Geopolítica del Procés (II)

El otro día vimos un par de ejemplos de “sesudos” análisis geopolíticos y geoestratégicos en torno al proceso soberanista catalán. Se trataba de los disparates escritos en Twitter por un par de independentistas que había guardado como representativos de las tonterías dichas en las redes sociales por simpatizantes de aquel bando aquellos días. Pero las fantasías geopolíticas no fueron exclusivas del bando independentista. Aquellos días aparecieron análisis contrarios al independentismo que alertaban que los acontecimientos que estaban sucediendo en Cataluña eran el resultado de una operación encubierta contra España lanzada por la Unión Europea, la OTAN y George Soros. Sobra decir que este tipo de análisis provenían del bando prorruso de la Nueva Guerra Fría.

“Andréi Kononov” escribió en el blog “La Verdad Oculta” con fecha 23/09/2017 un artículo titulado “MAIDAN.CAT: Tras las huellas de la OTAN en el Procés” que es representativo de esa línea de pensamiento. El artículo fue reproducido poco después por Geopolitica.ru El poco esfuerzo empleado en tratar de sostener la teoría y los enormes agujeros argumentales hacen pensar que más que una teoría conspirativa nos encontramos ante una campaña de agitación en la que a río revuelto alguien trató de generar antipatía en España hacia las bestias negras del Kremlin.

Mucho ruido, pocas nueces.

El primer punto de los argumentos del artículo es que se trataron de unas “protestas muy bien planificadas”. La verdad es que todos sabemos cómo la maquinaria independentista estaba bien engrasada. Pero como veremos en mi reseña del libro Guerras Híbridas: La aproximación adaptativa indirecta al cambio de régimen de Andréi Krybko, los autores afines al Kremlin parece que tienen un problema para entender la voluntad de la gente a participar en protestas del signo que sean. Y en el caso catalán, nadie que haya estudiado el Procés se ha encontrado que fuera un fenómeno incomprensible que requiera para ser entendido introducir en el análisis una mano negra ajena a Cataluña y España. Las causas y actores son evidentemente endógenos.

Sin embargo, las “pruebas” de una acción externa para el autor del artículo es la proliferación de menciones a la Plaza de Tahrir de El Cairo y la Plaza de Maidán de Kiev, epicentro de las protestas en ambos países, en artículos y noticias relativas a Cataluña. Se mencionaba que, de impedirse la celebración del referéndum del 1-O, los líderes independentistas llamarían a una campaña de movilización y activismo. Tanto la prensa de Madrid como la de Barcelona establecieron comparaciones con las Primaveras Árabes y el Euromaidán ucraniano. Otra vez, desde la perspectiva del Kremlin todo lo que sea activismo callejero es el resultado de una operación de agitación llevada a cabo por poderes ocultos desde el extranjero. Y en este caso, las meras comparaciones hechas por periodistas de uno y otro lado significaba que estaban anunciando entre líneas la intervención de una poderosa conspiración ajena a España.

Decía el profesor Fernando Reinares que podíamos identificar una teoría de la conspiración porque sus autores siempre tienden a culpar, casualmente, a aquellos contra los que tienen prejuicios ideológicos. Yo la verdad es que nunca he encontrado a alguien que defienda una teoría conspirativa y afirme que, cotejando informaciones, llegó a la conclusión de que la mano negra culpable de todo era un personaje o grupo al que tenía en estima. Andréi Kononov” señala a George Soros, la bestia negra del Kremlin sobre el que habrá que hablar tarde o temprano. Pero de momento tenemos que fijarnos en la prueba de cargo contra él. Resulta que la Fundación Open Society Initiative for Europe de George Soros aportó 27.049 dólares para la celebración de un evento sobre xenofobia y euroescepticismo organizado por el Consell per la Diplomàcia Pública de Catalunya (Diplocat) y destinado a periodistas y medios de comunicación en 2014.

Noticia en 2016 de la subvención a Diplocat en La Vanguardia (véase noticia original).

Aquí tengo que hacer un inciso. Yo he sido invitado a varios eventos en los últimos años. La organización de cada evento se gastó una buena cantidad de dinero en pagarme billetes, alojamiento, comidas y desplazamientos. En algunos casos incluso cobré por mi participación. A esa cantidad que la organización se gasta por invitado, hay que sumar los gastos asociados al alquiler del auditorio, la traducción simultánea, los roll ups, etc., el material de papelería y un sinfín de gastos más. Así que volviendo a los 27.049 dólares que aportó la fundación de George Soros a Diplocat, ese dinero se gastó en organizar un taller sobre xenofobia y euroescepticismo. Sin embargo, de alguna forma mágica y misteriosa el asunto se transformó en un apoyo directo de George Soros al Procés, idea que ha circulado profusamente en titulares sensacionalistas de medios panfletarios de la ultraderecha española (valga la redundancia).

