Fabricando nacionalistas

Ayer leí el hilo que abrió en Twitter una chica de origen indio, que ahora no encuentro, explicando en inglés la cuestión catalana. Contó una anécdota sucedida hace tiempo. Caminando por Barcelona pasó a su lado una siniestra furgoneta de la policía española con cristales oscurecidos y policías con cara de odio. Sus amigos catalanes quedaron temblando de miedo y angustia, tal es el estado de terror que se vive en Cataluña. A partir de ahí explicó el origen franquista de la actual opresión española sobre Cataluña y explicó cómo España se convirtió en una democracia sólo de fachada tras la Transición. Su visión de las cosas que pasan en mi país me resultaron alucinógenas pero supongo que los españoles, como miembros del mundo desarrollado, estamos pagando la penitencia por haber ejercido de cuñados durante años explicando los asuntos de países lejanos. Es una sensación curiosa leer hilos de Twitter o artículos de opinión escritos por guiris ejerciendo de cuñados y contando de una forma torticera y maniquea la cuestión catalana en inglés a un público internacional Hasta ahora había visto a gente de los países más diversos quejarse del fenómeno, señalando la manía de los occidentales de explicar los problema de los países con brocha gruesa y malinterpretando la historia. Y efectivamente, deja de tener maldita gracia cuando se trata de tu país.

La anterior viñeta de Blower en el diario británico The Telegraph me parece el perfecto ejemplo de lo anterior y resulta de una ironía terrible. Blower representa a los independentistas catalanes con el miliciano republicano de la foto de Robert Capa. Un miliciano de la misma II República que aplastó militarmente en octubre de 1934 la proclamación del Estado Catalán. No vamos a esperar que los extranjeros que opinen sobre España estén familiarizado con la realidad y la historia española. Pero encontré en Twitter otro fenómeno. Aquellos extranjeros que trataban de explicar la cuestión catalana aportando contexto y perspectiva recibían la misma respuesta: da igual los matices, el contexto, la historia o el trasfondo. Ayer todo se reducía a una sola cosa. La policía española había golpeado a pacíficos ciudadanos y eso es lo único que alguien de Bélgica o Connecticut necesitaba saber.

El otro día escribí en “Leopards por la Diagonal” un párrafo que leído ahora resulta lamentablemente profético:

El independentismo necesita una confrontación que le permita vender al mundo el conflicto con el gobierno central encuadrado en una narrativa de la iniciativa democrática de todo un pueblo moderno y decidido enfrentado a la violencia represora del gobierno de un viejo país sin rumbo ni legitimidad. El independentismo necesita portadas de los diarios internacionales donde se vean caras ensangrentadas y desencajadas en lágrimas y dolor para que el ciudadano medio de cualquier país que no tenía opinión previa sobre el tema piense al ver las imágenes que la razón asiste al lado que es víctima de la violencia. Por eso las tácticas que debe emplear el gobierno son contraintuitivas: desescalar el conflicto para huir de situaciones que permita encuadrarlo en el marco narrativo de los independentistas

Como si fuera un mal chiste, el 1-O nos ha proporcionado precisamente eso que yo recomendaba el gobierno debía evitar. Ahora la pregunta es cómo se arregla esto, si es que tiene arreglo. En varias ocasiones traté aquí cómo la derecha nacionalista española ha ejercido tradicionalmente de bombero pirómano y ha fabricado independentistas:  “Lecciones yugoslavas para España” (4 mayo 2005), “Separatistas y separadores” (1 octubre 2012) y “Lecciones de la antigua Yugoslavia para España (y Cataluña)” (17 septiembre 2013).  Pero estos días hemos visto el fenómeno contrario. El pulso del gobierno catalán al gobierno español ha impulsado el sentimiento identitario español, con gente contando aquí y allá que le sorprendía ver por primera vez en su barrio la bandera española colgada de ventanas y balcones. Y aunque sean casos puntuales de conocidos, he visto por primera vez a gente reclamar un referéndum en toda España sobre la cuestión catalana para votar a favor de que Cataluña se marche de España. O directamente reclamar la independencia catalana. Pero no por solidaridad con la causa, sino por estar harto del nacionalismo catalán. Yo mismo me planteaba estos días si, olvidando por un rato el desastre que sería para Cataluña y el resto de España, la situación actual merece la pena ser sostenida por más tiempo.

