La delgada línea azul

Recientemente Fauerzaesp compartía unas fotos en Instagram del nuevo material del Grupo Especial de Operaciones (GEO) del Cuerpo Nacional de Policía español.  El GEO es la “unidad de élite” de la policía española. La unidad fue noticia en 2021 porque protagonizó una serie documental sobre su proceso de selección emitida en España por Amazon Primevideo.

Nueva uniformidad del GEO en camuflaje Multicam Black de UF PRO. Foto vía Fauerzaesp

En las fotos de Fauerzaesp vimos los nuevos uniformes de la marca eslovena UF PRO en camuflaje Multicam Black y un vehículo blindado militar 6×6 BMR, como el que la Unidad de Intervención Policial (UIP) usó durante las protestas del sector del metal en Cádiz.

El nuevo BMR de los GEO. Foto vía Faueerzaesp.

El GEO llevaba años usando dos patrones de camuflajes que lucían bastante anticuados. Y desde luego era hora de que actualizaran su material y su imagen. En cuanto el vehículo BMR, Fauerzaesp comentaba que podría ser material recibido para reforzar la seguridad de la próxima cumbre de la OTAN, a celebrar en Madrid en 2022.

Los dos patrones de camfulaje usados por el GEO hasta ahora.

El GEO fue creado en 1977 y según la propia web de la Policía Nacional siguiendo el ejemplo de la unidad especial alemana GSG9, que pertenecía entonces a la policía de fronteras.  Durante los años 70 el mundo asistió a una sucesión de ataques terroristas consistentes en crisis con rehenes: Villa Olímpica  Múnich (1972), Cumbre de la OPEP en Viena (1975), Embajada de Alemania en Suecia (1975), Embajada de Irán en Londres (1980)… Además de casos notorios de secuestros de aviones: Vuelo 571 de Sabena (1972), Vuelo 139 de Air France (1976),  Vuelo 181 de Lufthansa (1977)… Algunos de estos casos darían lugar a las más famosas y espectaculares operaciones de rescates de rehenes, como el asalto de la unidad israelí Sayeret Matkal al aeropuerto de Entebbe (Uganda) para rescatar los rehenes del Vuelo 139 de Air France o el asalto del Special Air Service británico a la embajada iraní en Londres.

Todos estos casos repetían un mismo patrón. Los terroristas tomaban el control de un avión o edificio y mantenían un grupo numeroso de rehenes a los que amenazaban con matar en caso de que no se cumplieran una serie de condiciones, que solían incluir la liberación de compañeros de organización cumpliendo condena y el acceso a medios de comunicación para emitir un comunicado. La policía acordonaba la zona y esperaba la llegada de personal especializado en negociaciones y en último caso de una unidad especial. En países como Estados Unidos, Reino Unido e Israel, la unidad de élite encargada de los casos más delicados es militar. En la mayoría, pertenecen a la policía o la gendarmería. Este tipo de unidad apareció incluso al otro lado del Telón de Acero, como en la Unión Soviética y la República Democrática Alemana.

Aquellos ataques terroristas en los años 70 fueron protagonizados principalmente por grupos europeos de ultraizquierda y organizaciones palestinas. Si tomamos la clasificación de David Rapaport, serían organizaciones de la segunda y tercera ola del terrorismo. Todo esto cambiaría con la cuarta ola y la transformación del terrorismo en el siglo XXI. En palabras de Mark Juergensmeyer, el terrorismo religioso plantea una “guerra cósmica” donde el enemigo representa el mal absoluto y no hay lugar para la negociación. Las crisis de rehenes del terrorismo de los años 70 darían paso a los intentos de volar por los aires aviones de pasajeros en vuelo (con varios planes fallidos antes del 11-S y dos intentos fallidos de terroristas con explosivos en su ropa) y ataques contra las redes de transporte de las grandes urbes (trenes en Madrid y Mumbai, metro y autobuses en Londres).

La evolución del terrorismo yihadista daría paso en Europa a ataques en el centro de las ciudades con armas de fuego procedentes de los Balcanes y Europa del Este y explosivos caseros, en el caso de las células mejor organizadas y equipadas. Mientras que simpatizantes aislados de los movimientos yihadistas globales se inspirarían en el terrorismo low-cost palestino de las “intifadas de los atropellos” y la “intifada de los cuchillos”. El modelo de «yihad atomizada» de células aisladas fue precisamente teorizado por un yihadista nacionalizado español, Mustafá Setmarian.

Osama Bin Laden y Mustafá Setmarian en Afganistán.

El caso del atentado en el centro de Barcelona en 2018 es significativo. Cuando el laboratorio donde montaban un artefacto explosivo de triperóxido de triacetona (TATP) voló por los aires, uno de los miembros supervivientes de la célula lanzó un ataque atropellando turistas con una furgoneta en las Ramblas de Barcelona.

El cambio en las formas más comunes de atentados terroristas debería generar un cambio de prioridades en la asignación de recursos. Una unidad especial centralizada para cubrir los casos más delicados y graves en un país llegará siempre tarde a cualquier ataque terrorista. Un yihadista apuñalando transeúntes en la vía pública sólo puede ser frenado a tiempo por la patrulla Z del Grupo de Atención al Ciudadano (GAC) más cercana al lugar. Lo que «Enrique» llamaba en una carta a H50 el «eterno olvidado» en la Policía Nacional.

Así que si las autoridades quieren mejorar su capacidad de respuesta al terrorismo yihadista del siglo XXI tienen que invertir en mejorar la formación y equipación de sus patrullas de policía. Hablamos de mejorar la formación en materias como el empleo de armas de fuego y formación en atención a heridos (Tactical Combat Casualty Care). Mejorar el material de dotación, empezando por los chalecos y pasando por guantes anticorte, torniquetes y otras tantas cosas que muchos profesionales terminan pagando de su bolsillo para contar con un accesorio de calidad que cumpla su función cuando lo necesite.

Por supuesto, no tenemos que mirar hacia arriba para buscar a los únicos responsables de que las cosas no sean como tienen que ser. En muchos lugares de las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad de España impera una cultura de despreciar a aquellos que quieren mejorar y se toman en serio su profesión, a los que suelen llaman «frikis» y «flipados» por querer aprender nuevos procedimientos y disciplina o dotarse de material especializado. Tampoco debemos pasar por alto el fenómeno de los «vendehumos» y la burbuja de cursos sobre temas de seguridad e inteligencia.

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