“The Battle of Cuito Cuanavale” de Leopold Schultz

Descubrí los foros de temas militares en el verano de 2000. Y recuerdo de aquellos tiempos que un tema que generaba enormes debates fue la batalla de Cuito Cuanavale, una de las últimas batallas de la guerra de Angola. La versión cubana es que allí se había logrado una gran victoria frente a las fuerzas sudafricanas, lo que había precipitado el fin del “apartheid”. Una rápida búsqueda en Internet nos lleva a artículos como “Cuito Cuanavale: batalla que terminó con el Apartheid”, del procastrista profesor  estadounidense Piero Gleijeses. O a encontrar en la entrada sobre aquella batalla en la enciclopedia cubana EcuRed cosas como:

En Cuito Cuanavale la Revolución Cubana se jugó todo, se jugó su propia existencia, se arriesgó a una batalla en gran escala contra una de las potencias más fuertes de las ubicadas en la zona del Tercer Mundo, contra una de las potencias más ricas, con un importante desarrollo industrial y tecnológico, armada hasta los dientes, a esa distancia de nuestro pequeño país y con nuestros recursos, con nuestras armas.

La versión sudafricana, sobra decir, era diametralmente opuesta. Y lo que me llamó la atención fue cómo de unos hechos que tuvieron lugar a finales de los años 80 y cuyos protagonistas todavía están vivos se tengan versiones tan dispares. Así que la batalla de Cuito Cuanavale es una especie de mito histórico del que no había forma de saber qué pasó.

The Battle of Cuito CuanavaleLa editorial británica Helion Books, de la que aquí ya he reseñado unos cuantos libros, ha sacado dentro de la colección Africa@War el libro The Battle of Cuito Cuanavale: Cold War Angolan Finale 1987-1988 de Leopold Scholtz. Para el que no conoce la colección, se trata de libros en formato DIN A4 con letra pequeña y muchas fotos que cubren temas por lo general desconocidos. En este caso, el autor es un historiador sudafricano reconocido que trata de ofrecer una mirada desapasionada al tema. Ofrece aquí un resumen de su libro The South African Defence Forces in the Border War 1966-1989, que tengo desde ya en la lista de pendientes. Mi interés por el tema surge porque los sudafricanos condensaron las lecciones de la contra insurgencia portuguesa en Angola y rodesiana (del que escribí un artículo: “El legado de la contra insurgencia rodesiana“) en su lucha contra la guerrilla del SWAPO en Namibia. Los sudafricanos desarrollaron sistemas de armas autóctonos y originales para aquella guerra junto con una doctrina de guerra altamente móvil sobre blindados de rueda en “columnas volantes” a la que quiero dedicarle un futuro artículo que forme parte de mi serie sobre guerras africanas.

La participación sudafricana en la guerra de Angola surge, según el autor, de la necesidad de negarle al SWAPO namibio un santuario en el país vecino. Como parte de esa estrategia, el gobierno sudafricano apoyó a la guerrilla UNITA angoleña contra el gobierno comunista de Angola. El autor argumenta que nunca se tuvo la intención de implicarse en una guerra total en Angola para derrocar al gobierno comunista porque el gobierno sudafricano nunca tuvo intención de dejarse arrastrar a una guerra que dañara aún más la situación delicada del país, sometido a un embargo internacional en contra del apartheid. Esa tesis está sustentada en documentos oficiales pero me queda la duda si no fue resultado de la resignación sudafricana ante las limitadas capacidades de los combatientes de UNITA y los propios recursos limitados del país. Es decir, una vez asumida su incapacidad para lograr sus grandes objetivos estratégicos, los sudafricanos se fijaron otros menos ambiciosos y por tanto pueden afirmar que nunca perdieron la guerra de Angola porque nunca se plantearon ganarla. Como nota curiosa, añado, una vez acabada la Guerra Fría el antiguo gobierno comunista de Angola requirió el servicio de una empresa militar privada sudafricana para derrotar a UNITA. Podría ser esa una prueba de la relación instrumental sudafricana con UNITA.

