Bruselas y el salto evolutivo del Estado Islámico en Europa

El pasado martes 22 de marzo tuvo lugar un doble atentado en Bruselas, la capital de Bélgica. A las 7:58 de la mañana se produjo una explosión en el Aeropuerto Internacional de Bruselas (Zaventem). 37 segundos más tarde se produjo otra. Según Peter Allen en MiddleEastEye, la segunda explosión tuvo lugar entre el flujo de gente que huía de la primera. Las cámaras de seguridad captaron a tres terroristas, dos de los cuales murieron en las explosiones, mientras que el tercero huyó. Una hora más tarde una explosión tuvo lugar en la estación de metro de Maelbeek, cerca de la sede de varias instituciones europeas. El balance provisional de víctimas es de más de 30 muertos y más de 200 heridos.

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Bruxelles est (re)belle. Foto: Wikimedia.

El Estado Islámico emitió aquel mismo día por la tarde un comunicado en varios idiomas reivindicando los atentados, donde amenaza con “días negros para todas las naciones cruzadas aliadas en su guerra contra el Estado Islámico”. El comunicado hace mención a que los terroristas emplearon fusiles de asalto, cinturones explosivos y bombas. Así que estaríamos ante un intento de replicar un tipo de atentado yihadista que se ha repetido en varios continentes desde los ataques del 26 de noviembre de 2008 en Mumbai y que Adam Elkus y John Sullivan llaman “asedio urbano”. Se trata de ataques simultáneos contra lugares públicos para saturar a la policía y los servicios de emergencia por parte de terroristas con fusiles de asalto, que una vez enfrentados a la policía o acorralados hacen detonar los explosivos. Sin embargo esta vez los terroristas simplemente hicieron detonar los explosivos.

Estos atentados han ocurrido menos de una semana después de dos grandes operaciones policiales en Bélgica los días 15 y 18 de marzo que se saldaron con la detención de Salah Abdeslam, considerado el “cerebro” del grupo terrorista que atentó el 13 de noviembre de 2015 en París. Abdeslam es originario de la comuna de Molenbeek y es significativo que no fue detenido a la fuga lejos del país, sino que fue en su lugar de origen donde la policía belga le detuvo. Como apunté el pasado mes de noviembre, tras los atentados en París, la comuna de Molenbeek es conocida por ser un foco de radicalización islamista. Se acumulan allí una serie de problemas sociales que han servido de caldo de cultivo para el yihadismo. Si Abdeslam ha logrado permanecer cuatro meses huido de la policía es porque contaba en la zona con una red de amigos y simpatizantes que le han proporcionado refugio. Tras su detención, el ministro belga de Asuntos Exteriores afirmó que preparaba un nuevo atentado y que contaba con una nueva red a su alrededor en Bruselas”. Por tanto, es factible especular que los autores de los atentados son miembros de esa red que escaparon a las operaciones policiales y adelantaron sus planes de atentar en Bélgica, ya que se requiere tiempo para obtener los ingredientes y preparar los explosivos.

Imágenes de los tres terroristas captada por una cámara de seguridad del aeropuerto de Bruselas. Foto: Wikimedia.

El miércoles 23 las autoridades belgas identificaron a dos de los terroristas autores de los atentados como los hermanos Ibrahim y Jalid El Bakraoui. Ambos murieron al hacer detonar artefactos explosivos, el primero en el aeropuerto y el segundo en el metro. El segundo terrorista que murió en el aeropuerto y el tercero que huyó de allí no han sido identificados. Una de las piezas claves en la investigación fue el testimonio del taxista que trasladó los tres terroristas con tres pesadas maletas al aeropuerto. Gracias a él la policía llegó a una vivienda en el nº 4 de la calle Max Roos de la comuna de Schaerbeek, donde fueron encontrados 15 kilos de explosivo triperóxido de triacetona (TATP en sus siglas en inglés), 150 litros de acetona, 30 litros de agua oxigenada y detonadores junto con una maleta llena de clavos y tornillos para ser usados como metralla. El hallazgo es significativo porque en los atentados del 13 de noviembre de 2013 en París se empleó también TATP. Se trata de un explosivo fabricado con ingredientes al alcance de cualquiera pero que requiere maestría en su elaboración por la peligrosidad de su manejo.

Los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París reflejaron un salto en la complejidad de la ejecución y el nivel de recursos empleados, sino también en la sofisticación de los procedimientos empleados por los terroristas. Según un informe de la policía francesa al que el New York Times habría tenido acceso, la complejidad de las bombas empleadas y la estandarización de su fabricación refleja que las células terroristas vinculada al Estado Islámico en Europa cuentan ahora con miembros entrenados, posiblemente en Siria, que siguen los mismos protocolos. Además, el empleo de teléfonos para usar y tirar, el empleo de teléfonos móviles activados poco antes de los ataques y el uso de los teléfonos móviles de las víctimas en la sala de conciertos Bataclan suponen que los terroristas son ahora mucho más precavidos en sus comunicaciones.

Ese salto en los ataques terroristas en Europa supone que se ha producido un cambio de estrategia en el Estado Islámico, que ahora sí busca lanzar ataques en Occidente. Ese cambio posiblemente tenga que ver con que, tras alcanzar su cenit, los dominios territoriales del Estado Islámico en Siria e Iraq comenzaron a retroceder en el verano de 2015. Precisamente el gobierno francés, que ya había ordenado el despliegue de su aviación militar en Jordania para atacar al Estado Islámico dentro de las fronteras de Iraq, decidió redoblar los esfuerzos y desde el 27 de septiembre de 2015 la aviación francesa comenzó a lanzar ataques también dentro de las fronteras de Siria. Menos de dos meses después tuvieron lugar los ataques terroristas de París.

