Blackwater, mito periodístico de la Nueva Guerra Fría

Blackwater ya no existe. La empresa original primero cambió de nombre a Xe en 2009, ante los problemas de imagen que acumulaba. Finalmente, su dueño y fundador, Erik Prince, vendió la empresa, que fue desmembrada. Presidential Airways fue absorbida por AAR Corp. El centro de formación en Carolina del Norte, que había dado origen a la empresa, fue comprado por un grupo de inversores para crear en 2010 la empresa Academi. Más tarde, Academi se fusionó en 2014 con Triple Canopy para formar el Constellis Group, que luego fue absorbiendo más empresas en un signo de los tiempos. El sector se reorganizaba, lejos de los tiempos de crecimiento explosivo durante la ocupación de Iraq.

Mientra tanto, Eric Prince emprendió otros proyectos empresariales. Primero creó Reflex Response (R2) en Emiratos Árabes Unidos, al servicio de las autoridades de ese país. Al parecer se desvinculó cuando el asunto salió a la luz o ya estaba fuera por aquel entonces. Luego creó Frontier Services Group, al servicio de intereses chinos en África. Prince alcanzó notoriedad recientemente por su propuesta de privatizar la guerra de Afganistán y por su papel en la conexión entre la campaña de Donald Trump y los círculos del poder ruso.

Blackwater es historia. La empresa no existe. Fue desmembrada. Su fundador creó otras empresas al servicio de gobiernos distintos al de Estados Unidos.  Hablar en 2019 de Blackwater es como hacerlo de Galerías Preciados, la aerolínea TWA o el califato Omeya. Entonces, ¿por qué me sigo encontrando titulares que mencionan que Blackwater se prepara para intervenir en tal país o Blackwater ha desplegado fuerzas en tal otro? La respuesta es evidente. Pero primero veamos cómo surgió el mito de Blackwater.

Miembros de la empresa sudafricana “Executive Outcomes” en Angola.

Blackwater no fue la primera empresa militar privada compleja y con recursos avanzados, tal como las conocemos actualmente. Podemos decir que ese hito corresponde a la sudafricana Executive Outcomes. Blackwater tampoco fue la empresa con el mayor volumen de contratos en los años de auge del sector durante la ocupación de Iraq. Ese hito correspondió a la británica AEGIS. Blackwater se hizo célebre porque ganó el contrato más sensible y difícil de todos: proteger a Paul Bremer y al personal de la Autoridad Provisional de la Coalición en Iraq. Esto es, proteger al cabeza de la administración de ocupación estadounidense en el país y a sus funcionarios.

Blackwater en Bagdad.

Las tácticas de Blackwater seguían el principio de poner la seguridad del VIP a proteger por encima de todo. Sus vehículos blindados circulaban a gran velocidad por Bagdad, saltándose semáforos y abollando los vehículos que no se apartaban. Si un conductor iraquí no atendía los gestos de frenar que un contratista de Blackwater le hacía con la palma de la palmo, su coche se llevaba varios tiros en la parrilla. Estoy seguro que más de un conductor inocente se llevó un tiro.

El coronel T. X. Hammes, uno de los desarrolladores del concepto de Guerra de Cuarta Generación, visitó Bagdad y se movió por la ciudad de incógnito, manteniendo un perfil bajo. Cuenta que se cruzó con convoys de Blackwater y que su actitud amenazadora le pareció totalmente contraproducente para el esfuerzo de ganar “corazones y mentes” de la población local. Blackwater se convirtió así en el símbolo de todo lo que estaba mal en la ocupación estadounidense. La prensa occidental se llenó de artículos sobre los “pistoleros a sueldo” y los “perros de la guerra”, explicando que el fenómeno era la aplicación de la lógica neoliberal de privatización de servicios públicos hasta sus últimas consecuencias a la guerra, en el contexto de la hegemonía neocón en Washington.

El senador Obama y personal de Blackwater en Iraq.

En realidad el boom de los contratistas durante la ocupación en Iraq fue el resultado de una mala planificación de la reconstrucción postbélica. Donald Rumsfeld había insistido en que la fuerza invasora fuera lo más pequeña posible, aprovechando las ventajas de unas fuerzas armadas estadounidenses altamente tecnificadas como resultado de la Revolución de los Asuntos Militares de la sociedad de la información. El problema es que esa fuerza reducida resultó insuficiente para mantener la paz y el orden tras la caída del régimen de Saddam Hussein. Pronto, la protección de lugares, convoyes y personas fue puesta en manos de empresas privadas. La necesidad urgente disparó el precio de los contratos y los sueldos.