A continuación el artículo salta a Arthur Brooks, presidente del American Entreprise Institute (AEI). Por lo visto, Brooks tiene familia política catalana (trabajó y vivió en Barcelona), fue invitado a Cataluña por el gobierno catalán y en una gira por Estados Unidos, el entonces presidente Carles Puigdemont se entrevistó con Brooks. El AEI es tan importante para “Andréi Kononov” porque cuenta que “el investigador Thierry Meissan acusó a este think tank de haber preparado junto a Israel un “golpe suave” contra el gobierno de Irán en 2002”.  Sobre el siniestro Meyssan, por cierto, escribí hace ya tiempo.

Para “Andréi Kononov” es muy importante la agenda de encuentros y reuniones del entonces presidente Carles Puigdemont en Estados Unidos porque eso lo interpreta como indicios del interés estadounidense en fomentar la independencia de Cataluña. La verdad es que no parece que haya comprendido cómo funcionan estas giras. Tener más o menos encuentros de alto nivel en Estados Unidos es el resultado de la habilidad de tu gabinete y del dinero que hayas gastado en agencias de relaciones públicas. Recordemos, por ejemplo, que el gobierno español firmó en su momento un contrato de 2,3 millones de euros con un bufete de abogados para ejercer labores de lobby en Washington D.C. Entre sus tareas estuvo, por lo visto, lograr que al presidente José María Aznar le fuera concedida la Medalla de Oro del Congreso.

Lo interesante es que “Andréi Kononov” publicó su artículo en septiembre de 2017, así que tenemos la perspectiva del tiempo para valorar el resultado de la gira estadounidense del entonces presidente Carles Puigdemont. Pero además, en el caso del AEI, basta acudir al buscador de su página web para ver cuántos documentos y artículos ha publicado el think-tank sobre la cuestión catalana. Yo no encuentro más referencia a la cuestión catalana en la página web de AEI que dos artículos de opinión publicados en 2014 (‘Catalonia is not Scotland’) y 2012 (‘A divided Catalonia may yet attempt to divide Spain‘). El resto de referencias a España tienen que ver con asuntos fiscales y con la Unión Europa.

Hay otro encuentro del entonces presidente Puigdemont que plantea conexiones interesantes. Cuenta “Andréi Kononov” que Puigdemont se reunió con el ex-presidente Jimmy Carter.

Puigdemont y compañía redondearon su gira por Estados Unidos reuniéndose con el ex-presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, uno de los impulsores (junto a su inseparable consejero Zbigniew Brzezinski) de la Operación Ciclón contra la URSS en Afganistán. El encuentro fue auspiciado y anunciado a bombo y platillo por el Diplocat.

Otra vez, “Andréi Kononov” muestra no enterarse mucho de lo que escribe. La reunión con Jimmy Carter tuvo lugar en el Carter Center, una ONG célebre por sus actividades de monitorización de procesos electorales e intermediación en conflictos. Podemos imaginar que Puigdemont buscaba que la organización se implicara en el referéndum y realizara tareas de mediación. La gracia aquí es que “Andréi Kononov” no se molestó ni en hacer una mínima búsqueda de información sobre el resultado de la reunión. Porque después de la reunión el Carter Center emitió un comunicado oficial anunciando que ni el ex-presidente ni su ONG se involucrarían en el referéndum impulsado por el presidente Puigdemont.

Comunicado del Carter Center (vía La Vanguardia).

La sucesión de encuentros y reuniones son para “Andréi Kononov” prueba de que distintas instituciones, poderes y personajes de Estados Unidos estaban trabajando para impulsar el Procés. La realidad es que a la vuelta de Puigdemont a España el viaje fue considerado un fracaso por el perfil bajo de los interlocutores. El único encuentro relevante fue el celebrado con Jimmy Carter. De ahí, que fuera “anunciado a bombo y platillo por el Diplocat”. Se especuló, por cierto, sobre la existencia de un pago, cabe suponer que en forma de donación al Carter Center. La foto oficial de la reunión muestra a los participantes sosteniendo unas pancartas de una campaña para luchar contra la ceguera de río. La Embajada de Estados Unidos, por cierto, intervino en el asunto con un comunicado oficial donde afirmaba que el gobierno de ese país ” está profundamente comprometido en mantener la relación con una España fuerte y unida”.

Refutar teorías conspiranoicas es agotador.

El artículo sigue y sigue. Pero creo que se hacen una idea de cómo se construye una teoría conspirativa. A lo mejor otro día me animo a seguir repasando otros epígrafes del artículo. Y si tienen conocimiento de otros por el estilo les animo a compartir el enlace conmigo en redes sociales o en los comentarios.

 

Volviendo a una teoría conspiranoica sobre el Estado Islámico

Mucho antes del debate sobre la post-verdad (post-truth) y las noticias falsas (fake news) dije repetidamente que el rebatir las metiras, falacias y bulos que se generan sobre conflictos como el de Siria e Iraq daría para llenar un blog aparte. Véase si no, todo el trabajo que generan otros conflictos para StopFake.org y Revista de Medio Oriente.

captura de 20 Minutos.
20 Minutos copió y pegó una noticia de un medio italiano que citaba otro ruso sobre que decía que Bin Laden vivía en las Bahamas. Luego pidió disculpas.

