“Análisis de las relaciones de defensa entre España y países de la península arábiga” de Yago Rodríguez

Yago RodríguezYago Rodríguez, Míster X, ha publicado este libro sobre las exportaciones de defensa españolas a las monarquías árabes de la Península Arábiga, los países del Consejo de Cooperación del Golfo. Un tema aparentemente inocente pero que tiene conexiones con el actual conflicto de Yemen, en el que participan varios de esos países. Precisamente, a propósito del papel saudí, escribí hace poco en la Revista El Medio. El libro tiene tres partes. La dos primeras son un análisis general de las exportaciones españolas en el ámbito de la defensa con las monarquías árabes de la región. El autor reflexiona sobre la industria de defensa española, las relaciones con esos países y hace un análisis de los datos de las exportaciones de la industria de defensa española. Así que, ya de partida, el libro se convierte en una buena referencia para periodistas y curiosos que quieran hablar del tema sin meter mucho la pata. La tercera, la más jugosa para mí, tiene que ver con la aparición de material militar de origen en el frente de batalla de Yemen y hace un análisis desglosado de los productos de defensa españoles vendidos a cada país. Se recogen fotos de los rebeldes huzíes alrededor de vehículos BMR saudíes capturados y con armamento de origen español capturado a las fuerzas saudíes. El tema lleva inevitablemente a reflexionar sobre los criterios éticos a considerar en este tipo de exportaciones, ahora que sabemos que Arabia Saudita muestra poco respeto por la vida de los civiles en Yemen. La reflexión que hace Yago Rodríguez me parece bastante pertinente. Y está en la misma línea a la que yo hice al final de mi artículo.

El libro (98 páginas) ha sido  autoeditado por el autor vía Lulu.com y tiene los típicos pequeños fallos de este tipo de producto que una revisión entre varios pares de ojos podría solucionar. Luego tenemos lo que yo creo que es alguna confusión en el tratamiento de los datos. Mi experiencia dice que la información pública de estos temas suele ser confusa y provocar el error porque ha sido previamente tratada por un funcionario que a la hora de elaborar los informes públicos ha asignado los items a categorías preestablecidas que luego hay que descifrar. Véase el caso de “disparos de aeronaves”, que supongo quiere decir munición empleada por alguna aeronave. Probablemente, munición para el cañón de un avión. Pero que podría ser cualquier otra cosa porque el libro recoge otro lado que el informe de exportaciones habla de “munición, disparos y granadas”. En cualquier caso, no es un error del autor sino de la ambigüedad de los datos publicados por la Secretaría de Estado de Comercio, donde imagino tienen poco conocimiento de asuntos de defensa.

Creo que se trata de un trabajo muy interesante y que abre la puerta para que más miembros de la comunidad española interesada en estos temas se anime a publicar libros que no encontrarían cabida en las editoriales habituales. Espero que Yago Rodríguez se lance a escribir más libros y que esta tenga buena acogida.

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“The Edge: Is the Military Dominance of the West Coming to an End?” de Mark Urban

Mark Urban es un periodista británico, especialista en Oriente Medio y autor de libros de historia militar. Anteriormente leí y reseñé aquí el altamente recomendable Task Force Black. En este libro cambia de tercio y aborda una cuestión que concierne a la Nueva Guerra Fría, el declive militar de Occidente.

El libro parte de la enorme reducción de las fuerzas armadas europeas desde el fin de la Guerra Fría, con el ejemplo británico por delante, pero se pregunta si no se ha llegado a un punto en el que se han perdido ya demasiadas capacidades. Y que la premisa de que siempre estará ahí Estados Unidos para acudir al rescate de Europa puede que haya dejado de ser válida. La historia que cuenta de las fuerzas armadas europeas es tristemente familiar para el lector español. (Pronto trataré aquí el caso particular de España).

Urban cuestiona el lema de “más con menos” con el que se han justificado los sucesivos recortes. La idea es que unas fuerzas armadas más pequeñas alcanzarían unas mayores capacidades gracias a la tecnología avanzada. Pero los recortes han llegado también al presupuesto de municiones y al presupuesto para mantener los barcos, aviones y carros de combate. Así que la disponibilidad de estos últimos ha resultado ser reducida cuando llegó la hora de repartir tortas (Afganistán, Libia…) y el stock de bombas y misiles resultó escaso.

