Las posibilidades de explotar información en el caso Strava

Strava es una aplicación para móvil de la que no había oído hablar en mi vida. Por lo visto es una red social para compartir los datos tomados por dispositivos inteligentes de diversos fabricantes mientras se practica deportes como correr o andar en bicicleta. La gracia de compartir datos con Strava es que sirve para lanzar desafíos a otros usuarios o felicitarles por sus logros. Es decir, apela por un lado a la vanidad de los runners que quieren presumir de sus marcas y por otro lado sirve para conocer gente, compartiendo rutas o motivándose los unos a los otros. Hasta aquí todo bien.

Resulta que desde hace dos meses la página web de Strava ofrece un “mapa global de calor” que muestra la actividad de los deportistas en todo el mundo. Adicionalmente ofrece un servicio llamado Strava Metro de tal manera que “[t]ransportation, planning and safety organizations can analyze trends, counts and more”. Si acercamos la vista a Madrid, el Parque del Retiro luce así:

“Mapa de calor” de usuarios de Strava.com en el Parque del Retiro de Madrid.

En 2016 Steve Loughran advirtió de las vulnerabilidades de los dispositivos GPS para practicar deporte. En el caso de los mapas de Strava apuntaba que el problema no sólo afecta a militares y bases secretas, como ha destacado la prensa, sino a personas corrientes. Él señala que alguien podía usar los datos de Strava para identificar a los usuarios con bicicletas caras y localizar su casa o sus lugares habituales de entrenamiento. Bien sea identificando a los usuarios con tiempos extraordinariamente buenos, de lo que se deduce que son ciclistas mucho más que simples aficionados y que por tanto deben contar con muy buen equipo. Bien sea porque simplemente la aplicación te permite identificar cada bicicleta diferente con la que entrenas. Y es de suponer que si alguien se compra una Cannondale SUPERSIX EVO Carbon Ultegra Di2 último modelo de 2018, no se privará de hacerle saber al resto del mundo que se ha comprado una bicicleta de más de 3.500 euros. La preocupación de Steve Loughran era que alguien pudiera usar los datos de Strava para empezar a identificar a aficionados avanzados o profesionales con bicicletas muy caras para robarles en sus casas o en sus rutas de entrenamiento.

Los datos de Strava estaban ahí para uso de todo el mundo durante semanas hasta que hace poco Nathan Ruser, un estudiante universitario australiano, se le ocurrió mirar no en las grandes ciudades del mundo desarrollado llenos de runners sino en lugares recónditos del planeta. Y entonces se encontró con “zonas de calor” en los lugares más insospechados. Miremos por ejemplo el mapa de Mauritania y Mali. Hay una pequeña mancha roja en el cuadrante superior derecho.

Si ampliamos la imagen encontramos esto:

Buscando la ubicación de ese lugar en Google Earth descubrimos que es el aeropuerto de Tombuctú.

La zona iluminada se trata de la zona adyacente al aeropuerto de Tombuctú, que imagino es el campamento militar de las fuerzas europeas y/o de la MINUSMA. En el lado sur se aprecia una pequeña plataforma de vuelo, que debe servir para helicópteros. Y efectivamente, en Tombuctú han estado desplegado los helicópteros Tigre alemanes.

Foto: AFP PHOTO / Sebastien RIEUSSEC. Vía bamada.net

Descubrir la actividad deportiva del personal militar en Tombuctú no aportan ninguna novedad. Ya sabíamos que allí había militares europeos. De hecho, en Google Maps fui directamente al aeropuerto de Tombuctú porque di por hecho que se trataba de ese lugar. Lo realmente interesante de usar el mapa de Strava es cuando aparece actividad en sitios en medio de la nada en países “complicados”. Así se han identificado puestos militares avanzados de Estados Unidos y Francia. También se han identificado lugares de interés en lugares como Libia y Somalia, lo que nos permite especular sobre la presencia en ellos de militares, contratistas o espías. Cuando encontramos un lugar así podemos  cotejar con las imágenes de servicios como Google Maps. El siguiente mapa muestra la parte oriental de Jordania.

Arriba a la derecha, donde confluyen las fronteras de Siria, Iraq y Jordania hay un punto de actividad. Ampliamos la zona en Google Maps y no vemos mucho. Una construcción identificada en inglés como “Hospital”.