El juego político en España ha seguido un ciclo perpetuo en el que los nacionalistas periféricos airean reclamaciones identitarias que el gobierno español termina por aplacar con medidas presupuestarias y algunas políticas de tipo simbólico. Y así hasta el infinito más allá. El modelo causó impresión aquí en Canarias y surgieron partidos decididos a imitar el modus operandi pero olvidando que la parte de las reclamaciones identitarias necesita ser creíble. Y ahí está el problema. Da la sensación de que el gobierno español ha creído que el nacionalismo periférico en España se mueve en el fondo por dinero y el truco para manejarlo será siempre negociar presupuestos, pasando por alto que los nacionalistas catalanes sí se han tomado en serio la cuestión identitaria.

Recuerdo el escándalo que causó aquellas palabras del ministro Wert sobre “españolizar” a los niños catalanes, como si una de las funciones de la escuela no fuera crear ciudadanos. Denunciaba recientemente el hispanista John Eliott en un carta al diario The Times la manipulación de la Historia en Cataluña con intereses partidarios. Y estos días me contó alguien que participó hace un par de años como voluntario en una competición infantil de robótica aquí en Tenerife que le asignaron asistir a un equipo catalán formado por niños de entre 10 y 15 años cuyos padres debían hacer de traductores porque tenían dificultades en expresarse correctamente en español.  Si Cataluña termina siendo un país independiente leeremos en el futuro que todo cambió este 1 de octubre. En realidad, todo empezó hace mucho tiempo.

 

 

Cómo Rajoy compró a Trump y salvó la industria de defensa estadounidense

Tras el encuentro de Rajoy y Trump en la Casa Blanca, aparecieron en Twitter comentarios ridiculizando la supuesta compra de cazabombarderos de quinta generación F-35 Lightning II acordada a cambio del apoyo del gobierno estadounidense a la unidad de España. Los datos que se aportaban era muy específicos: se trataba de un contrato de 3.500 millones de euros por 24 aparatos. Los comentarios se repartían entre el tono jocoso, señalando los sabidos problemas de desarrollo del avión, y la indignación por el despilfarro en un país donde los niños pasan hambre y no hay dinero para pagar las pensiones. Tenemos un ejemplo en este tuit de David Arrabalí, analista político y miembro de Izquierda Unida:

Los detalles que se aportaban sobre el caso variaban entre que había sido una promesa hecha por Rajoy a Trump y que la ministra había firmado allí la compra. El usuario de  Twitter “Jaime” compartió varias capturas de tuits en los que la gente añadía detalles de cosecha propia como que eran los “más viejos de la flota”. Todo fue muy marciano, porque la verdad es que en España la toma de decisiones sobre la compra de sistemas de defensa suele ser bastante larga y por el camino se conocen los entresijos del proceso de selección, por muy amañados que estén los contratos: se crea una comisión técnica, aparecen artículos debatiendo las alternativas en las publicaciones del Ministerio de Defensa (Ejército, Revista General de Marina, Revista Española de Defensa, etc), se comparten en foros y redes sociales informaciones y diapositivas de conferencias sobre el tema, etc. Es decir, entre que se decide comprar un cacharro y se firma la compra pasa tiempo. Mientras tanto, los que estamos en este mundillo nos enteramos de lo que se cuece. Por ejemplo, sabemos que España está abocada a comprar F-35 sí o sí algún día. Además, las exportaciones de armamento de Estados Unidos se anuncian públicamente en la página web de la Defense Security Cooperation Agency mientras que las compras españolas de armamento aparecen en la página web del gobierno español, tras aprobarse en la reunión del Consejo de Ministros de los viernes. Para colmo, la noticia de la supuesta compra tampoco apareció en los portales defensa.com o infodefensa.com En definitiva, la noticia resultaba inexistente para los profesionales.

F-35. Foto: USAF vía Wikipedia.

