Ejército de Tierra español: ¿alguien al volante?

Después del fin de la Guerra Fría llegaron los llamados “dividendos de la paz” en forma de reducción de tamaño de los ejércitos de la OTAN, incluyendo el Ejército de Tierra español. Este último sufrió además un proceso de transformación, con el fin del servicio militar obligatorio en el cambio de siglo. Creo que habré contado mil veces el chiste que circuló en los cuarteles españoles, de que tras la presentación del plan NORTE (Nueva Organización del Ejército de Tierra) se esperaba que el siguiente fuera el SUR (Supresión de Unidades Restantes).

Pensemos que aquel proceso de reducción tuvo lugar entre 1991 y 2001. Por aquel entonces, por ejemplo, Marruecos tenía como buque principal una corbeta de clase “Descubierta” y Argelia tres fragatas ligeras de origen soviético clase “Koni” (es decir, unas corbetas). España, por su parte, contaba con 17 buques de escolta. Es decir, el diferencial de capacidades era tal, que no había amenaza en el horizonte. Así que las fuerzas armadas españolas se dedicaban principalmente a misiones de paz y humanitarias en lugares como el Kurdistán iraquí, los Balcanes, Centroamérica y el África Meridional.

Sarajevo 2002
Fuerzas españolas en los Balcanes: Sarajevo 2002.

En el proceso de reducción de las fuerzas armadas por el fin de la Guerra Fría, en el Ejército de Tierra tuvieron bien claras las prioridades: había que mantener los puestos de generales a toda costa. Cada una de las antiguas Capitanías Generales se transformó en un cuartel general con un teniente general (general de 3 estrellas u OF-8 en el contexto OTAN). En La Coruña se creó la Fuerza Logística Operativa, en Barcelona la Inspección General del Ejército, en Sevilla se creó la Fuerza Terrestre, en Granada se creó el Mando de Adiestramiento y Doctrina, en Tenerife se creó el Mando de Canarias, en Valencia se creó el Cuartel General de Alta Disponibilidad, etc. Se conservaron vacantes de generales listos para mandar cada uno un Cuerpo de Ejército (varias divisiones) cuando la fuerza del Ejército de Tierra se quedaba reducido al equivalente a tres divisiones: una pesada, otra ligera y la suma de las unidades repartidas por Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla.

Según tengo entendido, el fin del servicio militar obligatorio fue una imposición de Jordi Pujol a José María Aznar en aquel acuerdo de gobernabilidad, el Pacto del Majestic, tras las primeras elecciones que ganó el Partido Popular sin alcanzar la mayoría absoluta. El problema es que la transformación de un ejército de conscriptos a otra de tropa profesional se hizo en España sin el suficiente debate público. La sociedad española veía con rechazo que las fuerzas armadas llamaran a filas a los ciudadanos varones pero nadie planteó honestamente que si la alternativa era que sólo sirvieran aquellos que estaban dispuestos a hacer de la vida militar una profesión, debían cobrar un sueldo. Y ese sueldo, evidentemente, debía salir del bolsillo de todos. Así que el ejército profesional español nació con el lastre de un presupuesto insuficiente porque los políticos no quisieron pagar el precio de recibir la antipatía de la ciudadanía tras presentar la cruda realidad: un ejército profesional cuesta dinero.

Si hacemos caso a algunos, en el 11-S comenzó verdaderamente el siglo XXI. Las fuerzas armadas españolas se vieron realizando misiones internacionales en Afganistán, Iraq, Líbano, Cuerno de África, etc. Por aquel entonces, España vivía su particular burbuja inmobiliaria. El sector de la construcción y el turismo tiraban de la economía. Poca gente quería ser soldado profesional. De cien plazas ofertadas, a los centros de formación de tropa llegaban a lo mejor 70 u 80 candidatos. Los instructores se veían en el dilema de ser estrictos y filtrar aquellos aspirantes problemáticos o con escaso “espíritu militar”, o bien cubrir las cuotas que se les exigía. Por el camino, el Ejército de Tierra perdió sus cuatro brigadas de reserva y las fuerzas armadas terminarían adoptando un modelo fallido de reserva voluntaria. El Ejército de Tierra además se encontró serios problemas para cubrir los planteles de la Brigada “San Marcial” repartida en las tres provincias del País Vasco y la Brigada de Cazadores de Montaña repartida entre Navarra y Aragón.

Los problemas de personal terminarían con la gran crisis financiera de 2008. De pronto, las fuerzas armadas se encontraron con siete aspirantes por plaza. A los Centros de Formación de Tropa terminarían llegando doctores, licenciados con máster y licenciados universitarios. Pero ese flujo de tropa era el resultado de la mayor crisis económica sufrida por España en décadas. España estaba al borde del rescate y las fuerzas armadas vieron reducido su presupuesto en un tercio. De hecho, se terminó por dejar de ofrecer nuevas plazas, creando un problema adicional de envejecimiento de la tropa.