Si miramos la foto satélite que proporciona la propia Strava vemos mejor varias.

La actividad de los usuarios de Strava no sólo permite localizar lugares de interés en áreas remotas, también permite ver cuáles son las rutas habituales usadas por las personas que hacen deporte y trayectos comunes dentro de instalaciones. La siguiente imagen muestra el segundo campamento del “Tercio de Armada”en San Fernando de Cádiz.

Podemos ver las líneas que salen del segundo campamento y se internan en el caño. Son las embarcaciones Duarry Supercat del Grupo de Movilidad Anfibia. Algunas de esas líneas salen del agua y suben a tierra justo en frente. Podría tratarse de los los vehículos de asalto anfibio AAV7, capaces de moverse por tierra y mar. También vemos un flujo que sale del campamento en dirección justo enfrente al campo de tiro y cruza el puente Marqués de Ureña en dirección a la Clica. Así vemos que la actividad sobre el mapa revela patrones de la vida diaria. Y además, vemos que los usuarios de Strava, conscientemente o no, han dejado constancia de sus movimientos en vehículos, como el mapa de actividad muestra en las aguas de Canarias y el Estrecho de Gibraltar. En una base occidental en Afganistán podríamos identificar las edificaciones que sirven de dormitorio porque de ellas arrancan las rutas de deporte o podríamos identificar los edificios sensibles porque son un agujero negro de actividad. Hay bases militares en países sensibles donde aparecen rutas de deporte fuera del perímetro de seguridad. En otros lugares se ve la ruta de patrullas en vehículos. En definitiva, los datos podrían ser usados para planificar un ataque con morteros o una emboscada. Pero hay más.

Strava permite crear rutas y comparar tus marcas con otros usuarios que hayan pasado por allí. Según ha demostrado Steve Loughran, es posible engañar a Strava con datos tomados de otros sitios como si fuéramos nosotros los que han corrido ahí. Se abre entonces un mundo de posibilidades al poder identificar individualmente identificar a los usuarios de Strava que trabajan en lugares sensibles. Aquí la imagen del Acuartelamiento “Alférez Rojas Navarrete”, sede del Mando de Operaciones Especiales del Ejército de Tierra en Rabasa (Alicante).

Una imagen parecida podemos tomar de la sede del CNI en la carretera de La Coruña, a la salida de Madrid. Pero también de otra instalación sensible en Castilla La Mancha. A modo de ejemplo, veamos una lista de usuarios de Strava en un lugar de Iraq que me ha proporcionado @AbraxasSpa.

En la primera imagen vemos un mapa con una ruta en el campo petrolero de Badra, en la gobernación de Wasit, que explota la empresa rusa Gazprom. Véase la página web gazpromneft-badra.com. En el centro del mapa aparece la “cantina GCC”. Según la página web de GCC Services, proporciona a Gazprom “catering and full camp services in Badra”. La segunda imagen muestra la lista de los usuarios de Strava con mejores marcas en ese trayecto concreto. Se ha comprobado que, una vez se identifica a un usuario de Strava, se puede comprobar otros lugares donde ha practicado deporte. Si tenemos una lista de nombres que suenan estadounidenses en Mali y luego encontramos a esos usuarios haciendo deporte en Fort Bragg (Carolina del Norte) podríamos deducir que son miembros del 3rd Special Forces Group, cuya área de responsabilidad es África.

Como hemos visto, las posibilidades de explotación de datos de Strava son muchas. Podemos dejar volar la imaginación y pensar cuánta información podría obtenerse de los servidores de Strava en caso de disponer de toda la base de datos convenientemente hackeada. Ya pasó con las tropas rusas que delataron con sus selfies su presencia en Ucrania oriental, nos encontramos que los usos de la tecnología en manos del usuario medio rompen toda seguridad operativa. Pronto veremos nuevas directivas de seguridad y prohibiciones de todo tipo.