Por otro lado, la premisa de unas fuerzas armadas más pequeñas pero más tecnológicas se ha encontrado con el problema del desmadre presupuestario que han supuesto los sistemas de armas de última generación. Urban pone como ejemplo el caza de 5ª Generación F-22 Raptor y el bombardero invisible al radar B-2 Spirit. Destinados a sustituir a cientos de aviones construidos durante la Guerra Fría, del primero entraron en servicio 187 y del segundo 21. Urban plantea que tarde o temprano los arsenales heredados de la Guerra Fría se retiraran de servicio y Occidente se va a encontrar con pocas armas y escasos presupuestos para mantenerlas en un panorama internacional que ha cambiado, donde muchos países periféricos tienen ya sistemas avanzados, muchos de ellos vendidos por Occidente. Urban lanza la pregunta de qué pasaría si Egipto o Arabia Saudita cayeran en manos de enemigos de Occidente.

Más allá de las capacidades militares, Urban reflexiona sobre la disposición de las sociedades occidentales de apoyar el uso de la fuerza. Si el fenómeno ya había sido planteado por Edward Luttwak cuando habló de “sociedades postheroicas” allá por los 90, las intervenciones en Afganistán, Iraq y Libia han dejado a las opiniones públicas occidentales contrarias a las intervenciones armadas. Lo que tuvo consecuencias en el debate en 2013 sobre intervenir en Siria. Urban pone como contraste el caso de Rusia y su opinión pública, donde las intervenciones exteriores han supuesto un aumento de la popularidad de Vladimir Putin. Lo que lleva a la reflexión central del libro, sobre el fin del orden unipolar y la condición de híper-potencia que Estados Unidos mantuvo desde el fin de la Guerra Fría.

Sea China o Rusia, Occidente se encuentra en relación con potencias con un discurso nacionalista con toques revanchistas que tienen una concepción del uso de la fuerza diferente. Digamos, que no han llegado a la fase post-heroica (sería interesante, añado yo, el impacto de las bajas de guerra en un país con tanto hijo único como China). Sin entrar en el discurso del “choque de civilizaciones”, Urban plantea los valores distintos a Occidente con los que se maneja el resto del mundo. “El paradigma occidental parece cada vez menos relevante”, afirma Urban (pág. 120). La impotencia occidental dejará espacios vacíos que serán aprovechados por otras potencias. La reflexión que me deja el libro es pensar hasta que punto la falta de voluntad para pelear y la falta de recursos para hacerlo irá transformando la política exterior de los países occidentales.

“The Russian Civil War 1918-1922” de David Bullock

The Russian Civil War 1918-1922The Russian Civil War 1918-1922 de David Bullock es un libro de la colección Essential Histories de Osprey Publishing, editorial de sobra conocida por los aficionados a la historia militar. Con sus 134 páginas de texto y numerosas ilustraciones es una obra introductoria. Llegué a este libro por mi interés en remontarme a los orígenes de la doctrina militar soviética. Pero me he encontrado que es un libro que cuenta principalmente la perspectiva de los rusos blancos. El autor no esconde, en mi opinión, sus simpatías por ellos y se detiene a contar anécdotas espeluznantes del Terror Rojo que no sé si forman parte del folklore soviético o resulta que la realidad supera cualquier ficción. Además, en un par de ocasiones se refiere a hechos de armas protagonizadas por los rusos blancos como “una de las mayores hazañas militares de todos los tiempos”.  Considerando la disparidad de las fuerzas enfrentadas y el tamaño de los escenarios de la guerra, posiblemente no sea una hipérbole del autor. Al fin y al cabo, hablamos de una guerra poco conocida.