Durante unos pocos años, Iraq fue El Dorado de las empresas militares privadas occidentales. Fue una brutal competición empresarial darwiniana que fue dejando por el camino vidas y empresas. Luego vino la concentración y la reducción de costes con la contratación de contratistas de lugares como Fiyi, Uganda y Nepal. Y el asunto pasó a un segundo plano en los medios, mientras los países de la Unión Europea encargaban la seguridad de sus embajadas a empresas privadas mientras que China y Rusia desplegaban empresas militares privadas para proteger sus explotaciones de petróleo y minerales en lugares como Iraq, Sudán y República Centroafricana. Por aquel entonces, los periodistas occidentales ya no tenían interés en escribir sesudos artículos sobre el neoliberalismo y la guerra. En República Centroafricana, tres periodistas críticos con el Kremlin murieron en una emboscada mientras investigaban la conexión entre los negocios mineros rusos en la explotación de diamantes locales y la empresa militar privada Wagner.

Personal de Slavonic Corps en Siria.

Los sesgos de los periodistas occidentales biempensantes explican el interés por unos temas que son tratados hasta que se instalan en el imaginario colectivo, mientras otros pasan inadvertidos. Pero queda por explicar por qué Blackwater se sigue colando en los titulares en 2019.  Se trata de una razón muy sencilla. Blackwater es el monstruo terrible que agitan los enemigos geopolíticos de Estados Unidos allí donde hay un conflicto de intereses.

Blackwater aparece siempre oportunamente que hay un conflicto de intereses entre EE.UU. y sus rivales de la Nueva Guerra Fría. ¿Conflicto de intereses en Ucrania?

Aparece video que confirma la llegada de mercenarios de Blackwater a Ucrania” (RT, 9 de marzo de 2014)

Si Russia Today en español lanzaba una afirmación taxativa, meses más tarde dudaba.

¿Hay mercenarios de Blackwater en Ucrania?” (RT, 11 de mayo de 2014)

Y entonces, 24 horas después entró en tromba la prensa crítica, rebelde, alternativa y libreprensadora a repetir como loros.

¿Hay mercenarios de Blackwater en Ucrania?“(Geopolítico.es, 12 de mayo 2014).

Mercenarios yanquis de Blackwater ya combaten en Ucrania” (Canarias Semanal, 12 de mayo de 2014)

También encontramos, cómo no, a Voltairenet:

Despliegue de mercenarios estadounidenses en el sur de Ucrania” (4 de marzo de 2014).

Y por supuesto, a HispanTV:

Informe: Mercenarios de Blackwater operan en Ucrania” (19 de mayo de 2014).

Paradójicamente, mientras las filas ucranianas se llenaron de voluntarios, fueron las prorrusas de Ucrania oriental las que se llenaron de contratistas rusos y personal militar ruso. Eso no impidió a la prensa rusa hablar de la funesta presencia de mercenarios en el país o de injerencia externa en los asuntos ucranianos.

Seguimos. ¿Conflicto geopolítico entre EE.UU. y Rusia+Irán en Siria? ¿Adivinan quién se desplegó allí?

Diario turco: Blackwater entrena a terroristas en Siria” (Voltairenet, 6 de agosto de 2012).

Y a la fiesta no podía faltar Nazanin Amanian, recogiendo la misma noticia en su blog personal por aquellas fechas con el título “Los mercenarios de Blackwater en Siria“.

El vicepresidente del Partido del Trabajo de Turquía, Bulent Aslanoglu, confirmó que cerca de seis mil personas de diferentes nacionalidades árabes, afganos y turcos, han sido reclutados por los EE.UU. Agencia Central de Inteligencia (CIA) para cometer actos terroristas en Siria.

El blog “Cuestiónatelo todo”, parte de la “Red de Blogs Comunistas” se hacía eco de una noticia de Al Manar, medio de comunicación de Hezbolá, el 31 de mayo de 2012.

La empresa Blackwater tiene a 6000 mercenarios en Siria“.