Al día siguiente de encontrarme la noticia los 3.500 millones de euros que el gobierno español se comprometió a gastar para asegurar que el presidente Donald Trump hablara en contra del Procés habían subido a los 6.000 millones. Por ejemplo, apareció en un artículo en Menéame del usuario “anmarmor”: “Rajoy gastará más de 6.000 millones en F35 – el mayor fiasco de la aviación militar moderna”. El autor se centra en todos los problemas de desarrollo del F-35, pero comete errores que se hubiera ahorrado de haber leído un poco la Wikipedia. Curiosamente el artículo termina diciendo que los modelos equivalentes de Rusia y China están mucho más desarrollados, cuando la realidad es que el año pasado la fuerza aérea estadounidense incorporó su ejemplar nº100 del F-35 mientras que del J-31 chino sólo hay dos prototipos y el Su-57 ruso entrará en servicio el año próximo. Este último está en la categoría del F-22 Raptor, no del F-35, y su desarrollo ha sido también problemático. Supongo que son la clase de sesgos que incorporas cuando te pasas el día leyendo “información alternativa” en Russia Today.

Aviones de 5ª Generación en servicio y desarrollo. El T-50 ruso recibió el nombre definitivo Sujoi Su-57.

El siguiente paso fue la aparición de esta  no-noticia en El Salto Diario: “Rajoy ‘compra’ a Trump con un pedido de 6.000 millones en aviones”. El autor, Yago Álvarez (“Economista Cabreado” en Twitter), dice: “Desde el Gobierno se anunció que se comprarían entre 60 y 65 unidades”, con una partida de “unos 6.000 millones de euros” para sustituir a los F-18 del Ejército del Aire y los AV-8B Harrier II de la Armada. En realidad, son los datos de una noticia dada el 5 de junio de este año por el diario El País: “Ejército del Aire y Armada apuestan por comprar 60 cazas F-35 estadounidenses”.  En ella aparece la cifra de los 6.000 millones. Dos días más tarde el mismo diario titulaba: “Defensa se desmarca de la apuesta del ejército por el caza F-35 estadounidense”.  La primera hacía referencia a los deseos de los militares y la segunda la posición del Ministerio. Y es que como dije antes, desde que se plantea la necesidad hasta que se firma la compra van filtrándose informaciones.

Yago Álvarez hace un repaso rápido en su artículo a los problemas del F-35 fabricado por Lockheed Martin, a la que llama LockHeed. Según él, esos problemas han hecho que “la sostenibilidad de la empresa de armas más grande del mundo sea una duda constante” pero “el apretón de manos de Rajoy y Trump ayudará mucho a la subsistencia de esta empresa y de la industria militar americana”. Aquí pueden ver la evolución en bolsa de la empresa:

Datos: Google.

Como ven, el valor en bolsa de la empresa lleva aumentando desde 2013. En esta noticia de Reuters sobre el balance del segundo trimestre del año se dice que las perspectivas de la empresa son buenas desde la llegada de Donald Trump al poder, que el año pasado las exportaciones sólo supusieron el 27% de los negocios de la empresa y que recientemente el Departamento de Defensa estadounidense decidió añadir su pedido de F-35 a 2.456 aparatos. Como ven, ni la empresa está en apuros ni el pedido español sería el negocio del siglo para el complejo militar-industrial estadounidense.

Todo este asunto no es más que una anécdota más del Procés y sus fake news desde ambos “bandos”. Pero adivinen quién se lo ha tomado en serio.

 

 

Leopards por la Diagonal

En varias de mis estancias en Madrid el año pasado me llamó la atención que cuando surgía el tema de una potencial crisis en Cataluña, con civiles y militares presentes, los civiles mostraban su preocupación por la deriva de la previsible intervención de las fuerzas armadas mientras los militares descartaban por completo que les tocara jugar un papel en Cataluña. Llegué a la conclusión que los únicos que tenían claro el tema eran los propios militares mientras que los civiles andaban bastante perdidos sobre qué iba a hacer el gobierno ante el desafío independentista.

