“ISIS: Inside The Army of Terror” de Michael Weiss y Hassan Hassan

Este es el tercer libro el Estado Islámico que reseño aquí, después de los libros de Patrick Cockburn y Loretta Napoleoni. Empecé a leerlo con la sensación de que me iba a encontrar más de lo mismo. Al fin y la cabo, no hay muchas formas diferentes de contar la misma historia. Pero cada libro aporta una perspectiva diferente. El de Cockburn es un libro con observaciones sobre el terreno en Iraq que cuenta cómo se desplomó el ejército iraquí y cómo el Estado Islámico es respaldado por la población sunní de Iraq. El libro de Napoleoni se nutre de las investigaciones y reflexiones de la autora sobre la financiación de los actores no estatales y aporta una perspectiva interesante sobre el funcionamiento del Estado Islámico como cuasi estado. El libro de Michael Weiss y Hassan Hassan por su parte me ha resultado bastante interesante porque profundiza bastante en el origen y crecimiento del grupo en el contexto de los conflicto iraquí y sirio además de aportar informaciones novedosas sobre el papel de algunos actores de la región.

isis-9781941393574_lgISIS: Inside The Army of Terror arranca con la historia de Abu Musab al-Zarqawi, sus idas y venidas por la región hasta liderar un grupo brutal que terminó subordinado a Al Qaeda. En esta fase de la historia son importantes varias cosas. Una es el efecto insospechado que trajo el intento de islamización del régimen de Saddam Hussein en su búsqueda de legitimidad y de infiltrar a la disidencia islamista. El resultado fue que muchos de los agentes infiltrados terminaron convertidos en sinceros activistas islamistas, con el resultado de un importante trasvase de altos cargos del régimen del partido Baaz a la insurgencia yihadista tras la caída del régimen. La cuestión me había parecido anecdótica al leer sobre cómo Izzat Ibrahim al-Duri, el “pelirrojo”, era miembro del grupo insurgente Ejército de los Hombres de la Orden de Naqshbandiyya , que toma su nombre de una cofradía sufí. Pero el asunto bastante hondura, como demuestra Kyle Orton en su blog. En el libro se ofrece una recopilación de nombres importantes  del regímen iraquí que terminaron en las filas yihadistas. La insurgencia iraquí aprovechó además los arsenales, pisos francos y medios preparados para que las milicias organizadas por el régimen, los Fedayines de Saddam, pudieran hacer frente a posibles revueltas dentro del país.

Otra cuestión que me pareció interesante es cómo Al Qaeda en Iraq terminó abandonando su nombre  al integrarse en la coalición del Estado Islámico de Iraq para darle una apariencia local a una insurgencia yihadista llena de extranjeros. La cesión frente a otros fue sólo aparente, porque el grupo creado por Al Zarqawi terminó liderando el Estado Islámico de Iraq. El asunto del nombre me parece relevante porque el Estado Islámico se lo ha cambiado un montón de veces. Y ahora circulan por ahí artículos que hablan de él como un grupo surgido en la guerra de Siria, cuando la realidad es que el grupo apareció a finales de los 90 en Jordania y hay una continuidad histórica entre Monoteísmo y Yihad fundado por Abu Musab Al Zarqawi y el Califato proclamado por Abu Bakr al-Bagdadi.

La novedad de este libro, en mi opinión, es el repaso que hace del papel poco conocido de Siria e Irán en la postguerra iraquí. Por un lado, los autores nos cuentan la omnipresente mano de Irán en el país para consolidar la hegemonía de la población chií, que recordemos constituyen la mayoría demográfica del país. También hay referencias a cierta complicidad de Irán con Al Qaeda, al permitir el tránsito por su territorio de militantes de Afganistán a Iraq, tras la invasión estadounidense. Por no hablar del I+D iraní detrás de los IEDs empleados por la insurgencia iraquí (y afgana, añado yo).

Hay una referencia a la batalla del 4 de abril de 2004 en Nayaf, donde se encontraba la base Al Andalus española. Según Weiss y Hassan:

The Battle of Najaf in August 2004 was essentially a proxy war between the United States and Iran’s elite foreign intelligence and military apparatus, the Revolutionary Guards Corps-Quds Force (IRGC-QF), coordinated on the Iraqi side by an Iranian operative named Sheikh Ansari, who US intelligence concluded was embedded with the Mahdy Army in Najaf and was helping it conduct its combat operations.

Nada de esto aparece, por su puesto, en las versiones españolas de los sucesos de aquel día, un clamoroso fallo de la inteligencia militar española. Que los relatos españoles de la Batalla de Nayaf no hagan nunca referencia al contexto político de Iraq refleja la total desconexión con la realidad de políticos y mandos militares. Pero ese es otro tema del que ya he hablado aquí en otras ocasiones.

La supremacía política de los chiíes y la proliferación de escuadrones de la muerte a la sombra de las fuerzas de seguridad acentuó la polarización sectaria del país con resultados que llegan hasta la fecha. Recordemos que Patrick Cockburn en su libro cuenta que el Estado Islámico disfruta en Iraq con respaldo social entre la población sunní por la percepción generalizada de que era un baluarte frente a los sucesivos gobierno chiíes.

Hubo un momento en el que el fanatismo demostrado por Al Qaeda en Iraq en aquellos territorios donde ejercía su control o su influencia que empujó a líderes tribales sunníes a hacer las paces con las fuerzas de ocupación estadounidenses y aliarse con ellas para derrotar a los yihadistas. Peor aún, los yihadistas trataron de subvertir el orden tradicional tribal y apropiarse del negocio de contrabando que el régimen de Saddam Hussein había permitido que las tribus sunníes controlaran. Fue esa alianza uno de los pilares del “surge” liderado por el general Petraeus y que puso a Al Qaeda en Iraq contra las cuerdas.

La gran cuestión es qué pasó tras la retirada estadounidense de Iraq. En su momento me pregunté qué sería de los Son of Iraq, las fuerzas tribales que se enfrentaron a Al Qaeda en Iraq, tras la retirada militar de Estados Unidos de 2011. Weiss y Hassan lo cuentan. Fueron perseguidas y debilitadas por el gobierno iraquí, permitiendo que el el Estado Islámico de Iraq resurgiera de sus cenizas en el triángulo sunní. La persecución de los líderes de las milicias sunníes por parte del gobierno iraquí y el asesinato de sus miembros por parte de los yihadistas lograron desarticular para siempre a las fuerzas tribales enemigas del Estado Islámico de Iraq.