Arriba decía que la actividad deportiva en determinados recintos de países como Libia o Somalia nos podía hacer sospechar de que se trata de instalaciones secretas donde residen militares, contratistas o espías de países occidentales o Rusia. Pero se trata de una especulación que puede llegar a ser peligrosa si se generaliza. Podríamos estar ante las instalaciones de una ONG, por ejemplo. Jake Godin encontró en el mapa de Strava una isla con actividad en el sur de Níger, un país donde hay tropas francesas y donde han estado desplegados drones estadounidenses. Investigando sobre el lugar por otras fuentes encontró que se trata de un “hotel ecológico”. El problema es que ya hay gente etiquetando en Wikimaps focos de actividad vistos en Strava como “campamento militar estadounidense”. Ese tipo de elucubraciones podría poner en peligro a periodistas y cooperantes.

El otro día me entrevistó Russia Today sobre este mismo tema.

Un caso de incumplimento del acuerdo Minsk II

El otro día resumí aquí un informe publicado en Bellingcat.com en el que tomaba información publicada por soldados rusos presumiendo de sus medallas en las redes sociales para constatar que a pesar de no estar en guerra las fuerzas armadas rusas habían concedido un número inusual de ellas entre 2014 y 2015. Algunas incluso, eran medallas que sólo se concedían en tiempos de guerra y habían sido concedidas en gran número antes de la intervención en Siria del 30 de septiembre de 2015.

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Tropas de montaña rusas como parte del dispositivo de seguridad en torno a Sochi. Foto Reuters vía Bussines Insider.

Curiosamente el gobierno ruso salió a contestar el informe explicando que se trataba de medallas concedidas a militares que sirvieron en el dispositivo de seguridad de los Juegos Olímpicos de invierno celebrados en Sochi en febrero de 2014. Es interesante que el gobierno ruso se haya visto obligado a dar explicaciones por un informe elaborado por un puñado de frikis usando fuentes abiertas. Pero incluso si la respuesta oficial rusa fuera cierta sólo explicaría una parte del asunto porque una de las medallas concedida a miles premia méritos de guerra. Es más, leyendo sobre el tema descubrí que no sólo se concedieron medallas a soldados, sino que las fuerzas armadas concedieron condecoraciones colectivas a unidades del ejército en aquel periodo. Como la distinción de añadir al nombre la denominación honorífica “de la Guardia”.

Hay otra reacción a la publicación del resumen que hice aquí en el blog que tiene que ver conmigo. Hubo quien comentó en Twitter que era un intento mío por “difamar” a Rusia y despreció la información por venir de Bellingcat.com Tiene gracia eso que te acusen de “escribir cosas negativas en contra del buen nombre, la fama y el honor” de un país cuando centras tu crítica en su gobierno.  Es algo parecido a la acusación de “rusófobo”. Pero el asunto de despreciar los análisis de Bellingcat.com, cuando están hechos con información abierta disponible en Internet, me hizo pensar que quizás habría que pensar en otro enfoque en mi propósito de analizar la participación rusa en la guerra en Ucrania oriental. Y entonces me encontré en SouthFront.org con esto:  Orlan-10 UAVs in action against Ukrainian artillery.

SouthFront.org es una página web de análisis e inteligencia que pretende dar un punto de vista alternativo a los medios de comunicación occidentales. Esto es, es una página prorrusa donde no falta en su presentación referencias a la píldora roja de Matrix. El 7 de septiembre publicaron una traducción de una entrada de blog publicada originalmente por Diana Mihailova días atrás. En ella se da cuenta de “materiales”, entiendo un informe o presentación, hechos públicos por el Centro de Tecnologías Especiales de la Academia de Artillería Mijaíl Pávlovich donde se da cuenta del uso combinado del avión sin piloto Orlan-10 y el sistema de artillería propulsado 2S1 Gvozdika de 122mm. para atacar posiciones ucranianas el pasado mes de mayo. Se destaca que en un ataque se habrían disparado 38 proyectiles en vez de los 300 necesarios habitualmente para batir un objetivo. Y que el ataque fue importante porque se destruyó una casa donde se encontraba un radar de localización de artillería AN-TPQ-48 de origen estadounidense y el personal especializado asociado a él. Se habla de una sucesión de ataques en el mes de mayo que provocaron 90 muertos y 220 heridos entre las tropas ucranianas.

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Orlan-10.

