Vietnow: La guerrra que EE.UU. está perdiendo

Dicen que el primer paso para solucionar un problema es reconocer que se tiene. La retórica propagandística de demonizar al enemigo en Iraq, llamándolo “terrorista”, ha ocultado la naturaleza del conflicto. Parece que nadie se atreviera a decir en voz alta que Estados Unidos está inmerso en una guerra.

Se nos dijo que todo se solucionaría el día en que se detuviera a Saddam. Se nos dijo que todo se solucionaría el día en que la soberanía pasara a un gobierno provisional iraquí. Se nos dijo que todo se solucionará con las elecciones. Pero está por ver que la insurgencia sunnita, en sus vertientes nacionalista e islamista, sienta alguna de sus aspiraciones sastisfechas con un gobierno de hegemonía chiita.

La guerra sigue, y EE.UU. la está perdiendo. Mientras en las páginas de opinión, cartas al director y blogs unos y otros discuten si se debe usar el término “terroristas”, “resistentes”, “guerrilleros” o “fuerzas anti-iraquíes” (sic), la insurgencia iraquí crece y se hace más letal. Considerando que los avances en medicina y en protección de los soldados (por ejemplo los chalecos Interceptor con tecnología de nanotubos de carbono) han aumentado las posibilidades de supervivencia para los soldados heridos, alguien ha aplicado el ratio de soldados fallecidos sobre el total de heridos durante la guerra de Vietnam a las cifras de bajas actuales de EE.UU. en Iraq, y ha encontrado que la ferocidad de los combates equivale al de Vietnam en el año 1966.

El entusiasmo inicial por invadir un país con apenas 150.000 soldados (Rumsfeld quería usar sólo <a href=”http://www.stradigma.com/english/august2003/articles_09.html&#8221;), mientras en liberar Kuwait se habían empleado 500.000 , y la fascinación con la tecnología aplicada a la guerra convencional fue dando paso a la certeza de que nadie se había molestado en planificar el día después de la caída de Saddam Hussein. Habían repetido el guión de la Operación “Tormenta del Desierto” con nuevos juguetes electrónicos, como en un remake de Hollywood con nuevos efectos digitales, sin pensar qué vendría detrás. Que a su llegada a Bagdad el único edificio ministerial al que los estadounidenses proveyeran de protección fuera el Ministerio del Petróleo fue como uno de esos lapsus freudianos que revelan intensiones insospechadas. Cuando el emperador declaró en mayo de 2003 “Mission Acomplished” nadie se atrevió a advertirle que caminaba desnudo por las calles de Babilonia.

¿Tienen Estados Unidos una estrategia para ganar la guerra? Buscando en Google referencias sobre una estrategia para la victoria en Iraq se encuentran 176 resultados frente a las 9.050 referencias a una estrategia para salir de Iraq.

El entusiasmo tras el fin de la operación “Furia Fantasma“, el asalto a Falluya, si bien estaba fundado porque privó a la insurgencia de un base e importantes arsenales, produjo la inquietante impresión de que Estados Unidos está repitiendo el error en centrarse en la cuenta de cadáveres y ocupación del terreno en una guerra donde es irrelevante. El teniente general John Sattler, el oficial de más alto rango del cuerpo de marines en Iraq, afirmó eufórico tras la batalla de Falluya: “We feel right now that we have […] broken the back of the insurgency”. A lo que William S. Lind, uno de los padres del concepto “Guerras de 4ª Generación“, respondió de forma palmaria: “Las insurgencias, como los pulpos, son invertebradas