La idea de los carros de combate Leopard 2E del Ejército de Tierra rodando por la Diagonal es el sueño húmedo de los independentistas porque la imagen del uso de la fuerza militar en Cataluña sería una victoria mediática regalada a los independentistas.Ya lo dijo Jordi Turull: “Si su solución al 1-O es el tanque, ya hemos ganado”.

Hay quien ha aprovechado para hacer humor de la obsesión con los carros de combate. Tenemos en Twitter la cuenta Tancs A Diagonal? y su En El Mundo Today, que Julian Assange confundió con un medio serio, han estirado el tema: “Así son los tanques que evitarán el referéndum catalán“, “Mariano Rajoy descarta enviar los tanques a Cataluña debido al precio de los peajes” y “Cospedal visita el hangar de los tanques para acariciarlos y decirles “Pronto, mis niños, pronto”“.

Una búsqueda desesperada de épica para salir en la foto.

El independentismo necesita una confrontación que le permita vender al mundo el conflicto con el gobierno central encuadrado en una narrativa de la iniciativa democrática de todo un pueblo moderno y decidido enfrentado a la violencia represora del gobierno de un viejo país sin rumbo ni legitimidad. El independentismo necesita portadas de los diarios internacionales donde se vean caras ensangrentadas y desencajadas en lágrimas y dolor para que el ciudadano medio de cualquier país que no tenía opinión previa sobre el tema piense al ver las imágenes que la razón asiste al lado que es víctima de la violencia. Por eso las tácticas que debe emplear el gobierno son contraintuitivas: desescalar el conflicto para huir de situaciones que permita encuadrarlo en el marco narrativo de los independentistas. Por una vez, recomiendo leer las ideas de William S. Lind al respecto en su desarrollo del concepto de Guerras de 4ª Generación.

El alojamiento en el puerto de Barcelona de los miembros de las distintas Unidades de Intervención Policial (UIP) en un buque de la naviera italiana Moby Lines decorado con personajes de la Warner Bros. ha sido motivo de cachondeo en las redes sociales. Desde el lado independentista han tratado de presentarlo como una “humillación” para los policías alojados en él pero los chistes lo que han hecho ha sido convertir el despliegue masivo de antidisturbios llegados del resto de España en un asunto divertido.

Otro ejemplo, esta vez intencionado, de cómo enfrentar magistralmente una acción de protesta lo protagonizó un guardia civil de un Grupo Rural de Seguridad desplazado desde Sevilla hasta Cataluña. Montaron una cacerolada frente al hotel y salió al balcón donde arrancó por fandangos.

Quienes hacían ruido y estaban listos con el móvil grabando esperaban una respuesta airada que subir a las redes sociales. Pero la escena se convierte en cómica con el público gritando “ole” y hasta el que golpea la cacerola se para para escuchar.

Más allá de la política y el derecho constitucional, si el gobierno español quieren enfrentar con éxito el actual desafío independentista tiene que asumir que esta es una batalla por las opiniones públicas: de Cataluña, del resto de España y de fuera del país. Hace falta un portavoz que hable inglés con fluidez, un gabinete de prensa multilingüe y un equipo dedicado a dar respuesta a los bulos que circulan por las redes sociales. Pero sobre todo, una narrativa. Pero quizás para esto último haya que tener un proyecto de país.

Metiendo miedo

No ganamos para sustos. Primero, el titular “Ensurt per una caravana de vehicles de l’Exèrcit que entra per la Diagonal”. Madre mía. Una caravana de vehículos militares entrando por Barcelona. ¿Rajoy toma medidas ante la consulta del 9 de noviembre? No, iban rumbo al Acuartelamiento “El Bruch”. Leemos en la Wikipedia en español:

El Cuartel del Bruch es un cuartel de la IV Región Militar situado en la Calle González Tablas de Barcelona, España. Está situado cerca de la Avenida Diagonal y de la Zona Universitaria, en el barrio de Pedralbes.

