La impotencia del Leviatán

En el segundo capítulo de “Guerras Posmodernas” hablo del fin del estado-nación como actor fundamental del panorama internacional. Y menciono el caso de cómo allá por septiembre de 1992 los movimientos del Quantum Fund de George Soros lograron que la libre esterlina abandonara el Sistema Monetario Europeo en lo que se conoce como “Miércoles Negro”. Hoy resulta irónico que hace un año para hablar del menguante concepto de soberanía en el plano económico recurriera a un ejemplo ajeno a España y de hace casi veinte años.

La aplicación del “corralito” en Argentina en diciembre de 2001 coincidió con el cuatrimestre en que cursé la asignatura de Historia Económica de las Relaciones Internacionales como Créditos de Libre Elección mientras estudiaba Sociología. Ninguno del resto de estudiantes, todos ellos de la carrera de Económicas, había oído hablar del índice “riesgo-país”, Moody’s y Standards & Poors. Preocupante saber que ninguno seguía las noticias internacionales y que jamás habían oído, llegado al cuarto año de estudios, hablar de las agencias calificadoras de deuda. Hoy sin embargo hasta los diarios gratuitos hablan de ellas para mencionar las rebajas de calificación de España.

Fernando A. Iglesias llamaba ayer la atención en su blog sobre el artículo “El Estado impotente”, publicado en El País. Le recupero la pista tras aquel libro que tanto me llamó la atención.

Merece recordar ahora también “Cansancio del Leviatán” de 2003 para entender cómo el cansancio se volvió impotencia.

El Tercio de Armada y las Guerras Posmodernas

El viernes 11 de junio tuve el privilegio de presentar mi libro “Guerras Posmodernas” en el Tercio de Armada (TEAR) cuya base está en San Fernando de Cádiz. El TEAR es la unidad expedicionaria de la Infantería de Marina española. Esto significa que su organización, sus materiales y su doctrina están orientados a proyectar fuerzas lejos de España. Por lo que para mí se trató de hablar no ante personas que tratamos de entender y desentrañar la realidad, sino ante oficiales de una unidad militar que la ha vivido de primera mano en Bosnia, Líbano, Iraq, Afganistán, Chad o Haití.

La especialidad del TEAR como unidad expedicionaria son las operaciones anfibias, que son los ataques lanzados desde el mar sobre una costa hostil o potencialmente hostil (véase aquí o aquí). Para el TEAR esto implica por ejemplo que todo su material ha de poder ser embarcado y trasladado a tierra por sus propios medios o en las embarcaciones de la Armada. Ese vínculo es tal que la Infantería de Marina española forma parte de la Armada.

El TEAR además tiene la necesidad de ser autosuficiente en cuanto capacidades operativas. Si uno repasa los batallones y grupos que lo forman se encontrará una lista extensa de capacidades y recursos que van desde los carros de combate, a Guerra Electrónica o Defensa Antiaérea, pero también excavadoras o potabilizadoras de agua.

Los que estuvieron en mi charla del día 11 saben todo esto que he explicado de sobra. Aquel día hablé de Guerras Posmodernas y del Flanco Sur Profundo. Lo que no hice fue dar hechas las conclusiones sobre cómo afectará la trasformación de los conflictos armados al TEAR. Lo hago aquí sintiéndome libro para hablar y errar.

“Posmodernidad” es una palabra polisémica dentro de las ciencias sociales. Puede hacer referencia al fin de un período histórico de cinco siglos según los términos empleados por la historografía inglesa o a la crisis de los valores e instituciones de la sociedad industrial. En cualquier caso se constata que la institución del Estado-Nación ha perdido su papel como acto fundamental del orden internacional, bien por la emergencia de nuevos actores o bien por la debilidad de los estados ex-coloniales creados artificialmente por las potencias europeas.

El número de guerras entre Estados-Nación cayó tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Lo hizo en picado tras el fin de la Guerra Fría. Los antiguos enemigos como Francia-Alemania o Chile-Argentina forman alianzas regionales y crean unidades militares multinacionales para la acción exterior bajo bandera de la UE o la ONU. Los actuales rivales como India y Pakistán mantienen o buscan una alianza con Estados Unidos. Mientras que en la crisis nuclear iraní tienen un papel EE.UU., Israel, Arabia Saudita, China, Rusia, Brasil y Turquía ofreciendo palo y/o zanahoria. Difícil imaginar que la sangre llegue al río.