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Un Rafale francés sobrevolando Bagdad en una misión contra el Estado Islámico. Foto: Armée de l’Air.

Clint Watts traza un paralelismo con el grupo somalí Al Shabaab. Después de que sus dominios territoriales comenzaran a disminuir, se iniciaron los atentados en países de la región, como los atentados en dos establecimientos de ocio en Kampala (Uganda) en 2010 y contra un centro comercial en Nairobi (Kenia) en 2013. Ahora que se ha convertido en el grupo yihadista de referencia global, el Estado Islámico no tiene victorias militares que mostrar al mundo, apunta Watts. Así que lanzar atentados terroristas en Occidente contra objetivos “blandos” le coloca nuevamente en el centro de la atención mediática de todo el planeta y le permite seguir captando apoyos entre los radicalizados como el grupo de vanguardia de la yihad global.

Vincular las operaciones, sean militares o policiales, contra el Estado Islámico y los atentados no implica establecer una relación causal directa. Sin ir más lejos, el año pasado se detuvo en España a dos grupos que tenían la aparente intención de cometer atentados. Así, en abril de 2015 se detuvo a once personas en varios municipios de Cataluña y en noviembre de 2015 se detuvo a los tres miembros de una célula yihadista en la provincia de Madrid. Bien es cierto que existen ciertas diferencias entre el contexto belga y el contexto español. Sin ir más lejos, Bélgica es el país del que más han marchado voluntarios para unirse a las filas yihadistas en la guerra civil siria en proporción a su población. Lo que refleja, en cualquier caso, que no es un problema externo, se trata de una amenaza surgida dentro de la propia Europa con ciudadanos europeos radicalizados. Por lo que las estrategias contra el terrorismo no deben ser sólo a corto plazo y en el ámbito de la seguridad.

El 12 de octubre de 1984 el grupo terrorista norirlandés IRA hizo detonar una bomba en el hotel de Brighton donde se alojaban miembros del Partido Conservador británico, incluyendo los miembros del gobierno y la primera ministra, Margaret Thatcher. La habitación de Thatcher se vio afectada pero sobrevivió al atentado. Al día siguiente el IRA emitió un comunicado, responsabilizándose del ataque y dirigiéndose a la primera ministra: “Hoy no tuvimos suerte, pero recuerde que sólo tenemos que tener suerte una vez”. Con una amenaza terrorista que ha dado un paso evolutivo, las fuerzas de seguridad e inteligencia europeas tendrán que tener suerte todos los días.

El papel del régimen sirio en el auge del Estado Islámico

Foto: AFP / Joseph Eid
Foto: AFP / Joseph Eid

Resulta curioso leer a los fans de al-Assad en España defender su como baluarte ante el horror del Estado Islámico, cuando la actuación del régimen sirio ha sido muy ambigua. De hecho, hizo la vista gorda cuando el país se convirtió en la ruta fundamental de paso de todos los chiflados que querían luchar en la yihad contra la ocupación de Estados Unidos en Iraq (2003-2011). Luego, ante el estallido de las protestas en el país decretó una amnistía general que benefició exclusivamente a los islamistas radicales, que nutrieron las filas de los rebeldes. Así trató de presentar la represión como una lucha contra el yihadismo. Por último, el Estado Islámico y el régimen sirio no mantuvieron excesivas hostilidades mientras el primero dirigía su esfuerzo a arrebatarle territorios a los grupos que luchaban contra el régimen. Al-Assad ha jugado en su país al papel de bombero pirómano. Lo cuento en la revista El Medio en “Del Irak de Sadam y la Siria de Asad al Estado Islámico (y 2).

La secta del fin del mundo

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Este fin de semana el diario madrileño ABC publicó el artículo “El «califato» provoca a Occidente para que envíe soldados a Siria” donde Mikel Ayestarán nos cuenta que el Estado Islámico tiene una naturaleza milenarista y que aspira a provocar a que Occidente invada Siria para entablar allí la gran batalla de Dabiq, el equivalente musulmán del Armagedón. Dabiq es, por cierto, una localidad ubicada en el norte de Siria que además da nombre a la revista oficial del Estado Islámico. La naturaleza milenarista del Estado Islámico es algo que ya sabíamos gracias a Manel Gozalbo y un artículo suyo que considero imprescindible: “El Califato del fin del mundo”. Con este contexto, me parece interesante estudiar al Estado Islámico desde la misma perspectiva con la que analizábamos las “sectas destructivas” surgidas en los años 70 y 80 nos permite entender los mecanismos de atracción con los que gana adeptos incluso entre la población occidental  y descubrir patrones entre los decididos a dejarlo todo para irse a vivir como súbdito del Califato, más allá de las discusiones si el Estado Islámico no es verdaderamente islámico o todo lo contrario.

Una perspectiva interesante la tenemos en un artículo que publicó este fin de semana el diario madrileño El Mundo sobre las ideas del antropólogo Scott Atran. El artículo recoge su perspectiva sobre el Estado Islámico y es destacable la visión que da de cómo un grupo con ideas tan extremas y acciones que generan tanto rechazo puede resultar atractivo. Utiliza una comparativa con Hitler, cómo no, pero me parce relevante la importancia que da a una visión colectiva y utópica que lleva al sacrificio personal y a la destrucción del orden conocido.

