Israel y la enferma obsesión de la prensa española

Dije hace poco que iba a dejar de tratar el conflicto palestino-israelí por una temporada. Pero no hay manera por culpa de las cosas que leo en la prensa española. Y es que da igual el tema. Por muy alejado el asunto de Oriente Medio te encuentras un comentario idiota sobre Israel. Así, Agusto Zamora, autor de “Ocho razones para amar a Trump”, publicó en abril de este año en el diario madrileño El Mundo un artículo sobre la crisis de Corea. Título del artículo: “Un Israel en el Pacífico“. Sí señor, con dos cojones. Dirán ustedes “seguro se refería al papel del Corea del Sur, aliado militar de Washington”. No, no. Corea del Norte. Lean:

Corea del Norte es un símil –mutatis mutandis– del papel que desempeña Israel en Oriente Próximo. Como Israel, es un Estado militar-religioso (uno de la Torá, otro de la idea suche); es un pueblo armado (1,2 millones de soldados, con posibilidad de movilizar a 7 millones de habitantes); como en Israel, el poder militar lo es todo para su existencia. La diferencia la marca el nivel tecnológico.

Pero la capacidad de relacionar cualquier asunto con Israel llega a niveles tan absurdos como los de Carmen Rigalt hoy, nuevamente en el diario El Mundo. Rigalt escribió sobre el caso de Ignacio Echeverría, el ciudadano español que se enfrentó en Londres a un terrorista para defender a una mujer y fue apuñalado por otro por la espalda.

En Londres los yihadistas emplearon dos tácticas que protagonizaron sendas olas de ataques terroristas en Israel: Los atropellos y los apuñalamientos. De hecho, se habló en la prensa internacional de la “Intifada de los Atropellos” y la “Intifada de los Cuchillos”. Cómo no, los asesinatos de viandantes israelíes fue celebrada en las redes sociales por los palestinos con viñetas, fotomontajes y memes de todo tipo. Véanse algunos ejemplos para los ataques con cuchillos.

Viñeta palestina a propósito del apuñalamiento de los pasajeros de un autobús en Tel Aviv. Vía Jerusalem Post.

La relación entre el modus operandi de los terroristas europeos que emplean el atropello y los apuñalamientos con las tácticas palestinas es evidente. Así que prepárense para el salto que dio Carmen Rigalt al tratar la muerte de Ignacio Echevarría, cuyo cuerpo fue recibida en España por los familiares y el presidente del gobierno. En la televisión se pudo ver la entereza de la madre mientras el presidente del gobierno hablaba con ella. Dice Carmen Rigalt:

Perder un hijo siempre es una tragedia, pero perder un hijo y ganar un mártir, un héroe o un santo, debe de ser una tragedia con consuelo incorporado. Los periodistas que hemos tenido ocasión de ver a las madres de los mártires palestinos sabemos de las lágrimas orgullosas que derramaban en silencio, sin dejar de mirar esa foto enmarcada con la que vivían abrazadas.

Sí, señor. Tenemos que pensar en Ignacio Echeverría como un terrorista palestino que se voló con un chaleco bomba en un centro comercial o murió abatido cuchillo en mano por las fuerzas de seguridad israelíes. No se puede ser más miserable que Carmen Rigalt haciendo ese tipo de comparaciones que insultan la memoria de Ignacio Echeverría. Resulta inquietante cómo funciona la mente de una periodista española que para mostrar simpatía con la madre de una víctima española del terrorismo yihadista la compare con la madre de los verdugos de israelíes.

Mariam Farhat, “madre de los mártires palestinos”.  Unos de sus hijos trabajó en el desarrollo de cohetes Qassam. Murió en el laboratorio probando un dron con cabeza de guerra explosiva. Otro hijo murió participando en un ataque contra una escuela donde murieron cinco estudiantes israelíes. Se hizo famosa tras decir en el funeral de un tercer hijo que le quedaban cuatro hijos y esperaba que todos fueran mártires.

Mientras tanto, esta semana un campamento de refugiados palestino en Daraa era machacado por las fuerzas gubernamentales sirias, nada nuevo en ese país, mientras que la organizaión de Naciones Unidas para los refuigados palestinos (UNRWA) “condenaba en los términos más fuertes” el hallazgo de un túnel como los empleado por HAMAS dentro del recinto que ocupan dos colegios de primaria en Gaza. Pero ya saben, Israel.

