Guerras Africanas

Esta semana dediqué tiempo a revisar el archivo PDF en el que la revista Ejército, que publica el Ejército de Tierra español, recopiló los artículos finalistas al premio a los mejores artículos de 2015. Me llamó la atención en su momento el primer artículo que aparece seleccionado, “España y la seguridad del Sahel” del general de división Jesús Argumosa. Pero descargué l PDF hacía tiempo y no le había hecho caso de nuevo. Y cuando esta semana me puse a leer hice un repaso rápido del documento para encontrarme por sorpresa que allí aparecía mi artículo “Operación Serval: El estilo francés de hacer la guerra.

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En mi artículo quise contar con detalle el desarrollo de la Operación Serval, algo trabajoso que ni siquiera encontré en fuentes francesas, para hacer un breve repaso a lo que la intervención francesa nos enseñó sobre las fuerzas armadas francesas y las particularidades de una campaña caracterizada por la fluidez de los movimientos, las largas distancias y el exigente entorno natural donde tuvo lugar. La brillantez de la ejecución francesa de la campaña fue recogida por un informe de la RAND Corporation. La gran ironía es que la Operación Serval sucedió en un momento en que un almirante ocupaba el puesto de jefe del estado mayor de las fuerzas armadas francesas. Y cuando alguien le señaló la paradoja contestó con una idea que ya había apuntado Lawrence de Arabia: El desierto es un gran océano donde se mueven formaciones de combate buscándose las unas a las otras como una campaña naval.

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Paracaidistas franceses antes de un salto sobre Mali.

Mediante el empleo de operaciones paracaidistas y aerotransportadas los franceses fueron dando saltos por la superficie de Mali como los estadounidenses de isla en isla durante la campaña del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. Los franceses hablan de “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” para definir la doctrina empleada en Mali. Algo que nos recuerda a cómo las enormes distancias de Rusia propiciaron el empleo de grandes unidades de caballería durante la Guerra Civil Rusa y el nacimiento en el ejército soviético del concepto de Batalla Profunda.

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Miembros de la Infantería Ligera Rodesiana antes de un salto desde un ParaDak.

El pasado mes de marzo salió publicado “El legado africano de la insurgencia rodesiana”, mi segundo artículo para la revista Ejército. Trato en él las peculiares tácticas contra insurgencia que desarrolló el ejército del gobierno blanco de Rhodesia. Es un tema del que existe un boom editorial en el mundo angloparlante. Y del que me animé a escribir cuando leí la entrevista de Jack Murphy a Eeben Barlow, fundador de la ya mítica Executive Outcomes, sobre su papel en la lucha contra Boko Haram en Nigeria. Hablaba del empleo de tácticas contra insurgencia que fueron la evolución sudafricana de tácticas desarrolladas en Rodesia, que fue a su vez un crisol de las enseñanzas portuguesas en Angola y las experiencias británicas en la Emergencia Malaya y la Rebelión Mau Mau en Kenia. Es decir, hay un hilo histórico que recorre la guerra portuguesa en Angola, la Guerra de Rodesia y las campañas sudafricanas en Namibia y Angola. La cuestión es, por tanto, que podemos hablar de una “escuela africana de contra insurgencia” que tiene su origen en las guerras del África austral. Una idea que el propio Barlow sostiene y que volcó en un libro gafado porque iba a salir en 2015, su lanzamiento se retrasó varias veces, fue anunciado por otra editorial,  volvió a retrasarse y todavía no ha aparecido.

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Toyota Land Cruiser de la serie 40 en Chad en 1984.

Ahora me encuentro trabajando en un artículo sobre las “Toyota Wars” en Chad en los años 80 para la revista Ejército, del que publicaré una versión preliminar más breve en passim.eu donde haré énfasis en la popularidad de los todoterrenos tipo pick up en las guerras recientes, de Libia a Afganistán pasando por el Estado Islámico. Las “Toyota Wars” evolucionaron este siglo en Chad y Sudán con la introducción de tecnologías como el GPS y los teléfonos satélite. Ya hablé de esto último en “Swarming en el desierto”. Las largas cabalgadas con todoterrenos dispersos por el desierto que convergen para golpear por soprpresa el corazón del enemigo fue una adaptación a la era industrial de las tácticas tradicionales de guerra tribal y nómada que en español conocemos como razzia. Y eso me lleva de nuevo a encontrar un hilo conductor entre las “Toyota Wars” en Chad y  la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” francesa en Mali, pasando por las “Columnas Volantes” sudafricanas en Namibia. Las enorme extensión de los campos de batalla africanos dieron lugar a un modo particular de hacer la guerra que esté pendiente de ser contado en español.

