McCain y el final de algo

El funeral de John McCain fue un espléndido espectáculo político. El presidente Trump fue el gran ausente y, aunque ningún discurso lo mencionó por su nombre, todo el mundo entendió que la exaltación de virtudes atribuidas al fallecido en realidad era una lista de reproches al actual presidente.

La rotonda del Capitolio con el féretro de John McCain el 31 de agosto. Al fondo, los cuadros que representan a Cristóbal Colón desembarcando en América y Hernando de Soto descubriendo el río Mississipi. Foto: Justin Sullivan/Getty Images/AFP

Dijo Obama en su discurso, causando risas en el público, que la forma de McCain de reír el último era teniendo a los dos anteriores presidentes juntos hablando bien de él. Así, pudimos ver nuevamente a George W. Bush en actitud amistosa con Michelle Obama. Es interesante pensar que para el trumpista medio el consenso mediático en torno a la figura de McCain y los repetidos gestos amistosos entre antiguos rivales políticos son prueba de la existencia de una casta política respaldada por unos medios elitistas que viven de espalda al pueblo estadounidense.

Cuenta Eduardo Suárez en Letras Libres cómo con John McCain muere un cierto tipo de hacer política en EE.UU., caracterizada por la independencia de los congresistas y la porosidad de las fronteras ideológicas. Yo me pregunto si la muerte de McCain, del que se dice que nunca hubo guerra en la que los Estados Unidos pudieran verse implicados que le pareciera mal, simboliza también el ocaso de Estados Unidos como hiperpotencia global intervencionista.

Mientras tanto, en el lado oscuro de Twitter he leído barbaridades sobre el fallecido. Según una teoría conspirativa que aporta como prueba una foto se reunió en Siria con el líder del Estado Islámico. La clave de la teoría es que en un viaje a Siria, donde McCain se reunió con figuras de la oposición al régimen, se ve un hombre con barba y bigote que se parece al califa Ibrahim como un árabe con barba y bigote se parece a otro árabe con barba y bigote. Pero hubo algo que me llamó la atención y me pareció sintomático de una forma de entender la política y el mundo.

Resulta que leí una y otra vez comentarios a la condición de veterano de la guerra de Vietnam de McCain, al que se le calificaba de asesino y criminal de guerra. Y entonces pasó una cosa curiosa. Leí una mención a Vietnam entre los países donde se había mostrado respeto y desde donde se habían transmitido las condolencias por su fallecimiento. Así que decidí buscar sobre el tema tras leer un tuit muy dolido y sentido.

¿Qué encontré al buscar en las noticias de Vietnam? Que en Vietnam se consideraba a McCain un símbolo del acercamiento entre los dos países. La prensa de allí mencionaba tanto los mensajes oficiales como la opinión de ciudadanos corrientes que se habían acercado a la embajada a dejar mensajes de condolencia en un libro habilitado para el efecto. McCain era percibido como alguien que había hecho la guerra contra ellos de joven y en cambio ya mayor había trabajado para mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Vietnam. Recordemos que en Vietnam las reformas del gobierno comunista han abierto la economía. Y también que la preocupación en Vietnam por las aspiraciones hegemónicas de China en la región, sin olvidar el conflicto armado fronterizo entre ambos países en 1979. Esa preocupación vietnamita es compartida por Estados Unidos y ha propiciado el acercamiento geopolítico entre ambos países, con gestos simbólicos como la escala de buques de guerra estadounidenses en puertos vietnamitas. Así que en medio del sentido dolor vietnamita por la desaparición de John McCain, su amigo en Washigton, teníamos a miembros de la TrueLeft española montándose un buen postureo en nombre del pueblo vietnamita. Qué alegórico.

