La organización del Ejército de Tierra es un monstruo de Frankenstein

A la hora de abordar los problemas del Ejército de Tierra español encontramos los mismos factores que afectan al resto de las fuerzas armadas españolas: escasez presupuestaria y escasez de personal. La falta de presupuesto hace que, más allá de un puñado de multimillonarios proyectos estrella producidos por la industria nacional o europea, se carezca de capacidades claves o los medios disponibles sean anticuados o insuficientes. Por ejemplo, el flamante carro de combate Leopard 2E coexiste con vehículos de recuperación y lanzapuentes sobre barcaza de carros M-47 y M-60 en funciones de vehículo de zapadores, recuperación y lanzapuentes.

Vehículo de recuperación M-47ER sobre chasis de carro de combate M-47, un modelo que entró en servicio a principios de los años 50. Foto vía Asociación Coraza.

Cuando el Ejército de Tierra lanzó el programa de adquisición de un vehículo de combate de infantería, el vehículo “Pizarro”, lo hizo de forma escalonada. Y al final nunca apareció el presupuesto necesario para completarlo. Así, las brigadas mecanizadas se tuvieron que conformar con incorporar un solo batallón de vehículos de combate de infantería “Pizarro” y mantener otro sobre vehículos de transporte de tropas M-113. Mienta tanto, la artillería languidece. Los lanzacohetes Teruel se dieron de baja sin sustituto. En un gesto simbólico de tantas carencias el regimiento de artillería lanzacohetes conserva su nombre a pesar de no tener lanzacohetes. Los sistemas de misiles antiaéreos Roland se dieron de baja sin sustituto. Y tras 50 años de servicio, se ha anunciado una nueva modernización de los misiles Hawk. El repaso a las carencias del Ejército de Tierra español daría para completar una larga entrega de la serie “Fuerzas Desarmadas” que quedó pendiente.

En cuanto a la carencia de personal, es difícil debatir con datos sobre la mesa porque dudo que sea posible encontrar información pública sobre la cobertura real de plantillas. De vez en cuando en algún artículo de prensa se habla del personal con el que cuenta tal brigada, regimiento o batallón. Por ejemplo, una noticia de 2005 hablaba de los 1.500 miembros de la Brigada de Cazadores de Montaña “Aragón”. Según la Wikipedia en inglés “The typical NATO standard brigade consists of approximately 3,200 to 5,500 troops”. Precisamente, esa brigada fue disuelta por falta de personal para crear la Jefatura de Tropas de Montaña, que también fue disuelta para crear una extraña brigada mixta con otros batallones mecanizados. Al final los dos regimientos de cazadores de montaña (dos batallones y una compañía de cazadores-escaladores) dieron pie a la creación del Mando de Tropas de Montaña. Durante los trabajos de la brigada de La Legión como Brigada Experimental para preparar el concepto de brigada futura se habló de un objetivo entre 2.800 y 3.200 militares. Para comparar, según la Wikipedia en inglés, una brigada de infantería del ejército estadounidense tenía en 2014 un total de 4.413 militares.

Todos esos cambios sucesivos con reformas y contrarreformas se justifican por la eterna falta de presupuesto y personal. Pero la creación de unidades que luego son disueltas y la disolución de unidades que luego son posteriormente refundadas reflejan algo más grave que traté de abordar anteriormente en mi blog en “Ejército de Tierra español: ¿alguien al volante?” El resultado final es una organización que se parece al monstruo de Frankestein, lleno de parches y trozos. No hay dos brigadas mecanizadas iguales. De hecho, están hechas tan de trozos que ni siguiera reciben la denominación de brigadas mecanizadas porque incorporan batallones sobre vehículos ligeros ubicados en la otra punta del país. Encontramos un Mando de Tropas de Montaña que no cuenta con apoyos (artillería, zapadores, y grupo logístico). Y encontramos brigadas repartidas por tres comunidades autónomas.

Blindados VEC-25 y VRC-105 Centauro del Grupo de Caballería Ligero Acorazado «Milán» XVI, ubicado en Valencia cuando pertenecía a la Brigada «Canarias». Foto: MCANA.

Esa estructura parcheada es el resultado de sucesivas reformas y varios imperativos. El primero es político. Por evidentes cuestiones políticas se decidió conservar la presencia del Ejército de Tierra en el País Vasco y Cataluña. Los dos batallones existentes en el País Vasco pertenecían a una brigada que nunca estuvo completa. Hoy uno pertenece a una brigada ubicada en Badajoz y el otro pertenece a una brigada ubicada en Córdoba. En Cataluña hay dos batallones. Uno en Gerona, que fue de montaña, y ahora es mecanizado con vehículos “Pizarro”. El otro está ubicado en Barcelona. En la reforma del 2015 se le asignó a una brigada en Madrid y luego pasó a depender de una brigada en Zaragoza.

