Repaso de análisis del intento de golpe de estado en Turquía

Michael Rubin se preguntaba “Will there be a coup against Erdogan in Turkey?” en Newsweek el 24 marzo de 2016 y explicaba la deriva autoritaria en Turquía.

Yo hice un repaso de cómo la Turquía del AKP pasó de ser la esperanza de una vía musulmana a la democracia y la modernidad a una deriva autoritaria en “Turquía ya no es el país del futuro” en El Medio el 11 de abril de 2016.

FNSS ACV-15 del ejército turco la noche del golpe.
FNSS ACV-15 del ejército turco la noche del golpe.

Edward Luttwak escribió hace muchos años un “manual de golpe de estado” y analizó Why Turkey’s Coup d’État Failed” en Foreign Policy el 16 de julio. Entre los fallos del golpe, Luttwak señala que los golpistas no detuvieron al presidente del país. Además, ahonda en que la deriva autoritaria del presidente Recep Tayyip Erdoğan lo hacía inevitable.

Una editorial de Nobbot del día 16 de julio se centró en el papel de las redes sociales: “El golpe de estado en Turquía muestra de nuevo el poder de las redes sociales”.

El profesor Jesús de Andrés hizo un repaso de los anteriores golpes de estado en Turquía y lo fuera de tiempo en que sucedió este en “Un golpe de Estado del siglo pasado” en El País el 17 de julio de 2016.

Nasser Weddady hizo el día 18 un análisis de por qué falló el golpe:

David Cenciotti recogió en The Aviatonist el 18 de julio toda la información disponible sobre las operaciones aéreas durante el intento de golpe de Estado: “Exclusive: all the details about the air ops and aerial battle over Turkey during the military coup to depose Erdogan”.

Kareem Shaheen cuenta en The Guardian el día 18 de julio que “Military coup was well planned and very nearly succeeded”.

Andrew Korybko escribió en Katehon el día 18 de julio “La Turquía posgolpe será claramente euroasiática”. Esto significaría que en el contexto de la Nueva Guerra Fría, Turquía se realinearía como aliado de Rusia.

Shabtai Gold hace recuento de la purga llevada a cabo en Turquía.

Ayer día 19 de julio, Andrés Mourenza desde Estambul contó en El País que Turquía suspende a 15.000 empleados del Ministerio de Educación”.

Hoy día 20 de julio, Beatriz Yubero desde Ankara cuenta en La Razón cómo “Turquía amplía la purga por traición a profesores y periodistas”.

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Intento de golpe de estado en Turquía [actualizado]

Soldados en la plaza Taksim de Estambul
Soldados en la plaza Taksim de Estambul

Turquía ha vivido varios golpes de estado militar. El primer golpe de estado tuvo lugar el 27 de mayo de 1960. El año siguiente se promulgó una nueva constitución del país, que sustituyó a la que estaba en vigor desde 1924. El 12 de marzo de 1971 tuvo lugar el segundo y ni siquiera salieron los carros de combate a la calle. Los militares simplemente entregaron un memorando a modo de ultimátum al primer ministro.

El 12 de septiembre de 1980 tuvo lugar el tercer golpe de estado. Se instaló una junta militar, el llamado Consejo de Seguridad Nacional, que gobernó por tres años. Dos años después del golpe, se promulgó una nueva constitución, que es la que sigue vigente en Turquía. El 28 de febrero de 1997 los militares volvieron a forzar la caída de un gobierno en Turquía sin necesidad de ningún acto de fuerza. Se habla del “golpe de estado posmoderno”.  El golpe trató de frenar el creciente papel del Islam político en el país. De las disoluciones del Partido de la Virtud y del Partido del Bienestar, nacería el Partido de la Justicia y del Desarrollo (AKP) de Recep Tayyip Erdoğan.

El ejército fue siempre el guardián de los principios laicos de la república fundada por Mustafá Kemal Atatürk en 1923. Y fue objeto de una purga en estos últimos años orquestada a través del desmantelamiento de supuestas tramas golpistas, la organización Ergenekon y la operación “Mazo”. Tras un enorme macrojuicio, en 2015 los 236 condenados por la segunda fueron absueltos por considerarse que las pruebas empleadas contra ellos eran falsas. Pareciera que todo fue un montaje judicial para debilitar al ejército, las fuerzas de seguridad y a las fuerzas kemalistas de las sociedad turca.