“Nuestros países quieren que su gente disfrute una buena vida y ausencia de riesgo, pero nuestros intelectuales jamás van a luchar para preservar nuestros derechos. Hitler propone la aventura, la gloria, la muerte, la destrucción del mundo viejo y la construcción de algo nuevo que requiere un autosacrificio y 80 millones de personas caen a sus pies. ¿Por qué? Porque la gente, sobre todo joven, no quiere solamente la vida fácil, la seguridad, la moderación. Quieren un sacrificio, algo trascendental, significativo que tenga sentido en un universo caótico. Lo que está proponiendo Hitler y Bagdadi es pasión. Se debe quemar todo para salvar al mundo”.

Desde este perspectiva lo relevante no es tanto estudiar la variante del salafismo yihadismo que representa el Estado Islámico y cómo ha surgido en el contexto del Islam, como el mecanismo de captación de voluntarios para luchar en Siria. Scott Atran destaca cómo el esfuerzo de captación es individualizado. El joven que se adentra por Internet vía redes sociales o foros hasta encontrar un reclutador del Estado Islámico recibe un mensaje personalizado contra el que las campañas generalistas de los gobiernos poco pueden hacer.

El Centre de prévention contre les dérives sectaires francés presentó un informe sobre el perfil social de los “candidatos a la yihad” en Siria o Iraq de una muestra de 160 casos. El retrato robot resultante era un adolescente/postadolescente (el 63% tenía de 15 a 21 años) de clase media, de familia no religiosa y con episodios depresivos (40%) que en el 90% de los casos tenía abuelos franceses y en el 91% de los casos había vivido un proceso de adoctrinamiento  por Internet.

Julia Ioffe ha elaborado “Mothers of ISIS”, un extenso reportaje en The Huffington Post, sobre el nexo creado entre las madres de chicos occidentales que un día desaparecieron de casa o anunciaron un viaje a Oriente Medio como voluntarios de una ONG para reaparecer al poco tiempo como combatientes en Siria y al poco tiempo morir allí. Las historias que cuentan son parecidas. Los chicos coinciden en haber tenido un padre ausente, problemas personales, problemas con las drogas, dificultades en sus relaciones personales, etc. Hasta que un día se convierten al Islam, lo que da orden a su vida y genera alivio en las madres. Pero al tiempo comienzan los roces por la vestimenta de la madre, la dieta o al alcohol, hasta la ruptura definitiva. Finalmente los chicos desaparecen sin despedirse y al poco tiempo tienen noticias de ellos desde Siria. Entonces un día les llega la noticia de la muerte del hijo allí. La lejanía, la sorpresa, el shock, el sentimiento de culpa… les genera un vacío insalvable al que nadie puede dar solución. Una de ellas, canadiense, creó una asociación para alertar a padres y educadores. Por el camino fueron contactando con ella madres con casos parecidos al suyo y terminó encontrando a Daniel Koehler, un experto alemán en desrradicalización que hasta ahora había trabajado con miembros de grupos neonazis.

Además, el Estado Islámico ha realizado campañas orientadas a captar especialmente adolescentes occidentales, a  las que empareja con yihadistas con trágicas consecuencias. Un fiscal holandés planteaba el dilema de no saber cómo se les debe tratar, si como víctimas de un engaño o asumir que su viaje a Siria fue una decisión libre reflejo de un compromiso con cierta ideología. En España el primer caso saltó este año, cuando una joven de 22 años de Almonte (Huelva) fue detenida antes de viajar a Siria. Los datos que han trascendido son que es hija de un pequeño empresario de la construcción afectado por la crisis y cuyos padres están separados. La noticia destaca, para remarcar el contraste, que en su momento llegó a vestir con estética “pseudogótica” (sic) y se hizo un tatuaje en la espalda con el nombre del grupo Metallica.

El debate tras los ataques terroristas de París del viernes 13 de noviembre se ha centrado tanto en Europa como en Estados Unidos en la “amenaza externa”. Pero hay otra interna, real confirmada. Es esta de la que he hablado hoy aquí y la otra, la que anida en ciertos barrios europeos de los que se habla poco, que trataré otro día.

¿Es el Estado Islámico un Estado?

Mi última colaboración en la revista ElMed.io repasa los criterios que se manejan en relaciones internacionales para determinar si una entidad es un Estado.  La pregunta no es sólo relevante a nivel teórico, sino que entender cómo funciona el Estado Islámico es importante a la hora de combatirlo. Representarlo como un grupo de fanáticos o un mero grupo terrorista deja de lado el esfuerzo que el Estado Islámico realiza para ganar legitimidad entre la población, funcionando como un país normal, proveyendo de bienes y servicios a la población.

Pueden leerlo en “¿Es un Estado el Estado Islámico?”.

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Trabajadores del Estado Islámico.