La implicación sudafricana en Angola, por tanto, se entiende aquí como una necesidad impuesta por la lucha contra las guerrillas namibias, que tenían allí sus bases. Las sucesivas incursiones sirvieron para empujar esas bases lo más al norte posible. De paso, ayudar a UNITA servía para negarle territorio fronterizo al SWAPO e impedir la consolidación del poder del gobierno comunista de Luanda  sobre todo el territorio, lo que se temía generaría un efecto dominó sobre Namibia, territorio en manos de Sudáfrica desde el fin de la Primera Guerra Mundial.

Ratel 90 en primer plano con varios Ratel 20 detrás
Ratel 90 en primer plano con varios Ratel 20 detrás.

Así, en el año 1987 los sudafricanos se lanzaron más allá de la frontera entre Namibia y Angola con objetivos y medios limitados para frenar una gran ofensiva gubernamental contra UNITA. Me llamó la atención el recuento de fuerzas hecho por el autor, unos pocos batallones, lo que contrasta con las dimensiones épicas dadas a aquella campaña. En la primera fase de la ofensiva sudafricana se emplearon las habituales tácticas de guerra de maniobra, aprovechando la movilidad de los vehículos Ratel y la primacía de la artillería sudafricana en el campo de batalla.

Una brigada creada ad hoc fue capaz de derrotar a cuatro brigadas angoleñas en torno al río Lomba. En ese momento a los sudafricanos se les planteó el dilema de cómo explotar el éxito. Los defensores de la guerra de maniobra defendía una cabalgada para atacar las fuerzas angoleñas en profundidad, pero fue desestimada por temor a terminar enredados en un frente amplio y por el imperativo político de mantener el conflicto lo más limitado posible. No en vano, las incursiones sudafricanas en Angola solían ser rápidas y contundentes, tratando de negar su presencia allí. El plan elegido fue un ataque frontal con fuerzas mecanizadas que tardaron en llegar al frente de batalla.

Asesor soviético en Angola
Asesor soviético en Angola

Cuando los sudafricanos avanzaron se encontraron con los angoleños en posiciones defensivas bien preparadas con abundantes campos de minas y sus comandantes dirigiendo la batalla de forma competente gracias a los asesores cubanos y soviéticos. Tres ataques sudafricanos fueron incapaces de romper las defensas enemigas, reforzadas además con la llegada de tropas cubanas. Con el objetivo cumplido de haber frenado la ofensiva gubernamental contra UNITA, los sudafricanos se retiraron a Namibia  y se prepararon para un posible avance cubano hacia la frontera que nunca tuvo lugar. El régimen cubano declaró haber logrado una gran victoria impidiendo a los sudafricanos haber alcanzado la localidad de Cuito Cuanavale, lo que dio nombre a la batalla, e inmediatamente accedió a negociaciones de paz, que condujeron a la retirada de Angola de las fuerza combatientes de terceros países. Con el fin de la Guerra Fría y el apartheid nació la leyenda de haber sido la batalla decisiva que cambió la historia de Sudáfrica.

En las conclusiones Leopold Scholtz describe a Fidel Castro como un gran estratega y un genio de la propaganda, que supo aprovechar una situación ambigua para construir una narrativa de victoria militar. También reflexiona cómo el alto mando sudafricano eligió a los comandantes y las tácticas equivocadas para la batalla. Y es que, una vez, encontramos una historia en la que militares que llevan demasiado tiempo volcados en operaciones de contra insurgencia fallan en operaciones convencionales.  El autor especula que el resultado hubiera sido diferente si se hubiera puesto al frente a los expertos en guerra de maniobra sudafricanos, que por cuestiones de burocracia militar fueron enviados a otros destinos tras haber logrado éxitos iniciales en el río Lomba. Eso sí, niega la narrativa cubana de una gran victoria y cómo en el fondo cada bando logró los objetivos que buscaba. Los cubanos lograron desentenderse de la guerra de Angola con una salida honrosa y los sudafricanos lograron frenar una ofensiva contundente contra UNITA, pero el viento de la historia barrió la región. Namibia se convirtió en un país independiente y el fin de la Guerra Fría acabó con el apartheid y las ideas comunistas de sus enemigos en Sudáfrica, Namibia y Angola.