Mientras tanto, el país vivía una deriva autoritaria que se hizo evidente por primera vez durante la represión de las protestas populares por los planes urbanísticos del parque Gezi en Estambul en 2013, un movimiento social con ecos del 15-M y Occupy Wall Street. Esa deriva autoritaria se ha hecho claramente visible en la reciente presión a los medios de comunicación y los periodistas, junto con condenas por delitos como difundir chistes sobre el presidente Erdoğan en las redes sociales. Sobre la deriva del país, escribí el pasado mes de abril  “Turquía ya no es el país del futuro” en la revista El Medio.

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Erdogan dirigiéndose al país vía su móvil.

Esta noche hemos vivido un intento de golpe de estado en Turquía. Al parecer, el presidente Erdoğan estaba de vacaciones y el golpe le ha pillado viajando en avión. Tuvo ocasión de dirigirse al país apareciendo por televisión mediante Facetime desde su móvil y llamó a la población a salir a la calle a rechazar el golpe. Mientras, el golpe no tenía cara. Ningún militar apareció públicamente dirigiéndose al país, por lo que se especula el significado político del golpe. Es relevante que ningún partido político relevante en Turquía apoyó el golpe ni hubo imágenes de gente vitoreando a los golpistas. De hecho, el principal partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), junto con el pro-kurdo Partido Democrático de los Pueblos condenaron el golpe. El primer ministro, Binali Yıldırım, ha agradecido a los partidos de la oposición su oposición al golpe. También es relevante el rechazo al golpe de los partidos expresado por el movimiento Gülen, enemistado con el gobierno.

Un M60T, modelo modernizado con tecnología israelí, rodeado de manifestantes contrario al golpe.
Un M60T, modelo modernizado con tecnología israelí, rodeado de manifestantes contrarios al golpe.

En las primeras horas la situación parecía tranquila y casi se daba por hecho el triunfo del golpe, con un significativo silencio de los gobiernos occidentales. Pero finalmente la gente salió a la calle, desafiando el toque de queda, mientras los muecines llamaban a la movilización popular. El golpe se desinfló y tras varias horas, el gobierno de Estados Unidos y el secretario general de la OTAN se manifestaron en favor del orden democrático vigente en Turquía. Precisamente, en medio de la percepción generalizada de que el golpe había fracasado se intensificaron los episodios de violencia y el intento de cierre de medios. Entre los edificios atacados por los golpistas, que han contado con aviones y helicópteros, está el palacio presidencial, el parlamento y la sede del servicio secreto turco. Por contra, los golpistas se habían hecho con el cuartel general del ejército y de la gendarmería. La única autoridad del estado retenida por los golpistas fue el jefe del estado mayor de las fuerzas armadas. El balance provisional de víctimas habla de 90 muertos y más de mil heridos. Además se ha informado de más de 1.500 detenidos.

Andrés Mourenza y María Antonia Sánchez-Vallejo han publicado en El País el perfil de cinco personalidades clave en el panorama político de Turquía.

El profesor Francisco Veiga escribió para el CIDOB un perfil del movimiento Gülen.

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Fantasías geopolíticas en Oriente Medio

En 2006, el teniente coronel (retirado) Ralph Peters publicó un artículo en el Armed Forces Journal en el que argumentaba que todos los problemas del Gran Oriente Medio procedían del trazado arbitrario de sus fronteras:

[T]he greatest taboo in striving to understand the region’s comprehensive failure isn’t Islam but the awful-but-sacrosanct international boundaries worshipped by our own diplomats.

He mencionado aquí obras de James Barr y Robert D. Kaplan donde queda recogido el asunto. Basta recordar que Mauritania, Libia, y Siria son nombres de entidades administrativas romanas que se convirtieron en el nombre de estados-nación cuando las potencias coloniales europeas jugaron con escuadra y cartabón a trazar fronteras sobre un mapa.

