Testigos de fiar

Estoy leyendo Siria, el país de las almas rotas. Los primeros capítulos se leen con angustia, sabiendo que las personas que cuentan sus miedos y anhelos al comienzo de las revueltas contra el régimen de Bashar Al Assad se encaminan hacia una tragedia inevitable. Algunos cuentan que quieren que Occidente intervenga y establezca una zona de exclusión aérea. Otros dicen que no quieren que caiga el régimen, que sólo quieren reformas y un alivio ante la crisis económica. Casi ninguno parece anticipar el abismo que los engullirá.

Según pasan las páginas, los episodios de represión violenta aumentan. Y la autora de esos primeros capítulos, Mónica G. Prieto, recoge testimonios sobre personas que desaparecen tras ser detenidas en controles de carreteras, personas que aparecen muertas al amanecer con signos de tortura y disparos de las fuerzas del régimen contra manifestaciones o poblaciones.

Un testimonio me llamó la atención. Alguien contaba de un fallecido por un “clavo” disparado por un carro de combate. Supongo que se refería a submuniciones tipo “flechette”. Me puse inmediatamente a buscar por curiosidad. Sé que se ha fabricado ese tipo de munición para carros de combate occidentales. Por ejemplo, proyectiles de 105mm. ¿Pero existe ese tipo de munición para los cañones habituales de los carros de combate de diseño soviético? No encontré nada al respecto, sólo referencias a una poco habitual munición antipersonal de 125mm. También he he decir que no dediqué mucho tiempo a ello. A lo mejor el testigo contó el caso de alguien que murió por un simple trozo de metralla alargado.

Me quedó la duda. ¿Hasta qué punto confían demasiado los periodistas en los “testimonios desgarradores” de testigos que entran en detalle sobre el tipo de arma empleado en un ataque que presenciaron? No me refiero a que esos ataques no existieran, sino a que los periodistas adornan sus crónicas con información que no recibe la suficiente acotación de testimonio no verificado.

El otro día un grupo palestino lanzó cohetes contra la población israelí de Sderot. Las Fuerzas de Defensa de Israel respondieron, como es habitual, atacando objetivos dentro de la Franja de Gaza. Al día siguiente me encontré que Isabel Pérez, colaboradora del diario español El Mundo y corresponsal de la cadena pública iraní HispanTV, contaba en Twitter que en el ataque israelí habían participado cazas invisibles al radar F-35i Adir. Me extrañó. Se trata de un proyecto de caza de 5ª Generación muy polémico por lo lento y problemático de su desarrollo que ha disparado el coste por unidad. Sólo recientemente la fuerza aérea estadounidense declaró la Initial Operational Capability del primer escuadrón de F-35A Lighting II, quince años después de la firma de contrato de fabricación. Así que, ¿cómo era posible que hubieran intervenido los F-35i israelíes? Resulta que sólo uno ha sido entregado y no ha abandonado todavía los Estados Unidos. Los primeros ejemplares aterrizarán en Israel a finales de este año y entrarán en servicio a finales del próximo. Encontré a muchos activistas difundiendo la noticia del ataque los F-35 en Twitter. Así que alguien puso en circulación una noticia sin fundamento que terminó siendo recogida por una periodista. Otra vez encontramos el problema de periodistas que cubren conflictos y no entienden de temas militares.

Isabel Pérez escribió una crónica de los acontecimientos para el diario digital español La Marea. Contó que tras el lanzamiento de un cohete por parte de un grupo diferente a HAMAS, Israel respondió con “50 bombardeos que llevó a cabo el Ejército israelí”. La palabra “bombardeo” se refiere al lanzamiento de bombas por parte de un aeronave. Así que ¿hablamos de 50 bombas caídas o de 50 ataques de aeronaves? Pero si se trató del ejército, estaríamos hablando entonces de ataques de artillería, mortero o incluso misil anticarro. Una frase confusa, sin duda. Pero me llamó la atención algo.

