Geopolítica del Procés (II)

El otro día vimos un par de ejemplos de “sesudos” análisis geopolíticos y geoestratégicos en torno al proceso soberanista catalán. Se trataba de los disparates escritos en Twitter por un par de independentistas que había guardado como representativos de las tonterías dichas en las redes sociales por simpatizantes de aquel bando aquellos días. Pero las fantasías geopolíticas no fueron exclusivas del bando independentista. Aquellos días aparecieron análisis contrarios al independentismo que alertaban que los acontecimientos que estaban sucediendo en Cataluña eran el resultado de una operación encubierta contra España lanzada por la Unión Europea, la OTAN y George Soros. Sobra decir que este tipo de análisis provenían del bando prorruso de la Nueva Guerra Fría.

“Andréi Kononov” escribió en el blog “La Verdad Oculta” con fecha 23/09/2017 un artículo titulado “MAIDAN.CAT: Tras las huellas de la OTAN en el Procés” que es representativo de esa línea de pensamiento. El artículo fue reproducido poco después por Geopolitica.ru El poco esfuerzo empleado en tratar de sostener la teoría y los enormes agujeros argumentales hacen pensar que más que una teoría conspirativa nos encontramos ante una campaña de agitación en la que a río revuelto alguien trató de generar antipatía en España hacia las bestias negras del Kremlin.

Mucho ruido, pocas nueces.

El primer punto de los argumentos del artículo es que se trataron de unas “protestas muy bien planificadas”. La verdad es que todos sabemos cómo la maquinaria independentista estaba bien engrasada. Pero como veremos en mi reseña del libro Guerras Híbridas: La aproximación adaptativa indirecta al cambio de régimen de Andréi Krybko, los autores afines al Kremlin parece que tienen un problema para entender la voluntad de la gente a participar en protestas del signo que sean. Y en el caso catalán, nadie que haya estudiado el Procés se ha encontrado que fuera un fenómeno incomprensible que requiera para ser entendido introducir en el análisis una mano negra ajena a Cataluña y España. Las causas y actores son evidentemente endógenos.

Sin embargo, las “pruebas” de una acción externa para el autor del artículo es la proliferación de menciones a la Plaza de Tahrir de El Cairo y la Plaza de Maidán de Kiev, epicentro de las protestas en ambos países, en artículos y noticias relativas a Cataluña. Se mencionaba que, de impedirse la celebración del referéndum del 1-O, los líderes independentistas llamarían a una campaña de movilización y activismo. Tanto la prensa de Madrid como la de Barcelona establecieron comparaciones con las Primaveras Árabes y el Euromaidán ucraniano. Otra vez, desde la perspectiva del Kremlin todo lo que sea activismo callejero es el resultado de una operación de agitación llevada a cabo por poderes ocultos desde el extranjero. Y en este caso, las meras comparaciones hechas por periodistas de uno y otro lado significaba que estaban anunciando entre líneas la intervención de una poderosa conspiración ajena a España.

Decía el profesor Fernando Reinares que podíamos identificar una teoría de la conspiración porque sus autores siempre tienden a culpar, casualmente, a aquellos contra los que tienen prejuicios ideológicos. Yo la verdad es que nunca he encontrado a alguien que defienda una teoría conspirativa y afirme que, cotejando informaciones, llegó a la conclusión de que la mano negra culpable de todo era un personaje o grupo al que tenía en estima. Andréi Kononov” señala a George Soros, la bestia negra del Kremlin sobre el que habrá que hablar tarde o temprano. Pero de momento tenemos que fijarnos en la prueba de cargo contra él. Resulta que la Fundación Open Society Initiative for Europe de George Soros aportó 27.049 dólares para la celebración de un evento sobre xenofobia y euroescepticismo organizado por el Consell per la Diplomàcia Pública de Catalunya (Diplocat) y destinado a periodistas y medios de comunicación en 2014.

Noticia en 2016 de la subvención a Diplocat en La Vanguardia (véase noticia original).

Aquí tengo que hacer un inciso. Yo he sido invitado a varios eventos en los últimos años. La organización de cada evento se gastó una buena cantidad de dinero en pagarme billetes, alojamiento, comidas y desplazamientos. En algunos casos incluso cobré por mi participación. A esa cantidad que la organización se gasta por invitado, hay que sumar los gastos asociados al alquiler del auditorio, la traducción simultánea, los roll ups, etc., el material de papelería y un sinfín de gastos más. Así que volviendo a los 27.049 dólares que aportó la fundación de George Soros a Diplocat, ese dinero se gastó en organizar un taller sobre xenofobia y euroescepticismo. Sin embargo, de alguna forma mágica y misteriosa el asunto se transformó en un apoyo directo de George Soros al Procés, idea que ha circulado profusamente en titulares sensacionalistas de medios panfletarios de la ultraderecha española (valga la redundancia).

A continuación el artículo salta a Arthur Brooks, presidente del American Entreprise Institute (AEI). Por lo visto, Brooks tiene familia política catalana (trabajó y vivió en Barcelona), fue invitado a Cataluña por el gobierno catalán y en una gira por Estados Unidos, el entonces presidente Carles Puigdemont se entrevistó con Brooks. El AEI es tan importante para “Andréi Kononov” porque cuenta que “el investigador Thierry Meissan acusó a este think tank de haber preparado junto a Israel un “golpe suave” contra el gobierno de Irán en 2002”.  Sobre el siniestro Meyssan, por cierto, escribí hace ya tiempo.

Para “Andréi Kononov” es muy importante la agenda de encuentros y reuniones del entonces presidente Carles Puigdemont en Estados Unidos porque eso lo interpreta como indicios del interés estadounidense en fomentar la independencia de Cataluña. La verdad es que no parece que haya comprendido cómo funcionan estas giras. Tener más o menos encuentros de alto nivel en Estados Unidos es el resultado de la habilidad de tu gabinete y del dinero que hayas gastado en agencias de relaciones públicas. Recordemos, por ejemplo, que el gobierno español firmó en su momento un contrato de 2,3 millones de euros con un bufete de abogados para ejercer labores de lobby en Washington D.C. Entre sus tareas estuvo, por lo visto, lograr que al presidente José María Aznar le fuera concedida la Medalla de Oro del Congreso.

Lo interesante es que “Andréi Kononov” publicó su artículo en septiembre de 2017, así que tenemos la perspectiva del tiempo para valorar el resultado de la gira estadounidense del entonces presidente Carles Puigdemont. Pero además, en el caso del AEI, basta acudir al buscador de su página web para ver cuántos documentos y artículos ha publicado el think-tank sobre la cuestión catalana. Yo no encuentro más referencia a la cuestión catalana en la página web de AEI que dos artículos de opinión publicados en 2014 (‘Catalonia is not Scotland’) y 2012 (‘A divided Catalonia may yet attempt to divide Spain‘). El resto de referencias a España tienen que ver con asuntos fiscales y con la Unión Europa.

Hay otro encuentro del entonces presidente Puigdemont que plantea conexiones interesantes. Cuenta “Andréi Kononov” que Puigdemont se reunió con el ex-presidente Jimmy Carter.

