengo en mis manos el libro Composite Warfare de Eeben Barlow, el fundador de la empresa Executive Outcomes. El libro tenía que haber salido en 2015 pero los retrasos llevaron a un cambio de editorial. La experiencia de Executive Outcomes en la guerra civil de Sierra Leona fue el tema de mi primera comunicación en un congreso académico. Una entrevista en sofrep.com sobre el trabajo de su nueva empresa, STTEP International, en Nigeria contra Boko Haram  me inspiró escribir sobre las tácticas rodesianas de Contra Insurgencia para la revista Ejército del Ejército de Tierra. Tras años siguiendo al personaje, tengo su libro, que es algo así como un manual para las guerras africanas.

Al poco de comenzar el libro me encontré con que Barlow menciona el modelo de las generaciones de guerra de William S. Lind, un concepto que se puso de moda durante un tiempo y estuvo en boca de forma insufrible por gente que no había leído al padre de la criatura. Resulta que William S. Lind es un paleoconservador estadounidense que se ha prodigado casi exclusivamente en columnas de opinión, del tal forma que para entender qué son las Guerras de Cuarta Generación no basta con leer el artículo original de 1989 donde propone el concepto, sino hacer pura arqueología de Internet rescatando artículos diseminados por varias webs, algunas difuntas como Defense and National Interest.

William S. Lind
William S. Lind

A las ideas de Lind le pasó lo que está sucediendo ahora con el concepto “guerras híbridas”: fue usado y abusado por gente que no se molestó en entender qué quiso decir el autor original. El propio Lind dedicó columnas a corregir algunas interpretaciones de sus ideas. Y si bien en Estados Unidos el concepto ha quedado relegado de la literatura oficial, es posible encontrar entre las líneas de investigación del Instituto Español de Estudios Estratégicos “las guerras de 4º generación”.

Sé que a lo largo de la historia de este blog hice muchas menciones a mi preparación de artículos que nunca pasaron de una idea y que en el mejor de los casos siguen como borrador en mi disco duro. Así que hacer anuncios públicos tiene un riesgo de quedar en brindis al sol. Pero al menos, sé que encontraré una motivación extra en cumplir con las perspectivas creadas. Así que declaro aquí mi intención de escribir durante este año un artículo que revise de forma crítica el modelo de generaciones de guerras de William S. Lind para mandarlo a una revista académica española con “peer review”.

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Buques para guerras posmodernas (recordando a Jorge Aspizua)

Como escribí en mi artículo “La tentación de la guera tecnológica o el camino hacia el Air-Sea Battle Concept”, la teorización sobre guerra asimétrica, terrorismo y contra insurgencia dominó el panorama intelectual estadounidense durante la década que va del 11-S a la muerte de Osama Bin Laden. Así que no es de extrañar que en el seno de la U.S. Navy se decidiera diseñar un buque de guerra pensando en los conflictos no convencionales. El resultado resultó ser un truño, del que escribí aquí en 2013 en “La U.S. Navy intenta entrar a trompicones en el siglo XXI“.

120502-N-ZZ999-009 SAN DIEGO (May 2, 2012) The first of class littoral combat ships USS Freedom (LCS 1), left, and USS Independence (LCS 2), maneuver together during an exercise off the coast of Southern California. The littoral combat ship is a fast, agile, networked surface combatant designed to operate in the near-shore environment, while capable of open-ocean tasking, and win against 21st-century coastal threats such as submarines, mines, and swarming small craft. (U.S. Navy photo by Lt. Jan Shultis/Released)
El USS Freedom (LCS 1) a la izquierda y el USS Independence (LCS 2) a la derecha. Foto: Lt. Jan Shultis/U.S. Navy.

La idea original era peculiar. Se trataba de sustituir un total de 56 buques de tres clases diferentes por 52 nuevos “Buques de Combate Litoral” (“Littoral Combat Ship”, conocidos por sus siglas LCS). Los buques a sustituir eran las últimas 30 fragatas de la clase “Oliver Hazard Perry”  en servicio (un diseño modificado en España para constituir la clase “Santa María”), 14 buques de guerra contra minas de la clase “Avenger” y 12 cazaminas litorales clase “Osprey”. Para poder cumplir misiones tan diferentes como guerra antisubmarina y guerra contra minas los LCS debían llevar equipos modulares de quita y pon.

Puestos a imaginar una fragata que debe cumplir misiones de guerra antiminas podríamos pensar en un diseño base que empleara embarcaciones auxiliares no tripuladas. Al fin y al cabo, no es cuestión de hacer navegar un buque de guerra con casco metálico por una zona donde se sospeche que hay minas magnéticas. La idea no es un invento nuevo. Los alemanes desarrollaron un sistema conocido como Troika empleado hoy en día en una versión avanzada por los dragaminas clase Ensdorf. Pero entonces empezaron las genialidades estadounidenses típicas del Pentágono.

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Sistema polaco contra minas con vehículos no tripulados de superficie y submarinos. Imagen vía European Defense Agency.

El diseño base del LCS no era una fragata equiparable a las “Oliver Hazard Perry”, sino un buque de desplazamiento casi equivalente pero con un armamento ligero propio de un patrullero: un cañón Bofors de 57mm. y un sistema antiaéreo de corto alcance RAM. El armamento se pretendía completar con los sistemas modulares de quita y pon. Un requerimiento del programa LCS era que el buque tuviera poco calado para poder acercarse a la costa y una velocidad punta elevada. De lo primero derivó que sean buques poco marineros y de lo segundo que hubo que instalarle una planta motriz muy costosa.