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Foto Isabel Pérez vía LaMarea.com

Cuenta Isabel Pérez en su crónica que hubo “ataques con artillería” que “cayeron horas previas a la serie de bombardeos nocturnos”. Y que una torre de agua fue, según testigos, “bombardeada desde un dron israelí”. La torre de agua aparece en la crónica en una foto de la propia Isabel Pérez. Vemos varios impactos en la estructura troncocónica superior y un enorme boquete en la base. Que resulta que ya estaban ahí. Aquí una foto de Gettyimages con fecha 19 de septiembre de 2015:

No se aprecia ningún impacto nuevo entre las dos imágenes. Así que la pregunta nuevamente es, ¿son fiables los testimonios de los testigos que cuentan detalles de un combate o un ataque? Sé que los testigos son el recurso más valioso de los periodistas, con sus “testimonios desgarradores”. ¿Pero no deberían aplicar los periodistas ciertas precauciones con sus fuentes? Porque con el afán de dar voz a las víctimas se termina dando por bueno versiones de los hechos ricas en detalles erróneos, producto de la ignorancia sobre cuestiones millitares o el afán de embellecer la historia para ganar la atención del periodista. No es algo tan diferente a las versiones confusas y contradictorias que recogen los periodistas después de cualquier incidente, sea un atraco o un accidente de tráfico. Pero aquí no hay informe policial o judicial con el que que contrastar luego. Así que las precauciones deberían ser mayores.

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Repaso de análisis del intento de golpe de estado en Turquía

Michael Rubin se preguntaba “Will there be a coup against Erdogan in Turkey?” en Newsweek el 24 marzo de 2016 y explicaba la deriva autoritaria en Turquía.

Yo hice un repaso de cómo la Turquía del AKP pasó de ser la esperanza de una vía musulmana a la democracia y la modernidad a una deriva autoritaria en “Turquía ya no es el país del futuro” en El Medio el 11 de abril de 2016.

FNSS ACV-15 del ejército turco la noche del golpe.

FNSS ACV-15 del ejército turco la noche del golpe.

Edward Luttwak escribió hace muchos años un “manual de golpe de estado” y analizó Why Turkey’s Coup d’État Failed” en Foreign Policy el 16 de julio. Entre los fallos del golpe, Luttwak señala que los golpistas no detuvieron al presidente del país. Además, ahonda en que la deriva autoritaria del presidente Recep Tayyip Erdoğan lo hacía inevitable.

Una editorial de Nobbot del día 16 de julio se centró en el papel de las redes sociales: “El golpe de estado en Turquía muestra de nuevo el poder de las redes sociales”.

El profesor Jesús de Andrés hizo un repaso de los anteriores golpes de estado en Turquía y lo fuera de tiempo en que sucedió este en “Un golpe de Estado del siglo pasado” en El País el 17 de julio de 2016.

Nasser Weddady hizo el día 18 un análisis de por qué falló el golpe:

David Cenciotti recogió en The Aviatonist el 18 de julio toda la información disponible sobre las operaciones aéreas durante el intento de golpe de Estado: “Exclusive: all the details about the air ops and aerial battle over Turkey during the military coup to depose Erdogan”.

Kareem Shaheen cuenta en The Guardian el día 18 de julio que “Military coup was well planned and very nearly succeeded”.

Andrew Korybko escribió en Katehon el día 18 de julio “La Turquía posgolpe será claramente euroasiática”. Esto significaría que en el contexto de la Nueva Guerra Fría, Turquía se realinearía como aliado de Rusia.

Shabtai Gold hace recuento de la purga llevada a cabo en Turquía.

Ayer día 19 de julio, Andrés Mourenza desde Estambul contó en El País que Turquía suspende a 15.000 empleados del Ministerio de Educación”.

Hoy día 20 de julio, Beatriz Yubero desde Ankara cuenta en La Razón cómo “Turquía amplía la purga por traición a profesores y periodistas”.

