La amenaza de lobos solitarios

Ayer viernes un adolescente de 18 años la emprendió a tiros en un McDonald’s y un centro comercial en Múnich. De las nueve víctimas mortales, hubo veinte heridos, ocho tenían entre 14 y 21 años. Un policía de paisano llegó a intercambiar disparos con el atacante. Posiblemente ese fuera el origen de los testimonios de la existencia de varios tiradores. Finalmente, el tirador terminó suicidándose después de huir de la zona. El perfil que se ha dado conocer de él es de un adolescente depresivo, que sufrió abuso escolar y de alguna forma fascinado por las matanzas en centros escolares. Ayer, por cierto, se cumplía el 5º aniversario de la matanza en la isla noruega de Utoya, donde Anders Breivik mató a 77 personas que participaban en un campamento de verano del Partido Laborista noruego.

La policía de Múnich ha descartado que el ataque de ayer tuviera intención política. Lo que no ha evitado las especulaciones en Internet por ser el atacante, nacido en Alemania, hijo de iraníes. Evidentemente, tras las matanzas de Orlando y Niza las opiniones públicas en Occidente están bastante susceptibles. Y hay quien quiere creer que las autoridades alemanas ocultan algo. Dejando a un lado las motivaciones, los asesinatos de ayer se asemejan al fenómeno de los “lobo solitarios”, terroristas que actúan de forma aislada, por su carácter impredecible y porque generan fascinación en potenciales imitadores. Precisamente, el miércoles pasado el diario La Razón publicó la entrevista que me realizó Marta Sotres  sobre los “lobos solitarios”.

Otra vez Francia: La nueva normalidad

Hace semanas Jorge Tierno me animó de nuevo a escribir en su blog. Le conté que en su momento había pensado en hacerlo sobre terrorismo pero “no era una tema de actualidad”.  Poco después tuvo lugar el atentado en el aeropuerto de Estambul. Y  ayer hubo atentado terrorista en Francia. Otra vez.

Precisamente anoche hablé con Jaume Segalés en Radio Internacional sobre el Estado Islámico y el terrorismo yihadista a propósito de la noticia de que el Estado Islámico se prepara para la pérdida de sus dominios territoriales para convertirse en una organización terrorista al uso. Y me paré a hacer la reflexión de que el terrorismo es una estrategia de los débiles y fanáticos. Es una forma de violencia política para echarle un pulso al Estado. Recordé la ola de violencia terrorista de los sesenta y setenta, con numerosos secuestros de aviones como el que terminó en Uganda y cuyos pasajeros fueron rescatados por comandos israelíes. Recordé acciones como el secuestro de los mandatarios en una cumbre de la OPEP en Viena y el Otoño Alemán de 1977.

CnZSR4RXYAANAdP ¿Qué quedó de todo aquello? El terrorismo fue derrotado. Y nadie concibe que los países occidentales claudiquen ante la amenaza del terrorismo yihadista. Me refiero a que no cesarán los esfuerzos para derrotar al Estado Islámico. Supongo que no es fácil asumir que el atentado de ayer en Niza es la “nueva normalidad”. Y qué vendrán más atentados y vendrán más muertos. El factor de éxito de la estrategia terrorista vendrá dado por lo que hagamos nosotros. No por el número de muertos.

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Escalada yihadista en Europa

La semana pasada recopilé unos “Atentados en Bruselas – apuntes en construcción” que me sirvieron para hacer un análisis más sosegado con la información disponible las primeras 48 horas en “Bruselas y el salto evolutivo del Estado Islamico en Europa”.  La intención original es que saliera en la página web de Passim.eu, pero justo esa semana están de cambio de hosting y tras pelearme con el servidor terminé publicándolo aquí (de ahí la redundancia de datos y comentarios).

