Breves apuntes sobre Venezuela

A finales de 2018 y tras hacer un más que recomendable curso de técnicas de análisis de inteligencia en Inteligencia y Liderazgo hablé con dos amigos con los que coincidí allí en aplicar lo aprendido en un artículo de elaboración de escenarios. Yo propuse Argelia o Venezuela. Desde entonces, los dos países han sido noticia. Uno por la caída del presidente Bouteflika, cuya sucesión auguraba desde hacía años un “juego de tronos” en Argelia. El otro por la aparición del “presidente encargado” Juan Guaidó, en un choque de legalidades en un país que abandonó hace tiempo el marco democrático.

Mi interés por Venezuela no era sólo el resultado de la intuición de que “algo podía pasar”, sino ganas de abordar el tema tras constatar que los análisis manejados en España fallaban. Lo que nos contaban los medios es que el país está muy mal, el pueblo venezolano muy harto y la legitimidad del régimen chavista por los suelos. Los medios se volcaron en mostrarnos las protestas populares y la represión. Pero el régimen no ha caído. Algo falla.

Vehículos NORINCO VN-4 de la Guardia Nacional Bolivariana. Foto vía revueltaenvenezuela.org

Esa idea de que el hartazgo de la gente va a provocar la caída del régimen es errónea. Las revoluciones no funcionan así, pero a nadie le gusta contarlo. El factor fundamental de toda revolución es que un sector importante de las fuerzas armadas y del aparato de seguridad del Estado asuma que todo ha de cambiar para que todo siga igual. Esto es, que cambie el presidente y su camarilla pero que los generales conserven sus estrellas y los defensores del Estado profundo conserven su trabajo. Es entonces cuando se producen los contactos con la oposición, se obtienen garantías y salta la sorpresa. El presidente de turno descuelga el teléfono y el jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas le dice que no va a sacar los carros de combate a la calle o el jefe de la policía le dice al ministro de turno que no piensa dar la orden de abrir fuego contra los manifestantes.

Nicolae Ceaușescu cayó en 1989 después de que el ministro de Defensa, el general Victor Stănculescu, se negara a reprimir a las multitudes en Bucarest y fuera engañado por él para huir de la ciudad por carretera y no en helicóptero. Y así podríamos ir de caso histórico en caso histórico, hasta recientemente, cuando Abdelaziz Buteflika presentó la dimisión después de que la cabeza del Ejército Nacional Popular argelino pidiera su dimisión.

Manuel Quevedo, ministro de Petróleo y presidente de PDVSA. Foto: Gobierno de Venezuela.

Así que volviendo a Venezuela, el asunto clave a desentrañar es el vínculo entre régimen y fuerzas armadas. Sabemos la alta politización de la fuerzas armadas venezolanas, con una fuerte identificación con el régimen. Y sabemos del empleo de criterios de lealtad política sobre otras consideraciones para premiar con ascensos y prebendas. Pero hay algo más. No es que las fuerzas armadas se hayan politizado, es que la política se ha militarizado. El cargo de ministro de Petróleo y presidente de PDVSA lo ejerce el general Manuel Quevedo y el ministerio de Producción Agrícola y Tierras está a cargo del coronel Wilmar Castro. Esto significa que tenemos a un militar controlando la mayor fuente de divisas del país y a otro militar controlando la producción alimentaria en un país donde hay escasez de comida. Sobra imaginar las oportunidades de corrupción que disfrutan ambos.

Por tanto, cuando examinamos el caso de Venezuela no tenemos que tener en cuenta simplemente el grado de lealtad política de las fuerzas armadas y del aparato de seguridad del Estado al régimen. Tenemos que valorar el grado de interconexión de ambos con los mecanismos económicos del país, lícitos e ilícitos. El miedo de los generales ante la posibilidad de la caída del régimen sería no sólo a la pérdida de prebendas y beneficios económicos, sería también miedo enfrentarse a órdenes de extradición a EE.UU. por delitos de narcotráfico.

El mismo criterio podemos aplicar a los “colectivos” y “monitorizados”, fuerzas irregulares de choque del régimen. A todo esto, puestos a hacer un análisis profundo y serio de Venezuela, habría que añadir el análisis de otras variables, como el papel de China y Rusia en la superviviencia del régimen. Y estoy seguro que los prochavistas españoles correrían a añadir otro: el apoyo popular al régimen en determinados sectores de la sociedad venezolana. En cualquier caso, el trabajo de hacer un buen análisis queda pendiente.

LA OPERACIÓN GUAIDÓ por Tomás Purroy

Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional declarada en desacato por el ejecutivo, se autojuramenta como “presidente encargado” ante una multitud.

Los acontecimientos de los últimos días en Venezuela han consumado la crisis política que se suma y retroalimenta con la virulenta crisis económica y social que vive el país. La oposición ha sido capaz de mitigar su eterna división con la juramentación de Juan Guaidó, su intención es clara: lograr “sincronizar las presiones externa e interna para que al gobierno chavista le resulte más costosa la permanencia que la renuncia”. Pero a pesar de todo el ruido, el derrumbe del gobierno sigue lejano con las instituciones, especialmente las fuerzas armadas, leales. Ahora bien, es innegable que se ha dado un paso sin precedentes que ha puesto al gobierno contra las cuerdas, con un futuro incierto.