Lo que veremos en el futuro no nos sorprenderá. Veremos colapsarse el aparato estatal de países como sucedió en Albania, Haití, el antiguo Zaire o Somalia. Veremos violencia y disturbios en el interior de los países con connotaciones étnicas como en Bolivia, Nigeria, Kirguistán o Indonesia cuando distintas comunidades entre en conflictos por la administración de los recursos del país.

Ya no estarán La Habana, Trípoli, Moscú o Pekín para financiar guerrillas revolucionarias, por lo que los contendientes de los conflictos armados tendrán que autofinanciarse con la explotación de recursos naturales o los tráficos ilícitos de todo tipo. Veremos hacerse borrosas las barreras entre insurgencia y delincuencia organizada cuando los delincuentes monten un estado paralelo y desafíen al estado como en Brasil o Jamaica.

Todos esas crisis y estallidos de violencia pasarán por delante de nuestros ojos no ya por la TV. El Efecto CNN es historia. Estamos en la era de Internet, en la que cualquiera puede subir un vídeo a Youtube y prender la mecha para que se difunda en blogs, foros y servicios como Twitter, Menéame o Facebook. Y por cualquiera se entiende desde un activista en contra de la presencia de las tropas de su país en un país extranjero al miembro de una organización insurgente.

Indistintamente que consideremos a Marruecos la principal amenaza sobre Ceuta, Melilla y Canarias o esperemos que en el futuro se sigan produciendo guerras posmodernas las crisis que requieran de las fuerzas armadas españolas no ocurrirán sobre suelo penisular. Será necesario el envío de una unidad expedicionaria.

La información fluirá libre y abundantemente sobre acontecimientos ocurridos en lugares lejanos. La presión de la opinión pública será fácilmente perceptible y la respuesta tendrá que ser rápida.

Las posibilidades son múltiples: Evacuación de civiles, misiones de pacificación (peacemaking), mantenimiento de paz (peacekeeping), misiones humanitarias… Hará falta una unidad militar que sea capaz de entrar en un país en guerra para enfrentarse a fuerzas convencionales y también que sea igualmente capaz a la finalización de las hostilidades de mantener el orden público y dotar de los servicios básicos a campamentos para refugiados.

Puestos a buscar una unidad que responda a estos requerimientos dentro de las Fuerzas Armadas españolas sólo encontramos una: El Tercio de Armada. Es la única que suma los requisitos de disponibilidad, modularidad y autonomía para formar una Fuerza de Infantería de Marina Expedicionaria que salga con rapidez hacia donde se le ordene con una combinación de medios adaptados para la misión y contando con el respaldo logístico del grupo aeronaval de la Armada que lo transporta hasta su destino.

El Ejército de Tierra, más grande y con más medios, está organizado de tal manera que cuando quiere crear una fuerza para una misión en el exterior tiene que recurrir a elementos de unidades que están en distintas esquinas de España, los tiene que reunir durante un tiempo en un lugar para pasar el necesario período de adaptación a trabajar juntos y sólo entonces los envía. Un sistema que funciona cuando se trata de dar el relevo a un contigente que está ya establecido sobre el terreno pero no para atender una crisis urgente.

Las FIMEX que sean enviadas a las crisis futuras habrán de convivir en el terreno con una multiplicidad de actores: Autoridades locales, organismos multinacionales, agencias de cooperación estatales, organizaciones no gubernamentales, empresas militares privadas, entidades religiosas, medios de comunicación, etc.

El mando de las futuras FIMEXs tendrán que navegar por una red de relaciones políticas complejas. Tendrá que considerar la percepción que de su trabajo tenga la opinión pública española y la población local, sabiendo que en su contra juegan desde los periodistas a la caza de un titular envenenado a los rumores disparatados que circulan de boca en boca en países con escasa tradición de prensa libre.

Estas tareas tienen una definición clara: Cooperación Cívico-Militar (CIMIC), Operaciones Psicológicas (PSYOP), Operaciones de Información (InfoOp), Asuntos Públicos llevados en una Oficina especializada (PAO)… Los elementos de la ensalada de siglas resultante tiene un denominador común: No implican disparar una sola bala. Son lo que se denominan Operaciones No Cinéticas. No desplazarán a las capacidades tradicionales. El TEAR seguirá necesitando de sus carros de combate, sus misiles y sus fusileros. Prepararse para las Operaciones No Cinéticas no requiere comprar ningún sistemas de armas adicional. Su elemento clave es la capacitación del personal. Y serán cada vez más importantes.