Podríamos considerar con prudencia todo lo que cuenta Diana Mihailova y especular que SouthFront.org tiene un criterio laxo para publicar información sin verificar cuando encaja en su narrativa de la guerra en Ucrania. Pero de ser cierto esa información estamos ante algo realmente interesante:

-El bando prorruso en la guerra de Ucrania usa un avión sin piloto, el Orlan-10, que sólo usa las fuerzas armadas rusas. Por tanto, una fuente rusa nos confirma que la industria de defensa rusa o las fuerzas armadas rusas están suministrando material al bando prorruso en Ucrania. Ese material, además, requiere formación para su manejo. Así que podemos suponer que en Rusia se ha proporcionado formación al personal que maneja los Orlan-10 en Ucrania o directamente ha destacado personal cualificado allí.

-El bando prorruso en la guerra de Ucrania, según fuentes rusas, no sólo ha lanzado ataques a pesar de la existencia de un alto el fuego sino que emplea artillería a pesar de que los acuerdos de Minsk II ordenaban la retirada de las piezas de artillería de más de 100mm. del frente. La justificación es que se han lanzado los ataques para destruir material ucraniano cuya presencia en el frente contravenía los acuerdos de Minsk II.

Hay muchas pruebas que indican que Rusia y sus fuerzas armadas se implicaron en la guerra en Ucrania oriental: la información sobre las bajas en combate, la información sobre las medallas concedidas, el material de guerra exclusivamente ruso que ha aparecido allí, las fotos de miembros de unidades militares rusas en Ucrania, etc. Pero como en tantos temas de la Nueva Guerra Fría resulta divertido ver que, mientras los apologistas del Kremlin defienden el “honor rusos criticando a quienes señalan que existe una intervención militar rusa en Ucrania oriental, en Rusia no tienen complejo alguno en confesarlo. Y hablan con desparpajo de ello.

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El ejército ruso no estaba en guerra en 2014 pero sus soldados no pararon de ganar medallas

La intervención militar rusa en Ucrania es ese tema que todo el mundo conoce pero del que se habla poco fuera del círculo de interesados o preocupados por la guerra en ese país.  La atención internacional se alejó de Ucrania tras el alto el fuego firmado en el acuerdo de Minsk II a pesar de que la guerra siguió. Yo mismo me dediqué a otros temas. Pero en este tiempo no han parado de salir informaciones relevantes sobre el conflicto.

Esta semana Bellingcat, uno de los referentes mundiales en inteligencia de fuentes abiertas, publicó un informe peculiar. Resulta que en Rusia algunas medallas militares se conceden registrando su número. El número aparece grabado en el reverso de la medalla y en el diploma que se entrega con ella. Puestos a pensar es una buena forma de detectar a usurpadores si se tiene acceso al registro de las personas que la han recibido y saber identificar al dueño original de una medalla. Pero he aquí que alguien pensó que si tenemos el número de medallas concedidas y la fecha podemos sacar conclusiones interesantes sobre la actividad del ejército ruso. Y esa la información la tenemos, cómo no, gracias a la inestimable información que proporcionan los soldados rusos presumiendo en redes sociales.

El informe se ocupa de tres medallas. La primera es la medalla “a la distinción en el combate”. Sólo la pueden recibir miembros de las Fuerzas Armadas rusas y por acciones en combate, sea participando en él directamente, participando en acciones que contribuyeron al éxito de una misión o mandando tropas en combate. Es por tanto una medalla que no se otorga en tiempo de paz.  Oficialmente hasta la intervención en Siria el 30 de septiembre de 2015, los únicos escenarios de guerra vividos por las tropas rusas fueron el Cáucaso contra la insurgencia yihadista y en las regiones separatistas de Abjazia y Osetia del Sur en la guerra con Georgia en agosto de 2008. La medalla más antigua de la que los autores del informe tienen datos es una concedida el 7 de noviembre de 2014 y con el numeral 2.464. Es decir, hasta aquel día las Fuerzas Armadas rusas habían entregado 2.464 medallas a militares rusos recompensando su “distinción en el combate”. Hay datos para 18 medallas más. Las fecha y numerales son correlativos. La más reciente de las registradas en el informe tiene fecha 18 de febrero de 2016. Y su numeral es el 6.802. Esto quiere decir, que entre el 7 de noviembre de 2014 y el 18 de febrero de 2016 las Fuerzas Armadas rusas estaban implicadas en acciones de combate donde sus tropas se distinguieron repetidamente al punto de que 4.338 militares fueron distinguidos por sus hechos de armas. Así que podemos empezar a preguntarnos, ¿dónde estaban las tropas rusas en combate para repartir medallas a miles?