Pasan los días y se va ampliando la información. Apuntaba el otro día que el comunicado del Estado Islámico hacía referencia a que los terroristas habían empleado fusiles de asalto, chalecos explosivos y bombas. Pero sabemos que en el aeropuerto sólo emplearon maletas-bomba mientras que la noticia de que había aparecido al menos un fusil AK, que yo recogí inicialmente, fue luego desmentida. Es decir, el Estado Islámico hablaba en su comunicado de que había llevado a cabo un atentado complejo del tipo definido por Sullivan y Elkus como “asedio urbano”, al estilo del de Mumbai en 2008, mientras que los atentados en realidad fueron mucho menos sofisticados, al estilo de los atentados del 11-M de Madrid y 7-J de Londres. Ahora sabemos que los terroristas sí tenían planeado un atentado complejo, pero la operación del día 15 de marzo en la comuna de Forest lo desbarató. Además, una operación policial francesa llevó al descubrimiento el jueves 25 de marzo de un piso en Argenteuil donde aparecieron cinco fusiles de asalto AK y los ingredientes para elaborar explosivo TATP, el mismo empleado en los atentados de Bruselas y del que apareció una pequeña cantidad.  Así que podemos pensar que las redes yihadistas franco-belgas preparaban nuevos atentados complejos. Que Francia y Bélgica sean el origen de la principal actividad yihadista en el continente ha aparecido ya en alguna investigación académica. Y ha vuelto a poner la atención en la comuna belga de Molenbeek. Michelle Hackman ha hecho en Vox una interesante recopilación de lecturas al respecto.

Señala Matthew Levitt en Foreign Policy que se ha producido un cambio importante en el yihadismo europeo. Atentados como el de París en enero de 2015 contra Charlie Hebdo y el supermercado Hyper Cacher, fueron la acción de una célula formada por dos hermanos y una persona aislada respectivamente. Tuvimos luego la tentativa de atentado en agosto de 2015 en el tren Thalys que cubría la ruta Amsterdam-París, junto con otros atentados fallidos. Como el que un terrorista solitario, detenido se mismo mes tras volver de Siria, pretendía cometer en un concierto en Francia. Los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París fueron un salto por su complejidad, número de terroristas implicados y recursos empleados. Por eso Levitt habla del fin de la era de los lobos solitarios. Ya he comentado alguna vez la tendencia de expertos y analistas de hablarnos de “una nueva era de” ante cada acontecimiento de impacto. De hecho, algún avispado comentaristas hablaba, tras los atentados del 13 de noviembre de París y las declaraciones del primer ministro francés de que el país estaba en guerra, de que estábamos ante un nuevo tipo de guerra (como curiosidad, este blog tiene más de diez años). Yo no considero descartable la acción aislada de algún terrorista solitario, una estrategia terrorista que dio muy malos resultados en la década anterior. Pero sin duda 2015 fue un año de cambio de estrategia terrorista en Europa.

Según Martin Chulov cuenta en el diario británico The Guardian, hubo una cumbre de líderes del Estado Islámico en la localidad siria de Taqbah el 4 de noviembre de 2015 donde se decidió lanzar ataques en Europa. Se mencionó específicamente a Francia, Bélgica, Reino Unido, Alemania, Italia y España. Precisamente aquel verano el Estado Islámico había alcanzado su máxima expansión geográfica y comenzaba entonces el retroceso. El 27 de septiembre el gobierno francés decidió que su intervención militar con ataques aéreos contra el Estado Islámico, la Operación Chammal, se extendiera de territorio iraquí al sirio. El 9 de noviembre se anunció el despliegue del portaaviones Charles de Gaulle. El 13 de noviembre tuvieron lugar los ataques de París.

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Miembros de la célula terrorista que perpetró los ataques del 13 de noviembre de 2015 en París en un vídeo de propaganda del Estado Islámico. Imagen vía NY Daily News.

Clint Watts hacía en el blog War On The Rocks en enero de 2015 una clasificación los ataques terroristas en función de la conexión de la célula terrorista con el núcleo duro de los grupos terroristas. Así, hablaba de “ataques dirigidos”, cuando una célula terrorista era enviada a cometer el atentado; hablaba de “ataques conectados en red” (networked) cuando un individuo tenía conexiones con el núcleo central pero creaba localmente una célula; y “ataques inspirados” cuando se trataba de atentados cometidos por individuos o grupos sin conexión personal. La novedad de los últimos atentados es que los terroristas han pasado por campamentos en los territorios del Estado Islámico, donde han recibido formación. Esa es la gran diferencia con las tramas terroristas fallidas o desmanteladas en el período que va de la caída del santuario afgano a la aparición del Estado Islámico y que abordé en un artículo a la muerte de Bin Laden. La novedad es que los ataques de París en noviembre de 2015 y los últimos de Bruselas han sido llevado a cabo por terroristas enviados desde el territorio del Estado Islámico, donde recibieron formación. De ahí que en sus planes entre el manejo de armas y la elaboración de explosivo TATP. La cuestión que me queda aboradar aquí en un futuro es la naturaleza de las células terroristas, sus conexiones logísticas con el mundo del crimen y el proceso de radicalización en los suburbios deprimidos de Europa.