“Estado Islámico. Geopolítica del caos” de Javier Martín

Javier Martín es un periodista español autor de varios libros. Uno de ellos, Hizbulá. El brazo armado de Dios, lo reseñé aquí. Los lectores más veteranos lo recordarán. Se trata de aquel libro donde el autor nos contaba los últimos pensamientos de miembros de la organización libanesa de camino a volar por los aires y otros proezas dignas del mejor periodigno hispano. Así que ante la aparición de Estado Islámico. Geopolítica del caos me encontré con un dilema. Por un lado estaba mi propósito de leer cuanto estuviera disponible sobre el Estado Islámico. En mi biblioteca cuento ya que con seis libros sobre el tema y cuando los haya leído todos pediré unos cuantos más que han salido mientras tanto. Por otro lado estaba la huella que me había dejado la lectura de su otro libro y mi temor de estar ante uno de esos libros que no se escriben, sino se perpetran. La solución de compromiso la hallé al poder acceder a un ejemplar del libro en una biblioteca, lo que me permitió leer el libro de un tirón una tarde sin gastar un euro y así poder darles una opinión informada.

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Para hablarnos del Estado Islámico, el autor arranca en Túnez, donde actualmente reside como jefe de la oficina de EFE en el Norte de África. Luego sigue en Cisjordania para hablarnos de la ocupación israelí. Y aquí ya encontramos el truco. El libro es un repaso ligero a la situación del Gran Oriente Medio que ofrece las reflexiones del autor sobre la pugna geopolítica de Irán y Arabia Saudita, el desencanto de la Primavera Árabe y el Estado Islámico. Pero como el somero potpourri que ofrece el libro quizás no hubiera recibido la atención del público, le han plantado “Estado Islámico” en el título como reclamo comercial.

El libro tiene el toque característico del periodismo español. Por un lado, las aspiraciones literarias que hacen que el autor nunca se tome un té caliente en una terraza concurrida, sino que se trata de un cálido y humeante té en una bulliciosa terraza durante una lánguida puesta de sol. Me lo acabo de inventar pero ustedes ya se hacen a la idea. Y ya que estamos, me llama la atención cómo Javier Martín tiene por costumbre incluirse en el libro hablándonos de su trato y amistad con los personajes que aparecen por él como informadores. Así, lo mismo cita al misterioso agente secreto “Jules” como a un amigo suyo iraní de paso por Madrid. Esa mezcla de fuentes nos lleva a ese otro toque característico del periodismo español y es la falta de bagaje bibliográfico. En el texto aparece mencionado Charles Lister y pocos nombre más.

Cuando el autor entra en materia se vuelve interesante porque aporta datos novedosos de la estructura interna del Estado Islámico, su financiación y el uso que hacen sus miembros de redes sociales pero no aparece la fuente por ningún lado. Y creo que es evidente que no se trata de datos productos de una investigación personal del autor. No hubiera estado de más notas o bibliografía.

Otra cosa que me chirrió bastante es que el autor se apuntara a la teoría conspiranoica de que Abu Bakr al-Baghdadi, el “califa Ibrahim”, se hubiera convertido en un agente doble al servicio de Estados Unidos a su paso por una prisión iraquí. Luego expone la lista de altos cargos del Estado Islámico, copada por antiguos militares del régimen de Saddam Hussein, pero el autor no ve ahí en cambio una conexión que ha estado explicand Kyle Orton en su blog.

En definitiva, un libro que encantará a los fans del #periodigno y a los periodistas españoles. Pero que no aportará al lector realmente interesado en el tema más de lo que puede hacer una selección cuidadosa de artículos gratuitos disponibles en Internet.

“ISIS: Inside The Army of Terror” de Michael Weiss y Hassan Hassan

Este es el tercer libro el Estado Islámico que reseño aquí, después de los libros de Patrick Cockburn y Loretta Napoleoni. Empecé a leerlo con la sensación de que me iba a encontrar más de lo mismo. Al fin y la cabo, no hay muchas formas diferentes de contar la misma historia. Pero cada libro aporta una perspectiva diferente. El de Cockburn es un libro con observaciones sobre el terreno en Iraq que cuenta cómo se desplomó el ejército iraquí y cómo el Estado Islámico es respaldado por la población sunní de Iraq. El libro de Napoleoni se nutre de las investigaciones y reflexiones de la autora sobre la financiación de los actores no estatales y aporta una perspectiva interesante sobre el funcionamiento del Estado Islámico como cuasi estado. El libro de Michael Weiss y Hassan Hassan por su parte me ha resultado bastante interesante porque profundiza bastante en el origen y crecimiento del grupo en el contexto de los conflicto iraquí y sirio además de aportar informaciones novedosas sobre el papel de algunos actores de la región.

isis-9781941393574_lgISIS: Inside The Army of Terror arranca con la historia de Abu Musab al-Zarqawi, sus idas y venidas por la región hasta liderar un grupo brutal que terminó subordinado a Al Qaeda. En esta fase de la historia son importantes varias cosas. Una es el efecto insospechado que trajo el intento de islamización del régimen de Saddam Hussein en su búsqueda de legitimidad y de infiltrar a la disidencia islamista. El resultado fue que muchos de los agentes infiltrados terminaron convertidos en sinceros activistas islamistas, con el resultado de un importante trasvase de altos cargos del régimen del partido Baaz a la insurgencia yihadista tras la caída del régimen. La cuestión me había parecido anecdótica al leer sobre cómo Izzat Ibrahim al-Duri, el “pelirrojo”, era miembro del grupo insurgente Ejército de los Hombres de la Orden de Naqshbandiyya , que toma su nombre de una cofradía sufí. Pero el asunto bastante hondura, como demuestra Kyle Orton en su blog. En el libro se ofrece una recopilación de nombres importantes  del regímen iraquí que terminaron en las filas yihadistas. La insurgencia iraquí aprovechó además los arsenales, pisos francos y medios preparados para que las milicias organizadas por el régimen, los Fedayines de Saddam, pudieran hacer frente a posibles revueltas dentro del país.

