“El paraguas balcánico” de Enrique Criado


Enrique Criado es un diplomático que regresó recientemente a España tras dar tumbos por medio mundo. Su último destino en el exterior fue la embajada de España en Sofía (Bulgaria). De esa experiencia surge el libro El paraguas balcánico: un paseo sin protocolos. El libro pudo conformarse con pertenecer al género de “expatriado le descubre a sus compatriotas un país exótico”, al que blogs y canales de Youtube ha dado nueva vida. Véase por ejemplo a Javiertzo y Lele en China. Pero El Paraguas Balcánico va mucho más allá del género por varios motivos.

Para empezar, su trabajo en la Embajada de España le dio al autor acceso a toda clase de personalidades relevantes, desde Simeón de Bulgaria a los deportistas y artistas españoles de paso por Sofía. Algunas de sus tareas allí, como el infructuoso intento de invitar a Sofía a Tzvetan Todorov, resultan de lo más interesantes. Así que no tenemos simplemente un libro al uso de cómo es la vida en Bulgaria, con la previsible sucesión de anécdotas sobre las diferencias gastronómicas o las formas de ocio. El libro va mucho más allá de todo eso, sin dejar de tener sus anécdotas y peripecias personales. Enrique Criado aprovechó su estancia en Bulgaria para conocer el país en numerosos desplazamientos. Pero sobre todo demuestra un interés en desentrañar el país a través de su literatura y de la mirada de los autores que pasaron por él.

El libro por tanto tiene un entramado similar a los de Robert D. Kaplan. Nos encontramos las observaciones sobre el terreno del autor, el punto de vista de los numerosos interlocutores locales y extranjeros, referencias históricas y referencias literarias. Eso sí. Se nota la profesión de diplomático del autor en la manera en que aborda los asuntos menos brillantes del país. Y también, diría yo, se nota la perspectiva de un español. Estoy seguro que un autor anglosajón se hubiera dejado llevado llevar por prejuicios orientalistas sobre atavismos balcánicos y esencialismos culturales para contarnos cómo nada ha cambiado en la región en 500, 150 ó 50 años por culpa de la huella otomana o el legado comunista. Pero los españoles que hemos vivido la transformación de nuestro país creo que andamos un tanto curados de espanto. Véase esos periodistas que explicaron los acontecimientos del 1 de octubre de 2017 en Cataluña con una España de pasiones profundas, flamenco, toros y olé.

Un asunto relevante en el libro es el empeño del autor por explorar la huella de los judíos sefardíes en Bulgaria, entre los que encontramos al publicista Luis Bassat o Isaac Carasso, fundador de Danone. El empeño lo tendrá presente en viajes a Israel y Georgia. Eso le lleva a abordar el tema del Holocausto en Bulgaria, país que salvó a sus judíos pero permitió que se convirtieran en víctimas de la maquinaria nazi los judíos de territorios entonces bajo su administración, como la actual Macedonia del Norte. Aquí se nota que el autor es diplomático, ofreciendo varios puntos de vista sobre la responsabilidad de las autoridades búlgaras en el contexto de las fuertes presiones sufridas desde Alemania. El interés de Enrique Criado por la suerte de los judíos sefardíes en Bulgaria no es casual. Una de sus tareas en Sofía fue las actividades que sacaron del olvido el papel del diplomático español Julio Palencia Tubau, que intercedió por los judíos búlgaros.

Mural en Sofía dedicado a Julio Palencia Tubau. Foto: Ministerio de Asuntos Exteriores.

Pero si hay algo que me ha gustado y que da sentido al título es que el libro no se limita a hablarnos de Bulgaria, porque resulta que Enrique Criado aprovechó el tiempo pasado en Bulgaria para moverse de aquí para allá, de Croacia a Georgia y de Ucrania a Israel. Cuenta al principio que alguien le había vendido las ventajas de trabajar en Sofía como un lugar que está cerca de sitios interesantes. Eso, nos explica, es un eufemismo que usan los diplomáticos españoles para hablar de destinos que son un auténtico muermo. En su caso no se trata de que Sofía y Bulgaria fueran un sitio aburrido. Sino que la ubicación del país como cruce de caminos hacía imposible resistir la tentación de viajar por los Balcanes.

Península Balcánica: mucho más que la antigua Yugoslavia. Imagen: Wikimedia.

En esto hay que recordar una cosa. En España se tienden a pensar sólo en los Balcanes occidentales cuando se habla de los Balcanes en general. Pero propiamente dicha, la Península Balcánica comprende los países de la antigua Yugoslavia, Albania, Grecia y Macedonia. Así que el libro nos ofrece las aventuras del autor por toda una serie de lugares que tenía en mente desde hace mucho para ser visitados: Kotor, Butrint, Ohrid, Mostar… Lo cual me ha generado tanta envidia como me ha hecho disfrutar del libro.