Podemos seguir buscando. Por ejemplo, con Yemen.

Ejército yemení acaba con tres agentes de ‘Blackwater’ en Taiz” (HispanTV 9 de enero de 2016).

Mercenarios de Blackwater se van derrotados de Yemen” (TeleSur, 11 de febrero de 2016).

Si leemos las noticias vemos que Russia Today, HispanTV, TeleSur, Al Manar, etc. van triangulando enlaces y citas de tal forma que ninguno se pueda hacer verdaderamente responsable de la veracidad de lo publicado con la excusa de “nos limitamos a recoger lo que otros medios publican”.

Y si miramos noticias más antiguas, encontrarnos este refrito de la iraní PressTV.

Potencias occidentales abren las puertas a Blackwater en Libia” (Agencia Matriz del Sur, 13 de abril de 2011)

Sé que muchos se acogen a la excusa de que donde se lee “Blackwater” hay que leer “Academi” o “empresa que alguna vez tuvo algún tipo de vinculación con Eric Prince”. Es la respuesta más habitual que me encuentro en Twitter cuando señalo a alguien que está dando una noticia sobre las acciones de una empresa que no existe desde hace años. Pero incluso cuando en el cuerpo de una noticia se habla de que ya no existe una empresa con ese nombre, se insiste en mencionar a Blackwater en el titular. Por ejemplo, Leandro Albani publicaba en enero de 2018:

Blackwater: el ejército del terror del Pentágono” (Revista Sudestada, diciembre 2017).

Dice Albani:

Una multinacional militar se abre paso en el mundo desde hace dos décadas. Blackwater, la empresa de seguridad más poderosa del planeta, acumula denuncias por crímenes cometidos en Medio Oriente y por casos de corrupción en Estados Unidos.

En pleno enero de 2018 decía de Blackwater que es la “empresa de seguridad más poderosa del planeta” y que “goza de muy buena salud”. Varios párrafos más abajo cuenta que ahora se llama Academi, que se preparó para invadir Qatar y que participó en la guerra de Yemen.  Es decir, aquí se está mezclando el nombre de la difunta Blackwater con Academi y la trayectoria personal de Eric Prince tras desvincularse de la empresa. Lo de resucitar a Blackwater para convertirla en líder del sector también es cosa de RT, que en enero de este año también resucitaba a Blackwater para llamarla “la empresa militar privada más grande del mundo”.

El asunto ha vuelto a saltar porque Eric Prince ha afirmado que él arregla lo de Venezuela en dos patadas con una fuerza de 5.000 contratistas. Desde su empresa, Frontier Services Group (FSG), han dicho que “tiene una solución para Venezuela igual que la tiene para otros muchos sitios”. Pero como recoge el diario madrileño El Mundo, resulta que  “[l]a Casa Blanca ha declarado que no apoyaría el plan”. Las declaraciones de Prince, como también apunta el diario,  proporcionan munición dialéctica al régimen chavista, que ahora dará la turra con la amenaza de los mercenarios yankis mientras se multiplicarán los análisis sobre el regreso de Blackwater.

Blackwater busca crear un ejército de 5000 mercenarios para Guaidó” (HispanTV, 30 abril de 2018).

Si HispanTV dice que se trata de un plan de cara al futuro, Galicia Press dice el 2 de mayo de 2019 que ya están preparándose.

Blackwater (EE.UU) entrena mercenarios para desalojar a Maduro de Venezuela“.

¿Dónde entrenan? ¿Alguien lo sabe? ¿Hay pruebas? ¿Quién paga el sueldo de 5.000 contratistas esperando la aprobación de un plan que no tiene la aprobación de la Casa Blanca? En realidad, alguien ha tomado una noticia con un titular erróneo para deformarla más y crear algo grotesco.

En definitiva, resulta evidente que Blackwater es un monstruo que la propaganda rusa, iraní y procedente de otros aliados geopolíticos del bando contrario a Occidente en la Nueva Guerra Fría agitan en cualquier conflicto como una forma de deslegitimar cualquier acción de Estados Unidos porque estaría protagonizada por sanguinarios mercenarios a sueldo del imperialismo.