Jason Burke afirma en el diario británico The Guardian con cierta resignación que hay que asumir que estamos ante una nueva ola de violencia yihadista, como otras tantas del pasado. Es posible encontrar titulares sobre Bruselas como la “nueva normalidad” europea en medios como The Economist, The Boston Globe y The Huffington Post. Todo apunta a que veremos más atentados terroristas yihadistas en Europa.

Bruselas y el salto evolutivo del Estado Islámico en Europa

El pasado martes 22 de marzo tuvo lugar un doble atentado en Bruselas, la capital de Bélgica. A las 7:58 de la mañana se produjo una explosión en el Aeropuerto Internacional de Bruselas (Zaventem). 37 segundos más tarde se produjo otra. Según Peter Allen en MiddleEastEye, la segunda explosión tuvo lugar entre el flujo de gente que huía de la primera. Las cámaras de seguridad captaron a tres terroristas, dos de los cuales murieron en las explosiones, mientras que el tercero huyó. Una hora más tarde una explosión tuvo lugar en la estación de metro de Maelbeek, cerca de la sede de varias instituciones europeas. El balance provisional de víctimas es de más de 30 muertos y más de 200 heridos.

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Bruxelles est (re)belle. Foto: Wikimedia.

El Estado Islámico emitió aquel mismo día por la tarde un comunicado en varios idiomas reivindicando los atentados, donde amenaza con “días negros para todas las naciones cruzadas aliadas en su guerra contra el Estado Islámico”. El comunicado hace mención a que los terroristas emplearon fusiles de asalto, cinturones explosivos y bombas. Así que estaríamos ante un intento de replicar un tipo de atentado yihadista que se ha repetido en varios continentes desde los ataques del 26 de noviembre de 2008 en Mumbai y que Adam Elkus y John Sullivan llaman “asedio urbano”. Se trata de ataques simultáneos contra lugares públicos para saturar a la policía y los servicios de emergencia por parte de terroristas con fusiles de asalto, que una vez enfrentados a la policía o acorralados hacen detonar los explosivos. Sin embargo esta vez los terroristas simplemente hicieron detonar los explosivos.

Estos atentados han ocurrido menos de una semana después de dos grandes operaciones policiales en Bélgica los días 15 y 18 de marzo que se saldaron con la detención de Salah Abdeslam, considerado el “cerebro” del grupo terrorista que atentó el 13 de noviembre de 2015 en París. Abdeslam es originario de la comuna de Molenbeek y es significativo que no fue detenido a la fuga lejos del país, sino que fue en su lugar de origen donde la policía belga le detuvo. Como apunté el pasado mes de noviembre, tras los atentados en París, la comuna de Molenbeek es conocida por ser un foco de radicalización islamista. Se acumulan allí una serie de problemas sociales que han servido de caldo de cultivo para el yihadismo. Si Abdeslam ha logrado permanecer cuatro meses huido de la policía es porque contaba en la zona con una red de amigos y simpatizantes que le han proporcionado refugio. Tras su detención, el ministro belga de Asuntos Exteriores afirmó que preparaba un nuevo atentado y que contaba con una nueva red a su alrededor en Bruselas”. Por tanto, es factible especular que los autores de los atentados son miembros de esa red que escaparon a las operaciones policiales y adelantaron sus planes de atentar en Bélgica, ya que se requiere tiempo para obtener los ingredientes y preparar los explosivos.

Imágenes de los tres terroristas captada por una cámara de seguridad del aeropuerto de Bruselas. Foto: Wikimedia.

