Fuerzas desarmadas (I): El Ejército del Aire

Gonzalo Araluce ha hecho un repaso a la poca atención que prestan a la defensa los principales partidos que se presentan a las elecciones generales españolas del próximo mes de junio. El interés y del debate es mínimo, como dije hace poco en “Defensa menguante”. A pesar del intento de algunos de transmitir una imagen de que la sociedad española se apretó el cinturón mientras las fuerzas armadas no paraba de comprar juguetes nuevos, la realidad es que los presupuestos del Ministerio de Defensa se redujeron durante la crisis económica y las fuerzas armadas españoles han perdido una lista considerable de capacidades. Para colmo, los grandes programas estrella de las fuerzas armadas producidos por la industria europea y que estaban destinados a proporcionar a Europa autonomía tecnológica frente Estados Unidos, han resultado un fiasco de alguna manera, bien por los retrasos, el encarecimiento del programa o la merma de las capaciadades del producto final.

Si consideramos que la función principal de las fuerzas armadas es garantizar la soberanía nacional y que su primera misión al respecto es proporcionar una creíble capacidad disuasiva, es hora de preguntarse si esa capacidad ha entrado en un preocupante declive. No olvidemos la particular carrera de armamento entre Marruecos y Argelia, donde por primera vez un país vecino del sur supera en capacidades claves a España. Y tampoco perdamos de vista que, si algo nos ha enseñado esta década, es que el panorama internacional se ha vuelto imprevisible. Hagamos, por tanto, un repaso a las tres ramas de las fuerza armadas españolas, empezando por el Ejército del Aire.

El programa estrella del Ejército del Aires es el avión de combate Eurofighter 2000. Fue un proyecto que nació durante la Guerra Fría, cuando existían otros niveles presupuestarios y la amenaza del Pacto de Vasrosvia. Los “dividendos de la paz” en los años 90 provocaron indecisión política y retrasos. Francia decidió entonces seguir su propio camino para desarrollar el Dassault Rafale, mientras que los cuatro miembros restantes del consorcio (Reino Unido, Alemania, Italia y España) decidieron sacar una versión menos ambiciosa de la pensada inicialmente. Además se decidió desarrollar el avión por etapas, entregando lotes de producción (“tranches”, en francés) que incorporaran equipos y desarrollos de software paulitanamente. Hoy, la versión final, la Tranche 3B, no está ni se le espera.

España encargó originalmente 87 aviones Eurofighter. Ante el descenso de los presupuestos de defensa el pedido se rebajó a 73. Con los problemas económicos provocados por la crisis, el gobierno español llegó a un acuerdo con el consorcio fabricante para que entre 2012 y 2015 los aviones, según fueran saliendo de fábrica, se almacenaran a la espera de poder pagarlos. Pero no es España el único país con problemas. El caza prometía ser un proyecto industrial con perspectivas internacionales. La venta de unidades adicionales a las encargadas por los países socios haría el proyecto un éxito comercial, pero los cuatro países se encontraron con unos compromisos de compra insostenible con sus menguantes presupuestos de defensa. Disminuyeron los encargos y Reino Unido, que había encargado originalmente 232, decidió vender 72 a Arabia Saudita como parte de sus recortes. Las exportaciones no resultaron ser el éxito de venta esperado, sino tan sólo una compensación a los recortes.

Por otro lado, el cazabombardero más numeroso actualmente en el Ejército del Aire es el F-18 Hornet. Llegaron a España a partir de 1986, como parte del programa FACA (Futuro Avión de Combate Avanzado). Los planes originales eran adquirir 144 aparatos pero al final se compraron 72. En 1994 se compró un lote de 24 F-18 de segunda mano a Estados Unidos, como parte del denominado programa CX, que no han recibido el programa de modernización aplicado a los F-18 originales. Esos aviones con menores capacidades están destinados en la Base de Gando (Gran Canaria).

El otro gran proyecto estrella del Ejército del Aire es el avión de transporte Airbus DS A-400M. Cuando se formó el consorcio europeo de industria aerospacial, España estuvo presente vía la empresa Construcciones Aeronáuticas Sociedad Anónima (CASA). Hasta el momento sus productos de más éxito eran los aviones de transporte militar C-212 y CN-235. Así que España luchó para que las principales actividades relacionadas con el transporte militar se desarrollaran aquí. Para que el avión de transporte militar A-400M se construyera en España, el Ministerio de Defensa firmó la compra de 27 ejemplares para sustituir una docena de C-130 Hercules. Posiblemente fue la primera vez que en España un programa  doblaba las unidades a sustituir.

El desarrollo del A-400M ha sido problemático. El retraso del programa de desarrollo, lleno de problemas y sobrecostes del avión llevó a la pérdida de un cliente y a que tanto Francia como Reino Unido se hayan visto obligadas a comprar aviones en Estados Unidos para proporcionar las capacidades necesarias hasta la entrada en servicio del A-400M. Uno de los problemas del desarrollo del avión fue el requerimiento alemán de que fuera capaz de cargar 32 toneladas para poder transportar el vehículo de infantería de combate Puma. Hubo que desarrollar un monstruo de turbohélice para que el A-400M levantara tanta carga y la llevara lejos de forma rápida. Hace poco se encontraron problemas en la caja de engranajes del motor que podría retrasar las entregas.