La oposición está llevando hasta las últimas consecuencias la estrategia del todo o nada que abrazó definitivamente tras ser declarada en desacato la Asamblea Nacional de la mano de un plan que lleva años fraguando. La opción rupturista que siempre estuvo en los sueños de algunos sectores opositores, especialmente con la crisis socioeconómica y tras las sangrientas protestas de 2014. No hizo más que reforzarse cuando, tras ganar la Asamblea Nacional en las elecciones legislativas en 2015, trataron de apretar al ejecutivo, y este la declaró en desacato, creando una Asamblea Nacional Constituyente y llamando a unas nuevas elecciones presidenciales en mayo de 2018. La oposición, inmersa en las tradicionales luchas internas, no reconoció ninguno de estos movimientos, considerando fraudes y rupturas de la legalidad.

Hasta este enero, este sector del todo o nada, encabezado por políticos de peso como Leopoldo López, Antonio Ledezma o María Corina Machado, parecía estar en un callejón sin salida, clamando por una insurrección imposible tras haberse negado a participar en las elecciones y haber fracasado el diálogo en República Domincana. Más en realidad, estaban fraguando con sigilo un detallado plan, trabajando con diligencia en el exterior y preparando un desafío desde el legislativo venezolano. Este trampolín les ha permitido dar la imagen de no ser una mera oposición, sino de un choque institucional, una dualidad de poderes que han consumado este 23 de enero con la juramentación del delfín de Leopoldo López como presidente encargado.

Imagen de Juan Guaidó junto a la destacada líder opositora María Corina Machado. La foto fue publicada el 12 de enero, simbolizando la adhesión de la tradicional dirigente.

Todo esto ha tenido lugar en un contexto general de una galopante crisis económica que sigue apretando, mientras las promesas del gobierno de una recuperación que no llega son cada vez menos creibles. La catástrofe económica ha supuesto una caída del P.I.B. de más del 45% y una hiperinflación salvaje. La oposición considera que esta crisis provocará una revuelta masiva, algo que el gobierno contiene por ahora mediante extensos programas de asistencia social que evitan un posible estallido de este tipo en las capas más bajas de la población.

Estas clases populares son el verdadero reto de una oposición tradicionalmente alejada de este estrato, enfocada en su feudo tradicional de las clases media y alta, las cuales ha emigrado de forma masiva y tienen un notable peso en la comunidad emigrante y en las redes. Esta incapacidad para entrar en los feudos populares chavistas, dependientes de la asistencia gubernamental, donde muchas veces siquiera es posible hacer campaña contra el gobierno, es la clave que impide un estallido social que arrolle a las fuerzas de seguridad.

Durante dos décadas, el chavismo ha sido la fuerza hegemónica en las calles y en las urnas. Imagen de una marcha encabezada por Diosado Cabello el 25 de enero.

También merece un capítulo la izquierda más heterodoxa, aquella que ha flotado alrededor del chavismo de una forma más o menos clara. Sin duda ha sido víctima de una polarización extrema, arrastrada al chavismo para “no hacerle el juego a la derecha” o por interés, dejándose seducir por la oposición o limitándose a lamentarse desde el rincón de pensar. Con la masiva emigración, la crisis galopante y el enorme poder del estado, el tejido social se ha unido al aparato gubernamental o simplemente se ha deshecho como un azucarillo.

Con todo este escenario, nunca fue tan importante como ahora el monopolio de la violencia. Mostrada la solidez en las calles y un apoyo internacional extenso, la oposición necesita recabar apoyos en el estamento militar para hacer realidad y efectiva su presidencia simbólica. Pero, a día de hoy, no se observa ninguna brecha reseñable, más bien un muro sólido al que por ahora no hace mella la Ley de Amnistía ni los constantes pronunciamientos. Pero este muro puede ser un simple tigre de papel, algo que no sabremos hasta que sean puestos a prueba. Mientras tanto, el ambiente sigue enrarecido, con la pequeña sublevación de un grupo de guardias nacionales el día 22, la extraña detención e inmediata liberación de Guaidó el día 13 o las constantes teatralizaciones de lealtad hacia Nicolás Maduro.

El 27 de enero, el presidente Nicolás Maduro centró su día en demostrar la lealtad de las fuerzas armadas hacia el gobierno. Los constantes llamados de la oposición a un levantamiento militar en su favor siguen cayendo en saco roto.