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Ejemplos de medallas “a la distinción en el combate” recogidos en el informe.

La segunda medalla de la que el informe tiene datos es la medalla “al valor”. Puede ser entregada a personal militar o civil que se haya distinguido defendiendo Rusia, sus intereses, protegiendo sus fronteras y otras circunstancias que impliquen un riesgo para la vida. En el informe sólo hay información de siete medallas otorgadas entre 2014 y 2016. La primera fue entregada el 1 de septiembre de 2014 con el numeral 64.145. La última el 23 de noviembre de 2015 con el numeral 66.613. En este caso las 2.468 medallas concedidas lo pueden haber sido por hechos de armas o no, dentro de Rusia o no. Así que no podemos atribuir su concesión a actividades no reconocidas por las Fuerzas Armadas. Pero el informe aporta un dato interesante. Teniendo información de medallas concedidas en 2000 y 2008 podemos calcular el ratio en se que premiaban a soldados rusos en tiempos de paz. Y el cálculo aporta que entre 2014 y 2016 se entregaron a un ritmo mucho más alto.

La tercera medalla que aparece en el informe es la medalla “de Suvorov”. Se trata de otra medalla que sólo puede ser entregada a miembros de las Fuerzas Armadas rusas. Los méritos son haber mostrado valentía defendiendo el país o un comportamiento sobresaliente en tiempos de paz. El informe cuenta con información de 13 medallas entregadas entre 2014 y 2015. La primera de ellas fue entregada el 24 de noviembre de 2014 con el numeral 41.099. Y la última el 8 de diciembre de 2015 con el numeral 43.672. Considerando que es una medalla que se otorga también en tiempos de paz por acciones ajenas a la guerra no se puede contabilizar las 2.573 medallas entregadas en ese período como resultado únicamente de acciones de guerra no publicitadas por el gobierno ruso. Pero nuevamente, teniendo las fecha y el numeral de medallas entregadas anteriormente se puede observar cosas curiosas. Por ejemplo, entre el 24 de noviembre de 2014 y el 25 de diciembre de 2014 se concedieron más medallas “de Suvorov” que en todo el año anterior. Y que haciendo un cálculo, se obtiene  una media aritmética de 1,5 medallas “de Suvorov” concedidas entre el 10 de septiembre 2013 y el 24 de noviembre 2014. Y que esa media aumenta a 6,8 entre el 24 noviembre 2014 y el 8 de diciembre de 2015.

La última medalla que trata el informe es la medalla “de Zhúkov”. Es una medalla que sólo se entrega a personal militar que se haya distinguido por su valentía y dedicación a la defensa de Rusia pero también por acciones en tiempos de paz. El sistema de medallas militares rusas se reorganizó en 2010. Y el sistema de numeración para esta medalla empezó de cero. La más antigua de la que el informe tiene datos es la nº277 entregada el 12 de diciembre de 2014 y la más reciente es la nº 1.349 entregada el 8 de diciembre de 2015. Esto es, sólo se habían entregado 277 entre 2010 y finales de 2014. Pero entre el 12 de diciembre de 2014 y el 8 de diciembre de 2015 se entregaron 1.072 medallas.

La pregunta que hay que hacerse es, ¿en qué conflicto armado estuvieron implicadas las Fuerza Armadas rusas durante los años 2014 y 2015 hasta su intervención en Siria para conceder tantas medallas que sólo se conceden en tiempos de guerra?  ¿En qué acontecimientos se vieron implicadas las Fuerzas Armadas rusas para aumentar el ritmo al que se concedían medallas a sus militares respecto a los tiempos de paz?

Y un reflexión que aparece en las conclusiones del informe de Bellingcat. Los datos de medallas al valor o a los servicios distinguidos nos permiten saber que miles de soldados rusos estuvieron implicados en una guerra no reconocida por Moscú. Pero si consideramos poco probable que todos los soldados rusos que participaron en esa guerra recibieran una medalla por sus acciones distinguidas en combate, podemos especular sobre el número de soldados desplegados y suponer que fueron muchos miles. Pueden leer el informe en: Russia’s War in Ukraine: The Medals and Treacherous Numbers.