El otro factor permitió que en 2011 el Estado Islámico de Iraq campara por sus anchas en Iraq fue el comienzo de la guerra civil en Siria. A pesar de que los apologetas del régimen de Bashar al-Assad lo quieran presentar como un bastión contra el yihadismo, Siria se convirtió en la retaguardia de la insurgencia yihadista iraquí mientras las autoridades del régimen miraban para otra parte.

Nadie parece recordarlo, pero las fuerzas especiales de Estados Unidos lanzaron un raid en el interior de Siria en 2008. Según Weiss y Hassan, el régimen sirio usó la insurgencia como un factor de desestabilización de Iraq que le permitiera tener un as en la manga en sus contactos con Estados Unidos y así convertirse en un interlocutor necesario ante Estados Unidos. En plena ola de protestas contra el régimen, al-Assad decretó en mayo de 2011 una amnistía. Se abrieron las puertas de la cárcel para yihadistas pero no para disidentes. Los liberados engrosaron las filas de la sucursal siria de Al Qaeda, Jahbat al-Nusra. Al-Assad pudo presentar así la guerra civil como un episodio más de la lucha contra la yihad global.

Más adelante, las fuerzas del régimen procurarían no atacar al Estado Islámico, más preocupado en adeñuarse del territorio liberado por los grupos rebeldes e islamizar la retaguardia. Allí donde el Estado Islámica lanzaba una ofensiva contra los grupos rebeldes, caían las bombas de la aviación siria. La supervivencia del régimen pasa por el debilitamiento de los grupos rebeldes para que la guerra civil siria se reduzca a una lucha final entre al-Assad y el Estado Islámico. En tal caso, Occidente sería el interesado en la victoria del régimen de al-Assad.

Tan pronto comenzó en 2011 la guerra contra el régimen de al-Assad, el Estado Islámico de Iraq comenzó la toma del poder en la región oriental de Siria. El libro aporta detalles de la infiltración del Estado Islámico entre las filas rebeldes sirias. Allí donde se hizo con el poder procuró proporcionar los servicios de un Estado, asunto sobre lo que Loretta Napoleoni centró su libro sobre el Estados Islámico.  La novedad del libro de Weiss y Hassan es su explicación de cómo el Estado Islámico mantiene su control mediante una combinación de violencia y mano izquierda con las tribus iraquíes y sirias. Esto es, el Estado Islámico mantiene ahora políticas de control social más sofisticadas que las aplicadas en los tiempos de al-Zarqawi y Al Qaeda en Iraq. El libro también profundiza en la ruptura con Al Qaeda y su franquicia local, Jahbat al-Nusra. Lo que es conveniente recordarlo para aquellos que se empeñan en presentar a los grupos enfrentados al régimen sirio como un bloque monolítico. La fractura no tiene visos de ser cerrada y habré que estar atentos a su evolución.

Este es sin duda el libro más denso de los cuatro que he leído sobre el Estado Islámico. Me parece novedosa la perspectiva que aportan sobre la transformación de Al Qaeda en Iraq en el Estado Islámico de Iraq, así como el papel de Siria e Irán en la violencia durante la ocupación estadounidense de Iraq. El relato de cómo el Estado Islámico de Iraq se hizo fuerte en Siria, infiltrándose en los dominios de los rebeldes sirios y logrando la lealtad de ciertas tribus, también me parece una novedad. Los autores cuentan que lograron realizar entrevistas a miembros y simpatizantes del Estado Islámico, lo que se nota en la profundidad de su descripción del funcionamiento interno. El único vacío del libro es que no trata el papel de Turquía en el conflicto sirio y las aportaciones de Qatar al Estado Islámico, algo que bien señala Ninos Youkhana. Es un libro muy bien documentado y bastante interesante que recomiendo a quien quiera aterrizar en el tema.

De ayatolá del retroprogresismo a esbirro del imperio

La capacidad de gente aparentemente solvente en lo suyo de meterse en fregados ajenos y hacer el ridículo es inagotable. Alguien podría atribuirlo al tan español factor “cuñado”, pero repetidamente he visto a Bill Maher en su programa hacer bromas sobre el típico cuñado conservador que repite el argumentario de Fox News, así que debe ser un fenómeno internacional.

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Hace bastante tiempo, repasé aquí los argumentos de Vicenç Navarro, profesor de Ciencias Políticas y Sociales en la universidad Pompeu Fabra en Barcelona y de Políticas Públicas en la Johns Hopkins University en Baltimore (EE.UU.) sobre el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines sobre territorio ucraniano en poder del bando prorruso. El bueno profesor llegaba tarde y mal al debate, hablando de oídas con argumentos de segunda mano. Su artículo fue publicado el 30 de octubre de 2014, cuando el derribo se produjo el 17 de julio. Y su afirmación de que no hay vínculos entre Rusia y los prorrusos del Donbás ahora suena bastante risible.

A la fiesta se sumó el señor Óscar López Corral, autor del entretenido blog Marat, asaltar los cielos reproduciendo la información de la factoría Voltairenet sobre un supuesto militar ucraniano que contó que el avión de Malaysia Airlines, había sido derribado por un caza ucraniano. En los comentarios, Miguel Bernabe enlazaba al bulo ruso de que un satélite había captado un Sujoi Su-27 disparando un misil al Boeing 777 de Malaysia Airlines. El asunto se trataba de un corta y pega mal hecho. Los elementos de la foto no estaban a escala, el avión de pasajeros mostrado era un Boeing 767 (una imagen cortada del primer resultado que mostraba el buscador ruso Yandex cuando se buscaba “Boeing”) y la imagen del lugar estaba tomada del servicio de mapas del buscador ruso Yandex. Una chapuza colosal que expliqué aquí en mi blog. Antes de eso, el señor Óscar López Corral había reproducido también en su Marat, asaltar los cielos un artículo sobre la hipótesis de que el Boeing 777 de Malaysia Airlines  había sido derribado por error por las fuerzas ucranianas al ser confundido con el Ilyushin Il-96 en el que viaja habitualmente Vladimir Putin. Una teoría que alguien puso en circulación por el lejano parecido de los esquemas de pintura de ambos aviones y absolutamente intrascendente porque a 30.000 pies de altura no se aprecia desde el suelo, además de que la flota presidencia rusa llevaba meses sin sobrevolar Ucrania.