Así que el libro son en realidad dos. Por un lado, el libro de las peripecias de un diplomático español que trabaja en Bulgaria y por otro lado tenemos un libro de viajes sobre los Balcanes a los que se añade recorridos por Chipre, Moldavia, Ucrania, Israel y Georgia. Es de agradecer que las numerosas referencias a libros que aparecen en El Paraguas Balcánico vengan acompañadas de su pertinente referencia a la edición española que manejó el autor. Además, encontramos una sección de fotos y mapas. Eché en falta, o fue que no lo vi, uno o varios mapas que situaran los destinos del autor. Algunos lugares, como hice mención arriba, me resultaban familiares por mi deseo de conocerlos. Pero estoy seguro que el lector menos familiarizado con la región lo echará en falta también.

El libro me enganchó por lo ameno (no es el primero del autor). Es de destacar el bagaje de lecturas con el que el autor emprendió la tarea de hablarnos de Bulgaria y la región. También es de destacar su afán por recorrer lugares menos transitados. Por ejemplo, cuando visita Split y Dubrovnik se aloja en localidades menos masificadas. Y sobre todo mantiene todo el rato curiosidad por conocer lugares que ha descubierto primero en los libros o por escuchar la historia personal de sus interlocutores. Así que es de agradecer la aparición de libros así que aporte al público español una mirada diferente a los que la literatura anglosajona nos tiene acostumbrados.

 

 

Cambio de guardia en Israel

Alejo Schapire llamó la atención sobre una noticia procedente de Israel el 28 de noviembre.

En aquel entonces se anunció que el siguiente general en jefe (RAMATKAL) de las Fuerzas de Defensa de Israel iba a ser el general Aviv Kochavi. Lo nombré allá en enero de 2015 en mi repaso a La perspectiva israelí de la guerra en red. Kochavi comandó la brigada paracaidista israelí durante la Segunda Intifada, siendo encargado de asaltar el núcleo urbano de Nablus en 2002. Allí planteó un enfoque poco ortodoxo en lo que se supone fue una aplicación de lo aprendido en el Instituto de Investigación sobre Teoría Operacional (conocido por OTRI por sus siglas en inglés). La particularidad es que Kochavi es graduado en Filosofía y el OTRI se dedicó al estudio de autores franceses posmodernos, de ahí que la noticia de que Kochavi había llegado a la cumbre de las Fuerzas de Defensa de Israel fuera noticia en Francia.

El papel de Kochavi en el asalto a Nablus fue destacado por el arquitecto Eyal Weizman en su libro Hollow Land (2007). El texto del capítulo “Caminar atravesando muros” apareció independientemente en varias publicaciones y en España fue publicado en 2012 como un librito titulado A través de los muros. Cómo el ejército israelí se apropió de la teoría crítica postmoderna y reinventó la guerra urbana. 

Cuenta Weyzman a propósito de Kochavi:

“La maniobra llevada a cabo por unidades del ejército israelí durante el ataque a la ciudad de Nablus en abril de 2002 fue descrita por su comandante, el brigadier general Aviv Kochavi, como una “geometría inversa” que, explicó, consistía en una reorganización de la sintaxis urbana por medio de una serie de acciones microtácticas. Los soldados se desplazaban por la ciudad durante el ataque atravesando “túneles sobre la superficie” de un centenar de metros escarbados a través del contiguo y denso tejido urbano”.

La realidad es que la producción intelectual del OTRI resultó incomprensible para el establishment militar israelí. El estudio de filósofos franceses posmodernos desde luego no ayudó a ser accesibles sus ideas, sobre las que pesa una seria acusación de impostura intelectual, algo que tendremos ocasión de ver en mi próxima reseña de una obra de Paul Virilio. El centro fue cerrado después de la Guerra del Líbano d de 2006 por razones que parecen excusas tras las que se escondieron una acumulación de enemigos.

El ahora teniente general Kochavi asumió su nuevo destino el 15 de enero de 2019. La ocasión fue aprovechada por la prensa israelí para repasar los desafíos estratégicos del país: como la reorientación de Hezbolá hacia la frontera sur del Líbano y el despliegue iraní en Siria. Será interesante ver en qué forma Kochavi deja su impronta en las Fuerza de Defensa de Israel. De alguna manera, su llegada a la cúspide militar israelí es una reivindicación del OTRI.

Véase además:

“Naplouse (2002) et Sud Liban (2006), le combat en zone urbaine. Succès et échecs israéliens” de M. Quentin Lenormand (Lettre de RETEX-Recherche nº29).

