Los minidrones armados del Estado Islámico

Desde hace semanas colaboro en la revista que la consultora de seguridad española UC Global publica en su página web. La revista arrancó el pasado mes de enero conmigo escribiendo en solitario en su primer número sobre los atropellos con vehículos como arma terrorista tras el atentado en un mercadillo navideño en Berlín. Repasé los detalles de aquel atentado y las experiencias previas en Europa, además de recordar los llamamientos desde las revistas de Al Qaeda y el Estado Islámico a que se cometan en suelo occidental atentados de ese tipo. La revista amplía el plantel de colaboradores y apartir de ahora tendrá frecuencia mensual, siendo publicada los días 15 de cada mes.

Hoy ha salido el cuarto número de UC Magazine y en ella aparece un artículo mío sobre uno de los asuntos que más comentarios ha generado entre quienes seguimos las guerras en Oriente Medio:  Los minidrones armados del Estado Islámico. El asunto estalló el pasado mes de enero con un vídeo de propaganda en el que se veía el lanzamiento de pequeños proyectiles sobre concentraciones de combatientes y vehículos iraquíes. No es, desde luego, el primer caso de empleo de drones por un grupo armado en la región, tal como cuento en el artículo. Pero sí es un precedente llamativo que puede llevar a la transferencia de conocimientos y a la imitación. En el artículo recojo los casos documentados de talleres del Estado Islámico y repaso lo que sabemos sobre los proyectiles empleados, además de cómo las fuerzas sobre el terreno han empezado a desplegar sistemas para responder a la amenaza.

Una guía de mis textos sobre el Estado Islámico y Siria (actualizada septiembre 2016)

He escrito varias veces sobre el origen y expansión del Estado Islámico.

Tres de mis colaboraciones con Sesión de Control fueron sobre ese tema:

Escribí sobre cómo la invasión de Afganistán en 2001 podría servir de modelo para derrotar al Estado Islámico y también de los obstáculos actuales para llevarlo a cabo:

Tras la ola de refugiados, alguno quizó culpar a Europa de darle la espalda a personas que huían una guerra provocada y alimentada por ella misma, cuando el papel occidental ha sido secundario. Expliqué las complejidades de la guerra en Siria en:

Cierta periodista española escribió sobre el mismo tema. Traté el asunto, haciendo hincapié en quién vende las armas que se usan en Siria y en la mayoría de los conflictos armados.

Expliqué la internacionalización de la guerra civil en Siria en Sesión de Control:

Profundizando en la idea de la internacionalización de la guerra siria, expliqué cómo el régimen de Bashar Al Assad es sostenido por la ayuda iraní y milicias chiíes reclutadas en países como Iraq, Pakistán y Afganistán. Un asunto pendiente es hablar de cómo el régimen sirio se ha fragmentado con señores de la guerra que controlan la economía de guerra por regiones.

He reseñado tres libros sobre el Estado Islámico que me han parecido relevantes y que dan una perspectiva bastante interesante con informaciones sobre el terreno y testimonios de testigos privilegiados.

En la revista El Medio he escrito tres artículos sobre los intereses rusos en Siria.

También he escrito en la revista El Medio sobre cómo los regímenes iraquí y sirio influyeron en la aparición del Estado Islámico. El primero porque lanzó una campaña de islamización ante el declive del socialismo árabe y sus cuadros terminaron uniéndose a las filas yihadistas. El segundo porque actuó de bombero pirómano permitiendo el flujo de yihadistas hacia Iraq. Me ha quedado pendiente un tercer artículo sobre el papel de Turquía en el auge del Estado Islámico en Siria.

Un tema que me enfada bastante es la propagación de bulos de forma interesada. He tratado algunos.