Sostiene Peters que la solución a los problemas del Gran Oriente Medio pasaría por retrazar las fronteras de los países para crear país más homogéneos étnica y religiosamente. En una zona tan delicada propone, desgajar territorios de Turquía, Siria, Iraq, Irán, Arabia Saudita y Pakistán nada menos.

afj.peters_map_afterNo me entrentendré aquí en analizar las consecuencia que tendría un imaginario cambio así de fronteras en el Gran Oriente Medio. Pero basta decir que me he encontrado con este mapa en bastantes artículos de opinión. Alguno poniéndolo como ejemplo de los planes neocoloniales de Estados Unidos para la región y sirviendo de excusa para una larga diatriba antiimperialista.

En el mismo orden de cosas, un artículo del diario turco Milliyet especulaba a partir del llamamiento de Abdullah Öcalan a una “Pacto Nacional” para construir “una nueva Turquía”. En el artículo aparecía un mapa en el que Turquía absorbería regiones kurdas de los países limítrofes junto con otras de Grecia y Bulgaria.

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El diario Milliyet invitaba a académicos e intelectuales a especular sobre esa “nueva Turquía”. El asunto fue recogido por la prensa rusa, tal como recoge en su blog Manuel Martínez y destripado en el Foro de las FAS con la finura habitual.

Por último, el diario alemán Die Evidenz publicó que el kuwaití Faisal al-Hamad, miembro del Partido Nacional de Kuwait, había denunciado los acuerdos secretos firmados en Doha por diplomáticos de Estados Unidos, Turquía, Qatar y miembros de la oposición siria para trocear el país al término de la guerra civil. Siria renunciaría a reclamar a Turquía la región de Hatay, expulsaría de su territorio al PKK, permitiría que un acueducto conectara la gran presa Atatürk con Israel, reduciría su ejército, renunciaría a sus arsenales de destrucción masiva, renegociaría sus acuerdos petroleros con empresas chinas y rusas, cortaría lazos con Hezbolá y grupos palestinos, etc.

Extrañamente, las declaraciones de Faisal al-Hamad encajan para Christof Lehmann de nsnbc ìnternational perfectamente con el análisis del comandante (retirado) del ejército pakistaní Agha H. Amin, que denuncia los planes de la OTAN para trocear Siria y crear un corredor energético en Oriente Medio que sirva de alternativa a Irán. En este caso, la OTAN fomentaría la creación de un estado kurdo aliado a expensas de Turquía y Siria.

kurdishsyrianstratscenarioNo entiendo como Christof Lehmann afirma que lo denunciado por Faisal al-Hamad encaja con lo conjeturado por Agha H. Amin, cuando en la segunda teoría conspirativa sobre la resolución de la guerra civil siria, Turquía sufriría grandes pérdidas territoriales. Pero ahí está la grandeza del pensamiento conspirativo. Que dos teorías contradictorias tengan como fundamento la idea de que “Occidente trama algo en Siria” significa que algo de verdad llevan, bajo el principio “si el río suena agua lleva”.

Pero lo interesante en todos estos caso es ver cómo surge y se alimenta el pensamiento conspirativo en un efecto de bola nieve donde nadie consulta las fuentes originales. En el primer caso tenemos un artículo de opinión escrito por un militar retirado con mucho tiempo libre, en el segundo tenemos las especulaciones de varios expertos consultados por un periódico y por último tenemos un medio digital con una forma “peculiar” de tratar las noticias. Viendo cómo nsnbc ìnternational trata temas relacionados con las vacunas infantiles, Venezuela o Rusia ya podemos calibrar la clase de medio que es. La gracia es que esos argumentos de segunda y tercera mano terminan en lugares como Eurasian Hub. Y no deja de haber una gran ironía que desde fuera de Occidente se especule con los grandes planes secretos de EE.UU. y la OTAN para Siria, cuando lo que vemos es que en Washington y Bruselas hay una enorme improvisación.

Los dolores de crecimiento de Turquía y Brasil

Leí, lástima no encontrar la fuente, el análisis de alguien que señalaba que el autoritarismo del AKP en Turquía respondía más a una tradición política turca, que a su carácter islamista. Contaba hace poco que una parte de la sociedad turco salió a la calle porque se sentía aplastada por el rodillo islamizador del gobierno de Erdoğan. Pero la cuestión no era el contenido de las políticas, sino las formas.