Leyendo el libro uno no puede dejar de pensar en los “¿y si…?”. Al hurtar al lector hasta el capítulo final ciertas claves de la guerra desde la perspectiva del bando rojo uno llega a vislumbrar varias veces una victoria de los blancos, a pesar de saber el resultado histórico de la guerra. La cuestión es que los rusos blancos operaron en frentes alejados los unos de los otros sin poder enviarse suministros o refuerzos a conveniencia. Nunca tuvieron una cadena de mando única e incuestionado. Defendían además diferentes modelos para el futuro de Rusia sin sentir simpatía por los movimientos independentistas de Finlandia y las Repúblicas Bálticas, que podrían haber sido aliados. Por último, recibieron apoyo de EE.UU., Reino Francia, Japón, etc. Pero tras la Primera Guerra Mundial ninguno de aquellos países estaba dispuesto a mantener por más tiempo un esfuerzo de guerra y sostener fuerzas movilizadas. En el bando opuesto, encontramos una cadena de mando única, clara y brutal, con la retaguardia asegurada por la Cheka. El territorio controlado por el bando rojo era continuo, con lo que pudieron desplazar dentro de él tropas y suministros a conveniencia. Además formaba el núcleo industrial y habitado del país. De tal forma, contaron con una base demográfica importante en la que reclutar tropa y peones para obras, junto con la capacidad de dotar a esas mesas con armas y suministros. Por último, no hay que olvidar el componente ideológico de entusiasmo revolucionario entre trabajadores y campesinos. Luego vendrían las hambrunas y las purgas. Pero eso es otra historia.

Tachanka
Estatua en Kajovka (Ucrania) representando una “tachanka“, carro de caballos con ametralladora Maxim, de la Guerra Civil Rusa.

La guerra civil rusa fue una guerra de transición histórica. En ella encontramos uniformes decimonónicos, cargas de caballería, trenes blindados, carros de combate de primera generación, aviación etc. Uno de los elementos fundamentales fue las largas distancias recorridas en las campañas y el uso preferente dado a la caballería. El autor no lo menciona, pero de esas experiencias personales personajes como Mijaíl Tujachevski desarrollarían la teoría de las operaciones en profundidad. Otro elemento que me parece importante, que el autor destaca, es la existencia del “bando verde”, bandoleros armados que actuaron de forma oportunista en la retaguardia de los rusos blancos junto a partisanos rojos. Encontramos aquí otro antecedente ruso, junto al de los partisanos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, de la tan de moda “guerra híbrida”. Así que seguiré indagando. Mi próximo lectura al respecto será sobre los enfrentamientos soviético-japoneses.

“Wings over Ogaden: The Ethiopian-Somali War 1978-1979” de Tom Cooper

La británica Helion & Company y la sudafricana 30º South Publishers tienen una colección de historia militar dedicada a conflictos en África después de la Segunda Guerra Mundial, Africa @War, que alcanza ya los veinte libros. Aquí reseñé títulos como Great Lakes Conflagration: The Second Congo War, 1998-2003 de Tom Cooper o Biafra: The Nigerian Civil War, 1967-1970 de Peter Baxter en busca de fuentes sobre las guerras posmodernas en África y sus precursoras.

Wings over OgadenMi última adquisición es Wings over Ogaden: The Ethiopian-Somali War 1978-1979 de Tom Cooper, autor especializado en aviación militar y fuente importante para mí sobre conflictos contemporáneos. Se trata de una guerra prácticamente convencional y me interesé por él leyendo sobre historia de Yemen, ya que la República Democrática Popular de Yemen o Yemen del Sur tuvo su pequeño papel. El desencadenante de la guerra fueron las aspiraciones de Somalia sobre la región etíope de Ogadén, de población somalí. El régimen somalí aprovechó la inestabilidad producida en Etiopía tras un golpe de estado que degeneró en el Terror Rojo y llevó al poder a la junta militar conocida como el Derg (Comité). Etiopía había sido hasta ese entonces aliada de Occidente, mientras que Somalia era aliada de la Unión Soviética. De hecho, la columna vertebral de la fuerza aérea etíope eran los F-5E Tiger II y F-5A Freedom Fighter de origen estadounidense. Sus pilotos habían recibido también formación en Estados Unidos. Sin embargo, tras el cambio político, Etiopía se acercó a la Unión Soviética. Por su parte, previamente a la guerra, el régimen somalí vio frustrados sus planes de rearme por la negativa occidental de proporcionar armas en el contexto de una animosidad regional contra otro aliado. Así que el régimen somalí se volvió hacia Moscú para dotarse de las armas que Occidente le había negado. De esta manera, en el momento del estallido de la guerra, la Unión Soviética se encontró en la difícil posición de estar en medio de una guerra entre dos aliados.