La estrategia del desgaste tiene un fallo. No tiene en cuenta que el impacto de las bajas en cada bando es diferente, y se mide en términos relativos, no absolutos. Si Estados Unidos sufrió algo más de 58.000 muertos en la guerra de Vietnam, en el 25º aniversario del fin de la guerra el gobierno del actual Vietnam reconoció que la suma de los muertos del ejército regular de Vietnam del Norte y la guerrilla sudvientamita se elevó a 1,1 millones, esto es 18,9 veces más que las bajas de Estados Unidos. Y a pesar de tal descomunal diferencia en el número de combatientes muertos, para la sociedad estadounidenses aquellas docenas de miles de muertos resultaron demasiadas, hasta el punto de influir en el deseo de retirarse de la guerra. Un soldado estadounidense muerto es una piedrecita más en la balanza que decanta el apoyo o el rechazo a la guerra. Un yihadista muerto en Iraq es reclamo más para que otros vengan a ocupar su puesto, en esa fascinación necrofílica de los yihadistas. Algunos calculan que los insurgentes cuentan ya con más miembros que las fuerzas armadas estadounidenses, en Iraq. Y un detalle más. Las estadísticas no son claras en cuanto el número de civiles iraquíes muertos en la guerra. Hay que pararse a pensar en cuántas viviendas, comercios y vehículos de civiles han resultado destruidos y cuántos ciudadanos han muerto por cada insurgente iraquí. Falluya fue una victoria estadounidense. Pero sería interesante saber a quién votarán sus habitantes que lo han perdido casi todo.

Decíamos sobre la guerra de Vietnam:

En aquella guerra Estados Unidos se vio llevando el peso de la lucha contra una guerrilla en un lejano país asiático, ante la inoperancia de un gobierno que no controlaba efectivamente su territorio y un ejército poco combativo cuando no colaborador con el enemigo. Por aquel entonces el U.S. Army, orientado en doctrina y materiales a luchar en las planicies de Alemania contra las hordas rojas, era una fuerza de soldados conscriptos, ciudadanos arrancados de la vida civil, realizando operaciones contrainsurgencia en un país cuya cultura no entendían, cuyo idioma no hablaban y cuyo clima detestaban.

Casi podríamos aplicar punto por punto a Iraq. Aunquen habría primero que señalar que, evidentemente, el triángulo sunnita y la zona entre los ríos Tigris y Éufrates no son precisamente la frondosa selva de Vietnam. Ni hay un Vietnam del Norte que actúe también de refugio. Ni el actual ejército profesional de Estados Unidos tiene que ver con aquel formado por conscriptos, soldados haciendo la mili en un país lejano.

Pero unas cosas compensan otras. La guerrilla sudvientamita no contaba con los adelantos tecnológicos disponible al común de los mortales en Iraq. La telefonía móvil puede convertir a cada simpatizantes de la insurgencia que viva cerca de una base estadounidense o vía de comunicación en una rápida y eficiente red de informadores. Ni los comunistas vietnamitas contaban con <internet ni con Al Yazira para hacer llegar sus mensajes y sus “snuff movies” al corazón de Occidente y a todos aquellos que los jalean. La carencia del apoyo de potencias como China y la U.R.S.S lo suple la red yihadista mundial, los miembros del partido Baaz exiliados, y el sospechado apoyo de Siria. Es factible que las antiguas rutas de contrabando, que sorteaban el embargo de la O.N.U. sirvan ahora a la insurgencia, que además se finanza con secuestros y atracos, como el de un banco en Ramadi que les proporcionó con 13 millones y medio de dólares en dinares iraquíes.

La creación de unidades militares, paramilitares y policiales iraquíes fue en su primer año un rotundo fracaso. Sólo ahora empiezan a estar a la alturas de las circunstancias, en un batiburrillo de unidades cuyas funciones parecen solaparse. Pero el ritmo de creación y preparación está muy por debajo del calendario previsto. Para imaginar el alcance de la implosión organizativa que supuso la invasión basta saber que en un país que tuvo unas enormes fuerzas acorazadas han pasado casi dos años para que esté lista la que es la primera brigada mecanizada del nuevo ejército iraquí. Mientras tanto el peso de la lucha seguirá recayendo sobre las tropas estadounidenses.