Recuerdo cuando se sucedían las noticias de “dimite otro ministro del gobierno de Dilma Roussef por un caso de corrupción”. Nada menos que siete ministros lo han hecho desde que asumió la presidencia en 2011. Es una cifra colosal. Pero, ¿significa esa cifra de dimisiones que es Brasil un país con un gobierno incorregiblemente corrupto hasta el tuétano? Es una reflexión interesante de hacer si lo comparamos con la situación en España, sea la del gobierno estatal o el de sus comunidades autonómonas.

La diferencia en el número de dimisiones no es un indicador de que Brasil sea mucho más corrupto que España. Simplemente significa que los políticos españoles tienen una cara de cemento, mientras que en Brasil se ha asumido que lo correcto en ciertas circunstancias es que un político debe dimitir. Esa es la diferencia. En Brasil está cambiando la cultura política, en los términos de Gabriel Almond y Sidney Verba. Los brasileños han salido a las calles porque han dejado de ser súbditos para ser ciudadanos. Comparen, si no, Brasil con la vecina Argentina donde la gente resignada ante el estropicio peronista K dice “roban, pero al menos reparten”.

Brasil había empezado a dejar de ser el eterno país del futuro para empezar la senda de una potencia regionial. Pero la desaceleración económica ha sacado a las clases medias a la calle. Los brasileños no quieren vivir en la India, un país con submarinos nucleares, programa espacial y multinacionales poderosas que conviven con una parte de la sociedad que se quedó atrás.

Turquía y Brasil están evolucionando. Son dos países a tener en cuenta. De Turquía ya conté aquí por qué era relevante, tanto como para merecer un libro. Y de Brasil espero publicar un artículo sobre un aspecto de su desarrollo geoestratégico a lo largo de este año. Y lo que estamos asistiendo es a la modernización y transformación de ambos países. Lo cual, tiene sus costos, conflictos y padecimientos.

Hablé recientemente con Jorge Rozenblum en RadioSefarad sobre “el galimatías de lealtades en Siria”. Y en la conversación comenté que pronto habría que hablar sobre Egipto. Fue cosa de semanas. El que oyó la entrevista por Internet puede decir que quedó advertido de la actual situación. Al que quiera saber cómo se llegó hasta aquí, le recomiendo que busque en Youtube el programa El Bernameg presentado por Bassem Youssef, el Jon Stewart egipcio. Alguien ha tenido la gentileza de ir subtitulando episodios. Está todo allí.

Los límites del gran salto de Turquía

El 1 de mayo de 2008 lo viví en Estambul. Al llegar a la esplanada que hay delante de la Mezquita Nueva me encontré un montón de policías en formación. Los había antidisturbios y los había de paisano. Me extrañó ver policías de paisano en formación, pero estaban recibiendo instrucciones de sus mandos. Había un blindado Cadillac Gage V100 aparcado. “Se están rifando hostias”, pensé viendo el ambiente. Y me senté en un banco para comer unos baklava a la espera de algo de acción.

La policía estaba allí para bloquear en caso necesario el puente Gálata que conecta la zona turística del Cuerno de Oro con el resto de la ciudad, al igual que otro contingente que descansaba en el césped cerca del puente Atatürk. No pasó nada. Aquella noche en las noticias vi que las manifestaciones habían tenido lugar cerca de la plaza Taksim. Y vi cómo trabajan los antidisturbios turcos. No buscaban dispersar a los manifestantes, sino que una vez derribados por los cañones de agua o arrinconados en un portal se enseñaban con ellos a porrazos de una forma bastante salvaje.

Volví al año siguiente a Estambul. Era época electoral. Tuve ocasión de hablar con una estadounidense que trabajaba allí de profesora de inglés y preguntarle por su percepción del gobierno del AKP. “Quieren convertir Turquía en Irán”, me dijo. Me presentó a su mejor amigo turco, un chico hipster que no habría desentonado en cualquier país europeo occidental. Se sentía fuera de lugar en Turquía y quería emigrar.