El gran problema del Ejército del Aire, como el resto de las Fuerzas Armadas, es que más allá de esos grandes programas es que el resto de capacidades languidece. Podemos empezar por el Grupos 45 y el Grupo 47 dedicados al transporte y la guerra electrónica. Los aviones VIP han tenido un montón de averías en los últimos años. En abril de 2014 leíamos el titular “La avería en el avión del rey ya es la quinta en la flota oficial en los últimos meses”. Se dio la situación en que Mariano Rajoy viajó a una cumbre en Roma en un avión prestado por Bélgica.

Por su parte los viejos Boeing 707 dedicados al transporte de tropas y carga no pararon de tener averías y dar algún susto antes de su retiro. De tres Boeing 707 destinados al transporte y reabastecimiento en vuelo, sólo queda uno en servicio. Cuando F-18 españoles se desplazaron a Turquía en el verano de 2015 para los ejercicios Anatolian Eagle debieron contar con aviones cisternas de países aliados para llegar a su destino. Y lo que es más importante, la joya de la corona en materia de inteligencia electrónica en el Ejército del Aire, el solitario Boeing 707 del Programa Santiago, ha sido retirado del servicio.

Sobra decir que España carece de aviones con radar de alerta temprana y control aéreo (EAW, AEW&C, AWACS, etc.) Airbus DS presentó no hace mucho un prototipo sobre la base del C-295, pero no habido ni el más mínimo rumor sobre interés del Ejército del Aire por él. Lo cual, puede ser simplemente reflejo de la absoluta falta de fondos para un sistema así.

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Un P-3B Orion español luchando contra la piratería somalí con un radar de válvulas.

Otro aérea relacionada con las capacidades ISTAR es la patrulla marítima. El Ejército del Aire cuenta con cuatro P-3 Orion, comprados de segunda mano a Noruega y que fueron modernizados en España. Había un quinto avión previsto para ser modernizado, pero fue finalmente destinado a piezas. La patrulla marítima ha sido siempre el patito feo de la aviación española, quizás porque sus misiones sirvan fundamental para apoyar a la Armada. Paradójicamente, en otros países, como Estados Unidos y Francia, los aviones de patrulla marítima pertenecen a la armada pero emplean sus sensores en misiones ISR sobre tierra.

No debemos olvidar la flota de helicópteros SAR del Ejército del Aire, que supera los 30 años de servicio. El 801 Escuadrón con base en Son San Juan (Mallorca) incorporó cinco helicópteros Puma en 1983, complementados con otros dos comprados de segunda mano entre 2008 y 2009. El 802 Escuadrón con base en Gando (Gran Canaria) está dotado desde 1982 con helicópteros Super Puma. Dos sufrieron en los dos últimos años sendos accidentes, estrellándose ambos aparatos en el Océano Atlántico. La solución a los problemas de envejecimiento de la flota debería pasar por su renovación. España tenía previsto comprar 28 helicópteros NH-90 para el Ejército del Aire, con lo que se hubiera dotado a los tres escuadrones SAR (801 de Son San Juan, 802 de Gando y 803 en Cuatr Vientos). El NH-90 es otro programa europeo con un precio que se ha disparado y con problemas de fiabilidad y capacidades limitadas respecto a las planeadas, tal como han comprobado sus usuarios en las fuerzas armadas de Finlandia, Holanda y Australia. La crisis económica en España supuso un recorte en el pedido de NH-90 y el pedido de 28 helicópteros para el Ejército del Aire se han quedado en sólo seis ejemplares. La solución para cubrir las plantillas de aeronaves es comprar  nuevamente helicópteros de segunda mano.

Mural de homenaje al sargento Jhonander Ojeda Alemán del 802º Escuadrón del Ejército del Aire, superviviente de un accidente de helicóptero y fallecido en acto de servicio en un segundo accidente.

El estado del Ejército del Aire español es que actualmente incorpora un avión de combate avanzado, el Eurofighter, que si tuviera que disputar la superioridad aérea al enemigo en solitario no cuenta con el apoyo de aviones de alerta temprana, ni con aviones cisterna, ni información del orden de batalla electrónico enemigo. Y en caso de tener que eyectarse, un piloto de combate español tendría la seguidad que iría a rescatarle un helicóptero con 30 años de antigüedad o uno comprado de segunda mano.