Foto:
Gral De Vries. Foto: sadf.info

Un nombre propio destaca en el relato de Leopold Scholtz, el del entones coronel De Vries. Volcó sus ideas sobre guerra de maniobra en el libro Mobiele Oorlogvoering. ‘n Perspektief vir Suider-Afrika, publicado en 1987, lo que da idea de la cantidad de joyas que hay publicadas en idiomas “exóticos” como el afrikaner o el hebreo. Y es autor de unas memorias, Eye of the Storm. Strength Lies in Mobility, sobre las guerras en las que participó. Otro libro que he añadido a mi lista de pendientes. De Vries participó en el diseño del vehículo blindado Ratel. Mi intención es escribir en el futuro sobre las tácticas sudafricanas en Namibia, como parte de mi serie de artículos sobre guerras africanas. Hasta ahora he cubierto las tácticas contra insurgencia de Rodesia y el empleo francés del concepto “batalla aeroterrestre en profundidad” la Operación Serval. Me quedan por cubrir las “Toyota Wars” en Chad en los años 80 y  las “columnas volantes” sudafricanas en Namibia.

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“Winter is coming” de Garry Kaspárov

Winter is ComingAcabo de terminar de leer el libro Winter is Coming de Kaspárov, el que fuera campeón mundial de ajedrez. El título toma, evidentemente, el lema de la casa Stark de Canción de Hielo y Fuego. Pero, más que una advertencia de lo que nos espera en la Nueva Guerra Fría, se trata de un repaso de cómo hemos llegado hasta aquí desde el punto de vista personal del autor. El libro no es una obra académica ni lo pretende, poniendo su fortaleza en el hecho de que Kaspárov es ruso y ha sido un activista destacado en favor de la democracia en Rusia. Es un libro que se basa en buena parte en las experiencias del autor como ciudadano y activista, empeñándose en señalar que en Occidente se ha interpretado mal la realidad del país.

El libro arranca con un recorrido de cómo la democracia en Rusia se fue a la mierda. Y después de ver su visión me he quedado con ganas de más. Porque los relatos al uso se centran en el auge de Putin como la figura providencial que recogió los temores y frustraciones de la población rusa para instalarse en la cúspide del poder. Kaspárov no tiene palabras amables para Gorbachov, al que caracteriza como un personaje oscuro que hizo todo lo posible para aferrarse al poder, incluyendo liberar fuerzas que luego no controló. Kaspárov no le perdona la inacción de los servicios de seguridad soviéticos durante el progromo contra los armenios en Bakú en 1990.

Sin duda, el relato más interesante es el de los años de Yeltsin. Kaspárov reconoce que él mismo apoyó a Yeltsin como la opción menos mala frente al involucionismo de los comunistas. Pero critica especialmente a Occidente porque en la segunda mitad de los noventa miró para otro lado ante las violaciones de los derechos humanos en Chechenia y ante la contribución rusa al programa nuclear iraní. Kaspárov afirma que deberíamos revisar esos años para desmontar la actual narrativa victimista rusa porque Occidente apoyó económicamente a Rusia vía las instituciones internacionales y, por ejemplo, dejó en manos rusas el envío de fuerzas de paz a Asia Central. Supongo que se refiere a la intervención rusa en la guerra civil de Tayikistán. Kaspárov nunca lo menciona, pero creo que el comportamiento occidental se explica en la existencia de un cierto consenso sobre que Rusia era “too big to fail”. Considerando especialmente que se trataba de un país con armas nucleares, Occidente procuró contribuir a sostener los pilares del Estado ruso mientras en los primeros tiempos de la post Guerra Fría los Estado-Nación ex-comunistas saltaban por los aires en el Cáucaso, Asia Central y los Balcanes.

dt-common-streams-streamserverEl libro tiene una marcada segunda parte donde se recogen los años de Putin. El repaso a las carencias del régimen ruso en materia de libertades públicas y derechos políticos no nos toma por sorpresa a estas alturas. Véase los tres libros que reseñé en “Tríptico Ruso”. Tampoco nos pilla por sorpresa el relato de cómo el gobierno de Putin encarceló a los empresarios que osaron no seguir la línea oficial para además desmantelar sus empresas. Lo novedoso para mí del libro es que repasa las relaciones de Occidente con el Kremlin. Kaspárov presenta cómo algunos líderes occidentales pecaron de ingenuos, pensando que evitando confrontar las acciones del Kremlin estaban permitiendo que el sistema ruso se reformara. Por ejemplo, contrasta lo que personajes como George W. Bush y Condoleezza Rice dijeron mientras ocuparon cargos públicos y lo que contaron luego en sus memorias haciendo balance. Caso aparte es el de líderes como Silvio Berlusconi y Nicolas Sarkozy que nunca dudaron en hacer negocios con el Kremlin. Quien especialmente no queda nada bien retratados son Barack Obama y la Unión Europea, cuyas palabras vacías y gestos débiles quedan mal parados ante las sucesivas acciones del Kremlin.