El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana

recorteEl número de este mes de la revista Ejército que publica el Ejército de Tierra español incluye un artículo mío titulado “El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana” (págs. 30-38). Las tácticas desarrolladas por el ejército de la antigua Rhodesia sintetizaron las lecciones aprendidas por los británicos durante la revuelta Mau Mau en Kenia y los portugueses en Angola, además de incorporar innovaciones propias. Nacieron allí los vehículos a prueba de mina, por ejemplo. Pero en lo que destacaron los rodesianos fue en las operaciones aerotransportadas (“Fire Force”) y en las infiltraciones de patrullas disfrazadas de insurgentes detrás de las líneas enemigas (“Pseudoperaciones”).

Recuerdo leer al respecto en la mítica enciclopedia por fascículos Comando. Y de un tiempo a esta parte, la experiencia rodesiana ha sido objeto de un renovado interés en el ámbito anglosajón, aunque sus lecciones sean más tácticas que estratégicas en el ámbito de la lucha contra-insurgencia. Mi artículo presenta el contexto de la guerra, repasa las fuerzas desplegadas por el bando gubernamental rhodesiano y explica los conceptos de “Fire Force” y “Pseudoperaciones”. Este es mi segundo artículo en la revista. El primero fue también de un tema africano: “Operación Serval: El estilo francés de hacer la guerra”. Espero ir poco a poco elaborando más artículos sobre las guerras africanas.

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Tropa rhodesiana en operaciones con su característico aspecto desaliñado.
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Miembros de la Rhodesian Light Infantry antes de embarcar en un C-47, llamados localmente “Paradak”
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Tropa nativa del Rhodesian African Rifles antes de embarcar en Alouette III artillados con ametralladoras, llamados localmente G-Car.
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Vehículo “Rhino” a prueba de minas de diseño local.

“One hundred victories: Special Ops And The Future of American Warfare” de Linda Robinson

41cqH8dK0oL._SY344_BO1,204,203,200_Hace un par de años escribí aquí “Cuatro errores del gobierno Bush”. El tercero era “El Olvido de Afganistán”. Mi sensación de siempre fue que tras la caída del régimen talibán el gobierno estadounidense se desentendió de la situación en Afganistán. En algún sitio leí que el 12 de septiembre de 2011 ya se hablaba de invadir Iraq por los pasillos del Pentágono. En mi reseña de Los Vulcanos hablé de cómo una generación formada en la vieja Guerra Fría fue incapaz de asumir el nuevo mundo de las Guerras Posmodernas para imponer los planes de invasión de Iraq y tener así su guerra convencional con la que disfrutar al entrar en Bagdad de cinco minutos de gloria militar en la televisión que compensaran el 11-S y restituyeran el orgullo herido.

Así, con estos antecedentes, he llegado a este libro de Linda Robinson que sorprende al lector cuando cuenta que hasta 2009 nadie se había molestado en diseñar una estrategia de contrainsurgencia para Afganistán. Las fuerzas especiales desplegadas allí se dedicaban a perseguir objetivos de alto valor (High Value Target) con una cadena de mando diferente de las fuerzas convencionales y sin que hubiera un mando de operaciones especiales de alto nivel. Por no hablar de las fuerzas de países aliados integrados en ISAF, al margen de las fuerzas estadounidenses. En definitiva, cada uno hacía allí la guerra por su cuenta.

El libro cuenta el trabajo de los oficiales de operaciones especiales que intentaron darle la vuelta a esta situación a partir de que se creara el Combined Forces Special Operations Component Command-Afghanistan (CFSOCC-A) y se decidiera poner a las fuerzas especiales de Estados Unidos a realizar lo mejor que saben hacer: Entrenar y acompañar a fuerzas locales (Foreign Internal Defense). El libro incrementa una sospecha que tenía hace tiempo. En Afganistán se libran dos batallas contradictorias. Por una lado derrotar a los talibán y por otro lado construir un Estado. Las fuerzas especiales empezaron a organizar, entrenar y pagar fuerzas locales al mando de líderes tradicionales simpatizantes de Estados Unidos. Ese esfuerzo se hizo en muchos lugares a espaldas de las autoridades formales del país, primando eficacia y lealtad por encima de la estricta legalidad afgana. Es decir, las fuerzas especial estadounidenses socavaron el “monopolio legítimo de la violencia” para derrotar a los talibán. El problema se solucionó luego gestionando que el Estado afgano fuera absorbiendo aquellas fuerzas irregulares y entamblando las batallas diplomáticas en los pasillos del poder en Kabul para que las autoridades no desandaran lo avanzado en materia de seguridad en las aldeas.