El desarrollo de los sistemas modulares resultó un fiasco, con retrasos y soluciones interinas que dejaban a los buques con capacidades muy por debajo de las requeridas. Por ejemplo, debía contar con un misil ligero con un alcance de 40km., pensado para combatir embarcaciones pequeñas (véase mi artículo “Irán y la guerra naval asimétrica”). El programa fue cancelado y fue sustituid por el misil Griffin, con un alcance de unos pocos kilómetros. Para colmo, que el coste del programa se disparara supuso que se empezara a hablar de recortes en los planes de 52 buques, cuyo precio se elevó al de una fragata avanzada. Es más, en una solución salomómica para tener a todo el mundo contento en el Complejo Militar Industrial estadounidense se decidió no nombrar un ganador del concurso, sino encargar buques de las dos clases finalistas. Con lo que no sólo se redujeron las economías de escala en su producción, sino que se le complica la logística y formación a la U.S. Navy.

Para rematar, los buques han resultado poco fiables. Por ejemplo, los cuatro LCS de la clase “Freedom” han tenido problemas de mantenimiento, requiriéndose el remolque a puerto en una ocasión. Y ahora, con las preocupaciones sobre China y su auge en el Pacífico, se cuestiona su utilidad en un conflicto convencional cuando su naturaleza de buque-para-todo-pero-bueno-en-nada lo deja sin un nicho de misión claro. Al fin y al cabo, son buques que no podrían ni enfrentarse a patrulleras lanzamisiles. La última decisión tomada es reducir el número de LCS a 28 para adquiri en las últimas series un solo modelo. Como complemento se encargarán 12 fragatas tradicionales. Uno de los cuatro contendientes es una versión de la clase “Álvaro de Bazán” de la Armada Española, el único diseño probado y en uso por dos marinas diferentes.

Mi impresión es que en Estados Unidos se olvidaron como realizar sistemas pequeños y asequibles. El concepto de sistemas modulares o la idea de buque multipropósito que no encaja en ninguna categoría convencional ha sido puesto en práctica sin que haya resultado un fiasco. Para colmo, el único sentido que tenía sustituir las fragatas de la clase “Oliver Hazard Perry” con buques menos armados era ahorrar dinero, considerando que hay toda una serie de misiones en las que enviar una fragata es desperdiciar recursos y desviar buques de guerra de sus misiones fundamentales. Pero al final, Estados Unidos se encontró pagando a precio de fragata unos buques que no son más que unos patrulleros con juguetes electrónicos.

Así que la pregunta es, ¿cómo tendrían que ser los buques de guerra pensandos para las Guerras Posmodernas? Hablamos de  conflictos irregulares, amenazas a la seguridad internacional y todas aquellas misiones que las fuerzas armadas se han ido encargando en las últimas décadas más allás de sus labores tradicionales porque las opiniones públicas las demandan. Hablamos de lucha contra la piratería y el terrorismo marítimos, evacuaciones de no combatientes en países en conflicto, interceptación de buques sospechos de llevar armas NBQ o sus vectores, lucha contra el narcotráfico y un largo etécetera, para los que los buques tradicionales son matar moscas a cañonazos.

El primer tipo que me viene a la cabeza son los patrulleros de altura de nueva generación, con un desplazamiento considerable para tener mayor autonomía y alta automatización para tener tripulaciones de menor tamaño con mejores condiciones de habitabilidad. Un buen ejemplo son los patrulleros holandeses de clase “Holland”.

clase Holland

Los patrulleros clase “Holland” se caracterizan por un tonelaje parecido a los LCS con una alta automatización para una tripulación reducida y una mejor habitabilidad. Su diseño está orientado a reducir la firma radar, con todas las antenas y sistemas electrónicos integrados en un mástil central. Cuenta con plataforma de helicóptero, hangar y varias embarcaciones ligeras para desplegar trozos de abordaje. Su armamento principal es el ubicuo Oto-Melara de 76mm. con un montaje automatizado de 30mm. y dos montajes automatizados de 12,7mm. Lo mejor es su precio. Lo cuatro patrulleros clase “Holland” costaron 467,8 millones de euros. Por comparar, su equivalente español, los Buques de Acción Marítima (BAM), que tienen menos cacharrería electrónica y desplazamiento, son más caros. Los dos últimos BAM encargados a Navantia han costado 333 euros. Y por seguir con las comparaciones, en 2010 se encargaron diez LCS por 350 millones de dólares cada uno. Eso sí, en ese precio no se incluye otras partidas presupuestarias que aumentan el precio final de cada unidad a cerca de 500 millones.

Aparte de España y Holanda, otros países han desarrollado buques parecidos, en los que según el armamento y desplazamiento hablamos de patrulleros de altura, corbetas o incluso fragatas. Así, el diseño de los Patrulleros Oceánicos de Vigilancia de la Zona Económica Exclusiva (POV ZEE) que Navantia construyó para Venezuela en tiempos del presidente Rodríguez Zapatero (de ahí una denominación tan “buenista”) ha servido de base para la oferta de fragatas a Arabia Saudita y a varias armadas hispanoamericanas. Mientras, las armadas chilenas y colombianas han incorporado el económico diseño alemán FASSMER OPV-80, que ya se ha estrenado bajo bandera colombiana en misiones antipiratería en el Cuerno de África después de pasar una calificación para el combate con la Armada Española.