La lectura del libro refuerza una idea que mantuve desde que empecé a escribir sobre la Nueva Guerra Fría. Que un país con el PIB de Italia desafíe a Occidente sólo es el resultado de la ineptitud y la inacción de Occidente. Kaspárov añadiría “cobardía” a esa lista. Del libro surge como un reaganita, añorando los tiempos en que el presidente de los Estados Unidos hablaba de promover la democracia y la libertad (algo que en los años no se aplicaba a los ciudadanos de dictaduras aliadas de Washington). Y añora que promover y defender valores haya desaparecido de la agenda política de los líderes occidentales. En cambio, todos estos años de diálogo y negocios con Rusia no ha contribuido a transformar Rusia un ápice. En esto habría que extender, añado yo, la reflexión a las relaciones de Occidente con las petromonarquías.

Me parece interesante la idea de Kaspárov de cómo Occidente ha interpretado al Kremlin a través de un reflejo de sí mismo, creyendo que el régimen de Putin responde a los mismos valores y estímulos. Kaspárov corrige diciendo que el Kremlin sólo habla el lenguaje del poder y que habría que presionarle donde más le duele: yendo a por la riqueza que el círculo del poder ruso tiene en Occidente y apoyando al gobierno de Kiev a derrotar a las fuerzas rusas en Ucrania. Siempre he pensado que si oficialmente no hay tropas rusas en Ucrania, ¿qué habría argumentando Putin en contra de la cesión de cientos de misiles Javelin al ejército ucraniano? Los libros del futuro no juzgarán benévolamente al presidente Obama, me temo.

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“Campo de guerra” de Sergio González Rodríguez

Campo de Guerra

Ayer me leí Campo de Guerra, Premio Anagrama de Ensayo 2014, en un solo día. Y me quedé perplejo. El libro es como un artículo de Le Monde Diplomatique estirado como un chicle y combinado con farfolla posmoderna en el que se van mencionando temas de modas como si el autor, el periodista mexicano Sergio González Rodríguez, hubiera seguido una checklist. El libro trata sobre la situación actual de México. Su tesis principal es que la violencia en el país es el resultado de un plan orquestado por Estados Unidos para desestabilizar al vecino del sur y tener así una excusa con la que extender los tentáculos de sus fuerzas armadas, su aparato de seguridad y sus empresas militares privadas con el propósito de someter a México a un situación colonial como proveedor de mano de obra barata, energía y recursos naturales. De heho, el autor llama al Tratado de Libre Comercio que firmó México con EE.UU. y Canadá “megaplan de absorción de México a EE.UU” (pág. 48). En el libro se van despachando frases lapidarias como “la CIA de EE.UU. mantiene nexos con organizaciones criminales para incrementar la desestabilización en México bajo una lógica paramilitar” (pág. 23) en la que una nota nos informa que la fuente de tal información es “un asesor de inteligencia oficial” desde el anonimato. Más adelante (pág. 24) nos dice que el propósito de EE.UU. es desestabilizar México para tener un campo de entrenamiento real para sus fuerzas armadas en la lucha contrainsurgente.

El libro me deja la sensación de que el autor buscaba impactar el lector con ideas provocadoras hilvanando temas y conceptos de actualidad con un discurso posmoderno. Acompañando una ilustración del libro (pág. 84) encontramos, por ejemplo, el siguiente párrafo:

El aplanamiento del espacio y los territorios alcanza una gran sofisticación: los grupos criminales irrumpen, trazan una nueva lisuraen el terreno, incluso en orografías agrestes, al unir puntos estratégicos con sus propios medios de comunicación, desdeñan los límites entre lo legal y lo ilegal y arrasan con las divisiones reales y simbólicas de lo público y privado.

Pero bajo esa apariencia de análisis posmoderno de las narrativas, discursos y significados no hay más que el viejo discurso tercermundista que uno encuentra en Hispanoamérica. Creo que el tema hubiera requerido otro enfoque. Porque los trapos sucios de Estados Unidos que seguro hay en la lucha contra el narcotráfico y su relación con México hubieran requerido un trabajo de periodismo de investigación con nombres, datos y testimonios.