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Intento de golpe de estado en Turquía [actualizado]

Soldados en la plaza Taksim de Estambul

Soldados en la plaza Taksim de Estambul

Turquía ha vivido varios golpes de estado militar. El primer golpe de estado tuvo lugar el 27 de mayo de 1960. El año siguiente se promulgó una nueva constitución del país, que sustituyó a la que estaba en vigor desde 1924. El 12 de marzo de 1971 tuvo lugar el segundo y ni siquiera salieron los carros de combate a la calle. Los militares simplemente entregaron un memorando a modo de ultimátum al primer ministro.

El 12 de septiembre de 1980 tuvo lugar el tercer golpe de estado. Se instaló una junta militar, el llamado Consejo de Seguridad Nacional, que gobernó por tres años. Dos años después del golpe, se promulgó una nueva constitución, que es la que sigue vigente en Turquía. El 28 de febrero de 1997 los militares volvieron a forzar la caída de un gobierno en Turquía sin necesidad de ningún acto de fuerza. Se habla del “golpe de estado posmoderno”.  El golpe trató de frenar el creciente papel del Islam político en el país. De las disoluciones del Partido de la Virtud y del Partido del Bienestar, nacería el Partido de la Justicia y del Desarrollo (AKP) de Recep Tayyip Erdoğan.

El ejército fue siempre el guardián de los principios laicos de la república fundada por Mustafá Kemal Atatürk en 1923. Y fue objeto de una purga en estos últimos años orquestada a través del desmantelamiento de supuestas tramas golpistas, la organización Ergenekon y la operación “Mazo”. Tras un enorme macrojuicio, en 2015 los 236 condenados por la segunda fueron absueltos por considerarse que las pruebas empleadas contra ellos eran falsas. Pareciera que todo fue un montaje judicial para debilitar al ejército, las fuerzas de seguridad y a las fuerzas kemalistas de las sociedad turca.

Mientras tanto, el país vivía una deriva autoritaria que se hizo evidente por primera vez durante la represión de las protestas populares por los planes urbanísticos del parque Gezi en Estambul en 2013, un movimiento social con ecos del 15-M y Occupy Wall Street. Esa deriva autoritaria se ha hecho claramente visible en la reciente presión a los medios de comunicación y los periodistas, junto con condenas por delitos como difundir chistes sobre el presidente Erdoğan en las redes sociales. Sobre la deriva del país, escribí el pasado mes de abril  “Turquía ya no es el país del futuro” en la revista El Medio.

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Erdogan dirigiéndose al país vía su móvil.

Esta noche hemos vivido un intento de golpe de estado en Turquía. Al parecer, el presidente Erdoğan estaba de vacaciones y el golpe le ha pillado viajando en avión. Tuvo ocasión de dirigirse al país apareciendo por televisión mediante Facetime desde su móvil y llamó a la población a salir a la calle a rechazar el golpe. Mientras, el golpe no tenía cara. Ningún militar apareció públicamente dirigiéndose al país, por lo que se especula el significado político del golpe. Es relevante que ningún partido político relevante en Turquía apoyó el golpe ni hubo imágenes de gente vitoreando a los golpistas. De hecho, el principal partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), junto con el pro-kurdo Partido Democrático de los Pueblos condenaron el golpe. El primer ministro, Binali Yıldırım, ha agradecido a los partidos de la oposición su oposición al golpe. También es relevante el rechazo al golpe de los partidos expresado por el movimiento Gülen, enemistado con el gobierno.

Un M60T, modelo modernizado con tecnología israelí, rodeado de manifestantes contrario al golpe.

Un M60T, modelo modernizado con tecnología israelí, rodeado de manifestantes contrarios al golpe.

