LA OPERACIÓN GUAIDÓ por Tomás Purroy

Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional declarada en desacato por el ejecutivo, se autojuramenta como “presidente encargado” ante una multitud.

Los acontecimientos de los últimos días en Venezuela han consumado la crisis política que se suma y retroalimenta con la virulenta crisis económica y social que vive el país. La oposición ha sido capaz de mitigar su eterna división con la juramentación de Juan Guaidó, su intención es clara: lograr “sincronizar las presiones externa e interna para que al gobierno chavista le resulte más costosa la permanencia que la renuncia”. Pero a pesar de todo el ruido, el derrumbe del gobierno sigue lejano con las instituciones, especialmente las fuerzas armadas, leales. Ahora bien, es innegable que se ha dado un paso sin precedentes que ha puesto al gobierno contra las cuerdas, con un futuro incierto.

La oposición está llevando hasta las últimas consecuencias la estrategia del todo o nada que abrazó definitivamente tras ser declarada en desacato la Asamblea Nacional de la mano de un plan que lleva años fraguando. La opción rupturista que siempre estuvo en los sueños de algunos sectores opositores, especialmente con la crisis socioeconómica y tras las sangrientas protestas de 2014. No hizo más que reforzarse cuando, tras ganar la Asamblea Nacional en las elecciones legislativas en 2015, trataron de apretar al ejecutivo, y este la declaró en desacato, creando una Asamblea Nacional Constituyente y llamando a unas nuevas elecciones presidenciales en mayo de 2018. La oposición, inmersa en las tradicionales luchas internas, no reconoció ninguno de estos movimientos, considerando fraudes y rupturas de la legalidad.

Hasta este enero, este sector del todo o nada, encabezado por políticos de peso como Leopoldo López, Antonio Ledezma o María Corina Machado, parecía estar en un callejón sin salida, clamando por una insurrección imposible tras haberse negado a participar en las elecciones y haber fracasado el diálogo en República Domincana. Más en realidad, estaban fraguando con sigilo un detallado plan, trabajando con diligencia en el exterior y preparando un desafío desde el legislativo venezolano. Este trampolín les ha permitido dar la imagen de no ser una mera oposición, sino de un choque institucional, una dualidad de poderes que han consumado este 23 de enero con la juramentación del delfín de Leopoldo López como presidente encargado.

Imagen de Juan Guaidó junto a la destacada líder opositora María Corina Machado. La foto fue publicada el 12 de enero, simbolizando la adhesión de la tradicional dirigente.

Todo esto ha tenido lugar en un contexto general de una galopante crisis económica que sigue apretando, mientras las promesas del gobierno de una recuperación que no llega son cada vez menos creibles. La catástrofe económica ha supuesto una caída del P.I.B. de más del 45% y una hiperinflación salvaje. La oposición considera que esta crisis provocará una revuelta masiva, algo que el gobierno contiene por ahora mediante extensos programas de asistencia social que evitan un posible estallido de este tipo en las capas más bajas de la población.

Estas clases populares son el verdadero reto de una oposición tradicionalmente alejada de este estrato, enfocada en su feudo tradicional de las clases media y alta, las cuales ha emigrado de forma masiva y tienen un notable peso en la comunidad emigrante y en las redes. Esta incapacidad para entrar en los feudos populares chavistas, dependientes de la asistencia gubernamental, donde muchas veces siquiera es posible hacer campaña contra el gobierno, es la clave que impide un estallido social que arrolle a las fuerzas de seguridad.

Durante dos décadas, el chavismo ha sido la fuerza hegemónica en las calles y en las urnas. Imagen de una marcha encabezada por Diosado Cabello el 25 de enero.

También merece un capítulo la izquierda más heterodoxa, aquella que ha flotado alrededor del chavismo de una forma más o menos clara. Sin duda ha sido víctima de una polarización extrema, arrastrada al chavismo para “no hacerle el juego a la derecha” o por interés, dejándose seducir por la oposición o limitándose a lamentarse desde el rincón de pensar. Con la masiva emigración, la crisis galopante y el enorme poder del estado, el tejido social se ha unido al aparato gubernamental o simplemente se ha deshecho como un azucarillo.