Cómo Rajoy compró a Trump y salvó la industria de defensa estadounidense

Tras el encuentro de Rajoy y Trump en la Casa Blanca, aparecieron en Twitter comentarios ridiculizando la supuesta compra de cazabombarderos de quinta generación F-35 Lightning II acordada a cambio del apoyo del gobierno estadounidense a la unidad de España. Los datos que se aportaban era muy específicos: se trataba de un contrato de 3.500 millones de euros por 24 aparatos. Los comentarios se repartían entre el tono jocoso, señalando los sabidos problemas de desarrollo del avión, y la indignación por el despilfarro en un país donde los niños pasan hambre y no hay dinero para pagar las pensiones. Tenemos un ejemplo en este tuit de David Arrabalí, analista político y miembro de Izquierda Unida:

Los detalles que se aportaban sobre el caso variaban entre que había sido una promesa hecha por Rajoy a Trump y que la ministra había firmado allí la compra. El usuario de  Twitter “Jaime” compartió varias capturas de tuits en los que la gente añadía detalles de cosecha propia como que eran los “más viejos de la flota”. Todo fue muy marciano, porque la verdad es que en España la toma de decisiones sobre la compra de sistemas de defensa suele ser bastante larga y por el camino se conocen los entresijos del proceso de selección, por muy amañados que estén los contratos: se crea una comisión técnica, aparecen artículos debatiendo las alternativas en las publicaciones del Ministerio de Defensa (Ejército, Revista General de Marina, Revista Española de Defensa, etc), se comparten en foros y redes sociales informaciones y diapositivas de conferencias sobre el tema, etc. Es decir, entre que se decide comprar un cacharro y se firma la compra pasa tiempo. Mientras tanto, los que estamos en este mundillo nos enteramos de lo que se cuece. Por ejemplo, sabemos que España está abocada a comprar F-35 sí o sí algún día. Además, las exportaciones de armamento de Estados Unidos se anuncian públicamente en la página web de la Defense Security Cooperation Agency mientras que las compras españolas de armamento aparecen en la página web del gobierno español, tras aprobarse en la reunión del Consejo de Ministros de los viernes. Para colmo, la noticia de la supuesta compra tampoco apareció en los portales defensa.com o infodefensa.com En definitiva, la noticia resultaba inexistente para los profesionales.

F-35. Foto: USAF vía Wikipedia.

Al día siguiente de encontrarme la noticia los 3.500 millones de euros que el gobierno español se comprometió a gastar para asegurar que el presidente Donald Trump hablara en contra del Procés habían subido a los 6.000 millones. Por ejemplo, apareció en un artículo en Menéame del usuario “anmarmor”: “Rajoy gastará más de 6.000 millones en F35 – el mayor fiasco de la aviación militar moderna”. El autor se centra en todos los problemas de desarrollo del F-35, pero comete errores que se hubiera ahorrado de haber leído un poco la Wikipedia. Curiosamente el artículo termina diciendo que los modelos equivalentes de Rusia y China están mucho más desarrollados, cuando la realidad es que el año pasado la fuerza aérea estadounidense incorporó su ejemplar nº100 del F-35 mientras que del J-31 chino sólo hay dos prototipos y el Su-57 ruso entrará en servicio el año próximo. Este último está en la categoría del F-22 Raptor, no del F-35, y su desarrollo ha sido también problemático. Supongo que son la clase de sesgos que incorporas cuando te pasas el día leyendo “información alternativa” en Russia Today.

Aviones de 5ª Generación en servicio y desarrollo. El T-50 ruso recibió el nombre definitivo Sujoi Su-57.

El siguiente paso fue la aparición de esta  no-noticia en El Salto Diario: “Rajoy ‘compra’ a Trump con un pedido de 6.000 millones en aviones”. El autor, Yago Álvarez (“Economista Cabreado” en Twitter), dice: “Desde el Gobierno se anunció que se comprarían entre 60 y 65 unidades”, con una partida de “unos 6.000 millones de euros” para sustituir a los F-18 del Ejército del Aire y los AV-8B Harrier II de la Armada. En realidad, son los datos de una noticia dada el 5 de junio de este año por el diario El País: “Ejército del Aire y Armada apuestan por comprar 60 cazas F-35 estadounidenses”.  En ella aparece la cifra de los 6.000 millones. Dos días más tarde el mismo diario titulaba: “Defensa se desmarca de la apuesta del ejército por el caza F-35 estadounidense”.  La primera hacía referencia a los deseos de los militares y la segunda la posición del Ministerio. Y es que como dije antes, desde que se plantea la necesidad hasta que se firma la compra van filtrándose informaciones.