La Infantería de Marina española está o ha estado, como mencioné al principio, en Bosnia, Líbano, Iraq, Afganistán, Chad y Haití. Lugares como las arenas de Chad, las carreteras nevadas de Bosnia y las montañas de Afganistán están bien lejos del mar. Hace poco el Teniente General George J. Flynn de la infantería de marina estadounidense decía:

“In eight years of a land war, where the Corps has been acting as if we are a second land army, we need to get back to our amphibious, expeditionary roots.”

Precisamente hace poco tuvo lugar el ejercicio Dawn Blitz en la costa de California. Ha sido el primer ejercicio anfibio desde el 11-S de la infantería de marina estadounidense, los marines. Allí, como aquí, se viven tiempos de recortes presupuestarios. Y cada rama de las fuerzas armadas se ve obligada mientras da vueltas el hacha sobre su cabeza a justificar la existencia de unidades, la continuidad de programas y la necesidad de proyectos. Es una tarea intelectual a la que los marines, el Cuerpo de Marines y sus partidarios se han lanzado. Me gustaría pensar que en España “Guerras Posmodernas” podría aportar ideas a ese debate.

Apuntes norirlandeses sobre Afganistán

Cuenta Íñigo Sáenz de Ugarte que la comisión oficial sobre el Bloody Sunday de 1972 ha publicado sus conclusiones tras 12 años y 235 millones de euros gastados.

Dice Sáenz de Ugarte, a cuenta del incidente:

“La comunidad católica perdió cualquier rastro de confianza en las instituciones británicas. En definitiva, garantizó que la guerra continuara durante muchos años”

Sería interesante averiguar la percepción que tienen los afganos de sus instituciones. Quizás alguien podría ponerlo en relación con la marcha de la guerra que va camino de su noveno año.

Si ya está todo inventado

Dos reacciones típicas de quienes no entienden mis ideas cuando explico el marco de análisis de “Guerra Posmodernas” son “¿qué puedes decir del conflicto X?” donde X es uno de esos raros conflictos entre estados-nación o por el control del gobierno de un país y “¿guerrillas? ¿tráficos ilícitos? ¡pero si eso ya existía en los tiempos del Imperio Romano?”.

En el primer caso siempre contesto que el advenimiento de las Guerras Posmodernas es un fenómeno gradual. No desaparecieron de la noche a la mañana las viejas guerras modernas. Ahí está esa extraña crisis entre las dos Coreas por el hundimiento de la corbeta Cheonan. O la Guerra Civil de Nepal donde una guerrilla maoísta luchaba por obtener el poder en pleno siglo XXI.

En cuanto al síndrome del “está todo inventao” ciertamente se puede uno remontar todo lo atrás que se quiera buscando ejemplos de guerra irregular, señores de la guerra, divisorisa difusas entre guerra y crimen: Las guerrillas españolas en la Guerra de Independencia, las revueltas campensinas alemanas del siglo XVI, el movimiento zelote o Viriato.

Es decir, de todo lo viejo siempre se puede encontrar un ejemplo en la actualidad. Y de todo lo nuevo podemos remontarnos en la Historia y encontrar un precedente. Además ante el sesudo debate sobre ContraInsurgencia (COIN), el “Surge” en Iraq, las ideas del Field Manual 3-24, etc. se puede argumentar que está por conocerse método más rápido y efectivo que pasar a cuchillo una población rebelde. Los pueblos de la Antigüedad pueden dar buena cuenta de ello.

Cuenta The Economist que el éxito de Sir Lanka al derrotar la guerrilla tamil a sangre y fuego ha suscitado interés en el Sudeste Asiático y que dirigentes de otros países han acudido al país a recabar las lecciones aprendidas. Los entusiastas de la opción Sri Lanka deberían recordar que a pesar de todo las cosas son diferentes.

La democratización de los medios de comunicación han venido a cambiarlo todo. Y cabe preguntarse siempre cómo lo que sucede van a contarlo los medios. Israel debería extraer algunas lecciones.

Jamaica y las Guerras Posmodernas

El lunes 24 de mayo la policía jamaicana entró en el barrio de Tivoli de Kingston con la intención de detener al narcotraficante Michael Christopher “Dudus” Coke. Sobre él pesaba una orden de extradición procedente de EE.UU. por tráfico de droga que el gobierno jamaicano anunció el viernes anterior trataría de hacer efectiva. Entonces comenzaron los disturbios que fueron respondidos con el asalto policial al feudo de Coke que se saldó con decenas de muertos.