 

 

“Seis días, cincuenta años” de Orfeo Suárez

Algún día habrá que analizar por qué el conflicto palestino-israelí y Oriente Medio en general son temas a los que cualquier periodista o tertuliano español les gusta abordar en términos grandilocuentes. Cómo olvidar aquel vaticinio de Lluís Bassets en febrero de 2012 sobre el ataque israelí a Irán (“Será en verano, época guerrera por excelencia. […] Todo será muy rápido, con bombardeos de precisión realizados por aviones no tripulados”). O aquel comentario de Mario Vargas Llosa diciendo que el conflicto palestino-israelí era el más factible de arrastrarnos a una guerra mundial (“uno de los conflictos más graves y potencialmente más capaces de sepultar a buena parte del planeta en una guerra de proporciones cataclísmicas”).

Oriente Medio es al análisis internacional lo que el fútbol es al análisis deportivo. Todo el mundo se siente capaz de hacer la alineación campeona. Así que no es de extrañar que el diario El Mundo le haya ofrecido una tribuna al periodista deportivo Orfeo Suárez para que nos dé su opinión sobre la Guerra de los Seis Días, de la que se cumple esta semana el 50º aniversario.

La Guerra de los Seis Días, de cuyo desenlace se cumplen mañana 50 años, cambió el mapa territorial en Oriente Próximo, consolidó la fortaleza de Israel, provocó el apoyo definitivo de Estados Unidos al vencedor, más allá de las presiones y la financiación del lobby judío, acabó con el panarabismo de Nasser y puso la primera semilla de la Yihad.

Arrancamos con un auténtico hit combo. La Guerra de los Seis Días cambió el mapa de Oriente Medio, dice. Vean el impacto en el mapa de Oriente Medio. Sí, la vida cambió para los habitantes de Gaza, Cisjordania y los Altos del Golán. Pero el impacto sobre el territorio de Oriente Medio fue mínimo. Y desde luego nada comparable a otros posibles movimientos de fronteras que podríamos vislumbrar en un futuro cercano, como sería la fractura de países como Siria o Iraq.

Imagen vía Wikimedia.

La mención del lobby judío es un clásico aunque como el propio Orfeo Suárez dice, es irrelevante para el caso. Para rematar, resulta que la Guerra de los Seis Días “puso la primera semilla de la yihad”. Basta recordar que Sayyid Qutb había sido ejecutado un año antes y que su obra principal data de 1964. La historia del salafismo-yihadista ya estaba en marcha. Pero de alguna manera, había que culpa a Israel de algo malo.

La victoria invasiva sobre Egipto, Jordania y Siria mostró la inoperancia de las alianzas en el mundo árabe, un puzzle complejo por su origen tribal, la división entre instancias seculares y religiosas, más la existente entre chiíes y suníes.

“Victoria invasiva” es una forma peculiar de hablar de las ofensivas que lanzó Israel, un país con apenas profundidad estratégica, contra los ejércitos que se acumulaban en su fronteras. La inoperancia de los ejércitos árabes es un tema bastante estudiado desde el punto de visto académico. Véase el clásico Arabs at War: Military Effectiveness, 1948-1991 de Kenneth M. Pollack. Las derrotas de la alianza árabe no tiene que ver con el “puzzle complejo” del “origen tribal” del mundo árabe. Tiene que ver, principalmente, con que los regímenes árabes nunca permitieron que sus ejércitos se volvieran realmente profesionales y operativos por temor a un golpe de estado militar. Y así, por ejemplo, era generalizado que no hicieran maniobras de gran envergadura para compartimentalizar lo más posible a las grandes unidades. El resultado luego en la guerra era que los ejércitos árabes se coordinaban fatal.

A quienes quisieran luchar, sólo les quedaba una salida: el terrorismo. La efeméride es, pues, una buena ocasión para entender los puntos de inflexión de un conflicto exiguo en lo territorial, pero global por los intereses en juego, las mayores reservas energéticas del planeta, y por las consecuencias, como es la internacionalización del islamismo por la vía del terror, que ya suma más de seis días: 11-S, 11-M, 7-J, 13-N, 14-J, 19-N… Es la guerra que todos perdimos.

