Echándole el muerto a Arabia Saudita

En el primer episodio de la segunda temporada de House, le llega el caso de un preso que está en el corredor de la muerte y ha enfermado. Todo el mundo dice que curarle es una pérdida de tiempo porque el destino del paciente es ser ejecutado. Pero el doctor House se empeña en resolver el misterio por el desafío intelectual. A mí me ha llamado la atención la narrativa que alguien ha lanzado de que la culpa última de los atentados es de Arabia Saudita. No es un país del que se puedan decir muchas cosas positivas pero convertirlo ahora en el responsable de los muertos de las Ramblas de Barcelona es una forma de culpar a un actor externo que nos permita evitar el ir al meollo de la cuestión y reflexionar sobre lo que es un problema interno de Europa. Y como detrás de esta narrativa hay intereses espurios que tienen que ver con la Nueva Guerra Fría he asumido la tarea nada popular de escribir sobre Arabia Saudita.

Imagen de Rokambol.com

Los argumentos que circulan es que Arabia Saudita financia las redes terroristas en Europa y entrega armas a los yihadistas sirios que terminan en Europa. El propio Pablo Iglesias señalaba a las relaciones de España con Arabia Saudita como contradictorias con la lucha antiterrorista. Llamaba a “implementar un control férreo de los flujos financieros y de los paraísos fiscales (clave en la financiación de las redes terroristas)”. Teniendo en cuenta que en la actual ola de terrorismo yihadista atomizado en Europa individuos aislados han llegado a financiar un atentado con un préstamo de Cofidis para comprar armas del mercado negro de Europa del Este o han perpetrado un atentado con atropello robando una furgoneta de reparto que tenía las llaves puestas, hablar de redes terroristas, paraísos fiscales y armas de la guerra de Siria es desconocer la realidad.

La primera clase de argumentos tienen que ver con el ultraconservadurismo del Islam oficial en Arabia Saudita, la corriente wahabita, difundido en todo el mundo musulmán gracias a los ingentes recursos que gasta el país. Sin duda que en Europa se difundan ideas reaccionarias que predisponen a los inmigrantes contra los valores de las sociedades occidentales, modernas y democráticas es un problema. Creo que es el principal cuando hablamos de la influencia saudí en Europa. Y es un asunto que tengo pendiente abordar en este blog desde hace tiempo. Basta decir como adelanto que merece la pena echar un vistazo a los estudios de valores y opiniones de la comunidad musulmana en Europa para cuestionar si frente a la minoría que apoya el terrorismo hay una mayoría que constituye un “Islam moderado”.

El debate actual se centra en cómo el Islam ultraconservador que difunde Arabia Saudita entre los musulmanes en Europa sirve de “caldo de cultivo” del yihadismo o directamente lo promueve. Ante estos últimos argumentos hay que recordar que hablamos de tradiciones y corrientes diferentes. Hice un repaso el pasado mes de mayo en la revista El Medio. Hablé entonces de personajes clave en la historia del salafismo-yihadismo como el egipcio Sayid Qutbel pakistaní Abul Ala Maududi, el palestino Abdulá Yusuf Azam, el egipcio Abu Yihad al Masri y el sirio Abu Musab al Suri. Y debería añadir que estos días se hablaba de la conexión del imam de Ripoll, Abdelbaki Es Saty, con el movimiento egipcio Takfir Wal Hijra (traducido comúnmente como “Anatema y Exilio”).

La siguiente cuestión que se plantea es el apoyo de Arabia Saudita con armas y fondos a los yihadistas sirios, lo que se quiere vincular con el auge del terrorismo en Europa. Algunos argumentan que esos mismos yihadistas han terminado en Europa empleando los recursos, armas y entrenamiento proporcionados por Arabia Saudita en atentados. De momento, los grupos yihadistas que se oponen al régimen sirio han procurado no mostrarse hostiles a Occidente mientras que los atentados en Europa han sido llevado a cabo por células conectadas con el Estado Islámico o individuos que simpatizan con él. La relación entre el Estado Islámico con los grupos yihadistas es la misma que la del Estado Islámico con el régimen sirio. En determinadas fases de la guerra y en ciertos lugares de Siria han mantenido alianzas tácitas para combatir a un enemigo común, en otros momentos y lugares se han comportado como enemigos encarnizados.

Frente a la idea de redes terroristas con financiación externa, hace una semana hice un repaso en la revista El Medio de varios de los atentados yihadistas sufridos en Europa, exponiendo el carácter de terrorismo low-cost de clara inspiración palestina que sufrimos. Antes del uso de armas blancas y atropellos en Europa, tuvo lugar la “Intifada de los Atropellos” en 2014 y la actual “Intifada de los Cuchillos”.