Defensa menguante

La defensa nacional es un servicio público como lo son la sanidad y la educación. Sin embargo en España hay un escaso debate público sobre ella. Ciertamente el ciudadano medio tiene un contacto más cercano con, por ejemplo, los servicios de salud y el sistema educativo. Así que es raro el español que conozca la situación de las fuerzas armadas y las decisiones del Ministerio de Defensa. También es cierto que hubo escaso debate en los años previos al estallido de la crisis económica sobre los multimillonarios gastos en infraestructuras de transporte. Todo el mundo quería su línea de alta velocidad y su aeropuerto, más allá de la viabilidad económica. Pue personajes como Roger Senserrich, escribiendo sobre los dilemas políticos y técnicos del transporte por ferrocarril en España, son la excepción [1]. Así que podemos decir que la falta de debate sobre las políticas de defensa forma parte de una falta generalizada de debate público sobre grandes cuestiones de Estado.

El problema de hablar en España sobre la defensa nacional es que simplemente no hay debate. El partido conservador tiene un discurso sobre la nación española, como parte de su enfrentamiento con los nacionalismos periféricos, que yo encuentro particularmente superficial. Recordemos el famoso “España es una gran nación y los españoles muy españoles y mucho españoles”. Ese discurso sobre una “gran nación” tiene en el fondo un componente nostálgico sobre glorias pasadas y es insustancial sobre el papel de España en un mundo globalizado y sus imperativos geopolíticos. La falta de interés por los asuntos militares quedó reflejada en el también famoso “este domingo tengo el coñazo del desfile… en fin, un plan apasionante”.

El partido socialdemócrata por su parte mantuvo el buenismo como valor fundamental de política exterior la última vez que ocupó el gobierno. En esa línea, su primer ministro de Defensa dejó para la posterioridad su credo “prefiero que me maten a matar”,  llevándole la contraria a Patton. Durante aquellos años la publicidad institucional de las fuerzas armadas se centró en las operaciones de paz y escondía el armamento. Cuando tocó presentar a los vehículos blindados Iveco Lince la segunda persona en ocupar la cartera de Defensa señaló el pequeño compartimento de carga trasero del vehículo y destacó su capacidad para llevar “ayuda humanitaria”.

Careciendo los dos principales partidos un discurso sobre el lugar de España en el mundo y las fuerzas armadas que el país necesita, el debate ha sido historícamente ocupado por aquellos contrarios a los conceptos de defensa y España. Los asuntos que ocupan titulares son tan ridículos como la denuncia de ejercicios, el desplazamiento de convoyes y la simple presencia de militares realizando alguna marcha por espacios públicos. Ya en 2006 hablé del tema y cómo existe en España la singular figura del político nacionalista periférico que denuncia la aparición de militares caminando en columna al borde de una carretera por Cataluña o el País Vasco diciendo “esto no pasa en ningún país democrático”. La frase sólo  demuestra que no han salido de su pueblo, lo que me llevó a definir a esa clase de políticos como cosmo-paletos. Al debate hay que añadirle los tópicos sobre las fuerzas armadas como un reducto franquista, cuando resulta que muchos coroneles y generales retirados expresan ideas conservadores en columnas de opinión y blogs pero el único que se ha metido en político ha terminado en Podemos. Por no hablar de los tópicos sobre los militares como estamento privilegiado por la existencia de un puñado de centros de ocio, beneficios y actividades que en otros tiempos disfrutaban los empleados de, por ejemplo, la Compañía Telefónica Nacional de España [2]. Pero, sin duda, el tema central del debate sobre la defensa nacional y las fuerzas armadas es su presupuesto.

 Gasto en defensa en proporción al PIB de los países OTAN

España es el segundo país de la OTAN que menos gasta en sus fuerzas armadas en proproción a su PIB. Sólo Luxemburgo gasta una parte proporcional inferior de su riqueza. Durante un tiempo, Lituania y Letonia se mantuvieran casi a la par que España. Pero desde la crisis de Ucrania tanto Polonia como las Repúblicas Bálticas han aumentado su gasto en defensa. Al contrario de lo que quieren hacer creer las voces que claman un recorte en gastos de defensa para hacer frente a la crisis, desde 2007 el presupuesto del Ministerio de Defensa ha disminuido de forma importante. Según recoge el informe anual del Centre d’Estudis per la Pau JM Delàs entre 2007 y 20016 el presupuesto del Ministerio de Defensa se redujo en un 38,8%.

Gastando tan poco el Ministerio de Defensa ha tenido que hacer “trampas”. Los principales programas de armamento, los llamados Programas Especiales de Armamento (PEAS), han sido financiados mediante créditos especiales. Y se ha concendido créditos para Investigación + Desarrollo a la industria de defensa vía el Ministerio de Industria. Vincular la política de industria de defensa y la de industria tiene sentido para lograr autonomía tecnológica y desarrollar un tejido industrial propio. Pero la experiencia española es que en la práctica el Ministerio de Defensa se ha convertido en cliente cautivo de la industria española, famosa autora de truños como el CETME L y el Santana Aníbal. Recientemente, la Armada Española encargaba dos patrulleros de altura, los futuros P45 Audaz y P46 Furor, por 330 millones de euros. Un disparate que sólo se explica como subvención encubierta a la empresa pública Navantia, cuyas perspectivas de trabajo eran entonces escasas y llevaba ocho años sin encargos de la Armada Española. Como curiosidad, los astilleros de Navantia crean en España la extraña paradoja de que partidos de izquierda y sindicatos del Ferrol y la bahía de Cádiz pidan al gobierno que contrate más buques de guerra para crear trabajo.