La oposición ha dado un golpe arriesgado y audaz, con una autoproclamación apoteósica en medio de las masas y un inmediato reconocimiento internacional, casi total a nivel regional. Tal vez era la única manera que tenían en el camino escogido, maximalista y externo a las instituciones, mientras que sus tensiones internas quedan por fin acalladas bajo el reconocimiento internacional. Sigue moviéndose, presionando en las calles y con la comunidad internacional, tratando de seducir (sin éxito hasta ahora) al estamento militar, buscando conformar un doble poder. En este sentido, está empezando a cosechar éxitos en el exterior, logrando ir asegurando activos de Venezuela en el exterior y diversos compromisos de “ayuda humanitaria”. Esta no son simplemente un gesto, si aspiran a tomar el poder, son plenamente conscientes que la asistencia social del chavismo debe ser sustituida por algo, y ellos apostarán por las ONG y la Iglesia. Todos estamos a la espera de la reacción del gobierno, el cual tiene en este momento la pelota y está siendo bastante cauteloso, y el comportamiento de las fuerzas armadas.

En estas circunstancias, es más arriesgado que nunca entrar en la futurología, aunque hay una serie de escenarios plausibles:

  • Un gobierno en el exilio: bien pudiera ser que Guaidó y buena parte de la oposición considerasen finalmente una huida del país. Ese escenario sería ideal para el estado venezolano, que se limitaría a ignorarlos y tratar que fueran irrelevantes dentro del país. Ahora bien, como hemos visto, este gobierno en el exilio podría acceder, de mano de sus patrocinadores internacionales, a los enormes recursos venezolanos en el exterior y ser acogido por la numerosa diáspora. Sin duda sería algo mucho más efectivo que el viejo gobierno en el exilio de la república española, especialmente mientras el gobierno chavista esté capeando esta crisis galopante.
  • La cárcel. En este caso, el estado pondría en marcha su maquinaria judicial y policial, tal y como hizo, entre otros, con Leopoldo López. Más en esta ocasión numerosos países han reconocido a Guaidó, lo cual probablemente supondría fuertes sanciones. Tampoco hay que olvidar la posibilidad de que los arrestos fuesen traumáticos y desatasen una nueva oleada de protestas.
  • Un compromiso, elecciones con Maduro: es el camino que ha planteado la Unión Europea con su ultimátum, abogando el gobierno de Maduro por convocar unas nuevas elecciones presidenciales en las que se presentase la oposición. El problema es evidente, ya que la oposición siempre ha considerado ilegítimo al Consejo Nacional Electoral y, a día de hoy, no reconoce a Maduro y considera cualquier negociación un intento de ganar tiempo. Por su parte, el gobierno considera que es una injerencia extranjera y que tiene derecho a agotar su legislatura (2019 – 2025).
  • Insurrección, ya sea éxito o fracaso: esto implicaría que desde las calles o, especialmente, una parte de las fuerzas armadas, se intentase expulsar de la presidencia a Maduro. Sin duda la opción más arriesgada y sangrienta, que podría dar numerosos escenarios, siendo los más tétricos una guerra civil y/o una intervención internacional (no solo del lado opositor) y, los menos cruentos, un colapso rápido de una de las dos partes. La clave de todo ello estaría en la solidez y la lealtad de las fuerzas armadas, aparte de en la actitud de la comunidad internacional y la situación en las calles.
Dos cazabombarderos Su-30 de la Aviación Militar Bolivariana surcan los cielos venezolanos.

Todo este contexto interior está inmerso en un peliagudo contexto exterior, con una nueva guerra fría entre EEUU y Rusia-China, una izquierda latinoamericana que se derrumba y una creciente emigración venezolana que preocupa a sus vecinos e influye en múltiples países.

Sea como fuere, la anunciada crisis política se ha abierto definitivamente sobre Venezuela, quien obtenga el gobierno efectivo de la nación deberá hacer frente a una crisis económica y social sin precedentes, una sociedad polarizada hasta el extremo y un estado que sin duda necesita mil y una reformas.

¿Atentado en Venezuela? [actualizado 05-08-2018]

Ayer en Venezuela se celebró el aniversario de la Guardia Nacional, institución inspirada en la Guardia Civil y creada el 4 de agosto de 1937. Como parte de la celebración, el presidente Nicolás Maduro impartió un discurso en la Avenida Bolívar, en el centro de Caracas, ante cadetes de la Guardia Nacional.

Foto vía El Cooperante.

En medio del discurso, a las 17:41 hora local, se oyeron dos explosiones. Las fotos en Twitter mostraron una columna de humo y fuego saliendo por la ventana de un edificio. Más tarde, algunos medios recogerían la versión de que se trató de una explosión de una bombona gas en un edificio cercano, citando como fuente a bomberos de Caracas.

Foto: Manuel Berbín.

Foto vía Caracan Chronicles.

Foto EFE vía Víctor Amaya.

Foto: Juan Barreto / Agence France-Press.

Tras los primeros momentos iniciales de confusión, los cadetes formados ante el estrado salieron huyendo en estampida. La imagen daría para bromas en las redes sociales entre los venezolanos opositores. La retransmisión en la televisión pública venezolana se cortó en ese momento.

Hubo también estampida entre el público, como puede verse.

Foto vía Caracan Chronicles.