El miércoles 23 las autoridades belgas identificaron a dos de los terroristas autores de los atentados como los hermanos Ibrahim y Jalid El Bakraoui. Ambos murieron al hacer detonar artefactos explosivos, el primero en el aeropuerto y el segundo en el metro. El segundo terrorista que murió en el aeropuerto y el tercero que huyó de allí no han sido identificados. Una de las piezas claves en la investigación fue el testimonio del taxista que trasladó los tres terroristas con tres pesadas maletas al aeropuerto. Gracias a él la policía llegó a una vivienda en el nº 4 de la calle Max Roos de la comuna de Schaerbeek, donde fueron encontrados 15 kilos de explosivo triperóxido de triacetona (TATP en sus siglas en inglés), 150 litros de acetona, 30 litros de agua oxigenada y detonadores junto con una maleta llena de clavos y tornillos para ser usados como metralla. El hallazgo es significativo porque en los atentados del 13 de noviembre de 2013 en París se empleó también TATP. Se trata de un explosivo fabricado con ingredientes al alcance de cualquiera pero que requiere maestría en su elaboración por la peligrosidad de su manejo.

Los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París reflejaron un salto en la complejidad de la ejecución y el nivel de recursos empleados, sino también en la sofisticación de los procedimientos empleados por los terroristas. Según un informe de la policía francesa al que el New York Times habría tenido acceso, la complejidad de las bombas empleadas y la estandarización de su fabricación refleja que las células terroristas vinculada al Estado Islámico en Europa cuentan ahora con miembros entrenados, posiblemente en Siria, que siguen los mismos protocolos. Además, el empleo de teléfonos para usar y tirar, el empleo de teléfonos móviles activados poco antes de los ataques y el uso de los teléfonos móviles de las víctimas en la sala de conciertos Bataclan suponen que los terroristas son ahora mucho más precavidos en sus comunicaciones.

Ese salto en los ataques terroristas en Europa supone que se ha producido un cambio de estrategia en el Estado Islámico, que ahora sí busca lanzar ataques en Occidente. Ese cambio posiblemente tenga que ver con que, tras alcanzar su cenit, los dominios territoriales del Estado Islámico en Siria e Iraq comenzaron a retroceder en el verano de 2015. Precisamente el gobierno francés, que ya había ordenado el despliegue de su aviación militar en Jordania para atacar al Estado Islámico dentro de las fronteras de Iraq, decidió redoblar los esfuerzos y desde el 27 de septiembre de 2015 la aviación francesa comenzó a lanzar ataques también dentro de las fronteras de Siria. Menos de dos meses después tuvieron lugar los ataques terroristas de París.

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Un Rafale francés sobrevolando Bagdad en una misión contra el Estado Islámico. Foto: Armée de l’Air.

Clint Watts traza un paralelismo con el grupo somalí Al Shabaab. Después de que sus dominios territoriales comenzaran a disminuir, se iniciaron los atentados en países de la región, como los atentados en dos establecimientos de ocio en Kampala (Uganda) en 2010 y contra un centro comercial en Nairobi (Kenia) en 2013. Ahora que se ha convertido en el grupo yihadista de referencia global, el Estado Islámico no tiene victorias militares que mostrar al mundo, apunta Watts. Así que lanzar atentados terroristas en Occidente contra objetivos “blandos” le coloca nuevamente en el centro de la atención mediática de todo el planeta y le permite seguir captando apoyos entre los radicalizados como el grupo de vanguardia de la yihad global.

Vincular las operaciones, sean militares o policiales, contra el Estado Islámico y los atentados no implica establecer una relación causal directa. Sin ir más lejos, el año pasado se detuvo en España a dos grupos que tenían la aparente intención de cometer atentados. Así, en abril de 2015 se detuvo a once personas en varios municipios de Cataluña y en noviembre de 2015 se detuvo a los tres miembros de una célula yihadista en la provincia de Madrid. Bien es cierto que existen ciertas diferencias entre el contexto belga y el contexto español. Sin ir más lejos, Bélgica es el país del que más han marchado voluntarios para unirse a las filas yihadistas en la guerra civil siria en proporción a su población. Lo que refleja, en cualquier caso, que no es un problema externo, se trata de una amenaza surgida dentro de la propia Europa con ciudadanos europeos radicalizados. Por lo que las estrategias contra el terrorismo no deben ser sólo a corto plazo y en el ámbito de la seguridad.