Puigdemont y compañía redondearon su gira por Estados Unidos reuniéndose con el ex-presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, uno de los impulsores (junto a su inseparable consejero Zbigniew Brzezinski) de la Operación Ciclón contra la URSS en Afganistán. El encuentro fue auspiciado y anunciado a bombo y platillo por el Diplocat.

Otra vez, “Andréi Kononov” muestra no enterarse mucho de lo que escribe. La reunión con Jimmy Carter tuvo lugar en el Carter Center, una ONG célebre por sus actividades de monitorización de procesos electorales e intermediación en conflictos. Podemos imaginar que Puigdemont buscaba que la organización se implicara en el referéndum y realizara tareas de mediación. La gracia aquí es que “Andréi Kononov” no se molestó ni en hacer una mínima búsqueda de información sobre el resultado de la reunión. Porque después de la reunión el Carter Center emitió un comunicado oficial anunciando que ni el ex-presidente ni su ONG se involucrarían en el referéndum impulsado por el presidente Puigdemont.

Comunicado del Carter Center (vía La Vanguardia).

La sucesión de encuentros y reuniones son para “Andréi Kononov” prueba de que distintas instituciones, poderes y personajes de Estados Unidos estaban trabajando para impulsar el Procés. La realidad es que a la vuelta de Puigdemont a España el viaje fue considerado un fracaso por el perfil bajo de los interlocutores. El único encuentro relevante fue el celebrado con Jimmy Carter. De ahí, que fuera “anunciado a bombo y platillo por el Diplocat”. Se especuló, por cierto, sobre la existencia de un pago, cabe suponer que en forma de donación al Carter Center. La foto oficial de la reunión muestra a los participantes sosteniendo unas pancartas de una campaña para luchar contra la ceguera de río. La Embajada de Estados Unidos, por cierto, intervino en el asunto con un comunicado oficial donde afirmaba que el gobierno de ese país ” está profundamente comprometido en mantener la relación con una España fuerte y unida”.

Refutar teorías conspiranoicas es agotador.

El artículo sigue y sigue. Pero creo que se hacen una idea de cómo se construye una teoría conspirativa. A lo mejor otro día me animo a seguir repasando otros epígrafes del artículo. Y si tienen conocimiento de otros por el estilo les animo a compartir el enlace conmigo en redes sociales o en los comentarios.

 

Geopolítica del Procés

Presté bastante atención a la crisis catalana del último trimestre de 2017. Se dio el fenómeno que en Twitter seguía a personas que cuando se abrió la grieta del Procés quedaron en bandos opuestos. Así que me llegaban mensajes, comentarios y noticias desde ambos puntos de vista. Y en ambos bandos presencié una dinámica recurrente. Alguien encontraba el tuit, un meme o las declaraciones de algún personaje del otro bando que causaban indignación en el propio y lo compartía en Internet. Así, personajes anónimos de Internet cuya opinión hasta entonces llegaba a cuatro gatos eran convertidos en ejemplo del pensamiento típico de su bando. La conclusión de unos y otros era luchar por una causa justa teniendo en frente a unos hipócritas, dementes y antidemócratas.

El fenómeno, cómo no, ha sido identificado y etiquetado en Estados Unidos. Se le denomina “nutpicking“, por derivación de “cherrypicking“, que es el falacia consistente en escoger a propósito los datos que sustentan tu hipótesis. En este caso, “nutpicking” consiste en presentar en un debate las ideas de los miembros más impresentables del bando contrario como representativas del todo para argumentar que tu postura es la justa y la razonable. En el “nutpicking” hay más que un decisión consciente de tomar una información y desechar otra. Sucede también de forma inconsciente cuando estás encerrado en una burbuja informativa y tu entorno te alimenta con noticias e información que te hacen pensar que los que no piensan como tú están como una cabra o son directamente malvados.

Siguiendo el Procés en Twitter, me di cuenta que todos los días yo mismo estaba compartiendo tuits que exponían toda clase de chaladuras dichas y hechas por los independentistas. Y decidí dejar de hablar del Procés porque estaba contribuyendo a construir esa burbuja informativa. Aunque pienso que hay temas que no estaría de más documentar, como los argumentos supremacistas raciales dentro del independentismo. Otra tema más divertido son las teorías geopolíticas que me encontré siguiendo la crisis catalana. Había independentistas convencidos que el futuro de Europa se jugaba aquellos días en Cataluña y que la región era de una importancia estratégica que iba a obligar a intervenir a las grandes potencias mundiales. Me temo que no guardé los enlaces de todas aquella teorías que encontré. Pero aquí hay unas pocas que merecen la pena ser leídas un año después.

Carmen López publicó el 25 de diciembre de 2017 un hilo que arranca con la noticia de las protestas de los trabajadores civiles de la Base de Rota. Según ella, era un síntoma del próximo colapso económico de España. Y planteaba, que si Estados Unidos negoció la instalación de bases militares durante la Guerra Fría poco después de la Guerra de Corea, la reciente crisis norcoreana generaba la posibilidad de que se rompieran esos acuerdos y se abriera una ventana de oportunidad en la que Estados Unidos apoyara la independencia de Cataluña para instalar en ellas sus bases militares. Game over España.

Por el camino de su argumentación aparecen judíos, protestantes, petróleo, la monarquía saudí y como contexto de fondo la III Guerra Mundial, que se parece a lo que yo llamo la Nueva Guerra Fría pero aparecen en ella China e India. También aparece el bulo de que el gobierno de Mariano Rajoy se gastó miles de millones en aviones F-35 para salvar a la industria aeronáutica estadounidense y así ganarse el favor del presidente Trump en el tema de Cataluña. Al final me entra la duda si estamos ante una parodia, un troll o un buen ejemplo de los brillantes análisis surgidos en Cataluña por aquellas fechas. Por comodidad, tras el tuit que abre el hilo he puesto el texto con algunas acotaciones, enlaces y correcciones ortográficas.

– Pactos de Madrid 1951-52 [se firmaron en 1953]. España recibe su Plan Marshall a cambio de 4 bases americanas para guerras con Corea después de perderla USA.
– 2016 Rajoy pide perdón a Trump por apoyar a la de Obama comprándo aviones [bulo] y asumiendo total de gastos de las bases
– 2018 Precariedad laboral [noticia de las protestas de los trabajadores de Rota]

-2017 Trump aparece con Rajoy en una rueda de prensa donde manda y ocupa el 99% del foco, con la concesión a España de decir que a él personalmente le gusta pensar en España como unidad.
-2017 21-D Silencio del gobierno americano respecto a la cuestión catalana y apoyo total de los medios americanos a los independentistas.

Si el nuevo enfrentamiento con Corea del Norte se cierra (que ya se está cerrando porque están ganando la III Guerra Mundial Rusia/Irán/China estrepitosamente), USA y UE reconocerán la Catalunya independiente u obligarán a un pacto de sedición. Si España no prolonga anualmente los Pactos de Madrid, USA pactará con Catalunya. Pondrá una base y la reconocerá como república con el sí del bloque Reino Unido, Israel y sus países satélites. Si no pacta, pactará Rusia con todo el bloque a favor Irán, China, Corea del Norte, Catar e India. Catalunya le ha hecho un jaque mate a España.