Ogadén

Según Tom Cooper, la profesionalidad de la fuerza aérea etíope era elevada con estándares de profesionalidad alta. Esa profesionalidad y la superioridad en capacidades de los F-5 etíopes frente a los MiG-21 y MiG-17 somalíes les permitió alcanzar la superioridad aérea durante la guerra y poner en jaque las líneas logísticas somalíes, muy extensas en la gran extensión de territorio etíope conquistado. La guerra alcanzó una especie de impasse ante el agotamiento de ambas partes, momento en que ambos gobiernos negociaron con Moscú la reposición de suministros y la compra de más armamento. La Unión Soviética quiso una negociación entre ambas partes que le hubiera permitido consolidar un triángulo de aliados en torno al estrecho de Bab El-Mandeb (Etiopía, Somalia y R.D.P. del Yemen), pero el régimen somalí se negó a renunciar a sus ganancias territoriales dentro de Etiopía. Finalmente, Moscú se decantó por Etiopía, que recibió así materiales, instructores y asesores soviéticos y cubanos junto con cierta ayuda material de R.D.P. del Yemen. Toda ese apoyo permitió a Etiopía lanzar varias ofensivas que hicieron retroceder la invasión somalí hasta alcanzar las fronteras iniciales. La elección soviética de Etiopía como aliado preferente en la zona llevó al régimen somalí a cortar relaciones con Moscú y alinearse con Occidente.

El libro, dado su título, se centra en la dimensión aérea de la guerra y dedica una extensión importante al nacimiento, evolución y consolidación de la fuerza aérea etíope. El autor se nutre para ello del testimonio de varios pilotos etíopes que contrasta repetidamente con las fuentes escritas disponibles sobre el tema. Hay que destacar que en un relato previo de la guerra, Cooper achacaba la excelencia de la fuerza aérea etíope a la presencia de personal israelí que en este libro se desmiente. Otro aspecto interesante de la guerra al que el libro pretende aportar luz es al papel de los asesores cubanos y soviéticos, además de la toma de decisiones del estado mayor conjunto dirigido, en teoría, del general soviético Petrov. Según Cooper, los etiopíes  terminaron por tratar de mantener al margen a Petrov y trabajaron más estrechamente con los cubanos. Aunque se le menciona brevemente, destaca el papel del general Ochoa, que llegaría a ser el jefe de la misión militar cubana en Angola y víctima de una purga castrista en 1989 (Véase al respecto Dulces guerreros cubanos de Norberto Fuentes).

Crescent of Crisis

El contexto histórico de esta guerra son los momentos previos a la llamada Segunda Guerra Fría, la fase de creciente tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la primera mitad de los años 80. La invasión soviética de Afganistán, la Revolución Iraní, el asalto a la Gran Mezquita de la Meca y el cambio de alineamiento de Etiopía convirtieron al área que lo engloba en una única región en el imaginario geopolítico de Estados Unidos. Así, en marzo de 1980, el gobierno de Carter creó la Rapid Deployment Joint Task Force (RDJTF) para actuar en la zona. Sería el germen para el nacimiento en 1983 del mando regional central (CENTCOM), que abarcaba originalmente desde Kenia a Afganistán, aproximadamente la región definida por Zbigniew Brzezinski como el “arco de crisis” y que reaparecería en su libro El Gran Tablero Mundial de 1997 como la “zona mundial de filtración de la violencia”. La lección aquí para el presente contexto es que los avances de Moscú, que aparentemente le colocan en posiciones de ventaja geoestratégica, no llevan necesariamente a victorias en el largo plazo. Y como en el caso de Estados Unidos en 1980, habrá que estar muy atentos al cambio de gobierno que sin duda traerá cambios en la política exterior.

Finalmente, como otros libros de la colección, en este encontramos muchas fotografías pero de poca calidad,algo que se perdona dado los oscuro del tema. Algo que además he notado es que, como los últimos libros de la colección, el papel ya no es satinado. Ese descenso de la calidad del papel lo achaco a problemas de la editorial, que no ha parado de retrasar una y otra vez el lanzamiento de libros sobre tan interesantes como los dedicados a Executive Outcomes, las Toyota Wars en Chad y la perspectiva de Eeben Barlow sobre la guerra en África, que tenían que haber salido en el verano de 2015.