En las primeras horas la situación parecía tranquila y casi se daba por hecho el triunfo del golpe, con un significativo silencio de los gobiernos occidentales. Pero finalmente la gente salió a la calle, desafiando el toque de queda, mientras los muecines llamaban a la movilización popular. El golpe se desinfló y tras varias horas, el gobierno de Estados Unidos y el secretario general de la OTAN se manifestaron en favor del orden democrático vigente en Turquía. Precisamente, en medio de la percepción generalizada de que el golpe había fracasado se intensificaron los episodios de violencia y el intento de cierre de medios. Entre los edificios atacados por los golpistas, que han contado con aviones y helicópteros, está el palacio presidencial, el parlamento y la sede del servicio secreto turco. Por contra, los golpistas se habían hecho con el cuartel general del ejército y de la gendarmería. La única autoridad del estado retenida por los golpistas fue el jefe del estado mayor de las fuerzas armadas. El balance provisional de víctimas habla de 90 muertos y más de mil heridos. Además se ha informado de más de 1.500 detenidos.

Andrés Mourenza y María Antonia Sánchez-Vallejo han publicado en El País el perfil de cinco personalidades clave en el panorama político de Turquía.

El profesor Francisco Veiga escribió para el CIDOB un perfil del movimiento Gülen.

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40 años de la misión imposible de Entebbe

El 4 de julio de 1976 las Fuerzas de Defensa de Israel realizaron la operación militar de rescate de rehenes más audaz llevada a cabo. Cuatro aviones C-130 Hercules recorrieron 4.000 kilómetros desde Israel hasta Uganda, para aterrizar de noche en el aeropuerto de Entebbe. Una vez en tierra los comandos israelíes asaltaron la terminal donde terroristas palestinos y alemanes junto con soldados del régimen de Idi Amín custodiaban más de una centenar de rehenes.

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Foto: IDF Blog.

Cuento aquella operación en la revista El Medio: ” Entebbe: 40 años de la misión imposible”. En el artículo cuento no sólo el desarrollo de la operación, sino el contexto histórico de la ola terrorista de los años 60 y 70 en la que confluyeron el nacionalismo palestino y la ultraizquierda europea. El secuestro de aquel Airbus A300 de Air France fue uno de muchos ataques terroristas contra la aviación civil. La revista El Medio ha publicado otro artículo de Max Boot sobre aquel rescate pero enfocado a las lecciones históricas: “Entebbe: no hay que ceder”.

 

Verdades, medias verdades y mentiras sobre la Guerra de Iraq

La semana pasada se publicó el “informe Chilcott” sobre Iraq. Es el trabajo de una comisión de cuatro personas que trató de responder a dos preguntas.

  • Si fue correcto y necesario invadir Iraq en marzo de 2003.
  • Si el Reino Unido podría o debería haber estado mejor preparado para lo que siguió.

Las conclusiones del informe fueron las siguientes:

  • Las conclusiones sobre la severidad de la amenaza presentada por las armas de destrucción masiva de Iraq fueron presentadas con una certeza que no estaba justificadas.
  • A pesar de las advertencias explícitas, las consecuencias de la invasión fueron subestimadas. Los planes y preparaciones para el Iraq después de Saddam Hussein fueron completamente inadecuados.
  • El Gobierno [británico] falló en alcanzar sus objetivos declarados.

Las primeras conclusión eran algo conocido para quienes leímos en su momento Guerra contra Irak, del que era coautor Scott Ritter, un experto en armas NBQ y ex-inspector de la United Nations Special Commission (UNSCOM). El libro, publicado antes de la invasión, contaba las razones técnicas de por qué el Iraq de Saddam Hussein no podía producir armas NBQ. La segunda conclusión está, para el caso estadounidense, documentado por Tom Ricks en Fiasco.  Mencioné estos dos libros, por cierto, en “¿Qué harías tú en un ataque preventivo de Moscú?”, donde contaba las ironías de la vida de ser insultado en Internet en su momento por los neocón españoles y ahora por los fans de Putin. Pero me desvío. Volvamos al tema.