La última clase de argumentos tiene que ver con las ventas de la industria de defensa española a Arabia Saudita. Para los interesados en el tema, véase mi reseña del libro de Yago Rodríguez sobre las ventas de defensa a las petromonarquías de la península arábiga. La carambola que plantean algunos, en la línea del argumento anterior, es que España vende armamento a Arabia Saudita que esta luego entrega a los yihadistas sirios o a los terroristas en Europa. Así que de alguna forma, nos quieren hacer cree que España es responsable de los muertos del yihadismo en Cataluña. El argumento lo vimos expresado en la manifestación del pasado sábado, donde al rey Felipe VI se le llamó “traficante de armas” y se convirtió en foco de las protestas. El asunto viene de que en la última visita del Rey a Arabia Saudita trató de hacer avanzar la candidatura de Navantia en un concurso abierto por la armada de ese país para dotarse de cinco corbetas con las que enfrentar la modernización de la armada iraní en el Golfo Pérsico.  El asunto lo traté en la revista El Medio el pasado mes de enero.

El origen de las armas de fuego utilizadas por los terroristas yihadistas en Europa es diverso y no tiene que ver con Arabia Saudita: robos en cuarteles, modificaciones de armas vendidas en el mercado civil de Europa del Este y arsenales de la antigua Yugoslavia. Mientras que el armamento enviado por Arabia Saudita a los insurgentes en Siria tiene como origen países de Europa Central, Europa Oriental y los Balcanes junto con un pedido masivo de misiles TOW a Estados Unidos.

El armamento español vendido a Arabia Saudita sí ha sido usado en la guerra de Yemen, donde la población civil está sufriendo terriblemente por la escasez de alimentos y la epidemia de cólera. Por tanto, restringir las ventas de armamento a Arabia Saudita no tienen que ver con el yihadismo en Europa o la guerra de Siria. Tienen que ver con una cuestión moral de si estamos dispuesto a venderles unas corbetas a un país que actúa con tan poca consideración con la población civil de un país vecino. Y por no hablar de la violenta represión de la minoría chií acontecida en las últimas semanas. Pero ni siquiera olvidarse de vender las cinco corbetas, que sería una tabla de salvación para la empresa pública Navantia, evitaría un sufrimiento a la población de Yemen porque, aunque el contrata se firmara mañana, para cuando el primer buque entre en servicio la guerra habrá acabado.

Hice un resumen de todos estos argumentos en un largo artículo que publicó este fin de semana pasado el blog Magnet. A pesar de su extensión, quedaron temas fuera. Por ejemplo, alguno me ha señalado que según no sé qué publicación en Wikileaks aparece que Hillary Clinton contó que Arabia Saudita financia al Estado Islámico. En realidad, lo que recogen los informes oficiales estadounidenses es que se sabe que particulares y ONGs saudíes han estado enviando dinero al Estado Islámico sin que las autoridades saudíes hagan todo lo que podría estar en su mano para evitarlo.

Se pueden imaginar las cosas que me han dicho por salir a desmontar los argumentos torticeros que concentran el problema del yihadismo al papel de Arabia Saudita. Desde “otanista a sueldo” y miembro del “lobby saudí” a cosas tan horribles como “liberal”. Nunca he escrito pensando en hacer amigos y tengo una larga trayectoria de tocar las pelotas a izquierda y derecha porque lo que no soporto es que me quieran vender la moto. Así que la pregunta es, ¿a qué viene reducir el problema a Arabia Saudita? Pues es sencillo de entender para quien haya estado pendiente de la Nueva Guerra Fría.

Cuando en España los yihadistas que luchaban contra Estados Unidos molaban. Hoy son una creación de la CIA. Foto: CSCA.

El Estado Islámico surgió en 2006 como una alianza de Al Qaeda en Iraq con otros grupos insurgentes que combatían la ocupación estadounidense. Recordemos como en aquellos tiempos en España se aplaudía a la “resistencia iraquí”. Cuando el Estado Islámico se apoderó de un gran territorio iraquí en su ofensiva de primavera de 2014, cundió el pánico en Arabia Saudita. Se habló entonces de erigir una gran barrera protectora en la frontera con Iraq.

Imagen vía Infobae.com

Ahora demos un salto en el tiempo. Y encontramos a mucha gente convencida de que el Estado Islámico es una creación de Estados Unidos y Arabia Saudita, por separado o en alianza con el Reino Unido e Israel. ¿Qué pasó para que un enemigo mortal de Estados Unidos y Arabia Saudita aparezca ahora en el imaginario colectivo como un producto de sus servicios secretos? Obvio. La propaganda iraní. Recordemos el caso de las armas químicas usadas por las fuerzas gubernamentales sirias en Goutha que fue atribuido a los grupos insurgentes sirios o la noticia del supuesto convoy del Estado Islámico escoltado por un helicóptero Apache estadounidenses que resultó ser un Mil Mi-24. En ambos casos tenemos bulos que nos llevan a la constelación mediática de Irán, Hezbola y simpatizantes.