Pero por muy nuevo que parezca el asunto, de lo que hablamos no es más que de las mentiras políticas de toda la vida. Es decir, no se trata meramente de un problema de los medios por la forma en que trabajan hoy en día, con plantillas precarias y con prisas por buscar visitas a toda costa (clickbait), sino que muchas de esas tonterías tienen un objetivo político. No es casual, por ejemplo, que medios estatales rusos e iraníes o con afinidades ideológicas con los gobiernos de esos países se inventaran y reprodujeran la noticia de que helicópteros Apache estadounidenses habían sido filmados escoltando un convoy de vehículos del Estado Islámico. El objetivo es cuestionar el papel de Estados Unidos y los países de occidentales en Oriente Medio para dejar la cancha libre a Rusia, Irán y sus aliados.

Luego, capítulo aparte, tenemos la legión de tontos útiles que reproducen la propaganda rusa e iraní por motivos variados. Desde el el cuñado de turno que, en la sobremesa o de cañas, te explica con condescendencia una teoría conspiranoica hasta el desesperado por epatar con un discurso radical en una era de utopías agotadas. Como si soltar argumentos leídos en Russia Today, HispanTV, TeleSur, Voltairenet, Global Research, etc. lo convirtieran a uno en un libre pensador con criterio crítico e independiente.

El caso más paradójico es el del Estado Islámico, que nació como una coalición de fuerzas insurgentes iraquíes, bajo el liderazgo de la franquicia local de Al Qaeda, para luchar contra la ocupación estadounidense de Iraq. Pero que años después, mágicamente, en la propaganda anti-occidental resulta ser un instrumento de Estados Unidos e Israel. Estos días, con la caída de Palmira en manos del Estados Islámico, me he acordado de un argumento que dio Julián Jiménez, profesor de secundaria en Valencia y conocido en Twitter como “Profe Rojo”. Se trata de la clase de persona que un día te cuenta que la Stasi tiene mala fama injustamente y se burla de sus víctimas para otro día contarte la historia de la invasión de Afganistán “a su manera”.

Dijo el “Profe Rojo” un día en Twitter que la debacle del ejército iraquí en Mosul ante la ofensiva del Estado Islámico fue una maniobra orquestada por Estados Unidos para entregarles arsenales de armas. Que EE.UU. provee de armas al Estado Islámico lo podemos leer en medios de propaganda como VeteransToday e InfoWars. Y en estas, resulta que el Estado Islámico entra en Palmira y se encuentra con bastante material militar.

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Foto vía Christo Grozev.

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Foto vía Christo Grozev.

En Palmira no sólo cayeron en manos del Estado Islámico las habituales montañas de armas y municiones, sino también vehículos blindados y artillería.

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Carro de combate T-72. Foto vía Jacm.
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Cañón D30 de 12mm. Foto vía Jacm.
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Lanzacohetes BM-21 Grad. Foto vía Jacm.

Entre los vehículos capturados hay una curiosidad, un KAMAZ-43269 “Dozor”. Se trata de un vehículo ruso de diseño relativamente reciente y por tanto no es un legado de los arsenales sirios de la Guerra Fría.

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KAMAZ-43269 Dozor capturado en Palmira. Foto vía Ilya A.

Pero no el único material ruso aparecido en Palmira. Tenemo cajas de munición identificadas con marcajes de JSC Rosoboronexport, la agencia estatal rusa de exportación de armamento.

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Foto vía CIT.

Y sabemos que en Palmira no sólo había material militar de origen ruso, sino también soldados rusos, que dejaron atrás pertenencias personales.

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Un soldado ruso, por ejemplo, se marchó con tanta prisa que dejó atrás sus  tarjetas bancarias. Gracias a este tuit de un analista de CIT el Tinkoff Bank anuló la tarjeta.

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Estas cosas pasan en la guerra (shit happens). Pero podemos interpretar lo que pasó en Palmira de dos formas. Podemos pensar que una ofensiva inesperada del Estado Islámico pilló por sorpresa a los defensores sirios y rusos. O podemos aplicar el criterio del “Profe Rojo” y pensar que estamos ante un hecho inaudito y que por tanto forma parte de una operación secreta sirio-rusa para transferir armamento al Estado Islámico. La ironía es que supuestamente la intervención rusa en Siria se vendió como un esfuerzo para frenar al Estado Islámico a pesar de que sus intenciones eran otras y justo en el único frente en el que Rusia combatió al Estado Islámico ha tenido lugar esta debacle.

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Imagino que el “Profe Rojo” dirá que hay una tercera probabilidad. Que la caída de Mosul sí fue una operación estadounidense perfectamente calculada en la que de alguna manera se logró que el ejército iraquí se desplomara mientra que la caída de Palmira fue una desafortunada derrota sirio-rusa producto de la mala suerte o la incompentencia siria. Para mí, esa clase de teorías conspiranaoicas son pura charlatanería. Y si logran eco es porque todos sabemos que el esfuerzo para refutar un tuit idiota es infinitamente superior al necesario para escribirlo.

Mientras tanto, se revela el programa industrial de armamento del Estado Islámico. Pero supongo que siempre habrá profesores de universidad en España que hablen de los intereses de las multinacionales del armamento en venderle al Estado Islámico para alimtentar la guerra.