“El nuevo Leviatán: Una historia política de la red” de Enrique Alonso

Kr01 Internet se ha convertido en un servicio etéreo y ubicuo que damos por supuesto. Pero creo que pocos conocen lo que hay en sus entrañas. Enrique Alonso, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, nos cuenta cómo se organiza y quién manda en Internet. No son cuestiones triviales y sin embargo resulta un asunto completamente oscuro para la mayoría. El libro hace un recorrido histórico desde los inicios del proyecto ARPANET. Enrique Alonso destaca cómo en el principio un grupo reducido tuvo libertad de actuación y se impuso su visión. Uno de los asuntos que me llevó a comprar el libro fue a conocer más sobre el famoso mito, que yo mismo he repetido, de que la organización distribuida de la red responde al objetivo de ser capaz de sobrevivir a un ataque nuclear. Pero Enrique Alonso da una versión alternativa. Según él, de ser verdaderamente un proyecto militar, ARPANET hubiera tenido capas y capas de seguridad. Según cuenta, simplemente se diseñó tan abierto y modular para ser capaz de conectar ordenadores muy diferentes en un proyecto que tuvo una enorme rotación de desarrolladores. Ya desde el comienzo tuvo un peso enorme las decisiones y acciones de un número limitado de personajes (Vint CerfRobert KahnJon Postel, etc.), a los que Enrique Alonso llama “gurús en la sociedad de la información” y que ejercieron una especie de liderazgo carismático.

La cuestión crucial es el crecimiento exponencial de Internet en los años 90 y cómo las instituciones que controlaban Internet crecieron a la par. Hoy la infraestructura física que constituye Internet la componen un puñado de empresas, las operadoras de nivel Tier 1 (AT&T, Sprint, Verizon, Deutsche Telekom…) y en las organizaciones que controlan Internet tienen un importante peso instituciones y empresas estadounidenses. Por no hablar, de lo que Enrique Alonso llama “agentes sistémicos”, esos proveedores de servicios en Internet como Google y Facebook, que acaparan una gran porcentaje del tráfico. Todo esto constituye una asimetría de poder en un espacio que resulta tan básico como Internet. El final del libro queda abierto, por supuesto. Lo interesante es que cualquier debate sobre el futuro de Internet pasa por conocer cómo funciona y qué implicaciones tienen los cambios, pero no parece que el funcionamiento de Internet sea un tema muy conocido. El libro es desde luego, un punto de partida. Yo por mi parte, seguiré leyendo e indagando en los orígenes de Internet y la sociedad red.

“Estado Islámico. Geopolítica del caos” de Javier Martín

Javier Martín es un periodista español autor de varios libros. Uno de ellos, Hizbulá. El brazo armado de Dios, lo reseñé aquí. Los lectores más veteranos lo recordarán. Se trata de aquel libro donde el autor nos contaba los últimos pensamientos de miembros de la organización libanesa de camino a volar por los aires y otros proezas dignas del mejor periodigno hispano. Así que ante la aparición de Estado Islámico. Geopolítica del caos me encontré con un dilema. Por un lado estaba mi propósito de leer cuanto estuviera disponible sobre el Estado Islámico. En mi biblioteca cuento ya que con seis libros sobre el tema y cuando los haya leído todos pediré unos cuantos más que han salido mientras tanto. Por otro lado estaba la huella que me había dejado la lectura de su otro libro y mi temor de estar ante uno de esos libros que no se escriben, sino se perpetran. La solución de compromiso la hallé al poder acceder a un ejemplar del libro en una biblioteca, lo que me permitió leer el libro de un tirón una tarde sin gastar un euro y así poder darles una opinión informada.