El objetivo de Rusia e Irán respecto a Oriente Medio todo este tiempo ha sido deslegitimar a Occidente y sus aliados en la región insistiendo en que ambos son los únicos que combaten al terrorismo yihadista mientras que Estados Unidos, Arabia Saudita e Israel lo promueven. Recuerden como a la semana de la intervención rusa en Siria circulaba el mensaje de “Rusia ha conseguido más en una semana contra el Estado Islámico que Estados Unidos y su coalición internacional en un año”. Era rotundamente falso con los mapas del avance del YPG desde Kobane hacia el sur delante, pero el mensaje caló por esa mezcla de fascinación por Putin y odio a Estados Unidos tan extendida en España.

El asunto de Arabia Saudita tiene también una deriva interna española. Las relaciones de España y Arabia Saudita son la excusa que ha presentado Podemos para no sumarse al Pacto Antiterrorista a pesar de haber muertos sobre la mesa. Tras un atentado, en la mayoría de países los gobiernos asumen un discurso patriótico y duro, lo que aumenta la aprobación popular, mientras que a la oposición le toca un papel secundario de lanzar mensajes de unidad con el gobierno y las instituciones. Salirse por la tangente hablando de las relaciones comerciales con Arabia Saudita y los paraísos fiscales, como si eso tuviera algo que ver con los muertos de Barcelona y Cambrills, le permite a Pablo M. Iglesias jugar al ataque en pleno luto nacional. Al nacionalismo catalán, además, le ha servido para convertir al Rey en blanco de ataques en lo que tenía que ser una manifestación de unidad frente al terrorismo.

Sinceramente, espero no tener que volver a abordar un país tan criticable como Arabia Saudita. Pero las mentiras y las tergiversaciones siguen siéndolo aunque aludan a personas o gobiernos detestables. Y en el caso del yihadismo europeo, buscar culpables externos es una forma de evitar el problema para consolarnos con la idea de que es una amenaza externa y ajena.

Arabia Saudita no arma al ISIS ni financia el terrorismo yihadista en Europa: tiene su propia agenda. Magnet. 26 agosto 2017.

Arabia Saudita como excusa. El Medio. 23 agosto 2017.

Arabia Saudí y la sospecha sospechosa. El Medio. 31 mayo 2017.

Arabia Saudita y un dilema para España. El Medio. 18 enero 2017.

 

 

 

El opio, Afganistán y los talibán

 ha entrevistado al historiador Alfred McCoy con motivo de la próxima publicación del libro In the Shadows of the American Century: The Rise and Decline of U.S. Global Power. McCoy es un crítico de la política exterior de Estados Unidos pero no se hace ilusiones sobre un mundo multipolar.

“So the US empire has been, and we’ve had our excesses, Vietnam, we could go on. Afghanistan. There are many problems with the US exercise of its power but we have stood for human rights, the world has had 70 years of relative peace and lots of medium size wars but nothing like World War I and World War II. There has been an increase in global development, the growth of a global economy, with many inequities, but nonetheless, transnationally, a new middle class is appearing around the globe. We’ve stood for labor rights and environmental protection. Our successor powers, China and Russia, are authoritarian regimes. Russia’s autocratic, China’s a former communist regime. They stand for none of these liberal principles.

So you’ll have the realpolitik exercise of power, all the downsides with none of the upsides, with none of the positive development. I mean we’ve stood for women’s rights, for gay rights, for human progress, for democracy. You know we’ve been flawed in efficacy, but we’ve stood for those principles and we have advanced them. So we have been, on the scale of empires, comparatively benign and beneficent. And I don’t think the succeeding powers are going to be that way”.

Me pareció interesante encontrar un autor crítico de la política estadounidense con una visión sobre Occidente y lo que puede llegar a ser el futuro mundo mutipolar parecida a la mía. Véase “¿El comienzo del fin del Imperio estadounidense?”“Occidente y el imperialismo del que puede”. Pero me dio bastante que pensar otra cosa.

Resulta que McCoy es célebre por haber estudiado el papel del narcotráfico en la guerra de Vietnam y luego cómo la insurgencia afgana se financió durante los años 80 con la producción de opio. En ambos casos, plantea McCoy, el narcotráfico se convirtió en un mal menor en el gran esquema de la Guerra Fría, por que se toleró porque era una fuente de financiación de aliados estadounidenses. En la entrevista, McCoy apunta que la rápida caída de los talibán en 2001-2002 se debió a que se habían ganado muchos enemigos con su política de erradicación de opio. Acudí a la Wikipedia y encontré esto:

In July 2000, Taliban leader Mullah Mohammed Omar, collaborating with the United Nations to eradicate heroin production in Afghanistan, declared that growing poppies was un-Islamic, resulting in one of the world’s most successful anti-drug campaigns. The Taliban enforced a ban on poppy farming via threats, forced eradication, and public punishment of transgressors. The result was a 99% reduction in the area of opium poppy farming in Taliban-controlled areas, roughly three quarters of the world’s supply of heroin at the time. The ban was effective only briefly due to the deposition of the Taliban in 2002.

