Tensión en el Sáhara Occidental

Entre los días 11 y 25 de agosto el Sáhara Occidental vivió una escalada de tensiones entre Marruecos y el Frente Polisario. La Gendarmería Real marroquí se introdujo en la franja de 5 kilómetros inmediata al Muro del Sáhara, que según el acuerdo de alto el fuego de 1991 está vedada para el personal armado de ambos bandos. Maquinaria y personal marroquí se dedicaron a prolongar una carretera. Además, se retiraron vehículos de lo que según Marruecos era un escondite para contrabandistas y según fuentes saharauis era un taller donde trabajaban mauritanos y saharauis. El Frente Polisario movilizó sus fuerzas al lugar y tras la intervención de la MINURSO las fuerzas marroquíes se retiraron.

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Hice un repaso a los acontecimientos de esta escalada de tensiones en el blog Magnet, donde llevo semanas colaborando. De paso, he vuelto a actualizar mi blog Flanco Sur con noticias de seguridad y defensa de los países del Magreb y África Occidental.

“Breve Historia de la Guerra de Ifni-Sáhara” de Carlos Canales y Miguel del Rey

Hace poco me encontré con un libro sobre la muchas veces llamada “guerra olvidada”. Breve Historia de la Guerra de Ifni-Sáhara 1957, la última guerra española de Carlos Canales y Miguel del Rey ocupa un vacío bibliográfico, como atestigua que tuviera una segunda edición, sobre un tema que ha sido tratado principalmente a través de obras que recogen testimonios personales, memorias y estudios del papel de unidades militares concretas.

El libro, publicado por Nowtilus a través de su colección Breve Historia, tiene las pegas típicas de los libros españoles de historia militar con carácter divulgativo, que dan una impresión de edición algo descuidada. Hablamos, por ejemplo, de las erratas. Desde “algibe” por “aljibe” a ese misterioso avión MD-115 que busqué y busqué hasta caer en la cuenta que se refería al  MD-315. Dicho lo cual, podemos decir que estamos ante un libro exhaustivo dentro de lo “breve” y bastante ameno. Además, los autores se detienen a comentar las perspectivas opuestas sobre algunos hechos que ofrecen algunos autores, lo cual enriquece el relato.

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Los autores nos ofrecen la historia de la colonización de la África Occidental Española (el enclave de Sidi Ifni, la franja de Tarfaya y el Sáhara Occidental) y el contexto del conflicto. Ya a esas alturas empieza el lector tener la impresión que la guerra de Ifni fue uno de esos casos en los que la política exterior española “brilló” como acostumbra. Cuentan los autores que ante los vientos nacionalistas que barrieron el Magreb, la postura española fue mirar para otro lado porque afectaba negativamente a los intereses franceses. Es decir, se actuó bajo el principio “todo lo que sea malo para Francia, es bueno”.  Recuerdo que algo parecido se hizo con la OAS, lo que llevó a Francia, según algunos, a pagar con la misma moneda con ETA. Pero esa es otra historia. La cuestión es que para el caso del incipiente nacionalismo marroquí fue un error, porque una vez Marruecos alcanzó la independencia en 1956 las miras del rey Mohammed V se pusieron en el enclave de Sidi Ifni.

Si España era entonces un país pobre, el recién independizado Marruecos era un país paupérrimo. Así que Mohammed V rehuyó una confrontación directa. Usó lo que hoy llamaríamos un “proxy”, en este caso una fuerza insurgente. La guerra comenzó el 23 de noviembre de 1957 con ataques a los numerosos puestos que guardaban la frontera con Marruecos. Y aquí entra en juego la “memoria histórica” de los militares españoles y el recuerdo de la Guerra del Rif, en la que puestos aislados fueron cayendo una tras otro hasta terminar en el Desastre de Annual. Así que la orden fue evacuar las pequeñas guarniciones para atrincherarse en Sidi Ifni, dejando el interior del territorio en manos de los insurgentes marroquíes mientras se producían deserciones de los miembros nativos de la policía.

A pesar de que se habla de la “Guerra de Ifni”, el conflicto tuvo un segundo escenario: el Sáhara Occidental, donde se repitieron los acontecimientos de abandono de guarniciones y deserciones. Las fuerzas armadas españoles se vieron incapaces de recuperar el territorio perdido ahora en manos de los insurgentes, así que hubo de negociarse la colaboración francesa. La derrota de las fuerzas insurgentes marroquíes vino en una campaña franco-española en el territorio del Sáhara mediante el empleo de aviación y fuerzas mecanizadas en febrero de 1958, la conocida como Operación “Teide”/”Écouvillon”. Simultáneamente fuerzas llegadas de la Península y Canarias limpiaron de insurgentes el enclave de Sidi Ifni. El avance de columnas móviles precedidas por el lanzamiento de paracaidistas me recordó a la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” aplicada por los franceses durante la Operación “Serval” en Mali.