¿Dónde establecer en este caso la diferencia entre un asunto meramente policial vinculados a la delincuencia y dónde arranca la revuelta popular de tintes políticos? No sólo es la incapacidad del estado jamaicano de imponer el monopolio de la violencia legítima, del que hablo en el segundo capítulo del libro, es la creación de ese poder paralelo que suple los vacíos dejados por el estado. Un poder que obtiene legimitidad creando orden y proporcionando servicios, como apunto en el cuarto capítulo.

Las dificultades de la policía para capturar a Coke se deben al amplio apoyo popular que tiene. No ya porque dé trabajo en su organización criminal a buen número de jamaicanos, sino porque como contaba El País el pasado día 26:

[C]omo muchos capos jamaicanos es considerado un benefactor por amplios sectores de la población de su zona de control. Frente a la insuficiencia de los servicios ofrecidos por las autoridades públicas, los clanes conceden a menudo ayudas a los vecinos en forma de provisiones alimentarias o apoyo para acceder a servicios sanitarios o educativos.

El día 24 también El País decía, en referencia al status de Coke como uno de los grandes “dones” de la droga en Jamaica:

Se ocupan de pagar los colegios de los niños en las comunidades que viven, y de ayudar a los más necesitados lo que hace que los ciudadanos de estas comunidades les defiendan con su vida si es preciso.

Es probable que en Tivoli (barrio en el que manda Dudus) haya mas armas que toda la policía de Jamaica por lo que el Ejército está tomando las calles, que están bloqueadas por los seguidores de Dudus.

Los narcotraficantes jamaicanos, como sus pares brasileños o como Hezbolá en el Líbano, constituyen un verdadero estado paralelo que proporcionan los servicios sociales que el Estado no puede ofrecer y con una capacidad armada que les permite responde a los desafíos del gobierno.

Es más, la legitimidad obtenida por los servicios sociales proporcionados no es una compensación por la violencia ejercida. Las organizaciones criminales saben que la gente tiende a distinguir entre el gran crimen organizado y la pequeña delincuencia común. Sólo esta última afecta de forma inmediata a la gente.

Al respecto añadía El País el día 30:

Se dice que la razón por la que no hay delincuencia en Tivoli es porque Dudus asegura el Order, el orden absoluto en el barrio. Si alguien tiene un problema no va a la comisaría de policía, va a hablar con los hombres de Dudus.

Brasil, México, Colombia… Ahora Jamaica.

Paul Virilio, qué delirio

Hay una historia no contada en la elaboración de un libro. Los párrafos que se cayeron de la redacción final. Las ideas que se dejan pendiente para próximos libros. Los callejones sin salida tomados. Y en esto último están los textos que te lees buscando algo que finalmente no encuentras.

Acabo de leerme “Pure War”, un libro de entrevistas a Paul Virilio y me ha parecido una colección de frases epatantes tan sorprendentes como vacías.

Es algo que deja a uno en la difícil tesitura de decidir si sus limitaciones intelectuales le impiden entender o si se encuentra ante una genial tomadura de pelo. Y yo no me considero tonto.

Entonces me encuentro esto. Un libro sobre Virilio Studies. Hay gente que se gana la vida escribiendo sobre las ideas de Paul Virilio. El mundo se ha vuelto definitivamente loco.

Arquitectura, urbanismo y guerra

Salta a la vista que este blog ha sufrido una renovación en los últimos tiempos. Nueva plantilla, nuevas fotos de cabeceras. una página dedicada al primer libro, otra dedicada al proyecto del segundo, y un “acerca de” este blog (aún por mejorar). Queda explicar en la propia página qué pinta aquí “Viajes“. Queda emplear en serio las etiquetas (“tags”) y reorganizar los temas. Queda recuperar el vínculo entre el blog y la galería de fotos de Flickr.com Y queda, madre mía cuánta falta hace, meterme con los enlaces. En bloglines.com sigo varias decenas de blogs y es hora de ir compartiendo fuentes de información interesantes.

Empezaré hoy por una de mis frustrada inquietudes a la espera de encontrar algún tiempo para un proyecto futuro. Frustración, supongo, producto de haber estudiado una carrera que me hizo compartir facultad con perroflautas y paleomarxistas varios en vez de gafapastas amantes del cine francés y el sushi. Allí donde se cruzan la arquitectura soñada por la literatura ciberpunk, las perspectivas más sociales del urbanismo y el estudio de la transformación de la guerra se encuentra un territorio, nunca mejor dicho, cubierto por varios blogs.