La fuente que emplea la Wikipedia es una artículo académico titulado “Where have all the flowers gone?: evaluation of the Taliban crackdown against opium poppy cultivation in Afghanistan” y publicado en 2004. Cuenta McCoy que ahora la situación ha cambiado. Son los talibán los que se nutren del tráfico.

Well today, of course, that drug traffic has been taken over by the Taliban and it funds the bulk of the Taliban’s guerrilla operations, pays for a new crop of teenage boys to become fighters every spring, and we’ve lost control of that.

No me costó encontrar artículos al respecto. Por ejemplo: “How Opium Fuels the Taliban’s War Machine in Afghanistan” de Hashim Wahdatyar, publicado en The Diplomat en octubre de 2016. Entonces acudí a la lista de libros sobre Afganistán que tenía guardada en Amazon.co.uk y encontré que en algún momento del pasado me había interesado por el tema y lo había olvidado por completo. Por ejemplo, encontré que había guardado en mi lista el libro Seeds of Terror: How Drugs, Thugs and Crime are Reshaping the Afghan War de Gretchen Peters y que salió publicado en 2009 y tuvo una segunda edición actualizada en 2011. Y entonces me acordé que en su momento me llamó la atención los informes y propuestas sobre el cultivo de opio en Afganistán de un think-tank llamado Senlis Council, que resultó que cambió el nombre y ahora se llama International Council on Security and Development (ICOSD). Pero allí estaban informes y comunicados como este “The Taliban are winning the hearts and minds in Southern Afghanistan” de diciembre de 2006. En él se decía:

Destruction of Afghan opium crops has created a chain reaction of violence and poverty.

Así que ahí tienen un tema que parece relevante para entender el fracaso de Occidente en Afganistán y el auge de la insurgencia talibán, pero del que no había encontrado referencias en español.

El día de la marmota en Afganistán

Helicóptero Apache británico en acción en Afganistán en 2008. Foto: Wikimedia.

Después de dedicar dos libros a las fuerzas especiales británicas, Damien Lewis fue contactado por pilotos británicos de helicópteros Apache porque querían una exposición mediática semejante. El libro resultante se titula Apache Dawn, un juego de palabras con el título de la película “Amanecer Zulú”. Trata del despliegue de helicópteros de ataque Westland WAH-64 Apache del ejército británico en Afganistán. Leyendo el libro me llamó la atención una cosa. Los pilotos contaban ufanos su perseverancia localizando y persiguiendo a los talibán desde el aire, como el episodio en que siguieron a una pareja de talibán en moto hasta asegurar que iban armados para a continuación disparar un misil Hellfire. A mí me asaltaba la pregunta de cómo una guerra así podía ser sostenible en el tiempo. ¿Alguien en aquella unidad llevaba cuenta del coste de combustible y munición gastadas frente al valor de los objetivos destruidos? El despliegue militar español en Afganistán costó 3.700 millones de euros y la vida de 99 de militares y dos traductores. Mejor no hagamos balance.

Afganistán vuelve a estar otra vez encima de la mesa, con escándalo incluido. El gobierno de Donald J. Trump ha tenido la ocurrencia de consultar a dos empresarios, uno de ellos el fundador de Blackwater, así que he leído ya varios artículos de opinión alertando del peligro de la privatización de la guerra de Afganistán además de repasar el historial de los dos personajes escogidos por el gobierno Trump. Véase, por ejemplo, a “Private military contractors aren’t going to do a better job in Afghanistan. Here’s why” de Debora Avant en el Washington Post. Y también tenemos la  crítica de David Isenberg en su blog. Conté todo el asunto esta semana en la revista El MedioBuscando soluciones al viejo problema de Afganistán. Resulta que los talibán ya no son los “desgarramantas” de los años 90. Ahora lucen uniformados en ceremonias y ejercicios que difunden en sus vídeos de propaganda mientras se nutren de montañas de armamento que capturan a las fuerzas de seguridad afganas.

La polémica ha surgido además porque Prince ha expuesto sus ideas sobre la necesidad de centrar la cadena de mando en un “virrey” estadounidense en Afganistán e implicar a empresas privadas al estilo de la Compañía Británica de las Indias Orientales. El que quiera, puede escuchar al propio Prince en una conferencia que me dio a conocer un lector. Entre otras muchas cosas, es curioso que menciona la teoría de las cuatro generaciones de guerras, aunque no desde la ortodoxia de William S. Lind. Las ideas de Erik Prince sobre Afganistán sin duda producen escándalo. Pero desde que saltó la polémica no he parado de pensar qué alternativas hay. Porque no he visto todavía a nadie proponer una solución que suene viable.