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El buque HDSM Absalon (L16) de la Real Armada Danesa y el buqe ARC “7 de Agosto” (PZE-47) de la Armada de la República de Colombia. Foto vía webinfomil.com

Hablar de patrulleros de altura, corbetas y fragatas como alternativas razonables al concepto LCS significa que está ya todo inventado y que más le hubiera valido a la U.S. Navy no hacer experimentos extraños que le han dejado con unos buques carísimos a precio de fragata avanzada pero con armamento de patrullero de altura. Pero resulta que sí hay países que han desarrollado buques innovadores. Tal es el caso de Dinamarca, cuya armada usa sistemas modulares STANFLEX de quita y pon. Dinamarca ha desarrollado un tipo de buque original, la clase Absalon. Se trata de una fragata con armamento modular a la que se la dotado de espacio para carga y personal adicional de tal forma que puede llevar indistintamente una plana mayor, una compañía de infantería, vehículos o un hospital de campaña vía containers estandarizados. Además lleva dos embarcaciones rápidas SB90E.

Otro diseño interesante es la clase Endurance de la Armada de Singapur. Se trata de un buque de asalto anfibio con plataforma de vuelo para dos helicópteros medios y un dique inundable. Su armamento es equiparable al de los BAM españoles, con un cañón Oto-Melara de 76mm y dos sistemas automáticos Mk.38 Mod.2 con cañón Bushmaster de 25mm., pero añadiendo montajes antiaéreos Simbad basados en el misil Mistral. Los clase Endurance están altamente automatizados, así que a pesar de ser buques con un desplazamiento de 6.500 toneladas emplea una tripulación de 65 miembros.  Gracias a su amplia plataforma de vuelo (opera con helicópteros Super Puma) y su dique inundable ha actuado de buque nodriza para helicópteros y embarcaciones ligeras en misiones de lucha contra la piratería, asistencia humanitaria en catástrofe, interdicción marítima en el Golfo Pérsico durante la invasión de Iraq, etc.

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El RSS Endeavour de la Armada de Singapur acompañando al portaaviones USS George H. W. Bush.

Ayer, 6 de diciembre, era el cumpleaños de Jorge Aspizua, amigo y mentor al que muchos conocistéis por el blog La Harka de Aspizua y al que perdimos en 2011. Él y yo éramos apasionados de reflexionar sobre las guerras irregulares. Y a él le encantaban, como a mí, los buques de la clase Endurance y Absalon junto a las embarcaciones CB90. Así que la mejor forma de recordarle es escribir de aquellos temas que compartíamos. Del año 2009 quiero rescatar las siguientes entradas de su blog:

Hybrid Ships for Naval Warfare: from Indonesia to South Africa.

HDMS ‘Absalon’ (CSS) counter piracy & terror: step by step to “hybrid wars”.

ETA y los atuneros vascos en Mozambique

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La ciudad como escenario de las Guerras Posmodernas

En 1950 sólo 8 ciudades del mundo tenían una población superior a 5 millones de habitantes. Una de ellas era Buenos Aires. Su área metropolitana desbordó los límites municipales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para extenderse por la provincia para conformar lo que desde 1947 se denominó el Gran Buenos Aires. En 2010 el periodista Hernán Zinn visitó el barrio Ejército de los Andes, conocido como “Fort Apache” en una serie de reportajes para el diario 20 Minutos. Allí la Gendarmería Nacional, el equivalente argentino a la Guardia Civil, se había atrincherado en una comisaría con coches de la chatarra en la puerta a modo de barricadas y patrullaba las calles con chaleco antibalas, casco de kevlar y fusiles de asalto FN FAL. Desde aquel entonces existe en Argentina una percepción de que la seguridad en las calles ha empeorado. El pasado domingo, el programa Periodismo Para Todos mostraba la complicidad de policías y fiscales para que los delincuentes operen con impunidad en determinado lugar y momento en lo que se denomina “liberar zonas”.

Siempre que pensamos en la transformación de los conflictos armados pensamos en la aparición de un paraestado como el Estado Islámico, en nuevos fenómenos como la piratería marítima y en las insurgencias yihadistas desde el lago Chad hasta el sur de Filipinas. Pero se ha dedicado poca atención a cómo en las zonas urbanas, donde viven ya más de la mitad de la población del planeta, encontramos actores que compiten y sustituyen al Estado. He escrito aquí varias entradas dando pinceladas al tema: “La cuestión urbana” (11 diciembre 2011), “Soldados en las calles” (6 agosto 2012),  “La violencia del narco como una nueva forma de conflicto armado” (10 diciembre 2013) y “Arderán las calles” (15 enero 2014). Este mes escribí “Cómo las ciudades se están convirtiendo en los campos de batalla del futuro” en el blog Magnet avanzando en la cuestión, que da para mucho más. Mi intención es avanzar en el tema junto con otros que faltaron en mi desarrollo inicial del concepto de Guerras Posmodernas.

Guerras climáticas

Hace ya bastante tiempo, allá por 2006, planteé qué impacto podría tener para España el cambio climático en África. La estrecha franja fértil que se aprecia en las fotos satélite del Magreb me aportó el título: La delgada línea verde (I) y La delgada línea verde (y II). Es un tema que nunca olvidé y mantuve en algún lugar de la memoria sabiendo que había una posible conexión entre el actual aumento global de las temperaturas y las tensiones sociales que desembocan en conflictos. Esta semana escribo al respecto en mi nueva colaboración en Magnet: Guerras climáticas: cuando el exagerado aumento de temperaturas provoca conflictos en Siria o Sudán. Menciono cómo los biólogos perciben ya cambios en la fauna en España, presento el concepto de “guerras climáticas” de Harald Welzer y trato los ejemplos de Darfur y Siria.