El papel del régimen sirio en el auge del Estado Islámico

Foto: AFP / Joseph Eid
Foto: AFP / Joseph Eid

Resulta curioso leer a los fans de al-Assad en España defender su como baluarte ante el horror del Estado Islámico, cuando la actuación del régimen sirio ha sido muy ambigua. De hecho, hizo la vista gorda cuando el país se convirtió en la ruta fundamental de paso de todos los chiflados que querían luchar en la yihad contra la ocupación de Estados Unidos en Iraq (2003-2011). Luego, ante el estallido de las protestas en el país decretó una amnistía general que benefició exclusivamente a los islamistas radicales, que nutrieron las filas de los rebeldes. Así trató de presentar la represión como una lucha contra el yihadismo. Por último, el Estado Islámico y el régimen sirio no mantuvieron excesivas hostilidades mientras el primero dirigía su esfuerzo a arrebatarle territorios a los grupos que luchaban contra el régimen. Al-Assad ha jugado en su país al papel de bombero pirómano. Lo cuento en la revista El Medio en “Del Irak de Sadam y la Siria de Asad al Estado Islámico (y 2).

La secta del fin del mundo

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Este fin de semana el diario madrileño ABC publicó el artículo “El «califato» provoca a Occidente para que envíe soldados a Siria” donde Mikel Ayestarán nos cuenta que el Estado Islámico tiene una naturaleza milenarista y que aspira a provocar a que Occidente invada Siria para entablar allí la gran batalla de Dabiq, el equivalente musulmán del Armagedón. Dabiq es, por cierto, una localidad ubicada en el norte de Siria que además da nombre a la revista oficial del Estado Islámico. La naturaleza milenarista del Estado Islámico es algo que ya sabíamos gracias a Manel Gozalbo y un artículo suyo que considero imprescindible: “El Califato del fin del mundo”. Con este contexto, me parece interesante estudiar al Estado Islámico desde la misma perspectiva con la que analizábamos las “sectas destructivas” surgidas en los años 70 y 80 nos permite entender los mecanismos de atracción con los que gana adeptos incluso entre la población occidental  y descubrir patrones entre los decididos a dejarlo todo para irse a vivir como súbdito del Califato, más allá de las discusiones si el Estado Islámico no es verdaderamente islámico o todo lo contrario.

Una perspectiva interesante la tenemos en un artículo que publicó este fin de semana el diario madrileño El Mundo sobre las ideas del antropólogo Scott Atran. El artículo recoge su perspectiva sobre el Estado Islámico y es destacable la visión que da de cómo un grupo con ideas tan extremas y acciones que generan tanto rechazo puede resultar atractivo. Utiliza una comparativa con Hitler, cómo no, pero me parce relevante la importancia que da a una visión colectiva y utópica que lleva al sacrificio personal y a la destrucción del orden conocido.

“Nuestros países quieren que su gente disfrute una buena vida y ausencia de riesgo, pero nuestros intelectuales jamás van a luchar para preservar nuestros derechos. Hitler propone la aventura, la gloria, la muerte, la destrucción del mundo viejo y la construcción de algo nuevo que requiere un autosacrificio y 80 millones de personas caen a sus pies. ¿Por qué? Porque la gente, sobre todo joven, no quiere solamente la vida fácil, la seguridad, la moderación. Quieren un sacrificio, algo trascendental, significativo que tenga sentido en un universo caótico. Lo que está proponiendo Hitler y Bagdadi es pasión. Se debe quemar todo para salvar al mundo”.

Desde este perspectiva lo relevante no es tanto estudiar la variante del salafismo yihadismo que representa el Estado Islámico y cómo ha surgido en el contexto del Islam, como el mecanismo de captación de voluntarios para luchar en Siria. Scott Atran destaca cómo el esfuerzo de captación es individualizado. El joven que se adentra por Internet vía redes sociales o foros hasta encontrar un reclutador del Estado Islámico recibe un mensaje personalizado contra el que las campañas generalistas de los gobiernos poco pueden hacer.