Con todo este escenario, nunca fue tan importante como ahora el monopolio de la violencia. Mostrada la solidez en las calles y un apoyo internacional extenso, la oposición necesita recabar apoyos en el estamento militar para hacer realidad y efectiva su presidencia simbólica. Pero, a día de hoy, no se observa ninguna brecha reseñable, más bien un muro sólido al que por ahora no hace mella la Ley de Amnistía ni los constantes pronunciamientos. Pero este muro puede ser un simple tigre de papel, algo que no sabremos hasta que sean puestos a prueba. Mientras tanto, el ambiente sigue enrarecido, con la pequeña sublevación de un grupo de guardias nacionales el día 22, la extraña detención e inmediata liberación de Guaidó el día 13 o las constantes teatralizaciones de lealtad hacia Nicolás Maduro.

El 27 de enero, el presidente Nicolás Maduro centró su día en demostrar la lealtad de las fuerzas armadas hacia el gobierno. Los constantes llamados de la oposición a un levantamiento militar en su favor siguen cayendo en saco roto.

La oposición ha dado un golpe arriesgado y audaz, con una autoproclamación apoteósica en medio de las masas y un inmediato reconocimiento internacional, casi total a nivel regional. Tal vez era la única manera que tenían en el camino escogido, maximalista y externo a las instituciones, mientras que sus tensiones internas quedan por fin acalladas bajo el reconocimiento internacional. Sigue moviéndose, presionando en las calles y con la comunidad internacional, tratando de seducir (sin éxito hasta ahora) al estamento militar, buscando conformar un doble poder. En este sentido, está empezando a cosechar éxitos en el exterior, logrando ir asegurando activos de Venezuela en el exterior y diversos compromisos de “ayuda humanitaria”. Esta no son simplemente un gesto, si aspiran a tomar el poder, son plenamente conscientes que la asistencia social del chavismo debe ser sustituida por algo, y ellos apostarán por las ONG y la Iglesia. Todos estamos a la espera de la reacción del gobierno, el cual tiene en este momento la pelota y está siendo bastante cauteloso, y el comportamiento de las fuerzas armadas.

En estas circunstancias, es más arriesgado que nunca entrar en la futurología, aunque hay una serie de escenarios plausibles:

  • Un gobierno en el exilio: bien pudiera ser que Guaidó y buena parte de la oposición considerasen finalmente una huida del país. Ese escenario sería ideal para el estado venezolano, que se limitaría a ignorarlos y tratar que fueran irrelevantes dentro del país. Ahora bien, como hemos visto, este gobierno en el exilio podría acceder, de mano de sus patrocinadores internacionales, a los enormes recursos venezolanos en el exterior y ser acogido por la numerosa diáspora. Sin duda sería algo mucho más efectivo que el viejo gobierno en el exilio de la república española, especialmente mientras el gobierno chavista esté capeando esta crisis galopante.
  • La cárcel. En este caso, el estado pondría en marcha su maquinaria judicial y policial, tal y como hizo, entre otros, con Leopoldo López. Más en esta ocasión numerosos países han reconocido a Guaidó, lo cual probablemente supondría fuertes sanciones. Tampoco hay que olvidar la posibilidad de que los arrestos fuesen traumáticos y desatasen una nueva oleada de protestas.
  • Un compromiso, elecciones con Maduro: es el camino que ha planteado la Unión Europea con su ultimátum, abogando el gobierno de Maduro por convocar unas nuevas elecciones presidenciales en las que se presentase la oposición. El problema es evidente, ya que la oposición siempre ha considerado ilegítimo al Consejo Nacional Electoral y, a día de hoy, no reconoce a Maduro y considera cualquier negociación un intento de ganar tiempo. Por su parte, el gobierno considera que es una injerencia extranjera y que tiene derecho a agotar su legislatura (2019 – 2025).
  • Insurrección, ya sea éxito o fracaso: esto implicaría que desde las calles o, especialmente, una parte de las fuerzas armadas, se intentase expulsar de la presidencia a Maduro. Sin duda la opción más arriesgada y sangrienta, que podría dar numerosos escenarios, siendo los más tétricos una guerra civil y/o una intervención internacional (no solo del lado opositor) y, los menos cruentos, un colapso rápido de una de las dos partes. La clave de todo ello estaría en la solidez y la lealtad de las fuerzas armadas, aparte de en la actitud de la comunidad internacional y la situación en las calles.
Dos cazabombarderos Su-30 de la Aviación Militar Bolivariana surcan los cielos venezolanos.