Así que si está “cerca de la Avenida Diagonal” debe ser habitual que pasen vehículos militares por allí. Y por cierto, la noticia identifica erróneamente a los vehículos como IVECO LMV, conocido como “Lince” en el Ejército. En la foto de la noticia aparece una columna de Urovesa Rebeco, conocidos en el Ejército como VAMTAC (Vehículo de Alta Movilidad Táctica).

Luego, veo que alguien comparte en Facebook un vídeo publicado por una tal Montse. Tiene por foto de perfil la frase “Jo voto el 9N”. En el vídeo vemos un convoy militar. Ella comenta:

Uns 25 tancs en camions, direcció Barna avui a la A-2. Ho ha gravat un familiar

Lo que se ve en el vídeo no son “tanques”. Son vehículos de combate de infantería “Pizarro”. Y no iban rumbo a Barcelona. Iban desde Madrid rumbo al Centro Nacional de Adiestramiento (CENAD) de San Gregorio (Zaragoza), que es el campo de maniobras para unidades acorazadas más importante de España. Lo sabemos porque informa del desplazamiento el boletín “Tierra” del Ejército en su página web.

captura-de-pantalla-2014-11-05-a-les-17.18.38-92041Da igual las explicaciones porque alguien mezcla todo y sale el titular: “Intimidació de combois militars a les carreteres catalanes”. El autor da a entender que vehículos trasladados desde Madrid a Zaragoza terminaron en las carreteras catalanas y lo mezcla con la información de unas maniobras que la Brigada de La Legión realizó en el CENAD el mes pasado. Informa defensa.com sobre el escenario desarrollado:

Finalmente, han desarrollado un tema táctico en un país ficticio sumido en una grave crisis interna. En este escenario, han tenido que neutralizar la amenaza que suponía el avance de fuerzas hostiles de tipo convencional, apoyadas por grupos insurgentes, debiendo rechazar su avance y establecer las condiciones de seguridad que permitieron proteger y evacuar a los supuestos residentes nacionales desplazados a ese país; para posteriormente colaborar con el Gobierno local para establecer las condiciones de seguridad y estabilidad que le permitan salir de tal crisis.

Evidentemente, como dice la noticia se trata de un “ejercicio de combate convencional contra una amenaza híbrida”. La guerra híbrida es el tema de moda por la crisis ucraniana (Dos artículos al respecto recientemente en la página web del Instituto Español de Estudios Estratégicos). Ya en junio la Armada española ensayó en el ejercicio Marflex 41 una intervención en el Báltico inspirada en la crisis ucraniana. Pero el autor del titular sobre la intimidación de convoyes militares en las carreteras catalanas resaltó que en el ejercicio se desarrolló “un tema táctico en un país ficticio sumido en una grave crisis interna”. Cualquiera diría que tras el fin de la Guerra Fría es una novedad que las fuerzas armadas españolas se preparen para intervenir en países en crisis donde el conflicto tiene naturaleza interna.

Pero aún hay más. A la fiesta de los despropósito se apuntó el diario digital Público que publicó la no noticia con un titular glorioso: “Sospechas en las redes sociales por las 15 vehículos militares que han entrado en Barcelona“. Pero por si eso no fuera poco, nos cuenta “El Ejército se prepara para actuar en revueltas ciudadanas“. Se trata de que efectivos del Regimiento de Caballería Ligero Acorazado Nº8 “Lusitania” recibieron formación en tareas antidisturbios. En la propia noticia leemos que, al igual que la instalación de controles de carreteras, es una clase de actividad de la que los militares españoles reciben formación desde hace ya bastante tiempo de cara a su despliegue en misiones internacionales.

En la noticia del diario Público se da a entender que la formación en técnicas antidisturbios es una novedad preocupante porque se imparte “a unidades que no tienen planeado llevar a cabo misiones internacionales”. ¿Tan preocupante es que los soldados practiquen técnicas requeridas en despliegues internacionales aunque en el corto plazo no tengran previsto salir a una misión? Y ni siquiera creo que sea una novedad. Vean la siguiente portada de revista que muestra a un miembro de la Agrupación de Madrid (AGRUMAD) de la Infantería de Marina. Se trata de la unidad que proporciona seguridad a instalaciones y personalidades de la Armada en Madrid, siendo de hecho la Policía Militar dentro de la Armada.