Aquí van tres y un aperitivo en cada uno.

BLDG Blog sobre John McClain como un hacker arquitectónico.

Complex Terrain Lab sobre el problema de los cargos burocráticos aislados de la realidad que deben gestionar en una burbuja fortificada como la Zona Verde de Bagdad.

Subtopia sobre la destrucción en Gaza y los túneles que atraviesan la frontera con Egipto.

En el segundo capítulo del libro de “Guerras Posmodernas” hablo del creciente papel internacional de las grandes urbes y de la progresiva urbanización de la población del planeta. Me gustaría algún día ver algún materiales en español que exploren y profundicen en el tema. Pero mientras tanto este blog seguirá haciendo de hombre orquesta.

Tiro al blanco

Tengo aparcado el blog Flanco Sur pero eso no quita que siga la actualidad de la zona (y que en un futuro lo retome).

Vi en su momento con esperanza el proceso democrático en Mauritania cortado en seco con la excusa de la crisis económica y el deterioro de la seguridad. Cualquiera que haya estado de vez en cuando al tanto de lo sucedido en ese país no tan lejos de Canarias habrá constatado el creciente peligro para los occidentales. No hay que olvidar a los cuatro turistas franceses asesinados en diciembre de 2007, la cancelación del Rally París-Dakar en 2008 por las amenazas de Al Qaeda en el Magreb Islámico o el asesinato de un cooperante estadounidense en enero de este año.

Me encuentro con que llegan las “primeras críticas” que “enojan a la dirección de la caravana solidaria.

Conozco esa reacción. La sorpresa de los progres al constatar que los guerrilleros/terroristas/piratas/rebeldes de turno matan, secuestran y roban. Y la incredulidad de que ellos sean sus víctimas. Estamos en el meollo del asunto que incapacita a cierta izquierda para entender las guerras posmodernas y que hace que a estas alturas sean más interesantes las aportaciones sobre el asunto de realistas políticos o conservadores.

Cierta bastardización del pensamiento marxista basándose en la idea de que “el ser social determina la conciencia” quiere ver en cada movimiento armado el reflejo de una condición objetiva material de pobreza y opresión. Una visión bien condimentada con el mito del buen salvaje pero que salta pedazos cuando nos entran en la ecuación millonarios y niños de papá. Pero especialmente cuando de lo que se trata es de analizar los movimientos identitarios, los conflictos crecientemente anómicos o simplemente la violencia como medio instrumental para el lucro. Y si de algo están llenas las guerras posmodernas son de todos estos casos donde la figura del “pobre campesino que toma las armas por desesperación” no cuadra. Quizás a esa misma izquierda habría que recordarle el concepto marxista de lumpenproletariado.

Puede que el conflicto comience con un campesino o un pescador desesperado. Pero una vez se pone en marcha el ciclo del conflicto el genio de la violencia no vuelve tan fácilmente al interior de la botella. Cuando alguien prueba el status social que emana de la punta del fusil y se le abren las puertas del enriquecimiento robando, secuestrando o saqueando la llegada de bien intencionados cooperantes a su entorno no proporciona una sola razón para volver a casa. Aunque algún ministro haya soltado los desatinos de que en Afganistán sobraban militares y faltaban cooperantes.

Otro problema es la sorpresa creciente de periodistas y cooperantes al encontrar que su condición de tal no les proporciona automáticamente estatus neutral. Sería largo e interesante discutir el grado de neutralidad desde un punto de vista jurídico y bélico de una organización humanitaria occidental que trabaje en Afganistán. A veces el típico etnocentrismo occidental impide ver cuánto hay de precisamente occidental en la agenda solidaria buenrollista del desarrollo integral con sus proyectos sostenibles y sus escuelas para niñas tan en las antípodas del “I love the smell of napalm in the morning”. Algo que sin haber pasado por una facultad de antropología o estudios culturales resulta evidente a un talibán.