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“Análisis de las relaciones de defensa entre España y países de la península arábiga” de Yago Rodríguez

Yago RodríguezYago Rodríguez, Míster X, ha publicado este libro sobre las exportaciones de defensa españolas a las monarquías árabes de la Península Arábiga, los países del Consejo de Cooperación del Golfo. Un tema aparentemente inocente pero que tiene conexiones con el actual conflicto de Yemen, en el que participan varios de esos países. Precisamente, a propósito del papel saudí, escribí hace poco en la Revista El Medio. El libro tiene tres partes. La dos primeras son un análisis general de las exportaciones españolas en el ámbito de la defensa con las monarquías árabes de la región. El autor reflexiona sobre la industria de defensa española, las relaciones con esos países y hace un análisis de los datos de las exportaciones de la industria de defensa española. Así que, ya de partida, el libro se convierte en una buena referencia para periodistas y curiosos que quieran hablar del tema sin meter mucho la pata. La tercera, la más jugosa para mí, tiene que ver con la aparición de material militar de origen en el frente de batalla de Yemen y hace un análisis desglosado de los productos de defensa españoles vendidos a cada país. Se recogen fotos de los rebeldes huzíes alrededor de vehículos BMR saudíes capturados y con armamento de origen español capturado a las fuerzas saudíes. El tema lleva inevitablemente a reflexionar sobre los criterios éticos a considerar en este tipo de exportaciones, ahora que sabemos que Arabia Saudita muestra poco respeto por la vida de los civiles en Yemen. La reflexión que hace Yago Rodríguez me parece bastante pertinente. Y está en la misma línea a la que yo hice al final de mi artículo.

El libro (98 páginas) ha sido  autoeditado por el autor vía Lulu.com y tiene los típicos pequeños fallos de este tipo de producto que una revisión entre varios pares de ojos podría solucionar. Luego tenemos lo que yo creo que es alguna confusión en el tratamiento de los datos. Mi experiencia dice que la información pública de estos temas suele ser confusa y provocar el error porque ha sido previamente tratada por un funcionario que a la hora de elaborar los informes públicos ha asignado los items a categorías preestablecidas que luego hay que descifrar. Véase el caso de “disparos de aeronaves”, que supongo quiere decir munición empleada por alguna aeronave. Probablemente, munición para el cañón de un avión. Pero que podría ser cualquier otra cosa porque el libro recoge otro lado que el informe de exportaciones habla de “munición, disparos y granadas”. En cualquier caso, no es un error del autor sino de la ambigüedad de los datos publicados por la Secretaría de Estado de Comercio, donde imagino tienen poco conocimiento de asuntos de defensa.

Creo que se trata de un trabajo muy interesante y que abre la puerta para que más miembros de la comunidad española interesada en estos temas se anime a publicar libros que no encontrarían cabida en las editoriales habituales. Espero que Yago Rodríguez se lance a escribir más libros y que esta tenga buena acogida.

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“The Edge: Is the Military Dominance of the West Coming to an End?” de Mark Urban

Mark Urban es un periodista británico, especialista en Oriente Medio y autor de libros de historia militar. Anteriormente leí y reseñé aquí el altamente recomendable Task Force Black. En este libro cambia de tercio y aborda una cuestión que concierne a la Nueva Guerra Fría, el declive militar de Occidente.

El libro parte de la enorme reducción de las fuerzas armadas europeas desde el fin de la Guerra Fría, con el ejemplo británico por delante, pero se pregunta si no se ha llegado a un punto en el que se han perdido ya demasiadas capacidades. Y que la premisa de que siempre estará ahí Estados Unidos para acudir al rescate de Europa puede que haya dejado de ser válida. La historia que cuenta de las fuerzas armadas europeas es tristemente familiar para el lector español. (Pronto trataré aquí el caso particular de España).

Urban cuestiona el lema de “más con menos” con el que se han justificado los sucesivos recortes. La idea es que unas fuerzas armadas más pequeñas alcanzarían unas mayores capacidades gracias a la tecnología avanzada. Pero los recortes han llegado también al presupuesto de municiones y al presupuesto para mantener los barcos, aviones y carros de combate. Así que la disponibilidad de estos últimos ha resultado ser reducida cuando llegó la hora de repartir tortas (Afganistán, Libia…) y el stock de bombas y misiles resultó escaso.