Mientras, los corruptos no hacen movimiento que no sea coge el dinero y corre: privatizan los servicio para precarizarlos y las ganancias en B mandárselas a cuentas en paraísos fiscales. Véase como ejemplo las bases americanas (del gobierno de Estados Unidos a gobierno de España, a privado a precario). En todo ese tema siempre sale el expolio al pueblo español y el convertir a la ciudadanía en esclavos a modo de producción china. Es una traición al pueblo en toda regla, ya que los beneficios de esta felonía los trasladan al extranjero para perpetuar el voto cautivo.

Este empobrecimiento sucesivo es neguentrópico: termina con la desaparición de España como nación, se acabará el chiringuito, el Cortijo está a punto de desplomarse. La población que sobreviva será porque se ha levantado milagrosamente contra la tiranía de la corrupción, o vendió propiedades y se fue de España. Es un genocidio contra la masa aborregada, a la que el pastor cortesano usa y desprecia. La corrupción está jugando al medio/corto plazo. Sabe que si sigue Trump se acabaron los Pactos de Madrid y el apoyo americano conseguido poniendo el culete Franco y renovado igual por Aznar. Cuando los americanos se den cuenta se acabó y para siempre.

La relación de España con el ahora bloque perdedor de la III Guerra Mundial es debida a Arabia Saudí, que es pez gordo en la pandi de los monarcas mundiales y posiblemente se alió con Juan de Borbón, por lo que Franco consideró a esta línea y no a la legítima. Que tenía también controlada con el casamiento de su nieta con el Duque de Cádiz.

Fijaos la perversión que se está desmoronando delante de nuestras narices:

– Arabia Saudita, monarquía absoluta, controla monarquías. Controla España a base de apoyo económico y de usar al yankee.
– El yankee controla al judío con Israel, odia a España por ser un antiguo imperio y por ser amenaza. Por ello obliga a ir contra Venezuela por tener de aliado a Arabia Saudita, que le vende el total de monarquías.

Oriente Medio, con quimeras por culpa de la hipócrita Arabia Saudita. Occidente, con quimeras por decisión americana. Oriente, controlado por Rusia e Irán. Los dos bandos odian a España que está en el perdedor, por la tortura muerte y expulsión de judíos, moriscos y protestantes.

Están jugando al corto plazo. Si Catalunya juega al medio plazo, ganará el reconocimiento mundial y se la rifarán como aliada los dos bloques y por supuesto Europa. Si lo juega bien, será una zona muy rica. Las variables de unión de estados, Internet, las renovables, las impresoras 3D y la nanotecnología han cambiado radicalmente las reglas del juego.

Podemos apreciar que el hilo de Carmen López emplea el típico estilo de los teóricos de la conspiración que te cuentan que el motor de la Historia es la pugna subterránea entre dos bandos muy polarizados y de cuyo conocimiento sólo tiene acceso un grupo selecto al que ella te invita a participar, haciéndote cómplice. Se trata de una guerra secreta y ancestral que se puede intuir en acontecimientos recientes. En el fondo, este tipo de teorías de la conspiración lo que trata es infundir ánimos en las filas propias: “no os preocupéis, nuestra causa no es pequeña, está en el centro de los grandes problemas del mundo, los grandes poderes están pendientes de nosotros, no desesperéis, nuestros líderes saben lo que hacen porque tienen un plan secreto”.

Otro estilo de gran análisis geopolítico surgido del Procés es el que realizó el escritor Xavi Boada Vila. En su caso nos ofrece un análisis geoestratégico, un género enriquecido durante el Procés gracias a tanto experto en asuntos militares. Nuevamente he copiado el texto que sigue al primer tuit, corrigiendo algunas erratas.

Analizando la situación catalana, España se encuentra en una encrucijada, porque no tiene suficiente ejército para controlar la región. Para ello necesitaría 230.000 soldados y en este momento solo dispone de 170.000. Siempre cabría la posibilidad de desmilitarizar Ceuta, Melilla, las costas de Canarias y el sur de España para enviar todas las tropas a Cataluña, pero la UE jamás apoyaría una intervención en la región catalana.

Suponiendo tal locura anterior, con una deuda del 140% y que España paga cada mes desde el BCE, esto sería un doble suicidio. Primero porque para la UE son tan europeos los catalanes como el resto de los españoles. Por tanto jamás apoyaría una intervención militar o guerra civil apoyando una de las dos partes. Y segundo porque desmilitarizando Ceuta, Melillla, Canarias y el sur de Andalucía, facilitaría una posible invasión marroquí. El rey de Marruecos desde hace años quiere entrar en la UE, pero su territorio está en África, pero si invade parte de Andalucía, comiéndose Ceuta, Melilla y Canarias, dentro de 50 años seguro que acabaría entrando en la UE.

Si España entrara en una guerra civil contra Cataluña, la UE no apoyaría tal intervención y Marruecos aprovecharía la desventaja española para invadir parte de Andalucía con el apoyo indirecto de Francia. Además Marruecos tiene un potente ejército y poca deuda. Si Marruecos invadiera España, al ser una guerra civil, la UE jamás apoyaría a España contra Marruecos. Tampoco la OTAN, ya que los catalanes merecen tanto la protección como el resto de los españoles. Finalmente si eso pasara, rizando el rizo, la deuda del 140% en pocos años podría llegar al 3000% o 4000%, sin la ayuda de nadie. Es por ello que estoy convencido que Cataluña se independizará sin más.

Lo que me llama la atención es que este hilo fue escrito en marzo de este año, cuando las pasiones políticas del 1-O estaban muy atrás. Así que plantear las dificultades de una intervención militar para “pacificar Cataluña” suena muy a destiempo, porque por aquel entonces ya nadie hablaba de los carros de combate Leopard entrando por la Diagonal. Por no hablar del uso de la violencia por parte de los independentistas, cuando son frecuentes los casos en que la visión de un convoy militar del Ejército de Tierra español por las carreteras catalanas les genera taquicardia. Mención aparte la invasión marroquí de Canarias y Andalucía como fantasía bélica.

Nuevamente tenemos la teoría de que fuerzas externas a España van a intervenir para zanjar la crisis catalana, partiendo del punto de vista de que la Unión Europea estará encantada de recibir con los brazos abiertos a la emprendedora Cataluña y deshacerse de la tercermundista España.

La verdad es que lamento no haber guardado más ejemplos de este tipo de fino análisis geopolítico. Pero para compensar, resulta que guardé análisis de signo contrario. Si unos estaban convencidos de que organizaciones internacionales como la Unión Europa iban a intervenir a última hora para rescatar a Cataluña, reconocer su independencia y acogerla en su seno, otros estaban convencidos de que poderes ocultos estaban trabajando desde el primer momento para romper España empleando las estrategias ya empleadas en las Revoluciones de Colores y las Primaveras Árabes.

El independentismo catalán falló el 21-D

El viernes 21 de diciembre se cumplió el primer aniversario de las elecciones autonómicas catalanas convocadas inmediatamente después de la aplicación del Artículo 155º de la Constitución Española. El gobierno del presidente socialista Pedro Sánchez decidió celebrar dicho día en Barcelona un Consejo de Ministros como un gesto hacia Cataluña que fue recibido como una provocación desde el movimiento independentista.