La Ley de Murphy del periodismo español (2)

En 2015 escribí una entrada en este blog titulada “La Ley de Murphy del periodismo español“, en referencia a esa conocido enunciado que dice que la tostada cae siempre del lado de la mantequilla. En aquel entonces me refería al conflicto árabe-israelí y a cómo había terminado constatando que siempre que un periodista español mete la pata en sus crónicas sobre el asunto siempre será para dejar en mal lugar a los israelíes. Nunca he leído un titular del tipo “Estalla por accidente un polvorín iraní en Damasco” cuando en realidad fue un ataque aéreo israelí o “Muere un líder de HAMAS tiroteado por una facción disidente” cuando resulta que cayó en una emboscada de las fuerzas especiales israelíes. En el caso de Israel en la prensa española, la tostada siempre cae del mismo lado.

El asunto me vino a la cabeza estos días porque he estado dándole vueltas al asunto de la aparición de Empresas Militares Privadas (PMC en sus siglas en inglés) procedentes de Rusia y China. Y creo que estoy en la situación de enunciar una segunda Ley de Murphy sobre el dobe rasero de la prensa española. Resulta, que hoy mismo compartí en Twitter y Facebook una noticia de Al Manar, un medio del grupo libanés Hezbolá, que daba cuenta de que personal de una empresa rusa estaba entrenando a los miembros de la milicia palestina Liwa Al Quds (“Brigada Jerusalén”). Dice la noticia:

Las fuerzas especiales de la Liwaa al Quds (Brigada Al Quds), una unidad de élite palestina que lucha al lado del Ejército sirio, ha publicado un nuevo vídeo esta semana acerca de su entrenamiento en la provincia de Alepo.

Entrenados por contratistas rusos, los miembros de las fuerzas especiales palestinas fueron filmados realizando diversos ejercicios de entrenamiento en un lugar no determinado de la provincia de Alepo.

“Feral Jundi”, autor del blog homónimo, identificó en un comentario a mi publicación en Facebook a la empresa rusa como Vegacy Strategic Services.  En el siguiente vídeo promocional muestran imágenes de Siria.

Hace ya bastante tiempo que “Abraxas Spa” me llamó la atención sobre el asunto de las empresas militares privadas rusas. Y me extraña la poca atención que recibe el tema cuando la prensa nos bombardeó en su momento con el auge de las empresas estadounidenses en el contexto de la ocupación de Iraq.

Tengo muy presente el asunto porque soy un sociólogo que se dedicó al estudio de la transformación de los conflictos armados y se especializó en la aparición de actores no estatales. Me tocó atender a medios para hablar del tema. Y recuerdo aquellos titulares tremebundos sobre los “modernos perros de la guerra” y los “pistoleros a sueldo” que ponían énfasis en que el personal de estas empresas iba a zona de conflicto por dinero (no como los soldados profesionales de los ejércitos occidentales, como el español, que lo hacen gratis y sólo por la satisfacción de ver sonreír a las personas que entregan ayuda humanitaria). Asistí a mesas redondas y coloquios donde se habló de cómo estas empresas amenazaban la paz mundial y eran un foco desestabilización de países. Siempre me quedé con las ganas de pedir ejemplos de algún Estado que en los últimos 20 años hubiera colapsado por la acción de una Empresa Militar Privada. Y por supuesto, a propósito del caso de la empresa sudafricana Executive Outcomes en Angola y Sierra Leona, escuché y leí sobre la preocupante convergencia entre la explotación de recursos naturales y este tipo de empresas. Y siempre, sin perder de vista que el fenómeno era el resultado de la aplicación de la lógica neoliberal a la guerra.

Pues bien, tienen ustedes ahí fuera donde tirar el hilo sobre empresas militares privadas rusas (y chinas) en, por ejemplo, la carrera por los recursos naturales africanos. Pueden seguir la pista de la empresa militar privada rusa Wagner por Siria, Libia, República Centroafricana y posiblemente Venezuela. Podrían averiguar qué se sospecha que la emboscada contra tres periodistas rusos que investigaban las conexiones de la empresa Wagner y la explotación de diamantes en la República Centroafricana fue un asesinato para eliminar a testigos incómodos. Y pueden perder el tiempo en buscar reportajes, artículos y ensayos sobre el tema en la prensa española.

Relación de PMC rusas hecha por InformNapalm.

Podemos enunciar así una segunda Ley de Murphy de la prensa española: cuando un fenómeno tiene dos caras, verán que sólo tratan la que pueda dejar en mal lugar a Estados Unidos u Occidente en general. Hagan un ejercicio. Busquen qué ha contado la prensa española sobre los nuevos negocios de Erik Prince, fundador de Blackwater. Ahora trabaja para China en favor de sus intereses en lugares como África. Su empresa anunció recientemente la apertura de un campo de entrenamiento en la provincia de Xinjiang, donde están pasando cosas tremebundas.