El Centre de prévention contre les dérives sectaires francés presentó un informe sobre el perfil social de los “candidatos a la yihad” en Siria o Iraq de una muestra de 160 casos. El retrato robot resultante era un adolescente/postadolescente (el 63% tenía de 15 a 21 años) de clase media, de familia no religiosa y con episodios depresivos (40%) que en el 90% de los casos tenía abuelos franceses y en el 91% de los casos había vivido un proceso de adoctrinamiento  por Internet.

Julia Ioffe ha elaborado “Mothers of ISIS”, un extenso reportaje en The Huffington Post, sobre el nexo creado entre las madres de chicos occidentales que un día desaparecieron de casa o anunciaron un viaje a Oriente Medio como voluntarios de una ONG para reaparecer al poco tiempo como combatientes en Siria y al poco tiempo morir allí. Las historias que cuentan son parecidas. Los chicos coinciden en haber tenido un padre ausente, problemas personales, problemas con las drogas, dificultades en sus relaciones personales, etc. Hasta que un día se convierten al Islam, lo que da orden a su vida y genera alivio en las madres. Pero al tiempo comienzan los roces por la vestimenta de la madre, la dieta o al alcohol, hasta la ruptura definitiva. Finalmente los chicos desaparecen sin despedirse y al poco tiempo tienen noticias de ellos desde Siria. Entonces un día les llega la noticia de la muerte del hijo allí. La lejanía, la sorpresa, el shock, el sentimiento de culpa… les genera un vacío insalvable al que nadie puede dar solución. Una de ellas, canadiense, creó una asociación para alertar a padres y educadores. Por el camino fueron contactando con ella madres con casos parecidos al suyo y terminó encontrando a Daniel Koehler, un experto alemán en desrradicalización que hasta ahora había trabajado con miembros de grupos neonazis.

Además, el Estado Islámico ha realizado campañas orientadas a captar especialmente adolescentes occidentales, a  las que empareja con yihadistas con trágicas consecuencias. Un fiscal holandés planteaba el dilema de no saber cómo se les debe tratar, si como víctimas de un engaño o asumir que su viaje a Siria fue una decisión libre reflejo de un compromiso con cierta ideología. En España el primer caso saltó este año, cuando una joven de 22 años de Almonte (Huelva) fue detenida antes de viajar a Siria. Los datos que han trascendido son que es hija de un pequeño empresario de la construcción afectado por la crisis y cuyos padres están separados. La noticia destaca, para remarcar el contraste, que en su momento llegó a vestir con estética “pseudogótica” (sic) y se hizo un tatuaje en la espalda con el nombre del grupo Metallica.

El debate tras los ataques terroristas de París del viernes 13 de noviembre se ha centrado tanto en Europa como en Estados Unidos en la “amenaza externa”. Pero hay otra interna, real confirmada. Es esta de la que he hablado hoy aquí y la otra, la que anida en ciertos barrios europeos de los que se habla poco, que trataré otro día.

¿Es el Estado Islámico un Estado?

Mi última colaboración en la revista ElMed.io repasa los criterios que se manejan en relaciones internacionales para determinar si una entidad es un Estado.  La pregunta no es sólo relevante a nivel teórico, sino que entender cómo funciona el Estado Islámico es importante a la hora de combatirlo. Representarlo como un grupo de fanáticos o un mero grupo terrorista deja de lado el esfuerzo que el Estado Islámico realiza para ganar legitimidad entre la población, funcionando como un país normal, proveyendo de bienes y servicios a la población.

Pueden leerlo en “¿Es un Estado el Estado Islámico?”.

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Trabajadores del Estado Islámico.

“El Fénix Islamista” de Loretta Napoleoni

9788449331091El Fénix Islamista: El Estado Islámico y el resideño de Oriente Próximo de Loretta Napoleoni es su retorno al tema del yihadismo después de haber publicado varios libros sobre temas como la crisis económica y el modelo chino. Recordemos que en 2004 se publicó en España Yihad: Cómo se financia el terrorismo en la nueva economía. El presente libro le debe parte su enfoque a aquel otro. Aquí encontraremos, otra vez, un recuento del origen del Estado Islámico, explicaciones de la fractura suní y chií, explicaciones del origen del islamismo a partir de Sayyid Qutb, etc. El libro, como todos los textos sobre el tema, está lleno de frases sobre el uso que hace el Estado Islámico de las redes sociales para difundir su propaganda y captar adeptos, además de cómo ha desarrollado importantes fuentes de financiación. Los párrafos al respecto me han sonado a más de lo mismo y me gustaría leer por una vez un estudio profundo sobre esos temas con métricas y datos.