Banner de Asamblea Nacional Catalana (ANC).

Mi impresión personal fue que el presidente Pedro Sánchez iba a regalarle gratuitamente una victoria mediática a los independentistas, que amenazaron inmediatamente con poner patas arriba Cataluña en señal de repulsa. Mi temor era que la prensa internacional iba a mostrar una Cataluña exaltada y un gobierno español asediado en su reunión en Barcelona. Porque aunque los independentistas no son mayoría, eran suficientes para colapsar Cataluña y transmitir la idea de que toda Cataluña rechazaba la presencia del gobierno de Pedro Sánchez.

La primera propuesta concreta de movilización vino de La Forja, una organización juvenil hasta entonces poco conocida, que proponía bloquear 12 nodos de comunicación reuniendo en cada uno de ellos a 1.000 personas.  La convocatoria se inspiraba en el movimiento de los “Chalecos Amarillos” franceses y era un buen ejemplo de cómo con economía de medios se puede paralizar una región de varios millones de habitantes con tan solo 12.000 personas. Además, el impacto mediático de los turistas atrapados en los aeropuertos de Barcelona y Reus iba a ser alto.


El objetivo de la Forja era bloquear los puertos de Barcelona y Tarragona, los aeropuertos de Barcelona y Reus, las conexiones por autopista de Cataluña con Francia, Aragón y la Comunidad Valenciana, tres vías de Barcelona (Ronda de Dalt, Ronda Literal y el cruce de la Diagonal con el Paseo de Gracia), la autovía C-25 cerca de Manresa y la autopista AP-7 a su paso por Gerona. Considerando que en el área metropolitana de Barcelona vive más de la mitad de la población de Cataluña (y más del 10% de la población española), era previsible que fuera un objetivo prioritario ese día. Además, las acciones cerca de Manresa y Gerona partían el eje de comunicación que articula la Cataluña interior desde el límite con Aragón cerca de Lérida hasta La Junquera en la frontera con Francia y pasa por Manresa, Vich y Gerona.

Mapa del Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña (icgc.cat).

Para preparar las acciones del 21-D se creó un canal de Telegram a modo de foro y 12 canales por cada uno de los nodos de comunicación a bloquear. Pronto, circularon en lugares como Foro Coches llamamientos a inundar el canal principal de miembros contrarios a la independencia. Sin embargo, medios de comunicación dieron por buenas las cifras de miembros como cifras de voluntarios dispuestos a acudir a cada uno de los 12 nodos el 21-D.

Los Comités de Defensa de la República (CDR), nombre escogido no por casualidad, propusieron por su parte bloquear las calles anexas a la Lonja de Barcelona, el edificio que acogería durante el viernes 21-D la celebración del Consejo de Ministros. La primera idea que me vino a la cabeza es que iba a ser una repetición del intento de bloqueo a la cumbre del Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional celebrada en Praga en septiembre de 2000. En aquella ocasión, el novedoso movimiento antiglobalización trató de bloquear la sede haciendo marchar tres columnas: rosa, blanca y negra, en función del grado de confrontación y violencia dispuesto a ejercer por parte de los participantes. La columna rosa era pacífica y no violenta. La columna blanca, formada por los Tute Bianche italianos, buscaba romper las líneas policiales pero sólo por el empuje de la masa. Para ello se cubrían de protecciones acolchadas. Por último, la columna negra estaba formada por aquellos dispuestos a chocar violentamente contra la policía, siguiendo las tácticas habituales del black bloc.

Puntos de reunión de las 3 columnas organizadas por los CDR en Barcelona el 21-D.

Casualmente los CDR catalanes convocaron también a formar tres columnas que avanzarían desde tres ejes diferentes sobre la Lonja de Barcelona. Una arrancaría desde cerca del final de las Ramblas para avanzar por el Paseo de Colón. Otra arrancaría desde la Plaza de Urquinaona para avanzar por la Via Laietana. Y la última arrancaría desde un extremo del Paseo de Companys para cruzar el Paseo de Picaso y girar por último hacia el Paseo del Marqués de la Argentera. Las tres columnas convergerían sobre la Lonja de Barcelona en el Paseo de Isabel II.

Según se acercó el 21-D, se informó que los simpatizantes de los CDR en Barcelona se unirían a los cortes de vía de comunicación en las entradas de Barcelona. Sin olvidar que la Asamblea Nacional Catalana (ANC) llamó a provocar atascos en Barcelona concentrando vehículos que condujeran despacio.

Otra novedad de las movilizaciones del 21-D fue la aparición de los llamados Grupos Autónomos de Acción Rápida, que el día 5 de diciembre lanzaron un un primer comunicado llamando a la “paralización de los grandes ejes de comunicación con los países vecinos (Francia y España)”. Además, se pedía el bloqueo de vías de comunicación (carreteras, tren, tranvía, metro, etc,) y las acciones de “boicot y sabotaje” contra “zonas industriales, fuerzas del orden y comunicaciones por cableado”. El comunicado decía que los GAAR actuarían como células aisladas e independientes sin jerarquía ni estructura, por lo que actuarían en el ámbito local de forma independiente y aislada de tal forma que la caída de una célula no impediría al resto seguir actuando.

La alarma generada por el primer comunicado llevó a los GAAR a rebajar el tono en su siguiente comunicado, donde afirmaron que sus acciones tenían un carácter no violento, pero en este contexto querían decir únicamente que con sus acciones no pretendían atentar contra personas. En posteriores comunicados, publicados en los días 12 y 17 de diciembre, se detallaban los objetivos y las acciones recomendadas, como sabotear semáforos y subestaciones eléctricas o bloquear salidas de centros logísticos. El día 17 de diciembre, además, lanzaron un mensaje a sus simpatizantes a que no esperaran una señal para actuar y que podían comenzar ya con sus acciones.

Y así quedó la jugada independentista más radical preparada para el 21-D. Todo el planteamiento de aquel día parecía sacado de un manual de guerra en red. En primer lugar tenemos comunicados y mensajes que marcan las directrices estratégicas con la idea de que sean captadas por los activistas de base, que no tienen por qué conocer al resto que va a participar de la acción. Y es que, aunque organizaciones ya conocidas como los CDR y ANC llamaron a sus simpatizantes a actuar el 21-D, se esperaba que actuara una multitud amorfa y sin jerarquía de militantes del independentismo conectada mediante las redes sociales. De ahí, las referencias al movimiento francés de los “Chalecos Amarillos”, que merecería un análisis propio.

