The Force Awakens

El domingo por la noche desaparecí para ir al cine solo a ver en versión original The Force Awakens. No lo hice a propósito para huir de la “fiesta de la democracia” y el baile de escaños en el que todos dicen que ganan. Lo hice para evitar que algún hijo de puta me reventara la película. Soy fan desde siempre pero la verdad es que estaba harto del machaque promocional, tan habitual en el imperio Disney. (¿¡Naranjas, manzanas y uvas promocionando la película!?). Me llamó la atención que la película fuera el acontecimiento mediático del momento y pareciera que todo el mundo esperaba la película, cuando allá por los 80 y 90 los fans de La Guerras de las Galaxias éramos cuatro gatos. Soy de los que jugué al juego de rol de West End Games y en mi 286 incluso llegué a jugar a una adaptación del juego de recreativa original de 1983. Y no lo digo con el esnobismo de los que se dedican a repartir carnets de “verdadero fan”, sino recordando que en mi clase de 8º E.G.B. habíamos sólo tres frikis de treinta y tantos estudiantes. En aquel entonces, ser aficionado a los cómics te convertía en objeto de las burlas. Viví incluso alguna experiencia desagradable de acoso escolar. Hoy, sin embargo, el estreno de las películas de súper héores de Marvel y D.C. son el gran acontecimiento, con estrenos programados hasta 2020.

La película. Según han ido pasando los días se ha ido asentando las ideas en mi cabeza. Y la sensación que tengo es que J. J. Abrams et. al. decidieron ir a por lo seguro, limitándose a tomar los momentos climáticos de la versión original para componer una versión actualizada, con efectos especiales avanzados y un elenco políticamente correcto. Esta vez, tenemos a una chica, a un negro estadounidense y un hispano entre los actores protagonistas. La película se me hizo larga (dos horas y cuarto, dura) y hubo momentos en el primer tercio en los que sentí estar ante una película de aventuras/acción convencional con los protagonistas corre que te corre perseguidos por los malos entre explosiones. La cuestión es que me divertí. Tiene sus momentos de humor y está lleno de guiños a la masa de fans. Cuando salí del cine incluso consideré que volvería a verla. Pero como dije, fueron pasando los días y seguí dándole vueltas a la cabeza.

Recuerdo, ya antes de terminar el colegio, discutir sobre los rumores en torno a una nueva trilogía. Pasados los años, el asunto se tomó mítico. Y ahora, tras ver la nueva película me quedé pensando que es una película deseada pero ¿necesaria? Se trata de revisitar el espacio de la fantasía e ilusión que vivimos de niños. Y evidentemente los medios técnicos permiten ahora cosas que ni George Lucas pudo soñar entonces. Pero tengo la sensación que se perdieron cosas por el camino.  Las limitaciones técnicas de aquel entonces le dieron una estética particular a la serie que Abrams trata de mantener pero que se pierde cuando se abusa de los efectos visuales hechos por ordenador. Por hacer un paralelismo, es como si alguien quisiera hacer la continuación de un spaghetti western de finales de los 70 en pleno 2015. El resultado sería una cosa muy diferente. Y hay algo que recordar. La película original de 1977 bebe estéticamente del western, de las películas británicas sobre la Segunda Guerra Mundial, del cine japonés de samurais, etc. Mientras que su argumento, lo hace de los mitos universales. Echo en falta esa épica, sustituida por la maquinaria de Hollywood de fabricar blockbusters.

“El nuevo Leviatán: Una historia política de la red” de Enrique Alonso

Kr01 Internet se ha convertido en un servicio etéreo y ubicuo que damos por supuesto. Pero creo que pocos conocen lo que hay en sus entrañas. Enrique Alonso, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, nos cuenta cómo se organiza y quién manda en Internet. No son cuestiones triviales y sin embargo resulta un asunto completamente oscuro para la mayoría. El libro hace un recorrido histórico desde los inicios del proyecto ARPANET. Enrique Alonso destaca cómo en el principio un grupo reducido tuvo libertad de actuación y se impuso su visión. Uno de los asuntos que me llevó a comprar el libro fue a conocer más sobre el famoso mito, que yo mismo he repetido, de que la organización distribuida de la red responde al objetivo de ser capaz de sobrevivir a un ataque nuclear. Pero Enrique Alonso da una versión alternativa. Según él, de ser verdaderamente un proyecto militar, ARPANET hubiera tenido capas y capas de seguridad. Según cuenta, simplemente se diseñó tan abierto y modular para ser capaz de conectar ordenadores muy diferentes en un proyecto que tuvo una enorme rotación de desarrolladores. Ya desde el comienzo tuvo un peso enorme las decisiones y acciones de un número limitado de personajes (Vint CerfRobert KahnJon Postel, etc.), a los que Enrique Alonso llama “gurús en la sociedad de la información” y que ejercieron una especie de liderazgo carismático.