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Los Buques de Acción Marítima y sus cachivaches electrónicos.

Al igual que la condición de cliente cautivo de la industria española de defensa española ha sucedido con la industria europea. Tenía sentido que Europa apostara por su autonomía tecnológica respecto a Estados Unidos. En España son muy recordadas las restricciones de uso en el conflicto de Ifni impuestas a la “ayuda americana” de los acuerdos de 1953. Aunque en la práctica, desde el fin de la Guerra Fría, cada vez que Europa ha tenido una crisis a sus puertas, Bosnia, Kosovo o Libia, tuvo que llamar a Washington para que le sacara las castañas del fuego. La paradoja es que si la industria aerospacial europea ha tenido éxitos comerciales en el ámbito civil, por ejemplo los aviones de pasajeros Airbus y los omniperesentes helicópteros civiles, parece que la industria aerospacial militar europea está gafada si repasamos la lista de problemas del Eurofighter, A400M, Tigre y NH90. Ya es casualidad que que son todos ellos precisamente los productos adquiridos por España. Así, las fuerzas armadas españolas se han visto entrampadas en proyectos europeos cuyo coste se ha disparado, sus plazos de entrega se han alargado y sus capacidades han resultado disminuidos frente a lo establecido en el papel.

Resumiendo, tenemos en España que los dos partidos minoritarios nunca tuvieron un discurso propio sobre el papel de España en el mundo, sus intereses geopolíticos y el papel de sus fuerzas armadas, más allá de momentos puntuales en que se trató de crear una imagen de estas últimas como ONGs uniformadas. El terreno de debate se dejó libre para movimientos que defienden menores gastos de defensa, detrás de los cuales encontramos siempre muchas organizaciones vascas y catalanas. La realidad es que España gasta poco en defensa, con importantes reducciones durante la crisis, y se ha tenido que recurrir a triquiñuelas presupuestarias que implican al Ministerio de Industria, quedando atado el Ministerio de Defensa a la industria española y europea. El resultado son unas fuerzas armadas que han perdido muchas capacidades después de la crisis y de lo que nadie está hablando. Trataré el asunto en la segunda parte.

Notas.

[1] El próximo jueves 19 de mayo a las 19:00 en el Café Manuela de Madrid tendrán ustedes a Roger Senserrich en una charla informal sobre los trenes de alta velocidad en España:

Durante las tres últimas décadas se ha invertido una enorme cantidad de dinero en trenes y líneas de alta velocidad, a menudo sin planificación alguna. ¿Tiene toda esta inversión sentido? ¿Son las líneas rentables? ¿Qué hacemos con todas estas obras que están ya hechas?

[2] La Compañía Telefónica Nacional de España ofrecía a sus empleados desde apartamentos de vacaciones a supermercados con descuento, e instalaciones como la “Playa de Madrid”.

Algo pasa con la Revista General de Marina

rgm_marzo_2014Le tengo especial cariño a la Revista General de Marina, que publica la Armada Española, porque fue la  primera revista de las fuerzas armadas en la que me estrené como colaborador, allá por 2011 (“Irán y la guerra naval asimétrica”). Desde hace tiempo me llama la atención cómo artículos históricos y batallitas del abuelo se han convertido en los contenidos habituales de la revista. No es que considere la historia como un asunto irrelevante, pero es que la Armada cuenta además con la Revista de Historia Naval, donde creo que deberían ir esos artículos sobre heroicos combates navales del siglo XVIII, marinos ilustrados y cañoneros coloniales que sirivieron en Filipinas o Guinea Ecuatorial a finales del siglo XIX. El asunto lo he comentado con varias personas, dentro y fuera de las fuerzas armadas, que me dieron explicaciones de todo tipo, muchas relacionadas con la idiosincrasia militar y española. Pero resulta que esta noche me puesto a ordenar en el disco duro la carpeta donde guardo la Revista de Aeronáutica y Astronáutica que edita el Ejército del Aire. Me dediqué a repasar los índices para elaborar listas con los artículos que encontré relevantes o interesantes, de cara a emplearlos como bibliografía en un futuro.  El contraste no ha podido ser más grande.