Guerras Posmodernas: Una guía de lecturas de mi blog

Empecé en 2004 a escribir un blog personal titulado El Lobo Estepario que pronto dejó atrás los temas personales para tocar la política española y conflictos internacionales. Al año siguiente compré el dominio GuerrasPosmodernas.com y hasta la fecha. Son, por tanto, ya más de diez años escribiendo en Internet. Y es tal la cantidad de cosas escritas (más de 1.000 entradas) que hasta yo mismo me sorprendo con las cosas que encuentro cuando buceo en los archivos del blog. Recientemente escribí una explicación de “qué son las Guerras Posmodernas” porque ya han pasado bastantes años desde que salió mi libro y porque he ganado nuevos lectores gracias a Facebook y Twitter. Ahora ya tengo un texto de referencia que mostrar sobre qué quiere decir el título del blog.

Una idea fundamental del concepto de Guerras Posmodernas es que el Estado-Nación ya no es el actor fundamental de la arena internacional, ante la creciente relevancia de de actores supraestatales y subestatales. Además, los Estados-Nación se enfrentan a problemas de carácter transnacional y de tal magnitud que no pueden ser solucionados en solitario. Hablé de los límites del poder del Estado en La inevitable levedad del Estado (23 julio 2006) y La impotencia del Leviatán (6 julio 2010). El resultado es que el concepto de defensa nacional queda superado porque un Estado no es capaz de defenderse por sí mismo de fenómenos globales y difusos, como expliqué en De la defensa nacional a la seguridad global (3 febrero 2014).

Mientras tanto, uno de los factores para el auge de los actores no estatales es la accesibilidad de tecnologías y recursos en la era de la globalización. Creo que la primera vez que planteé esa idea fue en Guerra tecnológica al alcance de la mano (22 diciembre 2005). Y cuando hablamos de la globalización hay que pensar en cosas concretas como los tráficos ilícitos: Puertas a un mar de armas (12 noviembre 2006).

Las estadísticas reflejan que el número de guerras convencionales entre Estados-Nación han ido disminuyendo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y que el modelo de conflicto armado predominante es una guerra interna altamente internacionalizada. Planteé el arquetipo de estas últimas en En el corazón de las tinieblas (27 abril 2006).

Una de las características de las Guerras Posmodernas es la convergencia de fenónemos. Hablé antes de la evolución de la defensa nacional hacia la seguridad global. Se produce una difuminación de los límites y una convergencia de fenómenos. Por un lado tenemos La militarización de la policía en Estados Unidos (24 agosto 2014) y por otro tenemos Soldados en las calles (12 agosto 2012), donde hablé del despliegue militar para dar seguridad a los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres.

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Infantería de Marina en la primera línea de la lucha contra el Narco en México.

Ya he contado repetidas veces que si hay una región del planeta acoge las manifestaciones más puras de Guerras Posmodernas es el continente americano. Entiendo La violencia del narco como una nueva forma de conflicto armado (10 diciembre 2013), donde el objetivo no es tomar el poder sino hacer inefectivo el poder del Estado. A su vez, las organizaciones criminales se convierten en un poder paralelo que buscan legitimidad proporcionando servicios públicos, como es el caso de Jamaica y las Guerras Posmodernas (4 junio 2010) o Brasil y Guerra en las favelas (19 octubre 2008).

Repasando los archivos del blog en cambio he encontrado que no he hablado tanto como debiera de las nuevas formas de conflicto y organización que nos traen la sociedad red, como la ciberguerra y la guerra en red. Creo que si me dedicara a esos temas no tendría tiempo para nada más. Al menos escribí una Breve historia de la teoría de la guerra red (3 mayo 2013) y traté de recapacitar sobre el tema en Volver a la guerra red (22 enero 2015). Sobre la sociedad red hice un breve apunte en La crisis posmoderna (10 mayo 2010). Y recopilé una Bibliografía urgente sobre activismo en red (11 febrero 2013).

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Infantes de Marina españoles en el Cuerno de África.

También encontré revisando los archivos del blog que en su momento me detuve a escribir sobre uno de los fenómenos recientes que más cautiva la imaginación, la piratería marítima. Supongo que porque nos parece sacado de otra época. Aunque yo traté de señalar la actualización de la piratería con nuevas tecnologías en el Estrecho de Malaca y el Cuerno de África en Sandokán ahora tiene GPS y teléfono satélite (7 junio 2005), Piratas al abordaje (8 noviembre 2005), Desmitificando la piratería en Somalia (25 octubre 2009).

Hubo un momento en que me desvié de mi rumbo y me volqué en escribir sobre geopolítica, yihadismo, Oriente Medio, la Nueva Guerra Fría, etc. GuerrasPosmodernas.com se convirtió en otra cosa. Por eso he decidido recuperar parte de los orígenes. Así escribí  “Qué son las Guerras Posmodernas”. Pero lo más interesante viene ahora. Ver los límites del modelo de las Guerras Posmodernas y ver qué fenómenos nuevos han surgido en los últimos años, después de que en 2010 saliera el libro Guerras Posmodernas.

Guerras Africanas

Esta semana dediqué tiempo a revisar el archivo PDF en el que la revista Ejército, que publica el Ejército de Tierra español, recopiló los artículos finalistas al premio a los mejores artículos de 2015. Me llamó la atención en su momento el primer artículo que aparece seleccionado, “España y la seguridad del Sahel” del general de división Jesús Argumosa. Pero descargué l PDF hacía tiempo y no le había hecho caso de nuevo. Y cuando esta semana me puse a leer hice un repaso rápido del documento para encontrarme por sorpresa que allí aparecía mi artículo “Operación Serval: El estilo francés de hacer la guerra.