Pero lo más importante e inquietante es que en el colapsado panorma informativo internacional otro reportaje más sobre una olvidada guerra en el África subsahariana u otra escaramuza en los valles de Afganistán apenas logrará colarse en las noticias. El reportero que llegue a un valle perdido tiene poco que ofrecer al grupo armado local. Ya no hace falta que nadie vaya a Afganistán a entrevistarse con Bin Laden. Él ya hace llegar los vídeos a los medios de comunicación. Quien tiene un cámara que grabe vídeo y un acceso a Internet puede difundir los comunicados que quiera. Sin embargo hay una forma rápida de captar la atención mundial: Montar un bonito show con un demacrado periodista occidental llorando ante la cámara pidiendo por su vida. La democratización de las tecnologías de comunicación ha reducido el valor del periodista para los grupos armados con objetivos políticos. Cuando ni siquiera hay un transfondo político, sólo anomia, el pellejo de cooperantes y periodistas no vale un duro.

Desmitificando la piratería en Somalia

Una semana después de que El Mundo publicara un artículo sobre la privatización de la seguridad de los pesqueros españoles, en el que aparezco citado, y de vuelta a la rutina veo que el secuestro del atunero Alakrana sigue pendiente de resolverse.

Me ha llamado la atención encontrar no uno, sino dos artículos sobre el asunto escritos desde la óptica de la izquierda perro-flauta en el diario Público. Qué esperar de esa izquierda que vive confortablemente en el mundo desarrollado y siempre encuentra alguna realidad que retorcer para así aplaudir a un tirano, un terrorista o un simple criminal.

El argumento de que los piratas somalíes son depauperados pescadores no cuadra con el dato de que los pesqueros no son más que una escasa minoría de los barcos que sufren ataques. Según el informe anual del ICC International Maritime Bureau del total de 293 barcos que sufrieron ataques en 2008 sólo 9 eran pesqueros. Habría que desglosar las estadísticas por cada región del mundo. Pero estoy seguro que en el área del Cuerno de África las proporciones resultantes serían las mismas.

Más aún, la idea de que los piratas somalíes actúan como reacción a la explotación de los recursos pesqueros de la ZEE somalí tendrá sentido si fuera dentro del radio de 200 millas náuticas en donde tuvieran lugar los ataques piratas. Pero un vistazo a la distribución geográfica de los ataques rápidamente desmiente el bulo. Ahí está el ejemplo del carguero chino secuestrado a 700 millas de la costa de Somalia. Algo así sólo es posible por el uso de barcos-nodriza desde los que lanzar el par de lanchas que emplean los piratas en la mayoría de los ataques.

El mapa de la localización de los ataques piratas refleja otra cosa importante: La mayor concentración de ataques se produce en el Golfo de Adén, en el corredor de entrada y salida del Mar Rojo. Por allí pasa el tráfico marítimo que conecta Europa y el Mediteráneo con el Golfo Pérsico y Asia Oriental. La respuesta internacional ha sido tratar de concentrar todo el tráfico en una ruta prefijada a la que proporcionar especial vigilancia a la vez que procurar reunir convoyes de barcos.

Por otro lado la dispersión de los ataques piratas en la cuenca somalí refleja lo tremendamente atomizado que es el tráfico de buques en la zona. Lo mismo podría decirse de la actividad de los atuneros en la zona. Esa es la principal razón de lo difícil que se le presenta a la misión europea dentro de la Operación Atalanta solventar el problema de la piratería que afecta a los pesqueros españoles. Sólo seguridad in situ en los barcos puede ser una solución viable, tal como apuntábamos en una columna de opinión en InfoDefensa.com

Hasta ahora el uso de seguridad privada suficiente y eficaz en los atuneros españoles pasaba por la superación de los límites legales de la Ley de Seguridad Privad española. En primero luegar fueron el secretario de Estado de Defensa, el secretario general del Mar y el de Política de Defensa los primeros en hablar de un cambio de la ley. Ahora hizo lo propio el Ministro de Interior. Se avecinan tiempos interesantes.

[Actualización 27/10/2009: Corregido el enlace al artículo de El Mundo. Gracias al Tirador Solitario por el aviso]

Piratería y seguridad privada en InfoDefensa.com

Anoche estuve entre el público de la mesa redonda “La piratería en el siglo XXI” organizada por el Cluster Marítimo Español. Tiempo habrá para ver las repercusiones de todo lo interesante que anoche se habló allí.

Me llamó la atención que un representante de los armadores dijera que llevan tratando de llamar la atención sobre el problema desde hace tres años. Yo les gano. No fue casual mi presencia allí. Precisamente ayer el portal de noticias Infodefensa.com publicaba “Una nueva seguridad privada para un mundo complejo”.