Los ataques terroristas comenzaron antes de la Guerra de los Seis Días. En la Nochevieja de 1964 la organización Al Assifa, brazo armado del partido de Arafat, trató de lanzar su primer ataque contra israelí desde suelo libanés. El ataque falló por la acción del ejército libanés que vigilaba la frontera. Al día siguiente, los miembros de la organización lograron cruzar la frontera para efectuar su primer ataque en suelo israelí. Pusieron una bomba que no funcionó. No es que los comienzos fueran muy épicos. Pero queda claro que los ataques palestinos contra la población y la infraestructura civil israelí comenzaron antes de la Guerra de los Seis Días. Hablar de guerrillas o terrorismo lo dejo a elección del lector.

Hablar de las “mayores reservas energéticas del planeta” cuando hablamos del conflicto palestino-israelí y la Guerra de los Seis Días es mezclar churras con merinas. Pero da la sensación que aquella referencia al tribalismo árabe o esta otra a la geopolítica de la energía son intentos de parecer sesudo y profundo sin decir nada.

Introducir la referencia a “la internacionalización del islamismo por la vía del terror” es andar bastante perdido cuando estamos hablando de un conflicto en plena Guerra Fría que dio lugar en los años 70 a eso que entonces se llamó el “terrorismo internacional”, con personajes como el venezolano “Carlos” y la colaboración de la ultraizquierda europea con el terrorismo palestino. El yihadismo internacional vino después. Curiosamente el conflicto palestino-israelí fue ajeno a ese fenómeno. Los aspirantes a crear una franquicia palestina de Al Qaeda han sido por lo general minoritarios. Y mientras los pasaportes de ciudadanos musulmanes europeos han aparecido en campamentos yihadistas remotos en Mali o Pakistán, no hemos visto un flujo significativo de voluntarios a unirse a las filas de HAMAS. Orfeo Suárez pretende hacer responsable a Israel de fenómenos que le son ajenos. Y lo que es peor. Resulta que la guerra en la que Israel se anticipó a sus enemigos, que pretendían destruirlo, es “la guerra que todos perdimos”. A ver si va a ser que Orfeo Suárez lamenta que los ejércitos árabes no acabaran con Israel.

Foto: David Rubinger vía IDF Blog.

 

Algo pasa con Israel

La inmensa mayoría de mis artículos sobre el conflicto palestino-israelí son reactivos. Alguien escribe algo que me hace resoplar y ahí entro yo a hacer un fisking. O a soltar un comentario sarcástico en las redes sociales. Me pasó este fin de semana. Luz Gómez, profesora de Estudios Árabes de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en islam e islamismo, compartía en Twitter un artículo sobre la entrada de droga en la Franja de Gaza.

Lo de “limpieza étnica” me pareció un término exagerado, así que leí el artículo en cuestión. Se trata de la traducción al español hecha para Rebelión de un artículo publicado originalmente por Al Yazira en inglés. En el artículo, se citan las palabras de Ahmed Kidra, jefe de la unidad antinarcóticos de la policía en Gaza.

Kidra dijo a Al Jazeera que las drogas se pasaban por las fronteras de Gaza con Israel y Egipto a través de túneles o por el mar cuando los pescadores de Gaza se reúnen con barcos egipcios.

“Los túneles  son la fuente principal”, dijo, citando unos pasadizos subterráneos de contrabando que une Gaza con Egipto.

Así que resulta que Egipto es la principal fuente de entrada de drogas que se consumen en Gaza. Pero tenemos una profesora universitaria hablando nada menos que de limpieza étnica. Así que comenté el asunto:

Encontré otra cosa que me llamó la atención. Vi imágenes del uso de fósforo blanco en Mosul. Alguien ubicó el lugar. Y además, tenemos pruebas gráficas de que la artillería estadounidense sobre el terreno emplea ese tipo de munición.

El asunto no ha recibido ninguna atención, cuando el empleo del mismo tipo de arma en Gaza generó comentarios de indignación sobre el empleo israelí de “armas químicas”. Señalé el doble rasero.

No fui el único:

Me resulta difícil no reaccionar ante cosas así. Pero curiosamente, creo que he mostrado poco lo que realmente pienso sobre el conflicto palestino-israelí. Por ejemplo, creo que la ocupación israelí de Cisjordania es una amenaza a la naturaleza democrática israelí. Un país no puede mantener una democracia sana mientras influye en el destino de otro pueblo de esa manera. No es una idea original mía. He leído artículos de opinión al respecto. Pero pienso, ¿por qué he leído reflexiones sobre el futuro de la democracia israelí pero nunca del presente de la dictadura palestina?