Así llegamos a la penúltima reforma del Ejército de Tierra. Alguien decidió que había que afrontar de frente los problemas de falta de personal metiendo el hacha en las unidades, aunque fuera doloroso. Así, se eliminó la Brigada “San Marcial”, la Brigada de Caballería “Castillejos” y la antigua Brigada de Cazadores de Montaña, que por aquel entonces era ya sólo una Jefatura de Tropas de Montaña (JETROMA). Pero he aquí que había que procurar mantener la presencia del Ejército de Tierra en el País Vasco y Cataluña, así que si bien desapareció la Brigada “San Marcial” y algunas de sus unidades de apoyo siguieron existiendo dos batallones que se asignaron a brigadas en otra punta de la Península Ibérica. Los restos de la JETROMA y la “Castillejos” fueron reagrupados en la nueva brigada “Aragón”, reuniendo unidades repartidas por Navarra, Aragón y Cataluña. Empezó un movimiento extraño de asignación de dependencias que hizo que algunas brigadas mecanizadas ganaran un batallón ligero ubicado en otra parte del país.

La idea de la penúltima reforma tenía sentido sobre el papel. Se trataba de afrontar un viejo problema del Ejército de Tierra. Existían por un lado tres brigadas mecanizadas en Badajoz, Córdoba y Madrid cuyos Leopard y Pizarro nunca salían de misión internacional. Por otro lado estaban los paracas, legionarios, cazadores de montaña, etc. que se tragaban rotación tras rotación en misiones internacionales. La solución fue emplear a tripulantes de carro como infantes en misiones de paz para no quemar a la tropa de las brigadas ligeras. Desde artilleros a miembros de la Guardia Real terminaron de patrulla en lugares como Kosovo. Así que la nueva reforma asignaba fuerzas ligeras a las brigadas mecanizadas para que fueran capaces de crear Agrupaciones Tácticas (AGT) pesadas o ligeras. Es decir, el Ejército de Tierra inventó en la segunda década del siglo XXI a la Brigada de Infantería de Marina.

Infantería de Marina española en Haití.

Como dije, la reforma tenía sentido sobre el papel. Pero su ejecución implicó un movimiento extraño de unidades dentro del organigrama del Ejército de Tierra. Sirva de ejemplo que se decidió que los dos batallones de cazadores de montaña de la antigua JETROMA se repartieron entre dos brigadas diferentes y luego se decidió que estuvieran reunidos en la Brigada “Aragón”. Esta a su vez, como conservaba los Transportes Oruga de Montaña (TOM), se le dio consideración de unidad mecanizada. Luego alguien cayó en la cuenta que esos blindados no son comparables con un carro de combate Leopard o un vehículo de combate de infantería Pizarro. Así que la Brigada “Aragón” terminó agrupada con el resto de brigadas ligeras.

Ahorro al lector un repaso a todas las reformas y contrarreformas de la penúltima reorganización del Ejército de Tierra. Me supondría un largo esfuerzo de recopilación de información que tendría que contrastar con los profesionales para averiguar cuántas decisiones anunciadas en la prensa llegaron realmente a ser puestas en práctica. Pero sobre todo, porque tenemos una nueva reorganización del Ejército de Tierra, publicada el pasado lunes 27 de julio en el Boletín Oficial del Estado: la Orden DEF/708/2020.

Lo primero que me llamó la atención es que se reorganizan otra vez las brigadas del Ejército de Tierra ubicadas en la Península Ibérica. Hasta ahora se habían dividido en pesadas y ligeras, asumiendo el invento diferente nombre. Primero fue Fuerza de Maniobras y Fuerza de Acción Rápida. Luego fue Mando de Fuerzas Ligeras y Mando de Fuerzas Pesadas. Por último, División “San Marcial” y División “Castillejos”. Por qué se dedicidió salvar ambos nombres procedentes de las brigadas disueltas, un misterio para mí.

Sede del MOE en Rabasa (Alicante).

Ahora, la División “San Marcial” se convierte en una especie de fuerza acción rápida donde están reunidas el Mando de Operaciones Especiales (MOE), la Brigada Paracaidista (BRIPAC), una nueva organización para las tropas de montaña y las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET). La División “Castillejos” agrupa el resto, un total de seis brigadas: las tres mecanizadas, la Brigada de la Legión (BRILEG), la Brigada “Galicia” y la Brigada “Aragón”.