Otra cuestión que me pareció interesante es cómo Al Qaeda en Iraq terminó abandonando su nombre  al integrarse en la coalición del Estado Islámico de Iraq para darle una apariencia local a una insurgencia yihadista llena de extranjeros. La cesión frente a otros fue sólo aparente, porque el grupo creado por Al Zarqawi terminó liderando el Estado Islámico de Iraq. El asunto del nombre me parece relevante porque el Estado Islámico se lo ha cambiado un montón de veces. Y ahora circulan por ahí artículos que hablan de él como un grupo surgido en la guerra de Siria, cuando la realidad es que el grupo apareció a finales de los 90 en Jordania y hay una continuidad histórica entre Monoteísmo y Yihad fundado por Abu Musab Al Zarqawi y el Califato proclamado por Abu Bakr al-Bagdadi.

La novedad de este libro, en mi opinión, es el repaso que hace del papel poco conocido de Siria e Irán en la postguerra iraquí. Por un lado, los autores nos cuentan la omnipresente mano de Irán en el país para consolidar la hegemonía de la población chií, que recordemos constituyen la mayoría demográfica del país. También hay referencias a cierta complicidad de Irán con Al Qaeda, al permitir el tránsito por su territorio de militantes de Afganistán a Iraq, tras la invasión estadounidense. Por no hablar del I+D iraní detrás de los IEDs empleados por la insurgencia iraquí (y afgana, añado yo).

Hay una referencia a la batalla del 4 de abril de 2004 en Nayaf, donde se encontraba la base Al Andalus española. Según Weiss y Hassan:

The Battle of Najaf in August 2004 was essentially a proxy war between the United States and Iran’s elite foreign intelligence and military apparatus, the Revolutionary Guards Corps-Quds Force (IRGC-QF), coordinated on the Iraqi side by an Iranian operative named Sheikh Ansari, who US intelligence concluded was embedded with the Mahdy Army in Najaf and was helping it conduct its combat operations.

Nada de esto aparece, por su puesto, en las versiones españolas de los sucesos de aquel día, un clamoroso fallo de la inteligencia militar española. Que los relatos españoles de la Batalla de Nayaf no hagan nunca referencia al contexto político de Iraq refleja la total desconexión con la realidad de políticos y mandos militares. Pero ese es otro tema del que ya he hablado aquí en otras ocasiones.

La supremacía política de los chiíes y la proliferación de escuadrones de la muerte a la sombra de las fuerzas de seguridad acentuó la polarización sectaria del país con resultados que llegan hasta la fecha. Recordemos que Patrick Cockburn en su libro cuenta que el Estado Islámico disfruta en Iraq con respaldo social entre la población sunní por la percepción generalizada de que era un baluarte frente a los sucesivos gobierno chiíes.

Hubo un momento en el que el fanatismo demostrado por Al Qaeda en Iraq en aquellos territorios donde ejercía su control o su influencia que empujó a líderes tribales sunníes a hacer las paces con las fuerzas de ocupación estadounidenses y aliarse con ellas para derrotar a los yihadistas. Peor aún, los yihadistas trataron de subvertir el orden tradicional tribal y apropiarse del negocio de contrabando que el régimen de Saddam Hussein había permitido que las tribus sunníes controlaran. Fue esa alianza uno de los pilares del “surge” liderado por el general Petraeus y que puso a Al Qaeda en Iraq contra las cuerdas.

La gran cuestión es qué pasó tras la retirada estadounidense de Iraq. En su momento me pregunté qué sería de los Son of Iraq, las fuerzas tribales que se enfrentaron a Al Qaeda en Iraq, tras la retirada militar de Estados Unidos de 2011. Weiss y Hassan lo cuentan. Fueron perseguidas y debilitadas por el gobierno iraquí, permitiendo que el el Estado Islámico de Iraq resurgiera de sus cenizas en el triángulo sunní. La persecución de los líderes de las milicias sunníes por parte del gobierno iraquí y el asesinato de sus miembros por parte de los yihadistas lograron desarticular para siempre a las fuerzas tribales enemigas del Estado Islámico de Iraq.

El otro factor permitió que en 2011 el Estado Islámico de Iraq campara por sus anchas en Iraq fue el comienzo de la guerra civil en Siria. A pesar de que los apologetas del régimen de Bashar al-Assad lo quieran presentar como un bastión contra el yihadismo, Siria se convirtió en la retaguardia de la insurgencia yihadista iraquí mientras las autoridades del régimen miraban para otra parte.

Nadie parece recordarlo, pero las fuerzas especiales de Estados Unidos lanzaron un raid en el interior de Siria en 2008. Según Weiss y Hassan, el régimen sirio usó la insurgencia como un factor de desestabilización de Iraq que le permitiera tener un as en la manga en sus contactos con Estados Unidos y así convertirse en un interlocutor necesario ante Estados Unidos. En plena ola de protestas contra el régimen, al-Assad decretó en mayo de 2011 una amnistía. Se abrieron las puertas de la cárcel para yihadistas pero no para disidentes. Los liberados engrosaron las filas de la sucursal siria de Al Qaeda, Jahbat al-Nusra. Al-Assad pudo presentar así la guerra civil como un episodio más de la lucha contra la yihad global.