La cuestión crucial es el crecimiento exponencial de Internet en los años 90 y cómo las instituciones que controlaban Internet crecieron a la par. Hoy la infraestructura física que constituye Internet la componen un puñado de empresas, las operadoras de nivel Tier 1 (AT&T, Sprint, Verizon, Deutsche Telekom…) y en las organizaciones que controlan Internet tienen un importante peso instituciones y empresas estadounidenses. Por no hablar, de lo que Enrique Alonso llama “agentes sistémicos”, esos proveedores de servicios en Internet como Google y Facebook, que acaparan una gran porcentaje del tráfico. Todo esto constituye una asimetría de poder en un espacio que resulta tan básico como Internet. El final del libro queda abierto, por supuesto. Lo interesante es que cualquier debate sobre el futuro de Internet pasa por conocer cómo funciona y qué implicaciones tienen los cambios, pero no parece que el funcionamiento de Internet sea un tema muy conocido. El libro es desde luego, un punto de partida. Yo por mi parte, seguiré leyendo e indagando en los orígenes de Internet y la sociedad red.

La hipsterización del dolor

Dice Pablo Iglesias que en España la gente ahora milita en los medios de comunicación y no en los partidos políticos. Quiere decir que la gente se identifica más con las ideas y visión del mundo de determinados medios de comunicación que con la de un partido político. El hecho es que el ratio de afiliados en partidos políticos y sindicatos ha sido tradicionalmente muy bajo en España. Así que yo añadiría que las “redes sociales” se han convertido en el espacio de acción política en España.

Ahora la principal actividad política de la gente es emitir opiniones y compartir cosas en sus muros de Facebook y perfiles de Twitter. Para mí ya no se trata de una cuestión política sino identitaria. Mientras muchos buscan sentirse el sentimiento de pertenecencia a un grupo y el aplauso de los demás, hay quien comparte memes políticos para definirse ante sus conocidos como parte de una minoría selecta rebelde, radical y libre pensadora.

Víctor Lenore explicaba magistralmente en Indies, hipsters y gafapastas: Crónica de una dominación cultural la práctica del elitismo cultural en un país donde para una generación ya no es posible aspirar a la exclusividad en el consumo material. En España vivimos el colapso de las expectativas vitales de los hijos de la clase obrera que fuimos a la universidad para encontrarse un mercado laboral de precariedad y sueldos bajos. Hablamos de todos los licenciados en universidades públicas que hicimos postgrados y manejamos idiomas pero terminamos pasando por trabajos mileuristas a la espera de que saliera “algo de lo mío”. Según datos del CIS de este año, el 40,3% de los españoles gana entre 300 y 1.200 euros al mes. Así que, explica Lenore, debido a que la distancia de ingresos entre el nuevo precariado y las clases bajas se acorta, el gusto cultural se ha convertido en una herramienta de distinción social, tal como nos mostró Pierre Bourdieau.

Antes, la distinción se alcanzaba en España mediante el acceso a los productos culturales. Los privilegiados eran aquellos que podían viajar a Londres y París para volver cargados de vinilos y libros que en España no se conseguían. Pero ahora, como descargar películas, series de televisión y música sale gratis en Internet, la distinción se obtiene en torno a qué ves y escuchas. Se trata de huir de todo aquello masivo y popular para mostrar interés por lo “alternativo” e “independiente”, que si se populariza permite decir la famosa frase que todos conocemos de “yo ya era fan de ese cantante/director/actor/cineasta/grupo/autor antes de que se hiciera famoso”. La identidad se construye por negación del Otro. Y las élites, por negación de la masa. Por lo tanto, parte de la creación de esa precaria “élite cultural” consiste en el desprecio de las clases bajas y los productos culturales que consumen.

Volviendo a la política, en una época en que el activismo ha sido sustituido por el ciberactivismo de compartir en el muro de Facebok. retuitear, darle al “Me Gusta” y los hashtags el coste de entrada es también cero. Así no hay forma de alcanzar distinción compartiendo contenido político en Internet cuando todo el mundo lo hace. Así que la búsqueda de la distinción lleva a alejarse de la mayoría y buscar mensajes únicos y originales que lanzar. Si todos dicen Je suis Charlie” contra la barbarie del terrorismo, para sentirse único y especial habrá que decir otra cosa. Así en enero de este año y esta última semana circularon por las redes sociales los mensajes de los aspirantes a rebeldes y radicales contrarios a la comunión solidaria con Francia. “¿Qué hay del atentado en Beirut?” preguntaban quienes no sabrían responder si Hezbolá es un partido islamista sunní o chií. “¿Qué hay del dolor de las víctimas nigerianas?” reclaman quienes serían incapaces de situar el país en un mapa.