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“Afghan Local Police” (ALP), la fueza local creada en el marco de las Village Stability Operations

El título del libro hace referencia a las batallas libradas por las fuerzas especiales estadounidenses en lugares recónditos del país donde montaron bases para formar y acompañar a las fuerzas locales reclutadas entre la población y con la aprobación de los líderes informales del lugar. Los “boinas verdes” volvieron así a sus orígenes con las Village Stability Operations, que es en el fondo el tema central del libro. Podríamos decir que estamos casi ante un compendio de “buenas prácticas” de contra insurgencia donde encontramos la importancia de una fuerza entrenada para este tipo específico de trabajo y un mando consciente de la naturaleza no convencional de la empresa. Pero al igual que me sucedió leyendo sobre los esfuerzos de los marines en la provincia de Sangin cabe preguntarse si estos esfuerzos no llegaron demasiado tarde

15-M, una torpe insurgencia

Decidí no dedicar una línea más al 15-M en este blog. Pero hoy me he encontrado con una “autocrítica” al movimiento en el blog La Gran Casualidad” donde lamenta la insistencia en tomar la Puerta del Sol, convertida en un espacio simbólico y donde el movimiento sólo tiene las de perder frente a la policía. ¡Qué error tan tonto! ¡Qué fallo tan básico!

De toda la vida, las insurgencia se han caracterizado por sólo concentrar fuerzas para golpear allí donde el enemigo es más débil. Nunca se entabla una batalla convencional porque el enemigo es siempre más fuerte en términos convencionales. Nunca se lucha por el control del territorio porque el objetivo nunca es dominar un espacio geográfico sino ganar legitimidad popular. Si la policía blinda la Puerta del Sol ante la visita del Papa y los quincemistas podían haber elegido otra plaza para manifestarse. La prensa simplemente los hubiera seguido hasta allí.

Hay que leer más a Lawrence de Arabia.

Venezuela insurgente

A estas alturas deberían conocer a David Beriain por sus reportajes sobre Colombia e Iraq para adn.es y tras formar equipo con Sergio Caro por su documental “Españoles en la ratonera”. Ahora forma parte del plantel de Reporteros de Cuatro. Estoy fuera de España pero como se pueden ver los programas de Cuatro por Ïnternet y ahora ya tengo tiempo he visto por fin “Los guardianes de Chávez”.

50 minutos no son suficientes para mostrar la realidad de Venezuela al completo. Y creo que para el espectador español medio hubiera hecho falta un poco más de contexto: El trío de pobreza, violencia y corrupción extremas azontaban Venezuela mucho antes de la llegada de Hugo Chávez al poder. Recuerdo leer en su momento “cada fin de semana mueren a tiros más personas en Caracas que en Sarajevo”.

Cristo con fusil

Pero lo que muestra el reportaje no tiene desperdicio alguno, ya incluso desde la mera perspectiva antropológica al observar esa Virgen de Coromoto con AK-47. El documental muestra la aparente paradoja de un país donde han aparecido grupos armados de caracter revolucionario no con la intención de luchar contra el gobierno, sino apoyarlo. Las referencias son claras: El golpe de estado de 2002 y la invasión de Iraq en 2003 para derrocar al régimen de Saddam Hussein. En caso de un golpe de estado o una invasión extranjera que colapsaran a las fuerzas armadas sería el “pueblo en armas” quien defendiera la Revolución Bolivariana. De ahí que como se muestra al final del documental se haya creado una amplia reserva movilizable que incluye hasta trabajadores del campo que desfilan sobre sus tractores con fusiles Mosin Nagant (¿piezas de museo para darle ese toque épico-histórico?).