Mapa-Ifni-57-58

A pesar de la derrota de los insurgentes marroquíes, al término del conflicto se entregó a Marruecos la franja de Tarfaya. El enclave de Sidi Ifni se entregó en 1969 bajo el eufemismo  de “retrocesión”. En la práctica España sólo volvió a controlar poco más que un perímetro alrededor de la ciudad.

El interés de Francia en ayudar a España no queda muy claro en el libro, pero es de suponer que tuvo que ver con que Marruecos incitó a la rebelión contra España una serie de tribus que se extienden desde Mauritania al sur de Marruecos, lo que podría afectar a los territorios en manos francesas (véase el primer mapa). El asunto tribal recorre todo el libro y deja en el final del relato de los acontecimientos la puerta abierta al conflicto del Sáhara.  La cuestión es que en 1957 no existía el nacionalismo saharaui y los habitantes del Sáhara Occidental mataron y murieron para unirse a Marruecos. La absoluta contingencia de la causa saharaui y su irrupción de última hora ya la explicó José María Lizundia en El Sáhara como metarrelato.

Uno de los asuntos que llama la atención todo el tiempo y en el que insisten los autores del libro es la enorme precariedad de medios de las fuerzas españolas. En 1953 se habían firmado los acuerdos con Estados Unidos, que permitieron la llegada de material de guerra moderno al país. Pero Washington se reservó derecho a veto sobre su uso y la Guerra de Ifni era vista como una guerra colonial. El Ejército del Aire español, que contaba ya entonces con reactores F-86 y T-33, se vio obligado a emplear los desfasados Casa 2111 e Hispano Aviación HA-1112, versiones españolas de los Heinkel He-111 y Messerschmitt Bf-109 respectivamente. Se contó con el apoyo de fuego de buques supervivientes de la Guerra Civil. Hay en el libro varios ejemplos de ataques aéreos y navales que no dieron “ni a tres montados en un burro”.

Heinkel 111
Un CASA 2111 “Pedro” tras un aterrizaje forzoso en Sidi Ifni. (Foto: Ejército del Aire).

Si los medios aéreos parecían sacados de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, el aspecto de las fuerzas terrestres no era mejor, con soldados en alpargatas y fusil Máuser. Escaseaban los vehículos todetereno y camiones. Las radios fallaban o no tenían alcance. Por no hablar, de la logística, con problemas para entregar agua y comida variada a la tropa que vivía en condiciones de vida miserable. El estado de las fuerzas armadas no sólo era un reflejo de la situación de España en la posguerra, sino el producto de la desidia del régimen.

Ante el panorama relatado, la intervención francesa fue decisiva. Además, Francia fue el origen de materiales estadounidenses ya de tercera mano, como los blindados M-8 Greyhound y los aviones T-6 Texan, que se pudieron usar sin restricciones. Los autores plantean que hubiera sido de aquellos territorios de no haber intervenido Francia. Un idea que también planteó José María Lizundia en su libro. Pudo haber sucedido que el Sáhara Occidental hubiera sido absorbido por Marruecos entonces y nunca hubiera nacido el Frente Polisario.

El libro relata unos hechos de armas olvidados y que las operaciones en lugares como Afganistán o Mali ponen de nuevo de actualidad. Me pareció interesante conocer el contexto completo de los hechos que convirtieron en héores a nombres como el teniente Ortiz de Zártate (que da nombre a la III Bandera Paracadista) o Maderal Oleaga (que da nombre al XIX Grupo de Opeaciones Especiales). Y tal como los autores dicen, son unos acontecimientos necesarios de conocer para entender las relaciones con Marruecos.

Ofensiva mediática marroquí

En mi recorrido por los kioskos en busca del número de febrero de Fuerzas de Defensa y Seguridad me encontré el semanario Marruecos Siglo XXI y el mensual Kántara.

Marruecos Siglo XII ya lo conocía y he comprado varios ejemplares. Es un semanario de información general que trata temas españoles y marroquíes. Me fue imposible encontrar página web alguna más allá de un perfil de Facebook donde aparece la portada de un número 0 de la revista que copia el diseño de Monocle. Su cuenta de Twitter no parece mucho más activa. La revista fue lanzada en junio. El número que tengo en mis manos es el 30 y corresponde a la semana del 3 al 9 de febrero de 2010. En sus 68 páginas sólo encontraremos tres páginas completas de publicidad y las tres pertenecen al Groupe Crédit Agricole du Maroc. No entiendo mucho del negocio editorial pero no creo que una publicación alcance medio año de existencia saliendo a la calle todas las semanas con sólo tres páginas de publicidad. Evidentemente alguien está financiado a pérdidas la aventura editorial.