La polémica saltó en España porque, haciendo un paralelismo con Reino Unido, se planteó si al ex-presidente del gobierno José María Aznar no debería exigírsele el mismo grado de responsabilidades políticas como a Tony Blair. Y el entonces Ministro de Defensa y hoy embajador español en Reino Unido, Federico Trillo, afirmó: “España no estuvo en guerra en Irak, no se pegó un solo tiro”. La frase puede interpretarse como una media verdad o como una mentira.

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El cuarteto de las Azores. Foto vía Wikimedia.

Tal como el ex-ministro Trillo dijo, España proporcionó “apoyo político” a la invasión. El gobierno de George W. Bush estaba preocupado por el coste político de una acción unilteral que no contaba con el aval de Naciones Unidas. Así que necesitaba arroparse del apoyo de otros países. En la primera rueda de prensa dada en Tampa (Florida) por un portavoz del mando regional estadounidense para Oriente Medio (CENTCOM), apareció un militar estadounidense flanqueado por un oficial danés y otro holandés. Paradójicamente el apoyo militar holandés a la invasión de Iraq fue el despliegue de un submarino bien lejos del campo de batalla. España era el país con más oposición a la invasión de toda Europa. Recuerdo una encuesta en que la suma del “bastante en contra” y el “algo en contra” era de 93%. Así que el gobierno de Aznar no ofreció ninguna contribución al esfuerzo militar, ni siquiera simbólica, como los holandeses. Para el presidente Aznar era importante codearse y retratarse con el presidente de Estados Unidos. Y mientras que en España se habló con insistencia del Trío de las Azores (olvidando al primer ministro portugués, José Manuel Durão Barroso), la prensa anglosajona se centró en George W. Bush y Tony Blair que ele dedican poca atención.

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Infantes de marina españoles en Iraq. Foto vía Las Historias de BLIMDANET

Sin embargo, una vez caído el régimen de Saddam Hussein, España sí desplegó tropas en tareas de eso que ahora se llama “estabilización y apoyo”.  Los infantes de marina que desembarcaron en el puerto de Umm Qasr repartieron ayuda humanitaria mientras que los especialistas NBQ del Ejército de Tierra quedaron ociosos ante la falta de armas de destrucción masiva que neutralizar. Luego, el país quedó repartido en varias áreas de responsabilidad. Una de ellas fue asumida por una división multinacional en la que se integró una brigada española, la Plus Ultra, que acogió unidades de cuatro países hispanoamericanos. Precisamente el entonces ministro de Defensa y ahora embajador en el Reino Unido, Federico Trillo, protagonizó la anécdota de gritar “¡Viva Honduras!” ante una formación de soldados salvadoreños.

Los soldados españoles se desplegaron en Nayaf y Diwaniya. La primera alberga uno de los lugares más sagrados para los musulmanes chiíes. Y mientras los soldados españoles aplicaban una política de mano izquierda y dejar hacer para no soliviantar la población, las milicias chiíes del lugar iban acumulando fuerzas gracias a la actividad económica generada en la ciudad por las multitudinarias peregrinaciones. En una fallo calamitoso de los servicios de inteligencia y la inteligencia militar española, pasó inadvertido que el país se estaba convirtiendo en un barril de pólvora, con el líder chií Moqtada Al Sadr escalando su desafío a la Autoridad Provisional de la Coalición, el gobierno de ocupación estadounidense. Tras la detención de un lugarteniente de Al Sadr, el 4 de abril de 2004 estalló en una revuelta chií que duró tres meses. Los soldados españoles sí “pegaron tiros”. Los relatos españoles sobre la batalla de Nayaf insisten siempre en lo sorpresivo del levantamiento y centran la responsabilidad en la acción estadounidense, cuando las crónicas estadounidenses cuentan la situación política en el país como un choque de trenes inevitable.