En el estrado, los escoltas del presidente lo rodearon y protegieron con paneles negros de material antibalas. Al menos dos llevaban paraguas y uno lo desplegó. Suponiendo que se trata de paraguas normales y corrientes, la idea es obstaculizar la visión de posibles tiradores.

Foto: Xinhua vía Alberto Rodríguez.

Foto Xinhua vía Alberto Rodríguez.

El momento fue captado por la agencia de noticias rusa Ruptly, perteneciente a Russia Today.

Una hora y media después de las explosiones, a las 19:09, el ministro Jorge Rodríguez informó que había sido un intento de atentado contra el presidente empleando dos drones con carga explosiva y que siete militares habían resultado heridos.

Poco después de las explicaciones del ministro, la cuenta de Twitter de un grupo denominado Movimiento Nacional Soldados de Franelas afirmó que había sido un intento de magnicidio con dos drones dotados de una carga de explosivo plástico militar C4. Considerando los poco más de diez minutos de diferencia entre las declaraciones del ministro y la publicación de la supuesta explicación de los Soldados de Franelas, podría ser una reivindicación falsa.

La periodista Patricia Poleo leyó un comunicado supuestamente firmado por los autores de la acción, bautizada como Operación Fénix.

Finalmente, el presidente Nicolás Maduro apareció en televisión. Anunció que “parte de los autores materiales” habían sido detenidos y apuntó a la ultraderecha venezolana en alianza con la ultraderecha colombiana con el presidente colombiano Juan Manuel Santos como responsable último.

Por su parte, Tarek William Saab, fiscal general de la república, fue entrevistado vía telefónica por la televisión pública y anunció que el próximo lunes en una rueda de prensa se dará más detalles sobre los detenidos.


Información adicional disponible el día 5 de agosto.

Han circulado dos vídeos que supuestamente mostrarían los drones empleados en el ataque. El primer vídeo muestra a un dron hexacóptero estrellándose contra la pared del edificio donde hubo un incendio.

El cámara deja de enfocar al lugar donde cayó el dron tras el impacto, así que es posible que la explosión tuviera lugar momentos después. En las imágenes publicadas anteriormente y que aquí reproduje podemos apreciar el agujero en la pared exterior del edificio que podría haber sido producido por la explosión.


La periodista Adriana Núñez recogió el testimonio de un testigo.

El segundo vídeo muestra un hexacóptero en vuelo y una explosión. Los movimientos rápidos tras la explosión no permiten ubicar el sitio. Se oye la voz del presidente Maduro de fondo por megafonía.

Según el gobierno venezolano se trata de un dron comercial DJI M-600 cargado con un kilo de explosivo. Aquí un vídeo promocional del fabricante. En el minuto 0:38 se puede ver cómo le instalan una cámara al aparato y por tanto se puede apreciar el tamaño en relación a dos personas.

Según DJI, el dron puede llevar una carga útil de 6 kilos sacrificando la autonomía.

En el siguiente vídeo han sincronizado el vídeo con la señal de la televisión venezolana y el vídeo de la explosión del dron en el aire tomando como referencia el discurso del presidente Maduro y añadiendo el vídeo de la agencia rusa Ruptly.

Órdenes de extradición que las firma el diablo

La famosa euroorden (“Orden europea de detención y entrega” o European Arrest Warrant) contra el ex-presidente Carles Puigdemont convirtió a cada español en experto en derecho por unos días, según se pudo ver en los intensos debates en las redes sociales. El asunto hizo descubrir a más de uno que las órdenes de extradición no se atienden automáticamente, sino que el país receptor las tiene que estudiar. Y si bien estoy seguro más de alguno estará lamentando que la justicia alemana no envió automáticamente al ex-presidente Puigdemont esposado y con un lazo de vuelta a España, si uno mira cómo operan países con sistemas judiciales de dudosa reputación no puede más que agradecer que las órdenes de extradición sean respondidas tras su estudio sosegado.

En España tenemos varios casos notables. Hamza Yalçin y Doğan Akhanlı, ambos intelectuales turcos exiliados desde hace años en Europa, fueron detenidos en España durante el verano de 2017 por ser reclamados desde la Turquía de Erdoğan. Cuando la justicia española revisó los casos se encontró que, por ejemplo, a uno de ellos se le atribuía pertenencia a grupo terrorista por un artículo publicado en una revista. Los delitos de los que se les acusaba se podían resumir en ser intelectuales incómodos para el poder en Turquía, lo que allí se viste de vinculación con grupos terroristas. Finalmente fueron liberados, no sin la controversia de que dos órdenes de búsqueda y captura sustentadas en acusaciones exageradas e incompatibles con el derecho europeo hubieran llegado tan lejos.