Más adelante, las fuerzas del régimen procurarían no atacar al Estado Islámico, más preocupado en adeñuarse del territorio liberado por los grupos rebeldes e islamizar la retaguardia. Allí donde el Estado Islámica lanzaba una ofensiva contra los grupos rebeldes, caían las bombas de la aviación siria. La supervivencia del régimen pasa por el debilitamiento de los grupos rebeldes para que la guerra civil siria se reduzca a una lucha final entre al-Assad y el Estado Islámico. En tal caso, Occidente sería el interesado en la victoria del régimen de al-Assad.

Tan pronto comenzó en 2011 la guerra contra el régimen de al-Assad, el Estado Islámico de Iraq comenzó la toma del poder en la región oriental de Siria. El libro aporta detalles de la infiltración del Estado Islámico entre las filas rebeldes sirias. Allí donde se hizo con el poder procuró proporcionar los servicios de un Estado, asunto sobre lo que Loretta Napoleoni centró su libro sobre el Estados Islámico.  La novedad del libro de Weiss y Hassan es su explicación de cómo el Estado Islámico mantiene su control mediante una combinación de violencia y mano izquierda con las tribus iraquíes y sirias. Esto es, el Estado Islámico mantiene ahora políticas de control social más sofisticadas que las aplicadas en los tiempos de al-Zarqawi y Al Qaeda en Iraq. El libro también profundiza en la ruptura con Al Qaeda y su franquicia local, Jahbat al-Nusra. Lo que es conveniente recordarlo para aquellos que se empeñan en presentar a los grupos enfrentados al régimen sirio como un bloque monolítico. La fractura no tiene visos de ser cerrada y habré que estar atentos a su evolución.

Este es sin duda el libro más denso de los cuatro que he leído sobre el Estado Islámico. Me parece novedosa la perspectiva que aportan sobre la transformación de Al Qaeda en Iraq en el Estado Islámico de Iraq, así como el papel de Siria e Irán en la violencia durante la ocupación estadounidense de Iraq. El relato de cómo el Estado Islámico de Iraq se hizo fuerte en Siria, infiltrándose en los dominios de los rebeldes sirios y logrando la lealtad de ciertas tribus, también me parece una novedad. Los autores cuentan que lograron realizar entrevistas a miembros y simpatizantes del Estado Islámico, lo que se nota en la profundidad de su descripción del funcionamiento interno. El único vacío del libro es que no trata el papel de Turquía en el conflicto sirio y las aportaciones de Qatar al Estado Islámico, algo que bien señala Ninos Youkhana. Es un libro muy bien documentado y bastante interesante que recomiendo a quien quiera aterrizar en el tema.

El nudo sirio

El año pasado escribí un artículo que terminó publicando Sesión de Control sobre cómo se había internacionalizado la guerra civil siria mientras Occidente se había discretamente desentendido. Cuando en el verano de 2013 el gobierno de Obama hizo amago de intervenir, tras el uso de armas químicas por parte del régmen de al-Assad en un barrio de Damasco, la opinión pública estadounidense se manifestó estruendosamente en contra. Me llamó la atención entonces que buena parte de esa oposición provenía de la derecha. No dejaba de ser irónico porque el reinado de los neocón en Washington llevó a la invasión de Iraq. No era necesariamente una muestra de hipocresía. Posiblemente era la pérdida de protagonismo  de los neocón dentro del partido por otros líderes más tradicionales en política exterior.

Aquí en España, la oposición a una intervención vino de la izquierda, que no paraba de reproducir en Internet la propaganda sobre la guerra de Siria financiada o cocinada por Rusia e Irán. Pero tampoco hay que culpar de ingenuidad o credulidad a ese sector de la izquierda española. Allá por 2005, el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe jaleaba a la insurgencia en Iraq, formada por yihadistas y baazistas que luego crearon el Estado Islámico. O recientemente, veíamos como Paco Frutos y el PCE de Madrid participaban en un acto de apoyo al régimen sirio de al-Assad.

Cuando salió mi artículo, “Lo que está en juego en Siria”, alguien de Sesión de Control decidió ilustrar el artículo con la foto del entierro de un bebé muerto en la guerra. No me gustó. Me pareció desagradable. Pero no dije nada. Yo no tomo las decisiones sobre qué fotos acompañan a mis artículo en ese medio y lo dejé pasar. La cuestión es que llevo mucho tiempo viendo fotos de cadáveres de niños sacados de entre las ruinas de casas cubiertos de cemento y tierra, día a día mientras sigo las informaciones sobre la guerra. Y todavía procuro no enfocar la vista mientras muevo la rueda del ratón para avanzar por la página. Así que estoy sorprendido por la reacción de la opinión pública ante la foto de un niño sirio muerto en una playa turca tras ahogarse en el Mediterráneo. Muchos niños han muerto en esta guerra, que lleva ya cuatro años, pero como no se trata de bombas israelíes a nadie le ha importado. Supongo que algún publicista tendrá una explicación. Hay decenas de canciones pegadizas que se lanzan todos los años. Pero sólo una es la canción del verano. Todos los días se lanzan miles de memes en Internet y unos pocos tienen éxito. La foto del niño tuvo éxito y ahora todos andan preocupados por Siria.