Mi propósito a partir de ahora es ir recogiendo en este blog informes, artículos e informaciones que documenten la intervención militar rusa en Ucrania. Cualquiera que quiera colaborar puede contactar conmigo en jpereztriana (a) gmail.com

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Análisis de Redes Sociales y la captura de Saddam Hussein

Poco después de escribir sobre un artículo académico que encontré donde se exponía un antecedente del Análisis de Redes Sociales en la Guerra del Rif, dio la casualidad que encontré otro artículo en el Small Wars Journal donde se hablaba de la captura de Saddam Hussein en 2003 y cómo se había empleado tanto el Análisis de Redes Sociales como conocimientos del contexto cultural para llegar hasta el escondrijo del antiguo jefe de estado iraquí.

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Baraja repartida a los soldados estadounidenses con la identidad de altos cargos del régimen iraquí pasados a la clandestinidad.

Sobre el asunto ya había leído el libro Mission: Black List #1 de Eric Maddox, escrito por el interrogador militar que llevó a la captura de Saddam Hussein. Reseñé el libro junto con How to brake a terrorist de “Matthew Alexander” (un pseudónimo), obra del interrogador que llevó a la captura de Abu Musab Al Zarqawi, porque me llamó la atención el énfasis que ambos ponen en el empleo de trucos psicológicos para obtener información de los interrogados frente al empleo de la tortura, la violencia, la coacción y la agresividad.

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Ubicación del escondrijo de Saddam Hussein al sur de Tikrit cuando fue capturado en la Operación “Red Dawn”.

Joel Lawton pone enfásis en su artículo Intelligence Planning and Methods Employed: Operation Red Dawn – The Capture of Saddam Hussein” en que Eric Maddox y un compañero abandonaron la perspectiva establecida en aquel de momento de buscar a los altos cargos del régimen de Saddam Hussein, recogidos en la famosa baraja repartida a los soldados, para llegar hasta las personalidades de la cúpula. Una vez desplomado el régimen, su estructura pasó a ser irrelevante. Saddam Hussein (cuyo nombre completo era Saddam Hussein Abd al-Mayid al-Tikriti) se refugió cerca de su ciudad natal de Tikrit. Allí contó con un red de apoyo formado por parientes y miembros de ciertas familias vinculadas a la suya por vínculos tribales. Maddox reconoce en su libro que desentrañó la red que
rodeaba a Saddam Hussein a partir de las ideas de un traductor iraquí. En cambio Lawton pone el énfasis entonces el Análisis de Redes Sociales y los conocimientos sobre la cultura local que mostraron Maddox y su compañero. Ese enfoque tan académico está ausente en el libro de Maddox pero aquí viene respaldado con una bibliografía más que interesante. Y como en el caso del artículo “La intuición del análisis de redes de los militares españoles durante la guerra del Rif como método de lucha contra el contrabando de armas”, sobre el que escribí aquí, tengo la sensación de que el autor toma unos pocos elementos y construye sobre ellos un relato desmesurado. Me queda la duda de si Maddox tenía todas esas cosas en mente cuando interrogaba a miembros de la insurgencia sunní en los alrededores de Tikrit en busca de Saddam Hussein. Pero sí tengo claro que las ciencias sociales, desde la Antropología al Análisis de Redes Sociales, tiene un papel enorme que jugar como herramientas de la inteligencia militar y las tácticas de contra insurgencia.

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Saddam Hussein fuera de su escondrijo tras la Operación “Red Dawn” en diciembre de 2003.

Una última nota. La policía belga detuvo a Salah Abdeslam, considerado el “cerebro” del grupo terrorista que atentó el 13 de noviembre de 2015 en París, en la casa de la madre de un amigo en la comuna belga de Molenbeek, su lugar de origen. No sabemos el trabajo previo de la policía belga, pero está claro que un buen mapa de la red social del sospechoso debió ser imprescindible en su captura. Y como en el caso de Saddam Hussein, cuando la estructura de una organización se desploma, los fugitivos terminan recurriendo a los contactos de su círculo de confianza para buscar refugio.

