Los minidrones armados del Estado Islámico

Desde hace semanas colaboro en la revista que la consultora de seguridad española UC Global publica en su página web. La revista arrancó el pasado mes de enero conmigo escribiendo en solitario en su primer número sobre los atropellos con vehículos como arma terrorista tras el atentado en un mercadillo navideño en Berlín. Repasé los detalles de aquel atentado y las experiencias previas en Europa, además de recordar los llamamientos desde las revistas de Al Qaeda y el Estado Islámico a que se cometan en suelo occidental atentados de ese tipo. La revista amplía el plantel de colaboradores y apartir de ahora tendrá frecuencia mensual, siendo publicada los días 15 de cada mes.

Hoy ha salido el cuarto número de UC Magazine y en ella aparece un artículo mío sobre uno de los asuntos que más comentarios ha generado entre quienes seguimos las guerras en Oriente Medio:  Los minidrones armados del Estado Islámico. El asunto estalló el pasado mes de enero con un vídeo de propaganda en el que se veía el lanzamiento de pequeños proyectiles sobre concentraciones de combatientes y vehículos iraquíes. No es, desde luego, el primer caso de empleo de drones por un grupo armado en la región, tal como cuento en el artículo. Pero sí es un precedente llamativo que puede llevar a la transferencia de conocimientos y a la imitación. En el artículo recojo los casos documentados de talleres del Estado Islámico y repaso lo que sabemos sobre los proyectiles empleados, además de cómo las fuerzas sobre el terreno han empezado a desplegar sistemas para responder a la amenaza.

Modernismos posmodernos

El sábado visité visité en el TEA, el museo de arte contemporáneo de Santa Cruz de Tenerife, la exposición colectiva “Crisis? What crisis? Cap. 1. Modernismos posmodernos”. Aunque la premisa según los comisarios de la exposición es presentar a artistas que no hayan sucumbido a la posmodernidad, sino que “hayan asumido las contradicciones del modernismo”, como viene siendo habitual en este tipo de exposiciones uno encuentra piezas que son una verdadera tomadura de pelo, como esa pantalla Chroma sobre dos mancuernas o aquella escultura formada con varias mesas.

Foto: Canal Tenerife TV.

Los artistas seleccionados nacieron en Canarias después de la llegada de la democracia a España y “alcanzaron su madurez en el archipiélago de la crisis”, así que son casi de mi generación. Les ha tocado vivir un mundo donde se resquebraja la posición hegemónica de Estados Unidos como hiperpotencia global y donde Internet abre ventanas al mundo fuera de Occiente al margen de los medios de comunicación de masas. Así que me llamó la atención un par de obras.

Alejandro Gopar: Sin Título (Bandera de países en guerra contra el terrorismo), 2016.

Ahí tenemos esa instalación que es la superposición de las barras y estrellas con la Unión Jack. Podría haberse quedado en un mero ejercicio estético como su serie “Fake Flags” (una traducción errónea de “Falsa Bandera”, título en español de la carpeta de su página web). Pero tenemos ese comentario alusivo a la Global War On Terror que llega más de 15 años tarde. Supongo que igual que para los que vivieron el asesinato de JFK y la llegada del hombre a la Luna, el 11-S es esa clase de evento icónico que marcó a todos los que estuvimos pendiente de la televisión aquel día. Las posteriores movilizaciones del “No a la guerra” también marcaron el momento político en países como España. Pero francamente, que alguien el año pasado estuviera todavía dándole vueltas a la agenda política del dúo Bush & Blair me parece de una pereza intelectual tremenda.

Chami An: “Hit.story. As redundant as it sounds, another dystopia”, 2016.

Esta segunda instalación muestra en un televisor pares de fotos e imágenes de la historia de Estados Unidos de la mitad del siglo XX en adelante. No deja de ser paradójico que nuevas generaciones, que reniegan de la hegemonía estadounidense, sigan recreándose en los iconos estadounidenses de los años 60 y 70. Si repasan esas publicaciones españolas que se definen así mismas como “contemporary magazine” (así, en inglés) o si repasan imágenes de cabeceras en blogs o perfiles de redes sociales de culturetas y progres españoles se encontrarán con Gregory Peck, Audrey Hepburn, el Rat Pack, Mohammed Ali etc. Toda una iconografía prestada de una generación y un país ajeno al suyo. Algo así como una nostalgia de segunda mano por personajes de unos tiempos que nosotros nunca vivimos y que ni siquiera forma parte de un ejercicio de homenaje o recuperación porque siempre han estado omnipresentes en la cultura popular.