Un reportero del Washington Post contaba el relato de un joven bagdadí al que en un registro de su casa los soldados estadounidenses le encontraron unas revistas con mujeres ligeras de ropa. A los soldados les pareció divertido colocarlas a la vista de su madre sobre la cama con un Corán en medio. El periodista contaba como la humillación pasada había llevado al joven a un fervor religioso y un odio a los estadounidenses profundos. La noticia la comentaba el blog Little Green Footballs que dudaba de la veracidad del relato y lo tacha de ridículo. Pero su burla a la supuesta vergüenza pasada por el joven iraquí, sea verídico el relato o no, refleja esa océano de distancia entre estadounidenses e iraquíes producto de la ignorancia de los primeros respecto a los segundos: Soldados cacheando a mujeres, paseándose sin descalzarse y llevando de la correa a perros en el interior de las mezquitas.

En Vietnam francotiradores disparaban desde una aldea con el propósito de que los soldados estadounidenses devolvieran el fuego y poner en contra a los aldeanos. Si un aldeano moría sus vecinos no culparían a los guerrilleros, sino a los estadounidenses. Los ataques suicidas, los combatientes indistinguibles de los civiles, el uso de uniformes de las nuevas unidades militares iraquíes, etc.

siembran la desconfianza contra toda la población civil. Ya en las primeros días de la guerra, tras los primeros ataques con coche bomba contra check points se aplicó la política de disparar contra todo aquel que se adentrara dentro de un radio determinado. Las historias de soldados de gatillo fácil (sólo hace falta buscar “trigger happy” e Iraq en la Red) se repiten una, otra y otra vez.

El importante peso de las fuerzas de la Reserva y la Guardia Nacional en esta guerra ha puesto en primera línea a mucha gente corriente. La Reserva y la Guardia Nacional son componentes de las fuerzas armadas estadounidenses en la que sus miembros sirven a tiempo parcial. Y se ha convertido en una forma de financiarse los estudios o de un obtener simplemente un sobresueldo. Muchas de sus unidades cumplen, en teoría, misiones de apoyo a las unidades que combaten en primera línea: Policía militar, depuración de aguas, servicios fúnebres… Pero en Iraq no hay distinción entre el frente y la retaguardia, tal como decíamos a propósito de Vietnam: “Estando repartidos los estadounidenses por todo el país en bases que requerían un importante apoyo logístico, su despliegue era una enorme y vulnerable retaguardia”.

Los dividendos de la paz, tras el fin de la Guerra Fría, llevó a recortar las dieciocho divisiones regulares del U.S. Army y dejarlas en diez. La necesidad de desplegar tropas en Iraq y Afganistán a la vez, el tiempo necesario para preparar cada despligue y para descansar a la vuelta, etc… están reduciendo el número de unidades disponibles para el despliegue. Se retrasa la licencia de aquellos a punto de cumplir su periodo de servicio, se obliga a un segundo tour en Iraq… La situación ha llegado a tal extremo, que Donald Rumsfeld ha mandado al general en jefe de la Reserva a realizar un informe en el que se llega a la conclusión de que la Reserva “is rapidly degenarating into a broken force”. Se piden más tropas y más dinero para el esfuerzo en Iraq.

La necesidad de proteger el tránsito por carretera desde Turquía y Kuwait ha obligado a dedicar esas unidades a proteger los convoyes y a poner en primerísima línea a gente corriente que cuando se alistó para financiarse la carrera universitaria no pensó que terminaría de fusilero en la carretera Basora-Bagdad. El escándalo de Abu Ghraib surgió a partir de que a una unidad reservista se le encomendara la vigilancia de un desbordada prisión, no habiendo recibido la instrucción para encargarse de tales tareas. Ya se dio el caso de una unidad reservista que se negó a realizar un misión de escolta por considerarlo suicida dado los medios. En las circustancias de Iraq ni siquiera fueron llevados ante un consejo de guerra, sino que recibieron un castigo administativo.