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En mi artículo quise contar con detalle el desarrollo de la Operación Serval, algo trabajoso que ni siquiera encontré en fuentes francesas, para hacer un breve repaso a lo que la intervención francesa nos enseñó sobre las fuerzas armadas francesas y las particularidades de una campaña caracterizada por la fluidez de los movimientos, las largas distancias y el exigente entorno natural donde tuvo lugar. La brillantez de la ejecución francesa de la campaña fue recogida por un informe de la RAND Corporation. La gran ironía es que la Operación Serval sucedió en un momento en que un almirante ocupaba el puesto de jefe del estado mayor de las fuerzas armadas francesas. Y cuando alguien le señaló la paradoja contestó con una idea que ya había apuntado Lawrence de Arabia: El desierto es un gran océano donde se mueven formaciones de combate buscándose las unas a las otras como una campaña naval.

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Paracaidistas franceses antes de un salto sobre Mali.

Mediante el empleo de operaciones paracaidistas y aerotransportadas los franceses fueron dando saltos por la superficie de Mali como los estadounidenses de isla en isla durante la campaña del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. Los franceses hablan de “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” para definir la doctrina empleada en Mali. Algo que nos recuerda a cómo las enormes distancias de Rusia propiciaron el empleo de grandes unidades de caballería durante la Guerra Civil Rusa y el nacimiento en el ejército soviético del concepto de Batalla Profunda.

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Miembros de la Infantería Ligera Rodesiana antes de un salto desde un ParaDak.

El pasado mes de marzo salió publicado “El legado africano de la insurgencia rodesiana”, mi segundo artículo para la revista Ejército. Trato en él las peculiares tácticas contra insurgencia que desarrolló el ejército del gobierno blanco de Rhodesia. Es un tema del que existe un boom editorial en el mundo angloparlante. Y del que me animé a escribir cuando leí la entrevista de Jack Murphy a Eeben Barlow, fundador de la ya mítica Executive Outcomes, sobre su papel en la lucha contra Boko Haram en Nigeria. Hablaba del empleo de tácticas contra insurgencia que fueron la evolución sudafricana de tácticas desarrolladas en Rodesia, que fue a su vez un crisol de las enseñanzas portuguesas en Angola y las experiencias británicas en la Emergencia Malaya y la Rebelión Mau Mau en Kenia. Es decir, hay un hilo histórico que recorre la guerra portuguesa en Angola, la Guerra de Rodesia y las campañas sudafricanas en Namibia y Angola. La cuestión es, por tanto, que podemos hablar de una “escuela africana de contra insurgencia” que tiene su origen en las guerras del África austral. Una idea que el propio Barlow sostiene y que volcó en un libro gafado porque iba a salir en 2015, su lanzamiento se retrasó varias veces, fue anunciado por otra editorial,  volvió a retrasarse y todavía no ha aparecido.

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Toyota Land Cruiser de la serie 40 en Chad en 1984.

Ahora me encuentro trabajando en un artículo sobre las “Toyota Wars” en Chad en los años 80 para la revista Ejército, del que publicaré una versión preliminar más breve en passim.eu donde haré énfasis en la popularidad de los todoterrenos tipo pick up en las guerras recientes, de Libia a Afganistán pasando por el Estado Islámico. Las “Toyota Wars” evolucionaron este siglo en Chad y Sudán con la introducción de tecnologías como el GPS y los teléfonos satélite. Ya hablé de esto último en “Swarming en el desierto”. Las largas cabalgadas con todoterrenos dispersos por el desierto que convergen para golpear por soprpresa el corazón del enemigo fue una adaptación a la era industrial de las tácticas tradicionales de guerra tribal y nómada que en español conocemos como razzia. Y eso me lleva de nuevo a encontrar un hilo conductor entre las “Toyota Wars” en Chad y  la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” francesa en Mali, pasando por las “Columnas Volantes” sudafricanas en Namibia. Las enorme extensión de los campos de batalla africanos dieron lugar a un modo particular de hacer la guerra que esté pendiente de ser contado en español.

Qué son las Guerras Posmodernas v1.0

El libro Guerras Posmodernas salió hace ya más de cinco años y últimamente, gracias a mi perfil de Twitter y mi página de Facebook he añadido nuevos lectores al blog, cuyo promedio de visitas ha aumentado considerablemente respecto a los tiempos en los que trabajaba en el libro. En este tiempo me he encontrado con personas que me hablan de Guerras Posmodernas sin que se parezca lo que cuentan a lo que yo identifico con el término. Hasta que un día caí en la cuenta que, con el libro descatalogado y sin ningún texto de referencia en el blog, dejaba en la imaginación de los lectores qué son las Guerras Posmodernas. Si a eso añadimos que han pasado suficientes novedades en el panorama internacional desde que establecí en la segunda mitad de la década pasada los cimientos del concepto, creo que ha llegado la hora de volver a los orígenes del blog.

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Antigua cabecera del blog elaborada por Juan José Torres.

El concepto Guerras Posmodernas lleva implícito en su nombre la idea de superación histórica de las guerras de la Era Moderna, entendida a la manera anglosajona como el período que abarca del Renacimiento a la Revolución Industrial. Hay dos procesos históricos fundamentales en el desarrollo de la Guerra Moderna como fenómeno social. El primero es la aparición del Estado en la transición de la Edad Media al Renacimiento en Europa, con su burocracia, hacienda y ejércitos permanentes. El principio de un orden internacional donde conviven Estados soberanos quedó establecido en la Paz de Westfalia (1648). Precisamente los Estados europeos tomaron la delantera tecnológica mundial a partir de la Revolución Científica del siglo XVII y se expandieron por América, África y Asia. El legado de aquellos imperios europeos en esos continentes es la figura del Estado como forma de organización política [1].