Yago Álvarez hace un repaso rápido en su artículo a los problemas del F-35 fabricado por Lockheed Martin, a la que llama LockHeed. Según él, esos problemas han hecho que “la sostenibilidad de la empresa de armas más grande del mundo sea una duda constante” pero “el apretón de manos de Rajoy y Trump ayudará mucho a la subsistencia de esta empresa y de la industria militar americana”. Aquí pueden ver la evolución en bolsa de la empresa:

Datos: Google.

Como ven, el valor en bolsa de la empresa lleva aumentando desde 2013. En esta noticia de Reuters sobre el balance del segundo trimestre del año se dice que las perspectivas de la empresa son buenas desde la llegada de Donald Trump al poder, que el año pasado las exportaciones sólo supusieron el 27% de los negocios de la empresa y que recientemente el Departamento de Defensa estadounidense decidió añadir su pedido de F-35 a 2.456 aparatos. Como ven, ni la empresa está en apuros ni el pedido español sería el negocio del siglo para el complejo militar-industrial estadounidense.

Todo este asunto no es más que una anécdota más del Procés y sus fake news desde ambos “bandos”. Pero adivinen quién se lo ha tomado en serio.

 

 

El ruido y la señal

La elección presidencial estadounidense de noviembre de 2016 tuvo que servir de señal de alarma. Los medios de comunicación de masas dejaron de cumplir su función principal. Se habían convertido en inútiles para entender Estados Unidos. El mundo marchaba por un camino diferente al que nos contaban. Por eso presté atención a dos artículos que leí hace poco y que van a contracorriente de lo que nos cuentan los medios. Los dos plantean que el presidente Donald Trump podría ser reelegido. Suena a disparate. ¿No era un disparate pensar que iba a salir elegido en 2016?

En primer lugar leí “How the Dems can lose 2018” del conservador Ben Shapiro, que plantea que la creciente importancia del discurso identitario (género, LGTB y minorías étnicas) del Partido Demócrata lo aleja del centro y es incapaz de generar un mensaje cohesionado e ilusionante de unión. Shapiro señala un ejemplo de esa nueva realidad del Partido Demócrata en la figura de Linda Sarsour, una islamista que fue una de las organizadoras de la Marcha de las Mujeres. Hace poco llamó a una yihad contra el presidente Trump. Evidentemente luego matizó que se refería a la acepción de “esfuerzo” o “lucha personal” del término, pero sus intenciones de provocar jugando con la ambigüedad resultan claras. El discurso antisemita de Sarsour no pareció encender ninguna alarma en el entorno de la izquierda estadounidense que la ha aupado en el contexto de la “resistencia” a Trump.

Diseño de Shepard Fairey para la Marcha de las Mujeres. El conservadurismo religioso musulmán como el nuevo radical chic de la izquierda posmoderna.

Aparte del caso de Sarsour, que descubrí en los días de la Marcha de las Mujeres, me llamó la atención el caso de Tulsi Gabbard, congresista demócrata por Hawái, que hizo un viaje a Damasco para conocer la realidad del país (“fact-finding”) acompañada por dos miembros del partido fascista sirio y siendo recibida por el presidente Al Assad. Leí bastante diatribas sobre el asunto pero no me quedó claro si el viaje de Gabbard, jugando el juego del régimen, fue un acto de ingenuidad política o el síntoma de algo más serio dentro del Partido Demócrata.