Hay que destacar que el Ejército de Tierra vuelve a contar con un Mando de Tropas de Montaña. No sé en qué consistirá, pero tendría sentido que englobe a los dos batallones regimientos de cazadores de montaña [1] de la brigada “Aragón” con algunas unidades de apoyo. Habrá que ver cómo se rellena el hueco que dejarán en la brigada “Aragón”.

La otra gran novedad que salta a la vista es que las unidades de Ceuta, Melilla y Baleares pasan todas a depender del Mando de Canarias. Esto es volver a contar con una estructura que reuna a las antiguas Fuerzas de Defensa de Área. Recordemos que el Mando de Canarias es liderado por un teniente general (3 estrellas) y hasta ahora dependía de él la Brigada “Canarias”, un batallón de helicópteros y un grupo de artillería. Evidentemente ese cuartel general estaba infrautilizado. La medida no nos pilla por sorpresa después de que se anunciara la creación de un Mando de Vigilancia Terrestre y se considerara asignar sus responsabilidades al Cuartel General Terrestre de Alta Disponiblidad, otro cuartel general liderado por un teniente general que el Ejército de Tierra tiene muerto de risa en Valencia.

Otra medida relevante es que el Mando de Artillería de Campaña (MACA), el Mando de Artillería (MAAA) y el Mando de Ingenieros (MING), en realidad las antiguas brigadas de apoyo de la fuerza de los tiempos en que el Ejército de Tierra estaba organizado en divisiones, se agrupan ahora en una nueva división llamada Mando de Apoyo a la Maniobra. Esta nueva unidad engloba también la Brigada Logística. Desaparece así la Fuerza Logística Operativa, un cuartel general ubicado en La Coruña a cuyo frente estaba un teniente general.

Por último, me gustaría destacar que se señala que la Brigada Paracaidista proporcionará “fuerzas de Apoyo a unidades de Operaciones Especiales, en aquellas operaciones que lo exijan”. Recordemos que es un tema del que traté de llamar la atención con mi artículo “Apoyo a Fuerzas de Operaciones Especiales”, publicado por la revista Ejército en diciembre de 2016. Presumiblemente la tarea será asumida por la III Bandera “Ortiz de Zárate”.

No quiero pasar por alto los problemas presupuestarios, los problemas de la tropa que abandona las fuerzas armadas al cumplir 45 años y el serio problema de atadura a grandes y fallidos proyectos industriales europeos que sufren las fuerzas armadas españolas. Pero hoy sólo quiero llamar la atención a la sensación que transmite el Ejército de Tierra español, década tras década, de que no sabe lo que quiere y que no hay nadie al volante.

Me gustaría saber qué razonamiento llevó a cargarse la Brigada de Cazadores de Montaña “Aragón” para crear la Jefatura de Tropas de Montaña (JETROMA) y luego cargársela para crear la Brigada “Aragón” para finalmente terminar creando el Mando de Tropas de Montaña. Me gustaría saber por qué se disolvió el cuartel general de la Fuerza de Acción Rápida para crear el Mando de Fuerzas Ligeras, luego se transformó en una división y se terminó creando finalmente un mando que agrupe a “guerrilleros”, paracas, montañeros y helicópteros en lo que parece ser una fuerza de acción rápida. No olvidemos tampoco el caso de la creación del Grupo de Operaciones Especiales II “Granada” en 2016, para anunciarse en febrero de 2020 su disolución. Mientras tanto se habló de crear un nuevo grupo que reúna a unidades de apoyo a operaciones especiales.

Sé que de fondo están los problemas presupuestarios, pero estamos hablando de reformas que se limitan a cambiar el nombre y dependencia orgánica de unidades década tras década para terminar en el punto de partida o de reformas que una vez puestas en práctica son cambiadas sobre la marcha porque se demuestra que no tenían sentido. Se supone que todas esas reformas fueron supuestamente diseñadas por profesionales tras una sesuda reflexión. Así que no me trago el argumento que los aficionados no tenemos derecho a opinar escudados en Internet porque los profesionales han demostrado no saber lo que están haciendo y han terminado adoptando medidas que algunos defendíamos.

Veo novedades positivas en esta nueva reforma. Al nuevo JEME no le ha temblado la mano de cargarse un cuartel general de entidad cuerpo de ejército y le ha dado nuevas atribuciones al jefe del Mando de Canarias. Se asume que la brigada paracaidista apoye al Mando de Operaciones Especiales. Y se reorganizan varios mandos de apoyo en una estructura coherente. Pero la pregunta que siempre queda es, ¿responden estas reformas a un plan reflexionado y coherente que atienda a las necesidades? ¿O en cambio se avanza a golpe de hachazo y reorganización para estirar unos presupuestos limitados?