La selección de 12 nodos de comunicaciones como objetivo el 21-D tenía el evidente objetivo de colapsar la red de comunicaciones catalana, un asunto que John Robb estudió allá por 2004 con entradas de su blog como “Infraestructure Meltdowns” y que recientemente reelaboró en “Systems Disruption 101“. La idea es que atacando unos pocos nodos vitales una fuerza insurgente puede lograr el colapso de un sistema entero. El trabajo de John Robb se extendió al estudio y teorización de la difusión por parte de fuerzas insurgentes de Tácticas, Técnicas y Procedimientos (TTP) con mentalidad de software de fuentes abiertas, además de la aparición de ecosistemas insurgentes que evolucionan por la supervivencia de los más aptos y la difusión de ideas. Todo aquello quedó volcado en 2008 en el muy recomendable libro Brave New War: The Next Stage of Terrorism and the End of Globalization

Por su parte, la aparición de los GAAR resulta interesante también porque ofrecían su “marca” a quien simpatizara con la causa. Los GAAR existirían allí donde una persona o grupo estuviera dispuesta a actuar en Cataluña, en un modelo muy parecido al “terrorismo franquiciado” y a la “yihad atomizada“. La referencia no es gratuita. El día 17 de diciembre el diario El Món ofrecía los testimonios de tres miembros de los GAAR. Quico Sallés, el periodista autor del artículo, destacaba al comienzo la cita “Que quede claro, somos más una estrategia que una organización”. Eso de promover una estrategia y no una organización es una idea que ya fue planteada por el teórico español de la yihad Mustafá Setmarian (alias Abu Musab Al Suri) en su monumental obra Llamada a la resistencia islámica global. Setmarian defendía la creación de un “sistema, no una organización(nizam la tanzim). John Robb, cómo no, también le dedicó una entrada de su blog.

Así que con estos precedentes, estaba todo listo para que el viernes 21 de diciembre Cataluña hubiera amanecido con enjambres de activistas acudiendo en masa a bloquear nodos de comunicaciones estratégicos mientras la actividad económica se veía paralizada por los cortes de carreteras y el bloqueo de centros logísticos y parques industriales. Se hubiera tratado de un imparable movimiento sin líderes visibles. Pero la realidad es que hubo cortes en más de una veintena de vías pero no se materializaron los bloqueos de los aeropuertos ni el puerto de Barcelona. Una vía de acceso al puerto de Tarragona fue bloqueada después de que unos manifestantes decidieran desplazarse allí. La policía autonómica catalana actuó para despejar autopistas y carreteras, llegando el caso a hacer detenciones o imponer multas. No hubo noticia alguna de acciones reivindicadas o atribuibles a los GAAR. Y en Barcelona, las columnas de manifestantes que pretendían llegar a la Lonja de Barcelona chocaron con el perímetro de seguridad de los Mossos. La columna que pretendía avanzar por el Paseo de Colón no pudo avanzar porque esa avenida entera quedaba dentro del perímetro de seguridad establecido por la policía. Al final, los miembros de esa columna terminaron chocando con la policía en la Avenida del Paralelo, bien lejos de su objetivo.

Las imágenes que se vieron una y otra vez en televisión corresponden a los choques de manifestantes y policías en la Avenida del Paralelo y la Vía Laietana. Además, el uso de la violencia resultó controvertido dentro de las propias filas del independentismo catalán. Sin embargo, para cierta prensa de Madrid aquellos enfrentamientos localizados se convirtieron en una Barcelona apocalíptica.

El sentimiento de fracaso fue patente en el canal de Telegram creado para coordinar las acciones de bloqueo de 12 nodos de comunicación estratégicos. A cierta prensa catalana tampoco se le escapó el balance negativo de la jornada. “El independentismo pierde el control de la calle“, tituló e-noticies. Aunque habría que matizar una afirmación tan drástica. La novedad de 21-D es que grupos pequeños o nuevos quisieron llevar la iniciativa ese día en la calle, mientras las organizaciones más consolidadas (ANC, CDR y Òmnium Cultural) plantearon tres convocatorias diferentes. La decisiva acción de la policía catalana podría responder a una estrategia del gobierno catalán para impedir que un caos excesivo el 21-D diera razones jurídicas a Pedro Sánchez para tomar su control desde Madrid. O bien porque al gobierno catalán actuó respondiendo al miedo del establishment independentista de ver grupos más radicales ganar protagonismo. Sin embargo sí se constata el desinfle del activismo callejero del movimiento independentista. Y es que no se puede mantener una eterna movilización para alcanzar la Tierra Prometida sin obtener resultados.

 

 

 

“En el huracán catalán” de Sandrine Morel

Como los españoles han estado tradicionalmente tan acomplejados con su historia y su presente, siempre se le ha hado desmedida importancia a la opinión de los de fuera. Algún punto de vista historiográfico sostenido por un investigador local tras bucear en archivos parecía sólo tener consistencia cuando lo planteaba un hispanista anglosajón. Y todavía sucede que se usa como argumento sobre la gravedad de un asunto sucedido en España que haya aparecido en las páginas del New York Times o The Guardian, a pesar de que haya sido abordado con profundidad por los medios españoles.

La crisis catalana del último trimestre de 2017 sirvió para desmitificar el recurso a autores extranjeros para entendernos a nosotros mismos. Pienso en aquella feliz explicación de John Carlin de que un síntoma de la poca predisposición en España al diálogo y a ceder posiciones es que no existe en español un equivalente al término inglés “compromise“. Parece que Carlin nunca oyó hablar del Compromiso de Caspe (1412). Por no hablar de todos esos jóvenes universitarios haciendo referencia a Por quién doblan las campanas u Homenaje a Cataluña para explicar la España del siglo XXI mientras mostraban su entusiasmo por la perspectiva de que los españoles volviéramos a matarnos entre nosotros como escenario de fondo para intrépidas y románticas aventuras.

Quizás por todo esto y porque su perspectiva sobre la crisis catalana fuera crítica con los independentista, el trabajo de la francesa Sandrine Morel, corresponsal de Le Monde, ha tenido eco en España. De hecho, el libro En el huracán catalán no nació como una obra publicada en Francia y traducida en España, sino directamente como una propuesta de la editorial Planeta a la periodista francesa. Se trata de un libro ligero, se lee del tirón, que tras los primeros capítulos introductorios presenta un relato cronológico del choque de trenes entre el gobierno central español y el catalán desde la Diada de 2012 al 23 de abril de 2018. La autora combina las entrevistas que mantiene con personalidades, las conversaciones off the record en los pasillos del poder y también sus impresiones personales a pie de calle donde conversa con gente corriente.

El libro transmite la idea de que por un lado el gobierno central de Mariano Rajoy no supo calibrar la naturaleza del desafío soberanista mientras que los líderes catalanes se vieron arrollados por el Procés, que convirtió en la independencia en un significante vacío donde cada cual proyectó sus fantasías políticas. El tono crítico con el independentismo no quita que la autora señale la inacción del gobierno de Rajoy, enfocado en la crisis económica y totalmente ausente en la batalla del relato, que creía que la mejora de la economía y el miedo a la acción a la justicia iba a desinflar el Procés.

El libro presenta una y otra vez que los partidarios de la independencia son incapaces de explicar el para qué de la independencia, limitándose todos siempre a vagas promesas de una Cataluña más business friendly y socialista donde el gobierno pueda aplicar con más libertad medidas de austeridad económica y se expanda el Estado del Bienestar. Las contradicciones entre la burguesía catalana y sus hijos anticapitalistas quedaron relegadas para el día en que se alcanzara la independencia. Quizás aquí esté la clave del desequilibrio entre los dos bandos. Mientras los partidarios de la independencia dejaron sus diferencias irreconciliables a un lado, los contrarios a la independencia en cambio tardaron en hacer causa común porque la izquierda catalana contraria a la independencia rechazaba salir a la calle junto con el PP catalán.