Los dobles raseros de la prensa española me parecen muy divertidos. Un día me encontré en cierto medio español una noticia de cómo la empresa minera canadiense Barrick Gold estaba contaminando en Argentina bajo el gobierno de Mauricio Macri. Resulta que la primera vez que escuché hablar de esa empresa fue hace años, en el programa de Jorge Lanata en el Canal 13. Denunciaba entonces cómo la actividad de la empresa afectaba a los glaciares andinos. Posteriormente habló de la contaminación con cianuro. Como soy muy mal pensado, busqué en el medio español en cuestión y ¡sorpresa!. Durante los años del kirchnerismo, sólo se mencionaban a la Barrick Gold para hablar de cómo contaminaba en el Caribe o sus vínculos con José María Aznar. Sólo había una mención a la contaminación de la Barrick Gold en Argentina para hablar de cómo unos niños de una zona minera habían viajado a Buenos Aires para dar a conocer su situación. La empresa, mágicamente, se convirtió en noticia tan pronto subió al poder Mauricio Macri. Como la pobreza y la inflación en el país. Pero eso es otra historia y otro sesgo.

Volviendo a Rusia y China, sucede que asistimos al fin del “momento unipolar” de Estados Unidos como “hiperpotencia solitaria“. Y sin embargo, tenemos a una generación de periodistas que se criaron, formaron y trabajaron viendo cómo Estados Unidos y Occidente era la fuente de todo mal. Eran los tiempos en que la gente que se proclamaba “anti-imperialista” no tenía que especificar. Se sobreentendía que eran enemigos del “imperialismo yanki”. Hoy tenemos imperialismos de todos los sabores y para todos los públicos: imperialismo ruso, imperialismo chino, aspiraciones hegemónicas de Irán, etc. Supongo que habrá que “darles un poco de tiempo” a los periodistas españoles para que se enteren de que el mundo ha cambiado. Alguno, por cierto, ya se enteró y está haciendo caja hablando de los problemas de EE.UU.

Cuando los medios tragan caña y sedal

El otro día les conté cómo me llamaron la atención los titulares que anunciaban que el gobierno de Pedro Sánchez había autorizado al gobierno autonómico catalán la compra de una montaña de material de guerra que había sido frenada en su momento por el gobierno de Mariano Rajoy. La idea, de ser verdad, era preocupante. Pero, como a estas alturas no me fío de nadie y en el cuerpo de la noticia se hablaba de una cincuentena de pistolas, decidí tirar del hilo y buscar yo mismo los documentos oficiales. Lo que me encontré desmentía los titulares y el alarmismo.  Lo conté en “Armas para Cataluña” (23/01/2019).

Sé que lo cómodo es quedarse en ese punto: sentir el reconfortante y autocomplaciente placer de estar en el lado correcto, despreciando la labor de medios y periodistas de derecha que viven del sensacionalismo y la tergiversación. Pero el fenómeno tiene su reflejo en el otro lado de una forma retorcida. Por cada Eduardo Inda y Francisco Marhuenda que asume cínicamente su vergonzante papel al servicio de una causa o unos intereses, hay un periodista divulgando información falsa o tergiversada sobre temas como la inmigración absolutamente convencido de que está salvando al periodismo y a la democracia mientras nos sermonea sobre burbujas informativas, bulos y posverdad.

Podríamos extendernos en discutir qué hirió el periodismo. Si la desesperada necesidad de atraer clicks que rebajó la calidad del contenido o la velocidad de los ciclos informativos que redujeron el tiempo para contrastar la información. Pero esa degradación del periodismo ha contado con el entusiasta esfuerzo de periodistas convencidos de que hacían el bien ayudando al consumidor de medios a pensar bien. Porque como dijo hace poco la congresista estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez, los datos no importan cuando estás del lado moralmente correcto.

Precisamente, Alexandria Ocasio-Cortez ha sido protagonista de un caso reciente que me llamó mucho la atención. Un día vi una sucesión de titulares y tuits que hablaban de la fallida campaña de los conservadores estadounidenses por dañar su imagen mediante la filtración de un vídeo que la mostraba bailando. Ocasio-Cortez es socialdemócrata, hispana, joven y atractiva. Su carrera política, con menos de 30 años, ha sido fulgurante. Y los conservadores estadounidenses odian a Ocasio-Cortez. Basta una búsqueda de imágenes suyas en Internet para ver la proliferación de fotos que congelan sus expresiones faciales en una mueca demente.

Fotograma del vídeo destacado por El País

Según leí, esta vez, alguien había rescatado aquel vídeo grabado por un grupo de amigos para tratar de ridiculizarla. Pero la reacción de la opinión pública había sido positiva y se sucedían las muestras de apoyo ante la fallida campaña de desprestigio. Nadie veía nada de malo que una congresista en sus años universitarios hubiera grabado un vídeo donde bailaba de forma sensual.