Así que imaginen la gracia que me hizo, mes y medio después de haber señalado la chapuza del montaje, encontrar que alguien ponía en circulación el bulo de la foto satélite. Dejé un comentario advirtiendo que todo era un bulo y hasta se lo advertí al señor Óscar López Corral por Twitter. Como no hay buena acción sin su castigo me bloqueó en Twitter, no sin antes escribir “Discúlpame q t bloquee tonto d los cojones al servicio del Imperio terrorista USA. Estarás orgulloso d q t paguen x esbirro”.

A pesar de la falta de afecto, yo he seguido leyendo el blog Marat, asaltar los cielos porque el señor Óscar López Corral, por lo menos, consigue ser divertido la mayoría de veces. Hace poco, abordó la presente crisis de refugiados sirios en Europa, logrando la proeza de no nombrar ni una vez a Bashar al-Assad. Una hazaña, a la altura de escribir sobre la Guerra Civil española y no mencionar a Franco. Llamé la atención sobre la extraña ausencia en “El nudo sirio”. Al señor Óscar López Corral parece que le ha molestado mucho que haya mencionado que ese es el nombre real del autor del blog Marat, asaltar los cielos. Y me ha dedicado una entrada.

[spoiler alert]

Dice el señor Óscar López Corral en su entrada de su blog Marat, asaltar los cielos que un servidor es nada menos que “mercenario militar de la CIA”. ¡Toma ya! Eso suena a que estuve trabajando para XPG con la SAD de la CIA  y el JSOC lanzando incursiones en la FATA en busca de HVT. Pero no lo puedo confirmar porque os tendría que matar a todos luego. Yo no sé cómo el señor Óscar López Corral ha llegado a esas conclusiones. ¿Debería buscar mi propio nombre en los documentos de Wikileaks?

Donde sí ha “investigado” el señor Óscar López Corral es la información que ofrezco aquí en mi propio blog. A eso se llama “Inteligencia de Fuentes Abiertas”, más conocida por sus siglas en inglés: OSINT. Destaca el señor Óscar López Corral en su entrada de su blog Marat, asaltar los cielos que hice un curso del UNISCI, un grupo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid. Es un grupo dedicado a tareas mundanas como publicar una revista académica, que resulta ser una de las de mayor impacto en su campo en España. La página web del grupo está ahora caída porque en la Universidad Complutense llevan desde hace tiempo con cambios pero eso le lleva a sospechar al señor el señor Óscar López Corral de que UNISCI esconde algún oscuro secreto. Uff… Menos mal que hice el curso y a mí no me pasó nada.

A continuación hilvana el señor Óscar López Corral que si UNISCI tiene contactos con el Grupo de Estudios de Seguridad Internacional (GESI) y si el GESI tiene vínculos con la Universidad de Granada y si la Universidad de Granada tiene vínculos con el Ministerio de Defensa aquí hay gato encerrado. Yo lo que sé es que en Granada se ubica el Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC) del Ejército de Tierra. La Universidad de Granada y el MADOC tienen un convenio de colaboración del que forma parte el Centro Mixto UGR-MADOC. Pero contado así no resulta tan inquietante como en las palabras del señor Óscar López Corral en su entrada de su blog Marat, asaltar los cielos:

[El GESI es] otra entidad vinculada a una universidad, la de Granada, pero con una relación aún más directa con militares y con el Ministerio de Defensa y ¡ojo! con el CNI (Centro Nacional de Inteligencia, los espías españoles). Es sabido desde hace mucho tiempo que los servicios secretos españoles, como los de otros muchos países occidentales, acaban en Langley (CIA). Hacer un curso del UNISCI no significa más que lo que significa –hacer un curso- pero conviene saber dónde y con quién se hace y estoy convencido de que el señor Pérez Triana lo sabe.

Lo que no entiendo es que el señor Óscar López Corral destaque que yo he escrito principalmente sobre áreas de interés para Estados Unidos (Iberoamérica, África Occidental, Oriente Medio, Europa del Este, etc.). La verdad, sea dicha, ¿qué región ahora mismo no es de interés para un país con proyección imperial como Estados Unidos?

Ya sé que hablar de dónde escribo en Internet es poca cosa al lado de desvelar mi pasado como contratista de los programas militares especiales de la CIA. Pero es algo que le ha llamado mucho la atención a Óscar López Corral. Por un lado, mis colaboraciones con Sesión de Control, donde llegué por invitación de su director Borja Ventura. Por otro lado, mis colaboraciones remuneradas con la revista ElMed.io, donde llegué por invitación de su director Mario Noya. Siempre he escrito lo que me ha dado la gana sobre lo que me ha dado la gana. Estoy seguro que Mario Noya se sorprendería de la distancia ideológica que nos separa. y tiene gracia cosas como que nunca me haya parado a pensar en la línea editorial de Sesión de Control. Nunca he escrito algo de lo que no estuviera convencido para tratar de encajar mejor en la línea editorial. Es más, estoy bastante orgulloso de artículos como Armas rusas para Al Assad y La emergencia de Emiratos.

Cuando pienso que en ElMed.io salió hace poco un texto de José María Aznar me da risa recordar que yo fui miembro fundador de DesiertosLejanos.com, página web de cuyos miembros dijo Federico Jiménez Losantos que estábamos a sueldo para insultar al Partido Popular. Me siento un infiltrado. Y así se cierra un círculo. En 2005 cuando critiqué en mi blog la deriva de la ocupación estadounidense en Iraq, un lector del blog me llamó “ayatolá del retroproguesismo”. Diez años después soy “esbirro del imperio” por criticar el papel del régimen de al-Assad y el papel de la Rusia de Putin en la guerra de Siria en artículos que alguien me ha remunerado. Lo que no sé es cómo se llama a alguien de izquierdas que defiende a al-Assad y Putin.

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Algunas personas me han señalado que hay por ahí circulando noticias de que Henry Kissinger, Hillary Clinton y el general retirado Wesley Clark han dicho que las acciones de Estados Unidos han servido para fortalecer al Estado Islámico o directamente le proporcionó armas. Evidentemente, no es así. Trataré el tema muy pronto.

Un proyecto de novela que aparqué

Hubo una época en que gracias al impulso de la editorial De Librum Tremens hubo un mini-boom en España de techno-thrillers, con libros como Frontera de Agua y La Tierra del Sur. La premisa de estos dos últimos era que España entraba en guerra con Marruecos y al final los buenos ganaban. Después de que los militares españoles desarrollaron misiones en Afganistán, Iraq, Líbano y Cuerno de África, la variedad de escenarios y temáticas de las novelas se amplió.