Lo que convierte a la autora en crítica del proceso soberanista es su rechazo al discurso victimista, que llega a comparar a Cataluña con la Armenia del genocidio y a los líderes independentistas con personajes como Martin Luther King, para hablar de una región próspera con unas cotas de autogobierno inimaginables en la mayoría de países. Por no hablar de unos líderes, que ahora sabemos iban de farol, que arrastran a las masas a un desafío contra un Estado que subestimaron y supeditando el éxito de la empresa a unos apoyos externos inexistentes. También transmite su sorpresa a la supeditación de los medios públicos al poder político y el posicionamiento de TV3 a favor de la independencia, porque según su director el deber de la cadena es estar con la “mayoría social”.

El resultado, como todo sabemos, es una sociedad fracturada sin solución a la vista. Como sociólogo me quedan ganas de leer un estudio serio que aporte luz a cómo se gestó la huida hacia adelante de los políticos soberanistas, que en el libro afirman siempre responder al “mandato del pueblo” mientras Sandrine Morel encuentra en la calle a gente en las manifestaciones que cuenta su disposición a llegar hasta donde los líderes digan. El fenómeno lo retrataba a la perfección una viñeta que representaba a una masa avanzando hacia el precipicio donde alguien en la cola afirmaba que iban siguiendo a los líderes mientras que en la cabecera alguien decía que avanzaban hacia donde la masa les empujaba.

El libro, como ya dije, es una lectura ligera y es recomendable para aquellos que, como yo, no le prestaron mucha atención a Cataluña hasta el 1 de octubre de 2017. También me parece una buena recomendación para aquellos recién aterrizados en España o que sólo siguieron la crisis catalana por los medios de comunicación de Madrid y nunca se enteraron de qué pasaba en las calles de Cataluña.

Crónica provisional de los meses locos de Cataluña.

No me acuerdo en qué momento fue, pero recuerdo comentar con alguien que a una persona catalana que ambos conocíamos se le había ido por completo la pinza. Le veíamos compartir indignada en redes sociales cualquier tontería que dijera sobre Cataluña algún personaje público. La verdad es que uno, en el fondo, ya está acostumbrado a que periodistas de la caverna y figuras locales del Partido Popular digan tonterías. Forma parte del paisaje político de España. Y si uno conoce otro países, sabe que hay gente así en todas partes. Pero por lo visto era España entera la que odiaba Cataluña y aquellas tonterías sólo un síntoma. Se repetía la consigna de “no nos vamos, nos echan”. España quedaba reducida para los independentistas a todo lo cutre, casposo, carca y facha. Era como si España se redujera a Torrente, las corridas de toros y Bárcenas mientras que Cataluña era Antoni Gaudí, Pau Casals y el World Mobile Congress.

Veíamos a esta persona anticipar con regocijo que España iba a tener un amargo despertar cuando el gran plan se pusiera en marcha. Mientras tanto, compartía fotos de actos multitudinarios y gente festiva con banderas con ese mismo fino sentido del humor de la gente que comparte un vídeo de la Legión desfilando con la cabra y comenta “que se jodan los podemitas”. Por lo visto, en el resto de España sufríamos mucho viéndoles festejar y celebrar.

Así que llegamos al otoño de 2017. Creo que la sensación que teníamos todos en el resto de España era que en el fondo el Procés era un paripé y que, al final, Rajoy y Puigdemont lo iban a solucionar como siempre: con cambios en la financiación autonómica que pusiera más dinero en la Generalitat. No sé cuánta gente del gobierno central pensaba igual. Ya conté aquí que alguien me dijo que todo estaba bajo control y no iba a tener lugar el referéndum del 1 de octubre. Ya sabemos cómo terminó la cosa. Hice mi análisis en “El desastre del 1 de octubre”“El 1 de octubre en Cataluña y las Guerras de Cuarta Generación”.

La imagen internacional de España quedó por los suelos aquel día. Alguien me comentó “no pasa nada, las editoriales de los principales diarios apoyan al gobierno español”. Poco después oí el mismo argumento a una ministra del gobierno. Supongo que la frase salió de algún argumentario o lo dijo alguien en la COPE. Parece que nadie hubiera sacado ninguna lección del uso de redes sociales en los conflictos recientes. Habían perdido la batalla de la narrativa.

Por aquellos días varios lectores catalanes me dijeron en Twitter que no entendía lo que pasaba porque yo no estaba allí. Querían decir, claro está, que pensaban que si yo hubiera estado viviendo en Cataluña hubiera simpatizado con el Procés. Alguno comentó incluso que yo escribía habitualmente cosas interesantes, pero que en el tema catalán se notaba que estaba sometido a servidumbres. Supongo que si no critico al independentismo catalán, Soraya no me manda el cheque a fin de mes. La verdad, como ya todos sabemos, es que te puedes sumergir en la realidad política de un lugar vía Internet. Leía la prensa catalana y seguía de cerca un montón de perfiles en las redes sociales para captar el estado de ánimo. Cuando miraba los medios y leía lo que decía gente del resto de España me quedó claro que no se habían enterado lo que estaba pasando allí.

El lunes 2 de octubre fue el primer día que estuve realmente preocupado. Una parte de la sociedad catalana había desconectado mentalmente de España tras las conmoción mediática del domingo día 1. Se había hablado de movilización de tractores el día del referéndum. Y ahora había manifestaciones a la puerta de cuarteles de la Guardia Civil. Sólo faltaba que alguien perdiera los nervios para que ocurriera una desgracia que encendiera la chispa. Me fui a la cama mandando mensajes a personas conocidas diciendo que todo me recordaba a Eslovenia 1991: bloqueo de vías de comunicación y cuarteles militares rodeados.

La huelga del día 3 sirvió para desinflar la tensión y como jornada de exaltación independentista. Tuvimos un mensaje del Rey que no sirvió para nada y luego la proclamación de independencia con inmediata suspensión. Una catalana con la que había coincidido alguna vez en Madrid, y a la que no hace mucho había redescubierto vía las redes sociales, contaba en su blog que en el resto de España no entendíamos que los independentistas eran la mayoría social. Otro conocido catalán no paraba de mostrar su hilaridad ante cualquiera que hablara de la fractura en la sociedad catalana.

Yo vivía todo aquello con una mezcla de sentimientos. Por un lado, la impotencia del “¿Y esto cómo se arregla?”. A los medios de Madrid les gustaba hablar de “golpe de Estado”, como si el Procés fuera una trama golpista que pudiera simplemente desarticularse como un comando terrorista. Parecía que no tenían en cuenta la opinión de la gente. O que simplemente pensaban que los independentistas, decepcionados, se desmovilizarían y se irían a casa. Mientras tanto, cada día nos echábamos unas risas en Twitter con las tonterías que soltaban los independentistas, que parecía habían abandonado todo contacto con la realidad. Vivían la fantasía de que la Unión Europea suplicaría que un país tan desarrollado, moderno, avanzado y pujante se uniera a ella mientras España, un lastre para Bruselas, sería expulsada por lo sucedido el 1 de octubre. España despertaría con llanto y crujir de dientes al día siguiente de la independencia catalana. Los españoles, que hemos estado toda nuestra historia viviendo de lo que robamos a otros, desde el oro de los incas al saqueo de Cataluña, íbamos a tener que ganar por primera vez el pan con el sudor de nuestra frente. El tener que trabajar para vivir iba a ser especialmente doloroso en el caso de los andaluces, que junto con los canarios, sufrimos la tara de nuestros genes africanos.