Así que para mí,  lo verdaderamente interesante del libro, es todo aquello que aporta de nuevo y original frente a otros (este es el tercero que leo del tema tras haber leído un montón de artículos). En este caso Napoleoni reflexiona y ahonda en cómo el Estado Islámico se ha convertido en un gobernante legítimo a ojos de la población, que ha sufrido la intimidación, los robos y la violencia de los grupos armados que han proliferado en Siria en medio de la guerra. Así, lo que desde fuera se percibe como una autoridad brutal resulta un alivio tras años de desgobierno allí donde el Estado colapsó. Recordemos la experiencia del auge de los talibán en Afganistán en sus comienzos y la aparición de los “tribunales de la shariá” en Somalia. Además, el Estado Islámico ha procurado operar como un estado funcional que proporciona servicios a sus ciudadanos. Napoleoni habla de “estados caparazón” (shell-state, en el original).

Por momentos el libro me recuerda la perspectiva de los africanistas posmodernos españoles, que plantean que los señores de la guerra son los constructores de una nueva modernidad africana como la Guerra de los Treinta Años precedió a la consolidación de los modernos estados europeos. Napoleoni se llega a plantear si en un futuro Occidente debería limitarse a reconocer al Estado Islámico y apunta, nada menos, que las campañas de exterminio de minorías son una vía para la homogenización nacional que aporte estabilidad.

Al contrario que el libro de Patrick Cockburn, este no se trata de un libro escrito por un autor con experiencia sobre el terreno. Napoleoni cita varias veces a la periodista italiana Francesca Borri. Menciona que se ha movido por Siria cubierta de pies a cabeza y sin ningún material que la identificara como periodista, mencionando el contraste con la forma habitual de los periodistas occidentales de moverse en vehículos con la escolta de grupos armados y exponiéndose a ser secuestrados. Una experiencia tristemente repetida en el caso de los periodistas españoles.

Napoleoni ahonda en dos cuestiones para explicar la aparición del Estado Islámico. Una es el colapso de los estados-nación de Oriente Medio. La otra es las posibilidades que ofrece la globalización para la supervivencia de autoridades para estatales. Justo esos dos temas los traté en mi libro, dedicando un capítulo a cada uno. Sorprendentemente el capítulo se titula “Guerras premodernas contemporáneas”. Estarán de acuerdo que hay una forma más sencilla de expresar el concepto: Guerras Posmodernas.

Por qué Occidente no derrota al Estado Islámico de una vez

Hace poco alguien me preguntó por qué los países occidentales no derrotaban al Estados Islámico. Escribí en enero “La fórmula para derrotar al Estado Islámico ya se inventó”, tomando como ejemplo la campaña contra los talibán emprendida por un puñado de agentes de la CIA y equipos A del 5th Special Forces Group en el norte de Afganistán en octubre de 2001. Se trataría de desplegar a fuerzas especiales con equipos de comunicación y designadores láser acompañando a las fuerzas locales para concentrar los ataques de la aviación aliada en los “centros de gravedad” del Estado Islámico. Sin embargo, se acumulan las misiones de bombardeo y el gasto de dinero en una campaña que no parece muy resolutiva, a excepción del avance kurdo en el norte de Siria. Creo que hay unas cuantas razones de por qué no se derrota al Estado Islámico.