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Para hablarnos del Estado Islámico, el autor arranca en Túnez, donde actualmente reside como jefe de la oficina de EFE en el Norte de África. Luego sigue en Cisjordania para hablarnos de la ocupación israelí. Y aquí ya encontramos el truco. El libro es un repaso ligero a la situación del Gran Oriente Medio que ofrece las reflexiones del autor sobre la pugna geopolítica de Irán y Arabia Saudita, el desencanto de la Primavera Árabe y el Estado Islámico. Pero como el somero potpourri que ofrece el libro quizás no hubiera recibido la atención del público, le han plantado “Estado Islámico” en el título como reclamo comercial.

El libro tiene el toque característico del periodismo español. Por un lado, las aspiraciones literarias que hacen que el autor nunca se tome un té caliente en una terraza concurrida, sino que se trata de un cálido y humeante té en una bulliciosa terraza durante una lánguida puesta de sol. Me lo acabo de inventar pero ustedes ya se hacen a la idea. Y ya que estamos, me llama la atención cómo Javier Martín tiene por costumbre incluirse en el libro hablándonos de su trato y amistad con los personajes que aparecen por él como informadores. Así, lo mismo cita al misterioso agente secreto “Jules” como a un amigo suyo iraní de paso por Madrid. Esa mezcla de fuentes nos lleva a ese otro toque característico del periodismo español y es la falta de bagaje bibliográfico. En el texto aparece mencionado Charles Lister y pocos nombre más.

Cuando el autor entra en materia se vuelve interesante porque aporta datos novedosos de la estructura interna del Estado Islámico, su financiación y el uso que hacen sus miembros de redes sociales pero no aparece la fuente por ningún lado. Y creo que es evidente que no se trata de datos productos de una investigación personal del autor. No hubiera estado de más notas o bibliografía.

Otra cosa que me chirrió bastante es que el autor se apuntara a la teoría conspiranoica de que Abu Bakr al-Baghdadi, el “califa Ibrahim”, se hubiera convertido en un agente doble al servicio de Estados Unidos a su paso por una prisión iraquí. Luego expone la lista de altos cargos del Estado Islámico, copada por antiguos militares del régimen de Saddam Hussein, pero el autor no ve ahí en cambio una conexión que ha estado explicand Kyle Orton en su blog.

En definitiva, un libro que encantará a los fans del #periodigno y a los periodistas españoles. Pero que no aportará al lector realmente interesado en el tema más de lo que puede hacer una selección cuidadosa de artículos gratuitos disponibles en Internet.

“ISIS: Inside The Army of Terror” de Michael Weiss y Hassan Hassan

Este es el tercer libro el Estado Islámico que reseño aquí, después de los libros de Patrick Cockburn y Loretta Napoleoni. Empecé a leerlo con la sensación de que me iba a encontrar más de lo mismo. Al fin y la cabo, no hay muchas formas diferentes de contar la misma historia. Pero cada libro aporta una perspectiva diferente. El de Cockburn es un libro con observaciones sobre el terreno en Iraq que cuenta cómo se desplomó el ejército iraquí y cómo el Estado Islámico es respaldado por la población sunní de Iraq. El libro de Napoleoni se nutre de las investigaciones y reflexiones de la autora sobre la financiación de los actores no estatales y aporta una perspectiva interesante sobre el funcionamiento del Estado Islámico como cuasi estado. El libro de Michael Weiss y Hassan Hassan por su parte me ha resultado bastante interesante porque profundiza bastante en el origen y crecimiento del grupo en el contexto de los conflicto iraquí y sirio además de aportar informaciones novedosas sobre el papel de algunos actores de la región.

isis-9781941393574_lgISIS: Inside The Army of Terror arranca con la historia de Abu Musab al-Zarqawi, sus idas y venidas por la región hasta liderar un grupo brutal que terminó subordinado a Al Qaeda. En esta fase de la historia son importantes varias cosas. Una es el efecto insospechado que trajo el intento de islamización del régimen de Saddam Hussein en su búsqueda de legitimidad y de infiltrar a la disidencia islamista. El resultado fue que muchos de los agentes infiltrados terminaron convertidos en sinceros activistas islamistas, con el resultado de un importante trasvase de altos cargos del régimen del partido Baaz a la insurgencia yihadista tras la caída del régimen. La cuestión me había parecido anecdótica al leer sobre cómo Izzat Ibrahim al-Duri, el “pelirrojo”, era miembro del grupo insurgente Ejército de los Hombres de la Orden de Naqshbandiyya , que toma su nombre de una cofradía sufí. Pero el asunto bastante hondura, como demuestra Kyle Orton en su blog. En el libro se ofrece una recopilación de nombres importantes  del regímen iraquí que terminaron en las filas yihadistas. La insurgencia iraquí aprovechó además los arsenales, pisos francos y medios preparados para que las milicias organizadas por el régimen, los Fedayines de Saddam, pudieran hacer frente a posibles revueltas dentro del país.