Análisis de Redes Sociales en la Guerra del Rif

El último volumen de la revista REDES se abre con un artículo de Julián Antonio Paniagua titulado “La intuición del análisis de redes de los militares españoles durante la guerra del Rif como método de lucha contra el contrabando de armas”.

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Legionarios en Melilla en 1921. Foto: José Zegri vía ABC

Resulta que años antes de que se desarrollara dentro de las Ciencias Sociales la teoría de Análisis de Redes Sociales, un informe militar español fechado en Tetuán en 1925 incluía un mapa de redes que representaba el comercio entre las ciudades, zocos y poblados amigos y enemigos. El propósito era establecer controles en el comercio de mercancías para cortar el abastecimiento de las cabilas rebeldes.

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Según recoge el autor del artículo:

[E]l coronel Orgaz no presentó al Alto Comisario un mapa del territorio, con puntos concretos y sus correspondientes caminos que los conectaban entre sí, sino un modelo teórico de nodos identificados por sus atributos (hay cuatro tipos de nodos representados con diferentes formas geométricas en el dibujo), unidos por vínculos, cuyas propiedades son el transporte de mercancías o personas.

Por lo visto, el sistema de controles y permisos para ejercer el comercio no resultó efectivo por la falta de personal en un terreno demasiado grande y la falta de colaboración de la población local. Pero lo aquí relevante es encontrar ejemplos de iniciativa e inventiva en las fuerzas armadas españolas durante una campaña de guerra irregular. Y es que si uno le dedica la suficiente atención a la historia militar encontrará lecciones aprendidas de sobra que aplicar a los desafíos del presente, como le gustaba recordar con ejemplos a Jorge Aspizua.

Cómo a Internet le costó quince minutos resolver un misterio de doce años

El otro día estando trabajando de madrugada vi que C. J Chivers, un famoso reportero de guerra del New York Times publicó en su perfil de Twitter una foto de unos barriles con inscripciones en árabe y un código. Chivers pedía a sus seguidores de Twitter a modo de adivinanza si eran capaces de identificar qué era lo que mostraba la foto.

Inmediatamente interpreté la inscripción que no está en árabe sino ruso como “TG_02”. Contesté a C. J Chivers. Habían pasado sólo quince minutos desde que publicó su tuit. Y seguí con mis cosas.

Resulta que esos barriles fueron encontrados en unas instalaciones militares iraquíes en mayo de 2003. Se encomendó su custodia a una unidad estadounidense de reservistas, que encontraron los barriles goteando líquido y pájaros muertos a su alrededor. Los primeros en llegar al lugar empezaron a estornudar, llorar y vomitar. Fueron llevados con cierta alarma a un hospital de campaña porque sus síntomas coincidían con los de armas químicas.

Años después, los militares que entraron en aquel depósito desarrollaron problemas de salud. Uno de ellos, comenzó una batalla burocrática con el Departamento de Defensa para que le entregaran el expediente sobre los barriles. Finalmente, el subsecretario de defensa Brad R. Carson autorizó que el New York Times accediera al expediente.

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Imagen vía C.J Chivers

Como ven, el informe original del 25 de mayo de 2003 dice “Fuel PR-02”. Es un error. En el barril pone “TG_02”. Si buscan “TG-02” y “fuel” en Internet encontrarán rápidamente que se trata de combustible para cohetes de origen soviético Tonka”, diseñado originalmente en la Alemania Nazi como R-Stoff y conocido también en la URSS como Tonka-250  y TG-02.

John Ishmay, un antiguo desactivador de explosivos de la U.S. Navy y veterano de Iraq que ahora es periodista freelance, tuiteó:

La verdad es que yo sólo me limité a transcribir un código del ruso. No busqué en Google qué podría ser. Ese trabajo lo hicieron otros lectores de C. J Chivers. Pero a partir de ahí, empezaron los retuits sobre cómo a C. J Chivers le llevó sólo 15 minutos obtener una respuesta correcta sobre qué aparecía en los barriles mientras que a los militares estadounidenses les llevó doce años caer en la cuenta del error.