El 17 de abril tomó posesión de su cargo como presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. A las 24 horas ordenó la retirada de las tropas en “el menor tiempo posible”. Lo que iba a ser la Brigada Plus Ultra III se transforma en Contingente de Apoyo al Repliegue (CONAPRE). La precipitada retirada española dejó un “agujero” en los planes estadounidenses, obligando a algunas unidades a prolongar su estancia en el país y obligar a otras a adelantar su salida de Estados Unidos. Convirtió a España en un aliado de tercera y las relaciones con Estados Unidos se enfriaron bastante.

Así que cuando hablemos de las consecuencias de la voladura del Estado iraquí en la invasión de 2003, no es correcto decir que el gobierno de Aznar tiene una responsabilidad como “autor material”. Su apoyo fue meramente político. Lo cual no le exime de algún tipo de responsabilidad. Tampoco es correcto decir que no hubo soldados españoles pegando tiros en Iraq, porque hubo tiros y muertos. Así que lo que hemos visto es un debate político entre dos bandos que retuercen los hechos para convertirlos en munición.

Un total de 11 militares españoles murieron en Iraq. Aquí están sus nombres ordenados por orden cronológico de fallecimiento.

Capitán de navío Manuel Martín-Oar Fernández-Heredia (Armada, adscrito al Autoridad Provisional de la Coalición).

Sargento Luis Antonio Puga Gándara (Ejército de Tierra).

Sargento 1º José Antonio Bernal Gómez (Ejército del Aire, asdcrito al CNI).

Comandante José Merino Olivera (Ejército de Tierra, adscrito al CNI).

Comandante José Carlos Rodríguez Pérez (Ejército de Tierra, adscrito al CNI).

Comandante Alberto Martínez González (Ejército de Tierra, adscrito al CNI).

Comandante Carlos Baró Ollero (Ejército de Tierra, adscrito al CNI).

Brigada José Lucas Egea (Ejército de Tierra, adscrito al CNI).

Brigada Alfonso Vega Calvo (Ejército de Tierra, adscrito al CNI).

Sargento 1º Luis Ignacio Zanón Tarazona (Ejército del Aire, adscrito al CNI).

Comandante Gonzalo Pérez García (Guardia Civil).

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El papel del régimen sirio en el auge del Estado Islámico

Foto: AFP / Joseph Eid

Foto: AFP / Joseph Eid

Resulta curioso leer a los fans de al-Assad en España defender su como baluarte ante el horror del Estado Islámico, cuando la actuación del régimen sirio ha sido muy ambigua. De hecho, hizo la vista gorda cuando el país se convirtió en la ruta fundamental de paso de todos los chiflados que querían luchar en la yihad contra la ocupación de Estados Unidos en Iraq (2003-2011). Luego, ante el estallido de las protestas en el país decretó una amnistía general que benefició exclusivamente a los islamistas radicales, que nutrieron las filas de los rebeldes. Así trató de presentar la represión como una lucha contra el yihadismo. Por último, el Estado Islámico y el régimen sirio no mantuvieron excesivas hostilidades mientras el primero dirigía su esfuerzo a arrebatarle territorios a los grupos que luchaban contra el régimen. Al-Assad ha jugado en su país al papel de bombero pirómano. Lo cuento en la revista El Medio en “Del Irak de Sadam y la Siria de Asad al Estado Islámico (y 2).

Del régimen de Saddam Hussein al Estado Islámico

Kyle Orton ha dedicado especial atención en su blog Syrian Intifada a cómo el régimen de Saddam Hussein lanzó un programa de reislamización del país para apuntalar su legitimidad ante el agotamiento ideológico del socialismo árabe y los nuevos vientos en el mundo árabe. Aquel proceso sentó las bases para que figuras del régimen, militares y miembros del aparato de seguridad, terminaran en la insurgencia yihadista y hoy formen parte de la cúpula del Estado Islámico. Cuento el proceso en mi último artículo para la revista El Medio.