Resulta que las últimas elecciones presidenciales palestinas tuvieron lugar en 2005 y las últimas elecciones legislativas en 2006. Podemos comparar la situación palestina con el autogolpe de Alberto Fujimori en Perú en 1992. Pero curiosamente, nunca he leído a un periodista español usar expresiones como “dictadura palestina” o “régimen de Abás”. Así que me parece más relevante dedicarme a señalar las omisiones y tergiversaciones de la prensa española, que es un actor sobre el que mis actos pueden tener algún impacto. Es más, ¿cómo vamos a tener un debate constructivo sobre un tema si la perspectiva de los medios españoles está sesgado? Véase, por el ejemplo, el seguimiento que hace de ello Revista de Medio Oriente.

En su día dije que la cobertura informativa española sobre el conflicto palestino-israelí funciona bajo la Ley de la Tostada del periodismo español. Siempre que hay un error, es contra Israel. Así que en la revista El Medio, abordé recientemente el concepto del antisemitismo y planteé un experimento radical para detectar sesgos por parte de periodistas y activistas: “Antisemitismo e israelofobia. Un experimento”.

 

“Recordando la Nakba”: la historia que falta

Hay una cosa que me gusta de la historiografía anglosajona. Cuando alguien escribe una historia de algo, sea de la literatura polaca o de la guerra civil mozambiqueña, lo titula “una historia de”. Se le transmite así al lector la idea de que lo que tiene entre las manos, con ese artículo indeterminado, es la versión particular del autor. Y no necesariamente porque se parta de una perspectiva posmoderna de que sólo existe relatos subjetivos, parciales y particulares. Sino de la idea de que las disciplinas académicas son una empresa colectiva que avanzan con sucesivas aportaciones. Lo sabe cualquiera que hace una aproximación a un tema. Rara vez hay un libro mágico que lo explica todo. Sino que se requiere de una bibliografía en el que cada texto arroja luz sobre ciertos temas y aporta ciertos matices.

Esa prudencia y esa modestia que reflejan el humilde artículo indeterminado desaparece habitualmente en la traducción al español. Los editores prefieren títulos rotundos, del tipo tan habitual en nuestro mercado de “Historia de España”. Y cuando un periodista se embarca en dar el contexto histórico de un tema lo hace anunciando “os voy a explicar…”. Como si dijera “sostén mi cerveza, que voy”. Entonces tiemblo. Como aquella vez que Olga Rodríguez nos contó “Israel, Palestina: Cómo empezó todo” y yo me vi obligado a aportar todos esos “pequeños detalles” que se le olvidaron.

Ayer, 15 de mayo, se celebró el aniversario de la proclamación del Estado de Israel. Es la fecha que los palestinos consideran su desastre nacional, la Nakba. Y como siempre, alguien amablemente se decidió a explicárnoslo.

Y otra vez, por mucho esfuerzo que alguien pone en explicarnos el conflicto palestino-israelí de una vez por todas, se le quedan cosas por contar. Qué mala pata. Siempre igual. Siempre esos “pequeños detalles”. Los mismos. Cualquiera diría que lo hacen a posta. Pero no quiero ser mal pensado. Así que voy a hacer mi pequeña aportación al artículo de Nasim Ahmed en MonitorDeOrienteMedio.com rematando la faena.

¿Que pasó? El 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurion, jefe ejecutivo de la Organización Sionista Mundial, declaró el nacimiento del Estado de Israel. Muchos israelíes celebrran el evento como su “Día de la Independencia”. Desde entonces, el 15 de mayo ha sido recordado internacionalmente como Día de la Nakba.

Empezamos bien. ¿Por qué declaró Ben-Gurión el Estado de Israel? ¿Con qué legitimidad?  Cuando hablamos de alguna república por ahí perdida que nadie o casi nadie reconoce decimos “la autoproclamada república de”. Y es una forma de hablar extraña. Porque muchos países surgieron en su idea de una proclamación hecha por cuatro gatos. Por ejemplo, los Estados Unidos de América fueron en su momento una república proclamada por unos señores allá en Norteamérica. Israel, no. Nadie habló del “autoproclamado Estado de Israel”. Israel nació después de una votación en la Asamblea de Naciones Unidas, que tuvo lugar el 29 de noviembre de 1947 y estableció la partición en dos Estados. La propuesta salió adelante gracias a los votos de los países hispanoamericanos y de los países comunistas de Europa. Precisamente, Checoslovaquia fue el único país que aceptó venderle armamento al recién nacido Estado.