-El reportaje sobre el incidente en Iraq, los problemas de salud de los veteranos y su lucha contra la burocracia de C. J. Chivers para el New York Times: “12 Years Later, a Mystery of Chemical Exposure in Iraq Clears Slightly”.
-El asunto del misterior resuelto en Internet contado por C. J. Chivers: “When Military Intelligence Earns the Punchline”.

Redes de conocimiento

Allá por 2006, cuando las ideas que dieron lugar al libro Guerras Posmodernas estaban en período de maduración me llamó la atención una entrada del blogs del profesor Juan Freire sobre el uso dado por la CIA a plataformas para compartir conocimiento: “Cómo usa la CIA los blogs y los wikis para la gestión del conocimiento: ¿espionaje open source?” En aquel entonces estábamos todavía en el shock post-11S y post-11M. Las palabra “red terrorista” evocaba entonces la idea de redes difusas, complejas e indetectables infiltradas en las sociedades libres occidentales. ¿Cómo enfrentarse a un enemigo tan aparentemente invulnerable?  La respuesta surgida dentro de la CIA era emplear también la estructura de red internamente. Contaba el profesor Freire:

[E]xiste una lucha interna, al menos la CIA, para transformar una organización cerrada y fuertemente jerarquizada en otra estructura que siga un modelo más horizontal y colaborativo, necesario para afrontar los nuevos retos. Este nuevo modelo podría definirse como una organización con un funcionamiento open source restringido al interior de la propia institución.

Frente a la idea de más recursos y más intromisión en la vida privada, la idea que presentaba la CIA era que lo verdademente revolucionario era la manera de procesar, analizar y compartir la información que ya se tenía. Lo supimos vía Ali Soufan en su libro respecto al 11-S. En España tuvimos el caso Wanninkhof. La información ya estaba allí pero compartimentada en organizaciones públicas que compiten entre ellas y se guardan información.

Muchos años después, el Ejército de Tierra español creó una wikipedia interna, la MilipediA.  Mi experiencia es que hay mucho conocimiento relevante en las personas más insospechadas. Y dentro de las fuerzas armadas hay perfiles muy diferenciados que van desde el militar “funcionario” al militar “friki”, que te recita diálogos de películas y te señala errores de uniformidad en películas sobre la Segunda Guerra Mundial. Como apuntaba “Alcedo” en los comentarios a mi entrada de blog al respecto, sería interesante conocer los incentivos que tienen los usuarios de la MilipediA para escribir en ella y si ha terminado reproducción las dinámicas sociales de la Wikipedia.

La MilipediA es una herramienta institucional surgida desde el propio Ejército de Tierra. Hace poco se publicó la noticia de que miembros de la policía nacional y diferentes policías locales compartían información mediante Telegram haciedo hincapié en “al margen de sus jefes”. Esto es, policías de diferentes cuerpos con un vínculos informal constituyen su propia red (aquí la herramienta es lo de menos) para paliar una necesidad en su trabjo. Gonzalo Martín ha escrito al respecto en Transformación Digital, sacando lecciones aplicables a cualquier empresa o colectivo. Esta vez, frente a las iniciativas institucionales, los propios policías aprovechan sus vínculos personales para convertirlos en redes informales de intercambio de información.

Las comunicaciones distribuidas (las redes sociales que conocemos son redes distribuidas sobre una base centralizada, las reglas del dueño de la plataforma) esencialmente permiten que cualquier persona (nodo) pueda comunicar con otra sin que pueda impedirse. […]

[L]a gente es capaz de coordinarse y compartir información para resolver sus problemas de trabajo (“luchar contra la delincuencia”) sin necesidad de que un jefe dé órdenes o lo fiscalice. ¿Por qué no aprovechar toda esa energía en vez de mantenerla oculta? […]

[L]a digitalización por sí misma, se quiera o no se quiera, cuestiona la jerarquía tradicional y el rol del mando convencional, por no hablar de la estructura organizativa: las redes hacen una cosa diferente, más plana, más contributiva, más aprovechable y, creo yo, más interesante y divertida.

Hay aquí un dilema entre la creación dirigida desde arriba o el crecimiento orgánico e incontrolado desde abajo. Yo mismo pienso en los vínculos que me mantengo con la gente con la que comparto información y son una sucesión de flujos desordenados por varias vías. Creo que será interesante empezar a explorar nuevas herramientas y las posibilidades de la sistematización.