Soldados en las calles

En alguna parte dejé escrito que los Juegos Olímpicos son un buene ejemplo de lo que significan las Guerras Posmodernas en los países desarrollados. El concepto de seguridad transciende ya el orden público, proteger al público de carteristas y terroristas, para implicar campos como las telecomunicaciones donde se superponen las responsabilidades públicas y privadas. Vemos cómo se desbordan los roles tradicionales de las fuerzas armadas y las empresas privadas ocupan parcelas antes reservadas al Estado.

En el vídeo alguien reconoce que el anuncio público del despliegue de los misiles tierra-aire Rapier 2000 y Starstreak cumple una función “disuasiva”, algo que bordea el terreno del “teatro de la seguridad“. Le acojonamos por su seguridad. Al final, tanta publicidad a las medidas tomadas para la seguridad de Londres se han cobrado su precio. El negocio turístico de estos Juegos Olímpicos como destino turístico han sido un fracaso.

La seguridad en Londres ha tenido además un episodio curioso. La empresa G4S, ganadora de un concurso para proveer servicios, se encontró con la imposibilidad de desplegar el número de vigilantes de seguridad contratado, obligando a cubrir los puestos vacantes con soldados que se suman al ya importante despliegue militar para los Juegos Olímpicos. La empresa se ha hundido en la bolsa, sufrirá penalizaciones económicas por parte del gobierno británico y se le obligará a sufragar el coste del despliegue de los soldados adicionales. Para colmo, se descubrió que dos de los guardias contratados por G4S resultaron ser inmigrantes en situación irregular.

Al final, se han destinado 17.000 soldados británicos a la seguridad de los Juegos Olímpicos de Londres. Una cantidad que supera con creces los 9.500 desplegados en Afganistán. Los soldados con el camuflaje MPT diseñado para Afganistán, las barreras de hormigón y las alambradas le dan un aspecto, recoge Conor Friedersdor, entre ciudad ocupada, base estadounidense en Afganistán y Guantánamo.

Mientras tanto, en Estados Unidos ha comenzado el despliegue de soldados y aviones sin piloto para dar seguridad en eventos públicos.

Volviendo al origen

Hace poco leí Viaje a los confines de la tierra de Robert D. Kaplan en su edición original en inglés. Había leído la edición española a mi paso por la Universidad Complutense de Madrid y no sé por qué se me había en la cabeza que fue un libro previo y preparatorio de La anarquía que viene. En realidad Kaplan escribió primero “La anarquía que viene” como un artículo que fue publicado en 1994 y sólo años más tarde fue publicado en una recopilación de artículos a la que dio nombre y que en España apareció en 2000. Yo lo leí en la primavera de 2001 y despertó en mi el interés por la transformación de los conflictos armados. Estoy aquí por Robert D. Kaplan.

Así que Viaje a los confines de la tierra es una obra posterior. Se trata de la crónica de un viaje por África Occidental, Oriente Medio, Asia Central y Camboya en el que Kaplan va armado con el marco teórico que había creado en 1994 en aquel artículo seminal. Kaplan tomó las ideas de Thomas Homer-Dixon sobre cómo la escasez de recursos naturales (tierras de cultivo, agua, bosques…) auguraba conflictos armados y las ideas de Georgie Anne Geyer sobre estados fallidos. Kaplan sostiene que ciertas culturas, formas de religión y un pasado histórico como unidad política llegan a constituir una urdimbre que mantiene cohesionada las sociedades y que su ausencia explica el colapso de otras. Pero al final de su viaje, cuando llega a Camboya y recorre los lugares del horror de los Jemeres Rojos se pregunta cómo pudo pasar algo así en un país budista con lo que deja en suspenso sus conclusiones y concluye que el caso de cada país debe ser explicado por sí mismo.