En noviembre de 2010 coincidí en mi viaje a Israel con una periodista turca que trabajaban en Washington D.C. para CNN Türk, la cadena criticada estos días por emitir un reportaje sobre pingüinos mientras la CNN transmitía en vivo los disturbios de Estambul. En nuestra primera noche en Jerusalén aproveché para preguntarle por Turquía bajo el AKP. Yo le comenté que Turquía estaba construyendo una democracia islámica que podría ser un modelo de referencia para los países musulmanes de Oriente Medio (la Primavera Árabe comenzaría al poco de volver a casa). Se mostró pesimista. Me contó que la sociedad turca se estaba volviendo más conservadora en lo social y que el problema es que en la calle había una presión social sobre los turcos “occidentalizados”. El ambiente se estaba volviendo tenso e incómodo.

El pasado mes de abril el pianista Fazıl Say fue condenado por un tribunal turco por “insultar los valores religiosos de una parte de la sociedad” al publicar en su cuenta de Twitter versos del poeta persa Omar Jayyam, cuya visión descreída de la religión oficial se inscribe en el sufismo. En mayo se anunció una nueva ley que restringe la venta y publicidad de las bebidas alcohólicas. Así, poco a poco fueron surgiendo muestras de que en Turquía empezaban a chocar los sectores occidentalizados con los valores conservadores de la nueva Turquía de Erdoğan. La chispa estalló con los planes de demoler el parque Gezi, al norte de la plaza de Taksim, para construir un centro comercial. No se trataba sólo de salvar un espacio verde frente a los planes desarrollistas, sino mostrar rechazo a las formas del gobierno por parte de ese sector de la población que siente sin espacio en la nueva Turquía. Cuando nadie lo esperaba, esa parte del país se ha redescubierto en la calle.

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Israel y Turquía recuperan relaciones ante el rumbo de la crisis siria

Tal como anticipamos en noviembre de 2012, finalmente Israel y Turquía han terminado por hacer las paces empujados por la evolución de la guerra civil siria. Benjamin Netanyahu lamentó los errores en la planificación del asalto al Mavi Marmara que condujeron a la pérdida de vidas humanas. Curiosamente los términos empleados no son muy diferentes a los empleados por él mismo en 2010. Así que podemos decir que ha sido Turquía la que ha cambiado finalmente su postura, aunque siempre tendremos a la prensa española para dar el titular equivocado.

Turquía e Israel, como países no árabes en un vecindario complicado, eran aliados naturales. Israel vendía tecnología militar a Turquía, como el programa de modernización del carro de combate M60T o el avión sin piloto IAI Heron, mientras que Turquía ofrecía a la fuerza aérea israelí un amplio espacio aéreo para ejercicios. El enfriamiento de relaciones entre ambos países coincidió con el desarrollo turco de su propio carro de combate y su propio avión sin piloto, mientras que la fuerza aérea israelí era invitada a ejercicios en Italia y en Grecia.

La evolución de la crisis siria ha empujado a Turquía ha reconciliarse con el aliado necesario con el que hacer frente a la la guerra civil en el país con el que comparte su frontera más extensa. Tras dos años, ninguno de los dos bandos parece capacitado para imponerse de forma clara en el corto plazo. Los rebeldes han sido capaces de capturar decenas de bases militares, destruir centenares de blindados y dejar fuera de combate (capturar, derribar o destruir) más de la mitad de la flota de helicópteros de transporte del régimen. Sin embargo, no han sido capaces de coordinarse en el nivel estratégico debido a su atomización. El cerco sobre Homs nunca se terminó de completar y Damasco sigue conectada con el norte del país. Aron Lund titulaba “The Free Syrian Army Doesn’t Exist” de forma bastante provocativa en Syria Comment.

Mientras Occidente observaba el conflicto sin intervenir, el dinero de las petromonarquías árabes ha permitido a los grupos yihadistas acumular fuerzas y dotarse de armamento como los misiles tierra-aire portátiles chinos FN-6 y los lanzagranadas anticarro M79 OSA comprados a Croacia. El dinero significa además comida, medicamentos y dinero en mano que entregar a los combatientes y sus familias. Las atrocidades cometidas por el régimen, además, radicalizan a los rebeldes y dejan la puerta abierta a un ciclo de venganzas que no auguran nada bueno para la postguerra en un país que es un mosaico étnico-religioso que podría estallar como Líbano en los años 70.