Otra cuestión que me pareció interesante es cómo Al Qaeda en Iraq terminó abandonando su nombre  al integrarse en la coalición del Estado Islámico de Iraq para darle una apariencia local a una insurgencia yihadista llena de extranjeros. La cesión frente a otros fue sólo aparente, porque el grupo creado por Al Zarqawi terminó liderando el Estado Islámico de Iraq. El asunto del nombre me parece relevante porque el Estado Islámico se lo ha cambiado un montón de veces. Y ahora circulan por ahí artículos que hablan de él como un grupo surgido en la guerra de Siria, cuando la realidad es que el grupo apareció a finales de los 90 en Jordania y hay una continuidad histórica entre Monoteísmo y Yihad fundado por Abu Musab Al Zarqawi y el Califato proclamado por Abu Bakr al-Bagdadi.

La novedad de este libro, en mi opinión, es el repaso que hace del papel poco conocido de Siria e Irán en la postguerra iraquí. Por un lado, los autores nos cuentan la omnipresente mano de Irán en el país para consolidar la hegemonía de la población chií, que recordemos constituyen la mayoría demográfica del país. También hay referencias a cierta complicidad de Irán con Al Qaeda, al permitir el tránsito por su territorio de militantes de Afganistán a Iraq, tras la invasión estadounidense. Por no hablar del I+D iraní detrás de los IEDs empleados por la insurgencia iraquí (y afgana, añado yo).

Hay una referencia a la batalla del 4 de abril de 2004 en Nayaf, donde se encontraba la base Al Andalus española. Según Weiss y Hassan:

The Battle of Najaf in August 2004 was essentially a proxy war between the United States and Iran’s elite foreign intelligence and military apparatus, the Revolutionary Guards Corps-Quds Force (IRGC-QF), coordinated on the Iraqi side by an Iranian operative named Sheikh Ansari, who US intelligence concluded was embedded with the Mahdy Army in Najaf and was helping it conduct its combat operations.

Nada de esto aparece, por su puesto, en las versiones españolas de los sucesos de aquel día, un clamoroso fallo de la inteligencia militar española. Que los relatos españoles de la Batalla de Nayaf no hagan nunca referencia al contexto político de Iraq refleja la total desconexión con la realidad de políticos y mandos militares. Pero ese es otro tema del que ya he hablado aquí en otras ocasiones.

La supremacía política de los chiíes y la proliferación de escuadrones de la muerte a la sombra de las fuerzas de seguridad acentuó la polarización sectaria del país con resultados que llegan hasta la fecha. Recordemos que Patrick Cockburn en su libro cuenta que el Estado Islámico disfruta en Iraq con respaldo social entre la población sunní por la percepción generalizada de que era un baluarte frente a los sucesivos gobierno chiíes.

Hubo un momento en el que el fanatismo demostrado por Al Qaeda en Iraq en aquellos territorios donde ejercía su control o su influencia que empujó a líderes tribales sunníes a hacer las paces con las fuerzas de ocupación estadounidenses y aliarse con ellas para derrotar a los yihadistas. Peor aún, los yihadistas trataron de subvertir el orden tradicional tribal y apropiarse del negocio de contrabando que el régimen de Saddam Hussein había permitido que las tribus sunníes controlaran. Fue esa alianza uno de los pilares del “surge” liderado por el general Petraeus y que puso a Al Qaeda en Iraq contra las cuerdas.