Yo en su momento me quedé dándole vueltas al esquema “el moro taimado ataca a traición pero luego España reacciona y gana”. Y pensé que sería interesante plantear un situación confusa llena de matices y grises. Imaginemos por ejemplo que una serie de disturbios en Marruecos, provocados por una escalada en el coste de la vida, desembocara en un golpe palaciego o un pronunciamiento militar después del cual no se supiera quién gobierna realmente. Llegarían noticias de que Mohammed VI habría sido asesinado o bajo arresto en su palacio. Un grupo de militares con un nombre bienintencionado como Conseil militaire pour la justice et la démocratie anunciaría haber tomado el poder mientras voces desde el Majzen lanzarían mensajes contradictorios sobre la situación. Habría movimientos de tropas por las calles, detenciones, tiroteos aislados y confusión. Llegarían noticias y testimonios de que “se están llevando a gente de sus casas”, “roban a los europeos a punta de fusil”, “por la noche suenan explosiones y tiros”, etc. En esa situación los confidentes, agentes dobles e interlocutores del CNI y gobierno español allí desaparecen.Dejan de contestar al teléfono y al correo electrónico. Imaginemos a ese diplomático español, que todas las semanas departe con un alto cargo del gobierno del que tras escucharle por teléfono un escueto “no puedo hablar ahora, te llamo luego” no vuelve a saber más.

Con muchos ciudadanos españoles residiendo en Marruecos, donde hay importantes intereses económicos españoles que van desde fábricas al turismo, el gobierno español trataría de organizar la evacuación de aquellos que lo solicitasen. Se pondría, como siempre, en alerta un vetusto Boeing 707 del Grupo 47 o quizás un Airbus A310 del Grupo 45. Pero los aeropuertos marroquíes estén cerrados. Y hay que preparar una operación de evacuación de civiles, una  “Non-combatant evacuation operation” (NEO) de toda la vida. De las que todos los ejércitos de la OTAN practican todos los años.

Pero pensemos que la crisis que azota el Magreb es mundial y en España ha llevado a una crisis del bipartidismo del que surge un gobierno débil sin mayoría absoluta en las últimas elecciones. A ese gobierno le toca ordenar una operación militar que se coordina con Francia, otro país con intereses y una comunidad de expatriados en Marruecos. Lo lógico es que en el caso español le toque a la Armada Española y a la Infantería de Marina. Imaginemos que haya que desembarcar en Tánger y tomar su aeropuerto, al lado del mar, para asegurar la evacuación de los ciudadanos de la Unión Europea. Pero en esto pasan dos cosas. Los soldados españoles se encuentran que civiles marroquíes se agolpan en la puerta del aeropuerto suplicando que les lleven a ellos también o que al menos los españoles no se vayan y mantengan la seguridad del perímetro para poder refugiarse. Porque según pasan los días hay combates en todo el país, ha estallado una represión brutal contra partidarios reales o imaginarios del otro bando con los islamistas sacando tajada de la situación. Ahí surge el primer dilema, que al menos es moral. ¿Evacuar a unos porque tienen pasaporte comunitario y condenar a la muerte a otros? La segunda cuestión es que la intervención de Francia no es neutral. Las tropas francesas no están allí sólo para rescatar a ciudadanos franceses sino para asegurarse que el poder quede en menos de un gobierno alineado con los intereses de París, lo que no necesariamente es lo mejor para el futuro del país y por ende para España, que es el país vecino.

Y ahora viene lo gracioso. Todo esto lo pensé en aquel entonces. Hace muchos años. Frontera de Agua y La Tierra del Sur fueron publicadas en 2005. Así que calculen. En aquel entonces me pareció que meter en una novela algo parecido a la Primavera Árabe era demasiado forzado. Imaginen lo rocambolesco que me pareció entonces la idea de imaginar el fin del bipartidismo en España. En aquel entonces no pensé en nuevos partidos, UPyD apareció en 2007, sino en el habitual apoyo en los partidos nacionalistas periféricos.

Nunca escribí la novela porque me pareció que sería un esfuerzo inútil considerando que lo habitual es que esta novelas sean de cientos de páginas y la iban a leer cuatro frikis. Por ejemplo, La Tierra del Sur, tiene más de 600. Considerando que la iban a leer aficionados a los temas militares, tenía que ser precisa y realista. Llegué a pensar en viajar a Tánger (miré en su momento vuelos low-cost) para conocer el lugar. Todo me hubiera llevado mucho tiempo documentarme para algo que me habría dado pocas satisfacciones. A pesar de ello tomé una cuantas notas en su momento, definí el dramatis personae, esbocé unas cuantas parte de la trama  y tenía claro que iba a ser muy diferente de las novelas publicadas hasta entonces.

Ahora pienso que no tiene mucho sentido escribirla. ¿Una novela en la que estalla una guerra civil en Marruecos tras la Primavera Árabe y a un gobierno español débil por el fin del bipartadismo le toca tomar la decisión de intervenir? ¡Vamos, hombre! Qué falta de originalidad…

El caso Matisyahu: En España con los judíos siempre es diferente.

Si debemos o podemos separar el disfrute de una obra de arte de las consideraciones que tengamos sobre su autor es un debate viejo. Ahí está el caso de Wagner y su rechazo en Israel. Este fin de semana pasado hubo follón a cuenta del festival de reggae Rototom Sunsplash, que celebra su 22ª edición y está teniendo lugar en Castellón. La organización decidió sacar del cartel a un artista tras una campaña de presión en contra. No creo que sea la primera vez que pasa en España. Pero resulta que el artista es judío. Y el asunto ha tenido todos los ingredientes de estupidez e ignorancia que cobran protagonismo en España cuando se trata de atacar a Israel y los judíos.