1. Estados Unidos no se quieren implicar a fondo.

Después de Afganistán e Iraq, la opinión pública estadounidense no aceptaría otra invasión de “un país musulmán al que vamos a llevar la democracia y el desarrollo”.  Tras el ataque perpetrado por las fuerzas del régimen sirio con armas químicas en el barrio de Goutha en 2013, me llamó la atención las voces en la derecha estadounidense que se posicionaron en contra de una posible intervención. Con un presidente republicano quizás hubiera sido diferente, pero entre las voces críticas se incluían muchos veteranos de guerra. Se ha convertido en el nuevo sentido común. Nada de invasiones sin un plan claro de salida.

ByO7SDIIYAAmmKFHoy hay en Iraq tropas españolas formando otra vez al ejército iraquí, fuerzas especiales canadienses y aviones estadounidenses. Pero que Washington vuelva a enviar un número elevado de tropas allí sería reconocer que la retirada en 2011 fue precipitada, un error o inútil. El coste político sería enorme en Washington.

2. Falta un aliado local vendible a la opinión pública.

En el caso de Afganistán, Estados Unidos contó con la Alianza del Norte, una coalición de señores de la guerra que había liderado el carismático Shah Massud. En el caso de Iraq, tenemos por un lado a un ejército en descomposición  y por otro lado un montón de milicias chiíes financiadas y armadas por Irán.

Kata'ib_Hezbollah_in_IraqEl caso de Siria es aún más complicado. En el norte del país tenemos las milicias kurdas del YPG, aliadas del PKK. Recordemos que en las milicias del YPG se alistaron dos españoles del partido Reconstrucción Comunista. Y que el PKK forma parte de la lista de grupos terroristas que elabora el Departamento de Estado estadounidense y es considerado también un grupo terrorista por parte del Consejo de Europa.

En el resto del país tenemos a los rebeldes del Ejército Sirio Libre, una coalición de grupos militarmente cada vez menos importantes en el desarrollo de la guerra. Hartos de esperar un apoyo que nunca se materializó, la mayoría de grupos se pasó a las filas islamistas que sí reciben dinero y armamento de las petromonarquías árabes.

CKcwaKRUwAA6ilwSólo recientemente Estados Unidos decidió instruir directamente a fuerzas sirias. Lanzó un programa con un presupuesto de 500 millones de dólares. El propósito era encontrar sirios sin simpatías y vínculos con grupos yihadistas. El primer año, tras gastar 36 millones de dólares y entrevistar a 7.000 sirios, formaron a 60.

3. Derrotar al Estado Islámico es sólo poner fin a una de las muchas guerras en curso en Siria.

En Siria hay ahora mismo varias guerras civiles en curso. El régimen de Assad lucha por su supervivencia contra todos, pero ha establecido en ocasiones pactos de no agresión con el Estado Islámico y en ocasiones ha sido informado por Estados Unidos de operaciones de bombardeo contra el Estado Islámico. Los kurdos del norte del país se mantuvieron al margen de la guerra civil hasta que el Estado Islámico llegó a sus dominios. Existen tres grandes coaliciones de grupos rebeldes: Jahbat Al Nusra (afiliada a Al Qaeda), Frente Islámico (financiado por Arabia Saudita) y Ejército Sirio Libre. En ocasiones han luchado entre sí, en ocasiones se han unido para luchar coordinadamente contra las fuerzas de Assad o el Estado Islámico. Y por el último el Estado Islámico, que lucha contra todos, aspira a consolidar el Califato. Su poder creció en torno a Aleppo apuñalando por la espalda a otros grupos que luchaban contra Assad.

Mañana mismo podría colapsar el Califato en Siria o el régimen de Assad, pero el vacío dejado sería ocupado por radicales islamistas aliados de Al Qaeda o de inspiración wahabí que lucharían por el poder. Por tanto, intervenir militarmente en Siria sería sólo la fase I de una campaña que nos obligaría a decidir sobre el futuro del país. ¿Aceptamos la supervivencia del régimen con tal de derrotar al Estado Islámico? ¿Fracturamos el país según las líneas de frente para asegurar a kurdos, alawitas, drusos y sunníes la hegemonía en los cuatro países nacientes?