Me llamó la atención la inclusión de la famosa foto del general Nguyễn disparando a un prisionero maniatado del Việt Cộng en una calle de Saigón durante la Ofensiva del Tet. También me llamó la atención sucesivas fotos del maltrato de prisioneros en la cárcel iraquí de Abu Graib. Una obra que que es el equivalente técnico de un simple carrusel de diapositivas con fotos icónicas del Estados Unidos de la segunda mitad del siglo XX es de una pobreza tremenda. Pero mostrar imágenes de la guerra de Vietnam y de la ocupación de Iraq en pleno 2017 es tratar de entablar un discurso crítico sobre la maldad del imperio yanki que aburre por lo desfasado en el tiempo. ¿Qué tal hablar en 2017 de la prisión siria de Sednaya? ¿Qué tal hablar de las 28.707 fotos estudiadas por Human Right Watch de 6.786 víctimas torturadas y/o ejecutadas en Siria y que alguien logró sacar de Siria en 2014? ¿Y qué tal tratar el Yemen hoy mismo? ¿Lago Chad? ¿Sudán del Sur?

Porque no sé si se capta la paradoja. La foto del general Nguyễn ejecutando un prisionero (asesino de mujeres y niños, pero esa parte de la historia nunca se cuenta) se convirtió en un icono de la guerra de Vietnam porque en Estados Unidos había una prensa libre y los periodistas haciendo su trabajo sobre el terreno. ¿Por qué no disponemos de imágenes icónicas de alguna atrocidad rusa cometida en la primera guerra de Chechenia? Sólo hay que ver cómo lucía Grozni en marzo de 1995 para imaginar que aquello fue lo más parecido al infierno en la tierra. Sin periodistas testigos ni prensa libre para difundir su trabajo no hay imágenes icónicas que remuevan conciencias.

Mientras, las imágenes de los abusos en la prisión de Abu Ghraib son bien conocidas porque fueron publicadas por los medios estadounidenses una vez se enteraron que había una investigación oficial en marcha. Sin embargo, no tenemos imágenes de lo que ocurre dentro de la prisión de Evin ni de otras cuyos nombres ni conocemos.

Celda de la prisión de Mile 2 en Gambia. Foto vía sbngambia.com

Conté aquí mis impresiones sobre unas jornadas sobre periodismo en la Universidad de La Laguna allá por 2013. Me encontré a una afamada periodista hablando sobre la desinformación y propaganda poniendo como ejemplo unas imágenes de televisión de la caída de Bagdad diez años antes. Como si no hubiera sucedido nada más informativamente hablando en la década transcurrida, más allá del “No a la guerra”. Y es que hay algo más. No sólo se trata de la abundancia de imágenes de los medios estadounidenses y una preferencia por consumir la producción mediática y cultural procedente de allí. Hay un discurso hegemónico en España que sostiene que ser crítico, audaz y librepensador consiste en cargar contra Occidente en general y Estados Unidos en particular. Y eso es una idea muy vieja. Que el arte de vanguardia que se hace en Canarias siga atascado en ella es el mejor indicador de dónde se encuentra.

H. R. McMaster, otro valor sólido para Trump

El candidato Donald J. Trump anunció que formaría su gobierno con la “mejor gente”. El desfile de nombres procedentes del mundo empresarial sospecho que dará bastante titulares en el futuro en temas como la educación o el medioambiente. Pero en medio de ese panorama, sobresalió el nombramiento del teniente general James Mattis (USMC, ret.) como Secretario de Defensa. Hablé de él en Demos gracias por el secretario de defensa Mattis“. En este tiempo ha confirmado ser un tipo sensato y alguien ya dijo que hubiera encajado perfectamente en un gobierno demócrata. En el reverso de la confirmación de las buenas sensaciones generadas por Mattis, un tipo culto y un líder inspirador, ha estado la corta trayectoria del también teniente general Michael Flynn (U.S. Army, ret.) como Consejero de Seguridad Nacional, un puesto ocupado en el pasado por personajes como Henry Kissinger, Zbigniew Brzezinski, Colin Powell y Condoleezza Rice.

En sus tiempos de militar, Flynn se hizo célebre por saltarse el conducto reglamentario y aparecer como coautor de un documento sobre los fallos de inteligencia en Afganistán en 2010 y que fue publicado por el Center for a New American Security, el laboratorio de ideas en materia de defensa cercano al gobierno de Obama. La osadía no sólo no le costó su carrera, sino que probablemente sirvió para catapultarla hasta el puesto de director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, institución poco valorada y que abandonó por la puerta de atrás.

Flynn en una cena de gala en Rusia al lado de Putin. Foto vía Daily Kos.
Flynn en una cena de gala en Rusia al lado de Putin. Foto vía Daily Kos.