La secta del fin del mundo

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Este fin de semana el diario madrileño ABC publicó el artículo “El «califato» provoca a Occidente para que envíe soldados a Siria” donde Mikel Ayestarán nos cuenta que el Estado Islámico tiene una naturaleza milenarista y que aspira a provocar a que Occidente invada Siria para entablar allí la gran batalla de Dabiq, el equivalente musulmán del Armagedón. Dabiq es, por cierto, una localidad ubicada en el norte de Siria que además da nombre a la revista oficial del Estado Islámico. La naturaleza milenarista del Estado Islámico es algo que ya sabíamos gracias a Manel Gozalbo y un artículo suyo que considero imprescindible: “El Califato del fin del mundo”. Con este contexto, me parece interesante estudiar al Estado Islámico desde la misma perspectiva con la que analizábamos las “sectas destructivas” surgidas en los años 70 y 80 nos permite entender los mecanismos de atracción con los que gana adeptos incluso entre la población occidental  y descubrir patrones entre los decididos a dejarlo todo para irse a vivir como súbdito del Califato, más allá de las discusiones si el Estado Islámico no es verdaderamente islámico o todo lo contrario.

Una perspectiva interesante la tenemos en un artículo que publicó este fin de semana el diario madrileño El Mundo sobre las ideas del antropólogo Scott Atran. El artículo recoge su perspectiva sobre el Estado Islámico y es destacable la visión que da de cómo un grupo con ideas tan extremas y acciones que generan tanto rechazo puede resultar atractivo. Utiliza una comparativa con Hitler, cómo no, pero me parce relevante la importancia que da a una visión colectiva y utópica que lleva al sacrificio personal y a la destrucción del orden conocido.

“Nuestros países quieren que su gente disfrute una buena vida y ausencia de riesgo, pero nuestros intelectuales jamás van a luchar para preservar nuestros derechos. Hitler propone la aventura, la gloria, la muerte, la destrucción del mundo viejo y la construcción de algo nuevo que requiere un autosacrificio y 80 millones de personas caen a sus pies. ¿Por qué? Porque la gente, sobre todo joven, no quiere solamente la vida fácil, la seguridad, la moderación. Quieren un sacrificio, algo trascendental, significativo que tenga sentido en un universo caótico. Lo que está proponiendo Hitler y Bagdadi es pasión. Se debe quemar todo para salvar al mundo”.

Desde este perspectiva lo relevante no es tanto estudiar la variante del salafismo yihadismo que representa el Estado Islámico y cómo ha surgido en el contexto del Islam, como el mecanismo de captación de voluntarios para luchar en Siria. Scott Atran destaca cómo el esfuerzo de captación es individualizado. El joven que se adentra por Internet vía redes sociales o foros hasta encontrar un reclutador del Estado Islámico recibe un mensaje personalizado contra el que las campañas generalistas de los gobiernos poco pueden hacer.

El Centre de prévention contre les dérives sectaires francés presentó un informe sobre el perfil social de los “candidatos a la yihad” en Siria o Iraq de una muestra de 160 casos. El retrato robot resultante era un adolescente/postadolescente (el 63% tenía de 15 a 21 años) de clase media, de familia no religiosa y con episodios depresivos (40%) que en el 90% de los casos tenía abuelos franceses y en el 91% de los casos había vivido un proceso de adoctrinamiento  por Internet.