Matisyahu (nacido Matthew Paul Miller) es un cantante de reggae nacido en Estados Unidos que incursiona además en otros estilos afines. Ha alcanzado notoriedad con su música pero en los comienzos de su carrera llamaba la atención por pertencer a la comunidad jasídica Chabad-Lubavitch. Su apariencia era la que asociamos a los judíos ortodoxos mientras en sus canciones aparecían bastantes referencias religiosas. Por ejemplo, en su clásico “King without a crown” menciona la vuelta del Mesías. Podríamos hablar de que estábamos ante un fenómeno parecido al de la monja que se presentó a la edición italiana de La Voz o al rock cristiano estadounidense, pero hay dos cuestiones a considerar. Una es que en el judaísmo jasídico, la música y el baile tienen un papel importante, por lo que no hay contradicción alguna en su anterior observancia ultraortodoxa y su dedicación a la música. La otra consideración es que la idea de un judío cantante de reggae es una enorme ironía si entendemos la relación del reggae con el rastafarismo (Arnau Fuentes lo explica magistralmente aquí).

León de Judá en la imagen de perfil de Twitter del festival Rototom Sunsplash
León de Judá como logo del festival Rototom Sunsplash

El rastafarismo, religión nacida en Jamaica y practicada por figuras del reggae como Bob Marley, toma la historia de la esclavitud en Babilonia del pueblo judío como metáfora de la experiencia de los negros en América. Sin ir más lejos, encontramos que la imagen del perfil de Twitter del festival Rototom Sunsplash muestra al León de Judá, símbolo judío y rastafari, sobre los colores de la bandera de Etiopía, la Tierra Prometida de los rastafaris. El León de Judá aparece también en una canción de Bob Marley,  publicada postumamente en 1992: “Iron Lion Zion”. La referencia a Sión aquí es metafórica, pero en la práctica, artistas como Ziggy Marley (hijo de Bob Marley) o Alpha Blondy (autor de canciones como “Jerusalem” y “Massada”) han expresado su conexión con Israel. Ziggy Marley, casado con una israelí, ha actuado en Israel y rechazado el boicot de algunos artistas al país. Mientras que Alpha Blondy en un visita a Israel comentó su “profunda conexión espiritual con Israel“. Ambos cuentan que con su música tratan de expresar ideas de paz y hermandad, algo que por ejemplo encontramos en la canción de “One day” de Matisyahu (y que el festival Rototom Sunsplash trata de difundir con su lema Peace Revolution). Creo que con esto ha quedado claro el “espíritu” de la música reggae y la postura de sus figuras hacia Israel.

Así que llegamos a que Matishyahu debía aparecer en el festival Rototom Sunsplash en Castellón. Pero el grupo local del movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) contra Israel, BDS País Valencià, montó una campaña para presionar a la organización del festival para que no actuara. Aquí tienen el cartel de la campaña.

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Se trata de un cartel donde evidentemente no se puede desgranar el contenido y sustancia de la acusación contra Matisyahu de ser “cómplice de las políticas genocidas del estado de Israel” pero la elección de una cita suya es significativa. La frase más terrible y vergonzante que encontraron de Matisyahu para poner en un cartel es “Nunca ha existido un país llamado Palestina”. Que resulta que es cierta.

Nunca ha existido un estado-nación llamado Palestina, como nunca hubo uno llamado Iraq o Mauritania hasta el siglo XX. Son todo productos contingentes de la Historia. Pudo haberse proclamado el estado de Palestina en 1948 si se hubiera aceptado pacíficamente la partición de la ONU o pudo nunca haber existido un nacionalismo palestino de haberse diluido Gaza y Cisjordania en Egipto y Transjordania respectivamente tras la guerra. Nunca ha existido un país llamado Palestina es tan cierto como que nunca ha existido un país llamado Sáhara Occidental o Euskadi, más allá de lo que uno piense sobre la posibilidad o derecho a su existencia futura como países independientes.

Curiosamente, el “nunca ha existido” se convirtió para la prensa española en un “no existe” y en la confusión Matisyahu pasó de ser un cantante estadounidense judío a ser ciudadano israelí.

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Captura de pantalla vía Masha Gabriel.

Encontramos el mismo fallo en una noticia en LaSexta.com con origen en la agencia EFE, que también reproduce El Heraldo de Aragón. Supongo que es perdonable que las agencias, cuyas noticias reproducen muchos medios, se equivoquen en un titular sobre la nacionalidad de un artista. Al fin y al cabo cierto periodista español envió una vez una crónica desde Israel, cambiándole el género a un artista local, prueba de que copió y pegó de otros medios sin saber de quién hablaba. Pero cambiarle la nacionalidad a Matisyahu tenía en este caso una connotación importante. La campaña contra Matisyahu giraba en torno a sus opiniones sobre un país que no es el suyo. Así que o bien se estaba transmitiendo la idea de que el boicot era justificable por tratarse de un cantante israelí o se trataba de ocultar que se le reprochaban sus opiniones sobre un país al otro lado del planeta.

La bola de nieve creció. Y la acusación contra Matisyahu pasó del “Nunca ha existido un país llamado Palestina” a “Palestina no existe”. Váse por ejemplo este titular de Jenesaispop.com

Matisyahu se cae del Rototom Sunsplash tras supuestamente afirmar que “Palestina no existe”

La frase aparece también en una noticia de El País, otra de El Mundo, otra de ABC, otra de El Huffington Post, otra de 20 Minutos, etc. Tantos medios repitiendo la misma frase no es casualidad.  ¿Quién puso en circulación esa información? Pues el grupo BDS País Valencià. Véase este artículo “Sólo hay paz con justicia” en Diagonal.

Matisyahu es un cantante reggae estadounidense judío que dijo que “Palestina no existe”, que era “amante de Israel” o que el asalto a la Flotilla de la Libertad en 2010 estaba justificado.

Se trata de algo curioso. O bien el grupo BDS País Valencià se equivocó al diseñar el cartel de la campaña y atribuyó equivocadamente a Matisyahu la frase “Nunca ha existido un país llamado Palestina” (en las versiones en castellano y valenciano), o bien una vez obtenida la atención mediática con su campaña decidió tergiversar las palabras del artista para hacerlas tremebundas. “Nunca ha existido un país llamado Palestina” es un hecho histórico. “Palestina no existe” es un eslogan. ¿Qué fue lo que Matisyahu dijo? Lo explica Zack Beauchamp en Vox.com. Me llevó 5 segundos encontrarlo en Google. Todo viene de una entrevista de 2012, en la que Matisyahu dijo “as far as I understand, there was never a country called Palestine“. Por lo tanto, resulta evidente que el grupo BDS País Valencià tergiversó las palabras de Matisyahu en su artículo “Sólo hay paz con justicia”. El caso es que los periodistas españoles se limitaron a hacer un copia & pega sin molestarse en averiguar qué dijo en realidad Matisyahu o ni siquiera comprobar datos básicos sobre él.