Yo mismo me interesé por aquel documento firmado por Flynn y celebré su valentía, además de valorar las ideas allí expuestas. De ahí mi chasco al verle durante la campaña electoral convertido en un fan de Trump y dando la impresión de ser un tipo algo chalado. Resultó algo peor. Flynn tenía conexiones con Rusia y eso al final le ha costado el cargo. No duró ni un mes.

H. R. McMaster
H. R. McMaster

Así llegamos al recambio de Flynn, el teniente general en activo Herbert Raymond McMaster, más conocido por H. R. McMaster. Al igual que Mattis y Flynn se trata de un viejo conocido para cualquiera que haya estado atento a los asuntos de defensa estadounidense. McMaster se hizo célebre durante la Guerra del Golfo de 1991. En aquel entonces mandaba como capitán la Tropa “E” del 2º Escuadrón del 2º Regimiento de Caballería Acorazada. Esto es, mandaba la primera compañía del segundo batallón de lo que en realidad era una brigada acorazada reforzada.

Al comenzar las operaciones terrestres de la Operación “Tormenta del Desierto” al 2º de Caballería le tocó cumplir la misión de elemento de reconocimiento avanzado del VIIº Cuerpo Acorazado, el encargado de avanzar hacia el norte desde Arabia Saudita  y pasando de largo de Kuwait para luego girar noventa grados y avanzar en dirección este para chocar con la reserva estratégica del ejército iraquí, formado por las unidades de la Guardia Republicana desplegadas al norte de Kuwait.  La Tropa “E” del entonces capitán McMaster y otras dos del 2º Escuadrón, con el refuerzo de elementos de una cuarta, constituyeron la punta de lanza del VIIª Cuerpo, formado por cinco divisiones acorazadas.

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Su misión era avanzar rumbo hacia lo desconocido y localizar al enemigo para transmitir la información a la fuerza que venía detrás suyo. Pero McMaster y el resto chocaron el 26 de febrero de 1991 con dos brigadas de la División Tawalkana de la Guardia Republicana iraquí al cruzar la línea de referencia geográfica “73 Easting”, que dio nombre a la batalla. Los M-1 Abrams y M-3 Bradley no pararon de localizar y destruir blindados iraquíes a pesar de la  sorpresa y estar totalmente superados en número. Las direcciones de tiro computerizadas y los sistemas de visión termográfico dieron una ventaja colosal frente a los T-55, T-62 y T-72 soviéticos en manos iraquíes. La Tropa “E” de McMaster destruyó decenas de blindados iraquíes y McMaster recibió la Estrella de Plata, la tercera má alta condecoración estadounidense, por sus acciones en la Batalla de 73 Easting.

Después de la guerra, McMaster obtuvo un doctorado en Historia. Su tesis hizo una revisión crítica del papel de los militares que asesoraron a Lyndon B. Johnson sobre Vietnam y que llevaron a una mayor implicación del país en la guerra. McMaster revisó todos las actas de reuniones e informes de la junta de jefes de Estado Mayor para seguir el proceso deliberativo y concluir que no sólo los políticos ignoraron los consejos de los militares, como establecía el canon historiográfico, sino que los propios militares se esforzaron en contarle a los políticos lo que querían oir y no lucharon por imponer su criterio profesional. La tesis fue publicada en 1997 como libro bajo el título Dereliction of Duty: Lyndon Johnson, Robert McNamara, The Joint Chiefs of Staff, and the Lies that Led to Vietnam.

La siguiente ocasión en que McMaster alcanzó notoriedad fue nuevamente en Iraq. Esta vez como comandante en jefe del 3er. Regimiento de Caballería Acorazado, desplegado en la ciudad de Tal Afar, entre Mosul y la frontera con Siria, a finales de 2005. Dos años después de la invasión del país, la insurgencia se había consolidado en el país. Precisamente a principios de 2005 escribí unas cuantas entradas de blog diciendo que Estados Unidos estaba perdiendo la guerra, para cabreo de los neocón españoles. Hasta aquel momento, las tropas estadounidenses permanecían atrincheradas en grandes bases que abandonaban para patrullar, dejando caminos y barrios en manos de la insurgencia por la noche. La población local que colaboraba con las autoridades iraquíes sufrían represalias. El entonces coronel McMaster cambió la ecuación y desplegó permanentemente a sus soldados en el centro de Tal Afar para garantizar seguridad y ganarse la confianza de la población. La insurgencia fue derrotada en Tal Afar. En una época en que escaseaban buenas noticias desde Iraq, McMaster apareció en documentales y en 2006 en un artículo de The New Yorker.