Israel y la enferma obsesión de la prensa española

Dije hace poco que iba a dejar de tratar el conflicto palestino-israelí por una temporada. Pero no hay manera por culpa de las cosas que leo en la prensa española. Y es que da igual el tema. Por muy alejado el asunto de Oriente Medio te encuentras un comentario idiota sobre Israel. Así, Agusto Zamora, autor de “Ocho razones para amar a Trump”, publicó en abril de este año en el diario madrileño El Mundo un artículo sobre la crisis de Corea. Título del artículo: “Un Israel en el Pacífico“. Sí señor, con dos cojones. Dirán ustedes “seguro se refería al papel del Corea del Sur, aliado militar de Washington”. No, no. Corea del Norte. Lean:

Corea del Norte es un símil –mutatis mutandis– del papel que desempeña Israel en Oriente Próximo. Como Israel, es un Estado militar-religioso (uno de la Torá, otro de la idea suche); es un pueblo armado (1,2 millones de soldados, con posibilidad de movilizar a 7 millones de habitantes); como en Israel, el poder militar lo es todo para su existencia. La diferencia la marca el nivel tecnológico.

Pero la capacidad de relacionar cualquier asunto con Israel llega a niveles tan absurdos como los de Carmen Rigalt hoy, nuevamente en el diario El Mundo. Rigalt escribió sobre el caso de Ignacio Echeverría, el ciudadano español que se enfrentó en Londres a un terrorista para defender a una mujer y fue apuñalado por otro por la espalda.

En Londres los yihadistas emplearon dos tácticas que protagonizaron sendas olas de ataques terroristas en Israel: Los atropellos y los apuñalamientos. De hecho, se habló en la prensa internacional de la “Intifada de los Atropellos” y la “Intifada de los Cuchillos”. Cómo no, los asesinatos de viandantes israelíes fue celebrada en las redes sociales por los palestinos con viñetas, fotomontajes y memes de todo tipo. Véanse algunos ejemplos para los ataques con cuchillos.

Viñeta palestina a propósito del apuñalamiento de los pasajeros de un autobús en Tel Aviv. Vía Jerusalem Post.

La relación entre el modus operandi de los terroristas europeos que emplean el atropello y los apuñalamientos con las tácticas palestinas es evidente. Así que prepárense para el salto que dio Carmen Rigalt al tratar la muerte de Ignacio Echevarría, cuyo cuerpo fue recibida en España por los familiares y el presidente del gobierno. En la televisión se pudo ver la entereza de la madre mientras el presidente del gobierno hablaba con ella. Dice Carmen Rigalt:

Perder un hijo siempre es una tragedia, pero perder un hijo y ganar un mártir, un héroe o un santo, debe de ser una tragedia con consuelo incorporado. Los periodistas que hemos tenido ocasión de ver a las madres de los mártires palestinos sabemos de las lágrimas orgullosas que derramaban en silencio, sin dejar de mirar esa foto enmarcada con la que vivían abrazadas.

Sí, señor. Tenemos que pensar en Ignacio Echeverría como un terrorista palestino que se voló con un chaleco bomba en un centro comercial o murió abatido cuchillo en mano por las fuerzas de seguridad israelíes. No se puede ser más miserable que Carmen Rigalt haciendo ese tipo de comparaciones que insultan la memoria de Ignacio Echeverría. Resulta inquietante cómo funciona la mente de una periodista española que para mostrar simpatía con la madre de una víctima española del terrorismo yihadista la compare con la madre de los verdugos de israelíes.

Mariam Farhat, “madre de los mártires palestinos”.  Unos de sus hijos trabajó en el desarrollo de cohetes Qassam. Murió en el laboratorio probando un dron con cabeza de guerra explosiva. Otro hijo murió participando en un ataque contra una escuela donde murieron cinco estudiantes israelíes. Se hizo famosa tras decir en el funeral de un tercer hijo que le quedaban cuatro hijos y esperaba que todos fueran mártires.

Mientras tanto, esta semana un campamento de refugiados palestino en Daraa era machacado por las fuerzas gubernamentales sirias, nada nuevo en ese país, mientras que la organizaión de Naciones Unidas para los refuigados palestinos (UNRWA) “condenaba en los términos más fuertes” el hallazgo de un túnel como los empleado por HAMAS dentro del recinto que ocupan dos colegios de primaria en Gaza. Pero ya saben, Israel.

 

 

Repensando el proyecto de libro sobre el Gran Oriente Medio

He perdido la cuenta de los proyectos de libros que me he planteado en los últimos años y terminé abandonando poco después. Alguno no pasó más allá de un guión muy detallado con los capítulos y epígrafes. Otros me consumieron tardes de lecturas tomando notas que llenaron cuadernos para sólo producir un primer capítulo que quedó a medias. Mi lección de todas esas experiencias es que nunca hay que empezar un libro por el capítulo introductorio donde establecemos el contexto. Mi proyecto de libro sobre el yihadismo en el Sahel me llevó a lecturas sobre clima y geología de la región. Me perdí por el camino. Ya aprendí la lección.