El documental deja unas cuantas preguntas en el aire. Aparece un grupo que apoya a Hugo Chávez pero critica su gestión y considera que en su gobierno hay personajes corruptos que se han enriquecido ilícitamente. ¿Realmente sería posible una ruptura con el gobierno venezolano? ¿Qué pasaría con esos grupos armados si Hugo Chávez perdiera eventualmente unas elecciones? ¿Y qué conexiones hay entre el gobierno y esos grupos armados más o menos clandestinos? Según uno busca información sobre el Movimiento Revolucionario Carapaica encuentra versiones para todos los gustos: Desde que son un instrumento creado por el gobierno a que son unos tontos útiles.

Lo interesante, desde el punto de vista del estudio de la transformación de la guerra. es que mientras en EE.UU., Reino Unido, Rusia, Israel o India el debate ha girado en torno a la lucha Contra Insurgencia (COIN) Venezuela debe ser de los pocos países donde se debate y reflexiona sobre cómo practicar la guerra asimétrica e irregular. Ya en marzo de 2006 hablé aquí de la recepción en Venezuela del libro “El Islam Revolucionario y la Guerra Periférica” de Jorge Verstrynge. Desde aquel entonces me encuentro a menudo referencias en páginas web venezolanas a conceptos “guerra asimétrica”, “guerras de cuarta generación” y hasta del concepto “guerras posmodernas”.

Creo que habrá que seguir con atención por qué caminos transcurre el debate teórico en Venezuela desde aquel “I Foro Militar sobre Guerra de Cuarta Generación y Conflicto Asimétrico” de 2006. Sería divertido saber la reacción del paleoconservador William S. Lind, padre del concepto, al enterarse que sus ideas que nunca tuvieron acogida en el establishment estadounidense florecen en la exhuberante Venezuela.

Apuntes norirlandeses sobre Afganistán

Cuenta Íñigo Sáenz de Ugarte que la comisión oficial sobre el Bloody Sunday de 1972 ha publicado sus conclusiones tras 12 años y 235 millones de euros gastados.

Dice Sáenz de Ugarte, a cuenta del incidente:

“La comunidad católica perdió cualquier rastro de confianza en las instituciones británicas. En definitiva, garantizó que la guerra continuara durante muchos años”

Sería interesante averiguar la percepción que tienen los afganos de sus instituciones. Quizás alguien podría ponerlo en relación con la marcha de la guerra que va camino de su noveno año.

Si ya está todo inventado

Dos reacciones típicas de quienes no entienden mis ideas cuando explico el marco de análisis de “Guerra Posmodernas” son “¿qué puedes decir del conflicto X?” donde X es uno de esos raros conflictos entre estados-nación o por el control del gobierno de un país y “¿guerrillas? ¿tráficos ilícitos? ¡pero si eso ya existía en los tiempos del Imperio Romano?”.

En el primer caso siempre contesto que el advenimiento de las Guerras Posmodernas es un fenómeno gradual. No desaparecieron de la noche a la mañana las viejas guerras modernas. Ahí está esa extraña crisis entre las dos Coreas por el hundimiento de la corbeta Cheonan. O la Guerra Civil de Nepal donde una guerrilla maoísta luchaba por obtener el poder en pleno siglo XXI.

En cuanto al síndrome del “está todo inventao” ciertamente se puede uno remontar todo lo atrás que se quiera buscando ejemplos de guerra irregular, señores de la guerra, divisorisa difusas entre guerra y crimen: Las guerrillas españolas en la Guerra de Independencia, las revueltas campensinas alemanas del siglo XVI, el movimiento zelote o Viriato.

Es decir, de todo lo viejo siempre se puede encontrar un ejemplo en la actualidad. Y de todo lo nuevo podemos remontarnos en la Historia y encontrar un precedente. Además ante el sesudo debate sobre ContraInsurgencia (COIN), el “Surge” en Iraq, las ideas del Field Manual 3-24, etc. se puede argumentar que está por conocerse método más rápido y efectivo que pasar a cuchillo una población rebelde. Los pueblos de la Antigüedad pueden dar buena cuenta de ello.

Cuenta The Economist que el éxito de Sir Lanka al derrotar la guerrilla tamil a sangre y fuego ha suscitado interés en el Sudeste Asiático y que dirigentes de otros países han acudido al país a recabar las lecciones aprendidas. Los entusiastas de la opción Sri Lanka deberían recordar que a pesar de todo las cosas son diferentes.

La democratización de los medios de comunicación han venido a cambiarlo todo. Y cabe preguntarse siempre cómo lo que sucede van a contarlo los medios. Israel debería extraer algunas lecciones.