FAM_110-portada-500Una búsqueda rápida en Internet nos permite encontrar ejemplos de incidentes en que fuerzas internacionales han tenido que intervenir como antidisturbios. No lleva mucho tiempo encontrar en Internet fotos de soldados de varias nacionalidades integrados en la KFOR haciendo prácticas como antidisturbios en Kosovo. Por ejemplo, estadounidensesturcos o rumanos. Y no es por matar el tiempo, como vemos en las siguientes fotos, que muestran intervenciones reales de soldados griegos y húngaros en Kosovo.

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 El artículo del diario Público cita “fuentes militares” que hablan de Kosovo pero consideran ahora este tipo de formación innecesaria.

Fuentes militares aseguran que este tipo de instrucción con material antidisturbios, “heredada de la Guerra de Kosovo, donde sí podía darse una situación en la que hubiera que controlar una manifestación o una revuelta civil, no tiene ningún sentido en las zonas de operaciones actuales del Ejército español (Líbano y República Centroafricana)”.

No merece la pena extenderse sobre el despliegue República Centroafricana, donde ya hubo disturbios y además las tropas españolas entraron en combate. Pero es de sentido común, que en cualquier misión internacional todo va bien hasta que va mal. Me parece aventurado que alguien se dedique a vaticinar en que misiones hará falta y en cuales no emplear material antidisturbios, cuando las fuerzas españolas los han sufrido desde Haití a Afganistán.

Por último, el artículo del diario Público muestra su preocupación porque la Policía Militar haya sido reforzada en los dos últimos años cuando “sus funciones son casi totalmente ocupadas por la Guardia Civil” y que tras el fin de la mili habían sido “reducidas sus funciones a ámbitos muy residuales dentro del Ejército”. De nuevo, una rápida búsqueda en Internet me lleva al número 870 de octubre de 2013 de la revista Ejército que dedica varios artículos a la Policía Militar. Allí averiguamos que, efectivamente como dice Público, tras el fin del Servicio Militar Obligatorio dentro del Ejército la Policía Militar quedó con atribuciones y fuerzas limitadas. Pero antes de la crisis, en 2006, se firmaron planes de reforma y modernización que estamos ahora viendo llevar a cabo. Una de las ideas es la Policía Militar vaya asumiendo las funciones que en los despliegues internacionales dentro del Ejército cumple la Guardia Civil. Como nota curiosa, varias de las fotos que ilustran los artículos sobre la Policía Militar muestran a sus miembros instruyéndose en técnicas antidisturbios.

Resumiendo, la ignorancia en asuntos militares mezclada con bastante mala idea lleva a titulares engañosos y alarmistas nada inocentes.

La defensa de una España sin Cataluña

En el año 2006 comenté en este blog el revuelo causado por un documento apócrifo donde se estudiaba cómo serían las fuerzas armadas de una hipotética Cataluña independiente. En un contexto muy diferente, el asunto fue tratado por el Centre d’Estudis Estratègics de Catalunya el pasado año en su documento “La Futura Força de Defensa de Catalunya”. El debate esta vez es real. Y, como a Escocia, el problema que se le plantea a una hipotética Cataluña independiente es el de las economías de escala. Sistemas de armas avanzados, como aviones de combate y fragatas, serían prohibitivos para una Cataluña independiente. Así que, como en el caso de Escocia, se debate la opción de una defensa mancomunada. Tenemos el precedente de las tres repúblicas bálticas, que comparten academia militar (Baltic Defense College) y red de vigilancia del espacio aéreo (BALTNET).

Ahora imaginemos un caso extremo. Supongamos que Cataluña y País Vasco se convirtieran en países independientes sin un acuerdo para compartir una defensa común. Para Cataluña y el País Vasco su defensa nacional no supondría ningún problema a pesar de que no pudieran adquirir y mantener sistemas de armas avanzados. Ubicadas entre Francia y España, su situación no sería muy distinta a la de Uruguay. Para la defensa nacional de España sería catastrófico. Según recoge la Wikipedia, la suma de Cataluña y País Vasco suponía en 2011 el 24,9% del Producto Interior Bruto español. Manteniendo un gasto equivalente, España no podría seguir pagando el mantenimiento de uno de cada cuatro aviones de combate, fragatas y vehículos blindados mientras sus obligaciones en el Estrecho de Gibraltar, Ceuta, Melilla y Canarias seguirían siendo las mismas.

