“The Edge: Is the Military Dominance of the West Coming to an End?” de Mark Urban

Mark Urban es un periodista británico, especialista en Oriente Medio y autor de libros de historia militar. Anteriormente leí y reseñé aquí el altamente recomendable Task Force Black. En este libro cambia de tercio y aborda una cuestión que concierne a la Nueva Guerra Fría, el declive militar de Occidente.

El libro parte de la enorme reducción de las fuerzas armadas europeas desde el fin de la Guerra Fría, con el ejemplo británico por delante, pero se pregunta si no se ha llegado a un punto en el que se han perdido ya demasiadas capacidades. Y que la premisa de que siempre estará ahí Estados Unidos para acudir al rescate de Europa puede que haya dejado de ser válida. La historia que cuenta de las fuerzas armadas europeas es tristemente familiar para el lector español. (Pronto trataré aquí el caso particular de España).

Urban cuestiona el lema de “más con menos” con el que se han justificado los sucesivos recortes. La idea es que unas fuerzas armadas más pequeñas alcanzarían unas mayores capacidades gracias a la tecnología avanzada. Pero los recortes han llegado también al presupuesto de municiones y al presupuesto para mantener los barcos, aviones y carros de combate. Así que la disponibilidad de estos últimos ha resultado ser reducida cuando llegó la hora de repartir tortas (Afganistán, Libia…) y el stock de bombas y misiles resultó escaso.

Por otro lado, la premisa de unas fuerzas armadas más pequeñas pero más tecnológicas se ha encontrado con el problema del desmadre presupuestario que han supuesto los sistemas de armas de última generación. Urban pone como ejemplo el caza de 5ª Generación F-22 Raptor y el bombardero invisible al radar B-2 Spirit. Destinados a sustituir a cientos de aviones construidos durante la Guerra Fría, del primero entraron en servicio 187 y del segundo 21. Urban plantea que tarde o temprano los arsenales heredados de la Guerra Fría se retiraran de servicio y Occidente se va a encontrar con pocas armas y escasos presupuestos para mantenerlas en un panorama internacional que ha cambiado, donde muchos países periféricos tienen ya sistemas avanzados, muchos de ellos vendidos por Occidente. Urban lanza la pregunta de qué pasaría si Egipto o Arabia Saudita cayeran en manos de enemigos de Occidente.

Más allá de las capacidades militares, Urban reflexiona sobre la disposición de las sociedades occidentales de apoyar el uso de la fuerza. Si el fenómeno ya había sido planteado por Edward Luttwak cuando habló de “sociedades postheroicas” allá por los 90, las intervenciones en Afganistán, Iraq y Libia han dejado a las opiniones públicas occidentales contrarias a las intervenciones armadas. Lo que tuvo consecuencias en el debate en 2013 sobre intervenir en Siria. Urban pone como contraste el caso de Rusia y su opinión pública, donde las intervenciones exteriores han supuesto un aumento de la popularidad de Vladimir Putin. Lo que lleva a la reflexión central del libro, sobre el fin del orden unipolar y la condición de híper-potencia que Estados Unidos mantuvo desde el fin de la Guerra Fría.

Sea China o Rusia, Occidente se encuentra en relación con potencias con un discurso nacionalista con toques revanchistas que tienen una concepción del uso de la fuerza diferente. Digamos, que no han llegado a la fase post-heroica (sería interesante, añado yo, el impacto de las bajas de guerra en un país con tanto hijo único como China). Sin entrar en el discurso del “choque de civilizaciones”, Urban plantea los valores distintos a Occidente con los que se maneja el resto del mundo. “El paradigma occidental parece cada vez menos relevante”, afirma Urban (pág. 120). La impotencia occidental dejará espacios vacíos que serán aprovechados por otras potencias. La reflexión que me deja el libro es pensar hasta que punto la falta de voluntad para pelear y la falta de recursos para hacerlo irá transformando la política exterior de los países occidentales.

“The Russian Civil War 1918-1922” de David Bullock

The Russian Civil War 1918-1922The Russian Civil War 1918-1922 de David Bullock es un libro de la colección Essential Histories de Osprey Publishing, editorial de sobra conocida por los aficionados a la historia militar. Con sus 134 páginas de texto y numerosas ilustraciones es una obra introductoria. Llegué a este libro por mi interés en remontarme a los orígenes de la doctrina militar soviética. Pero me he encontrado que es un libro que cuenta principalmente la perspectiva de los rusos blancos. El autor no esconde, en mi opinión, sus simpatías por ellos y se detiene a contar anécdotas espeluznantes del Terror Rojo que no sé si forman parte del folklore soviético o resulta que la realidad supera cualquier ficción. Además, en un par de ocasiones se refiere a hechos de armas protagonizadas por los rusos blancos como “una de las mayores hazañas militares de todos los tiempos”.  Considerando la disparidad de las fuerzas enfrentadas y el tamaño de los escenarios de la guerra, posiblemente no sea una hipérbole del autor. Al fin y al cabo, hablamos de una guerra poco conocida.

Leyendo el libro uno no puede dejar de pensar en los “¿y si…?”. Al hurtar al lector hasta el capítulo final ciertas claves de la guerra desde la perspectiva del bando rojo uno llega a vislumbrar varias veces una victoria de los blancos, a pesar de saber el resultado histórico de la guerra. La cuestión es que los rusos blancos operaron en frentes alejados los unos de los otros sin poder enviarse suministros o refuerzos a conveniencia. Nunca tuvieron una cadena de mando única e incuestionado. Defendían además diferentes modelos para el futuro de Rusia sin sentir simpatía por los movimientos independentistas de Finlandia y las Repúblicas Bálticas, que podrían haber sido aliados. Por último, recibieron apoyo de EE.UU., Reino Francia, Japón, etc. Pero tras la Primera Guerra Mundial ninguno de aquellos países estaba dispuesto a mantener por más tiempo un esfuerzo de guerra y sostener fuerzas movilizadas. En el bando opuesto, encontramos una cadena de mando única, clara y brutal, con la retaguardia asegurada por la Cheka. El territorio controlado por el bando rojo era continuo, con lo que pudieron desplazar dentro de él tropas y suministros a conveniencia. Además formaba el núcleo industrial y habitado del país. De tal forma, contaron con una base demográfica importante en la que reclutar tropa y peones para obras, junto con la capacidad de dotar a esas mesas con armas y suministros. Por último, no hay que olvidar el componente ideológico de entusiasmo revolucionario entre trabajadores y campesinos. Luego vendrían las hambrunas y las purgas. Pero eso es otra historia.