No se trata de despreciar el dolor de las víctimas del Líbano y Nigeria, sino entender que la proximidad geográfica, cultural y emocional nos hace empatizar más con las víctimas francesas. Además, cómo señala Brian J. Phillips en el Washington Post, el ciclo de noticias se alimenta de lo impactante y novedoso. Otro coche bomba estallando en un mercado de Bagdad pasa más desapercibido que un ataque a una sala de conciertos en París. Además, sospecho, que las objeciones a solidarizarse con París tiene menos que ver con las emociones que provoca Líbano y Nigeria que con el rechazo a sentirse parte de la masa. De no haber sucedido masacres terroristas en fechas cercanas a los ataques a París, todo esa gente se las habría apañado para buscar otras excusas para no participar en el sentimiento colectivo de horror y solidaridad con Francia.

“Mr. Robot” y “American Odyssey”

Desde mi gran maratón de series de televisión (Rubicon, Generation Kill, The Pacific…) en el invierno austral de 2010 no me había enganchado a ninguna. Y eso que en estos años se ha vivido un verdadero boom que ha convertido a las series de televisión en el producto cultural del momento mientras Hollywood se ahoga en reboots, remakes y franquicias. La cuestión es que sin recordar bien cómo, me enganché hace poco a Mr. Robot y American Odyssey.

419

Mr. Robot es la historia de Elliot, un experto en seguridad informática, que en su vida privada ejerce de hacker justiciero y se ve envuelto en una iniciativa para borrar los datos de una gran corporación, E Corp, a la que precisamente proporciona servicios la empresa para la trabaja. E Corp, un trasunto de Enron, es el mayor acreedor de préstamos del consumo del país y el objetivo del proyecto es borrar de golpe todo rastro contable para liberar a sus clientes. El asunto tiene un giro personal porque el padre de Elliot murió tras la exposición a un escape tóxico en una planta propiedad de E Corp sin que derivara en consecuencias penales para la empresa. Así que acepta participar en el proyecto y a partir de se aceleran los acontecimientos.

Dicen los que entienden del tema, que todo el hacking que se ve en la serie es tremendamente realista. No vemos escenas de tecleo compulsivo delante de un shell ni órdenes tipo “overrride password”, tan habituales en las escenas de ficción sobre hackers. Aquí, por el contrario, vemos mucha ingeniería social, troyanos y manipulación de móviles. Me parece destacable el retrato realista que la serie hace de Nueva York.

La expectación lograda con el episodio piloto llevó a que la serie fuera renovada antes de estreno. Si embargo, lo que parecía una serie muy friki centrada en el mundo del hacking fue centrándose cada vez más en Elliot y su inestabilidad emocional. Habrá que esperar a 2016 para la segunda temporada.

american-odyssey-poster

American Odyssey arranca con un equipo de fuerzas especiales estadounidenses que tras asaltar una vivienda en Tessalit, en el norte de Mali, descubren inesperadamente que uno de los muertos es un líder de Al Qaeda. El equipo incluye la sargento 1º Odelle Ballard en el rol de Female Engagement Team. Revisando el portátil del terrorista ella encuentra pruebas de un pago a Al Qaeda de SOC, una gran corporación estadounidense. Mientras esperan la exfiltración el equipo es atacado sólo sobreviviendo la sargento 1º Ballard. A partir de ahí, comienza la odisea a la que hace referencia el título, porque oficialmente se le da por muerta mientras huye a través de Mali del equipo de una PMC estadounidense que quiere matarla, cruzándose con tuaregs, miembros de Ansar Dine y narcotraficantes. Mientras tanto, en Estados Unidos dos personas se cruzarán en el camino de SOC y la trama para pasar página con el asunto de Mali. Uno es Peter Decker, un antiguo fiscal trabajando ahora en la empresa privada como especialista en business intelligence, que es encargado de supervisar detalles de la fusión de SOC y encuentra cosas sospechosas que le harán tirar del hilo. Otro es Harrison Walters, el hijo de un famoso reportero del New York Times que es portavoz de los activistas que protestan contra la reunión del G8 y al que un hacker simpatizante de la causa le cuenta que tiene pruebas de que Ballard envió un correo electrónico comunicando que estaba viva.