Tras la sorpresa de que la foto de un niño muerto genere interés por una guerra que va por su cuarto año y ha producido más de 200.000 muertos (en las estimaciones más conservadoras), la segunda cosa que me ha sorprendido es ver tanto comentario indignado por la supuesta responsabilidad de Occidente en la guerra civil siria. La idea es que el flujo de refugiados sirios avanzando hacia Europa es el resultado último de las acciones de un Occidente hipócrita e inmoral. Me sorprenden esos comentarios porque si por algo se ha caracterizado la acción de Estados Unidos y la Unión Europea en Siria es la prudencia y la falta de compromiso. Quizás sea preciso recordar algunas cosas.

La guerra en Siria comienza en 2011 cuando las manifestaciones surgidas al calor de la Primavera Árabe son duramente reprimidas por el régimen de Bashar al-Assad, destacando la detención y muerte de niños en Homs Daraa. Una parte del ejército se rebela contra el régimen, negándose a acatar las órdenes de atacar la población civil y forma el Ejército Sirio Libre. No se repite una acción dentro del marco de la ONU como en Libia, por la frontal oposición de Rusia, que bloquea cualquier iniciativa al respecto. Rusia es un aliado fundamental del régimen sirio. A finales de 2012 la iniciativa está en manos de los rebeldes, que preparan una ofensiva sobre Homs, que cortaría los dominios del régimen en dos (en torno a Damasco y la franja costera). Pero el invierno paraliza a los rebeldes que acusan la falta de suministros.

En la primavera de 2013, Irán entra abiertamente en el conflicto mandando asesores y desplegando fuerzas de Hezbolá, cuya ofensiva desde el Líbano recupera el control del centro del país. La reacción de los países del Consejo de Cooperación del Golfo es asumir que se ha acabado el tiempo de los apoyos encubiertos y envían suministros militares a los rebeldes. Aparecen en el frente armas croatas y chinas. El flujo de dinero y suministros saudíes atrae a muchos rebeldes desencantados con Occidente, que nunca termina de involucrarse. Surge así el Frente Islámico en noviembre de 2013.

Mientras tanto, aparece en el conflicto un actor relevante. El Estado Islámico de Iraq, que había usando en su momento Siria oriental como retaguardia con la complacencia del régimen, aprovecha la debilidad de las fuerzas de Damasco para tomar el control de esa parte del país, fundamentalmente poco poblada y desértica. Pasa a denominarse entonces Estado Islámico de Iraq y el Sham (la Gran Siria), pero se hace más popular sus siglas en inglés: ISIS. Los yihadistas de ISIS muestran más preocupación por la islamización de la sociedad siria que por la lucha contra el régimen de Assad. De hecho, dedica más esfuerzos a luchar contra otros grupos rebeldes y cuando lanza ofensivas contra zonas en manos del Ejército Sirio Libre, la aviación del régimen las bombardea. La irrupción del Estado Islámico en Siria genera un problema para Al Qaeda, que ya tiene un grupo aliado en el país,  Jabhat al-Nusra. Desde su escondite en Pakistán, Ayman al-Zawahiri pide a ISIS que se disuelva en Siria. La reacción de ISIS es despreciar el mandato de al-Zawahiri, lo que se convierte en síntoma de la decadencia de Al Qaeda y el relevo en la vanguardia yihadista global.

Cuando queda claro que tanto Irán y Arabia Saudita, que juegan allí una de las muchas partidas de su rivalidad geopolítica, están dispuestas a poner toda la carne en el asador, Estados Unidos y Reino Unido reaccionan porque las opciones que se plantean es una Siria convertida en estado satélite de Irán o una Siria convertida en un emirato yihadista. Así que empiezan la ayuda a los rebeldes. En primer lugar, esa ayuda es “no letal”. Por ejemplo, se dan cursos de adiestramiento en Jordania y se les entrega a los rebeldes del Ejército Sirio Libre material como brújulas y sacos de dormir. El plan no funciona. El Ejército Sirio Libre se ha convertido en un actor demasiado irrelevante en esta guerra. Algunos de sus almacenes son capturados por el Estado Islámico, que obtiene así material enviado por Estados Unidos. O incluso peor. Algunos grupos del Ejército Sirio Libre desertan, pasando a las filas yihadistas con materiales suministrados por Estados Unidos. El asunto es usado entonces hasta la saciedad por la propaganda iraní y rusa para informar de que “Estados Unidos suministra al Estado Islámico”. Una frase muy repetida por los cuñados españoles en barras de bar, comentarios de Méneame y Twitter. El programa de ayuda “no letal” quedó suspendido en diciembre de 2013.

Tras el fracaso del programa de material “no letal” la CIA lanza un segundo programa en el que aparte de entrenamiento, se les suministra armas a los rebeldes. Pero se les impone a los candidatos dos condiciones: La primera es que no tengan vínculos pasados con grupos yihadistas y que no luchen contra el régimen de Assad, sólo contra el Estado Islámico. La primera condición se hace muy difícil a estas alturas de la guerra y la segunda les resulta absurda a los sirios. No hay explicación oficial, pero posiblemente el gobierno de Obama aceptara esa cláusula como una imposición del régimen iraní, sostén del gobierno iraquí y con quien se estaba negociando el acuerdo nuclear. El programa, con un presupuesto de cientos de millones de dólares de presupuesto, sólo consigue en su primera edición reclutar y formar a menos de 100 rebeldes, que apenas desplegados en el terreno son machacados por el Estado Islámico.