Tachanka

Estatua en Kajovka (Ucrania) representando una “tachanka“, carro de caballos con ametralladora Maxim, de la Guerra Civil Rusa.

La guerra civil rusa fue una guerra de transición histórica. En ella encontramos uniformes decimonónicos, cargas de caballería, trenes blindados, carros de combate de primera generación, aviación etc. Uno de los elementos fundamentales fue las largas distancias recorridas en las campañas y el uso preferente dado a la caballería. El autor no lo menciona, pero de esas experiencias personales personajes como Mijaíl Tujachevski desarrollarían la teoría de las operaciones en profundidad. Otro elemento que me parece importante, que el autor destaca, es la existencia del “bando verde”, bandoleros armados que actuaron de forma oportunista en la retaguardia de los rusos blancos junto a partisanos rojos. Encontramos aquí otro antecedente ruso, junto al de los partisanos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, de la tan de moda “guerra híbrida”. Así que seguiré indagando. Mi próximo lectura al respecto será sobre los enfrentamientos soviético-japoneses.

“Wings over Ogaden: The Ethiopian-Somali War 1978-1979” de Tom Cooper

La británica Helion & Company y la sudafricana 30º South Publishers tienen una colección de historia militar dedicada a conflictos en África después de la Segunda Guerra Mundial, Africa @War, que alcanza ya los veinte libros. Aquí reseñé títulos como Great Lakes Conflagration: The Second Congo War, 1998-2003 de Tom Cooper o Biafra: The Nigerian Civil War, 1967-1970 de Peter Baxter en busca de fuentes sobre las guerras posmodernas en África y sus precursoras.

Wings over OgadenMi última adquisición es Wings over Ogaden: The Ethiopian-Somali War 1978-1979 de Tom Cooper, autor especializado en aviación militar y fuente importante para mí sobre conflictos contemporáneos. Se trata de una guerra prácticamente convencional y me interesé por él leyendo sobre historia de Yemen, ya que la República Democrática Popular de Yemen o Yemen del Sur tuvo su pequeño papel. El desencadenante de la guerra fueron las aspiraciones de Somalia sobre la región etíope de Ogadén, de población somalí. El régimen somalí aprovechó la inestabilidad producida en Etiopía tras un golpe de estado que degeneró en el Terror Rojo y llevó al poder a la junta militar conocida como el Derg (Comité). Etiopía había sido hasta ese entonces aliada de Occidente, mientras que Somalia era aliada de la Unión Soviética. De hecho, la columna vertebral de la fuerza aérea etíope eran los F-5E Tiger II y F-5A Freedom Fighter de origen estadounidense. Sus pilotos habían recibido también formación en Estados Unidos. Sin embargo, tras el cambio político, Etiopía se acercó a la Unión Soviética. Por su parte, previamente a la guerra, el régimen somalí vio frustrados sus planes de rearme por la negativa occidental de proporcionar armas en el contexto de una animosidad regional contra otro aliado. Así que el régimen somalí se volvió hacia Moscú para dotarse de las armas que Occidente le había negado. De esta manera, en el momento del estallido de la guerra, la Unión Soviética se encontró en la difícil posición de estar en medio de una guerra entre dos aliados.

Ogadén

Según Tom Cooper, la profesionalidad de la fuerza aérea etíope era elevada con estándares de profesionalidad alta. Esa profesionalidad y la superioridad en capacidades de los F-5 etíopes frente a los MiG-21 y MiG-17 somalíes les permitió alcanzar la superioridad aérea durante la guerra y poner en jaque las líneas logísticas somalíes, muy extensas en la gran extensión de territorio etíope conquistado. La guerra alcanzó una especie de impasse ante el agotamiento de ambas partes, momento en que ambos gobiernos negociaron con Moscú la reposición de suministros y la compra de más armamento. La Unión Soviética quiso una negociación entre ambas partes que le hubiera permitido consolidar un triángulo de aliados en torno al estrecho de Bab El-Mandeb (Etiopía, Somalia y R.D.P. del Yemen), pero el régimen somalí se negó a renunciar a sus ganancias territoriales dentro de Etiopía. Finalmente, Moscú se decantó por Etiopía, que recibió así materiales, instructores y asesores soviéticos y cubanos junto con cierta ayuda material de R.D.P. del Yemen. Toda ese apoyo permitió a Etiopía lanzar varias ofensivas que hicieron retroceder la invasión somalí hasta alcanzar las fronteras iniciales. La elección soviética de Etiopía como aliado preferente en la zona llevó al régimen somalí a cortar relaciones con Moscú y alinearse con Occidente.

El libro, dado su título, se centra en la dimensión aérea de la guerra y dedica una extensión importante al nacimiento, evolución y consolidación de la fuerza aérea etíope. El autor se nutre para ello del testimonio de varios pilotos etíopes que contrasta repetidamente con las fuentes escritas disponibles sobre el tema. Hay que destacar que en un relato previo de la guerra, Cooper achacaba la excelencia de la fuerza aérea etíope a la presencia de personal israelí que en este libro se desmiente. Otro aspecto interesante de la guerra al que el libro pretende aportar luz es al papel de los asesores cubanos y soviéticos, además de la toma de decisiones del estado mayor conjunto dirigido, en teoría, del general soviético Petrov. Según Cooper, los etiopíes  terminaron por tratar de mantener al margen a Petrov y trabajaron más estrechamente con los cubanos. Aunque se le menciona brevemente, destaca el papel del general Ochoa, que llegaría a ser el jefe de la misión militar cubana en Angola y víctima de una purga castrista en 1989 (Véase al respecto Dulces guerreros cubanos de Norberto Fuentes).