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com

“La nueva post-verdad y las viejas mentiras” (6 diciembre 2016)

“Cuñados, comunistas y conspiranoicos” (3 mayo 2016)

“La factoría de bulos” (21 noviembre 2015)

“Las teorías conspirativas como fenómeno cultural de la Nueva Guerra Fría”. (13 febrero 2015)

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Cuñados, comunistas y conspiranoicos

IndiesHipstersyGafapastas_150ppp-450x701Uno de los libros españoles más interesantes de los últimos años es Indies, hipsters y gafapastas: Crónica de una dominación cultural de Víctor Lenore, publicado en 2014. El punto de partida del libro es que hay una generación en España que ha visto sus expectativas vitales frustradas y ha experimentado un proceso de precarización laboral que les ha colocado en un nivel de ingresos cercano a las  clases bajas. Así que, careciendo de un nivel de vida que marque la diferencia, el consumo cultural se ha convertido en una fuente de distinción, en los términos de Pierre Bordieau. Presumir de ver series estadounidenses que no han llegado a España y acudir a festivales alternativos para escuchar a grupos minoritarios es un forma de mostrar que a pesar de que vives con cuatro duros estás a un mundo de distancia de los canis y las chonis que ven reality-shows y escuchan flamenquito.

Los licenciados universitarios de mi generación sobreviven con trabajos precarios o como freelances sin muchos ingresos, viven en casa de sus padres o pisos compartidos, viajan en low-cost, piratean películas y música en Internet… Los especialistas en marketing andan preocupados porque la generación que viene detrás, los milennials, no muestra interés por comprar casa y coche, dos antiguos rituales de paso a la vida adulta. Aunque no hay que darle muchas vueltas para plantearse, como hizo Daniel Seijo, si en realidad es que se trata de una generación que se ha resignado a que no se puede permitir ni casa en propiedad ni estrenar coche. Los hijos de la clase obrera y la clase media que fueron a la universidad en España asumen que ya no vivirán mejor que sus padres. Viven un proceso de reproletizarización. En España pasamos del mileurismo (término acuñado en 2005) al seiscientoseurismo en un mercado laboral que ya no volverá a ser el mismo tras la crisis.

El libro de Víctor Lenore trata de diseccionar ese elitismo cultural pedante de andar por casa (“Ay, por favor no me digas que ves las películas dobladas”, “bah, yo escuchaba ese grupo antes de que se volvieran comerciales, ahora son una mierda”, “¿las películas?, qué horror, las novelas son mucho mejor, yo las leí antes incluso que las publicaran en España”, etc) para ahondar en la construcción arbitraria de una alta y baja cultura popular, donde ciertas manifestaciones son despreciadas por barriobajeras, populacheras o propias de inmigrantes pero que hipsters y gafapastas consumen con gusto cuando han sido convenientemente recicladas por el artista blanco de turno, como en la parodia que hacían de Manu Chao en Muchachada Nui (“Veo lo que han hecho y lo que me gusta me lo quedo para mis discos. Eso se llama mestizaje”).

En este panorama, el primer síntoma del descontento que recuerdo fue la manifestación en Madrid “Por una vivienda digna” en mayo de 2005, a la que sólo acudieron entre 1.500 y 3.000 personas. Me pareció significativo entonces que lo que movió a la gente a salir de su casa no fue la falta de perspectivas vitales y la precariedad laboral, por no hablar de otras cuestiones que tienen un impacto enorme en la empleabilidad y las cualificaciones profesionales como la calidad de la educación en la universidad pública española. Pero ese tema ni siquiera ha sido relevante para el partido de izquierda de la Nueva Política™ que surge de ese mundo. Lo que movilizó entonces a la gente fue no poder cumplir su sueño de clase media, llamados a la acción bajo el lema “No vas a tener una casa en la puta vida”. Más tarde, de la convergencia del “No les votes” con los movimientos por la vivienda nacería el 15-M en 2011. La indefinición ideológica del 15-M reflejaba un mundo sin referentes ni utopías en una país con una baja afiliación a partidos políticos y sindicatos.

En su momento me causó mucha gracia que el 15-M pilló con el paso cambiado a muchos acomodados en su discurso de solitario resistente en una sociedad de borregos. Que la gente saliera en la calle les estropeaba su fantasía de que estamos viviendo en Matrix. Así que más de uno optó por buscar en el 15-M la oscura mano de una conspiración de las fuerzas globalistas y capitalistas. Aún peor fue la aparición de Podemos, que apareció en 2014 con propuestas que hacían un copia-pega del programa electoral de Izquierda Unida en las elecciones generales de 2011. La inquina de los viejos comunistas contra Podemos no era ideológica o programática. Era una mezcla de envidia, sorpresa e indignación porque un partido con ideas parecidas pero diferente presentación obtenía muchas más horas de televisión y más apoyo en las encuestas.