El caso de “Kántara”, que también sólo cuenta con perfil en Facebook, es aún más llamativo. Lo vi en su momento anunciado en la contraportada de El Mundo y El País poniendo toda la carne en el asador en su segundo número: “La cara oculta del Frente Polisario: Financiación, pirateria, terrorismo”. En la portada, en medio de dos personajes que supongo del Frente Polisario, aparece la imagen más conocida de Abdelmalek Drukdel, líder de Al Qaeda en el Magreb Islámico. El intento de vincular al Frente Polisario con Al Qaeda es un objetivo permamente de la prensa marroquí de un tiempo a esta parte. Y está consiguiendo tener resonancia en medios y think tank conservadores de Estados Unidos, donde la maquinaria del lobby marroquí está bien engrasada. Ya hay quien allá en Estados Unidos advierte del riesgo de un hipotético “estado débil” saharaui convertido en nido de terroristas.

El último número de Kántara, el tercero y correspondiente a febrero de 2011, tiene como portada “¿Por qué los españoles odian a los marroquíes?” Claro y directo el objetivo de lo que en término militares se denomina “Operación de Influencia”.

Pequeñas noticias terribles

Pensaba titular esta entrada “Los tomates del islamismo” o “Islamismo y tomates”, muy en mi línea de encabezados llamativos. Pero recordé una película de Stephen Frears del año 2002: “Dirty pretty things”. Porque nuestro mundo se construye a golpe de pequeñas sucias realidades que pasan desapercibidas.

Mientras afilaba el lápiz (¿o el cuchillo?) para hablar de las negociaciones con ETA caí en la cuenta de una de esas noticias aparentemente intranscendente que hablaba de tomates marroquíes. La encontré en la sección de economía de la edición del lunes del diario El País. Ahora mismo no encuentro el recorte (cabía en la palma de mi mano). Pero vía Google News la veo reproducida en diarios locales y espeicalizados.

La cuestión es que asociaciones de agricultores protestan y el gobierno español ya se ha quejado porque Marruecos ha inundando el mercado del tomate haciendo bajar los precios. No entraré en detalles. Esta es una semana en la que no puedo dedicar mucho tiempo al blog. Pero la situación es la misma de siempre. Países no desarrollados producen más y más barato productos que entran en directa competencia con los del mundo desarrollado. Pero tienen problemas para acceder a ese mercado por las medidas proteccionistas que promueven los lobbys agrícolas.

Sé que en la ecuación entran zonas de España que a día de hoy más allá de la agricultura subvencionada o protegida de la competencia sólo tienen al cemento por alternativa. Pero la próxima vez que busquemos las causas del auge de tantos -ismos deberíamos mirarnos por una vez el ombligo.

Un flanco sur profundo

En el verano de 2000 me enganché a un foro de temas militares en Internet. Allí coincidíamos un grupo reducido de frikis y algún militar de carrera bajo pseudónimo, en los tiempos previos al boom de la banda ancha. Por aquel entonces, y lo sigue siendo, uno de los temas recurrentes en cualquier discusión sobre las compras de armamento de España era la hipótesis de un conflicto con Marruecos. O el tema, salía simplemente por sí mismo. Siempre había alguien que llegaba por primera vez y preguntaba algo por el estilo de “¿y la armada marroquí cuántos barcos tiene?“. El panorama editorial de revistas especializas en España por aquel entonces era escaso, y rara vez se encargaban del norte de África. En cambio las personas que navegaban por el foro parecían disponer de forma aislada información bastante interesante. Sólo era cuestión de reunirla y cotejarla. Así nació la idea de lo que se convirtió en Flanco Sur, y que el conflicto por el islote de Perejil en el verano 2002 precipitó su nacimiento.

Con el tiempo fui conocido entre el resto de colegas foreros por mi página. En algún foro tenía puesto en mi perfil mi dirección del MSN Messenger y de vez en cuando me aparecían desconocidos que querían chatear conmigo o me mandaba un e-mail. Partían de que si tenía interés en las fuerzas armadas del Maghreb yo debía compartir con ellos el ancestral miedo al moro español y por ende su ideología. Yo me tomaba el asunto con guasa. A uno que me preguntó si cierto partido de ultraderecha tenía implantación en mi provincia le conté que me definía ideológicamente como “anarcoindividualista”. Huyó espantado.