¿Y quién era Ben-Gurión en 1948? Dice Nasim Ahmed que era “jefe ejecutivo de la Organización Sionista Mundial”. La verdad, no tenía ni idea y lo tuve que buscar en la Wikipedia. Pues resulta que sí, lo era. ¿Pero qué tiene eso que ver con su papel en la proclamación del Estado de Israel?. Todo el mundo sabe que Ben-Gurión es que el hace lectura de la proclamación del Estado de Israel porque era el jefe del poder ejecutivo de la Agencia Judía, el proto-estado paralelo al Mandato Británico. Los judíos a pesar de estar bajo el poder británico había creado instituciones para convertirse en un país normal y corriente desde la hora cero.

El Día de Nakba conmemora el desplazamiento forzoso de más de la mitad de la población palestina; 750.000 palestinos fueron expulsados ​​de sus hogares y desplazados a campos de refugiados. La catástrofe más tarde se convirtió en la crisis de refugiados más larga de la historia; durando hasta la actualidad. El día también está marcado en los calendarios de las comunidades palestinas de todo el mundo en recuerdo de la brutal finalización de tres décadas de lucha por la autodeterminación en la Palestina histórica. Su derecho al autogobierno fue negado primero por los británicos y luego rechazado por el nuevo Estado israelí. Al suscribirse a la ideología sionista, el Estado israelí, con sus reivindicaciones de tierra para el pueblo judío, se posicionó en contra de acomodar a la gran mayoría de los habitantes de Palestina, que eran árabes musulmanes y cristianos.

Además de los muchos cientos de miles de palestinos que fueron forzados al exilio, más de 600 aldeas y pueblos palestinos fueron arrasados, en un esfuerzo por asegurar que los palestinos nunca regresaran a sus casas.

Se proclama el Estado de Israel. Sí. Y la población palestina es expulsada. ¿No falta algo? ¿Qué pasó con el Estado palestino? ¿Y por qué usaron la violencia los israelíes? Aquí falta hablar de la guerra. De cómo el Estado de Palestina nunca fue proclamado porque el plan de los países árabes fue invadir al Estado de Israel para destruirlo y expulsar definitivamente a su población judía. No fueron ni británicos ni israelíes quienes impidieron esa proclamación. Y quizás haya que hablar de cómo los israelíes ofrecieron la coexistencia pacífica a sus vecinos y a la población no judía que quedó dentro de sus fronteras en la propia declaración de Independencia, pero sólo comunidades minoritarias como los drusos y circasianos aceptaron vivir en paz.

El texto de la Declaración de Independencia de Israel dice:

EXHORTAMOS – aun en medio de la agresión sangrienta que es lanzada en contra nuestra desde hace meses – a los habitantes árabes del Estado de Israel a mantener la paz y participar en la construcción del Estado sobre la base de plenos derechos civiles y de una representación adecuada en todas sus instituciones provisionales y permanentes.

EXTENDEMOS nuestra mano a todos los estados vecinos y a sus pueblos en una oferta de paz y buena vecindad, y los exhortamos a establecer vínculos de cooperación y ayuda mutua con el pueblo judío soberano asentado en su tierra. El Estado de Israel está dispuesto a realizar su parte en el esfuerzo común por el progreso de todo el Medio Oriente.

El Estado de Israel se encontró con una guerra impuesta y con el mar como única retaguardia en un territorio que se dividió en dos países con unos contornos que creaban corredores fácilmente estrangulables por el otro. Así, la guerra de Independencia de Israel se convirtió en una guerra desesperada por controlar vías de comunicación y promontorios estratégicos en el que cada bando expulsó la población civil del enemigo de su retaguardia. Los judíos sufrieron masacres y expulsiones del territorio que quedaba en manos árabes. Por ejemplo, recordemos el caso de la masacre de Kfar Etzion. O recordemos como Hebrón perdió toda su población judía al ser tomada por las fuerzas de Transjordania.

La diferencia fundamental es que los judíos expulsados por las fuerzas árabes de sus hogares fueron acogidos en el Estado de Israel. Al igual que lo fueron los judíos expulsados de los países árabes de la región en la “Nakba judía” que siempre se olvida.