La Ley de Murphy del periodismo español (2)

En 2015 escribí una entrada en este blog titulada “La Ley de Murphy del periodismo español“, en referencia a esa conocido enunciado que dice que la tostada cae siempre del lado de la mantequilla. En aquel entonces me refería al conflicto árabe-israelí y a cómo había terminado constatando que siempre que un periodista español mete la pata en sus crónicas sobre el asunto siempre será para dejar en mal lugar a los israelíes. Nunca he leído un titular del tipo “Estalla por accidente un polvorín iraní en Damasco” cuando en realidad fue un ataque aéreo israelí o “Muere un líder de HAMAS tiroteado por una facción disidente” cuando resulta que cayó en una emboscada de las fuerzas especiales israelíes. En el caso de Israel en la prensa española, la tostada siempre cae del mismo lado.

El asunto me vino a la cabeza estos días porque he estado dándole vueltas al asunto de la aparición de Empresas Militares Privadas (PMC en sus siglas en inglés) procedentes de Rusia y China. Y creo que estoy en la situación de enunciar una segunda Ley de Murphy sobre el dobe rasero de la prensa española. Resulta, que hoy mismo compartí en Twitter y Facebook una noticia de Al Manar, un medio del grupo libanés Hezbolá, que daba cuenta de que personal de una empresa rusa estaba entrenando a los miembros de la milicia palestina Liwa Al Quds (“Brigada Jerusalén”). Dice la noticia:

Las fuerzas especiales de la Liwaa al Quds (Brigada Al Quds), una unidad de élite palestina que lucha al lado del Ejército sirio, ha publicado un nuevo vídeo esta semana acerca de su entrenamiento en la provincia de Alepo.

Entrenados por contratistas rusos, los miembros de las fuerzas especiales palestinas fueron filmados realizando diversos ejercicios de entrenamiento en un lugar no determinado de la provincia de Alepo.

“Feral Jundi”, autor del blog homónimo, identificó en un comentario a mi publicación en Facebook a la empresa rusa como Vegacy Strategic Services.  En el siguiente vídeo promocional muestran imágenes de Siria.

Hace ya bastante tiempo que “Abraxas Spa” me llamó la atención sobre el asunto de las empresas militares privadas rusas. Y me extraña la poca atención que recibe el tema cuando la prensa nos bombardeó en su momento con el auge de las empresas estadounidenses en el contexto de la ocupación de Iraq.

Tengo muy presente el asunto porque soy un sociólogo que se dedicó al estudio de la transformación de los conflictos armados y se especializó en la aparición de actores no estatales. Me tocó atender a medios para hablar del tema. Y recuerdo aquellos titulares tremebundos sobre los “modernos perros de la guerra” y los “pistoleros a sueldo” que ponían énfasis en que el personal de estas empresas iba a zona de conflicto por dinero (no como los soldados profesionales de los ejércitos occidentales, como el español, que lo hacen gratis y sólo por la satisfacción de ver sonreír a las personas que entregan ayuda humanitaria). Asistí a mesas redondas y coloquios donde se habló de cómo estas empresas amenazaban la paz mundial y eran un foco desestabilización de países. Siempre me quedé con las ganas de pedir ejemplos de algún Estado que en los últimos 20 años hubiera colapsado por la acción de una Empresa Militar Privada. Y por supuesto, a propósito del caso de la empresa sudafricana Executive Outcomes en Angola y Sierra Leona, escuché y leí sobre la preocupante convergencia entre la explotación de recursos naturales y este tipo de empresas. Y siempre, sin perder de vista que el fenómeno era el resultado de la aplicación de la lógica neoliberal a la guerra.

Pues bien, tienen ustedes ahí fuera donde tirar el hilo sobre empresas militares privadas rusas (y chinas) en, por ejemplo, la carrera por los recursos naturales africanos. Pueden seguir la pista de la empresa militar privada rusa Wagner por Siria, Libia, República Centroafricana y posiblemente Venezuela. Podrían averiguar qué se sospecha que la emboscada contra tres periodistas rusos que investigaban las conexiones de la empresa Wagner y la explotación de diamantes en la República Centroafricana fue un asesinato para eliminar a testigos incómodos. Y pueden perder el tiempo en buscar reportajes, artículos y ensayos sobre el tema en la prensa española.

Relación de PMC rusas hecha por InformNapalm.