En los foros se podía, y se puede leer, las mayores burradas escritas por aquellos que fueron educados en que los moros son “taimados y traicioneros” y nuestros enemigos naturales. Desde aprendices de Maquiavelo que creen que España debería provocar un colapso del estado marroquí (!!!) a tecnofetichistas de las armas que desean fervientemente que Marruecos emprenda una carrera armamentística para que España tenga una motivo para gastar más en armamento.

Flanco Sur lleva tiempo aparcado, pero de la información que he ido recopilando a la espera de próxima actualizaciones saqué pronto la conclusión de que el desiquilibrio militar a favor de España es tal que difícilmente Marruecos emprendería una guerra convencional en caso de conflicto con España. Y por ende, la paradoja de que las fuerzas armadas españoles cumplen un papel disuasivo por el que posiblemente nunca deberán llevar a cabo la misión que da razón a su existencia. Eso lleva a una segunda lección importante que deberíamos tener aprendida por el pasado.

En vísperas de la muerte de Franco las fuerzas militares españolas en el Sáhara sumaban unos 20.000 hombres. El temor a un conflicto con Marruecos por la soberanía de la colonia había llevado a la adopción de tácticas y materiales innovadores para la época por parte de la Legión (operaciones helitransportadas, creación de una compañía de carros de combate, creación de las Secciones de Operaciones Especiales, etc.) La moral entre las fuerzas españolas era alta, se sentían conocedoras del terreno y dos intentos marroquíes de infiltrar patrullas en territorio español concluyeron con la captura de sus integrantes. Tanteada la vía militar, Hassán II decide lanzar una marcha popular con el fin de ocupar pacíficamente en el Sáhara. El empeoramiento de la salud de Franco, la incertidumbre sobre el futuro político de España y las presiones de EE.UU. ante el temor de un Sáhara independiente en la órbita de Argelia llevó a solucionar la cuestión saharaui por la vía rápida y mala. Pero esa es ya otra historia.

La cuestión es que el tenso músculo militar español no sirvió de nada. Hassan II decidió no jugar una partida que sabía no iba a ganar. Sin embargo es algo que muchos puestos a eculubrar se empeñan en creer, que en caso de un conflicto que fuera a mayores Marruecos haría justo lo que nosotros esperamos. Para la ficción literaria está bien (así sabemos que al final ganan los buenos). En la realidad la debilidad de Marruecos en términos convencionales le podría llevar a enfrentarse a España, en caso de conflicto, por medios que transcienden lo convencional: Terrorismo, agitación social en Ceuta y Melilla, impulso de la emigración ilegal o el tráfico de drogas, etc. Es algo que discutíamos cuatro locos en petit comité y que con el paso del tiempo nos hemos ido encontrando indicios aquí y allá de lo que puede estar por venir.

El desbordamiento de los conceptos clásicos de seguridad internacional y la transformación de los conflictos hacen que sean los estados de la otra orilla del Mediterráneo nuestros interlocutores y potenciales aliados. El “enemigo” ahora no son Marruecos y Argelia, sino las redes terroristas yihadistas que han aparecido en el Sahel, las redes de tráfico ilegal de personas, los problemas medioambientales y demográficos, etc.

Cuando miramos ahora al Sur tenemos que fijarnos en mucho más allá de la orilla meridional del Mediterráneo. La plaga de langosta que asoló Níger y Mali, y las guerras de Sierra Leona, Liberia y Costa de Marfil, esa clase de noticias que no prestamos atención nos abofetean ahora haciéndonos despertar. El Sahel resurge como zona de importancia estratégica, a la vez que fuente de conflictos y problemas. Desde la aparición de redes yihadistas en el desierto, la explotación petrolífera “off-shore” en Mauritania y el consiguiente golpe de estado, a las hambrunas producidas de las que hablábamos.

Estos días los marines estadounidenses andaban de ejercicios por Senegal y la costa noroccidental africana, con la participación de la infantería de marina española, que parece que es siempre de las primeras en interpretar el signo de los tiempos. EE.UU. lo tiene claro, y lanzó hace no mucho su “Pan Sahel Initiative”, que en Europa parece haber pasado desapercibida y que tiene la evidente intención de sustituir a Francia como potencia en la zona. El Sur ya no es lo que era. ¿Reaccionaremos cuando sea demasiado tarde?

Nuestra próxima guerra con Marruecos

La Razón es un periódico que dedica especial atención a Marruecos y es, creo, el único medio español en el que es habitual encontrar información de lo que pasa en nuestro vecino del sur. Su encomiable celo por mantener a los lectores informados es tal, que cuando no hay noticias se las inventa.