¿Qué pasó después? Casi un millón de palestinos han sido desplazados. Algunos han sido forzados a vivir en la miseria en el nuevo Estado de Israel. Se les impidió regresar a sus hogares, incluso a pesar de que ley marcial finalizó 20 años después, los palestinos siguieron enfrentándose a una discriminación extrema.

Hoy en día un 21% de la población del Estado de Israel es árabe. Tienen representación en el parlamento. Los hay médicos, jueces, embajadores y recientemente están alistándose más a la vez que llegando a empleos más altos en las fuerzas armadas. He mirado y los indicadores sociales no son buenos comparados con la población judía. Eso indica que aunque no haya ningún ley que les impida tener ocupaciones o puestos relevantes en la sociedad, sufren problemas estructurales que están en el fondo relacionados, como más pobreza y menor nivel de estudios que la población judía.

Si hacemos comparaciones con la población de los países árabes vecinos, salen ganando. Y hay algunos indicadores que indican que las nuevas generaciones están más integradas. Por ejemplo, un quinto de los graduados de la universidad politécnica de Technion son árabes. Eso encaja casi exactamente con su peso demográfico en el país. Se ha llegado a esas cifras porque la universidad hizo un esfuerzo consciente en atraer a estudiantes de las minorías del país. El porcentaje de  estudiantes árabes israelíes se ha triplicado en Technion en los últimos 25 años.

Curiosamente cuando a varios municipios israelíes de población árabe se les ofreció incorporarse a Cisjordania en un trueque de terrenos dentro de un plan de paz se negaron rotundamente. Lo mismo sucede con los habitantes de Jerusalén-Este, hipotética futura capital palestina, que no parecen muy entusiasmados de ser ciudadanos palestinos. Las encuestas reflejan que sus principales razones son mundanas: quieren seguir viviendo en un país democrático y tener acceso a servicios de salud de calidad.

La gran mayoría fueron obligados a entrar en Gaza, Cisjordania y los países árabes vecinos. Los palestinos vivieron en tiendas de campaña  durante años a merced de la comunidad internacional. La ONU movilizó ayuda humanitaria en ayuda a los refugiados palestinos, creando el Organismo de  Socorro de las Naciones Unidas para Refugiados Palestinos en Oriente Próximo (UNRWA) en el proceso. Adoptó la Resolución 194 que instaba a Israel a permitir a los palestinos regresar a sus hogares y compensar a los cientos de miles de refugiados por sus pérdidas, algo que Israel tampoco ha hecho hasta la fecha.

Setenta años después de la Nakba, los palestinos parecen pasar de un ciclo de opresión a otro. Siguen siendo apátridas y la inmensa mayoría continúa sufriendo bajo la ocupación militar israelí.

Los palestinos se convirtieron en refugiados principalmente porque no existió un Estado de Palestina que los acogiera. Los territorios de Gaza y Cisjordania fueron ocupados por las potencias árabes enemigas de Israel que no tuvieron ningún interés en crear el Estado de Palestina. Los palestinos que terminaron en lugares como Líbano y Siria se pudrieron durante décadas en campamentos de refugiados porque no recibieron la ciudadanía, convirtiéndose en una anomalía mundial.

En el texto posiblemente tengamos una traducción errónea. Los refugiados palestinos vivieron “gracias a” y no “a merced de” la comunidad internacional. Quedaron a merced de los gobiernos árabes de turno, que en el caso de Líbano y Jordania es presumible que temieran un cambio enorme de la composición demográfica del país concediendo la nacionalidad masivamente a la población palestina. De hecho, el asunto generó tensiones que formaron parte de las causas de la guerra civil del Líbano y causan tensiones hoy en día en Jordania.

Fijémonos que ni la guerra que comenzaron los países árabes vecinos de Israel ni los gobiernos árabes aparecen en esta historia de la Nakba. Cuando la primera es el hecho fundamental y los segundos son los responsables de buena parte de esta historia. Los gobiernos árabes ejercieron el papel de ese amigo bocazas que te dice que te va ayudar, te crea un problema mayor y luego te deja tirado.

Todo el mundo sabe que los descendientes de los palestinos que un día abandonaron sus hogares en lo que hoy es territorio internacionalmente reconocido del Estado de Israel nunca van a volver. Nadie va a dar marcha atrás más de 70 años a las manecillas del reloj. Las comunidades judías en el Norte de África y Oriente Medio tampoco volverán. Y los palestinos tendrán un día que asumir la existencia de Israel como realidad irreversible junto a su derecho a existir en paz. El día que eso ocurra, el día que organizaciones palestinas en Gaza dejen de lanzar cohetes contra núcleos de población civil israelíes, se acabará el conflicto entre palestinos e israelíes y empezaremos a hablar de las fronteras del Estado de Palestina. Ese, que en 1948 los árabes rechazaron.