Estados Unidos ha entregado ayuda “no letal” a los rebeldes sirios, les ha proporcionado entrenamiento en Jordania y ha empezado a ofrecerles información sobre las fuerzas rebeldes. Está por ver si no es demasiado tarde ante la hegemonía de los yihadistas. Y si consolidar un bloque nacionalista no-yihadista sólo servirá para que a la caída del régimen de Assad comience una segunda guerra civil.

Un viaje en busca de autor

En las primeras páginas de The Revenge Of Geography aparece un listado de los libros de Robert D. Kaplan. Debe ser un síntoma que, de los catorce libros que ha escrito, tengo nueve y leí otro en la biblioteca de mi universidad. Me siento incapaz de escribir una reseña de The Revenge Of Geography porque fue como escuchar un disco de grandes éxitos. Todas las canciones ya las conocía. Y no es que comulgue con todas sus ideas. Primero pecó de hisotoricismo y ahora anda enamorado de la Geopolítica Clásica, que ya me encargué de criticar a la luz del enfoque de las Guerras Posmodernas. Pero me gusta el método de trabajo de Kaplan. Se empapa de bibliografía sobre un lugar, luego lo recorre a ras de suelo, callejea y concierta entrevistas con personajes relevantes que dan una perspectiva local interesante y profunda.

Me gusta viajar y aunque la mayor parte de las veces no aportara mucho al relato principal del blog he escrito aquí sobre mis vivencias en mis viajes. Varias veces me he planteado a qué lugares podría ir para contar algo relevante para el blog. Pero ya es mala pata que mi tema principal sea la transformación de la guerra y no la gastronomía. No es que pretenda meterme a reportero de guerra. Precisamente las guerras posmodernas se caracterizan por estados en colapso y anomia social. O lo que es lo mismo, en las guerras posmodernas hay altas posibilidades de que te peguen un tiro sin motivo alguno. Polisarios y zapatistas daban la bienvenida a cooperantes, periodistas y reporteros que diera notoriedad pública a sus causas. Hoy señores de la guerra que se financian explotando recursos naturales y narcotraficantes lo último que quieren es a alguien que hablen de sus negocios. Y allí donde hay alguna una causa, las nuevas tecnologías permiten la desintermediación entre grupos armados y público. Los grupos armados ya no tienen que cortejar a los medios de comunicación para hacer llegar su mensaje al público. Ya tienen para eso Youtube. Por eso vale tan poco la vida de los periodistas occidentales. Ante la cacofonía de voces globales, noticia de impacto es que secuestren a un periodista y cuesta tanto llamar la atención sobre países olvidados. Creo que Carlos Sardiña podría decirnos al respecto de Birmania.

El periodismo de guerra es hoy un deporte de alto riesgo y un nicho laboral en crisis. Pero de eso merece la pena hablar en otro momento. La cuestión es, ¿qué otras historias hay ahí fuera que merezcan ser contadas en un libro al estilo de Robert D. Kaplan? Hablo de asuntos relevantes en el siglo XXI que impliquen sumergirse en una montaña de bibliografía para luego hacer un periplo en autobús o tren, realizando entrevistas por el camino. Supongo que la Primavera Árabe o el auge de China serían dos fenómenos históricos que merezcan ser contados a pie de calle. Pero estoy seguro que ahí fuera alguien sacará un libro pronto. Y estoy pensando en algo que podría hacer yo mismo con mi McKinley Storm 35, un netbook, una grabadora, una cámara de fotos ligera y una libreta si tuviera el tiempo y el dinero. A la idea la llevo dando vueltas en la cabeza hace tiempo. Alguien tiene que contar lo que está pasando en Turquía.

Se trataría de hacer un esbozo histórico de Estambul, la capital otomana, y Ankara, la capital de la república kemalista. De buscar las raíces sufíes en Konya y entender la novedad del mensaje de Fehtullah Gülen. Habría que hablar del auge de los tigres anatolios y la vía hacia una democracia-islámica del AK Parti que provoca tensión con la tradición política laica del país. También es imprescindible contar el creciente papel de Turquía en los países turcófonos junto con su crucial papel de nodo en la geopolítica de los hidrocarburos. Quizás haya que desandar el camino del oleoducto BTC. Y pisar los lugares a los que los turistas no van, internarse en la Anatolia profunda y contar la historia de fondo. Puede que yo mismo no haga nunca ese viaje, pero me encantaría leer el libro.

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