El segundo artículo que me llamó la atención era del célebre Edward Luttwak.. El título ya lo deja claro: “Why the Trump dynasty will last sixteen years”. Su idea es que Donald Trump está preparando a su hija para ser candidata a la presidencia de los Estados Unidos en 2024 y que el Partido Democráta no ha entendido las causas de su derrota en las pasadas elecciones. Luttwak plantea sus ideas aprovechando una reseña conjunta de varios libros sobre las pasadas elecciones presidenciales y que considera dejan sin explicar la victoria de Trump. Sostiene Luttwak que hay un fenómeno al que no se le ha prestado atención: la pérdida de capacidad de consumo de la clase trabajadora estadounidense. Usa como termómetro el cruce de datos de ingresos y precios de coches, el tótem del consumo y la identidad estadounidense por antonomasia. Según Luttwak, comprar un coche nuevo está cada vez más fuera del alcance de las familias cuyos ingresos se sitúan no en la media sino en la mediana. Y ello se debe, dice, a la caída de los sueldos de la clase trabajadora que ha sufrido las consecuencias de la desindustrialización para verse abocada a trabajos precarios y mal pagados en el sector servicios.

La masa de dejados atrás fue incapaz de sentirse identificada con el mensaje de una Hillary Clinton progresista rodeada, según Luttwak, de “mujeres negras, activistas ecologistas, musulmanes patriotas, veganos, defensores del libre comercio e ingenieros sociales”. El único mensaje que les apelaba era el de Donald Trump y Bernie Sanders hablando de la pérdida de trabajos industriales por la globalización. Pero el aparato del Partido Demócrata prefirió a Clinton frente a Sanders, mientras que Trump, el nada sofisticado multimillonario que come hamburguesas de McDonald’s, pudo y supo enfrentarse a los elitistas candidatos del Partido Republicano.

Me pareció interesante que Edward Luttwak pensara ya en las elecciones de 2024 y en una victoria de Ivanka Trump tras dos períodos presidenciales de Donald Trump cuando andamos sobresaltados día a día con las noticias de la conexión rusa y el caos interno del gobierno estadounidense. Pero me hizo pensar más en mi propia perspectiva a largo plazo. Allá por los 90 yo era un lector de la revista Ajoblanco. Recuerdo el Informe Petras, que aún conservo, junto aquella certeza que se cernía sobre nosotros de que no íbamos a vivir mejor que nuestros padre. Por eso mi desdén ante el 15-M, que llegó diez años tarde. Recuerdo también en los 90 que me suscribí a la revista Time para mejorar mi inglés y en ella devoré cuanto pude sobre el fenómeno de las milicias estadounidenses que luego Manuel Castells explicó como un epifenómeno de la globalización y la desindustralización el segundo volumen de la edición española de La Sociedad de la Información. Rescaté el tema en marzo de 2016: “Dejados atrás: De las milicias a Trump”. Para luego plantear en la segunda parte que el apoyo a Trump era un fenómeno equiparable.

Hablamos entonces de que Trump podría ser el resultado de un fenómeno que ha estado incubándose veinte años. Y podría ser igual para el Reino Unido. El historiador Jim Tomlinson resumía las ideas que había prsentado en un congreso académico en un artículo breve en la página web de la London School of Economics titulado “De-industrialisation rather than globalisation is the key part of the Brexit story”. Me parece que hablamos poco del largo plazo. Y todo esto que les he contado de Estados Unidos no era más que una vuelta para hablar en la segunda parte de Europa en el largo plazo.

First we take Manhattan, then we take Berlin

En primero de carrera de Sociología me leí el primer tomo de La Era de la Información de Manuel Castells para la asignatura de Sociología del Trabajo y le comenté al profesor que había algo que no me quedaba claro en la visión del futuro que el libro planteaba. La sociedad de la información iba a vaciar el mercado de trabajo de los puestos de cualificación media mediante la automatización y la deslocalización. Íbamos hacia un mundo polarizado. Por un lado programadores o ingenieros bien pagados en Sillicon Valley. Por otro lado teleoperadores o limpiadoras precarizados con subcontratas y empresas de trabajo temporal. ¿Y en medio? Se suponía que la promesa del mundo tecnológico futuro traería prosperidad a todos en el largo plazo. Desde entonces, por el camino han quedado los “perdedores de la globalización”. Un concepto que ha aparecido en los análisis de los resultados del referéndum británico y las elecciones presidenciales estadounidenses.

