A finales de 2018 y tras hacer un más que recomendable curso de técnicas de análisis de inteligencia en Inteligencia y Liderazgo hablé con dos amigos con los que coincidí allí en aplicar lo aprendido en un artículo de elaboración de escenarios. Yo propuse Argelia o Venezuela. Desde entonces, los dos países han sido noticia. Uno por la caída del presidente Bouteflika, cuya sucesión auguraba desde hacía años un “juego de tronos” en Argelia. El otro por la aparición del “presidente encargado” Juan Guaidó, en un choque de legalidades en un país que abandonó hace tiempo el marco democrático.

Mi interés por Venezuela no era sólo el resultado de la intuición de que “algo podía pasar”, sino ganas de abordar el tema tras constatar que los análisis manejados en España fallaban. Lo que nos contaban los medios es que el país está muy mal, el pueblo venezolano muy harto y la legitimidad del régimen chavista por los suelos. Los medios se volcaron en mostrarnos las protestas populares y la represión. Pero el régimen no ha caído. Algo falla.

Vehículos NORINCO VN-4 de la Guardia Nacional Bolivariana. Foto vía revueltaenvenezuela.org

Esa idea de que el hartazgo de la gente va a provocar la caída del régimen es errónea. Las revoluciones no funcionan así, pero a nadie le gusta contarlo. El factor fundamental de toda revolución es que un sector importante de las fuerzas armadas y del aparato de seguridad del Estado asuma que todo ha de cambiar para que todo siga igual. Esto es, que cambie el presidente y su camarilla pero que los generales conserven sus estrellas y los defensores del Estado profundo conserven su trabajo. Es entonces cuando se producen los contactos con la oposición, se obtienen garantías y salta la sorpresa. El presidente de turno descuelga el teléfono y el jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas le dice que no va a sacar los carros de combate a la calle o el jefe de la policía le dice al ministro de turno que no piensa dar la orden de abrir fuego contra los manifestantes.

Nicolae Ceaușescu cayó en 1989 después de que el ministro de Defensa, el general Victor Stănculescu, se negara a reprimir a las multitudes en Bucarest y fuera engañado por él para huir de la ciudad por carretera y no en helicóptero. Y así podríamos ir de caso histórico en caso histórico, hasta recientemente, cuando Abdelaziz Buteflika presentó la dimisión después de que la cabeza del Ejército Nacional Popular argelino pidiera su dimisión.

Manuel Quevedo, ministro de Petróleo y presidente de PDVSA. Foto: Gobierno de Venezuela.

Así que volviendo a Venezuela, el asunto clave a desentrañar es el vínculo entre régimen y fuerzas armadas. Sabemos la alta politización de la fuerzas armadas venezolanas, con una fuerte identificación con el régimen. Y sabemos del empleo de criterios de lealtad política sobre otras consideraciones para premiar con ascensos y prebendas. Pero hay algo más. No es que las fuerzas armadas se hayan politizado, es que la política se ha militarizado. El cargo de ministro de Petróleo y presidente de PDVSA lo ejerce el general Manuel Quevedo y el ministerio de Producción Agrícola y Tierras está a cargo del coronel Wilmar Castro. Esto significa que tenemos a un militar controlando la mayor fuente de divisas del país y a otro militar controlando la producción alimentaria en un país donde hay escasez de comida. Sobra imaginar las oportunidades de corrupción que disfrutan ambos.

Por tanto, cuando examinamos el caso de Venezuela no tenemos que tener en cuenta simplemente el grado de lealtad política de las fuerzas armadas y del aparato de seguridad del Estado al régimen. Tenemos que valorar el grado de interconexión de ambos con los mecanismos económicos del país, lícitos e ilícitos. El miedo de los generales ante la posibilidad de la caída del régimen sería no sólo a la pérdida de prebendas y beneficios económicos, sería también miedo enfrentarse a órdenes de extradición a EE.UU. por delitos de narcotráfico.

El mismo criterio podemos aplicar a los “colectivos” y “monitorizados”, fuerzas irregulares de choque del régimen. A todo esto, puestos a hacer un análisis profundo y serio de Venezuela, habría que añadir el análisis de otras variables, como el papel de China y Rusia en la superviviencia del régimen. Y estoy seguro que los prochavistas españoles correrían a añadir otro: el apoyo popular al régimen en determinados sectores de la sociedad venezolana. En cualquier caso, el trabajo de hacer un buen análisis queda pendiente.

8 respuestas a “Breves apuntes sobre Venezuela

  1. Tienes razón, esa es la clave, cambiar para que todo siga igual.
    Salvo que la revuelta sea realmente masiva (muy masiva) los que se están beneficiando de sus puestos de poder no van a dejar cambiar la situación.

  2. O, como pasó en abril de 1931, Sanjurjo no saque a la Guardia Civil y el almirante Aznar diga aquello de “España se ha levantado republicana”. Fin del régimen.

  3. Lo curioso del caso es que esa incardinación del aparato militar con la política no ha hecho precisamente más potente a las FAs venezolanas en la práctica (en teoría si, una enorme expansión), con unos niveles de operatividad ridículos.
    Es decir, militarmente no son nada, pero claro más que suficiente para reprimir cualquier asonada de desafectos.

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