Hoy la militancia política ha dado paso al activismo en las redes sociales. Pero cuando todo el mundo tuitea y comparte en su muro eslóganes, memes políticos y llamadas a la acción, el valor de significarse políticamente cae. Se habla de política como se habla de películas, series de televisión y grupos de música. Y siempre habrá alguien necesitado de diferenciarse de la masa, por lo que el único modo de sentirse parte de un elitista vanguardia política es lanzar un discurso aún más radical. El Comité Invisible ya había constatado el fenómeno, del que dejó constancia en A nuestros amigos:

Poco se tarda en comprender que no están ocupados en construir una fuerza revolucionaria real, sino en mantener una carrera hacia la radicalidad que se basta a sí misma — y que se libra indiferentemente sobre el terreno de la acción directa, del feminismo o de la ecología. El pequeño terror que reina en ellos y que también en ellos vuelve todo el mundo tan rígido, no es el del partido bolchevique. Es más bien el de la moda, ese terror que nadie ejerce en nadie, pero que se aplica a todos. En estos  medios, se teme ya no ser radical, como se teme en otras partes ya no ser tendencia, guay o de moda.

Con el nicho de mercado del desafío al bipartidismo por la izquierda en manos de Podemos, para llamar la atención en la España de 2016 hay que decir algo realmente llamativo. Ya no basta defender la Revolución Bolivariana chavista o el Proyecto Nacional-Popular kirchnerista, cuando un partido inspirado en ambas tiene decenas de diputados y su líder pide la excarcelación de los presos de ETA o un referéndum en Cataluña. La búsqueda de la radicalidad epatante ha hecho aparecer en las redes sociales a apologistas de la RDA, Corea del Norte y la Siria de Bashar Al Assad.

Podría parecer que a estas alturas defender el “socialismo real” requiere de estómago. Pero el método no es complicado. Por ejemplo, cuando al español medio se le pregunta por sus fuentes sobre Corea del Norte apenas podrá mencionar algún documental de televisión o alguna información aparecida en los periódicos. Sobre Corea del Norte se publican un montón de noticias estrambóticas, así que no es tan difícil presentar al país como víctima de la desinformacción occidental. Luego está el socorrido truco de lanzar cifras y estadísticas para demostrar lo bien se vivía en los países comunistas. Un tipo de argumento equivalente al que emplean los defensores del Franquismo cuando enumeran las Viviendas de Protección Oficial construidas en España. La mirada nostálgica de comunistas y franquistas sobre cómo cualquier tiempo pasado fue mejor tiene trampa, porque también es fácil encontrar en Europa Occidental a personajes que miran con nostalgia el pasado. Lo que mucha gente mayor echa de menos es una época donde la vida era más “sencilla”, donde en cualquier barrio los vecinos se conocían por el nombre y la autoridad de los adultos se respetaba.

Otro argumento infalible y simple es retorcer la historia y los hechos. En septiembre de 2015 hice un breve repaso histórico a la invasión soviética de Afganistán, que alguien la relataba en Twitter como un acción de Moscú en auxilio de un aliado y para salvar la Revolución de Saur.  En realidad la invasión soviética sirvió para deponer al gobierno afgano, cuya ortodoxia revolucionaria alarmaba en Moscú y cuyas reformas habían provocado una revuelta armada en el país. Si añadimos como argumento las teorías conspirativas, tenemos la combinación perfecta de comunistas defendiendo a Bashar Al Assad, conspiranoicos hablando de cómo la CIA creó el Estado Islámico y cuñados explicando que todo lo que pasa en Siria tiene como principal explicación el petróleo. Son la clase de argumentos facilones que se expanden por las redes sociales bajo el principio de “si el río suena agua lleva”. Los bulos circulan y perviven por la enorme cantidad de tiempo y energía que hay que dedicar a desmontarlos. Alguna vez he pensando que el volumen de tonterías que circulan ahí fuera sobre Ucrania, Siria y el Estado Islámico darían para llenar un blog. Yo mantengo una lista de asuntos que quiero tratar aquí. Haré lo que pueda.

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Otros textos míos para seguir leyendo sobre el tema:

“La guerra de Siria y la conspiranoia antiamericana”,sobre todo lo que sabemos de los chapuceros planes para armar rebeldes en Siria.

“La hipsterización del dolor”, sobre las reacciones ante los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París.

“Las teorías conspirativas como fenómeno cultural de la Nueva Guerra Fría”.

A propósito de los bulos sobre los ataques terroristas de París

Escribí y actualicé “Ataque terrorista en París” en dos tandas: En la madrugada y en la sobremesa del sábado 14 con los datos que estaban disponibles y me parecieron fiables. Hay alguno que enmendaré esta noche. Pero creo que no apunté en ninguna falsa dirección y puedo estar satisfecho de la información que aporté.

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La “inexistente” mezquita de Tokio.

Suelo decir que me dejo llevar por el instinto cuando me dedico a descartar o considerar información. Pero seguro que, si dedicara un momento a pensar en los criterios, saldría que mi cabeza trabaja de una forma bastante sistemática. Siempre hay algo que chirría en el medio, la noticia o los detalles. Y es que en circunstancias como las vividas este fin de semana siempre circulan bulos interesados. Es tal el volumen que se genera que ya he visto varios medios haciendo recopilaciones sobre ellos para desmentirlos (Véase en Le Monde: Attaques à Paris : les rumeurs et les intox qui circulentHemos llegado a un punto en que el trabajo de los medios de comunicación no sólo es informar, sino contrarrestar la desinformación que vuela a la velocidad de la luz de muro en muro de Facebook.