Crescent of Crisis

El contexto histórico de esta guerra son los momentos previos a la llamada Segunda Guerra Fría, la fase de creciente tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la primera mitad de los años 80. La invasión soviética de Afganistán, la Revolución Iraní, el asalto a la Gran Mezquita de la Meca y el cambio de alineamiento de Etiopía convirtieron al área que lo engloba en una única región en el imaginario geopolítico de Estados Unidos. Así, en marzo de 1980, el gobierno de Carter creó la Rapid Deployment Joint Task Force (RDJTF) para actuar en la zona. Sería el germen para el nacimiento en 1983 del mando regional central (CENTCOM), que abarcaba originalmente desde Kenia a Afganistán, aproximadamente la región definida por Zbigniew Brzezinski como el “arco de crisis” y que reaparecería en su libro El Gran Tablero Mundial de 1997 como la “zona mundial de filtración de la violencia”. La lección aquí para el presente contexto es que los avances de Moscú, que aparentemente le colocan en posiciones de ventaja geoestratégica, no llevan necesariamente a victorias en el largo plazo. Y como en el caso de Estados Unidos en 1980, habrá que estar muy atentos al cambio de gobierno que sin duda traerá cambios en la política exterior.

Finalmente, como otros libros de la colección, en este encontramos muchas fotografías pero de poca calidad,algo que se perdona dado los oscuro del tema. Algo que además he notado es que, como los últimos libros de la colección, el papel ya no es satinado. Ese descenso de la calidad del papel lo achaco a problemas de la editorial, que no ha parado de retrasar una y otra vez el lanzamiento de libros sobre tan interesantes como los dedicados a Executive Outcomes, las Toyota Wars en Chad y la perspectiva de Eeben Barlow sobre la guerra en África, que tenían que haber salido en el verano de 2015.

“El nuevo Leviatán: Una historia política de la red” de Enrique Alonso

Kr01 Internet se ha convertido en un servicio etéreo y ubicuo que damos por supuesto. Pero creo que pocos conocen lo que hay en sus entrañas. Enrique Alonso, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, nos cuenta cómo se organiza y quién manda en Internet. No son cuestiones triviales y sin embargo resulta un asunto completamente oscuro para la mayoría. El libro hace un recorrido histórico desde los inicios del proyecto ARPANET. Enrique Alonso destaca cómo en el principio un grupo reducido tuvo libertad de actuación y se impuso su visión. Uno de los asuntos que me llevó a comprar el libro fue a conocer más sobre el famoso mito, que yo mismo he repetido, de que la organización distribuida de la red responde al objetivo de ser capaz de sobrevivir a un ataque nuclear. Pero Enrique Alonso da una versión alternativa. Según él, de ser verdaderamente un proyecto militar, ARPANET hubiera tenido capas y capas de seguridad. Según cuenta, simplemente se diseñó tan abierto y modular para ser capaz de conectar ordenadores muy diferentes en un proyecto que tuvo una enorme rotación de desarrolladores. Ya desde el comienzo tuvo un peso enorme las decisiones y acciones de un número limitado de personajes (Vint CerfRobert KahnJon Postel, etc.), a los que Enrique Alonso llama “gurús en la sociedad de la información” y que ejercieron una especie de liderazgo carismático.

La cuestión crucial es el crecimiento exponencial de Internet en los años 90 y cómo las instituciones que controlaban Internet crecieron a la par. Hoy la infraestructura física que constituye Internet la componen un puñado de empresas, las operadoras de nivel Tier 1 (AT&T, Sprint, Verizon, Deutsche Telekom…) y en las organizaciones que controlan Internet tienen un importante peso instituciones y empresas estadounidenses. Por no hablar, de lo que Enrique Alonso llama “agentes sistémicos”, esos proveedores de servicios en Internet como Google y Facebook, que acaparan una gran porcentaje del tráfico. Todo esto constituye una asimetría de poder en un espacio que resulta tan básico como Internet. El final del libro queda abierto, por supuesto. Lo interesante es que cualquier debate sobre el futuro de Internet pasa por conocer cómo funciona y qué implicaciones tienen los cambios, pero no parece que el funcionamiento de Internet sea un tema muy conocido. El libro es desde luego, un punto de partida. Yo por mi parte, seguiré leyendo e indagando en los orígenes de Internet y la sociedad red.

“Estado Islámico. Geopolítica del caos” de Javier Martín

Javier Martín es un periodista español autor de varios libros. Uno de ellos, Hizbulá. El brazo armado de Dios, lo reseñé aquí. Los lectores más veteranos lo recordarán. Se trata de aquel libro donde el autor nos contaba los últimos pensamientos de miembros de la organización libanesa de camino a volar por los aires y otros proezas dignas del mejor periodigno hispano. Así que ante la aparición de Estado Islámico. Geopolítica del caos me encontré con un dilema. Por un lado estaba mi propósito de leer cuanto estuviera disponible sobre el Estado Islámico. En mi biblioteca cuento ya que con seis libros sobre el tema y cuando los haya leído todos pediré unos cuantos más que han salido mientras tanto. Por otro lado estaba la huella que me había dejado la lectura de su otro libro y mi temor de estar ante uno de esos libros que no se escriben, sino se perpetran. La solución de compromiso la hallé al poder acceder a un ejemplar del libro en una biblioteca, lo que me permitió leer el libro de un tirón una tarde sin gastar un euro y así poder darles una opinión informada.

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Para hablarnos del Estado Islámico, el autor arranca en Túnez, donde actualmente reside como jefe de la oficina de EFE en el Norte de África. Luego sigue en Cisjordania para hablarnos de la ocupación israelí. Y aquí ya encontramos el truco. El libro es un repaso ligero a la situación del Gran Oriente Medio que ofrece las reflexiones del autor sobre la pugna geopolítica de Irán y Arabia Saudita, el desencanto de la Primavera Árabe y el Estado Islámico. Pero como el somero potpourri que ofrece el libro quizás no hubiera recibido la atención del público, le han plantado “Estado Islámico” en el título como reclamo comercial.