Cabe agradecer el esfuerzo de producción. Las escenas que suceden en España, fueron rodadas en España. Y las escenas que suceden en Mali, fueron rodadas en Marruecos. Así que al menos, nos libramos de ver otra vez a México y Arizona como España y el Sahel. Alguien dijo que el guión de American Odyssey está elaborado con recortes de prensa. Aparece Al Qaeda, el yihadismo en Mali, el narcotráfico del Sahel, una malvada PMC, drones, un hacker, los “indignados” estadounidenses y hasta una primer ministra griega progresista que lucha contra los acreedores de su país. Los guionistas se tomaron la molestia de seguir las noticias sin recurrir a inventarse países u organizaciones, tarea que siempre resulta ridícula (“Yihad Carmesí”, je). Pero los personajes carecen de la profundidad y complejidad psicológica de Mr. Robot. Y lo que es peor, no estamos ante un guión que muestra la complejidad del mundo y la interconexión de fenómenos como en Syriana. Al contrario, estamos ante un malvado complot de una siniestra gran corporación que funciona de forma demasiado mecánica como motor del argumento. La serie, por cierto, tras esta primera temporada no fue renovada. Fue una serie imperfecta, pero yo quedé enganchado. Quizás por la escasez de series sobre los temas que me gustan.

“Estado Islámico. Geopolítica del caos” de Javier Martín

Javier Martín es un periodista español autor de varios libros. Uno de ellos, Hizbulá. El brazo armado de Dios, lo reseñé aquí. Los lectores más veteranos lo recordarán. Se trata de aquel libro donde el autor nos contaba los últimos pensamientos de miembros de la organización libanesa de camino a volar por los aires y otros proezas dignas del mejor periodigno hispano. Así que ante la aparición de Estado Islámico. Geopolítica del caos me encontré con un dilema. Por un lado estaba mi propósito de leer cuanto estuviera disponible sobre el Estado Islámico. En mi biblioteca cuento ya que con seis libros sobre el tema y cuando los haya leído todos pediré unos cuantos más que han salido mientras tanto. Por otro lado estaba la huella que me había dejado la lectura de su otro libro y mi temor de estar ante uno de esos libros que no se escriben, sino se perpetran. La solución de compromiso la hallé al poder acceder a un ejemplar del libro en una biblioteca, lo que me permitió leer el libro de un tirón una tarde sin gastar un euro y así poder darles una opinión informada.

2a1e71b86a238d9f5a0d2a221470c11b133339ba

Para hablarnos del Estado Islámico, el autor arranca en Túnez, donde actualmente reside como jefe de la oficina de EFE en el Norte de África. Luego sigue en Cisjordania para hablarnos de la ocupación israelí. Y aquí ya encontramos el truco. El libro es un repaso ligero a la situación del Gran Oriente Medio que ofrece las reflexiones del autor sobre la pugna geopolítica de Irán y Arabia Saudita, el desencanto de la Primavera Árabe y el Estado Islámico. Pero como el somero potpourri que ofrece el libro quizás no hubiera recibido la atención del público, le han plantado “Estado Islámico” en el título como reclamo comercial.

El libro tiene el toque característico del periodismo español. Por un lado, las aspiraciones literarias que hacen que el autor nunca se tome un té caliente en una terraza concurrida, sino que se trata de un cálido y humeante té en una bulliciosa terraza durante una lánguida puesta de sol. Me lo acabo de inventar pero ustedes ya se hacen a la idea. Y ya que estamos, me llama la atención cómo Javier Martín tiene por costumbre incluirse en el libro hablándonos de su trato y amistad con los personajes que aparecen por él como informadores. Así, lo mismo cita al misterioso agente secreto “Jules” como a un amigo suyo iraní de paso por Madrid. Esa mezcla de fuentes nos lleva a ese otro toque característico del periodismo español y es la falta de bagaje bibliográfico. En el texto aparece mencionado Charles Lister y pocos nombre más.

Cuando el autor entra en materia se vuelve interesante porque aporta datos novedosos de la estructura interna del Estado Islámico, su financiación y el uso que hacen sus miembros de redes sociales pero no aparece la fuente por ningún lado. Y creo que es evidente que no se trata de datos productos de una investigación personal del autor. No hubiera estado de más notas o bibliografía.

Otra cosa que me chirrió bastante es que el autor se apuntara a la teoría conspiranoica de que Abu Bakr al-Baghdadi, el “califa Ibrahim”, se hubiera convertido en un agente doble al servicio de Estados Unidos a su paso por una prisión iraquí. Luego expone la lista de altos cargos del Estado Islámico, copada por antiguos militares del régimen de Saddam Hussein, pero el autor no ve ahí en cambio una conexión que ha estado explicand Kyle Orton en su blog.

En definitiva, un libro que encantará a los fans del #periodigno y a los periodistas españoles. Pero que no aportará al lector realmente interesado en el tema más de lo que puede hacer una selección cuidadosa de artículos gratuitos disponibles en Internet.