No comparto el neomalthusianismo de Kaplan y creo que se han escrito demasiadas tonterías ahí fuera sobre “las futuras guerras por el agua” pero creo que sus ideas sobre el papel de la desforestación en África Occidental en las guerras civiles de la región apunta en la dirección correcta. Creo que la desertización del Sahel es la causa última de los acontecimientos recientes en el norte de Malí y es una línea de investigación que merece la pena ser seguida. Oirán más de mí sobre ello en el futuro.

Un nuevo giro de tuerca en México

No quería dejar pasar el tiempo sin comentar el bloqueo de carreteras en la ciudad de Guadalajara el pasado mes de marzo en México. Me recordó el ataque en swarming del Primeiro Comando da Capital en São Paulo en 2006.

Allá por 2008 llamé la atención sobre cómo los narcos habían cruzado una línea más con un atentado terrorista en Morelia el 15 de septiembre. Pensé que era un gran salto que inaguraba una nueva era en México. Pero la experiencia de estos años es que en México los cambios son graduales y constantes, paso a paso. Mientras se divaga sobre una futura Guerra Fría en Asia-Pacífico lo real y tangible es una “guerra contra las drogas” en el eje Colombia-Centroamérica-Mexico que se está perdiendo.

¿Volvemos otra vez a los años 90?

Tengo la sensación de que el interés general está volviendo a las guerras convencionales. En su momento la idea de que el yihadismo global estaba condenado al fracaso sonaba herética. Pero tras la retirada de Iraq y mientras sigue el juego de fechas sobre la retirada de Afganistán, veo que las publicaciones y debates en think-tanks y blogs estadounidenses empieza a mirar hacia la próxima gran guerra convencional que todo el mundo sitúa en el Pacífico. De pronto parece que los diez años posteriores al 11-S fueron un equívoco paréntesis que felizmente se está superando. Ahora quedan muy lejos aquellos debates sobre Contrainsurgencia y el Surge en Iraq.

En noviembre de 2011 Obama declaró que Asia Pacífico era ahora la prioridad más alta en la política de seguridad estadounidense. Ello no significa que vaya a cambiar la situación en Iberoamérica o el Sahel. Simplemente que quedará relegada a titulares secundarios. Frederick W. Kagan apenas le dedicaba un párrafo en Finding the Target y Thomas P. Barnett hilvanaba capítulo tras capítulo en The New Pentagon’s Map explicando cómo la obsesión por encontrar un enemigo convencional no se trata de una actividad movida por el rigor sino por pereza intelectual. En las guerras de Afganistán e Iraq se gastaron fortunas en infraestructuras y servicios logísticos, por ejemplo, pero se dejaron de comprar grandes y caros juguetes tecnológicos. El complejo militar industrial quiere recuperar terreno y quiere su tajada. No hay nada como agitar el peligro del caza furtivo de 5ª Generación chino o su nuevo portaviones para justificar los buenos viejos tiempos de la Guerra Fría.

Maras: Una amenaza transnacional emergente en Iberoamérica

En abril de 2007 presenté en el III Congreso Nacional “Información, Seguridad y Defensa” celebrado en Segovia una comunicación titulada “Maras: Una amenaza transnacional emergente en Iberoamérica”. Estaba dando mis primeros pasos en el mundo académico y los actores no estatales transnacionales como amenaza a la seguridad era un tema poco explorado en España.

He recuperado aquel texto, he limpiado las erratas y lo he hecho accesible al público en mi perfil de academia.edu.

“DarkMarket” de Misha Glenny

Terminó marzo sin que comprara ningún libro. Mi propósito para 2012 es evitar ir comprando compulsivamente libros sin terminar de leer los que voy comprando. Así sucede que en el último año y medio he ido leyendo libros que acumulaban polvo en mis estantería desde 2005.

Uno de los que me llegó en enero es Dark Market. Cyberthieves, cybercorps and you” de Misha Glenny, autor del muy recomendable McMafia. Ya hay edición en español. Es un libro que compré a ciegas, guiándome del entusiasmo que me causó McMafia y por mi interés en el tema. Pero lo que me encontré es la historia del auge y caída de DarkMarket, un foro en Internet dedicado a intercambio de información sobre toda clase de actividades delictivas en torno a las tarjetas bancarias. Es interesante por las pinceladas que da sobre los “bajos fondos” de Internet en lugares como Rusia, Ucrania y Turquía mientras cuenta la historia novelesca de los protagonistas del asunto. Pero sinceramente, esperaba un poquito más.