Julia Ioffe ha elaborado “Mothers of ISIS”, un extenso reportaje en The Huffington Post, sobre el nexo creado entre las madres de chicos occidentales que un día desaparecieron de casa o anunciaron un viaje a Oriente Medio como voluntarios de una ONG para reaparecer al poco tiempo como combatientes en Siria y al poco tiempo morir allí. Las historias que cuentan son parecidas. Los chicos coinciden en haber tenido un padre ausente, problemas personales, problemas con las drogas, dificultades en sus relaciones personales, etc. Hasta que un día se convierten al Islam, lo que da orden a su vida y genera alivio en las madres. Pero al tiempo comienzan los roces por la vestimenta de la madre, la dieta o al alcohol, hasta la ruptura definitiva. Finalmente los chicos desaparecen sin despedirse y al poco tiempo tienen noticias de ellos desde Siria. Entonces un día les llega la noticia de la muerte del hijo allí. La lejanía, la sorpresa, el shock, el sentimiento de culpa… les genera un vacío insalvable al que nadie puede dar solución. Una de ellas, canadiense, creó una asociación para alertar a padres y educadores. Por el camino fueron contactando con ella madres con casos parecidos al suyo y terminó encontrando a Daniel Koehler, un experto alemán en desrradicalización que hasta ahora había trabajado con miembros de grupos neonazis.

Además, el Estado Islámico ha realizado campañas orientadas a captar especialmente adolescentes occidentales, a  las que empareja con yihadistas con trágicas consecuencias. Un fiscal holandés planteaba el dilema de no saber cómo se les debe tratar, si como víctimas de un engaño o asumir que su viaje a Siria fue una decisión libre reflejo de un compromiso con cierta ideología. En España el primer caso saltó este año, cuando una joven de 22 años de Almonte (Huelva) fue detenida antes de viajar a Siria. Los datos que han trascendido son que es hija de un pequeño empresario de la construcción afectado por la crisis y cuyos padres están separados. La noticia destaca, para remarcar el contraste, que en su momento llegó a vestir con estética “pseudogótica” (sic) y se hizo un tatuaje en la espalda con el nombre del grupo Metallica.

El debate tras los ataques terroristas de París del viernes 13 de noviembre se ha centrado tanto en Europa como en Estados Unidos en la “amenaza externa”. Pero hay otra interna, real confirmada. Es esta de la que he hablado hoy aquí y la otra, la que anida en ciertos barrios europeos de los que se habla poco, que trataré otro día.

¿Es el Estado Islámico un Estado?

Mi última colaboración en la revista ElMed.io repasa los criterios que se manejan en relaciones internacionales para determinar si una entidad es un Estado.  La pregunta no es sólo relevante a nivel teórico, sino que entender cómo funciona el Estado Islámico es importante a la hora de combatirlo. Representarlo como un grupo de fanáticos o un mero grupo terrorista deja de lado el esfuerzo que el Estado Islámico realiza para ganar legitimidad entre la población, funcionando como un país normal, proveyendo de bienes y servicios a la población.

Pueden leerlo en “¿Es un Estado el Estado Islámico?”.

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Trabajadores del Estado Islámico.

Una guía de mis textos sobre el Estado Islámico y Siria

He escrito varias veces sobre el origen y expansión del Estado Islámico.

Tres de mis colaboraciones con Sesión de Control fueron sobre ese tema:

Escribí sobre cómo la invasión de Afganistán en 2001 podría servir de modelo para derrotar al Estado Islámico y también de los obstáculos actuales para llevarlo a cabo:

Tras la ola de refugiados, alguno quizó culpar a Europa de darle la espalda a personas que huían una guerra provocada y alimentada por ella misma, cuando el papel occidental ha sido secundario. Expliqué las complejidades de la guerra en Siria en:

Cierta periodista española escribió sobre el mismo tema. Traté el asunto, haciendo hincapié en quién vende las armas que se usan en Siria y en la mayoría de los conflictos armados.

Expliqué la internacionalización de la guerra civil en Siria en Sesión de Control:

He reseñado tres libros sobre el Estado Islámico que me han parecido relevantes y que dan una perspectiva bastante interesante con informaciones sobre el terreno y testimonios de testigos privilegiados.

En la revista El Medio he escrito tres artículos sobre los intereses rusos en Siria.

Un tema que me enfada bastante es la propagación de bulos de forma interesada. He tratado algunos.