“ISIS: Inside The Army of Terror” de Michael Weiss y Hassan Hassan

Este es el tercer libro el Estado Islámico que reseño aquí, después de los libros de Patrick Cockburn y Loretta Napoleoni. Empecé a leerlo con la sensación de que me iba a encontrar más de lo mismo. Al fin y la cabo, no hay muchas formas diferentes de contar la misma historia. Pero cada libro aporta una perspectiva diferente. El de Cockburn es un libro con observaciones sobre el terreno en Iraq que cuenta cómo se desplomó el ejército iraquí y cómo el Estado Islámico es respaldado por la población sunní de Iraq. El libro de Napoleoni se nutre de las investigaciones y reflexiones de la autora sobre la financiación de los actores no estatales y aporta una perspectiva interesante sobre el funcionamiento del Estado Islámico como cuasi estado. El libro de Michael Weiss y Hassan Hassan por su parte me ha resultado bastante interesante porque profundiza bastante en el origen y crecimiento del grupo en el contexto de los conflicto iraquí y sirio además de aportar informaciones novedosas sobre el papel de algunos actores de la región.

isis-9781941393574_lgISIS: Inside The Army of Terror arranca con la historia de Abu Musab al-Zarqawi, sus idas y venidas por la región hasta liderar un grupo brutal que terminó subordinado a Al Qaeda. En esta fase de la historia son importantes varias cosas. Una es el efecto insospechado que trajo el intento de islamización del régimen de Saddam Hussein en su búsqueda de legitimidad y de infiltrar a la disidencia islamista. El resultado fue que muchos de los agentes infiltrados terminaron convertidos en sinceros activistas islamistas, con el resultado de un importante trasvase de altos cargos del régimen del partido Baaz a la insurgencia yihadista tras la caída del régimen. La cuestión me había parecido anecdótica al leer sobre cómo Izzat Ibrahim al-Duri, el “pelirrojo”, era miembro del grupo insurgente Ejército de los Hombres de la Orden de Naqshbandiyya , que toma su nombre de una cofradía sufí. Pero el asunto bastante hondura, como demuestra Kyle Orton en su blog. En el libro se ofrece una recopilación de nombres importantes  del regímen iraquí que terminaron en las filas yihadistas. La insurgencia iraquí aprovechó además los arsenales, pisos francos y medios preparados para que las milicias organizadas por el régimen, los Fedayines de Saddam, pudieran hacer frente a posibles revueltas dentro del país.

Otra cuestión que me pareció interesante es cómo Al Qaeda en Iraq terminó abandonando su nombre  al integrarse en la coalición del Estado Islámico de Iraq para darle una apariencia local a una insurgencia yihadista llena de extranjeros. La cesión frente a otros fue sólo aparente, porque el grupo creado por Al Zarqawi terminó liderando el Estado Islámico de Iraq. El asunto del nombre me parece relevante porque el Estado Islámico se lo ha cambiado un montón de veces. Y ahora circulan por ahí artículos que hablan de él como un grupo surgido en la guerra de Siria, cuando la realidad es que el grupo apareció a finales de los 90 en Jordania y hay una continuidad histórica entre Monoteísmo y Yihad fundado por Abu Musab Al Zarqawi y el Califato proclamado por Abu Bakr al-Bagdadi.

La novedad de este libro, en mi opinión, es el repaso que hace del papel poco conocido de Siria e Irán en la postguerra iraquí. Por un lado, los autores nos cuentan la omnipresente mano de Irán en el país para consolidar la hegemonía de la población chií, que recordemos constituyen la mayoría demográfica del país. También hay referencias a cierta complicidad de Irán con Al Qaeda, al permitir el tránsito por su territorio de militantes de Afganistán a Iraq, tras la invasión estadounidense. Por no hablar del I+D iraní detrás de los IEDs empleados por la insurgencia iraquí (y afgana, añado yo).

Hay una referencia a la batalla del 4 de abril de 2004 en Nayaf, donde se encontraba la base Al Andalus española. Según Weiss y Hassan:

The Battle of Najaf in August 2004 was essentially a proxy war between the United States and Iran’s elite foreign intelligence and military apparatus, the Revolutionary Guards Corps-Quds Force (IRGC-QF), coordinated on the Iraqi side by an Iranian operative named Sheikh Ansari, who US intelligence concluded was embedded with the Mahdy Army in Najaf and was helping it conduct its combat operations.

Nada de esto aparece, por su puesto, en las versiones españolas de los sucesos de aquel día, un clamoroso fallo de la inteligencia militar española. Que los relatos españoles de la Batalla de Nayaf no hagan nunca referencia al contexto político de Iraq refleja la total desconexión con la realidad de políticos y mandos militares. Pero ese es otro tema del que ya he hablado aquí en otras ocasiones.