El libro tiene el toque característico del periodismo español. Por un lado, las aspiraciones literarias que hacen que el autor nunca se tome un té caliente en una terraza concurrida, sino que se trata de un cálido y humeante té en una bulliciosa terraza durante una lánguida puesta de sol. Me lo acabo de inventar pero ustedes ya se hacen a la idea. Y ya que estamos, me llama la atención cómo Javier Martín tiene por costumbre incluirse en el libro hablándonos de su trato y amistad con los personajes que aparecen por él como informadores. Así, lo mismo cita al misterioso agente secreto “Jules” como a un amigo suyo iraní de paso por Madrid. Esa mezcla de fuentes nos lleva a ese otro toque característico del periodismo español y es la falta de bagaje bibliográfico. En el texto aparece mencionado Charles Lister y pocos nombre más.

Cuando el autor entra en materia se vuelve interesante porque aporta datos novedosos de la estructura interna del Estado Islámico, su financiación y el uso que hacen sus miembros de redes sociales pero no aparece la fuente por ningún lado. Y creo que es evidente que no se trata de datos productos de una investigación personal del autor. No hubiera estado de más notas o bibliografía.

Otra cosa que me chirrió bastante es que el autor se apuntara a la teoría conspiranoica de que Abu Bakr al-Baghdadi, el “califa Ibrahim”, se hubiera convertido en un agente doble al servicio de Estados Unidos a su paso por una prisión iraquí. Luego expone la lista de altos cargos del Estado Islámico, copada por antiguos militares del régimen de Saddam Hussein, pero el autor no ve ahí en cambio una conexión que ha estado explicand Kyle Orton en su blog.

En definitiva, un libro que encantará a los fans del #periodigno y a los periodistas españoles. Pero que no aportará al lector realmente interesado en el tema más de lo que puede hacer una selección cuidadosa de artículos gratuitos disponibles en Internet.

“ISIS: Inside The Army of Terror” de Michael Weiss y Hassan Hassan

Este es el tercer libro el Estado Islámico que reseño aquí, después de los libros de Patrick Cockburn y Loretta Napoleoni. Empecé a leerlo con la sensación de que me iba a encontrar más de lo mismo. Al fin y la cabo, no hay muchas formas diferentes de contar la misma historia. Pero cada libro aporta una perspectiva diferente. El de Cockburn es un libro con observaciones sobre el terreno en Iraq que cuenta cómo se desplomó el ejército iraquí y cómo el Estado Islámico es respaldado por la población sunní de Iraq. El libro de Napoleoni se nutre de las investigaciones y reflexiones de la autora sobre la financiación de los actores no estatales y aporta una perspectiva interesante sobre el funcionamiento del Estado Islámico como cuasi estado. El libro de Michael Weiss y Hassan Hassan por su parte me ha resultado bastante interesante porque profundiza bastante en el origen y crecimiento del grupo en el contexto de los conflicto iraquí y sirio además de aportar informaciones novedosas sobre el papel de algunos actores de la región.

isis-9781941393574_lgISIS: Inside The Army of Terror arranca con la historia de Abu Musab al-Zarqawi, sus idas y venidas por la región hasta liderar un grupo brutal que terminó subordinado a Al Qaeda. En esta fase de la historia son importantes varias cosas. Una es el efecto insospechado que trajo el intento de islamización del régimen de Saddam Hussein en su búsqueda de legitimidad y de infiltrar a la disidencia islamista. El resultado fue que muchos de los agentes infiltrados terminaron convertidos en sinceros activistas islamistas, con el resultado de un importante trasvase de altos cargos del régimen del partido Baaz a la insurgencia yihadista tras la caída del régimen. La cuestión me había parecido anecdótica al leer sobre cómo Izzat Ibrahim al-Duri, el “pelirrojo”, era miembro del grupo insurgente Ejército de los Hombres de la Orden de Naqshbandiyya , que toma su nombre de una cofradía sufí. Pero el asunto bastante hondura, como demuestra Kyle Orton en su blog. En el libro se ofrece una recopilación de nombres importantes  del regímen iraquí que terminaron en las filas yihadistas. La insurgencia iraquí aprovechó además los arsenales, pisos francos y medios preparados para que las milicias organizadas por el régimen, los Fedayines de Saddam, pudieran hacer frente a posibles revueltas dentro del país.

Otra cuestión que me pareció interesante es cómo Al Qaeda en Iraq terminó abandonando su nombre  al integrarse en la coalición del Estado Islámico de Iraq para darle una apariencia local a una insurgencia yihadista llena de extranjeros. La cesión frente a otros fue sólo aparente, porque el grupo creado por Al Zarqawi terminó liderando el Estado Islámico de Iraq. El asunto del nombre me parece relevante porque el Estado Islámico se lo ha cambiado un montón de veces. Y ahora circulan por ahí artículos que hablan de él como un grupo surgido en la guerra de Siria, cuando la realidad es que el grupo apareció a finales de los 90 en Jordania y hay una continuidad histórica entre Monoteísmo y Yihad fundado por Abu Musab Al Zarqawi y el Califato proclamado por Abu Bakr al-Bagdadi.

La novedad de este libro, en mi opinión, es el repaso que hace del papel poco conocido de Siria e Irán en la postguerra iraquí. Por un lado, los autores nos cuentan la omnipresente mano de Irán en el país para consolidar la hegemonía de la población chií, que recordemos constituyen la mayoría demográfica del país. También hay referencias a cierta complicidad de Irán con Al Qaeda, al permitir el tránsito por su territorio de militantes de Afganistán a Iraq, tras la invasión estadounidense. Por no hablar del I+D iraní detrás de los IEDs empleados por la insurgencia iraquí (y afgana, añado yo).

Hay una referencia a la batalla del 4 de abril de 2004 en Nayaf, donde se encontraba la base Al Andalus española. Según Weiss y Hassan:

The Battle of Najaf in August 2004 was essentially a proxy war between the United States and Iran’s elite foreign intelligence and military apparatus, the Revolutionary Guards Corps-Quds Force (IRGC-QF), coordinated on the Iraqi side by an Iranian operative named Sheikh Ansari, who US intelligence concluded was embedded with the Mahdy Army in Najaf and was helping it conduct its combat operations.