El segundo proceso histórico fundamental es la aparición con la Revolución Francesa y el Romanticismo del concepto de nación y soberanía popular. Los soldados de los diferentes Estados pasaron de ser mercenarios pagados por un monarca a ser ciudadanos reclutados en masa que luchaban por la Patria. La movilización de cantidades ingentes de ciudadanos fue posible gracias a las posibilidades de producción en masa (armas, uniformes, latas de conserva, etc.) de la sociedad industrial. Considero que el cénit de las Guerras Modernas en su modelo más genuino fue la Primera Guerra Mundial. Comenzó allí el declive de Europa, que dejó de ser el centro del mundo con la disolución de los imperios coloniales tras la Segunda Guerra Mundial y la rivalidad EE.UU.-U.R.S.S. durante la Guerra Fría. Precisamente la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría fueron una época de transición hacia la era de las Guerras Posmodernas, que arranca con el fin de la Guerra Fría [2].

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Fotomontaje de Hersson Piratoba.

El mundo posmoderno.
Las Guerras Posmodernas tienen lugar en una era donde los Estados-Nación no son el único actor relevante en la arena internacional. Los Estados-Nación comparten ahora protagonismo con diferentes tipos de actores. Así, tenemos a las organizaciones supracionales bajo cuya bandera se despliegan fuerzas militares. Bajo la bandera de la ONU sirven cascos azules uruguayos en la República Democrática del Congo, españoles en el Líbano o filipinos en Haití. Pero también tenemos organizaciones regionales, como la Unión Europea y la CEDAO que han organizado misiones internacionales. El resultado es que encontramos que los soldados sirven, y en ocasiones matan o mueren, en nombre de organizaciones que ya no son la Patria.

Las organizaciones regionales son el síntoma y en ocasiones la impulsora de mayores interdependencias entre países, además de las atenuadoras de conflictos. Pensemos en el caso de la Unión Europea, de cuya unión monetaria forman parte la mayor parte del puñado de países responsables de las guerras que asolaron Europa durante cien años, desde la mitad del siglo XIX a la mitad del siglo XX. O pensemos en el caso de UNASUR, de la que forman parte Argentina y Chile, que estuvieron a punto de entrar en guerra en 1978 y que hoy cuentan con una brigada binacional para misiones de paz. El resultado es que el número de conflictos interestatales ha ido disminuyendo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Los Estados-Nación no sólo comparten la arena internacional con organizaciones supraestatales, sino también con organizaciones subestatales, como son grandes empresas, organizaciones no gubernamentales y gobiernos locales. Todas ellas tienen hoy una proyección internacional, sea por su poder económico, su capacidad de introducir temas en el debate público, su poder para introducir cambios en la legislación internacional, etc. [3] No son extraños los casos en que megaurbes y megacorporaciones acumulan mayor población o riqueza que muchos países. Pero más allá de los gobiernos locales (ciudades o regiones) con una agenda internacional, la novedad es que encontramos organizaciones que no tienen nacionalidad, sino carácter transnacional. De especial relevancia para el concepto de Guerras Posmodernas es que dentro de eso actores no estatales transnacionales encontramos organizaciones armadas, terroristas, criminales, etc. Considero la mejor descripción del espíritu de los tiempos la que hizo Fernando A. Iglesias en su libro Twin Towers. El colapso de los estados nacionales a propósito del 11-S:

la espeluznante incapacidad del estado nacional más poderoso del planeta para cumplir con la más elemental de sus funciones- la protección de la vida de sus ciudadanos- y al inmenso poder destructivo que frente a éste posee una pequeña red que se organiza desanclada y desterritorializadamente en un mundo global determinado por la tecnología punta

El auge de los actores no estatales transnacionales es el resultado de la globalización y de la sociedad de la información, con la intensificación de la conectividad [4] y la democratización de la tecnología. Organizaciones, movimientos y empresas pueden coordinar la acción de gran cantidad de personas ubicadas en lugares lejanos y dispersos [5]. Y hoy en día un senderista o un cazador cuenta con tanta tecnología como un soldado de operaciones especiales de hace 25 años. Sin ir más lejos, es posible comprar en Amazon.es teléfonos por satélite Thuraya, visores nocturnos y navegadores GPS.

Como dijimos, la expansión colonial europea por América, África, Asia y Oceanía dejó un legado de Estados a imitación de la metrópoli. La disolución imperios europeos dejaron atrás Estados-Nación con sus banderas, himnos nacionales y fuerzas armadas. Pero el Estado-Nación nació en Europa como el resultado de un proceso histórico (económico, político y social) singular, que no siempre es reproducible con éxito. Tan pronto muchos Estados africanos dejaron de tener relevancia geopolítica con el fin de la Guerra Fría y cesó la transferencia de recursos de Washington o Moscú, sufrieron guerras civiles que provocaron su colapso [6]. La invasión de Iraq primero y las guerras civiles que sucedieron a la Primavera Árabe podrían concluir con la voladura de las fronteras trazadas en su momento por las potencias europeas en el mundo árabe.

Estados frágiles
Índice de estados frágiles en 2015. Vía El Orden Internacional.