A los pocos días, leí en Twitter a alguien preguntar si alguno había leído o escuchado a algún líder conservador estadounidenses criticar el vídeo o mencionarlo antes de que los medios hubieran lanzado el titular “campaña conservadora para desprestigiar a Ocasio-Cortez fracasa y se vuelve en su contra”. Durante los siguientes días un coro de voces conservadoras hizo la misma pregunta. Nadie había oído hablar del vídeo hasta leer los titulares del fracaso de la campaña conservadora.

Poco tiempo después, me encontré la noticia en El País: “El fallido intento de dañar a Ocasio-Cortez con un vídeo de un baile en una azotea de Boston”. Por aquel entonces, Ocasio-Cortez había hecho un bailecito en la puerta de su oficina y algunas figuras del Partido Demócrata habían lanzado vídeos de apoyo con su propio baile, mientras personalidades de la política y el mundo del espectáculo salían en su apoyo ridiculizando a los conservadores. Pero en la noticia de El País encontré un detalle interesante. Identificaban a una cuenta anónima de Twitter como el origen primero de la filtración del vídeo. La cuenta había sido creada en enero de 2019. Y el contenido de las publicaciones llamaba la atención porque, más que un genuino activista conservador, aquello parecía una parodia o un fallido intento de sonar como un radical de derechas.

¿Fue filtrado el vídeo desde el equipo de Ocasio-Cortez ? Quién sabe. A lo mejor fue efectivamente un tuitero anónimo quien puso el vídeo en circulación, pero fue el equipo de la congresista quien magnificó el asunto para construir la narrativa de “fracasa la campaña conservadora de desprestigio”. Antonio García Martínez arrancaba un artículo sobre Ocasio-Cortez para la revista Wired diciendo “I’ll just say it: Alexandria Ocasio-Cortez is a social media marketing genius”. La contracampaña tuvo muy entretenida a los medios y a la gente en las redes sociales.

Alexandria Ocasio-Cortez es una fenómeno colateral a lo que quería contar. Ella es alguien que simplemente sabe apretar los botones correctos en un ecosistema informativo donde no hay tiempo para la verificación y donde la opinión pública está sobreestimulada con informaciones que confirman sus prejuicios. Pero lo que no están considerando las almas buenas que se consideran en el lado correcto de la historia es que todos esos sesgos y errores de los medios progresistas que ellos no son capaces de ver por sus prejuicios ideológicos son diseccionados cruelmente en otros medios y las redes sociales. Véase el caso de los chicos blancos del instituto católico Covington y el falso veterano de la guerra de Vietnam. Por eso las burlas de Donald J. Trump sobre la CNN, “you are fake news”, resonaban en su público. Y por eso el discurso neo-machista y anti-inmigración puede revestirse con los ropajes de la audacia, el librepensamiento y la rebeldía frente al consenso progresista de los desprestigiados medios del establishment.

Véase anteriormente: “Seguimos tocando el fondo” (16 enero 2019).

 

Armas para Cataluña

Como resulta evidente, llevo una temporada sin apenas tiempo para publicar en el blog y las redes sociales. Y eso supone menos tiempo para ahondar en las cosas. Pero de vez en cuando algo me llama la atención y tiro del hilo. El lunes 21 leí que el gobierno español había autorizado al gobierno de Cataluña realizar una compra de material de guerra para la policía autonómica. Por ejemplo, OK Diario tituló “Sánchez autoriza a los Mossos de Torra a comprar las armas de guerra que vetó Rajoy”.

Recuerdo que, según la prensa, el gobierno catalán había intentado allá por 2016 comprar una cantidad desmesurada de armamento que no cuadraba con las necesidades de la policía autonómica. Pero leyendo el contenido de las noticias me encontré que las cantidades no coincidían con la montaña de armamento que anteriormente había intentado comprar el gobierno catalán. Así que el titular de OK Diario me pareció engañoso. Sin embargo, ese titular y unos cuantos parecidos circulaban por Internet, con los consiguientes mensajes alarmistas.

Miembros del Grupo Especial de Intervención (GEI) con fusiles de asalto FN SCAR. Foto: RTVE.

Como a estas altura ya no me fío de nadie, decidí buscar yo mismo el ejemplar del Boletín Oficial del Estado donde aparecía la autorización de la compra. No me llevó mucho tiempo llegar al documento PDF con la Sec. V-A. Pág. 3077. Allí, la verdad, no se decía mucho. Sólo que se autorizaba a la administración autonómica catalana a adquirir siete lotes dentro del expediente  IT-2017-544.

El siguiente paso fue buscar el número de expediente. Me encontré con un portal europeo que facilita información sobre licitaciones públicas. Allí se reseñaba el contenido de los 7 lotes del contrato.