Nada de esto aparece, por su puesto, en las versiones españolas de los sucesos de aquel día, un clamoroso fallo de la inteligencia militar española. Que los relatos españoles de la Batalla de Nayaf no hagan nunca referencia al contexto político de Iraq refleja la total desconexión con la realidad de políticos y mandos militares. Pero ese es otro tema del que ya he hablado aquí en otras ocasiones.

La supremacía política de los chiíes y la proliferación de escuadrones de la muerte a la sombra de las fuerzas de seguridad acentuó la polarización sectaria del país con resultados que llegan hasta la fecha. Recordemos que Patrick Cockburn en su libro cuenta que el Estado Islámico disfruta en Iraq con respaldo social entre la población sunní por la percepción generalizada de que era un baluarte frente a los sucesivos gobierno chiíes.

Hubo un momento en el que el fanatismo demostrado por Al Qaeda en Iraq en aquellos territorios donde ejercía su control o su influencia que empujó a líderes tribales sunníes a hacer las paces con las fuerzas de ocupación estadounidenses y aliarse con ellas para derrotar a los yihadistas. Peor aún, los yihadistas trataron de subvertir el orden tradicional tribal y apropiarse del negocio de contrabando que el régimen de Saddam Hussein había permitido que las tribus sunníes controlaran. Fue esa alianza uno de los pilares del “surge” liderado por el general Petraeus y que puso a Al Qaeda en Iraq contra las cuerdas.

La gran cuestión es qué pasó tras la retirada estadounidense de Iraq. En su momento me pregunté qué sería de los Son of Iraq, las fuerzas tribales que se enfrentaron a Al Qaeda en Iraq, tras la retirada militar de Estados Unidos de 2011. Weiss y Hassan lo cuentan. Fueron perseguidas y debilitadas por el gobierno iraquí, permitiendo que el el Estado Islámico de Iraq resurgiera de sus cenizas en el triángulo sunní. La persecución de los líderes de las milicias sunníes por parte del gobierno iraquí y el asesinato de sus miembros por parte de los yihadistas lograron desarticular para siempre a las fuerzas tribales enemigas del Estado Islámico de Iraq.

El otro factor permitió que en 2011 el Estado Islámico de Iraq campara por sus anchas en Iraq fue el comienzo de la guerra civil en Siria. A pesar de que los apologetas del régimen de Bashar al-Assad lo quieran presentar como un bastión contra el yihadismo, Siria se convirtió en la retaguardia de la insurgencia yihadista iraquí mientras las autoridades del régimen miraban para otra parte.

Nadie parece recordarlo, pero las fuerzas especiales de Estados Unidos lanzaron un raid en el interior de Siria en 2008. Según Weiss y Hassan, el régimen sirio usó la insurgencia como un factor de desestabilización de Iraq que le permitiera tener un as en la manga en sus contactos con Estados Unidos y así convertirse en un interlocutor necesario ante Estados Unidos. En plena ola de protestas contra el régimen, al-Assad decretó en mayo de 2011 una amnistía. Se abrieron las puertas de la cárcel para yihadistas pero no para disidentes. Los liberados engrosaron las filas de la sucursal siria de Al Qaeda, Jahbat al-Nusra. Al-Assad pudo presentar así la guerra civil como un episodio más de la lucha contra la yihad global.

Más adelante, las fuerzas del régimen procurarían no atacar al Estado Islámico, más preocupado en adeñuarse del territorio liberado por los grupos rebeldes e islamizar la retaguardia. Allí donde el Estado Islámica lanzaba una ofensiva contra los grupos rebeldes, caían las bombas de la aviación siria. La supervivencia del régimen pasa por el debilitamiento de los grupos rebeldes para que la guerra civil siria se reduzca a una lucha final entre al-Assad y el Estado Islámico. En tal caso, Occidente sería el interesado en la victoria del régimen de al-Assad.

Tan pronto comenzó en 2011 la guerra contra el régimen de al-Assad, el Estado Islámico de Iraq comenzó la toma del poder en la región oriental de Siria. El libro aporta detalles de la infiltración del Estado Islámico entre las filas rebeldes sirias. Allí donde se hizo con el poder procuró proporcionar los servicios de un Estado, asunto sobre lo que Loretta Napoleoni centró su libro sobre el Estados Islámico.  La novedad del libro de Weiss y Hassan es su explicación de cómo el Estado Islámico mantiene su control mediante una combinación de violencia y mano izquierda con las tribus iraquíes y sirias. Esto es, el Estado Islámico mantiene ahora políticas de control social más sofisticadas que las aplicadas en los tiempos de al-Zarqawi y Al Qaeda en Iraq. El libro también profundiza en la ruptura con Al Qaeda y su franquicia local, Jahbat al-Nusra. Lo que es conveniente recordarlo para aquellos que se empeñan en presentar a los grupos enfrentados al régimen sirio como un bloque monolítico. La fractura no tiene visos de ser cerrada y habré que estar atentos a su evolución.

Este es sin duda el libro más denso de los cuatro que he leído sobre el Estado Islámico. Me parece novedosa la perspectiva que aportan sobre la transformación de Al Qaeda en Iraq en el Estado Islámico de Iraq, así como el papel de Siria e Irán en la violencia durante la ocupación estadounidense de Iraq. El relato de cómo el Estado Islámico de Iraq se hizo fuerte en Siria, infiltrándose en los dominios de los rebeldes sirios y logrando la lealtad de ciertas tribus, también me parece una novedad. Los autores cuentan que lograron realizar entrevistas a miembros y simpatizantes del Estado Islámico, lo que se nota en la profundidad de su descripción del funcionamiento interno. El único vacío del libro es que no trata el papel de Turquía en el conflicto sirio y las aportaciones de Qatar al Estado Islámico, algo que bien señala Ninos Youkhana. Es un libro muy bien documentado y bastante interesante que recomiendo a quien quiera aterrizar en el tema.