Economía política de las guerras posmodernas.
Mientras ha descendido el número de conflictos interestatales desde el fin de la Guerra Fría, la forma más común de conflicto armado ha sido el conflicto interno con guerrillas, milicias y toda clase de grupos insurgentes. Durante la Guerra Fría esos grupos buscaron apoyos en EE.UU., la U.R.S.S., Cuba, Libia o China. El hecho es que tan pronto acabó la Guerra Fría se produjo el agotamiento de las guerras civiles en Centroamérica y África austral. Desde entonces, los grupos armados han contado con pocos apoyos externos y han debido buscar la autosuficiencia económica. Así, las FARC en Colombia y Sendero Luminoso en Perú sobrevivieron al fin de la Guerra Fría como fósiles políticos que sostenían una guerra supuestamente revolucionaria obteniendo fondos con el narcotráfico, mientras que la guerra civil de Angola se reavivó en los años 90 alimentada por los fondos provenientes de la explotación del petróleo y las minas de diamantes.

Vemos, por tanto, una convergencia entre los conflictos armado, los tráficos ilícitos y el crimen organizado, incluso cuando hay un elevado componente ideológico. Tal es el caso del contrabando en el Sahel, la producción de hachís en los bastiones libaneses de Hezbolá o el Estado Islámico y sus múltiples negocios, desde el contrabando de petróleo al de piezas arqueológicas.

Que los grupos armados  busquen la autosuficiencia económica ha generado en la práctica un mecanismo perverso de autoperpetuación de los conflictos con líderes insurgentes convertidos en señores de la guerra [7] que asientan su poder en el contexto de una economía de guerra de explotación de recursos naturales, tráficos ilícitos y control de la ayuda humanitaria que recibe la población. Mientras que la debilidad de los estados sumidos en un guerra crea precisamente oportunidades para el crimen, con el secuestros de periodistas y cooperantes, flujos de tráficos ilícitos por las fronteras porosas y tráfico de armas a países vecinos. Cuando la guerra genera oportunidades de negocio, existen menos incentivos para sentarse en una mesa de negociación.

Mientras los grupos armados se implican en tráficos ilícitos y el crimen organizado, las organizaciones criminales han alcanzado su forma más desarrollada en México y Centroamérica. La violencia relacionada con el crimen organizado en México y Centroamérica alcanza cotas propias de una guerra civil [8] pero el objetivo de los carteles de la droga mexicanos no es izar su bandera en la Plaza del Zócalo o en el Palacio Nacional. Los carteles de la droga mexicanos pretenden horadar el Estado sin sustituirlo, para tener mayor libertad de acción. En otros lugares las organizaciones criminales sí se convierten en una alternativa al Estado allí donde este es débil y no proporciona servicios a sus ciudadanos. En tal caso, los líderes criminales buscan legitimidad social gastando recursos en servicios a la comunidad y presentándose como “defensores del pueblo” o “campeones de los pobres” haciéndose eco de agravios reales o imaginarios contra el Estado [9].

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Lanzagranadas RPG y fusiles Barrett de calibre 12,7mm. incautados en México a miembros de un cartel del narcotráfico.

Campos de batalla inmateriales.
Las Guerras Posmodernas son la forma de conflicto propia de la sociedad de la información en un mundo globalizado, donde los medios de comunicación e Internet ocupan un lugar importante. Así que la construcción narrativa del conflicto puede llegar a ser el elemento fundamental del conflicto. Esto es, para uno o varios bandos enfrentados la clave de su victoria puede estar no en el uso de la fuerza en el campo de batalla sino cómo su causa es presentada ante la opinión pública internacional para provocar una respuesta que lleve a actuar a gobiernos, organizaciones e individuos. En tal caso no es relevante lo que pasa sobre el terreno o lo sólida de la causa, sino cómo se construye la narrativa en los medios [10].

Uno de los casos pioneros en los comienzos de la popularización de Internet fue el del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuya irrupción pública el 1 de enero de 1994 en el estado mexicano de Chiapas fue sucedida por una serie de derrotas militares que le provocaron grandes bajas mientras se generaba una corriente internacional de apoyo y simpatía a su causa [11]. El fenómeno se ha acelerado porque Internet provoca una desintermediación, saltándose el filtro de los medios de comunicación tradicionales. Para que el vídeo con la prueba de vida de un occidental secuestrado sea visto por millones de personas no hace ya falta enviarlo a la CNN o Al Yazira. Como efecto negativo, la vida de los reporteros de guerra ha perdido valor. Los grupos armados no necesitan de sus servicios para que su mensaje llegue al público. Es más, dedicados a negocios turbios y la proliferación de violaciones de derechos humanos, muchos grupos armados prefieren no tener testigos.

La capacidad de los medios de comunicación de generar simpatía hacia una causa en la opinión pública hasta que esta reaccione puede ser usada de forma negativa para generar el efecto inverso. Se puede construir una narrativa que desaliente la acción. Los medios rusos e iraníes han tenido bastante éxito en lograr que su discurso sobre la guerra en Ucrania y Siria sean reproducido en Occidente, obteniendo así mucho más margen de maniobra. El Servicio de Acción Exterior ha creado en respuesta una task force para lidiar con la desinformación rusa que publica un boletín bisemanal. Conceptos como Operaciones de Información (InfoOps) y Comunicación Estratégica (StratCom) no son muy distintos del viejo concepto de propaganda empleado en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Pero nuevamente Internet aporta novedad y complejidad al fenómeno.