Recuerdo que tras los ataques terroristas de enero de 2015 en París circuló un texto explicando lo sabias que eran las autoridades que habían prohibido el Islam en Japón. El autor de aquel texto anónimo explicaba cómo en Japón era ilegal predicar la religión musulmana y cómo estaba prohibido construir mezquitas. El propósito del texto era poner a Japón como modelo de un país donde no habían tenido reparos en legislar de forma contundente para cortar de raíz la amenaza yihadista. Sobra decir que sólo es cuestión de segundos buscar “Islam” y “Japón” en Internet para averiguar que es todo falso.

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El de la foto es Veerender Jubbal, un sij canadiense que publicó el 4 de agosto el selfie que se ve a la derecha. Leyendo su perfil de Twitter reluce que es un friki inofensivo. Alguien tomó su foto y la retocó para transformar el iPad que sostiene en un Corán, además de añadirle un chaleco táctico y un dildo (al fondo, en la esquina de la bañera). La foto manipulada se volvió viral y el diario madrileño La Razón sacó la cara de Veerender Jubbal en portada.

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Todo esto nos lleva al asunto del famoso pasaporte de un sirio registrado como refugiado en Grecia que apareció en el lugar de uno de los ataques terroristas. Primero, nadie ha confirmado que el dueño del pasaporte esté implicado en los atentados. Y segundo, los periodistas llevan informando hace tiempo que desde el estallido de la crisis de los refugiados hay todo un mercado de pasaportes sirios. Además, el asunto de que un terrorista lleve encima un pasaporte ha generado comentarios conspiranoicos de que parece un comportamiento absurdo en alguien que pretende saltarse la ley. Pero parece de sentido común que terroristas que se mueven por un país europeo lleven encima la documentación para evitar ser detenidos en un control rutinario. Recordemos que Timothy McVeigh, el autor material del atentado de Oklahoma en 1995, fue parado al conducir un vehículo sin matrícula por un policía que procedió además a detenerle por llevar un arma de fuego sin permiso. Su rechazo a la autoridad del Estado jugó en su contra.

Un buen indicio para detectar bulos es preguntarse “¿no resulta sorprendente esta noticia algo rocambolesca que resulta encaja perfectamente con cierta agenda política?”.  Alguien dijo que resultaba llamativo que la mayoría de conclusiones que la gente sacó este fin de semana sobre los ataques del viernes 13 en París confirmaban plenamente sus convicciones y prejuicios del jueves 12.

La premisa falsa

Un asunto recurrente en las teorías conspiranoicas es la premisa falsa. “¿Sabías que ningún judío acudió a trabajar el 11-S a las Torres Gemelas?”  La lista de víctimas del 11-S incluye, por ejemplo, unos cuantos Cohen, Goldstein, Rosenbaum y Salomon. Pero da igual, porque tú estás en un bar y el tipo a partir de ahí construye su versión. Al menos hoy tenemos móviles con 3G y navegar por Internet con el móvil es algo que se puede hacer con suficiente soltura para buscar respuestas sobre la marcha. Pero hay veces que el conspiranoico lanza un dato y sólo de chiripa encuentras una explicación del tema. Una vez hablé con alguien que me dijo que pensaba que el 11-S era un montaje y me habló de los vínculos de la CIA con Osama Bin Laden. “En Internet está la foto del director de la CIA con Osama Bin Laden en Afganistán”. Sólo mucho tiempo después me encontré una foto de Zbigniew Brzezinski en Pakistán con un militar pakistaní con su barba. Ese era el “director de la CIA” y “Bin Laden” juntos en una foto. Una identificación tan chanante como la que hizo la gente que llamó a la policía para informar sobre la presencia de Bin Laden poco después del 11-S en una estación de autobuses en Málaga. La policía acudió y se encontró a un inmigrante árabe con su barba. Al menos el buen hombre se lo tomó con humor, según se pudo ver por las noticias.

 El profesor Fernando Reinares escribió sobre el 11-M, al cumplirse otro aniversario el pasado miércoles 11 de marzo. En “Por qué el 11-M dividió a los españoles” habla de las premisas falsas sobre las que se construyeron los discursos políticos de un signo u otro en torno al 11-M. Encontré interesante una de esas cuestiones en que muchos insisten.

[L]a decisión de ejecutar ese acto de terrorismo se tomó en diciembre de 2001 en la ciudad paquistaní de Karachi y fue ratificada durante una reunión que delegados de tres organizaciones yihadistas magrebíes mantuvieron en Estambul en febrero de 2002. Además, lo que se convertirá en la red del 11-M inició su formación al mes siguiente, todo ello más de un año antes de la invasión de Irak.