En los cuatro últimos años, la Revista de Aeronáutica y Astronáutica ha publicado numerosos artículos sobre los tres vectores que más relevancia han adquirido en estos tiempos: Fuerzas especiales, ciberguerra y aviones sin piloto. Encontramos además artículos sobre el auge como potencia y los planes de modernización de las fuerzas armadas de China, India, Japón y Rusia. No faltan artículos de geopolítica sobre el nuevo orden multipolar, análisis sobre la modernización de las fuerzas armadas estadounidenses y hasta he encontrado un artículo sobre la fuerza aérea marroquí.  Todo ello combinado con artículos sobre la carrera espacial y tecnologías de geoposicionamiento que transcienden el ámbito de lo militar. Y sin dejar de lado artículos sobre las misiones del Ejército del Aire en el exterior  que incluyen desde lecciones aprendidas a anécdotas personales con un toque humano. Y por último, no faltan los ejemplares con varios artículos dedicados a asuntos menos llamativos como la enseñanza miliar, las comunicaciones o la sanidad militar. No se puede decir que la Revista de Aeronáutica y Astronáutica haya dejado de informar sobre las actividades del Ejército del Aire y las cuestiones que le competen con tal de publicar una revista más ligera en aras de ser atractiva para el público general, sino que es una revista que cumple a la vez las funciones de informar sobre el Ejército del Aire y ser un escaparate de tendencias, tecnologías y conceptos relevantes para la guerra aérea.

La Revista General de Marina nació en 1877, el año en que se introdujo la electricidad en la Armada Española cuando se instaló en las fragatas blindadas Numancia y Vitoria. La revista nació con la intención de mantener al día a los miembros de la Armada en un momento histórico de profundo cambio tecnológico. Pensemos que el combate entre los buques blindados USS Monitor y CSS Virginia había tenido lugar en 1862 (un año más de lo que nos separa hoy del 11-S). Se vivía la transición de los buques de casco de madera y propulsión a velas, por buques de casco de acero y propulsión a vapor. Hoy en día no faltan los artículos sobre nuevas tecnologías, misiones en el exterior y geopolítica, pero creo que no está cumpliendo sus objetivos de la misma manera que la revista del Ejército del Aire cumple los suyos.

El último que apague la luz

El pasado lunes 29 de junio salió publicado en el B.O.E. el texto con la nueva reorganización del Ejército de Tierra español. Siendo este país España, algo tan importante no pudo más que dejarse en mano de dos amiguetes que una tarde, sentados en un terraza de la Castellana con un par de copas de más, trazaron las líneas maestras en una servilleta mientras no dejaban de mirarle el culo a la camarera.

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Cuenta Eva Cervera, directora de la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad, que el Plan META (Plan General de Modernización del Ejército de Tierra) de 1983 supuso “la reducción de aproximadamente el 50 por ciento de los efectivos” y que el plan de reorganización RETO de 1990 suposo “la disminución de efectivos […] en un 25 por ciento”. Así se explica el chiste que circuló tras el Plan NORTE (Nueva Organización del Ejército de Tierra) de 1994: la siguiente reorganización sólo podría tratarse del plan SUR (Supresión de las Unidades Restantes).

En todo este tiempo el Ejército de Tierra perdió su organización en divisiones para dejar la brigada como la unidad básica, una tendencia que podemos encontrar en el ejército francés y ruso. Las brigadas ligeras (BRIPAC, BRILAT, BRILEG…) quedaron encuadradas en 1992 en la Fuerza de Acción Rápida que pasó a ser en 2006 el Mando de Fuerzas Ligeras. Y ahora, ¡oh, sorpresa!, el Ejército de Tierra vuelve a tener el escalón de mando división. Las dos nuevas divisiones se llamarán “Castillejos” y “San Marcial”, nombre de las dos brigadas que son disueltas en la última reforma, como si alguien le hubiera dado pena que se perdieran ambos nombres cuando antes se hicieron escabechinas sin complejo.

Las dos nuevas divisiones, cómo no, carecen de apoyos divisionarios porque en las anteriores reformas fueron encuadrados en los Mandos de Artillería de Campaña (MACA), Mando de Ingenieros (MING) y Mando de Transmisiones (MATRANS). Eso sí, el Regimiento de Caballería «España» n.º 11 queda flotando en el aire, dependiendo directamente de la Fuerza Terrestre. Lo que nos lleva a la cuestión de por qué en el Ejército de Tierra hay una cosa llamada Fuerza Terrestre. La razón para crear un nivel de burocracia entre el Estado Mayor del Ejército y las unidades de combate es crear una vacante para teniente general con la que ocupar la antigua Capitanía General de Sevilla, que esto es España y cuando se redujo el Ejército de Tierra se disolvieron unidades de combate pero se crearon tantas estructuras como Capitanías Generales había. ¡Que puede reducirse el número de indios pero nunca el de jefes!. Otro día hablamos de cuántos generales hay en Canarias para una sola brigada de infantería ligera.

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Otra novedad de la reforma es la figura de la Brigada Orgánica Polivalente, un intento de salvar el gran problema del Ejército de Tierra a la hora de afrontar el problema de la dicotomía entre propósito teórico y misiones reales. El Ejército de Tierra ha realizado fundamentalmente misiones de paz en el extranjero en los últimos 25 años. A la hora de salir al extranjero lo habitual era formar una Agrupación Táctica con varias compañías de infantería de aquí, un escuadrón de caballería ligero de allá y apoyos de más allá. Se concentraban en un lugar donde permanecían un tiempo para integrarse antes de ser embarcados rumbo al país de destino. Con ese sistema jamás se podía enviar tropas con celeridad, como pasó en el verano de 2006 en el Líbano. En aquel entonces la FIMEX-L de la Infantería de Marina se vio obligada a permanecer más tiempo del estipulado esperando que llegara el relevo.