Podemos enunciar así una segunda Ley de Murphy de la prensa española: cuando un fenómeno tiene dos caras, verán que sólo tratan la que pueda dejar en mal lugar a Estados Unidos u Occidente en general. Hagan un ejercicio. Busquen qué ha contado la prensa española sobre los nuevos negocios de Erik Prince, fundador de Blackwater. Ahora trabaja para China en favor de sus intereses en lugares como África. Su empresa anunció recientemente la apertura de un campo de entrenamiento en la provincia de Xinjiang, donde están pasando cosas tremebundas.

Los dobles raseros de la prensa española me parecen muy divertidos. Un día me encontré en cierto medio español una noticia de cómo la empresa minera canadiense Barrick Gold estaba contaminando en Argentina bajo el gobierno de Mauricio Macri. Resulta que la primera vez que escuché hablar de esa empresa fue hace años, en el programa de Jorge Lanata en el Canal 13. Denunciaba entonces cómo la actividad de la empresa afectaba a los glaciares andinos. Posteriormente habló de la contaminación con cianuro. Como soy muy mal pensado, busqué en el medio español en cuestión y ¡sorpresa!. Durante los años del kirchnerismo, sólo se mencionaban a la Barrick Gold para hablar de cómo contaminaba en el Caribe o sus vínculos con José María Aznar. Sólo había una mención a la contaminación de la Barrick Gold en Argentina para hablar de cómo unos niños de una zona minera habían viajado a Buenos Aires para dar a conocer su situación. La empresa, mágicamente, se convirtió en noticia tan pronto subió al poder Mauricio Macri. Como la pobreza y la inflación en el país. Pero eso es otra historia y otro sesgo.

Volviendo a Rusia y China, sucede que asistimos al fin del “momento unipolar” de Estados Unidos como “hiperpotencia solitaria“. Y sin embargo, tenemos a una generación de periodistas que se criaron, formaron y trabajaron viendo cómo Estados Unidos y Occidente era la fuente de todo mal. Eran los tiempos en que la gente que se proclamaba “anti-imperialista” no tenía que especificar. Se sobreentendía que eran enemigos del “imperialismo yanki”. Hoy tenemos imperialismos de todos los sabores y para todos los públicos: imperialismo ruso, imperialismo chino, aspiraciones hegemónicas de Irán, etc. Supongo que habrá que “darles un poco de tiempo” a los periodistas españoles para que se enteren de que el mundo ha cambiado. Alguno, por cierto, ya se enteró y está haciendo caja hablando de los problemas de EE.UU.

Cómo el fundador de Blackwater y un puñado de contratistas redujeron la piratería en Somalia

oil_resources_1085549ePuntland es una región autónoma de Somalia de la que partían la mayoría de los piratas somalíes. En el año 2010 las autoridades locales crearon la Puntland Maritime Police Force (PMPF) con la intención de combatir a la piratería en tierra, una de las medidas que gobiernos y expertos apuntaban como imprescindible para solucionar el problema. Pero las autoridades de Puntland no tenían recursos suficientes para convertir a la PMPF en una fuerza eficaz y con medios suficientes. En esto, en Emiratos Árabes Unidos llegaron a la conclusión de que era necesario combatir a la piratería en tierra y se recaudaron varios millones de dólares para llevarlo a cabo. El dinero fue destinado a la PMPF. El entrenamiento de sus miembros fue llevado a cabo primero por una empresa sudafricana que había formado parte del conglomerado empresarial en torno a la ya mítica Executive Outcomes y luego por una empresa con sede en E.A.U. a la que estaba vinculado el mismísmo Erik Prince, fundador de Blackwater.

PMPF-training

La PMPF demostró ser eficaz y realizó operaciones arriesgadas, como el rescate a cañonazos de los tripulantes de un carguero que llevaba tres años en manos de los piratas. Pero la presencia de contratistas privados en el país resultó ser inaceptable para Naciones Unidas y ejerció presiones. Como en otras ocasiones, Naciones Unidas prefirió la inacción ante un problema que la solución que proporcionan las empresas militares privadas.

Las historia de la Puntland Maritime Police Force y la reducción de la piratería en Somalia es mi historia de esta semana para Sesión deControl: “El ocaso de la piratería somalí”.

Cooperación Militar para el Desarrollo

Dale pescado a alguien y comerá un día. Enséñale a pescar y comerá toda su vida. Pero si le ayudas a acabar con la guerrilla islamista traerás estabilidad de una vez por toda al país.