Otro caso notable es el del empresario español Pablo Botella Carretero, que era directivo de un banco venezolano allá por 2009 y al que le pilló una de esas campañas gubernamentales de “¡exprópiese!”. Así, fueron nacionalizados los bancos Central Banco Universal, Baninvest Banca Inversión, Banco Real, Confederado, Bolívar, ProVivienda y Canarias de Venezuela. El destino de estos bancos al ser nacionalizados fue desaparecer o integrarse en un grupo de banca pública. Y cómo no, la excusa para la nacionalización fue que en todos ellos se dio fraude y la corrupción. El gobierno venezolano lanzó entonces órdenes de captura internacional vía Interpol, las llamadas “notificaciones rojas”, para nueve directivos de bancos. Entre ellos estaba Pablo Botella Carretero. Cuando la orden llegó a España y se pidió el expediente del caso para estudiar la posible extradición la causa se desvaneció en el aire. Como dio cuenta el profesor de derecho Douglas McNabb, la “notificación roja” contra Pablo Botella Carretero fue retirada el 23 de junio de 2011.

Así que imaginen que las órdenes de extradición se ejecutaran automáticamente. Carles Puigdemont sí estaría en una cárcel española, pero España habría entregado intelectuales disidentes a la Turquía de Erdoğan y un empresario español estaría en una cárcel venezolana por un caso a todas luces fraudulento. Y, ¿a que no adivinan qué país usa y abusa de las “notificaciones rojas” de Interpol contra personajes molestos? La Rusia de Putin. Todo esto lo conté con detalle en un artículo para Letras Libres titulado “Cómo las dictaduras usan Interpol para perseguir disidentes”.

Cuentos venezolanos

Hace poco alguien me pasó un texto, aparentemente procedente de Venezuela, donde se denunciaba la presencia de un contingente militar cubano y bases de misiles balísticos iraníes en Venezuela. La presencia de agentes de inteligencia e instructores militares cubanos es de sobra conocida pero el texto detallaba nombres, ubicación y funciones con el título “Estructura del ejército de ocupación cubano en Venezuela”. Este tipo de textos pretenden ser filtraciones hechas desde dentro por alguien con acceso a información privilegiada. Pero me llamaron la atención varias cosas disparatadas que indican que estamos ante otro de esos bulos que circulan en tiempos de excepción.

Lo primero que me llamó la atención es que se afirma que el contingente cubano en Venezuela incluye nueve batallones de 500 militares. Una brigada de 4.500 militares extranjeros me parece difícil de ocultar. La segunda  cuestión es que el texto ofrece una lista detallada del armamento con el que que ese contingente cubano está dotado y parece obra de alguien que no tiene ni idea del tema.

“AK-A-103 y AK-109 equivalente el FAP de fabricación Belga”

Se refiere al AK-103, versión avanzada del AK de toda la vida con culata y guardamanos de polímero negro. El AK-109 es una versión experimental del AK en el mismo calibre con un sistema de reducción del retroceso. En ambos casos son fusiles de asalto y no son en absoluto equivalentes a la ametralladora ligera FN FAP (Fusil Automático Pesado), denominación argentina del FN FAL con cañón pesado.

“Lanza cohetes Tropv R1Vde 50 mm.”

Arma inexistente y evidentemente inventada.

“Obuses Kalisnef-120contra carros”.

Arma inexistente y evidentemente inventada. Kalisnef suena como una transcripción francesa del apellido ruso Kalisnev, del que en Google ni en DuckDuckGo apenas aparecen dos o tres referencias.  El concepto “obús contracarro” es absurdo. Lo más parecido es el cañón anticarro Sprut de 125mm. En calibre 120mm. y de diseño ruso o soviético sólo encontramos morteros: 2S9, 2S12 y 2S31.

“Morteros lanza granadas-tipo Katiuska M30- Kamarakov”.

Arma inexistente y evidentemente inventada. Morteros y lanzagranadas son armas diferentes. Para colmo “Katiuska” es un tipo de bota de plástico. Lo más parecido es el lanzacohetes “Katyusha”.

La lista de personas, armamento y material cubano en Venezuela incluye “autobuses Gel”, que supongo es una derivación de la marca china Geely.

Por último, tenemos la información sobre la base de misiles balísticos iraní:

“La base iraní que está localizada en Zuata, Municipio Monagas del Estado Anzoátegui operada por personal Iraní. Ingenieros aeronáuticos, tiene en sus silos, ya en condiciones operativos misiles con alcance de 1.480 Kmts del tipo Sheralabs 3. Y tres con un alcance de 2.500 Kmts tipo Alghadv-110. En estos momentos se instalan igualmente en Paraguaná del mismo alcance 6 nuevos misiles tipo Alghadv-110 con un alcance de 2.800 Kmts”.

Sheralabs y Alghadv son nombres inventados. Los misiles balísticos iraníes tienen nombres como Shahab (“meteoro”), Zelzal (“terremoto”), Tondar (“trueno”), etc. Existe el Shahab-3, el Fateh-110 (“conquistador”) y el Ghadr-110 (“intensidad”).  Así que da la impresión que el que inventó los nombres intentó que se parecieran remotamente a nombres reales de misiles iraníes.

En definitiva, estamos ante un texto fantasioso que alguien puso en circulación para hacerse el interesante ante sus conocidos difundiendo información pretendidamente secreta pero llena de fallos, lo que refleja el desconocimiento del creador del bulo. Sin embargo, si buscamos “lanza cohetes Tropv” u “obuses Kalisnef” encontraremos bastantes páginas que han reproducido el texto. Así que alguien tenía que señalar lo obvio.