Lecciones de la antigua Yugoslavia para España (y Cataluña)

Allá por los años noventa las guerras en la antigua Yugoslavia pusieron de moda el “nacionalismo” como tema. Se organizaban conferencias, congresos y charlas que trataban el nacionalismo como “amenaza” y “problema”. Hablar de nacionalismo en España ha sido siempre, claro está, hablar de los nacionalismos vasco y catalán. El nacionalismo español, como todo el mundo sabe, no existe. Es como el acento madrileño, que resulta evidente para todo el mundo menos para los madrileños.

Estaba estos días releyendo cierto capítulo de La Trampa Balcánica del inefable profesor Veiga y me topé con este párrafo:

Lo paradójico del caso es que los eslovenos se presentaron como yugoslavistas -en su defensa de los mineros albaneses se llegó a decir: “Yugoslavia se defiende en Trepča“- mientras que los serbios fueron retratados como los dinamiteros de la federación. Lo evidente era que a esas alturas, la postura de los eslovenos era claramente secesionista: alegaban que no deseaban continuar en una hipotética Serbioeslavia controlada por Milošević.

Hablé de esa misma idea hace ya muchos años en una entrada similar a esta, en mayo de 2005. Volví a insistir el año pasado. La narrativa del nacionalismo español sobre cómo Yugoslavia saltó por los aires es incomplenta y engañosa. No se trató sólo de las aspiraciones eslovenas, atraídas por los cantos de sirena de la Unión Europea, sino de cómo el nacionalismo serbio hizo inviable una Yugoslavia plural. A ello contribuyeron no sólo los líderes serbios, sino el ambiente creado por medios de comunicación e intelectuales. En términos españoles, el secesionismo esloveno fue alimentado por los federicosjimenezlosantos, alfonsomerlos e intereconomías de Serbia que actuaron de bomberos pirómanos. Y en España, desgraciadamente, no faltan de esos, que sueñan con los Leopard avanzando por la Diagonal.

Ya sabemos cómo terminó la historia en Yugoslavia. Pero tiene un colorario interesante. Hoy Eslovenia está en crisis, como España. Carlos González Villa hace balance en uno y dos artículos publicados por Eurasian Hub:

Aunque Eslovenia ocupaba una posición central en la estructura económica yugoslava y siguió actuando como uno de los principales actores económicos en la región tras la disolución del país, su posición en relación a la economía europea era la de periferia sujeta a los términos comerciales de los países más poderosos.

En la misma línea se expresa Jože Mencinger en una cita que recoge en la segunda parte:

En Yugoslavia éramos relativamente fuertes, pero no en Europa. Económicamente, está claro que perdimos todos los atributos que hacen de un país una entidad económica: no tenemos dinero, casi no tenemos política fiscal, no tenemos nuestro propio sistema económico y tampoco tenemos fronteras.

Aquí en España se debate y contradebate sobre si una Cataluña independiente quedaría dentro o fuera de la Unión Europea en función de no sé qué artículo o acuerdo. Tonterías. Lo que importará será lo que diga Berlín y París. Y tengo la sospecha de que a Alemania le resultará más fácil imponer sus intereses en una Unión Europea de países con poco peso demográfico.

¿Una política de defensa nacional para Cataluña?

Antes de dejar el blog interrumpido por el último coletazo de las vacaciones hablé de un supuesto documento del gobierno tripartirto catalán (I y II) sobre las posibilidades de unas fuerzas armadas catalanas.

Supe del artículo por los comentarios jocosos en foros sobre defensa en Internet. Se reían algunos de la idea de unas fuerzas armadas catalanas. Y auguraban su total derrota frente a una hipotética invasión española. Como si la existencia de unas fuerzas armadas catalanas sólo pudiera explicarse para mantener su soberanía frente a España.