El 12 de octubre de 1984 el grupo terrorista norirlandés IRA hizo detonar una bomba en el hotel de Brighton donde se alojaban miembros del Partido Conservador británico, incluyendo los miembros del gobierno y la primera ministra, Margaret Thatcher. La habitación de Thatcher se vio afectada pero sobrevivió al atentado. Al día siguiente el IRA emitió un comunicado, responsabilizándose del ataque y dirigiéndose a la primera ministra: “Hoy no tuvimos suerte, pero recuerde que sólo tenemos que tener suerte una vez”. Con una amenaza terrorista que ha dado un paso evolutivo, las fuerzas de seguridad e inteligencia europeas tendrán que tener suerte todos los días.

Atentados en Bruselas – apuntes en construcción

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Esta mañana se ha producido un doble atentado terrorista en Bruselas. A las ocho de la mañana se han producido dos explosiones en el Aeropuerto Internacional de Bruselas (Zaventem). Según Peter Allen en MiddleEastEye, una primera explosión sirvió para causar pánico y empujar a la gente hacia el lugar de la segunda explosión, mucho mayor y que causó la caída de piezas del falso techo. Murieron 11 personas y 81 resultaron heridas (datos provisionales). La Radio Télévision Belge Francophone ha informado de que se encontró un AK en el lugar.

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A las 9:15 de la mañana se ha producido una explosión en la estación de metro de Maelbeek, en el centro de la ciudad. Murieron al menos 15 personas y 70 resultaron heridas (datos provisionales).
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Estos son los datos que se disponen en el momento. El balance de víctimas seguro cambiará. Según recogía Reuters, avanzada la mañana se hablaba ya de 34 muertos (14 en el aeropuerto y 20 en el metro).

Insisto que estos son los pocos datos que tenemos porque llevo toda la mañana siguiendo reacciones en Twitter y parece que todo el mundo ha descubierto que los atentados vienen a demostrar justo las ideas que sostenía precisamente el día de ayer.
-Las personas que simpatizan con los refugiados sirios dicen que ahora deberíamos entender el horror del que huyen.
-Las personas que no simpatizan con los inmigrantes musulmanes dicen que deberíamos entender al fin la amenaza del Islam en Europa.
-Los progresistas dicen que nuestra reacción debería ser abrir un diálogo con la comunidad musulmana y atender sus necesidades sociales.
-Los conservadores dicen que deberíamos volver a las raíces cristianas de Europa
-Los simpatizantes de Putin dicen que deberíamos establecer una alianza con Rusia para luchar contra el yihadismo.
-Los favorables a una política occidental intervencionista dicen que deberíamos intervenir a fondo en Oriente Medio en la lucha contra el Estado Islámico.
-Los contrarios a una política occidental intervencionista dicen que estos atentados son una consecuencia de esa política.
Y así una innumerable lista de “lecciones aprendidas” en los atentados de hoy.


A nadie se le escapa que el pasado día viernes 18 de marzo tuvo lugar una operación antiterrorista en Bélgica que dio como resultado la detención de Salah Abdeslam, considerado el cerebro de los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París. Abdeslam fue detenido en la comuna de Molenbeek, su lugar de residencia original y foco de radicalización islámica. Los atentados podrían ser una respuesta a esas operaciones policiales, pero considerando la complejidad de obtener y preparar los artefactos explosivos podría tratarse de un grupo que alterara sus planes para realizar un plan improvisado.

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Rescato dos párrafos del epígrafe “Bélgica como nido del radicalismo islámico europeo” del artículo  “Cinco claves de los ataques terroristas de París” que escribí para Passim.eu

La capital de Bélgica ha relevado a Londres, conocida irónicamente en su momento como Londonistán, como la capital del radicalismo islámico europeo. Bélgica es el país europeo del que más voluntarios para la yihad siria han partido si consideramos su población. Abundan las explicaciones de cómo el noveno país de la Unión Europea por población se ha convertido en el principal nodo del yihadismo europeo con el que se pueden conectar una lista larga de tramas terroristas europeas, incluyendo los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Se argumenta sobre cómo la población musulmana ha encontrado difícil encaje en un país polarizado identitariamente entre flamencos y valones. Lugares con mayoría de población inmigrante en torno a la capital, como Molenbeek, habrían quedado en tierra de nadie en ese pugna política y, por tanto, recibe menos recursos del gobierno. Se señala además como la fragmentación administrativa municipal en la región de la capital impide una acción eficaz del Estado. En palabras del viceprimer ministro belga y ministro del Interior, Jan Jambon, “no tenemos la situación bajo control en Molenbeek”.