  • 8 fusiles de asalto de altas prestaciones calibre 5.56×45 mm.
  • 10 fusiles de asalto calibre 5.56 x 45 mm.
  • 6 fusiles de asalto compactos calibre 7.62 x 51 mm.
  • 2 fusiles de precisión calibre. 308 WIN.
  • 22 armas de defensa personal (PDW) calibre 4.6 x 30 mm.
  • 56 pistolas calibre 9 x 19 mm.
  • 50.000 cartuchos calibre 4.6×30 mm. para entrenamiento.

La lista emplea un lenguaje y denominaciones un tanto peculiares. Imagino que la razón es que se no se trata de un concurso público donde se dan datos precisos sobre las características deseadas, sino de compras ya decididas en las que se da una información genérica. Así, no se da ningún dato que permita saber la diferencia entre un fusil de calibre 5,56×45 normal y otro del mismo calibre pero de “altas prestaciones”. Luego encontramos que los dos fusiles de precisión figuran con el calibre .308 Winchester, que es la denominación comercial en medidas imperiales del 7,62x51mm, estándar en la OTAN.

Supongo que la persona que redactó el pliego se limitó a copiar las características del fabricante sin procurar mantener la coherencia. Así, los subfusiles Heckler und Koch MP7 de calibre 4,6mm aparecen con la denominación “arma de defensa personal”, que es una denominación usada principalmente por el fabricante. En cualquier caso, 24 fusiles de asalto, 2 fusiles de precisión, 22 subfusiles y 56 pistolas parece una cantidad razonable, pensando en la amenaza terrorista y la dimensión en número de miembros de la policía autonómica catalana.

 

Dos miembros del GEI con fusiles de asalto H&K G36C al centro y la derecha. El de la izquierda lleva un subfusil H&K MP7. Foto vía Steam Community.

Ahora, a modo de comparación, vayamos al pedido original del gobierno de Cataluña. Según Esteban Villarejo del diario ABC, la frustrada lista de la compra catalana incluía:

  • 300 subfusiles 9x19mm (9mm. Parabellum)
  • 400 fusiles de asalto 5,56x45mm.
  • 50 fusiles de precisión .338 Lapua Magnum
  • 50 fusiles de precisión .300 Whisper
  • 50 fusiles de precisión 7,62x51mm.

Mientras la cantidad de fusiles de asalto y subfusiles podría ser considerada una compra legítima para armar a otras ramas de la policía autonómica, como los ARRO y la Brigada Móvil, la compra de un total de 150 fusiles de precisión excedía toda lógica. Especialmente si consideramos las características de los fusiles en calibre .338 Lapua Magnum y .300 Whisper. El primero es de largo alcance y se emplea en la lucha contra francotiradores. El segundo es una bala poco ruidosa pensada para ser disparada por fusiles con silenciador integrado. Unos lotes de una docena de cada arma podría haber resultado razonable. Un total de 100 entre los dos modelos no. Así que sólo nos queda pensar en que el pedido estaba inflado por el afán de cobrar comisiones o porque quienes lo habían promovido tenían otra cosa en mente allá por 2016.

El pedido de armas aprobado el pasado lunes resulta razonable, considerando el contexto de la amenaza terrorista en Europa y la dimensión de la policía autonómica catalana. Sin embargo, medios y espontáneos se han lanzado a titular y comentar como si lo que se aprobó fue la lista de armamento difundido el año pasado por la prensa y correspondiente a un contrato frustrado en 2016. El objetivo último de quien se lanza a generar indignación tergiversando la realidad es fácilmente comprensible. Ahora queda que la gente aprenda a estas alturas que tiene que estar alerta con todo lo que ve y lee en los medios. Sea Ok Diario, las noticias de RTVE o El País. De cómo este último se tragó la caña, el sedal y el carrete de una campaña de la estrella emergente del Partido Demócrata estadounidense hablamos otro día.

 

“Vice” (2018)

El sábado por la noche fui a ver Vice (titulada “El vicio del poder” en España), la última película de Adam McKay. Se trata del mismo director que The Big Short (titulada “La gran apuesta” en España), así que mis expectativas eran altas. En su momento me gustó mucho la manera de desmenuzar y hacer humor de un asunto a priori tan poco cinematográfico como los entresijos de la crisis hipotecaria que dio origen a la crisis financiera mundial de 2008. Lo que podía haber supuesto un lastre a la película, la necesidad de explicarle al espectador para que siguiera la trama, se convirtió en una oportunidad de darle un toque personal y original a la película con secuencias didácticas a cargo de cameos que rompían las cuarta pared. Además, me gustó mucho el sentido del humor de McKay en general,  sin olvidar las interpretaciones de Christian Bale y Steve Carell.