“Breve Historia de la Guerra de Ifni-Sáhara” de Carlos Canales y Miguel del Rey

Hace poco me encontré con un libro sobre la muchas veces llamada “guerra olvidada”. Breve Historia de la Guerra de Ifni-Sáhara 1957, la última guerra española de Carlos Canales y Miguel del Rey ocupa un vacío bibliográfico, como atestigua que tuviera una segunda edición, sobre un tema que ha sido tratado principalmente a través de obras que recogen testimonios personales, memorias y estudios del papel de unidades militares concretas.

El libro, publicado por Nowtilus a través de su colección Breve Historia, tiene las pegas típicas de los libros españoles de historia militar con carácter divulgativo, que dan una impresión de edición algo descuidada. Hablamos, por ejemplo, de las erratas. Desde “algibe” por “aljibe” a ese misterioso avión MD-115 que busqué y busqué hasta caer en la cuenta que se refería al  MD-315. Dicho lo cual, podemos decir que estamos ante un libro exhaustivo dentro de lo “breve” y bastante ameno. Además, los autores se detienen a comentar las perspectivas opuestas sobre algunos hechos que ofrecen algunos autores, lo cual enriquece el relato.

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Los autores nos ofrecen la historia de la colonización de la África Occidental Española (el enclave de Sidi Ifni, la franja de Tarfaya y el Sáhara Occidental) y el contexto del conflicto. Ya a esas alturas empieza el lector tener la impresión que la guerra de Ifni fue uno de esos casos en los que la política exterior española “brilló” como acostumbra. Cuentan los autores que ante los vientos nacionalistas que barrieron el Magreb, la postura española fue mirar para otro lado porque afectaba negativamente a los intereses franceses. Es decir, se actuó bajo el principio “todo lo que sea malo para Francia, es bueno”.  Recuerdo que algo parecido se hizo con la OAS, lo que llevó a Francia, según algunos, a pagar con la misma moneda con ETA. Pero esa es otra historia. La cuestión es que para el caso del incipiente nacionalismo marroquí fue un error, porque una vez Marruecos alcanzó la independencia en 1956 las miras del rey Mohammed V se pusieron en el enclave de Sidi Ifni.

Si España era entonces un país pobre, el recién independizado Marruecos era un país paupérrimo. Así que Mohammed V rehuyó una confrontación directa. Usó lo que hoy llamaríamos un “proxy”, en este caso una fuerza insurgente. La guerra comenzó el 23 de noviembre de 1957 con ataques a los numerosos puestos que guardaban la frontera con Marruecos. Y aquí entra en juego la “memoria histórica” de los militares españoles y el recuerdo de la Guerra del Rif, en la que puestos aislados fueron cayendo una tras otro hasta terminar en el Desastre de Annual. Así que la orden fue evacuar las pequeñas guarniciones para atrincherarse en Sidi Ifni, dejando el interior del territorio en manos de los insurgentes marroquíes mientras se producían deserciones de los miembros nativos de la policía.

A pesar de que se habla de la “Guerra de Ifni”, el conflicto tuvo un segundo escenario: el Sáhara Occidental, donde se repitieron los acontecimientos de abandono de guarniciones y deserciones. Las fuerzas armadas españoles se vieron incapaces de recuperar el territorio perdido ahora en manos de los insurgentes, así que hubo de negociarse la colaboración francesa. La derrota de las fuerzas insurgentes marroquíes vino en una campaña franco-española en el territorio del Sáhara mediante el empleo de aviación y fuerzas mecanizadas en febrero de 1958, la conocida como Operación “Teide”/”Écouvillon”. Simultáneamente fuerzas llegadas de la Península y Canarias limpiaron de insurgentes el enclave de Sidi Ifni. El avance de columnas móviles precedidas por el lanzamiento de paracaidistas me recordó a la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” aplicada por los franceses durante la Operación “Serval” en Mali.

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A pesar de la derrota de los insurgentes marroquíes, al término del conflicto se entregó a Marruecos la franja de Tarfaya. El enclave de Sidi Ifni se entregó en 1969 bajo el eufemismo  de “retrocesión”. En la práctica España sólo volvió a controlar poco más que un perímetro alrededor de la ciudad.

El interés de Francia en ayudar a España no queda muy claro en el libro, pero es de suponer que tuvo que ver con que Marruecos incitó a la rebelión contra España una serie de tribus que se extienden desde Mauritania al sur de Marruecos, lo que podría afectar a los territorios en manos francesas (véase el primer mapa). El asunto tribal recorre todo el libro y deja en el final del relato de los acontecimientos la puerta abierta al conflicto del Sáhara.  La cuestión es que en 1957 no existía el nacionalismo saharaui y los habitantes del Sáhara Occidental mataron y murieron para unirse a Marruecos. La absoluta contingencia de la causa saharaui y su irrupción de última hora ya la explicó José María Lizundia en El Sáhara como metarrelato.

Uno de los asuntos que llama la atención todo el tiempo y en el que insisten los autores del libro es la enorme precariedad de medios de las fuerzas españolas. En 1953 se habían firmado los acuerdos con Estados Unidos, que permitieron la llegada de material de guerra moderno al país. Pero Washington se reservó derecho a veto sobre su uso y la Guerra de Ifni era vista como una guerra colonial. El Ejército del Aire español, que contaba ya entonces con reactores F-86 y T-33, se vio obligado a emplear los desfasados Casa 2111 e Hispano Aviación HA-1112, versiones españolas de los Heinkel He-111 y Messerschmitt Bf-109 respectivamente. Se contó con el apoyo de fuego de buques supervivientes de la Guerra Civil. Hay en el libro varios ejemplos de ataques aéreos y navales que no dieron “ni a tres montados en un burro”.

Heinkel 111

Un CASA 2111 “Pedro” tras un aterrizaje forzoso en Sidi Ifni. (Foto: Ejército del Aire).