Estados Unidos
Image: ABC.es

En “Trump presidente y los dos Estados Unidos” señalé que la clave en estas elecciones presidenciales, como en las anteriores, es el voto en los “swing states”, aquellos estados donde el voto mayoritario oscila de uno a otro partido. Los “swing states” son, principalmente, Florida y un corredor que va desde los Grandes Lagos al Océano Atlántico. Donald Trump ganó en Florida, Wisconsin, Ohio y Pensilvania, estados en los que Obama ganó en 2008 y 2012.

Estados Unidos
Imagen vía @elOrdenMundial

El corredor de “swing states” que va de los Grandes Lagos a la costa atlántica coincide, más o menos, con el “cinturón del óxido” (rustbelt), un antiguo cinturón industrial ahora en decadencia (como la Valonia belga). Es una región que en los años 90 asistió a la aparición de milicias armadas, como  el Michigan Militia Corps (Wolverines), nacido en 1994. Hablé del fenómeno el pasado mes de marzo en “Dejados atrás: de las milicias a Trump” para luego trazar un paralelismo entre el apoyo a Trump entre los blancos de clase obrera y  aquella ola de descontento que se nutrió de la misma base demográfica y social. Y es que antes de señalar a un repunte del racismo, xenofobia, machismo, etc. habría que fijarse, como hice entonces, en los puntos de vista sobre la globalización que tienen los simpatizantes de Trump de clase obrera. Algo que Gerald F. Seib planteaba en el Wall Street Journal ayer.

Quien mejor explicó cómo el voto a Trump iba a ser un voto de protesta de la clase obrera empobrecida fue Michael Moore en julio de este año. Su explicación circuló como texto (“5 reasons Trump is going to win”) y hasta el audio con la explicación en su propia voz terminó en un montaje con banda sonora como material de apoyo a Trump.

La cuestión de fondo aquí es la “promesa rota” de la globalización. Y cómo aquí en Europa la izquierda que forma parte del establishment político no ha sabido articular un discurso coherente sobre la caída de los ingresos, la precariedad laboral y los inmigrantes musulmanes que no tienen la más mínimo intención de aceptar los valores democráticos occidentales. El BREXIT y la victoria de Trump son dos hitos más de un fenómeno que va a sacudir Europa Occidental. Habrá que estar atentos a las próximas elecciones.

Véase:

“Presidente Trump” (2 marzo 2016)

“Dejados atrás: de las milicias a Trump” (14 marzo 2016)

“Dejados atrás: De las milicias a Trump” 2ª parte (2 abril 2016)

Trump presidente y los dos Estados Unidos (10 noviembre 2016)

Véase también de Andrés P. Mohorte:

El “rust belt”: la mitología decadente de la clase obrera que ha entregado la victoria a Trump

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Trump presidente y los dos Estados Unidos

Me curé en salud y no hice pronóstico alguno sobre el resultado de las elecciones estadounidenses. Aasí que no haré aquí una explicación postfacto sobre la victoria de Donald Trump. Ahora me interesa más qué pasó, porque he leído explicaciones y visto datos relacionados con asuntos que han desfilado por este blog.

En noviembre de 2013 mencioné en “Los muchos Estados Unidos” cómo el país puede dividirse en varias regiones en función de los valores de sus habitantes. Colin Woodard habla de “once culturas regionales”. Para simplificar al máximo podemos hablar de dos países. Uno lo forma el conjunto de la costa del Pacífico, la región de los Grandes Lagos y Nueva Inglaterra. Hablamos de lugares como California (donde están Hollywood y Sillicon Valley) y el estado de Washington (donde están los cuarteles generales de Boeing y Seattle). Es decir, hablamos de lugares volcados en la economía global, como lo están las  megaurbes de los Grandes Lagos y Nueva Inglaterra, como son Chicago, Nueva York y Boston.