Me advertía un lector del carácter apócrifo del documento. Pero para mí el interés no está en especular sobre el grado de autonomía política al que aspira el gobierno de Cataluña o el resultado de un hipotético conflicto con España. Sino reflexionar sobre las políticas de defensa en un mundo donde las riesgos y amenazas no vienen de los estados-naciones fronterizos.

¿Cuáles serían los objetivos de la defensa nacional de una hipotética Cataluña independente? Esto es, de un país pequeño y desarrollado.

-Control de sus fronteras (terrestres, marítimas y áreas)

-Salvaguarda de sus recursos naturales (bosques, ríos, zonas pesqueras, etc.)

-Protección de sus infraestructuras civiles estratégicas ante ataques terroristas.

-Capacidad de intervención frente a ataques terroristas no convencionales.

-Capacidad de intervención frente a catástrofes naturales.

Luchar contra los incendios forestales, inspeccionar pesqueros o luchar contra el contrabando de tabaco desde Andorra no parecen tareas para las que se requieran un ejército. Por un lado bastaría con un cuerpo de voluntarios de protección civil que reforzaran a los bomberos de la Generalitat en hechos puntuales, como incendios y riadas. El coste económico de “llamar a filas” a ciudadanos que han de abandonar sus puestos de trabajo no es tal cuando ves pasar el sofá cama de tu vecino flotando por delante de tu casa. El resto de misiones podría llevarlas a cabo un cuerpo con funciones policiales en tiempo de paz y movilizable como fuerza militar en situación de crisis. Contaría con una fuerza marítima dotada de barcos patrulleros que de paso tendrían medios para luchar contra derrames en el mar. Contaría con helicópteros para realizar tareas de salvamento marítimo, vigilancia de carreteras y lucha contra incendios. Y además de blindados ligeros que plantar en lugares como la carretera a la torre de comunicaciones de Collserola cuando haya alguna alerta antiterrorista. Añadamos a nuestra lista una unidad para la guerra nuclear, bacteriológica y química. No sólo serviría para reaccionar ante hipotéticos ataques terroristas no convencionales, sino para intervenir en accidentes de industrias químicas, centrales nucleares o inspeccionar la seguridad de los equipos radiológicos en los hospitales.

Imaginar una unidad paramilitar con los medios y atribuciones que acabo de inventarme no cuesta mucho realmente. Porque ya existe. En España se llama Guardia Civil. Y existen cuerpos similares en países de nuestro entorno: La Gendarmería francesa o los Carabineros italianos.

Al cuadro que he compuesto le faltan detalles. Un país independiente del tamaño y economía de Cataluña posiblemente no podría permitirse disponer de cazas para vigilar su espacio aéreo. Pero tampco disponen de ellos las repúblicas bálticas, que han unido sus de radares de vigilancia en una red: BALTNET. Las tareas de policía aérea la realizan cazas de países aliados de la OTAN, que se van rotando en tal misión. Actualmente se encuentran en Lituania un destacamento español.

El contar con los recursos de los países de la OTAN no es algo propio de estados pequeños o desarmados. España carece de aviones de alerta temprana (AWACS) y los ha pedido “prestados” en ocasión de alguna gran cumbre internacional celebrada en Madrid o Barcelona. Y Alemania prestó baterías de misiles “Patriot” a Israel con motivo de la Guerra del Golfo en 1991.

Esa ayuda externa se consigue participando en organismos multinacionales de defensa y seguridad. Como la Agencia de Fronteras Europeas (FRONTEX). Y comprometiéndose en la acción común de la comunidad internacional. Así se explica la presencia de tantos contigentes de países pequeños en misiones multinacionales de paz (y guerra). Careciendo de ejército yc contando con un cuerpo policial paramilitar como la Guardia Civil es posible igualmente participar en ellas. La misión de la OTAN en Kosovo (KFOR) integra contigentes de gendarmes franceses y carabineros italianos. Entendiendo el sentido que tiene para un país pequeño quizás podamos entener entonces la presencia española en Afganistán y Líbano.