En la última entrevista que me hicieron en Radio Sefarad, a cuenta de la decadencia militar de Occidente, terminé dibujando a grandes trazos un panorama internacional bastante complicado e impredecible. No es que Jorge Rozemblum me pidiera que edulcorara la realidad, pero es que la realidad no sigue un arco narrativo hacia un previsible final feliz. Es Juego de Tronos.

Trump

El jueves terminó la Convención Nacional Republicana que proclamó como candidato a las elecciones presidenciales de Estados Unidos al multimillonario Donald J. Trump. En un ciclo electoral normal, las barbaridades dichas por Trump hubieran hundido la campaña de cualquiera. Pero esta no ha sido una campaña cualquiera. Cuando me fui a la cama de madrugada mi timeline de Twitter se llenó con los comentarios sarcásticos y tajantes de los analistas y expertos que sigo, comentando el discurso de Trump. Todos estaban horrorizados y asombrados, incluso los conservadores. Los principios de Trump van en contra de los defendidos por el Partido Republicano anteriormente. Pero como ya dije, esta no es una campaña cualquiera.

Donald Trump ha soltado disparates, medias verdades y mentiras que los periodistas se han encargado enseguida de señalar. Pero el periodismo de fact checking está en horas bajas. Con Trump y el referéndum del BREXIT se habla ya del mundo postfáctico. La gente está cansada de los expertos y sus pizarras en la tele. Trump apela a las emociones. Quiere convertir a Estados Unidos en un país ganador y en un gran país de nuevo para volver a los buenos viejos tiempos. No se sabe cómo lo va a hacer. Su campaña se ha basado en frases que encajan en un tuit. Y los expertos políticos se rascan la cabeza ante alguien que ha llegado tan lejos en una campaña presidencial sin presentar un programa político.

Sí hay cosas que Trump ha dicho claramente. Y cada vez que las dice, todos esos expertos que sigo en Twitter se escandalizan. Ha dicho que la OTAN “podría” estar obsoleta y que le cuesta mucho dinero a Estados Unidos. Y que en caso de invasión rusa de las Repúblicas Bálticas, a pesar de lo que dice el Artículo 5 de la OTAN, no acudiría inmediatamente en defensa de esos países sin revisar primero si esos países “han cumplido sus obligaciones” hacia Estados Unidos.

estonianworld.com
Soldados estonios en Afgansistán. Foto vía estonianworld.com

La respuesta de Trump, han dicho muchos, suena como música en los oídos de Vladimir Putin, líder con el que ha intercambiado piropos. Y es que la “conexión rusa” de Trump es densa. Paul Manafort, director de su campaña electoral, fue asesor político del despuesto presidente ucraniano Viktor Yanukovych, aliado de Moscú. Mientras que Carter Page, su principal asesor de política exterior trabajó para la empresa pública rusa Gazprom y es abiertamente prorruso, como demuestran sus artículos publicados sobre la crisis de Ucrania. Llama la atención el apoyo a Trump expresado desde Rusia por Alexander Dugin, figura relevante del euroasianismo. O los comentarios favorables hacia Trump de Tierry Meyssan en Voltairenet.

Hasta ahora el Partido Republicano había mantenido una línea dura con la Rusia de Putin. Pero la influencia de Trump ya se notó en la Convención Nacional Republicana, donde el personal de la campaña de Trump hizo labor de pasillo para que el programa republicano no incluyera el envío de armas a Ucrania, yendo en contra de las postura sostenida por el partido hasta la fecha. Y Newt Gingrich quitó importancia a las declaraciones de Trump sobre no defender de forma automática a las repúblicas bálticas mencionando a Estonia como “un lugar que está en los suburbios de San Peterburgo”.

Las conexiones personales de Trump con Rusia incluye la promoción de negocios inmobiliarios allí y el flujo de inversiones rusas a sus proyectos. Considerando que Trump se ha negado a hacer pública su declaración de impuestos, un gesto que todos los candidatos a presidente en Estados Unidos han hecho voluntariamente desde 1976 sin que haya una ley que les obligue, no hay forma de saber el valor de su fortuna real y en qué empresas tienen participaciones por qué valor. Pero sí se sabe que tras la bancarrota de Trump Hotels and Casinos Resorts en 2009, los negocios de Trump han sido muy dependientes de las inversiones procedentes de Rusia.

Justo al día siguiente del discurso de Trump, aceptando la candidatura republicana, Wikileaks publicó 19.252 correos, con fechas entre enero de 2015 a mayo de 2016, robados de un servidor del Partido Demócrata. Los correos muestran que el aparato del partido prefería la candidatura de Hillary Clinton sobre la de Bernie Sanders y poco más. Wikileaks ha sido tan descuidada como para volcar a Internet los correos en bruto, que incluyen datos personales como dirección postal, número de la seguridad social y datos de la tarjeta bancaria de las personas que hicieron contribuciones al partido vía Internet.