La cuestión urbana

Hace poco, según estimaciones nunca precisas, la población urbana alcanzó el 50% del total de planeta. A comienzos del siglo XX era tan sólo el 13% del total.

Sin duda uno de los fenómenos demográficos más importantes del siglo XX fue el rápido crecimiento de la población urbana, que se cuadruplicó entre 1950 y 2000. A principios del siglo apenas 16 ciudades, todas en el mundo industrializado, superaban el millón de habitantes. En 1950 eran 34. Hoy son más de 400 ciudades las que superan esa cantidad de habitantes y un 70% de ellas se encuentra en el mundo no desarrollado. Uno de los aspectos del fenómeno es que el crecimiento de la población urbana se concentra en el mundo en desarrollo. En países como Brasil, Chile, Argentina, Uruguay y Venezuela más de un 80% de la población vive en áreas urbanas.

En 1950 sólo 8 ciudades tenían una población mayor de 5 millones de habitante. Nueva York, Tokio y Londres eran las ciudades más pobladas del planeta, mientras que Buenos Aires y ShangHai eran las dos únicas ciudades del mundo no desarrollado que entraban en aquella lista. Hoy son 43 las ciudades del planeta que superan los 5 millones de habtantes y 30 están en el mundo en desarrollo. Hoy se habla de “megaciudad” para referirse a áreas urbanas de más de 10 millones de habitantes. Por su población y economía se han convertido en actores globales, algo que tendré que profundizar en la segunda edición de Guerras Posmodernas.

Hay muchas maneras de definir el territorio que constituye una ciudad: El que queda dentro del término municipal, el que constituye una única entidad económica (sumando las ciudades dormitorio y los cinturones industriales) y considerando la extensión del conglomerado urbano hasta allí donde los edificios y la población bajan de un cierto umbral de densidad. Con esos diferentes criterios se puede elaborar diferentes listas de “las ciudades más grandes del mundo”.

En la Wikipedia han tomado las listas que resultan de tomar esos criterios y han hecho una lista de todas las ciudades que aparecen hasta la posición 20ª en alguna de ellas. El resultado es una lista de 32 ciudades donde es más fácil contabilizar las que NO están en un país en desarrollo: Londres, Los Angeles, Moscú, Nueva York, Osaka, París, Seúl y Tokio. El resto se reparten entre: China (6), India (3), Brasil (2), Argentina, Perú, México, Pakistán, Indonesia, Filipinas, Egipto, Turquía, Irán, Nigeria y Rep. Dem. del Congo.

Con frecuencia el crecimiento de las áreas urbanas se produce de forma incontrolada por la extensión de asentamientos improvisados que desborda la capacidad de las autoridades de proveer los servicios básicos. Se produce una combinación de viviendas precarias, carencia de servicios públicos, economía informal y ausencia de la autoridad pública que configuran lo que conocemos por “favelas”, “villas”, “ranchos” o “slums”. Muchos se convierton en esa clase de lugares en los que “la policía no entra”.

Con una mayor cantidad de población habitando en ciudades, grandes o pequeñas, es preciso abordar cuántos de los fenómenos propios de las Guerras Posmodernas tienen lugar en el ámbito urbano. Las ciudades con sus edificios públicos y sedes empresariales son centros de poder con altas densidades de población y nodos de transporte potencialmente interrumpibles (aeropuertos, estaciones, nudos de carreteras). Así el terrorismo se ha convertido en un fenómeno esencialmente urbano. Y la misma dinámica de espacios no gobernados y ocupados por actores no estatales que sirve para explicar lo que pasa en el Sahel o el Triángulo de Oro sirve para explicar lo que pasa en las favelas brasileñas.

[Continuará]