Otro problema era que ante la sobrecarga de misiones exteriores que sufrían  las unidades ligeras se empezó a recurrir a la tropa de unidades mecanizadas y de artillería para realizar misiones de patrulla como infantería en lugares como Kosovo y Líbano. La solución ha sido crear unidades con una cierta naturaleza modular en las que haya unidades mecanizadas, medias y ligeras. Es decir, en pleno 2015 el Ejército de Tierra español ha inventado la ¡Brigada de Infantería de Marina!. Pero como dice el dicho, hay tres maneras de hacer las cosas: bien, mal y a la manera del Ejército. Así que con la actual reforma se disuelve la Brigada de Infantería Ligera “San Marcial”, una unidad infradotada y anémica repartida por el País Vasco, para que el Regimiento de Infantería Ligera “Tercio Viejo de Sicilia” en Guipuzcoa dependa de la brigada “Extremadura” en Badajoz y el Regimiento de Infantería Ligera “Garellano” en Vizcaya dependa de la brigada “Guzmán el Bueno” en Córdoba.

Y podría seguir con las tropelías cometidas con los Cazadores de Montaña, que pasaron de ser brigada a constituir la Jefatura de Tropas de Montaña (JETROMA), perdiendo por el camino los apoyos, para quedarse ahora reducidas a un sólo batallón. De cómo en el texto se menciona al Regimiento de Artillería Lanzacohetes de Campaña cuando los lanzacohetes “Teruel” se dieron de baja hace tiempo y no se avizora la llegada de los prometidos HIMARS. Podría seguir con cómo la Brigada Paracaidista se queda con una sola bandera paracaidista sin que a nadie se le haya ocurrido convertirla en una unidad de apoyo al Mando de Operaciones Especiales, como el creado en torno al primer batallón paracaidista británico. Por no olvidar del gráfico donde se menciona la creación en Galicia y en Canarias de sendas compañías de apoyo a operaciones especiales de las que nadie en el MOE había oído hablar. Pero sólo me queda ir a por una cerveza y saludar a estos real men of genius.

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Paso a paso hacia las fuerzas desarmadas

CASA C-212 de Blackwater en Afganistán

El diario El País publicó hoy un artículo sobre la industria de defensa española. El artículo arranca con el reciente accidente de un avión de transporte A-400M en Sevilla durante un vuelo de prueba antes de su entrega a la fuerza aérea turca. El asunto es que España tenía una respetable empresa aeronáutica, CASA, que construía principalmente aviones de transporte tácticos. Sus aviones los usan fuerzas aéreas y fuerzas de seguridad de Estados Unidos a Corea del Sur. Y fueron empleados por Blackwater. Pero tras el fin de la Guerra Fría la industria de defensa y la industria aeronáutica vivieron una era de concentraciones empresariales. CASA corría el riesgo de quedarse sola siendo demasiado pequeña y terminó integrada en la rama militar del consorcio europeo Airbus. Conservó un tiempo su nombre como EADS-CASA para luego ser Airbus Military hasta finalmente diluirse en enero de 2014 dentro de Airbus Defence and Space.

Todo este tiempo he escuchado temores sobre que las intenciones de los directivos europeos era absorber el know-how tecnológico de CASA para tarde o temprano cerrar factorías en España. El baile de acusaciones sobre la responsabilidad del accidente irían en ese sentido. La factoría de CASA en Sevilla, donde han salido aviones fiables que vuelan en el Ártico o en los desiertos del África meridional, de pronto se habría convertido en el epítome de la chapuza española.

El dilema de perecer en solitario o ser fagocitado por un grupo empresarial dirigido desde Alemania o Francia se le plantea al resto de la industria de defensa española. No sólo se trata de tener músculo financiero para proyectos de I+D cada vez más complejos, sino de músculo diplomático para cerrar contratos. De ahí que las denostadas relaciones del rey Juan Carlos I con las monarquías árabes puede que hayan tenido que ver con que el CASA CN-235 esté en uso en las fuerzas aéreas de Jordania, Arabia Saudita, Omán y Emiratos Árabes Unidos.

Pero la cuestión que me llamó la atención del artículo es la mención de los problemas presupuestarios del Ministerio de Defensa. Creo que el español medio no tiene ni la más remota idea de los recortes brutales a los que han sido sometidas las Fuerzas Armadas en España. Sólo la Armada, ha perdido su único portaaviones, el 25% de los cazabombarderos Harrier y más de la mitad de submarinos. Si un día de estos la mierda golpeara el ventilador mejor no pensar lo que podría pasar.