Uno de esos proyectos de libros era sobre la “nueva” geopolítica del Gran Oriente Medio. Y en otro error típico mío, no me propuse escribir un libro sobre un tema que tuviera totalmente controlado, sino que quise escribir un libro para contar lo que quería aprender del tema. Quería escribir sobre el papel de Turquía como pivote de la geopolítica de los hidrocarburos y quería escribir sobre la rivalidad Irán-Arabia Saudita. Pero luego la región no paró de vivir giros inesperados y el proyecto quedó definitivamente aparcado, como conté aquí en octubre de 2013.

En marzo pasado, durante un rato muerto en un viaje en avión, tomé un cuaderno de notas y rehice la lista de temas que tendría que tener un libro sobre la “nueva” geopolítica del Gran Oriente Medio. Me olvidé de la geopolítica de los hidrocarburos para centrarme en los cambios en la región tras la Primavera Árabe. Y luego marqué aquellos temas que ya había tratado en mis colaboraciones con la revista El MEDIO. Resulta que ya había escrito de buena parte de los asuntos que pensé debía cubrir el libro. Y así, la lista de los temas ausentes se convirtió en la lista de temas de los que voy a escribir próximamente, siempre que la urgencia de la actualidad no se imponga. Cómo no, uno de esos temas era Qatar.

Mi idea no es simplemente hacer una recopilación de textos. Sino usar mis artículos como base para el futuro libro. Habrá que explicar mejor algunos conceptos y algunos sobreentendidos, podré extenderme en algunos asuntos, añadiré un aparato bibliográfico, etc. La idea es que salga un librito de 150 páginas y fácil lectura. A continuación les presento el esquema general del libro con los artículos que he escrito para la revista EL MEDIO donde trato los temas a desarrollar en cada capítulo.

Introducción.

En la introducción quisiera explicar el concepto de Gran Oriente Medio y compararlo con el de “Balcanes Euroasiáticos” del recoentemente fallecido Zbigniew Brzezinski y la visión de Halford J. Mackinder sobre el corazón de Eurasia. Tendría que hablar de la retirada estadounidense de la región a propósito del “Pivot to Asia” proclamado en noviembre de 2011. Para luego hablar de la deriva islamista de la Primavera Árabe y de cómo los conflictos en Libia, Siria, Iraq y Yemen muestran la debilidad del Estado y la construcción nacional en los países árabes.

El Gran Oriente Medio y el corazón del mundo.

La retirada de Estados Unidos.

De la Primera Árabe al Invierno Islamista.

Crisis de los Estados árabes.

 

Fractura en la Casa del Islam.

En el capítulo más extenso quisiera hablar de las fracturas internas del mundo musulmán y de cómo la divisoria sunní-chií articula la rivalidad geopolítica de Irán y Arabia Saudita que se juega en tableros como la guerra de Siria y Yemen. Como dije antes, tengo mucho escrito sobre el Estado Islámico pero para este proyecto de libro lo más relevante es explicar cómo surgió, para disipar las teorías conspirativas, además de plantear los dilemas que se abren ante su derrota.

Fitna.

La rivalidad de Irán y Arabia Saudita.

Lo que está en juego en Siria (publicado en Sesión de Control).

Quién sostiene a Bashar al Asad.

Rusia en Siria y la alianza Moscú-Teherán.

La libanización de Siria (1).

La libanización de Siria (2).

El nada misterioso origen del Estado Islámico.

¿Qué será de Siria e Irak tras la derrota del Estado Islámico?

El Yemen y los límites del poder saudí.

 

Nuevos actores regionales.

Uno de los asuntos sobre los que más quise llamar la atención desde hace años era el creciente papel de países con una agenda regional propia a los que creo en España se les hacía poco caso. Por el camino Turquía vivió una deriva autoritaria que privó al mundo musulmán de un referente de democracia islámica. Mientras, que Emiratos Árabes Unidos y Qatar aprovecharon su riqueza para convertirse en actores que jugaban en una categoría mucho mayor a la que les correspondería por su tamaño geográfico y demográfico. Pero ya vemos cómo Arabia Saudita ha intervenido para cortarle las alas a Qatar.

Turquía ya no es el país del futuro.

Qatar y la crisis del Golfo.

La emergencia de Emiratos.

 

Israel.

Pasan tantas cosas en la región que ya podría prescindir de hablar de Israel en un libro que tratara los temas candentes en Oriente Medio. Pero Israel es un país al que presto bastante atención y sus dilemas estratégicos han cambiado. Su principal amenaza ya no es la potencia militar de sus países vecinos, sino los actores no estatales como HAMAS y Hezbolá. De fondo, tenemos que la amenaza común de Irán y el yihadismo está empujando a un acercamiento de los países árabes hacia Israel.

Ni paz ni territorios.

Palestina como Estado fallido.

La próxima guerra contra Hezbolá (1).

La próxima guerra contra Hezbolá (y 2).

Jordania y el ‘espléndido aislamiento’ de Israel.