Sutil mensaje de un mural en Sabadell que muestra a una danesa del sur, rubia y de ojos azules, enfrentado a un policía español de tez morena.
Imagen promocional de un documental independentista que muestra a la típica niña danesa del sur.

El viernes 27 se votó en el parlamento de Cataluña la Declaración Unilateral de Independencia. Recuerdo levantarme del escritorio y mirarme las manos, que me temblaban. Si el gobierno catalán ordenaba a los Mossos tomar el control de edificios oficiales y fronteras, estallaría un conflicto armado. Como expliqué aquí, una Declaración Unilateral de Independencia no es un juego. Los independentistas decían desafiantes “¿a cuántos catalanes estáis dispuestos a matar para conservar vuestra sagrada unidad de España?”. Pero la cuestión fundamental era justo la contraria: cuántos catalanes estaban dispuestos a luchar y morir por la independencia al grito de “¡Patria o Muerte!”. El gobierno central aplicó el artículo 155 de la Constitución y pasaron dos cosas que sorprendieron a los líderes catalanes: ningún país reconoció a la República de Cataluña y los Mossos d’Esquadra acataron la aplicación del artículo 155. Que les sorprendiera lo primero es bastante llamativo. El gobierno de Cataluña tenía una legión de cargos públicos muy bien pagados y sin embargo no hubo nadie que supiera leer el contexto geopolítico europeo. Que los Mossos aceptaran el cese de su jefe y respetaran la normalidad constitucional en Cataluña respondió la pregunta de la disposición de los catalanes a luchar y morir. El  siguiente lunes, el presidente del gobierno catalán  y algunos de sus consejeros huyeron a Bruselas.

No sé cómo vamos a salir de aquí. Pero el otro día, leyendo las tonterías de independentistas que recopilan gente que sigo en Twitter, me quedé pensando si parte del problema es que hay tantos descerebrados en cada lado que es fácil construirse a medida un discurso de que las diferencias son insalvables y el otro bando está lleno de “nazis”. Leer las tonterías de los independentistas sirve para echarse unas risas pero no cambia nada. Me propuse, por tanto, que a partir de ahora voy a dejar de retuitear esas tonterías y dejar de hablar del Procés en las redes sociales. No solucionará nada. Pero lo menos no ahondará la brecha.

Guerras de la Información: Narrativas

La supuesta injerencia rusa en Cataluña ha desatado una tormenta de artículos en España como sólo sucede cuando se abraza una nueva ortodoxia con el furor del converso. Hablamos de un país donde los expertos llevaban tres años negando que hubiéramos entrado en una Nueva Guerra Fría. Al parecer, Putin no tenía ningún interés en enredar en Occidente y era más los que nos unía que lo que nos separaba del Kremlin. Pero ahora que “Rusia es culpable”, lo mismo el diario madrileño publica una editorial que lleva el término “Guerras Híbridas” en el título, que el Real Instituto Elcano publica un análisis sobre la “deziformatsiya” y otros términos que en ruso parece que suenan mejor. En estos días que no doy abasto ordenando todo lo que se escribe sobre bots, trolls y operaciones de influencia, voy a tratar de poner orden en el asunto e ir poco a poco aclarando conceptos y explorando temas de las Guerras de la Información.

Decíamos en el epígrafe “Campos de batalla inmateriales” de Qué son las Guerras Posmodernas:

Las Guerras Posmodernas son la forma de conflicto propia de la sociedad de la información en un mundo globalizado, donde los medios de comunicación e Internet ocupan un lugar importante. Así que la construcción narrativa del conflicto puede llegar a ser el elemento fundamental del conflicto. Esto es, para uno o varios bandos enfrentados la clave de su victoria puede estar no en el uso de la fuerza en el campo de batalla sino cómo su causa es presentada ante la opinión pública internacional para provocar una respuesta que lleve a actuar a gobiernos, organizaciones e individuos. En tal caso no es relevante lo que pasa sobre el terreno o lo sólida de la causa, sino cómo se construye la narrativa en los medios.

El concepto “narrativa” hace referencia aquí a cómo es entendido en Ciencias Sociales, esto es el relato coherente que construyen las personas para explicar las causas de los acontecimientos. El célebre manual de contrainsurgencia FM 3-24, que impulsaron los generales Mattis y Petreaus, define “narrativa” en su epígrafe 1-76 como el “esquema organizacional expresado en forma de historia”. Y es que al final, se trata de la historia que cuenta cada bando para explicar el origen del conflicto, sus motivaciones y lo que está pasando. Así, el gobierno español encaró el desafío del referéndum de independencia catalán como un simple problema legal, insistiendo en su carácter de “referéndum ilegal”. La prensa de fuera de Cataluña hablaba de golpe de estado, una referencia que apelaba a la memoria histórica del 23-F. Fuera de España, los medios y los ciudadanos corrientes mostraron su indignación por las escenas de violencia del 1 de octubre, sin entrar en el contexto político y legal. Se trataba de un pueblo pacífico que luchaba por su libertad y que había sido atacado por el Estado español al acudir a las urnas para decidir su futuro Por ello hablé aquí del “desastre del 1 de octubre” y acudí a las ideas de William S. Lind, padre del concepto de Guerras de Cuarta Generación, para señalar en el artículo “El 1 de octubre en Cataluña y las Guerras de Cuarta Generación” que lo que puede considerarse una victoria táctica, por ejemplo incautar la urna y cerrar un colegio electoral, puede ser un completo fracaso estratégico.

Portadas de la prensa extranjera tras el 1 de octubre. Montaje de El Periódico.

La colección de tópicos desplegados fuera de España llevó al escritor Antonio Muñoz Molina a escribir “En Francoland”, donde se quejaba de la visión simplista y anticuada que muchos extranjeros, incluso cultos e intelectuales, tienen de España. José I. Torreblanca, también en el diario madrileño El País, hablaba de “[o]rientalismo barato aplicado al sur de Europa”. Se referían los dos a esos autores extranjeros que acudieron al cajón de tópicos para representar a una España primitiva, pasional y fanática. Recuerdo que aquellos días muchos tuiteros extranjeros que comentaban lo sucedido hacían referencia a Homenaje a Cataluña de George Orwell, una obra con casi 80 años. Más de un analista, que había estado siguiendo mediante fuentes abiertas los conflictos de Ucrania y Siria, parecía entusiasmado por la idea de una nueva guerra civil en Europa. Más de un corresponsal extranjero transmitió su decepción al no llegar la sangre al río. Se perdieron la oportunidad de emular a Hemingway en España.