La supremacía política de los chiíes y la proliferación de escuadrones de la muerte a la sombra de las fuerzas de seguridad acentuó la polarización sectaria del país con resultados que llegan hasta la fecha. Recordemos que Patrick Cockburn en su libro cuenta que el Estado Islámico disfruta en Iraq con respaldo social entre la población sunní por la percepción generalizada de que era un baluarte frente a los sucesivos gobierno chiíes.

Hubo un momento en el que el fanatismo demostrado por Al Qaeda en Iraq en aquellos territorios donde ejercía su control o su influencia que empujó a líderes tribales sunníes a hacer las paces con las fuerzas de ocupación estadounidenses y aliarse con ellas para derrotar a los yihadistas. Peor aún, los yihadistas trataron de subvertir el orden tradicional tribal y apropiarse del negocio de contrabando que el régimen de Saddam Hussein había permitido que las tribus sunníes controlaran. Fue esa alianza uno de los pilares del “surge” liderado por el general Petraeus y que puso a Al Qaeda en Iraq contra las cuerdas.

La gran cuestión es qué pasó tras la retirada estadounidense de Iraq. En su momento me pregunté qué sería de los Son of Iraq, las fuerzas tribales que se enfrentaron a Al Qaeda en Iraq, tras la retirada militar de Estados Unidos de 2011. Weiss y Hassan lo cuentan. Fueron perseguidas y debilitadas por el gobierno iraquí, permitiendo que el el Estado Islámico de Iraq resurgiera de sus cenizas en el triángulo sunní. La persecución de los líderes de las milicias sunníes por parte del gobierno iraquí y el asesinato de sus miembros por parte de los yihadistas lograron desarticular para siempre a las fuerzas tribales enemigas del Estado Islámico de Iraq.

El otro factor permitió que en 2011 el Estado Islámico de Iraq campara por sus anchas en Iraq fue el comienzo de la guerra civil en Siria. A pesar de que los apologetas del régimen de Bashar al-Assad lo quieran presentar como un bastión contra el yihadismo, Siria se convirtió en la retaguardia de la insurgencia yihadista iraquí mientras las autoridades del régimen miraban para otra parte.

Nadie parece recordarlo, pero las fuerzas especiales de Estados Unidos lanzaron un raid en el interior de Siria en 2008. Según Weiss y Hassan, el régimen sirio usó la insurgencia como un factor de desestabilización de Iraq que le permitiera tener un as en la manga en sus contactos con Estados Unidos y así convertirse en un interlocutor necesario ante Estados Unidos. En plena ola de protestas contra el régimen, al-Assad decretó en mayo de 2011 una amnistía. Se abrieron las puertas de la cárcel para yihadistas pero no para disidentes. Los liberados engrosaron las filas de la sucursal siria de Al Qaeda, Jahbat al-Nusra. Al-Assad pudo presentar así la guerra civil como un episodio más de la lucha contra la yihad global.

Más adelante, las fuerzas del régimen procurarían no atacar al Estado Islámico, más preocupado en adeñuarse del territorio liberado por los grupos rebeldes e islamizar la retaguardia. Allí donde el Estado Islámica lanzaba una ofensiva contra los grupos rebeldes, caían las bombas de la aviación siria. La supervivencia del régimen pasa por el debilitamiento de los grupos rebeldes para que la guerra civil siria se reduzca a una lucha final entre al-Assad y el Estado Islámico. En tal caso, Occidente sería el interesado en la victoria del régimen de al-Assad.

Tan pronto comenzó en 2011 la guerra contra el régimen de al-Assad, el Estado Islámico de Iraq comenzó la toma del poder en la región oriental de Siria. El libro aporta detalles de la infiltración del Estado Islámico entre las filas rebeldes sirias. Allí donde se hizo con el poder procuró proporcionar los servicios de un Estado, asunto sobre lo que Loretta Napoleoni centró su libro sobre el Estados Islámico.  La novedad del libro de Weiss y Hassan es su explicación de cómo el Estado Islámico mantiene su control mediante una combinación de violencia y mano izquierda con las tribus iraquíes y sirias. Esto es, el Estado Islámico mantiene ahora políticas de control social más sofisticadas que las aplicadas en los tiempos de al-Zarqawi y Al Qaeda en Iraq. El libro también profundiza en la ruptura con Al Qaeda y su franquicia local, Jahbat al-Nusra. Lo que es conveniente recordarlo para aquellos que se empeñan en presentar a los grupos enfrentados al régimen sirio como un bloque monolítico. La fractura no tiene visos de ser cerrada y habré que estar atentos a su evolución.