Ya dije en su momento que si la Armada Española no tenía recursos suficientes para dotar a la Brigada de Infantería de Marina de todo aquello que necesita para ser una punta de lanza de las fuerzas armadas, habría que tomar la decisión que recortar por otro lado: el Ejército de Tierra. Y habría que pensar si esta es la estructura de las fuerzas armadas que necesitamos o simplemente nos conformamos con lo heredado. A lo mejor no hay que dudar en suprimir brigadas y batallones de infantería para que las plantillas de las unidades supervivientes estén completas mientras se amplían las unidades y el personal de otras ramas del Ejército de Tierra como la guerra electrónica y drones. La cuestión de fondo es, ¿qué fuerzas armadas queremos? ¿Unas para figurar o unas preparada para la Defensa Nacional?

[1] En el Ejército de Tierra español, los regimientos son una estructura burocrática encargada de la formación y alistamiento del generalmente único batallón orgánico. No son estructuras operativas. El Regimiento de Infantería “Galicia” nº64 tiene la particularidad que engloba un batallón de cazadores de montaña y la Compañía de Esquiadores-Escaladores.

14 comentarios sobre “Ejército de Tierra español: ¿alguien al volante?

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  1. Es evidente que existe un problema presupuestario en las fuerzas armadas, agravado por la situación económica que vive el país desde 2008, y que ello obliga a hacer “equilibrismos” con el dinero disponible. Y también pesan los caros (y muchas veces poco útiles) programas europeos de armamento.

    Pero precisamente por todo esto es por lo que hay tomar medidas bien meditadas y lo que se ve en el Ejército de Tierra con sus reformas de las últimas décadas es un constante ir adelante y atrás. Esto da imagen de indeterminación, de vacilación.

  2. Gran resumen. Un problema es que toda trasformación, incluso a un sistema que sea más barato a largo plazo, a corto plazo requiere más dinero. Por ejemplo si se decidiera concentrar bases para ahorrar en mantenimiento, primero hay que gastar en ampliar las que se van a conservar mientras las que se van a abandonar se tienen que mantener.
    El cuartel general de alta disponibilidad capacitado para dirigir un CE se hizo a expensas de quitar esa capacidad a los dos cuarteles generales de nivel división, que pasaron de tener entidad batallón a entidad compañía. Luego, años más tarde, se vio que era un despropósito y se volvió atrás. Pero en realidad nadie se cree que España vaya a mandar fuera algo más grande que una brigada reforzada y por poco tiempo.

  3. Ha sido una reflexión en voz alta que nos hacemos muchos.
    Desde mi punto de vista, estos cambios se producen según el JEME de turno. Cada uno ve las cosas a su manera y según sus experiencias y vida militar. Varela es de Operaciones Especiales, así que su óptica se ve influida por sus muchas vivencias en Infantería ligera. Domínguez Buj era artillero y su pasado estaba más marcado por la organización.
    Cada uno que llega quiere dejar su impronta en el cargo.
    Por incidir en el tema, me sorprende que no hayas utilizado el término de Brigadas Polivalentes (BOP), que tanto debate y, por qué no decirlo, caos a dejado en el ET. Aunque has tratado mucho sobre ellas, pareces reacio a denominarlas así.
    Respecto al término JETROMA, no sé de dónde lo has sacado, pues siempre se ha utilizado el acrónimo JTM.

    1. No me metí en el lío de las BOP porque sinceramente la reforma de 2015 es un lío de cojones. Me hubiera llevado mucho tiempo hacer un repaso comparando lo que salió en documentos oficiales, lo que se anunció y lo que realmente se llevó a cabo. Hubo ahí un baile tremendo de batallones y regimientos que cambiaron de brigada, división y naturaleza. Pero mi intención era escribir algo con brocha gorda estando de vacaciones. Dejo ese trabajo de análisis de la reforma del 2015 para quien tenga tiempo y paciencia.

      Lo de JETROMA lo he tenido que buscar. Recuerdo que lo leí en un portal de noticias y pensé “no pueden haber parido un acrónimo más feo”. Ahora veo en Google que el nombre no sólo nunca cuajó, ¡sino del que apenas queda rastro! Al final, parece que sólo lo uso yo.

  4. Ya tenemos al enterao. A ver, mili hecha hace años en Armada, con cmn. Actualmente AN resvol. Cuando hablo es porque sé de lo que hablo.

    1. Menos resentimiento caballero, que solo era una pregunta, y cuentenos el problema por favor.
      ¿poca formación? ¿debería ser una reserva activa en su opinión?

  5. Gracias por tus artículos, me sirven de mucho y positivo…tema interesantísimo al que le perdí el rastro cuando cambie de rumbo…saludos

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