Después de Iraq, McMaster pasó por el International Institute for Strategic Studies de Londres. Luego, formó parte del equipo que preparó el famoso manual de contrainsurgencia bajo el liderazgo del general Petraeus (véase mi reseña del libro The Insurgents de Fred Kaplan). Había ganado ya fama de pensador brillante y muchos de sus destinos habían implicado estar en el meollo de elaborar planes y estrategias. Así que cuando su nombre no estuvo entre los elegidos para ser general hubo cierto revuelo mediático con muchos preguntándose si su trayectoria de militar con ideas propias y capaz de decir lo que pensaba le había pasado factura. Hizo falta llevar a Petraeus desde Iraq a Estados Unidos para presidir el comité que elige los generales para que se valorara a los militares con experiencia de guerra, lo que nos da una idea de cómo se valoraba más los diplomas que la experiencia de guerra. Y cómo, con unas fuerzas armadas empantanadas en Afganistán e Iraq, el éxito o el fracaso en la misón encomendada tampoco era un criterio a tener en cuenta.

Ya como general, McMaster pasó por varios destinos en el mando de Adiestramiento y Doctrina (TRADOC), pasando por la sección de planes del Estado Mayor de la fuerza multinacional ISAF en Afganistán. Sus destinos en el TRADOC le han dado un papel protagonista en moldear el futuro del ejército de tierra de Estados Unidos. Sin alcanzar el culto a la personalidad de Mattis en los marines, McMaster es muy bien valorado como intelectual y pensador visionario. Esperemos que haga un buen equipo con el secretario Mattis.

La emergencia del nacional-populismo

Desde hace tiempo escribo poco aquí de las Guerras Posmodernas para dedicarme más a la Geopolítica y la Nueva Guerra Fría. Sentí que algo nuevo estaba pasando durante el verano de 2013, tras los ataques con municiones químicas en la periferia de Damasco. Sorprendentemente, personas de izquierda y derecha repetían en España los argumentarios lanzados desde Moscú y Teherán. (Véase al respecto: El ataque con armas químicas de Goutha: Un caso de desinformación). La paradoja se hizo más evidente tras la invasión rusa de Ucrania de 2014, con la proliferación de apologistas del Kremlin en ambos extremos del arco político. El panorama geopolítico no sólo era preocupante, Rusia había roto con el Memorando de Budapest (1994), sino que estábamos inmersos en una campaña de desinformación.

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La ultraderecha francesa compartiendo referentes con la ultraizquierda: Bashar Al Assad y Hugo Chávez.

La certeza de que estábamos ante algo totalmente diferente me vino como una intuición por la que había que dar orden a un puzzle cuyas piezas estaban en construcción. Así, llegué a escribir durante un tiempo un Observatorio de la Nueva Guerra Fría para ir dando sentido a acontecimientos tan diversos como el pacto de gobierno en Grecia o la muerte del fiscal Nisman en Argentina que no se podían entender con el tradicional eje político izquierda-derecha. Entendí que no estábamos simplemente ante un conflicto geopolítico donde chocan visiones imperiales del mundo. Aquí había una dimensión ideológica que en aquel entonces no sabía explicar bien.

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Militar ruso llevando en Siria un parche de Hezbolá.

Cuando ordené por primera vez mis ideas en septiembre de 2014 y escribí “La Nueva Guerra Fría”, la dimensión ideológica resultó más endeble del esquema de ideas. Mencioné al euroasianismo de Alexander Dugin como la ideología que, tratando de trascender el eje izquierda-derecha, daba sentido ideológico a las aspiraciones neoimperiales de Rusia. Pero en realidad Dugin nunca ha formado parte del círculo de poder ruso y su relación con el Kremlin es ambigua, por mucho que en Occidente se escriban artículos llamándolo el “cerebro de Putin”. Es más, el “putinismo” no ha dejado de ser  una ideología en construcción y las referencias intelectuales e ideológicas de Putin son otras (véase el libro En la cabeza de Vladimir Putin).

Ahora, pasado este tiempo, resulta más fácil entender la emergencia de fuerzas políticas hostiles a las pretensiones universalistas de Occidente, las democracias liberales existentes y la arquitectura internacional sobre la que se construido la globalización. Esas fuerzas políticas defienden en el plano político un mayor papel del Estado en la economía para enfrentarse a los poderes económicos existentes (las “oligarquías vendepatrias”) y son hostiles a las injerencias de los los organismos financieros internacionales (“que están al servicio del impieralismo yanki y el capital internacional”). Políticamente, aplauden los liderazgos fuertes y son definitivamente populistas en el sentido académico del término. No en vano, Michel Eltchaninoff calificaba en su libro En la cabeza de Vladimir Putin a la ideología del régimen ruso como nacional-populismo. Un término coincidente con el proyecto “nacional-popular” (nac&pop) del kirchnerismo argentino.