Más allá de la lista de culpables de la actual situación de los suburbios musulmanes belgas, los vínculos entre los terroristas identificados nos lleva a recordar el minusvalorado papel de las redes de reclutamiento y radicalización islamistas que se nutren de los contactos cara a cara y de las relaciones cercanas. Vimos cómo en los ataques del viernes 13 de noviembre en París participaron dos hermanos, como fue el caso de los hermanos Kouachi en los ataques en enero de 2015 en París y como fue el caso de los hermanos Tsarnaev en el atentado con bomba en Boston en abril de 2013. Internet y las redes sociales se han mostrado como un medio de captación de voluntarios para unirse a grupos yihadistas en Siria, pero la perpetración de atentados terroristas en Occidente sigue siendo obra de grupos cohesionados y cercanos, cuyos planes pasan desapercibidos a las fuerzas de seguridad. Tampoco Internet ha logrado sustituir la experiencia y conocimiento de manejar armas y explosivos que los terroristas obtienen sobre el terreno en campamentos de entrenamiento o luchando en conflictos como el de Siria.


Comunicado del Estado Islámico en francés. Menciona que los terroristas emplearon fusiles de asalto, cinturones explosivos y bombas, así que estamos ante un intento del tipo de atentado que Adam Elkus y John Sullivan llaman “asedio urbano”. Por razones desconocidas no se produjo un tiroteo prolongado en el aeropuerto.

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Los hermanos Jalid e Ibrahim El Bakraoui han sido identificados como dos de los terroristas suicidas. El primero hizo detonar una bomba en el metro de Bruselas y el segundo lo hizo en el aeropuerto. El otro terrorista suicida que actuó en el aeropuerto no ha sido identificado, como tampoco lo ha sido el tercer terrorista allí presente y que está huido. Se repite así un patrón de células terroristas en la que encontramos parejas de hermanos, lo que implica un grupo cohesionado con pocas comunicaciones exteriores que puedan ser interceptadas.

Boston 15 abril 2013: Hermanos  Dzhojar y Tamerlán Tsarnáev
París 7 enero 2015: Hermanos Saïd y Chérif Kouachi
París 13 noviembre 2015: Hermanos Salah y Brahim Abdeslam.


La secta del fin del mundo

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Este fin de semana el diario madrileño ABC publicó el artículo “El «califato» provoca a Occidente para que envíe soldados a Siria” donde Mikel Ayestarán nos cuenta que el Estado Islámico tiene una naturaleza milenarista y que aspira a provocar a que Occidente invada Siria para entablar allí la gran batalla de Dabiq, el equivalente musulmán del Armagedón. Dabiq es, por cierto, una localidad ubicada en el norte de Siria que además da nombre a la revista oficial del Estado Islámico. La naturaleza milenarista del Estado Islámico es algo que ya sabíamos gracias a Manel Gozalbo y un artículo suyo que considero imprescindible: “El Califato del fin del mundo”. Con este contexto, me parece interesante estudiar al Estado Islámico desde la misma perspectiva con la que analizábamos las “sectas destructivas” surgidas en los años 70 y 80 nos permite entender los mecanismos de atracción con los que gana adeptos incluso entre la población occidental  y descubrir patrones entre los decididos a dejarlo todo para irse a vivir como súbdito del Califato, más allá de las discusiones si el Estado Islámico no es verdaderamente islámico o todo lo contrario.

Una perspectiva interesante la tenemos en un artículo que publicó este fin de semana el diario madrileño El Mundo sobre las ideas del antropólogo Scott Atran. El artículo recoge su perspectiva sobre el Estado Islámico y es destacable la visión que da de cómo un grupo con ideas tan extremas y acciones que generan tanto rechazo puede resultar atractivo. Utiliza una comparativa con Hitler, cómo no, pero me parce relevante la importancia que da a una visión colectiva y utópica que lleva al sacrificio personal y a la destrucción del orden conocido.