Tras la crisis del islote de Perejil La Razón se sacó de la manga un supuesto “rearme marroquí”. El rearme sería gentileza de Arabia Saudí, que regalaría a Marruecos cazabombarderos F-16 y helicópteros de combate Apache. El bulo tenía toques de “Expediente X”: Los Apache esperaban en una “base secreta en Arabia Saudí” su traslado hasta Marruecos junto a los F-16, procedentes de los inventarios de la Real Fuerza Aérea Saudí. Esto último era algo un tanto difícil, ya que Arabia Saudita jamás ha tenido ese avión. Pero la idea caló, y periódicamente en los foros de debate españoles sobre temas militares alguien aparece preguntando por el temible “rearme marroquí”.

Esos mismos foros han estado bastante revueltos las últimas semanas. Todo a partir de la publicación en La Razón, cómo no, el domingo 1 de mayo de una noticia según la cual España iba a vender 20 carros de combate M60A3 a Marruecos. Los carros de combate en cuestión, para más inri, saldrían de las unidades de Ceuta y Melilla según se sustiyeran sus M-60A3 por Leopard 2E.

Si la noticia no era suficiente, La Razón insistió al día siguiente. Pero la situación había cambiado en 24 horas. Ya no se trataba de vender los M60A3 una vez se sustituyeran por Leopard 2E. Se venderían sin ser sustituidos, porque ya no se consideraba necesario que hubiera carros de combate en Ceuta y Melilla. Y de paso, se anunciaba el deseo (yo diría sueño) marroquí de dotarse con 60 cazabombarderos franceses de última generación Rafale. El pifostio esta servido.

Los comentarios virulentos de los siguientes días siguieron una línea semántica muy habitual de la derecha nacionalista española: La Patria traicionada y mancillada, el moro taimado y traicionero, “España se acaba”… Salpicados por los comentarios de algún troll radikal-guay furtivo acerda de que el ejército español es de chiste y perderíamos seguro la guerra, bla, bla, bla… Curiosamente los únicos que matizaron el alcance de la noticia tanto en los foros como ante la opinión pública fueron militares de carrera.

El M60A3 es el último modelo de un carro de combate que entró en servicio por primera vez en el U.S. Army ¡en 1960!. España recibió los suyos tras el fin de la Guerra Fría y la reducción de fuerzas convencionales en Europa. Por aquel entonces ya eran viejos y fue una parche en tiempos de vacas flacas para el Ministerio de Defensa. En España están siendo sustituidos por el Leopard 2E, una versión española (mejorada) del diseño alemán Leopard 2A6. Un elemento del salto tecnológico que las fuerzas armadas españolas han dado en los últimos veinte años (cazabombardero EF-2000, carro de combate Leopard 2E, fragatas F-100, etc.)

Marruecos, en cambio, ha quedado muy atrás respecto a sus vecinos España y Argelia (que tiene un programa de rearme real e importante). Según la fuente que se consulte Marruecos cuenta con un número limitado de carros de combate de primera línea (entre 60 y 120 M60A3 y 100 T-72 llegados de 2ª mano desde Bielorrusia). Así que esa supuesta venta de 20 carros de combate, y los que podrían haber seguido más tarde, venían a confirmar las sospechas de la limitada capacidad de Marruecos de comprar en el mercado internacional materiales de primera línea. Además la jugada cobraba tintes maquiavélicos: Mejor que nos compren a nosotros, y así saber perfectamente con qué armas cuentan, que se dirijan a los mercados de la antigua U.R.S.S. y no tener ni idea qué modelos han comprado y en qué estado están.. Y es que a día de hoy posiblemente sólo en la carretera de La Coruña tengan fotos y datos de esos T-72 ex-bielorrusos.

Sin embargo durante los siguientes días surgieron varios desmentidos. ¿Estábamos ante un bulo? ¿Se trataba de un globo sonda? No importa. La bola de nieve en los foros estaba servida y durante semanas hemos discutido sobre la eventualidad de una guerra con Marruecos por Ceuta y Melilla.

Paradójicamente conocer las capacidades militares de Marruecos es darse cuenta que antes de jugar a la guerra convencional Marruecos llegaría a la misma conclusión que Joshua: Curioso juego, Dr. Falken. Parece que la único forma de ganar es no jugar. ¿Jugará Marruecos a la guerra no convencional? Es más, si una de las características de los conflictos actuales es el auge de actores no estatales, ¿necesariamente el enemigo tiene que ser el estado marroquí? Puede que la situación más factible sea el estado español y marroquí enfrentados a una amenaza no estatal común. Quizás esa guerra ya ha empezado. Y algunos todavía no se han enterado.