Tras el desmantelamiento de una trama yihadista, la Operación “Dátil”, miembros de la periferia de esa red difusa dieron un paso al frente y asumieron atentar como venganza.

[H]e podido constatar cómo, incluso entre los ciudadanos interesados y que eran adultos cuando se perpetraron los atentados de Madrid, existía un gran desconocimiento sobre la trayectoria del yihadismo en nuestro país desde mediada la pasada década de los noventa.

El profesor Reinares habla sobre cómo en 2003 hubo 40 detenidos en España por “su implicación en actividades de terrorismo yihadista”. Pero no hubo una percepción de la amenaza en la opinión pública mientras la UCIE del Cuerpo Nacional de Policía justificaba que su trabajo era necesario “prevenir la muy posible comisión de atentados en nuestro país”.

Lean “Por qué el 11-M dividió a los españoles”, tan recomendable como “¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España.

Tres libros para saber qué pasó el 11-M

Hoy es el décimo aniversario del 11-M. A pesar de ser miembro fundador de DesiertosLejanos.com, decidí desvincularme del tema el día en que me di cuenta que me estaba afectaba profundamente. Tanta mentiras, tanta infamia y tanto cinismo de políticos y periodistas me revolvía las tripas mientras desmontar las teorías conspiranoicas se volvía el trabajo de Sísifo. El ritmo con el que escupían mentiras era muy superior a la celeridad con la que yo podía documentarme y comprobar datos. Recuerdo, sin ir más lejos, cómo al principio se dijo que era imposible que en el 11-M estuvieran implicados terroristas yihadistas porque no habían sido atentados suicidas. O que era imposible que el grupo que cometió el atentado tuviera relación alguna con Al Qaeda porque en él había delincuentes comunes relacionados con el menudeo de droga. La conspiranoia se construyó así. Sobre falacias del tipo “todo el mundo sabe que los yihadistas siempre cometen atentados suicidas y jamás reclutan pequeños delincuentes”.  Aquello sirvió para saber que quienes lanzaban aquellas teorías sobre el 11-M no tenían las más mínima honestidad intelectual. Luego, pude compartir ideas con personas que tenían conocimientos de otras disciplinas o simplemente la paciencia para contrastar datos. Llegamos a parecidas conclusiones.

En aquel entonces me consumía la rabia. Y hoy pienso en las personas que pagaron un precio demasiado alto. Anoche vi en la televisión a Rodolfo Ruiz, el que fue jefe de la comisaría de Vallecas, al que ciertos medios le hundieron la vida. Sólo había que ver su aspecto físico para comprender que es ahora una sombra del hombre que llegó a ser. En aquel entonces me costó comprender por qué ni los medios afines al gobierno de Rodríguez Zapatero entraron en el tema de la conspiranoia ni el propio gobierno plantó cara en este asunto. La razón la descubrí en el primer libro que hoy recomendaré: Las Bombas del 11-M de Juan Jesús Sánchez Manzano, que era comisario jefe de los TEDAX en 2004. Hice mi reseña en este blog hace no mucho tiempo. En el libro encontramos el relato de alguien que estuvo en primera línea y cuenta cómo trabajó la policía aquel día. Pero además el autor nos cuenta su calvario personal al convertirse en blanco de los conspiranoicos y nos cuenta la clave que en aquel momento nos faltó: El gobierno de Rodríguez Zapatero creyó que el Partido Popular sufriría un desgaste por aferrarse a las teorías conspiranoides y no hizó el mínimo esfuerzo por frenar el asunto. Por ejemplo, contestando de forma lacónica la catarata de preguntas del Partido Popular en el Congreso a cuenta del 11-M. Quizás haya que recordar a alguno que Mariano Rajoy declaró a El Mundo: “No me creo que los detenidos por el 11-M organizaran los atentados”).

El segundo libro a recomendar es el que me estoy leyendo ahora mismo: ¡Matadlos!  Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España de Fernando Reinares, uno de los mayores expertos en España sobre terrorismo. El libro es francamente exhaustivo y denso, aunque los capítulos cortos y la redacción lo hace ameno. Que un libro así haya salido ahora se explica porque sólo el paso del tiempo ha permitido disponer información crucial para hacer la composición de cómo se planeó y por qué el 11-M. Así, encontramos que los yihadistas querían atentar en España antes de la invasión de Iraq y antes de que se fijara el 14 de marzo como día electoral. También, nos enteramos en el libro de las numerosas ramificaciones que conectan la amorfa red de yihadistas que participaron en el 11-M con Al Qaeda.

Por último les recomendaré el trabajo de trituración de las teorías conspiranoicas que está haciendo Manel Gozalbo, la clase de persona que no querrías nunca que haga un fisking a un artículo o libro tuyo. En El juicio paralelo del 11-M se ha propuesto revisar en varios volúmenes las teorías conspiranoides publicadas por la prensa española, desmontado las falacias y señalando las contradicciones, mentiras y errores de bulto en un tour de force epopéyico donde muestra una erudición inaudita en las más diversas disciplinas. Leyéndolo uno tiene la sensación de que Manel Gozalbo es un perro de presa que una vez muerde una falacia conspiranoide no la suelta hasta despedazarla del todo. Y cuando uno cree que ya ha terminado, desanda el camino para con grandes dosis de sarcasmo rematar los flecos pendientes. Su libro es un auténtico espectáculo.