Se trata además de una cuestión, como dijimos, de valores. En los Grandes Lagos tenemos estados como Minnesota, donde se establecieron inmigrantes escandinavos como los ancestros del personaje interpretado por Betty White en Las Chicas de Oro que hablaba de las tradiciones noruegas de su pueblito, St. Olaf. En Minnesota salió elegido como senador el humorista Al Franken por el Partido Demócrata-Agrario-Laborista, partido al que también pertenece Ilhan Omar, que en la jornada electoral de pasado martes día 8 salió elegida para la cámara de representantes de Minnesota. Omar nació en Somalia y es musulmana. Podemos decir, generalizand, que en la región de los Grandes Lagos y Nueva Inglaterra encontramos una población con valores más progresistas que el resto del país, con un mayor apoyo a los servicios públicos y políticas sociales.

En rojo: Jesusland. En azul: Estados Unidos de Canadá.
En rojo: Jesusland. En azul: Estados Unidos de Canadá.

El resto del país lo componen los estados del Sur y del interior del país, donde la población es más religiosa. De ahí que en circulara un meme en 2004 que redibujaba las fronteras de Canadá y Estados Unidos para crear dos países: Jesusland y los Estados Unidos de Canadá. Así, Canadá y los estados más progresistas de Estados Unidos quedaban unidos. Mientras que la zona más conservadora de Estados Unidos formaba país aparte. Ese concepto de un país dividido ha seguido en el discurso político estadounidense, con políticos republicanos hablando del “heartland”, el “Estados Unidos real”, para referirse a las regiones más conservadoras del interior.

Cuando escribí  “Los muchos Estados Unidos”  llamé la atención sobre otro fenómeno que hace que dividir el país en regiones homogéneas sea engañoso. En su viaje por Estados Unidos, que volcó en el libro An Empire Wilderness, el periodista Robert D. Kaplan encontró en las regiones rurales no sólo una desafección hacia las lejanos élites de Washington D.C., sino también hacia las élites urbanas locales de ciudades como Miamo o Chicago y/o el gobierno del estado local. De hecho, en bastantes condados rurales hay movimientos que abogan por cambiar las fronteras interiores del país para separarse de la regiones urbanas para formar un nuevo estado con otros condados rurales límitrofes o unirse a un estado vecino. Esa divisoria es importante a la hora de analizar el resultado de las elecciones. No es que haya un apoyo mayoritario y unánime a uno u otro candidato en cada estado del país, sino que hay también una divisoria dentro de cada estado entre los distritos electorales que incluyen áreas urbanas y rurales.

La divisoria regional ayuda a explicar en cierta forma las votaciones en Estados Unidos. El Partido Demócrata obtiene su apoyo en la costa oeste, los Grandes Lagos y Nueva Inglaterra. El Partido Repúblico obtiene su apoyo del Sur y el interior del país. Pero hay excepciones y esas excepciones son el asunto central de las elecciones estadounidenses. Resulta que hay una serie de estados que no cumplen la regla general que antes enuncié, pudiéndose decantar por uno u otro partido. Son los llamados “swing states”. Son estados como Florida y un corredor que abarca de los Grandes Lagos al Atlántico, del que forman parte estados como Pensilvania y Ohio. Los candidatos se gastan una cantidad enorme de tiempo y dinero en hacer campaña. Trump ganó en Florida y en varios estados de ese corredor. Fin de la partida.

[continuará]

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Fuente: ABC.es

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Dios los cría y ellos se juntan

No tenía ni idea quién era Roberto Centeno hasta que en septiembre de 2014 encontré un artículo suyo defendiendo varias tesis rusas sobre el derribo del vuelo MH17 en Ucrania. Sus argumentos eran de segunda mano y mercancía defecutosa. Por ejemplo, que el espacio aéreo sobre Ucrania oriental estaba cerrado y había sido abierto expresamente para el vuelo MH17. La realidad es más sorprendente todavía. El gobierno de Kiev no había cerrado el espacio aéreo sobre aquella zona de guerra. Sólo había prohibido el vuelo a las alturas que dejaban los aviones al alcance de misiles tierra-aire portátiles. De hecho dos aviones, pertenecientes a aerolíneas de la India y Singapur, volaban en pasillos aéreos paralelos al vuelo de Malaysia Airlines.