Las otras dos acusaciones contra Matisyahu que hace el grupo BDS País Valencià tampoco tienen desperdicio: amar a Israel y considerar justificado el asalto a la Flotilla que pretendía llegar a Gaza. Considerar lo primero como una razón para excluir a alguien del festival Rototom Sunsplash hubiera dejado fuera a Ziggy Marley, que resulta que actuó en 2011 en el escenario principal. Sería interesante saber si en aquel año hubo un llamamiento a un boicot contra él. Sobre lo segundo, es una aburida cuestión de Derecho Internacional Público y leyes marítimas que no necesariamente los miembros del grupo BDS País Valencià tienen que conocer, aunque sería recomendable que conocieran antes de juzgar las palabras de Matisyahu.

Zack Beauchamp en su artículo de Vox.com recoge distintas declaraciones de entrevistas a Matisyahu donde se comprueba que mantiene un perfil apolítico. “My whole purpose is to bring people together”, dijo, distanciándose incluso del sionismo militante. Sin dejar de lado su opinión sobre asuntos concretos, a las que añade declaraciones como “I’m not going to claim that I have the answer or the truth or the right knowledge”.

Llegados a este punto queda defender la libertad de un promotor de espectáculos de contratar a quién quiera en función de sus simpatías músicales, personales o políticas. Pero tratándose de un macrofestival que recibe ayudas, apoyos y colaboraciones de instituciones públicas creo que los organizadores deberían haber obrado de otra forma. Y es que hay que constatar el papelón  hecho. El director del festival denunció públicamente las presiones sufridas para sacar del cartel a Matisyahu, luego la organización sucumbió a ellas para finalmente rectificar e invitar de nuevo al cantante.

Todo este asunto ha derivado en acusaciones de antisemitismo de nuevo cuño contra los partidarios del boicot a Matisyhau. Tuve algunos intercambios de opinión al respecto, en los que defensores del boicot a Matisyahu o bien negaban que el asunto tuviera que ver con que Matisyahu sea judío o directamente lo convertían en moralmente responsable de las cosas que pasan en Israel. La clave aquí es el doble rasero. ¿Se aplica el mismo celo moral y político a todos los artistas en un festival donde actúa un cantante condenado por violación que tenía prohibida la entrada en el Reino Unido y otro, autor de letras homofóbicas donde se habla de matar a homosexuales? No es un asunto trivial. La homofobia es un elemento muy extendido en géneros jamaicanos como el dancehall que tienen un espacio propio en el festival. Al menos en Canadá los activistas LGBT son tan civilizados que reconocen que los cantantes tienen derecho a ganarse la vida pero el público “debe ser consciente a qué clase de artistas están apoyando”.

La organización del festival Rototom Sunsplash trató de curarse en salud pidiéndole una declaración política a Matisyahu para mantenerlo en el cartel. ¿Se le exigió al resto de cantantes algún tipo de declaración a favor de los derechos LGTB o como en el caso del festival de reggae de Edmonton el pasado mes de julio se les pidió que no interpretaran canciones homofóbicas? Sería curioso saber si los miembros de la organización entendieron la letra de las canciones que los artistas jamaicanos interpretaron en el festival  y pueden asegurar que no ha habido mensajes homofóbicos.

El caso Matisyahu supone una escalada del movimiento BDS, que merece un análisis detallado sobre objetivos declarados y reales. De atacar a instituciones y personajes israelíes se ha pasado a atacar a un judío estadounidense, tibio en lo político, que profesa ideas que les resulta antipáticas, lanzando una campaña del que la prensa española se ha convertido en herramienta acrítica. Habrá que seguir atentos la evolución de sus ataques. La cuestión, es que en España con los judíos siempre es diferente.

“Breve Historia de la Guerra de Ifni-Sáhara” de Carlos Canales y Miguel del Rey

Hace poco me encontré con un libro sobre la muchas veces llamada “guerra olvidada”. Breve Historia de la Guerra de Ifni-Sáhara 1957, la última guerra española de Carlos Canales y Miguel del Rey ocupa un vacío bibliográfico, como atestigua que tuviera una segunda edición, sobre un tema que ha sido tratado principalmente a través de obras que recogen testimonios personales, memorias y estudios del papel de unidades militares concretas.

El libro, publicado por Nowtilus a través de su colección Breve Historia, tiene las pegas típicas de los libros españoles de historia militar con carácter divulgativo, que dan una impresión de edición algo descuidada. Hablamos, por ejemplo, de las erratas. Desde “algibe” por “aljibe” a ese misterioso avión MD-115 que busqué y busqué hasta caer en la cuenta que se refería al  MD-315. Dicho lo cual, podemos decir que estamos ante un libro exhaustivo dentro de lo “breve” y bastante ameno. Además, los autores se detienen a comentar las perspectivas opuestas sobre algunos hechos que ofrecen algunos autores, lo cual enriquece el relato.

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Los autores nos ofrecen la historia de la colonización de la África Occidental Española (el enclave de Sidi Ifni, la franja de Tarfaya y el Sáhara Occidental) y el contexto del conflicto. Ya a esas alturas empieza el lector tener la impresión que la guerra de Ifni fue uno de esos casos en los que la política exterior española “brilló” como acostumbra. Cuentan los autores que ante los vientos nacionalistas que barrieron el Magreb, la postura española fue mirar para otro lado porque afectaba negativamente a los intereses franceses. Es decir, se actuó bajo el principio “todo lo que sea malo para Francia, es bueno”.  Recuerdo que algo parecido se hizo con la OAS, lo que llevó a Francia, según algunos, a pagar con la misma moneda con ETA. Pero esa es otra historia. La cuestión es que para el caso del incipiente nacionalismo marroquí fue un error, porque una vez Marruecos alcanzó la independencia en 1956 las miras del rey Mohammed V se pusieron en el enclave de Sidi Ifni.

Si España era entonces un país pobre, el recién independizado Marruecos era un país paupérrimo. Así que Mohammed V rehuyó una confrontación directa. Usó lo que hoy llamaríamos un “proxy”, en este caso una fuerza insurgente. La guerra comenzó el 23 de noviembre de 1957 con ataques a los numerosos puestos que guardaban la frontera con Marruecos. Y aquí entra en juego la “memoria histórica” de los militares españoles y el recuerdo de la Guerra del Rif, en la que puestos aislados fueron cayendo una tras otro hasta terminar en el Desastre de Annual. Así que la orden fue evacuar las pequeñas guarniciones para atrincherarse en Sidi Ifni, dejando el interior del territorio en manos de los insurgentes marroquíes mientras se producían deserciones de los miembros nativos de la policía.