El otro imperativo es demográfico. Según el Ejército de Tierra, los aspirantes a soldado en España no están dispuestos a moverse de su provincia. Así que las grandes unidades, con miles de militares, tienen problemas para cubrir sus plantillas porque cada provincia tiene un potencial de reclutamiento limitado. Si no hay forma de que vengan jóvenes de otras provincias a cubrir plantillas, la solución aplicada por el Ejército de Tierra es fracturar las grandes unidades y repartir sus batallones en varias provincias. Así encontramos que la Brigada “Aragón” y Paracaidista se reparte entre tres provincias. Y ya hay quien plantea aprovechar la actividad económica que genera la instalación de una unidad militar en una ciudad como estímulo para la “España vaciada” que forman las provincias del interior del país.

Como vemos, estos imperativos que condicionan la organización del Ejército de Tierra no tienen nada que ver con la falta de presupuesto. Quizás sí con la falta de imaginación. Por ejemplo, yo creo que el Ejército de Tierra necesita una brigada de montaña que cuente con unos apoyos mínimos. La vida de los cazadores de montaña es dura y la brigada siempre sufrió falta de personal porque es un destino sacrificado. Parece que a nadie se le ocurrió crear incentivos para atraer personal. Incentivos que no necesariamente tienen que ser económicos, como ofrecer ventajas que incidan en la carrera laboral, ofrecer residencias dignas a los soldados o cualquier otra ventaja que los militares en la unidad vean que responde a las necesidades de la tropa.

Pero sin duda, el verdadero problema del Ejército de Tierra es que ha vivido siempre en la esquizofrenia permanente de que su orgánica y materiales responden a unas funciones y su realidad cotidiana es otra. El caso más llamativo es la Brigada Paracaidista. Realmente nadie espera a estas alturas que algún día salten en paracaídas en una misión de combate. Desde 1991 los “paracas” no han hecho otra cosa que participar en misiones humanitarias, de mantenimiento de paz y estabilización a bordo de vehículos BMR. Recordemos que la falta de experiencia y lo complicado del terreno y el clima provocó accidentes en Bosnia. Al final, en la última reforma se decidió que una bandera se especialice en operaciones paracaidistas, otra en asaltos aéreos y la tercera incorpore vehículos de transporte de tropas para además realizar misiones de apoyo a operaciones especiales.

BMR-M1 de la 3ª Bandera Paracaidista (BPAC III). Foto: La Verdad.

Sean paracaidistas o tripulantes de carro de combate, el destino final de todo soldado español es patrullar países perdidos en un vehículo de ruedas BMR. Hasta los artilleros españoles han participado como fusileros en misiones de paz. A esta esquizofrenia trató de responder la reforma de 2015 creando las Brigadas Operativas Polivalentes. El propósito era que hasta las brigadas mecanizadas fueran capaces de generar una Agrupación Táctica ligera sobre ruedas. Como vemos, nunca ha habido un debate que ponga en el centro las necesidades de la defensa nacional. Nadie ha salido a argumentar que número de brigadas y de qué naturaleza necesita España.

Mi intención original era plantear una organización alternativa del Ejército de Tierra. Pero creo que me faltan datos. Una propuesta así tendría que hacerse con una hoja de cálculo delante que incluyera cifras de cobertura real de plantillas y presupuesto. Como veremos próximamente en este blog, el Ejército de Tierra está sobredimensionado. Pero creo que hasta que abordemos una verdadera reforma que tenga en cuenta la adaptación a las guerras del futuro y la necesidad de transferir recursos para garantizar la supremacía aeronaval en el Eje Baleares-Estrecho-Canarias, la verdadera razón de ser de la defensa nacional española, puedo ofrecer una organización alternativa más racional.