McKay repite aquí la fórmula. Trata con un humor parecido recurriendo a las interpretaciones de Christian Bale y Steve Carell una historia de cómo los poderosos mintieron a la gente corriente de Estados Unidos. Sin embargo siento que la historia no tiene la misma fuerza. The Big Short se basaba en un libro cuyo autor había investigado el asunto a fondo previamente y ofrecía una historia clara: cómo un grupo de outsiders descubrió los pies de barro del mercado hipotecario estadounidense y cómo en su intento de sacar provecho económico descubrieron que el juego estaba amañado. Aquí, la historia que nos cuentan es el ascenso de Dick Cheney, un tipo que se nos presenta en un principio como carente de talento e ideología pero que sabe aprovechar su oportunidad a la sombra de un tiburón de los pasillos de Washington D.C. como Donald Rumsfeld, al que termina superando en poder y capacidad de intriga.

Dick Cheney y Christian Bale caracterizado como él. Foto: People.com

Vice recupera la fuerza y el tono de The Big Short cuando cuenta cómo Dick Cheney acumuló poder tras el 11-S y su camarilla en la Casa Blanca retorció las leyes estadounidenses para permitir horrores inimaginables en una democracia, vendiendo además la invasión de Iraq con mentiras porque necesitaban una victoria convencional en el contexto de la Global War On Terror. Esto último es una idea que yo albergaba casi como intuición. Que la absurda invasión de Iraq en 2003 respondió a la incapacidad de comprender la naturaleza no estatal y transnacional de la amenaza que suponía el yihadismo global. En la película se presenta que no fue un problema de incapacidad del Pentágono para entender la naturaleza de las Guerras Posmodernas, sino que la Casa Blanca se encontró con que le resultaba difícil vender al electorado la guerra contra el terrorismo yihadista. Así que se decidió invadir un país para conquistar una capital y clavar una bandera.

Creo que si la película se hubiera centrado en contar la historia que abarca desde que Dick Cheney se sumó a la campaña electoral de George W. Bush a la salida de Donald Rumsfeld del Pentágono, hablamos del período 2000-2006, habría tenido una coherencia y consistencia de la que carece. Sin embargo, tenemos que entender que el director no partió de un libro de investigación como en la anterior película, sino que tuvo que elaborar su propia reconstrucción de la carrera de Dick Cheney. En cualquier caso, la película tiene bastantes momentos brillantes, las interpretaciones son excelentes y el sentido del humor que vimos en The Big Short está aquí presente.

 

Seguimos tocando el fondo

El fin del semana del 14, 15 y 16 de diciembre viajé a Cartagena para participar en las jornadas “Foro de Ciudades Sitiadas: Las guerras del siglo XXI” organizadas por la Cadena SER. Hablamos de la transformación de los conflictos armados, y el papel en ellos de los medios de comunicación y las redes sociales. La conversación tocó lo que yo denomino Nueva Guerra Fría e inevitablemente llegó a tratar del ascenso de personajes como Trump, Salvini y Bolsonaro, junto a la reciente experiencia del partido VOX en Andalucía. Este último asunto fue también el tema de fondo de la mesa redonda que el pasado jueves 10 tuvo lugar en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid con el título “¿Está amenazada la democracia?” y al que acudí como público.

De lo debatido en uno y otro evento, además de lecturas y conversaciones en redes sociales, me queda la sensación de que hay una preocupación porque los populistas de derechas están logrando éxitos electorales gracias a un discurso que apela a las bajas pasiones y que los partidos tradicionales no pueden contrarrestar. Ante esa situación, los periodistas se muestran preocupados e impotentes. Por así, decirlo, los periodistas ven como las masas de consumidores se lanzan a ingerir con gusto refrescos llenos de calorías vacías y bollería industrial hecha con grasas hidrogenadas. Y ahora se encuentran el problema de cómo convencer a la gente que vuelva a una dieta sana pero aburrida.

Mi primera duda ante ese análisis es que no explica por qué precisamente ahora han tenido éxito esos partidos y líderes. Si la demagogia y el apelar a las bajas pasiones fuera una estrategia política ruin pero inevitablemente ganadora, deberíamos tener una larga lista de antecedentes. Y sin embargo sólo en un intervalo de tiempo relativamente reciente ganó el BREXIT y llegaron al poder personajes como Trump, Bolsonaro y Salvini. Así que debe haber algo más.