A pesar de que se habla de la “Guerra de Ifni”, el conflicto tuvo un segundo escenario: el Sáhara Occidental, donde se repitieron los acontecimientos de abandono de guarniciones y deserciones. Las fuerzas armadas españoles se vieron incapaces de recuperar el territorio perdido ahora en manos de los insurgentes, así que hubo de negociarse la colaboración francesa. La derrota de las fuerzas insurgentes marroquíes vino en una campaña franco-española en el territorio del Sáhara mediante el empleo de aviación y fuerzas mecanizadas en febrero de 1958, la conocida como Operación “Teide”/”Écouvillon”. Simultáneamente fuerzas llegadas de la Península y Canarias limpiaron de insurgentes el enclave de Sidi Ifni. El avance de columnas móviles precedidas por el lanzamiento de paracaidistas me recordó a la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” aplicada por los franceses durante la Operación “Serval” en Mali.

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A pesar de la derrota de los insurgentes marroquíes, al término del conflicto se entregó a Marruecos la franja de Tarfaya. El enclave de Sidi Ifni se entregó en 1969 bajo el eufemismo  de “retrocesión”. En la práctica España sólo volvió a controlar poco más que un perímetro alrededor de la ciudad.

El interés de Francia en ayudar a España no queda muy claro en el libro, pero es de suponer que tuvo que ver con que Marruecos incitó a la rebelión contra España una serie de tribus que se extienden desde Mauritania al sur de Marruecos, lo que podría afectar a los territorios en manos francesas (véase el primer mapa). El asunto tribal recorre todo el libro y deja en el final del relato de los acontecimientos la puerta abierta al conflicto del Sáhara.  La cuestión es que en 1957 no existía el nacionalismo saharaui y los habitantes del Sáhara Occidental mataron y murieron para unirse a Marruecos. La absoluta contingencia de la causa saharaui y su irrupción de última hora ya la explicó José María Lizundia en El Sáhara como metarrelato.

Uno de los asuntos que llama la atención todo el tiempo y en el que insisten los autores del libro es la enorme precariedad de medios de las fuerzas españolas. En 1953 se habían firmado los acuerdos con Estados Unidos, que permitieron la llegada de material de guerra moderno al país. Pero Washington se reservó derecho a veto sobre su uso y la Guerra de Ifni era vista como una guerra colonial. El Ejército del Aire español, que contaba ya entonces con reactores F-86 y T-33, se vio obligado a emplear los desfasados Casa 2111 e Hispano Aviación HA-1112, versiones españolas de los Heinkel He-111 y Messerschmitt Bf-109 respectivamente. Se contó con el apoyo de fuego de buques supervivientes de la Guerra Civil. Hay en el libro varios ejemplos de ataques aéreos y navales que no dieron “ni a tres montados en un burro”.

Heinkel 111
Un CASA 2111 “Pedro” tras un aterrizaje forzoso en Sidi Ifni. (Foto: Ejército del Aire).

Si los medios aéreos parecían sacados de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, el aspecto de las fuerzas terrestres no era mejor, con soldados en alpargatas y fusil Máuser. Escaseaban los vehículos todetereno y camiones. Las radios fallaban o no tenían alcance. Por no hablar, de la logística, con problemas para entregar agua y comida variada a la tropa que vivía en condiciones de vida miserable. El estado de las fuerzas armadas no sólo era un reflejo de la situación de España en la posguerra, sino el producto de la desidia del régimen.

Ante el panorama relatado, la intervención francesa fue decisiva. Además, Francia fue el origen de materiales estadounidenses ya de tercera mano, como los blindados M-8 Greyhound y los aviones T-6 Texan, que se pudieron usar sin restricciones. Los autores plantean que hubiera sido de aquellos territorios de no haber intervenido Francia. Un idea que también planteó José María Lizundia en su libro. Pudo haber sucedido que el Sáhara Occidental hubiera sido absorbido por Marruecos entonces y nunca hubiera nacido el Frente Polisario.

El libro relata unos hechos de armas olvidados y que las operaciones en lugares como Afganistán o Mali ponen de nuevo de actualidad. Me pareció interesante conocer el contexto completo de los hechos que convirtieron en héores a nombres como el teniente Ortiz de Zártate (que da nombre a la III Bandera Paracadista) o Maderal Oleaga (que da nombre al XIX Grupo de Opeaciones Especiales). Y tal como los autores dicen, son unos acontecimientos necesarios de conocer para entender las relaciones con Marruecos.

“El Fénix Islamista” de Loretta Napoleoni

9788449331091El Fénix Islamista: El Estado Islámico y el resideño de Oriente Próximo de Loretta Napoleoni es su retorno al tema del yihadismo después de haber publicado varios libros sobre temas como la crisis económica y el modelo chino. Recordemos que en 2004 se publicó en España Yihad: Cómo se financia el terrorismo en la nueva economía. El presente libro le debe parte su enfoque a aquel otro. Aquí encontraremos, otra vez, un recuento del origen del Estado Islámico, explicaciones de la fractura suní y chií, explicaciones del origen del islamismo a partir de Sayyid Qutb, etc. El libro, como todos los textos sobre el tema, está lleno de frases sobre el uso que hace el Estado Islámico de las redes sociales para difundir su propaganda y captar adeptos, además de cómo ha desarrollado importantes fuentes de financiación. Los párrafos al respecto me han sonado a más de lo mismo y me gustaría leer por una vez un estudio profundo sobre esos temas con métricas y datos.

Así que para mí,  lo verdaderamente interesante del libro, es todo aquello que aporta de nuevo y original frente a otros (este es el tercero que leo del tema tras haber leído un montón de artículos). En este caso Napoleoni reflexiona y ahonda en cómo el Estado Islámico se ha convertido en un gobernante legítimo a ojos de la población, que ha sufrido la intimidación, los robos y la violencia de los grupos armados que han proliferado en Siria en medio de la guerra. Así, lo que desde fuera se percibe como una autoridad brutal resulta un alivio tras años de desgobierno allí donde el Estado colapsó. Recordemos la experiencia del auge de los talibán en Afganistán en sus comienzos y la aparición de los “tribunales de la shariá” en Somalia. Además, el Estado Islámico ha procurado operar como un estado funcional que proporciona servicios a sus ciudadanos. Napoleoni habla de “estados caparazón” (shell-state, en el original).