Si los medios aéreos parecían sacados de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, el aspecto de las fuerzas terrestres no era mejor, con soldados en alpargatas y fusil Máuser. Escaseaban los vehículos todetereno y camiones. Las radios fallaban o no tenían alcance. Por no hablar, de la logística, con problemas para entregar agua y comida variada a la tropa que vivía en condiciones de vida miserable. El estado de las fuerzas armadas no sólo era un reflejo de la situación de España en la posguerra, sino el producto de la desidia del régimen.

Ante el panorama relatado, la intervención francesa fue decisiva. Además, Francia fue el origen de materiales estadounidenses ya de tercera mano, como los blindados M-8 Greyhound y los aviones T-6 Texan, que se pudieron usar sin restricciones. Los autores plantean que hubiera sido de aquellos territorios de no haber intervenido Francia. Un idea que también planteó José María Lizundia en su libro. Pudo haber sucedido que el Sáhara Occidental hubiera sido absorbido por Marruecos entonces y nunca hubiera nacido el Frente Polisario.

El libro relata unos hechos de armas olvidados y que las operaciones en lugares como Afganistán o Mali ponen de nuevo de actualidad. Me pareció interesante conocer el contexto completo de los hechos que convirtieron en héores a nombres como el teniente Ortiz de Zártate (que da nombre a la III Bandera Paracadista) o Maderal Oleaga (que da nombre al XIX Grupo de Opeaciones Especiales). Y tal como los autores dicen, son unos acontecimientos necesarios de conocer para entender las relaciones con Marruecos.

“El Fénix Islamista” de Loretta Napoleoni

9788449331091El Fénix Islamista: El Estado Islámico y el resideño de Oriente Próximo de Loretta Napoleoni es su retorno al tema del yihadismo después de haber publicado varios libros sobre temas como la crisis económica y el modelo chino. Recordemos que en 2004 se publicó en España Yihad: Cómo se financia el terrorismo en la nueva economía. El presente libro le debe parte su enfoque a aquel otro. Aquí encontraremos, otra vez, un recuento del origen del Estado Islámico, explicaciones de la fractura suní y chií, explicaciones del origen del islamismo a partir de Sayyid Qutb, etc. El libro, como todos los textos sobre el tema, está lleno de frases sobre el uso que hace el Estado Islámico de las redes sociales para difundir su propaganda y captar adeptos, además de cómo ha desarrollado importantes fuentes de financiación. Los párrafos al respecto me han sonado a más de lo mismo y me gustaría leer por una vez un estudio profundo sobre esos temas con métricas y datos.

Así que para mí,  lo verdaderamente interesante del libro, es todo aquello que aporta de nuevo y original frente a otros (este es el tercero que leo del tema tras haber leído un montón de artículos). En este caso Napoleoni reflexiona y ahonda en cómo el Estado Islámico se ha convertido en un gobernante legítimo a ojos de la población, que ha sufrido la intimidación, los robos y la violencia de los grupos armados que han proliferado en Siria en medio de la guerra. Así, lo que desde fuera se percibe como una autoridad brutal resulta un alivio tras años de desgobierno allí donde el Estado colapsó. Recordemos la experiencia del auge de los talibán en Afganistán en sus comienzos y la aparición de los “tribunales de la shariá” en Somalia. Además, el Estado Islámico ha procurado operar como un estado funcional que proporciona servicios a sus ciudadanos. Napoleoni habla de “estados caparazón” (shell-state, en el original).

Por momentos el libro me recuerda la perspectiva de los africanistas posmodernos españoles, que plantean que los señores de la guerra son los constructores de una nueva modernidad africana como la Guerra de los Treinta Años precedió a la consolidación de los modernos estados europeos. Napoleoni se llega a plantear si en un futuro Occidente debería limitarse a reconocer al Estado Islámico y apunta, nada menos, que las campañas de exterminio de minorías son una vía para la homogenización nacional que aporte estabilidad.

Al contrario que el libro de Patrick Cockburn, este no se trata de un libro escrito por un autor con experiencia sobre el terreno. Napoleoni cita varias veces a la periodista italiana Francesca Borri. Menciona que se ha movido por Siria cubierta de pies a cabeza y sin ningún material que la identificara como periodista, mencionando el contraste con la forma habitual de los periodistas occidentales de moverse en vehículos con la escolta de grupos armados y exponiéndose a ser secuestrados. Una experiencia tristemente repetida en el caso de los periodistas españoles.

Napoleoni ahonda en dos cuestiones para explicar la aparición del Estado Islámico. Una es el colapso de los estados-nación de Oriente Medio. La otra es las posibilidades que ofrece la globalización para la supervivencia de autoridades para estatales. Justo esos dos temas los traté en mi libro, dedicando un capítulo a cada uno. Sorprendentemente el capítulo se titula “Guerras premodernas contemporáneas”. Estarán de acuerdo que hay una forma más sencilla de expresar el concepto: Guerras Posmodernas.

“Diario de la Guerra del Congo” de Vicente Talón

Vicente Talón fue reportero del diario El Correo Español-El Pueblo Vasco de Bilbao primero y luego del diario madrileño Pueblo. Mi generación le conoce como cofundador y director de la histórica revista Defensa. Diario de la Guerra del Congo es una reedición de 2013 de un libro publicado originalmente en 1976. El libro aborda la Crisis del Congo (1960-1965), que cubrió sobre el terreno, dedicando su segunda parte a la participación en el conflicto de mercenarios españoles.

1491594_557149781030323_1750228082_nDiario de la Guerra del Congo se nutre de las crónicas firmadas y los apuntes tomados por Vicente Talón en aquel entonces, la primera mitad de la década de los años 60.  El paso del tiempo es apreciable en el lenguaje y por observaciones sobre las poblaciones locales que escandalizarían a los actuales africanistas españoles, posmodernos la mayoría de ellos. En el prólogo a esta edición Vicente Talón hace referencia a las “matanzas en masa y asesinatos horripilantes” que ocurrieron en el Congo y que décadas después se repetirían en los Balcanes. Esa apreciación coincide precisamente con mi motivación para leer el libro.