Todo este contexto interior está inmerso en un peliagudo contexto exterior, con una nueva guerra fría entre EEUU y Rusia-China, una izquierda latinoamericana que se derrumba y una creciente emigración venezolana que preocupa a sus vecinos e influye en múltiples países.

Sea como fuere, la anunciada crisis política se ha abierto definitivamente sobre Venezuela, quien obtenga el gobierno efectivo de la nación deberá hacer frente a una crisis económica y social sin precedentes, una sociedad polarizada hasta el extremo y un estado que sin duda necesita mil y una reformas.

El ridículo lío del submarino S-80

El pasado día 18 de julio el diario El País publicó una noticia donde daba a entender que en la Armada Española habían caído sólo ahora en la cuenta de que tras la reforma del diseño del submarino S-80, que supuso alargarlo 10 metros, no iba a caber en los fosos de atraques de la base de submarinos del Arsenal de Cartagena. La noticia fue traducida inmediatamente por la edición inglesa y fue captada por la BBC. Rápidamente prensa generalista de Estados Unidos a Australia publicó la noticia del submarino que era “demasiado largo”, pasando por los tabloides británicos que hablaron de humillación y vergüenza para España. Sin olvidar a medios on-line especializados en temas navales, marinos o de tecnología.

El asunto me llamó la atención. Resulta que la Armada Española ya tenía prevista obras en el Arsenal de Cartagena para adaptar la base de submarinos a los futuros S-80. Para colmo, en el pasado la Flotilla de Submarinos contó con modelos de mayor eslora y nunca hubo problema. Lo que había publicado El País parecía un maletendido convertido en titular escandaloso. Ciertamente, el programa S-80 ha tenido muchos problemas y no se han depurado las responsabilidades debidamente. Véase al respecto la sexta parte de la revista Ejércitos dedicada al S-80: La Edad Oscura 2013-2016. Pero destacar de todos los problemas uno menor e inventando era cuanto menos extraños. No pude dejar de pensar que Navantia es una empresa que participa actualmente en dos importantes programas de fragatas (EE.UU y Canadá). Y la rapidez con la que la noticia circuló en el mundo anglosajón fue inusual. A lo mejor se trata de que estamos en un verano sin muchas noticias en el ámbito de la defensa. O quizás algún gabinete de prensa decidió darle un empujón a su difusión.

Decidí hacer un repaso de la noticia, su difusión y los desmentidos posteriores en mi primera colaboración en la versión on-line de la revista Ejércitos: “Maletendido periodístico”.

Órdenes de extradición que las firma el diablo

La famosa euroorden (“Orden europea de detención y entrega” o European Arrest Warrant) contra el ex-presidente Carles Puigdemont convirtió a cada español en experto en derecho por unos días, según se pudo ver en los intensos debates en las redes sociales. El asunto hizo descubrir a más de uno que las órdenes de extradición no se atienden automáticamente, sino que el país receptor las tiene que estudiar. Y si bien estoy seguro más de alguno estará lamentando que la justicia alemana no envió automáticamente al ex-presidente Puigdemont esposado y con un lazo de vuelta a España, si uno mira cómo operan países con sistemas judiciales de dudosa reputación no puede más que agradecer que las órdenes de extradición sean respondidas tras su estudio sosegado.

En España tenemos varios casos notables. Hamza Yalçin y Doğan Akhanlı, ambos intelectuales turcos exiliados desde hace años en Europa, fueron detenidos en España durante el verano de 2017 por ser reclamados desde la Turquía de Erdoğan. Cuando la justicia española revisó los casos se encontró que, por ejemplo, a uno de ellos se le atribuía pertenencia a grupo terrorista por un artículo publicado en una revista. Los delitos de los que se les acusaba se podían resumir en ser intelectuales incómodos para el poder en Turquía, lo que allí se viste de vinculación con grupos terroristas. Finalmente fueron liberados, no sin la controversia de que dos órdenes de búsqueda y captura sustentadas en acusaciones exageradas e incompatibles con el derecho europeo hubieran llegado tan lejos.