En septiembre de 2014 señalé en “La conexión euroasiática” la existencia de un bloque transversal de ultraizquierda y ultraderecha en el Parlamento Europeo que vota a favor de los intereses del Kremlin en lo relacionado con Ucrania. En ese bloque encontramos a los antiguos comunistas alemanes de Die Linke y a los populistas de derechas de AfD  o a los comunistas griegos del KKE y a los neonazis de Aurora Dorada. Coinciden todos en su carácter euroescéptico y sus simpatías geopolíticas por Moscú.

Ilustración del canal ruso RT.
Ilustración del canal ruso RT.

Hay sin embargo una divisoria en ese bloque y es la posición respecto a la inmigración. Encontramos un abanico de partidos xenófobos, islamófobos y racistas. Ya señaló Jorge Verstrynge, al Front National francés después de su deriva ideológica y a Podemos sólo les separa la postura sobre inmigración. Asunto, precisamente, que llevó a las bases a presionar para que Verstrynge no ocupara un papel público relevante en Podemos.

Ayer miércoles, el bloque nacional-populista volvió a aparecer en el Parlamento Europeo para votar en contra del CETA, el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea con Canadá, que fue aprobado. Curiosamente, el eurodiputado español Miguel Urbán de Podemos y el eurodiputado francés Nicolas Bay del Front National coincidieron en señalar la coincidiencia del voto positivo de los socialistas y populares europeos. Así que con ese mismo criterio, el voto coincidente de Urbán y Bay es relevante.

La gran incógnita es, evidentemente, qué papel jugará Donald J. Trump, el presidente nacional-populista de derechas. Su postura contraria a los tratados de libre comercio y la inmigración, sus simpatías por Vladimir Putin y el soterrado antisemitismo de su entorno le colocarían en Europa sin problema entre los partidos populistas de derechas. Hasta sus críticas de la OTAN y del intervencionismo de Obama le convirtieron en un candidato preferible que Hillary Clinton para cierta izquierda española. Pero como ya advertí, las aspiraciones de grandeza son incompatibles con la debilidad ante Rusia.

El fiasco político de la caída del Consejero de Seguridad Nacional por sus maniobras diplomáticas con Rusia a espaldas del entonces presidente Obama se ha visto respondida con mensajes de hostilidad hacia Rusia en Twitter. Donald Trump no puede pretender ser un presidente fuerte y ser sin embargo vulnerable frente a Putin. Las filtraciones de información, que tanto le favorecieron durante la campaña electoral, podrían terminar de llevarse su presidencia por delante dada la hostilidad que ha generado en la comunidad de inteligencia. Y mientras en Europa, con la ejecución del BREXIT pendiente y las perspectivas de los partidos euroescépticos en las elecciones de Alemania, Francia y Holanda el proyecto europeo podría saltar por los aires. Quienes criticaban la idea de una Nueva Guerra Fría porque Rusia con el PIB de Italia no podía entrar en una carrera de armamento con la OTAN pasaron por alto las otras armas con las que se juega en el siglo XXI.

 

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com:

Confusión ideológica en la Nueva Guerra Fría (15 noviembre 2014).

La gran paradoja ideológica de la Nueva Guerra Fría (14 junio 2015).

El mundo se ha vuelto loco: Trump y la Nueva Guerra Fría (25 julio 2016).

 

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“Cartel Land” (2015)

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Cartel Land es un documental que retrata la vida en EE.UU. y México de dos personas que decidieron tomar la iniciativa ante lo que percibían como la inacción del Estado en el contexto de la “guerra” contra el narcotráfico. Por un lado tenemos a un estadounidense que patrulla la frontera con un grupo armado de civiles y por otro lado tenemos a un mexicano que lidera un grupo de “autodefensa” contra los cárteles de la droga. Al contrario de lo que estamos acostumbrados en España cuando se trata de reportajes periodísticos, aquí no hay moralina o la construcción de un relato de buenos y malos. Mucho menos tenemos la aparición intrusiva del reportero como un personaje más. Según avanza el documental, vemos que cada personaje tiene más matices que los que a priori podríamos pensar y el asunto evoluciona enormemente en el lado mexicano.

Cartel Land cuenta por un lado la historia de Tim Foley, miembro de Arizona Border Recon. Se trata de una organización civil que patrulla la frontera entre Estados Unidos y México en busca de inmigrantes ilegales y traficantes de droga. Foley cuenta cómo la crisis económica de los últimos años lo dejó en paro y que al buscar trabajo en la construcción no lo encontró por la abundancia de inmigrantes ilegales en el sector.  De ahí que decidiera tomar cartas en el asunto, patrullando la frontera. Arizona Border Recon rechaza el empleo del término milicia, relacionado con grupos armados de ciudadanos que desconfían del poder de Washington y que fue bastante relevante en la primera mitad de los años 90. Escribí al respecto en “Dejados atrás: De las milicias a Trump“.
'Fearless exposé': Matthew Heineman's Cartel Land.