Anteriormente, Wikileaks publicó correos electrónicos con fechas entre junio de 2010 y agosto de 2014 robados del servidor de la Fundación Clinton, período que coincide aproximadamente con el tiempo en que Hillary Clinton fue secretaria de Estado (21 de enero de 2009-1 de febrero de 2013). Pareciera que Wikileaks, organización con notorios vínculos con Rusia, la ha emprendido con Hillary Clinton. De hecho, los datos apuntan a que los robos de correos fueron realizados desde Rusia y Wikileaks ha sido instrumentalizada en la operación como intermediario con el público.

Julian Assange entrevistando al líder de Hezbolá en su primer programa en Russia Today.
Julian Assange entrevistando al líder de Hezbolá en su primer programa de televisión en Russia Today.

Jonathan Chait se pregunta directamente “¿Está trabajando Donald Trump para Putin?”. Robert Zubrin llama a Trump “el candidato del Kremlin”. Michael Crowley hace lo mismo para centrarse en la cobertura informativa de RT sobre Trump. Anne Applebaum escribe sobre las consecuencias para Europa y recuerda la película “El candidato de Manchuria” (1962), cuya trama gira sobre un plan comunista para colocar a un agente como presidente de los Estados Unidos. La misma referencia ha empleado Paul Krugman para el artículo “El candidato de Siberia”. Franklin Foer llama a Trump “la marioneta de Putin”. William Kristol, un eminente neoconservador, se pregunta al respecto del partido republicano “¿El partido de Putin?”. Garry Kasparov dice que Trump le recuerda a Putin. A lo mejor es exagerado pensar en Trump como un instrumento del Kremlin. A lo mejor es simplemente un tonto útil.

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4 thoughts on “El mundo se ha vuelto loco: Trump y la Nueva Guerra Fría

  1. Todo lo que gira en torno a Trump es inquitietante. Son muy preocupantes sus declaraciones sobre la OTAN, sobre Europa y sobre otras cuestiones nacionales e internacionales. Pero a mí, personalmente, además de estas cuestiones mencionadas, lo que también me preocupa mucho es la posibilidad de que este tipo sea un lunático autoconvencido de su propia «genialidad» y visión de futuro. Un tipo así nos puede llevar al precipicio.

    Nunca he estado seguro de si Trump es un tipo muy listo o un tipo muy tonto. No hay nada más peligroso que un estúpido llevando el timón del barco.

  2. Dudo mucho que un personaje del perfil psicológico de Trump pueda ser un bobo unidimensional que sea fácilmente manejable por Putin y su entorno, como también resulta altamente probable que su candidatura sea una especie de joint venture política que satisface mutuamente a ambas partes, por encima de aliados tradicionales.
    Ahora bien, en los momentos de tránsito de un paradigma a otro, no hay error más común que medir con la regla del viejo paradigma los nuevos fenómenos o sucesos. Es como medir con funciones lineales sucesos que se expresan con funciones cuadráticas…
    En cierto sentido, y salvando mucho las distancias, Trump conlleva una especie de movimiento refundatorio que ha empezado por el GOP pero podría extenderse a América como nación. Si será la versión americana de Zapatero el Ataturk del XXI, estamos lejos de saberlo, pero el hecho de que haya establecido una línea muy clara y visible entre lo que piensa tocar y lo que no (lealtad a Israel, derecho a portar armas, etc), deja muy a las claras que aunque los términos exactos de su agenda no están precisados, es evidente que tiene en mente una dirección bien trazada de a donde piensa ir en este mundo multipolar.
    Sustituir a Rusia por China como gran contrincante, abandonar los lazos colectivos con Europa Occidental (un lastre para su política exterior) para sustituirlos por lazos económicos puros y duros, focalizar en el islamismo la visión y la misión del futuro americano… Todo ello forma parte de un nuevo reposicionamiento de una nueva USA más compacta que global, más intensa que extensa. Como Ataturk con el Imperio Otomano, Trump pretende dejar a América libre de ataduras y compromisos, aunque a diferencia de aquel, por ser la primera potencia mundial, ello no llevaría a un paso atrás en el gran escenario, sino a su anfianzamiento en un contexto de primus inter pares.
    Competir en el muy largo plazo con el potencial demográfico de China e India, con la emergencia de conflictos en los países que rodean la “banda islámica” es un ideal inalcanzable para Estados Unidos. Pero sobrevivir unificado al siguiente escenario al próximo (algo que Rusia, China, la UE o India bien podrían no lograr) le pondría en una buena posición de partida de cara a disputar la hegemonía global en la segunda mitad del siglo XXI.
    ¿Es autoconsciente Trump de esta larga hoja de ruta? No lo creo. Pero en la medida en que el alcance de sus reformas tengan más o menos calado se le podrá juzgar en el futuro como el interruptor que la puso en marcha.

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