 

“Seis días, cincuenta años” de Orfeo Suárez

Algún día habrá que analizar por qué el conflicto palestino-israelí y Oriente Medio en general son temas a los que cualquier periodista o tertuliano español les gusta abordar en términos grandilocuentes. Cómo olvidar aquel vaticinio de Lluís Bassets en febrero de 2012 sobre el ataque israelí a Irán (“Será en verano, época guerrera por excelencia. […] Todo será muy rápido, con bombardeos de precisión realizados por aviones no tripulados”). O aquel comentario de Mario Vargas Llosa diciendo que el conflicto palestino-israelí era el más factible de arrastrarnos a una guerra mundial (“uno de los conflictos más graves y potencialmente más capaces de sepultar a buena parte del planeta en una guerra de proporciones cataclísmicas”).

Oriente Medio es al análisis internacional lo que el fútbol es al análisis deportivo. Todo el mundo se siente capaz de hacer la alineación campeona. Así que no es de extrañar que el diario El Mundo le haya ofrecido una tribuna al periodista deportivo Orfeo Suárez para que nos dé su opinión sobre la Guerra de los Seis Días, de la que se cumple esta semana el 50º aniversario.

La Guerra de los Seis Días, de cuyo desenlace se cumplen mañana 50 años, cambió el mapa territorial en Oriente Próximo, consolidó la fortaleza de Israel, provocó el apoyo definitivo de Estados Unidos al vencedor, más allá de las presiones y la financiación del lobby judío, acabó con el panarabismo de Nasser y puso la primera semilla de la Yihad.

Arrancamos con un auténtico hit combo. La Guerra de los Seis Días cambió el mapa de Oriente Medio, dice. Vean el impacto en el mapa de Oriente Medio. Sí, la vida cambió para los habitantes de Gaza, Cisjordania y los Altos del Golán. Pero el impacto sobre el territorio de Oriente Medio fue mínimo. Y desde luego nada comparable a otros posibles movimientos de fronteras que podríamos vislumbrar en un futuro cercano, como sería la fractura de países como Siria o Iraq.

Imagen vía Wikimedia.

La mención del lobby judío es un clásico aunque como el propio Orfeo Suárez dice, es irrelevante para el caso. Para rematar, resulta que la Guerra de los Seis Días “puso la primera semilla de la yihad”. Basta recordar que Sayyid Qutb había sido ejecutado un año antes y que su obra principal data de 1964. La historia del salafismo-yihadista ya estaba en marcha. Pero de alguna manera, había que culpa a Israel de algo malo.

La victoria invasiva sobre Egipto, Jordania y Siria mostró la inoperancia de las alianzas en el mundo árabe, un puzzle complejo por su origen tribal, la división entre instancias seculares y religiosas, más la existente entre chiíes y suníes.

“Victoria invasiva” es una forma peculiar de hablar de las ofensivas que lanzó Israel, un país con apenas profundidad estratégica, contra los ejércitos que se acumulaban en su fronteras. La inoperancia de los ejércitos árabes es un tema bastante estudiado desde el punto de visto académico. Véase el clásico Arabs at War: Military Effectiveness, 1948-1991 de Kenneth M. Pollack. Las derrotas de la alianza árabe no tiene que ver con el “puzzle complejo” del “origen tribal” del mundo árabe. Tiene que ver, principalmente, con que los regímenes árabes nunca permitieron que sus ejércitos se volvieran realmente profesionales y operativos por temor a un golpe de estado militar. Y así, por ejemplo, era generalizado que no hicieran maniobras de gran envergadura para compartimentalizar lo más posible a las grandes unidades. El resultado luego en la guerra era que los ejércitos árabes se coordinaban fatal.

A quienes quisieran luchar, sólo les quedaba una salida: el terrorismo. La efeméride es, pues, una buena ocasión para entender los puntos de inflexión de un conflicto exiguo en lo territorial, pero global por los intereses en juego, las mayores reservas energéticas del planeta, y por las consecuencias, como es la internacionalización del islamismo por la vía del terror, que ya suma más de seis días: 11-S, 11-M, 7-J, 13-N, 14-J, 19-N… Es la guerra que todos perdimos.

Los ataques terroristas comenzaron antes de la Guerra de los Seis Días. En la Nochevieja de 1964 la organización Al Assifa, brazo armado del partido de Arafat, trató de lanzar su primer ataque contra israelí desde suelo libanés. El ataque falló por la acción del ejército libanés que vigilaba la frontera. Al día siguiente, los miembros de la organización lograron cruzar la frontera para efectuar su primer ataque en suelo israelí. Pusieron una bomba que no funcionó. No es que los comienzos fueran muy épicos. Pero queda claro que los ataques palestinos contra la población y la infraestructura civil israelí comenzaron antes de la Guerra de los Seis Días. Hablar de guerrillas o terrorismo lo dejo a elección del lector.