Este es sin duda el libro más denso de los cuatro que he leído sobre el Estado Islámico. Me parece novedosa la perspectiva que aportan sobre la transformación de Al Qaeda en Iraq en el Estado Islámico de Iraq, así como el papel de Siria e Irán en la violencia durante la ocupación estadounidense de Iraq. El relato de cómo el Estado Islámico de Iraq se hizo fuerte en Siria, infiltrándose en los dominios de los rebeldes sirios y logrando la lealtad de ciertas tribus, también me parece una novedad. Los autores cuentan que lograron realizar entrevistas a miembros y simpatizantes del Estado Islámico, lo que se nota en la profundidad de su descripción del funcionamiento interno. El único vacío del libro es que no trata el papel de Turquía en el conflicto sirio y las aportaciones de Qatar al Estado Islámico, algo que bien señala Ninos Youkhana. Es un libro muy bien documentado y bastante interesante que recomiendo a quien quiera aterrizar en el tema.

De ayatolá del retroprogresismo a esbirro del imperio

La capacidad de gente aparentemente solvente en lo suyo de meterse en fregados ajenos y hacer el ridículo es inagotable. Alguien podría atribuirlo al tan español factor “cuñado”, pero repetidamente he visto a Bill Maher en su programa hacer bromas sobre el típico cuñado conservador que repite el argumentario de Fox News, así que debe ser un fenómeno internacional.

B3ifFYJCIAEEufy

Hace bastante tiempo, repasé aquí los argumentos de Vicenç Navarro, profesor de Ciencias Políticas y Sociales en la universidad Pompeu Fabra en Barcelona y de Políticas Públicas en la Johns Hopkins University en Baltimore (EE.UU.) sobre el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines sobre territorio ucraniano en poder del bando prorruso. El bueno profesor llegaba tarde y mal al debate, hablando de oídas con argumentos de segunda mano. Su artículo fue publicado el 30 de octubre de 2014, cuando el derribo se produjo el 17 de julio. Y su afirmación de que no hay vínculos entre Rusia y los prorrusos del Donbás ahora suena bastante risible.

A la fiesta se sumó el señor Óscar López Corral, autor del entretenido blog Marat, asaltar los cielos reproduciendo la información de la factoría Voltairenet sobre un supuesto militar ucraniano que contó que el avión de Malaysia Airlines, había sido derribado por un caza ucraniano. En los comentarios, Miguel Bernabe enlazaba al bulo ruso de que un satélite había captado un Sujoi Su-27 disparando un misil al Boeing 777 de Malaysia Airlines. El asunto se trataba de un corta y pega mal hecho. Los elementos de la foto no estaban a escala, el avión de pasajeros mostrado era un Boeing 767 (una imagen cortada del primer resultado que mostraba el buscador ruso Yandex cuando se buscaba “Boeing”) y la imagen del lugar estaba tomada del servicio de mapas del buscador ruso Yandex. Una chapuza colosal que expliqué aquí en mi blog. Antes de eso, el señor Óscar López Corral había reproducido también en su Marat, asaltar los cielos un artículo sobre la hipótesis de que el Boeing 777 de Malaysia Airlines  había sido derribado por error por las fuerzas ucranianas al ser confundido con el Ilyushin Il-96 en el que viaja habitualmente Vladimir Putin. Una teoría que alguien puso en circulación por el lejano parecido de los esquemas de pintura de ambos aviones y absolutamente intrascendente porque a 30.000 pies de altura no se aprecia desde el suelo, además de que la flota presidencia rusa llevaba meses sin sobrevolar Ucrania.

Así que imaginen la gracia que me hizo, mes y medio después de haber señalado la chapuza del montaje, encontrar que alguien ponía en circulación el bulo de la foto satélite. Dejé un comentario advirtiendo que todo era un bulo y hasta se lo advertí al señor Óscar López Corral por Twitter. Como no hay buena acción sin su castigo me bloqueó en Twitter, no sin antes escribir “Discúlpame q t bloquee tonto d los cojones al servicio del Imperio terrorista USA. Estarás orgulloso d q t paguen x esbirro”.

A pesar de la falta de afecto, yo he seguido leyendo el blog Marat, asaltar los cielos porque el señor Óscar López Corral, por lo menos, consigue ser divertido la mayoría de veces. Hace poco, abordó la presente crisis de refugiados sirios en Europa, logrando la proeza de no nombrar ni una vez a Bashar al-Assad. Una hazaña, a la altura de escribir sobre la Guerra Civil española y no mencionar a Franco. Llamé la atención sobre la extraña ausencia en “El nudo sirio”. Al señor Óscar López Corral parece que le ha molestado mucho que haya mencionado que ese es el nombre real del autor del blog Marat, asaltar los cielos. Y me ha dedicado una entrada.