A alguien se le tenía que ocurrir tarde o temprano. Bancroft Global Development, con sede en Sudáfrica y registrada en EE.UU. como organización sin ánimo de lucro, prestaba servicios de desminado en países en guerra. Un sector desconocido pero existente de O.N.G.s trabajando en los Balcanes o Angola dedicada a acabar con los campos de minas.

Cuando las fuerzas de la Unión Africana en Somalia, formada por tropas de Uganda y Burundi, empezó a sufrir ataques con terroristas suicidas, coches bombas y artefactos explosivos colocados al borde de la carretera, contrataron a Bancroft Global Development para formar a los soldados a luchar contra las nuevas amenazas. Un asunto en el que las guerras de Afganistán e Iraq han generado un extenso cuerpo de conocimiento.

Los miembros de Bancroft Global Development ha entrenado a los soldados de la Unión Africana en lidiar con los artefactos explosivos, combate en áreas urbanas y pronto lo harán en el empleo de francotiradores. Entre ellos se encuentran estadounidenses, un ex-Royal Marine británico, un politólogo danés y un antiguo lugartaniente de Bob Denard.

Las cosas están en Somalia y las milicias integristas se han retirado de la capital. Por primer vez en años Mogadiscio está en manos de las fuerzas del gobierno. Queda lugar para la esperanza.

El camino hacia la regulación de las PMC

El pasado noviembre en el III Congreso Internacional de Seguridad y Defensa en Granada oí a varios militares españoles hablar desde el estrado de las Empresas Militares Privadas (PMC por sus siglas en inglés) como un fenómeno estrictamente estadounidense, ajeno a la Unión Europa y sin futuro. El retrato que allí se hizo no distaba mucho del guión de “sanguinarios pistoleros a sueldo campando a sus anchas por Iraq” que uno lee en la prensa. Y eso que entre los que hablaron hubo quien sirvió en aquella “región hortofrutícola” de Iraq en el día en que ocho contratistas de Blackwater salvaron la papeleta.

Mientras tanto, en un planeta llamado Tierra, varios gobiernos asumiendo que las Empresas Militares Privadas no son un fenómeno pasajero y que su aparición requiere mejores mecanismos de control y regulación trabajan por el objetivo de un marco regulatorio. Una iniciativa que lanzó el gobierno suizo en 2006 y a la que se sumó enseguida el Comité Internacional de la Cruz Roja. Las rondas de contacto con asociaciones empresariales, compañías destacadas y gobiernos culminó en la publicación del “Documento Montreaux” en septiembre de 2008, donde se recopila el acervo legal internacional sobre el tema y se hace un listado de buenas prácticas. Ha sido suscrito ya por 22 países, que es una buena pista de los países que contemplan la privatización de los asuntos militares.

Superada esta fase ha comenzado una segunda fase de contactos para lanzar el próximo mes de junio un grupo de trabajo que elabore un Código de Conducta del sector. Una de esas reuniones tuvo lugar la semana pasada en Londres, donde un servidor de ustedes estuvo presente. Volvemos a la carga.

La nueva lógica de la privatización militar

Cuando hace ya tiempo hablábamos de la lógica de la privatización militar se trataba de que las fuerzas armadas occidentales, que estaban preparadas para luchar en las planicies alemanas contra una invasión soviética, se encontraron con la necesidad de intervenir cada vez más con rapidez en lugares imprevistos. Parte de ese esfuerzo recayó en empresas por la flexibilidad y rapidez con la que se maneja el sector privado.

La externalización de servicios comenzó en la era Clinton, pero se trataba inevitablemente de la emergencia de nuevos actores privados en el panorama internacional. Era una cuestión de la marea histórica, donde desde los gobiernos locales a las multinacionales desarrollaban su propia agenda política internacional a espaldas de los estados. Más aún, la debilidad de los estados periféricos tras el desinterés inicial de las súper-potencias tras el fin de la Guerra Fría llevó al desplome de países como Somalia o Liberia y dejó a las empresas al cargo de su propia seguridad en lugares como Nigeria o Angola.