Fui señalando los errores en sus argumentos aquí en el blog en “Roberto Centeno y más mentiras sobre el vuelo MH17″. Aquel era un artículo que llegaba dos meses después de la tragedia del MH17 y llegaba tarde al debate, aportando argumentos que ya habían sido desmontados. La verdad es que me olvidé del personaje.

Vía Alberto Noguera descubro que Roberto Centeno ha contado en AlertaDigital.com, un diario digital de tendencia ultraderechista,  que ha sido contratado por la campaña de Donald Trump. No hay forma de comprobar la información, no he visto más referencias en Internet, pero es sin duda algo llamativo. Centeno consideraba uno de los factores que podría dar la vuelta a la campaña el que se demostrara que el Estado Islámico fue una creación de Hillary Clinton. Desde luego, Trump y Centeno son tal para cual.

El mundo se ha vuelto loco: Trump y la Nueva Guerra Fría

En la última entrevista que me hicieron en Radio Sefarad, a cuenta de la decadencia militar de Occidente, terminé dibujando a grandes trazos un panorama internacional bastante complicado e impredecible. No es que Jorge Rozemblum me pidiera que edulcorara la realidad, pero es que la realidad no sigue un arco narrativo hacia un previsible final feliz. Es Juego de Tronos.

Trump

El jueves terminó la Convención Nacional Republicana que proclamó como candidato a las elecciones presidenciales de Estados Unidos al multimillonario Donald J. Trump. En un ciclo electoral normal, las barbaridades dichas por Trump hubieran hundido la campaña de cualquiera. Pero esta no ha sido una campaña cualquiera. Cuando me fui a la cama de madrugada mi timeline de Twitter se llenó con los comentarios sarcásticos y tajantes de los analistas y expertos que sigo, comentando el discurso de Trump. Todos estaban horrorizados y asombrados, incluso los conservadores. Los principios de Trump van en contra de los defendidos por el Partido Republicano anteriormente. Pero como ya dije, esta no es una campaña cualquiera.

Donald Trump ha soltado disparates, medias verdades y mentiras que los periodistas se han encargado enseguida de señalar. Pero el periodismo de fact checking está en horas bajas. Con Trump y el referéndum del BREXIT se habla ya del mundo postfáctico. La gente está cansada de los expertos y sus pizarras en la tele. Trump apela a las emociones. Quiere convertir a Estados Unidos en un país ganador y en un gran país de nuevo para volver a los buenos viejos tiempos. No se sabe cómo lo va a hacer. Su campaña se ha basado en frases que encajan en un tuit. Y los expertos políticos se rascan la cabeza ante alguien que ha llegado tan lejos en una campaña presidencial sin presentar un programa político.

Sí hay cosas que Trump ha dicho claramente. Y cada vez que las dice, todos esos expertos que sigo en Twitter se escandalizan. Ha dicho que la OTAN “podría” estar obsoleta y que le cuesta mucho dinero a Estados Unidos. Y que en caso de invasión rusa de las Repúblicas Bálticas, a pesar de lo que dice el Artículo 5 de la OTAN, no acudiría inmediatamente en defensa de esos países sin revisar primero si esos países “han cumplido sus obligaciones” hacia Estados Unidos.