[spoiler alert]

Dice el señor Óscar López Corral en su entrada de su blog Marat, asaltar los cielos que un servidor es nada menos que “mercenario militar de la CIA”. ¡Toma ya! Eso suena a que estuve trabajando para XPG con la SAD de la CIA  y el JSOC lanzando incursiones en la FATA en busca de HVT. Pero no lo puedo confirmar porque os tendría que matar a todos luego. Yo no sé cómo el señor Óscar López Corral ha llegado a esas conclusiones. ¿Debería buscar mi propio nombre en los documentos de Wikileaks?

Donde sí ha “investigado” el señor Óscar López Corral es la información que ofrezco aquí en mi propio blog. A eso se llama “Inteligencia de Fuentes Abiertas”, más conocida por sus siglas en inglés: OSINT. Destaca el señor Óscar López Corral en su entrada de su blog Marat, asaltar los cielos que hice un curso del UNISCI, un grupo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid. Es un grupo dedicado a tareas mundanas como publicar una revista académica, que resulta ser una de las de mayor impacto en su campo en España. La página web del grupo está ahora caída porque en la Universidad Complutense llevan desde hace tiempo con cambios pero eso le lleva a sospechar al señor el señor Óscar López Corral de que UNISCI esconde algún oscuro secreto. Uff… Menos mal que hice el curso y a mí no me pasó nada.

A continuación hilvana el señor Óscar López Corral que si UNISCI tiene contactos con el Grupo de Estudios de Seguridad Internacional (GESI) y si el GESI tiene vínculos con la Universidad de Granada y si la Universidad de Granada tiene vínculos con el Ministerio de Defensa aquí hay gato encerrado. Yo lo que sé es que en Granada se ubica el Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC) del Ejército de Tierra. La Universidad de Granada y el MADOC tienen un convenio de colaboración del que forma parte el Centro Mixto UGR-MADOC. Pero contado así no resulta tan inquietante como en las palabras del señor Óscar López Corral en su entrada de su blog Marat, asaltar los cielos:

[El GESI es] otra entidad vinculada a una universidad, la de Granada, pero con una relación aún más directa con militares y con el Ministerio de Defensa y ¡ojo! con el CNI (Centro Nacional de Inteligencia, los espías españoles). Es sabido desde hace mucho tiempo que los servicios secretos españoles, como los de otros muchos países occidentales, acaban en Langley (CIA). Hacer un curso del UNISCI no significa más que lo que significa –hacer un curso- pero conviene saber dónde y con quién se hace y estoy convencido de que el señor Pérez Triana lo sabe.

Lo que no entiendo es que el señor Óscar López Corral destaque que yo he escrito principalmente sobre áreas de interés para Estados Unidos (Iberoamérica, África Occidental, Oriente Medio, Europa del Este, etc.). La verdad, sea dicha, ¿qué región ahora mismo no es de interés para un país con proyección imperial como Estados Unidos?

Ya sé que hablar de dónde escribo en Internet es poca cosa al lado de desvelar mi pasado como contratista de los programas militares especiales de la CIA. Pero es algo que le ha llamado mucho la atención a Óscar López Corral. Por un lado, mis colaboraciones con Sesión de Control, donde llegué por invitación de su director Borja Ventura. Por otro lado, mis colaboraciones remuneradas con la revista ElMed.io, donde llegué por invitación de su director Mario Noya. Siempre he escrito lo que me ha dado la gana sobre lo que me ha dado la gana. Estoy seguro que Mario Noya se sorprendería de la distancia ideológica que nos separa. y tiene gracia cosas como que nunca me haya parado a pensar en la línea editorial de Sesión de Control. Nunca he escrito algo de lo que no estuviera convencido para tratar de encajar mejor en la línea editorial. Es más, estoy bastante orgulloso de artículos como Armas rusas para Al Assad y La emergencia de Emiratos.

Cuando pienso que en ElMed.io salió hace poco un texto de José María Aznar me da risa recordar que yo fui miembro fundador de DesiertosLejanos.com, página web de cuyos miembros dijo Federico Jiménez Losantos que estábamos a sueldo para insultar al Partido Popular. Me siento un infiltrado. Y así se cierra un círculo. En 2005 cuando critiqué en mi blog la deriva de la ocupación estadounidense en Iraq, un lector del blog me llamó “ayatolá del retroproguesismo”. Diez años después soy “esbirro del imperio” por criticar el papel del régimen de al-Assad y el papel de la Rusia de Putin en la guerra de Siria en artículos que alguien me ha remunerado. Lo que no sé es cómo se llama a alguien de izquierdas que defiende a al-Assad y Putin.

assad-salute

Algunas personas me han señalado que hay por ahí circulando noticias de que Henry Kissinger, Hillary Clinton y el general retirado Wesley Clark han dicho que las acciones de Estados Unidos han servido para fortalecer al Estado Islámico o directamente le proporcionó armas. Evidentemente, no es así. Trataré el tema muy pronto.