Por otro lado, la premisa de unas fuerzas armadas más pequeñas pero más tecnológicas se ha encontrado con el problema del desmadre presupuestario que han supuesto los sistemas de armas de última generación. Urban pone como ejemplo el caza de 5ª Generación F-22 Raptor y el bombardero invisible al radar B-2 Spirit. Destinados a sustituir a cientos de aviones construidos durante la Guerra Fría, del primero entraron en servicio 187 y del segundo 21. Urban plantea que tarde o temprano los arsenales heredados de la Guerra Fría se retiraran de servicio y Occidente se va a encontrar con pocas armas y escasos presupuestos para mantenerlas en un panorama internacional que ha cambiado, donde muchos países periféricos tienen ya sistemas avanzados, muchos de ellos vendidos por Occidente. Urban lanza la pregunta de qué pasaría si Egipto o Arabia Saudita cayeran en manos de enemigos de Occidente.

Más allá de las capacidades militares, Urban reflexiona sobre la disposición de las sociedades occidentales de apoyar el uso de la fuerza. Si el fenómeno ya había sido planteado por Edward Luttwak cuando habló de “sociedades postheroicas” allá por los 90, las intervenciones en Afganistán, Iraq y Libia han dejado a las opiniones públicas occidentales contrarias a las intervenciones armadas. Lo que tuvo consecuencias en el debate en 2013 sobre intervenir en Siria. Urban pone como contraste el caso de Rusia y su opinión pública, donde las intervenciones exteriores han supuesto un aumento de la popularidad de Vladimir Putin. Lo que lleva a la reflexión central del libro, sobre el fin del orden unipolar y la condición de híper-potencia que Estados Unidos mantuvo desde el fin de la Guerra Fría.

Sea China o Rusia, Occidente se encuentra en relación con potencias con un discurso nacionalista con toques revanchistas que tienen una concepción del uso de la fuerza diferente. Digamos, que no han llegado a la fase post-heroica (sería interesante, añado yo, el impacto de las bajas de guerra en un país con tanto hijo único como China). Sin entrar en el discurso del “choque de civilizaciones”, Urban plantea los valores distintos a Occidente con los que se maneja el resto del mundo. “El paradigma occidental parece cada vez menos relevante”, afirma Urban (pág. 120). La impotencia occidental dejará espacios vacíos que serán aprovechados por otras potencias. La reflexión que me deja el libro es pensar hasta que punto la falta de voluntad para pelear y la falta de recursos para hacerlo irá transformando la política exterior de los países occidentales.

“The Russian Civil War 1918-1922” de David Bullock

The Russian Civil War 1918-1922The Russian Civil War 1918-1922 de David Bullock es un libro de la colección Essential Histories de Osprey Publishing, editorial de sobra conocida por los aficionados a la historia militar. Con sus 134 páginas de texto y numerosas ilustraciones es una obra introductoria. Llegué a este libro por mi interés en remontarme a los orígenes de la doctrina militar soviética. Pero me he encontrado que es un libro que cuenta principalmente la perspectiva de los rusos blancos. El autor no esconde, en mi opinión, sus simpatías por ellos y se detiene a contar anécdotas espeluznantes del Terror Rojo que no sé si forman parte del folklore soviético o resulta que la realidad supera cualquier ficción. Además, en un par de ocasiones se refiere a hechos de armas protagonizadas por los rusos blancos como “una de las mayores hazañas militares de todos los tiempos”.  Considerando la disparidad de las fuerzas enfrentadas y el tamaño de los escenarios de la guerra, posiblemente no sea una hipérbole del autor. Al fin y al cabo, hablamos de una guerra poco conocida.