El fervor patriótico tras el 11-S que disparó los alistamientos ha sido cortado en seco por la pesrpectiva de ser enviado a Iraq. El alistamiento en la Reserva y la Guardia Nacional ha caído en picado. Y la escasez de tropas desplegables obliga a buscar soluciones repescar soldados ya retirados o el tabú de la conscripción, el draft. Por un tiempo se habló de que EE.UU. pretendía una mayor implicación de la OTAN en Iraq. En el Reino Unido, el país después de EE.UU., con más tropas sobre el terreno la aparición de fotos que mostraban actos de tortura a manos de soldados británicos ha conseguido que el apoyo a la guerra disminuya

Cuando hasta los conservadores estadounidenses piden una retirada de Iraq es señal de que algo va mal. Y el peligro en un conflicto mediático como el de Iraq es que lo importante no es ganar o perder, sino la percepción que se ofrece a la opinión pública de las cosas. Como por ejemplo dar una imagen de estabilidad o democracia, en vezo de construir una democracia. ¿Está dispuesto realmente Estados Unidos a jugar la carta de la democracia en Iraq? ¿Qué pasará si un gobierno iraquí decide revocar esos contratos inflados artificialmente por las ex-empresas de Donald Rumsfeld y Dick Cheney? ¿Y si un gobierno del democrático Iraq otorga contratos de explotación de sus recursos a empresas europeas, rusas, iraníes o chinas? ¿Y si Iraq empieza a operar en los mercados internacionales con euros y no dólares?

Empieza a hablarse de la salida de EE.UU. de Iraq, aumentando las responsabilidades del gobierno iraquí. Las experiencia de la vietnamización y afganización de los conflictos terminaron igual… de mal. Se dice que los medios exageran. Que la insurgencia sólo ataca en cuatro de las 18 provincias del país. Pero es un argumento al que se le puede dar la vuelta. ¿Una insurgencia que sólo actúa en 4 provincias de un país con 18, y aún así EE.UU. no puede acabar con ella? Entonces, ¿qué se puede esperar del gobierno de un estado débil y en proceso de reconstrucción? Los kurdos son autónomos. ¿Cuál es el siguiente plazo en caso de persistir la violencia? ¿La autonomía del sur del país? Quedaría entonces una Mesopotomia sunnita libanizada. Quizás la desaparición de escena de los EE.UU. aplaque a una parte de los insurgentes sunnitas. Pero mientras no quede la indudable certeza de que estamos ante una victoria estadounidense los yihadistas proclamarán que consiguieron derrotar y expulsar de sendos países musulmanes a dos imperios, primero la U.R.S.S. y luego Estados Unidos. Y a todas estas seguiría sin demostrarse que Estados Unidos tienen una estrategia para vencer esta guerra, llámase guerra insurgente, no convencional, de guerrillas, asimétrica, de la Cuarta Generación, etc.

¿Cómo enfrentrarse a un enemigo dispuesto a volar por los aires un autobús escolar o una cola que espera para depositar su voto en un colegio electoral? Empezaba este tríptico sobre Iraq (1ª parte y 2ª parte) hablando de la película Apocalypse Now. En uno de los diálogos finales el coronel Kurtz cuenta la experiencia que le marcó definitivamente.

I remember when I was with Special Forces. Seems a thousand centuries ago. We went into a camp to inoculate the children. We left the camp after we had inoculated the children for Polio, and this old man came running after us and he was crying. He couldn’t see. We went back there and they had come and hacked off every inoculated arm. There they were in a pile. A pile of little arms. And I remember… I… I… I cried. I wept like some grandmother. I wanted to tear my teeth out. I didn’t know what I wanted to do. And I want to remember it. I never want to forget it. I never want to forget. And then I realized… like I was shot… like I was shot with a diamond… a diamond bullet right through my forehead. And I thought: My God… the genius of that. The genius. The will to do that. Perfect, genuine, complete, crystalline, pure. And then I realized they were stronger than we. Because they could stand that these were not monsters. These were men… trained cadres. These men who fought with their hearts, who had families, who had children, who were filled with love… but they had the strength… the strength… to do that. If I had ten divisions of those men our troubles here would be over very quickly. You have to have men who are moral… and at the same time who are able to utilize their primordial instincts to kill without feeling… without passion… without judgment… without judgment. Because it’s judgment that defeats us.

Para derrotar a alguien sin escrúpulos morales hay que dejar la moral a un lado. Es la conclusión de Kurtz. Se ha hablado estos días de que en Washington han considerado resucitar un émulo iraquí de los escuadrones de la muerte salvadoreños, la “Opción Salvadoreña”. ¿Qué nos espera entonces?

El horror, el horror

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