En el pasado III Congreso Internacional de Seguridad y Defensa en Granada surgió por dos veces el asunto de las Empresas Militares Privadas (PMC en inglés) en boca de oficiales del Ejército de Tierra que repitieron los arquetipos erróneos que usa habitualmente la prensa: Las fuerzas privadas en el terreno es un fenómeno exclusivamente estadounidense que se limita a Iraq y Afganistán, sin que se haya constatado que la privatización suponga un ahorro a la vez que genera un montón de problemas legales.

Pero fue algo más que eso. Al fin y al cabo queda mucho por escribirse sobre PMC en España. En Granada lo que sentí fue una sensación de desconexión entre lo que uno lee sobre materiales, doctrina y experiencias de los países con fuerzas combatiendo accesible gracias a Internet y lo que uno lee o escuha por aquí. Se trata de la velocidad que han adquirido los ciclos de innovación. Por ejemplo la carrera entre los insurgentes que plantan bombas y las fuerzas que los persiguen. Hay fuerzas armadas, como los canadienses, que han mostrado una buena capacidad de aprender y rectificar sobre la marcha. La experiencia y las bajas les llevó a adoptar vehículos sudafricanos a pruebas de minas, a desplegar carros de combate Leopard I y a lanzar un programa de adquisición urgente de Leopard II. No significa eso que las soluciones candadienses haya que aplicarlas al área de operaciones española en Afganistán. Pero dudo que aquí hayamos mostrado la misma capacidad de maniobra. ¿Desde cuándo se oyó hablar por primera vez de MRAPs en Iraq, cuánto tardó el debate en llegar a España, cuánto se tardó en ordenar la compra de vehículos y cuántos se han desplegado en misiones internacionales?

Podríamos seguir con esta velocidad de tortuga para aprender y cambiar. Y eso suponiendo que alguien realmente esté a la escucha de lo que pasa ahí fuera. ¿Hacemos apuestas sobre cuántos informes circulan en España sobre el programa Human Terrain System, la Task Force Paladin o el Asymmetric Warfare Group ? ¿Y hacemos una comparación entre los tiempos y costes manejados por el INTA para desarrollar el programa SIVA y los manejados por la iniciativa privada?

Podríamos también optar por salir corriendo de Afganistán, como alguno propone. O podríamos empezar a plantearnos seriamente en externalizar la formación y adiestramiento en temas puntuales como primer paso a externalizar otras cuestiones en las que está claro que el rtimo de de las nuevas guerrras nos ha superado.

El necesario debate sobre la privatización militar

John Robb apunta hoy que el necesario debate sobre la privatización militar ha sido sustituido por un ensañamiento de la prensa con Blackwater del que hemos llamado la atención aquí en España.

No hay duda que el incidente que dio pie a la polémica reciente habría sido tratado totalmente por los medios de comunicación de no haberse tratado de la “guardia pretoriana de Bush” (sic) y sus “pistoleros a sueldo” (sic) . Sin reporteros sobre el terreno las noticias se han confeccionado de oídas y acudiendo al cajón de los tópicos.

Robb enlaza a un artículo de Peter Singer (autor Corporate Warriors), en el que como decíamos aquí hace poco, todo lo malo que hay en torno a las empresas militares privadas en Iraq tiene que ver más con cómo EE.UU. ha gestionado la posguerra en Iraq que con la propia naturaleza de dichas empresas.

Quien crea que todo esto nos resulta ajeno termino de la misma manera que el otro día, planteando un dilema. Hasta ahora en España la protección de las embajadas en zona de guerra era misión del GEO (Grupo Especial de Operaciones) del Cuerpo Nacional de Policía. Su misión principal en el día a día es el rescate de rehenes (en atracos, medios de transporte, secuestros) y la detención de delincuentes peligrosos y armados. Con guerras civiles, estados colapsados y crisis continuas del mundo de la Posguerra Fría los GEO no dan abasto y a esas misiones han empezado a enviarse miembros de los GOES (Grupos Operativos Especiales de Seguridad). La cuestión es, ¿realmente se puede permitir el Cuerpo Nacional de Policía desviar de sus funciones principales a su principal unidad de élite? ¿Realmente es idónea la seguridad que proporcionan en zonas de guerra un puñado de policías con fusiles de asalto?

Una curiosidad final. El Mundo ilustra una noticia sobre Blackwater con una foto “curiosa” que ya en su momento reprodujo Público. Comparen con los contratistas que muestra Loopster.