Así que tenemos un conflicto donde los actores principales son Siria, Irán, Rusia, Hezbolá, Arabia Saudita, etc. Habría que añadir Qatar, Turquía, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, pero, para ser sincero, todavía no he profundizado en mis lecturas en esa parte del conflicto. El papel de Occidente (Estados Unidos, la Unión Europea, la OTAN, etc.) ha sido mínimo. Hay una operación internacional para bombardear el Estado Islámico, pero a día de hoy ha servido para poco más que levantar el asedio a la ciudad de Kobane y permitirle a los kurdos sirios ganar terreno.

Los argumentos lanzados estos días es que lo que pasa en Siria es culpa de la inacción de Occidente (por no intervenir) o es culpa de la acción de Occidente (por armar a los rebeldes). Lo cual aparte de incoherente, es falso. La culpa del flujo de los refugiados es de quien sostiene campañas de ataques contra la población civil, es decir, el régimen de al-Assad. Y de quien ha hecho la vida de los civiles en la retaguardia más miserable aún, es decir, el Estado Islámico. Pero antes de pedir acciones y decisiones, deberíamos repasar las opciones.

No hacer nada, más que atender a los refugiados.

A día de hoy el resultado de la guerra es impredecible. No creo que nadie sepa qué va a pasar de aquí a un año. La realidad es que cada bando en el conflicto es demasiado débil a día de hoy para una victoria decisiva. Así que lo que veremos será más flujos de refugiados. No hacer nada y atender a los refugiados es enfrentar sólo los síntomas.

Apoyar a los “buenos”.

La primera cuestión es, ¿quiénes son los buenos? El Ejército Sirio Libre cumplía ese papel en el comienzo de la guerra, una oposición laica y no hostil a Occidente. Pero en este momento es demasiado débil como para esperar que ese apoyo les ayude a ganar la guerra, a no ser que Occidente opte por un plan muy ambicioso de reclutamiento, financiación y entrenamiento. Otro grupo que ha captado las simpatías de Occidente son los kurdos de la Unión Democrática y que luchan encuadrados en el YPG. Resultan ser comunistas y aliados del PKK, lo que complica cualquier opción que los incluya por los problemas que plantearía con Turquía.

Atacar a los “malos”.

Hasta el momento, hay una coalición internacional que ataca al Estado Islámico sin tropas sobre el terreno, lo que resulta una limitación enorme. El principal problema es que optar por atacar decididamente al Estado Islámico implica elegir a quién queremos beneficiar y quién va a controlar el terreno capturado. Si el enemigo elegido fuera el régimen de al-Assad, habría que plantear la misma cuestión. Si mañana colapsara el Estado Islámico o el régimen sirio podríamos encontrarnos su lugar ocupado por fuerzas igualmente hostiles a Occidente. Y empezaría, como en Libia, una segunda guerra civil.

Partir el país y hacer la paz con al-Assad.

Ante la imposibilidad de una victoria clara por ninguna parte, podríamos plantear que se fracturara el país. Los distintos grupos étnicos y religiosos han sido objetos de ataque en algún momento del conflicto. Así que con una partición del país, las comunidades alawita, sunní, drusas y kurda se quedaría cada una con un trozo de territorio. A cambio, al-Assad mantendría el poder en el país alawita resultante.

Invadir Siria y acabar con el régimen de al-Assad y el Estado Islámico.

No creo que haya que extenderse mucho al respecto. Sería como Iraq, pero peor.

Situación en Siria al día 2 de septiembre. Elaborado por Thomas van Linge.
Situación en Siria al día 2 de septiembre. Elaborado por Thomas van Linge.

Como conclusión, creo que estos dilemas son los que han estado sobre la mesa de los gobiernos occidentales. Si no se ha hecho nada para poner fin a la guerra civil siria es porque ninguna opción es sencilla y barata. Y el asunto no estuvo en el centro del debate público hasta que afectó a Europa con la llegada de refugiados. Lo único que ha servido todo esto es para generar un aluvión de tuits y publicaciones en muros de Facebook. Y creo que también para que muchos hayan quedados retratados. Aquí tienen dos ejemplos: Oscar López Corral (Marat) es capaz de escribir sobre los culpables de la guerra de Siria sin mencionar a Assad y le echa las culpas de todo a Occidente. Yolanda Álvarez, ex-corresponsal de TVE en Israel, habla en un tuit indignado de la “armas que vende Occidente“. Da igual el tema, algunos sólo saben hablar de lo mismo.

Para quienes quieran ayudar: los “Cascos Blancos” se dedican en Siria a rescatar a personas bajo los cascotes. de las casas derruidas y auxilian a las víctimas civiles tras los ataques contra la población  Puedes hacer una donación aquí.

Cosas que he escrito sobre la guerra en Siria y el Estado Islámico:

“Lo que está en juego en Siria” (27 mayo 2014)

“Así se hizo fuerte el ISIS en Iraq” (23 junio 2014)

“La sombra del Califato” (4 julio 2014)

“En el origen del Estado Islámico” (4 septiembre 2014)

“Cómo se financia el Califato” (21 noviembre 2014)

“La fórmula para derrotar al Estado Islámico ya se invento” (4 febrero 2015)

“Por qué Occidente no derrota al Estado Islámico de una vez” (22 julio 2015)

“Armas rusas para al-Assad” (12 agosto 2015)