Por momentos el libro me recuerda la perspectiva de los africanistas posmodernos españoles, que plantean que los señores de la guerra son los constructores de una nueva modernidad africana como la Guerra de los Treinta Años precedió a la consolidación de los modernos estados europeos. Napoleoni se llega a plantear si en un futuro Occidente debería limitarse a reconocer al Estado Islámico y apunta, nada menos, que las campañas de exterminio de minorías son una vía para la homogenización nacional que aporte estabilidad.

Al contrario que el libro de Patrick Cockburn, este no se trata de un libro escrito por un autor con experiencia sobre el terreno. Napoleoni cita varias veces a la periodista italiana Francesca Borri. Menciona que se ha movido por Siria cubierta de pies a cabeza y sin ningún material que la identificara como periodista, mencionando el contraste con la forma habitual de los periodistas occidentales de moverse en vehículos con la escolta de grupos armados y exponiéndose a ser secuestrados. Una experiencia tristemente repetida en el caso de los periodistas españoles.

Napoleoni ahonda en dos cuestiones para explicar la aparición del Estado Islámico. Una es el colapso de los estados-nación de Oriente Medio. La otra es las posibilidades que ofrece la globalización para la supervivencia de autoridades para estatales. Justo esos dos temas los traté en mi libro, dedicando un capítulo a cada uno. Sorprendentemente el capítulo se titula “Guerras premodernas contemporáneas”. Estarán de acuerdo que hay una forma más sencilla de expresar el concepto: Guerras Posmodernas.

“Diario de la Guerra del Congo” de Vicente Talón

Vicente Talón fue reportero del diario El Correo Español-El Pueblo Vasco de Bilbao primero y luego del diario madrileño Pueblo. Mi generación le conoce como cofundador y director de la histórica revista Defensa. Diario de la Guerra del Congo es una reedición de 2013 de un libro publicado originalmente en 1976. El libro aborda la Crisis del Congo (1960-1965), que cubrió sobre el terreno, dedicando su segunda parte a la participación en el conflicto de mercenarios españoles.

1491594_557149781030323_1750228082_nDiario de la Guerra del Congo se nutre de las crónicas firmadas y los apuntes tomados por Vicente Talón en aquel entonces, la primera mitad de la década de los años 60.  El paso del tiempo es apreciable en el lenguaje y por observaciones sobre las poblaciones locales que escandalizarían a los actuales africanistas españoles, posmodernos la mayoría de ellos. En el prólogo a esta edición Vicente Talón hace referencia a las “matanzas en masa y asesinatos horripilantes” que ocurrieron en el Congo y que décadas después se repetirían en los Balcanes. Esa apreciación coincide precisamente con mi motivación para leer el libro.

Después de leer Biafra. The Nigerian Civil War, 1967-1970, obra de Peter Baxter,  empecé a preguntarme si no deberíamos replantearnos la novedad en África de las llamadas “Nuevas Guerras”, en los términos de Mary Kaldor, cuando contrastamos la Crisis del Congo y la Guerra de Biafra con la Segunda Guerra del Congo, que Tom Cooper abordó en un libro que reseñé aquí. Me refiero al patrón común de conflictos intraestatales altamente internacionalizados donde se cometen violaciones de los derechos humanos de forma sistemática, los bandos se alinean según afiliaciones étnicas y aparecen señores de la guerra y mercenarios.

Al igual que en ¡Sálvese quien pueda! de Javier Nart, nos encontramos las divisiones étnicas y tribales sobre el terreno de un conflicto africano que según la lógica de la Guerra Fría ordenaba los bandos por definiciones ideológicas. De hecho, por el Congo pasaron desde pilotos cubanos exiliados al servicio de la CIA al Che Guevara. Vicente Talón recoge el testimonio de un europeo que identifica a líderes y bandos por afiliaciones tribales, tal como encontraríamos luego en las luchas anticoloniales de Angola o Rhodesia.

Si el retrato de la población local quizás escandalizaría a los anclados en el concepto del buen salvaje, Vicente Talón hace un retrato demoledor del orden colonial belga y de la población blanca que lo sustentó. También desmitifica acciones militares como la Operación “Dragon Rouge”, que tuvo una ejecución torpe y pudo haber salvado más vidas. Evidentemente ambas cuestiones, la realidad social del antiguo Congo Belga y el carácter poco brillante de la Operación “Dragon Rouge” es algo que no encontrarán en la bibliografía al uso. Tampoco los mercenarios de Jean Schramme y Mad Mike Hoare salen bien parados. Esa es la gran novedad que aporta esta libro, una mirada neutra que levanta acta de lo que allí pasó sin adornar el fanatismo, la cobardía y la barbarie desplegadas por quienes en otros relatos de los hechos son heroicos luchadores anticoloniales o intrépidos aventureros occidentales.

La segunda parte del libro aborda la experiencia del 2º Choc del 6º Commando, encuadrado por españoles desplegados en el Alto Uele. A diferencia de otros mercenarios europeos y sudafricanos, los españoles del 2º Choc trataron de mantener una disciplina militar y procuraron tratar al personal nativo de una forma correcta. Las acciones de asistencia a la población civil llevadas a cabo las encuadraríamos hoy en día en la Cooperación Cívico Militar. El resultado fue, cómo no, muy diferente al alcanzado por otras unidades. Pero el personal fue siempre escaso para una área de operaciones tan grande y al final, el 2º Choc fue engullido por la dinámica de golpes y revueltas del país. Su líder y dos oficiales más terminaron fusilados por el nuevo régimen de Mobutu Sese Seko.

Un último apunte. Por el libro desfilan tangencialmente nombres que luego serían conocidos, como el de Laurent Kabila. Cerca del final del libro Vicente Talón cuenta su encuentro con un veterano del 2º Choc que participó en 1967 en un fallido intento de crear un segundo frente durante el motín de los mercenarios liderados por Jean Schramme. El interlocutor de Vicente Talón le echa la culpa al organizador de la expedición, el mismísimo Bob Denard, del que sospecha que en realidad actuaba en connivencia con el régimen de Mobutu Sese Seko. Treinta años más tarde, los hombres de Bob Denard trataron de organizar sin éxito la defensa del régimen de Mobutu frente al avance de las tropas de Kabila.