Por otro lado tenemos al doctor José Manuel Mireles Valverde, un médico de Michoacán, estado de México azotado primero por la violencia del cártel de la Familia Michoacana y luego por la violencia del cártel de los Caballeros Templarios. El documental muestra en sus comienzos el entierro de los trabajadores de una plantación de limones y sus familias, incluye niños y bebés, cuyo dueño se negó a pagar la extorsión de una banda criminal. Mireles, un tipo carismático, formó en 2013 un grupo de ciudadanos armados para enfrentar esa violencia ante la falta de respuesta de las autoridades.

Según avanza la historia vemos que Foley es alguien que vivió un pasado de abusos familiares, drogas y alcoholismo. Y podemos sospechar que, más allá de las motivaciones políticas de sus compañeros racistas y survivalistas, su dedicación al grupo Arizona Border Recon es un camino de búsqueda de redención y propósito en la vida. Algo en el fondo no muy distinto de los musulmanes que acuden desde Europa a sumarse a las filas del Califato o los occidentales que se unen a los grupos kurdos o asirios que los combaten.

Cuando el doctor Mireles sufre un accidente de aviación, el liderazgo lo asume temporalmente “Papá Pitufo”, un personaje que vemos no transmite su carisma y liderazgo.  Las Autodefensas, que surgieron como una fuerza para combatir la violencia y los abusos de las organizaciones criminales, terminan convirtiendo en un poder en sí mismo.Sus miembros realizan registros a conductores, detenciones, interrogatorios con torturas y asaltos a casas de supuestos narcotraficantes, que terminan saqueadas. Finalmente, tanto el gobierno mexicano como los cárteles de la droga terminan respondiendo tratando de captar a las Autodefensas por un lado y tratar de infiltralas por otros. Mireles terminará solo después de que los acontecimientos evolucionen sin haber podido controlar su creación.

“Cartel Land” puede verse actualmente en Netflix España.

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Drones en red

Tras la aplastante victoria aliada en la Guerra del Golfo (1991), John Arquilla y David Ronfeldt se dedicaron a teorizar en el seno de la RAND Corporation sobre el futuro de la guerra tecnológica tras la experiencia de lo que se denominó “The First Information War”. Arquilla y Ronfeldt plantearon que tecnologías como el GPS, sensores electrónicos y enlaces de datos permitirían a los combatientes del futuro organizase como una red compartiendo información sobre la ubicación de cada cual y la del enemigo. Bastaba que un nodo de la red detectara el enemigo para  transmitir esa información al resto y coordinar un ataque en enjambre (swarming). A eso modo de guerra lo llamaron guerra en red (netwar).

Mientras tanto, las especulaciones sobre las guerras del futuro de gurús como el matrimonio Toffler y el matrimonio Friedman anticipaban una visión de una nueva era de incontestada hegemonía militar estadounidense gracias a la tecnología que en plena burbuja .com fue asumida por el Pentágono bajo el concepto de Revolución en los Asuntos Militares. Después de la crisis del Estrecho de Taiwán (1996) y ante los programas de proliferación nuclear de “rogue states” como Corea del Norte e Irán, el Pentágono encontró los enemigos convencionales que le faltaban.

Sin embargo, Arquilla y Ronfeldt se alejaron cada vez más de la perspectiva estato-céntrica para indagar el uso de nuevas tecnologías por parte de redes de delincuentes, hackers, terroristas y desidentes políticos. Quiso la casualidad que su libro Networks & Netwars: The Future of Terror, Crime, and Militancy estuviera listo para imprenta en vísperas del 11-S. Justo entonces los medios de comunicación no pararon de hablar de la amenaza de las “redes terroristas”, como un tipo de organización novedosa que hacía difícilmente penetrable a Al Qaeda frente al tradicional modelo de organización piramidal clandestina (recordemos a ETA y su “aparato logístico”, “aparato de mugas”, “aparato de propaganda”, etc). Las fantasías tecnológicas quedaron aparcadas hasta la muerte de Osama Bin Laden y la retirada estadounidense de Iraq en 2011. Aquel año, el presidente Barack Obama anunció que quería cerrar capítulo, tras una década volcados en la amenaza terrorista y Oriente Medio, para girar su atención hacia Asia (pivot to Asia). Léase, la prioridad de Estados Unidos iba a ser China.