 

 

 

La Milicia Nacional Bolivariana y la defensa del chavismo

Se podría llenar una estantería con los libros que me propuse escribir y nunca pasaron del primer capítulo. Y uno de esos libros podría ser una recopilación de los artículos cuyo borrador duerme en alguna carpeta de mi disco duro. A veces me sorprendo yo mismo al releer entradas de varios años de este blog y encontrar referencias a proyectos de artículos que no pasaron incluso de la fase de recopilación de bibliografía.

Uno de esos artículos que me propuse escribir trataba el nuevo Pensamiento Militar Bolivariano y la creación de una milicia popular en Venezuela. Recuerdo dedicar tiempo en el invierno austral de 2010 a tomar notas. A mi vuelta a España buceé en los libros de historia de Venezuela en la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de La Laguna. Cometí un error de principiante entonces. En vez de ir al meollo del asunto, empecé por el contexto histórico del país. Para mí el punto clave fue el Golpe de Estado de 2002 y la parálisis del ejército. Pero quise explicar la crisis del orden político tradicional venezolano y la aparición del chavismo. Llegó el día en que me vi leyendo sobre el Pacto de Punto Fijo del 31 de octubre de 1958. Había perdido el foco y seguro que fue ahí cuando salté a otro tema.

El punto de partida es que en Venezuela anunciaron la iniciativa de crear un nuevo pensamiento militar autóctono. Según el general Rául Baduel existía un problema porque las doctrinas militares venezolanas eran de inspiración estadounidense. Y aunque los más escépticos podrían sospechar de que el propósito era politizar la formación militar en Venezuela, yo sentía curiosidad si iban a plantear algo original y novedoso. De hecho, en Venezuela se hablaba de una invasión estadounidense. Así, terminó el profesor Jorge Vestrynge invitado al país tras la publicación en España de su libro El Islam Revolucionario y la Guerra Periférica, editado en España por El Viejo Topo en 2005.

El libro trata fundamentalmente de la guerra asimétrica y está escrito al calor del impacto del 11-S. Está muy influenciado por las ideas del libro L’islam révolutionnaire del terrorista y converso al Islam Illich Ramírez Sánchez. Según le escuché decir a Verstrynge en un entrevista, él le transmitió a sus interlocutores venezolanos que la idea de una invasión estadounidense era un disparate. Verstrynge dictó conferencias en instituciones militares venezolanas y su libro tuvo una edición de decenas de miles de ejemplares para ser distribuido en las fuerzas armadas. Según él, no cobró dinero por ello. Parte de las ideas del libro conectan con el concepto “Guerra Sin Restricciones” de los chinos  Qiao Liang y Wang Xiangsui. Así surgieron titulares como “El podemita Verstynge enseña en Venezuela y en la Complutense cómo hacer una bomba atómica casera”.

Mientras indagaba sobre el nuevo pensamiento militar, acudí en 2010 a las páginas web de instituciones militares venezolanas en busca de textos de pensamiento y doctrina militares. Me encontré un batiburrillo formado por filósofos chinos, padres de la Patria decimonónicos y pensamiento de izquierda. Nada coherente y desarrollado. Aparqué el proyecto de artículo, pero repetidamente fui cruzándome con artículos de opinión donde chavistas usaban alegremente conceptos como “Guerras de Cuarta Generación” sin ninguna relación con lo planteado por William S. Lind cuando desarolló el concepto. Llegué incluso a encontrar un documental de un periodista español que con el título “El Enjambre” aludía al concepto de swarming de John Arquilla y David Ronfeldt dándole un significado diferente. Se puede ver en este enlace de CubaInformación.TV, donde en su prsentación dice que “analiza la doctrina de Guerra en red” y “la guerra mediática y las operaciones psicológicas contra Venezuela”. Escribí sobre esa permanente confusión intelectual venezolana en “El delirante pensamiento militar contemporáneo venezolano”. Como dije entonces, queda pendiente hacer un repaso a cómo en Venezuela tomaron conceptos de pensadores estadounidenses y le dieron un significado propio. Además, seguro que hay ahí fuera muchos más textos que cuando hice mi primera aproximación al nuevo Pensamiento Militar Bolivariano.

Personal militar en unos ejercicios de guerra asimétrica en el Estado Vargas, 2005.

Quizás el temor a una invasión estadounidense resulte ridícula con la perspectiva del tiempo. La atención de Estados Unidos estaba demiasado volcada en la primera mitad de la década anterior en la guerra contra Al Qaeda y luego en Oriente Medio. Además, el habitual discurso del “imperialismo yanki” y el petróleo venezolano siempre pasa por alto que Venezuela siempre ha estado “open for business” para las petroleras yankis, que durante el “paro petrolero”de 2002-2003 estuvieron del lado del gobierno. Al fin y al cabo, querían que su mercancía saliera del país. Por no olvidar que el petróleo venezolano es de mala calidad y requiere unas instalaciones de refinado específicas que sólo se encuentran en Estados Unidos.