Casimiro García-Abadillo, autor entonces de 11-M La venganza y hoy director de El Mundo, da marcha atrás y dice que “cometimos errores sobre el 11-M” y “dimos crédito a algunas informaciones faltas de rigor”, lo que terminó haciendo que parecieran “una pandilla de iluminados”. En un día así sólo queda pensar, ¿recibirán algunos su merecido castigo?

Mira que son cansinos

No recuerdo en cuál de sus programas de televisión fue, pero Pepe Navarro empezó a traer como invitado a un tal Álvaro Baeza. Recuerdo su primera intervención, a raíz del asesinato de un terrorista palestino al que habían colocado explosivos en su teléfono móvil. Baeza hablaba como si hubiera estado charlando ese mismo día sobre los detalles de la operación con alguien del Mossad. A mí que por aquel entonces aquellos temas ya me interesaban me llamó mucho la atención y empecé a seguir sus intervenciones en el programa.

No pasó mucho tiempo hasta que lo que contaba Álvaro Baeza me sonara muy raro. Un día refiriéndose a Valentín Lasarte contó que “nunca se separaba de su automática del .47”. Un calibre de pistola que de existir serviría para matar osos. La cosa no quedó en esos detalles tontos. Hablando del plan de ETA para matar al Rey en Mallorca con un fusil de francotirador, Baeza afirmó tajante que aquello era todo un cebo. El verdadero plan de ETA consistía en matar al Rey mientras estuviera a bordo del yate Fortuna con un misil Stinger. De haber tenido éxito el plan hubiera sido noticia seguramente, pero no sólo por tratarse de un magnicidio con éxito, sino por ser la primera vez que se hubiera destruído un barco con un misil antiaéreo. Baeza llegó a asegurarle a la mujer de Publio Cordón que pronto habría novedades sobre el paradero de su marido.

Baeza tenía una editorial, ABL Press, que publicaba unos tochos de tapa dura y letra generosa a prueba de míopes. Su presencia en televisión le aseguró la distribución de sus libros. Sólo llegué a hojear uno, en una gran superficie, dedicado al tráfico de armas y en dos páginas al azar encontré dos fallos garrafales. Alguien debió advertirle a Pepe Navarro de la naturaleza del personaje y desapareció del programa. En la siguiente temporada apareció un personaje cómico que se llamaba “el enterado”, una obvia parodia de Baeza.

El programa de Pepe Navarro fue también tribuna para mil teorías sobre el crimen de las tres chicas de Alcàsser. Por allí pasaron personajes y personajillos que insinuaron la existencia de una trama de violación y asesinato en la que estaban implicados políticos. Recuerdo que en el juicio de uno de los testigos dio un testimonio muy alejado del que había dado en televisión y preguntado por tal diferencia vino a decir algo así como “la tele es la tele”.

Pasó el tiempo y de aquellos personajes y personajillos, y de sus teorías rocambolescas, nada más se supo. Algo que uno podría esperar de las tonterías que se han vertido sobre el 11-M. Pero la derecha mediática vuelve estos días a la carga de nuevo con la conspiranoia. Cuando traté el tema por primera vez estaba solo. Por el camino surgió Copypaste al relevo cuando yo me aburrí de tanto retortijón mental. Conspiranoia y malabares retóricos que Luis Fernando Areán analizó y diseccionó con bisturí. Y si pensábamos que ya se habían aburrido, El Mundo volvía a la carga estos días. Menos mal que José Antonio Martínez Soler (JAMS) se tomaba la molestia de resumirnos el tostón:

Un tal Omar, que reconoció la voz de “El Chino” en el video del 11-M, declara a Antonio Rubio del El Mundo que “cuando salió (el Chino) de Carabanchel me contó que tenía amigos en ETA”

ETA y el 11-M. ¿Cómo no recordar aquella gran construcción lógica de Luis Del Pino en Libertad Digital sobre ETA y el 11-M?:

-Uno de los implicados en el 11-M conocido como “el Chino” traficaba con drogas y tenía contactos en Bilbao.

-ETA controla TODO el narcotráfico en el País Vasco

-“El Chino” tenía contactos en ETA.

-ETA está detrás del 11-M.

Empecé a escribir sobre todo esto del 11-M porque sentía que me tomaban por idiota con tanta teoría absurda. Detrás de todo ello no hay más que una intención meramente política. La “verdad” se la suda a todos estos fieles siervos de sus amos, pero lo triste es saber que si se publican es porque en el fondo estas tonterías tienen un público. Alguien tiene que encargarse de poner las cosas en su sitio. Habrá que volver al tajo.

P.S.: Si comenzaba escribiendo sobre Álvaro Baeza, después de haber empezado me he encontrado conque el ínclito ha publicado un libro sobre ETA y el 11-M. ¿¡Cómo no!? Grueso, con letra grande y sin una sola nota a pie de página o referencia bibliográfica. ¡El delirio!