Después de leer Biafra. The Nigerian Civil War, 1967-1970, obra de Peter Baxter,  empecé a preguntarme si no deberíamos replantearnos la novedad en África de las llamadas “Nuevas Guerras”, en los términos de Mary Kaldor, cuando contrastamos la Crisis del Congo y la Guerra de Biafra con la Segunda Guerra del Congo, que Tom Cooper abordó en un libro que reseñé aquí. Me refiero al patrón común de conflictos intraestatales altamente internacionalizados donde se cometen violaciones de los derechos humanos de forma sistemática, los bandos se alinean según afiliaciones étnicas y aparecen señores de la guerra y mercenarios.

Al igual que en ¡Sálvese quien pueda! de Javier Nart, nos encontramos las divisiones étnicas y tribales sobre el terreno de un conflicto africano que según la lógica de la Guerra Fría ordenaba los bandos por definiciones ideológicas. De hecho, por el Congo pasaron desde pilotos cubanos exiliados al servicio de la CIA al Che Guevara. Vicente Talón recoge el testimonio de un europeo que identifica a líderes y bandos por afiliaciones tribales, tal como encontraríamos luego en las luchas anticoloniales de Angola o Rhodesia.

Si el retrato de la población local quizás escandalizaría a los anclados en el concepto del buen salvaje, Vicente Talón hace un retrato demoledor del orden colonial belga y de la población blanca que lo sustentó. También desmitifica acciones militares como la Operación “Dragon Rouge”, que tuvo una ejecución torpe y pudo haber salvado más vidas. Evidentemente ambas cuestiones, la realidad social del antiguo Congo Belga y el carácter poco brillante de la Operación “Dragon Rouge” es algo que no encontrarán en la bibliografía al uso. Tampoco los mercenarios de Jean Schramme y Mad Mike Hoare salen bien parados. Esa es la gran novedad que aporta esta libro, una mirada neutra que levanta acta de lo que allí pasó sin adornar el fanatismo, la cobardía y la barbarie desplegadas por quienes en otros relatos de los hechos son heroicos luchadores anticoloniales o intrépidos aventureros occidentales.

La segunda parte del libro aborda la experiencia del 2º Choc del 6º Commando, encuadrado por españoles desplegados en el Alto Uele. A diferencia de otros mercenarios europeos y sudafricanos, los españoles del 2º Choc trataron de mantener una disciplina militar y procuraron tratar al personal nativo de una forma correcta. Las acciones de asistencia a la población civil llevadas a cabo las encuadraríamos hoy en día en la Cooperación Cívico Militar. El resultado fue, cómo no, muy diferente al alcanzado por otras unidades. Pero el personal fue siempre escaso para una área de operaciones tan grande y al final, el 2º Choc fue engullido por la dinámica de golpes y revueltas del país. Su líder y dos oficiales más terminaron fusilados por el nuevo régimen de Mobutu Sese Seko.

Un último apunte. Por el libro desfilan tangencialmente nombres que luego serían conocidos, como el de Laurent Kabila. Cerca del final del libro Vicente Talón cuenta su encuentro con un veterano del 2º Choc que participó en 1967 en un fallido intento de crear un segundo frente durante el motín de los mercenarios liderados por Jean Schramme. El interlocutor de Vicente Talón le echa la culpa al organizador de la expedición, el mismísimo Bob Denard, del que sospecha que en realidad actuaba en connivencia con el régimen de Mobutu Sese Seko. Treinta años más tarde, los hombres de Bob Denard trataron de organizar sin éxito la defensa del régimen de Mobutu frente al avance de las tropas de Kabila.

Una lectura complementaria

Recientemente hice una reseña de tres libros sobre los voluntarios no alemanes que combatieron en el bando alemán durante la Segunda Guerra Mundial, con especial atención a los provenientes de ciertas repúblicas de la Unión Soviética (Rusia, Ucrania y las repúblicas bálticas). Los tres libros tenían como autor o coautor a Carlos Caballero Jurado, prolífico historiador español especializado en el Frente del Este. Es toda una autoridad en la materia, aunque no es difícil leer entre líneas y detectar cierta simpatía hacia los combatientes anti-comunistas. Así que durante la lectura de sus libros me entró la duda si la suya no era una versión aséptica en la que habían quedado fuera los hechos más reprobables o cuestionables. Que sólo se mencionaran aspectos negativos en el libro del que era coautor me dejó la duda. Así que me hice recientemente con Las legiones de voluntarios y otras divisiones de las SS: de la 24ª a la 38ª de Gordon Williamson (traducción de RBA de The Waffen-SS (4) 24. to 38. Divisions, & Volunteer Legions publicado originalmente por Osprey)

En este libro se menciona la brigada Kaminski, cuyo líder “llevaba una vida de señor de la guerra feudal mientras sus hombres saqueaban y mataban a placer” (pág. 15). Participó en el Alzamiento de Varsovia, donde “alcanzó simas de depravación que ofendieron incluso a las SS” (pág. 16). De los voluntarios italianos de la Waffen SS, se dice que “algunos oficiales voluntarios y muy motivados abandonaron al ver el ma trato que los alemanes daban a los italianos” (pág. 18). Mención aparte merece la Brigada Dirlewange, formada por convictos alemanes que se dedicaron a toda clase de atrocidades contra la población civil. No entra en la categoría de aliados no alemanes del esfuerzo de guerra nazi pero merece la pena mencionar que todo relato sobre el Frente del Este de la Segunda Guerra Mundial se cruza con crímenes de guerra tarde o temprano.

Con todo esto quiero decir que queda claro, una vez más, que cuando se trata de libros de historia e historiadores es conveniente buscar más de un fuente y contrastar versiones. Una lección obvia. El asunto se complica además con las alteraciones de la traducción al español de los libros de Carlos Caballero Jurado publicados originalmente en el Reino Unido.

Una vez concluído este ciclo de lecturas sobre los aliados de la Alemania nazi el siguiente pasao será examinar el debate sobre la “memoria histórica” que enfrente a Rusia y los países ex-comunistas sobre el papel de aquellos combatientes que son condenados por un lado aliados de los nazis y por otro reivindicados por enfrentrase a la Unión Soviética de Stalin.