Real o fingido, aquel temor llevó al gobierno venezolano a compras masivas de armamento a Rusia. Alguno de ese armamento era tan viejo como los fusiles de cerrojo Mosin Nagant de la Segunda Guerra Mundial o era de segunda mano como los carros de combate T-72B “reacondicionados”. Aquella preocupación venezolana por una invasión estadounidense trajo otra iniciativa: la creación de una milicia popular chavista. La idea de partida era contar con una fuerza combatiente que auxiliaria a las fuerzas armadas en caso de invasión.

Las milicias populares nacen en Venezuela con la “Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional” (LOFAN) del 26 de septiembre de 2005. En su artículo noveno figura la “Composición de la Fuerza” y se nombran los elementos que forman la Fuerza Armada Nacional. Aparecen mencionadas como novedad la “Reserva Nacional” y la “Guardia Territorial”. Curiosamente, ambas no aparecían en el artículo 328 de la Constitución de 1999, donde sólo se mencionaban como integrantes de la Fuerza Armada Nacional a la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional.

Milicianos con fusiles de cerrojo soviéticos Mosin Nagant.

En el texto de la LOFAN se especifica que las funciones de la Reserva Nacional es “complementar la Fuerza Armada Nacional activa para el cumplimiento de sus funciones y proporcionar reemplazos a sus unidades, y cualquier otra que se le asigne para la defensa integral de la Nación”. Entre las posibles misiones se encuentra “la cooperación para el mantenimiento del orden interno”. Mientras que las funciones de la Guardia Territorial son “la preparación y mantenimiento del pueblo organizado para operaciones de resistencia local, ante cualquier agresión interna y/o externa”.

Desde la aparición del concepto en discursos,  pasando por la la promulgación de diferentes leyes para articularla y hasta la actualidad, los nombres han ido cambiando con bastante confusión. Desde 2007 tenemos la Milicia Nacional Bolivariana, dividida desde 2009 en Milicia Territorial y en los Cuerpos Combatientes. Estos últimos lo forman trabajadores del sector público y empresas privadas que son militarizados para mantener el funcionamiento de la Administración y la actividad económica. Además, dentro de la Milicia Territorial apareció en las áreas rurales la Milicia Campesina, con uniforme y armamento distintivo. Sobra comentar que al nombre se añadió el adjetivo “Bolivariano”, como ha sucedido con el resto de instituciones del Estado en Venezuela. Allí existe desde la Agencia Bolivariana para Actividades Espaciales o el  Instituto Bolivariano de Educacion Especial.

La creación de una fuerza de reserva en Venezuela no tiene nada de extraordinario. Ni siquiera las alusiones a la misión de enfrentar a los enemigos internos. Incluso, las labores auxiliares de mantenimiento del orden público son llevadas a cabo por la Guardia Nacional en Estados Unidos. La Milicia Nacional Bolivariana tiene dos particularidades que merece la pena resaltar.

La primera es la jerarquía de mando. Según la Ley de Reforma Parcial del Decreto Nº 6.239, y tal como leemos en la página web oficial, la Milicia “depende directamente del Presidente o Presidenta de la República Bolivariana de Venezuela y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana”. Esto es, la Milicia no aparece como una fuerza auxiliar subordinada dentro de las fuerzas armadas, sino que es una entidad aparte dentro del organigrama de la defensa nacional y que está bajo órdenes directas del presidente Maduro. Para ello, se llegó a desgajar el VII Cuerpo de las Reservas del Ejército, con su personal e instalaciones del Ejército, para integrarlo en el Comando General de la Reserva Nacional y Movilización Nacional que depende del presidente.

La segunda cuestión es el adoctrinamiento político que reciben los miembros de la Milicia Nacional Bolivariana. A las funciones militares, se le añade el contribuir a la “construcción del socialismo” y hacer laboras de propaganda en la vida civil. Es un fenómeno paralelo a la politización de las fuerzas armadas venezolanas evidente y extensamente documentado. Vemos en el siguiente organigrama la existencia de la sección de “Moral y Luces”, aparte de la formación y doctrina.

Los dos elementos combinados, un cuerpo armado y politizado bajo órdenes directas del líder, no es una novedad venezolana Por ejemplo, Irán cuenta al margen de las fuerzas armadas (Artesh) con el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (Pasdarán) y una milicia auxiliar (Basij). Este tipo de cuerpos armados nacen siempre por el mismo motivo. La desconfianza  del líder hacia las fuerzas armadas, que tienen poder suficiente para enfrentarse al régimen o que llegado el caso por su inacción o parálisis podría dejarlo caer.

La marcialidad de los miembros de la Milicia Nacional Bolivariana es motivo de mofa en las redes sociales. Los hombres obesos y las señoras mayores no parecen ser el tipo de combatiente capaz de enfrentarse a una invasión yanki. Pero no hay que olvidar que en un país tremendamente poralizado, una parte está armada. Precisamente, hace muy poco se celebró el día nacional de la Milicia Nacional Bolivariana en Venezuela. El presidente Maduro anunció su expansión hasta medio millón de miembros armados.