Si la conectividad mediante Internet es una necesidad fundamental, desde las comunicaciones internas a la difusión externa de información,  interferir en ella se convierte en un objetivo. Así nace la ciberguerra como una dimensión inédita, por más que la propaganda y la guerra electrónica aparecieron como antecedentes de la “guerra de la información”. Hasta hace poco las acciones agresivas más habituales en Internet era la alteración de páginas webs y la saturación de servidores web mediante los ataques distribuidos de denegación de servicio (DDOS). Pero el caso de la ciberarma Stuxnet, diseñada específicamente para atacar las centrifugadoras del programa nuclear iraní, demuestra que la ciberguerra puede afectar al mundo material.

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Juegos de Guerra, película de 1983.

Conclusiones.
La idea de que las guerras están cambiando lleva en circulación décadas mientras que una persona cultivada podría encontrar antecedentes históricos de cualquier fenómeno actual, desde los piratas a los mercenarios, para sentenciar que no hay nada nuevo bajo el sol. Ante el debate si las guerras por venir serían convencionales o irregulares, Frank Hoffman trató de zanjar la discusión afirmando que no volveríamos a ver guerras que encajaran en un modelo puro. Dijo que las guerras futuras tendrían elementos convencionales e irregulares. Las llamó “Guerras Híbridas”. Y aún así se multiplicaron los escépticos diciendo que siempre habían sido así.

Se requiere una perspectiva histórica amplia para entender la transformación del panorama internacional, aunque las estadísticas sean claras. Han disminuido las guerras convencionales entre países y la mayoría de los conflictos armados se dan en Estados débiles con la presencia de actores como fuerzas de paz multinacionales y ONGs. Pero podríamos decir que el mundo avanza a velocidades distintas. África y América han entrado en la era de las Guerras Posmodernas mientras que Asia-Pacífico vive una carrera de armamento y de alianzas siguiendo una lógica no muy distinta de la vivida en Europa en las décadas previas a la Primera Guerra Mundial. A medio camino, la Nueva Guerra Fría no se parece a la vieja precisamente por la globalización e Internet.

El libro Guerras Posmodernas salió en 2010 y pronto tuve la sensación de que las ideas expuestas allí requerían una exposición más extensa, pulida y ampliada. Más que un modelo cerrado, quedó como un modelo en construcción. Mi idea es volver en un futuro a esta explicación para pulirla y quién sabe si algún día elaborar una nueva edición del libro completamente reelaborada.

Notas.

[1] La obra más famosa sobre el tema es La Revolución Militar: Innovación militar y apogeo en Occidente, 1500-1800 de Geoffrey Parker. Sin embargo el tema ha dado para perspectivas opuestas sobre si las nuevas formas de hacer la guerra dieron lugar al Estado Moderno o al revés. Francisco Andújar Castillo hace un repaso al debate en el primer capítulo de su libro Ejércitos y militares en la Europa Moderna.

[2] Recae en Martin Van Creveld el mérito de ser el autor que primero anunció una nueva era de conflictos armados en 1991 con su libro The Transformation of War.

[3] Moisés Naim dedicó su último libro El fin del poder a la transformación del poder, dedicando un capítulo a la guerra y otro a la geopolítica.

[4] Parag Khanna en su reciente libro Connectography: Mapping the Future of Global Civilization recoge, entre otros temas, el auge de las grandes ciudades y empresas como actores globales en un mundo conectado. Mientras que Mark Leonard ha coordinado el libro Connectivity Wars, que presenta 23 ensayos de diferentes autores sobre cómo la interdependencia económica y energética, junta otras medidas no bélicas, pueden ser usadas como armas.

[5] John Arquilla y David Ronfeldt acuñaron el concepto “netwar” para las formas de conflicto en que grupos de personas actúan como redes distribuidas. Ambos publicaron The Advent of Netwar en 1996. Más tarde, editaron el libro colectivo Networks and Netwars The Future of Terror, Crime, and Militancy, que alcanzó notoriedad por ir camino de la imprenta poco antes del 11-S.

[6] Véase Los Estados inviables de Oswaldo Rivero. Para el caso africano, véase África después de la Guerra Fría de Mark Huband. El artículo “The Coming Anarchy” de Robert D. Kaplan (publicado originalmente en febrero de 1994) fue el texto que encaminó mis pasos hacia los temas de las Guerras Posmodernas cuando lo leí en la primavera de 2001.

[7] Véase, por ejemplo, el libro colectivo Warlords Inc. Black Markets, Broken States and the Rise of the Warlord Entrepreneur editado por Noah Raford y Andrew Trabulsi.

[8] John Sullivan emplea el término “insurgencia criminal”.

[9] Tras su monumental El Narco, Ioan Grillo ha publicado  Gangster Warlords: Drug Dollars, Killing Fields, and the New Politics of Latin America.

[10] El término “narrativa” aparece en el manual FM 3-24 de contrainsurgencia desarrollado de forma conjunta por el ejército y la infantería de marina estadounidenses. José María Lizundia estudió la construcción del discurso pro saharaui en España en su libro El Sáhara como metarrelato.

[11] John Arquilla y David Ronfeldt con Graham Fuller y Melissa Fuller escribieron sobre el caso del EZLN en The Zapatista “Social Netwar” in Mexico. Bertrand De La Grange y Maite Rico aseguran en Marcos, la genial impostura que el subcomandante Marcos ordenó ataques condenados al fracaso con objetivos propagandísticos.

[12] Thomas Rid sostiene en Cyberwar will not take place que todas las actividades que asociamos con la ciberguerra si las trasladamos al mundo físico se corresponden con actividades no bélicas que identificaríamos como espionaje, gamberrismo, sabotaje, etc.