Leyendo el libro uno no puede dejar de pensar en los “¿y si…?”. Al hurtar al lector hasta el capítulo final ciertas claves de la guerra desde la perspectiva del bando rojo uno llega a vislumbrar varias veces una victoria de los blancos, a pesar de saber el resultado histórico de la guerra. La cuestión es que los rusos blancos operaron en frentes alejados los unos de los otros sin poder enviarse suministros o refuerzos a conveniencia. Nunca tuvieron una cadena de mando única e incuestionado. Defendían además diferentes modelos para el futuro de Rusia sin sentir simpatía por los movimientos independentistas de Finlandia y las Repúblicas Bálticas, que podrían haber sido aliados. Por último, recibieron apoyo de EE.UU., Reino Francia, Japón, etc. Pero tras la Primera Guerra Mundial ninguno de aquellos países estaba dispuesto a mantener por más tiempo un esfuerzo de guerra y sostener fuerzas movilizadas. En el bando opuesto, encontramos una cadena de mando única, clara y brutal, con la retaguardia asegurada por la Cheka. El territorio controlado por el bando rojo era continuo, con lo que pudieron desplazar dentro de él tropas y suministros a conveniencia. Además formaba el núcleo industrial y habitado del país. De tal forma, contaron con una base demográfica importante en la que reclutar tropa y peones para obras, junto con la capacidad de dotar a esas mesas con armas y suministros. Por último, no hay que olvidar el componente ideológico de entusiasmo revolucionario entre trabajadores y campesinos. Luego vendrían las hambrunas y las purgas. Pero eso es otra historia.

Tachanka
Estatua en Kajovka (Ucrania) representando una “tachanka“, carro de caballos con ametralladora Maxim, de la Guerra Civil Rusa.

La guerra civil rusa fue una guerra de transición histórica. En ella encontramos uniformes decimonónicos, cargas de caballería, trenes blindados, carros de combate de primera generación, aviación etc. Uno de los elementos fundamentales fue las largas distancias recorridas en las campañas y el uso preferente dado a la caballería. El autor no lo menciona, pero de esas experiencias personales personajes como Mijaíl Tujachevski desarrollarían la teoría de las operaciones en profundidad. Otro elemento que me parece importante, que el autor destaca, es la existencia del “bando verde”, bandoleros armados que actuaron de forma oportunista en la retaguardia de los rusos blancos junto a partisanos rojos. Encontramos aquí otro antecedente ruso, junto al de los partisanos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, de la tan de moda “guerra híbrida”. Así que seguiré indagando. Mi próximo lectura al respecto será sobre los enfrentamientos soviético-japoneses.

“Wings over Ogaden: The Ethiopian-Somali War 1978-1979” de Tom Cooper

La británica Helion & Company y la sudafricana 30º South Publishers tienen una colección de historia militar dedicada a conflictos en África después de la Segunda Guerra Mundial, Africa @War, que alcanza ya los veinte libros. Aquí reseñé títulos como Great Lakes Conflagration: The Second Congo War, 1998-2003 de Tom Cooper o Biafra: The Nigerian Civil War, 1967-1970 de Peter Baxter en busca de fuentes sobre las guerras posmodernas en África y sus precursoras.

Wings over OgadenMi última adquisición es Wings over Ogaden: The Ethiopian-Somali War 1978-1979 de Tom Cooper, autor especializado en aviación militar y fuente importante para mí sobre conflictos contemporáneos. Se trata de una guerra prácticamente convencional y me interesé por él leyendo sobre historia de Yemen, ya que la República Democrática Popular de Yemen o Yemen del Sur tuvo su pequeño papel. El desencadenante de la guerra fueron las aspiraciones de Somalia sobre la región etíope de Ogadén, de población somalí. El régimen somalí aprovechó la inestabilidad producida en Etiopía tras un golpe de estado que degeneró en el Terror Rojo y llevó al poder a la junta militar conocida como el Derg (Comité). Etiopía había sido hasta ese entonces aliada de Occidente, mientras que Somalia era aliada de la Unión Soviética. De hecho, la columna vertebral de la fuerza aérea etíope eran los F-5E Tiger II y F-5A Freedom Fighter de origen estadounidense. Sus pilotos habían recibido también formación en Estados Unidos. Sin embargo, tras el cambio político, Etiopía se acercó a la Unión Soviética. Por su parte, previamente a la guerra, el régimen somalí vio frustrados sus planes de rearme por la negativa occidental de proporcionar armas en el contexto de una animosidad regional contra otro aliado. Así que el régimen somalí se volvió hacia Moscú para dotarse de las armas que Occidente le había negado. De esta manera, en el momento del estallido de la guerra, la Unión Soviética se encontró en la difícil posición de estar en medio de una guerra entre dos aliados.