Masha Gabriel, directora de Revista de Medio Oriente, señala en un artículo en El Medio, que la prensa extranjera fue presa del extendido vicio de presentar las noticias con un enfoque que conmueva, más allá de datos y hechos. La ironía, apunta, es que las mismas prácticas en la cobertura informativa extranjera sobre Cataluña, de las que se quejaban los periodistas españoles, son las que uno puede encontrar en la prensa española al tratar el conflicto palestino israelí: “la fuente fácil pero no necesariamente la más fiable, la tendencia a convertirse en juez y parte, la voluntad de imponerse la misión de emocionar por sobre la de indagar y comunicar, dar a conocer, etc”. He leído ya a varias personas hablar de que el conflicto catalán ha ayudado a muchos en España a perder los complejos y entender que la crónica periodística de un periodista que aterriza como paracaidista en un lugar no tiene que ser necesariamente buena por mucho prestigio que tenga el periodista o por mucha solera que tenga el medio internacional.

El lunes 6 de noviembre la empresa de estudios de opinión Sigma Dos reunió a ocho corresponsales extranjeros en España para tratar la primera encuesta sobre intención de voto en Cataluña de cara al 21-D que se había publicado en España. Cuenta Roberto Benito en El Mundo que la reunión derivó en una conversación sobre la cobertura informativa en el resto de Europa sobre la crisis catalana. Por ejemplo, Sarah Morris habló de que se percibía el asunto con “cierto romanticismo” y mencionó la creencia de que Cataluña fue la única región de España que luchó contra el franquismo. Es decir, la narrativa independentista había calado. De hecho, el periodista británico Guy Hedgecoe y la alemana Helene Zuber contaban que el trabajo de las “embajadas” catalana y la propaganda independentista había sido eficaz en sus países. En la reunión los corresponsales contaron que fue la gran manifestación del 8 de octubre contra la independencia y la huida de varios consejeros tras la Declaración Unilateral de Independencia lo que había contribuido a un cambio de la percepción pública. Hasta las manifestación contra el independentismo desde fuera parecía que era una fuerza mayoritaria y dominante en Cataluña

La postura del gobierno español fue que no había sido necesario contrarrestar la narrativa independentista porque los editoriales de la prensa extranjera en los días siguientes a los acontecimientos del 1 de octubre eran favorables a la unidad de España. Despreciaron así la opinión expresada por los ciudadanos corrientes en las redes sociales. La labor de pelear en el terreno de la narrativa la terminó asumiendo un grupo de voluntarios que crearon Voices from Spain. Cuentan la arquitecta Elena Alfaro y la traductora Verónica Puertollano cómo se dedicaron a traducir, del español a varios idiomas europeos, noticias y artículos de opinión relevantes. En 50 días de trabajo fueron más de 240 artículos los publicados en cinco idiomas (inglés, francés, italiano, alemán y español) gracias al esfuerzo de más de 20 voluntarios en cinco países diferentes. Al final, la batalla en el campo de los significados la dieron ciudadanos anónimos. Quizás la próxima vez no nos podamos dar el lujo de no estar preparados.

Lecciones de geopolítica para la fallida República de Cataluña

Los criterios que generalmente se emplean en derecho internacional público sobre qué constituye un Estado Nación se toman de la Convención de Montevideo, aunque yo como sociólogo prefiero emplear a  Max Weber. Vean por ejemplo esto que escribí en 2014: “Palestina como Estado fallido”. Cataluña cumplía los tres primeros requisitos: Población, territorio y gobierno claros y definidos. Después de la Declaración Unilateral de Independencia del viernes 27 de octubre sólo faltaba una cosa: reconocimiento internacional. Pasaron las horas y ningún país soberano reconoció la República de Catalunya. Nadie quería establecer relaciones bilaterales con el nuevo país. Pasaron los días y tampoco. Alguno sigue esperando.

Recuerdo cuando los tiempos que políticos de otros países europeos anunciaban que apoyarían la independencia de Cataluña. Juraría que más de uno de las repúblicas bálticas y otros países ex-comunistas cuya soberanía quedó limitada durante la Guerra Fría. Por evidentes razones de memoria histórica, esos países parecían dispuestos a acudir en ayuda de la futura naciente república catalana, ofreciendo el necesario reconocimiento diplomático que permitió el éxito de las declaraciones de independencia de países como Lituania o Eslovenia.

Pero lo que se sucedieron en las primeras horas tras la Declaración Unilateral de Independencia catalana fueron declaraciones oficiales de apoyo a la unidad de España. Sergio Maydeu Olivares se dedicó a recopilar esas declaraciones y compartirlas en su perfil de Twitter. Su criterio fue no hacer caso a declaraciones de políticos a la prensa, sino sólo compartir enlaces a las comunicados oficiales surgidos de los gobiernos. O en su defecto, enlaces a los tuits lanzados por los dirigentes de cada país. Repasé la lista desde el principio y entre los primeros gobiernos en manifestarse encontré algo curioso. Aparecían los países cercanos a España (Portugal, Francia, Italia y Marruecos), países hispanoamericanos y un tercer grupo. Se trataban de Noruega, Finlandia, Lituania, Letonia Estonia, Polonia, Ucrania, Rumanía, Moldavia y Kazajistán.

Me llamó la atención ese tercer grupo porque no son países que uno tenga en mente cuando piensa en los lazos fraternales e históricos de España. No recuerdo mucha literatura sobre la “tradicional amistad hispano-kazaja”. Pero el patrón me pareció evidente. Eran todos países preocupados por la Nueva Guerra Fría y la actitud de Rusia tras los acontecimientos de Ucrania en 2014. No es difícil imaginar la poca gracia que hace en esos países los movimientos separatistas, con el recuerdo presente de los “hombrecillos verdes” rusos en Crimea y la posterior acción rusa en Ucrania oriental. En esa lista de países, cada cual tiene su historial de problemas con Rusia, minorías rusas o ambos. Y no sólo hablo de los casos evidentes de las repúblicas bálticas o Kazajistán. Hablo de las conexiones con Rusia del nacionalismo en Gagauzia, la región de Moldavia.

Capítulo aparte merece el rechazo generalizado en Europa a un continente fragmentado en paisitos, lo que haría imposible el funcionamiento de la Unión Europea. Pero añadamos algo más que señalé en su momento y que más de uno tomó a guasa. España había mostrado claramente su compromiso en la defensa colectiva de las repúblicas bálticas. Primero, participando con cazas en el programa Air Policing de la OTAN. Y este año, participando con un destacamento mecanizado en Letonia el despliegue multinacional Enhanced Force Presence. Escribí sobre él en “Rumbo a Letonia. Y España entró en la Nueva Guerra Fría“. Aposté entonces que no veríamos reconocimiento diplomático alguno desde las repúblicas bálticas a Cataluña.

Las cabezas pensantes del Procès pasaron por alto las transformaciones geopolíticas en Europa en el contexto de la Nueva Guerra Fría. Marta Pascal, coordinadora del PDeCAT, decía el otro día que, el ver que no llegaban los reconocimientos diplomáticos, “ha generat una sensació de ‘ostres, què ha passat aquí’?” Alguien en Cataluña no hizo los deberes y la Generalitat se lanzó a un salto al vacío.