En segundo lugar, cuestiono el papel que los medios creen tener de árbitros neutrales en el actual contexto. Es más, los considero en parte responsables de la actual situación por haber tenido un papel activo en distorsionar la realidad para impedir un debate serio sobre ciertos temas que se han convertido en tabú. Por ejemplo, el tema de la inmigración. Aquí en el blog he tratado algunos ejemplos, como el telediario de TVE reciclando una manifestación de musulmanes contra el terrorismo en invierno en Madrid como un acto de repulsa a los atentados de las Ramblas de Barcelona en agosto de 2017. O el asunto de las ONG trasladando inmigrantes desde las costas de Libia a Italia en connivencia con las mafias. Precisamente, titulé lo que escribí en julio de 2017 sobre el tema “Una bomba de relojería en el Mediterráneo“, anticipando lo que se avecinaba. No se puede decir que los resultados de las elecciones italianas en 2018 me sorprendieran, cosa que sí le pasó a los periodistas y a la intelligentsia española en general.

El fenómeno se repite una y otra vez. La prensa ha decidido que la ciudadanía es insuficientemente madura para tener un debate razonable sobre los problemas derivados de ciertas temas, como la inmigración, así que opta por no informar sobre ello para no “estigmatizar” a ciertas comunidades. El resultado es que se le regala a la ultraderecha xenófoba la generación de discurso sobre ese tema. Así, ante el consenso progresista en los medios de comunicación, el discurso populista adquiere un aura de rebeldía contracorriente que encuentra su espacio en las redes sociales (como VOX en Facebook) y las aplicaciones de mensajería (como Bolsonaro en Whatsapp).

Sin embargo, a la hora de repartir responsabilidades en quien tenemos que pensar principalmente es en los partidos tradicionales. Como dije en Cartagena, seguimos viviendo la onda de choque de la crisis económica de 2008 y los partidos tradicionales no han sabido dar respuesta a los problemas de la gente normal y corriente. Podría haber dedicado tiempo a recopilar noticias sobre las expectativas truncadas, el precariado, el paro estructural y mil fenómenos más. Prefiero quedarme con los síntomas. En Cartagena mencioné la publicación recientemente de una encuesta que revelaba el enorme peso en España de los asuntos económicos para decidir no tener hijos. Y sobre todo, me llama la atención sobre cómo se acepta y normaliza la presente situación con excusas. Estudios de mercado concluyen que el coche ya no es una “compra aspiracional” para los milennials y el diario El País nos habla de las nuevas tendencias de rebuscar comida en la basura (freeganismo) y renunciar a salir el fin de semana (nesting).

Recuerdo las palabras de Michael Moore antes de las elecciones estadounidenses de 2016 sobre el apoyo a Donald Trump en el cinturón desindustrializado que va desde Pennsylvania a los Grandes Lagos. Y donde él dijo que votar a Trump suponía para la gente perjudicada por la crisis lanzar contra el establishment una granada de mano o cóctel Molotov, yo en Cartagena dije que el voto a VOX es una voto pedrada.

Considerando la experiencia previa del caso del partido Podemos, no creo que súbitamente la gente que votó a VOX en Andalucía suscriba su agenda política. Recuerdo en su momento hablar con simpatizantes y votantes de Podemos que mostraban sorpresa cuando les contaba cosas dichas y hechas por los líderes y cargos electos de su partido. Algo parecido ha sucedido en Andalucía. Recuerdo leer al respecto que un medio salió a la búsqueda de votantes de VOX en Andalucía para ver su opinión sobre los asuntos más controvertidos del programa electoral del partido. Obviamente no los suscribían.

Así que podríamos repasar caso por caso. Antes mencioné Italia. Las palabras de Michael Moore explican muy bien el vuelco en los estados claves que le dieron la victoria. En Brasil podemos señalar la acumulación de casos de corrupción del Partido de los Trabajadores y el descontrol de la violencia. Repasando algo que escribí sobre Brasil aquí en 2013 me encontré un titular que hacía referencia a los siete ministros del gobierno de Dilma Roussef que habían dimitido por casos de corrupción en sus dos primeros años de mandato. Pero imagino que es más fácil concluir que la gente es idiota y vota mal.

En algún lado leí que un tema de fondo en el ascenso de todas estas nuevas fuerzas rupturistas era la pérdida de los lazos comunitarios, algo que explicaría cómo el tema de la inmigración se ha colado una y otra vez en la agenda con la idea de fondo de retorno a un pasado idílico. El otro día El País presentaba el caso de Los Verdes en Alemania, un partido que se ha reinventado como partido pragmático capaz de alcanzar acuerdos, supone una alternativa a los partidos tradicionales y al contrario que estos últimos no había dado un espectáculo poco edificante con sus peleas internas gracias a su fuerte unidad. La noticia mencionaba que la defensa del medio ambiente permitía vincular el partido con el Heimat, un término que puede ser traducido como patria pero también, según Jochen Bittner, a un “sentido de pertenencia” que es lo “opuesto a sentirse extranjero”. Estaríamos, por tanto, ante síntomas de fondo de un malestar en la globalización.