Foto: Todd P. Cichonowicz / U.S. Navy
Foto: Todd P. Cichonowicz / U.S. Navy

El Océano Pacífico presenta un campo de batalla parecido al desierto. Es el lugar idóneo para una guerra convencional tecnológica de alta intensidad, donde priman las fuerzas con mejores sensores y mejores armas inteligentes de largo alcance. Por consiguiente, el Pentágono volvió a teorizar sobre guerra en red pensando en China. Nació así el “Air-Sea Battle Concept”, que rescataba el concepto de guerra en red (véase mi artículo al respecto en el número de marzo de 2014 de la Revista General de Marina).

Los avances tecnológicos en sistemas autónomos permitió retomar el debate, pensando no ya en unidades de combate altamente interconectadas, sino en enjambres de drones. Paul Scharre lo planteaba en Drones in the Battlefield Part II: The Coming Swarm, un documento de octubre del 2014 del think-tank Center for a New American Security que reseñé aquí en mi blog. Scharre imaginaba enjambres de drones baratos con cabeza de guerra que una vez detectaran un objetivo se lanzaran a por él. Dos años después tuvo lugar una prueba del concepto.

El pasado día 8 de enero de 2017 el Departamento de Defensa reveló una prueba hecha en octubre de 2016 consistente en el lanzamiento de 103 microdrones Perdix desde tres F-18 en vuelo. Según el comunicado, los microdrones “mostraron comportamientos avanzados de enjambre” como “toma de decisiones colectiva” y “vuelo en formación adaptativo”. Se trata de unos aparatos que no están preprogramados, sino que “comparten un cerebro distribuido para la toma de decisiones y se adaptan los unos a los otros como enjambres en la naturaleza”. El vídeo hecho público muestra a los microdrones Perdix siendo lanzados desde contenedores subalares y desarrollar varias formaciones en vuelo para terminar orbitando sobre un punto establecido.

Los microdrones Perdix se tratan de un desarrollo de estudiantes del Massachusetts Institute of Technology. Son pequeños aparatos biplanos, alimentados con una batería de polímero de litio y fabricados con fibra de carbono y kevlar. El objetivo del Pentágono es encontrar empresas que fabrican series del Perdix a bajo coste como parte de un esfuerzo de generar  sistemas innovadores aprovechando los desarrollos de la tecnología civil. Los microdrones Perdix, por ejemplo, podrían se dotados con equipos de interferencia electrónica o servir de señuelos. En paralelo hay otros diseños de sistemas autónomos, como el barco autónomo Sea Hunter. Todos son prototipos de primeración generación que lucirán muy diferentes cuando lleguen al campo de batalla.

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com:

Breve historia de la teoría de la guerra red (3 mayo 2013).

Volver a la guerra en red (22 enero 2015).

El regreso del swarming (9 marzo 2015).

Repensar las Guerras Posmodernas (5 junio 2015).

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Un análisis de urgencia sobre la prohibición de entrada a Estados Unidos para ciudadanos de siete países musulmanes

El pasado viernes día 27 de enero el presidente Donald J. Trump firmó una Orden Ejecutiva que prohíbe con carácter inmediato la entrada en Estados Unidos de ciudadanos de siete países musulmanes: Libia, Irán, Iraq, Siria, Yemen, Sudán y Somalia. La justificación de la medida es impedir la entrada en Estados Unidos de potenciales “terroristas musulmanes radicales”. Su aplicación no sólo es inmediata, sino que afecta aquellas personas que ya tuvieran asilo concedido o permiso de residencia en el país y se encontraban fuera de él en el momento de la entrada en efecto de la prohibición.

Tan pronto ha entrado en vigor la prohibición, han empezado a circular ejemplos de casos de personas normales y corrientes cuyas vidas han quedado afectadas. Véase por ejemplo el caso de la experta en genética Samira Asgari, ciudadana iraní, que tras pasar por la École Polytechnique Fédérale de Lausanne se iba a incorporar a la universidad de Harvard como investigadora post-doc. Otra iraní, Nazanín Zinouri, ya trabajaba en Estados Unidos. Un día, dejó su perro en casa, aparcó el coche en el aeropuerto y se fue de vacaciones a Irán. Ahora no puede volver a su casa. La medida afecta también a las personas con doble nacionalidad. Por ejemplo hay 35.000 ciudadanos canadienses que poseen adicionalmente la nacionalidad de algunos de esos siete países y en teoría no podrán entrar en Estados Unidos.