Otro caso notable es el del empresario español Pablo Botella Carretero, que era directivo de un banco venezolano allá por 2009 y al que le pilló una de esas campañas gubernamentales de “¡exprópiese!”. Así, fueron nacionalizados los bancos Central Banco Universal, Baninvest Banca Inversión, Banco Real, Confederado, Bolívar, ProVivienda y Canarias de Venezuela. El destino de estos bancos al ser nacionalizados fue desaparecer o integrarse en un grupo de banca pública. Y cómo no, la excusa para la nacionalización fue que en todos ellos se dio fraude y la corrupción. El gobierno venezolano lanzó entonces órdenes de captura internacional vía Interpol, las llamadas “notificaciones rojas”, para nueve directivos de bancos. Entre ellos estaba Pablo Botella Carretero. Cuando la orden llegó a España y se pidió el expediente del caso para estudiar la posible extradición la causa se desvaneció en el aire. Como dio cuenta el profesor de derecho Douglas McNabb, la “notificación roja” contra Pablo Botella Carretero fue retirada el 23 de junio de 2011.

Así que imaginen que las órdenes de extradición se ejecutaran automáticamente. Carles Puigdemont sí estaría en una cárcel española, pero España habría entregado intelectuales disidentes a la Turquía de Erdoğan y un empresario español estaría en una cárcel venezolana por un caso a todas luces fraudulento. Y, ¿a que no adivinan qué país usa y abusa de las “notificaciones rojas” de Interpol contra personajes molestos? La Rusia de Putin. Todo esto lo conté con detalle en un artículo para Letras Libres titulado “Cómo las dictaduras usan Interpol para perseguir disidentes”.

La conexión libia del atentado de Manchester

En algún parte leí que cuando los Mossos d’Esquadra encontraron acetona en la vivienda derruida por una explosión en Alcanar pensaron que habían dado con un laboratorio de drogas. Yo lo primero en que hubiera pensado es Triperóxido de Triacetona (TATP) aunque sólo fuera porque me dediqué a leer sobre ese explosivo mientras preparaba un artículo sobre el atentado en Manchester del pasado 22 de mayo para la revista UC Magazine de la empresa UC Global. El elemento clave, como hemos visto, son los conocimientos para manipular un explosivo tan delicado. En el caso de la célula yihadista de Ripoll les estalló el explosivo mientras lo manipulaban. En el caso de Manchester, el yihadista había viajado a Libia y es posible que allí recibiera conocimientos técnicos para preparar la bomba, asunto que trato en mi artículo y razón de su título: “La conexión libia”. La existencia de campos, organizaciones o personas capaces de transferir conocimiento a potenciales terroristas en países que sirvan de santuario a los yihadistas será una de las claves para que los yihadistas puedan pasar en Europa de atentados low-cost con atropellos y apuñalamientos a otros más complejos, por ejemplo usando explosivos. En caso de colapso del Califato en su actual territorio entre Siria e Iraq cobrarán importancia países como Libia, donde coexisten varios gobiernos y hay ciudades en manos de milicias locales.

Pueden leer mi artículo “La conexión libia” en el número 7 de la revista UC Magazine.

Cruzando los límites de la Nueva Guerra Fría

El jueves 17 de agosto, tras el atentado yihadista en las Ramblas de Barcelona, pasó algo curioso. Recibí llamadas de los canales de televisión CNN en español y  Russia Today. Fueron los primeros medios que contactaron conmigo. Y así, curiosidades de la vida, estuve el mismo día vía Skype en dos medios de comunicación en las antípodas de la Nueva Guerra Fría.

Después de haberme afeitado y mientras acondicionaba el lugar donde trabajo recibí una nueva llamada desde Atlanta. Pensé que era una llamada para darme alguna indicación nueva cuando para mi sorpresa me pidieron que entrara en el aire sobre la marcha. Así que aparecí en la CNN en español con la camiseta de la Infantería de Marina española con la que andaba por casa, manteniéndome lo más hundido posible en la silla durante la entrevista para que no se viera la corona, el ancla y los fusiles sobre mi pecho. Desde aquel día, mantengo una camisa de manga larga en una percha cerca del ordenador

Un fragmento de una de las entrevistas en la CNN puede verse en este enlace.