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Soldados estonios en Afgansistán. Foto vía estonianworld.com

La respuesta de Trump, han dicho muchos, suena como música en los oídos de Vladimir Putin, líder con el que ha intercambiado piropos. Y es que la “conexión rusa” de Trump es densa. Paul Manafort, director de su campaña electoral, fue asesor político del despuesto presidente ucraniano Viktor Yanukovych, aliado de Moscú. Mientras que Carter Page, su principal asesor de política exterior trabajó para la empresa pública rusa Gazprom y es abiertamente prorruso, como demuestran sus artículos publicados sobre la crisis de Ucrania. Llama la atención el apoyo a Trump expresado desde Rusia por Alexander Dugin, figura relevante del euroasianismo. O los comentarios favorables hacia Trump de Tierry Meyssan en Voltairenet.

Hasta ahora el Partido Republicano había mantenido una línea dura con la Rusia de Putin. Pero la influencia de Trump ya se notó en la Convención Nacional Republicana, donde el personal de la campaña de Trump hizo labor de pasillo para que el programa republicano no incluyera el envío de armas a Ucrania, yendo en contra de las postura sostenida por el partido hasta la fecha. Y Newt Gingrich quitó importancia a las declaraciones de Trump sobre no defender de forma automática a las repúblicas bálticas mencionando a Estonia como “un lugar que está en los suburbios de San Peterburgo”.

Las conexiones personales de Trump con Rusia incluye la promoción de negocios inmobiliarios allí y el flujo de inversiones rusas a sus proyectos. Considerando que Trump se ha negado a hacer pública su declaración de impuestos, un gesto que todos los candidatos a presidente en Estados Unidos han hecho voluntariamente desde 1976 sin que haya una ley que les obligue, no hay forma de saber el valor de su fortuna real y en qué empresas tienen participaciones por qué valor. Pero sí se sabe que tras la bancarrota de Trump Hotels and Casinos Resorts en 2009, los negocios de Trump han sido muy dependientes de las inversiones procedentes de Rusia.

Justo al día siguiente del discurso de Trump, aceptando la candidatura republicana, Wikileaks publicó 19.252 correos, con fechas entre enero de 2015 a mayo de 2016, robados de un servidor del Partido Demócrata. Los correos muestran que el aparato del partido prefería la candidatura de Hillary Clinton sobre la de Bernie Sanders y poco más. Wikileaks ha sido tan descuidada como para volcar a Internet los correos en bruto, que incluyen datos personales como dirección postal, número de la seguridad social y datos de la tarjeta bancaria de las personas que hicieron contribuciones al partido vía Internet.

Anteriormente, Wikileaks publicó correos electrónicos con fechas entre junio de 2010 y agosto de 2014 robados del servidor de la Fundación Clinton, período que coincide aproximadamente con el tiempo en que Hillary Clinton fue secretaria de Estado (21 de enero de 2009-1 de febrero de 2013). Pareciera que Wikileaks, organización con notorios vínculos con Rusia, la ha emprendido con Hillary Clinton. De hecho, los datos apuntan a que los robos de correos fueron realizados desde Rusia y Wikileaks ha sido instrumentalizada en la operación como intermediario con el público.

Julian Assange entrevistando al líder de Hezbolá en su primer programa en Russia Today.
Julian Assange entrevistando al líder de Hezbolá en su primer programa de televisión en Russia Today.

Jonathan Chait se pregunta directamente “¿Está trabajando Donald Trump para Putin?”. Robert Zubrin llama a Trump “el candidato del Kremlin”. Michael Crowley hace lo mismo para centrarse en la cobertura informativa de RT sobre Trump. Anne Applebaum escribe sobre las consecuencias para Europa y recuerda la película “El candidato de Manchuria” (1962), cuya trama gira sobre un plan comunista para colocar a un agente como presidente de los Estados Unidos. La misma referencia ha empleado Paul Krugman para el artículo “El candidato de Siberia”. Franklin Foer llama a Trump “la marioneta de Putin”. William Kristol, un eminente neoconservador, se pregunta al respecto del partido republicano “¿El partido de Putin?”. Garry Kasparov dice que Trump le recuerda a Putin. A lo mejor es exagerado pensar en Trump como un instrumento del Kremlin. A lo mejor es simplemente un tonto útil.

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