En los próximos días seguro que iremos conociendo casos iguales de absurdos. Google ha informado que 187 de su trabajadores proceden de los siete países incluidos en la Orden Ejecutiva y que 14 nuevos empleados contratados con pasporte de esos países estaban a punto de viajar al país.  Los casos más trágicos son los de traductores que trabajaron para las fuerzas armadas estadounidenses en Iraq o miembros de la minoría yazidí, víctima del Estado Islámico, que solicitaron asilo en Estados Unidos. En el caso de los traductores no puede decirse que su tratamiento en el pasado fuera ejemplar, como explicó John Oliver en su programa en 2014.

La medida, cómo no, ha generado rechazo en todo el espectro político estadounidense. Por ejemplo, el ex-vicepresidente Dick Cheney (sí, ese que en Internet llamaban malvado y siniestro) ha dicho que la medida “goes against everything we stand for and believe in”. Que además fuera firmada el día en el que todo el mundo se recuerda el Holocausto lo hace aún más significativo, como se han encargado de recordar muchos judíos que descendienden de quienes pudieron huir de Europa y no corrieron la suerte de los 900 pasajeros del Saint Louis, que fueron rechazados por Estados Unidos, Cuba y Canadá para finalmente perecer en los campos de exterminio de vuelta a Europa.

El aspecto que me llama la atención no es si la Orden Ejecutiva es inmoral o es, como dicen muchos contraria a los principios estadounidenses, sino preguntarse su eficacia. Mucho se ha escrito sobre los países de los que más voluntarios han partido para engrosar las filas del Estado Islámico en términos absolutos y en términos relativos a su población. Veamos estos datos de la Heritage Foundation.

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Vemos que países musulmanes que son origen de más de mil voluntarios al Estado Islámico, como Túnez, Arabia Saudita, Jordania, Turquía y Marruecos, no aparecen en la lista. Curiosamente son todos, con la duda de Turquía, aliados geopolíticos de Estados Unidos.

Tenemos esta otra gráfica de The Week  con datos del International Centre for the Study of Radicalisation que muestra los países desde los que más voluntarios han acudido a luchar en proporción a su población.

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Vemos que los países musulmanes con mayor “masa crítica” de voluntarios que se han unido al Estado Islámico son Túnez, Jordania y Líbano. Ninguno de esos países aparece entre los siete países musulmanes cuyos habitantes tiene prohíbido entrar en Estados Unidos. En cuarto lugar, tenemos a Libia, que sí está en la lista.  El resto de países musulmanes que aparece en la lista tampoco se ve afectado por la Orden Ejecutiva del gobierno Trump.

Hay una anécdota histórica de la que alguien llamó la atención en Internet: la nacionalidad de los terroristas del 11-S. He hecho un corta y pega de la página de la Wikipedia.

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Tenemos un egipcio (Mohammed Atta, el líder del grupo), tres emiratíes, un libanés y quince saudíes. Ninguno de esos países se ha visto afectado por la Orden Ejecutiva del gobierno Trump. Supongo que la característica principal de mayoría de los países de la lista es que viven una guerra civil: Libia, Siria, Iraq y Yemen. Y el razonamiento de la medida es que los ciudadanos de países en guerra son intrínsicamente más peligrosos que los países que no están en guerra, aunque sea de baja intensidad como Turquía o Túnez.

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Foto: Carlos Barria / Reuters vía Buzzfeed.

Hay otro último detalle que ha indignado e inquetado a muchos. Se trata de la esceneficación de la firma de la Orden Ejecutiva. La sala elegida es la Hall of Heroes del Pentágono, una estancia dedicada a los ganadores de la Medalla de Honor. Firmar la medida allí me parece un intento barato de darle respetabilidad como una medida valiente en la lucha contra el terrorismo, evocando el sacrificio y la heroicidad de quienes ganaron la condecoración. Pero lo que me parece preocupante es la presencia del secretario Mattis, al que considero una persona sensata. Ryan Evans, editor de War On the Rocks, se cuestiona si Mattis debe aceptar el aportar su prestigio e imagen a medidas como esta, que afectará, por ejemplo, a traductores iraquíes que trabajaron para los militares a sus órdenes de Mattis. Evans plantea que por mucho bien que pueda aportar con su experiencia a un gobierno que ha llegado al poder como un elefante en una cacharrería, Mattis tendrá que decidir si formar parte de cosa´s así.

Los canales de propaganda del Estado Islámico no han parado de comentar la medida, presentándola como una prueba de la guerra de Estados Unidos contra el Islam en general. Y el gobierno de Iraq ha anunciado que tomará represalias, prohibiendo la entrada en el país de ciudadanos estadounidenses. Basta pensar la cantidad de personal civil que tiene que estar implicado en el esfuerzo de guerra contra el Estado Islámico para imaginar los efectos perversos últimos.

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