El delirante pensamiento militar contemporáneo venezolano

El 1 de julio de 2004 el entonces comandante en jefe del Ejército venezolano, el general Raúl Baduel, en un discurso con motivo del 183º aniversario de la Batalla de Carabobo, llamó a “interpretar las nuevas estrategias y tecnologías de la posguerra fría y las amenazas que se ciernen sobre nuestro país”, señalando esas amenazas en cuatro tipos:

a) una Guerra de Cuarta Generación, para desestabilizar al país, como paso previo a operaciones destinadas a destruir el Estado Nación

b) un golpe de Estado con acciones promovidas por organizaciones transnacionales

c) un conflicto regional, como extensión del conflicto de países vecinos bajo pretexto de contrarrestar a factores generadores de violencia”

d) una intervención militar “al estilo de las coaliciones que han intervenido en otras partes del mundo bajo el mandato de la OEA o de la ONU.

Para enfrentar a esas amenazas consieró necesario “romper el paradigma de lo estrictamente convencional de la guerra, porque el nuestro obedece a doctrinas foráneas adaptadas a lo que derivó de la Segunda Guerra Mundial”.

Posteriormente, Hugo Chávez en su alocución a las fuerzas armadas venezolanas con motivo de la Navidad de 2005 aludió a la necesidad de un “nuevo pensamiento militar venezolano que debe partir de nuestras raíces”.

La discreta elegancia de la era chavista en el ejército venezolano
La discreta elegancia de la era chavista en el ejército venezolano

El contexto de fondo era la idea de que Venezuela, con la invasión de Iraq reciente, se iba a enfrentar tarde o temprano a una invasión por su desafío al status quo en la región. Recordemos que en aquel entonces hasta el presidente Lula dijo que la ruptura de las reglas internacionales por parte de Estados Unidos le llevaba a considerar el desarrollo de armas nucleares.

El profesor Jorge Verstrynge, tras la publicación de su libro La guerra periférica y el Islam revolucionario. Orígenes, reglas y ética de la guerra asimétrica (El Viejo Topo, 2005) fue invitado a Venezuela a impartir seminarios. El libro tuvo una edición venezolana. Pero pronto quedó claro que Estados Unidos estaba demasiado ocupado con el Gran Oriente Medio y que el discurso venezolano de la amenaza exterior no dejaba de ser la agitación de un fantasma de cara a la política interna.

El 26 de septiembre de 2005 fue publicada en la Gaceta Oficial la “Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional” (LOFAN). En el artículo noveno, “Composición de la Fuerza”, se nombran los elementos que forman la Fuerza Armada Nacional y aparecen mencionadas como novedad la Reserva Nacional y la Guardia Territorial. Ambas no aparecían en el artículo 328 de la Constitución de 1999, donde sólo se mencionaban como integrantes de la Fuerza Armada Nacional a “la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional”. La novedad tenía un sentido claro. Entre las funciones de la “Reserva Nacional” se mencionaba la cooperación para el mantenimiento del orden interno” y entre las funciones de la Guardia Territorial y “la preparación y mantenimiento del pueblo organizado para operaciones de resistencia local, ante cualquier agresión interna y/o externa”. Evidentemente, la amenaza externa había sido usada para crear una fuerza militar paralela a las fuerzas armadas regulares, con un marcado carácter ideológico que sirviera para tareas de orden interno.

Milicianos venezolanos con fusiles Mosin Nagant de la Segunda Guerra Mundial
Milicianos venezolanos con fusiles Mosin Nagant de la Segunda Guerra Mundial.

Curiosamente, a pesar de la llamada al desarrollo de un pensamiento militar propio, el discurso en Venezuela hacía referencia siempre a ideas estadounidenses. Fuera por un lado las Guerras de Cuarta Generación de William S. Lind o el swarming de John Arquilla y David Ronfeldt. Pero mi impresión, leyendo y escuchando a autores o personalidades venezolanas, es que allí nunca nadie se molestó en leer a estos autores. Parecería todo el momento en que hablaban de oídas.

El desarrollo de un pensamiento militar venezolano me pareció un asunto interesante del que acumulé notas y bibliografía pero dejé aparcado. Estos días volvió a llamar mi atención escuchando el “Reporte Semanal con el profesor Briceño”. Reproducía imágenes de televisión donde Ángel Riera Navarro (que se define en Twitter como “Médico Psiquiatra Chavista, Patriota, y Bolivariano. Humanista y Existencialista”) llamaba la atención sobre los memes que circulan en Internet. Según él constituyen parte de una “guerra memética de Sexta Generación”. Los memes sobre Maduro son un arma contra la Revolución Bolivariana, nada menos. Y mientras Lind tenía dudas sobre los autores que hablaban de Guerras de 5ª Generación, sin haber entendido pasan directamente a la 6ª Generación. Es tan ridículo que merece la pena retomar la idea de escribir sobre ello.