Dos interrogadores y las alternativas a la tortura

El estreno de Dark Zero Thirty ha puesto de actualidad el asunto de las torturas a detenidos durante los años de la Administración Bush en la Global War on Terror. Quizás debí hacer una reseña tan pronto vi la película pero esperé a que me llegara un nuevo libro con las experiencia de un interrogador.

El primer libro que leí fue Mission: Black List #1 de Eric Maddox, un suboficial del ejército estadounidense. Destinado en Tikrit, se encontró un traductor que antes de cambiar de destino compartió un mapa de red que había recopilado del entorno de Saddam Hussein. Maddox lo usó como punto de partida y fue escalando en la pirámide jerárquica de la insurgencia iraquí que tenía como cúspide al ex-presidente de Iraq. Según cuenta Maddox en su libro en lo que parece una escena de película, fue justo en las últimas horas de su estancia en Iraq cuando obtuvo la pieza de información fundamental que llevó al agujero donde se escondía Saddam Hussein en diciembre de 2003. La noticia de su captura le llegó estando ya fuera del país.

El segundo libro que leí es How to brake a terrorist de “Matthew Alexander” (un pseudónimo), un oficial de la fuerza aérea con experiencia en investigación criminal. Habían transcurrido varios años desde los acontecimientos descritos en Mission: Black List #1 y los antiguos miembros del régimen ya no eran los protagonistas de la insurgencia. Alexander se encontró interrogando miembros y colaboradores de Al Qaeda en Iraq, que con sus atentados terroristas contra concentraciones de civiles chiíes pretendía provocar una guerra civil en en el país. Ya había saltado el escándalo de Abu Ghraib y una nueva hornada de interrogadores llegó a Iraq con una nueva metodología de trabajo con la misión de encontrar a Abu Musab al-Zarqawi. Alexander cuenta los obstáculos que encontró en los otros interrogadores de la vieja escuela que desconfiaban de la nueva doctrina de no emplear la fuerza.

Como en el caso de Maddox, Alexander utilizó la teatralidad, faroles, engaños y juegos mentales con los detenidos, escalando la pirámide jerárquica de Al Qaeda en Iraq. Empleó su conocimiento de la cultura árabe y del Islam para entender las ideas y motivaciones de los detenidos (que en muchos caso no son ideológicas). No puede decirse que “jugara” limpio porque prometió cualquier cosa que le llevara a conseguir su objetivo. Después de la guerra se convirtió en un crítico activo de la tortura y con su libro trató de provocar el debate sobre el tema. En ambos casos, ambos insiste en sus libros la mayor efectividad de la psicología frente a la violencia y la inteligencia frente a la fuerza bruta.

5 thoughts on “Dos interrogadores y las alternativas a la tortura

  1. Cualquier interrogador profesional sabe que la inteligencia vale más que la fuerza a la hora de hacer cantar a un prisionero. Sobre todo conocer la forma de pensar del interrogado. Los sicólogos dirán que ellos son los indicados jajajjaajj
    Recuerdo un libro sobre Vietnam, de la escritora Fallacci. Estaba allí como periodista y tenía acceso a generales y oficiales vietnamitas. El general Loan, famoso por levantarle la tapa de los sesos a un vietcong delante de las cámaras, le llevó incluso a una sala de interrogatorios. Aunque pueda parecer mentira no ejercía la violencia para hacer hablar a los vietcong prisioneros. El truco era sencillo. Les decía. “Mira, no somos capaces de sacarte información, así que te vamos a atropellar con un camión y dejaremos tu cuerpo tirado por ahí” Entonces los vietcong se rendía, porque exigían ser fusilados, no querían morir de una muerte anónima.

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