Un fragmento de la entrevista en Russia Today puede verse en este otro enlace.

Un amigo desde Uruguay me mandó esta foto. Me encontró en su televisión por sorpresa.

Aparte de aquellas dos entrevistas fui contactado por varios corresponsales y periodistas extranjeros. Aparecí así citado en el diario francés 20 Minutes.Tras 42 horas despierto, el primer sábado tras el atentado me lo pasé durmiendo. Perdí así la oportunidad de contestar a tiempo las preguntas que me hizo el corresponsal de Financial Times en España. Y por estar ocupado atendiendo una entrevista para Radio Sefarad respondí demasiado tarde a un periodista del canal público alemán Deutsche Welle. Eso de salir en la tele o ser citado en los medios parece que te hace parecer muy importante. Pero la verdad es que, aparte de para asombrar a algún conocido, para poco más sirve. Incluso, tonto yo, accedí sin pensarlo a escribir gratis un artículo de 600 palabras que apareció en el diario Expansión el sábado 19. La próxima vez me lo debería pensar mejor eso de escribir gratis. Ese sábado gasté gasolina para encontrar el diario y pagar los 2,50 euros que cuesta.

En Internet pueden leer los dos artículos que escribí a propósito de los atentado en Cataluña.

“Al-Andalus en el punto de mira de la yihad: así es la propaganda integrista contra España” en Magnet.

“El yihadismo es un problema interno europeo” en Letras Libres.

Los minidrones armados del Estado Islámico

Desde hace semanas colaboro en la revista que la consultora de seguridad española UC Global publica en su página web. La revista arrancó el pasado mes de enero conmigo escribiendo en solitario en su primer número sobre los atropellos con vehículos como arma terrorista tras el atentado en un mercadillo navideño en Berlín. Repasé los detalles de aquel atentado y las experiencias previas en Europa, además de recordar los llamamientos desde las revistas de Al Qaeda y el Estado Islámico a que se cometan en suelo occidental atentados de ese tipo. La revista amplía el plantel de colaboradores y apartir de ahora tendrá frecuencia mensual, siendo publicada los días 15 de cada mes.

Hoy ha salido el cuarto número de UC Magazine y en ella aparece un artículo mío sobre uno de los asuntos que más comentarios ha generado entre quienes seguimos las guerras en Oriente Medio:  Los minidrones armados del Estado Islámico. El asunto estalló el pasado mes de enero con un vídeo de propaganda en el que se veía el lanzamiento de pequeños proyectiles sobre concentraciones de combatientes y vehículos iraquíes. No es, desde luego, el primer caso de empleo de drones por un grupo armado en la región, tal como cuento en el artículo. Pero sí es un precedente llamativo que puede llevar a la transferencia de conocimientos y a la imitación. En el artículo recojo los casos documentados de talleres del Estado Islámico y repaso lo que sabemos sobre los proyectiles empleados, además de cómo las fuerzas sobre el terreno han empezado a desplegar sistemas para responder a la amenaza.

España y el dilema de vender corbetas a Arabia Saudita

Los reyes de España y Arabia Saudita. Foto: CasaReal.es
Los reyes de España y Arabia Saudita. Foto: CasaReal.es

El rey Felipe VI realizó un viaje a Arabia Saudita entre los días 14 y 16 de enero de este año. En la agenda del viaje estuvo la negociación del contrato por cinco corbetas, acondicionamiento de una base naval en la costa del Golfo Pérsico y servicios asociados de formación. Resulta que la armada de Arabia Saudita está inmersa en un programa ambicioso de modernización y quiere potenciar su flota del Golfo Pérsico, sustituyendo las corbetas clase Badr. La empresa pública Navantia tiene buenas posibilidades de ganar el contrato. Pero considerando la naturaleza del régimen político de Arabia Saudita y que el país está inmerso en la guerra de Yemen. Así que se presenta un dilema moral que trato en mi reciente colaboración con la revista EL MEDIO: Arabia Saudita y un dilema para España.

 

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