“Nuestros países quieren que su gente disfrute una buena vida y ausencia de riesgo, pero nuestros intelectuales jamás van a luchar para preservar nuestros derechos. Hitler propone la aventura, la gloria, la muerte, la destrucción del mundo viejo y la construcción de algo nuevo que requiere un autosacrificio y 80 millones de personas caen a sus pies. ¿Por qué? Porque la gente, sobre todo joven, no quiere solamente la vida fácil, la seguridad, la moderación. Quieren un sacrificio, algo trascendental, significativo que tenga sentido en un universo caótico. Lo que está proponiendo Hitler y Bagdadi es pasión. Se debe quemar todo para salvar al mundo”.

Desde este perspectiva lo relevante no es tanto estudiar la variante del salafismo yihadismo que representa el Estado Islámico y cómo ha surgido en el contexto del Islam, como el mecanismo de captación de voluntarios para luchar en Siria. Scott Atran destaca cómo el esfuerzo de captación es individualizado. El joven que se adentra por Internet vía redes sociales o foros hasta encontrar un reclutador del Estado Islámico recibe un mensaje personalizado contra el que las campañas generalistas de los gobiernos poco pueden hacer.

El Centre de prévention contre les dérives sectaires francés presentó un informe sobre el perfil social de los “candidatos a la yihad” en Siria o Iraq de una muestra de 160 casos. El retrato robot resultante era un adolescente/postadolescente (el 63% tenía de 15 a 21 años) de clase media, de familia no religiosa y con episodios depresivos (40%) que en el 90% de los casos tenía abuelos franceses y en el 91% de los casos había vivido un proceso de adoctrinamiento  por Internet.

Julia Ioffe ha elaborado “Mothers of ISIS”, un extenso reportaje en The Huffington Post, sobre el nexo creado entre las madres de chicos occidentales que un día desaparecieron de casa o anunciaron un viaje a Oriente Medio como voluntarios de una ONG para reaparecer al poco tiempo como combatientes en Siria y al poco tiempo morir allí. Las historias que cuentan son parecidas. Los chicos coinciden en haber tenido un padre ausente, problemas personales, problemas con las drogas, dificultades en sus relaciones personales, etc. Hasta que un día se convierten al Islam, lo que da orden a su vida y genera alivio en las madres. Pero al tiempo comienzan los roces por la vestimenta de la madre, la dieta o al alcohol, hasta la ruptura definitiva. Finalmente los chicos desaparecen sin despedirse y al poco tiempo tienen noticias de ellos desde Siria. Entonces un día les llega la noticia de la muerte del hijo allí. La lejanía, la sorpresa, el shock, el sentimiento de culpa… les genera un vacío insalvable al que nadie puede dar solución. Una de ellas, canadiense, creó una asociación para alertar a padres y educadores. Por el camino fueron contactando con ella madres con casos parecidos al suyo y terminó encontrando a Daniel Koehler, un experto alemán en desrradicalización que hasta ahora había trabajado con miembros de grupos neonazis.

Además, el Estado Islámico ha realizado campañas orientadas a captar especialmente adolescentes occidentales, a  las que empareja con yihadistas con trágicas consecuencias. Un fiscal holandés planteaba el dilema de no saber cómo se les debe tratar, si como víctimas de un engaño o asumir que su viaje a Siria fue una decisión libre reflejo de un compromiso con cierta ideología. En España el primer caso saltó este año, cuando una joven de 22 años de Almonte (Huelva) fue detenida antes de viajar a Siria. Los datos que han trascendido son que es hija de un pequeño empresario de la construcción afectado por la crisis y cuyos padres están separados. La noticia destaca, para remarcar el contraste, que en su momento llegó a vestir con estética “pseudogótica” (sic) y se hizo un tatuaje en la espalda con el nombre del grupo Metallica.

El debate tras los ataques terroristas de París del viernes 13 de noviembre se ha centrado tanto en Europa como en Estados Unidos en la “amenaza externa”. Pero hay otra interna, real confirmada. Es esta de la que he hablado hoy aquí y la otra, la que anida en ciertos barrios europeos de los que se habla poco, que trataré otro día.

Un análisis de los atentados terroristas en París

Esta semana me he estrenado como colaborador de la página web Passim.eu con un análisis titulado “Cinco claves de los ataques terroristas de París”. Repaso el contexto estratégico del Estado Islámico, las tácticas empleadas en los ataques, la logística de los terroristas y Bélgica como nido del yihadismo europeo para terminar con una conclusiones sobre la lucha contra el Estado Islámico.