La gran cuestión es qué pasó tras la retirada estadounidense de Iraq. En su momento me pregunté qué sería de los Son of Iraq, las fuerzas tribales que se enfrentaron a Al Qaeda en Iraq, tras la retirada militar de Estados Unidos de 2011. Weiss y Hassan lo cuentan. Fueron perseguidas y debilitadas por el gobierno iraquí, permitiendo que el el Estado Islámico de Iraq resurgiera de sus cenizas en el triángulo sunní. La persecución de los líderes de las milicias sunníes por parte del gobierno iraquí y el asesinato de sus miembros por parte de los yihadistas lograron desarticular para siempre a las fuerzas tribales enemigas del Estado Islámico de Iraq.

El otro factor permitió que en 2011 el Estado Islámico de Iraq campara por sus anchas en Iraq fue el comienzo de la guerra civil en Siria. A pesar de que los apologetas del régimen de Bashar al-Assad lo quieran presentar como un bastión contra el yihadismo, Siria se convirtió en la retaguardia de la insurgencia yihadista iraquí mientras las autoridades del régimen miraban para otra parte.

Nadie parece recordarlo, pero las fuerzas especiales de Estados Unidos lanzaron un raid en el interior de Siria en 2008. Según Weiss y Hassan, el régimen sirio usó la insurgencia como un factor de desestabilización de Iraq que le permitiera tener un as en la manga en sus contactos con Estados Unidos y así convertirse en un interlocutor necesario ante Estados Unidos. En plena ola de protestas contra el régimen, al-Assad decretó en mayo de 2011 una amnistía. Se abrieron las puertas de la cárcel para yihadistas pero no para disidentes. Los liberados engrosaron las filas de la sucursal siria de Al Qaeda, Jahbat al-Nusra. Al-Assad pudo presentar así la guerra civil como un episodio más de la lucha contra la yihad global.

Más adelante, las fuerzas del régimen procurarían no atacar al Estado Islámico, más preocupado en adeñuarse del territorio liberado por los grupos rebeldes e islamizar la retaguardia. Allí donde el Estado Islámica lanzaba una ofensiva contra los grupos rebeldes, caían las bombas de la aviación siria. La supervivencia del régimen pasa por el debilitamiento de los grupos rebeldes para que la guerra civil siria se reduzca a una lucha final entre al-Assad y el Estado Islámico. En tal caso, Occidente sería el interesado en la victoria del régimen de al-Assad.

Tan pronto comenzó en 2011 la guerra contra el régimen de al-Assad, el Estado Islámico de Iraq comenzó la toma del poder en la región oriental de Siria. El libro aporta detalles de la infiltración del Estado Islámico entre las filas rebeldes sirias. Allí donde se hizo con el poder procuró proporcionar los servicios de un Estado, asunto sobre lo que Loretta Napoleoni centró su libro sobre el Estados Islámico.  La novedad del libro de Weiss y Hassan es su explicación de cómo el Estado Islámico mantiene su control mediante una combinación de violencia y mano izquierda con las tribus iraquíes y sirias. Esto es, el Estado Islámico mantiene ahora políticas de control social más sofisticadas que las aplicadas en los tiempos de al-Zarqawi y Al Qaeda en Iraq. El libro también profundiza en la ruptura con Al Qaeda y su franquicia local, Jahbat al-Nusra. Lo que es conveniente recordarlo para aquellos que se empeñan en presentar a los grupos enfrentados al régimen sirio como un bloque monolítico. La fractura no tiene visos de ser cerrada y habré que estar atentos a su evolución.

Este es sin duda el libro más denso de los cuatro que he leído sobre el Estado Islámico. Me parece novedosa la perspectiva que aportan sobre la transformación de Al Qaeda en Iraq en el Estado Islámico de Iraq, así como el papel de Siria e Irán en la violencia durante la ocupación estadounidense de Iraq. El relato de cómo el Estado Islámico de Iraq se hizo fuerte en Siria, infiltrándose en los dominios de los rebeldes sirios y logrando la lealtad de ciertas tribus, también me parece una novedad. Los autores cuentan que lograron realizar entrevistas a miembros y simpatizantes del Estado Islámico, lo que se nota en la profundidad de su descripción del funcionamiento interno. El único vacío del libro es que no trata el papel de Turquía en el conflicto sirio y las aportaciones de Qatar al Estado Islámico, algo que bien señala Ninos Youkhana. Es un libro muy bien documentado y bastante interesante que recomiendo a quien quiera aterrizar en el tema.