En el artículo se menciona a Bernardo Navazo, «experto de la Fundación Alternativas, vinculada al PSOE», del que se dice «cree que las Fuerzas Armadas van camino de convertirse pronto en un “ejército bonsái”, con un enorme arsenal de tanques, helicópteros o fragatas inútiles». El centro de la crítica son los famosos “Programas Especiales de Armamento”. Se trata de programas estrellas del Ministerio de Defensa por caros y/o avanzados cuya financiación se ha tratado de mantener contra viento y marea, junto con triquiñuelas burocráticas para esconder las partidas.

Ejército de Tierra: Carro de combate Leopard 2E, 2ª fase del Vehículo de Combate de Infantería “Pizarro”, cañón de artillería remolcado de 155mm., misil anticarro “Spike”, helicóptero de ataque “Tigre” y helicóptero de transporte NH-90.

Ejército del Aire: Cazabombardero Eurofighter, avión de transporte estratégico Airbus A-400M, helicóptero NH-90, misil aire-aire IRIS-T y misil de crucero Taurus.

Armada: 1 fragata de la clase F100, el buque de proyección estratégica “Juan Carlos I”, buque de aprovisionamiento “Patiño”, 4 Buques de Acción Marítima y 4 submarinos de la clase S-80.

Unidad Militar de Emergencias: 4 helicópteros Cougar, 2 aviones CL-415 y red de comunicaciones.

Como ven, descontando los materiales de la UME, son todos sistemas de armas convencionales que confieren las capacidades mínimas que uno espera de unas fuerzas armadas. Es cierto que una auditoría de los programas de los helicópteros Tigre y NH-90 hubieran concluido en un país normal con varios fusilamientos. Así que da bastante risa leer una cita de Bernardo Navazo «Está instalada la retórica de que en su seno [del Ministerio de Defensa] la corrupción no existe». Debe ser que con sus estudios en Columbia y su doctorado en el King’s College lleva tiempo sin pisar España ni hablar con nadie que se mueva en este mundillo. Jamás he escuchado a alguien defender tal cosa. Navazo se queda en un diplomático «Defensa es la institución más opaca del país». Pero llegamos al meollo de la cuestión. Porque nuestro experto no ahonda en el funcionamiento del Ministerio como origen del despilfarro, sino señala la naturaleza de los 19 “Programas Especiales de Armamento”.

Como prueba del despilfarro pone como ejemplo compras de armas innecesarias, “como un carro de combate de 63 toneladas que no puedes transportar en un avión porque el límite de carga es de 44 toneladas. Tenemos unas 300 unidades de ese modelo que nos sirven… ¡para defendernos de un ataque de Portugal y Francia!”, ironiza.

Suponiendo que España contara con un avión de transporte capaz de trasladar un carro de combate Leopard 2E me encantaría saber cómo se las apañaría para aterrizar en el Helipuerto de Ceuta. Para eso existen los regimientos de caballería acorazada “Montesa” y “Alcántara” en Ceuta y Melilla respectivamente. Y para las ocasiones en que la cosa se pone fea, precisamente uno de los dichosos PEA es el buque L-61 “Juan Carlos I”.

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Leopard 2A4 embarcando en una lancha de desembarco LCM-1E

Sospecho que en el fondo ha arraigado la idea de que, dado que las fuerzas armadas se dedican a mantener el orden en República Centroafricana o luchar contra la piratería en el Océano Índico, todo lo que en época de recortes no sirva para ese tipo de misiones sobra. Fragatas, fuera. Carros de combate, fuera. Cazabombarderos, fuera. Pero la realidad es que han sido tan profundos los recortes, que lo que muchos entienden por excesos y despilfarro en cualquier país se consideraría capacidades mínimas. Alguno dirá que le extraña que yo, que escribo sobre Guerras Posmodernas, defiende programas de armamento pensados para guerras convencionales. Pero es que por este camino las fuerzas armadas españolas van camino de traspasar un umbral mínimo de capacidades, quedando muy mermada su capacidad disuasiva. Y una vez instalada la percepción de debilidad, puede pasar cualquier cosa.

Fantasmas de Nayaf

El sábado pasado fui a ver American Sniper. La película ha generado pasiones por estar lejos de esas películas llenas de ambigüedades morales que tratan de reflejar la locura de la guerra. Recordemos, por ejemplo, The Hurt Locker. En este caso no estamos ante el mejor Clint Eastwood. Me quedé con una una sensación extraña. La película combina y simplifica situaciones y personajes reales. El contexto de la guerra queda totalmente diluido. He leído quejas sobre cómo se representa a la insurgencia iraquí pero no he leído a nadie mencionar que los yihadistas que aparecen en la película son el antecedente del Estado Islámico.

El estreno de American Sniper ha servido para hablar de las fuerzas armadas españoles, su papel en la ocupación de Iraq y los francotiradores españoles. De nuevo ha aparecido la batalla del 4 de abril de 2004 en Nayaf, un episodio polémico con muchos puntos oscuros que nunca se ha terminado de contar porque todo aquel que lo ha intentado en serio se ha encontrado con un muro. El escritor Lorenzo Silva, coautor de Al final la guerra, ha escrito sobre los francotiradores españoles del Mando de Operaciones Especiales, con los que ha compartido tiempo en un ejercicio y en su base.