El Ejército de Tierra se compone fundamentalmente de dos divisiones a las que se suman toda clase de unidades y organismos de apoyo. Imitando al ejército alemán se creó una división que agrupa a lo que constituye en la práctica una fuerza de acción rápida donde encontramos a paracaidistas, montañeros, fuerzas de operaciones especiales y helicópteros. Como dije arriba, convertiría al actual Mando de Tropas de Montaña (MTM) en una brigada. Esto supondría crear los respectivos batallones y grupos de artillería, zapadores y logística. Una brigada de montaña no es sólo una unidad pensada para combatir en montaña, sino en ambientes fríos. Y debería ser la unidad de experiencias por antonomasia dentro del Ejército de Tierra para ese ambiente, probando materiales y equipos como los que otras brigadas emplearían en despliegues como el de Letonia.

Organigrama de la División «Castillejos». Imagen: Wikipedia.

El verdadero problema lo veo en la división cajón que agrupa al resto de brigadas, la División «Castillejos». Creo que una división con seis brigadas de maniobra tan diferentes no tiene sentido. Yo haría algo que está muy en la tradición del Ejército de Tierra español: crear un nuevo cuartel general. Crearía una división media que agrupara a las brigadas “Aragón”, “Galicia” y de La Legión. Para ello, transferiría todos los materiales pesados de la actual Brigada “Aragón”, que actualmente la componen un batallón de carros de combate (Zaragoza) y un grupo de caballería de reconocimiento (Zaragoza), un batallón mecanizado sobre ruedas (Barcelona) y un batallón ligero sobre vehículos VAMTAC (Gerona). La reformada brigada “Aragón” tendría bajo su mando como batallones de maniobra los dos batallones ubicados en el País Vasco y el batallón ubicado en Barcelona. El batallón en Gerona volvería a ser de montaña, convertido en el tercer batallón de la renacida Brigada de Cazadores de Montaña. En un futuro, las tres brigadas de esta división serían el principal usuario del Vehículo de Combate de Ruedas 8×8 “Dragón”. No le veo sentido a que más unidades lo reciban, más allá de las unidades de las Comandancia Generales de Ceuta y Melilla.

Tras la separación en dos de la División “Castillejos” esta quedaría como una auténtica división mecanizada, formada por tres brigadas mecanizadas formada cada una por un batallón de carros, un grupo de caballería y dos batallones de infantería mecanizada sobre vehículo “Pizarro”. Uno de primera generación y otro de nueva generación.

El vehículo «Pizarro» de primera generación al lado del «Pizarro» de tercera. Foto vía «Por Tierra, Mar y Aire».

El resultado de mi organización es que el Ejército de Tierra contaría con una división mecanizada, otra media y otra de acción rápida. Las dos primeras tendrían cada una 3 brigadas con una orgánica muy parecida dentro de cada división. La división “San Marcial” quedaría aparte dada la especial naturaleza de cada una de sus brigadas.

Una cuestión que planteé aquí en el blog en la entrada previa es que la reducción del número de vehículos “Dragón” que considero conveniente iría acompañada de un nuevo programa de vehículo más ligero y económico para misiones internacionales. Ese vehículo estaría en dotación en la tercera bandera paracaidista, la Brigada “Canarias” y la Comandancia General de Baleares, además de dotar a una unidad depósito a la que quedaran adscritos los vehículos destinados a misiones internacionales.

Sé que esta reforma que planteo tiene varios problemas. El primero es que no sé cómo sería de fácil cambiar los planes del programa “Dragón” a estas alturas para no comprar más allá de un segundo lote. Posiblemente haya penalizaciones que pagar a las empresas implicadas. El segundo es que esta reforma propuesta da por hecho que es posible mantener más o menos las actuales plantillas con el actual presupuesto y personal. Sin olvidar, por supuesto, las necesidades de personal de todas las unidades de apoyo fuera de las divisiones «San Marcial» y «Castillejos». Posiblemente los datos reales me harían ver que son inviables y que es necesario reducir aún más el Ejército de Tierra. De hecho, como veremos próximamente, el Ejército de Tierra español es un caso único comparado con otros países por lo sobredimensionado que está.

5 comentarios sobre “La organización del Ejército de Tierra es un monstruo de Frankenstein

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  1. Solo un inciso, hoy en día la organización real, la operativa, no se parece en nada a la orgánica. Encargándose la orgánica únicamente del mantenimiento y del adiestramiento (básicamente), y siendo el MOPS, los únicos que dirigen realmente las operaciones de los tres ejércitos. Y para tales operaciones, se hacen organizaciones ex profeso.

  2. Estoy convencido que si Marruecos quisiese nos invaden media España.
    Las FAS están en un estado catatónico, con personal añoso y desmotivado (la Tropa que es la que se va a batir el cobre).
    El remedio, dinero, dinero, dinero y salidas dignas para los militares de Tropa.-

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