Ogadén

Según Tom Cooper, la profesionalidad de la fuerza aérea etíope era elevada con estándares de profesionalidad alta. Esa profesionalidad y la superioridad en capacidades de los F-5 etíopes frente a los MiG-21 y MiG-17 somalíes les permitió alcanzar la superioridad aérea durante la guerra y poner en jaque las líneas logísticas somalíes, muy extensas en la gran extensión de territorio etíope conquistado. La guerra alcanzó una especie de impasse ante el agotamiento de ambas partes, momento en que ambos gobiernos negociaron con Moscú la reposición de suministros y la compra de más armamento. La Unión Soviética quiso una negociación entre ambas partes que le hubiera permitido consolidar un triángulo de aliados en torno al estrecho de Bab El-Mandeb (Etiopía, Somalia y R.D.P. del Yemen), pero el régimen somalí se negó a renunciar a sus ganancias territoriales dentro de Etiopía. Finalmente, Moscú se decantó por Etiopía, que recibió así materiales, instructores y asesores soviéticos y cubanos junto con cierta ayuda material de R.D.P. del Yemen. Toda ese apoyo permitió a Etiopía lanzar varias ofensivas que hicieron retroceder la invasión somalí hasta alcanzar las fronteras iniciales. La elección soviética de Etiopía como aliado preferente en la zona llevó al régimen somalí a cortar relaciones con Moscú y alinearse con Occidente.

El libro, dado su título, se centra en la dimensión aérea de la guerra y dedica una extensión importante al nacimiento, evolución y consolidación de la fuerza aérea etíope. El autor se nutre para ello del testimonio de varios pilotos etíopes que contrasta repetidamente con las fuentes escritas disponibles sobre el tema. Hay que destacar que en un relato previo de la guerra, Cooper achacaba la excelencia de la fuerza aérea etíope a la presencia de personal israelí que en este libro se desmiente. Otro aspecto interesante de la guerra al que el libro pretende aportar luz es al papel de los asesores cubanos y soviéticos, además de la toma de decisiones del estado mayor conjunto dirigido, en teoría, del general soviético Petrov. Según Cooper, los etiopíes  terminaron por tratar de mantener al margen a Petrov y trabajaron más estrechamente con los cubanos. Aunque se le menciona brevemente, destaca el papel del general Ochoa, que llegaría a ser el jefe de la misión militar cubana en Angola y víctima de una purga castrista en 1989 (Véase al respecto Dulces guerreros cubanos de Norberto Fuentes).

Crescent of Crisis

El contexto histórico de esta guerra son los momentos previos a la llamada Segunda Guerra Fría, la fase de creciente tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la primera mitad de los años 80. La invasión soviética de Afganistán, la Revolución Iraní, el asalto a la Gran Mezquita de la Meca y el cambio de alineamiento de Etiopía convirtieron al área que lo engloba en una única región en el imaginario geopolítico de Estados Unidos. Así, en marzo de 1980, el gobierno de Carter creó la Rapid Deployment Joint Task Force (RDJTF) para actuar en la zona. Sería el germen para el nacimiento en 1983 del mando regional central (CENTCOM), que abarcaba originalmente desde Kenia a Afganistán, aproximadamente la región definida por Zbigniew Brzezinski como el “arco de crisis” y que reaparecería en su libro El Gran Tablero Mundial de 1997 como la “zona mundial de filtración de la violencia”. La lección aquí para el presente contexto es que los avances de Moscú, que aparentemente le colocan en posiciones de ventaja geoestratégica, no llevan necesariamente a victorias en el largo plazo. Y como en el caso de Estados Unidos en 1980, habrá que estar muy atentos al cambio de gobierno que sin duda traerá cambios en la política exterior.

Finalmente, como otros libros de la colección, en este encontramos muchas fotografías pero de poca calidad,algo que se perdona dado los oscuro del tema. Algo que además he notado es que, como los últimos libros de la colección, el papel ya no es satinado. Ese descenso de la calidad del papel lo achaco a problemas de la editorial, que no ha parado de retrasar una y otra vez el lanzamiento de libros sobre tan interesantes como los dedicados a Executive Outcomes, las Toyota Wars en Chad y la perspectiva de Eeben Barlow sobre la guerra en África, que tenían que haber salido en el verano de 2015.