Al principio los militares se hicieron los misteriosos.

“¿En Nayaf?”, responde el mismo tirador de antes. “No hubo ningún tirador nuestro en Nayaf, ¿a que no?”. Al oír esto, a más de uno se le escapa una sonrisa malévola. Manifiestamente, aquí hay gato encerrado.

 En abril de 2004 el Núcleo de Operaciones Especiales (NOE) del contingente español lo formaban miembros del GOE XIX “Maderal Oleaga”, la antigua Bandera de Operaciones de la Legión hasta su incorporación al Mando de Operaciones Especiales.

bandera MOE

Blackwater en Nayaf
Un contratista de Blackwater haciendo de observador para un tirador el GOE XIX

Tras aquel primer encuentro, Lorenzo Silva visita las instalaciones del Mando de Operaciones Especiales en Rabasa (Alicante). Allí por le cuentan:

Aunque no resulta fácil convencerlos, ni siquiera con su capitán animándoles a hablar, accedemos, por primera vez, a los detalles de aquella misión, acaso la más exigente jamás realizada por un francotirador español (esto lo pone el reportero, en ningún momento sale de sus labios). Fueron 14 días apostados en una azotea, los tres primeros sin dormir y casi sin comer. Mientras los contratistas civiles norteamericanos, que luego se “venderían” como los más aguerridos defensores de la base, descansaban entre escaramuzas, ellos permanecieron en su puesto, día y noche: controlando los movimientos del enemigo, informando al mando, señalando blancos a la aviación y a los blindados de caballería y hostigando a los del Mahdi para que no pudieran acercarse a la base. Y algo más que hostigando.

Vayamos por partes. Catorce días en una azotea. ¡Mi madre! ¿Nadie les dio el relevo? Quizás fuera porque ese binomio de tirador y observador no tuvo quién les sustituyera, mientras los contratistas de Blackwater se permitieron el lujo de echar una cabeza porque lo hacían por turnos. Los ocho contratistas que se encontraban en Najaf el día 4 fueron reforzados por otros seis llegados desde Bagdad. También habría que decir que no hubo catorce días de combates. En cuanto a los miembros de las fuerzas especiales españolas “señalando blancos a la aviación” es absolutamente imposible. Primero porque no tenían la cualificación. Todavía a día de hoy, ante esa carencia se envían a Afganistán miembros del EZAPAC del Ejército del Aire y en su momento se envió a infantes de marina de los equipos ACAF. Véase la composición del Grupo Táctico “Zamora” llegado a Herat en diciembre de 2014. Y segundo, porque el 4 de abril de 2004 la coordinación del apoyo aéreo cercano lo realizaron otros. De hecho, el segundo día llegaron marines de la 4ª ANGLICO.

En aquella misión causaron cuatro bajas directas confirmadas: una de ellas la hicieron a 1.333 metros de distancia, y otra, el francotirador enemigo que abatió al capitán norteamericano Matthew Eddy al principio del combate, les obligó a perforar con un fusil Barrett de calibre 12.70 la pared del hospital de Nayaf donde estaba apostado.

El capitán Matthew Eddy, por cierto, sobrevivió. Y el edificio del hospital de Nayaf que, con su altura dominaba el campamento español, fue asaltado por tropas salvadoreñas.

Vieron cosas que no olvidan, como los niños que los milicianos del Mahdi utilizaban para acarrear armamento y munición, a los que tuvieron en su mira y no les dispararon. También cómo contratistas civiles armados hacían fuego sobre una ambulancia, donde afirmaban que llegaba el enemigo, o sobre blancos que no podían identificar bien o que estaban fuera del alcance efectivo de sus armas.

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Sería interesante saber si las tropas españolas, una vez estalló aquel pandemonium dispararon siempre sobre blancos completamente identificados y dentro del alcance de su armamento. Pero es la clase de cosas que para algunos es mejor no se cuente.

Aquí Travis Haley nos cuenta sus recuerdos de aquel día 10 años después.

En el corazón de Nayaf

Sospecho que nunca se sabrá qué pasó exactamente el 4 de abril de 2004 en Nayaf (Iraq). Han pasado más de diez años y los recuerdos de muchos se habrán difuminado. Pero sobre todo, pesa el que todos los intentos de contar con detalle el papel de las tropas aquel día chocaron contra un muro. Se decidió que no se debería saber qué pasó y ya está. Pero de vez en cuando se escapa alguna pieza del puzzle, como la siguiente. Casi ocho minutos de vídeo de aquel día.  Sería divertido que alguien explicara cómo lanzagranadas anticarro Instalaza C-90 del Ejército español terminaron en manos de contratistas de Blackwater. Pero eso supondría tener que explicar otras muchas cosas.

C-90 en manos de Blackwater