Hablar de las “mayores reservas energéticas del planeta” cuando hablamos del conflicto palestino-israelí y la Guerra de los Seis Días es mezclar churras con merinas. Pero da la sensación que aquella referencia al tribalismo árabe o esta otra a la geopolítica de la energía son intentos de parecer sesudo y profundo sin decir nada.

Introducir la referencia a “la internacionalización del islamismo por la vía del terror” es andar bastante perdido cuando estamos hablando de un conflicto en plena Guerra Fría que dio lugar en los años 70 a eso que entonces se llamó el “terrorismo internacional”, con personajes como el venezolano “Carlos” y la colaboración de la ultraizquierda europea con el terrorismo palestino. El yihadismo internacional vino después. Curiosamente el conflicto palestino-israelí fue ajeno a ese fenómeno. Los aspirantes a crear una franquicia palestina de Al Qaeda han sido por lo general minoritarios. Y mientras los pasaportes de ciudadanos musulmanes europeos han aparecido en campamentos yihadistas remotos en Mali o Pakistán, no hemos visto un flujo significativo de voluntarios a unirse a las filas de HAMAS. Orfeo Suárez pretende hacer responsable a Israel de fenómenos que le son ajenos. Y lo que es peor. Resulta que la guerra en la que Israel se anticipó a sus enemigos, que pretendían destruirlo, es “la guerra que todos perdimos”. A ver si va a ser que Orfeo Suárez lamenta que los ejércitos árabes no acabaran con Israel.

Foto: David Rubinger vía IDF Blog.

 

Algo pasa con Israel

La inmensa mayoría de mis artículos sobre el conflicto palestino-israelí son reactivos. Alguien escribe algo que me hace resoplar y ahí entro yo a hacer un fisking. O a soltar un comentario sarcástico en las redes sociales. Me pasó este fin de semana. Luz Gómez, profesora de Estudios Árabes de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en islam e islamismo, compartía en Twitter un artículo sobre la entrada de droga en la Franja de Gaza.

Lo de “limpieza étnica” me pareció un término exagerado, así que leí el artículo en cuestión. Se trata de la traducción al español hecha para Rebelión de un artículo publicado originalmente por Al Yazira en inglés. En el artículo, se citan las palabras de Ahmed Kidra, jefe de la unidad antinarcóticos de la policía en Gaza.

Kidra dijo a Al Jazeera que las drogas se pasaban por las fronteras de Gaza con Israel y Egipto a través de túneles o por el mar cuando los pescadores de Gaza se reúnen con barcos egipcios.

“Los túneles  son la fuente principal”, dijo, citando unos pasadizos subterráneos de contrabando que une Gaza con Egipto.

Así que resulta que Egipto es la principal fuente de entrada de drogas que se consumen en Gaza. Pero tenemos una profesora universitaria hablando nada menos que de limpieza étnica. Así que comenté el asunto:

Encontré otra cosa que me llamó la atención. Vi imágenes del uso de fósforo blanco en Mosul. Alguien ubicó el lugar. Y además, tenemos pruebas gráficas de que la artillería estadounidense sobre el terreno emplea ese tipo de munición.

El asunto no ha recibido ninguna atención, cuando el empleo del mismo tipo de arma en Gaza generó comentarios de indignación sobre el empleo israelí de “armas químicas”. Señalé el doble rasero.

No fui el único:

Me resulta difícil no reaccionar ante cosas así. Pero curiosamente, creo que he mostrado poco lo que realmente pienso sobre el conflicto palestino-israelí. Por ejemplo, creo que la ocupación israelí de Cisjordania es una amenaza a la naturaleza democrática israelí. Un país no puede mantener una democracia sana mientras influye en el destino de otro pueblo de esa manera. No es una idea original mía. He leído artículos de opinión al respecto. Pero pienso, ¿por qué he leído reflexiones sobre el futuro de la democracia israelí pero nunca del presente de la dictadura palestina?

Resulta que las últimas elecciones presidenciales palestinas tuvieron lugar en 2005 y las últimas elecciones legislativas en 2006. Podemos comparar la situación palestina con el autogolpe de Alberto Fujimori en Perú en 1992. Pero curiosamente, nunca he leído a un periodista español usar expresiones como “dictadura palestina” o “régimen de Abás”. Así que me parece más relevante dedicarme a señalar las omisiones y tergiversaciones de la prensa española, que es un actor sobre el que mis actos pueden tener algún impacto. Es más, ¿cómo vamos a tener un debate constructivo sobre un tema si la perspectiva de los medios españoles está sesgado? Véase, por el ejemplo, el seguimiento que hace de ello Revista de Medio Oriente.

En su día dije que la cobertura informativa española sobre el conflicto palestino-israelí funciona bajo la Ley de la Tostada del periodismo español. Siempre que hay un error, es contra Israel. Así que en la revista El Medio, abordé recientemente el concepto del antisemitismo y planteé un experimento radical para detectar sesgos por parte de periodistas y activistas: “Antisemitismo e israelofobia. Un experimento”.