40 años de la misión imposible de Entebbe

El 4 de julio de 1976 las Fuerzas de Defensa de Israel realizaron la operación militar de rescate de rehenes más audaz llevada a cabo. Cuatro aviones C-130 Hercules recorrieron 4.000 kilómetros desde Israel hasta Uganda, para aterrizar de noche en el aeropuerto de Entebbe. Una vez en tierra los comandos israelíes asaltaron la terminal donde terroristas palestinos y alemanes junto con soldados del régimen de Idi Amín custodiaban más de una centenar de rehenes.

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Foto: IDF Blog.

Cuento aquella operación en la revista El Medio: ” Entebbe: 40 años de la misión imposible”. En el artículo cuento no sólo el desarrollo de la operación, sino el contexto histórico de la ola terrorista de los años 60 y 70 en la que confluyeron el nacionalismo palestino y la ultraizquierda europea. El secuestro de aquel Airbus A300 de Air France fue uno de muchos ataques terroristas contra la aviación civil. La revista El Medio ha publicado otro artículo de Max Boot sobre aquel rescate pero enfocado a las lecciones históricas: “Entebbe: no hay que ceder”.

 

Una yihad atomizada y nihilista

No sé si la última ola de violencia contra la población judía en Israel supone una nueva Intifada. Ya hubo una ola previa de violencia en 2014 donde los atropellos fueron la principal forma de atentado que también generó preocupación por su posible deriva en una Intifada. Lo que sí podemos señalar es que la dinámica de ataques aislados es una campaña terrorista que responde perfectamente al modelo de terrorismo de lobos solitarios. Aunque se presente a los atacantes como individuos aislados y desesperados, la presente ola terrorista se da en un contexto de incitación a la violencia por parte de personalidades palestinas que nos llevaría a un largo estudio de los mensajes lanzados en los medios palestinos. Y es que esa es la esencia misma del modelo. Por un lado, hay unos líderes y predicadores que a través de los medios de comunicación lanzan las directrices. Incluso hay quienes publican material informativo de tácticas, técnicas y procedimientos para realizar ataques. Por otro lado están los individuos que recogen el mensaje y atentan. Es un modelo, por cierto, que nació con el nombre de “resistencia sin líderes” en la ultraderecha estadounidense y forma parte de los temas de la guerra en red al que me referí en “El regreso de la yihad atomizada”.

Si el terrorismo es una forma de violencia política organizada, la pregunta es ¿cuál es el objetivo político de esta campaña terrorista en Israel? Señala Gabriel Albiac que se producen pocas víctimas israelíes y que la mayoría de los atacantes terminando abatidos. Así que no hay un cálculo racional, sino la satisfacción del “placer de la venganza”. Albiac interpreta que es una ola de violencia que no hay que entender en términos  de lucha nacionalista sino religiosa. Y esa es una idea que he defendido al tratar con españoles que defendían el modelo de “paz por territorios”. Siguen entendiendo el conflicto palestino-israelí como una lucha de liberación nacional cuando se convirtió en una yihad que aspira a la destrucción del Estado de Israel y no a la creación de uno palestino que conviva en paz.

El desfase entre lo que los activistas españoles bien intencionados creen sobre el conflicto y lo que los palestinos realmente piensan es el tema de mi último artículo en la revista El Medio: “Los payasos españoles y la calle palestina”.

Las relaciones de Jordania-Israel como ejemplo

Uno de los clichés que repiten los periodistas españoles es que Israel es un país sin amigos en su entorno, con malas relaciones con el gobierno Obama y por tanto cada vez más aislado. Recientemente se han producido nuevos hitos en las relaciones entre Jordania e Israel que he contado en la revista ElMed.io y que para mí son un ejemplo de la convergencia de los intereses estratégicos de Israel y sus vecinos. A todos les interesa contener a Irán, proteger sus fronteras de los yihadistas y empujara Estados Unidos a comprometerse más en la región.

Mi último artículo para la revista ElMed.io se titula “Jordania y el ‘espléndido aislamiento’ de Israel“.